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Así cambia la relación con tu autoestima después de una ruptura

Aquí donde me ves, diría que de autoestima voy muy bien.

Me lo dicen mis amigas, me lo dijeron hace poco las cartas del tarot (chica, hay que darle a todo) y me lo digo yo a mí misma.

He aprendido a ver lo positivo que hay en mí y a valorarme por ello.

mujer autoestima

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Pero la relación que tengo con mi autoestima no ha sido siempre la misma.

Ha llegado a verse afectada en dos ocasiones de mi vida que tenían el mismo denominador común: rupturas de relaciones.

Acabar una historia de amor no solo se había llevado por delante mi expectativa de futuro, también la confianza que tenía en mí.

Si estás en este punto, es lo más normal del mundo. Sobre todo si eres mujer.

Tendemos a echarnos la culpa si algo no ha funcionado y mirar en nosotras qué es lo que ha podido fallar. Enseguida nos entra el ‘síndrome de la impostora emocional’.

Quizás es que no soy suficiente como para que me quisieran, no soy tan buena novia como creía, y, en última instancia el “no merezco la pena”.

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Y yo, que soy muy de ponerme peso en los hombros, me di cuenta de que estaba saboteándome con esos pensamientos.

Que incluso me los estaba creyendo y me sentía poquita cosa. Cogí y le di la vuelta a todo.

Empecé a hacer cosas nuevas, descubrí en qué era buena o qué me hacía sentir feliz.

La persona que conocía después de la ruptura, yo, cada vez me gustaba más y me sentía más a gusto en su piel.

Empecé por el principio, la tarea de enumerar mis virtudes, me apliqué a fondo en el tiempo de calidad con la gente que me hace sentir bien y me cuidé por dentro y por fuera.

Así que llega un día que, vuelves a conocer a alguien y te dice “Uy, qué subidito te lo tienes, ¿no?”

Y esa es la señal de que has llegado arriba. Que no has vuelto a ser tú, porque ahora eres mejor, una versión de ti misma más sabia, experta y resiliente.

Aunque con él (o ella) seguramente no vaya a ser, contigo sí.

Mara Mariño

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¿Es el momento de terminar la relación? Aprende a identificar las señales de tu cuerpo

Cuando pensaba que 2020 iba a ser el año de más rupturas de parejas, llega 2022 y se carga todas las estadísticas.

Tengo sensaciones encontradas, en mi círculo de amigos las bodas van unas detrás de otras, pero entre los famosos y conocidos, no pinta bien la cosa.

terminar relación pareja ruptura

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Sin llegar a meterme en los motivos particulares de cada caso, creo que es muy normal, estando en una relación, que alguna vez pase por tu cabeza el «¿Es esta persona para mí?«.

De la misma manera que te planteas si hiciste bien en optar por tu carrera universitaria o si no deberías haber cambiado de trabajo cuando apareció aquel mail con una oferta de entrevista.

Por experiencia, la respuesta a esa pregunta no es algo de ese momento (a no ser que lo tengas muy claro).

Pero, ante la duda, y poniéndome un poco mística, hay que escuchar al cuerpo.

Cuando ni yo misma sabía que esa persona me estaba afectando negativamente, mi organismo me estaba lanzando señales de alarma de lo que estaba sucediendo.

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En mi caso llevaba unos días rara, acostándome con el pulso acelerado, agobiada. No sabía la razón, pero me costaba dormir y me despertaba sobresaltada. Como si me persiguiera un tren.

La idea de vernos ya no era emocionante, me daba pereza saber que seguramente volvería a haber una discusión o que tendría que disculparme por enésima vez.

Pensar en quedar con él me hacía sentir estresada, mal.

El revoloteo constante en la boca de mi estómago no era amor ni mariposas, a eso se le llama ansiedad.

Y si se le suma que lloraba frecuentemente, no todo el rato, pero bastante más a menudo de lo normal.

En resumen, ya no estaba tan contenta como antes. Los síntomas parecían claros.

El virus era mi relación con una persona que me estaba infectando de malestar.

La prueba definitiva de que aquello no iba bien fue cuando puse fin a la historia. La tristeza estaba ahí, pero ante todo me sentía tranquila por primera vez en mucho tiempo, aliviada.

Era como si me hubieran quitado un peso enorme que me atenazaba el pecho y podía volver a respirar.

Mi consejo, si es tu caso, es que además de seguir el consejo de tu amiga, la que siempre te da los mejores consejos, también le prestes atención a tus sensaciones.

Piensa que expresan todo de lo que no eres consciente. Ellas nunca se equivocan.

Mara Mariño

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Todas somos Shakira (y todas somos Clara Chía)

Y si no lo has sido todavía, ya te llegará, amiga.

Pero hasta que no te des cuenta de que has estado en ambos lados, seguirás convencida de que una es la buena y otra la rompehogares.

No te culpo, la sociedad lo ha hecho genial en ese aspecto. Las redes sociales, las películas, las canciones de Olivia Rodrigo

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Se nos ha enseñado que, si hay una infidelidad o, si después se empieza otra relación, la comparación está servida.

En primer lugar física, por supuesto. Porque es lo que asegura que sigas preocupada de la última crema antiarrugas del mercado, de estar delgada, de matarte en el gimnasio.

De seguir gastando, ya de paso, para competir en ese certamen de belleza que parece que es lo único que nos valida ante la mirada masculina.

Pero también de comparar los logros o de echarnos la culpa a nosotras.

En llamar a una ‘la mala’ y a otra ‘la buena’, que son roles que se pueden intercambiar en función de cómo cada quien analice la relación.

Si ella ha sido lo que consideramos una ‘mala compañera’, normalizamos que él vaya en busca de la felicidad.

Si ella era lo bastante buena, no nos sorprende que él vaya buscando algo nuevo porque se cansó.

La cosa es que nunca centramos los reproches en él, que es quien toma la decisión de terminar la relación anterior y empezar algo nuevo.

Porque, peleadas entre nosotras, somos menos fuertes. Hacemos bandos, nos dividimos según nuestras opiniones y es más fácil para el siguiente que lo haga, recibir el mismo trato.

En cambio poniendo el foco en que él no ha obrado de la mejor manera, pierden la libertad de hacerlo sin recibir ninguna crítica al respecto.

Incluso de ser perdonado en el futuro (las idas y venidas de Khloé Kardashian con Tristan Thompson son la mejor prueba, mientras que Jordyn Woods sigue repudiada por el klan).

Posicionarnos como feministas en algo de este tipo pasa por empatizar con ambas mujeres, en no juzgarlas, señalarlas, ni culparlas. En dejar de compararlas como si fueran cromos intercambiables. En elegir la sororidad.

Y feminismo es también ser críticas con la exposición mediática que tiene un tufo casposo, ella siempre tildada de destrozada, él con ánimo positivo.

Es el momento de cuestionarnos por qué hay ese sesgo a la hora de tratar las rupturas en los medios.

Porque ellas, independientemente de lo que hagan, son tildadas de demacradas, tristes y abatidas, mientras que ellos viven su vida ‘con ilusión’ y recuperan ‘la fe en el amor’.

Tampoco nadie se plantea -ni ocupa ninguna columna de opinión- qué hace Piqué con alguien 12 años más joven. El Enrique Ponce de 2022.

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No me vendáis la moto de que nosotras nos desarrollamos antes. A mis 30 siguen sin parecerme ‘muy maduros para su edad’ los chavales de 18.

No falta tampoco la pullita de los suegros para añadirle más leña al fuego. La enésima muestra de machismo en esta historia.

Ya que se considera como algo positivo la buena relación de la nueva pareja de Piqué, como si fuera un determinante.

La buena nuera no falta en la metáfora del cuento. Mientras Shakira, que no terminaba de congeniar con ellos, se ve como menos valiosa.

Toda la presión recae en que, además de ser buena novia, buena mujer o buena nuera, también debemos ser buena amante.

¿Y él? Él es quien tiene el privilegio de que puede ser o hacer lo que quiera.

Mara Mariño

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¿Un clavo saca a otro clavo?

Me han roto el corazón. En trocitos pequeños, de los que se clavan como agujas en el pecho.

Y, llegado el momento, me planteaba si esa sensación podía desaparecer con la llegada de alguien más. Si un clavo sacaría a otro clavo.

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Me he dicho «Vamos a probar» y he salido al ruedo.

Me he quitado la ropa aún pensando en otra persona y he sido capaz de perderme en unos brazos que no eran los mismos que echaba de menos.

Y lo he disfrutado.

Ha sido un cambio de aires, una novedad, un placer esperado, pero luego, pasado el buen rato, ahí estaba de nuevo el recuerdo de mi clavo.

No se había ido a ningún sitio, solo estaba distraída y no pensaba en que lo llevaba conmigo.

El clavo te acompaña por mucho que pruebes otros sabores, a otras personas, aunque cambies de etapa y empieces de cero en un sitio.

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Un clavo es compatible con otro clavo, pero no existe ninguna ley matemática según la cual se sustituyan.

Lo que sí he podido comprobar es que llega un día que el clavo no está.

Se ha caído por el camino.

Ha sido fruto de seguir con tu vida. De llenarte de experiencias, recuerdos nuevos, risas que saben a primeras veces.

Y ahí, justo ahí, ves el hueco del clavo. Tampoco recuerdas en qué momento exactamente lo has perdido.

Lo único que queda de su paso es algún que otro recuerdo y, quizás con un poco de mala suerte, el daño de haberlo arrastrado tanto tiempo.

Pero lo bueno de las heridas es que sanan sin que tengas que hacer nada. Porque el cuerpo es muy sabio y el corazón igual. Se reconstruye solo.

Y de repente el pulso no engaña y se acelera. Alerta, puede que estés ante un potencial clavo.

O quizás no. Puede que este no venga para clavarse y hacer daño, sino para compartir tu felicidad.

Mara Mariño

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Por estas razones deberías llamar a tu ex por su nombre

¿Sabes esa amiga que siempre habla de las historias de su pasado al estilo de «Mi ex hizo esto» o «cuando estaba con mi ex»…? Esa amiga soy yo.

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Mientras que, estando en pareja no me gusta decir «mi novio» o «mi pareja» sino hablar de la persona por su nombre, cuando se termina la historia, él desaparece.

Dejo de tener el detalle de mencionar su nombre y le adjunto el monosílabo. Pasa a formar parte de ese batiburrillo en el que se engloban todos los que pasaron por mi vida.

Y es algo sobre lo que me hizo reflexionar una amiga hace poco, cuando le estaba contando la enésima batallita y me contestó con un «Tu ex, ¿quién?».

Sí, el nombre de él había estado siempre fuera de las historias y ella reivindicaba que no les ocultáramos, que les llamáramos con normalidad absoluta.

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Admito que recurro a la falsa facilidad de distanciarme emocionalmente (y digo falsa porque, aunque no le nombre, su imagen sí que se dibuja en mi cabeza).

Para mí decir «ex» es borrarle de alguna manera, pasar por alto los momentos, la persona. Es ponerle una etiqueta y reducirlo a eso, a una etapa de mi vida que quedó en el pasado pero que bien podría ser cualquiera.

Porque a veces, después de tantos años ligando su nombre a aspectos positivos de la vida -porque si hemos estado juntos, es porque ha habido felicidad de por medio-, tener que mencionarle en estas circunstancias, puede despertar de nuevo emociones de tristeza o enfado que no quiero sentir en ese momento.

Mi amiga me hizo cambiar de idea. Podemos (debemos) decir el nombre.

Porque marcaron cuando llegaron y también durante el tiempo que estuvieron. Porque gracias a esa experiencia nos hemos construido también como personas, aprendiendo qué queremos, o qué no, en nuestra vida.

Es el momento de perderle el miedo a los sentimientos, intentando taparlos con apelativos que nos ayudan a jugar al despiste.

Si nos duele, que duela. Poco a poco irá pasando, forma parte del proceso.

Además, llamándole no le vas a invocar, no es Voldemort, no va a personificarse en medio de la cafetería donde estás con tus amigas.

Las ex parejas no deberían ser escondidas, prefiero ir viviendo cada vez en la que salga en la conversación hasta que decir su nombre no me suponga nada más que referirme a él.

Sin más razón que contar una anécdota relativa a cuando formábamos aquel ‘nosotros’. Sin dolor.

Mara Mariño

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Si la relación se termina, ¿cómo repartimos los juguetes?

Hace un año tuve una ruptura importante nivel: repartir todas las cosas que había por la casa. Como la mayoría eran pares, la división era fácil: un cojín, un mantel, un táper o un juego de sábanas para cada uno.

Los juguetes sexuales ya eran otra historia.

 

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Ahí era más difícil hacer un reparto justo y equitativo. Así que mi estrategia fue llevarme los que eran míos de antes o había comprado yo (que eran la mayoría).

Era lo que me parecía más sensato, al final, no son artículos que se puedan reemplazar así como así. Mi cajón de juguetes es una inversión en mi placer que no estaba dispuesta a perder.

Como digo, mi caso era sencillo si tengo en cuenta que la mayoría eran míos.

La dificultad viene en aquellos que se han comprado para la pareja. Pero Sara Martínez, experta en comunicación en EroticFeel, ayuda a quienes se encuentren en este dilema.

Si el juguete está diseñado específicamente para los genitales de uno de los miembros de la pareja, no tiene ninguna duda: «En una pareja heterosexual, lo más lógico es que él se quede con el estimulador de próstata a control remoto y ella con el estimulador de clítoris para braguitas».

«¿Tienes que tirar a la basura tu succionador de clítoris aunque lo hayas utilizado con otra persona? Hombre, diría que no, que si un orgasmo nunca viene mal, en plena ruptura puede devolverte a la vida», afirma. 

«Pero en cambio, ¿qué hacer con el Double Joy que te regaló para utilizar no solo juntos, también al mismo tiempo? Los más prácticos lo desinfectarán y lo guardarán en un cajón y otros pensarán que utilizarlo con otra persona sea una traición al nivel de hacerlo con su lista preferida de Spotify de fondo», dice la experta.

Por otro lado, en palabras de Sara: «Si ha sido un regalo de uno de los miembros de la pareja al otro, nada más que añadir, los regalos son intransferibles«. 

Es aquí donde entra en juego el código de cada persona. ¿Deberíamos usarlo con alguien más?

«Lo que para unos es absolutamente normal para otros puede ser morboso o impensable. Son preguntas más relacionadas con la ética y la moralidad individual«, afirma Sara.

Decidamos lo que decidamos, es imprescindible desinfectarlos correctamente para que -a diferencia de la expareja- sigan en nuestra vida.

«Siempre se deben higienizar los juguetes correctamente, tanto si los usamos a solas como si los compartimos con diferentes parejas. Con agua tibia, jabón neutro y un desinfectante específico para juguetes sexuales eliminaremos cualquier riesgo de contagio de ETS», recuerda la experta.

¿Y si la solución fuera evitarnos esta división comprando los juguetes por separado en vez de en pareja? Sara lo tiene claro: «Un juguete erótico no es la hipoteca de un piso, así que no hay que tomárselo tan en serio. Tener juguetes propios, solo para ti, es fantástico, pero la vida sexual en pareja también se vuelve más original y excitante cuando incorporamos nuevos elementos».

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Aunque también es verdad, que no todos los juguetes se pueden limpiar por igual.

«La silicona médica es el material más seguro e higiénico y se desinfecta muy fácilmente. Sin embargo, los juguetes elaborados en elastómero termoplástico, material común en la mayoría de los masturbadores masculinos, no se pueden higienizar completamente debido a su alta porosidad, por lo que es recomendable tirarlos a la basura si cambias de pareja«, recuerda Sara.

«Algo parecido pasa con el látex, la gelatina, o el vinilo. Resumiendo, si los juguetes son de silicona, metal o vidrio se podrán desinfectar completamente y no hará falta tirarlos por razones de higiene. En el caso de los materiales porosos, mejor al contenedor», termina la experta.

Mara Mariño

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Sigue estos consejos para pasar página de tu historia de amor veraniega

Puede que tu última historia de amor haya caído en los meses de verano. Puede que sintieras aquellos momentos como si formaras parte de una película protagonizada por Blanca Suárez y Javier Rey.

Puede que pensaras que podría ser el comienzo de algo nuevo o que, en el fondo, sospecharas que llegaría a su fin, pero ahora es el momento de afrontarlo.

Tu romance veraniego es ya cosa del pasado.

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Y aunque haya sido algo de unos días, unas semanas o incluso varios meses, lo más seguro es que lo estés pasando mal igualmente.

Si hace unos días, los expertos de TherapyChat, plataforma líder en psicología online, aconsejaban cómo afrontar el ghosting, hoy analizo qué consejos dan para que puedas pasar página.

  1. Tu rutina, tu foco de atención: o como diría Comando Tiburón: «Pasado pisado». No te quedes mirando con melancolía aquellos encuentros en la terracita, los paseos por la playa o las excursiones que terminaban con vosotros escondidos en cualquier rincón lejos de miradas indiscretas. Septiembre está aquí y viene cargadito, así que mejor centrarse en los proyectos del nuevo curso y volcarse en ellas, sintiéndote agradecida por lo que viviste pero con la vista al frente.
  2. Acepta que es el final y cómo te hace sentir. Si para ti ha sido un palo que esa relación no siquiera adelante, permítete pasarlo mal. Tus emociones no se equivocan, vívelas. No te machaques y mira el lado positivo, ahora puedes centrarte en ti.
  3. Habla con tu amiga, la de siempre, la que se escucha tus audios de WhatsApp sin subir la velocidad a 1.5x. No solo te ayuda el hecho de desahogarte sino que no hay mejor consejera que ella. Además de ordenarte emocionalmente, podrá darte su punto de vista (y seguramente proponerte algún plan interesante para que no te quedes en casa comiéndote las paredes).
  4. Ni siempre ni todo el mundo: no caigas en la generalización de meter a la gente en el mismo saco. Ha podido ser una experiencia puntual y tú no tienes el control de decidir cómo se sienten los demás. No pierdas la ilusión.
  5. Cuídate mucho y no solo a nivel físico con esa limpieza facial que tus poros parecían pedir a gritos. Retoma tus aficiones, haz planes con amigos, esos que te alegran el día y la vida, lee, abraza a tus seres queridos… Todo aquello que te haga sentir bien es más que bienvenido.
  6. Curso nuevo, vida nueva: ¿siempre habías querido jugar al voley playa, acudir a un intercambio de idiomas o aprender a bailar salsa? Pues ahora es el momento de experimentar y rodearte de gente nueva.

Y si por lo que sea, no consigues salir del bache por tu propia cuenta, recuerda que hay profesionales que te ayudarán si lo necesitas.

Duquesa Doslabios.

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Antes de hacerle ‘ghosting’ a tu amor de verano, lee esto

Puede haber sido patinando por la Barceloneta, en una terracita de Jávea o incluso la última cita Tinder con la que diste una vuelta por el Museo del Prado (que además de la dosis de arte, siempre se agradece el aire acondicionado).

Este verano ha dejado historias de amor tan variadas como nuestros destinos vacacionales.

Y, a menos de dos semanas de ponerle el punto final a estos romances, tengo una petición que hacerte.

Pase lo que pase, no hagas ghosting.

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Puede que fuera el calor, el romanticismo de las noches de verano con la nueva canción de Aitana de fondo, que necesitabas compensar el efecto de 2020 en tu vida sentimental o que, simplemente, no te planteas una relación a distancia.

Da igual. Tus razones tendrás, ahí no me meto ni nadie tiene por qué opinar.

Pero recurrir al ghosting, esa fácil puerta de salida sin mirar atrás, es egoísta y la prueba de que todavía te queda mucho por madurar.

María Mavji, sexóloga y directora de operaciones en TherapyChat, la plataforma líder en psicología online, afirma que hacer esta práctica «es un gran indicador de la falta de responsabilidad afectiva de la persona».

Pero, ¿implica ser responsables afectivamente ir con un paquete de pañuelos y un trozo de tarta de chocolate en el momento de decirle a la otra persona que se ha acabado para que le sea más llevadero el trago?

Aunque está en tus manos cómo lo gestiones, el primer paso es tan sencillo como entender que «la responsabilidad afectiva es tener en cuenta que todo acto tiene sus consecuencias», dice la sexóloga.

Unas consecuencias que deberíamos poder afrontar porque somos conscientes de que lo que decimos, nuestra decisión, afecta también a los sentimientos de alguien más.

«El daño psicológico que puede causar a la otra persona es algo serio; cualquier tipo de rechazo activa en nosotros circuitos del dolor y hay que saber cómo gestionar la situación y la ruptura», afirma María Mavji.

Actuar con transparencia y decir las cosas de manera sincera es el punto de partida.

Hacer uso de la empatía y estar ahí cuando la otra persona reciba la noticia para poder ayudarla en el proceso (ya sea dar un abrazo, escuchar o -que también puede pasar- enjugar sus lágrimas) sería la forma de acompañar y hacerla sentir que nos preocupamos por sus sentimientos.

No solo damos una explicación que, puede gustar más o menos, pero es comprensible y lógica, sino que no desaparecemos de golpe por respeto a sus emociones.

En definitiva, la forma de «cerrar de manera saludable este tipo de relaciones» que la experta aprobaría.

Duquesa Doslabios.

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Si estás conociendo a alguien, ¿te gustaría pedirle referencias a sus ex parejas?

Conocer a alguien por primera vez, esa fase en la que emoción y miedo van de la mano. Emoción por lo que pueda venir, por un sentimiento que puede empezar a cocinarse a fuego lento, por la felicidad de sentirse con ilusión de nuevo.

Y miedo, por supuesto, miedo de lo que puedes encontrar si sigues escarbando un poco más. Miedo de que no sea quien dice que es.

Porque sí, en las primeras citas somos todos maravillosos, el match perfecto, el amor de nuestra vida, la pareja ideal.

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¿Sería un punto a favor, puesta a fantasear, que pudiéramos pedir referencias a sus exparejas antes de seguir conociéndole?

De la misma forma que la empresa que nos entrevista para ese puesto -para el que nos consideramos la persona más idónea, dicho sea de paso- tiene la opción de ponerse en contacto con nuestros antiguos trabajos, ¿qué pasaría si fuera normal una llamada telefónica con sus ex y preguntarles cómo fue su experiencia juntos?

Pensando en mí, en lo que dirían ellos, me doy cuenta de que depende mucho a quién le preguntes.

En general, podrían coincidir en que soy detallista, cariñosa, con corazón de niña, muy entusiasta y que no sé estar quieta por mucho que lo intente.

No todo serían cosas buenas, claro. De la misma forma, bien podrían decir que tengo cierto punto de adicción al trabajo, que soy cabezota hasta niveles insospechados, que raras son las veces en las que doy mi brazo a torcer y tardo mucho en ver que me he equivocado.

De mí destacarían que soy explosiva, como el champán, que rompo a mi paso y me enfado rápido (aunque también se me pasa a la misma velocidad).

Que me agobio, que tengo inseguridades, que me preocupo por todo y me rayo bastante la cabeza, son otros ejemplos que entrarían en la lista de cosas menos buenas.

Pero sí quiero pensar que la mayoría de ellos recomendarían ‘contratarme’ como posible futura pareja.

En cuanto a lo que preguntaría, lo tengo claro: si es sincero, si es atento, si deja espacio…

No faltaría en esa llamada con su ex la duda con bandera roja que ya soy incapaz de pasar por alto, si es controlador o celoso.

Qué relación tuvo -si se dio- con la familia política, si tiene buenos modales, si es empático o si es un punto de apoyo (como firme creyente de las relaciones que funcionan como un equipo, esto me parece fundamental.

Pero también averiguar cómo enfrentaba los malos momentos: las discusiones, cuando se atascaba la rutina o cuando los ánimos estaban más bajos.

A fin de cuentas, lo bonito ya vamos a verlo en las citas. Y saber las opiniones de quienes han compartido vivencias y sentimientos, nos ahorraría mucho tiempo.

Duquesa Doslabios.

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6 consejos para que seas mejor ex

«Es igual de importante cómo terminamos una relación que cómo nos hemos portado durante el tiempo que hemos formado parte de ella» fue una frase que me dijo un amigo.

Una teoría que, según él, se puede aplicar a todo. Desde el fin de una etapa en el trabajo hasta una historia de amor.

Nos define cómo actuamos cuando estamos enamorados, esa etapa en que todo es ilusión, notas escondidas en el abrigo o una porción de su postre favorito en la nevera.

Pero es también quiénes somos la persona que dice (o a la que dicen) adiós.

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Si le damos la máxima importancia a lo primero es porque confiamos en que ese presente sea una inversión para el futuro. Nos permitimos que lo que ya ha sucedido, el pasado, deje de ser relevante y descuidar el trato.

Es ahí donde entran algunos comportamientos que, como la historia no va a seguir adelante, nos preocupan menos. Y dice mucho de nosotros cómo echamos el cierre y pasamos página.

La madurez emocional, el tipo de relación que se ha tenido (si ha sido algo esporádico o ha llegado a haber convivencia), si se han compartido mascotas, hijos… Son factores que pueden afectar a la hora de que terminemos mejor o peor.

Y aunque también entran ahí las razones que ha habido detrás de la ruptura, es nuestra responsabilidad afectiva quedarnos con lo que está en nuestra mano.

En definitiva, nuestra propia actitud ante la persona que ya forma parte de nuestro pasado pero ha marcado un periodo de tiempo de la vida.

Aprender a ser una buena expareja es algo que se puede hacer. Y es tan fácil como…

  1. No hablar mal de esa persona, no hay necesidad. Quédate con lo bueno y dilo en el caso de que salga él o ella en la conversación. Si no tienes nada bueno que aportar, mejor no digas nada.
  2. Mantener el contacto adecuado, ese que os haga sentir cómodos, que puede ser poco, mucho o ninguno. Pero uno con el que estéis de acuerdo.
  3. Desear que le vaya bien. No de boquilla, deséaselo de verdad. Deséalo incluso cuando empiece con alguien por mucho que te hubiera gustado estar en el lugar de la otra persona. Ya no estás ahí, sigue adelante y que sea feliz.
  4. Dar el trato que te gustaría recibir. Si quieres respeto, empatía y educación deberías empezar dispensándolo tú.
  5. No amargar su existencia: por muy mal que te sientas, le guardes rencor o tengas rabia, no vas a conseguir nada poniéndole la vida más complicada.
  6. Claridad ante todo: si ya no estáis juntos, que quede claro que se ha llegado al final sin retorno. No te acerques en momentos que le eches de menos si tu intención no es arreglar las cosas porque solo confundes y haces más daño.
  7. Tómarse/dejar que se tome tiempo y respeta que cada uno necesitamos un periodo concreto para dejar pasar las cosas. Puede ser un mes, varios o años. Si tenéis que ser amigos, vendrá solo.
  8. Y si queréis mantener una amistad, marcar los límites de esta.

Duquesa Doslabios.

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