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¿Por qué cuando más nos preocupa la eyaculación precoz es en verano?

Oficialmente estamos en la temporada del sol, la playa (piscina para los que somos más de ciudad), el plan de barbacoa con los amigos y ¡las consultas de eyaculación precoz!

Sí, la que es la disfunción sexual más común entre los hombres parece ganar especial protagonismo en este momento del año, que es cuando aumentan las consultas al respecto.

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Y es que según los datos del NHS, el sistema de salud de Reino Unido, además de ser la disfunción más típica, el 80% de los casos no se tratan por vergüenza.

Pero no nos hace falta irnos muy lejos para saber cómo va la salud sexual masculina, ni pensar -leyendo esos resultados-, que aquí nos libramos.

El doctor Jesús E. Rodríguez, director del Instituto Sexológico Murciano y jefe de investigación de Myhixel (el método natural para controlar la eyaculación), se encarga de afirmarnos lo contrario.

En España sucede lo mismo, hasta el punto de que, según el especialista, uno de cada cuatro españoles la padece o padecerá a lo largo de su vida.

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Y, si se da en las primeras experiencias, “nos acompañará toda la vida si no se le pone remedio”, afirma el doctor.

Sorprendentemente, como decía más arriba, es en verano cuando las consultas se multiplican. Las causas son varias, aunque en ningún caso significa que por el calor haya una predisposición a que se desarrolle la disfunción.

Por un lado, se debe a que muchos hombres llevan meses padeciendo los síntomas y postergando el momento de tratarse. Es ahora cuando, en palabras del doctor “la gente tiende a afrontar tareas a las que antes no se le ha podido dedicar tiempo”.

Entre el trabajo, la rutina, los compromisos familiares y con amigos, era difícil sacar un momento para el cuidado personal, lo que sucede en menor medida en verano, la estación en la que estamos más relajados y con la agenda libre.

Aunque también se debe al “aumento de las relaciones sexuales, tanto en personas sin pareja estable como con pareja estable”, admite el especialista.

Y, no podemos olvidar que, en el caso de este año, también el confinamiento ha afectado a la salud sexual masculina haciendo que haya un repunte en los problemas de erección. Lo importante es recordar que, sea por el motivo que sea, es algo que tiene solución.

Duquesa Doslabios.

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Ni higiénicas ni saludables, la cara B de las duchas vaginales

La primera vez que vi la película La fiesta de las salchichas, tuve que buscar qué clase de objeto era el villano: una ducha vaginal animada.

Y sí, como periodista curiosa, me pudieron las ganas de seguir indagando en lo que era aquella especie de jeringuilla pensada para llenar de líquido la entrepierna.

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Para mi sorpresa, internet me regaló con la búsqueda imágenes de todo tipo de edemas y productos para ‘limpiar’ bien a fondo la zona.

Yo que pensaba, inocente de mí, que la vagina era lo bastante autosuficiente como para limpiarse sola… Resultaba que el capitalismo había encontrado otra cosa más en las que las mujeres debíamos gastar dinero.

Aquel instrumento -a medio camino entre parte de un set de un juego educativo de química y un instrumento de tortura de la Inquisición-, servía para introducir soluciones líquidas en la vagina mediante una especie de pera, con la promesa de dejar las paredes impecables y con buen olor.

Pero además, hay mucha leyenda negra alrededor de este producto. No sirve para prevenir las ETS por mucho que se hagan antes o después de tener sexo. Es más, es la mejor forma de cargarte el pH de la flora vaginal, lo que significa que queda todavía más expuesta.

Tampoco es anticonceptiva, no va a servir para evitar que los espermatozoides sigan su camino por tus entrañas.

Es más, si se usa con regularidad, puede llegar a producir a largo plazo dificultad para quedarse embarazada o incluso embarazos de riesgo.

Y eso sin hablar de las infecciones o irritación vaginal que suelen ser un clásico efecto secundario de este tipo de artículos.

Entonces, ¿qué hacemos con la vagina? ¿Cómo la limpiamos? Pues en la ducha y como limpias otra parte del cuerpo, con agua y jabón en la vulva, dejando que la zona interior siga con su autolavado.

Nos sale arriesgado lo de obsesionarnos con productos con olor para camuflar nuestro perfume propio, cuando es algo natural y, no una señal de falta de higiene.

Duquesa Doslabios.

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Sí, hay relación entre la eyaculación precoz y el confinamiento por el coronavirus

Aunque el aislamiento en casa ha servido para ponernos las pilas con esas fantasías eróticas que teníamos pendientes o incluso hacer limpieza de juguetes, si hacemos balance, no siempre el sexo ha salido ganando.

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Emocionalmente, al estar en una situación desconocida, cada persona ha reaccionado a su manera. Hay quienes han tenido sexo como si fuera a llegar el fin del mundo y quisieran repoblarlo en unas horas (sí, me viene de camino un sobrino) y quienes han perdido el deseo por completo.

Y sí, ambas situaciones son comunes dentro de la anormal normalidad, tanto la disminución de la frecuencia de relaciones como, en el caso de algunas parejas, el aumento de ella.

Día a día, averiguamos nuevas consecuencias tanto del virus como del confinamiento y una de ellas podría explicar por qué la eyaculación precoz, como el uso de la mascarilla fuera de casa, se ha disparado.

Antes de entrar en materia, quiero recordar que la eyaculación precoz es una disfunción asociada a la salud mental. Y, ¿qué trastoca más nuestra salud mental que el estrés y la ansiedad por no poder salir de casa porque hay un virus campando a sus anchas dejando un número escalofriante de víctimas mortales?

Las dos alteraciones son las archienemigas de una vida sexual saludable, por lo que se han destapado como dos de las razones por las que se habría disparado la eyaculación precoz.

Es una conclusión a la que ha llegado el doctor Jesús E. Rodríguez, quien os sonará de cuando os hablé de Myhixel, un método para controlar la eyaculación.

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El director del Instituto Sexológico de Murcia, y jefe de investigación del producto, explica que ya han diagnosticado casos en los que esta situación ha sido el desencadenante de problemas de erección y eyaculación.

“Estamos observando un aumento de casos relacionados con la eyaculación precoz, tanto en pacientes que ya la padecían, y que han empeorado durante el encierro, como en hombres que nunca la habían sufrido y han visto cómo sus tiempos de eyaculación se han acortado significativamente”, afirma el doctor.

Y el problema no es tanto que no se haya dado con una solución (que por suerte se han desarrollado tratamientos eficaces y con resultados a corto plazo), sino en la cantidad de pacientes que por miedo, vergüenza u otros factores, no se enfrentan a la situación.

¿El resultado? Una vida sexual insatisfactoria, culpabilidad, agobio… Un cóctel de emociones que equivalen a la metáfora de la pescadilla mordiéndose la cola.

La explicación científica es mucho más interesante, algo que también cuenta el doctor: “Muchas personas se han visto alteradas psicológicamente por esta situación, afectando a su estado de ánimo y sufriendo ansiedad, lo que se traduce en cambios en el metabolismo de un neurotransmisor fundamental en nuestro sistema nervioso y que a su vez es clave en lo que duramos los hombres en la cama, me refiero a la serotonina o 5-HT”.

Aunque esto también puede ser algo circunstancial porque estamos en plena desescalada sexual, no conviene perder de vista el problema (y buscar ayuda experta) si se convierte en una cosa habitual cada vez que se tienen relaciones.

“Cada persona se adapta a un ritmo diferente a cada etapa del desconfinamiento. Lo que estamos observando en consulta es que con la mayor movilidad de la población están aumentando las relaciones sexuales, ya que muchas personas no han pasado el confinamiento cerca de sus parejas sexuales, y este parón está detrás de un repunte de problemas de erección y eyaculación que se están dando al reiniciar el contacto”, afirma el doctor.

Duquesa Doslabios.

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Los mitos de la masturbación masculina: ni te vuelve estéril ni hace que disfrutes menos del sexo

¿Quién no ha oído en la adolescencia que los granos eran culpa de la masturbación? Parecía la única responsable de que el acné nos revolucionara la cara en aquellos años.

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Y aunque cada uno se encargaba de desmentir este mito a su manera (ya fuera viendo que no salían granos, como fue mi caso, o que, años después, sin masturbarnos tanto, siguen saliendo), lo cierto es que hay mucha leyenda suelta.

Y sobre todo en cuanto a masturbación masculina se refiere. Que si causa adicción, que puede solucionar problemas de salud…

Ante tantos rumores, mejor preguntar a un especialista. Es lo que han hecho desde Myhixel -el método que ayuda a controlar la eyaculación- junto al Dr. Jesús Eugenio Rodríguez, director del Instituto Sexológico Murciano y jefe de investigación del producto, quien aclara si son ciertos o no algunos de los mitos más comunes y extendidos en la sociedad.

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Quizás el más preocupante de todos sea si pone en riesgo la fertilidad, lo que el experto se apresura en desmentir. “No hay evidencia científica que señale que masturbarse afecte negativamente a la fertilidad”. Es más, sería incluso recomendable.

“La masturbación no la debemos abandonar y es óptimo que se haga cada dos o tres días para renovar esperma y aumentar las posibilidades de tener hijos, la calidad del semen se optimiza cuanto más se eyacula: aumenta el movimiento de los espermatozoides y disminuye la fragmentación del ADN espermático (roturas o lesiones en el material genético). El volumen y la calidad tardan unas 48 horas en recuperarse. Las relaciones todos los días no conceden al testículo el tiempo suficiente para que vuelva a producir tantos espermatozoides”, afirma el Dr. Rodríguez.

Aunque no es tan alarmante como el primer mito, también hay quienes temen que masturbarse signifique que tener sexo en pareja no vaya a ser igual de placentero.

Sin embargo, ya que es una forma de autoconocimiento, es la manera de saber qué clase de estímulos nos funcionan y, por tanto, poder aplicarlo una vez estemos acompañados en la intimidad.

Eso sí, ya lo avisa el Dr. Rodríguez, cuanto más se hace, más apetece hacerlo: “La masturbación es una actividad que debería mantenerse activa a lo largo de todo el ciclo vital, independientemente de que tengamos pareja o no“.

“La virtud está en el punto medio, ya que hacerlo compulsivamente puede ser tan problemático como no hacerlo”, o en otras palabras, no hace falta tocarse a todas horas.

Y es que además de dar un rato de placer, es también un potente aliado para reducir el estrés: “La respuesta neuroquímica asociada a un orgasmo provoca efectos muy similares a un ansiolítico y un antidepresivo”, afirma el Dr. Rodríguez.

“Nuestro cerebro libera sustancias neuroquímicas como la dopamina y la oxitocina, que están relacionadas con sentimientos de relajación y felicidad, en especial la dopamina, también conocido como el neurotransmisor del placer”, un motivo más que bueno como para ponerlo en práctica (sobre todo en época de exámenes o de mucha presión en el trabajo).

Por último, que masturbarse pueda evitar desarrollar ciertas enfermedades, es otra de las leyendas que nunca parecen confirmarse del todo.

En lo que a las infecciones del tracto urinario respecta, más vale hacer pis dentro de los 30 minutos posteriores de haber eyaculado para reducir las probabilidades de que las bacterias colonicen la zona.

“Recientes revisiones científicas señalan que eyacular entre 2 y 4 veces a la semana está relacionado con un menor riesgo de sufrir cáncer de próstata”, afirma el Dr. Rodríguez una buena noticia que significaría que el placer es, para los hombres, una forma de mantenerse saludables.

Duquesa Doslabios.

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De ‘pedos’ vaginales a manchas de sangre, las reacciones (normales) del cuerpo al sexo

Cuando llega el momento de entrar a la acción en la cama, crees que lo tienes todo bajo control. La lista de Spotify perfecta (hay que amortizar el premium ahora que por fin te has decidido a pagarlo), la temperatura del piso, ropa interior sin agujeros ni antiguas manchas de regla…

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Pero tu cuerpo tiene otros planes y puede que al terminar, cuando estés volviendo a la calma, toda tu vagina se relaje expulsando un sonoro pedo en su cara.

Por muy ‘tierra trágame’ que parezca la situación, es solo una de las cosas normales que a todos (o casi) nos toca enfrentarnos en el periodo poscoital: que un poco de aire se haya ‘colado’ en la vagina.

No hay nada como normalizarlo con una carcajada para quitarle hierro al asunto (y además, acabas de peerte en su cara, eso bien merece compartir unas risas).

Las flatulencias vaginales son solo la punta del iceberg. Porque si algo compartimos todas (y si no lo haces, deberías empezar ya) es que después de tener sexo te entran ganas de hacer pis.

En el caso de que no las tengas, ve igualmente y evítate una infección de orina. Es la manera que tiene el cuerpo de eliminar las posibles bacterias que del roce, se encuentren en la uretra.

No solo los microorganismos entran en acción por el contacto, también pueden salir rojeces en zonas que no imaginas, sobre todo si el vello ha sido rasurado recientemente.

Claro que, si no desaparece al cabo del día, es recomendable que visites a un especialista, no vaya a ser que tengas algo más preocupante que un poco de escozor porque has disfrutado de un cunnilingus hecho con barba de tres días.

Sentir picor o algo de dolor es también medianamente habitual teniendo en cuenta que son zonas muy sensibles. Al mínimo arañazo, roce o tirón sin querer podemos hacer daño. Lo que me lleva a una de los visitantes más habituales después de tener sexo: la sangre.

Si ya os comentaba que teniendo sexo anal, sangrar es bastante común (recordad que los vasos sanguíneos de la zona se rompen fácilmente), puede suceder lo mismo si se practica sexo vaginal.

La sangre no solo puede aparecer por la cercanía de la menstruación, también porque se ha hecho con demasiado ímpetu o incluso porque la penetración ha ido mal y, cuando te miras -todas a hacernos con un espejito para estos casos- encuentras un desgarro vaginal.

Por lo general, este tipo de heridas se solucionan a los pocos días con un poco de cuidado y abstención. Aunque si ves que no cicatriza, aplica el principio de precaución y ve a que lo miren, que son zonas muy propensas a pillar una infección.

Duquesa Doslabios.

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Los genitales huelen (y no pasa nada)

Si me preguntas cuál de los cinco sentidos relaciono en mayor medida con el sexo, tengo clara la respuesta: el tacto. En segundo lugar la vista, en tercero el oído y en cuarto el gusto. El olfato quedaría fuera del podio.

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Y me preocupa, porque para que la experiencia sea plena, también debería ejercitar el órgano olfativo, la nariz. Esa parte que queda relegada a un segundo plano y a la que, me temo, le presto muy poca importancia.

Sé que no soy la única. Es como si nuestras narices fueran siempre entre algodones. Nos empeñamos en camuflar todos los olores que nos rodean, y así tenemos el olfato, muy poco desarrollado.

Los anuncios de ambientadores que nos hacen tener la casa oliendo a bosque, a mar o a flores, el desodorante que dura 48 horas y es resistente al agua, las compresas perfumadas y ahora, hasta los calcetines vienen con olor añadido.

El cuerpo también ha pasado por un lavado de nariz. Nos hemos desacostumbrado al olor del cuerpo con todo lo que ello implica. Y basta que sintamos el más mínimo efluvio para que nos entren los agobios por no saber reconocerlo o que llegue incluso a ser motivo de repulsa.

De hecho, tengo un caso muy a mano. Una de mis mejores amigas se niega a que su pareja, con la que lleva más de seis años, le practiquen sexo oral porque siente que su flujo “huele muy fuerte”.

Nunca nadie se lo ha dicho, simplemente tiene una vergüenza tan grande de su propio cuerpo que se ha construido una barrera que le impide llevar una sexualidad plena (y disfrutarla, dicho sea de paso, que seis años sin que te hagan un solo cunnilingus se hacen muy largos).

Lo que me gustaría decirle a mi amiga es que los cuerpos huelen, la vida huele, y, los genitales son parte de nuestro cuerpo, el espacio que habitamos. No huelen a rosas, sino diferente y de manera única en función de cada persona. Pero huelen a una cosa en la que estaremos de acuerdo: a placer.

Por mucho que la publicidad insista en que seamos algo aséptico, no podemos desligarnos de la esencia que emanamos.

Y aunque no hay que confundir el olor natural de los genitales con el olor a suciedad, más propio de una infección o de, sencillamente, falta de higiene, no podemos olvidarnos de las feromonas.

Son una parte fundamental del intercambio sexual. De hecho, esas fantásticas sustancias se secretan a través de dos zonas en particular, las axilas (a través del sudor) y los genitales.

Aunque a diferencia de otro tipo de sustancias, estas no huelen, se evaporan en el aire. Por lo que una limpieza extrema, así como productos de higiene con perfumes muy intensos, hace que sea más difícil captarlas.

Aceptar los olores, limitarse al agua y al jabón en vez de pulverizar la mitad del bote de desodorante en la entrepierna, no solo nos liberará en la cama permitiéndonos disfrutar sin inseguridades, sino que nuestras feromonas multiplicarán el placer.

Empecemos a trabajarlo como el resto de sentidos y a dedicarle la atención que se merece. Porque, sinceramente, pocas cosas son comparables al perfume natural de un cuello en crudo.

¿Te atreves a oler y a que te huelan?

Duquesa Doslabios.

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Meterse objetos por los orificios del cuerpo: más que un placer, un riesgo

Cuando nuestra madre nos recomienda hacer solo experimentos con gaseosa (feliz día a las que me leéis, por cierto), lo dice por un buen motivo. Por mucho que se hable de probar cosas nuevas en el campo sexual, y aunque la imaginación sea el límite, no tiene por qué resultar beneficioso para la salud.

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Hace unos meses os hablaba de los juguetes que tenemos por casa e incluía en la lista frutas, peines y hasta cucharas. Una serie de instrumentos para conocer nuevas sensaciones siempre y cuando fueran utilizados de manera superficial.

Sin embargo, hay quienes ven en los objetos cotidianos algo tan apropiado como cualquier dildo para añadir a su rutina sexual y, de paso, aderezarla. Dejadme deciros que por las urgencias de hospital La Paz pasan muchas de esas personas, (con bombillas atascadas en el culo, de hecho).

Que la forma pueda resultar atractiva o produzca curiosidad no significa que podamos coger cualquier cosa y empezar a meterla aleatoriamente. Además de la cuestión de la seguridad, hay ciertos objetos que pueden resultar difíciles de sacar, está la higiene.

Nada, repito, nada, ha llegado directamente de fábrica limpio, desinfectado y listo para ser usado. Y menos si es con ese propósito (y aquí incluyo también chupetear los bolígrafos, algo que ha dejado más de una infección en la boca a mis compañeros de clase durante la secundaria).

El polvo en suspensión que se va posando en casa, la cantidad de lugares que ha visitado previamente el objeto o el uso que se le ha podido dar acumulando gérmenes, deberían ser algunos motivos como para echarnos para atrás.

Un alimento, rotulador o cuello de botella no son comparables a un juguete sexual, un producto que realmente está diseñado para introducir sin ningún peligro (siempre y cuando se haga con delicadeza).

Para empezar, los objetos que contengan líquidos como botes de perfumes o desodorantes, pueden estallar en cualquier momento y se corre el riesgo de que, encima, se rompa dentro produciendo cortes.

Sin olvidar tampoco, como os he mencionado anteriormente, la exposición a los gérmenes, aquellos cuyo interior sea hueco pueden provocar el vacío (y no os recomiendo tener que sacar un botellín de cerveza que succione el interior de vuestra vagina).

Respecto a los alimentos sucede exactamente lo mismo. Las frutas y verduras que puedan parecer apropiadas por el aspecto cilíndrico (zanahorias, pepinos, calabacines, plátanos…) no solo tienen bacterias sino que, recordemos, vienen con pesticidas. Al usarlas pueden quedar restos dentro, lo que provoca, una vez más, infección por bacterias.

Lo mismo pasa con los mangos de instrumentos cotidianos como el cepillo de dientes, destornilladores, bates de béisbol o el palo de una escoba. Son objetos también cubiertos de gérmenes por su uso y, aquellos de madera, incluso pueden llegar a astillarse.

Además, de un tiempo a esta parte se ha llegado incluso a convertir en una (peligrosa) moda lo de introducirse yogur o ajos por la vagina, algo que, según los bulos que circulan por la red, cura las infecciones. Una idea que es realmente lesiva y se puede cargar tu flora vaginal de un plumazo. Por lo que antes de probar ideas que parezcan de bombero o sacadas de Google, pregunta a los expertos.

Y si lo que quieres es pasar un buen rato, asegúrate de que no te llevas la salud por el camino, que, por muy bien que laves todo, estos son los riesgos a los que te expones.

Duquesa Doslabios.

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¿Ha llegado el apocalipsis sexual?

Como mujer nacida en los 90, hay varios problemas que me preocupan de mi generación: la crisis económica que nos ha dejado independientemente de nuestros estudios en el paro, las malas condiciones laborales cuando tenemos la suerte de encontrar trabajo, la fuga de cerebros para trabajar de pizzero en Londres… Y, por supuesto, la crisis sexual.

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Creo que los millennials nos encontramos en pleno apocalipsis de la sexualidad y ni siquiera nos hemos dado cuenta de que lo tenemos sobre las cabezas.

De entre nosotros ya salen los primeros impotentes, ya que muchos hombres jóvenes están teniendo problemas a la hora de excitarse por culpa de los estímulos de la pornografía.

Estando expuestos y encontrando placer viendo imágenes explícitas e irreales hacen que las relaciones sexuales convencionales resulten poco estimulantes y terminen padeciendo disfunción eréctil siendo el nuevo mercado de las clínicas de salud sexual masculina.

Aunque no tenga relación con la industria cinematográfica, cabe mencionar también que la calidad del semen ha empeorado.

Ni Crossfit ni puenting, vivir en las ciudades es el nuevo deporte de riesgo ya que factores ambientales como la contaminación, los químicos que llegan a los alimentos así como un estilo de vida poco saludable en el que abunden las sustancias poco recomendables pasan factura a los espermatozoides volviéndolos más pequeños y deformes.

La conclusión es que cada vez son más parejas las que tienen que recurrir a las clínicas de fertilidad y fecundación asistida para poder tener hijos, otro punto en contra de la vida sexual de la Generación Y.

Si 1980 fue la década del sida, en los últimos 5 años podemos hablar del cáncer de garganta provocado por el sexo oral, una enfermedad que no hace otra cosa más que crecer en España.

Aunque todavía estamos muy por detrás del número de personas que lo padecen en Estados Unidos o en Europa, a este ritmo de parejas sexuales sin protección alguna, aumentarán los casos. Una enfermedad que, encima, tienen más riesgo de contraer los hombres.

E irónicamente, en contraposición a la promiscuidad y falta de barreras que hacen que crezcan los casos de contagiados de VPH, como millennials somos la generación que menos practica sexo.

Quitando aquellas personas en los veintitantos que han aceptado el celibato como forma de vida, el menos número de casos, varios estudios han revelado que nuestra vida sexual es mucho menos activa que la de la generación anterior, la nacida entre los 60 y 70.

Por mucho que parezca que las tecnologías nos acercan, la conexión online no siempre es la clave. Estamos tan saturados que nos perdemos el contacto directo, experiencias reales, vínculos en vivo y conversaciones más allá de emoticonos.

En plena era del #MeToo, la preocupación sobre la seguridad está más latente que nunca ya que cada vez hay más conciencia sobre los riesgos de quedar con personas desconocidas.

La masculinidad tóxica propia de una sociedad machista también deja claro que debemos aprender nuevas maneras de relacionarnos alejadas de los estereotipos de género y del mito del amor romántico.

Y si a eso le sumamos nuestros problemas de compromiso, que no nos casamos, que no tenemos prisa en dar pasos acompañados, (algo que no tiene por qué ser necesariamente malo) tenemos el último factor que prueba que los millennials estamos en pleno cambio afectivo-sexual.

Pero que no cunda el pánico, al igual que hemos salido de la etapa de los contratos de prácticas cuando parecía imposible, saldremos de esta. Somos millennials.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué ya no hablamos del VIH?

En el colegio, en la clase de educación sexual, ahí fue cuando me hablaron del sida por primera vez. El tema volvió a aparecer en una novela romántica y en una serie de HBO. Pero poco más. Vacío absoluto entre las tres ocasiones.

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Es como si el VIH ya no estuviera presente, como si se hubiera tomado unas vacaciones y solo nos lo hubiera recordado últimamente Bohemian Rhapsody con el fatal desenlace que, aunque no representan, sabemos que tuvo Freddy Mercury.

Puede que la noticia de que Nacho Vidal, el famoso actor de porno, podría haberse contagiado, algo que continúa sin estar del todo claro, haya avivado por unos días el tema de conversación. Pero, sinceramente, quitando esos casos ¿cuánto llevábamos sin hablar de ella?

Era algo que sacaba de sus casillas a mi anterior jefe. “Tú no te acuerdas, pero en los 90 había carteles por todas partes que te recordaban que podías contagiarte de sida. Y ahora fíjate. ¿Ves algo en la tele, en la radio, en las redes? ¿Cuántas campañas hay en marcha? Nada, es como si se hubiera erradicado cuando la gente se lo sigue pegando“.

La realidad, aunque ojalá fuera que ha desaparecido, es que continúa entre nosotros, silencioso pero matón, y no solo eso, sino que ha descendido la preocupación por contagiarse. Las barreras de protección no se toman tan en serio como hace unos años ya que el uso de esta clase de métodos ha descendido.

Y no solo eso, que se haya encontrado un tratamiento que permite vivir con la enfermedad sin que esta avance, ha hecho, en cierta manera, que dejemos de preocuparnos. Que nos relajemos. Pero, ¿es esa la postura inteligente? Obviamente no.

Cada año se diagnostican más de 4.000 casos nuevos en España. Es cierto que se sigue avanzando en las investigaciones, que hay casos con resultados positivos e incluso se conocen pacientes (dos en concreto) que han superado por completo la enfermedad.

Eso no quita que la prevención es la mejor medida que podemos tomar, y la única que está en nuestra mano para tener una vida y una sexualidad plenas y sanas.

Así que quiero aprovechar para recordar un concepto básico, ya que el mayor riesgo es el de no estar bien informado.

El VIH se contagia cuando fluidos como sangre, semen, líquido preseminal, secreciones rectales, secreciones vaginales o leche materna entran en contacto con una membrana mucosa (dentro del recto, la vagina, la abertura del pene y la boca) o una herida que pueda estar abierta y, por tanto, tener contacto con la sangre.

Para combatir esos contactos, los preservativos, para cualquier tipo de intercambio sexual, serán nuestros mayores aliados.

Duquesa Doslabios.

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Tu gatillazo se apellida ‘porno’

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos topado con el porno. La curiosidad, algo norma, a edades tempranas es muy fuerte y termina con esas búsquedas a escondidas desde el móvil o el ordenador que vienen seguidas, en el caso de los más prudentes, de otras investigaciones a golpe de buscador sobre cómo hacer desaparecer el indiscreto historial.

LELO

El porno nos convierte en espectadores activos o pasivos por mucho que, acompañando la visualización, llevemos a cabo alguna acción. Un espectador pasivo es, a mi parecer, quien recibe el contenido dándolo por válido y veraz, utilizándolo como fuente de estímulo tal y cómo lo ve.

Por otro lado, el espectador activo tiene una actitud más crítica ante la pornografía. También puede disfrutar del contenido, pero los vídeos, los comportamientos que aparecen en ellos, hacen que se cuestione la realidad de lo que está viendo entendiendo que es una ficción con la que no tiene por qué estar de acuerdo. Son personas más juiciosas que limitan el porno a momentos concretos o a búsqueda de ideas para aderezar la vida sexual.

Un espectador activo tiene el poder sobre la pornografía, mientras que el pasivo terminará consiguiendo, como desarrollaré más adelante, que el porno tome las riendas de su vida (sexual).

Convertir las películas de contenido sexual explícito en una fuente de satisfacción constante pasa una factura muy alta al cuerpo, y tiene nombre y apellidos: disfunción eréctil.

Pero bueno, disfunción eréctil ha existido siempre, me diréis. No es una novedad que haya descubierto yo de repente. Lo que no ha existido siempre, y esta es la novedad, es en hombres jóvenes sanos entre 18 y 30 años.

El cambio de clientela lo han notado, con sorpresa, las clínicas especializadas en tratar la salud sexual masculina, que han visto como su parroquia de hombres de cierta edad aquejados del problema se veían sustituidos por chicos.

Sin enfermedades, sin problemas de salud, sin nada que aparentemente pudiera justificar el trastorno sexual, los expertos tuvieron que analizar qué diferenciaba la sexualidad de esa generación con las anteriores. ¿Adivináis que diferencia encontraron? Correcto, un móvil conectado a internet 24 horas con acceso al porno.

La pornografía existía ya, sí, pero tenías que pasar por el proceso de hacerte con un DNI de alguien mayor de edad, ir al videoblub de tu zona y dar con la película a tiempo de que ni el dueño de Blockbuster ni tus padres te pillaran el VHS en el reproductor.

Una serie de barreras que, ‘gracias’ a la tecnología ya no tenemos. ¿El resultado? Barra libre de porno sin ningún tipo de control en el teléfono. Y además un porno más persuasivo que nunca que consigue provocar la mayor estimulación sexual gracias a las tomas, conceptos, reparto y medios para rodar las películas.

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Y a mayor estimulación, mayor dependencia, una dependencia que se traduce en adicción ya que el abuso del porno, como cualquier droga, provoca cambios en el cerebro alterando la dopamina. Algo que explican en Boston Medical Group: “se crea una mayor resistencia a la misma y se pierden muchos receptores en las células nerviosas. Al igual que la dependencia de las drogas, el cuerpo y el cerebro necesitan una mayor dosis de porno para poder sentir lo mismo que la primera vez”.

Traducción: llegas a un punto en el que nada te excita. Tu deseo sexual normal de chico de 21 años está acostumbrado a un nivel tan alto de estimulación que, las relaciones de pareja clásicas se vuelven aburridas afectando a las relaciones íntimas. Un fenómeno que en la clínica bautizan como “desensibilización”. “Hay una desconexión cerebro-genital y aparecen los problemas de erección”, declaran.

Llegados a este punto, el tratamiento es la única solución, una solución que, para más inri, le cuesta más a los jóvenes que pueden tardar hasta tres años en recuperarse. Pero, no desesperéis, adictos al porno, hay luz al final del túnel.

“Los pacientes que dejan la pornografía entran en una etapa conocida como planicie, con una pérdida de la líbido, indiferencia sexual, pérdida de erecciones nocturnas e incluso depresión”, dicen desde Boston Medical Group”. “Es en ese momento donde hay que tener más precauciones, porque para combatirlo, los hombres pueden volver a recaer en ver nuevamente porno, activándose de nuevo la dependencia”, declaran.

No obstante, y como alumna fiel de la escuela de “mejor prevenir que curar”, la respuesta la tienes unos párrafos más arriba. Con el porno las tres “P”: precaución con su consumo, nunca dejar que llegue a convertirse en la única fuente de estimulación; pensamiento crítico comprendiendo que lo que estamos viendo es una ficción y en ningún caso la vida real; y poder que debemos ejercer sobre ella y no ella sobre nosotros alterando nuestro cerebro y afectando a la vida sexual.

Duquesa Doslabios.

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