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Exígete menos en la cama para disfrutar(lo) más

Ya vale de tanto agobio. Vale de pensar que siempre tiene que apetecerte, que tienes que estar de humor.

Vale de exigirte que siempre tengas una erección infinita, la vagina siempre humedecida, los pezones en punta, la libido por las nubes, las ganas disparadas

PEXELS

No siempre va a ser así y no estar en tu momento más sexual, no significa que no puedas disfrutar lo demás.

Así que en vez de que te estreses porque ese día el orgasmo parece no llegar nunca, intenta olvidarte, perderlo de vista.

Se nos pide -o más bien exige- que perfeccionemos todo lo que esté en nuestra mano.

El trabajo, las relaciones de amistad, no olvidarte de ningún cumpleaños, ser la mejor pareja, hija y hermana, sacar tres veces al perro a la calle, tener lo bastante regadas tus plantas.

El nivel de demanda no debería afectar al terreno íntimo, no deberíamos plantearlo como otro campo más en el que lograr los objetivos.

Que si se consiguen, bienvenidos sean.

Pero tampoco hay ningún problema en que, por casualidad o no ser el día o cualquier otra razón que igual ni te viene a la cabeza, no seas capaz de dar el 100% de ti.

El sexo es mucho más que ver a la otra persona como un desafío, un puesto de feria: “Consigue que se corra en dos minutos y te llevas premio”.

No funciona así.

El sexo es relajación, escape, pausa, conexión, comunicación, acuerdo y punto de encuentro.

Y si nos quedamos solo con su lado placentero, restándole la importancia a todo lo demás, seguiremos pensando que qué mal no haber logrado llegar y que la experiencia no ha merecido la pena.

Duquesa Doslabios.
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Feliz Navidad con este relato erótico sobre sexo oral

Cuando le digo a mi madre que sí, que iré a la farmacia a por una prueba de antígenos antes de comer con la abuela para que se quede tranquila, me doy cuenta de que ha sido la peor de las ideas. La cola de la farmacia dobla la esquina de la manzana. En este punto en el que lo más probable es que me quede sin test -ya ayer se agotaron en menos de una hora- empiezo a pensar que habría hecho mejor en decirle que no iba y me quedaba en casa. Así que normal que explotara cuando vi que te querías colar delante de mí.

UNSPLASH

Perdona- digo con ese tono que lo que insinúa en realidad es que te vayas a la mierda-, la cola termina ahí.

Sin apenas girarte me dices que te estaba guardando el sitio tu vecina y le das conversación la mujer de delante. No sé si será verdad o no que la conoces, pero ante la duda, me resulta más sencillo volcar mi enfado sobre ti. Representas todo lo que no me gusta ahora mismo, sexo masculino (dale las gracias al ghosting por esto), el típico corte de pelo de barbería con los laterales rapados -y una mata por encima que parece un ser vivo-, y la sinvergonzonería de colarte en algo tan vital. Cuando la fila empieza a moverse al abrirse la farmacia solo puedo pensar en que más te vale que haya un test para mí.

***

No puedo esperar a llegar a casa, me meto en la cafetería de al lado y hago la prueba en el baño. Aunque no sé cómo he conseguido llevar a cabo el proceso con el mix de palitos y botes de tamaño mini, al final el hisopo ha terminado en la prueba de Covid. Solo me queda esperar. Estoy sentada mirando el test que está sobre la mesa lo que se me antojan como varias horas (y que en realidad son apenas unos minutos). Por fin la línea se empieza a dibujar junto a la ‘C’ y respiro aliviada. Me dura poco, otra línea le acompaña junto a la ‘T’. Positiva en Covid. Tras escribirle a mi madre el mensaje y asumir que voy a pasar las fiestas sola, estoy lista para encargar un cargamento de bollos y pastas. Y cuando voy a levantarme de la mesa, reparo en que tú estás enfrente. No me había dado cuenta de que habías tomado la misma decisión que yo, sin poder esperar a llegar a casa para salir de dudas. Me miras entre los mechones que caen de tu flequillo y sostienes en alto un test con dos rayas. Si es el karma por haberte colado delante de mí, no entiendo que he podido hacer yo mal para que también me haya tocado. Me encojo de hombros mientras te devuelvo una sonrisa que me tapa la mascarilla y se me ocurre la más loca de las ideas.

***

Mi casa se ha convertido en uno de los mayores focos de contagios de Madrid teniendo en cuenta que en apenas 179 centímetros del sofá de Ikea estamos dos personas con coronavirus. Nada más llegar a casa he dejado la mascarilla junto a las llaves, pero tú todavía la tienes puesta. Como si no estuvieras muy seguro de soltarla. De desprenderte de la única barrera que, por lo que nos han dicho, evita la transmisión. Decido por ti y recorto el espacio que nos separa sentándome a tu lado.

Creo que ya no te va a hacer falta eso- te suelto las gomas de detrás de las orejas y dejo la FFP2 junto a tu abrigo, donde aún asoma el test de antígenos con las rayas tan dibujadas que parecen de neón.

No tengo la casa especialmente ordenada, así que el chaquetón plantado en la mesa baja, junto a mis libros, portátil y bolígrafos, parece encajar. Te miro por primera vez la cara desnuda y me sorprendo de que seas más pequeño de lo que pensaba. ¿24? ¿25? Es una diferencia de edad notable, pero no alarmante -nunca los números me han asustado-. Pero no deja de llamarme la atención como, automáticamente, hace apenas una hora, te eché más años de los que tenías. Toda esa seguridad aplastante con la que reivindicaste tu sitio en la cola parece haberse quedado delante de la farmacia. O es que quizás te preocupa recontagiarte, algo ya improbable. De cualquier manera no tuviste ninguna duda cuando te propuse pasar juntos la Nochebuena. Dos extraños asintomáticos aislados del mundo en plena pandemia global.

***

Cuando vuelvo del baño tras lavarme las manos, pareces más relajado. La situación ha pasado de parecerte extraña a divertida. Es algo que deduzco por cómo inspeccionas mis cuadernos de biología marina, con la confianza de quien ha visitado la casa de su anfitrión más veces.

Este verano hice snorkel en Malta y vi unas algas idénticas a estas- dices señalando la foto de la Asparagopsis taxiformis.

Podría seguir la conversación y contarte que no es original del mediterráneo, que es una especie invasora o que puede reproducirse sexual o asexualmente. Que te hayas fijado en una alga cuyo nombre en hawaiano se relaciona con el placer, me parece casi una señal. Me siento junto al libro y te cojo de la mano, guiándola para cerrarlo. Sigo pensando lo mismo que cuando te quitaste la mascarilla, que tus labios, por finos que sean, piden a gritos ser besados. Así que me lanzo. Y tu boca me recibe en lo que por dentro siento como aplausos. Alzo las manos y acaricio tu intento de barba, esa que aún no es cerrada y tiene algún hueco sin vello. Rodeo tu cara mientras te dibujo los labios con la punta de la lengua. Como si lamiera una piruleta que no me sabe a fresa, sino al capuchino de la cafetería de abajo. Te acomodas en el sofá, pero te llevo la contraria. No voy a seguirte a tu terreno, sino que me reclino aún más en la mesa abriéndome espacio entre los libros, cuadernos y tu chaqueta mientras me desabrocho el botón de los pantalones. Pareces saber interpretar la señal cuando tiras de ellos para bajarlos. Un forcejeo que vivo recreándome en tu esfuerzo hasta que los dejas abandonados por el suelo. Empiezas por el tobillo, recorriendo la cara interna de mi pierna con la boca entreabierta. Un camino que llega a su fin cuando alcanzas el borde de mis bragas. Me sacas la lengua y catas, con algodón de por medio, qué te espera debajo de la tela. Queriendo desintegrar la ropa, alargas el momento para sacarme de mis casillas. Muerdes mis muslos y deslizas un dedo que mueves en círculos por donde intuyes que se encuentra mi clítoris (no andas tan desencaminado). Por fin te decides y, con una mano, apartas la ropa interior para hundirte entre mis piernas. Me perfilas con la lengua, primero el labio izquierdo, luego el derecho. Te recreas lamiendo de arriba a abajo pasando por los recovecos de mi cuerpo. Hasta que vuelves a subir y te quedas -ahora sí- en mi clítoris. Deslizándolo de lado a lado, como si fuera la pelota de tenis y tu lengua las raquetas.

Empiezo a encorvarme sobre la mesa  y utilizas tu mano libre (la otra sigue con la tarea de no dejar que la tela de mis bragas corte el transbordo mis labios-tu lengua) para acariciarme con la yema. Y aprovechando mi humedad, que juega a tu favor, hundes el dedo para seguidamente, alzarlo desde dentro. Lo sacas de nuevo y te lo llevas a la boca sin dejar de observarme, con tu mirada fija en mí. No me queda otra escapatoria que no sea ver cómo me catas con el improvisado cubierto en el que se ha convertido tu dedo. Entrecierras los ojos como si lo que has encontrado te hubiera gustado. La imagen me pierde y te pido que repitas el juego gastronómico. Obediente vuelves, esta vez con el doble de dedos y repartes lo que encuentras. Uno termina en tu boca y otro en la mía. Contento con haber compartido tu descubrimiento, vuelves a la carga conmigo. Arrodillado frente a mí, empiezas un nuevo patrón. Mecánico, pero lento y profundo, sigues embistiendo con la mano. Mi cuerpo te da la señal de que cada vez estoy más cerca de que eso se convierta en fuego artificial y me prenda. Me falta el aire, el mismo que mi frecuencia cardiaca pide multiplicar convirtiendo mi respiración en jadeos. Cambias de estrategia y utilizas la boca para apretar, masajear, succionar… Pierdo la cuenta del compás de sensaciones y me dejo llevar a sabiendas que la combinación de tu lengua y el dedo tienen más peligro en mi sangre que un chupito de tequila. Si te pillo por sorpresa, no lo demuestras, sigues manteniendo el ritmo cuando mi cadera se eleva hacia arriba y se me cierran los ojos con fuerza para disfrutar de la corriente eléctrica que me sacude entera. Cuando los efectos del orgasmo desaparecen y cada vez me palpita menos el cuerpo, soy capaz de incorporarme a ver cómo le dedicas a mi vulva los últimos lametazos, más suaves y relajantes que ninguno de los anteriores. Te despegas y apoyándote en mis piernas desnudas, me deseas una Feliz Navidad.

Todavía es Nochebuena- te respondo con risas. Mientras preparo mentalmente un contraataque en el que los primeros en caer van a ser tus vaqueros.

Por qué sacarle partido a tu juguete sexual más básico: la almohada

Vengo a hablarte de un juguete sexual que tienes en casa pero que no sabías que estaba ahí.

O más bien que no sabías que le podías sacar partido más allá de dormir. Sí, te hablo de la almohada.

LELO

Con el boom de los juguetes sexuales, es normal que nos encante curiosear por las tiendas eróticas a ver qué nueva adquisición añadimos al carrito.

Pero que no se te olvide que, en tu propia casa, tienes una colección muy interesante.

Y aunque ya hablé de lo que podíamos usar para experimentar en la cama, sin tener que correr al sex shop del barrio, se me olvidó mencionar la almohada.

Colocada en según qué sitios y dependiendo de qué posiciones, podemos mejorar (y mucho) el sexo.

¿No me crees? Prueba a ponerla debajo de tu cadera en el misionero o apoya la tripa encima de ella cuando estés boca abajo.

Lo que consigue es subir unos centímetros la pelvis. Con esa nuevo ángulo, la penetración es muchísimo más profunda, lo que lleva a sensaciones muy intensas.

Y ahora vamos a alguna de las dudas más frecuentes que nos pueden surgir a la hora de ejecutar la idea.

¿Vale cualquier tipo de almohada o cojín? En principio sí, intenta evitar aquellas más planas -no notarás mucha diferencia si la altura es casi la misma-.

También puedes probar a experimentar con los respaldos del sofá si los puedes quitar.

Piensa que cada cojín de tu casa te dará, por su tamaño y relleno, una experiencia diferente.

Encontrarás aquellos que van perfectos para el misionero (como la almohada de dormir) y otros más rígidos con los que incluso el sexo oral resulta más cómodo para quien lo recibe y para el cuello de quien lo pone en práctica.

Sobre si hay que lavarla después, bastará conque metas la funda en la lavadora.

Pero es importante que mantengas una higiene básica como con el resto de tus juguetes.

Si por lo que sea se mancha de algo en pleno momento de pasión, no te olvides que estás a tiempo de recuperarla con estos trucos y no tener que cambiar todo el juego de sábanas.

Duquesa Doslabios.

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No es otra ‘review’ de un succionador de clítoris

Tengo cuatro succionadores de clítoris. Cuatro. No son iguales, pero es un producto que, sea de la firma que sea, suele garantizarte el orgasmo (la velocidad a la que llegues ya es otra historia).

Y no te puedes imaginar lo feliz que me hace que siga siendo uno de los productos con más éxito de ventas o que sea raro encontrar a una mujer que no tenga uno en su casa.

Duquesa Doslabios

Para quienes, como yo, hemos pasado gran parte de nuestra vida sexual pensando que algo no funcionaba bien entre las piernas (por no disfrutar tanto de la penetración cuando eran las películas las que estaban pintando un sexo de ficción), el succionador es un puñetazo en la mesa.

La declaración de intenciones de que tú y yo estamos bien hechas. Solo que estábamos mirando hacia otro lado sin tener en cuenta que hacían falta menos juguetes para meter por la vagina y más productos pensados en estimular las 8.000 terminaciones nerviosas del clítoris.

Y, una vez pruebas el juguete en casa, te corres noventa veces y te preguntas para qué gastarías tanto dinero en hacerte las pestañas cuando era un buen orgasmo lo que realmente te iba a iluminar la mirada, llegas a la conclusión de que no puede haber ningún artículo comparable a tu sex toy estrella del cajón.

O, al menos, eso pensaba yo muy convencida después de probar los diferentes modelos.

Pero hace unos días llegó un paquete a mi casa de Lelo, quienes se han encargado no solo de amenizarme 2020 sino de rescatarme cuando volvía a estrenar soltería (y por tanto de hacerme más amena la estancia conmigo misma) y me mandaron Enigma.

¿Otro succionador de clítoris? Fue lo primero que pensé. Ya he probado el normal, el que va más lento, el de boquilla amplia… ¿De verdad hay más maneras de excitar esa zona que sean más efectivas que las que había probado hasta ahora?

Pues como puedes adivinar viendo la imagen, no era otro succionador. O no uno como los que había probado hasta ese momento.

Con esa boquilla diminuta tampoco me parecía 100% estilo conejito, los que llevan un dildo pegado a una protuberancia que te estimula el clítoris.

Era algo distinto. Un mix entre los dos. Como si hubieran tenido una noche loca en La Isla de las Tentaciones y les hubiera salido una hija de la Generación Z que hace Tik Toks y lleva el pelo degradado.

Y como hemos venido a este mundo a probarlo todo, ahí estaba yo, entendiendo qué tenía de diferente ese juguete con forma de interrogación respecto a los demás.

La primera conclusión es la más evidente, mi nuevo amigo no es para la superficie, hay que meterlo (o al menos parte de él).

Y a no ser que ya estés excitada solo con la idea, recomiendo usar lubricante o algo de saliva en su defecto. Respiras hondo, relajas los músculos de la zona y aquello va entrando solo (por la parte del apéndice curvado, claro, no cometas la burrada de meterlo por donde los botones, que eso es el mango).

Si que es verdad que de primeras te puede parecer un poco raro esto de que la parte que queda fuera de la vagina te parezca que está invertida, pero en cuanto ya notes que tienes la boquilla del succionador a la altura de tu clítoris, estás lista para la acción.

Y es que esa es una de las cosas que más me gusta, que como la unión con forma de ‘U’ es flexible, puedes regularlo a tu altura, no está diseñado para una vulva específicamente porque se adapta a todas.

El funcionamiento es como el de sus antecesores con una diferencia. La zona de dentro vibra también tocando esas paredes que coinciden con la parte interna del clítoris (y debidamente estimuladas, terminan por hacer que te arda la cara).

Además del modo clásico de vibración o los que son intermitentes, hay un par de opciones que alternan la vibración interior con el succionador. Aquello es la fantasía.

Por dos razones, la primera porque no te lleva al orgasmo de inmediato, sino que te hace conectar primero con el interior de tu vagina y segundos después con el clítoris, con un breve (y glorioso) periodo en el que ambas coinciden.

Como digo, no es un orgasmo inmediato, pero la sensación de ‘pasar’ de una a otra parte es tan placentera que, el orgasmo que puedes vislumbrar al final del camino, se vaticina espectacular (y termina siéndolo).

¿Que si compensa para usarlo en pareja? En mi caso, me ha tocado probarlo sola, pero ¿por qué no usarlo como aprendizaje? Quizás si alguien lo ve en marcha entiende qué zonas debe estimular con los dedos o con la lengua.

En cualquier caso, para sexo anal (o un buen beso griego) me parece una opción muy interesante, ya que otros vibradores pueden entorpecer las posturas. Con la forma de interrogación nos aseguramos que quede por delante “el grueso” del juguete y no moleste nada.

Duquesa Doslabios.

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La aplicación con la que tendrás mejor sexo (tú decides si por tu cuenta o en compañía)

¿Que si el porno me satisface? Relativamente. Entre que las estructuras son siempre las mismas y las fantasías recurrentes, ver a dos personas teniendo sexo en la ficción -de la forma en que lo hacen en ese tipo de películas- me sabe a poco.

Prefiero quedarme con otras alternativas, como la prosa erótica o los audios. Esta última opción (imagínate por un momento una voz susurrante diciéndote al oído lo que le encantaría hacer con tu cuerpo) es la que ofrece la aplicación móvil Calíope.

Su CEO, Rocío Romero (@roenlared), me explica que el secreto de esta app es precisamente que consigue estimular nuestro mayor órgano sexual, el cerebro.

CALÍOPE

Pero no se limita únicamente a transportarnos a la compañía -y roce- de otras personas. Calíope pretende convertirse en el denominador común de nuestros teléfonos para que no solo tengamos aplicaciones sobre el ciclo menstrual o si nuestro bebé ha alcanzado ya el tamaño de un aguacate.

Además del fin divertido -consumir placer con otro sentido que no fuera la vista-, tiene un objetivo didáctico al ofrecer educación afectivo-sexual desarrollado por psicólogas, sexólogas y profesionales en el campo del bienestar.

Desde trabajar nuestra autoestima, problemas sexuales, entender cómo funciona el clítoris o conocer otros modelos de relación más allá de la monogamia de una forma muy amena, a nuestro ritmo y sin salir de la intimidad de la habitación (o en cualquier otro lugar).

¿Qué clase de contenidos vamos a encontrar en la aplicación?
Relatos eróticos y un apartado de desarrollo personal, aprendizaje y mejora de tu vida sexual y mental que hemos denominado Bienestar. La parte de historias es diversa, hay audios de encuentros casuales, de fantasías que siempre hemos querido probar, otros en los que formas parte de la historia… Hemos lanzado unos para que los escuches con tu pareja y os atreváis a probar cosas nuevas y disfrutar juntos de maneras diferentes. En el apartado de Bienestar coexisten temas pensados para el autoconocimiento del cuerpo, mejora del autoestima, tipos de relaciones, formas de identificar una relación dependiente… Añadimos uno nuevo cada semana.

¿Cómo habéis integrado la educación sexual en Calíope?
Nos dimos cuenta que había mucho camino que recorrer en materia de educación sexual afectiva y diversa. El papel de las psicólogas y sexólogas es clave, ellas saben orientar el contenido y ver cómo categorizar mejor ciertos temas. Nuestra misión es conseguir eliminar los máximos tabúes posibles y contribuir a naturalizar el sexo. Mientras que para alguna gente lo es, para mucha parte de la población sigue siendo algo incómodo y ruborizante.

¿Por qué razón habéis decidido dirigirla sobre todo hacia la mujer?
La educación sexual dada a las mujeres es siempre en base a la culpa, al miedo, a la desconfianza. Ten cuidado con los hombres, solo quieren usarte. Vigila que no te quedes embarazada, eso te podría arruinar la vida. Cuidado con la regla que manchas. Son muchas las frases que se nos vienen a la cabeza a las mujeres y que, por cierto, producen grandes problemas sexuales en muchas personas. De hecho, 1 de cada 2 mujeres adultas tiene problemas sexuales.

Es más, ¿cuáles son las aplicaciones que compartimos todas las mujeres? Las de regular el ciclo menstrual o de embarazo. De nuevo, la fertilidad como eje, no el placer. La app es para todo tipo de personas, el contenido está enfocado a mujeres pero también pueden escuchar las historias y los temas de bienestar los hombres, sin lugar a dudas. En Calíope cabe todo el mundo, sin distinción de sexo ni identidades de género.

¿Cómo funciona el apartado de historias?
En el apartado de historias puedes encontrar relatos eróticos e historias que tienen la finalidad de excitar o relajar a la oyente. Existen diferentes categorías como Fantasía, donde puede que a la oyente se le cumplan las suyas, también tenemos la categoría
Contigo donde la oyente forma parte de la propia historia. Además, puedes filtrar el contenido por Ella/Él o Ella/Ella. Estamos trabajando en historias Él/Él que muy pronto verán la luz. En el apartado En Pareja hay audios para escuchar con tu pareja o con quien te apetezca, si te atreves.

¿Por qué os habéis decantado por el sentido del oído en concreto?
Son muchos los estudios que demuestran que las mujeres se excitan en su mayoría mediante la imaginación y la escucha en contraposición de los hombres. De hecho, según un estudio de Tenga, a la hora de ponerse en materia el 78% de los hombres recurre a ver vídeos y contenido para adultos, frente a sólo el 46% de las mujeres, quienes prefieren principalmente la imaginación. 

Con casi un mes desde que lanzasteis la app, ¿qué es lo que tiene más éxito?
En apenas 10 horas tras el lanzamiento conseguimos colocarnos como la aplicación más descargada de Salud y Ejercicio Físico de la App Store y estar en el Top Descargas de toda España. Actualmente ha sobrepasado ya las 40,000 descargas. Nuestras oyentes, o musas de Calíope como nos gusta llamarlas, están disfrutando del contenido a diario y tanto las historias como la parte de bienestar y educación sexual están teniendo un éxito abrumador.

¿A quién le recomendáis instalarse la aplicación?
Se lo recomendaría a aquellas personas que les excita leer un relato o un libro erótico. A aquellas que quieren fomentar su principal órgano sexual: el cerebro. A aquellas que quieren disfrutar en la intimidad y no necesitan un vídeo. A aquellas que están cansadas del porno de siempre, a las que quieren probar cosas nuevas…

También se lo recomendaría a todo tipo de parejas así como a aquellas parejas que no son pareja pero se divierten juntos. Merecemos disfrutar del sexo y el placer sin miedos, tabúes ni presiones. Merecemos mejorar nuestra vida sexual y que nadie nos diga qué nos debe gustar ni quién debemos ser. ¿A quién le recomendaría instalar la aplicación? En realidad me pregunto, ¿a quién no se la recomendaría?

¿Cuáles son las ventajas de la versión ‘premium’?
Descargarla es gratuita y puedes escuchar múltiples audios sin ningún coste. Existe la opción de que por solo 19,90€ (menos de lo que vale una cena) puedas tener todo el contenido desbloqueado durante todo un año y, además, con nuevo contenido cada semana. El precio de la suscripción es bajo porque queremos que todo el mundo pueda acceder a él y creemos que un único pago de lanzamiento a un coste asequible puede hacer que la educación sexual y el placer auditivo pueda ser posibles para todo el mundo. Para los que quieran ver mucho más y no sepan si valdrá la pena, tenemos la opción de que puedas probar 7 días gratis y ver si el contenido te convence.

Duquesa Doslabios.

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No eres rara ni estás mal hecha si solo llegas al orgasmo tocándote tú misma

Después de mi primer polvo, llegué a una conclusión: el sexo está sobrevalorado. Fue lo que pensaba mientras salíamos de su portal rumbo a mi casa.

¿Y por esto tanto escándalo? Estaba casi decepcionada después de todas las expectativas que me había hecho sobre ello.

LELO

Las siguientes relaciones sexuales me llevaron al mismo razonamiento. No entendía a qué venía tanta excitación. Vale que había disfrutado del momento, de las caricias y los besos, pero a la hora de la verdad, sentía que yo (conmigo misma) me lo pasaba mejor.

No fue hasta que empecé a poner en práctica cómo me masturbaba en la intimidad, que el sexo acompañada despertó otras sensaciones.

Lo hice de manera instintiva, como respuesta natural a aquel cosquilleo que me recorría el clítoris y que, en la postura en la que estaba en aquel momento, nadie prestaba la más mínima atención.

Aquello ya era otra cosa, por fin iba por buen camino. O, al menos, eso pensé durante unos segundos, hasta que mi pareja de aquel entonces me preguntó que qué hacía.

Lo hizo con cara de susto, como si el acto de llevarme la mano a la vulva significara que estaba fracasando como amante.

Una vez vencido el miedo inicial, explicándole que así me gustaba más, nos dejamos llegar y descubrí, por primera vez, que sí, podía tener orgasmos también en pareja.

El único ¿inconveniente?, que tenía que ‘trabajármelos’ yo.

Y sí, digo inconveniente porque en ninguna película había visto a la protagonista disfrutar de aquella manera. Bastaba que se la metieran para que el polvo se convirtiera en una sucesión de gemidos ininterrumpidos hasta llegar al orgasmo.

Tuve que descubrir que no era yo quien estuviera mal, era la ficción la que no reflejaba mi realidad.

No ponía en duda que hubiera quien pudiera encontrar placer -e incluso llegar al clímax- de aquella manera, pero no era mi caso.

Ni el mío ni el de muchas amigas con las que, pasados los años, acabé hablando del tema. Curiosamente, teníamos en común que, solo estimulándonos de forma externa, conseguíamos corrernos durante la penetración.

Esa revelación me llevó a uno de los puntos más importantes de mi vida (sexual) adulta.

Podía seguir haciendo como si nada, cumpliendo los estereotipos y fingiendo mis orgasmos para que mis acompañantes no sintieran que su participación era insuficiente.

Podía normalizar que el sexo aceptado por la mayoría era eso que veía en la tele o en el ordenador y subirme al carro, aunque implicara que no lo disfrutara plenamente.

Pero eso significaría que mi vida sexual compartida resultaría decepcionante, así como una manera de ocultar algo tan natural de mí misma.

Mi decisión, la que sigue vigente hoy en día, fue tomar el otro camino, el de asumir que, por mucho que no fuera como las mujeres de las películas, lo que me funcionaba era igual de válido.

Y no ajustarme a esa imagen no iba a impedirme disfrutar en la cama. Aunque eso implicara que tuviera que hacerme cargo de mis orgasmos.

Duquesa Doslabios.

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Amiga, si no sabes ni por dónde empezar a tocarte, prueba así

Tuve mucha suerte. La masturbación fue algo sencillo y natural para mí. No necesité que nadie me la descubriera.

Me bastó con dejarme llevar de forma instintiva por lo que mi cuerpo parecía pedir. Y, poco a poco, investigando, viendo qué me gustaba, lo que no me funcionaba y lo que realmente me encantaba, llegaron los orgasmos.

SAVAGEXFENTY

Claro que no es el caso de todas. Entre que la anatomía femenina debería venir con mapa y manual de instrucciones y que todavía muchas viven sus genitales con vergüenza, me encuentro con mujeres de edades muy diferentes que no saben ni por dónde empezar.

Puede parecer obvio, pero la primera manera de romper el hielo es coger un espejo, sentarse despatarrada en el baño o en la habitación -o en cualquier sitio donde se pueda tener intimidad- y mirar por qué produce tanto escándalo por lo de ahí abajo.

Ese amasijo de pliegues de carne también eres tú. Y ¡eh!, sean del color o tamaño que sea, son tuyos. Hay que celebrarlos porque nos traen muchas alegrías (tal y como vas a aprender en un rato).

Identificar qué es cada cosa, sirve de gran ayuda. No ya solo por saber dónde ir a tocarte, también por si alguna vez notas algún escozor o sangrado fuera de sitio, sepas identificar de dónde viene (y si hay que tomar medidas al respecto).

Primer paso completado, ya quedan más o menos claros los puntos cardinales. Uno de los que más interesan es el norte.

Después de eso, lo ideal sería retirarte a un sitio más cómodo (la cama o el sofá) y recordando lo que has visto, empezar a explorarlo con los dedos.

Aunque si te parece que es ir demasiado al grano, también puedes esperar a que Chris Hemsworth se quite la camiseta en la película (en Extraction tienes la escena a los pocos minutos) o ponerte un podcast de contenido erótico y ver no solo qué sensaciones despierta por abajo, sino en qué parte.

La prueba no falla, es ahí donde tienes que dirigirte. Y ese ‘ahí’ suele ser el clítoris.

Si te acuerdas de la imagen del espejo, caerás en que está cubierto por una especie de capucha. No la retires y simplemente masajea por encima de ella (y cuidado con las uñas).

Hay muchas formas de hacerlo y según vayas conociéndote igual cambias la técnica, pero la más sencilla es utilizar solo la punta de tu dedo índice, ya sea en círculos o de lado a lado.

BIJOUX INDISCRETS

A partir de ahí, si sigues insistiendo, notarás como la sensación comienza a ser más intensa. Como si estuvieras cuajando una bola de nieve que crece por momentos.

Ármate de paciencia, respira hondo, deja la mente en blanco y no pares. Centra tu atención en lo que te está transmitiendo tu propio cuerpo y disfruta de los latidos acelerados, los primeros ‘calambres’, el sudor y la respiración agitada, síntomas de que vas por buen camino.

Incluso puedes ‘ayudar’ a que resulte todavía más intensa la presión si contraes los músculos de tu vagina hacia adentro.

A cada una de nosotras le lleva un tiempo distinto. Lo que no te recomiendo es que te estreses y lo dejes, pensando que tardas demasiado y no llegas al orgasmo.

Llegarás, de verdad. Y te darás cuenta porque, justo antes de correrte, tu cuerpo te parecerá una olla a presión que solo quiere explotar.

Pero cuanto más te agobies, te midas y, en definitiva, tengas a tu cerebro preguntándose si estás mal hecha en vez de desconectado porque estás disfrutando, te resultará más difícil disfrutar.

Ahora solo te queda dejar la pantalla, probar a tocarte y repetir las veces que quieras.

Duquesa Doslabios.

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Qué es lo que convierte en épico un polvo según los ‘millennials’

Hay muchos tipos de sexo. Tantos que, la mejor comparación que se me ocurre, es con el mostrador de una heladería (y no solo porque, curiosamente, tanto un sabor como una variedad compartan el nombre de ‘vainilla’).

DUREX

Pero no todos los recordamos por igual. Hay algunos que se clavan en la memoria después de hacerlo en las entrañas.

Y hoy he venido a hablar de ellos.

No solo yo, que ya me tienes muy leída. En esta ocasión, la opinión sobre las características que reúnen los que entran en esta categoría, es un poco mía, pero sobre todo de otros amigos y conocidos de mi edad.

  • Empiezo rompiendo el hielo con el que es, para mí, el básico de cualquier polvazo: sentirme cómoda. Algo que va desde tener la confianza como para poder decir lo que mi cuerpo necesita, hasta disfrutar plenamente del momento y del lugar, sin más preocupación que la de dejarme llevar para disfrutar.
  • “Que puedas recordarlo con una risa y mordiéndote el labio” es otra de las respuestas que comparto. Al fin y al cabo, no hay combinación más explosiva que la que forman humor y placer. Y, si tan solo de pensar en ello, las reacciones son tanto un recuerdo agradable como uno excitante, se merece el 10.
  • Quiero matizar el “que incluya sexo oral” por “que sea variado”. Imitar hasta el hastío las dinámicas del porno u obviar que hay otras maneras de disfrutar más allá de la penetración, hace que cualquier experiencia quede un poco coja. Así que olvida eso de que es una práctica relegada a los preliminares y ponlo en práctica en cualquier momento.
  • Me llama la atención que una de las respuestas más repetidas haya sido “correrse a la vez”. Quizás porque, para mí, nunca ha sido algo importante. No somos relojes, no hace falta sincronizarse y agobiarse al respecto si lo hacemos a destiempo. Sin embargo, puedo entender que llegar al orgasmo en el mismo momento puede ser un broche estupendo. Aunque mejor no obsesionarse con ello.
  • Que la noche ha sido un éxito se resume en las afirmaciones de “acabar con el chichi escocido” o “terminar con agujetas”. Despertar al día siguiente con arañazos, algún mechón de pelo arrancado (de quién y de dónde sea) y otras ‘heridas de guerra’ son sinónimos de que nos hemos dejado la piel, literalmente.
  • Por supuesto, el estatus de ‘polvo épico’ no se limita solo a los genitales. “Que se te olvide dónde estás o la noción del tiempo. Disfrutar del otro a nivel íntimo, no solo a nivel sexual” es otra de las afirmaciones con las que coincido de lleno. No todas las conexiones consiguen llegar más allá de los cuerpos y, cuando se combinan ambas, es pura magia.
  • Es algo que podría resumirse en “compenetración” o “complicidad”, otros requisitos que también han aparecido en mi encuesta. ¿Cuántos casos conocemos de polvos que fueron un éxito gracias a la química y otros que, pese a haber mucha atracción física, se quedaron en menos por la falta de ella?
  • Me parece fundamental que en las respuestas saliera la reciprocidad: “Que haya equilibrio”. Esto es un juego de equipo, no una partida al solitario, así que lo normal es que ambas personas estén al tanto de que no haya desigualdad y estar pendientes de que, si ya ha bajado, ahora te toca hacerlo a ti.
  • “Darle rienda a suelta a todo”, pero no solo a las fantasías. Poder expresarte libremente a nivel sexual con sonidos, jadeos, miradas, caricias o cachetes, da igual. Dejar fuera de la cama el trabajo, los problemas, los compromisos y…
  • “desactivar el cerebro racional y que solo quede el instinto animal”.

Duquesa Doslabios.

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¿Comprarías un juguete sexual ‘prohibido’? Ahora puedes (si te atreves)

Puede que la palabra más buscada de 2020 sea ‘coronavirus’, pero ¿cómo olvidar que, hace poco, vivimos un glorioso momento en el que ese puesto lo ostentaba el Satisfyer?

EROTICFEEL

Aquel estimulador de clítoris se convirtió en lo más comentado en grupos de amigas, sobremesas familiares y hasta Twitter. Sin embargo, el furor por el succionador (y todos los modelos de este estilo que salieron reivindicando el placer de esa zona) podría verse amenazado.

La culpa sería de un juguete que se ha ganado la etiqueta de prohibido por su curiosa historia y que, dentro de nada, estará a la venta en España.

Pero empecemos por partes. Quien puede que sea conocido en breves como el nuevo Satisfyer es el Osé, que iba a ser el ganador de la pasada edición del CES -la feria de electrónica de Las Vegas- hasta que fue retirado por “inmoral, obsceno, indecente y profano”.

(Si quieres saber más de por qué le retiraron el premio a la innovación, en este artículo te explicamos todo sobre el asunto)

Un año después, el producto estrella de la marca Lora DiCarlo aterriza en España. Y sí, está dispuesto a revolucionar el cajón de la mesilla de noche tanto o más que el estimulador.

Lo que tiene de especial Osé es que no se limita a estimular la parte externa del clítoris, también cuenta con un apéndice que promete saber encontrar el punto G que muchas nos pasamos toda la vida buscando.

Y, lo mejor de todo, es que lo podría hacer incluso a distancia mediante control remoto.

Aunque este universo de posibilidades que se abre ante nosotras no estará disponible hasta el 5 de octubre en Eroticfeel (a no ser que ya lo vayas reservando en la preventa), podemos ir fantaseando al respecto.

Porque, lo que no puedo negar es que para mí, uno de los principales atractivos -y por contradictorio que resulte-, es precisamente la razón por la que el juguete fue descalificado en su día.

Al final, resulta eso cierto de que, cuanto más se te niega algo, más ganas tienes que probarlo.

Como decía un amigo mío “Si algo tenemos que agradecerle a la Iglesia es que prohibiera el sexo, sin eso, hacerlo no sería tan divertido”.

Duquesa Doslabios.

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Esto es lo peor que puedes hacer si ella tarda en llegar al orgasmo

“Venga, córrete ya” es de las frases más chocantes que, como mujer, me han tocado escuchar.

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Sí, comparte las primeras posiciones de la lista junto al “¿No estarás en esos días del mes?” o “¿Cuándo tienes pensado casarte?”, otras de las más clásicas que te toca aguantar a menudo a lo largo de la vida.

Aunque claro, estas dos últimas suelen decirse mientras llevas ropa puesta y no estás teniendo sexo, que es cuando puede surgir la primera.

De entre todas las cosas que pueden sacarme mentalmente del momento íntimo -entre las que incluyo el pitido del lavavajillas cuando ha terminado el programa, que suene el timbre o que mi madre me conteste un WhatsApp-, la urgencia de tu acompañante por tu orgasmo, es casi la peor.

No es ya solo que pierda la concentración sexual, es que, por lo general, esa frase viene acompañada de mucho más.

Cuando hace acto de presencia no es al principio (sería un poco absurdo -y aún menos habitual- esperar un orgasmo en los primeros minutos), más bien al rato de estar en plena acción.

Por un lado, entiendo a la perfección el deseo de la otra persona, que tiene interés en que los dos sientan placer llegando a alcanzar el clímax, aunque sea en momentos diferentes.

Pero para nosotras, ese tipo de prisas no son buenas. Más que nada porque no desencadenan una respuesta positiva potenciando la excitación, todo lo contrario.

Cuando te toca escuchar que a ver si te corres, que estás tardando mucho o que si todo va bien porque no has llegado todavía, en tu cabeza se filtra la idea de que estás fracasando como amante y aburriendo a tu acompañante.

Y lo cierto es que, para empezar, nuestro orgasmo es diferente del de los hombres (si quieres profundizar, te recomiendo este artículo).

Tampoco nos podemos olvidar que, a nivel excitación, en cuanto perdemos un poco el hilo, nos toca empezar de cero.

Que las películas porno muestren unos maxiorgasmos femeninos solo con la penetración, no es de gran ayuda. La mayoría de nosotras solo llegamos a alcanzarlo mediante la estimulación directa del clítoris.

Es decir, da igual que estés 45 minutos con una postura de ‘misionero’ digna del kamasutra si el clítoris no está siendo alcanzado.

¿Concusión? Paciencia y, en todo caso, preguntar más que imponer.

Si tienes dudas de si lo estás haciendo bien o si estás yendo por el buen camino, es tan sencillo como cerciorarse con un simple “¿te gusta así?” o un “¿cómo te gustaría que hiciera?”.

Duquesa Doslabios.

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