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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘placer femenino’

Bolas anales, ¿qué son y cuándo usarlas?

Yo, que soy madrileña de nacimiento, y por tanto gata, tengo especial cuidado con el refrán que habla sobre la curiosidad y los de nuestra especie.

Mis bolas anales a punto de ser estrenadas.

¿Probar cosas nuevas? Sí y siempre. Y como lo desconocido me llama, me llamaron unas bolas anales. Bueno, más que llamarme, fue a través de hablar por Facebook con un sex shop español que llegaron a mí.

He de admitir que, si bien el sexo anal ya lo he tanteado (y a fondo), no estaba muy puesta en el tema de juegos preliminares anales. Para añadirle un poco de variedad a ese tipo de experiencia que aunque, como os digo he probado pero a veces se me resiste, me animé a pedir unas bolas anales tailandesas (en concreto me pedí estas).

Las bolas anales tailandesas vienen unidas y terminan en una especie de anillo que hace que resulte sencillo su manejo. Aunque llegaron con una pequeña muestra de lubricante, es algo que recomiendo tener siempre cerca en grandes cantidades si quieres experimentar por la zona de atrás (de base de agua, más concretamente).

El lubricante vuelve una experiencia anal de cualquier tipo mucho más cómoda, independientemente del tamaño que vayas a probar, ya que es una zona que no lubrica per se.

Como llevaba desde el año pasado sin tener sexo anal de ningún tipo, agradecí las bolas para reconectar conmigo misma y familiarizarme con las sensaciones. Lo que no esperaba es que, a diferencia de la reacción que pueda producir introducir un dedo o el pene directamente, las bolas me permitían sentir intensamente cada vez que entraba una u otra, ya que las dimensiones del juguete están diseñadas de manera gradual.

PLACERESSECRETOS

Además de permitirme tener una transición cómoda de tener la musculatura de la zona “normal” (o sea, el culo cerrado) a más predispuesta a tener sexo anal que pasando de un dedo a un pene, proporcionan un placer (siempre bien acompañado de una correcta estimulación del clítoris) que no me esperaba.

En definitiva, de haber sabido que es algo que hace el sexo anal más sencillo, las habría utilizado cuando lo realicé por primera vez. Sin embargo, aunque ya estés “habituada” a realizarlo porque forma parte de tu repertorio, gracias a las bolas, experimentas unas sensaciones muy placenteras que también conseguirán sacarte de la rutina si buscas algo nuevo entre las sábanas.

Eso sí, recuerda lubricar, tener paciencia, mucha calma y, sobre todo, limpiar todo muy bien tanto antes como después de utilizarlo.

Piensa que a la vida hemos venido a pasarlo bien, el por dónde es lo de menos. ¿Te vas a animar a probarlas?

Duquesa Doslabios.

Mi (mala) experiencia con un pene pequeño y cómo debería haberlo gestionado en realidad

Tengo una amiga que dramatiza mucho con el hecho del tamaño del pene. Ella es de las que opina que no se puede jugar al fútbol si la pelota es de tenis y yo, lo confieso, pensaba de manera parecida.

PIXABAY

Pero retrocedamos en el tiempo. Un chico de mi universidad me volvía loca. Teníamos esa especie de fijación por los Rolling que hacía que nos encantara todo lo británico y evergreen. Me descubrió Oasis y me hice aún más fan de él y de los hermanos Gallagher.

Era romántico, elegante, un hombre de 35 en el cuerpo de un chaval de 20 con una conversación de estas en las que te sumerges y no quieres volver a la superficie nunca. Tal que así.

Era todo tan perfecto que mentalmente ya le veía en mi cama con Paint it Black sonando de fondo. Cuando por fin llegó el día estaba yo con la emoción por las nubes. La música ambiental, unas velas del chino por allá y un magreo encima de mi mesa de estudiar que haría difícil que me concentrara ahí sentada días después.

A lo largo de los preliminares, con los pantalones por el suelo, me hice una idea del panorama que me esperaba. El panorama no era muy esperanzador, no os voy a engañar. Era tan poco esperanzador, que, mi amiga la dramática de los penes, le habría espetado de estar en mi lugar “¿Qué clase de broma es esta?“.

Pero como me han enseñado a valorar a las personas por lo que son y no por el tamaño de su pene, seguí ‘palante como los de Alicante’. Que la vida son dos días y a lo mejor luego a la hora de la verdad me lo paso igual de bien.

Cuando llegó el momento de conectar, tuve la típica reflexión en alto de chiste malo de “Ya puedes meterla” a lo que él me contestó “Si ya estoy dentro”. Horror. No sentía absolutamente nada. Pero nada nivel he tenido más sensibilidad poniéndome un tampón que con él.

Un poco agobiada le dije de cambiar de postura ya que en algunas se nota más el movimiento que en otras. Tras estar un rato encima asumiendo que no tenía ningún tipo de sensación, me noté especialmente húmeda. “Al menos la duquesa se lo está pasando bien” pensé, pero no. NO. Él encendió la luz extrañado de lo mojada que estaba y… Estaba totalmente cubierto de sangre.

Me había bajado la regla.

Le di un poco de papel y entre avergonzada y agradecida por tener una excusa para parar, me limpié y le pedí que se fuera. No volví a verle.

Ahora que han pasado muchos años desde ese momento podéis creerme si os digo que me siento terriblemente mal por cómo le eché aprovechando la excusa de la regla. Mi madurez (sexual y mental) era más bien escasa y para mí era todo la penetración. Era a lo que me habían enseñado las películas.

Ahora me doy cuenta de que perdí la oportunidad de conectar de otras maneras en la cama con esa persona con masturbación o sexo oral y que me quedé en algo que, la mayor parte de las veces, no me reporta ningún orgasmo, no como las otras prácticas.

Así que chicas, si os encontráis a alguien que no la tiene del tamaño al que estáis acostumbradas, no le echéis con cajas destempladas. Dad la oportunidad porque las artes, y no el pene, hacen al amante.

Duquesa Doslabios.

‘Salir del armario’ como mujer clitoriana

Hay muchos días felices en la vida de una mujer, pero en ninguno me quité tanta presión como el día que descubrí que era clitoriana (no, ni siquiera cuando terminé la Selectividad).

El clítoris: amigo, no enemigo. YOUTUBE

La clitoriana, sin duda, nace, no se hace. Desde que empiezan a formarse sus órganos genitales, su manera de conseguir orgasmos es una u otra. O bien será estimulación indirecta del clítoris (lo que se puede llamar “vaginales”) o por estimulación directa.

Cuando empecé a tener consciencia de mi sexualidad, lo de conseguir orgasmos con estimulación directa del clítoris me parecía lo más natural, rápido y práctico del mundo. De hecho, cuando tuve mi primera experiencia sexual no entendía a qué venía tanto alboroto. Entre que era la primera vez también de él y que el pobre no habría encontrado el clítoris ni con un Tom Tom en la mesilla de su cuarto, fue una experiencia normal.

Normal no por “normalidad respecto a norma o regla” sino por “característica habitual” que se empezó a dar en todos mis encuentros sexuales.

Me llamaba la atención que ninguna de mis parejas parecía tener conocimiento, o interés, de cómo funcionaba aquello de la estimulación femenina. De esa manera, el sexo se convirtió para mí en algo placentero, sí, ya que el sexo es mucho más que alcanzar el orgasmo, pero no tan satisfactorio como me habría gustado.

Me quedó claro que si quería disfrutar teniendo sexo con alguien sería yo la que debía hacerse cargo. Así pasó, que la primera vez que deslicé la mano entre las piernas, el chico se quedó paralizado, como si en vez de juguetear con un clítoris estuviera pasándome una araña venenosa entre los dedos.

Un hombre descubriendo que los genitales femeninos no son solo la vagina. YOUTUBE

“¿Pero qué haces?” me preguntó algo asustado. Cuando le expliqué la situación se encargó (por primera vez) de que ambos lo pasáramos bien. Sin embargo no he tenido la misma reacción con el resto de parejas. Más de uno se ha quedado dolido, y hasta un poco enfadado, diciéndome que sentía que su pene no era suficiente para mí.

Pero es que es así, biológicamente el pene apaña para la reproducción, pero el pene NO ES SUFICIENTE cuando necesitas estimulación directa del clítoris. A no ser, claro, que se trate de un pene con una protuberancia que justo te roce esa zona.

Vivimos en una mentira propiciada por películas y pornografía que nos hace creer solo con que te la metan ya estás tocando las estrellas cuando casi el 70 por ciento de las mujeres no son capaces de alcanzar el orgasmo sólo con la penetración, afirmó en su libro Máaas la sexóloga norteamericana Lou Paget.

Entonces ¿qué pasa con ese casi 70%? ¿Dónde están? ¿Por qué cuando saco el tema con mis amigas soy la única que dice abiertamente “soy clitoriana”? ¿Por qué la mayoría de mis parejas han actuado sorprendidas cuando he hecho la misma revelación afirmando que era la primera vez que se topaban con “una como yo”?

Porque el resto de tus exnovias, o, al menos la mayoría, fingían. Porque es más sencillo dedicarle 30 segundos a la articulación de cuatro gemidos acompañados de respiración acelerada dejándole convencido de que ha hecho un buen trabajo entre tus piernas que dedicarle media hora de conversación al hecho de que para llegar al orgasmo necesitas más dedicación a tu estimulación. Que no significa que él lo haga mal, sino que, por mucho placer que podamos sentir en una penetración, sin la estimulación directa del clítoris no vamos a llegar al orgasmo ni aún con todas las sacudidas del mundo.

Si nosotras mismas no aceptamos en un primer lugar que el placer se puede obtener de maneras diferentes y si luego no somos capaces de comunicarlo a nuestra pareja, seguiremos tomando como veraz la imagen del placer femenino que nos estamos tragando hasta ahora.

Está en nuestras manos (literalmente).

Duquesa Doslabios.