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Por culpa del porno estamos haciendo mal estas posturas en la cama

Hay un pensamiento que recorre la mente de todas las mujeres cuando se ve en la situación de bajar a la entrepierna de su acompañante y dedicarse a practicar un sexo oral digno de competición artística.

No es ni cómo colocar la mano, ese fiel apoyo que además evita que te la metas hasta la tráquea, ni la técnica de succión -que sabiendo beber con pajita, tenemos más que cubierta-.

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“Por favor, que no se me vea la cara fea“. Esa es la preocupación que nos pasa por la cabeza.

Somos más que conscientes de que por muy estupendas que salgamos en la historia de Instagram (filter-free o con el Baby Face de turno), cuando tienes que estar con algo metido en la boca y meneando la cabeza como en un concierto, la belleza y gracia natural, se van por la puerta.

Puesta a señalar, considero que la responsabilidad de ese agobio debería recaer en el porno.

Es en las películas eróticas donde la máxima importancia está en tener el gesto siempre a punto.

La mirada pícara, la boca perfectamente voluptuosa y la cara relajada…

En el momento en el que nos centramos en que nuestro aspecto tiene que seguir siendo sensual, ejecutarla en condiciones pasa a un segundo plano.

Aunque no solo nos pasa a nosotras, el cunnilingus puede formar parte de la lista ya que ellos aprenden que tienen que tener la cara a varios centímetros de distancia de la vulva.

Como la cámara necesita que se aprecie la lengua en movimiento, no refleja la realidad de la situación: que nos gusta que la boca esté bien pegada para hacer fuerza y notar que nos están comiendo en condiciones.

Déjate de tanta virguería con la lengua y pon el ‘modo turbo’, amigo.

Un misionero mucho más abierto que en la vida real, es otro ejemplo que se me viene a la mente si me pongo a recapitular lo distinta que resulta mi vida sexual de lo que veo en la pantalla.

Mientras que en las escenas los cuerpos aparecen más despegados (para que se aprecie con todo lujo de detalles el pene saliendo y entrando), el verdadero misionero es un nudo de piernas y brazos, piel con piel, vientre con vientre, pecho con pecho y respiración caliente en tu -y su- cuello.

Cuestión de ángulo resulta también el perrito, sobre todo cuando vemos que en las imágenes, él se encuentra girado y parece que quiere meterla más hacia un lado.

Lo que en vivo y en directo se siente como una incómoda percusión sobre una de las paredes vaginales.

Y ya no me pongo a hablar de la torsión de columna vertebral de las actrices.

Aunque no soy una gran fanática del porno, por mensajes que transmite y estereotipos que fomenta, a la hora de añadir variaciones en nuestra vida sexual, sí nos sirve como fuente de inspiración.

Pero una cosa es lo que vemos en las escenas, pensadas para excitar visualmente, y otra lo que sucede en la vida real donde la estimulación es física.

¿Mi consejo? Sacar ideas y siempre con cabeza. Escuchando qué variaciones del cuerpo parecen pedirnos las posturas, en vez de imitar por completo a los intérpretes.

Duquesa Doslabios.

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Ideas que puedes probar en la cama desde ya para salir de la rutina sexual

Novedad, qué bonito nombre tienes. Sobre todo cuando se relaciona con la cama.

Por mucho que intentemos evitarlo, somos animales de costumbres. Las dinámicas y la rutina se cuelan en nuestra vida sexual estancándola.

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Pero evitar que, por tercera vez en esta semana, terminemos en el ‘misionero’ de siempre, podemos variar un poco la experiencia.

Tener una vida íntima divertida en la que no falten las sorpresas es algo que nos une a la mayoría.

Según los datos del Barómetro de Control, 8 de cada 10 jóvenes españoles participantes en la encuesta respondieron que le gustaría probar cosas nuevas en la cama.

Podríamos echarle la culpa a la pandemia y a que el 63,2% de los encuestados dijeron que tenían menos sexo que antes.

Pero lo cierto es que la monotonía ya era algo que existía antes del Covid-19. Y, para combatirla, te dejo algunas ideas:

  1. Cambia de lugar: tanto físico como geográfico. Atrévete a salir del clásico camino y recorre otras zonas que ni sabías que podían resultar eróticas. Fuérzate a salir de la cama y echa ese polvo encima de la lavadora que tanto has visto en la nueva temporada de Valeria. Vete de viaje y déjate llevar en la playa (cuidado con los mirones). Y, si no tienes vacaciones, espera a que esté bien entrada la madrugada y cuélate en el ascensor para echar uno de esos rápidos -entre el miedo de ser pillados y la gracia por la incomodidad de tener sexo en un metro cuadrado.
  2. Las fantasías están para cumplirlas: la ola de calor parece la excusa perfecta para tener la casa bien aireada y aprovechar el aire que corre en sitios como la terraza y, de paso, arriesgarte a que te pillen los vecinos. Di lo que te gusta, una sesión de BDSM, sexo en la piscina o juegos de rol, y planea cómo ponerlas en práctica. Solo con pensarlo irás calentando el terreno para cuando llegue el momento.
  3. Coge toalla, crema, mucha agua y vete a una playa nudista: no hay nada como liberarte de la imposición de la ropa para sentirte más libre que nunca. Ver a tu pareja en la misma situación, y rodeados de personas en pelota picada, se convierte en una experiencia muy excitante. Aprovecha la intimidad que dan esas rocas delante de la cala salvaje para tocarle. Sin bañador ni bikini de por medio, todo está mucho más a mano.
  4. Y si el nudismo no va contigo, hazlo con ropa. Pero no con cualquiera. Más allá de echar ese polvo urgente en el que parece que no hay tiempo de esperar a bajarse los pantalones ni a sacarse las bragas por las piernas, puedes convertirlo en un fetiche. Un vestido de largo intermedio que tengas que remangar o abrir su camisa y utilizar los extremos para empujarle hacia ti son dos buenas alternativas si quieres añadir variedad.
  5. Sal de las posturas de siempre, esas que tiendes a repetir porque siempre funcionan. Improvisa. Sube una pierna, baja la cabeza, ponte bocaabajo en el 69 vertical o busca en Google la lista de posiciones del kamasutra y vete a una por día. Puede ser una buena forma de descubrir penetraciones más profundas o de ver a tu pareja desde otra perspectiva.
  6. Echa uno rapidísimo. En tiempo récord. Sin pensarlo ni darle vueltas. Prepara el preservativo y ponte a ello. El sexo produce más ganas de sexo, así que es una forma de asegurar repetir más adelante (y quizás incluso con más tiempo).
  7. Pasa una noche fuera. Por mucho que innoves entre las sábanas, hay algo que no cambia: tu cama sigue siendo tu cama. Misma forma, mismo cabecero, mismas patas, misma orientación… Una escapada a un hotel, a un apartamento o incluso de acampada es perfecta para salir del entorno conocido.
  8. Vídeos eróticos para subir la temperatura: que cada uno escoja una película que le guste. Podéis verla en compañía y, como diría Rigoberta Bandini, “a ver qué pasa”. Es la ocasión perfecta para que busques un vídeo que se ajuste a tus gustos sexuales o para dejarle caer un fetichismo. Además de excitaros viendo el vídeo juntos, ¿por qué no intentar ponerlo en práctica mientras tanto? Puede daros un sinfín de ideas.
  9. Mastúrbate mientras le miras hacer lo mismo. Se me ocurren pocas cosas tan íntimas como entrelazarte con la mirada de otra persona en el momento que estás a punto de explotar de placer (o incluso dejarte llevar por el orgasmo sin despegarse las pupilas). El reto es el de convertirte en voyeur y excitarte con su imagen a la vez que hacen lo mismo contigo. Requiere mucha confianza y quitarse muchas presiones de encima -como la forma en que te masturbas que no se ajusta demasiado a lo que ha visto en el porno-. Una vez lo consigues, además de clímax asegurado, notarás que estáis más en conexión que nunca.
  10. Cambia la franja horaria: todos tenemos un momento del día que, por unas razones o por otras, se convierte en nuestro favorito. Puede ser nada más despertarse de una siesta de varias horas o justo antes de ir a dormir. Lo importante es que le des un giro al reloj sexual y busques la ocasión cuando menos parezca encajar. Que se despierte en plena madrugada por una ejecución de premio de sexo oral o pon la alarma un poco antes para empezar el día con un buen chute de serotonina. No falla.

Duquesa Doslabios.

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¿Es el 69 la postura más sobrevalorada?

Antes de que en el colegio aprendamos el número π (3,14) hay uno que todos conocemos, el 69. Bien porque te lo ha dicho el espabilado de turno de la clase o porque, investigando con el ordenador de casa, diste con un fondo de pantalla en el que salía acompañado del logo del conejito de Playboy.

Igual no sabías cómo funcionaba la mecánica, pero tenías algo claro: 69 es igual a sexo. Lo mejor es que han pasado unos 20 años y muchos (me incluyo en este grupo) seguimos sin entender todos sus secretos.

“Es que no puede ser tan complicado“, pensabas en un primer momento. “Su cabeza en la entrepierna, la mía en la suya y a comernos”.

Pareja en ropa interior

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Ya te toque arriba o abajo, llega un punto en el que piensas “¿Estoy cómoda? ¿Qué hago con esta pierna? Se me está durmiendo el brazo…”.

Te puede interesar: Las grandes ventajas de cambiar de postura en la cama

Porque el 69 tendrá muchas cosas, pero cómoda no es. Ni a la hora de acoplarse por el tema posiciones ni aguantando mucho tiempo en la postura (y menos aún en verano, me recuerda una amiga puntualizando esa fricción que se da entre barrigas).

Es infinitamente más fácil llegar al orgasmo en otras posturas que teniendo que estar concentrándote en hacer una felación mientras intentas que tu culo no le aplaste la nariz.

La falta de concentración es lo que, tras una rápida encuesta en Instagram, mis seguidores seleccionan como principal inconveniente.

“Quien mucho abarca poco aprieta”, “Vamos a centrarnos en una sola cosa para hacerla bien”, “De uno en uno se disfruta más”, “Ya estoy mayor como para tener que hacer todo a la vez”, son algunas de las opiniones que salen de la pregunta.

Sin embargo la tenemos erotizada hasta el punto de que hemos tenido que ponerla en práctica para descubrir que es de todo menos eso.

Aunque no todo son desventajas. No ocupará los primeros puestos de la lista de las posiciones más prácticas, pero es innegable el poder que tiene a la hora de conectar.

Por esa razón, no creo que debamos descartarla del repertorio. El hecho de tumbarte sobre alguien dejando -y teniendo- sus genitales a escasos centímetros de la cara, es tan visual que sirve para intimar.

Vale que no es para relajarse y disfrutar. Más bien se trata de una postura activa que, por muchas variantes que le metas (el 69 vertical, el lateral, el medio sentados…) solo gana puntos como complemento de otras posiciones, no como plato principal.

Pero sí que me quedo con su carga erótica al acercar la sexualidad dos personas y quitarnos la vergüenza de que nos vean así: en bolas y primer plano. Con el cuerpo expuesto y el objetivo claro de pasarlo bien y hacer disfrutar.

Duquesa Doslabios.

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Si te cuesta llegar al orgasmo con el clásico 69, es hora de que pruebes el 68 o ’69 hawaiano’

No, yo tampoco sé quién bautiza las posturas sexuales, pero lo de ponerles gentilicios como coletilla es algo que no entiendo.

Como que en España llamemos ‘paja cubana’ a masturbar con las tetas pero en Italia eso se conozca como ‘una española’.

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Nacionalidades aparte, es el momento de conocer esta variedad del 69, que también encuentras como ‘el 68’ (y, de paso, nunca más dejar de practicarla de hoy en adelante).

Personalmente, he pasado por mis fases con la postura original. Al principio no congeniábamos porque me costaba pillar el multitasking de recibir placer y concentrarme en recibirlo al mismo tiempo.

Con el tiempo, ha terminado por ser una de mis favoritas para esos momentos en los que necesitas bajar un poco el ritmo pero seguir disfrutando.

Y aunque la más típica es aquella en la que una persona se tumba boca arriba y la otra se coloca a cuatro patas y en sentido inverso, también me atreví a experimentar con la versión vertical (y averiguar que eso de tener sexo oral mientras me baja la sangre a la cabeza, no es lo mío).

El 68 no tiene ese problema, es más, tiene una ventaja respecto a las otras y es que es perfecta para aquellas que, como yo, tienen problemas a la hora de concentrarse cuando hacen este tipo de posturas en las que tienes que estar pendiente de varias cosas.

La principal diferencia es que se centra solo en uno de los dos miembros (adiós a esos pensamientos que te recuerdan que debes mantener el ritmo).

Pero vamos por partes. Antes que nada, la colocación. La persona que vaya a practicarla, debe tumbarse mirando hacia arriba con las rodillas flexionadas.

La pareja utiliza las piernas como respaldo apoyando el resto del cuerpo sobre el torso y dejando justo sus genitales a la altura de la boca.

Es importante que el peso caiga también sobre los brazos y las piernas para no aplastar mucho a quien hace de apoyo y que aguante lo más cómodamente posible.

Con esta postura, chupar y lamer es facilísimo, sí, pero también utilizar las manos.

Y no solo en los genitales, teniendo el ano tan cerca, es la excusa perfecta para hacerle una visita al vecino de abajo.

Duquesa Doslabios.

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‘Tip’ sexual: prueba a deletrear esta palabra ¡con la cadera!

Decimos que en la variedad está el gusto porque, por mucho que algo nos encante, puede llegar a convertirse en repetitivo si siempre es de la misma manera.

Y el sexo no se escapa, lo que nos da la oportunidad perfecta de experimentar con juguetes, cambiar de sitio de la casa (sí, hasta delante de la lavadora) o ir pasando de una postura a otra.

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Mientras que hay ocasiones que el cambio se da de manera fluida -esas veces que solo con una mirada pareces entender que la otra persona necesita seguir pero a cuatro patas-, es igual de válido pedir un relevo cuando sientes que fallan las piernas o el aliento comienza a faltar por la exigencia física de la postura.

Incluso dentro de la misma pose, por cómoda que sea la cama, la conexión y la música de fondo, el misionero puede aburrir. Así que hoy es el turno de hablar de pequeñas modificaciones que vuelven la postura más interesante.

Y es que hay una tendencia sexual que, gracias a Twitter, nos anima a experimentar con la pose de la vaquera. Sí, esa en la que nosotras estamos encima y él tumbado debajo (tú eliges si cara a cara o dando la espalda).

Aunque todas sabemos cuál es la mecánica de esa posición en particular, hay vida más allá del rebote. En eso consiste el “coconut”, la palabra trending topic de la red social que se ha trasladado a la cama.

Toma nota: según los tuiteros, deletrear la palabra con la cadera suma puntos de intensidad a la penetración.

Pero, ¿es para tanto? Pues sí y no. Se me ocurren otras ventajas de poner en práctica el “coconut”.

Para empezar, hace que te concentres plenamente en la ejecución y no en otras cosas. Muchas veces, al estar encima , es típico que se te puede ir la cabeza.

“¿Se me verán bien las tetas desde este ángulo?”, “¿Me dejo el pelo por delante o hacia atrás?” o “Madre mía, las rodillas…” son algunos de los pensamientos más clásicos que vienen a la cabeza.

Si tu única preocupación es dibujar la palabra, no le dedicas tiempo a pensamientos secundarios.

Eso sí, no hace falta hacer un patrón entre letra y letra, se trata de hacerlo fluido, como si quisieras escribirlo sin levantar la mano del papel y tu cadera sostuviera el bolígrafo.

El movimiento de la cadera es muy placentero para ambos y viene genial para alternar entre el mete-saca que tan fácil nos pone esta posición.

Otras ventajas de incluirlo en nuestra performance es que nos hace el apaño cuando no sabemos cómo seguir moviendo la cadera porque es muy fácil de recordar (no sería lo mismo deletrear “esternocleidomastoideo”).

Aunque el plus definitivo es que, una vez le cojas la práctica, descubrirás cómo los giros y cambios de sentido estimulan el clítoris.

La palabra ya la sabes, tú eliges velocidad e intensidad.

Duquesa Doslabios.

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Así es cómo la comida afecta a tu relación de pareja (y a tu vida sexual)

A quienes nos gusta la comida, nos encanta recorrer la línea que divide el placer sexual del gastronómico. O, más que las divide, que une ambos universos.

Más allá de las típicas y sugerentes fresas con chocolate, todo lo que nos llevamos a la boca se ve también reflejado en nuestra intimidad, lo que puede ser un buen motivo -ahora que toca empezar a pensar en propósitos para 2021- para cuidar la alimentación.

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Al menos, esa es la conclusión a la que me hace llegar con su entrevista Candela Valle, nutricionista para Myhixel (el método natural con el que se controla la eyaculación).

No solo me confirma que la veneración sobre las ostras está más que justificada, hablamos también de la existencia de suplementos naturales que puedes tomar (incluso en infusión) para lograr que nuestra vida íntima brille.

Empecemos por el principio, ¿cómo afectan los alimentos a nuestra vida sexual?
Llevar una dieta equilibrada es uno de los pilares fundamentales para potenciar el deseo sexual y conseguir relaciones sexuales satisfactorias. La sexualidad está regulada por hormonas como la testosterona, la progesterona o los estrógenos, que son segregadas por nuestro organismo y sintetizadas a través de la alimentación. En el momento de la excitación, nuestro cuerpo libera neurotransmisores necesarios para el desarrollo de una conducta sexual normal, como son la dopamina, la oxitocina y la serotonina. Todos ellos igualmente son estimulados a través de la alimentación.

Si no cuidamos la alimentación, ¿qué problemas pueden derivar de ello a nivel íntimo?
Seguir un estilo de vida saludable y una dieta equilibrada juega un papel fundamental no solo porque hay determinados alimentos ricos en grasas buenas, proteínas, vitaminas y minerales que la favorecen, hay numerosas patologías que se deben, en la mayoría de los casos, a malos hábitos, que afectan directamente a las funciones sexuales.

Los problemas cardiovasculares derivan, con carácter general, en incapacidad sexual, así como la obesidad, influye directamente en la segregación de la testosterona, en los hombres, y de los estrógenos, en las mujeres, dando lugar, en muchos casos, a la inapetencia sexual. Una alimentación adecuada evitará que cualquier deficiencia, descontrol o exceso en las hormonas o en los neurotransmisores dirigidos a regular la actividad sexual, provoque problemas de inapetencia sexual, disfunción eréctil, trastorno de la excitación y eyaculación precoz, entre otras disfunciones sexuales.

Se relacionan las ostras con el sexo al ser consideradas un alimento afrodisíaco, ¿es una fama merecida? ¿Por qué?
Para entender dónde comienza la fama de las ostras, tenemos que remontarnos a la mitología griega, que nos narra cómo Afrodita, la diosa griega del amor, fue engendrada en una ostra en el mar. Esta diosa, conocida como Venus en el mundo romano, se ha vinculado siempre al erotismo, la sensualidad, el placer y la fecundidad.
Si se les atribuye a las ostras un poder afrodisíaco, se debe a los importantes elementos que lo componen. Cabe desatacar su alto aporte de Zinc, pues es el alimento con más cantidad, de este mineral, de la naturaleza. En concreto 63 mg por cada 100 g. Es un oligoelemento necesario para la producción de testosterona en los hombres y prolactina en las mujeres.

Además, las ostras son ricas en Omega 3, un ácido graso que favorece la vasodilatación y por tanto, mejora el rendimiento sexual y la erección. Otro de los componentes de las ostras, aparte de las vitaminas A, B, C y D que contiene, es el yodo, lo que se traduce en un aporte de energía necesario para unas relaciones sexuales satisfactorias. Por todo esto podemos decir que las ostras son un alimento cuyo poder afrodisíaco se fundamenta en la multitud de minerales que las componen y que favorecen aspectos importantes a tener en cuenta para disfrutar de relaciones sexuales satisfactorias.

¿Ha pasado con otros alimentos?
A lo largo de toda la historia se ha tratado el consumo de algunos alimentos como potenciadores del deseo sexual. En el Antiguo Egipto era la miel, los antiguos griegos, el azafrán, el romero y la albahaca, los romanos utilizaban las uvas como potenciadores de su sexualidad. En la Edad Media eran los alimentos que adoptaban formas de genitales como el nabo. En la Europa de la Peste consideraban las especias como productos afrodisíacos (pimienta, clavo o cardamomo). Y ya en el siglo XVIII, el mismo Casanova, describe en sus Memorias que desayunaba cincuenta ostras y almorzaba una ensalada de huevos con la que creía potenciar su vigor sexual.

La alimentación también nos condiciona el humor, ¿qué alimentos nos hacen sentirnos ‘felices’?
Seguir una alimentación equilibrada es fundamental para regular nuestro estado de ánimo. También controla la sintetización de las hormonas de la felicidad, siendo estas la endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina. Para la liberación de las endorfinas, se recomienda ingerir comida extremadamente picante, pues estos opiáceos naturales inducen sensación de felicidad. En cuanto a la serotonina, su ausencia provoca tristeza e incluso depresión, para lo que se recomienda el consumo de alimentos ricos en triptófano como el pollo, pescado, nueces, etc, al ser un un aminoácido esencial precursor de la serotonina.

La dopamina podemos encontrarla en los alimentos como las legumbres, leguminosas, los plátanos y el tomate. Además, nuestro organismo también es capaz de elaborar dopamina a partir de tirosina, que está presente en la carne, el pescado o los huevos. Y por último, la oxitocina, apodada como ‘la hormona del amor’, aunque no se encuentra en los alimentos, sí que es importante consumir aquellos ricos en vitamina C, pues esta favorece a su producción (kiwi, mango, pimientos, naranjas, etc).

¿Son necesarios los suplementos para darle un empujón a la intimidad?
Nuestro ritmo acelerado de vida, la falta de tiempo o el desconocimiento, son factores que impiden que llevemos unos hábitos de vida saludables que cubran nuestras necesidades nutricionales. También, en muchas ocasiones, no consumimos los alimentos propicios o bien, nuestro organismo no absorbe todos los nutrientes que estos nos aportan. Ese déficit puede provocarnos desajustes en la salud y por tanto causar problemas en la regulación de las hormonas sexuales.

Los suplementos son los complementos perfectos para cubrir las necesidades nutricionales que no nos aporta la alimentación. De ahí que también se denominen, complementos alimenticios. Como decíamos, un déficit nutricional puede descontrolar nuestro sistema endocrino y afectar a la secreción de las hormonas que regulan la actividad sexual. Por tanto, el consumo de determinados suplementos alimenticios que contengan ingredientes naturales constituyen una ayuda importante para favorecer el deseo sexual, las relaciones durareras y placenteras, el control de la eyaculación o la erección, entre otros.

¿Cuáles son los recomendados para hombres y para mujeres?
Para las mujeres, aquellos que contienen maca, jengibre, L-arginina o el ginseng. Y para los hombres, recomiendo sin duda Myhixel Max, pues su composición 100% natural con ingredientes tales como la quercetina y el hipérico, hacen que se convierta en un suplemento pionero para favorecer el control del clímax.

¿Cómo funciona Myhixel Max?
La quercetina y el hipérico provienen de la naturaleza presentándose en plantas y también, en el caso de la quercetina, en alimentos tales como frutas y verduras (cebolla, manzana, uvas, brócoli o té, entre otros). Su principal funcionalidad consiste en favorecer la inhibición de la recaptación de la serotonina, que es un neurotransmisor que se sintetiza en el cerebro y que, como ya hemos indicado, es conocida como ‘la hormona de la felicidad’. La serotonina es la principal encargada de regular nuestro estado de ánimo, pero además ejerce un papel fundamental en las reacciones químicas necesarias para aumentar nuestro sentimiento de bienestar y satisfacción.

Como consecuencia, ambos ingredientes naturales disminuyen la ansiedad a la que se enfrentan muchos hombres con problemas de eyaculación a la hora de tener relaciones sexuales y, por tanto, facilitan el control eyaculatorio. Además, la quercetina es un flavonoide con una potente función antioxidante y antiinflamatoria que potencia la salud, protegiendo contra los radicales libres.

En definitiva, nos encontramos ante un producto pionero que ha unido ingredientes que siendo naturales, tienen la capacidad de favorecer el control eyaculatorio al mismo tiempo que protege el organismo del envejecimiento celular.

Duquesa Doslabios.

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Amiga, en este momento del mes deberías evitar la postura del ‘perrito’

Quienes me lleváis leyendo tiempo, sabéis que soy una gran fan del ‘perrito’. Ponerse ‘a cuatro patas’ lo tiene todo: posición cómoda, estabilidad, acceso fácil al clítoris y, por supuesto, un nivel de sensaciones altísimo.

Pero, ¿resulta siempre igual de satisfactoria? Hace poco descubrí que no.

CALVIN KLEIN

En algunas ocasiones, aquella postura me había provocado dolores independientemente de que me encontrara muy excitada. Lógicamente, aquello fue para mí un motivo de preocupación, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una de mis posiciones estrella.

La curiosidad y el aliciente de poder practicarla sin dolor me llevaron a hacer una investigación intensiva de lo que me estaba pasando.

En cuanto empecé a recoger algunos datos, cobró sentido qué me estaba generando esos dolores tan intensos que apenas me permitían disfrutar del momento.

Y, curiosamente, no tenía tanto que ver con la lubricación o la excitación, ¡sino con mi ciclo menstrual!

Como bien sabemos, el ‘perrito’ es famosa por favorecer una penetración profunda.

Aunque claro, la intensidad de sensaciones es brutal. De ahí que sea una de las favoritas de muchas al hacernos llegar al orgasmo en poco tiempo.

El problema viene en la fase del ciclo menstrual en la que nos encontramos. Porque, según estemos en una u otra, el pene puede llegar a tocar el cuello del útero. Una sensación entre cero y nada agradable que es la que hace que duela en lo más hondo (literalmente).

Cuando vamos a ovular el cérvix está alto y blando, de manera que es difícil que, incluso colocadas ‘a cuatro patas’, se llegue a alcanzar.

Pero, después de esta, la posición del cuello del útero cambia: baja y se endurece. Si encima tienes algo percutiendo, de incomodidad se pasa a mortificación y el ‘perrito’ baja del top de posiciones a las últimas de la lista.

Saber si hay posibilidades de que nos vaya a molestar, es relativamente fácil. Nosotras mismas podemos introducirnos un dedo (estando en cuclillas) y comprobar de primera mano -el chiste venía en bandeja- su estado.

Una vez pasa la menstruación, y el ciclo arranca de nuevo, volvemos a atravesar el mejor momento para practicarla.

Duquesa Doslabios.

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‘Sexjercicio’: cómo deberías hacerlo para quemar calorías en la cama

Confieso que soy un poco adicta al contador de pasos del teléfono. Sobre todo porque me permitía competir contra mi rival favorita, yo misma, cada día. Además, mi marca de 30.000 pasos en Roma hace un par de años es algo de lo que me siento bastante orgullosa.

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El juego de averiguar si he llegado al trabajo por una vía algo más rápida, se me ha acabado. Al máximo que llego es a 500 y eso si tengo la suerte de ser a quien le toca hacer la compra.

Al nivel de mi padre, que dedica una hora concreta de la jornada a atender llamadas dando vueltas por la casa, no he llegado (todavía).

Y como la OMS estaría bastante avergonzada de mi cuentakilómetros estos días, he pensado que podría compensarlo de otra manera.

El ejercicio está descartado, pensad que estos pasos de los que hablo forman parte del neat, un concepto que se refiere al gasto energético diario que se emplea en cualquier actividad que no sea la práctica de deporte.

En otras palabras, lo que gasto en energía de bajar las escaleras, hacer la compra, volver cargada y subirlas. Aunque hay algo más que puede subirnos el neat en nuestro día a día: ¡el sexo!

Depende de cómo se haga, puede convertirse en la mejor manera de quemar esos caprichos de tanta serie en el sofá (¿el último en mi caso? Una tarta de queso).

A los fans del perrito, les sugiero que le den un descanso si su idea es subir el neat. La clave es buscar posturas en las que moverse, esas de sudar que terminas jadeando como si acabaras de participar en una carrera.

¿Mi sugerencia? Las que imitan la sentadilla, o, más en general, todas aquellas que necesitan la fuerza de las piernas para hacer el movimiento ascendente y descendente.

En el caso de ellos, una buena opción sería la de hacerlo de pie sujetando a la otra persona alrededor de la cintura, es decir, trabajando brazos y piernas.

También podría valer el misionero, aunque al final son posturas que implican que, quien no trabaja, no hace prácticamente gasto calórico.

La clave es ir turnándose. Que primero se canse uno y luego otro para hacer una especie de juego de relevos sexual en el que solo se cambia de pose cuando se empieza a agotar el aliento.

Vale, no es la visión más romántica del acto. Pero después de tantos días encerrados juntos, ¿qué tiene de malo probar algo un poco distinto y que solo sea físico? Las endorfinas lo agradecerán.

Duquesa Doslabios.

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¿Es el yoga la nueva versión del Kamasutra?

Lo confieso, desde hace unos meses he empezado a hacer yoga. De manera amateur, claro, tirando de vídeos de internet y con el material mínimo imprescindible, la colchoneta.

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Puede que todavía no me note mucho más flexible, en comparación con mis comienzos, he encontrado posturas muy cómodas a las que, rápidamente extrapolé a otro momento también placentero.

¿Por qué no hacer la prueba de si mi nueva actividad podría tener un hueco en mi vida sexual? Voy a ahorrarme la charla de que, en general, esta disciplina es beneficiosa para la intimidad.

Aunque los beneficios físicos como la flexibilidad o el bienestar general ya me parecen dos alicientes que van a mejorar la experiencia.

A lo que voy es a lo práctico, a trasladar esos asanas (el nombre que reciben las posturas en el yoga) al momento de follar.

Vale, he sido bastante selectiva. No digo que todas sirvan para aderezar los momentos de pasión. ¿Alguien se imagina intimando de cualquier manera en un ‘guerrero’? Para mí, quedan descartadas las posturas de equilibrio.

No pasa lo mismo con aquellas más cómodas y estables, que son las que realmente recomiendo. De hecho, el asana del perro es uno que comparten por igual el sexo y la práctica (¡y pensabas que no habías hecho yoga en tu vida!).

Puesta a quedarme con una favorita, esa sería sin duda la del ‘bebé feliz’. Que consiste en estar tumbada con la espalda apoyada y elevar las piernas flexionales hasta coger los pies con las manos (que las rodillas apunten a las axilas).

En esta pose las sensaciones son muy parecidas a las del ‘pretzel’ al permitir una penetración muy profunda. Y además es comodísima para la espalda.

Otra con la que también estoy experimentando es el ‘puente’. Para entrar en este asana, se deja la espalda apoyada, las piernas flexionales con los talones cerca de las nalgas y por último se eleva la cadera con ambos brazos bien apoyados a lo largo del suelo.

Ya que la cuarentena es larga, os animo a probarlo y seguir investigando.

Duquesa Doslabios.

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¿Hola comilonas, adiós intimidad? Tener sexo en Navidad cuando has comido mucho

En estos momentos del año, en lo único que pienso al quitarme la ropa es en ponerme rápidamente el pijama de franela.

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Y no ya porque sea invierno, que también. Sino porque las comidas y cenas navideñas terminan por dejarme para el arrastre.

Bandejas y bandejas de canapés, langostinos y por supuesto los platos de turrón y polvorones te hinchan tanto que te da la sensación de que, lo único que vas a poder hacer al levantarte de la mesa, es pedirle a tus primos, los fuertes de la familia, que te empujen en dirección a tu cuarto para ir rodando hacia la cama.

Sentir el cuerpo pesado -culpo a la dichosa mayonesa, que equivale a digerir cemento armado- se interpone a la hora de tener algo de intimidad, celebrando el ambiente cariñoso que tanto me gusta de las fiestas.

El sexo es un reto. Pero la pasión no tiene por qué desaparecer del todo (de eso se encarga el pijama anteriormente mencionado).

Déjate de malabarismos o posturas alternativas, eso mejor para el resto del año, e intenta buscar posiciones en las que tu tripa no sufra las consecuencias de la cena.

Nada de poses invertidas que hagan subir la sangre a la cabeza y el marisco a la boca del estómago.

En estos casos, hacerlo recostados sobre la cama, a modo de cucharita, permite libertad de movimientos y que no te siente mal la comida. Además, al estar tumbados, la sensación es de descanso.

Otra alternativa es que puedes aprovechar que estás recogiendo la mesa para darle rienda suelta a tu pasión sobre ella -una vez se vaya la familia, claro- apartando los entrantes, que las salsas salen fatal de la ropa.

En ese caso, una persona de pie y otra tumbada, también permite disfrutar sin que agobie la sensación de pesadez.

Aunque mi alternativa favorita para estos días confieso que es, y será siempre, el sexo oral. Cómodo para los dos e igual de placentero que follar (para muchas mujeres incluso más).

Permite poder disfrutar a un ritmo tranquilo sin tener que estar ejecutando la coreografía de la penetración, que entre el cansancio, la comida y el alcohol es otra de las cosas que termina dando pereza del sexo en Navidad.

Duquesa Doslabios.

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