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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘sexo’

Por qué la ‘siexta’ es mi momento favorito para tener sexo

No recuerdo dónde fue que leí que el mejor momento para tener sexo era por la mañana, recién levantados.

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Y yo, que nada más abrir el ojo tengo un humor que me hace más peligrosa que un tigre de Bengala, no podría estar más en desacuerdo.

Lo único que me quiero llevar a las manos y a la boca es una taza de café de esas que van bien cargadas y sin prácticamente leche, para espabilarme a golpe de cafeína.

Por mucho que hablen de lo beneficioso que es activar el cuerpo con un buen desayuno en forma de sexo (además parece ser que con la liberación de endorfinas empiezas el día de buen humor) es un momento que no va conmigo.

Para empezar porque, además de la necesidad vital del café, el desayuno para mí es más sagrado que una vaca dándose un paseo por la India. Intocable. Si encima tengo que esperar toda la noche para poder hacerlo, por cualquier cosa que se retrase muerdo.

Y no es por ser tiquismiquis pero llena de legañas, con el pelo pegado a la cara con baba y con ese maravilloso aliento matutino que nos caracteriza a los bípedos, no es que me sienta con talante como para excitar(me).

De todos los momentos del día, y si debo quedarme con uno como favorito, elegiría después de la siesta ya que es realmente cuando todas mis necesidades están cubiertas y puedo permitirme estar relajada y en paz con el mundo, lo que me ayuda a tener una predisposición positiva.

Después de una buena siesta ya no te sientes pesada por la comida pero tampoco muerta de hambre porque has estado ocho horas durmiendo (¿o sí?). No estás cansada y si te has podido echar una siesta es que dispones de tiempo para ti y para tu pareja.

Pero contadme, ¿cuál es vuestro momento favorito para los arrumacos? Os reto a que encontréis uno mejor que mi preferido (y acordaos de seguirme en Twitter y Facebook).

Duquesa Doslabios.

Masturbación femenina: los beneficios que (aún) no conocías

A veces me da la sensación de que el mundo se está yendo al traste cuando me encuentro en la tesitura de escribir un tema en el que a las mujeres os doy razones para masturbaros.

El clítoris: amigo, no enemigo. YOUTUBE

Amiga, lo de que va a producir ceguera, te van a salir granos o pelos en las manos estaba muy bien cuando el doctor Kellog quería evitar que los jóvenes practicaran el onanismo (y al final acabara creando los cereales) pero no es la realidad.

No te va a producir ninguna de esas cosas, obviamente tiene efectos en tu organismo, pero no son los que tu crees. Si es algo que no haces regularmente ¿quieres saber a qué te ayuda?

La masturbación no hace que bajen las probabilidades de que te corras teniendo sexo. Au contraire mon amour, conocer tu cuerpo, saber cómo son tus ritmos orgásmicos y en definitiva saber cuándo hay que seguir porque estás a punto de tocar el cielo (sensorial), es algo que se consigue con una única cosa: la práctica.

Por supuesto que puedes hacerlo con tu pareja, pero estando sola a tu rollo con tu musiquita, tu escena tórrida del libro que estás leyendo y tu mano (empleada en el modo que prefieras), estás más que preparada para pasar un buen rato (o varios).

En pareja te permitirá mejorar la comunicación, más que nada porque es mucho más fácil explicar algo con lo que estás familiarizada que tratar de indicarle a tu acompañante lo que tiene que hacer si tú eres la primera que no sabe ni cómo le gusta.

Los orgasmos producen espasmos en la zona vaginal, lo que consigue que se liberen tensiones musculares. No sabes lo bien que viene eso hasta que estás en plena crisis de “siento que me perforan el bajo vientre con un taladro” tan característico del ciclo menstrual (para algunas).

El ibuprofeno y el paracetamol vienen bien, sí, pero una dosis de orgasmo te permite relajar la zona y que el dolor se vaya antes. Además no tienes que esperar cuatro horas entre uno y otro.

Orgasmo llama a orgasmo, no sé si es un refrán, pero la posibilidad de tener otro se debe a que las mujeres no necesitamos tanto tiempo de recuperación como los hombres. Averigua cuántos segundos necesitas de “descanso” y vuelve a la carga. Porque uno está bien, pero dos (o tres) por el mismo precio, está mejor.

Así que después de leer esto, razones no te faltan. Las ganas son lo único que tienes que poner de tu parte.

Duquesa Doslabios.

¿Quieres mejor sexo? Hazte feminista

Si tuviera que resumir en una palabra lo que ha supuesto el feminismo en mi vida sexual, os resultaría familiar el término: orgasmos.

GTRES

Cuando empecé a tener sexo (me refiero a acompañada, claro, sola ya lo llevaba practicando bastante tiempo) aquello eran unos cuantos meneos, se corre, tiramos el condón y a dormir. Fin del cuento. Normal que no me pareciera para tanto.

Me preocupaba pensar que algo no funcionaba. Primero pensaba que era yo, pero, como os he dicho, había sido muy capaz de llegar al orgasmo yo sola sin que nadie tuviera que explicarme nada. No entendía por qué no me lo pasaba tan bien como en todas esas comedias románticas, en las que, solo con rozarse, ya llegaban los gemidos al cielo.

Y entonces lo entendí. Por supuesto que yo sabía cómo darme placer, eran ellos los que no. Y claro, iba a quedar muy mal que yo le llamara la atención a mi acompañante, o eso pensaba, por lo que me limitaba a fingir un poco y luego a terminarme la faena en casa.

Hasta que llegó el día en el que me di cuenta de que estaba viviendo en una mentira, una enorme, y que quería empezar a ser sincera, no solo con ellos sino conmigo misma.

Fui franca y los orgasmos falsos se acabaron, lo que hizo que vinieran los auténticos y esa brecha orgásmica descendiera.

Me di cuenta de que quería igualdad en la cama, que si él se corría, yo me corriera también. Y no era algo egoísta, ni que no quisiera que él no lo disfrutara, sino que ambos recibiéramos placer.

El feminismo me quitó la tontería de encima, la de los orgasmos y muchas otras, como por ejemplo los complejos. Comprendí (al fin) que tenía que quererme tal y como era y que aquello no cambiaba en función de si estaba más o menos depilada, de si mis tetas estaban o no caídas o de si el culo tenía celulitis, que daba exactamente igual.

Eso de “el macho tiene que mandar en la cama unga unga” era mi concepción pre-feminista. Mi yo feminista entendió que era más divertido compartir la “dominación” en el colchón y no ser siempre la que se deja llevar. Tomar la iniciativa y experimentar es algo también muy placentero.

Que me aburro

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Pero feminismo también es asumir la responsabilidad, entender que si algo sale mal no es que hayas topado con un mal amante y ya está, sino que está en mano de los dos hacer de la experiencia algo sobresaliente.

Con el feminismo aprendes a darle al sexo la importancia que tiene, mucho menor que la que me vendían en el colegio,  que, supuestamente, tenía que ir ligado siempre a un matrimonio con amor. Resulta que podía tener sexo con alguien solo porque me apeteciera y no pasaba nada. No se me ligaban las trompas de Falopio, no era una puta ni una guarra. Era una mujer disfrutando de su vagina (y de otras partes, sin duda).

Para todos aquellos preocupados que piensan que el feminismo está en contra del sexo, os diré algo, todo lo contrario. El feminismo le da a la mujer la libertad de disfrutar de su cuerpo, está a favor del placer que durante tanto tiempo hemos tenido prohibido.

Quiere la igualdad en todos los aspectos, quiere que puedas disfrutar de una buena comida y que te traigan a ti la cuenta, en vez de dar por hecho que va a pagar él, y que disfrutes sin complejos de los postres que ofrecen las entrepiernas.

Duquesa Doslabios.

Posiciones para tocar clítoris como si no hubiera un mañana

La penetración está muy bien, no te digo yo que no. Sobre todo si viene acompañada de complementos, como la ensalada.

Pero la penetración acompañada de meneo clitoriano es más placentera que explotar un grano (hoy me he despertado salida y escatológica, qué le vamos a hacer).

Los años de práctica como clitoriana me han hecho formar un top de posturas “Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo toco”:

5. En el último puesto: el perrito. Las embestidas traseras pueden hacer un poco complicado mantener un ritmo decente, es por eso que queda en el último puesto.

DOCTISSIMO

 

4. A cuatro patas invertida: esta postura permite que tu pareja se encargue de darle vida al asunto. Pero claro, entre el movimiento, la mano y demás, o tiene muchas habilidades o aquello termina más descuadrado que las ventanillas de los aviones.

DOCTISSIMO

 

3. De espaldas haciendo sentadilla: para las que no tardáis mucho va bien, pero las que necesitamos un poco de tiempo terminamos con el cuádriceps reventado, por lo que queda en el ecuador de la clasificación.

DOCTISSIMO

 

2. El misionero: parecía que no, pero la mano entra perfectamente entre pubis y pubis. ¿Lo mejor? Estás cómodamente tumbada y puedes elevar las piernas para experimentar con nuevas sensaciones.

DOCTISSIMO

 

1. Sentada encima (en el suelo): ponte en modo dominatrix y ordena a tu pareja que se tumbe bocarriba en el suelo (con una almohadita debajo de la cabeza, que ser dominatrix no significa que tengas que dejar al otro desnucado). Siéntate encima con las piernas flexionadas y ponte en modo rana saltadora. Importante que sea en el suelo ya que si lo haces en una superficie que no sea fija, tu pareja se mueve por la inercia y terminas perdiendo ritmo.

DOCTISSIMO

Y ahora mi momento favorito: cuéntame cuál es tu postura preferida para tocarte el clítoris (así podemos copiarte en cuanto tengamos oportunidad).

Pornografía, ¿diversión “inocente” o infidelidad?

Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero ¿y si los ojos ven y lo que miran es pornografía?

YOUTUBE/Padre de Familia

Tengo 26 años y llevo viendo porno desde los 17, que fue cuando tuve un portátil para mí sola (y cuando aprendí a borrar el historial).

En este tiempo nada ha hecho que dejara de verlo. He tenido épocas de mi vida en las que lo veía con más frecuencia, otras menos y otras, prácticamente, nada.

Es algo un poco aleatorio y no depende de si tengo o no pareja, a veces me apetece, a veces no, a veces tiro de archivo o me meto a leer relatos eróticos… Lo que tiene el porno es que es un recurso fácil que, como dice una amiga mía, nos apaña porque lo tenemos “a mano”, y literalmente.

No hace falta pensar, basta mirar y atender a la respuesta física. Como animales que somos, los estímulos visuales de la pornografía nos producen excitación. Como cuando alguien bosteza y seguidamente te entran ganas de repetir la acción aunque no tengas sueño.

Así como también nos lo puede producir además de la película, un recuerdo o una fantasía salida de nuestra imaginación.

Sin embargo, son vivencias que forman parte de nuestra vida sexual individual, no por hacerlo solos, sino por que hablo de aquella propia de cada individuo.

La cabeza es libre, no hay intimidad real con otra persona, y, como dice otro amigo (pregunté a muchos al respecto) “pensar en robar un banco no significa que lo vayas a robar”.

Otra cosa es que la pornografía se convierta en una obsesión y reste tiempo de estar con nuestra pareja, altere nuestros hábitos o produzca ansiedad por no vivir en carnes esa “realidad sexual” que termina al grito de “Corten” (aunque eso no lo veamos).

El porno es un show, un espectáculo, un producto para pasar un buen rato y debe ser tratado como tal, no como un reflejo fiel de la realidad.

Además de usarlo a solas o en compañía, podemos “tomar nota” y usarlo como fuente de ideas para ponerlas luego con alguien a prueba. Si se atreve…

Duquesa Doslabios.

La (dañina) fiebre por los “empotradores”

Me gustaría que alguien me explicara a qué viene ese furor que generan los empotradores.

Vale que puede gustarnos que nos cojan y nos pongan con la cara pegada al espejo en una intensa sesión de sexo, de esas de las que luego te dejan el cuerpo al día siguiente como si te hubiera pasado un camión por encima.

Pero no es oro todo lo que te empotra.

Parece que, desde que conocemos el término, las otras maneras de practicar sexo han quedado relegadas a un segundo plano. Como si solo nos interesara el fuelle. Si empuja menos de lo que consideramos empotramiento, ya no nos vale.

Lo que cuenta es que te reviente, que tenga la fuerza suficiente como para cogerte en peso en cualquier momento y lugar. Y cuidado del que no lo haga, ya que se arriesga a que opinemos que no ha estado a la altura de las expectativas, que es un soso en la cama.

Sin embargo, hay hombres que deben “forzarse” para que les salga ese empotrador ya que supuestamente, es lo que creen que esperamos de ellos en la cama.

Y si no es por nosotras, es por los amigos, ya que ninguno presume como hazaña de haber puesto una lista de Spotify de baladas románticas o de haber llenado una bañera de pétalos de rosa.

¿Entonces, hasta que punto es algo libre el “empotramiento”? Y sobre todo, ¿cuando empezamos a valorar una experiencia sexual únicamente por una performance o por si necesitamos Ibuprofeno al día siguiente?

Con esto no quiero decir que esté en contra de los empotradores ni mucho menos (que benditas sacudidas nos dan), pero no nos olvidemos del resto, y sobre todo, no perdamos la capacidad de apreciar, que hay vida más allá del empotramiento. Que hay polvos que te ponen de punta piel que ni siquiera sabías que tenía esa capacidad.

Hay contactos delicados con una complicidad y un cariño que no tienen nada que envidiarle a un meneo contra el cabecero de la cama.

¿O es que ya no queremos romanticismo en la cama?

Duquesa Doslabios.

Quieres que te den unos azotes

(Y no es una pregunta)

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Una de mis prácticas favoritas son los azotes. Desde el momento en el que una de mis primeras parejas me preguntó si me apetecía que me diera “un cachete” descubrí que soy de esas personas que saben apreciarlo y degustarlo como si de un buen vino se tratara.

El hecho de adoptar un rol más pasivo y quedar a disposición del otro y el placer del calambrazo excitante convierten al azote en ese gran aliado en la cama.

¿Que nunca lo has probado? Escoge una palabra, la que más te guste, y úsala como contraseña de seguridad por si uno de los dos se emociona demasiado. Ahora llega el momento de azotar.

Debe ser algo que cuente con el consentimiento de ambos y que se puede realizar de manera aislada en los preliminares o en plena postura sexual.

Olvida las películas porno incestuosas que sacan el azote. No es algo realista (ya que si tu madre era más aficionada a la zapatilla voladora que al cachete).

Para mí, el buen azote es sorprendente, porque llega cuando no te lo esperas pero te lo pide el cuerpo (y la otra persona sabe leerlo). Es energético, porque tiene la fuerza necesaria para que lo sientas pero no como para que tengas que interrumpir la sesión para ponerte una tirita.

Como diría Elettra Lamborghini, es certero ya que da en medio de la nalga con la precisión de un pincel de Picasso.

El poder de dar azotes conlleva una gran responsabilidad ya que puede ser el trampolín a un orgasmo bestial o la manera de cortar el ambiente de manera instantánea si ha sido mal ejecutado.

El azote dado con puntería consigue estremecerte desde las nalgas hasta las pestañas. Y se puede pedir, con la tranquilidad de acierto seguro, cuando el culmen está cerca y se quiere dar un empujoncito extra.

Quien no llora no mama y si no te lo dan y te callas, es más que probable que te quedes sin él, así que lo mejor que puedes hacer es pedirlo sin vergüenza.

Una vez llega el momento, solo queda abrir la mano y ponerla donde el ojo con un movimiento rápido, siempre en el nombre del placer, por supuesto. Y si vemos que eso de los azotes no es algo que vaya con nosotros, podemos optar por pasar y seguir con otras prácticas que nos resulten más placenteras.

Duquesa Doslabios.

Posiciones para cuando te puede el cansancio (pero aún así estás caliente)

Típico día de diario por la noche, ambos estáis hechos fosfatina y solo queréis tiraros en la cama a dormir.

Pero con el ojo a medio cerrar empiezas ver a tu pareja desnudándose y como no eres de piedra (aunque te pese el cuerpo una tonelada por el cansancio), te entran las ganas. Para esos casos puedes optar por posturas en las que no tengas que moverte mucho. ¿Cuáles? Aquí tienes algunas ideas:

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Cucharita: gírate hacia uno de tus costados, pegaos el uno contra el otro y aprovecha una de las posturas para vagos por excelencia. Lo único que tenéis que hacer es darle un poco de movimiento y listo.

Misionero: ¿es necesario que la explique? Perfecta para las mujeres que no quieren mover un músculo, aunque procura interactuar con tu pareja y no quedarte despatarrada haciendo la estrellita de mar. El sexo es una cosa de dos.

-Cara a cara: Cambia el turno. Es el momento de que él se tumbe. Aprovecha para colocarte encima con todo tu cuerpo cubriéndole y repta levemente sobre él de delante hacia detrás.

Siéntate encima: la clásica postura perfecta para cuando estáis en el sofá y os ponéis tontorrones. Aprovecha que él está contra el respaldo y bien colocado para utilizarle como punto de apoyo. Seguir viendo la película es ya elección vuestra

-69 lateral, mucho más cómodo que el arácnido. Gira unos 90 grados la postura que tanto conoces. Evita que uno de los dos esté tumbado mientras el otro tiene que aguantar su peso. Se realiza apoyados sobre los costados como un 69 convencional.

Y, si conoces otras posturas que sean ideales para cuando la vaguería alcanza sus máximos niveles, te animo a compartir tus ideas en la caja de comentarios y a seguirme en las redes sociales (mi Facebook y Twitter) para estar al tanto de más posts como este para cuando andes con pocas ideas.

Duquesa Doslabios.

Bolas anales, ¿qué son y cuándo usarlas?

Yo, que soy madrileña de nacimiento, y por tanto gata, tengo especial cuidado con el refrán que habla sobre la curiosidad y los de nuestra especie.

Mis bolas anales a punto de ser estrenadas.

¿Probar cosas nuevas? Sí y siempre. Y como lo desconocido me llama, me llamaron unas bolas anales. Bueno, más que llamarme, fue a través de hablar por Facebook con un sex shop español que llegaron a mí.

He de admitir que, si bien el sexo anal ya lo he tanteado (y a fondo), no estaba muy puesta en el tema de juegos preliminares anales. Para añadirle un poco de variedad a ese tipo de experiencia que aunque, como os digo he probado pero a veces se me resiste, me animé a pedir unas bolas anales tailandesas (en concreto me pedí estas).

Las bolas anales tailandesas vienen unidas y terminan en una especie de anillo que hace que resulte sencillo su manejo. Aunque llegaron con una pequeña muestra de lubricante, es algo que recomiendo tener siempre cerca en grandes cantidades si quieres experimentar por la zona de atrás (de base de agua, más concretamente).

El lubricante vuelve una experiencia anal de cualquier tipo mucho más cómoda, independientemente del tamaño que vayas a probar, ya que es una zona que no lubrica per se.

Como llevaba desde el año pasado sin tener sexo anal de ningún tipo, agradecí las bolas para reconectar conmigo misma y familiarizarme con las sensaciones. Lo que no esperaba es que, a diferencia de la reacción que pueda producir introducir un dedo o el pene directamente, las bolas me permitían sentir intensamente cada vez que entraba una u otra, ya que las dimensiones del juguete están diseñadas de manera gradual.

PLACERESSECRETOS

Además de permitirme tener una transición cómoda de tener la musculatura de la zona “normal” (o sea, el culo cerrado) a más predispuesta a tener sexo anal que pasando de un dedo a un pene, proporcionan un placer (siempre bien acompañado de una correcta estimulación del clítoris) que no me esperaba.

En definitiva, de haber sabido que es algo que hace el sexo anal más sencillo, las habría utilizado cuando lo realicé por primera vez. Sin embargo, aunque ya estés “habituada” a realizarlo porque forma parte de tu repertorio, gracias a las bolas, experimentas unas sensaciones muy placenteras que también conseguirán sacarte de la rutina si buscas algo nuevo entre las sábanas.

Eso sí, recuerda lubricar, tener paciencia, mucha calma y, sobre todo, limpiar todo muy bien tanto antes como después de utilizarlo.

Piensa que a la vida hemos venido a pasarlo bien, el por dónde es lo de menos. ¿Te vas a animar a probarlas?

Duquesa Doslabios.

Juguetes sexuales que tienes por casa (y no te habías dado cuenta)

El sexo es de las cosas más bonitas que hay, todos estaremos de acuerdo, pero innovar en la cama sin dejarte el sueldo en el sex shop del barrio, también es una maravilla.

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Para echarle un poco de sal a nuestra vida sexual no necesitamos hacernos con un catálogo digno de tupper sex, ya que por casa, muchos objetos cotidianos sacados fuera de su contexto convencional conseguirán que experimentemos una serie de sensaciones nuevas y muy placenteras:

  1. Hielos: olvídate de usarlos para los refrescos. Vacía la cubriera en un plato hondo y juega con ellos pasándolos por el cuerpo. Procura no dejarlos olvidados encima de la madera o aparatos electrónicos si no quieres llevarte un susto.
  2. Cucharas: enfríalas previamente en el congelador durante una hora. Te servirán, al igual que los hielos, para lograr estimulantes cambios de temperatura. Aplícalos sobre zonas como pezones, labios o cara interna de los muslos.
  3. Y ya que has abierto la nevera, échale un vistazo a lo que tengas. Alimentos como helados, nata, o chocolate son muy fáciles de untar sobre la piel para luego limpiarla a mordiscos o lametones.
  4. Collar de perlas o de bolas grandes, el aliado perfecto para ambos. Al igual que las perlas, enfriado puede ser una sorpresa de sensaciones, pero usado a temperatura ambiente es perfecto para masajear o masturbar.
  5. Las almohadas o cojines nos permiten mayor comodidad y placer en algunas posturas. Si te gusta especialmente la de ambos boca abajo, prueba a ponerte una almohada debajo de la tripa.
  6. Los complementos y accesorios como cinturones y pañuelos dan mucho juego. Se pueden utilizar para amordazar, tapar los ojos, atar las manos y pies… Las posibilidades son infinitas.
  7. El plumero y las brochas de maquillaje producen agradables cosquilleos sobre la piel. Úsalos después de limpiarlos bien y disfruta del hormigueo.
  8. Las pinzas u horquillas son muy útiles a la hora de sujetar la ropa o el pelo, pero ¿ te atreves a utilizarlas sobre el cuerpo? Si eres de emociones fuertes, esta idea te encantará.
  9. Y ya que estamos hablando de juego duro, un peine o una espátula de madera son elementos que se pueden utilizar para dar cachetes. No volverás a ver tu cepillo de la misma manera.

¿Qué otros objetos cotidianos de andar por casa utilizáis entre las sábanas? Compartid las ideas en los comentarios para que todos podamos divertirnos jugando.

Duquesa Doslabios.