Entradas etiquetadas como ‘sexo’

Así es como puedes usar (más) el clítoris mientras tienes sexo

La teoría nos la sabemos: el clítoris es el órgano del placer, el botón mágico que se traduce en una sola cosa: orgasmo.

FACEBOOK LELO

Por eso en casa –tranquilas, tumbadas en la cama y despatarradas, con un libro en una mano abierto por la página de ese capítulo y la entrepierna en la otra-, conseguirlo es bastante sencillo.

Estando en compañía la cosa cambia. Ya hemos superado (por suerte) lo de tocarnos mientras tenemos sexo en pareja, pero llegar al clímax es a veces una odisea.

Dependiendo de cómo estés colocada, la mano se te cansa, lo que te corta totalmente el rollo cuando estás a punto de correrte.

Hay posturas en las que poder acariciarte parece más difícil que una prueba de Humor Amarillo. Entre sus movimientos y su pubis, se te machacan los dedos y tienes menos control que si tuvieras un guante entre las piernas.

Así que, si hace unos días os comentaba que cambiar de posición durante el sexo es un básico para hacer la vida íntima más variada, en este caso es fundamental si no te alcanzas el clítoris.

Algunas posturas, como el perrito o la amazona, te dan vía libre a la vulva, aunque tampoco significa que tengas que estar tocándote desde el primer minuto.

Mi recomendación es que, para retrasar al máximo el cansancio de los dedos, empieces pasando de la mano. A cambio, usa la fricción natural de tu acompañante o apriétate tú (no infravalores el petting).

Otra recomendación es que intentes estimular el clítoris internamente (recuerda que de él solo vemos la puntita).

Contrae tus músculos vaginales hacia dentro y hacia arriba, como si quisieras sorber por una pajita imaginaria, y notarás cómo las sensaciones son mucho más intensas.

Y por supuesto, si ni con esas consigues alcanzarte el clítoris o estimularlo correctamente, déjate ayudar por los juguetes. Un succionador o una bala vibratoria en la zona solucionarán el problema.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

Las grandes ventajas de cambiar de postura en la cama durante el sexo

En la cama me he encontrado con gente muy fiel a sus posturas predilectas y otra con el culo inquieto, de esa que parece que cambian de posición cada dos por tres como si quisieran sellar una tarjeta con todas las poses del Kamasutra.

DIM FACEBOOK

Soy una gran partidaria de darle un giro a las cosas de vez en cuando, pero ¿en serio era necesario que justo cuando estaba a punto de correrme le diera por girar de nuevo?

Pequeñas anécdotas aparte, ir cambiando no solo es una cuestión de hacer más variada la experiencia. Es también una necesidad por cuestiones físicas (aguantar 20 minutos con la pierna posando como Victoria Beckham solo está al alcance de la ex Spice Girl).

El dato también lo confirma el último estudio de JOYclub -una comunidad basada en la sexualidad liberal-, que ha preguntado a más 5.000 miembros acerca de sus comportamientos en la cama.

La mayoría, un 62% cambia de postura dos o tres veces en cada acto sexual. El motivo más repetido es que, “sin cambios regulares, el sexo sería aburrido”.

Una afirmación que secunda el 87% de los encuestados. Solo un 13% está a favor de empezar y acabar de la misma forma.

Más allá de la variedad en la vida sexual, el cambio de posición permite compensar posibles incompatibilidades como la altura, así como estimular diferentes zonas.

En mi caso, tengo muy presente cuáles son las que me permiten alcanzar más fácilmente el orgasmo, por lo que suelen aparecer en mi repertorio.

Además de las diferentes sensaciones, experimentar nuevos puntos de vista es otra de las ventajas de ir transformando las posiciones (y si queréis saber de lo que hablo, cambiar el orden más común del 69 te descubre partes de tu pareja sorprendentes).

Así que, ¿a qué esperas para cambiar?

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

Lo que deberías hacer (y lo que no) si quieres tener más sexo con tu pareja

De entre todas las verdades universales, mi favorita es la de que, a la mayoría, nos gustaría tener más sexo con nuestra pareja, aunque no vayamos proclamándolo en alto.

LELO FACEBOOK

De hecho, si le sacamos el tema en la relación, es muy probable que nos encontremos el mismo pensamiento por su parte. Entonces, si estamos de acuerdo en que queremos hacerlo con más frecuencia, ¿por qué no lo ponemos en práctica?

La rutina, el cansancio, Netflix, el teléfono móvil… Una serie de factores juegan en nuestra contra en cuanto a intimar se refiere.

Aunque la buena noticia es que podemos conseguirlo cambiando un poco nuestra manera de hacer las cosas.

Si no surge, no es mala idea programarlo. Vale que no hace especial ilusión pensar en ello como en una tarea más del día, pero es como quedar con un amigo. Si no pones fecha en la agenda, lo más fácil es que, un día por otro, termine pasando el tiempo.

Planificarse es importante (lo siento amantes de la procrastinación) ya que si dejamos la intimidad para última hora del día, cuando nos hemos liberado de todo lo demás, el cansancio nos ponga en fuera de juego antes de tiempo.

Sin embargo, si te pones a ello antes de hacer la cena, recoger el tendedero o contestar ese mail tan urgente, te aseguras de hacer esas cosas con un estado anímico muy favorable. Y disminuyes las probabilidades de que termine por no suceder.

Eso no significa que no haya cabida para la espontaneidad, todo lo contrario. Dentro de la planificación, hay espacio de sobra para improvisar.

Juegos, lugares diferentes, roles, objetos, ropa especial, música… Todo lo que se pase por la cabeza, hasta el detalle más pequeño, puede ser una buena idea.

Y es que las cosas que nos excitan tienen un papel muy importante, ya que funcionan como mechero encendiendo la llama.

Algo tan sencillo como acordar con tu pareja una prenda de ropa que sienta especialmente bien o un perfume que excita, también consiguen servir de ayuda para que se dé la situación.

Al final, después de un tiempo, es normal que la pasión del principio -esa urgencia de echar un polvo delante de la puerta de entrada porque no da ni tiempo de llegar a la habitación-, termine desapareciendo.

Por eso hay que proponerse que el sexo no se vea influido en la nueva etapa con estas claves para que no termine desapareciendo.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

¿Sexo con amor o sin amor?

Hace dos días decidí estrenar la opción de preguntas de Instagram. Quitando un seguidor que quiso saber a qué olían las nubes, hubo otras demandas que me hicieron reflexionar sobre mí misma, como mis fantasías sexuales pendientes para 2020 o qué tipo de sexo prefería.

DIM FACEBOOK

“¿Con amor o sin amor?”, me preguntó el usuario. Era una pregunta bastante seria, casi comparable a “¿Patatas con o sin ketchup?”, “¿Tortilla con o sin cebolla?” o “¿Netflix o HBO?”.

Como en las otras cuestiones (a excepción de la de la tortilla), mi respuesta es la misma: depende y ¿por qué no tener las dos?

Para mí el sexo es una cosa y el sexo con amor es otra, casi podría etiquetar uno como ‘sexo carnal’ y el otro como ‘sexo visceral’.

El carnal es el que busca, nada más y nada menos, que el placer o la conexión del momento, sin ningún tipo de interés aparte. Satisface un deseo del momento y listo.

En cambio, el visceral, permite una visión más completa del sexo. Es el placer y la conexión del momento, sí, pero aparecen también otra serie de factores.

Es decir, se puede tener sexo sin amor con alguien a quien quieres (ese polvete echado con urgencia porque sí), pero no se puede tener sexo con amor con alguien que no quieres.

Puedes fingirlo, claro, pero como hablo de sentimientos auténticos, eso es algo que, si no te pasa por dentro, no sucede y punto.

Lo que quiero decir es que en mi caso no puedo tomar partido por ninguno de ellos, porque tanto estando soltera como teniendo pareja, he experimentado (y sigo poniendo en práctica) ambos.

Y tú, ¿crees que puedes elegir solo uno de los dos?

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

Del ‘ghosting’ al poliamor, así han cambiado nuestras relaciones en estos 10 años

Estamos a punto de vivir el cambio de década, -qué bien sonáis, nuevos años 20-, y, ya que se trata de una fecha destacada, hay un poco de nostalgia en el ambiente.

PIXABAY

Todavía recuerdo como si fuera ayer la entrada a 2010. Estaba en el colegio y eran otros tiempos para ligar.

Por entonces era, casi todo, analógico. Vale, puede que empezáramos a hacer nuestros primeros pinitos ligando por internet.

¿Quién no se acuerda de bombardear al que le gustaba de clase a base de zumbidos de Messenger? Y si encima te ponía un comentario en la foto de Tuenti, ya tenías anécdota para contar a las amigas en el recreo.

Desde ese momento hasta ahora, las redes sociales se han convertido en el nuevo punto de encuentro.

Es raro que en algún grupo de amigos no des con una la pareja que se conoció por Instagram o aquellos que lo utilizaron para retomar el contacto después de años.

Internet lo ha puesto tan fácil que en estos diez años hemos vivido el boom de las aplicaciones para ligar. Tinder, Grindr, Happn, Badoo, Meetic…

Las opciones han sido tantas que, si no has ligado a través de alguna de ellas, ha sido -como diría tu abuela-, porque no has querido.

Esa velocidad a la hora de conocer gente y tener encuentros sexuales casi inmediatos (vamos a ser sinceros, nadie usaba las apps para encontrar pareja con la que ir a ver arte al Museo Reina Sofía), se ha traducido también en una serie de tendencias de las que la mayoría hemos salido escaldados.

El ghosting, el benching o el orbiting  nos han pasado factura. Las malas prácticas derivadas del fast dating nos han llenado la década de mensajes leídos y nunca respondidos, enigmáticos ‘me gusta’ que nunca venían acompañados de mensajes o el resurgir de un antiguo ligue sin venir a cuento.

Teniendo esto en cuenta, el panorama sentimental con el que entramos a 2020 no es, precisamente, el mejor.

Aunque me gustaría destacar que parece que, por fin, el consentimiento ha hecho acto de presencia en las relaciones de cualquier tipo, algo que hasta ahora muchos hombres no consideraban que fuera imprescindible.

Respetar el “No”, seguirá siendo el básico de los próximos diez y, me aventuro a decir, cien años. Así como seguir debatiendo sobre la explotación sexual hasta erradicarla, así como el revenge porn, difundir imágenes privadas para hacerle daño a una persona.

Desde 2010 las relaciones han evolucionado. Los posmillennials han sido clave en enseñarnos que, aunque sea novedoso, el poliamor también es una opción. Así como su manera de tener sexo, mucho menos heterosexual que la que practicamos las generaciones anteriores.

Afortunadamente, también el final de la década nos deja algunas cosas que merecen la pena.

El despertar del empoderamiento femenino a la hora de reivindicar el placer (los succionadores son el mejor ejemplo) y el slow sex, que invita a poner la intimidad en el lugar que le corresponde dedicándole no solo tiempo sino la totalidad de nuestra atención.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

¿Hola comilonas, adiós intimidad? Tener sexo en Navidad cuando has comido mucho

En estos momentos del año, en lo único que pienso al quitarme la ropa es en ponerme rápidamente el pijama de franela.

PIXABAY

Y no ya porque sea invierno, que también. Sino porque las comidas y cenas navideñas terminan por dejarme para el arrastre.

Bandejas y bandejas de canapés, langostinos y por supuesto los platos de turrón y polvorones te hinchan tanto que te da la sensación de que, lo único que vas a poder hacer al levantarte de la mesa, es pedirle a tus primos, los fuertes de la familia, que te empujen en dirección a tu cuarto para ir rodando hacia la cama.

Sentir el cuerpo pesado -culpo a la dichosa mayonesa, que equivale a digerir cemento armado- se interpone a la hora de tener algo de intimidad, celebrando el ambiente cariñoso que tanto me gusta de las fiestas.

El sexo es un reto. Pero la pasión no tiene por qué desaparecer del todo (de eso se encarga el pijama anteriormente mencionado).

Déjate de malabarismos o posturas alternativas, eso mejor para el resto del año, e intenta buscar posiciones en las que tu tripa no sufra las consecuencias de la cena.

Nada de poses invertidas que hagan subir la sangre a la cabeza y el marisco a la boca del estómago.

En estos casos, hacerlo recostados sobre la cama, a modo de cucharita, permite libertad de movimientos y que no te siente mal la comida. Además, al estar tumbados, la sensación es de descanso.

Otra alternativa es que puedes aprovechar que estás recogiendo la mesa para darle rienda suelta a tu pasión sobre ella -una vez se vaya la familia, claro- apartando los entrantes, que las salsas salen fatal de la ropa.

En ese caso, una persona de pie y otra tumbada, también permite disfrutar sin que agobie la sensación de pesadez.

Aunque mi alternativa favorita para estos días confieso que es, y será siempre, el sexo oral. Cómodo para los dos e igual de placentero que follar (para muchas mujeres incluso más).

Permite poder disfrutar a un ritmo tranquilo sin tener que estar ejecutando la coreografía de la penetración, que entre el cansancio, la comida y el alcohol es otra de las cosas que termina dando pereza del sexo en Navidad.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

A ti, que alguna vez te has preguntado si te aburre el sexo

Si estás aquí es porque te ha pasado lo mismo que a mí. Te has preguntado si el sexo empezaba a aburrirte. No sé tú, pero en mi caso ha sido algo que me he planteado en diferentes fases de mi vida. Tanto estando sola como en pareja.

GTRES

No es que no me guste sentir placer (¿hay alguien ahí fuera que no lo disfrute?) pero el hecho de pensar en quitarme tan solo una prenda de ropa, apagar la tele, empezar con los preliminares y terminar después haciéndolo en la cama o en el baño, se me antojaba una tarea que me daba pereza.

Ahí me cagué, lo admito. ¿Y si ya no me gustaba el sexo? ¿Qué iba a ser de mi vida desde ese momento? ¿Sería la rara de mis amigas que no cuenta anécdotas de cama?

Pero curiosamente, masturbarme no me daba pereza, ya que era algo que hacía cuándo, cómo y dónde fuera a mi manera.

Tuvo que venir una psicóloga para explicarme lo que me estaba pasando. No me daba pereza la sexualidad en sí. Mi deseo sexual estaba intacto (que se lo digan a mis bragas cuando le veía sin camiseta andando en calzoncillos con todo medio fuera).

Lo que me daba pereza, lo que puede que a ti te dé pereza, era la construcción del sexo. La dinámica social que dicta que hay que desnudarse, tener una serie de juegos previos como calentamiento y, finalmente, una penetración que lleve al orgasmo.

Es que era normal que me aburriera. Pero al mismo tiempo, ¿cómo iba tan siquiera a plantearme que pudiera ser diferente? En otras palabras, que hubiera vida (y sexo) más allá de la penetración.

En un mundo dominado, hasta ahora, por el placer masculino, meterla parece ser el fin de todo encuentro sexual. Y es precisamente por ese motivo por el que puede parecernos monótono.

Sin embargo, tal y como me contó la sexóloga (tenéis una frase suya aquí abajo), el mundo sexual no gira solo alrededor del pene ni de que él se corra.

La realidad es que la idea del sexo está mal construida. No es la rutina aprendida, es todo un mundo en el que los llamados preliminares son el plato principal, en el que a lo mejor apetecen solo caricias, dar placer con la boca o un poco de frote.

Así que en vez de repetir una y otra vez lo que crees que tiene que ser el sexo, ¿por qué no pruebas a hacer el que te apetezca en cada momento?

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

‘Aunque está muy bien el aquí te pillo aquí te mato, no creemos que el sexo merezca ser devaluado’

Consumimos, más que de forma acelerada, casi compulsiva. El catálogo de Netflix, la comida a domicilio, ropa que añadimos al cesto con el acompañamiento de estresantes cuentas hacia atrás para que no pierda validez el código de descuento…

Y es algo que, siendo ya parte de nuestra rutina, incluimos también en la intimidad. Contra ese polvo rápido y mal echado -para ponernos a hacer otras cosas-, o ese beso a medias, para no perder de vista ni un detalle de las historias de Instagram, está el slow sex.

CALVIN KLEIN

Es un estilo de vida sexual que no consiste únicamente en tener sexo más despacio. Pero, en vez de ser yo quien os lo cuente, ha sido Elsa Viegas, cofundadora de Bijoux Indiscrets, quien me ha convencido para hacer autocrítica sobre la calidad de mis intercambios.

No solo me explica lo necesario que es disfrutar de una vida sexual sin prisas, sino de centrarla también (y darle importancia por igual) a cada uno de los momentos, alejándonos del mito de que solo la penetración cuenta como sexo.

¿En qué consiste la filosofía slow sex?
Básicamente trata de poner en el presente el placer y el deseo sin ir a buscar directamente el orgasmo. Disfrutar con cada práctica, sin presiones. Trata de ponerle voz a cada práctica mientras las sitúa a todas al mismo nivel, sin prejuicios y sin prisas. Por eso hemos lanzado una colección con el nombre de esta filosofía, diseñada para algo tan serio como disfrutar.

¿Por qué ha surgido ahora?
Por varios motivos. Primero porque aunque pensemos que está muy bien el sexo de ‘aquí te pillo, aquí te mato’, express, sin ataduras, no creemos que el sexo merezca ser devaluado. Se puede tener muy buen sexo con alguien que no conoces si ambos (o ambas) escucháis vuestros verdaderos deseos. Segundo porque queremos aportar un granito de arena a la eliminación de prejuicios y clichés. ¡La penetración no lo es todo!

¿Por qué vuelve a tener importancia vivir un sexo con todos los sentidos y sin prisa?
Creo que el sexo es un lugar donde refugiarse a solas o en compañía de quien decidas, un oasis a donde huir y disfrutar. Algo muy opuesto al estrés diario, al ritmo frenético de estos tiempos. La gente se está empezando a dar cuenta lo valioso que es estar presente y dedicarle tiempo de calidad a las cosas en las que aún puedes decidir a qué ritmo consumirlas.

¿Diría que es algo que va a mejorar nuestra vida íntima?
Sin duda. Slow Sex te obliga de un modo muy tentador a cuestionar todo lo que sabes sobre el sexo. Por ejemplo, tenemos un roll-on frío para pezones que te invita a pensar “¿qué hago con esto?”. Bueno, si no sabes qué hacer con unos pezones, tal vez debas redescubrir el sexo. Cuestionarse es bueno, es desarmarse para volver a montarse, pero esta vez como a ti te gusta.

¿Qué diferencias existen entre nuestras experiencias sexuales convencionales y aquellas que nos tomamos de manera slow?
Que buscamos desesperadamente el orgasmo. Y sí, el orgasmo está bien, es intenso, pero dura poco. ¿Qué hacemos con los minutos previos al orgasmo? Disfrutarlos, sin duda. Lo máximo posible. Tratar el sexo de manera slow no implica necesariamente ser más tiernos en la cama, implica dedicarle tiempo al placer en todas sus formas. Es no tener tapujos para decir qué te gusta, cuánto quieres de eso o de lo otro.

¿Cuál sería el decálogo de este tipo de sexo?
Consensúa, dedica, siente, experimenta, fluye, cuida, desea, sé consciente, derriba tabúes y disfruta.

¿Hay algún reflejo de esta filosofía en las tiendas eróticas?
Creo que todos los juguetes, o al menos los que he tenido el placer de ver y probar, se enfocan en dar placer instantáneo pasando de 0 a 100 y llamando al orgasmo constantemente. Dildos, dildos vibradores con conejito, punto G, geles orgásmicos. Si no se alcanza la meta es porque no se quiere o, te lo dicen de manera indirecta, te pasa algo. Pretendemos revolucionar y cambiar el mensaje, para que se empiece a decir: Con esto vas a disfrutar a tu manera. Y conseguirlo; realmente conseguir que quien esté interesado en un producto erótico disfrute como quiera.

¿Qué productos nos ayudan a introducirnos en el slow sex?
Finger Play sería otro de los favoritos. ¡Hay que tocarse más! O el Skin and Hair Shimmer Dry Oil, que desgenitaliza por completo el sexo, hidrata y deja una estela brillante en tu cuerpo. Un must si quieres empezar a cuidarte y empoderarte en el sexo.

¿A qué generación diría que le va a costar más practicarlo?
A los baby boomers y a los X. De los millennials en adelante el discurso en los medios ha cambiado, por no hablar de internet, que ha abierto miras y ha derribado muros que se pensaban infranqueables. Pero aún existe el pensamiento, sobre todo en estas dos generaciones pasadas, del pecado, del sexo por concebir, de la culpa, del sacrificio… Es muy difícil cambiar ese pensamiento religioso y de tabú con una filosofía o un producto erótico.

¿De qué manera podemos introducir el slow sex? ¿Como experiencia puntual o volviéndolo nuestro estilo de vida sexual?
Primero desde una decisión propia. Tomar consciencia de nuestros deseos y de nuestro placer se puede lograr desde la experimentación: tocarse como si fuese la primera vez, visualizar nuestras fantasías, revisar por qué nos gusta lo que nos gusta o si existe alguna práctica que realicemos por cumplir o por vergüenza a decir que no. Después de tenerlo definido lo comunicaremos con nuestra pareja (o pareja puntual), consensuando o directamente aplicando lo que queremos en nuestras relaciones. Si se puede volver un estilo de vida, o no, solo puede determinarlo la persona interesada en disfrutar decidiendo cómo quiere hacerlo.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).

Ni eres tú ni soy yo, es que somos sexualmente incompatibles

Normalmente, cuando las películas tratan incompatibilidad sexual, se limitan a representarla mediante una escena en la que, la pareja de turno, en pleno arrebato pasional, se mete un coscorrón.

GTRES

“Oh, vaya, qué incompatibles somos que no nos hemos coordinado bien”, parece que quiere decir el momento en el que a continuación solo hay risas nerviosas y más intentos infructuosos.

Sin embargo, la falta de compatibilidad es un universo mucho más profundo, algo que, en más de una ocasión, puede que hayas tenido que experimentar.

Por lo general, si no lo ves claro, lo más habitual es que no repitas con esa persona, algo que se soluciona no volviendo a verla (pero, por favor, procura evitar el ghosting).

Pero cuando la incompatibilidad sexual se da en la pareja, no es tan fácil gestionarlo.

La primera señal de alarma, y la más sencilla de identificar, es que uno de los dos no quiere hablar de sexo de ninguna manera. Es un tema que, directamente, se evita a toda costa.

Un comportamiento que puede ser el primer indicativo de que no se toma la relación sexual como tú. Bien porque piensa que lo relativo a ese ámbito no tiene importancia o porque le puede parecer una tontería.

Sin embargo, como seres sexuales, tiene mucho peso en nuestra vida (¡en toda ella!) y en nuestra relación de pareja, por lo que debemos atender a las alarmas si las necesidades se ven descuidadas.

Las preferencias en la cama son un gran punto de no retorno, una prueba de fuego solo comparable a si le gusta la tortilla con cebolla, donde antes se van a notar las diferencias.

Y aunque no es imprescindible que sean 100% idénticas, es decir, no es indispensable que también sea entusiasta de la agalmatofília, y sienta atracción sexual por estatuas, si una de las dos partes siente repugnancia o llega incluso a juzgar las preferencias, la incompatibilidad es un hecho innegable.

No funcionar en ese aspecto hace que los intercambios sean vividos con desagrado, incluso los que no son nuestros, llegando incluso a sentir embarazo si hay escenas de sexo en la tele (no la incomodidad normal, sino una más profunda).

La incomodidad puede empezar por ahí llegando hasta el punto de no tener deseo ni ganas de tener sexo con tu pareja. También sentir desagrado al ver a la otra persona desnuda es una muestra de falta de compatibilidad.

Y, aunque muchas de ellas pueden llegar a solucionarse con ayuda y trabajo de por medio (para estas cosas existen los expertos especializados en sexología), si no tiene arreglo, lo mejor es poner las cartas sobre la mesa y sincerarse.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).

En la cama no siempre tiene que haber fuegos artificiales

Hace poco, en una de esas conversaciones entre amigas, hablábamos de lo que era el sexo cuando es con alguien con quien llevas mucho tiempo.

CALVIN KLEIN FACEBOOK

Ambas estábamos en algo de acuerdo, los fuegos artificiales de los anuncios de condones no son la imagen más realista para describirlo.

Que no siempre nos corremos, no. De hecho, si echamos cuentas, si tenemos sexo con penetración es aún más complicado.

Luego están esos días en los que estás pensando en que tienes una reunión a las 9 y que deberías poner el despertador media hora antes de lo habitual, para pasar las imágenes a un USB y lavarte el pelo antes de salir de casa.

Toda una película mental que se proyecta en tu cerebro mientras tu pareja está esmeradísima manejándote el clítoris con una habilidad digna de la microcirugía.

También está el día en el que, después de ver esa serie, solo puedes pensar en arrancarle la ropa a tu pareja y luego nada, se te van las ganas.

O, simplemente, cuando, por mucho que te apetezca, está a punto de bajarte la regla y tu nivel de humedad vaginal roza la desertificación.

Hay días que te apetece, pero tienes mucho sueño, días que tu cuerpo quiere mambo y tu cabeza está en otra parte (o apagada en su totalidad). Hay días y polvos de todos los tipos y colores.

Y no, no siempre están garantizados los fuegos artificiales, aunque no significa que haya de qué preocuparse.

Las hormonas, el ánimo, lo que nos ha pasado a lo largo de la jornada… Hay un sinfín de acontecimientos que no podemos controlar y pasan factura a la excitación o al cuerpo.

En esos casos, cabe recordar que el sexo va más allá de un rato de placer. Es conexión, es comunicación, es, por qué no, distracción, es “ven aquí que llevo un día de mierda y quiero arreglarlo antes de que acabe”, es necesitar sentir a tu pareja desnuda. Es mucho más que meter, sacar, meter, sacar y terminar.

Por eso no siempre hay un show de luces en el techo de la habitación. Pero cuando las hay, que, afortunadamente, suele ser la mayor parte de las veces, el espectáculo merece la pena.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).