Archivo de la categoría ‘homosexualidad’

De los chistes a las agresiones: cómo combatir nuestra propia homofobia según una psicóloga

La educación sexual que recibimos se queda corta. No solo queda en evidencia con el desconocimiento que tenemos ante las enfermedades de transmisión sexual.

Agresiones homófonas, chistes cuyo objetivo es reírse de la orientación sexual o incluso seguir viendo la vida con el prisma de los estereotipos son otras demostraciones de que nos queda mucho como recorrer como sociedad.

UNSPLASH

“Cualquier tipo de educación sexual ha de contemplar la diversidad y el feminismo. Porque no es sólo un deber sino también un derecho tener acceso a esta información, que ayuda a entender y respetar la verdadera naturaleza humana”, afirma Ana Sierra, psicóloga y sexóloga.

“El tabú sigue presente, más aún cuando hay voces que incitan a que siga siéndolo. Es vergonzoso que en pleno siglo XXI la educación sexual integral sea una asignatura pendiente“, dice la experta.

¿Cuándo tendría que empezar la educación en diversidad sexual y de qué manera?
Debería ser una asignatura obligatoria no sólo en la educación reglada, sino en toda la población desde la infancia hasta la vejez, y estar presente en todas las áreas de nuestra vida, en familias, centros escolares, trabajos y empresas, instituciones, políticas y en la calle. Sexualidad es vida, y no podemos dejarla colgada en una percha para ir al trabajo.

Siempre manejando información de calidad, porque el miedo es la causa del odio y la violencia. Educación sexual integral, donde la diversidad sexual y de género se reconozca natural, porque lo es.

¿Son las familias quienes deberían hacerse cargo de esta educación o también ir acompañadas por los centros escolares?
No solo los centros escolares, la sociedad en su conjunto tiene la responsabilidad individual y colectiva de acompañar y educar de manera activa. Según los datos de Control, si bien es cierto que 7 de cada 10 jóvenes (72,2%) han recibido educación sexual en el colegio, muchos destacan que la han recibido de la familia (26,2%) o la comunidad médica (15,6%), lo que demuestra que esta educación proviene de diversas fuentes. Por desgracia, a las familias les queda grande educar en este sentido, pues no suelen estar educadas en la diversidad sexual. Pero todas son diversas, aún no perteneciendo a las siglas LGTBAIQ+.

Popularmente se sigue creyendo que las personas cishetero son las “normales” y las “diversas” son las otras. Una falacia más que nos separa y genera miedos. Estamos naturalizando lo artificial y nadie es “normal”, lo natural es ser único, y por tanto raro. Es ahí donde radica nuestro valor, fuerza y belleza. Nos unimos nos hacemos más fuertes, pero dentro de cada una de las siglas hay personas únicas y diversas.

Si ya somos adultos, ¿cómo podemos trabajar por nuestra cuenta en la propia educación sexual?
Reconociendo que no entendemos nada y buscando la información que necesitamos en fuentes fiables. Es un acto de humildad que suele costar, pero es absolutamente gratificante porque nos libera y liberamos a los demás de nuestros prejuicios. Dejamos de proyectar nuestra ignorancia, que se traduce en miedo y violencia hacia lo desconocido.

Te puede interesar: Sí, mi educación sexual fue algo traumática y el colegio tuvo la culpa

¿Cómo deberíamos reaccionar ante agresiones homófobas?
Si es en primera persona y estás recibiendo una agresión, por desgracia no hay una fórmula mágica. De hecho, puede generar culpabilidad no reaccionar de la manera que creíamos “adecuada”. Por ejemplo, una persona podría haberse formado en defensa personal y luego bloquearse si le agreden físicamente. O espera saber reaccionar ante una agresión verbal y luego se da cuenta de que sus actos o estrategias no funcionan en la realidad. Las expresiones homófobas no se rigen por procesos lógicos, por lo que la desactivación de sus actos no responde a lo que podríamos considerar razonable; la emoción suele superar la razón, en estos casos. Esto no solo genera frustración en la víctima, sino que activa su miedo, pudiéndose gestionar de muy diversas formas. En ocasiones, puede experimentar la sensación de estar en peligro constante y no poder hacer nada por remediarlo; es lo que se conoce como indefensión aprendida.

Desde el otro lado, si presenciamos una agresión hacia otra persona, lo urgente sería pedir ayuda, llamar al 112 y socorrer a la persona agredida, siempre que podamos y según el tipo de agresión. No es necesario poner nuestra vida en riesgo ni hacernos los héroes, hay que hacerlo con cabeza siempre, pero se puede ayudar de muchas maneras. Acompañar tras la agresión, escuchar, denunciar el hecho y colaborar si fuimos testigos, es ya de gran ayuda. Lo ideal, denunciar desde el primer acto homófobo, ya sea un insulto u otro comportamiento discriminatorio. Naturalizar estos comportamientos o insultos es un gran error.

¿De qué manera puede -o debe- involucrarse una persona heterosexual en la lucha por la igualdad y la diversidad?
Tendríamos que ser conscientes de que no hay que ser de un colectivo concreto para luchar por sus derechos. Como comenté, no son los otros y yo, que por ser cishetero me libro y qué suerte tengo. Conectemos con la empatía y la compasión, que habla de la comprensión y acompañamiento en el sufrimiento. Juntos somos más fuertes. Si vives a gusto en una sociedad que discrimina, oprime y agrede a otra persona por su condición, sea la que fuere, pregúntate si es coherente esto que te sucede.

Tu miedo lo hace coherente, pero acude a psicología urgentemente, porque algo en ti no funciona, y quizá sea tu humanidad. Por otro lado, ahora somos las mujeres, las personas racializadas, las LGTBAIQ+,…pero mañana te puede tocar a ti por ser bajo, rubio o demasiado alegre. Estamos defendiendo también tu derecho a ser.

¿Qué pequeños y grandes cambios podemos adoptar?
Suprimir chistes, bromas, comentarios del tipo “se le nota o no que es trans, o no parece que sea lesbiana”. De hecho, un ataque homófobo, por ejemplo, no solo se realiza hacia un hombre por ser homosexual, sino también por parecerlo. Esto que tiene que ver con el cisheteropatriarcado y la masculinidad hegemónica. Revisar nuestras actitudes, prejuicios, pensamientos y proyecciones de nuestras creencias sobre su rendimiento o confianza, por ejemplo; son acciones que deberíamos llevar a cabo cualquier persona sobre otra.

Hacer educación sexual integral, explicar y desterrar mitos, en cualquier parte, una cena, el trabajo, el colegio, medios de comunicación, entre ellos las RRSS, ya sea con grandes lecciones como con pequeños comentarios y acciones, y visibilizar la realidad desigual y dramática que viven tantas personas, ya es un gran apoyo, además de una responsabilidad colectiva que, si no se pone en práctica, te hace posicionarte del lado que discrimina.

Psicológicamente, ¿cómo afectan los comportamientos o comentarios LGTBIfóbicos a quién los recibe?
Cada persona es única y, por tanto, existen diferencias individuales. La afectación y evolución de las personas agredidas varía en función de la experiencia, su personalidad, el apoyo externo recibido, cuestión especialmente importante, la familia, escuela, trabajo, instituciones, políticas y leyes, sociedad, fortalezas personales, homofobia interiorizada, auto concepto y muchos otros aspectos.

Un único comentario puede hacer más fuerte y motivar a la persona agredida en la lucha por sus derechos. Otras consecuencias, más generalizadas, serían la baja autoestima, que puede derivar en otras afectaciones psicológicas e incluso la somatización física. Sin olvidar las conductas de riesgo y autolíticas o autolesiones. Recordemos que el suicidio también puede reconocerse como el resultado de la agresión, pues es “matar sin matar”.

¿Qué países podemos mirar como ejemplo a la hora de convertirnos en una sociedad igualitaria? ¿Qué nos diferencia de ellos?
En nuestro país se trabaja mucho por los derechos humanos, pero tendría que ser una responsabilidad colectiva, y no lo es. Cada persona puede y debe cuidar su parcela para hacerla amable al otro. La guía turística Spartacus que elabora el Gay Travel Index, un índice que pretende apoyar la seguridad de los turistas pertenecientes al colectivo LGBT en todo el mundo, en su listado de 2020 puntuaba a España con un 9 sobre 12 situándonos dentro de los más seguros, en un tercer puesto compartido con Reino Unido, Países bajos y Argentina. Solo superado por Austria con 11 y con Malta, Suecia y Canadá a la cabeza, con 12.

A nivel europeo, dentro del ranking de los países con mejor y peor puntuación en leyes, políticas y prácticas que afectan a la comunidad LGBTI (Rainbow Esurope, 2021) ocupamos la 8ª posición, con una puntuación de un 64,59 sobre 100%.(100%= respeto de derechos humanos. Igualdad total) En primer lugar Malta, 93,78% y en último Azerbaiyán, que con una puntuación del 2,33%.

¿Podrías explicar por qué el hecho de que dentro del propio colectivo se utilice la palabra “maricón” a modo de apropiación del insulto no es igual que se utilice de forma peyorativa?
“Maricón”, históricamente, era una forma de criticar al hombre que no se comportaba como tal, pues no cortejaba a la mujer. Un término homófobo y machista, a su vez. Cuando se utiliza dentro del colectivo y aliados, se utiliza desde el cariño, no como insulto y se produce un reajuste del síntoma. Un proceso donde un concepto que es asociado socialmente a lo negativo, debido a prejuicios e interpretaciones sesgadas, se reformula como positivo o adaptativo para la persona que se veía discriminada por el mismo.

De esta manera, la apropiación de las personas gays del término “maricón”, transita del insulto al orgullo. Por supuesto, la procedencia, actitud e intencionalidad de su uso es lo que dota a esta palabra de un significado u otro. Este tipo de empoderamiento ocurre de manera similar en mujeres feministas, frente al machismo, en lemas como “lucha como una chica” o en el caso de la “N-word”, un eufemismo que hace referencia a la palabra “negro” o “Nigga”, impronunciable en EEUU salvo entre amigos dentro de la comunidad negra.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

El Orgullo en 2021: las razones por las que todavía hay que reivindicarlo

El chico que va delante de mí en el supermercado lleva una mochila con el arcoíris, una forma de decir, incluso haciendo la compra, “quiero querer a quien quiera”.

No es el único.

UNSPLASH

Estos días, la modernista Barcelona parece más colorida de lo habitual con las tonalidades colgando en ventanas, camisetas o incluso bolsas de tela.

Una manera de reivindicar no solo el amor, sino que desaparezcan estereotipos que, a día de hoy, se siguen aguantando.

Hay tantos mitos todavía extendidos que la celebración del Orgullo va mucho más allá de la libertad de sentimientos.

A día de hoy el “quién es la chica” o “quién es el chico” se sigue escuchando todavía.

Continúa la mentalidad de que solo existe el rosa y el azul e incluso las relaciones homosexuales deben adaptarse a ese binomio de colores.

Una pregunta que no solo es invasiva sino que evidencia que debemos dejar de pensar que no se siguen estos roles heteronormativos.

“Eso es porque nunca has probado una buena polla”, va por el mismo camino.

Hay quien habrá querido experimentar y quien no lo haya necesitado para descubrir qué le gusta. Cuestionar si eso es algo que hace que uno sea más o menos homosexual, tampoco es algo que se deba juzgar.

En las sábanas, podemos llevar también la reflexión sobre una vida sexual completa sin penetración, que todavía es calificada de ser el único sexo real.

Que el mensaje de Orgullo es también entender que hay muchas formas de disfrutar y no tienen por qué implicar meter ni sacar.

Es la libertad de ser, sentir y hacer los 365 días del año.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras”

Desde un tiempo a esta parte he empezado a ver como algo absurdo las etiquetas de “heterosexual”, “homosexual”, “bisexual”

YOUTUBE: HYSTERICAL LITERATURE

Nos acostumbramos a categorizar las cosas para que la mente esté más cómoda: esto es hombre, esto es mujer, el bote de azúcar, el de sal, las pastillas para el lunes, martes, miércoles…

Sin embargo nuestro cuerpo y mente a veces no conocen esas distinciones. Tendemos a ver la sexualidad como un partido de tenis: si la pelota cae a un lado de la red, punto para tu género. Si cae en el opuesto, punto para el género contrario.

Pero, ¿y si en realidad la sexualidad no fuera un lado u otro? ¿Y si la sexualidad fuera la pelota de tenis, es decir, algo que por mucho que caiga más veces en un lado, puede caer en el otro?

En mi experiencia personal, la cama es la cama y los límites de la piel cuando pasa a esta se vuelven difusos, como si realmente no existiera quién la ocupara, sino el placer que nos provoca el contacto.

A veces, de hecho, no hace falta ni que se dé. Un estudio realizado por una página de películas eróticas reveló que la categoría de vídeos preferida por el 80% de las mujeres que visitan el portal era la de sexo lésbico, algo que sexólogas afirman que sucede porque las mujeres empatizamos al ver a otra mujer excitada.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras, ya que hay una mayor carga erótica“, afirma María Hernando, sexóloga de Platanomelón.com.

Ya sea por empatía o porque socialmente está más aceptado en una sociedad machista que dos mujeres puedan sentirse atraídas, la excitación mental y la excitación física no siempre van por el mismo camino.

A fin de cuentas, la pelota no deja de ser pelota independientemente del lado de la red en el que caiga. El tenis, y la sexualidad, siguen siendo solo un juego.

Duquesa Doslabios.