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De los chistes a las agresiones: cómo combatir nuestra propia homofobia según una psicóloga

La educación sexual que recibimos se queda corta. No solo queda en evidencia con el desconocimiento que tenemos ante las enfermedades de transmisión sexual.

Agresiones homófonas, chistes cuyo objetivo es reírse de la orientación sexual o incluso seguir viendo la vida con el prisma de los estereotipos son otras demostraciones de que nos queda mucho como recorrer como sociedad.

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“Cualquier tipo de educación sexual ha de contemplar la diversidad y el feminismo. Porque no es sólo un deber sino también un derecho tener acceso a esta información, que ayuda a entender y respetar la verdadera naturaleza humana”, afirma Ana Sierra, psicóloga y sexóloga.

“El tabú sigue presente, más aún cuando hay voces que incitan a que siga siéndolo. Es vergonzoso que en pleno siglo XXI la educación sexual integral sea una asignatura pendiente“, dice la experta.

¿Cuándo tendría que empezar la educación en diversidad sexual y de qué manera?
Debería ser una asignatura obligatoria no sólo en la educación reglada, sino en toda la población desde la infancia hasta la vejez, y estar presente en todas las áreas de nuestra vida, en familias, centros escolares, trabajos y empresas, instituciones, políticas y en la calle. Sexualidad es vida, y no podemos dejarla colgada en una percha para ir al trabajo.

Siempre manejando información de calidad, porque el miedo es la causa del odio y la violencia. Educación sexual integral, donde la diversidad sexual y de género se reconozca natural, porque lo es.

¿Son las familias quienes deberían hacerse cargo de esta educación o también ir acompañadas por los centros escolares?
No solo los centros escolares, la sociedad en su conjunto tiene la responsabilidad individual y colectiva de acompañar y educar de manera activa. Según los datos de Control, si bien es cierto que 7 de cada 10 jóvenes (72,2%) han recibido educación sexual en el colegio, muchos destacan que la han recibido de la familia (26,2%) o la comunidad médica (15,6%), lo que demuestra que esta educación proviene de diversas fuentes. Por desgracia, a las familias les queda grande educar en este sentido, pues no suelen estar educadas en la diversidad sexual. Pero todas son diversas, aún no perteneciendo a las siglas LGTBAIQ+.

Popularmente se sigue creyendo que las personas cishetero son las “normales” y las “diversas” son las otras. Una falacia más que nos separa y genera miedos. Estamos naturalizando lo artificial y nadie es “normal”, lo natural es ser único, y por tanto raro. Es ahí donde radica nuestro valor, fuerza y belleza. Nos unimos nos hacemos más fuertes, pero dentro de cada una de las siglas hay personas únicas y diversas.

Si ya somos adultos, ¿cómo podemos trabajar por nuestra cuenta en la propia educación sexual?
Reconociendo que no entendemos nada y buscando la información que necesitamos en fuentes fiables. Es un acto de humildad que suele costar, pero es absolutamente gratificante porque nos libera y liberamos a los demás de nuestros prejuicios. Dejamos de proyectar nuestra ignorancia, que se traduce en miedo y violencia hacia lo desconocido.

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¿Cómo deberíamos reaccionar ante agresiones homófobas?
Si es en primera persona y estás recibiendo una agresión, por desgracia no hay una fórmula mágica. De hecho, puede generar culpabilidad no reaccionar de la manera que creíamos “adecuada”. Por ejemplo, una persona podría haberse formado en defensa personal y luego bloquearse si le agreden físicamente. O espera saber reaccionar ante una agresión verbal y luego se da cuenta de que sus actos o estrategias no funcionan en la realidad. Las expresiones homófobas no se rigen por procesos lógicos, por lo que la desactivación de sus actos no responde a lo que podríamos considerar razonable; la emoción suele superar la razón, en estos casos. Esto no solo genera frustración en la víctima, sino que activa su miedo, pudiéndose gestionar de muy diversas formas. En ocasiones, puede experimentar la sensación de estar en peligro constante y no poder hacer nada por remediarlo; es lo que se conoce como indefensión aprendida.

Desde el otro lado, si presenciamos una agresión hacia otra persona, lo urgente sería pedir ayuda, llamar al 112 y socorrer a la persona agredida, siempre que podamos y según el tipo de agresión. No es necesario poner nuestra vida en riesgo ni hacernos los héroes, hay que hacerlo con cabeza siempre, pero se puede ayudar de muchas maneras. Acompañar tras la agresión, escuchar, denunciar el hecho y colaborar si fuimos testigos, es ya de gran ayuda. Lo ideal, denunciar desde el primer acto homófobo, ya sea un insulto u otro comportamiento discriminatorio. Naturalizar estos comportamientos o insultos es un gran error.

¿De qué manera puede -o debe- involucrarse una persona heterosexual en la lucha por la igualdad y la diversidad?
Tendríamos que ser conscientes de que no hay que ser de un colectivo concreto para luchar por sus derechos. Como comenté, no son los otros y yo, que por ser cishetero me libro y qué suerte tengo. Conectemos con la empatía y la compasión, que habla de la comprensión y acompañamiento en el sufrimiento. Juntos somos más fuertes. Si vives a gusto en una sociedad que discrimina, oprime y agrede a otra persona por su condición, sea la que fuere, pregúntate si es coherente esto que te sucede.

Tu miedo lo hace coherente, pero acude a psicología urgentemente, porque algo en ti no funciona, y quizá sea tu humanidad. Por otro lado, ahora somos las mujeres, las personas racializadas, las LGTBAIQ+,…pero mañana te puede tocar a ti por ser bajo, rubio o demasiado alegre. Estamos defendiendo también tu derecho a ser.

¿Qué pequeños y grandes cambios podemos adoptar?
Suprimir chistes, bromas, comentarios del tipo “se le nota o no que es trans, o no parece que sea lesbiana”. De hecho, un ataque homófobo, por ejemplo, no solo se realiza hacia un hombre por ser homosexual, sino también por parecerlo. Esto que tiene que ver con el cisheteropatriarcado y la masculinidad hegemónica. Revisar nuestras actitudes, prejuicios, pensamientos y proyecciones de nuestras creencias sobre su rendimiento o confianza, por ejemplo; son acciones que deberíamos llevar a cabo cualquier persona sobre otra.

Hacer educación sexual integral, explicar y desterrar mitos, en cualquier parte, una cena, el trabajo, el colegio, medios de comunicación, entre ellos las RRSS, ya sea con grandes lecciones como con pequeños comentarios y acciones, y visibilizar la realidad desigual y dramática que viven tantas personas, ya es un gran apoyo, además de una responsabilidad colectiva que, si no se pone en práctica, te hace posicionarte del lado que discrimina.

Psicológicamente, ¿cómo afectan los comportamientos o comentarios LGTBIfóbicos a quién los recibe?
Cada persona es única y, por tanto, existen diferencias individuales. La afectación y evolución de las personas agredidas varía en función de la experiencia, su personalidad, el apoyo externo recibido, cuestión especialmente importante, la familia, escuela, trabajo, instituciones, políticas y leyes, sociedad, fortalezas personales, homofobia interiorizada, auto concepto y muchos otros aspectos.

Un único comentario puede hacer más fuerte y motivar a la persona agredida en la lucha por sus derechos. Otras consecuencias, más generalizadas, serían la baja autoestima, que puede derivar en otras afectaciones psicológicas e incluso la somatización física. Sin olvidar las conductas de riesgo y autolíticas o autolesiones. Recordemos que el suicidio también puede reconocerse como el resultado de la agresión, pues es “matar sin matar”.

¿Qué países podemos mirar como ejemplo a la hora de convertirnos en una sociedad igualitaria? ¿Qué nos diferencia de ellos?
En nuestro país se trabaja mucho por los derechos humanos, pero tendría que ser una responsabilidad colectiva, y no lo es. Cada persona puede y debe cuidar su parcela para hacerla amable al otro. La guía turística Spartacus que elabora el Gay Travel Index, un índice que pretende apoyar la seguridad de los turistas pertenecientes al colectivo LGBT en todo el mundo, en su listado de 2020 puntuaba a España con un 9 sobre 12 situándonos dentro de los más seguros, en un tercer puesto compartido con Reino Unido, Países bajos y Argentina. Solo superado por Austria con 11 y con Malta, Suecia y Canadá a la cabeza, con 12.

A nivel europeo, dentro del ranking de los países con mejor y peor puntuación en leyes, políticas y prácticas que afectan a la comunidad LGBTI (Rainbow Esurope, 2021) ocupamos la 8ª posición, con una puntuación de un 64,59 sobre 100%.(100%= respeto de derechos humanos. Igualdad total) En primer lugar Malta, 93,78% y en último Azerbaiyán, que con una puntuación del 2,33%.

¿Podrías explicar por qué el hecho de que dentro del propio colectivo se utilice la palabra “maricón” a modo de apropiación del insulto no es igual que se utilice de forma peyorativa?
“Maricón”, históricamente, era una forma de criticar al hombre que no se comportaba como tal, pues no cortejaba a la mujer. Un término homófobo y machista, a su vez. Cuando se utiliza dentro del colectivo y aliados, se utiliza desde el cariño, no como insulto y se produce un reajuste del síntoma. Un proceso donde un concepto que es asociado socialmente a lo negativo, debido a prejuicios e interpretaciones sesgadas, se reformula como positivo o adaptativo para la persona que se veía discriminada por el mismo.

De esta manera, la apropiación de las personas gays del término “maricón”, transita del insulto al orgullo. Por supuesto, la procedencia, actitud e intencionalidad de su uso es lo que dota a esta palabra de un significado u otro. Este tipo de empoderamiento ocurre de manera similar en mujeres feministas, frente al machismo, en lemas como “lucha como una chica” o en el caso de la “N-word”, un eufemismo que hace referencia a la palabra “negro” o “Nigga”, impronunciable en EEUU salvo entre amigos dentro de la comunidad negra.

Duquesa Doslabios.

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Sí, mi educación sexual fue algo traumática y el colegio tuvo la culpa

Incluso siendo de las pocas personas de mi generación que ha recibido una educación sexual en su centro educativo, las escasas clases que me dieron sobre el tema son para darle una vuelta.

En la E.S.O., tres horas de educación afectivo sexual en los cuatro años que dura ese periodo fueron toda la explicación que recibí en el colegio sobre protección, menstruación, cambios en el cuerpo durante la adolescencia…

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El bachillerato fue un poco diferente. La clase terminó con una presentación de fotos de fetos. Y no de esos de libro de biología con colores rosados y flechas explicando las diferentes partes.

Fetos abortados.

Así fue como mi colegio, uno de esos religiosos de los que se encuentran en Padre Damián, muy cerquita del Bernabéu, se encargó de lanzarnos el mensaje más contundente: chicas, no abortéis, esto es malo.

Si las clases de la E.S.O. nos sirvieron como toma de contacto, el año de bachillerato, cuando la mayoría rondábamos los 16 y 17 años, debería haber sido una ampliación a modo de refuerzo.

Más que nada porque, aunque no había muchos que ya hubieran empezado a tener sus primeras vivencias, estábamos al caer todos los demás.

Aquel era el momento de que nos recordaran cómo protegernos, cómo cuidarnos, cómo nuestra salud sexual dependería siempre de nosotros.

Porque aquellas breves charlas de hace dos, tres o cuatro años, se nos habían quedado tan olvidadas como la lección de Conocimiento del Medio de la célula eucariota.

Y la mayoría no nos sentíamos lo bastante cómodos con nuestros padres como para sacarles el tema.

Se habla del adoctrinamiento en Cataluña con mucha preocupación. Que en Madrid a los 16 años te obliguen a mirar imágenes de abortos con el beneplácito del centro escolar, no es para nada alarmante.

Quien nos dio la charla no nos permitió elegir, no contó con nuestro consentimiento. “¿Queréis ver algo fuerte? Os voy a poner unas fotos”, contestó pulsando el play sin esperar una respuesta por nuestra parte.

Hace 10 años volví a mi clase aterrorizada después de la carne y la sangre, con el estómago revuelto del susto en el cuerpo. A día de hoy, lo recuerdo indignada y enfadada.

No solo por robarme la voluntad de decidir, sino por vender como educación sexual algo cuyo objetivo era condicionarme a tomar una decisión sobre mi cuerpo: la de llevar a su fin un embarazo.

Que mi cuerpo era antes de aquella vida que mío.

No faltó el comentario de la ponente recordándonos que siempre podríamos dar el bebé en adopción. Cualquier cosa menos sesgar una vida de Dios, clásico recurrente del discurso conservador.

Así pasó, que tanto yo como mis compañeros cumplimos 18 años sin saber que podíamos contagiarnos de una ETS de tener sexo oral sin usar un condón.

Pero con la idea clara de que el aborto estaba fuera de la mesa con una experiencia traumática que a día de hoy sigo recordando vívidamente.

Porque eso es lo que consiguió mi colegio: quitarme la idea de que podía elegir utilizando el miedo.

Así que, una década más tarde -no sé cómo lo harán ahora, pero la crítica la merecen igualmente-, opino que deberían haberse ahorrado el amaestramiento.

Educar es otra cosa y se debe hacer no solo enseñando sin sesgos ni fisuras de una forma completa y transparente, siempre desde la libertad del conocimiento pleno y no con la amenaza del miedo.

Duquesa Doslabios.

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La aplicación con la que tendrás mejor sexo (tú decides si por tu cuenta o en compañía)

¿Que si el porno me satisface? Relativamente. Entre que las estructuras son siempre las mismas y las fantasías recurrentes, ver a dos personas teniendo sexo en la ficción -de la forma en que lo hacen en ese tipo de películas- me sabe a poco.

Prefiero quedarme con otras alternativas, como la prosa erótica o los audios. Esta última opción (imagínate por un momento una voz susurrante diciéndote al oído lo que le encantaría hacer con tu cuerpo) es la que ofrece la aplicación móvil Calíope.

Su CEO, Rocío Romero (@roenlared), me explica que el secreto de esta app es precisamente que consigue estimular nuestro mayor órgano sexual, el cerebro.

CALÍOPE

Pero no se limita únicamente a transportarnos a la compañía -y roce- de otras personas. Calíope pretende convertirse en el denominador común de nuestros teléfonos para que no solo tengamos aplicaciones sobre el ciclo menstrual o si nuestro bebé ha alcanzado ya el tamaño de un aguacate.

Además del fin divertido -consumir placer con otro sentido que no fuera la vista-, tiene un objetivo didáctico al ofrecer educación afectivo-sexual desarrollado por psicólogas, sexólogas y profesionales en el campo del bienestar.

Desde trabajar nuestra autoestima, problemas sexuales, entender cómo funciona el clítoris o conocer otros modelos de relación más allá de la monogamia de una forma muy amena, a nuestro ritmo y sin salir de la intimidad de la habitación (o en cualquier otro lugar).

¿Qué clase de contenidos vamos a encontrar en la aplicación?
Relatos eróticos y un apartado de desarrollo personal, aprendizaje y mejora de tu vida sexual y mental que hemos denominado Bienestar. La parte de historias es diversa, hay audios de encuentros casuales, de fantasías que siempre hemos querido probar, otros en los que formas parte de la historia… Hemos lanzado unos para que los escuches con tu pareja y os atreváis a probar cosas nuevas y disfrutar juntos de maneras diferentes. En el apartado de Bienestar coexisten temas pensados para el autoconocimiento del cuerpo, mejora del autoestima, tipos de relaciones, formas de identificar una relación dependiente… Añadimos uno nuevo cada semana.

¿Cómo habéis integrado la educación sexual en Calíope?
Nos dimos cuenta que había mucho camino que recorrer en materia de educación sexual afectiva y diversa. El papel de las psicólogas y sexólogas es clave, ellas saben orientar el contenido y ver cómo categorizar mejor ciertos temas. Nuestra misión es conseguir eliminar los máximos tabúes posibles y contribuir a naturalizar el sexo. Mientras que para alguna gente lo es, para mucha parte de la población sigue siendo algo incómodo y ruborizante.

¿Por qué razón habéis decidido dirigirla sobre todo hacia la mujer?
La educación sexual dada a las mujeres es siempre en base a la culpa, al miedo, a la desconfianza. Ten cuidado con los hombres, solo quieren usarte. Vigila que no te quedes embarazada, eso te podría arruinar la vida. Cuidado con la regla que manchas. Son muchas las frases que se nos vienen a la cabeza a las mujeres y que, por cierto, producen grandes problemas sexuales en muchas personas. De hecho, 1 de cada 2 mujeres adultas tiene problemas sexuales.

Es más, ¿cuáles son las aplicaciones que compartimos todas las mujeres? Las de regular el ciclo menstrual o de embarazo. De nuevo, la fertilidad como eje, no el placer. La app es para todo tipo de personas, el contenido está enfocado a mujeres pero también pueden escuchar las historias y los temas de bienestar los hombres, sin lugar a dudas. En Calíope cabe todo el mundo, sin distinción de sexo ni identidades de género.

¿Cómo funciona el apartado de historias?
En el apartado de historias puedes encontrar relatos eróticos e historias que tienen la finalidad de excitar o relajar a la oyente. Existen diferentes categorías como Fantasía, donde puede que a la oyente se le cumplan las suyas, también tenemos la categoría
Contigo donde la oyente forma parte de la propia historia. Además, puedes filtrar el contenido por Ella/Él o Ella/Ella. Estamos trabajando en historias Él/Él que muy pronto verán la luz. En el apartado En Pareja hay audios para escuchar con tu pareja o con quien te apetezca, si te atreves.

¿Por qué os habéis decantado por el sentido del oído en concreto?
Son muchos los estudios que demuestran que las mujeres se excitan en su mayoría mediante la imaginación y la escucha en contraposición de los hombres. De hecho, según un estudio de Tenga, a la hora de ponerse en materia el 78% de los hombres recurre a ver vídeos y contenido para adultos, frente a sólo el 46% de las mujeres, quienes prefieren principalmente la imaginación. 

Con casi un mes desde que lanzasteis la app, ¿qué es lo que tiene más éxito?
En apenas 10 horas tras el lanzamiento conseguimos colocarnos como la aplicación más descargada de Salud y Ejercicio Físico de la App Store y estar en el Top Descargas de toda España. Actualmente ha sobrepasado ya las 40,000 descargas. Nuestras oyentes, o musas de Calíope como nos gusta llamarlas, están disfrutando del contenido a diario y tanto las historias como la parte de bienestar y educación sexual están teniendo un éxito abrumador.

¿A quién le recomendáis instalarse la aplicación?
Se lo recomendaría a aquellas personas que les excita leer un relato o un libro erótico. A aquellas que quieren fomentar su principal órgano sexual: el cerebro. A aquellas que quieren disfrutar en la intimidad y no necesitan un vídeo. A aquellas que están cansadas del porno de siempre, a las que quieren probar cosas nuevas…

También se lo recomendaría a todo tipo de parejas así como a aquellas parejas que no son pareja pero se divierten juntos. Merecemos disfrutar del sexo y el placer sin miedos, tabúes ni presiones. Merecemos mejorar nuestra vida sexual y que nadie nos diga qué nos debe gustar ni quién debemos ser. ¿A quién le recomendaría instalar la aplicación? En realidad me pregunto, ¿a quién no se la recomendaría?

¿Cuáles son las ventajas de la versión ‘premium’?
Descargarla es gratuita y puedes escuchar múltiples audios sin ningún coste. Existe la opción de que por solo 19,90€ (menos de lo que vale una cena) puedas tener todo el contenido desbloqueado durante todo un año y, además, con nuevo contenido cada semana. El precio de la suscripción es bajo porque queremos que todo el mundo pueda acceder a él y creemos que un único pago de lanzamiento a un coste asequible puede hacer que la educación sexual y el placer auditivo pueda ser posibles para todo el mundo. Para los que quieran ver mucho más y no sepan si valdrá la pena, tenemos la opción de que puedas probar 7 días gratis y ver si el contenido te convence.

Duquesa Doslabios.

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Una ginecóloga nos resuelve las dudas más comunes sobre el VPH

Fue a los 16 años cuando mi madre me habló por primera vez del Virus del Papiloma Humano, y lo hizo por una razón muy concreta: era el momento de que me vacunara.

En aquel momento, no tenía mucha idea de qué era aquello de lo que necesitaba protegerme. Y es que algo tienen las enfermedades de transmisión sexual que preferimos hacer -tengamos la edad que tengamos-, como si no estuvieran ahí fuera, como si no existieran.

Pero lo cierto es que, por mucho que nos dé reparo hablar de ellas (o incluso asumirlas si se da el caso de contagiarnos), hay que ponerlas sobre la mesa, informarnos todo lo que podamos y procurar prevenirlas manteniendo una vida sexual segura.

Y es precisamente de lo que se ha encargado la Dra. Virginia Benito Reyes, especialista en obstetricia y ginecología de Vithas Las Palmas, al responder algunas de las dudas más frecuentes que tenemos sobre este virus.

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¿En qué consiste el Virus del Papiloma Humano?
El Virus del Papiloma Humano es un grupo de virus que puede infectar la piel y las mucosas. Se han identificado más de 200 tipos diferentes y, entre todos, unos 40 son capaces de infectar la mucosa genital y anal de ambos sexos. Estos 40 virus se diferencian en dos grupos: los virus de bajo riesgo, que se asocian a las verrugas genitales, y los virus de alto riesgo, que son capaces de producir lesiones en el tracto genital y cáncer de cuello de útero, entre otros.

¿Cómo podemos contagiarnos y de qué manera podemos protegernos?
La infección por el Virus del Papiloma Humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más frecuente a nivel mundial. Es un virus que se transmite mediante contacto sexual, por penetración vaginal y/o anal, por el contacto piel con piel de la zona genital y también mediante la práctica de sexo oral. La forma más eficaz de protección es mediante la vacunación. Todas las vacunas comercializadas contra el VPH ofrecen una alta protección frente a los cánceres de cuello de útero y otros cánceres del tracto genital, así como ano y orofaringe. El preservativo protege frente a la infección y se recomienda su uso. No obstante, no cubre toda la zona genital y, por tanto, no confiere una protección completa.

¿Afecta de forma diferente a los hombres que a las mujeres?
Las mujeres anatómicamente poseen una zona en el cuello del útero denominada “zona de transformación”, que tiene las características adecuadas para permitir la replicación viral y la integración del virus en las células con la aparición de lesiones premalignas, así como el cáncer de cuello de útero. Aunque el VPH es la infección de transmisión sexual más común, los cánceres relacionados con el VPH no son frecuentes en los hombres. Los hombres más afectados son aquellos que tienen un sistema inmunológico debilitado, como aquellos con el VIH, u hombres que tienen relaciones sexuales anales receptivas.

¿Cómo ha evolucionado el virus en estos últimos años? ¿Los contagios han crecido o disminuido?
La infección por el VPH afecta al 10,4% de la población femenina en todo el mundo. La incidencia varía en función del área geográfica y de la edad de la población. En España, la prevalencia de la infección es del 14,3% y en las mujeres más jóvenes, entre 18-25 años, del 28,8%. Estas cifras presumiblemente irán disminuyendo conforme la población adquiera la inmunidad que confiere la vacuna que, en la actualidad, está incluida en calendario vacunal para las niñas preadolescentes.

¿Diría que somos conscientes de la gravedad del virus?
En Vithas Las Palmas hemos realizado recientemente una encuesta sobre el grado de conocimiento de la infección VPH en la población femenina de Gran Canaria. De este estudio se desprende que el 7,5% de las pacientes no habían escuchado nunca hablar sobre el VPH y el 22,1% no conocía de la existencia de las vacunas frente al VPH. Son cifras que, por las implicaciones del VPH en la salud de las mujeres, debemos aún mejorar.

Una vez se contrae, ¿cuáles son los pasos a seguir?
Lo más probable es que la mujer desconozca que ha adquirido la infección por el VPH y en pocos meses las defensas del organismo consigan eliminarlo. Frecuentemente son infecciones transitorias que no suponen riesgo alguno para la mujer. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de personas, la infección por VPH persiste a lo largo del tiempo porque sus defensas no consiguen eliminarla. Esta persistencia en el tiempo, más que la infección en sí misma, es el factor de riesgo principal para el desarrollo de lesiones.

¿Qué síntomas deberían alertarnos?
El cáncer de cuello de útero no causa síntomas hasta fases avanzadas de la enfermedad y ahí radica la importancia de que las mujeres se realicen revisiones ginecológicas periódicas con toma de citología cervical. La aparición de verrugas genitales habitualmente no se acompaña de otras lesiones de mayor importancia. No obstante, se recomienda que la mujer consulte a su ginecólogo en caso de aparición de estas lesiones.

¿Cuáles son las pruebas que deberíamos solicitar si creemos que podemos habernos contagiado?
Prácticamente todas las personas que han mantenido algún contacto sexual a lo largo de su vida se habrán infectado por algún tipo de VPH, frecuentemente en los primeros años de inicio de la actividad sexual. El sistema inmunológico elimina la infección y en la mayoría de los casos no conoceremos que ha existido esta infección. Existe un pequeño porcentaje de mujeres donde la infección persistirá a lo largo de los años y será capaz de producir lesiones premalignas o cáncer genital, para ello se recomienda practicar citologías cervicales periódicas, con el fin de detectar la enfermedad en fase precancerosa.

¿Es un virus que se pueda tratar mediante fármacos?
No existen fármacos antirretrovirales específicos frente al VPH, no obstante, recientemente se ha comercializado un gel vaginal a base de Coriolus versicolor que parece mejorar las alteraciones de epitelización del cuello cervical y el estado de la microbiota vaginal. Además, existen complejos alimenticios que ayudan a mejorar la función normal del sistema inmune, mucosas y piel.

Y la mayor duda, ¿va a derivar en un cáncer?
El cáncer de cuello de útero es una complicación grave de la infección VPH, pero es muy poco frecuente. La mayoría de las mujeres resolverán la infección viral y no presentarán ninguna complicación. En resumen, la infección por el VPH es un fenómeno muy común, pero su más grave complicación, el cáncer de cuello de útero, es muy poco frecuente.

Duquesa Doslabios.

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‘Golfa’, la obra de teatro que da mil vueltas a la charla de sexo que recibiste en el colegio

La educación sexual (o la falta de ella) nos pesa. Lo vemos a diario en las prácticas de riesgo, en el incremento de las enfermedades de trasmisión sexual, en que -a día de hoy- hay quien todavía no tiene claro que es el consentimiento.

No es fácil ponerle remedio, primero toca admitir a nivel personal que algo falla, que no sabemos relacionarnos tan bien como deberíamos y después, luchar por cambiarlo, claro.

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Puede que, pasada esa breve charla afectivo-sexual del colegio (la que apenas duraba una hora en tus 12 años de escolarización) el sentimiento de soledad ante el vasto panorama de la intimidad nos pareciera sobrecogedor.

Por suerte, la solución no está tan lejos. Ya tuviéramos aquel taller o nuestro centro careciera de ello, la cultura se ha implicado en esto.

Y lo ha hecho hasta el fondo, con una original obra de teatro llamada Golfa (ya con el título, la curiosidad se dispara) que, en palabras de Cristian Gallego -asesor en sexología que participa en la propuesta mediante encuentros paralelamente a la propuesta-: “cuando educamos en sexualidades estamos invirtiendo en salud pública, en bienestar, en derechos humanos, en ética…”.

“Nos sentimos orgullosas y muy contentas de que el teatro, la sexología, la educación, el arte y el debate formen parte de una sola cosa montar obras tan interesantes y chulas como esta”, afirma sobre la curiosa obra que estará en el Teatro Galileo hasta el 22 de noviembre resolviéndome alguna de las preguntas acerca de Golfa.

¿Cómo surgió la idea de hacer una obra de teatro de estas características?
La motivación surge del deseo. De un cambio, de mostrar algo, de sentir que se participa, que una se pone manos a la obra para aportar su granito de arena. Lo importante es destacar que surge de uno o varios. Y de allí si queréis nos vamos al fantástico verbo desear. Tan al pelo en este contexto.

Socialmente, ‘Golfa’ es un término peyorativo. ¿Cómo se convirtió en el título de la obra?
Como con un buen libro, si el título ya llama la atención imagina el contenido. Nuestro lenguaje, en la diferenciación entre adjetivos masculinos y femeninos y los sistemas de valor y significado que conlleva, no ha hecho los ejercicios de un reparto neutro. En base a esa desigualdad evidente se mueve la escena en Golfa pero también nuestros propios escenarios sociales y afectivos.

¿Cuál es tu papel en ella?
La compañía contactó con nuestra fundación, SEXPOL, para recibir asesoramiento sexológico y orientación para tratar ciertos temas nucleares en la obra. De ese espacio de creación e intercambio surgen algunas de las perspectivas y valores que tan fielmente han pretendido ilustrar las compañeras de Golfa con la propuesta.

¿Para qué público está pensado el espectáculo?
Una se puede sentir representada con los personajes en todo momento, empatizar, emocionarse, dudar, sentir en definitiva… Quizás sea una obra con una población diana amplia e integrativa, fácil de entender pero no sencilla, elocuente, fresca y un poco inquietante. Si eres persona y sientes, ya tienes la mitad del trabajo hecho.

¿En qué aspecto nos puede cambiar la concepción del sexo?
Golfa no es una obra que trate específicamente las relaciones sexuales, aparecen líneas asociadas a este tema, pero no es la médula de la obra. Está más orientada a pensar qué sucede con nuestras sexualidades, nuestra identidad, nuestro deseo, nuestra forma de relacionarnos con el mundo en una realidad diferente para cada una dependiendo de la forma que tomen nuestros genitales.

Es decir que versa sobre el sexo sí, pero no como sinónimo de prácticas sexuales, sino de las diferencias que a veces establece la cultura dependiendo de cómo somos leídas por las demás personas, en función de la forma de nuestros sexos biológicos.

Tratándose de un tema que produce reacciones incluso de pudor, ¿qué han tenido en cuenta a la hora de interpretarlo sobre el escenario?
En nuestra cultura la sexualidad ha sido un tema del que no se podía hablar, pertenecía al mundo de lo íntimo y lo privado y estaba (y sigue estando) controlado por fuertes bisagras de control social. Hablar de ello frecuentemente despierta emociones y sentimientos de vergüenza, pudor o a veces incluso asco. Desde la experiencia de la fundación SEXPOL podemos corroborar que la gente suele aprovechar al máximo y agradecer profundamente la posibilidad de generar espacios donde hablar de sexualidad, de género, de relaciones interpersonales, de autoestima, de relación con el cuerpo y con las demás, de igualdad, de diversidad y por supuesto de placer.

¿Reírnos del sexo ayuda a que lo vivamos con más naturalidad?
Reírnos siempre ayuda desde luego. A todo. Y sí, por supuesto, si tenemos en cuenta lo que acabamos de mencionar respecto de las emociones que pueden surgir al tocar temas de sexualidad, muchas de ellas asociadas a estados que no nos llevan al bienestar, la risa puede suponer un bálsamo para lidiar un poco con la tensión inicial.

¿Qué diría que aporta ver la obra?
Sentido crítico, lo básico para que después cada una saque sus propias conclusiones. Aporta un espacio, donde reflejarse, cuestionarse, crecer… Plantea un universo para analizar y sentir, en un rato, desde una butaca cómoda. Un puñado de preguntas, una reivindicación entrelíneas, un arrebato…

En una sociedad en la que el porno es maestra de sexualidad, ¿hasta qué punto es necesario que la cultura se haga cargo de nuestra educación con iniciativas de este estilo?
El arte no es solo representante de la cultura que lo ve nacer, es una herramienta de cambio, de transformación, una ventana a través de la cual pararse a mirar, verse reflejadas y conmoverse. Respecto de la pornografia mainstream, la sociedad en su conjunto tiene la responsabilidad de cubrir y asegurar el derecho a recibir educación sexual científica, crítica, comprometida, feminista, diversa y dialogante. La compañía ya ha hecho los deberes en este aspecto, ahora nos toca a las demás.

Duquesa Doslabios.

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Gente sexualmente inteligente: el club formado por personas que son su mejor versión en la cama

Si pienso en las habilidades a las que le doy más importancia en mi vida, pensaría en la capacidad de negociación, en la empatía, en el cuidado por el detalle o en la reciprocidad, pero no me vendría a la mente -o al menos de primeras- la inteligencia sexual.

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Y es un error mío (grande, de hecho), porque como algo que nos acompaña desde que nacemos, también se merece la misma atención.

Pero, ¿en qué consiste esto de la inteligencia sexual? La primera vez que lo oí pensaba que podría equivaler a convertirme en toda una maestra de las artes amatorias conociendo, además, todo tipo de dato curioso: número de terminaciones nerviosas en el clítoris, la diferencia de temperatura de los testículos respecto al cuerpo…

Lejos de eso, es algo mucho más sencillo y práctico. Lo mejor es que nos permite disfrutar plenamente de la sexualidad, así que ¿cómo no interesarse por aumentar el coeficiente sexual?

Toda inteligencia sexual debe partir de una educación, de manera que es fundamental todo lo que nos enseñen en casa o fuera de ella (siempre y cuando sean profesionales, el amigo del colegio de turno o la página porno de moda no son fuentes de conocimiento).

Hablo de unas nociones básicas, no hace falta memorizar al detalle cada palabra del libro de Biología.

Entra aquí lo relativo a nuestra salud sexual, a ser conscientes de que la protección es básica y que debemos actuar, como en otros ámbitos de nuestra vida, con responsabilidad: aprendiendo (y respetando) de una vez qué es el consentimiento.

Afrontarlo con normalidad e informarse bien es la única forma de combatir los extendidos mitos, prejuicios o falsas creencias sobre el sexo.

También es inteligencia sexual saber que no vamos a saberlo absolutamente todo, pero, dentro de nuestras limitaciones, tener interés por formarnos.

Y por autoconocernos. Explorarse a fondo, saber qué y como nos gusta o cómo no, así como aceptar que, conforme pasan los años vamos cambiando, también es una forma de aumentar la inteligencia sexual.

Como es lógico, es algo que se puede aplicar de la misma manera a la relación de pareja, mejorando su calidad.

La comunicación es la clave: poder decir abiertamente qué queremos así como recibir de buen grado todo aquello que pueda gustarle a la otra persona.

De la misma manera, también se pueden analizar las experiencias sexuales para valorar qué es lo que ha funcionado o si hay algo que se puede mejorar la próxima vez.

Al final, ser sexualmente inteligente no es otra cosa más que conseguir nuestra mejor versión en la intimidad.

Duquesa Doslabios.

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¿No hablaste con tus padres en su día sobre sexo? Ahora también es un buen momento

Un plátano del frutero. Eso fue lo que usó mi madre para enseñarme a poner (bien) el preservativo.

PLATANOMELÓN

Y es que gracias a ella, el sexo nunca fue algo vergonzoso ni secreto en casa, más bien un tema natural con el que hasta nos hemos reído a menudo.

Aunque, hablándolo con amigos, muchos de ellos se extrañaban al no haberlo vivido así en sus casas. ¡Incluso pasada la veintena, seguían sin poder tratar el tema sin sentir bochorno!

Pero siendo algo que forma parte de nuestra vida, tanto como alimentarnos o trabajar, debería ser algo que pudiéramos hablar con toda la comodidad del mundo.

Es algo en lo que me insiste Mónica Branni, psicóloga y sexóloga de Platanomelón, remarcándome la importancia de mantener conversaciones sobre sexualidad a lo largo de toda nuestra vida, incluso en la tercera edad.

¿Que no pudimos tratar el tema en la adolescencia con nuestros padres o, en el caso de que me leáis los progenitores, con vuestros hijos? No es tarde, todavía podemos ponerle remedio.

¿Cuáles son los beneficios de que los padres hablen de sexo con sus hijos? ¿Y el riesgo de no sacar el tema de conversación en el entorno familiar?
Hablar de sexualidad es fundamental para el desarrollo sano y feliz de la persona. ¡Y es que somos seres sexuados desde que nacemos! Es abrir las puertas a conversaciones sobre valores, relaciones, respeto, consentimiento y autoconocimiento. Así que, proporcionar educación sexual es esencial para entender el mundo, las relaciones y a nosotros mismos desde un punto de vista más íntimo a uno universal. Las personas que reciben información afectivo-sexual en edades tempranas, actúan de forma más consecuente, toman decisiones razonadas y conocen mejor sus límites. Por lo contrario, ocultar temas como los genitales, el placer y el consentimiento generan cierto misterio, terreno fértil para tabúes y distorsiones. Por decirlo de alguna manera, no vivimos el sexo de forma natural, sino que pensamos y actuamos desde el desconocimiento. Finalmente, hay que tener claro que la “charla” en la adolescencia no tiene mucho éxito en la educación de la persona. ¿Por qué no tener muchas charlas a lo largo de la vida? Igual empezar por llamar a la vulva, “vulva”, y al pene, “pene”, puede ser un gran punto de partida.

¿Es algo que solo se aplica a la adolescencia o que deberíamos mantener a lo largo de nuestra vida?
A lo largo de toda la vida nos enfrentamos a experiencias y realidades distintas: el significado que le atribuimos a las relaciones no es el mismo a los 5 años o a los 18. De la misma manera que nuestro pensamiento madura y evoluciona, ¡nuestro concepto de sexualidad también! El ambiente también nos proporciona inputs distintos que moldean y construyen nuestra forma de experimentar la sexualidad: “tu cuerpo está cambiando”, “existen muchísimas orientaciones sexuales más allá de la tuya”, “tu cuerpo es tuyo y tú eres la única persona autorizada a decidir por ti”.

Si no hemos tenido este tipo de conversaciones en la infancia o adolescencia, ¿cómo hacer para sacarlas más adelante?
Como es fácil de imaginar, empezar estos diálogos cuando ya tenemos cierta edad, es más complicado, ¡pero no es imposible! Los obstáculos nos obligan a salir de nuestra zona de confort y a aprender cosas nuevas: así que, ¿por qué no aprovechar para sacar alguna conversación sobre sexualidad con los padres/madres y romper tabúes? Una buena forma de introducir la educación sexual en las familias puede ser a través de temas actuales o reflexiones que puedan generar debates (las noticias, el texto de una canción, el boom de un juguete erótico, etc). Finalmente, no olvidemos que las madres/padres también reciben muchísima información de los hijos, con lo cual, una buena estrategia para hablar de sexo en casa podría empezar precisamente por los más jóvenes.

¿Cómo encontrar el momento? ¿Es mejor sentarse en familia a hablar o hacerlo de manera informal?
Hay que naturalizar la sexualidad y hablar de ella como si de salir a cenar se tratara. Así que, para quitarle hierro al asunto, es más lógico actuar en consecuencia, sin crear momentos incómodos o trascendentales. Hablar de sexo significa abarcar temas muy diversos, ¡no solo lo que ocurre debajo de las sábanas! Nuestro consejo es buscar un momento en el que te sientas a gusto y debatir sobre un tema que te parezca interesante, generando dudas y escuchando las opiniones de otras personas. Lo demás vendrá solo.

¿De qué forma cambia la comunicación sexual cuando tanto padres como hijos son adultos? ¿Se pasa de ser una figura de formación a una de apoyo?
Cuando las dos partes son adultas, las opiniones de ambas pueden ser una gran fuente de conocimiento. Esa distancia entre educador y niño se difumina, por tanto cada uno puede aprender de las experiencias del otro. En definitiva, las conversaciones sobre sexualidad desde la adultez pueden ser muy divertidas, inspiradoras y enriquecedoras.

¿Cuáles son las bases de una buena comunicación sexual en la vida adulta? ¿Cómo asentarlas?
La comunicación sexual, tanto dentro como fuera de la cama, es esencial para que haya un intercambio de información y experiencia, por tanto se pueda aprender y explorar más formas de disfrute. Además, el diálogo favorece más empatía e intimidad, donde ambos (o más) miembros de la relación puedan sentirse cómplices y afines. Para afianzar una comunicación sexual abierta, es importante “guiar” a la otra persona durante el encuentro, expresar las fantasías y deseos eróticos, incluso hablar antes y después del encuentro. ¿Qué nos gustaría que nos hicieran? ¿Con qué me siento cómoda y con qué no? ¿Hay algo nuevo que me gustaría probar? Todas estas informaciones son parte de la misma experiencia sexual y, además de afianzar el vínculo emocional, también nos permite ser amantes más atentos. ¿A que antes de cocinar algo para nuestra pareja, es mejor saber qué le gusta y qué no? Las parejas que no están familiarizadas con este tipo de comunicación, ¡pueden empezar a implementarla a través de juegos y retos!

¿De qué forma los padres pueden hacer saber que están predispuestos a seguir hablando de sexo o pareja con sus hijos en la vida adulta de estos?
Sin duda, ¡haciéndolo! De la forma más natural, intentando que sus propios tabúes no limiten la educación de sus hijas e hijos. Pero, sobre todo, escuchando: los niños, desde muy pequeños, preguntan y exploran el mundo y su propio cuerpo. Todo es una inexorable fuente de conocimiento e información, por lo tanto, es importante tener referentes fiables que puedan guiarlos en este proceso. ¿Quién mejor que sus propias madres y/o padres? De la misma forma que les explicamos las cosas y actualizamos ese mensaje a medida que van creciendo, la misma dinámica se aplica con la educación sexual: empezar a hablar de temas como el cuerpo, los espacios de intimidad y el consentimiento con un lenguaje que pueda entender, es importantísimo y un gran ejercicio para los mismos padres y madres. Poco a poco, los temas de conversación se irán ampliando sin que dé vértigo tener “la charla” a los 16 años.

Duquesa Doslabios.

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¿Entonces solo depende de los padres explicarles a sus hijos que el porno no es real?

Hace unos días, una lectora me preguntaba cómo podía conseguir que le gustaran los azotes y tirones de pelo que le daba su novio cada vez que tenían sexo. Ella tiene 21 años y él 19.

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Lo que me alarmó del asunto es que ella me comentaba que ni siquiera sabía que le gustaba o si le asustaba. Pese a ello, prefería aprender a aceptarlo en vez de preguntarse por qué recibía ese trato o incluso hablarlo con él.

Con 19 años, aquel chico estaba reproduciendo lo que, seguramente, llevaba viendo desde la adolescencia. Un sexo en el que no se habla, se tiene la mano muy suelta y el daño se confunde a veces con el placer.

Eso no significa que no haya quien disfrute de este tipo de interacciones donde la dominación juegan un papel fundamental. Pero con 19 años no has experimentado lo suficiente como para saber si eso es realmente lo que te va.

Sobre todo cuando llega a preocupar a la persona con la que se está acostando, que participa con una mezcla entre deseo y miedo, haciendo que se le enreden también esos conceptos.

Nos falta concienciación en ese aspecto, y por eso hoy quiero hablaros de la idea de Nueva Zelanda para advertir a sus habitantes de que lo que ven en el porno no es la representación de lo que sucede en la vida sexual habitual (os la dejo debajo de estas líneas para que sepáis de lo que hablo).

En su campaña, dos actores porno llaman al timbre de una casa. Una señora les abre la puerta y ellos le comentan que vienen a buscar a su hijo, Matt, a quien conocen porque les suele ver online.

“Nos mira en el ordenador, en el iPad, PlayStation, el teléfono, su teléfono (el de la madre), SmartTv, proyector…”, empiezan a decirle. “Solemos actuar para un público adulto, pero tu hijo es solo un niño. Puede que no sepa cómo funcionan las relaciones en realidad. Ni siquiera hablamos sobre consentimiento. Simplemente vamos directos al grano”, dice la actriz.

“Sí, yo ni siquiera actúo de esa manera en la vida real”, le responde su compañero de profesión.

Cuando el niño aparece (ordenador en mano), deja caer la taza de la sorpresa. La madre respira hondo. “Muy bien, Matty, creo que es el momento de tener una charla sobre las diferencias entre lo que ves online y las relaciones de verdad. No te voy a juzgar”, le dice.

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Y es que por mucho que se dispongan de sistemas de control parental, es difícil limitar el acceso a una industria dirigida a un público mayor de edad que se mueve por Internet. Como el propio vídeo demuestra, la solución la tienen los padres.

Pero, ¿es justo que sean los propios progenitores los únicos responsables? ¿No vienen a menudo las películas del cine con advertencias de “Los sucesos y personajes retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia”?

Por supuesto que, en cada casa, hay que tener la famosa charla, esa de explicar los cambios por los que pasa el cuerpo y lo fundamental que es protegerse. Una conversación en la que fácilmente se puede incluir el asunto de la pornografía.

Sin embargo no puede ser solo trabajo de los padres. Hay que ser conscientes del poder de influencia que tiene el porno, de ahí que Nueva Zelanda sea todo un ejemplo al considerar que, como país, es su deber sensibilizar de la ficción que ven sus espectadores más jóvenes.

Los padres que vean ese anuncio, y no hayan tenido esta conversación, seguramente se planteen sacar el tema. Pero también entre los propios niños será un tema del que se hablará al poder sentirse retratados con el jovencísimo Matt.

¿La conclusión? Que esto es trabajo y responsabilidad de todos y no solo de unos pocos. Las campañas potencian la educación y ya que el porno es una industria tan extensa, al alcance de cualquiera, no debería limitarse a la educación familiar, si hacemos eso, nos arriesgamos a que el tema nunca llegue a salir. De ahí que sea fundamental que se ponga el problema ‘sobre la mesa’ en televisión o redes sociales.

Aunque sea limitándose a explicar, como en la campaña neozelandesa (que lo hacen de una forma muy divertida y concisa), que no es todo tan real y que las relaciones son muy distintas.

Duquesa Doslabios.

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‘Aunque está muy bien el aquí te pillo aquí te mato, no creemos que el sexo merezca ser devaluado’

Consumimos, más que de forma acelerada, casi compulsiva. El catálogo de Netflix, la comida a domicilio, ropa que añadimos al cesto con el acompañamiento de estresantes cuentas hacia atrás para que no pierda validez el código de descuento…

Y es algo que, siendo ya parte de nuestra rutina, incluimos también en la intimidad. Contra ese polvo rápido y mal echado -para ponernos a hacer otras cosas-, o ese beso a medias, para no perder de vista ni un detalle de las historias de Instagram, está el slow sex.

CALVIN KLEIN

Es un estilo de vida sexual que no consiste únicamente en tener sexo más despacio. Pero, en vez de ser yo quien os lo cuente, ha sido Elsa Viegas, cofundadora de Bijoux Indiscrets, quien me ha convencido para hacer autocrítica sobre la calidad de mis intercambios.

No solo me explica lo necesario que es disfrutar de una vida sexual sin prisas, sino de centrarla también (y darle importancia por igual) a cada uno de los momentos, alejándonos del mito de que solo la penetración cuenta como sexo.

¿En qué consiste la filosofía slow sex?
Básicamente trata de poner en el presente el placer y el deseo sin ir a buscar directamente el orgasmo. Disfrutar con cada práctica, sin presiones. Trata de ponerle voz a cada práctica mientras las sitúa a todas al mismo nivel, sin prejuicios y sin prisas. Por eso hemos lanzado una colección con el nombre de esta filosofía, diseñada para algo tan serio como disfrutar.

¿Por qué ha surgido ahora?
Por varios motivos. Primero porque aunque pensemos que está muy bien el sexo de ‘aquí te pillo, aquí te mato’, express, sin ataduras, no creemos que el sexo merezca ser devaluado. Se puede tener muy buen sexo con alguien que no conoces si ambos (o ambas) escucháis vuestros verdaderos deseos. Segundo porque queremos aportar un granito de arena a la eliminación de prejuicios y clichés. ¡La penetración no lo es todo!

¿Por qué vuelve a tener importancia vivir un sexo con todos los sentidos y sin prisa?
Creo que el sexo es un lugar donde refugiarse a solas o en compañía de quien decidas, un oasis a donde huir y disfrutar. Algo muy opuesto al estrés diario, al ritmo frenético de estos tiempos. La gente se está empezando a dar cuenta lo valioso que es estar presente y dedicarle tiempo de calidad a las cosas en las que aún puedes decidir a qué ritmo consumirlas.

¿Diría que es algo que va a mejorar nuestra vida íntima?
Sin duda. Slow Sex te obliga de un modo muy tentador a cuestionar todo lo que sabes sobre el sexo. Por ejemplo, tenemos un roll-on frío para pezones que te invita a pensar “¿qué hago con esto?”. Bueno, si no sabes qué hacer con unos pezones, tal vez debas redescubrir el sexo. Cuestionarse es bueno, es desarmarse para volver a montarse, pero esta vez como a ti te gusta.

¿Qué diferencias existen entre nuestras experiencias sexuales convencionales y aquellas que nos tomamos de manera slow?
Que buscamos desesperadamente el orgasmo. Y sí, el orgasmo está bien, es intenso, pero dura poco. ¿Qué hacemos con los minutos previos al orgasmo? Disfrutarlos, sin duda. Lo máximo posible. Tratar el sexo de manera slow no implica necesariamente ser más tiernos en la cama, implica dedicarle tiempo al placer en todas sus formas. Es no tener tapujos para decir qué te gusta, cuánto quieres de eso o de lo otro.

¿Cuál sería el decálogo de este tipo de sexo?
Consensúa, dedica, siente, experimenta, fluye, cuida, desea, sé consciente, derriba tabúes y disfruta.

¿Hay algún reflejo de esta filosofía en las tiendas eróticas?
Creo que todos los juguetes, o al menos los que he tenido el placer de ver y probar, se enfocan en dar placer instantáneo pasando de 0 a 100 y llamando al orgasmo constantemente. Dildos, dildos vibradores con conejito, punto G, geles orgásmicos. Si no se alcanza la meta es porque no se quiere o, te lo dicen de manera indirecta, te pasa algo. Pretendemos revolucionar y cambiar el mensaje, para que se empiece a decir: Con esto vas a disfrutar a tu manera. Y conseguirlo; realmente conseguir que quien esté interesado en un producto erótico disfrute como quiera.

¿Qué productos nos ayudan a introducirnos en el slow sex?
Finger Play sería otro de los favoritos. ¡Hay que tocarse más! O el Skin and Hair Shimmer Dry Oil, que desgenitaliza por completo el sexo, hidrata y deja una estela brillante en tu cuerpo. Un must si quieres empezar a cuidarte y empoderarte en el sexo.

¿A qué generación diría que le va a costar más practicarlo?
A los baby boomers y a los X. De los millennials en adelante el discurso en los medios ha cambiado, por no hablar de internet, que ha abierto miras y ha derribado muros que se pensaban infranqueables. Pero aún existe el pensamiento, sobre todo en estas dos generaciones pasadas, del pecado, del sexo por concebir, de la culpa, del sacrificio… Es muy difícil cambiar ese pensamiento religioso y de tabú con una filosofía o un producto erótico.

¿De qué manera podemos introducir el slow sex? ¿Como experiencia puntual o volviéndolo nuestro estilo de vida sexual?
Primero desde una decisión propia. Tomar consciencia de nuestros deseos y de nuestro placer se puede lograr desde la experimentación: tocarse como si fuese la primera vez, visualizar nuestras fantasías, revisar por qué nos gusta lo que nos gusta o si existe alguna práctica que realicemos por cumplir o por vergüenza a decir que no. Después de tenerlo definido lo comunicaremos con nuestra pareja (o pareja puntual), consensuando o directamente aplicando lo que queremos en nuestras relaciones. Si se puede volver un estilo de vida, o no, solo puede determinarlo la persona interesada en disfrutar decidiendo cómo quiere hacerlo.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué durante el sexo ‘más intenso’ se traduce en ‘más violento’?

Que nuestra sexualidad está condicionada por los referentes que nos rodean, es algo que -teniendo en cuenta el furor por el BDSM tras ‘Cincuenta sombras de Grey’ entre otras cosas- nunca me atrevería a negar.

PIXABAY

Las películas, las series de televisión o incluso los sucesos de actualidad (las violaciones grupales han disparado las búsquedas de estas prácticas en páginas web de pornografía) nos pasan factura mental y sexual.

Un ejemplo que os voy a comentar os va a resultar más que conocido.

En más de una ocasión, en pleno arranque pasional cuando estás queriendo subir todavía más la temperatura del polvo, he pedido aumentar la intensidad.

Seguidamente me han dado un cachete a mano abierta (ojo, que me encantan), me han cogido las muñecas con fuerza, me han tirado del pelo o me han sujetado del cuello.

Y es que actualmente, el resultado de la traducción de más intenso entre las sábanas no es otra que un sexo más violento.

A estas alturas de la película, la de mi vida, y conociendo un poco a las personas que han pasado por ella, entiendo que no son otra cosa más que fruto de una educación sexual basada en repetir lo que han visto en la pantalla del ordenador o del teléfono.

Sin embargo, llegado el momento de reflexionar sobre el camino que nuestra sexualidad ha tomado, hay que pararse y echarle un vistazo a los pasos, porque están algo torcidos y aún se pueden enderezar.

Intensidad, según el diccionario de sinónimos, es potencia, vehemencia, entusiasmo, magnitud… En ningún caso encuentro palabras que recuerden a la rudeza.

Así que la próxima vez que os pidan intensidad, o que queráis ponerla en práctica, apostad por sacar los pies del tiesto en el que llevamos metidos hasta ahora y aumentar el ritmo, mirar fijamente a la otra persona, acariciarla en esa zona que le pierde o salir a la terraza a seguir haciéndolo.

La pasión se puede conseguir de muchas maneras. Aunque las agresiones puedan formar parte del juego, no son la única alternativa.

Duquesa Doslabios.

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