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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘sexo’

¿Provida de quién?

Poco después de cumplir los 18 años, esperaba al otro lado de la puerta de un servicio público de una conocida estación de autobuses madrileña a que una amiga meara en un palito.

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Estábamos asustadas, con un nudo en la garganta y la cabeza llena de interrogantes. La universidad acababa de empezar, la independencia era nula y lo único que se nos acumulaba, además de los apuntes, eran los miedos de lo que podría suceder desde ese momento.

Aquello salió negativo y nos quitamos un peso que volvería años más tarde. Solo que esa vez el resultado sería distinto.

Y si a mí se me vino el mundo encima, no os quiero contar cómo estaba mi amiga.

Porque por mucho que le habría gustado que fuera de manera diferente “no tienes dónde caerte muerta” y entiendes que ser madre no es solo la acción biológica de reproducirse.

Ser madre es una responsabilidad, la de poder dedicarles a tus hijos el tiempo que sea preciso y de poder proporcionarles los medios para salir adelante.

Pero mi amiga, con un contrato de prácticas de 40 horas semanales, de esos que tanto abundan aun cuando hace tiempo que has acabado la universidad, cobrando poco más de 300€, mientras vivía con sus padres, y un novio que solo se dedicaba a estudiar, lo tenía complicado.

Ella sabía que continuar solo habría significado no poder seguir trabajando y, por tanto, pedirle ayuda a sus padres y suegros para criar a la criatura. Es decir, sacrificar el presente de varias vidas, la suya, la de su pareja y la de los padres de ambos, por el hipotético futuro de una.

Esos fueron sus motivos para no seguir adelante con el proceso, y qué menos que poder tener la opción de ser tú, y nadie más que tú, la que decides sobre tu propio cuerpo.

La diferencia es que mi amiga es española y abortó, algo que no habría podido hacer si hubiera sido argentina. Porque una vez más, se nos ha quitado a las mujeres la posesión de nuestro cuerpo. Tu útero no es tuyo, es terreno a legislar.

Y cuando son hombres los dos tercios de los votos afirmativos, para aprobar la ley que prohíbe el aborto, queda claro quién está mandando sobre nosotras.

A las mujeres argentinas les han quitado la voz y la opción de decidir libremente su maternidad. Solo queda preguntarnos por qué, en pleno siglo XXI, cuando se toma una medida provida es la vida de la mujer la menos importante.

Duquesa Doslabios.

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La desmitificación del sexo en la ducha

Hoy quiero hablaros del sexo en la ducha, esa experiencia que todos nos empeñamos en probar y que a veces termina con dramáticos resultados.

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Por el calor, es uno de los clásicos del verano, como los minis de sangría o los selfies en azoteas de moda de la ciudad de turno.

Sin embargo, para mí, el sexo en la ducha es como ver una película de DC, nunca es como me lo esperaba y no suele estar a la altura de mis expectativas.

La culpa la tiene, o al menos en mi caso, la imaginación y su manía de convertir todas mis ocurrencias cotidianas en un material digno de película pornográfica de calidad (no de esas censuradas).

El agua resbalando por los cuerpos desnudos o las manos en contacto formando espuma son imágenes que funcionan para cualquier escena, pero en la vida real el agua no es de ayuda para lubricar nada.

De hecho se convierte en un incordio más que en un estimulante a no ser que se aplique en zonas concretas y a chorro (ejem, clítoris).

Y eso sin contar que suelo ser de las torpes que, no me preguntéis cómo, suele terminar siempre con champú dentro del ojo retorciéndose de dolor.

Tanto mi pareja como yo somos altos, por lo que, a no ser que encontremos una ducha de varios metros cuadrados en algún hotel, la ducha media no nos deja mucho espacio para experimentar con las posturas.

De hecho, por mucho que nos guste la creatividad, la ducha te permite dos posiciones: el perrito de pie contigo despachurrada contra la parte de los grifos o el misionero vertical que requerirá de tus habilidades y equilibrios para no terminar desnucada.

Hay momentos que no sé si estoy en pleno polvo o echando una partida al Twister.

Es por eso que, siendo sincera, prefiero la ducha como calentamiento justo y necesario, pero terminar la faena en la cama. Nada mejor que ir con un poco de humedad para compensar las altas temperaturas que va a alcanzar la habitación.

Además puedes aprovechar que tienes los botes a mano y llevar una crema de esas resbaladizas para seguir el juego.

Duquesa Doslabios.

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“La viagra es lo peor que nos ha pasado a las mujeres en los últimos 15 años”

Contundente y sin pelos en la lengua, declaraba Diane von Furstenberg al diario británico The Times sobre las pastillas azules afirmando que eran lo peor que nos había pasado a las mujeres.

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Y es que para la diseñadora, habían inclinado la balanza a favor de los hombres al conseguir que no tuvieran que enfrentarse en términos de cama a la misma lucha que nosotras.

El paso del tiempo afecta a todos los aspectos de la vida, y el sexual no es la excepción. Forma parte de la vida y era algo que se debía asumir buscando alternativas para seguir manteniendo una vida sexual de calidad y saludable.

De esta manera los hombres deben enfrentarse a la dificultad a la hora de conseguir una erección así como las mujeres, por la decadencia de la fertilidad, a la dificultad para lubricar o la disminución del deseo.

Para la diseñadora en la cama, había, por decirlo de alguna manera, justicia sexual ya que aunque los hombres puedan seguir siendo padres tiempo después de que hayan pasado los años fértiles de la mujer, en el campo sexual se estaba en el mismo punto, ya que ellos tenían que asumir la realidad de volverse impotentes.

“Para los hombres todo trata sobre que se te levante. Había cierta justicia. Una mujer no puede tener un hijo pasados los 40, ¿verdad? Pero los hombres pueden tener hijos hasta los 65, aunque sexualmente no sea igual. Ahora con la viagra eso ha cambiado, es lo peor”.

Coincido con Diane von Furstenberg en que la viagra elimina el dilema de los hombres de raíz, dejándonos a nosotras en una clara desventaja. No es ya solamente la diferencia física a la hora de mantener una relación sexual, sino la emocional al eliminar la condición solo a una de las partes, algo que, amantes de los deportes, no se considera juego limpio.

Por supuesto que estoy a favor de mejorar la calidad sexual, pero de mejorar la de todos por igual y no la de centrarse únicamente en el disfrute masculino, algo muy característico de la visión androcentrista que caracteriza a nuestra sociedad.

Así que, queridos laboratorios farmacéuticos, por favor, no nos dejéis solas en esto. Echadnos una mano o las dos, porque creedme, al igual que los hombres, nosotras no queremos dejar de tener sexo.

Duquesa Doslabios.

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p.d.: Y no, los geles lubricantes NO compensan la falta de hormonas. De nada.

Sexo veraniego: hacerlo sin sufrir un golpe de calor

Quien dijo aquello de “La primavera la sangre altera” no conocía el verano (o al menos esa sensación me da). Si hay una estación que me revolucione, es esa.

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Será la falta de ropa, el bronceado o lo de dormir desnudos por el calor, pero la rutina se convierte en una especie de trama en la que los protagonistas tienen muy poca ropa y mucho tiempo libre para eso que más les gusta hacer(lo).

Pero claro, dos cuerpos en contacto terminan teniendo la misma temperatura, o algo así decía una ley de la física. Y al final las zonas de la piel con riesgo de incendio se convierten en un calor que llega hasta el hueso.

Como prescindir del sexo no es una opción durante los tres meses del verano, voy en busca y captura de alternativas para no morir de un golpe de calor.

Si no hay aire acondicionado, siempre puede hacer el apaño un ventilador o, en su defecto, esperar a las horas más frescas de la noche, cuando ya no hay sol criminal.

Las ventanas, balcones y terrazas son el nuevo must have del verano, el dormitorio estival, el 2×1 que además de aire fresco en la cara, lo da también al encuentro, por aquello de tener estrellas a modo de techo (aunque en Madrid se puedan contar con los dedos de una mano y te sobren varios).

El verano es la estación oficial del sexo al aire libre aprovechando cualquier excusa, que si turismo, un día en la playa, excursión por la montaña, camping, festival de música comercial

Y recordad que hay que hidratarse constantemente para evitar los mareos o agotamientos característicos del cardio indoor, ese ejercicio en el que sustituimos montar la bicicleta estática por la persona inestática (afortunadamente).

Una botella de agua a mano apaga la sed y enciende las ganas de continuar, si se utiliza en el modo correcto, por supuesto.

Duquesa Doslabios.

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Estás cordialmente invitado a mi orgía emocional

Tengo una idea, hagamos un trío esta noche: tú, yo y la cama. Porque sí, porque me apetece, porque quiero compartirte un poco y terminar con la habitación llena de rastros, prueba de un crimen pasional en el que lo único que nos cargamos fueron las ganas de dormir (o las de despertarnos).

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Será testigo la manta, que podría ser llamada a declarar mostrando las arrugas incriminatorias a lo largo y ancho de las sábanas. Mi piel, en cambio, guardaría silencio en el estrado, cómplice de tu modus operandi fácilmente adivinable siguiendo las marcas de los besos húmedos bien repartidos. No eres de dejar vacíos.

Los sutiles van por el cuello y los otros se pierden con lengua de por medio allí donde tú ya sabes. El sitio que yo quiero saber que sabes y que sepas que bien sabe para ambos aunque solo uno lo saboree.

Quiero que hagamos un trío, uno de esos que puede convertirse en cuarteto en cualquier momento cuando el suelo (¡ay, el suelo! Ese que siempre tiene ganas de participar) nos termine llamando. Y que al final, me dejes entre la espada y el parqué, sin más elección que una erección, sin escapatoria.

Porque por mucho que la adrenalina del ‘Pilla pilla’ era que te persiguieran, no había nada más intenso que sentir que te habían pillado, que es justo como me siento contigo, total y completamente pillada. La diferencia que tengo con el juego es que cuando era pequeña tenía que correr para que no me pillaran y contigo es más probable que me corra después de que me hayas pillado el punto.

Vamos a hacer un trío que termine con el espejo, ese voyerista que no se cansa de asistir como espectador a nuestras fiestas de piel y endorfina y que alguna vez, de pasada, le he pillado devolviéndome la mirada.

Si siendo dos con él hacemos tres, vamos a seguir haciéndolo hasta que nos dupliquemos en su superficie y lleguemos al cuatro, o al cuarto orgasmo, lo que venga antes. Hasta que vea doble y sienta que mi reflejo, por mucho que parezca disfrutar de ti, tenga envidia de lo que estoy viviendo a este lado del cristal, porque solo una de las dos tiene las tres dimensiones de ti.

Y al final, después de tantos participantes, me daré cuenta de que no me importa cuántos invitados improvisados se unan a lo largo porque pase lo que pase siempre me voy contigo, y es eso precisamente lo que cuenta, que dentro y fuera me voy contigo.

Duquesa Doslabios.

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“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras”

Desde un tiempo a esta parte he empezado a ver como algo absurdo las etiquetas de “heterosexual”, “homosexual”, “bisexual”

YOUTUBE: HYSTERICAL LITERATURE

Nos acostumbramos a categorizar las cosas para que la mente esté más cómoda: esto es hombre, esto es mujer, el bote de azúcar, el de sal, las pastillas para el lunes, martes, miércoles…

Sin embargo nuestro cuerpo y mente a veces no conocen esas distinciones. Tendemos a ver la sexualidad como un partido de tenis: si la pelota cae a un lado de la red, punto para tu género. Si cae en el opuesto, punto para el género contrario.

Pero, ¿y si en realidad la sexualidad no fuera un lado u otro? ¿Y si la sexualidad fuera la pelota de tenis, es decir, algo que por mucho que caiga más veces en un lado, puede caer en el otro?

En mi experiencia personal, la cama es la cama y los límites de la piel cuando pasa a esta se vuelven difusos, como si realmente no existiera quién la ocupara, sino el placer que nos provoca el contacto.

A veces, de hecho, no hace falta ni que se dé. Un estudio realizado por una página de películas eróticas reveló que la categoría de vídeos preferida por el 80% de las mujeres que visitan el portal era la de sexo lésbico, algo que sexólogas afirman que sucede porque las mujeres empatizamos al ver a otra mujer excitada.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras, ya que hay una mayor carga erótica“, afirma María Hernando, sexóloga de Platanomelón.com.

Ya sea por empatía o porque socialmente está más aceptado en una sociedad machista que dos mujeres puedan sentirse atraídas, la excitación mental y la excitación física no siempre van por el mismo camino.

A fin de cuentas, la pelota no deja de ser pelota independientemente del lado de la red en el que caiga. El tenis, y la sexualidad, siguen siendo solo un juego.

Duquesa Doslabios.

Por qué la ‘siexta’ es mi momento favorito para tener sexo

No recuerdo dónde fue que leí que el mejor momento para tener sexo era por la mañana, recién levantados.

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Y yo, que nada más abrir el ojo tengo un humor que me hace más peligrosa que un tigre de Bengala, no podría estar más en desacuerdo.

Lo único que me quiero llevar a las manos y a la boca es una taza de café de esas que van bien cargadas y sin prácticamente leche, para espabilarme a golpe de cafeína.

Por mucho que hablen de lo beneficioso que es activar el cuerpo con un buen desayuno en forma de sexo (además parece ser que con la liberación de endorfinas empiezas el día de buen humor) es un momento que no va conmigo.

Para empezar porque, además de la necesidad vital del café, el desayuno para mí es más sagrado que una vaca dándose un paseo por la India. Intocable. Si encima tengo que esperar toda la noche para poder hacerlo, por cualquier cosa que se retrase muerdo.

Y no es por ser tiquismiquis pero llena de legañas, con el pelo pegado a la cara con baba y con ese maravilloso aliento matutino que nos caracteriza a los bípedos, no es que me sienta con talante como para excitar(me).

De todos los momentos del día, y si debo quedarme con uno como favorito, elegiría después de la siesta ya que es realmente cuando todas mis necesidades están cubiertas y puedo permitirme estar relajada y en paz con el mundo, lo que me ayuda a tener una predisposición positiva.

Después de una buena siesta ya no te sientes pesada por la comida pero tampoco muerta de hambre porque has estado ocho horas durmiendo (¿o sí?). No estás cansada y si te has podido echar una siesta es que dispones de tiempo para ti y para tu pareja.

Pero contadme, ¿cuál es vuestro momento favorito para los arrumacos? Os reto a que encontréis uno mejor que mi preferido (y acordaos de seguirme en Twitter y Facebook).

Duquesa Doslabios.

Masturbación femenina: los beneficios que (aún) no conocías

A veces me da la sensación de que el mundo se está yendo al traste cuando me encuentro en la tesitura de escribir un tema en el que a las mujeres os doy razones para masturbaros.

El clítoris: amigo, no enemigo. YOUTUBE

Amiga, lo de que va a producir ceguera, te van a salir granos o pelos en las manos estaba muy bien cuando el doctor Kellog quería evitar que los jóvenes practicaran el onanismo (y al final acabara creando los cereales) pero no es la realidad.

No te va a producir ninguna de esas cosas, obviamente tiene efectos en tu organismo, pero no son los que tu crees. Si es algo que no haces regularmente ¿quieres saber a qué te ayuda?

La masturbación no hace que bajen las probabilidades de que te corras teniendo sexo. Au contraire mon amour, conocer tu cuerpo, saber cómo son tus ritmos orgásmicos y en definitiva saber cuándo hay que seguir porque estás a punto de tocar el cielo (sensorial), es algo que se consigue con una única cosa: la práctica.

Por supuesto que puedes hacerlo con tu pareja, pero estando sola a tu rollo con tu musiquita, tu escena tórrida del libro que estás leyendo y tu mano (empleada en el modo que prefieras), estás más que preparada para pasar un buen rato (o varios).

En pareja te permitirá mejorar la comunicación, más que nada porque es mucho más fácil explicar algo con lo que estás familiarizada que tratar de indicarle a tu acompañante lo que tiene que hacer si tú eres la primera que no sabe ni cómo le gusta.

Los orgasmos producen espasmos en la zona vaginal, lo que consigue que se liberen tensiones musculares. No sabes lo bien que viene eso hasta que estás en plena crisis de “siento que me perforan el bajo vientre con un taladro” tan característico del ciclo menstrual (para algunas).

El ibuprofeno y el paracetamol vienen bien, sí, pero una dosis de orgasmo te permite relajar la zona y que el dolor se vaya antes. Además no tienes que esperar cuatro horas entre uno y otro.

Orgasmo llama a orgasmo, no sé si es un refrán, pero la posibilidad de tener otro se debe a que las mujeres no necesitamos tanto tiempo de recuperación como los hombres. Averigua cuántos segundos necesitas de “descanso” y vuelve a la carga. Porque uno está bien, pero dos (o tres) por el mismo precio, está mejor.

Así que después de leer esto, razones no te faltan. Las ganas son lo único que tienes que poner de tu parte.

Duquesa Doslabios.

¿Quieres mejor sexo? Hazte feminista

Si tuviera que resumir en una palabra lo que ha supuesto el feminismo en mi vida sexual, os resultaría familiar el término: orgasmos.

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Cuando empecé a tener sexo (me refiero a acompañada, claro, sola ya lo llevaba practicando bastante tiempo) aquello eran unos cuantos meneos, se corre, tiramos el condón y a dormir. Fin del cuento. Normal que no me pareciera para tanto.

Me preocupaba pensar que algo no funcionaba. Primero pensaba que era yo, pero, como os he dicho, había sido muy capaz de llegar al orgasmo yo sola sin que nadie tuviera que explicarme nada. No entendía por qué no me lo pasaba tan bien como en todas esas comedias románticas, en las que, solo con rozarse, ya llegaban los gemidos al cielo.

Y entonces lo entendí. Por supuesto que yo sabía cómo darme placer, eran ellos los que no. Y claro, iba a quedar muy mal que yo le llamara la atención a mi acompañante, o eso pensaba, por lo que me limitaba a fingir un poco y luego a terminarme la faena en casa.

Hasta que llegó el día en el que me di cuenta de que estaba viviendo en una mentira, una enorme, y que quería empezar a ser sincera, no solo con ellos sino conmigo misma.

Fui franca y los orgasmos falsos se acabaron, lo que hizo que vinieran los auténticos y esa brecha orgásmica descendiera.

Me di cuenta de que quería igualdad en la cama, que si él se corría, yo me corriera también. Y no era algo egoísta, ni que no quisiera que él no lo disfrutara, sino que ambos recibiéramos placer.

El feminismo me quitó la tontería de encima, la de los orgasmos y muchas otras, como por ejemplo los complejos. Comprendí (al fin) que tenía que quererme tal y como era y que aquello no cambiaba en función de si estaba más o menos depilada, de si mis tetas estaban o no caídas o de si el culo tenía celulitis, que daba exactamente igual.

Eso de “el macho tiene que mandar en la cama unga unga” era mi concepción pre-feminista. Mi yo feminista entendió que era más divertido compartir la “dominación” en el colchón y no ser siempre la que se deja llevar. Tomar la iniciativa y experimentar es algo también muy placentero.

Que me aburro

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Pero feminismo también es asumir la responsabilidad, entender que si algo sale mal no es que hayas topado con un mal amante y ya está, sino que está en mano de los dos hacer de la experiencia algo sobresaliente.

Con el feminismo aprendes a darle al sexo la importancia que tiene, mucho menor que la que me vendían en el colegio,  que, supuestamente, tenía que ir ligado siempre a un matrimonio con amor. Resulta que podía tener sexo con alguien solo porque me apeteciera y no pasaba nada. No se me ligaban las trompas de Falopio, no era una puta ni una guarra. Era una mujer disfrutando de su vagina (y de otras partes, sin duda).

Para todos aquellos preocupados que piensan que el feminismo está en contra del sexo, os diré algo, todo lo contrario. El feminismo le da a la mujer la libertad de disfrutar de su cuerpo, está a favor del placer que durante tanto tiempo hemos tenido prohibido.

Quiere la igualdad en todos los aspectos, quiere que puedas disfrutar de una buena comida y que te traigan a ti la cuenta, en vez de dar por hecho que va a pagar él, y que disfrutes sin complejos de los postres que ofrecen las entrepiernas.

Duquesa Doslabios.

Posiciones para tocar clítoris como si no hubiera un mañana

La penetración está muy bien, no te digo yo que no. Sobre todo si viene acompañada de complementos, como la ensalada.

Pero la penetración acompañada de meneo clitoriano es más placentera que explotar un grano (hoy me he despertado salida y escatológica, qué le vamos a hacer).

Los años de práctica como clitoriana me han hecho formar un top de posturas “Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo toco”:

5. En el último puesto: el perrito. Las embestidas traseras pueden hacer un poco complicado mantener un ritmo decente, es por eso que queda en el último puesto.

DOCTISSIMO

 

4. A cuatro patas invertida: esta postura permite que tu pareja se encargue de darle vida al asunto. Pero claro, entre el movimiento, la mano y demás, o tiene muchas habilidades o aquello termina más descuadrado que las ventanillas de los aviones.

DOCTISSIMO

 

3. De espaldas haciendo sentadilla: para las que no tardáis mucho va bien, pero las que necesitamos un poco de tiempo terminamos con el cuádriceps reventado, por lo que queda en el ecuador de la clasificación.

DOCTISSIMO

 

2. El misionero: parecía que no, pero la mano entra perfectamente entre pubis y pubis. ¿Lo mejor? Estás cómodamente tumbada y puedes elevar las piernas para experimentar con nuevas sensaciones.

DOCTISSIMO

 

1. Sentada encima (en el suelo): ponte en modo dominatrix y ordena a tu pareja que se tumbe bocarriba en el suelo (con una almohadita debajo de la cabeza, que ser dominatrix no significa que tengas que dejar al otro desnucado). Siéntate encima con las piernas flexionadas y ponte en modo rana saltadora. Importante que sea en el suelo ya que si lo haces en una superficie que no sea fija, tu pareja se mueve por la inercia y terminas perdiendo ritmo.

DOCTISSIMO

Y ahora mi momento favorito: cuéntame cuál es tu postura preferida para tocarte el clítoris (así podemos copiarte en cuanto tengamos oportunidad).