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¿Por qué durante el sexo ‘más intenso’ se traduce en ‘más violento’?

Que nuestra sexualidad está condicionada por los referentes que nos rodean, es algo que -teniendo en cuenta el furor por el BDSM tras ‘Cincuenta sombras de Grey’ entre otras cosas- nunca me atrevería a negar.

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Las películas, las series de televisión o incluso los sucesos de actualidad (las violaciones grupales han disparado las búsquedas de estas prácticas en páginas web de pornografía) nos pasan factura mental y sexual.

Un ejemplo que os voy a comentar os va a resultar más que conocido.

En más de una ocasión, en pleno arranque pasional cuando estás queriendo subir todavía más la temperatura del polvo, he pedido aumentar la intensidad.

Seguidamente me han dado un cachete a mano abierta (ojo, que me encantan), me han cogido las muñecas con fuerza, me han tirado del pelo o me han sujetado del cuello.

Y es que actualmente, el resultado de la traducción de más intenso entre las sábanas no es otra que un sexo más violento.

A estas alturas de la película, la de mi vida, y conociendo un poco a las personas que han pasado por ella, entiendo que no son otra cosa más que fruto de una educación sexual basada en repetir lo que han visto en la pantalla del ordenador o del teléfono.

Sin embargo, llegado el momento de reflexionar sobre el camino que nuestra sexualidad ha tomado, hay que pararse y echarle un vistazo a los pasos, porque están algo torcidos y aún se pueden enderezar.

Intensidad, según el diccionario de sinónimos, es potencia, vehemencia, entusiasmo, magnitud… En ningún caso encuentro palabras que recuerden a la rudeza.

Así que la próxima vez que os pidan intensidad, o que queráis ponerla en práctica, apostad por sacar los pies del tiesto en el que llevamos metidos hasta ahora y aumentar el ritmo, mirar fijamente a la otra persona, acariciarla en esa zona que le pierde o salir a la terraza a seguir haciéndolo.

La pasión se puede conseguir de muchas maneras. Aunque las agresiones puedan formar parte del juego, no son la única alternativa.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si solo llego al orgasmo pensando en porno?

Para mí, llegar al orgasmo es tan fácil como pensar en porno. Aprieto los ojos y buceo por los rincones de mi cerebro hasta dar con la carpeta de erotismo, esa llena de todo tipo de imágenes y vídeos.

GTRES

Busco el que suele funcionar para estos casos, uno que vi hace años de una pareja en un vestuario, y el resto es historia. O, en este caso, orgasmo.

Pero, como a mí me pasa, me consta que no soy la única en recurrir a alguna imagen erótica cuando quiero ‘acelerar(me)’.

Para empezar, no tiene nada de malo. Si cada persona es un mundo con su sexualidad, y somos miles de millones, la cantidad de sexualidades diferentes es inmensa.

Además, tener algo que funciona como gatillo, nunca lo he visto como una desventaja, en todo caso como un superpoder sobre mi excitación.

Esto no significa que lo use siempre. Si fuera imprescindible que mi mente proyectara este tipo de pensamientos cada vez que intimo, significaría que no soy capaz de disfrutar plenamente del momento.

Pero para ciertas ocasiones, cuando me falta un plus o, simplemente, me apetece, lo reproduzco mentalmente.

En el veneno está la dosis y en la pornografía también. Si lo usamos a modo de píldora, como un simple aderezo, es equivalente a sazonar la vida sexual y hacerla también, a nuestra manera, variada.

Pero, ¿qué hay de los casos en los que es imprescindible para llegar? Como decía unas líneas más arriba, vamos a sexualidad por persona, por lo que ni es una enfermedad ni algo de lo que haya que sentirse culpable.

Partamos del punto de que no hay una manera correcta, no hay unas normas de estilo, ni un modelo definitivo sobre cómo tener sexo, cada individuo lo hace a su manera.

Y si se ha encontrado una manera de disparar el orgasmo, mediante la fantasía, ya sabemos que aquello funciona.

Aunque, para quienes estén todavía preocupados porque es su única forma de alcanzar el clímax, hay maneras de llegar sin tener que poner la película mental.

El punto de partida sería relajarse y limitarse a aplicar los conceptos de mindfulness al terreno sexual.

Convertir el placer en el centro de todo, el momento erótico en el aquí y el ahora, disfrutando plenamente sin la presión del orgasmo.

De esta forma se consigue conectar realmente y, poco a poco, conseguir que la situación, y la imagen de la vida real, es tanto o más efectiva que la que tenemos en el archivo.

Duquesa Doslabios.

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Queridos políticos, necesitamos más educación sexual

Cuando digo que la educación sexual es una asignatura pendiente para los españoles, no hablo solo de manera figurada.

GTRES

Por desgracia, en los programas electorales, no es una de las prioridades. Hablar de medidas para aumentar el empleo, sostener las pensiones o mantener un sistema sanitario al alcance de todos entran en las primeras propuestas a tratar.

Otras ideas son de segunda categoría, y, la sexualidad, muchas veces, ni entra.

En la visión de la educación afectivo-sexual de cada partido en las últimas elecciones, o hay menciones breves o, directamente, encuentras vacíos.

Como si fuera algo que no mereciera importancia cuando es algo que, desde pequeños, nos afecta y nos condiciona, porque nos acompañará el resto de nuestra vida.

Algo tan fundamental de recibir, que, todavía me encuentro compañeros y amigos que a sus casi treinta años, me preguntan cómo es posible que las mujeres podamos hacer pis si llevamos puesto un tampón.

Contra esto, solo el PSOE y Unidas Podemos lo consideraron lo suficientemente importante como para darle un espacio en sus respectivos programas.

El partido de Pedro Sánchez incluía una prevención de la violencia de género y el respeto a la diversidad afectivo-sexual.

Por su parte, Podemos buscaba un especial énfasis en la educación afectivo-sexual dentro del sistema educativo.

Mientras que el PP y Ciudadanos mantenían esta educación fuera de sus puntos, la idea de Vox con algo de relación con este tema consistía en activar un pin parental.

En crear un permiso de las familias cuando los hijos fueran a recibir comunicación sobre valores éticos, sociales, cívicos, morales o sexuales.

Igual ahora que las enfermedades de transmisión sexual están por las nubes, que recibimos una educación que viene de la pantalla de nuestro teléfono móvil sin ningún tipo de control, y que no sabemos cómo gestionar todos los cambios sociales que están sucediendo, empezando por aceptar el consentimiento, deberíamos empezar a reivindicar que ocupara un espacio mayor en los compromisos de los partidos.

Eso es lo único que nos preparará para llevar una vida sexual segura, productiva y satisfactoria.

Duquesa Doslabios.

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‘Made in Spain’, nuestros problemas sexuales más comunes

Aunque la sexualidad cada vez está más aceptada, todavía tenemos ciertos tabúes en torno a ella que nos impiden tratarla con toda la libertad que nos gustaría.

MediQuo

¿El ejemplo más típico? Cuando vienen los problemas. Si nuestras amistades de confianza, esas a las que primeros recurrimos, no saben qué decirnos, caemos irremediablemente en las fauces de Google, que, ante cualquier tipo de síntoma, el resultado del algoritmo es siempre el mismo: cáncer, muerte.

Una alternativa es mediQuo, una aplicación de chat médico que resuelve las dudas médicas del tipo que sean, y, por supuesto, las del sexo, con la tranquilidad de que podemos consultar libremente sin tener a nuestra madre al lado poniendo la oreja en la consulta del médico de cabecera.

Analizando más de 11.000 consultas de los últimos cuatro meses, han dado con las cinco preguntas más frecuentes que nos rondan la cabeza (y los genitales) a los españoles.

El orgasmo es nuestra obsesión y, muchas de nosotras, no sabemos ni por dónde empezar para llegar a él. La falta de conocimiento en el ámbito sexual, y tener como maestra a la pornografía, no es de mucha ayuda a la hora de darle respuesta. La opinión de Claudia Kösler, la experta en sexología de la app, deja claro a qué se debe: “Para llegar al orgasmo, primordialmente hay que estar relajada y atenta al cuerpo y sus sensaciones. Si te pasas todo el encuentro sexual en la mente, te desconcentras”.

Para nosotras, sí, pero también para ellos es una de las principales preocupaciones, si bien por motivos diferentes. Eyacular rápidamente, otra de las dudas más habituales, puede deberse a diferentes motivos, desde estrés hasta malos hábitos sexuales.

MediQuo

La fijación por aguantar más tiempo en la cama es algo que también preocupa a nuestros compañeros, porque como ‘Lady Porn’ les ha enseñado, hay que ser unos machotes de mucho cuidado aguantando horas y horas dándonos placer.

La realidad es que la sexualidad no es solo el rato de penetración, hay mucho más mundo que descubrir de sábanas para adentro, por lo que la observación de Kösler no puede ser más acertada: “No olvides la importancia de la calidad por encima del tiempo y la cantidad“.

“Aguantar más en la cama requiere control sobre la propia excitación, combinar diferentes prácticas sexuales, no centrarse exclusivamente en la penetración, hacer paradas, cambiar de ritmo… ¡Esto no es una carrera! Calma, relajación y compenetración mutua”, afirma la experta.

Nos preocupa tanto ese momento de intercambio que se nos olvida precisamente reforzar los vínculos y actitudes que complementan la experiencia creando una conexión. Es precisamente la comunicación lo que nos da confianza para poner en práctica lo que nos gusta, nos excita, algo que sin duda soluciona la común consulta de “No siento nada en las relaciones sexuales”.

El deseo también tiene un peso fundamental, ya que es el quinto motivo más consultado. Un elemento que varía también en función de diferentes factores como el estrés, la falta de tiempo o incluso conflictos dentro de la propia pareja.

El secreto sigue siendo poner las cartas sobre la mesa, sincerarse con la existencia del problema y ponerle solución buscando las causas que pueden alterarlo. Como dicen por ahí, el secreto está en las ganas, y si estas no faltan, serán la principal ayuda para potenciarlo.

“Prácticas exploratorias corporales, mejorar la comunicación con la pareja, uso de fantasías, lectura de novela erótica o mindfulsex” son algunas ideas que propone Kösler para mejorar en ese aspecto.

Y ya sabéis, si seguís teniendo dudas, mejor dejar a Google a un lado y preguntar a los expertos.

Duquesa Doslabios.

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Ocho (buenas) razones para ver ‘Sex Education’, la serie que mejora tu sexualidad

Que la educación sexual en este país brilla por su ausencia (el incremento de las enfermedades de transmisión sexual es solo una de las pruebas de ello) es algo que no podemos seguir negando.

NETFLIX

En plena era de la desinformación, donde la pornografía se convierte en la principal maestra prolongando estereotipos e ideas que no son más que una fantasía, aparece Sex Education.

La nueva serie de Netflix ha sido mi descubrimiento de la semana manteniéndome enganchada hasta el punto de habérmela ventilado como si hubiera sido una temporada de Stranger Things.

Pero, ¿qué es lo que realmente funciona de Sex Education? Aquí tienes los motivos por los que deberías darle una oportunidad.

  1. Porque trata cuestiones de actualidad como son la identidad, la orientación o el consentimiento sexual, el acoso, la cosificación o el slutshaming, cuestiones que por diferentes motivos, son el pan de cada día de un tiempo a esta parte.
  2. Los temas se plantean con naturalidad, y, francamente, es toda una satisfacción. Que en una serie llaman al pene “pene”, a la vagina “vagina” y a follar “follar”, se agradece. No se dice “el miembro”, “la flor” ni ningún otro recurso poético del estilo de los que abundan en las series.
  3. Es capaz de acercarnos a problemáticas que igual ni nos habíamos planteado por todos los estereotipos que nos rodean como por ejemplo las desventajas de tener un pene de dimensiones por encima de la media. Tiene un lado didáctico del que podemos sacar partido ampliando conocimientos luego por nuestra cuenta (que hay muchas webs de divulgación sexual).

    NETFLIX

  4. Porque aunque creas que ya sabes todos los temas que tratan, nos refrescan conceptos que siempre deberíamos tener presentes como dónde está el clítoris.
  5. Además de ser dinámica, interesante y con una trama que te engancha desde el principio, es divertida, y todos sabemos que tratar cuestiones con humor, especialmente si hablamos de sexo, son puntos a favor.
  6. Porque salen penes. Juego de Tronos va de rompedora con sus topless constantes. ¿Alguien recuerda lo que pasó en la primera temporada más allá de las tetas? A mí me cuesta hacer memoria. Sex Education rompe un poco (un poquito solo) con esto enseñándonos la ansiada anatomía masculina en la pequeña pantalla.
  7. Vincula el ámbito sexual con el emocional. Un reto a la hora de plantearte una serie de estas características es el de no caer en el morbo, en el aspecto físico, situación que solventan a las mil maravillas ya que, a fin de cuentas, el cerebro sigue siendo el órgano sexual más importante.
  8. En definitiva, porque Sex Education es como ese amigo con el que puedes hablar de sexo con total confianza, contarle tus preocupaciones más íntimas, tus miedos, tus deseos con la seguridad de que no solo no te va a juzgar sino que va a estar ahí para escucharte y para ayudarte.

Duquesa Doslabios.

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Salón Erótico de Barcelona: porno en vivo y educación sexual de calidad

Cualquier excusa es buena para pasar unos días en Barcelona, y el Salón Erótico que se organiza anualmente en la ciudad, fue mi último motivo para acercarme a uno de mis lugares favoritos.

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Nunca había acudido anteriormente al Salón, pero todos nos hacemos una idea, aproximadamente, de lo que allí vamos a encontrar: sexo, sexo y más sexo.

Quizás yo, que soy aún más exagerada, lo esperaba todavía más tróspido: con condones usados por el suelo, gente manteniendo encuentros en los baños… Una especie de orgía gigante en el Pabellón del Vall d’Hebron.

Pero claro, una cosa es la película porno que me había montado en mi cabeza y otra muy diferente la realidad, justo como pasa con la ficción que se ve en esas películas y lo que sucede en el sexo realmente, que son como el día y la noche.

En el Salón Erótico de Barcelona hay sexo en directo, claro. Las actuaciones se sitúan cada pocos minutos en los diferentes escenarios y stands de expositores con una velocidad en la que cada pocos metros encuentras a un puñado de curiosos grabando con las cámaras lo que allí sucede.

Porque aunque todos somos un poco voyeurs y nos paramos para ver el intercambio sexual que tiene lugar encima del escenario, te cruzas con un tipo de asistente al Salón que ha venido exclusivamente para ello. Hombres de una edad entre los 40 y los 60 años que solo te encontrarás rondando los shows.

Y si bien es el público mayoritario, no es, para mí, el más relevante. El rompedor vídeo de presentación del Salón ha atraído a un nuevo público con el que me he sentido más identificada.

Gente joven, en pareja o por su cuenta que llenan y colapsan las charlas y talleres de educación sexual que tienen lugar desde que abre la feria hasta que cierra sus puertas.

Es aquí donde realmente siento que el Salón ha prometido su premisa del vídeo viendo que las sillas se convierten en el elemento más cotizado pero que incluso a falta de ellas, la gente se queda de pie o sentada por el suelo no dejando ni un solo centímetro libre.

¿El motivo? Simplemente son demasiado interesantes como para perdérselas.

De esta manera acudo a un tuppersex, a una charla acerca de dolores menstruales y orgasmos, a una ponencia sobre el hombre multiorgásmico, la eyaculación femenina, el fortalecimiento del suelo pélvico e incluso a un taller de iniciación al BDSM.

Tanto yo como la mayoría de los que se quedaron fuera de las charlas por motivos de aforo, pedimos a los que se encontraban controlando el número de asistentes que el año que viene ampliaran el espacio para que de esta manera pudiera acudir más gente a ellas.

Este público del Salón es ávido, no tanto de sexo en directo y pornográfico en el que se ve lo de siempre y a lo que estamos acostumbrados, sino de sexo real, del que podemos aprender y aplicar en nuestra vida diaria, del que pueda mejorar nuestra intimidad.

Ya lo decía el vídeo del SEB 2018, nos han enseñado que el sexo es porno, y si bien el Salón cuenta con porno, del ‘de siempre’ que aparece en los vídeos X, su objetivo de este año era transformarse para acercarnos a otra sexualidad más igualitaria.

Es por eso también que, al lado de la, por lo que me contaron, clásica área swinger, se encontraban artistas feministas, expositores acerca de sexo consentido o incluso un stand que explicaba las diferentes expresiones de género.

El objetivo de volver el sexo más consciente, diverso y representativo ha contado con algunas vicisitudes. Sin embargo, ha sido un punto de partida para la que, ojalá, sea la nueva dirección del Salón Erótico de Barcelona. Una cita para disfrutar, subir la temperatura y para, al mismo tiempo, instruir a una sociedad que tan necesitada se encuentra de educación sexual de calidad.

Duquesa Doslabios.

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“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras”

Desde un tiempo a esta parte he empezado a ver como algo absurdo las etiquetas de “heterosexual”, “homosexual”, “bisexual”

YOUTUBE: HYSTERICAL LITERATURE

Nos acostumbramos a categorizar las cosas para que la mente esté más cómoda: esto es hombre, esto es mujer, el bote de azúcar, el de sal, las pastillas para el lunes, martes, miércoles…

Sin embargo nuestro cuerpo y mente a veces no conocen esas distinciones. Tendemos a ver la sexualidad como un partido de tenis: si la pelota cae a un lado de la red, punto para tu género. Si cae en el opuesto, punto para el género contrario.

Pero, ¿y si en realidad la sexualidad no fuera un lado u otro? ¿Y si la sexualidad fuera la pelota de tenis, es decir, algo que por mucho que caiga más veces en un lado, puede caer en el otro?

En mi experiencia personal, la cama es la cama y los límites de la piel cuando pasa a esta se vuelven difusos, como si realmente no existiera quién la ocupara, sino el placer que nos provoca el contacto.

A veces, de hecho, no hace falta ni que se dé. Un estudio realizado por una página de películas eróticas reveló que la categoría de vídeos preferida por el 80% de las mujeres que visitan el portal era la de sexo lésbico, algo que sexólogas afirman que sucede porque las mujeres empatizamos al ver a otra mujer excitada.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras, ya que hay una mayor carga erótica“, afirma María Hernando, sexóloga de Platanomelón.com.

Ya sea por empatía o porque socialmente está más aceptado en una sociedad machista que dos mujeres puedan sentirse atraídas, la excitación mental y la excitación física no siempre van por el mismo camino.

A fin de cuentas, la pelota no deja de ser pelota independientemente del lado de la red en el que caiga. El tenis, y la sexualidad, siguen siendo solo un juego.

Duquesa Doslabios.

La lista de las guapas de clase

El otro día (juro que algún día dejaré de empezar a escribir utilizando esta fórmula) tomaba café con una amiga en una terraza de Malasaña.

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A medio camino entre los 20 y la treintena, hablábamos de Por trece razones, la serie adolescente de Netflix sobre un suicidio en un instituto que habíamos visto hacía poco y que tanto nos había impactado.

Sorprendentemente, habían sido varios los puntos comunes que expone la serie y aquellos que tuvieron lugar en aquella época de nuestra vida, como, por ejemplo, las listas de las guapas de clase.

Y digo de las guapas porque, al menos en mi colegio, empezaban escritas por algún chico ya que éramos nosotras las ordenadas en orden de belleza o mejor físico.

Si en la serie votaban a aquella con mejores labios o mejor culo, en la del mío no hacía falta. O eras guapa o estabas buena, todas las demás no entraban dentro del inventario.

Me contaba mi amiga la angustia que producía en su colegio estar fuera de aquellas clasificaciones, que no significaban otra cosa que ser totalmente invisible.

De haber llegado una de esas enumeraciones a alguna de mis profesoras, habrían repetido lo que solían decir la mayoría cuando nuestros compañeros nos levantaban la falda o nos tiraban del pelo en clase para llamar la atención: “Son cosas de niños”, “Solo están jugando” o “No seáis tan exageradas”.

Esto me lleva a pensar varias cosas: ¿Cuál es la necesidad de estar desde pequeñas (la primera lista que vi fue cuando tenía 9 años) con esa presión estética? ¿Cómo de dañino nos resulta pensar que o estamos dentro de un ranking físico o no valemos nada porque somos invisibles para el resto de compañeros?

Pero sobre todo, ¿cuándo vamos a darle importancia a estas cosas, aparentemente banales, que teniendo lugar a edades tan tempranas forman parte de la base de la que partimos a la hora de plantearnos el mundo?

Duquesa Doslabios.

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Querido joven consumidor de porno: lo que estás viendo no es real

A ti te escribo, que acabas de empezar, que acabas de descubrir qué es eso de la pornografía, ya fuera a propósito o de manera casual.

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Te cuento cómo funciona esto, o mejor, cómo no funciona. Porque una cosa que nadie te dice al empezar la película, que no aparece escrito en la descripción, en las etiquetas, es que lo que estás viendo NO ES REAL.

De hecho, su parecido con la realidad es el mismo que pueda tener una película de acción con la vida cotidiana. Si al acabar de ver Los Mercenarios no coges un arma y empiezas a disparar a la gente por la calle, después de ver una película porno no deberías considerar el sexo algo como lo que has visto en la pantalla.

Digo esto porque, a raíz del programa de este jueves en La Ventana, se hablaron de todos esos casos de niños menores que habían abusado sexualmente de compañeros. Y es, sin duda, este acceso descontrolado al porno, que se convierte en indirecto maestro de una generación inconsciente, un gran culpable de ello.

Y es que de sencillo, ver porno hoy en día, es pan comido. Nada comparable a cuando había que aprovechar algún desnudo con interferencias en alguna cadena de tres cifras en la tele aprovechando que los padres ya se habían ido a dormir.

Mejor ni hablemos, tampoco, de cuando había que ir al quiosco a pedir la revista impresa y si eras chavalín solo te dejaban comprar la TBO.

Ahora coges el móvil, la tablet, el ordenador, el reproductor de música o cualquier dispositivo que tenga acceso a Internet y ahí lo tienes. Barra libre de acción desnuda solo para tus ojos. Y no solo en color, sino a calidad Full HD, a 1080 p. A cualquier hora, momento y lugar.

Entonces pasa lo que pasa, que solo ves tetas inmensas, pubis depilados, mujeres boca arriba, boca abajo, que se muestran felices y satisfechas de recibir en la cara chorros de esperma. Pero a tus ojos lo hacen tan bien que no te quieres enterar de que las actrices porno son eso, actrices. Expertas intérpretes que se encargan de representar lo que sea que te pueda excitar.

Que para ti sean un producto de consumo, como lo son los capítulos de la serie que sigues en streaming o los videojuegos que te puedes descargar online para la consola, no significa que fuera de la ficción puedas objetivizar a la persona con la que vayas a tener intimidad.

Porque si tu manera de vivir el sexo es como la que te enseña el porno acabarás como tantos otros de 18 o 20 años, ya aburridos del sexo porque han vivido y probado tanto que ya no tiene gracia, no les estimula.

Sé que no es culpa tuya. Que aún no sabes distinguir lo real de lo que no lo es, y que tus padres que casi no tienen tiempo, se implican menos.

Pero has de saber que, por mucho que te guste el show, la mujer mucho más que un receptáculo y la sexualidad mucho más que algo genital.

“En el colegio se debería estudiar la sexualidad con la misma atención que la Pirámide de los Alimentos”

Aprovecho el sábado noche para hacerle un pequeño examen a mis amigos. La foto del dibujo de una vulva (de estos de libro de biología) me sirve para averiguar cuántos saben identificar las distintas partes.

Si bien la mayoría pasan la prueba, es un tema que me sorprende como alguno (y alguna) trata con vergüenza e incluso se siente incómodo por la imagen.

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A la hora de preguntarles por sus conocimientos sobre la materia, escucho respuestas de todo tipo: mientras que en los colegios de algunas provincias imparten alguna clase de educación sexual, en otras ninguna en absoluto. Y además sin ningún tipo de relación con la orientación religiosa del centro.

Entre las diferencias de los centros y la cantidad de parejas y amigos desinformados que me he llegado a encontrar, decido contactar con María, pseudónimo de una enfermera que lleva 14 años dando las charlas de educación afectivo-sexual en un colegio de la capital.

Lo más preocupante es que según el último informe de la Federación Española de Sociedades de Sexología, el contagio de enfermedades de transmisión sexual ha aumentado en los últimos años, sobre todo en la franja entre 15 y 24 años. ¿Puede estar relacionado con una falta de educación sexual? Mi entrevistada lo tiene claro: “Creo que sí. Se confunde la cantidad de información que hay con los conocimientos que manejan los jóvenes. Y la informacion que manejan o no es la adecuada o se minimiza respecto a que te puedas contagiar algo”.

Colegios que dan clases, otros que no, ¿estamos hablando de una educación que es responsabilidad de los centros o debería ser cosa de los padres? “Los padres tienen que educar a sus hijos para la vida. Somos seres sexuados y por tanto lo afectivo-sexual forma parte de nosotros. Tiene que ser algo de lo que se pueda hablar en casa con naturalidad, como se habla de cualquier otro tema” afirma María. “En la escuela también se tiene que abordar con la misma atención que se emplea al hablar de la Pirámide de los Alimentos, por poner un ejemplo”.

A la hora de la educación sexual en el país sí que es cierto que “se llevan a cabo programas, pero no es algo extendido a todos los colegios. En muchos centros educativos funcionan bien. En algunas comunidades autónomas hay programas que abarcan varios cursos, en otras apenas se hace algo. Sigue siendo una asignatura pendiente“.

Si tenemos la suerte de que en nuestro centro impartan clases no suele ser más de una o dos horas en toda nuestra vida estudiantil, ¿es suficiente? “No. Unas charlas puntuales sirven para crear un espacio en el que se puede hablar del tema: dar una informacion precisa y adecuada de cómo son nuestros aparatos reproductores y cómo funcionan” dice la enfermera.

“Pero no es suficiente hablar de reproducción sino de cómo podemos sentir placer con otra persona sin poner en riesgo nuestra salud, y eso es tan importante como aprender a  poder hablar con nuestra pareja sea esporádica o estable. El aprendizaje necesita tiempo y no nos podemos conformar con la suerte de poder programar algunas charlas en las apretadas agendas escolares. La educación  se tiene que abordar desde distintos ámbitos y continuada en el tiempo“.

En la opinión de María, una correcta educación sexual en los centros debería empezar “en 4° o 5° de Primaria. Se puede ir adaptando el contenido en función de los temas relacionados. Debería comenzar sobre los 9 años o incluso antes porque los cambios hormonales van a empezar a producirse y si comprenden que es algo natural, lo van a afrontar mejor”.

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No es sólo dar información, es enseñarles a manejarla y a no discriminar, ni sentirse discriminados en razón del sexo ni tampoco por su orientación sexual”.

Un programa ‘ideal’ “debería  contar con un número adecuado de horas para que el aprendizaje sea efectivo. Yo creo que dos horas al mes podría estar bien y así valorar la efectividad al trimestre. En cada nuevo curso se deberían ampliar los contenidos, según las edades” afirma la enfermera.

Y por último, tengo curiosidad por saber si dar este tipo de charlas ha ayudado a María a abordar el tema con sus propios hijos: “Me considero afortunada, porque les ha facilitado esa comunicación. Nosotros como padres hemos tenido una educación limitada. De niña he podido saber por mi madre todo acerca de la regla, pero con respecto a la pregunta de “de dónde venían los niños”, “eso ya nos lo explicarían en el colegio” o una amiga más enterada, como fue mi caso. Tengo amigas de mi edad que sus madres no se atrevieron ni a tocar el tema de la regla. Aunque han pasado muchos años, actualmente en muchas casas se viven situaciones parecidas“.

Duquesa Doslabios y María.