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Mujer, tú te lo has buscado

Es difícil hoy en día ser mujer y que no te pesen las entrañas más de lo que te gustaría. Se me retuercen cada vez que discuto con ese amigo que no entiende que quiera que mis hipotéticos hijos puedan llevar primero mi apellido, cuando me dicen algo por la calle o, peor, cuando se lo dicen a otra mujer y sé exactamente cómo se siente.

GTRES

Me duelen hasta el punto de dejarme sin hambre cuando leo un diario y veo que la cifra de mujeres asesinadas aumenta lenta pero inexorablemente, como si fuera un contador al que le hubieran dado cuerda.

Cada vez que leo un nombre, conozco una historia o veo una foto, mis entrañas hacen acto de presencia llegando incluso en ocasiones a provocarme náuseas reales que me piden que deje, por un instante, lo que estoy haciendo para respirar hondo en el baño.

El malestar de ser mujer no se reduce a los días en los que puede tocarme una regla especialmente dolorosa, porque esos son los de menos. El malestar que me aqueja es el de ese número que no para de crecer a sabiendas de que ese día, y todos los que le precedan, faltará una Marta, Laura, Sonia o, desde anteayer, otra más. La más reciente, pero no la última desgraciadamente.

Señalar un culpable va más allá de nombrar a aquellos que hicieron circular su vídeo, que pasaron por su lugar de trabajo para ponerle cara (y cuerpo) a aquellas imágenes. Está por encima de eso (lo que no les exime de su comportamiento).

El verdadero culpable se llama machismo y tiene una doble moral muy peliaguda. Si ese vídeo hubiera sido de cualquiera de esos hombres, aquello habría quedado en anécdota, en un chiste de grupo de Whatsapp que al poco tiempo se pierde o, en todo caso, en un choque de manos discreto por semejante demostración de hombría.

En algo que no habría pasado más allá de alterar (si eso) una noche el sueño. Pero siendo mujer, el sexo no solo está mal, sino que es herramienta de represión, de culpa, arma arrojadiza como de aquellos que dicen que iba pidiendo guerra por ir enseñando las piernas.

La sexualidad solo está permitida si está al servicio de los hombres. Ahí es entonces cuando la mayoría salen esgrimiendo la lista de argumentos a favor de la prostitución o de las azafatas de Fórmula 1, de hacer con nuestro cuerpo lo que queramos que para eso somos mujeres libres y empoderadas. No les verás defendiendo nada que salga de ahí.

La diferencia es que, si en tu libertad y empoderamiento grabas un vídeo o mandas imágenes, lo que te espera no es un gran recibimiento, es acoso, humillación, ansiedad, depresión. O te sometes y aceptas esa sexualidad aprobada por el heteropatriarcado (de la que se benefician), o te castigan cuando la utilizas por y para ti hasta el punto de que contemples quitarte la vida.

Un sendero muy oscuro que es el que ha emprendido, sin sentir que tenía más salida, la última víctima de violencia machista.

Es también el mismo pensamiento machista el que dice que no grabes eso, que controles tu cuerpo, que tapes el escote, que no lleves pintalabios, que no vayas a los toros con minifalda, que no bebas, que no te grabes, porque ellos no van a poder controlarse en cualquiera de estos casos.

Una vez más, que liberes tu sexualidad solo si es para su uso y disfrute, nunca para el tuyo porque, entonces, te atienes a las consecuencias.

“Tú te lo has buscado”.

Grábatelo fuerte, a fuego, es la frase que más nos dicen.

Esta manera de eximirse de la responsabilidad, entra en la lista de argumentos que retuercen mis entrañas. Porque el dedo, una vez más, señala a esa chica que se mudó sola a otra ciudad y salió a correr, señala a esa que quedó a hablar con su exnovio sin saber que terminaría asesinada por quien tantas veces le dijo que le quería, señala a quien, grabó ese vídeo disfrutando de su cuerpo y de un momento de placer sin hacerle daño a nadie.

¿Pueden decir lo mismo quienes lo han visto, compartido y aprovechado la situación para pasearse por su puesto de trabajo?

Nos señala a nosotras por ir cortas, por bailar, por coquetear, por tomarnos dos copas de más, por grabarnos al follar. Y yo me pregunto ¿cómo es que, si nos señala a nosotras como culpables, somos nosotras las únicas víctimas que morimos a manos (o, en el caso de la mujer que se ha suicidado, por causa) de ellos?

El Time’s Up debería referirse a que se termine el machismo, no a que a las mujeres se nos agote el tiempo de vida.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).

Un violador en cada esquina

Fue uno de los reproches que le hice a mis padres respecto a la educación que me habían dado: que habían conseguido que nunca me sintiera segura por la calle, que caminaba con el miedo de que, en cualquier momento, podría salir un violador detrás de una esquina. 

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Para mí, entender a una edad tan temprana, porque nos lo enseñan cuando todavía somos pequeñas, que fuera siempre con cuidado por si alguien me hacía algo, me marcó de la manera en la que a todas nos marca saberlo cuando llega el momento.

Y si a mí me parecía injusto, doloroso y horripilante, si me hizo sentir insegura, ahora pienso en el lugar de mis padres.

Pienso en lo que debe ser tener una hija que nace mujer y saber que, en algún momento de su vida, tendrás que tener esa charla con ella. La charla en la que le haces entender a tu hija, a lo que más quieres, que puede haber gente que la quiera agredir, violar o incluso matar.

La impotencia, el dolor y el miedo que yo siento, imagino que es solo la mitad de lo que pueden llegar a sentir ellos. Mucho más vasto y lacerante que el mío.

Unas sensaciones que, me consta, podrían volverse más intensas, aunque no me lo dijeran, si me olvidaba de contestarles a qué hora volvía a cada o si al final me quedaba a dormir en una casa de una amiga y no tenían señales de mí hasta el día siguiente.

Al tiempo que a mí me enseñaban eso, el mensaje para mi hermano ha sido el del máximo respeto hacia las mujeres.

Pero que él haya aprendido que no debe hacer nada en contra de la voluntad de otra persona, no garantiza que las mujeres estemos exentas de peligro en manos de otra persona que no ha tenido el mismo desarrollo.

Si los padres siguen teniendo esa charla con sus hijas es porque la sociedad tiene un problema estructural cuya solución no es solo que los padres den una buena educación.

La responsabilidad, más que la culpa, es de todos y somos incapaces de asumirla. Así que mientras no haya cambios en las leyes, no se refuercen las penas, no se tomen medidas, no se apliquen estrategias en los colegios o las series de televisión, como The Big Bang Theory, no dejen de vendernos como objetos, seguiremos transmitiendo ese mensaje generación tras generación.

Seguiremos diciendo, como mi bisabuela a mi abuela, mi abuela a mi madre, mi madre a mí, y yo, si tengo algún día, a mi hija, que tengamos mucho cuidado, porque ya no se esconden en las esquinas, puede ser el de la casa de enfrente, tu ex novio o el compañero de la oficina.

Y no habrá cuidado o medida que podamos tomar, ropa larga, calle llena, sobriedad o luz del día, que garantice nuestra seguridad ni nuestra vida.

Duquesa Doslabios.

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Ni la violes ni la mates

Son las siete y media de la tarde. A estas horas, normalmente, cojo las zapatillas, el abrigo más grueso que tengo y salgo a correr. Hoy no, hoy no hay ganas, ni fuerzas ni nada. Hoy hay, además de una pena que me llega al tuétano, miedo.

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No es que haya empezado hoy a sentirlo, siempre ha estado ahí, siempre lo he vivido. Pero hoy pesa más que de costumbre.

Tengo miedo de salir por mi barrio, mi parque con sus columpios donde he pasado tantas tardes de mi vida, mi zona de siempre, y no volver.

Porque quizás un día, o tú que me lees, o yo, que te escribo, no volvamos a casa. Y no dependerá de ti ni de mí. No es que, motu proprio, hayas decidido irte sin mirar atrás, es que han decidido por ti que ese era el final de tu camino.

Como tantas mujeres que se han cruzado a lo largo de mi vida en la universidad o en el trabajo, aviso siempre a alguien cuando salgo de casa a hacer ejercicio y mi madre o mi padre me piden encarecidamente que “me cuide”, que tenga “sentidiño”.

Pero que “me cuide” no es suficiente, porque por mucho que vaya por el camino que no tiene pendiente, por la zona iluminada para evitar tropiezos y que pueda caerme al suelo, mi seguridad desde que salgo de casa, por mucho que tanto a mí como a ellos nos pese, deja de estar bajo mi control.

Pienso en mis amigos, en mi hermano, en cómo no tienen que preocuparse de estas cosas, en como salen a correr, a andar, de fiesta, de viaje, a estudiar, en como vuelven a la hora que quieran solos o con las compañías que deciden sin ese miedo a no regresar.

Y entonces solo cabe preguntarse, ¿esto es vivir en libertad? ¿Es libertad vivir con miedo de salir de casa? ¿Con miedo de ir por la calle independientemente de la hora, de la gente que circule, de la zona, de mi ropa, de mi edad?

¿Cuándo van a dejar de pedir que nos cuidemos? ¿Por qué el planteamiento es que, siendo mujer, te protejas en vez de que, si eres hombre, no agredas?

Igual si empezáramos a enseñar de manera diferente, a decir que si ves a una chica sola por la calle a las tres de la mañana, que si te cruzas con una que va borracha, que si coincides en el parking, que si es una vecina que te encuentras en el rellano, que si tu pareja quiere romper la relación, que si va viajando sola, que si es tu compañera de trabajo y ha ido al baño, ni la violes ni la mates.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

A ti, que sufres violencia (y puede que aún no lo sepas)

Sé lo que es el silencio, ya sabes a cuál me refiero, ese que pesa más que una losa cargada a la espalda. Sé lo que es recibir reproches, uno a uno, como cuchillos, y todos certeros, directos a donde más te duele.

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Sé lo que es intentar aguantar esa mirada y finalmente bajarla porque toda tú empiezas a flaquear. Sé lo que es que se te encojan las entrañas cuando rompe algo delante de ti. Hoy una silla, mañana la guitarra, pasado la puerta del cristal de casa mientras lo único que haces es rezar por no ser tú la próxima que tenga delante cuando se enfade.

Sé lo que es tragarte todas tus lágrimas porque están tus padres, tus hijos, alguien fuera de la puerta y como se enteren de que estás llorando “será peor para todos“.

Sé lo que es que te cambie las contraseñas, que te vaya a buscar a todas partes, que no te deje ir a ningún lado sola “por tu seguridad”, porque “te quiere demasiado” y porque “no soportaría perderte”.

Sé lo que es repetirle una y otra vez a tus amigas de toda la vida, al vecino que sale a comprobar por qué estás tirada sobre la escalera llorando, que “no pasa nada”, que todo está bien, que no se preocupen, que “es normal”, que te has tropezado tú sola y que él solo te está ayudando a levantarte.

Sé lo que es que te insulte de desayuno, de comida, de merienda y de cena. Sé lo que es que te diga que va a cometer una imprudencia y pase casi 24 horas sin contestarte para que tú, mientras tanto, solo te imagines lo peor. Sé que te ha dicho que hoy iba a terminar con su vida. Sé que te lo creíste. Sé lo que es pensar que no puedes alejarte de su lado para que no “haga una tontería”.

Sé lo que es sentirte sola porque ya se ha encargado de alejarte de todos. Y lo ha hecho tan bien que ha conseguido que hasta tú te alejaras de ti. Sé lo que es mirarte en el espejo y verte con más ojeras, que te repitan en el trabajo que últimamente “tienes cara de cansada”. Sé lo que es no saber qué ponerte para que no se enfade.

Sé lo que es que te tire del pelo con rabia, que veas como en su mano cuelga un mechón de tu melena, que te empuje contra la pared, que de discutir encima de la cama termines en el suelo. Sé lo que es que diga que “le has obligado a hacerlo” o peor, que “estás paranoica” y que ese golpe, esas manos sobre tu cuello, solo han pasado en tu cabeza. Sé lo que es querer creerlo con todas tus fuerzas, pero que tu garganta, aún atenazada, te recuerde que no te lo has imaginado.

Sé lo que es que te fuerce, porque si no te bajas las bragas cuando quiere es porque “no entiendes sus necesidades”, porque “no le quieres” o peor todavía “porque estás pensando en otro“. Sé lo que es mirarte después, desnuda, y sentir asco y pena, al mismo tiempo, de ti misma.

Sé lo que marcharte y pensar que ni con esas, ni aun cambiándote de país, se va a terminar. Sé lo que es despertarte en mitad de la noche con un ataque de ansiedad, porque, como tantas otras veces, te estaba persiguiendo y lograba alcanzarte.

Sé lo que es que, años después, sigas mirando dos veces a la calle antes de salir de casa, que cambies cada cierto tiempo tus rutas para volver del trabajo o de la universidad, tu rutina, porque te juró y perjuró que o eras suya o no serías de nadie. Ni siquiera de ti misma, la única persona a quien realmente perteneces.

Sé que duele todavía, sé que te cuesta confiar, sé que le buscas en todos los hombres que se cruzan en tu camino porque te da miedo que te la vuelvan a colar. Sé que aún te sientes expuesta, débil, impotente ante lo que él, a estas alturas de tu vida, quiera y pueda hacerte. Lo voy a decir bajito, para que quede entre nosotras, sé que todavía vives con miedo a que te remate.

Pero sé también que eres fuerte, sé que eres compasiva, sé que eres valiente, decidida, sé que conseguiste aprobar ese examen que te llevó la vida estudiar, sé que puedes hacerte una carrera de cinco kilómetros aunque en tu vida te hayas puesto unas zapatillas de correr. Sé que puedes con todo porque eres tu mayor aliada. Sé que ahora parece imposible, pero también sé que basta que veas la jaula para que des el primer paso para salir de ella. Te prometo que en los pasos siguientes no estarás sola.

Duquesa Doslabios.

Mi #UnoAlMes: Poncho fue, amores tóxicos en forma de cómic

Querid@s,

Mi #UnoAlMes de julio va para Poncho fue.

Desde hace un tiempo ya podemos encontrar en las librerías el libro de Sole Otero sobre el maltrato psicológico y la violencia machista.

Esta historia sobre amores tóxicos en viñetas lleva por título Poncho fue y en sus 216 páginas narra, con tintes autobiográficos, la angustia y la tortura de vivir en una relación tóxica. Comienza como una historia de amor como cualquier otra, podría ser la vuestra, pero pronto empiezan a despertar los peores monstruos y vicios humanos, y la historia acaba terminando mal, rematadamente mal.

Lu y Santi se conocen por un amigo común. Tienen una cita, se entienden a la perfección, se ríen, se buscan, se besan y pasan a complementarse. Empiezan a compartir, hacen planes de futuro, tienen sexo a todas horas y en cualquier parte y cada uno parece comprender las necesidades del otro. Están hechos el un para el otro. Irremediablemente se enamoran y se van a vivir juntos ¿Demasiado bueno para ser real? Puede ser, pero es real.

El tiempo corre, tic tac tic tac y surgen las primeras diferencias. Hasta aquí, el tradicional panorama del mundo de los casados o emparejados. Sin embargo, las discusiones comienzan a hacerse frecuentes. Las palabras irrespetuosas, los malos gestos, los gritos de ira o la manipulación psicológica siempre están presentes.

A través de multicolores viñetas, Sole Otero nos cuenta cómo de las primeras diferencias entre los dos personajes pasamos a la incomunicación, el maltrato y la violencia machista. Este libro, valiente y lleno de coraje, relata cómo la inseguridad y la falta de autoestima de Lu se convierten en el combustible perfecto que alimenta la soberbia de Santi. Habla de cómo los incómodos silencios y las trifulcas constantes se convierte en la habitual forma de comunicación entre los dos. Y de cómo una preciosa historia de amor puede acabar envenenándolo todo.

Sole Otero es original de Argentina y nació en Buenos Aires en 1985. Tejió sus tardes australes leyendo a Mafalda y Astérix, se graduó en la Universidad de Buenos Aires y hace más de diez años que se dedica al apasionante mundo de la ilustración y el cómic. Desde entonces no ha dejado de crear, es una mujer todo terreno. Ha impartido clases, confecciona muñecos de tela, ha colaborado con multitud de periódicos y revistas y ha ilustrado libros infantiles para editoriales de todo el mundo.

Lo que comenzaba como una historia de amor soñada, poco a poco va develando la pesadilla que anida en su interior. ¿Alguien está boicoteando la relación? ¿Está a buen recaudo la autoestima de cada uno? ¿Eres tú o soy yo? ¿Lo dejamos, lo arreglamos, nos vamos, volvemos? Poncho Fue es el es relato pormenorizado de una relación sentimental fundada en la manipulación psicológica. Una historia de amor intensa y por momentos terrible de la que nadie saldrá siendo el mismo. Cualquier historia de amor convencional podría comenzar así, pero ninguna debería terminar como la de Lu y Santi.

A follar a follar que el mundo se va acabar.

Mujeres de Oriente Medio y también de nuestro país

Querid@s,

Me van ustedes a perdonar si me repito como el ajoaceite más poderoso, pero al hilo de mis investigaciones de los otros premios del porno, hoy he descubierto un fantástico trailer erótico que denuncia la galopante impunidad ante violaciones y actos de violencia de género en tierras lejanas a las nuestras, allá por Oriente Medio. 

“Women of the Middle East” (Mujeres de Oriente Medio) es el título que lleva la obra de la aclamada productora Porn Fidelity, propiedad de Kelly Madison Media, y que fue nominada a mejor campaña de marketing de cine para adultos en la edición de 2016 de los ya conocidos por ustedes XBIZ. La cinta muestra a la estrella del porno paquistaní-americana Nadia Ali y Arabelle Raphael, medio iraní, medio tunecino, así como a las actrices étnicas Nikki Knightly y Karmen Bella representando el papel de mujeres de Oriente Medio con distintos velos, incluidos los hiyabs, niqabs y burkas.

Vean el trailer.

Palabras contundentes en blanco sobresalen sobre un fondo negro en el primer fotograma. Y el mensaje de bienvenida dice así:

PARA LAS MUJERES DE ORIENTE MEDIO, EL VELO NO ES SOLO ES UNA MANERA DE REPRIMIR LA LIBERTAD SEXUAL, ES UN SÍMBOLO DE LA VIOLACIÓN DE TODOS LOS DERECHOS HUMANOS CONTRA ESTAS MUJERES, COMO LA VIOLACIÓN Y LA VIOLENCIA DOMESTICA. ¡FUERA VELOS!

Sirva este vídeo de denuncia y este post como símbolo de lucha por un mundo libre de violencia machista. Y por la periodista Yolanda Pascual, acuchillada a manos de su expareja en un garaje hace apenas unas noches. El verdugo, como tantos otros, con su corazón negro y podrido, creyó tener algún tipo de derecho sobre su vida y la mató a sangre fría. Yolanda ocupa el número 37 este año, pero ¿cuándo vendrá la próxima? Desgraciadamente no tardará en llegar, porque muertes como esta siguen pareciendo(¿nos?) una muerte más que engrosa las estadísticas machistas de nuestro país, una tragedia como otra cualquiera. Hasta que nos toca, parece que no va con nosotros.

Y sigo preguntándome porqué esto sigue ocurriendo, porque tantísimas mujeres en España (las víctimas son miles) han de sufrir a diario este infierno, al que demasiadas no sobreviven. ¿Por qué? Pero sobre todo,¿Hasta cuándo?

Agresiones sexuales (en Sanfermines): Cuando NO es NO

Querid@s,

“Una vez dentro me rodearon los cuatro y me tiraron al suelo. En esa posición me quitaron el sujetador y los botones del pantalón. Intenté escapar, pero no pude, incluso, me taparon la boca para que no gritara”. De este modo relató la joven víctima la presunta agresión sexual en Pamplona en la primera noche de San Fermín.

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Fue víctima de una violación múltiple. Ella era una. Ellos eran cuatro. No uno, ni dos, ni tres, sino cuatro. Malditos bastardos. Pero la de la joven de diecinueve años no ha sido el único ataque sexista. En cinco días se han presentado en Pamplona doce denuncias contra la libertad sexual y se ha detenido a doce personas. Los presuntos agresores continúan detenidos en prisión provisional. Ojalá se pudran en el calabozo. Ojalá algún día las mujeres podamos movernos en las fiestas (y en la vida) con la misma libertad que ellos. Sin miedo a quedarnos solas, sin miedo a que nos persigan o nos acechen de noche, sin miedo a que intenten abusar de nosotras. Sin miedo a nada. Desgraciadamente aún no ha llegado ese día.

Estos Sanfermines han terminado con un balance terrible. 16 denuncias por violaciones y tocamientos a mujeres. Me pregunto qué problema tienen estos proyectos de hombre. Porque un hombre que abusa de esta manera de una mujer no es un hombre. A ver si queda claro de una vez por todas. No es no. Cuando una mujer (o un hombre) grita y llora mientras se l@ está tocando, besando o manoseando quiere decir que no.

Me adelanto a los comentarios que de sobra sé que harán algunos de ustedes. Si no quieren que las violen que no vayan vestidas (como putas) y que no enseñen las tetas. Guarras. Si provocan, luego que no se quejen. ¿Acaso enseñar el torso quiere decir que cualquier hombre tiene luz verde para que la violen a una? ¿Por qué no podemos quitarnos la camiseta como lo hacen ellos sin que por ello tengamos que exponernos a agresiones sexuales? Cuando ustedes los hombres se descamisan, ¿quiere decir que podemos abusar de ustedes y que podemos tocarles sin su permiso? Creo que no.

Solo puedo decirles que a estas alturas del cuento resulta inquietante que la responsabilidad de las agresiones sexuales machistas siga recayendo sobre nosotras. El agresor es el único culpable. Pero la violencia machista es algo estructural que tiene que ver con la sociedad patriarcal en la que vivimos y hace creer a algunos hombres malos que tienen derecho sobre nosotras.

Pilar Mayo, técnica de Igualdad del Ayuntamiento de Pamplona y coordinadora del grupo de trabajo Sanfermines en Igualdad dice “No. Las agresiones sexistas en Sanfermines no se diferencian de las que se producen en espacios de ocio nocturnos, donde se presupone y exige a las mujeres que seamos más permisivas cuando los hombres van pasados de tono. Es como si nos dijeran: “chica, que estamos de fiesta, no te pongas así“.

Pues yo digo: Mira chico, me pongo como me dá la santa gana. ¿Quién eres tú para decirme como tengo que ponerme o dejar de ponerme?  Y es que en ambientes festivos la violencia machista está más justificada – la simple justificación ya es vergonzosa y deleznable- . Uno se pasa con las copas/drogas y se monta en la cabeza la pirula del todo vale porque estoy de fiesta mientras se excusa miserablemente con el pretexto de que el alcohol y las drogas disculpan casi cualquier comportamiento de abuso de poder.

No olvidemos señoras y señoras que existen otro tipo de agresiones que cualquier hija de vecino hemos vivido en algún momento de nuestra existencia. Hablo de la violencia y el abuso más invisible y naturalizado como son los tocamientos de culo o mama, el acoso callejero, los insultos o piropos desacertados o cuando nos agarran para bailar aunque no queramos. Para los que no se enteran ni del NODO…NO sigue siendo NO.

Desde este blog les pido a todos, sobre todo a los caballeros, su apoyo a todas las víctimas de las agresiones sexuales y la repulsa a todos sus malditos verdugos. En esto o están ustedes en contra o están a favor. Y el que calla otroga.

En fiestas, de noche, de dia, en la playa y en la montana. NO sigue siendo NO.

P.D.: Les he echado de menos. ¿Y ustedes a mí?

Que follen mucho y mejor.