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Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘violación’

¿Quién le dio la palabra a mis bragas?

Fue en 1933 cuando la mujer pudo, por primera vez, manifestar su opinión respecto a la política de España a través del voto, algo que los hombres llevaban haciendo habitualmente más de cuarenta años. En ese momento se empezó a tener en cuenta nuestra voz.

SAVAGE X FENTY

Y con lo que ha costado que se oiga, que se tenga en cuenta a través de una votación o que no se desacredite si dicha voz denuncia un abuso, me niego a que me la roben.

Pero, sobre todo, a que me la quite nada menos que una prenda de ropa, un tanga. Un tanga, que, hasta donde yo tengo entendido, no habla (o al menos, los míos del armario nunca han tenido la cortesía de darme los “Buenos días” cuando abro el cajón medio adormilada).

Se escapa de mi entendimiento que le den una voz y no solo una voz, en abstracto, sino una voz concreta que decide sobre el cuerpo de su portadora.

Mi tanga no dice nada. Está callado ahí, en la entrepierna. Ni pincha ni corta, solo está protegiendo mi vagina, evitando que entren bacterias, que es, a fin de cuentas, el objetivo de la ropa interior.

La pieza lencera no manda sobre mí ni sobre mi vida, no es responsable de lo que me pase, no dirige mis actos, no me controla.

Si llevo tanga, puede que lo lleve por mil razones, porque no me apetece llevar bragas porque me resultan incómodas, porque estaban de oferta en el supermercado o porque sencillamente, me gustan y quiero llevarlos.

Es por ello que me niego a pensar que, si tardamos tantos años en que se escuchara nuestra voz, y que aún cuando se escucha se pone muchas veces en duda, ahora la perdamos por un trozo de algodón.

Porque en ningún caso llevar tanga es una invitación, una indirecta, una respuesta a preguntas no formuladas (o formuladas y que reciben cualquier respuesta a excepción de un “sí” claro y rotundo).

Un tanga no es nada, y aun así hay quienes se han atrevido a convertir el objeto en el todo, en el principal motivo que justifica que una mujer haya sido violada y que, por ello, su agresor está libre de culpa porque tenía la ‘bendición’ de un tanga.

Que, según esas personas, llevar un tanga justifica que una mujer sea forzada porque la prenda equivale a un consentimiento nunca expresado, no solo reduce nuestra voluntad y palabra a la nada dándole peso a un material textil inerte, sino que además le están dando un significado que, en ningún caso, nosotras hemos puesto.

Una vez más el problema no son las bragas, el tanga, el culotte o quien las lleva. El problema es quienes ven en ellas una personalidad o un deseo, y también quienes, después de un crimen, avergüenzan y juzgan a la víctima en vez de señalar al agresor.

Porque la realidad es, que independientemente de lo que se lleve puesto, en el momento en el que te fuerzan a mantener relaciones sexuales, por el simple hecho de hacerlo en contra de la voluntad de otra persona, ya no existe el consentimiento. Y eso es lo que debería condenarse.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas: “Las visten como putas”

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Hace poco hablaba con una amiga de la cantidad de veces que nos cambiamos de ropa antes de salir de casa por lo que pueda pasar. Por lo que nos pueda pasar.

FACEBOOK PLAYBOY

No os hablo de cambiar los tacones por zapatillas de deportes por si en algún momento dado toca echar a correr (que también nos ha pasado), sino de dejar una falda por ser muy alta y un escote por ser demasiado bajo.

Y me resulta impensable que a día de hoy dos mujeres en sus veinte años tengan que estar dejando ropa que realmente quieren ponerse en el armario por lo que pueda pasar. Por lo que pueda pasarnos.

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo es que ‘decido libremente’ ponerme una u otra ropa? Porque aunque nadie me obligue a ir corta, sé lo que se dirá de mí si me violan e iba con una falda.

Que “lo iba buscando por ir tan corta”. Que “casi iba enseñando las bragas”. Que “me vestía como una puta”. Que “iba pidiendo guerra”.

Que “así vestida, normal que me hubiera pasado algo”. Que “si no hubiera querido que me hicieran nada, que me hubiera puesto un pantalón vaquero largo”.

Porque la triste realidad es que socialmente, la violación, se sigue exculpando. Se justifica de tal manera que la responsabilidad del acto no recae sobre el agresor, sino sobre la víctima.

Pero os diré algo que parece que se ha olvidado y es que la víctima tiene la libertad de vestir y el derecho a ser respetada independientemente de cómo vaya vestida.

Si el Juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, afirma por televisión que las chicas jóvenes “se hacen fotos como putas”, ¿qué se supone que debemos interpretar?

¿Que la mujer es culpable de lo que le pase? ¿Que soy yo la que tiene que cambiar mi manera de vestir en vez de cambiar la manera de educar a los hombres en que no deben violar?

Con este panorama no es de extrañar que haya víctimas que no denuncien por miedo a que, además del trauma de la agresión, se les eche la culpa por ir vestidas de una determinada manera.

Ejemplo reciente, el caso de la Manada. La mujer es culpable por hacer su vida después de ser violada, culpable por llevar una camiseta. Todo un conjunto de argumentos para quitarle peso a un crimen que cometieron cinco personas en contra de la voluntad de una.

La sociedad dice que si no quieres ser violada no te pongas nada corto, no lleves tacones, escotes, maquillaje… Y sin embargo hay mujeres a las que violan sin ir vestidas de esa manera.

Traducción: el problema no es la ropa. El problema es el violador.

De hecho, según ONU Mujeres el análisis de las estadísticas de las violaciones dejan claro que no existe ninguna relación entre el vestuario y estas. La organización estima que el 35% de las mujeres del mundo sufren algún tipo de violencia física o sexual en su vida y que es independientemente de como se vistan.

De hecho, la mayor parte de estas agresiones son de personas conocidas, parejas, exnovios, familiares, compañeros de trabajo o escuela, etc.

Pero por si acaso, solo por si acaso, por si sigues queriendo justificar una agresión por cómo iba una persona vestida, voy a dejar esto por aquí para que, si alguien tiene dudas, se aclare al respecto:

ONDA FEMINISTA

Ahora haz un poquito de introspección y piensa cuando hay una violación a quién culpas y a quién justificas. Porque si justificas al agresor, formas parte del problema. Eres solo un elemento más que apoya la cultura de la violación.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas I : “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Desmontando mitos machistas II: “Las mujeres son traicioneras, los hombres son nobles”

Desmontando mitos machistas III: “Tengo celos porque te quiero”

Desmontando mitos machistas IV: “El amor puede con todo”

Desmontando mitos machistas V: El asesinato de Mariana Leiva

Desmontando mitos machistas VI: “Las mujeres matan tanto como los hombres”

Desmontando mitos machistas VII: “Quien bien te quiere te hará llorar”

Cómo evitar que te llamen “violador”

Me fascina la cantidad de hombres a los que les he oído decir, preocupados, que ahora tenían miedo de acercarse o decirle algo a una mujer por si eran tachados de “violadores”.

GTRES

Pero no os hablo solamente de los que me leéis al otro lado de la pantalla, de gente de a pie, sino incluso de actores de Hollywood que han compartido públicamente esta angustia con la prensa.

“Si ahora hablo con una mujer, ¿quién sabe que va a pasar?” decía el actor Henry Cavill (Superman en La Liga de la Justicia) refiriéndose a que tenía miedo de que por ligar o silbar a una mujer fuera a terminar en la cárcel o etiquetado como “violador”.

Os diré algo, últimas noticias, solo hay una cosa que hace que se llame a una persona “violador” y es que haya violado.

Por piropos indeseados, insistencias, exceso de toqueteo, intentar dar un beso sin consentimiento o demás comportamientos con los que no nos sentimos cómodas y que se hacen en contra de nuestros deseos por el hecho de que creáis que estáis en vuestro derecho de hacerlos, no van a hacer que os califiquemos de violadores, sí de  sobones, pesados, aprovechados, acosadores, cerdos o machistas, pero no de violadores.

Pero lo realmente preocupante es que haya hombres que realmente se planteen si sus comportamientos van a ser tachados de “violación” por dos motivos.

En primer lugar porque no mola que den a entender que, como de costumbre, estamos con la histeria propia de nuestras hormonas exagerando y sacando las cosas de quicio porque somos unas perturbadas que se aburren (todo comentarios que he leído aquí escritos, queridos lectores).

Las mujeres SABEMOS qué es una violación, qué es un abuso y qué es un acoso. Que no os haga gracia que ahora señalemos cosas que hacíais impunemente hasta hace relativamente poco, es otra cosa.

Pero no utilicéis lo de “es que si intento entrarle a una tía me va a llamar violador” para desprestigiar nuestra causa ni quitarle peso a la seriedad que tienen las violaciones.

En segundo lugar, si realmente no sabes por qué cosas te pueden llamar “violador”, tenemos un problema más serio, y el problema es que no sabéis cuándo una mujer está accediendo a tener sexo.

Puede que las películas porno que veis en vuestras casas os hagan pensar que les encanta que la asfixiéis o que, por mucho que diga que no, quiere tener algo porque “mira cómo se lo goza la tía”. Bueno, esa tía es actriz y cobra por gozar (o al menos fingirlo) delante de una cámara.

Todo lo demás es la película que os estáis montando en vuestra cabeza y por la que sí podemos llamaros “violadores”.

Así que a todos esos hombres preocupados que se sienten “perseguidos y atosigados”, les digo dos cosas, uno, bienvenidos a cómo nos sentimos nosotras con vuestros piropos, insistencias y toqueteos. Dos, no os preocupéis tanto por lo que os podamos llamar o no llamar y actuad de manera CORRECTA sabiendo que una mujer es una persona y solo eres un violador si abusas sexualmente de ella.

De nada.

Duquesa Doslabios.

“Rompí con mi carnicero por machista”

“- Hay uno por ahí del barrio que te quiere violar– suelta mi carnicero a bocajarro a una chica que pasa junto al puesto de carne en el que trabaja.

PIXABAY

No conozco a la chica, pero hace ya diez años que acudo al mismo sitio a comprar, al mismo puesto del mismo mercado madrileño y casi siempre a hacer los mismos pedidos.

Sé que el hombre es de lisonja fácil, siempre en la punta de la lengua, preparada para disparar. Es de esos que siempre te tratan de ‘guapa’ tengas 20 o 70 años. Y si bien puede gustarnos más o menos según las clientas, una cosa es que pasemos esas confianzas por alto en bien de las compras, que ese tipo de comentarios.

Por muy neutra que me pueda considerar, correcta y tratando de evitar conflictos que puedan ser esquivables (que ya bastante nos pone la vida por delante como para ir buscando el enfrentamiento) no pude quedarme callada ante semejante apreciación.

– Hombre, yo creo que la cosa no está como para que hagas ese tipo de comentarios teniendo en cuenta la cantidad de mujeres que denuncian abusos sexuales– le digo tratando de hacerle entender que hay límites que uno debe procurar respetar, y más en el trabajo.

Él, no solo responde a la defensiva esgrimiendo las denuncias falsas como si fueran su blasón de batalla, que debiera defender a toda costa. Prefiero no meterme en que esas denuncias, de las que él tan orgulloso se siente, no llegan al 0,01% de todos los casos denunciados a las autoridades (ya os ha quedado claro que evito el enfrentamiento). Pero él sigue, hinchado, imparable, arrollador:

– Además, yo sé por qué lo digo. A esa también le gustaría que la violara. Y, entre tú y yo, te digo yo que no gritaría– me dice como de confidencia, socarronamente, ebrio de su ego, satisfecho de su comentario de ‘machito’.

Y pienso que no hay derecho en que nadie haga ese tipo de comentarios de ningún ser humano, y menos a una clienta en su puesto trabajo. No hay derecho en que alguien considere que puede agredir a otra persona, forzarla a hacer algo que no quiere utilizando la violencia, por mucho que lo utilice como broma.

Era como si me hubiera dicho que a esa persona también le habría gustado ser torturada por él.

Como si me hubiera dicho “a esa también le gustaría experimentar los efectos del gas mostaza personalmente, y entre tú y yo, no gritaría ni con las quemaduras químicas por la cara” o ” a esa le habría gustado que le pusiera inyecciones intravenosas de soluciones con yodo y nitrato de plata, y te digo que no gritaría, no, ni aun con la hemorragia vaginal o el cáncer cervical“.

Porque lo que tienen en común esas prácticas con la violación es que todas son crímenes contra la humanidad. Y si ya de por sí son deleznables, no me parecen para hacer un chiste de ellas.

Me di cuenta de que, después de tantos años trabajando en una carnicería, mi carnicero había terminado viendo a las mujeres como un pedazo de carne, como esos con los que estaba tan habituado a tratar.

Cogí mi pedido, uno de los más habituales que llevo haciendo en estos diez años que llevo yendo a su puesto del mercado, y me fui. Ya que a él le parece bien bromear con el abuso hacia las mujeres, a mí me parece mejor no volver a comprar en su tienda.

(Solo espero que después de lo revuelta que llegué a casa por su comentario, no me sienten mal los filetes de ternera)”

El texto ha sido extraído de la carta “Rompí con mi carnicero por machista” de J. A. para El blog de Lilih Blue

Mi padre me violó cuando tenía siete años

Raymond Prescott ha sido finalmente encarcelado después de que su hija Layla, de la que abusó durante 20 años, grabase secretamente cómo su violador se jactaba de que el sexo con ella era “el mejor sexo que había tenido”, según el periódico The Sun.

“Mi padre me violó cuando tenía siete años” confiesa Layla.

¿Cómo se digiere una cosa así? La primera vez que abusó de su hija Prescott le dijo que estaba muy orgulloso de ella por “no mojar la cama” y le prometió que le daría un regalo. Solía decirle además que ese sería “su pequeño secreto“. Hay que ser malnacido. Layla, de 31 años, afirma que ella era la favorita de los seis hermanos y que su progenitor, una suerte de “Jekyll y Hyde”, pasó de ser su “mejor amigo” a un completo predador sexual.

Cuando en 2001 Layla habló con la policía por primera vez sus familiares no la creyeron. Por si ya no hubiera tenido suficiente se lo contó a su madre y ella dejó de mirarle y hablarle. “Creo que estaba más avergonzada por no haberse enterado antes. Me creía, pero estaba en shock” declara Layla.

Finalmente retiró los cargos y de nuevo se abandonó al consumo de drogas y alcohol. Digo de nuevo porque cuando tenía sólo siete años su padre le daba cervezas, hábito que adquirió cuando era una adolescente de catorce años. “Bebía mucho, iba borracha al colegio, pero nadie me decía nada porque conseguía ocultarlo” revela Layla.

Después de que Prescott tratara de violarla por última vez en diciembre de 2012, Layla se armó de valor. Logró que su padre confesara las abominaciones perpetradas y lo grabó en su teléfono móvil. En el escalofriante clip que podéis encontrar en este enlace a la noticia del diario inglés The Sun su padre le espeta con un cigarro en la mano: “No puedo tener sexo con nadie más y disfrutarlo, así que quiero tener sexo contigo“.

Con la prueba del delito en su poder acudió a la policía en febrero de 2013 y se puso en marcha la investigación. Prescott fue acusado de cinco cargos de violación yaunque negó los cargos, finalmente ha sido condenado a 12 años de prisión. A pesar de que Prescott ha sido acusado de cinco violaciones a Layla le resulta difícil recordar cuántas veces la violó su padre ya que ha borrado una gran parte de su memoria. Refiriéndose a la condena, Layla dijo: “Es increíble que le hayan caído 12 años.” Estoy de acuerdo contigo Layla. Pocos años, muy pocos. Especialmente si tenemos en cuenta que mientras abusaba de ella gritaba “estoy teniendo sexo con mi propia hija”.

Condenado por violación por quitarse el condón mientras practicaba sexo

Querid@s,

No sé si están al corriente de la noticia de un hombre francés condenado en Suiza por violación por quitarse sin avisar el condón mientras mantenía relaciones sexuales. Les pongo en antecedentes. Chico ve a chica en Tinder. Él le da a like y ella también. Ella es suiza, él francés. Acuerdan una primera cita a ciegas en junio del año pasado y parece que se caen bien. Quedan por segunda vez y deciden mantener relaciones sexuales. El trato es que sea con protección. En algún momento del polvo en el que ella está a lo que está, el amante francés, en un acto de absoluta premeditación y alevosía, y como quien no quiere la cosa, va y se quita el condón sin que ella se percate de su sucia maniobra. Con dos cojones.

Monsieur, ¿es que no se le ocurrió a usted preguntarle a la muchacha si podía quitarse el condón y follársela a pelo? Intuyo que conocedor de la futurible respuesta, decidió callar y esperar un momento de despiste de ella para desvestir su miembro viril.  Digo yo que le apretaría la gomita, le molestaría el caparazón, qué más da si ella no se va a enterar. Usted cambió a su libre albedrío unas normas del juego previamente acordadas, una jugada bastante sucia. Podrían (ella y usted) contraer enfermedades o provocar un indeseado embarazo, aunque ella no lo supiera. Fue una vez terminada la faena cuando ella se percató de que el francés había desenfundado su pene. Decidió denunciar los hechos y el juez ha decidido que la chica no habría accedido a tener sexo si las condiciones hubieran sido distintas a las pactadas. Según informa The Independent, la Corte Criminal de Lausana (Suiza) condenó el pasado lunes a este hombre que se pasó de listo por delito de violación. Ahora ha de hacer frente a una condena de doce meses de prisión. Entiendo que la próxima vez este monsieur  se lo pensará dos veces antes de hacer de las suyas.

Ya somos mayorcitos para discursos y moralinas de lo que se debe o no se debe hacer- en la cama cada pareja que haga lo que considere-, pero me parece estupendo que estas estratagemas traicioneras se penen y se castiguen. En Suiza, país muy avanzado en muchos menesteres, esta acción de quitarse el condón a traición cuando a uno le da la gana y seguir empotrando como si nada, puede considerarse una violación y ser delito si la otra parte implicada en el acto sexual piensa que hay condón de por medio. Según el abogado de la víctima, ésta es una sentencia pionera en el país. Desde este blog le damos una calurosa bienvenida; el sexo, con o sin condón, siempre bien clarito y con consentimiento.

Que follen mucho y mejor.

Unas cuantas verdades sobre el cinturón de castidad

 Querid@s,

¿Qué de realidad tienen los cinturones de castidad?

El cinturón de castidad, ese artilugio cuyo poder se otorga al am@ de esa llave maestra que abre, cierra y controla la sexualidad de otra persona es más bien un férreo mito que una realidad. Los cinturones de castidad se remontan al imaginario del medievo y servían al caballero que se alejaba de su hogar por largo tiempo para librar cruentas batallas para cerrar a cal y canto el sexo de su amada. Y asegurarse de paso no ser víctima de la temida cornamenta. Personalmente me parece marciano, por mucha Edad Media que fuera, que los maridos celosos y desconfiados de la época echaran el cerrojo a las vaginas de sus esposas, se fueran a dar la vuelta al mundo y volvieran pensando que las encontrarían enteras.
Pero si nos acercamos a estos cachivaches infernales resulta imposible imaginar a una mujer embutida dentro de ellos. Todo en ellos son metales pesados, duros y cortantes, algunos incluso presentan agujeros estratégicamente colocados y cerrados con enormes candados, con los que ninguna hija de vecino podría andar o sentarse. Los metales producirían terribles heridas y profundas lesiones a la piel, así como infecciones vaginales y anales que con el paso de los días, los meses, o los años (según se demorara en retornar el caballero en cuestión de la interminable cruzada) tenderían a complicarse hasta tal punto que provocarían septicemias. En aquellos tiempos, enfermedad imposible de curar.
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Además, que ocurría si al volver el caballero de su larga cruzada por esos mundos de Dios, retornará él pero sin la llave en la mano. Extraviada la llave, ¿cómo desembarazarse de uno de estos artefactos? Este cuento chino se me antoja machista. De nuevo una consigna machista sobre la servidumbre femenina y la creencia igualmente machista de que la responsabilidad de evitar la infidelidad residía en las féminas de la época y no en el esposo que se ausentaba por tan largo tiempo, o del que se quedaba y fornicaba con la “abandonada” esposa.

Por si les pica la curiosidad, el cinturón de castidad no puede usarse más que unas horas, a lo sumo un par de días. De otra forma, el que lo llevara la palmaría por culpa de infecciones, abrasiones y laceraciones provocadas por el contacto con el metal. A largo plazo, si el cinturón entraba en contacto con agua (digo yo que deberían de lavarse sus partes), la oxidación del cinturón sobre la piel provocaría tétanos. Si en esos días en los que les aseguro que el olor de las nubes me la trae al pairo, las compresas con o sin alas irritan la piel de la ingle y la vulva, me resulta de ciencia ficción imaginar las llagas que podrían aparecer a causa de la dichosa braga de hierro. No lo quiero ni pensar.

Las que sí lo usaban eran las mujeres en épocas de acuartelamiento de soldados, durante viajes y en estancias nocturnas en posadas para evitar violaciones. Su uso era más frecuente todavía en enfermeras y religiosas que atendían heridos en los frentes de batalla. Manda huevos, que para calmar los calentones de aquellas bestias pardas, fueran ellas una vez más las que tuvieran que encadenarse sus partes para no ser violadas.

41hrojEId-L._SY344_BO1,204,203,200_Albrecht Classen, profesor de la Universidad de Arizona, en EEUU, y autor del libro The Medieval Chastity Belt: A Myth-making Process, afirma solemnemente que no hay evidencia ninguna de que existieran estos objetos de tortura para la mujer. La primera vez que en la literatura se toca el tema es en un libro de 1405 titulado Bellifortis. Se trata de una ardua y pesada novela que trata de máquinas bélicas y se cree que el autor quiso facilitar un poco su digestión bromeando sobre un aparato que garantizaría que las esposas rindieran pleitesía, por muy lejos que estuvieran.

Otra de las pruebas que evidencian que tal cinturón jamas existió es que en las novelas sobre el amor cortés de los autores de los siglos XIV al XVII no se hace referencia a ellos en ningún momento. Los primeros cinturones aparecieron en el siglo XIX y normalmente pasaban a formar parte de museos dedicados a la tortura. El British Museum de Londres contaba con un ejemplar de la Edad Media que exhibía desde 1846, pero en cuantico se enteraron que era falso se acabó retirando.

Afortunadamente el  oscuro medievo ha quedado muy atrás y hoy en día los cinturones de castidad que existen se utilizan generalmente para practicar el BDSM. Los tienen a su entera disposición en páginas y tiendas fetichistas de artilugios erótico festivos para prácticas sexuales subidas de tono. Y el fin de meterse en esta camisa de once varas no es otro que el placer. Si gustan.

Con o sin cinturón de castidad,

Que follen mucho y mejor.

Cuando una actriz porno dice no: #solidaritywithstoya

Querid@s,

Hoy quiero hablarles de Stoya. Es actriz porno y es la primera chica de look alternativo que trabaja en la industria pornográfica. Es una auténtica preciosidad y hace poco denunció a través de su cuenta oficial de Twitter que su ex pareja, el también actor porno James Deen, de abusar sexualmente de ella. Estas fueron sus palabras exactas.

That thing where you log in to the internet for a second and see people idolizing the guy who raped you as a feminist. That thing sucks.

— Stoya (@stoya) noviembre 28, 2015

“Esa cosa de conectarse a Internet por un segundo y ver a la gente idolatrando al tipo que me violó. Eso apesta”. Después de este primer tuit, la actriz continuó.

Stoya volvió a alzar su voz en twitter.“James Deen me sostuvo mientras yo decía: ‘No, detente’. Usé mi palabra de seguridad. No puedo sólo sonreír y asentir cuando la gente habla de él nunca más”. El actor ha negado rotundamente las palabras de la que fuera su novia, aunque otras actrices porno, también han denunciado abusos por parte del actor. Deen se defiende vía Twitter con este mensaje: “Ha habido algunas acusaciones atroces en mi contra en una red social. Quiero asegurarle a mis amigos, fans y colegas que estos alegatos son falsos y difamatorios. Respeto a las mujeres y conozco los limites tanto profesionales como privados”, aseguraba.

¿Cómo se puede abusar de una actriz porno? Es imposible, es su trabajo pensarán algunos, como bien le han hecho llegar a la actriz en forma de tuits poco amistosos. En una industria tradicionalmente machista, cada vez más son más las voces críticas que se hacen escuchar para intentar crear otro tipo de porno en el que no existan estas discriminaciones. Entre ellas, las del propio Deen, que en una entrevista en el Business Insider, revela la discriminación que se vive en la industria por motivos racistas. Stoya, además de ser una de las celebrities del “alt porn” fue pareja del actor entre 2013 y 2014. Por eso ha sido particularmente sorprendente que declarase que fue forzada por este durante su relación a pesar de haber usado su palabra de seguridad. Nadie mejor que un actor especializado en pornografía BDSM conoce el significado de palabra de seguridad. A buen entendedor, pocas palabras bastan. La palabra de seguridad es un NO rotundo, basta, para, déjalo ya, aborta misión. Es un alto al fuego, es para, es detente.

Pero Stoya no ha sido la única en acusar a James Deen. Lamentablemente para todos y tenga la razón quien la tenga. Otras seis actrices porno, entre ellas, Tori Lux, denuncian de violación al “niño bueno del porno”.  La propia Tori relató que, en 2011, fue abusada por el actor mientras estaban de rodaje . “En junio de 2011, durante la filmación de una cinta porno, fui abusada por James Deen. Me puse de pie, desorientada, con dolor de mandíbula, y antes de que pudiera reponerme, me agarró por el pelo. Algunas personas con las que he compartido esta historia, con el paso de los años, me han preguntado por qué no llamé a la Policía tan pronto como sucedió, o hablé públicamente de ello. La razón de esto se debe a que, históricamente, la gente (incluida la policía) tiende a actuar a partir de la suposición de que las trabajadoras sexuales se han puesto en peligro, y por lo tanto, no pueden ser violadas, lo cual es incorrecto”, manifestó la actriz.

El hecho de que James Deen fuera su novio y el hecho de que ambos sean profesionales del sexo no le resta importancia a la violación, como muchas personas han tenido el detalle de responderle vía Twitter a la actriz. Al revés, yo creo que es incluso más preocupante todavía. Cuando la violación es conyugal es mucho peor, es mucho más fea. Como sé que es gustan los datos, los informes y los estudios, les cuento que según datos de la OMS, una cuarta parte de las mujeres han sufrido violencia sexual dentro de la pareja, datos que corrobora la macroencuesta de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales. Tienen datos para largo.

Y para terminar, hay una diferencia innegable entre la erotización de prácticas sexuales no consentidas, los juegos de roles, el BDSM o el porno de violaciones por una parte y la ejecución real de una violación, por otra. Qué tendrá que ver la chicha con la limoná. Que una actriz porno se dedique, entre otros menesteres, a follar no quiere decir que siempre tenga que estar dispuesta a hacerlo y que su NO no tenga valor precisamente por ser una actriz porno. Pero es muy probable que no todos entienden esta sutil diferencia.

¿A quién creen ustedes?

Yo creo a Stoya. Sin duda. @Stoya te creo, #solidaritywithstoya

Que follen mucho y mejor.