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Historias de amor, sexo y otros delirios

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Sexo de reconciliación: ¿Por qué los polvos post bronca son los mejores?

Querid@s,

¿Acaso el sexo de reconciliación no es la bomba? ¿Por qué los polvos post bronca, junto con los últimos, son los mejores?

Seguro que os ha ocurrido en alguna ocasión: El ambiente huele a bronca total, inminente. Él está echando mano de su potente memoria fotográfica y se está dedicando con precisión de relojero a ventilar todos y cada uno de los trapos sucios de los 90 que ya no vienen ni a cuento. Ella, compungida y a puntito de perder los estribos, ya parece un caballo desbocado, se encuentra en el dilema de abofetear al churri o coger el montante y largarse. Hasta que de repente se produce un cortocircuito. ¿La Tierra ha dejado de girar por unos segundos y cambia de órbita. En la habitación de la discordia la tortilla da la vuelta, cambian las tornas y el melodrama se torna en una apasionada secuencia declarando el alto al fuego. Esos dos que hace nada jugaban a ser los Rose pasan de tirarse los trastos a la cabeza a comerse la boca locamente, chuparse enteros, lamerse los cuerpos, rasgarse las vestiduras y lanzarse al lecho conyugal (quien dice lecho dice sofá, alfombra o lavadora) para protagonizar, sino una porno, una escena no apta para menores de edad. Vamos, un polvo de padre y muy señor mío.

Cuenta la leyenda que lo mejor de las broncas es cuando se alcanza la tregua, se entierra el hacha de guerra y se procede al polvo de reconciliación. Durante estos episodios post bronca la adrenalina corre por las venas y el final de la historia termina escribiéndose irremediablemente entre sábanas que acaban más revueltas que nunca.

Biopsicología de la emoción

La respuesta está en la biopsicología de la emoción. Esta ciencia explica las razones por las que disfrutamos de forma especial de los encuentros sexuales tras una riña. Las emociones son un fenómeno dinámico y altamente contagioso que se propagan fácilmente entre individuos. En la pareja sucede de forma mucho más intensa. Por eso no es extraño que en el terreno sexual, tras una bronca (liviana o monumental), ese contagio responda además a lo que se conoce como el paradigma de la transferencia de excitación.

Dolf Zillman contaba en los años 70 que “La excitación residual de una excitación previa se une a la excitación generada por la nueva excitación y atribuimos por defecto su causa a los acontecimientos del presente cuando realmente están en el pasado”. ¿Mande? Lo que este buen hombre (y tremendamente sabio) intenta explicar con su enrevesado lenguaje es que la razón de que vuestros polvos post bonca sean tan tremendos está en la excitación causada por el enfado previo.

No siempre vale

A través del sexo se sublima la agresión. Ciertísimo. Pero si no existen besos y ternura, el pifostio, el problema base vamos, no se solventa y el sexo no termina arreglando nada. Esta creencia popular que sostiene que todos los problemas se solucionan en la cama provoca que no pocas parejas dejen para mañana la resolución de sus malos rollos. Con esta postergación infinita de los conflictos de la pareja para un porvenir que jamás llega, el sexo se convierte en una terapia contraproducente. Hay que hablar, la comunicación es básica y no me cansaré de decirlo. 

En las parejas más estables y exitosas, esas que rezuman bienestar conjunto, compenetración y un exultante buen rollo, el sexo implica además de atracción física y pasión, sentimientos. Muchos y muy buenos. Difícilmente se pueden tener relaciones sexuales satisfactorias si existen problemas por ahí bambando y rendijas sin resolver. Si la pelea es monda y lironda el sexo puede ser un buen aliado para aligerar la desavenencia, pero si las broncas son continuas y esa necesidad de acabar en la cama después de discutir es permanece en el tiempo, el erotismo naufragará titánicamente. Y con ella la relación de pareja.

Hombres vs mujeres

Después de un capítulo de sexo de reconciliación hombres y mujeres funcionamos de manera distinta  A la mujer la bronca no se le pasa, mientras que el hombre actúa como si no hubiera pasado nada, rollo aquí paz y después gloria. Para evitar que el erotismo post bronca termine fusilando a la pareja hay que entender que hombres y mujeres tenemos estructuras psíquicas diferentes. ¡Ataques bienvenidos! Como siempre.

Aviso a os lectores y lectoras: Para un mejor entendimiento de los sexos, el hombre tiene que aceptar que la mujer no posee la capacidad de poner los problemas a un lado y follar como si no hubiera pasado nada. Y la mujer tiene que saber que los hombres sí pueden discriminar y que para muchos de ellos el sexo no es más que un resorte para desestresarse, relajarse y aliviar las tensiones cotidianas.

No sé qué pensaréis vosotros de zanjar la riña con una sesión de sexo, pero desde luego follar es infinitamente mejor que acabar como los Rose. A ostia limpia.

 A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Los mejores preliminares sexuales para volver loca a una mujer

Querid@s,

Hoy me dirijo exclusivamente a los varones. A nuestros, novios, amantes y consortes. Préstenme atención caballeros, porque antes de meterla en caliente, hay que precalentar el horno y encender la chispa. Como canta The Boss, you can’t start a fire without a spark (algo así como sin chispa no hay fuego).

Si no me equivoco, ustedes los hombres están diseñados para fecundarnos a la mayor brevedad posible, pero a nosotras nos va más eso de vísteme despacio que tengo prisa. Hay que joderse. De nuevo no nos aclaramos ni para follar. En las cuestiones amatorias, no siempre todo va a ser llegar y besar el santo, porque los benditos preliminares importan. Y mucho. Me temo que hay que prestarle más atención de la que estiman oportuna a los prolegómenos sexuales, que en ocasiones, nos encienden más que la penetración. Sobre todo si nos encontramos ante un micro pene. Y no se me ofendan, es sólo un pequeño guiño.

Nadie debería posicionar los preludios del sexo a la cola en los rankings de las experiencias sexuales, pues no en vano, durante los mismos se desarrolla la excitación de la pareja y la lubricación de los genitales de ambos.

¿Que cuánto tienen que durar?  No hay normas ni prisas querid@s, salvo que sólo tengan tiempo para uno rapidito y fuera. Los preliminares pueden perdurar lo que dura un parpadeo o hasta varias horas antes de pasar a la fornicación pura y dura. Tampoco se duerman en los laureles, que el polvo es para hoy. Los profesionales de Durex dicen en su célebre Informe Durex que para que todos queden satisfechos y nadie se queje, el asunto preliminar debe durar más de 21 minutos.

derecho-a-roce

No es preciso que se haga todo de golpe, ni en el mismo polvo, como pollos sin cabeza, como quien sigue la lista de la compra por el supermercado. Se trata de ir innovando, probando cada día una cosa y comparando los resultados. Aprender qué teclas y cómo tocarlas para afinarnos como a una guitarra. De lo que se trata durante los preliminares es de calentar motores, de ir subiendo la temperatura para que cuando llegue el momento del folleteo puro y duro, todo esté a punto de caramelo.

Ahora sí, vayamos al grano. Sus variedades son infinitas, desde la más leve invitación a través de la palabra, pasando por miradas lascivas o maniobras descaradas que invitan a la lascivia, incluyendo tocamientos sin querer. O roces absolutamente premeditados.

Comenzamos..

1. Atrezo: Una estancia decorada con esmero, unas sábanas limpias y que el ambiente no huela a tigre siempre harán del acto sexual una experiencia más placentera. Eviten dejar la ropa tirada por el suelo, es altamente desaconsejable. Es posible que si una mujer observa toda esta juerga de ropa sucia, ustedes no la vuelvan a ver. Nada de polvo, el único polvo que debe haber es el que están a punto de echar. No se olviden de poner su playlist particular, esa que tienen bautizada como Música para follar. Solo les digo que intenten evitar los temas manidos, sean un poquito originales. Aunque algunos nunca fallan.

2. Vayan limpios y aseados, por favor. Nos gusta que huelan bien, a pan recién hecho, a canela o simplemente a hombre. Personalmente me conformo con que no huela a tigre o lleve una sugerente colonia. ¿Entendido tigre? Nada de fragancias pachuli o le pondrán de patitas en la calle.

3. Desnúdenla. Desnudar al otro, en este caso a la otra, es un arte. A veces rápido y con fuerza desmedida, otras despacito y con buena letra. Vayan deshaciéndose de cada capa y observen como su cuerpo se estremece. Obsérvenlo como si fuera una obra de arte y háganselo saber.

4. Sean ese hombre que susurra guarradas al oído. Díganle cositas lindas y románticas o frases más caviladas, sexys y húmedas. Los angloparlantes lo llaman sexy talking. En algún momento, en algún lugar, alguien sugirió que “la mejor forma de llegar a los ovarios es por la trompa de Eustaquio”.

5. Bésenla. De todas las maneras posibles, en todos los rincones que encuentre en su cuerpo. En la cara, en la boca, en el cuello, en las manos, en los pies, en las orejas. Con o sin lengua. No se olviden de los pechos, nos encanta que nos coman las tetas. Es un hecho. Y el culo. Y el sexo. Con cariño, con deseo y con mucha pasión. Cómansela a besos. O a  mordiscos.

6. Tóquenla y magreenla. Metan mano allá donde puedan. Deténganse en cada recoveco. Manoseen, palpen, acaricien. Recuerden que las tetas no son bolas anti estrés, son tetas. Trátenlas como se merecen, tóquenlas como lo que son. Hablaremos de este tema en el futuro. Y a nosotras, acaríciennos como si fuéramos una mariposa, como si fuera la última vez que fueran a tocar chicha.

7. Si son de los que les gusta el sabor del lado salvaje de la vida, y del sexo, recuerden que siempre hay tiempo para los juegos de roles. Si hay confianza, se atreven y los dos están predispuestos, pueden jugar a los médicos. O jugar a una de profesores y alumnos. Si les pone el rollo galáctico, ella puede ser la princesa Leia y usted Han Solo. O al revés.

8. Accesorios calentorros: No a todo el mundo le van estas historias, pero si no le hacen ascos a los juguetes sexuales, pueden hacerse con geles, plumas, esencias, ungüentos comestibles y aceites destinados a nuestras vergüenzas que nos ponen on fire. También dildos y vibradores (también les hablaré de los mejores en el futuro). A estas alturas de la faena, a la chica se le debe de estar haciendo el chichi Pepsi cola.

Si esto se le queda corto, definitivamente lo suyo son las tendencias hardcore. Desde que apareció Grey, ya nada volverá a ser como antes. Véndenle los ojos, métanle una bola china en la boca, átenla con unas esposas (mejor de cuero, las tipo carcelarias pueden fracturarle la muñeca), y denle unos azotes. El mundo hardcore no tiene límites.

9. Ahora es el momento de comérsela entera. Pongan toda la carne en el asador y no se dejen nada en el plato. Que es de mala medicación. Devórenla, porque hoy es noche de sexo. Y demuéstrenle que nadie la va a tocar como ustedes. Ha llegado la hora de la verdad, el de todo para adentro. Por fin les toca el turno a su herramienta particular. Aquí querid@s, ya les dejo solo ante el peligro. Esta es su batalla y confío en que sabrán librarla de manera infalible, como un gran follador. Recuerden que las azotainas, los tirones de pelo, la intensidad de las embestidas y las introducciones del pene por orificios alternos al habitual dependen del gusto de la consumidora. Escúchenla, obsérvenla, entiéndanla. Y cumpla sus fantasías, a ver si es verdad.

A por ella y denle caña machotes. Y usted señora, suéltese la melena y sea esa que en la calle es una dama y en la cama, una puta.

Que follen mucho y mejor.

Contigo pan y cebolla, pero no me ronques por favor

Querid@s,

Me pongo en el supuesto de que conozco a un hombre estupendo.  Es bueno, me estimula intelectual y físicamente. Me despierta admiración, ganas de estar con él a todas horas. Y todo parece que a él le ocurre lo mismo. Pero conforme pasan las noches que duermo a su lado me doy cuenta. Poco a poco me voy dando cuenta de que no es que esa noche se ha puesto hasta  arriba de beber y comer, no es que está constipado, no es que ha dormido en una mala postura o esa noche se ha pasado con los reflujos gastroesofágicos. Ocurre lo inevitable, y es que ronca. No respira fuerte, ronca como un desatado.

Más de una vez he dormido, más bien intentado dormir, con alguien que roncaba como si fuera a acabarse el mundo. Jamás nos hemos vuelto a ver, y no precisamente por los ronquidos. Simplemente no hubo más feeling que el que nos unió en ese momento. Pero cada vez que pienso que habré de compartir mi vida con un hombre que ronca, me pongo mala sólo de visualizarlo. Las respiraciones fuerte son tolerables, los ronquidos leves perdonables, pero los ronquidos de mastodonte, para mí, serían insufribles. Con todo el dolor de mi corazón. Y de mi cabeza.

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¿Pueden los ronquidos acabar con una historia de amor? A mí no me interesa la religión que profese el tipo que me gusta, ni los billetes que tiene en la cartera, ni siquiera el tamaño de su pene, ni si es guapo o no tan guapo, pero roncar es otra historia. Este trastorno puede llevar a las parejas por la calle de la amargura. De hecho, la Asociación Británica del Ronquido y la Apnea del Sueño cita estudios que demuestran que los ronquidos son incompatibles con la vida en pareja, hasta el punto que provoca más irritaciones, más divorcios y más tragedias familiares que los mismísimos celos.

De mis amistades, una de cada tres parejas (más o menos) reconoce que su vida sexual se ve seriamente dañada por esta causa, con el plus agravante de que los roncadores privan a sus parejas de dos años de sueño por cada 24 de vida en común. La cosa es tan seria que el Medical Sleep Center de la Universidad de Illinois demostró que las parejas en las que un miembro ronca tienen una tasa de divorcio mucho más alta que la media que no ronca.

Creo que no es una frivolidad y creo firmemente que roncar más de lo aguantable para el prójimo puede acabar con la relación. Especialmente, si los ronquidos se detectan al principio de arrejuntarse o si la relación de la pareja no es lo suficientemente sólida. Descansar es básico y si uno no duerme, está jodido. Pero no poder dormir junto a la persona que quieres es mucho peor.

Cuando la situación es desesperante, cuando no hay breathe right que valga, cuando el roncador ya no sabe ni cómo ponerse para no ser un fastidio, cuando toca despertar constantemente al otro, cuando víctima y verdugo comienzan a mostrarse irascibles, el uno porque le despiertan cada dos por tres, y el otro porque no puede pegar ojo, el momento cama puede ser letal. Si es usted uno de ellos y está al borde de un ataque de nervios, o peor, del divorcio, esté atento y vean estos truquitos.

Y sigan estas instrucciones:

Duerma de lado. Los ronquidos disminuyen en esta postura, ya que la garganta no se tapa.

Duerma sin almohada: De esta forma no se bloquea el paso del aire y disminuye el ronquido.

Levante la cabecera. Coloque dos bloques en la cabecera de su cama. La respiración y el ruido es menor.

Duerma lo necesario, ni más, ni menos. Respete los horarios de sueño.

Mejore sus hábitos. Lamentablemente los vicios no vienen bien. No fume, no consuma alcohol antes de acostarse, no se atiborre a pastillas para dormir y trátese cualquier alergia respiratoria.

Si ni con nada de esto la cosa funciona y ya no saben lo que es dormir del tirón y soñar con los angelitos a causa de los ronquidos de la persona amada, consulte a su médico o a un terapeuta de pareja.

Lo que ha unido el amor, que no lo separen los ronquidos.

Que follen mucho y mejor.

El petting ha vuelto

Querid@s,

El magreo, coloquialmente franela, faje, vuelve a estar de moda. Y a nuestras alcobas. ¿Quién no recuerda el famoso petting, mal denominado follar con ropa? Teníamos 15 años y por aquella época algunas pensábamos que el sexo eral era hablar de sexo. Recuerdo esos besos, frotamientos y caricias, siempre con la ropa puesta. Y ese roce insistente y repetitivo, uno encima del otro, con los vaqueros siempre de por medio. Y de tanto roce, surgía el cariño. Y los mayores calentones insatisfechos que he tenido en mi vida.

Se acuerdan de ese subidón de pensar que lo que estabas haciendo era pecado? Pero qué bien sabía. No había ni pizca de penetración, ni vaginal ni anal, porque aquello era cosa de mayores. El petting nos lo hemos copiado de los ingleses / americanos y procede del verbo to pet, que no sólo tiene un significado sexual, pues también implica acariciar y besar a los animales de compañía, o los mimitos que dan las mamás y los papás a sus bebés.

¡Petting, amor mío, qué recuerdos! Qué manera de rozarse y refregarse en los oscuros callejones de la urbanización, en cualquier parque, en la cama cuando papá y mamá no estaban. Noches en vela recordando aquel sexo adolescente y seguro que se practica cuando se podía.

Barbie y Ken

Recuerdo cómo en el patio del colegio, y entre amigas, nos contábamos las cochinadas que habíamos hecho el finde o la tarde anterior, si había peligro o no, si te podías quedar preñada o ni de coña. De tanto comentar las jugadas descubrimos que había varios grados de petting. El primero, sólo besitos y caricias. Aquí se quedaban l@s más cast@s, lo que por entonces llamábamos  puritanos/ estrechas. El segundo grado era ya vivir al límite: meter mano, POR ENCIMA de la ropa. L@s más madur@s y precoces incluso se atrevían con meterse mano POR DEBAJO de la ropa hasta quedarse en cueros y masturbarse mutuamente. Realmente, en aquella época, con quince años, en MI entorno, aquello era un auténtico escándalo.

El petting emanaba de nuestro cuerpo de forma animal y natural. Las caderas se movían al libre albedrio y las manos se guiaban sin mapas hasta tocar teta o paquete. Pasábamos largas horas frotándonos y refrotándonos hasta llegar al escozor. Y al final ellos se iba con mucho dolor de huevos en forma de frustración sexual y nosotras nos mojábamos las ganas en el café. Pero por aquel entonces, el petting era lo máximo a lo que se podía aspirar. El lado oscuro todavía no entraba en nuestros planes.

Practicantes del petting en un pasado, treintañeros y/0 padres de adolescentes que l@ petan hoy…el petting ha vuelto. Y amenaza con quedarse. Una historia que comienza con petting, jamás puede tener un final infeliz.

Que follen mucho y mejor.

¿Cuál es el mejor momento para el sexo?

Por la mañana, en la siesta, por la tarde, por la noche… ¿Varía el apetito sexual según la hora y el día de la semana? Varios estudios sobre libido masculina y femenina concluyen que sí, que las hormonas y los biorritmos influyen, aunque los resultados que he encontrado son totalmente contradictorios. Por ejemplo, uno, encargado por la revista británica Women’s Health, deduce que el clímax sexual entre las mujeres se produce los sábados por la noche, mientras que otro de la London School of Economics afirma que ellas prefieren las mañana de los jueves para tener relaciones sexuales.

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A mí que me perdonen, pero esto de los jueves por la mañana me parece una memez. A menos, claro, que estemos hablando de un jueves de vacaciones, pero en ese caso valdría cualquier día de la semana. Esto es lo primero que tendrían que tener en cuenta los dichosos estudios, porque anda que no varía el asunto si estamos en días laborables, madrugando y trabajando a tope; si estamos en fin de semana o si, como decía, andamos de vacaciones. El panorama cambia radicalmente.

La mayoría de las investigaciones al respecto deducen que los horarios matutinos favorecen la segregación de testosterona en los hombres y de estrógeno en las mujeres. Es decir, que las respectivas hormonas sexuales de ambos son bastante mayores al comienzo del día. No deben de andar muy desencaminados estos estudios, porque la mayoría de los que he consultado han elegido este momento como su favorito. Eso sí, siempre y cuando no estemos hablando de días entre semana con trabajo de por medio. Me cuentan que en ese caso se suelen levantar con el tiempo justo para ducharse y salir pitando, así que tanto a ellos como a ellas les queda poco tiempo para disfrutar de las famosas erecciones mañaneras.

Pero cuando llega el sábado, ya es otra cosa. Muchos han sido también los que, pensando en el fin de semana y en el tiempo de ocio, han optado por la siesta para remolonear entre las sábanas. Tengo que aclarar, no obstante, que estoy hablando de parejas más o menos estables. Cuando he preguntado a solteros/as o parejas recién formadas, las respuesta ha sido unánime: cualquier momento es bueno. Claro, así cualquiera.

Sexercise, o cómo ponerse en forma practicando sexo

Siempre se ha dicho, pero resulta que ahora lo acaban de demostrar: el sexo adelgaza. Bueno, en realidad no es que adelgace, sino que equivale a una sesión considerable de ejercicio físico. Concretamente, a 30 minutos de jogging, running, o cómo demonios se llame ahora a salir a correr, ya sea en el parque o en una máquina de esas en las que siempre estás en el mismo sitio. Claro que, para eso, tienes que estar una hora dándole que te pego. ¿Quién narices aguanta tanto?

Así se desprende del estudio que un equipo de investigadores de la Universidad de Quebec en Canadá acaba de publicar en The Public Library of Science. Según sus descubrimientos, los hombres gastan 120 calorías durante una media hora de sexo, mientras que las mujeres consumen 90 (¡¡¿quiere decir esto que ellas se mueven menos??!!). Esto es casi la mitad de lo que quemarían en una marcha a buen paso de 30 minutos. O lo que es lo mismo, 4,2 calorías por minuto de sexo para ellos y 3,1 para ellas. Es lo que llaman Sexercise.

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Para llegar a semejante conclusión eligieron a un grupo de 21 parejas sanas con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años, que tuvieron que mantener relaciones sexuales una vez a la semana durante un mes. Además, corrían moderadamente sobre una cinta durante 30 minutos semanales. La relación sexual en sí, según el estudio, comprendía los llamados juegos preliminares, el coito y al menos un orgasmo por parte de uno de los miembros de la pareja. Resultado: “El sexo puede ser considerado un ejercicio físico significativo”, concluyen los investigadores.

“La actividad sexual es una actividad importante y relevante para la vida humana y parece tener un impacto en la salud mental, física y social, así como la calidad de vida del individuo. Considerando que puede ser una de las actividades más practicadas regularmente durante toda la vida de las personas, parece importante llevar a cabo investigaciones sobre este tema”, añaden.

Pues que sigan investigando, que está muy bien, pero vamos, que digo yo que no hace falta invertir mucho para saber que follar implica ejercicio físico. La novedad de esta investigación, eso sí, radica en que han cuantificado por primera vez hasta qué punto, con el número de calorías y todo ese rollo. Por cierto que, para terminar, los participantes hicieron saber al equipo de investigadores que el sexo les resultó más placentero que el ejercicio puro y duro… Nos ha jodío.

Separados que quieren volver a casa por Navidad

La dejó de la noche a la mañana. Un día cualquiera de este otoño reciente, solo horas después de una comida familiar y una siesta con polvo incluido. Mirada perdida, unos cuantos suspiros para provocar los miedos y la conversación y voilà, un disparo a bocajarro y sin anestesia. La historia, aburrida de tan corriente. Que si tengo que encontrarme a mí mismo y vivir cosas nuevas, que si eres la mujer más maravillosa del mundo pero necesito estar un tiempo solo… Eso, en cuanto al manido discurso de manual; la verdad, como casi siempre, tenía nombre de mujer. El de otra, claro, una desconocida llegada tan solo unos meses antes a la oficina.

Tras la bomba y el aturdimiento iniciales ella vivió su duelo, con todas sus etapas. En ninguna de ellas él mostró el más mínimo signo de arrepentimiento, duda o siquiera compasión. Sin embargo, a medida que la Navidad se acercaba, empezó a dar sospechosas muestras de acercamiento. Aparecía por la casa con cualquier excusa, adoptó un estúpido tono paternalista y no dejaba de curiosearle los planes.

Comida de NavidadLa guinda llegó anoche, cuando con cara de corderito a punto de ser degollado le soltó con ojos llorosos que estaba confundido, que la echaba mucho de menos y que por qué no cenaban todos juntos en Nochebuena y comían en Navidad, en familia, como siempre. Daba la casualidad de que la chica de la oficina, que era de la otra punta de España, se iba a pasar las fiestas con su gente.

Mientras me lo contaba, no pude evitar acordarme de mi madre y de su horda de amigos jseparados, todos cincuentones. “Los ‘medias pagas’ siempre vuelven a casa por Navidad”, le he oído decir toda la vida. Así es como llama ella a los/las separados que tienen que pagar pensión a sus ex por los niños, etc. “Estas fiestas son muy malas, te remueven por dentro y la gente quiere volver a donde se siente seguro”. En definitiva, volver a sentir de cerca el calor del hogar perdido.

Mi madre es un poco chunga, lo reconozco, pero cuando hago un repaso a los amigos de la familia veo multitud de episodios en los que no ha parado de repetirse ese patrón. Y justo cuando empezaba a creer que era cosa de hombres, resulta que me entero de que la chica de la oficina, la de la otra punta de España, en realidad no se ha movido de la ciudad. Y no lo ha hecho porque ha preferido quedarse estos días a compartir el turrón con el que hasta hace poco ha sido su novio. El mismo al que hace unos meses le dijo que necesitaba tiempo, espacio para pensar. El mismo con el que ha compartido los últimos cinco años. Cosas del espíritu navideño.

Felices fiestas a todos.

Candados para penes, nuevos modelos para juegos eróticos

No, no es broma. Es el producto estrella de la empresa CB-X: un candado para penes. Tal cual. La primera aplicación de la que hablan sus creadores es para prevenir infidelidades, en plan cinturón de castidad del siglo XXI, aunque sinceramente creo que lo dicen de coña. Cuando describen sus otros usos, en cambio, ya vas entendiendo mejor de qué va el rollo.

Se trata de una especie de funda de plástico resistente e hipoalergénica, con diferentes tamaños y acabados. En la parte más cercana a la base del miembro tiene un dispositivo para colocar el candado, de manera que solo podrá ser retirado por la persona que posea la llave. Y ahí es, según dicen, donde reside la gracia.

candado pene

Cb-x.com

“Lo están comprando hombre y mujeres por igual”, afirma la empresa, que divide en dos grandes grupos a sus compradores. Por un lado, fetichistas; por otro, parejas que quieren explorar su sexualidad y disfrutan practicando juegos sexuales. En este caso, se trataría del juego de la llamada “castidad forzada”.

Es decir, el responsable de las llaves tiene el poder, un control absoluto sobre el placer del usuario del candado, que tendrá a su vez que complacer a su “carcelero” para poder recibir la satisfacción que ansía. Algo en plan sufre mamón, devuélveme mi orgasmo. Aseguran, además, que también lo están empezando a usar sexólogos en terapias de pareja y en tratamientos personales de disfunción eréctil.

Pues nada oye, los más aventureros ya tenéis una idea más para regalar en estas entrañables fiestas. Yo, por mi parte, pecaré de tradicional. No es que quiera joderles el negocio, pero la verdad, gastarte 110 euros (sí, eso cuesta) en un trozo de plástico para que el muchacho en cuestión no pueda empalmarse a gusto y que pase las de Caín para orinar, pues no me pone mucho, la verdad. Eso o que me imagino a cualquier hombre desnudo con el cacharro metido en una funda de acabado madera o camuflaje al más puro estilo terminator y lo que me da son ganas de salir corriendo.

En fin.

Amores de ida y vuelta

Quedamos a cenar y enseguida me di cuenta de que tenía algo que contarme. Las tres veces anteriores me lo había olido, pero en esta ocasión consiguió sorprenderme. “He vuelto con Lidia”, me dijo, y habría jurado que sentía un poco avergonzado. Tardé varios segundos en responder, supongo que en parte porque pensé que me estaba vacilando, aunque al notar su malestar comprendí que era cierto e intenté disimular mi escepticismo: “¿¿¿¿De verdaaaaaaad????, ¿¿¿en serio???, ¡cuánto me alegro!. ¿Y cómo ha sido eso?”.

El cómo es lo de menos, era prefectamente capaz de imaginarlo, pero desde que me lo contó, hace ya varios días, no he podido dejar de pensar en ellos. ¿Qué es lo que lleva a estas dos personas, ambos listos, guapos y divinos de la muerte, a marear la perdiz una y otra vez durante la friolera de ocho años? ¿Por qué no cuajan, si tanto se quieren? Y si no es así, ¿por qué se muestran incapaces de romper del todo y rehacer sus vidas?

Elizabeth Taylor y Richard Burton

ARCHIVO

Ellos dicen que lo han intentado. En el caso de ella me pierdo, pero en el de él, que es al que tengo cerca, es una verdad a medias. Ha tenido mil líos, pero no lo ha intentado en serio con ninguna; ni una sola tuvo la más mínima oportunidad.

La primera vez eran demasiado jóvenes. El exceso de hormonas les llevó a cometer mutuas infidelidades. Él porque era él; ella por rencor… y luego por capricho. La bola de mierda se hizo demasiado grande y acabó llevándoselos por delante.Y ahí han seguido durante todos estos años, unidos por un hilo invisible que nunca rompen y que siempre les lleva de vuelta al mismo lugar, al uno frente al otro.

“Vuelven porque prefieren lo malo conocido”, “no han encontrado a la persona adecuada”, “todos sus amigos están emparejados y se sentían solos”… Son algunas de las frases que he escuchado sobre ellos esta última vez. Yo misma llegué a colarme por el agujero pestilente del que se cree en posesión de la verdad. “¿Por qué se empeñará la gente en relaciones que ya están agotadas?”, me dije.

Este fin de semana estuve con ellos. Ella había regresado tras dos años viviendo en Londres y daba una fiesta en su nueva casa. Lo que vi no fueron dos viejos conocidos, sino miradas cómplices y serenas, ojos y manos que se buscaban, besos acumulados. Va a ser que estos dos se quieren, pensé. Y aunque no fuera así, ¿quién narices soy yo para juzgarlos?

Amistad, amor… y traición

Eran tres parejas jóvenes, de treinta y pocos, y parecían muy amigos. Puede que estuvieran de celebración o, simplemente, que hubieran salido a cenar solo por el placer de disfrutar de su compañía mutua. Resultaba obvio que no era la primera vez.

Entre el ruido de ambiente propio de un restaurante en Malasaña (Madrid) un sábado por la noche era difícil alcanzar a entender nada de lo que hablaban, pero saltaba a la vista que lo estaban pasando en grande. Bromas, anécdotas, carcajadas… Desprendían complicidad y buen rollo, con risas que sobresalían del resto y contagiaban a todos los presentes. Parecían felices.

copas y amigosReconozco, que, desde mi mesa, alguna vez los miré con envidia. Podría decir que era de “la buena”, pero ¿realmente eso existe? Yo estaba allí porque mi amigo Nacho es uno de los camareros y, cada vez que puede, se tira el rollo y nos hace suculentos descuentos a los amigos más pobres. Era él quien atendía a la mesa del amor y la diversión.

El caso es que terminamos la cena, pagamos y nos fuimos al garito de al lado a tomar una copa mientras esperábamos a que Nacho terminase su turno. Al salir dediqué una última mirada al grupo de amigos, que allí seguía, a lo suyo. Pude ver a una de las chicas con lágrimas en los ojos de la risa, mientras otra chocaba la palma de la mano con el chico que tenía enfrente, en plan equipo.

Una hora y media después, cuando apareció Nacho, sacó algo del bolsillo del abrigo que nos dejó a cuadros. Un posavasos. “Lo he encontrado al recoger la mesa de esos seis”, dijo. En el reverso podía leerse: “Llámame luego, cuando Laura esté dormida. A la hora de siempre. Me muero de ganas de ti”.