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La crisis de salud entre los adolescentes: más de 1 de cada 4 tiene una ITS

Quienes tenemos amistades en el sector sanitario llevamos tiempo oyendo un agorero pronóstico: «Las ITS están aumentando».

Pero ahora tenemos los resultados del estudio del Hospital de Basurto (Bilbao) y confirman sus advertencias, ya son más de un cuarto de los adolescentes quienes se han contagiado.

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En la franja de edad de 14 a 18 años, un 25,3% de los participantes tenía gonorrea y un 15,5% clamidia, que, para mayor preocupación, pueden no dar la cara hasta pasado el tiempo y por tanto hacer que sus portadores sean, a su vez, silenciosos focos de contagio.

Y soy consciente de que, como apuntaba otro estudio, la mayoría vamos a tener una ITS al menos una vez en la vida.

Pero una cosa es que suceda cuando ya llevamos años de experiencias y podemos enfrentarnos al problema en la edad adulta y otra que nada más empezar tu recorrido sexual ya te contagies, que es el cambio de tendencia actual.

Además, tenemos que tener en cuenta que a esas edades la sensación de vulnerabilidad, el miedo de la regañina por parte de los progenitores o la vergüenza de que puedan enterarse los compañeros de clase son algunas de las razones que hacen que no digan nada.

Por tanto, en muchos casos, o no van al hospital -los sanitarios son los primeros en estar sorprendidos de los pocos pacientes adolescentes que tienen con la gran incidencia de infecciones-, o van tarde, lo que se paga con mayor avance de la enfermedad y con el aumento de probabilidades de contraer otras.

No estamos hablando de coger un resfriado y, a los pocos días, estar como si nada, estamos hablando de enfermedades que pueden producir dolores pélvicos crónicos, embarazos ectópicos y hasta infertilidad.

Por desgracia las mujeres tenemos más riesgo cuando contraemos una de esas enfermedades, la salud reproductiva de muchas mujeres de las próximas generaciones está en juego.

Y también su calidad de vida, tener una enfermedad inflamatoria desde tu adolescencia no es panorama alentador para nadie.

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Mucha sexualización, poca educación

Podemos debatir durante horas en los motivos que hay detrás de esto, pero la resistencia a que haya una educación sexual es la mayor responsable de un problema que se soluciona con formación acerca de las barreras de protección.

Concienciar de que hay que usar métodos que protejan la salud es ahora mismo vital, sobre todo si tenemos en cuenta que a los 8 años es cuando están teniendo sus primeros contactos con el porno.

Guste o no a los padres, sus hijos están viendo -por accidente en la mayoría de los casos cuando hablamos de esa edad- una serie de prácticas donde preservativos o barreras bucales no aparecen por ninguna parte.

¿Cómo no van a replicar lo que ven en la pantalla si es el único factor educador que tienen a mano?

El escenario que se nos plantea es que debemos empezar ponerle remedio desde las familias, los centros escolares, pero también a nivel social con campañas que promocionen la salud sexual.

De no hacerlo, de no tomar medidas urgentes, en 10 y 20 años vamos a tener una generación con una cuarta parte de sus adultos (y más a este ritmo) padeciendo las consecuencias de las enfermedades que contrajeron en su adolescencia.

No podemos seguir mirando a otro lado, no podemos mantener este vacío de conocimiento en una sociedad cada vez más sexualizada, pero más pobre en educación sexual.

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Entre la infantilización y la hipersexualización: la realidad de las mujeres con discapacidad

Artemisa Martínez es activista gallega contra el capacitismo (@realidadesdiversas), la discriminación hacia las personas con discapacidad que incluyen estereotipos, barreras, pero también la invisibilización del colectivo.

Y qué mejor ejemplo que yo misma, que llevo 7 años escribiendo de sexualidad y no había tratado nada relativo a la discapacidad.

Pero al igual que profesionales que han tratado con ella en su descubrimiento de la sexualidad con una discapacidad visual y han llegado a cuestionar que quisiera utilizar métodos anticonceptivos o que fuera a denunciar violencia sexual porque «¿Cómo te va a pasar a ti eso si tienes discapacidad?»

Artemisa Martínez

@martagbrea

La viguesa no juzga, acoge mis dudas, me muestra un montón de paciencia, pero sobre todo, se toma las cosas con humor.

El mayor estigma, en sus propias palabras, que tenemos que trabajarnos como sociedad es que «las personas con discapacidad no son asexuadas, se ha desexualizado completamente al colectivo».

«Se reduce a que no vas a tener atracción física ni emocional por nadie y si se trata la sexualidad, va a ser desde la mirada de los hombres cisheterosexuales y desde una visión muy reduccionista, poniéndolos de pobrecitos que quieren tener sexo y no pueden porque son discapacitados», comenta.

El problema es la falta de educación sexual que debería ser «en y desde la discapacidad», explica Artemisa, ya que «es algo a lo que también nos enfrentamos, cuando sientes ese deseo del que se te ha privado, que se te ha negado, vienen los cuestionamientos, cómo vas a hacer para ligar, si solo vas a tener relaciones con gente como tú…»

¿Hay educación sexual accesible para personas con discapacidades?
Depende del entorno y los recursos que quiera dar el entorno. Hay casos que sí se te da esa charla, pero desde una mirada falocentrista. Se hablan de los métodos barrera y de que no te quedes embarazada. Es esa culpabilidad hacia las mujeres con discapacidad si no cierras las piernas. Siempre con el discurso de «vamos a intentar que no se quede embarazada, porque ya es una carga y se queda embarazada es peor». No se explica nada sobre las ITS. Recuerdo que cuando nos dieron la charla (al cargo de la Xunta de Galiza) dije que no me estaba enterando y la profesional respondió «Vamos a seguir». En mi entorno familiar, la sexualidad nunca se ha tratado y desde la ONCE tampoco se me ha dado educación sexual. En mi caso tuve recursos a la hora de buscar y contrastar la información, pero tuve muchísima suerte porque tuve la curiosidad y las herramientas.

¿Qué es lo que pueden hacer los padres para reconocer como seres sexuados a sus hijos cuando tienen una discapacidad?
Hablarlo, entender que las personas con discapacidad van a tener esas inquietudes y esa relación sexual. No seguir con el mensaje de «No te toques, cierra las piernas, no metas la mano ahí…». Una excusa que se esgrime es «No lo va a entender», pero sí que lo va a entender si le adaptas el discurso, se lo explicas, tienes la paciencia de contestar a preguntas como ¿qué gusta? ¿Qué te deja de gustar? La masturbación es esto, el consentimiento esto. Y también preguntar si lo estás entendiendo. Igual que le explicas otros temas, como mira a ambos lados antes de cruzar, si vas a estar con otra persona, que esa persona quiere estar contigo.

¿Cómo podemos hacer una educación sexual inclusiva en la lucha contra el capacitismo?
Hablando sin tapujos de la diversidad que existe dentro de la discapacidad. Hay miles de formas de vivir la sexualidad y todos los cuerpos son válidos, la educación sexual debe contemplar la realidad de las personas con discapacidad y explicarse a las personas con discapacidad.

¿Cómo describirías la representación de la sexualidad de las personas con discapacidades en los medios de comunicación? ¿Qué cambios tendría que haber?
Inexistente. Las pocas veces que se ha tratado ha sido desde una mirada reduccionista. Tiene que haber una escucha activa al colectivo, aprender a mirar más allá de la movilidad reducida, quitar la mirada de la pena, hablar de esa diversidad del colectivo LGTBI, no hacerlo desde mirada morbosa, sino al igual que tratamos que hay que fomentar la educación sexual a la población general.

¿Cómo influye el patriarcado en la discapacidad?
El patriarcado, que tiene unos tentáculos enormes, también nos afecta y llega a la discapacidad, por eso cuando pensamos en discapacidad, es ese señor blanco de mediana edad en silla de ruedas. Los señores siguen siendo señores y van a aprovecharse de que la sociedad les va a ver como vulnerables. Yo puedo tocarle la teta a una mujer yendo por la calle y como soy un ‘niño’, puedo hacerlo y tengo la impunidad porque no se va a tomar como algo sexual. Las mujeres con discapacidad también somos niñas.

Cuando he tratado el tema de la esterilización forzosa siempre te vienen con el «¿Y si la mujer se queda embarazada, ¿qué pasa?» Para que se produzca un embarazo hacen falta dos personas, ¿por qué culpamos a las mujeres? Hay una mirada censora y culpabilizadora. No puede ser que mujer con discapacidad tenga una vida autónoma y relaciones sexuales. Cuando fui a planificación familiar a pedir la píldora anticonceptiva, la enfermera que me atendió estaba asustadísima. Le conté que tenía relaciones con varias personas y quería blindar esa responsabilidad. «A mí me preocupa mucho que tengas relaciones con varias personas», «A mí no, a mí me preocupan otras cosas, como no tener una ITS».

¿Cómo ha sido tu experiencia en relaciones románticas o sexuales? ¿Qué barreras o apoyos has encontrado?
Mi relación con la sexualidad ha sido un proceso que tuve que hacer sola, aprendiendo sobre los métodos barrera, teniendo confianza en que la persona no me hiciera una cafrada como quitarse el preservativo de repente… Ese pavor existe y nadie te explica que pueda pasar, pero cuando tienes discapacidad visual, aún más. Y luego en consultas médicas el exceso de ofrecimiento de ayuda a la hora de subir al potro o para quitarme la ropa. El perfil se repite, suele ser una enfermera muy preocupada, puedo hacerlo yo, pero ¿por qué tengo que hacer siempre esta labor didáctica? Son situaciones paternalistas.

Con toda la cosificación que hay de las mujeres en general, ¿es algo que le pasa también a las mujeres con discapacidad?
Sí, es como ese morbo de «Ah ¿y cómo lo haces? Siempre he querido probar con alguien como tú». Es como si tuvieran una tabla y tuvieran que tachar «Me he tirado a una tullida». Si tienes una discapacidad invisible o que no es limitante a la hora de repetir patrones, no vas en silla de ruedas o te falta en brazo, se produce esa hipersexualización de las mujeres. Pero por otro lado, cuando lo quieres denunciar, tampoco te creen. Cuando te acosan por la calle, te lo niegan. «¿Cómo te va a pasar a ti eso, si tienes discapacidad?» Me han pasado situaciones de ese tipo, que me han tocado el culo en el autobús y cuando he ido a denunciarlo me han dicho «Lo has malinterpretado». Es la idea de «¿Cómo te van a silbar a ti? ¿Cómo te van a hacer esto a ti?».

También hay situaciones en las que, en relaciones de pareja, hay un discurso de que parece que tienes que dar gracias de que la otra persona se fije en ti. Se dan situaciones de abuso porque nadie te ha explicado tampoco qué son las violaciones. Hay parejas que se aprovechan de ese discurso de qué bien, qué bonito que quiera estar contigo porque se trata de una mujer que está con la autoestima por el suelo y a la que se le ha negado que tenga atractivo o que pueda disfrutar de las relaciones. Debería estar agradecida y hacen lo que les da la gana contigo. Vivimos situaciones de abuso, violencia y maltrato y aunque denuncies nadie te va a creer porque «parece tan buena persona».

Para terminar, Artemisa destaca que la clave para su empoderamiento sexual ha sido «tener una buena red de apoyo que te crea, te acompañe, te ayude, no te juzgue y que no invalide tus experiencias y sentimientos».

Pero también se muestra tajante sobre la educación sexual: «Cuando vayas a solicitar información a profesionales de la sexualidad, hay que exigir que se te dé, que no te traten con paternalismo, no debemos resignarnos, tienes derecho a una información sexual y tienes derecho a tu salud sexual».

«Y recordarnos que eres una persona válida, tienes un cuerpo valioso, que los cuerpos diversos son válidos, que puedes disfrutar de tu sexualidad, puedes disfrutar de esa plenitud en tus relaciones, que puedes pasártelo bien, que nadie te puede negar eso y hay mil formas de vivir el placer».

¿Cómo puedo aprender de sexualidad en la edad adulta?

Puede que tu educación sexual se limitara a una clase de dos horas en toda tu vida escolar o que no recibieras formación en absoluto.

Da igual, inexistente o insuficiente, en la edad adulta las lagunas en el terreno de la sexualidad, son imposibles de ignorar.

educación sexual

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Las identificas enseguida, cuando no sabes cómo reaccionar -si algo no va como crees que debería-, o con cosas tan necesarias como aprender a identificar los síntomas de tu cuerpo si te has contagiado de una ITS.

Es curioso, ¿no? En la era de internet podría parecer que educarnos es más fácil que nunca.

Tenemos miles y miles de páginas de contenido gratuito donde llegar a ese aprendizaje que no hemos recibido.

Casi parecería de esperar que hubiéramos hecho la labor educativa por nuestra cuenta y viviéramos una vida íntima consciente y saludable. Sin embargo, la realidad es que seguimos sin hacer ‘los deberes’.

Así que el artículo de hoy es un pequeño recopilatorio de algunas herramientas para aprender de sexualidad en la edad adulta, aunque siéntete libre de contactarme en la sección de comentarios o a través de mis redes sociales para añadir más contenidos a la lista.

Empezaré con mi último descubrimiento: como resistencia a la (mala) educación de la pornografía está el Sex Education Film Festival.

Es, como imaginarás, un festival de cine que, aunque se celebra anualmente en Terrassa, bien merece la pena buscar los cortometrajes cuyo objetivo es el de terminar con esos mitos del cine X -mención especial al de No me dejes así-.

Siguiendo la línea cinematográfica, aunque en el extremo más humorístico está Peepoodo, una serie que se encuentra gratuita en internet y que vendría a ser Los Simpson de la educación sexual.

Ya te anticipo que no es lo que parece, empiezas viendo el episodio de las verduras y terminas aprendiendo cómo estimular la próstata.

Libros y podcast para disfrutar(se)

Aunque los episodios, películas o cortos nos transmiten la información de una manera más visual, soy partidaria de tenerla más a mano en los libros.

Los índices te permiten dar, en apenas unos segundos, con la duda que te está asaltando. En esa línea, son una buena fuente de información (y una reciente incorporación a mi biblioteca) la colección Saber es Placer publicada por la Editorial Cinco Tintas junto a Platanomelón.

Sus cuatro títulos –Clímax, Deseo, Clítoris y Diversidades-, recogen desde los conocimientos de sexólogas expertas en materia, a los últimos estudios científicos publicados para abordar la sexualidad desde la rigurosidad absoluta.

Pero también están escritos con un toque cercano que sea comprensible a cualquier edad y en cualquier momento de la vida.

Si se busca algo más gráfico todavía, los cómics Sex-¡oh!, de Lyona o El fruto prohibido de Liv Strömquist son ideales para quienes quieren informarse, pero prefieren hacerlo sin perderse en demasiado texto.

Y, otra de mis últimas lecturas, Yo menstrúo: Un manifiesto, de Erika Irusta es justo lo que necesitaba para entender mejor lo que me sucede una vez al mes y poder hablar de ello por aquí o en mi Instagram.

Sí, las divulgadoras que compartimos conocimientos a través de nuestras redes sociales estamos en constante formación. Por eso nuestras cuentas son también una manera de aprender mientras haces scroll con el móvil en el baño.

 

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Algunas incluso hemos ido un paso más allá haciendo programas de podcast, como es el caso de Zorras y Lagartas, un formato que copresento con la sexóloga Sara Izquierdo (con el apoyo de la plataforma JOYClub) y donde, cada 15 días, hablamos de sexualidad sin cortarnos un pelo.

En ese sentido, Spotify es una gran fuente de información con otros programas como Nepe, de Álvaro Cobarro, El podcast de la sexualidad femenina, de Miriam Gómez Galocha o Nos tienen Contentas de Roenlared y Paula Álvarez.

Aunque seguro que hay muchísimos más que no conozco.

Por último, ya que hablamos de sexólogas, las hay que organizan talleres sobre educación sexual para adultos. Es el caso de Autocoñocimiento de Pitu Aparicio, uno de los más entretenidos que he hecho últimamente.

Pero si no te coincide por fechas o ciudades, recuerda que gracias a que muchas hacemos las sesiones online, siempre te queda la opción de coger una cita de asesoría.

Puedes pedirla a modo de clase intensiva sobre algún tema sobre el que quieras aprender o para resolver todas tus dudas al respecto de la mano de una experta.

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Los hombres no hablan de estas cosas

Cómo cambia todo con el tiempo. En el colegio eras los chicos quienes tenían carta blanca para hablar de sexo. Las pajas, los dedos, si esa o aquella era una guarra

Todas esas cosas parecían reservadas a ellos. A nosotras ni se nos ocurría mencionarlo, ¿qué iban a pensar nuestras compañeras?

hombres hablando

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De adultas, el giro ha sido de 180 grados. Raro es que en una conversación con tus amigas no salga el tema del sexo, que qué tal os va a nivel erótico, si habéis tenido algún incidente, la salud íntima…

Además de conectarnos entre nosotras, hablando de situaciones algo vulnerables, lo que siempre fortalece cualquier vínculo, también es la manera de tranquilizarnos: lo que sea que nos pasa no es tan raro.

Preguntar a otras mujeres nos puede dar la solución, ya que pueden haber pasado por lo mismo, o, si no, siempre conocen a una prima de una amiga que puede servirnos de referencia.

En caso de que la primera línea de apoyo no pueda ayudarnos, no dudamos en buscar un libro que pueda darnos la respuesta o incluso investigar a golpe de buscador un retiro o curso que nos permita reconectar o, simplemente, conocernos mejor.

Considerando ese bagaje de autoformación, siento que nosotras hemos llegado al punto de educarnos que podría ser considerado de posgrado si hubiera una equivalencia oficial.

Pero los hombres con los que nos emparejamos no.

La asimetría en las relaciones heterosexuales es más que evidente y solo crece pese a la facilidad de encontrar información al alcance de un click.

Nosotras nos formamos, aprendemos, nos preocupamos por saber, practicamos lo leído, apostamos por alternativas si lo anterior no funciona, buscamos soluciones…

En cambio, lo habitual es terminar con una pareja que no solo no ha tenido el mismo camino de autoconocimiento, sino que parece resistirse al más mínimo cuestionamiento.

La principal dificultad está en que ellos si hablan de sexo, debe ser -según la masculinidad hegemónica-, en un tono de conquista, presumiendo de hazañas y números como si fuera un debate político donde gana el que lleve las barras más altas.

Se da por hecho que los hombres deben ser sexualmente seguros, con experiencia y además dominantes en sus relaciones, lo que ejerce mucha presión para que oculten cualquier falta de conocimiento o inseguridades en torno a la educación afectivo sexual.

Todo lo que no sea una autoestima sexual digna de espartano se puede percibir como una amenaza a su masculinidad.

Otro ejemplo es que si se interesan por descubrir su cuerpo, no son lo bastante hombres por el estereotipo de que tienes que venir de serie con la virilidad por las nubes y un pene funcional 24/7 como único órgano importante de la anatomía.

Sí, muchos temen ser percibidos como «poco masculinos» si demuestran interés en aprender sobre el placer y las relaciones sexuales de una manera abierta y respetuosa.

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Pero si parten con la premisa de que como hombre ya lo saben todo de lo que has visto en el porno y la extensa práctica de estos años, ¿cómo vas a necesitar ir a un taller, leer un libro o hablar con una experta que les enseñe a nada?

A eso hay que añadirle que, en muchas sociedades, el tema de la educación afectivo sexual sigue siendo tabú. La incomodidad y desinformación está a la orden del día y hay quien todavía se atraganta con la aceituna del aperitivo si le preguntas qué opina de una buena comida de culo.

Esa carencia de no haber tenido la oportunidad de recibir una educación adecuada sobre las relaciones afectivas y sexuales en su juventud, puede llevar a una falta de interés o conocimiento en la adultez. Y somos nosotras quienes sufrimos las consecuencias (y a este vídeo me remito).

 

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Por último, la masculinidad hegemónica también promueve esta idea tan casposa de que los hombres no deben expresar emociones o mostrar su vulnerabilidad.

Ya que la educación afectivo sexual a menudo implica discutir emociones, intimidad y comunicación en las relaciones, nuestros compañeros lo encuentran desafiante debido a estas presiones sociales.

Sin embargo, hoy vengo a recordar que no esperamos dar con parejas que hayan nacido sabiendo todo, y que mucho menos vamos a juzgar quienes tengan interés en mejorar su esfera íntima. Al contrario.

Aprender sobre relaciones afectivas y sexuales es un acto de responsabilidad, respeto y cuidado tanto para uno mismo como para las parejas.

Y dar con un novio que se interesa por ello es una suerte.

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‘Un cuento perfecto’, lo nuevo de Netflix que rompe con las típicas escenas de sexo

Mis expectativas sobre la miniserie Un cuento perfecto no eran altas, eran las de cualquier otra romcom: algo que me entretuviera, pero sin mucho trasfondo que me dejara reflexionando al respecto.

Por eso ha sido tan refrescante que la apuesta de Netflix, basada en la novela de Elísabet Benavent, me sorprendiera en la representación de las escenas de sexo.

un cuento perfecto Margot y David

NETFLIX

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Sin hacer spoiler –porque ya te adelanto que te la recomiendo-, en varias ocasiones donde la pasión se dispara, se mencionan o enseñan los preservativos.

Puede que pienses que no tiene nada de especial, que son habituales en tu vida y no sales de casa sin mirar que lleves uno en la cartera, pero, si lo piensas, es un elemento que suele brillar por su ausencia en la mayoría de ficciones.

Recuerdo a un escritor novel de novela erótica diciendo que no era su responsabilidad dar educación sexual a sus lectores incluyendo métodos de barrera en sus tramas.

Pero la serie es el ejemplo perfecto de que no necesitas salirte de la historia para visibilizar algo que es clave en lo que a cuidar la salud sexual se refiere.

Otro de los momentos que no esperaba es una escena en la que a protagonista le baja la regla en pleno momento de acción, cuando ciclo menstrual y sexo salvaje no son dos cosas que en las series y películas suelan coexistir.

Por un lado es como si las mujeres en la ficción nunca tuvieran la regla y solo se hablara de ella en caso de que falte, lo que sabemos que significa que está embarazada.

Y por otro, el sexo menstrual ni está ni se le espera. Vale que en la miniserie tampoco, otra pequeña barrera a superar (aunque sus motivos hay detrás), pero la respuesta del acompañante es oro.

«A mí no me importa», reitera él dejando claro que quiere seguir. Ni caras de susto ni rechazo, es la tranquilidad que necesitamos independientemente de que según nos encontremos nos apetezca más o menos.

Personalmente, ese fue el momento en el que me ganó la serie.

Porque si bien que te baje la regla antes o en pleno momento de acción es algo con lo que todas nos podemos sentir identificadas, quizás si vemos que en uno de los hits de Netflix el actor dice que le da igual, nos creamos por fin que nuestra pareja también lo dice de verdad.

A eso le sumo que Un cuento perfecto se aleja del coitocentrismo y hay escenas de otras prácticas, en concreto de sexo oral.

En las que además ella quien lo recibe, por lo que la labor de darle protagonismo al placer femenino está conseguida.

Contar con una protagonista que vive su sexualidad de manera plena, pudiendo expresar libremente un «Estoy mojada» como un «Me gusta hablar en la cama» es otra característica muy rompedora de la historia.

Viéndonos reflejadas en heroínas de ficción, que no tienen pudor ni son inexpertas como Babi de Tres metros sobre el cielo o, más recientemente, Noah de Culpa mía, conseguimos alejarnos del estigma que rodea la sexualidad femenina y se refuerza de manera positiva que eso nos parezca normal.

 

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Las series y películas son un factor que alimenta el imaginario colectivo, así que la importancia de mostrar mujeres que conocen su cuerpo, su disfrute y lo expresan en las escenas es la manera de apoyar el cambio social que libera y empodera sexualmente.

Cambio en los roles de género

No voy a pararme mucho en la historia de amor, que puede ser más o menos parecida a otras que hemos visto antes.

Pero sí me parece interesante destacar otras peculiaridades que me han parecido un avance en la pequeña pantalla.

Como por ejemplo que los roles de género estén intercambiados y veamos a un chico dedicándose a una profesión que siempre relacionamos con las mujeres: el cuidado de niños.

Mientras que su sueño es tener una floristería, el de ella es modernizar la imagen de la compañía multinacional de su familia. La clásica historia donde el exitoso hombre de negocios impresionaba a base de su éxito laboral y su fortuna -y esa desigualdad de poder era utilizada-, ha terminado.

Nosotras queremos ser la CEO.

Y, sobre todo, que no vemos a una chica conquistada por un chico malo, más mayor y experimentado, que le da un trato paternalista, controlador y hasta despectivo en ocasiones.

Vemos a una chica conquistada por un tío divertido, algo más joven que ella, que le hace reír, que no es el ejemplo de tener la vida resuelta, pero da igual porque es con quien mejor se lo pasa.

La protagonista no necesita un hombre que le resuelva la vida, se la resuelve sola y, por el camino, tiene a su lado a una persona que le hace disfrutarla todavía más.

Y es que necesitamos que nos recuerden que no necesitamos ser salvadas, que la pretensión del amor debería ser solo encontrar con quien ser feliz y punto.

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¿Por qué ahora las llamamos ‘ITS’ y no ‘ETS’?

Quienes tuvimos educación sexual, aprendimos rápido las tres letras que más nos iban a marcar la vida íntima desde aquel momento: una «E», una «T» y una «S», las siglas de Enfermedades de Transmisión Sexual.

preservativo protección sexual

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Daba igual qué quisiéramos poner en práctica en la cama.

Casi todas, parecían focos de contagio de enfermedades que, no sabíamos muy bien qué eran, pero sonaban terribles: gonorrea, clamidia, virus del papiloma humano, herpes…

Años más tarde, tanto en la comunidad médica como entre expertas en sexología, empezaron a usar cambiar «enfermedades» por «infecciones».

Es decir, en vez de ETS, ahora tenemos que hablar de infecciones de transmisión sexual. Pero, ¿a qué viene este cambio?

Por un lado, el objetivo de este cambio era alejarse del estigma que arrastra haberse contagiado.

Gracias a los tratamientos médicos, se puede vivir con las enfermedades y llevar una vida sexual normal.

También hablamos de ITS porque también se contempla a las personas que quedan infectadas, pero no muestran síntomas, que serían las que tienen la infección pero no la enfermedad, como Ellie en The Last of Us.

Al no tener síntomas, una infección es más difícil de diagnosticar, lo que hace que esa persona sea un foco de contagio y a su vez pueda hacer que otras personas se infecten (e incluso algunas terminen desarrollando la enfermedad).

Un ejemplo de esto es el herpes genital que, en cuanto desaparece el brote, no hay manera visible de saber si esa persona se ha contagiado.

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Ahora que ya está clara la diferenciación entre infecciones y enfermedades, la conclusión es que el objetivo es cuidar siempre nuestra salud sexual, sin dejarla en manos de que alguien nos diga que «es muy limpio» o que confiemos en su palabra, que no tiene nada.

Sin unas pruebas médicas recientes, no vamos a tener la garantía del estado de la otra persona (y hay que recordar que esto tampoco es 100% fiable porque hay enfermedades que tardan meses en ‘dar la cara’).

Por esa razón, solo usar métodos de protección en el sexo puede garantizarnos la seguridad de cuidar nuestra salud.

Y sí, eso incluye todo lo que implique no solo contacto entre fluidos como el semen o el flujo vaginal, sino también la saliva.

Por lo que el preservativo y las barreras orales de látex serían los dos sistemas que garantizarían que, independientemente de lo que hagamos (penetración vaginal, sexo anal, cunnilingus…), no haya riesgo de contagio.

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El peligro de quienes usan OnlyFans como educación sexual

El otro día me tropezaba con la noticia de que un estudio había descubierto que OnlyFans ‘mejoraría’ la vida sexual de las personas que consumen su contenido.

Algo así como decir que quien ve vídeos de buceo en Youtube, es capaz de hacer submarinismo.

Chicas móvil

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Y, para basarse en esas conclusiones se quedaban con cifras como que el 41% de los participantes (hombres y mujeres heterosexuales en su mayoría) intentaron probar algo de lo que vieron en los vídeos.

Pero ¿en qué momento OnlyFans se convirtió en referente de la sexualidad?

Si analizamos quiénes crean y quiénes consumen lo que hay en la plataforma, las cifras son del 97,4% de mujeres creadoras, mientras que el 76,1% de los usuarios registrados son hombres.

O, a modo resumido, ellas venden y ellos compran.

El material que se intercambia es sobre todo sexual, que no hay que olvidar que por mucho que se dijo que la plataforma venía a ser un punto de encuentro entre mecenas de talentos creativos, lo cierto es que lo que se lleva es comprar y vender contenidos sexuales.

Aunque también entra la posibilidad de hacer peticiones a las creadoras, por lo que viene siendo una compra-venta de pornografía online ‘a la carta’, algo que no sorprende teniendo en cuenta que su fundador Timothy Stokley ya tiene experiencia en desarrollar otras webs para lo mismo.

Así que metiendo todos estos factores en la ecuación, queda claro que lo que predominaría en OnlyFans, de cara a definir la sexualidad, sería la ‘mirada masculina’.

No solo por parte de esos usuarios que buscarían un contenido muy específico (prácticas, roles, etc), sino unas creadoras dispuestas a dárselo.

Por eso cabría preguntarse de qué manera el contenido es expuesto ante los ojos de quienes puedan ver su sexualidad afectada.

Porque en lo relativo a contenido sexual, ya recibimos suficientes mensajes acerca de que nuestra sexualidad debería estar al servicio de ese espectador masculino y su satisfacción.

El mismo que tiene una idea clara de cómo sentir esa excitación, lo que lleva a repetir ciertos patrones una y otra vez como que las mujeres adoptemos una postura sumisa o seamos quienes recibimos un sexo violento no deseado.

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Por mucho que los encuestados afirmaran “haber aprendido de sexo” usando la aplicación, esto es algo que nos debe preocupar.

No solo por el tipo de enseñanza que pueden haber sacado, también porque uno de cada 3 usuarios -ya estén creando o comprando contenido- es menor de edad.

Así que ¿cómo va a ser OnlyFans escuela de nada si ni aún a esa edad has descubierto tu sexualidad del todo, sino que está en plena construcción, y encima eres muy influenciable por esos primeros contactos eróticos?

Tomar la plataforma como ejemplo de las prácticas sexuales es un error gigante, porque o bien ni se sabe por qué se hace lo que se hace o no se tiene todavía claro si eso nos gusta o no.

Recordemos que es más tanto fruto de las peticiones de quienes pagan por el contenido, o la reproducción de imágenes o videos que se creen que pueden tener éxito, basándose en la idea de otras imágenes que se hayan visto con anterioridad.

Y el único sitio de donde se pueden sacar esas ideas, de lo que puede gustar a su público, es de la pornografía.

Mi conclusión es que considerar que ayuda a mejorar la vida sexual, es como decir que el porno nos enseña a relacionarnos en la cama.

Nada que no sea una educación sexual impartida por profesionales va a conseguir que sepamos de nuestra propia sexualidad y menos de estar con alguien.

Porque mal vamos si ahora el sexo es una reproducción de OnlyFans.

Porque eso que debería ser fruto del deseo único y personal de dos personas, se vuelve algo que se mecaniza y repite experiencias que no hemos elegido, que aparecen impuestas y pensamos que, como son las que hemos visto, es lo que se espera que hagamos.

O que nos dejemos hacer.

Hasta que no entendamos que la sexualidad no puede ser algo que aprendemos de fuera en películas eróticas o vídeos de OnlyFans, no empezaremos a tener una relación sana con ella.

Como algo que trabajamos, exploramos y descubrimos en la intimidad, entendiéndonos por dentro cómo nos gusta, para luego expresarlo a una pareja cuando llega el momento. Pero algo solo nuestro.

Mara Mariño

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La erección femenina, un misterio del que apenas se habla

Siempre que hablamos de erección, el pene se nos viene automáticamente a la cabeza. Son dos términos tan relacionados que es como decir «churros» y no pensar en chocolate.

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Y es que, para que se dé la penetración, la erección es fundamental, motivo por el cual es una conexión de términos tan normalizada. Pero ¿y si te digo que nosotras también tenemos de eso?

Aunque los genitales no pueden parecer más distintos, comparten el tejido que forma el pene y el clítoris.

Algo que explica la sexóloga Melanie Quintana Molero: «el clítoris es la reproducción del pene. Cuando nos desarrollamos en el útero materno se forma hacia fuera o hacia dentro».

Compuestos del mismo tejido esponjoso, cuando los vasos sanguíneos se llenan de sangre, el clítoris aumenta de tamaño por la excitación, lo que es clave a la hora de sentir placer.

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En nuestro caso, ese crecimiento es algo más discreto, ya que sucede a nivel interno.

Pero sí que se puede apreciar en la zona del glande del clítoris, que no solo aumenta de tamaño -puede ganar hasta 2 cms-, sino que también se ‘levanta’.

Los cuerpos cavernosos y bulbos vestibulares, que son las ramificaciones internas del órgano del placer que rodean la vagina, también se llenan de sangre.

 

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Esto produce que, por un lado, el tamaño de los labios exteriores se vean más grandes (y resulten más duros al tacto) pero también que aumente sensación de placer, ya que oprimen la vagina por su mayor tamaño.

Otra curiosidad de las erecciones clitorianas, es que, como las del pene, pueden ser nocturnas y darse mientras dormimos, ya que el flujo sanguíneo aumenta en la fase REM del sueño.

Por tanto es habitual que por la mañana tengamos una erección de clítoris, que, a la vez, es el momento perfecto para empezar el día activándolo ya sea sola o acompañada.

Una vez relajadas, vuelve a su tamaño normal -tanto la parte que queda a la vista como la que no-, ya que, como la sexóloga recuerda, en caso de excitación no solo aumentan algunas partes, sino que «se hincha todo el clítoris».

Mara Mariño

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Pole dance, sexología, meditación… El retiro solo para mujeres con el que reconectas con tu sexualidad

Si pienso en mi madre o en mis abuelas, no se me ocurre otra cosa que el poder y sabiduría que me transmiten las tres mujeres.

Así que casi parece lógico que, reconectar con la sexualidad, sea algo que hagas guiada y rodeada de ellas.

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O, al menos, eso es lo primero que se me viene a la mente cuando empieza el Retiro La Loba, un fin de semana de tres días donde 13 mujeres nos conocemos en una casa rural cerca del Parque Natural Armañón, en pleno corazón de la montaña.

Y es que para Melanie Quintana Molero, sexóloga y una de las fundadoras, la conexión con la naturaleza tenía que estar ahí, ya que el cuerpo forma parte de ella.

El programa incluye desde una clase de sexología -con lo necesario para que aprendamos a conocernos por fuera y por dentro-, a una sesión de twerk para desbloquear la cadera (y la mente, ya de paso).

Hacernos dueñas de nuestro cuerpo es uno de los mayores desafíos para muchas.

Vivimos en él sin darnos mucha cuenta, bien porque el piloto automático de la rutina nos lleva sin pensar o bien porque nuestra relación con él es mejorable.

Janire López de Lacalle, la otra fundadora del retiro que es instructora de pole dance, se encarga de que nos expresemos moviendo brazos y piernas, el culo, la cabeza…

Todo con tal de ayudarnos a retomar la conexión física que podríamos haber perdido.

Aunque es en el momento de bailar alrededor de la barra metálica cuando la autoestima sube por las nubes.

Todas y cada una nos colgamos del pole con las otras como espectadoras, que nos vitorean como si fuéramos la mejor bailarina de la historia, aunque terminemos arrastradas por el suelo porque no hemos conseguido engancharnos.

La figura es lo de menos, lo importante era sacar esa ‘loba’, cuya imagen nos rodea en el retiro, a la luz.

Y vaya si sale.

Melanie Quintana Alooa

Melanie Quintana mostrando un modelo de anatómico de vulva y vagina de Alooa

La loba y la manada

Porque, cuando nos queremos dar cuenta, nos estamos tocando tiradas en el suelo con los ojos cerrados. Nos tocamos para nosotras y recordamos que la sexualidad empieza en una misma y no estando en pareja.

Los bloqueos, los traumas, los secretos… Todas las mochilas emocionales que llevábamos, junto al resto de equipaje, se comparte con el ‘clan’ bajo una premisa: no juzgar a ninguna.

Nos resulta tan fácil cumplirlo que, cuando nos queremos dar cuenta, estamos llorando por la de al lado.

Y levantándonos cada dos por tres a consolar a la que se ha abierto en canal y ha contado una historia, dura como la piedra que nos llevamos de recuerdo el día que hacemos senderismo por la montaña.

Al retiro llegamos 13 mujeres de sitios distintos de España. La mayoría, con nada en común. Y en 72 horas nos calamos hasta los huesos, nos empapamos unas de todas literalmente.

Cantamos juntas, comimos en silencio, meditamos para volver a nuestra infancia donde alguna encontró, o a su yo niña o el sueño perdido.

Nos rompimos de nuevo por historias de hace años. Nos dejamos reparar por nuestras compañeras cada vez que nos abrazamos y nos mecimos como si fuéramos las olas del mar.

Nos hablamos bonito. Nos reunimos alrededor del fuego y aullamos a la luna del cielo vasco estrellado. Gritamos de rabia, respiramos de alivio y golpeamos el suelo con fuerza para dejar salir eso que siempre recae sobre nuestros hombros: la presión de cómo debemos ser las mujeres hasta que se nos olvida qué es lo que queremos.

Nos besamos las manos, los brazos, el hombro, la frente, la cabeza, la parte que encontráramos a mano para consolarnos. Compartimos secretos que nadie o casi nadie conoce de nosotras mismas.

Repasamos lo que nunca nos habían enseñado de poner límites, de conectar con lo que queremos y cómo queremos hacerlo. Y lo bonito es que lo hicimos entre todas, aprendiendo hasta de las otras.

Aprendimos tanto, aprendimos a dibujarnos con boli y con las manos, a gozarnos, a intimar de verdad, yendo a la raíz del concepto en latín que es intimus, interior, que fue lo que hicimos.

Lo que llevábamos más oculto y que tanto nos pesaba, se quedó allí, de alguna manera, y, quien no lo dejó, sabe que ahora tiene a sus hermanas Ostara para compartir su carga.

Y de vuelta a mi vida, siento como el retiro me ha cambiado de una manera que no imaginaba. Yo, que escribo cada día de esto y siento que es difícil que me enseñen algo nuevo que me sorprenda.

Así que la conclusión es que fui atraída por la sexología, pero lo que más me llevé (además de una promesa hacia mí misma de quererme bien y priorizar mi bienestar), fue el amor.

El amor de todas las mujeres que, ya en la primera toma de contacto, empezó a fluir. Quizás por eso ha sido tan difícil decirlas adiós, pero por eso las noto tan cerca de mí.

Porque como nos abrimos el corazón, y nos hicimos un hueco, siempre estaremos ahí: dentro de las otras lobas y ellas en nosotras.

Mara Mariño

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Cómo hablar de sexo con los hijos: así debería ser ‘la conversación’ según una sexóloga

En la educación sexual que recibí en casa por parte de mi madre, la palabra «consentimiento» no estaba en la conversación.

Pero tampoco hizo falta, porque se me grabó que, como ella decía, cada vez que tuviera sexo debía ser con quien yo quisiera y deseara.

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De esa manera tan sencilla aprendí no solo que tenía libertad absoluta, sino que tenía que quererlo.

Y aunque el sistema de mi madre no tiene por qué ser el que te convenza, Rosa Navarro, psicóloga y sexóloga que colabora con Diversual.com da algunos consejos a la hora de abordar el tema en casa con los más pequeños.

¿Cómo acompañar a un hijo/a si no quiere tener relaciones sexuales, pero su pareja sí?
Para empezar, deberíamos dejarle claro que mantener relaciones sexuales no es lo mismo que tener penetración y que las experiencias sexuales pueden incluir o no coito. En el caso de que detectemos que nuestro hijo o hija se encuentra en una situación en la que su pareja desea tener relaciones sexuales y él o ella no, hay que generar un espacio de escucha. No quitarle importancia a la situación y tampoco limitarnos a frases hechas. No es aconsejable optar por un enfoque en el que pongamos el foco en criminalizar a su pareja, ya que podemos generar lo contrario a lo que estamos buscando.

Podemos hacer algunas preguntas, pero dejando que se exprese y que explique lo que realmente le apetece o lo que quiere hacer. Hay que escuchar con calma, intentando animarle a contar cómo se siente, reforzando de forma positiva el hecho de que esté confiando en nosotros. Para esto podemos usar pequeños mensajes y frases intercalándolos en la conversación: “Gracias por compartir esto conmigo”, “Entiendo lo que me cuentas y valoro mucho que nos lo estés contando”. Pero, sobre todo, recordarle que haga lo que haga, siempre va a poder acudir a nosotros para resolver dudas o simplemente hablar.

¿Cómo podemos explicarle la importancia de que quiera ese encuentro?
Hemos de hablar sobre deseo y consentimiento. También ver cuáles son sus expectativas acerca de lo que se espera de una relación de pareja, dejándole claro que tener una relación sexual es algo opcional, y que no debe convertirse en una obligación. Si hemos hecho un trabajo previo en cuanto a educación sexual en casa, ya tendremos una base sobre la importancia de los límites y del respeto de las decisiones dentro de una relación. Hay que recordarle sus derechos y que sepa que puede decidir con quién y cómo estar tanto en el plano sentimental como sexual. Y que decidir no tener relaciones sexuales y decir a una pareja lo que se quiere de forma asertiva no significa que no se quiera a esa pareja.

También podemos darle ejemplos de formas de gestionar momentos en los que no se cumpla lo pactado o en los que no se sienta cómodo con la situación. Explicarle que la comunicación y, ante todo, la comunicación asertiva es la mejor vía para conseguir relaciones afectivo-sexuales plenas y satisfactorias. Y como a hacer se aprende practicando y también observando a los demás; incluso podemos aventurarnos a hacer un pequeño role playing en el que pueda practicar o ver como nosotros mismos rechazamos propuestas con las que no nos sentimos cómodos.

Te puede interesar leer: Sobre la ‘app’ de consentimiento sexual y sus lagunas

¿Cómo sé si está preparado para tener relaciones sexuales? ¿Puedo ayudarle de alguna manera?
Si está o no preparado para las primeras relaciones sexuales es algo que debe averiguar él mismo. Está claro que vamos a intentar protegerlo al máximo y evitarles cualquier mal trago o daño. Y para esto, nuestra mayor herramienta es la educación y que aprenda a tomar decisiones de forma responsable y con la mejor y mayor información.

Si creemos que se está adelantando y que no está preparado está en nuestra mano hacerle reflexionar sobre lo que implican las relaciones sexuales, lo que le hace sentir ese momento y sus expectativas. Atender también a sus necesidades de información y aunque no estemos de acuerdo, acompañarle proporcionándole acceso a métodos de protección. Existen muchísimos recursos a los que podemos redirigirlos, y algo muy efectivo es acercarnos a ellos a través de su mismo lenguaje: usando cuentas de
Instagram, podcasts, series conocidas e incluso TikTok. Hay muchas plataformas que se dedican a mostrar otras realidades sexuales de diversidad sexual, incluso existen marcas como Diversual que cuenta con una Academia Erótica con gran variedad de información sexual.

¿Cómo influye en la sexualidad la presión de grupo?
En la adolescencia, la presión de grupo puede influir de forma que se sientan obligados a realizar conductas sexuales para las que no se pueden sentir preparados o con las que no se sienten cómodos. La seguridad de muchos adolescentes se basa en la aceptación de su círculo de iguales. La opinión y lo que digan de ellos les suele afectar mucho y puede forzarles a tener comportamientos con la única intención de reafirmarse ante los demás. Esas ganas de ser aceptados por el grupo pueden propiciar que los adolescentes reproduzcan modelos sexuales inadecuados.

¿Cómo hablarlo con tu hijo/a?
De forma natural, haciéndole ver que es normal que sienta esa necesidad de parecerse a sus amigos. Pero también recordándole la importancia de ser sincero o sincera con lo que siente y de cuidarse a uno mismo y de desear y consentir de verdad lo que se hace, sea en el plano sexual o en cualquier otro. De nuevo, es fundamental validar sus emociones y acompañarle sin reproches, pero sí reforzando aquellas habilidades sociales que le sirvan para empoderarse. Como es complicado que nos vea a nosotros como referentes, podemos darle buenos ejemplos de jóvenes más cercanos a su edad que le hagan cuestionar las situaciones a las que va a enfrentarse.

¿Cuál es el papel como padres respecto a la primera vez de un hijo/a?
Lo principal es no mirar a otro lado. Aunque nos cueste un poco, hemos de asumir que nuestros hijos e hijas son personas que en algún momento van a iniciarse sexualmente y van a practicar sexo con otras personas. Nuestro papel pasa por influir de forma positiva sobre su educación sexual y para ello hay que hablar con ellos de todos los temas, dejando de lado nuestra vergüenza. Dar ejemplo es también parte de educar en sexualidad, y si perciben que evitamos tener conversaciones con ellos sobre temas de sexualidad que les preocupan, al final estamos alimentando la idea de que la sexualidad es algo que debe mantenerse en secreto o por la que hay que sentir culpa o miedo. A veces, presuponemos lo que nuestros hijos e hijas tienen ‘x’ información y no sabemos realmente qué necesidades reales en cuanto a educación tienen. Preguntar sobre qué saben sobre un tema concreto nos puede ayudar a saber de qué punto partir.

Más allá de métodos anticonceptivos, hemos de tratar temas como la autoestima, la importancia de las caricias y besos, el respeto, el consentimiento y las relaciones sanas. Toda esta información, siempre ajustada a su edad y a su nivel de comprensión.

Mara Mariño

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