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El verdadero triunfo de La isla de las tentaciones: infidelidad es sexo y nada más

Ayer, tras apagar la televisión, después de la última entrega de La isla de las tentaciones, miré largamente a mi pareja. “¿Sabes qué? Mejor no vamos”, le dije tras ver que casi todas las parejas, también de esta edición, habían terminado.

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Aunque la mayoría de los comentarios de estas semanas en redes se centraban tanto en Tom como en Mayka, veíamos en Melodie y Beltrán la relación con más peligro.

Él había conseguido hacer que se sintiera escuchada, apoyada, valorada… En definitiva, querida. Y por mucho que Christian no viera peligro alguno porque, según él “no se habían besado”, para mí el fin de su historia de amor parecía tan señalizado como un cartel de tráfico.

Christian representa lo que el programa de Telecinco parece querer enseñarnos en sus, hasta ahora, dos ediciones: si no folla, no falla.

Algo que sus compañeros también sostenían cuando comentaban que las novias “de provecho” o “buenas” eran Patry y Melyssa.

Curiosamente, las dos únicas del programa que se recluían en sus habitaciones, solas, tristes y, muchas veces, llorosas.

Porque eso es, lo que ante sus ojos, hacía de ellas “buenas mujeres”. Que vivieran la separación de sus parejas aisladas, que su experiencia en la isla fuera equiparable a un retiro espiritual sin relacionarse con nadie.

Encerradas en el bucle de las dudas, las imágenes de la tablet de Sandra, las películas en su cabeza y el echar de menos.

Para los concursantes solo se puede hablar de infidelidad en el momento en el que se da acceso consentido al cuerpo, o, más en concreto, a los genitales.

Sí, por mucho que ser infiel signifique romper el vínculo, el compromiso, el trato preestablecido entre dos, en definitiva, mantener otra relación, en el reality show no va más allá de la relación sexual.

Y no de cualquier tipo. La máxima indignación venía de la mano con la penetración.

“Se la han follado”, decía Pablo mientras sus compañeros se reían con sorna.

Pablo, al igual que Lester, solo ve (y con desprecio) que su pareja ha tenido sexo. Para él el peor momento fue cuando Mayka “tiraba hacia delante”, admitió anoche: “Cuando vi besos y que se acostaban juntos”.

El coitocentrismo hace acto de presencia en el momento en el que es la penetración la mayor traición.

Como explicó una de mis predecesoras en este mismo blog, el coitocentrismo es considerar el coito la práctica sexual por excelencia. El resto de ellas no tienen la misma validez.

Algo que incluso los concursantes que no llegaron a acostarse con sus ‘tentaciones’ expresan si sabemos leer entre líneas sus palabras.

“La iba a respetar hasta el final y he cumplido”, dice Christian, quien se dejó acariciar y besar en varias ocasiones por Andrea. “Fui a confiar en Christian y realmente él no hizo nada”, decía Melodie después de haber visto esas imágenes.

También sería interesante analizar cómo el sexo vaginal se ve de una u otra manera según quien lo comente.

Por un lado tenemos a Lester, que justifica que la suya es una infidelidad ‘bonita’ porque siente amor por Patry, a quien ha conocido en la isla.

El mismo que pone verde a Marta por tener sexo sin emociones, algo que -bajo su punto de vista-, hace que la de su ex pareja sea una actitud más reprobable.

De hecho, tanto Tom como él encuentran en las emociones una manera de quitarse responsabilidad (“Sandra me da cariño, Melissa nunca lo hacía”), mientras que ellas, por no tener “motivos de peso” más allá de su deseo (que es igual de válido), se les culpabiliza.

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Algo de lo que ellas mismas se encargan también. No olvidemos que Marta es la primera en llamarse “mala”, “pecadora” o “infiel”, así como en automandarse una y otra vez al infierno por el mismo comportamiento que ha tenido su pareja.

Mayka no solo fue castigada por sus acciones con la quema de un peluche al que tenía mucho cariño en su última hoguera, anoche se arrepintió admitiendo que no había obrado bien y disculpándose una vez más ante su antigua pareja.

Ni Lester ni Tom hicieron la más mínima autocrítica o intento de disculpa.

Para ir terminando, que hoy había mucha tela que cortar, quiero dejar mi reflexión final. ¿En qué momento hemos convertido los genitales en lo único importante? ¿Si nuestra pareja no tiene sexo, cómo es que el trato sigue intacto ya que no nos importa en la misma medida que pueda crear una conexión sentimental?

Son preguntas que me hago. Al final, una relación romántica no es solo alguien con quien te acuestas. Las faltas de respeto que hemos visto en el programa como ofensas o mentiras también entran -o al menos para mí- en la categoría de traiciones.

Duquesa Doslabios.

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Besos, abrazos, cogerse de la mano… ¿qué cuenta (y qué no) como infidelidad?

Llevamos solo 23 días de 2020 y dos parejas de mi círculo cercano han puesto fin a su relación después de varios años juntos. Aunque había muchos factores que les ha llevado a tomar la decisión, en ambas, una infidelidad, había sido la explosión.

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En ninguna de las dos situaciones el sexo había hecho acto de presencia. Se habían limitado a besarse, pese a que en el caso de uno solo sirvió para darse cuenta de que quería a su actual pareja, y, en el de la otra, había sido una noche de fiesta un poco borrosa.

Si bien mis cuatro amigos rompieron, tengo también ejemplos de parejas que lo han superado y otras que siguen juntas cuando uno de los miembros tuvo sexo con un tercero.

Así que más bien lo que cabe preguntarse, más que sobre los límites de la infidelidad una vez ha sucedido, qué bases de fidelidad sentamos previamente con nuestra pareja.

Los besos son una forma de intimidad emocional y sexual (según a quién preguntes), pero también puede serlo dormir en compañía, hacer la cucharita en la cama, cogerse de la mano o acercarse emocionalmente. Otras formas de conectar que se consideran un engaño.

La verdad es que no hay una respuesta universal con la que todos estemos de acuerdo.

Es algo que depende por completo de los límites de cada pareja -que deben ser respetados-. Puede que lo que algunos consideren un engaño, otros estén dispuestos a pasarlo por alto.

Lo que sí es imprescindible es que se dé una comunicación abierta al respecto.

Una serie de preguntas que van desde el “¿Estamos solo los dos porque se trata de una relación exclusiva?” al “¿Qué acciones son las que consideramos como ‘poner los cuernos’?”

A fin de cuentas, hablarlo es una manera de marcar los límites. Unas bases que, tratándolas a tiempo, pueden evitar ‘malentendidos’ en la pareja si uno de los miembros piensa de manera diferente.

Si después alguien cruza la raya a sabiendas de lo acordado, ya sabe a qué se expone.

Duquesa Doslabios.

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Infidelidad monetaria, cuando te pone los cuernos… con el dinero

He discutido por celos, por familia, por trabajo, por amistades, pero no he discutido tanto por ninguna de esas cosas como he discutido por el dinero.

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Al principio no sospechaba nada, mi relación era como otra cualquiera. Felicidad, cariño, amor, respeto y sinceridad. O al menos al comienzo.

Las señales de alarma de mi cerebro llegaron de forma inconsciente, ese sexto sentido que se empeña en activar la campana de notificación de “¿Segura que está todo bien? Haz una actualización es estado”.

A veces indagando, y otras de manera accidental, llegué al punto de averiguar que no estaba bien, estaba del revés.

Primero fueron cosas pequeñas, cantidades sin importancia, de apenas 20 euros. Luego llegaron los dos ceros, y ahora los tres.

Pero lo peor no eran las cifras, era la mentira que las ocultaba, la forma de no mencionarlas como si no existieran cuando compartíamos, noche tras noche, la misma almohada.

No fue hasta que llegué a Google que pude ponerle nombre a lo que estaba pasando. Estaba siendo engañada económicamente, aquello tenía nombre, “infidelidad”, y apellido, “monetaria”.

Y eso que parecía que todo estaba hablado desde un principio, de manera adulta y sana, clara y concisa, como otros temas que poníamos sobre la mesa desde el principio de la relación.

Independientemente de su destino u origen, año tras año, las cantidades se seguían escondiendo delante de mis narices. Y, cada vez que descubría el nuevo engaño, era más devastadora que la anterior.

Lo que él no llegaba a entender es que por mucho que no hubiera una tercera persona con la que engañarme, el fraude seguía estando presente.

Las mentiras y ocultamientos que quedan al descubierto hacen que una confianza, ya de por sí resquebrajada, se rompa por completo.

Y mira que intentaba hacerle entender que, como si de una relación a tres se tratara, la doble vida del infiel monetario siempre terminaba por salir a la luz.

Aquella experiencia me hizo reflexionar sobre la fidelidad monetaria, algo que no puede existir sin la transparencia absoluta.

No solo en su obtención sino también en su administración, desde que entra hasta que se va de la cuenta o si está en otros depósitos escondidos.

Algo que, por mucho que vaya de billetes y monedas o cifras en el extracto, no viene a ser nada más que mantener la sinceridad de la relación, el auténtico pilar.

De no hacerlo -y como si de otra infidelidad se tratara-, el daño provocado es inmenso. Un dolor que, no solo afecta a la relación sino que viene acompañado de la pérdida total de la confianza.

Duquesa Doslabios.

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Flirtear por mensajes, ¿la nueva infidelidad?

Cada pareja tiene una dinámica diferente, eso para empezar, pero al mismo tiempo la mayoría funcionamos con una línea parecida de división entre lo correcto y lo incorrecto.

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Por mucho que haya evolucionado desde los tiempos de nuestros abuelos la manera de relacionarnos -no faltan la mensajería instantánea o las redes sociales en nuestros noviazgos- algunas cosas se mantienen idénticas.

Un ejemplo sería escribirse con tono de flirteo vía mensajes privados de cualquier red social o mensaje instantáneo, algo que quizás no conocían ellos hace sesenta años, pero que ahora puede llegar a ser considerado infidelidad.

Esa es la conclusión a la que han llegado las sexólogas de Plátanomelón.com tras ver los resultados de una encuesta realizada entre sus usuarios, con el objetivo de conocer cómo funcionan los modelos de relación.

Si bien la monogamia en la que los miembros se guardan fidelidad continúa siendo el modelo más común, ante los mensajes, las personas encuestadas se mostraron tajantes. Más de la mayoría, un 57%, consideró infidelidad el flirteo virtual aunque no existiera un contacto físico.

Claro está que cada pareja puede interpretar esa manera de contactar de manera diferente. Para María Hernando, una de las sexólogas, “hay que diferenciar la infidelidad sexual de la emocional“.

Mientras que la sexual se refiere a toda actividad íntima física fuera de la pareja estable, la emocional ocurre cuando uno de los miembros de la pareja centra su tiempo y atención en alguien más.

Una vez en ese punto, cabría preguntarse hasta qué punto es una práctica honesta. En primer lugar, por mucho que haya quien piense que es inocente ligar vía WhatsApp, ya que no se busca culminar el flirteo, se están alentando las esperanzas de otra persona.

También se mantiene una relación a nivel íntimo, aunque sea vía móvil, con alguien que no forma parte del núcleo de la pareja. Y si todavía hay quien sigue sin ver maldad, solo queda reflexionar sobre por qué se hace a las espaldas cuando no tendría que haber ningún tipo de secreto en la relación.

Quizás hasta ahora era algo que muchos ni nos habíamos planteado, pero el trasfondo de crear algo con alguien a expensas del conocimiento de con quien tienes un compromiso, no puede ser ignorado.

Hablarlo es el primer paso según la sexóloga: “No podemos dar por sentado que nuestro compañero o compañera va a sentirse traicionado por lo mismo que nosotros. Por eso es importante la comunicación con la pareja para determinar qué prácticas o conductas concretas nos harán desconfiar o sentirnos engañados”.

Hablando rápido y claro, dejar decidido de antemano si es una práctica aprobada o si por el contrario, se considera engañar.

También creo que habría que hacer un poco de autocrítica y pensar por qué se mantiene esa relación vía WhatAapp. Quizás es porque algo no funciona en la pareja, lo que podría indicar que igual es el momento de tener una conversación.

Pero si lo que más pesa es la relación, cuidarla con honestidad y sin terceras personas (aunque sean vía digital) debe ser la prioridad.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas: “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Hace poco, uno de mis lectores me recordó una frase con la que estaba más que familiarizada. “Quien come bien en casa no se va de restaurante” me escribió comentándome que, seguramente, me estaban siendo infiel.

Es curioso como a lo largo de mi vida he oído esa frase en varias ocasiones y estoy segura de que o bien esa o diferentes variantes, la han escuchado otras mujeres.

¿No te suena? Igual no la has oído todavía, pero hay una que seguramente sí.

Recuerdo que una de mis mejores amigas, estando con su novio, este la presionaba para tener sexo por primera vez. “Yo te quiero, ¿y qué es hacer el amor si no la prueba de que tú también me quieres?”. Chantaje emocional con la típica herramienta para controlar a las mujeres que se lleva usando desde el final de la Segunda Guerra Mundial: el amor romántico.

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Como mi amiga seguía sin querer, él empleó una táctica más sibilina: “Pues como no lo hagamos igual termina aquí la relación, porque yo tengo unas necesidades”. Utilizaba la palabra “necesidad” como si el sexo fuera para él algo como el oxígeno o el agua en el cuerpo, algo imprescindible biológicamente hablando.

Esa ya empieza a sonarte, ¿verdad? Ya estaba la amenaza flotando en el aire. Si mi amiga no se acostaba con él, que como su novia y enamorada, era su ‘deber’, él recurriría a otra persona.

Cuando empecé en la universidad, también escuché a algún compañero decir que era normal poner los cuernos si la novia “no te tocaba ni con un palo”. Y la verdad es que ambos razonamientos tienen un ligero tufillo a machismo falocéntrico, a que ellos deben conseguir sus deseos (porque no es una necesidad, es un deseo) sin importar cómo se sientan sus parejas. ¿Lo notáis? Agudizad el olfato y quitaos la venda de la nariz.

Anteriormente, no sé si mis abuelas, pero seguramente sus coetáneas, vivían con el miedo de que si en casa sus maridos no estaban satisfechos, irían al club más cercano donde tendrían compañías que no les molestarían con las historias del mercado o con lo cansadas que estaban después de arar la huerta y cuidar a los niños.

Ya lo decía El manual de la buena esposa, libro que se utilizaba para ‘educar’ a las mujeres a partir de los años cuarenta: “Luce hermosa. Sé dulce. Hazlo sentir en el paraíso”.

Por tanto pensarían que, entre eso y aguantar un rato, imagino que preferirían pasar el trago, por si al marido se le ocurría buscar sexo fuera de casa. Y aun así, en el caso de que lo hiciera, que tampoco se le ocurriera a su mujer decir nada, ya que él estaba “en su derecho”.

El problema es, como explica Leticia Dolera en Morder la manzana, que “históricamente se ha establecido y aceptado que en la pareja heterosexual (considerada como la forma de organización social y amorosa correcta), por naturaleza y fuerza mayor, el hombre necesita saciar sus necesidades sexuales fuera de ese pacto”.

Pero que se haya aceptado, que lo viéramos como una cosa normal, no significa que ahora tengamos que estar de acuerdo o que debamos seguir perpetuando esas ideas tan anticuadas. Por mi parte, hasta aquí.

Los cotidianos refranes o frases hechas machistas para tenernos a las mujeres sometidas como, por ejemplo, “Más puta que las gallinas”, “La suerte de la fea, la guapa la desea” o “Calladita estás más guapa” están concebidos para fomentar la rivalidad entre las mujeres y el control sobre nosotras. Son un arma de doble filo ya que construyen el tejido del imaginario colectivo y forman, por tanto, nuestra identidad, de ahí que debamos empezar a replanteárnoslos.

Porque ‘lamento’ comunicar que las mujeres no somos una barra libre. Estar en una relación tampoco significa que tengamos que estar abierta las 24 horas del día. La frase, utilizada como amenaza, juega con la culpabilidad, el reproche y de fondo, el miedo al abandono y a la soledad.

Si un hombre quiere ‘comer en casa’ y tú no estás con ‘hambre’, él puede ‘comer’ solo y no pasa absolutamente nada, que para algo tiene una mano y mucha imaginación. Y si por no querer ‘comer solo’ se va ‘de restaurante’, se está retratando completamente.

De un hombre así, puedo garantizar que es mejor estar lejos, ya que nosotras no somos solamente un agujero y no merecemos a una persona que solamente nos valore como tal.

Una relación sexual es un intercambio, un lenguaje, uno de los pilares que puede tener diferente importancia ya que cada pareja es un mundo.

La sexualidad es algo personal, no es como un mueble de Ikea que viene con instrucciones para que todos tengamos el mismo diseño en casa. Cada persona la vive y desarrolla de diferente manera.

Si por lo que sea no quieres tener sexo, háblalo, piensa a qué se debe, si crees que necesitas ayuda, búscala, y si estás bien así, no te preocupes. Hay gente que le gusta el helado de pistacho y gente a la que no le gusta en absoluto.

Recuerda que sea como sea, la comunicación es básica. Hazlo si quieres, si no quieres no lo hagas, y si tu pareja no lo entiende, y quiere ‘buscar la comida’ fuera de casa, cito textualmente al dúo Aitana War: “Pa fuera lo malo”.

Duquesa Doslabios

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Pornografía, ¿diversión “inocente” o infidelidad?

Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero ¿y si los ojos ven y lo que miran es pornografía?

YOUTUBE/Padre de Familia

Tengo 26 años y llevo viendo porno desde los 17, que fue cuando tuve un portátil para mí sola (y cuando aprendí a borrar el historial).

En este tiempo nada ha hecho que dejara de verlo. He tenido épocas de mi vida en las que lo veía con más frecuencia, otras menos y otras, prácticamente, nada.

Es algo un poco aleatorio y no depende de si tengo o no pareja, a veces me apetece, a veces no, a veces tiro de archivo o me meto a leer relatos eróticos… Lo que tiene el porno es que es un recurso fácil que, como dice una amiga mía, nos apaña porque lo tenemos “a mano”, y literalmente.

No hace falta pensar, basta mirar y atender a la respuesta física. Como animales que somos, los estímulos visuales de la pornografía nos producen excitación. Como cuando alguien bosteza y seguidamente te entran ganas de repetir la acción aunque no tengas sueño.

Así como también nos lo puede producir además de la película, un recuerdo o una fantasía salida de nuestra imaginación.

Sin embargo, son vivencias que forman parte de nuestra vida sexual individual, no por hacerlo solos, sino por que hablo de aquella propia de cada individuo.

La cabeza es libre, no hay intimidad real con otra persona, y, como dice otro amigo (pregunté a muchos al respecto) “pensar en robar un banco no significa que lo vayas a robar”.

Otra cosa es que la pornografía se convierta en una obsesión y reste tiempo de estar con nuestra pareja, altere nuestros hábitos o produzca ansiedad por no vivir en carnes esa “realidad sexual” que termina al grito de “Corten” (aunque eso no lo veamos).

El porno es un show, un espectáculo, un producto para pasar un buen rato y debe ser tratado como tal, no como un reflejo fiel de la realidad.

Además de usarlo a solas o en compañía, podemos “tomar nota” y usarlo como fuente de ideas para ponerlas luego con alguien a prueba. Si se atreve…

Duquesa Doslabios.

¿Estás micro-engañando a tu pareja?

Antes que nada: ¿micro-engañar? ¿Pero eso existe? Yo también pensaba que lo de engañar era o blanco o negro, o lo haces o no. No que existía un nivel de engaño tan pequeño que se conocía como ‘micro-engaño’.

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El micro-engaño es tan relativo que comprende todo aquello que para algunos puede ser considerado infidelidad mientras que para otros no.

El hecho de dar “me gusta” a alguien en una fotografía, poner un comentario en una red social o compartir chistes privados son, para ciertas parejas, digno de considerar como una falta de concentración en la relación.

Pero, teniendo en cuenta que el mundo virtual es el nuevo espacio de las relaciones sociales, ¿es cualquier interacción con una persona del género contrario (o del mismo si hablamos de alguien homosexual) una traición?

Yo creo que todo reside en el propósito que se tenga con esa persona. Amigos virtuales no tienen por qué ser un problema siempre que ambos tengan claro la relación de amistad. Para mí, si no hay una intención escondida tras los intercambios, no hay engaño.

Otro caso muy diferente es el de quienes cambian sus horarios para coincidir con dicho tercer elemento o ponen un pseudónimo para poder seguir comunicándose a espaldas de su pareja, ya que eso sí que se podría considerar que se está centrando en tener una conexión más cercana y recíproca con alguien fuera de la relación.

Si leer un comentario de nuestra pareja en una cuenta o si le felicita a su ex pareja el cumpleaños ya hace que salten todas nuestras alarmas, (además de que todos habríamos micro-engañado miles de veces) lo que debemos hacer es una introspección de si realmente tenemos confianza en nuestro compañero (algo que, como todos sabemos, es la base de cualquier relación).

A lo largo de nuestra vida, si estamos en una relación, seguiremos conociendo gente, alguna interesante, otra nada, alguna atractiva, otra no… Pero será en ese momento en el que debemos confiar en que la relación es lo bastante fuerte como para no querer perder a la persona que tenemos al lado por mucho que aparezcan otros elementos por el camino.

Duquesa Doslabios.

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Este verano… ¿sé infiel y no mires con quién?

Querid@s,

Las vacaciones de verano son una época propicia para cometer infidelidades. Sé infiel y no mires con quién, pensarán los más adúlteros. No sólo porque la temperatura del termómetro alcanza sus máximas cotas en estos meses y vemos más pieles al desnudo, sino porque el cambio del domicilio habitual, la transformación radical de las costumbres y el ambiente relajado de las vacaciones incitan a cometer esos deslices que durante el resto del año o no surgen o se reprimen. Vamos, que estamos más predispuestos a tener una aventura, según datos rescatados de una encuesta realizada por la web de contactos extra matrimoniales Victoria Millán.

La encuesta realizada a 4.200 usuarios del portal de citas online indica que el 72% de los infieles ha estado esperando la llegada del verano como agua de mayo para tener una aventura. Además, el 29% de las mujeres y 36% de los hombres están molestos con la pareja y por ende más predispuestos a ser infieles debido a la falta de sexo con su pareja estable. La falta de comunicación, las obligaciones del día a día y las continuas desilusiones también ostentan su parcela culposa en la tarta de la infidelidad.

Tampoco nos olvidemos que durante el año las parejas pasan más tiempo en el trabajo que viviendo juntos. Y de pronto, llegan las vacaciones que los llevan a convivir las 24 horas. En el caso de las pareja que no se llevan demasiado bien, la incapacidad de adaptarse a esta nueva intimidad, no siempre gustosa, suele desembocar en que los infieles se desfoguen fuera del del matrimonio y vivan una aventura alevosa.

Infiel

El motivo principal de ser infiel para la mayoría de los hombres sondeados es la insatisfacción sexual. Le sigue el sentimiento de asfixia provocado por la presión de sus parejas (23,40%). En el caso de ellas, las peleas las conducen a ser infieles (19,30%). Además y para mi sorpresa (no sé vosotros), el 54% de las mujeres que tienen una doble vida, preferirían pasar más tiempo con su amante que con su pareja.

¿Y vosotros qué?

El final del verano lo tenemos a la vuelta de la esquina, así que si sois de los infieles, espabilad.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

La falta de sexo, principal motivo para ser infiel

Follar poco, mal o nada. Ese es el factor fundamental que empuja a hombres y mujeres casados o emparejados a buscar un amante. Al menos eso es lo que se desprende de un estudio realizado por una de esas webs de contactos para poner los cuernos, Ashley Madison, entre sus 24 millones de usuarios.

El informe, llamado ‘The Global Sex Survey’, revela que el 37,2% de las mujeres y el 55% de los hombres entrevistados se decidieron a ser infieles por la falta de sexo con sus parejas. “La falta de sexo es un indicador y factor clave que conduce a los hombres y mujeres de todo el mundo a tener relaciones extramatrimoniales”, afirma al respecto Noel Biderman, fundador y CEO de AshleyMadison.com. “Aunque otras cosas como la frecuencia con que ven pornografía o si usan o no juguetes sexuales pueden ser signos reveladores, la mayor amenaza a la monogamia en el mundo sigue siendo una vida sexual poco saludable, ya sea por relaciones poco frecuentes o inexistentes en un matrimonio”, sentencia.

GTRES

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Yo no comparto sus afirmaciones respecto a la pornografía y los juguetes eróticos, pero en lo de la falta de sexo, creo que razón no le falta. Si cierro los ojos unos minutos y me pongo a pensar en todas las historias de cuernos que ha habido a mi alrededor, desde amigos íntimos y familiares a simples conocidos o compañeros de edificio, un sexo rácano, miserable o ausente está detrás de la mayoría de ellas. El porqué se llega a esa situación es otro debate (da para escribir un tratado), como también lo es si, llegados a ese punto, no sería mejor abordar el tema para intentar cambiarlo, cortar por lo sano, etc. No es tan sencillo, en cualquier caso, y ya hablaremos de ello en otro post.

En cuanto a otro tipo de motivaciones para lanzarse al adulterio, el 21% de los entrevistados señalaron el deseo de probar cosas nuevas en el terreno sexual, mientras que el 12% habló del “morbo de tener una aventura”. Hay quien dice que tener un amante es beneficioso para la relación, que la relanza, etc. Así lo han afirmado el 77% de las mujeres que han participado en el estudio, frente al 66% de los hombres. “Pon un par de cuernos a tu depresión”, decía Sabina.

¿Y qué hay de los remordimientos y el sentimiento de culpa? Pues no mucho, la verdad, aunque según dicho informe son ellos quienes más lo sienten: el 19,4% contra sólo el 7% de las mujeres.”El sentimiento de culpa no les afecta porque entienden que la infidelidad es una decisión personal de una experiencia privada y, por errónea que pueda ser, justifican sus acciones diciendo que son fieles a su sentir, a su derecho de experimentar y sin necesidad de afectar a sus propias parejas”, cuenta Francisco Goic, director regional de Ashley Madison.

Pues eso. Dime cuánto follas…

Infidelidades en la luna de miel

La infidelidad es, por definición, un terreno muy pantanoso que daría para cientos de post. De hecho, ya la hemos abordado alguna vez desde aquí, aunque muy humildemente, como digo, porque tiene millones de aristas y odio las generalizaciones. En este caso, a partir de dos historias que me han llegado recientemente, quería plantear un interrogante desde un punto de partida muy concreto: ¿Es una infidelidad más grave o más imperdonable si se produce durante la luna de miel?

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La pregunta que os hago parte del debate que esta semana ha estallado en la oficina a raíz de un suceso reciente. Resulta que un compañero, soltero por vocación durante años, se casó en agosto con la que parecía haberle hecho sentar la cabeza, una chica a la había conocido un par de años antes. Fueron muchos los que no dieron un duro por la relación, pero la boda pareció callar muchas bocas. El caso es que, nada más volver al trabajo en septiembre, nos ha sorprendido a todos al contarnos que el matrimonio no es lo suyo, que ha resultado un fracaso y que van a divorciarse.

¡¡¡¡¿¿¿Cómo???!!!! La maquinaria del chismorreo no tardó en ponerse en marcha y enseguida empezaron los comentarios y preguntas sobre las razones del terremoto. Al final, matices aparte, resulta que sucedió lo siguiente: estaban en cierta isla del Índico, compartiendo estancia y actividades con otras parejas de recién casados españoles, y congeniaron todos tan bien tan bien que en una discoteca, en uno de los baños, la muchacha pilló al recién estrenado marido comiéndose a chorros a otra reciente esposa. Imaginaos el papelón. Shock, gritos, llantos… Por lo visto la pobre llamó a sus padres para que fueran a recogerla al aeropuerto apenas dos días después. Y fin de la historia.

Y digo yo, ¿para qué coño se casaría el tipo? Como mínimo, la boda simboliza el comienzo de algo nuevo juntos, y empezar ese nuevo proyecto con mentiras y traiciones pues no sé, como que no. Es una doble putada, a mi juicio, aunque los cuernos escocer siempre escuecen, con boda o sin ella. La historia me ha tenido varios días dándole vueltas a la cabeza, y no he podido evitar acordarme de otros casos que creía olvidados y que me han hecho pensar que no es tan infrecuente como podríamos creer. Como Raúl, el hermano de una amiga, que en su luna de miel buscaba excusas cada tarde para ir a llamar a su amante, o como Sandra, que en la suya no paró de tontear con uno de los animadores del hotel, hasta el punto de acostarse con él en los vestuarios del gimnasio una hora antes de que lo abrieran. Lunas de miel… o de hiel. Depende del lado que te toque.