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Estos condones sin látex son como no llevar nada (y lo he comprobado de primera mano)

Al considerarme bastante contraria a los métodos anticonceptivos hormonales, durante toda mi vida sexual he ido acompañada de los fieles condones.

Más de una década teniendo sexo y nunca me han decepcionado.

Sin embargo admito que no todo son ventajas. Lo de tener que comprobar que esté bien puesto, el miedo de que no se rompa o el momento de “deja deja, ya voy yo a buscarlo”, son las pocas pegas que les pondría.

UNSPLASH

No fue hasta que me llegó la recomendación de una amiga que descubrí que había otras opciones dentro del mundo de los condones (y no me refiero a los de sabores).

“Tienes que probar los que no llevan látex, son una pasada. Como no llevar nada“.

Así que los probé y tanto mi pareja como yo decidimos que eran mucho mejores que los que estábamos usando, de marcas convencionales.

No solo resultaban más cómodos, sino que al tacto eran más similares a la piel que al plástico, que es a lo que suelen recordar los preservativos más populares.

Pero, ¿por qué mis relaciones se sentían tan distintas si al final eran solo condones? ¿Tanto puede cambiar la experiencia el material del que están hechos?

Giorgia Moscatelli, representante de SKYN, la firma de condones sin látex, me confirma que lo revolucionario de sus condones “es el poliisopreno, que hace que sean más suaves y den una sensación más natural”.

Como es mi caso, no es imprescindible tener alergia al látex para disfrutarlos: “Como mejoran las sensaciones, son perfectos para quienes quieran sentir todo“, afirma la portavoz.

“Su resistencia ante cualquier roto hacen que sean más estirables y resistentes“, así que olvídate de lo de comprobar cada poco tiempo que está bien puesto e intacto.

Otro punto a favor es que no huelen ni saben como los convencionales, el olor es diferente, pero en cualquier caso “más discreto”, dice Giorgia Moscatelli.

Yendo a algo que no podemos pasar por alto cuando se trata de comprar, es el precio. ¿Son más caros los que no llevan látex de los convencionales?

En el caso de los que produce SKYN sí hay una pequeña diferencia a la hora de hacerse con ellos.

Pero también es cierto que no es nada descabellado y, como reciente usuaria, sí que creo que merece la pena tanto por la seguridad de que no van a romperse, como por la textura.

Y ya que están empezando a llegar al mercado español, se pueden encontrar en Carrefour, comprar por Glovo o incluso por Amazon.

“Nuestro objetivo no es solo llegar a las personas que usan condones, también a quienes optan por otros métodos anticonceptivos que descartan los condones por la falta de sensibilidad. Los de SKYN son el equilibrio perfecto entre seguridad y sensaciones“, dice Giorgia.

A la hora de utilizarlos, debemos tener las mismas precauciones que ya conocemos. Según la representante de la firma: “extraer el condón del paquete sin arañarlo. Apretar la punta del preservativo para sacar el aire antes de colocarlo y no usar lubricantes de base oleosa ya que pueden dañar el material”.

Aquellos que sean de base acuosa o silicona, en cambio, funcionarán a las mil maravillas. Y para conservarlos, nada como guardarlos lejos de la luz del sol sin que pasen por temperaturas más extremas.

Bien cuidados, pueden aguantar entre tres y cinco años (pero van a gustarte tanto que seguro que los acabas usando antes).

Duquesa Doslabios.

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¿Es justo que no haya anticonceptivos orales para hombres?

Los anticonceptivos fueron liberadores para la mujer, sí.

Nos dieron, por primera vez en la historia (y llegaron en los años 70), el poder de elegir si nuestro cuerpo se apuntaba a la carrera de la vida o esperábamos una ocasión o persona más apropiada.

SAVAGE X FENTY

Cincuenta años más tarde, nos preparamos para la llegada de un nuevo método –para que consumamos nosotras, por supuesto-.

Un fármaco que atraparía y bloquearía más del 99% de los espermatozoides hace que los investigadores se sientan orgullosos.

Y todo por darle a las mujeres una alternativa alejada de los métodos hormonales que tanto revolucionan el cuerpo.

La suya sería una opción mucho menos invasiva con la que poder controlar la maternidad.

A esos científicos me gustaría también recordarles que libertad es también no tener que ser siempre nosotras quienes sometamos el cuerpo a tratamientos before o after sex.

Que crear medicamentos para ellos es también igualdad.

Somos las mujeres quienes debemos llevar el fármaco en el bolsillo, recordar tomar la píldora de cada mañana o llevar el DIU puntualmente puesto.

Pero quiero que tengamos la opción, ya que el embarazo es algo para lo que se necesitan dos, de que haya métodos que incluyan también al otro miembro de la situación.

Este camino, que seguimos desde hace medio siglo, y continuamos a día de hoy, parece dar a entender que somos nosotras las únicas responsables del embarazo. Sobre quien cae todo el peso.

Repetimos año tras año la vieja historia de “cierra las piernas”, que ha pasado a “tómate la pastilla” si quieres evitar un bebé en camino.

Nuestro útero, nuestra culpa.

Como si nos embarazáramos como María, por obra y gracia del Espíritu Santo y no por un pene.

Y, tampoco podemos olvidar que, siendo un método anticonceptivo, deja a un lado el hecho de que no es un embarazo no deseado el único riesgo al que nos exponemos después de tener sexo.

La lotería de las enfermedades de transmisión sexual es ya demasiado universal como para no tenerla en cuenta a la hora de pensar en nuevas formas de protegerse.

Para mí, el camino a seguir, es que no solo se desarrollen fármacos para que actúen en nosotras.

Que se cambie el punto de vista y se plantee la anticoncepción en el cuerpo masculino. A fin de cuentas, si el espermatozoide se paraliza, ¿no tiene más sentido que se hagan experimentos y se mediquen quienes los producen en primer lugar, los hombres?

Porque si de algo se encarga también la revelación de este método es de obviar por completo qué nuevos efectos secundarios tendrán que asumir las que se apunten al fármaco.

Cambios en el peso, pérdida de la libido o problemas circulatorios (que pueden derivar en infarto) son algunos efectos adversos de la píldora. Sangrados a destiempo, dolor en su inserción o periodos irregulares los más comunes del DIU.

Y a eso hay que sumarle las que nos medicamos con antiinflamatorios regularmente para sobrellevar los dolores de la regla.

Analizando el otro lado, el único medicamento para ellos que se estuvo desarrollando, algo que podría equivaler a la píldora masculina, se paralizó por completo en cuanto se vio que el dolor de cabeza era un efecto secundario.

Ni siquiera se planteó lanzarlo al mercado si podría producir algo de migraña a sus consumidores. La extensa ristra de consecuencias negativas que asumimos y padecemos nosotras, en cambio, no ha hecho que los productos que hay actualmente se retiren.

Ya cansada, el nuevo descubrimiento que promete revolucionar mi control de la concepción sin tocarme las hormas, solo me parece otro más para la lista.

Esa tan extensa de medicamentos que nos condenan a vivir una sexualidad de conejillo de indias, a golpe de pastilla, mientras ellos solo se encargan de disfrutarla.

Para mí está muy claro, este te lo tomas tú, Manolo. Yo me niego.

Duquesa Doslabios.

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