BLOGS
El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘pareja’

Desmontando mitos machistas: “Tengo celos porque te quiero”

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Formamos parte de una sociedad en la que los celos aparecen a edades muy tempranas (y los que tenemos hermanos pequeños lo sabemos bien). Sin embargo se nos enseña rápidamente, o al menos en mi caso, a racionalizarlos, y, por tanto, terminan desapareciendo.

Los celos parten de la autoestima, no de las actuaciones de otra persona. No son causa de comportamientos, son una muestra de inseguridad. 

GTRES

Y yo, en su momento, los viví en carne propia. Tuve una de esas relaciones en las que mi pareja me pedía que le mandara fotos, vídeos e incluso audios si así lo deseaba, que acreditaran dónde estaba. Según él era algo que demostraba que yo era digna de su confianza pero en realidad se trataba de una herramienta de control.

Aquella pareja borró, literalmente, todos los amigos varones con los que contaba. Yo no estaba autorizada a quedar con ellos ya que “teniéndole a él, no necesitaba a nadie más”. Y claro, si yo me empeñaba en quedar con alguno de ellos, me llegaba al minuto el reproche de que tendría la culpa si él se ponía celoso y me tocaba asumir las consecuencias (desplantes, enfado, insultos, mal rollo en nuestra relación…). Por lo que procuraba evitarlo para que hubiera paz en mi pareja.

Pero los celos no entran en el pack del amor, de hecho, todo lo contrario. Cuando tienes la suerte de encontrar a alguien que viene con el amor debajo del brazo, no hay lugar para celos por el simple motivo de que sabes que esa persona solo te quiere a ti y que si no te quisiera no estaría contigo, y ninguna compañera del trabajo, monitora de full body o amiga de la infancia lo va a cambiar.

Sin embargo es difícil llegar a esa conclusión cuando los mensajes que nos mandan desde fuera son contradictorios. Hugo en Tres metros sobre el cielo actúa movido por los celos, así como Edward Cullen o Christian Grey. Todos se comportan como si su pareja fuera de su propiedad. De hecho no hace falta ir al cine, si por lo que sea ves Mujeres y Hombres y Viceversa o Gran Hermano encontrarás todo tipo de polémica generada porque un concursante tiene celos de que la tronista haya hablado con un pretendiente.

Otros datos alarmantes son que un tercio de los españoles según el estudio del CIS consideran inevitable o aceptable ciertos comportamientos como controlar los horarios de su pareja, impedir que vea a su familia o amistades, no dejarle que estudie o trabaje o decirle lo que puede o no puede hacer.

De hecho, las nuevas generaciones asocian la violencia machista a lesiones y no consideran los celos y el control algo negativo.

Y antes de nada, aclarar que yo no digo que no haya mujeres celosas, ni mucho menos. Por supuesto que las hay. Sin embargo la diferencia está en las estadísticas. ¿Cuántas mujeres son asesinadas por sus parejas o antiguas parejas? ¿Y cuántos hombres? Ahora empezamos a entendernos…

Los hieren, los celos consumen, los celos son un riesgo, pero sobre todo, LOS CELOS MATAN. Lo pongo en mayúsculas para que quede bien claro. Los celos forman parte de la cultura machista que nos considera a las mujeres objetos, posesiones, algo que pertenece al hombre. Recordemos que desde que se empezó a llevar un registro de las víctimas, 945 mujeres han sido asesinadas por violencia machista.

Lo que me parece todavía peor es que encima muchos de estos asesinatos se relatan como auténticas novelas en las que tiene lugar un crimen pasional del estilo “el ex marido, llevado por los celos, asesinó a su ex mujer y a su amante”, como tratando de dar un significado o una justificación al hecho de que los celos son una cosa “normal” que pueden hacer que te entren ganas de matar a tu pareja.

No es normal. Y es el momento de darse cuenta de ello y de decir “Hasta aquí”. En el momento en el que tu pareja habla de celos o los utiliza para que tú modifiques tu comportamiento, hay que ser consciente de que el problema no es nuestro, sino que lo tiene la persona consigo misma. Si es capaz de resolverlo y mantener una relación sana (considerar que tienes control sobre una mujer es algo que hay que desaprender), adelante. Pero si tu pareja no es capaz de deshacerse de ello, quizás es el momento de que te deshagas tú del compromiso que mantienes.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Desmontando mitos machistas I : “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Desmontando mitos machistas II: “Las mujeres son traicioneras, los hombres son nobles”

 

Las 10 claves para irte de vacaciones con tu pareja (y no romper)

La convivencia, ver juntos una película en el cine y averiguar si es de esas personas que guardan silencio o de las que tiene que comentar absolutamente todo, comer una hamburguesa y procurar seguir pareciendo un ser humano atractivo al terminar o ir de vacaciones en pareja son algunas de las pruebas de fuego a las que se enfrentan dos personas estando en una relación.

PIXABAY

Es por eso que hoy me gustaría hablar de cuáles son mis consejos a la hora de hacer un viaje. Un decálogo de normas que, por mi experiencia, debo aplicar siempre y cuando sale la posibilidad de viajar.

En primer lugar recomiendo tener una especie de lista de lugares de interés. Cada uno puede elegir dos o tres imprescindibles y de esa manera queda garantizado que veréis sitios que os apetezcan por igual.

Viajar supone estar todo el rato junto a tu pareja, por lo que es importante estar pendiente de sus necesidades. Si quiere agua, se muere de hambre o se hace pis lo suyo es movilizarse para solucionarlo. Además no estar pendiente de ello o hacer caso omiso casi siempre termina en discusión (y la comida todo lo calma).

Para mí viajar es feminismo, ya que no concibo un viaje sin igualdad. Siempre procuro dividir con mi pareja las tareas de organización, planificación, logística… Que haya un equilibrio, ya que no debe recaer todo el peso sobre una sola persona.

El dinero suele ser fuente de conflictos, por lo que es recomendable ir a la par con los gastos. Si crees que tu pareja se aprovecha un poco de eso y opta por la maniobra del despiste, haz un Excel y pon las cartas (o los euros) sobre la mesa.

La base de una relación es el respeto, la base de un viaje también. Se debe respetar, especialmente, las zonas comunes. Si te gusta el desorden, procura evitarlo ya que estás compartiendo habitación con tu pareja e igual no le hace tanta gracia como a ti entrar al baño y encontrarse una manzana a medio comer.

Respeta, también, la opinión del otro. Si no quiere tirarse al agua desde esa altura, subirse a una atracción o pasa soberanamente del paseo en góndola porque es ridículamente caro, entiéndelo. La excepción a esta norma es la crema solar. Pónsela aunque no quiera.

Las vacaciones en pareja no significan volverte uña y carne. Seguís siendo dos individuos y no es necesario hacer todo juntos o estar pegados. Si tú lees tu pareja puede escuchar música y no pasa nada.

Y ya de paso respeta el descanso. Se está de vacaciones. No hay por qué estar todo el rato haciendo cosas.

Un último consejo que he añadido recientemente es usar el móvil con moderación. Y a ser posible, esto ya sería lo ideal, si se quiere usar buscar el momento para no dejar a la otra persona descolgada.

Por eso, para terminar, deciros que la clave que debéis repetiros como un mantra es muy sencilla: paciencia.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Cómo hablar con tu pareja si en tu relación pasada sufriste maltrato

Han pasado cuatro años desde que conseguí salir de una relación tóxica. Cuatro años en los que forma parte de mi equipaje emocional, esa maleta sin ruedas que llevo (y llevaré) a cuestas porque forma parte de mí, como mis lunares o mis tatuajes.

GTRES

Qué difícil es contarlo. Si resulta complicado admitirlo a una misma, poner las escenas, los insultos y los desprecios ‘en orden’ en nuestra cabeza, compartirlo le da cien vueltas.

Así como mis familiares y amigas más cercanas saben por lo que he pasado, llegó un momento en el que sentí que quería compartirlo con mi pareja.

Fueron varios los motivos que me inspiraron a hacerlo: en primer lugar porque es algo que me ha forjado y que explica algunas cosas de mi comportamiento, en segundo lugar porque es un peso que a veces sale, sin motivo, pero sale, en forma de mutismo, de contracción de la boca del estómago, pero sale, siempre sale.

Y por último, porque quería darle visibilidad al asunto. Quería que mi actual pareja fuera consciente de lo que pasa ahí fuera y no solo en los telediarios, sino que le había tocado vivirlo a la persona con la que compartía almohada.

Cuando llegó el momento (no era una conversación que sacar aleatoriamente tomando hamburguesa en un restaurante de comida rápida) fue algo que hablé con la tranquilidad de tener todo el tiempo del mundo para lo que necesitara, ya fuera entrar en detalles, quedarme callada o tomar aire. Sin ningún apuro que me apresurara.

Aunque mental y emocionalmente, estoy cansada de repasar la historia por la de veces que se reproduce en mi cabeza, hizo que volviera a llorar. Llorar es una reacción normal y no pasa nada porque tu pareja te vea hacerlo, es importante que, independientemente de cómo reacciones, entienda que el daño emocional sigue ahí, intacto, y que acostumbra a salir a flote.

Es difícil estar en una relación cuando lo has pasado tan mal por alguien. Lidias con el trauma de cuando te involucraste por última vez y quedaste casi reducida al polvo y la sensación de que te estás volviendo a dar por completo.

Nunca sabes (por mucho que creas que has dado con una buena persona) si te van a volver a hacer daño, si te puedes fiar, si te va a gritar como cuando la otra persona lo hacía. De hecho, como ya has pasado por ello, sin darte cuenta, puede que muchas veces en tu nueva relación busques las señales que no querías ver en la anterior.

No te das cuenta pero tienes murallas construidas. Quizás no es algo que vayas diciendo abiertamente, puede que tu pareja no lo sepa, pero están ahí. Y de hecho, cuando en tu nueva relación ocurre algo que te recuerda (aunque sea de manera ínfima) al pasado es doblemente devastador.

Por eso habla, ábrete aunque cueste y di lo que necesitas. Nadie puede leerte la mente (que sepamos). Hay ocasiones en las que se agradece poder sacar el tema y que te dé un abrazo. Cuando has salido de una relación tóxica es como si hubieras dejado la droga más dura del mundo. Los recuerdos o flash backs que te vienen a la mente (y al corazón), que equivaldrían al bajón absoluto, a veces necesitan un abrazo o poder, simplemente, tener la confianza de expresarlo en alto.

Más que algo de lo que he pasado página, mi relación tóxica se ha convertido en un pie que acompaña todos los capítulos de mi vida, y que mis seres queridos, y por ende mi pareja, lo entiendan es algo fundamental. Procesar el maltrato es un trabajo que a cada persona le lleva su tiempo, e incluso, puede llevarte toda tu vida.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Si tu pareja no te devuelve un abrazo, no es una crisis

Los rumores sobre la posible disolución del matrimonio entre David y Victoria Beckham llevan sonando desde que la pareja se casó en 1999. Supongo que es algo con lo que te acostumbras a lidiar cuando tu relación tiene semejante exposición mediática.

GTRES

Sin embargo, las “pruebas irrefutables” de la decadencia de los Beckham las tenía, supuestamente, un diario inglés que aseguraba haber descubierto lo que los ingleses no revelaban verbalmente pero no podían ocultar a través de gestos.

Según el artículo, en una jornada que pasaron en el parque el día de los deportes, la ex spice se mostró “necesitada” al abrazarle la cintura, al apoyar la mano sobre su pierna para “llamar la atención” o al mirarle sin que David le devolviera la mirada.

Por supuesto no tengo ni la más remota idea de lo que sucede en su matrimonio, pero por experiencia creo que en el caso de los famosos tendemos a hacer sonar las alarmas con demasiada premura.

He tenido varias parejas y no siempre me he sentido igual de cariñosa o con ganas de hacer demostraciones de afecto. En otras ocasiones ha sido la persona con la que estaba quien no me devolvía el gesto o que no agarraba mi mano pese a tenerla sobre la mesa ostensiblemente.

Los seres humanos (todos) experimentamos cambios de humor, que pueden hacer que nos sintamos con mayor o menor ganas de intimidad física y no pasa nada, sino que es algo normal en una relación.

O incluso aún sintiéndonos con ganas de recibir o de dar un poco de caso, nuestra pareja puede estar a otras cosas, sin tan siquiera darse cuenta.

No es un indicativo de crisis, sino una cuestión de sincronización. Pero con la ventaja de que siendo dos personas diferentes, con picos de humor distintos, tienes el doble de oportunidades de poder aprovechar estas ocasiones.

Aunque, francamente, ¿queremos un mundo en el que nos quedamos sin los pequeños placeres de mirar ‘a escondidas’ a la persona a la que queremos?

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Duquesa Doslabios.

“¿Nos casamos?”: Mujeres que piden la mano

Podría decir que fue el vino, pero eso sería darle al alcohol un protagonismo que, en realidad, no es merecido ya que no tiene prácticamente peso en esta historia.

LA PROPUESTA

Podría decir también que fue la situación, esa cena en casa con dos trotamundos refugiados en nuestro sofá (y es que las sorpresas que nos trae el coachsurfing son en su mayoría, maravillosas).

Podría decir que fue el lugar, el piso de Barcelona en el que, por poco que llevemos, tanto hemos vivido, construido y compartido. Ese que nos preocupaba al principio de lo vacío que nos parecía y en el que, cada vez que entras por la puerta, encuentras un libro o una planta nueva.

Podría decir que estaba claro que tarde o temprano lo acabaría haciendo, pero no sería cierto, ya que no me imaginaba que sería yo la que daría el paso (de hecho, fíjate si no se puede dar por sentado que no sabía si en algún momento de mi vida quería darlo).

Podría decir que fueron tantas cosas, pero en realidad no fue ninguna de esas. Por lo que realmente fue, y sigue siendo, se llama amor.

Y por mucho que pueda parecer que peco de manida (los habrá incluso que me tachen de ñoña), no podría ser más verdad.

No por el amor que os imagináis que parece salido de una escena de La La Land, de un videoclip de Neyo o de un anuncio de perfumes (femeninos), sino el amor de verdad. El amor que nos acompaña en la rutina, en la convivencia, en un pósit de “Buenos días” en la nevera o en un domingo de hacernos juntos mascarillas faciales porque sabes que me encanta la cosmética coreana.

Cuando te escuchaba por enésima vez contarle a esos desconocidos la historia de tu vida en inglés con un leve acento catalán, recordé por qué me había enamorado de ti, por qué aún después de todos estos años, me sigues gustando tanto. A cántaros, mogollón y a rabiar.

Hasta tal punto que me urgía pasar el resto de mi vida contigo, aunque fuera algo que ya estábamos haciendo. Eso fue, y nada más realmente, lo que hizo que, antes de ir a dormir, te dijera:

-Ens casem?

Sin anillo, sin prepararlo, sin preocuparme, sin declaraciones exageradas, preparaciones previas, sin nada… Pero con todo.

“Vale” me dijiste. Y aquí estamos, pasando todos los días de nuestra vida juntos. Poniéndonos las botas el uno del otro.

Duquesa Doslabios.

Sexo rápido, amor lento

Si te paras a pensarlo, tiene hasta sentido. Somos la generación más rápida para unas cosas y la más lenta para otras.

Podemos deslizar el pulgar hacia la izquierda a la velocidad del rayo descartando personas y quedarnos estancados dedicando las canciones a través de los stories a una sola durante meses.

Si bien somos capaces de reservar un vuelo a la otra punta del mundo en unos segundos, planeamos minuciosamente los pequeños detalles antes de marcharnos. No queremos sorpresas, tiene que salir todo perfecto. Y en el amor no íbamos a comportarnos de otra manera.

¿A quién le importa guardar los tiempos de espera si te quiero desnudar aquí y ahora? Pero totalmente diferente son las doscientas vueltas a la cabeza pensando dónde o qué hacer estando vestidos.

No tenemos prisa. Y es que si algo ha hecho que a los 20 años todavía no nos sintamos adultos, es que aún estamos aprendiendo a hacer las cosas (que se lo digan a nuestros padres, que a muchos nos ayudan a descifrar la Declaración de la Renta).

Nos caracteriza estar con nuestra pareja varios años. No nos lo tomamos a la ligera, queremos no solo conocernos, sino conocernos bien. Y no solo a la otra persona, sino a nosotros mismos.

Queremos desarrollarnos como individuos, saber a dónde queremos llegar, qué nos gusta y que no. Tener las cosas claras porque la primera persona con quien debemos sentirnos a gusto somos nosotros mismos.

Nuestros problemas de compromiso a la hora de fidelizarnos con una plataforma de vídeo, se traduce en la dificultad que encontramos en mantener nuestra palabra con alguien.

Puede que tu abuela a tu edad (o incluso antes) ya estuviera casada. Antes, el matrimonio, era el primer paso en la vida adulta. Ahora forma parte de los últimos.

Y es que si algo tenemos claro es que si nos decidimos a darlo, será la guinda del pastel. De un maravilloso pastel del que conoces y has construido cada capa, cada cobertura, relleno y topping extra.

Duquesa Doslabios.

Lo que he aprendido del amor viendo a mis padres

El amor de mis padres me recuerda a una canción de los Rolling Stones.

Puede que fuera un hit de los años 80, pero basta que oigas la melodía, aunque ya hayan pasado 30 años, para que sepas que estás escuchando algo bueno.

GTRES

La pareja que forman es como la de cualquier combinación estrella que se te venga a la cabeza: el cine y las palomitas, el domingo y una maratón de Netflix o la ginebra y la tónica (para que ellos, que no saben lo que es Netflix, me entiendan).

De ellos he aprendido la importancia de compartir aficiones. Son su compañía ideal cada vez que quieren ir a museos, a escuchar conciertos de música clásica o hacer turismo durante 12 horas seguidas. Me han enseñado lo importante que es tener frentes en común con mi pareja...

Y frentes en desacuerdo, por supuesto. Vivir el matrimonio de tus padres es como recibir clases intensivas sobre relaciones, como una emisión en directo 24 horas. Ves sus más y sus menos.

Al igual que veía los momentos de trabajar en equipo, de pensar como un “nosotros” sin dejar de respetar el espacio que precisa el individual “yo”, les he visto, también, en sus momentos no tan buenos.

De unos padres que se quieren aprendes también a discutir desde el respeto, a escuchar las demandas del otro, a esforzarte por mejorar lo que para la otra persona supondría tanto y que, a fin de cuentas, no cuesta demasiado.

Son ellos y no las grandilocuentes declaraciones de película romántica delante de un estadio de fútbol lleno, los que me han enseñado la importancia de pedir perdón, que a veces es tan discreto como entrar al salón y decirlo de manera sincera, algo que requiere tanto o más valor del que nos pueda parecer en la escena cinematográfica.

Mis padres me han enseñado que una pareja no es solo una pareja, que es un amigo, un compañero, alguien que siempre te va a apoyar, a acompañar, a echar una mano en los momentos de crisis de la vida como que un hijo se rebane un dedo o que no hay manera de que arranque el VHS…

La mayor parte de las mujeres de mi generación culpan a las comedias románticas americanas y a las películas de Disney de sus altas expectativas respecto a las relaciones de pareja, yo culpo a mis padres, que no han podido poner el listón más alto porque se quedaban sin poste donde apoyarlo.

Y no puedo esperar a seguir aprendiendo de ellos.

Hoy no es San Valentín pero sigo enamorada de ti

Hoy no es San Valentín y yo me sigo enterneciendo a cada paso que doy por la vida contigo al lado.

PIXABAY

No es San Valentín, pero te sigo llenando el WhatsApp de corazones y tú me vuelves a escribir en cualquier momento del día para preguntarme si hoy me has dicho que me quieres.

Y yo, que aunque me lo hayas puesto ya, siempre te respondo de la misma manera: “No, no me lo has dicho” y aprovecho para escribírtelo yo también.

Porque aunque no es San Valentín, siempre es un buen momento para decirte “Te quiero”, que contigo los días no son números sino series de Netflix en las que me quedo medio dormida y canciones de Europa FM que cantamos juntos desafinando (sobre todo si son las antiguas de Melendi).

Ya no es 14 de febrero, es un día cualquiera de abril, mayo, septiembre o diciembre. Nos da igual, el amor es el de siempre. O quizás no el de siempre, sino el de ahora, que es más intenso que el de hace un tiempo.

Puede que no sea el día de los enamorados, pero sigo queriendo quitarte la ropa a besos, aunque me vaya a llevar mucho más tiempo que utilizando las manos.

Me doy cuenta de que, aunque no es San Valentín, has vuelto a preparar el desayuno, y de que, porque sí, te he invitado cenar a un sitio bonito. Aunque “bonito” para nosotros suela significar que la hamburguesa sea tan alta que casi necesitemos alcanzar la cima con un ascensor.

Y si no es San Valentín, ¿por qué corres con la moto detrás de mi coche para darme un último beso a través de la ventanilla, justo antes de que cambie la luz del semáforo?

Quizás porque independientemente del día del año, el amor es amor, y seguimos siendo así tú y yo.

Haciendo de la vida un San Valentín interminable, una rutina, un estado civil, mental y emocional.

Duquesa Doslabios.

¿Tu relación no funciona? Igual no le estás prestando atención a estos detalles

No está remunerado, pero muchas veces tengo la sensación de que mantener una relación es un trabajo a tiempo completo. Requiere tiempo, dedicación, energía… Es, como una vez me dijo una amiga, “como llevar un negocio”.

PIXABAY

Establecemos conexiones que se convierten en relaciones porque damos con alguien con quien compartimos cosas y nos aporta felicidad. Pero es algo que debemos cuidar siempre.

Entonces, ¿cuál es el truco para que funcione?

Hablar con el corazón de todo lo que podamos necesitar. La honestidad es algo básico, ya sea porque necesitamos más cercanía o más espacio. Una pareja que puede tratar de todos los temas de manera abierta crea un espacio seguro en el que todo puede salir con la confianza: deseos, necesidades, miedos, aspiraciones… Compartir estas cosas con tu pareja hace que ambos os conozcáis mejor.

Ten siempre, también, la mente abierta, intenta no juzgar a tu pareja. No ya solo porque dentro de la cama le gusta que te pongas algo que a ti a lo mejor te parece raro, sino respecto a todos los temas: política, gustos, religión… No es necesario que compartas todo absolutamente con él, pero sí que lo tengas en consideración. El respeto es básico.

No critiques a no ser que sea de manera constructiva, y procura encontrar el momento. Esa comida familiar puede que no sea el sitio más adecuado para recordarle que siempre deja gotas de pis fuera de la taza del váter. Intenta no usar sus pequeños defectos (que todos tenemos) en su contra. Hazle saber que le valoras siempre.

Comparte, comparte cosas tan ridículas como el postre, una cerveza y termina compartiendo cosas grandes como experiencias, viajes, vivencias… Crea recuerdos. Todo eso fortalecerá vuestro vínculo.

Tu pareja, tu prioridad. Puede que tengas un trabajo muy estresante, una vida familiar que te exige mucho y un montón de cosas más, pero eso no significa que tu pareja deba estar a un lado. Haz que sea partícipe de tu vida y que le des la importancia que se merece. A fin de cuentas, si no se la estás dando, ¿para qué estás en pareja?

Nunca des el amor (ni a la persona) por sentado. Que para ti todo esté yendo de maravilla, no tiene por qué significar que tu pareja tenga la misma concepción de la relación. No escatimes en recursos para conocer y trabajar en vuestra relación.

Pero, sobre todo, quiere, quiere mucho y sin parar, porque queriendo el resto de cosas no supondrán para ti ningún problema.

Duquesa Doslabios.

“A los 50 lo que quieres es dormir”

Firma invitada M.C.M.E. para El blog de Lilih Blue

“Cuando nos enamoramos, queremos compartir todo con esa persona: nuestros sentimientos, intelecto y apetencias sexuales giran a su alrededor. Nos las prometemos felices y nos lanzamos a una vida en pareja, mediante contrato o sin él. La duración del enamoramiento es limitada: “no es bueno estar en la nube todo el rato” nos aseguran los expertos en química cerebral. Pero el amor permanece y nos aventuramos en una etapa criando hijos, que llenarán nuestras noches y días.

GTRES

Nuestra vida como pareja se puede ver reforzada o debilitada, porque nuestra prioridad son esos pequeñines a los que hay que cuidar. Vamos sumando aniversarios mientras los hijos crecen. Tal vez ya ni los celebres, o te regale, después de olvidarse los últimos años, un jersey horroroso y le dices que muy bonito, (pobre, que ya que se acordó).

Con el paso del tiempo cimentamos la soñada vida común, acumulando experiencias gratificantes y agravios. Las discusiones pueden ser un “más de lo mismo”, porque, nuestra memoria, no permite que nos olvidemos de antiguos rencores, que saldrán una y otra vez, cuando surja un desencuentro.

Nos volvemos tan previsibles, que es fácil dejarnos llevar por la rutina. Es posible que un silencio denso, insoportable, esté multiplicando la distancia, a una escala cósmica, del espacio que separa las butacas en las que sentados, veis alguna pantalla. Y pasan lustros, décadas, y te ves en la mitad de tu vida, con el tiempo lleno de ocupaciones.

¿Y el tiempo para el sexo? Las amistades te dicen: “A los cincuenta lo que quieres es dormir, o prefieres leer un libro antes que ponerte al tema, o tienes más ganas que tu pareja, que ya casi ni te mira“. Igual estáis instalados en la falsa calma de los que llevan tiempo juntos y apenas comparten sus inquietudes y mucho menos sus ilusiones, y ya ni siquiera discuten porque les parece un esfuerzo inútil, y el sexo esporádico.

Como dice la canción de Luz Casal: “Y no me importa nada, nada…escucho tus bobadas acerca del amor y del deseo… Que rías o que sueñes, que digas o que hagas… Por mucho que me empeñe… Que vengas o que vayas…”

La pareja necesita tiempo para compartir ideas, afecto y el deseo sexual, porque si no, su vida puede resumirse en un compartir piso, con derecho a roce o no. Buscar tiempo para los dos, para hablar de lo que pensáis y sentís. Poner en común para mejorar. Elegir actividades para disfrutar juntos. Planificar un viaje. Revisar todo lo que se puede cambiar. Olvidar lo que no permita avanzar. Organizar una cena o comida romántica de vez en cuando. Hacer todo aquello que os impulse a seguir adelante juntos, porque creáis que merece la pena.”