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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘educación sexual’

Experimentando con el 69 vertical

La realidad nunca es tan bonita como nos la presentan.

La hamburguesa del McDonald’s no cumple las expectativas que prometen los carteles, la calle no es más glamurosa por ir conduciendo el coche que tanto te encantaba cuando veías el anuncio y el kamasutra no es tan factible como parece.

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El amargo sabor de la realidad sexual se lo achaco a un vídeo de Nacho Vidal. El actor aparecía realizando un 69 vertical. Vertical: con todas sus letras, sus dos pies en el suelo y una chica cabeza abajo.

Inmediatamente mandé el enlace del vídeo a mi compañero: “Minuto 3:48, tenemos que probar esto”.

La postura, pese a intrigarme, no me parecía especialmente complicada de primeras. Ambos somos de buen fondo en cuanto a cama se refiere.

“¿Cómo hacemos?” Pregunté confusa a la hora de colocarnos. El primer paso es que él empiece sentado en el borde de la cama. Se colocó mis piernas sobre los hombros y yo me aferré a su cintura con más fuerza que Tarzán a una liana (¿quién inventa estas posturas?).

Tras ponerse de pie sujetándonos el uno al otro por la cintura, y comprobando que no me caía de cabeza y me arriesgaba a romperme la crisma, procedimos a ejercer el 69.

Ah… 69 vertical, tan fácil que pareces y tan complicado que eres. Al segundo de estar cabeza abajo fue como si toda la sangre de mi cuerpo se hubiera puesto de acuerdo para organizar la fiesta del latido punzante en mi cráneo.

Pese a que intenté armarme de fuerza, valor, aire y llamar a la acróbata sexual que hay en mí, no hubo manera y terminé tirando la toalla y casi tirándome al suelo agradeciendo que la gravedad volviera estar a mi favor y no en mi contra.

No sé si es algo que, como el yoga, se pueda trabajar con entreno y fuerza de voluntad o es que no estoy hecha para salir del plano horizontal. Quedo a la espera de segundas opiniones: las vuestras.

Duquesa Doslabios.

“En el colegio se debería estudiar la sexualidad con la misma atención que la Pirámide de los Alimentos”

Aprovecho el sábado noche para hacerle un pequeño examen a mis amigos. La foto del dibujo de una vulva (de estos de libro de biología) me sirve para averiguar cuántos saben identificar las distintas partes.

Si bien la mayoría pasan la prueba, es un tema que me sorprende como alguno (y alguna) trata con vergüenza e incluso se siente incómodo por la imagen.

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A la hora de preguntarles por sus conocimientos sobre la materia, escucho respuestas de todo tipo: mientras que en los colegios de algunas provincias imparten alguna clase de educación sexual, en otras ninguna en absoluto. Y además sin ningún tipo de relación con la orientación religiosa del centro.

Entre las diferencias de los centros y la cantidad de parejas y amigos desinformados que me he llegado a encontrar, decido contactar con María, pseudónimo de una enfermera que lleva 14 años dando las charlas de educación afectivo-sexual en un colegio de la capital.

Lo más preocupante es que según el último informe de la Federación Española de Sociedades de Sexología, el contagio de enfermedades de transmisión sexual ha aumentado en los últimos años, sobre todo en la franja entre 15 y 24 años. ¿Puede estar relacionado con una falta de educación sexual? Mi entrevistada lo tiene claro: “Creo que sí. Se confunde la cantidad de información que hay con los conocimientos que manejan los jóvenes. Y la informacion que manejan o no es la adecuada o se minimiza respecto a que te puedas contagiar algo”.

Colegios que dan clases, otros que no, ¿estamos hablando de una educación que es responsabilidad de los centros o debería ser cosa de los padres? “Los padres tienen que educar a sus hijos para la vida. Somos seres sexuados y por tanto lo afectivo-sexual forma parte de nosotros. Tiene que ser algo de lo que se pueda hablar en casa con naturalidad, como se habla de cualquier otro tema” afirma María. “En la escuela también se tiene que abordar con la misma atención que se emplea al hablar de la Pirámide de los Alimentos, por poner un ejemplo”.

A la hora de la educación sexual en el país sí que es cierto que “se llevan a cabo programas, pero no es algo extendido a todos los colegios. En muchos centros educativos funcionan bien. En algunas comunidades autónomas hay programas que abarcan varios cursos, en otras apenas se hace algo. Sigue siendo una asignatura pendiente“.

Si tenemos la suerte de que en nuestro centro impartan clases no suele ser más de una o dos horas en toda nuestra vida estudiantil, ¿es suficiente? “No. Unas charlas puntuales sirven para crear un espacio en el que se puede hablar del tema: dar una informacion precisa y adecuada de cómo son nuestros aparatos reproductores y cómo funcionan” dice la enfermera.

“Pero no es suficiente hablar de reproducción sino de cómo podemos sentir placer con otra persona sin poner en riesgo nuestra salud, y eso es tan importante como aprender a  poder hablar con nuestra pareja sea esporádica o estable. El aprendizaje necesita tiempo y no nos podemos conformar con la suerte de poder programar algunas charlas en las apretadas agendas escolares. La educación  se tiene que abordar desde distintos ámbitos y continuada en el tiempo“.

En la opinión de María, una correcta educación sexual en los centros debería empezar “en 4° o 5° de Primaria. Se puede ir adaptando el contenido en función de los temas relacionados. Debería comenzar sobre los 9 años o incluso antes porque los cambios hormonales van a empezar a producirse y si comprenden que es algo natural, lo van a afrontar mejor”.

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No es sólo dar información, es enseñarles a manejarla y a no discriminar, ni sentirse discriminados en razón del sexo ni tampoco por su orientación sexual”.

Un programa ‘ideal’ “debería  contar con un número adecuado de horas para que el aprendizaje sea efectivo. Yo creo que dos horas al mes podría estar bien y así valorar la efectividad al trimestre. En cada nuevo curso se deberían ampliar los contenidos, según las edades” afirma la enfermera.

Y por último, tengo curiosidad por saber si dar este tipo de charlas ha ayudado a María a abordar el tema con sus propios hijos: “Me considero afortunada, porque les ha facilitado esa comunicación. Nosotros como padres hemos tenido una educación limitada. De niña he podido saber por mi madre todo acerca de la regla, pero con respecto a la pregunta de “de dónde venían los niños”, “eso ya nos lo explicarían en el colegio” o una amiga más enterada, como fue mi caso. Tengo amigas de mi edad que sus madres no se atrevieron ni a tocar el tema de la regla. Aunque han pasado muchos años, actualmente en muchas casas se viven situaciones parecidas“.

Duquesa Doslabios y María.