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Maltrato en pareja: por qué se recurre a la violencia, cómo detectarlo… Esta psicóloga resuelve las dudas más frecuentes

‘Esa historia algo tóxica’ es como, a día de hoy, sigo refiriéndome a lo que mi psicóloga llamó «relación de maltrato».

Una especie de salvoconducto que me permite hablar de ello sin que mi mente reproduzca algunas escenas.

pareja maltrato

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Supongo que no había comprendido que aquel mote le quitaba peso (o más bien gravedad) a la situación.

Era mi particular mecanismo de defensa.

Y ha sido entrevistando a Isabel Zanón, psicóloga feminista (@isabelpsicofem en Instagram), que he entendido mejor este apaño de mi cerebro sobre la forma de expresarme sobre esa historia.

Para la psicóloga, usar «tóxico» nos supone una alternativa sencilla.

«Nombrar la violencia es como mínimo, incómodo. Sin embargo, cuando hablamos de toxicidad en lugar de nombrar la palabra violencia, estamos olvidando el contexto y relegando el problema a una ‘cosa de pareja’, a la esfera privada, lo cual es peligroso», afirma.

Hablar con ella es reabrir mi personalísima caja de Pandora y resolverme las dudas que, ocho años después de haber vivido esa relación, aún me acompañan.

¿Podría haberme defendido? ¿Podría él haberse tratado? ¿Por qué a mí? ¿Por qué él? ¿Por qué todos los casos que conozco son tan parecidos que casi parecen calcados unos de otros?

Sobre la última pregunta, Isabel me explica que esa semejanza tiene su razón en las formas del patriarcado, que «mutan a medida que lo hacen las personas, su estilo de vida y sus códigos sociales».

«Si hablamos de violencia, estaremos poniendo el foco en que hay una estructura, una jerarquía de poder en que una parte ejerce ese poder (el hombre) y la otra se somete (la mujer)», explica.

No son solo el control y los celos las conductas violentas, también se encuentran «las que tienen por objetivo aislar socialmente, las humillaciones en público o en privado, la descalificación, el acoso, la indiferencia afectiva o la manipulación, así como las amenazas. También solemos encontrarnos con unos inicios de relación muy positivos, casi abrumadores».

Me ha rondado la cabeza en varias ocasiones la pregunta de cómo se llega a ese punto. Cuando algo hace ‘clic’ y empiezas a tratar mal a tus parejas.

La clave, como me explica la experta, está en los agentes socializadores, individuos, grupos como la familia o instituciones como el colegio, por poner unos ejemplos.

«Los agentes socializadores de estos hombres que maltratan son muchos: hombres sexistas a su alrededor, carecen de referentes más igualitarios con las mujeres o que asuman que es importante hacer autocrítica sin ponerse a la defensiva, la pornografía es otro importante agente socializador, el grupo de iguales, que a menudo también tiene muy normalizado e incluso romantizado el sexismo y conductas como la dominación, el control o la humillación», aclara Isabel.

«Aprenden de distintos canales y amparados por un sistema violento en muchos más aspectos: vivimos en una sociedad en la que la violencia no tiene demasiadas repercusiones porque se normaliza y se legitima como forma de resolver conflictos y mantener privilegios».

¿Es cierto que el maltrato suele estar relacionado con las inseguridades y personalidades muy narcisistas? Es decir, ¿hay predisposición a que este tipo de personas se conviertan en maltratadoras?
Hay muchos factores de riesgo para que un joven o adulto ejerza violencia contra las mujeres: se ha estudiado que la baja autoestima puede ser uno. También el ponerse siempre por delante en tanto que a los niños se les educa para ser cuidados y pensar en ellos, lo cual no quiere decir que esté mal. El problema es que a nosotras en lugar de en el YO se nos educa en los OTROS y por eso nos ponemos casi sistemáticamente en segundo lugar. A ellos no se les educa en la empatía y a nosotras se nos educa en la sobreempatía: se espera de nosotras que seamos comprensivas incluso con quienes no nos tratan bien. Otros factores de riesgo podrían ser el bajo control de impulsos, las creencias sexistas, las creencias de amor romántico…

Los rasgos narcisistas tienen que ver con sentirse por encima o mejores que otras personas, pero en realidad beben de una autoestima bastante baja. No tienen problema en violar las normas o en saltarse los límites de otras personas con tal de dominar y conseguir una imagen exterior positiva. Son habituales los comportamientos que buscan humillar y crear confusión psicológica.
Sin embargo, no hay un solo perfil de maltratador igual que no hay un solo perfil de mujer que recibe violencia. De hecho, es importante huir de esas visiones estereotipadas que a menudo solo hacen que si nos topamos con un chico con carisma y de maneras tranquilas o con una chica de modales bruscos y con la rabia a flor de piel descartaremos automáticamente que puedan estar en una relación de violencia por el simple hecho de no entrar en el ‘perfil’.

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¿Yendo a terapia pueden cambiar su forma de relacionarse (y por tanto de dañar a sus parejas)?
Opino que sí, pero es muy complicado. Seguramente solo será efectiva una terapia específica y solo suelen acudir a esta por orden judicial, cuando la violencia que han ejercido ha sido tan grave y explícita que se han tenido que tomar medidas judiciales. Y a menudo por desgracia, ya es bastante tarde. El primer paso que tienen que dar es reconocer la violencia y entender que nada la justifica. Que una cosa es tener conflictos en pareja y otra muy diferente responder con violencia, maltrato y trato desigual. Hace falta un trabajo profundo en cómo se ven y viven las relaciones, no es solo una cuestión de trabajar en la empatía, la rabia o la resolución de conflictos.

Además de ser específicas, estas terapias deben durar lo suficiente y en ocasiones no se ponen los recursos adecuados para que así sea. Muchas de estas personas no son capaces de hacer ningún tipo de autocrítica, se ceñirán a su versión de los hechos y en caso de acudir a terapia, podría ser que lo hicieran como una forma de defender su imagen pública o incluso como medio para recuperar a la pareja.

¿De alguna manera pueden los amigos y familiares detectar que se encuentran ante un maltratador?
No es sencillo, pero sí pueden. A menudo se comenta que todas las mujeres conocemos a alguna mujer que está recibiendo violencia, pero curiosamente nadie conoce a ningún hombre que la ejerza. Esto no es prueba de que ellas mientan o exageren. Es prueba de que el sistema social normaliza y ampara la violencia. Por eso es importante que el entorno deje de mirar a otro lado, esté más atento y pueda hablar con la persona en cuestión. Porque es responsabilidad de todo el mundo.

Independientemente de si creemos que esta persona puede o no cambiar, lo ético sería no legitimar a alguien que no trata bien a otras personas. Es posible detectarlo viendo cómo se comporta con su pareja, aunque no siempre lo mostrará en público. Pero a menudo, se escapan gestos de una parte o de la otra que delatan la verdadera naturaleza de la relación: dominación-sumisión.
Es posible prestar atención a cómo habla sobre la relación o sobre su pareja. También es importante observar cómo se comporta su pareja cuando él está cerca y en general, qué estado de ánimo muestra.

¿Hay alguna manera de que la víctima se pueda defender de estas estrategias de control?
Es difícil porque algunas de las secuelas de la violencia de género son que la mujer se inhiba, desconfíe de ella misma (incluso de sus propios sentimientos), disminución de la autoestima, desvalimiento, confusión, culpa y dudas sobre las propias capacidades y sobre todo, una gran dependencia emocional. Lo primero es tener identificadas esas estrategias de control y ponerles nombre. Darles la importancia que tienen. Poner cuanta más distancia mejor, para que sea más difícil volver a entrar en el laberinto.
Hacer uso de la autodefensa feminista, que nos da algunas pistas de cómo defendernos de la violencia.

Por ejemplo, necesitaremos mucho entrenamiento en conectar con nuestra propia intuición, con nuestras sensaciones de malestar y con nuestra voz. Será importante también conocer y reconocer nuestros derechos. Por último, necesitaremos también una red de apoyo, por pequeña que sea, que entienda que lo habitual es normalizar la violencia, también la recibida. Esta red de apoyo, cuando sea conocedora de lo que ocurre, debe estar siempre disponible y armarse de paciencia, para derribar los muros de la vergüenza que normalmente sentirá la víctima; especialmente, si sufre recaídas. En estos casos se necesita una red que no la juzgue en ningún sentido.

¿De qué manera el apoyo es vital tanto para la víctima como para el agresor que quiere cambiar su comportamiento?
Por el mismo motivo por el que el iceberg de la violencia no tiene razón de ser sin la base, que es la estructura social, entre la que se cuentan las otras personas, las redes de cada cual. Y es que el posmachismo resta importancia y niega la existencia o magnitud de la violencia contra las mujeres. El apoyo ha de ir dirigido a romper el aislamiento, a tender puentes, a paliar las secuelas y a ofrecer espacios seguros donde procesar lo vivido e integrar nuevas maneras de relacionarse desde el buen trato.

¿Cómo puede la educación prevenir que nuestro hijo (o hija) se convierta en maltratador?
Con mucha prevención para no llegar tarde. Es importante que los niños aprendan a relacionarse con niñas viendo a hombres
igualitarios relacionarse con mujeres no sumisas. Y es que la violencia en pareja solo puede ser ejercida por quien está en una posición de poder. Claro que hay mujeres que tratan mal a sus parejas, pueden hacer uso de conductas de control, humillación, etcétera. Y esto es intolerable porque no se daña a quien se quiere.

Sin embargo, tanto la estructura social (que legitima la superioridad y dominación de los hombres) como los datos, avalan que son ellos quienes ejercen esa violencia efectiva. Las relaciones de maltrato en la pareja han sido identificadas por el feminismo, pero no es un problema que debamos resolver las mujeres, es un problema que deben resolver los hombres. Y esto empieza por educar a los niños cuando son pequeños. Recordemos que sin agresor, no hay violencia.

¿Cómo gestionar que tu ex, que te ha maltratado, vuelva a contactarte diciendo que ha cambiado?
Tapándote los oídos y observando. Observando cómo se comporta, lo que hace y también observando cómo estás tú, tus emociones y tu cuerpo. A menudo lo que nos dicen, así como lo que nos cuenta nuestra cabeza, hay que contrastarlo con el cuerpo, que no engaña. Recordemos que hay algo llamado ilusión de control, que nosotras mismas podemos sentir (estemos en una relación de pareja de violencia o solo insatisfactoria): y es que los mitos románticos nos predisponen para aguantar, insistir y quedarnos en relaciones que no nos aportan porque nos quedamos atadas a la idea de ‘cambio’ y ‘potencial’ de la pareja.

Creo que es importante gestionarlo contándolo en el entorno, pero también trabajando mucho en nuestra autonomía y en construirnos una vida que nos encante. Es más difícil que nos convenzan cuando llevamos una vida rica y basada en nuestros valores. Si no estamos seguras de poder aguantar sin que nos vuelvan a arrastrar, no esperemos a tocar fondo: hay que pedir ayuda profesional.

Mara Mariño

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Mayor inteligencia emocional, compasión, apoyo… Así es la ‘nueva masculinidad’

Uno de los comentarios que más recibo en Instagram por parte de hombres (que si aún no me sigues, este es mi perfil), es que se sienten perseguidos.

Casi como que no pueden ser ellos mismos y sienten que están siendo juzgados todo el tiempo incluso por cosas que no han hecho.

masculinidad hombres

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Y es que la masculinidad está en el punto de mira, más que nada porque al ir en línea con la sociedad machista en la que vivimos, parece que ser un ‘machote’ ahora está mal visto.

Todo está en continuo cambio: los iPhones, las series de la tierra media, el feminismo y, por supuesto, la masculinidad. De ahí que se anime a revisarse la propia.

Ahora Jason Momoa puede aparecer con un bolso rosa en la alfombra roja y Billy Porter se puso un vestido para los Oscar, pero  no son las únicas pruebas de que lo que antes era ‘ser un hombre’ es un concepto que ha empezado a desvanecerse.

Es más, de lo que se habla últimamente es de las nuevas masculinidades y, sobre este tema, José Alberto Medina Martín, psicólogo -al que entrevisté hace unos meses aquí-, explica por qué se han puesto tan de moda últimamente.

«Las nuevas masculinidades son constructos sociales que se oponen a la masculinidad hegemónica», afirma.

La pirámide de esta masculinidad la corona quien «más poder tiene y demuestra, más fuerza posee y ejerce, y más conquistas sexuales cosecha», ya que los pilares son el poder, la posesión, el capital erótico, la autoridad, la fuerza y el dominio tanto del género opuesto como del espacio público.

En cambio, las nuevas masculinidades apuestan por «la apertura emocional, la cooperación, una comunicación asertiva, la escucha activa y otra serie de valores».

Y si tiene tanta importancia es, como recuerda José Alberto, porque «yo soy lo que mi masculinidad dice de mí. Lo uso como etiqueta para transitar mi espacio, mi vida».

Si la ‘antigua’ masculinidad es algo a lo que le estamos cogiendo manía es por cómo se ha construido «como antítesis de lo femenino», explica el psicólogo.

Se basa «en la violentación, en cualquiera de sus formas (humillación, mofa, agresión, discriminación, vacío, etc) de otras identidades masculinas que cuestionan dicho modelo o que están lejos de él. Ser hombre es no ser mujer y sus derivados (marica, travelo, etc)».

Que a día de hoy sea algo que nos sigue pesando es porque «nuestros padres y abuelos no han tenido un contexto amable que les diese la libertad para cuestionar estas cosas. Por poner unos ejemplos, la paternidad se ejerce desde la demostración y no desde el cariño, la intimidad o la ternura, no hay una conexión emocional con los amigos, las relaciones de pareja son desiguales donde ambas partes siguen perdiendo de formas muy específicas (tanto heterosexuales como homosexuales), etc», explica José Alberto.

Entonces, puesta a imaginarme cómo sería el mundo si los hombres se plantearan su masculinidad, y se alejaran de esa identidad tan violenta, queda claro que la sociedad sería más inclusiva y respetuosa, «libre de sesgos machistas«, añade José Alberto.

«No tendríamos expectativas impuestas y autoimpuestas, dispondríamos de libertad para escoger trabajos sin que se cuestione que sean o no más femeninos (limpiador) o masculinos (directora de una empresa)».

Además los hombres contarían con «repertorio para resolver conflictos y un mayor desarrollo de la inteligencia emocional. Supongo que vamos encaminados a conseguirlo, tiempo al tiempo», apunta, positivo, el experto.

¿Cómo cambiar la propia masculinidad?

«Propongo trabajar la identidad del hombre, que antes de hombre, es humano. La identidad masculina aún predominante sigue basándose en esos estándares que son tóxicos: comunicación violenta, dificultad para resolver conflictos interpersonales, vivir la intimidad con pánico, complacencia con otros hombres que consideran más poderosos por miedo a ser cuestionados…», afirma el psicólogo.

Sus consejos para trabajar en ello pasan por «mejorar la asertividad, el cuestionamiento sin juzgarnos, la compasión, la capacidad de pensar a largo plazo viendo los beneficios de modificar su forma de ver el mundo (terapia), todo lo que tiene que ver con las emociones (regulación, identificación, discriminación, etc) y sobre todo ganar autonomía».

Como matiza José Alberto, autonomía no es lo mismo que aislamiento: «Hace falta tener la autonomía bien trabajada, y más en el caso de los hombres. Masculinidad y soledad van muy dadas de la mano y se necesita coraje, y que se valide dicho coraje, porque si encima que nos cuesta horrores mostrarnos vulnerables en este cambio, si no se nos apoya o incluso se hace mofa, pues vamos listos».

hombre abrazo

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En el sexo también la masculinidad clásica está haciendo de las suyas. Ya que «se comprende la intimidad únicamente como mantener prácticas sexuales», reflexiona.

«El único placer que cuenta es el suyo, porque se valora al hombre en la sociedad, y dentro de las mismas relaciones sentimentales, en función del placer que puede dar a una mujer. Esto lo hace para sentirse bien él realmente, es un vehículo, no un propósito nacido del querer a la persona», explica Jose Alberto.

La penetración es la práctica que resume esto, o, en palabras del experto: «Aquellas donde el pene esté en primera línea de batalla».

«Y no, esto no es una metáfora. Muchos hombres viven las relaciones sexuales con ansiedad porque una parte muy grande de su identidad gira en torno a su rendimiento sexual, como si fuera un examen y no una oportunidad de descubrimiento, placer y exploración. La penetración es la práctica por excelencia, y más allá de ello, no hay sexo. Es una concepción muy mecánica».

Estereotipos de género y orientación sexual

Sobre si la ‘vieja’ masculinidad afecta a los hombres homosexuales y bisexuales cuando se relacionan con otros hombres y tienen un interés sexual o romántico, José Alberto analiza que tendemos a dicotomizar y dividir entre dos lados.

«Lo de verdad, que exista y se reproduzca. Lo de mentira, que deje de existir. Y si no, que al menos no se note. De ahí toda la homofobia interiorizada, que también la vivimos los hombres bisexuales», explica.

«Hay estereotipos de género aún siendo los sujetos del mismo sexo. En prácticas sexuales nos encontramos con algo muy habitual: el activo, el que penetra, el que hace, y el pasivo el penetrado, el que se deja hacer», explica.

«Seguimos jugando con la dominación y sumisión como sinónimos de lo masculino y femenino. Con buena dosis de coitocentrismo. Porque no hay más sexo, no lo concebimos. Y que nos gusten ambas cosas no, siempre hay algo que te gusta más».

A la hora de tener acercamientos interpersonales el problema es el mismo. Según el psicólogo, el estereotipo es «Que no sabemos, porque ‘no somos hombres de verdad’, pero queremos. Y, en el caso de hombres homosexuales, que no les gustan las mujeres, ¿cómo procedo? ¿Le doy una rosa? ¿Le digo que está muy guapo? ¿O mejor le demuestro que soy un tiaco y le suelto ‘bro me molan tus zapas’?».

«Hombres bisexuales y homosexuales hemos sido socializados como heterosexuales y como hombres, sin más. Arrastramos el machismo, lo interiorizamos y lidiamos con la homofobia. Siempre en ese intento impuesto de acercarnos a lo que debemos ser. Es muy doloroso».

Nadal y el club de las ‘nuevas’ masculinidades

En vías de la deconstrucción, cabe preguntarse qué hacer si los hombres del entorno siguen estancados en esa masculinidad del ‘macho’. Para José Alberto la respuesta está clara: «No respondas con sobresalto».

«Estás en un proceso donde muy posiblemente te señalen como blandito o que haces tonterías. Pero da una respuesta desde toda la calma que puedas en ese momento. Si reaccionas a voz de pronto le estás dando la atención de la cual siempre se han estado alimentando», sugiere.

«Tampoco está en tu deber recriminar y convertir estos comportamientos machistas. Estás en tu derecho de alejarte. Señala lo que puedas, rodéate de un círculo que te apoye y te escuche», recomienda el experto.

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Entre los diálogos de las masculinidades, se habla de un tiempo a esta parte de masculinidad híbrida, «que tiene que ver con nuevos modelos de masculinidad sin perder los privilegios. Porque la sociedad no sigue leyendo como hombres, más allá de nuestros comportamientos», explica José Alberto.

«Como dice Foucoult tenemos impresos unos mandatos de género, pues qué mínimo que empleemos esta ventaja para una labor prosocial, sin invadir los espacios de lucha feminista. A ver si ahora vamos a dejar de usurpar el espacio público y decirle a las mujeres que se queden en casa a cuidar y ser buena madre y vamos a usurpar los espacios de reflexión y actuación feministas», reflexiona.

«Lo típico de ‘¿un hombre me dice cómo ser buena feminista?’ Pues en eso se puede convertir la nueva masculinidad. Así que mucha perspectiva de género y mucho trabajo personal para que esto de lo nuevo no sea ‘pero ahora lloro en público’. Un abrazo, Nadal», dice el psicólogo.

Mara Mariño

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‘El tamaño del pene no está relacionado con la capacidad de sentir placer’

Creo que casi todos los chicos con los que he estado se sentían inseguros con su tamaño.

Al menos, con los que hablé del tema, me lo confirmaron.

tamaño pene

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Y lo más curioso es que en ningún caso, tenían de qué preocuparse: se movían en la media.

Pero para ellos no era suficiente y compartían la obsesión por tener entre las piernas una máquina tuneladora que me dejara como el túnel del Metro.

A mí, sinceramente, centímetros de más o de menos, es algo que me da igual. Mientras haya química entre los dos y sepa dónde tengo ubicado el clítoris (y cómo estimularlo), el pene no me preocupa.

Por mucho que he compartido ese punto de vista, la rayada sigue ahí. Pero claro, ¿cómo no tenerla cuando crecemos rodeados con una pasión desmedida hacia el pene?

No faltan en las series o películas referencias a quienes la tienen grande y se convierten en objeto de deseo, mientras los que tienen menos pequeño, son objeto de burla.

Así que he hablado con los sexólogos Andrés Suro y Anel Martínez para arrojar un poco de luz sobre las preocupaciones fálicas.

Ambos trabajan para MYHIXEL, el método natural para controlar la eyaculación, así que son conscientes de que el miedo de ‘no dar la talla’ puede ser una de las razones por las que la erección se pierde.

«La autoestima juega un papel importante en nuestra sexualidad. No estar satisfechos con nuestro cuerpo puede ocasionar pensamientos intrusivos y tener estos pensamientos en la cama, puede ocasionar disfunciones sexuales tales como eyaculación precoz, un gatillazo, disfunción eréctil, disforia corporal…», afirman.

Pero lo cierto es que la vagina no tiene terminaciones nerviosas. Es un canal de salida de bebés, necesitamos que sea a prueba de bombas.

Lo que sí las tiene es el clítoris, de ahí que para nosotras sea prioritario que el placer femenino se centre más en el órgano de placer que en meterla.

Además, en el caso de los hombres, da igual el tamaño que se tenga porque la satisfacción en la relación sexual está asegurada.

«El tamaño del pene no está relacionado con la capacidad de sentir placer. No importa el largo o grosor que se tenga, puesto que el pene tiene alrededor de cuatro mil terminaciones nerviosas», declaran los sexólogos.

El problema, según ellos, viene cuando se tiene algún dolor o malestar que pueda afectar en los encuentros sexuales. Pero careciendo de eso ¿por qué agobiarse tanto por medirlo?

Para romper con los estereotipos de que la masculinidad está relacionada con el tamaño, los expertos recomiendan educación sexual.

«Desde edad temprana tanto del núcleo familiar como en la esfera de instituciones educativas. Debemos entender que la masculinidad no tiene nada que ver con tu performance en la cama, con el tamaño del pene o la virilidad. Dentro de esta educación sexual, se debe hacer hincapié en que el porno son más bien vídeos con contenido erótico de género cinematográfico de ciencia ficción», explican.

Autoestima sexual para aceptar (y querer) tu tamaño

Y la pregunta del millón, ¿cómo se puede trabajar en la autoestima sexual más allá del tamaño del pene?

La lista de los sexólogos incluye:

Apreciar tu cuerpo: no existen los cuerpos perfectos, así que no juzgues negativamente el tuyo. En vez de eso, cuida tu imagen íntima mediante la higiene y la actividad física.
● Proponer nuevas prácticas en tus encuentros: lo que repercute positivamente en la confianza. Experimenta y explora, tanto individualmente como en pareja.
Pedir ayuda a profesionales: acudir a un especialista en sexología te puede ayudar a combatir miedos e inseguridades que dificulten una buena autoestima sexual.

Y, ante todo, huir de los ‘remedios’ que circulan por internet que prometen resultados milagrosos.

«La gran mayoría de técnicas que circulan en internet no tienen un efecto permanente en el pene, solo momentáneo. Otras no llegan a producir ningún aumento significativo», explican.

Además, muchas de ellas no son prácticas seguras: «Pueden tener consecuencias negativas permanentes para el pene y su correcto funcionamiento».

«Incluso las intervenciones quirúrgicas suelen tener efectos secundarios que reducen el placer sentido durante los encuentros. En cualquier caso, lo que te recomendamos es que acudas a un urólogo para recibir asesoramiento o que cuentes con un equipo de especialistas en Sexología para potenciar tu autoestima sexual y que el tamaño del pene deje de ser un problema», recomiendan los sexólogos.

A fin de cuentas, el pene no va a cambiar con el paso del tiempo, «el tamaño y la forma se mantienen», dicen los expertos.

Así que, ya que va a acompañar a su portador el resto de su vida, ¿no es mejor aprender a quererlo tal y como es, con su atractivo sexual, pero sobre todo no convertirle en el único responsable de cada encuentro, sino entender que el placer va más allá de los genitales y aprender a disfrutar de todo el cuerpo con prácticas más allá de la penetración?

Mara Mariño

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‘La mayoría de mujeres de occidente tenemos un suelo pélvico estresado y muy tenso’

La primera vez que oí hablar del suelo pélvico fue cuando me interesé por unas bolas chinas en una tienda erótica.

Por lo que me contaron, o empezabas a ejercitarlo a partir de cierta edad, o se terminaría descolgando flácido, como cuando sacas un bizcocho antes de tiempo del horno.

suelo pélvico

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Aquello me generó bastante agobio. ¿Por qué nadie me había hablado antes de la existencia de esta zona de mi cuerpo?

Y lo segundo, ¿cómo podía evitar llegar a ese punto, cuyas consecuencias no conocía, pero me imaginaba que serían terribles?

La neura se me fue pasando porque otras cosas más urgentes llegaron a mi vida (hola, volverme autónoma), pero el desconocimiento seguía ahí.

Así que hablar con Juncal Alzugaray del tema, que es fisioterapeuta especializada en suelo pélvico (es la fundadora de PelviClub.com), ha sido clave para conocer el mío un poco más.

Y, ya de paso relajarme al respecto de que me voy a levantar un día arrastrándolo por el suelo de lo mucho que ha descendido como si fuera un globo medio desinflado.

Lo primero que me comenta la experta es que no solo es el canal de parto. El suelo pélvico «trabaja en equipo con la faja abdominal para sujetar nuestras vísceras abdominopélvicas. Es quien se encarga de sacar para afuera nuestra sangre menstrual, nuestra orina y nuestras heces. Pero tampoco podemos olvidar su función sexual».

Ah, ¿que mi vida sexual está sujeta a algo de lo que apenas sabía nada? Como Juncal afirma «El estado del suelo pélvico repercute directamente sobre la sensibilidad, sobre la lubricación, la elasticidad… Y eso es crucial para todo lo demás.»

«Imagínate que una siente que no lubrica, que le duele el coito o que tiene tal hipersensibilidad en el clítoris que le produce dolor. Esa persona no va a querer comenzar cualquier relación sexual, ni siquiera una mirada, no vaya a ser que se desencadene todo ese infierno. Cualquier disconfort en nuestro suelo pélvico va a tener incidencia directa sobre nuestra salud sexual», dice.

Pero, ¿hasta qué punto es real ese mito de que tenemos que trabajarlo como quien entrena pectorales en el gimnasio para contrarrestar la espalda de la silla del ordenador?

A diferencia de lo que se cree, que lo tenemos débil, Juncal me confirma que en nuestro caso, es todo lo contrario.

«La gran mayoría de las mujeres de occidente tenemos un suelo pélvico estresado y muy tenso».

La copa menstrual, ¿amiga o enemiga?

Y aquí es donde entra la copa menstrual. Es un poco como la pescadilla que se muerde la cola. Sin un suelo pélvico sano, la copa se nos escurriría de la vagina.

Pero, al mismo tiempo, llevarla puesta demasiado tiempo, puede pasarle factura.

«Es importante darle un respiro a nuestro canal vaginal y no utilizar la copa 24 horas al día durante los días que sangramos. La vagina no está preparada para tener todo el rato algo insertado, se cansa, se congestiona y a la larga, puede que se contracture».

Además, la copa menstrual debe adaptarse a nosotras y no al revés. Por eso Juncal recomienda «elegir una copa menstrual adecuada a nuestra anatomía y al estado de nuestra musculatura».

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«Mi recomendación general es que no busquemos ni la más dura, ni la más blanda. Y, a poder ser, una que no sea muy larga. Pero eso es algo muy personal también… Sobre todo, una con la que nos sintamos cómodas».

Sí, aquí es donde las bragas menstruales, otro método que recomiendo, puede apañarte en los días de sangrado.

El mito por excelencia sobre el suelo pélvico es que solo debemos ponernos a trabajarlo tras el embarazo, pero la experta aconseja familiarizarnos con él mucho antes.

«Tenemos que conocer y reconocer esa parte de nuestro cuerpo, porque vivimos muy desconectadas. Tanto tiempo privándonos de nuestro placer ha hecho que desenchufemos esa parte de nuestra anatomía casi a nivel cerebral. Luego ya vendrá el trabajo, si es que hay que hacerlo. Pero integremos el suelo pélvico desde peques, por favor».

Solo de esa forma que propone, volviéndolo algo más de nuestra vida desde el comienzo de ella, conseguiremos que sea algo tan normal como es hablar de la próstata, por ejemplo.

Una razón que, según Juncal, se debe a la gran desigualdad que todavía existe entre hombres y mujeres: «Nuestros cuerpos solo importan como meros objetos bajo la mirada del ‘otro’. Nadie nos ha hablado de pequeñas, de adolescentes de que podemos ser dueñas de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad, de nuestro disfrute. Nadie nos ha dicho que podemos llevar el timón. Nos han llevado a pensar que nuestro cuerpo no nos pertenece».

«Por eso no se nombra, por eso no lo nombran. ¿Te imaginas qué pasaría si fuéramos las amas y señoras de nuestro disfrute? Buah, sueño con un mundo así. Hablemos más de nuestros suelos pélvicos y hablemos más de nuestra sexualidad… Cambiemos el mundo», propone.

¿Te sumas a su revolucionaria invitación?

Mara Mariño

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‘El orgasmo producido por la estimulación directa de la próstata es mucho más placentero’

Son varias las ocasiones en las que he recibido mucha insistencia por practicar sexo anal (en mi ano, por supuesto).

Y, alguna que otra vez, le he propuesto al chico en cuestión probar también por el suyo y así experimentar juntos ese increíble placer que me vendía.

pareja sexo

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Sin embargo, su rechazo era tajante. Reaccionaba como si su ano fuera una especie de zona mística donde la entrada de cualquier artículo, o parte del cuerpo, fuera casi un sacrilegio hacia su persona.

Lo que era toda una sorpresa cuando, algo más tarde, aprendí que es precisamente por detrás por donde los hombres tienen un sinfín de terminaciones nerviosas que son vía directa al orgasmo (sin transbordo ni nada).

En el caso de las mujeres, el tema de los puntos es casi como un abecedario. Dime una letra y te diré con qué parte del cuerpo (supuestamente), vas a llegar al clímax.

Como dice Valérie Tasso, sexóloga y embajadora de Lelo.com, «aparecen puntos como champiñones. Que si el punto G, el U, el A, etc»

Hay tantos que, como ella misma sugiere, «cuando se acaben las letras, podemos hacer como las matrículas y poner números».

El de ellos, en cambio, es más sencillo, más directo y, aun con todo, menos conocido: el Punto P, que vendría a ser su equivalente.

Pero, ¿por qué esa zona en concreto con lo fácil que era llegar a los genitales? ¿Qué tiene el Punto P que da tanto placer, pero aun así cuesta tanto de disfrutar? La experta nos lo resuelve.

¿Qué se estimula exactamente?
La próstata, una glándula masculina ubicada en el interior de la zona pélvica bajo la vejiga y frente al recto y está entre unos 3 a 5 cm entrando por el ano. Su tamaño es similar al de una nuez y su forma anatómica recuerda a una castaña. Su función primordial es, como en las vías de los trenes, el ‘cambio de aguja’, decidir qué conducto de los que la atraviesan tiene preferencia de paso para la uretra; si el que permite al hombre orinar o el que permite expulsar el semen (prueben a que un hombre eyacule y haga pipí a la vez y verán a lo que me refiero…).

De ella depende también el que, con sus contracciones (que en este caso son orgásmicas), el semen se impulse hasta la uretra. Un buen suelo pélvico permite presionar a voluntad la próstata para mantener el control sobre la eyaculación. También cumple una función capital en la producción de líquido que contribuye, junto al esperma producido por los testículos (y que apenas es un 2% de lo eyaculado) y los otros fluidos seminales.

¿Por qué esa zona da placer?
Es el órgano que interviene primero en el orgasmo masculino. Y al estar recubierta de terminaciones nerviosas, la próstata proporciona sensaciones que van desde buenas a verdaderamente intensas cuando se la masajea o estimula. Cuando un hombre está a punto de tener un orgasmo, lo primero que ‘se pone en marcha’ es la próstata y, en cuestión de medio segundo, la eyección de semen. Es decir, los orgasmos de los hombres, aunque no lo sepan, se hacen en dos tiempos: 1) contracciones de la próstata y luego 2) eyaculación. La dificultad de notar estos dos tiempos es porque entre el momento 1 y el 2 existe muy poco tiempo. Y no son pocos los hombres que desconocen cómo funciona su proceso orgásmico.

¿Cómo estimularla?
La estimulación de la próstata se puede hacer de dos maneras posibles: o bien desde dentro entrando por el ano (con los dedos, o con un masajeador prostático o también directamente con sexo anal por parte de tu pareja) o bien presionando con los dedos o algún juguete erótico el periné (desde fuera) –el periné es aquella zona entre los testículos y el ano-.

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¿Cómo es el tipo de orgasmo que se puede alcanzar? ¿Es igual que el que se consigue mediante la estimulación del pene?
El orgasmo producido por la estimulación directa de la próstata es mucho más placentero e intenso que el que se consigue mediante la estimulación del pene. Y muchas veces, más rápida. Además, un hombre que sabe reconocer muy bien los dos tiempos que comentábamos más arriba puede bloquear la eyaculación (sin dejar de llegar al clímax. Es lo que solemos llamar ‘orgasmo seco’) con lo cual no necesita tiempo de recuperación porque no pierde ninguna energía (la famosa fase refractaria y de resolución), se recupera más fácilmente y es capaz de tener múltiples orgasmos.

Un hombre también puede tener un orgasmo estimulando la próstata y el pene al mismo tiempo o de manera sucesiva, ¡es la sensación más intensa de todas! Según estudios recientes, el 33% de los hombres afirman tener orgasmos más fuertes y prolongados cuando incorporan el masaje prostático.

¿A qué crees que se debe que muchos hombres heterosexuales se muestren reticentes a atreverse con las prácticas que implican su ano?
Por una serie de tópicos y creencias que, curiosamente, no existían en la Grecia clásica y la Roma Antigua (sí, hemos ido a peor…). Realmente todos estos tópicos se afianzan cuando se empieza, desde la Clínica, a acuñar una serie de prácticas sexuales ‘no reproductivas’ y a tratar a los sujetos sexuados bajo epígrafes de ‘desviados’, como fue el caso con las palabras ‘sodomita’, ‘homosexual’, etc. que no existían hasta que se hizo en el siglo XIX (Época victoriana) un decálogo de estas supuestas desviaciones.

Actualmente, todavía se asocia la estimulación de la próstata con el ser gay. O en el caso de hombres heterosexuales, se asocia con que han ‘cambiado’ de orientación. ¡Es absolutamente erróneo y ridículo! Otro cliché que existe es que si pruebas la estimulación prostática, ya no vas a querer practicar otras eróticas. ¡Estúpido! Además, todos y todas tenemos ano y recto. No tienen orientación sexual, entonces ¿por qué queremos atribuirles una?

¿Cómo conseguir que se familiaricen con esa zona y la vean como una fuente de placer?
La próstata, estimulada directamente o no, siempre interviene. Decir que algo no te gusta porque ‘dicen que…’ es tan estúpido como decir que un plato concreto no te gusta sin haberlo probado antes. Pueden empezar a experimentar poco a poco con probar el anilingus que es practicar sexo oral en el que entran en contacto el ano o el perineo de una persona y la boca o lengua de otra. Es muy placentero. E ir siguiendo con un dedo (de manera externa de momento).

En cuanto a la penetración, se debería practicar también con un dedo, de manera muy suave, con paciencia y solo cuando el hombre esté muy excitado. También está lo que llamamos el pegging. En parejas heteros, las mujeres se ponen un arnés y penetran a su pareja para estimularle la próstata de manera directa. Y no dejan de ser heteros… De todas formas, para que las cosas cambien de manera drástica, y siento mucho insistir nuevamente en ello, hace falta urgentemente una asignatura reglada de Educación Sexual.

¿Qué juguetes aconsejas para estimular esta zona?
Objetos de placer específicamente diseñados para esta zona, es decir que tengan un tope. No nos olvidemos que el ano y el recto suelen más bien expulsar y no al revés. Cuando se usa algún tipo de vibrador para esta parte, si no hay tope, automáticamente nuestro recto tendrá tendencia a “chupar” literalmente lo introducido. Así que este tope es imprescindible para evitar que el objeto introducido se quede dentro. Uno de los mejores masajeadores prostáticos de Lelo es HUGO, tanto para novatos como para hombres más experimentados porque estimula la próstata tanto por dentro como por fuera (a través del periné) gracias a su conformación y sus dos motores. LOKI Wave es otro best-seller de la marca. Lo recomendaría para hombres más experimentados, ya que la parte introductoria es más gruesa. Para los hombres que quieren algo más sencillo (pero no menos eficaz), Lelo acaba de desarrollar un masajeador prostático más fino llamado BILLY 2. Si bien todos ellos están recubiertos de una silicona biomédica, siempre recomiendo que se pongan a los juguetes un preservativo

Y si lo hacemos con los dedos, ¿recomiendas alguna técnica?
Para los novatos en penetración anal, recomiendo empezar por el dedo meñique. Es el más pequeño. Más que nada para no hacer daño y que el hombre se vaya acostumbrando a la introducción de los dedos. Lo ideal sería ir preparando poco a poco, posteriormente, esta zona de nuestra anatomía con algún plug-in muy pequeño (son dilatadores y hay de todos los tamaños). Pero solo si apetece. Y obviamente, usar un buen lubricante acuoso, como si no hubiera un mañana… Desde Lelo, tenemos uno de los mejores, nuestra llamada Hydratante Personal.

Mara Mariño

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‘Los hombres feministas somos menos, pero cada vez somos más’

Hace unos meses me quedé prendada de una cuenta de Instagram. Usaba colores impactantes como el negro, blanco y amarillo, era imposible no quedarte con esa paleta grabada en la retina. Pero lo más fuerte era el mensaje de las publicaciones.

Un hombre heterosexual se abría en canal en su perfil sobre lo que implicaba, precisamente, ser hombre heterosexual en la sociedad actual.

Y lo hacía con un pensamiento crítico, acerca de los roles que le tocaban asumir, y reflexionando sobre ellos desde una perspectiva feminista.

hombre feminista

PEXELS

Algo casi tan raro de ver como un animal mitológico. Así que, como no podía ser de otra manera, me puse a seguir a esa cuenta unicornio, @masculinidadsubersiva.

Porque de feminismo es algo que hablo a diario con las mujeres de mi entorno, con mi madre, mis amigas, compañeras de trabajo… Pero hacerlo con un hombre que también tenía esa mentalidad era algo nuevo y necesario.

(¿Cómo que aún no me sigues en Instagram? Pues venga…)

Raúl, que además de romper la cabeza a la mayoría de su comunidad con sus publicaciones, también está grabando un podcast en Spotify, Macho Alfalfa (que deberías escuchar porque va en la misma línea), me comenta que la idea de hacerse la cuenta vino un poco por necesidad de expresar y compartir su propia deconstrucción.

«Tras muchas lecturas, formaciones como alumno, conversaciones con personas que estaban más metidas en el feminismo, se generó la curiosidad. Y desde ahí vino la voluntad para moverme. Necesitaba escribir, hablar en alto para asimilar todo lo que iba aprendiendo y me iba removiendo. Fue cuando decidí hacer un perfil donde reflexionar sobre todo lo que me inquietaba».

«La cuenta es el resultado de hacer colectivo mi propio proceso de revisión de la identidad. Para mí es una herramienta para compartir, debatir, aprender y el lugar donde deposito mi transformación identitaria, donde también he conocido a seres maravillosos de los que me nutro constantemente».

Instagram tanto para Raúl como para mí, es una plataforma perfecta para esto, para concienciar a personas que, de otra manera no llegaríamos, solo que él lo explica mucho mejor: «Necesitamos colectivizar los discursos y transformar la sociedad desde la suma exponencial y no desde el individualismo».

«Lo positivo de estar en contacto con otras personas, cuando nos ponemos a revisar nuestro machismo, racismo, capacitismo, etc, es que te permites conocer otras realidades y escuchar. Si todo se queda en uno, pensaremos que nuestra realidad es el absoluto», afirma.

¿Qué es una masculinidad subversiva en el marco del feminismo?
Es precisamente la forma de romper con todo aquello establecido como una norma en lo político y social. La masculinidad subversiva no es una, sino que cada persona puede hacer de su masculinidad una forma diferente y transformadora de vivir su identidad. La idea no es crear una nueva forma de ser igual para todas las personas. No queremos una nueva hegemonía. En mi caso intento que, replantear lo masculino, venga de la mano de acercarse y entender el feminismo.

Creo que es muy complicado revisar la masculinidad y entender las desigualdades, las violencias y los malestares que pueden sufrir las mujeres, sin haber hecho el ejercicio de escuchar las demandas del movimiento feminista. Sin feminismo no hay subversión posible.

¿Cuáles son los primeros recuerdos que tienes del machismo?
Mentiría si dijera que tengo primeros recuerdos muy tempranos. Ha sido en la actualidad cuando he ido profundizando en mi propio proceso de revisión de la masculinidad y lo he ido complementando con formación, lecturas…

Hoy día me arrepiento de cómo en muchas ocasiones en pareja he insistido para tener relaciones sexuales, me he enfadado si incluso no lo he podido conseguir. También me viene el recuerdo de cómo no supe gestionar correctamente el rechazo con una chica, que no quería tener nada conmigo, y le di la vuelta a la situación diciendo que ella me había seguido el juego. Hoy sé que ella hizo lo que quiso, sin eso implicar nada más allá de lo que deseaban mis expectativas.

En cuanto a las grandes violencias llevadas a cabo contra las mujeres, desde joven ya me posicioné contra ellas, pero no ha sido hasta hace unos años cuando me he dado cuenta de que el machismo es mucho mas que maltratar, violar y matar. Dicho así parece ridículo, pero creo que hay mucha gente que niega hasta la existencia de esto.

¿Cómo fue tu propio proceso de deconstrucción?
Hablar de deconstrucción debería ser en presente y nunca como algo alcanzado. Plantearnos la deconstrucción como un sitio al que se llega, lo único que conseguirá es que dejemos de seguir haciéndonos preguntas y, por lo tanto, dejemos a un lado cuestiones que aún no nos habíamos ni planteado.

Mi proceso es un volcán de sensaciones: contradicciones, malestar, bienestar, culpabilidad, responsabilidad, autoconocimiento, autocrítica… Lo mejor de este proceso para mí es la razón por la que lo inicié, que es entender que el mundo necesita ser más justo para ser mejor y para eso necesitamos feminismo y personas con conciencia política y social.

La idea no es convertirnos en seres inmaculados y perfectos, si no en reconocernos desde un lugar más humano y por lo tanto incierto, pero esa propia incertidumbre podrá liberarnos de mandatos predeterminados. Yo diría que esto no debe hacerse para ser mejor uno mismo, sino para que nuestra presencia mejore el mundo y rompa de una vez con las dinámicas de poder que tanto tenemos interiorizadas, producto de las lógicas patriarcales.

¿Cómo reaccionan a tus publicaciones los hombres que no comparten el feminismo?
Pues con mucha resistencia. Donde veo el problema no es en compartir la totalidad del discurso. La brecha no está en los matices, sino que directamente hablan de falacias en mi discurso porque niegan la violencia de género y el patriarcado. Y ¿cómo vamos a hablar de dinámicas de poder, heteronormatividad, violencias simbólicas y un largo etc, si negamos que la mujer sufre violencia como consecuencia del machismo, el sexismo y la misoginia?

Estas interacciones suelen acabar en insultos, odio y mi pertinente block. En la parte positiva, hay muchos hombres con ganas de repensar su identidad y sus acciones y me lo comparten a diario. Quizá seamos menos pero creo que cada vez somos más.

¿Y las mujeres?
Pues en general bastante bien. Mentiría si no dijera que me he sentido mirado con lupa por alguna, como si buscara mi fallo o incoherencia para señalarme como una farsa. Pero no necesitan buscarlo, ya les digo yo que tengo incoherencias y no tengo ningún problema en asumirlas. Por lo demás comparto muchas conversaciones también con mujeres y me nutro de sus comentarios y opiniones y agradezco el refuerzo que me dan con el contenido de divulgación que genero.

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¿Merece la pena ponerse a dialogar con cada persona y formarla en el feminismo o hay veces que es mejor pasar?
Pienso que una cosa es hacer activismo y otra que tu vida se base en estar constantemente señalando todos aquellos comportamientos con los que no se comulga. No creo que sea bueno para la salud mental estar entrando en conflicto ante cualquier comentario o acción machista. Más que nada porque está tan extendido en la cotidianidad, en cualquiera de las esferas en las que nos movamos, que tendríamos que hacer de nuestra vida, un activismo perpetuo.

Con esto no digo de cerrar los ojos y taparse los oídos, sino en marcar unos límites que no estamos dispuestos a que traspasen y actuar desde diversas intenciones comunicativas. Habrá veces que estemos en disposición de llevar a cabo una intención cultivo-comprensiva y otras veces lo hagamos desde la intención combativa. Por otra parte, creo que debemos evitar el paternalismo y la condescendencia. Alejarnos de esa idea que nos hace creer que estamos en el lado bueno de la historia.

Una cosa es no querer ser ese tipo de hombre conservador, patriarcal y rígido en sus creencias hegemónicas y otra muy diferente que pensemos que, por repensar nuestro lugar en el mundo, estamos por encima de aquellos que no han iniciado el proceso de revisión identitario. En mi caso, hay días en los que estoy con más ganas de debatir y entro fácil al conflicto, pero otros días no tengo esas ganas o fuerzas. Creo que aparte de hacer de cortafuegos en según qué conversaciones, la clave para romper estas dinámicas, está en dejar de ser cómplices y transmitir qué no estamos dispuestos a tolerar.

¿Qué consejos le darías a otros hombres para acercarse al feminismo?
No creo que se necesiten consejos. Estamos hablando de una realidad que provoca malestar en millones de mujeres en el mundo. Lo que se necesita es empatía y dejar de mirarse el ombligo. Tener voluntad de cambio y muchas ganas de escuchar y no tantas de hablar.

Acercarse al feminismo es acercarse a la justicia social y creo que no se necesitan muchos motivos. Necesitamos transformar el mundo y romper con todos aquellos valores que consideramos biológicos, innatos y esenciales, que no son más que normas perpetuadas y construidas social y culturalmente.

¿Te consideras un referente masculino?
No, aunque quizá para algunas personas pueda serlo, por lo que me transmiten en redes sociales, mi intención no era ser referente ni lo será. Mi intención es tomar conciencia del machismo y dejar de reproducirlo en la medida de lo posible.
Si en este viaje, que es el repensar mi lugar en el mundo y en la sociedad, favorece que otras personas se replanteen cosas, pues maravilloso. Pero no creo que eso te haga referente.

 

Raúl, podrás decir lo que quieras, para mí lo eres.

 

Mara Mariño

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¿Es el momento de abrir la relación de pareja? Tres ‘swingers’ te dan consejo

En el Salón Erótico de Barcelona tuve la oportunidad de conocer a tres swingers.

Y claro, con tantos años de relación abierta a sus espaldas, una de las primeras preguntas fue cómo saber si era el momento de, estando en pareja, dejar entrar a más personas.

abrir relación pareja

PEXELS

Si algo me quedo claro después de hablar con ellos, es que no es tan sencillo como empezar a tener sexo a diestro y siniestro -quizás una de las ideas más equivocadas que tenemos de quienes se mueven en este mundillo-.

«Cada pareja tiene su momento» y no se referían solo a llegar a la edad en la que más gente decide abrir la relación (a partir de los 35 años).

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El requisito básico es «concebir el sexo solo como un juego». Y, además, el ritmo debe ser como un convoy, siempre a la velocidad del más ‘lento’ para que funcione.

Según mis entrevistados es a los 35, porque es la edad a la que las parejas están ya afianzadas y tienen estabilidad y madurez.

Sí, la madurez es imprescindible ya que la gestión emocional de ver a tu pareja disfrutando con otras personas, no es poca.

«Hay que hablarlo mucho y trabajar la parte emocional. La comunicación es súper importante», me dice una de los swingers.

Es decir, no solo entra en juego el grado de madurez individual, sino también el de la pareja. De ahí que, como ellos mismos admiten, «hay gente que lo prueba y no lo sabe llevar«.

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La certeza de que «vas a pasártelo bien», algo que no necesitaría que me afirmaran, porque es la motivación de abrir la pareja, no es la única.

Al preguntarles qué otras cosas gana la relación me contestan que mucha complicidad, un sexo excelente y por supuesto cumplir esas fantasías sexuales que tenías en la cabeza.

Claro que, tampoco significa que la pareja deba estar siempre abierta si uno de los dos quiere bajar la velocidad. De hecho, una de ellos comenta que «se hacen parones para desconectar, aclarar las ideas o bajar el ritmo».

Y la pregunta del millón: ¿y si quieres empezar? El consejo que dan es el de ir poco a poco.

Recomiendan hablar con parejas que ya están dentro antes de entrar y, sobre todo, ir a la vez (no abrir la relación solo porque uno de los miembros de la pareja quiere hacerlo).

También me parecía interesante saber algunos de los tópicos que se relacionan con esta forma de vivir las relaciones de pareja.

«Los swingers no salimos del armario, no está bien visto», me contesta uno de ellos.

Y es que en muchos casos sigue la mentalidad machista de que «tu marido te está ofreciendo», dice ella. A lo que contesta su pareja: «no puedes compartir nada que no sea tuyo y mi pareja no es mía».

También que todos los que hacen esto son adictos al sexo, que todos los días hay fiestas o que las parejas no se quieren, que es algo que se hace para reactivar la vida erótica, son otras ideas preconcebidas que no se corresponden con la realidad.

De hecho, al terminar la entrevista, uno de los swingers me contesta que lo primero es arreglar los problemas que tengas en tu relación de pareja y, si eso, «diviértete después».

Gracias a Su y Ni de @su_ni87 y a @Erotonomia por contestar a todas las preguntas, podéis encontrarles en Twitter.

Mara Mariño

‘Hay muchos mitos sobre el deseo sexual masculino, como que los hombres siempre tienen ganas’

Cuando alguno de mis amigos suelta lo de que no es fácil ser hombre hoy en día, me dan ganas de llevarme las manos a la cabeza.

Pero que no le falta razón a esa afirmación es algo que he comprobado después de ventilarme (sí, ventilarme) el libro de la psicóloga y sexóloga Ana Lombardía, Hablando con ellos. La sexualidad de los hombres hetero.

Y es que consigue analizar, desde el punto de vista de sus pacientes, qué implica ser un hombre hoy en día.

Pasando por el modelo de ‘máquina sexual’ -ya os he hablado del empotrador en otras ocasiones- o reflexionando sobre los mitos más extendidos acerca del deseo sexual, como lo de que siempre tienen ganas y están dispuestos a tener sexo.

pareja beso deseo sexual

PEXELS

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El libro de Ana ha sido como colarme en la cabeza de cualquiera de los hombres de mi entorno y saber qué les preocupa.

Conocer a mis amigos pero, especialmente, a las parejas que he tenido. Y no, no es fácil. Porque hay un sinfín de expectativas que hace que terminen en su consulta teniendo problemas para relacionarse con sus parejas.

Comentas que uno de los principales problemas es la presión por las expectativas, ¿cómo evitarla?
Lo importante es conocer esas expectativas, explicitarlas y ser conscientes de cómo nos afectan. A partir de ahí nos será más fácil construir una sexualidad que sea únicamente nuestra, en la que esas presiones y expectativas nos influyan lo menos posible. Ayuda mucho hacerse una lista de todas esas cosas que hacemos por cumplir esas expectativas y empezar a dejar de hacerlas una tras otra (por ejemplo, intentar aguantarse las ganas de llegar al orgasmo).

Además de que los hombres siempre tienen ganas, ¿qué otros mitos deberíamos dejarnos de creer sobre el deseo masculino?
Hay muchos mitos acerca del deseo sexual masculino, los más extendidos son que los hombres siempre tienen ganas, que una mujer les va a excitar solo por el hecho de ser atractiva, que nunca necesitan tener un vínculo afectivo para tener un encuentro sexual… Cada hombre es un mundo y su deseo funciona de una forma distinta y está influido por múltiples factores.

¿Cómo evitar los pensamientos y conductas obsesivas cuando un hombre tiene más deseo sexual que su pareja?
En algunas ocasiones, cuando él tiene más deseo sexual que ella, se siente muy frustrado en el terreno sexual. Esta frustración suele estar alimentada por el hecho de creerse con derecho a tener relaciones sexuales con su pareja y por la creencia de que es mejor tener más deseo sexual que menos.

Esto lleva a algunos hombres a obsesionarse con el tema y a dedicar mucho tiempo, energía y atención a pensar en ello e intentar resolverlo (consultan libros, vídeos, acuden a terapias, buscan mil formas de seducir a su pareja, discuten e intentan convencerla con argumentos de que tenga relaciones…)

Lo primero es cambiar esas creencias de las que hablaba antes, después, es importante trabajar la aceptación de que su pareja tiene menos deseo sexual (no para que se conforme, sino para que deje de intentar cambiar una situación que no va a cambiar, con la consecuente frustración que eso genera). Después suele ser muy útil darles herramientas para manejar los pensamientos obsesivos y elaborar con ellos un plan de actividades o tareas que les puedan resultar estimulantes, para que su foco de atención no esté todo el tiempo en este tipo de pensamientos y tengan otras formas de sentirse realizados y satisfechos.

¿Por qué crees que se ha desnormalizado que las erecciones pueden ir y venir en el encuentro sexual sin que eso signifique que se tiene un problema?
El hecho de que el centro de los encuentros sexuales sea la penetración y que el objetivo sea el orgamo hace que se vea como un ‘fracaso’ el que se pierda la erección en un momento dado. Si el foco estuviese puesto en el placer y en la conexión con la pareja, las erecciones no serían tan relevantes. En el momento en el que comprendes que el pene no tiene por qué ser el centro de todo – ni de tu placer ni el de tu pareja- se abre un abanico enorme de posibilidades para el disfrute. Además, desaparece la presión por durar mucho o por tener una erección, pues sabes que no son cuestiones fundamentales para el éxito de un encuentro sexual.

Del ‘ellos’ al ‘nosotros’

El libro de Ana me ha servido también para plantearme cosas de mi propia vida íntima, como que siempre tendemos a seguir el mismo tipo de esquema en nuestros encuentros sexuales o la lucha contra la (temida) rutina.

¿Cómo alejarnos de la cotidianeidad en nuestros encuentros sexuales?
Es fundamental que podamos hacer consciente qué es lo que realmente queremos hacer en la cama… y por qué no lo estamos haciendo. Normalmente nunca nos hemos cuestionado por qué hacemos lo que hacemos en nuestras relaciones sexuales – y cuando lo hacemos muchas veces que nos damos cuenta de que es porque creemos que es lo que debemos hacer, porque nuestra pareja lo desea, porque es lo que se espera de nosotros.

¿Cómo podemos trabajar la seducción a diario?
Cada persona y pareja debe encontrar el modo en el que trabajar la seducción en su relación. Cuidar el aspecto físico, seguir haciendo planes de pareja, tener intimidad en la relación… Son algunas de las cuestiones a tener en cuenta. Además, es fundamental que cada uno de los miembros de la pareja siga creciendo de forma independiente, para «renovarse», tener cosas nuevas que contar y aportar a la relación y capacidad de sorprender.

Desmontas el mito de la espontaneidad diciendo que esperar a que surjan las ganas de tener sexo, es como esperar ir al gimnasio cuando tengamos tiempo. ¿Cómo nos recomiendas prepararnos u organizar esa planificación?
Lo fundamental aquí es coordinarse con la pareja para agendar un momento para estar a solas, tener intimidad y un espacio en el que disfrutar el uno del otro. No hay que agendar el encuentro sexual en sí mismo, sino el momento para la pareja. Puede ayudar crear algo especial, asegurarse de que no nos van a molestar… Además de intentar que se den la condiciones necesarias para que, si surge, poder tener relaciones sexuales.

Mara Mariño

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Este podcast sobre BDSM te va a dar ganas de probarlo

Hablar de sexo en tu entorno cercano puede ser recibido algo de vergüenza o incluso generar rechazo. Pero cuando se convierte en tu trabajo, tratarlo con la misma naturalidad con la que hablas de comprar el pan, es la mejor solución.

Es algo que comparto con Anna y Gregor, quienes se encuentran detrás del podcast Spank U, next y que podéis escuchar en Spotify, Apple, Stitcher o Google Podcasts (además, ya que lo hacen en inglés, es perfecto para mejorar el listening, nuestra asignatura pendiente).

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Dominación, pegging, entrevistas a profesionales que han convertido el BDSM en su trabajo son algunos de los episodios que se encuentran en la primera temporada de su podcast.

Y, como expertos en materia, son muy conscientes de la importancia de poder abordar el tema de las parafinas sexuales desde una perspectiva respetuosa. El objetivo, en palabras de Anna, es «desmitificar y desestigmatizar las prácticas hablando con los invitados del sexo de una manera positiva en un espacio libre de juicios».

«Queremos ofrecer un enfoque desenfadado de las prácticas BDSM y fetichistas que permita a nuestros oyentes reflexionar sobre su propia vida sexual y su relación con la sexualidad, y sobre las cosas que tal vez les gustaría probar, aunque no sean hardcore (todavía)», dice Gregor.

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Si nunca has probado el BDSM, ¿dónde o cómo recomendáis empezar?
Anna: ¡Comienza despacio! Vemos a mucha gente que se une a la comunidad y que tiene un fetiche o una fantasía BDSM a la que quiere dar rienda suelta, sin tomarse el tiempo necesario para informarse bien. Es importante practicar el RACK (Risk Aware Conscious Kink), saber qué esperar, cómo podría salir mal y lo que tú y tu(s) pareja(s) queréis obtener de la experiencia. Te sugiero que acudas a tu comunidad o evento kinky local, o que busques una comunidad online como Fetish.com para obtener apoyo e información.

Puedes asistir a un BDSM munch, que es un encuentro (no sexual) en un bar o cafetería con otras personas que lo practican, y donde los que tienen más experiencia pueden guiarte sobre cómo abordar tu primera experiencia. También podrán indicarte las red flags a las que debes prestar atención y las buenas prácticas que debes seguir. Lo más importante es tomarse su tiempo: ¡el BDSM es un maratón, no un sprint!

¿Cómo practicarlo con seguridad?
Gregor: El BDSM siempre implica algún tipo de riesgo. Pero puedes hacerlo más seguro si mantienes conversaciones abiertas y sinceras sobre tus deseos y necesidades, tus límites -las cosas que no quieres hacer en absoluto- y las expectativas que tienes para la sesión. A continuación, tienes que idear algún tipo de sistema que te permita comunicarte mientras juegas. Algunas personas utilizan una palabra de seguridad, otras prefieren el sistema de semáforo en el que «ámbar» significa que me estoy acercando a un límite y «rojo» debe detener inmediatamente la sesión. También te aconsejo que aprendas todo lo posible. Seguro que hay cosas fáciles que puedes probar con tu pareja, pero cuando se trata de técnicas de bondage más avanzadas o de juegos de impacto, ve a preguntar a personas que ya tienen mucha experiencia.

¿Creéis que estamos viviendo una revolución sexual hoy en día?
Anna: En muchos sentidos, sí. Estamos viendo cómo se normaliza el BDSM y cómo se estigmatiza menos la diversidad de sexualidades, preferencias y placeres. Creo que el placer está ahora en el centro de la revolución. Antes era: ¿con quién tienes sexo? Ahora es: ¿lo disfrutas realmente? La autoestimulación es (por fin) objeto de debate y la cultura acepta en general que cada uno experimenta el placer a su manera.

Gregor: Yo lo llamaría una revolución del placer. El sexo ya no se basa en el rendimiento o en historias de conquistas, sino que se centra en la siguiente gran pregunta: ¿Qué me hace sentir bien y cómo puedo experimentar el placer con otras personas? Al fin y al cabo, el sexo es algo muy personal y lo que funciona para ti puede no funcionar para mí. Puedes considerarlo como un viaje que te ofrece experiencias impresionantes (literalmente) y sorpresas extravagantes. También veo que hay más gente que habla abiertamente de las cosas que le gustan. En mi opinión, esto tiene que ver con la lenta deconstrucción del patriarcado que antes definía el sexo como un acto de penetración. Recientemente, hemos empezado a explorar un significado mucho más amplio del sexo y la sexualidad y creo que estamos hartos de las etiquetas.

Spank U, next

¿Cómo ha sido recibido en vuestro entorno más cercano -familia y amigos- que hayáis creado un podcast hablando de este tema?
Gregor: Me encuentro rodeado de gente queer y con actitud positiva en cuanto al sexo. Es fácil ser sincero sobre lo que hago y, al mismo tiempo, recibir un montón de buenos comentarios de mis amigos. Y mientras mis dos hermanas son grandes fans del podcast, mis padres saben que lo hago, pero no estoy seguro de que tengan claro de qué va… ¡y seguramente no lo escuchan! Además, soy austriaco y hablan alemán.

Anna: La acogida ha sido abrumadoramente positiva por parte de mis amigos y de mi círculo más amplio, incluso por parte de gente que no está metida en el BDSM. Algunos de mis amigos se han sorprendido bastante por el tema, y ahora se preguntan qué hago a puerta cerrada (¡aunque nunca he evitado hablar de ello!). Mi familia no escucha el podcast, porque creo que es demasiado para ellos. Mi madre está desesperada por escucharlo, pero le he dicho que probablemente «no es lo suyo». O quizás sí…

Anna en tu opinión, ¿es más fácil para las mujeres hablar de sexo que para los hombres, o sigue habiendo prejuicios?
Creo que a los hombres siempre les ha costado hablar de sexo de otra manera que no sea la de su actuación o como una prueba de masculinidad. Sobre todo en los grupos, hemos visto el lado tóxico de los hombres que hablan de sexo con sus compañeros: la cosificación, la misoginia y, sobre todo, la cultura de la violación. Para el hombre con conciencia social, espero que pueda acudir a sus amigos para que le apoyen en cuestiones sexuales. En cuanto a las mujeres, la victoria ha sido centrarnos en nuestro propio placer y sentirnos más capacitadas para hablar de lo que nos hace sentir bien con las mujeres que nos rodean.La masturbación femenina era antes un tema tabú, y ahora está en el léxico cultural.

Y por último, ¿qué le dirías a alguien que nunca ha probado el BDSM para animarle a practicarlo?
Anna: Que tenga la mente abierta. ¡Puede que encuentre algo que no sabía que estaba buscando! Realmente hay un fetiche para todos, incluso si se trata de unos ligeros azotes o tirones de pelo. El BDSM es una forma increíblemente poderosa de conectar contigo misma -y con tu(s) pareja(s)- y siempre he admirado el grado de autoconocimiento y desarrollo que demuestran las personas que lo practican. No lo sabrás hasta que lo pruebes.

Gregor: Nivela tus expectativas. Especialmente en la primera sesión, puede que te excites y descubras que ciertas cosas no son como las habías imaginado. La diversión que puedas obtener de una experiencia extraña puede depender de cómo te sientas ese día, de la experiencia de tu pareja y, en general, de lo bien que os comuniquéis. Empieza despacio y no te prives de probar algo dos veces si no te funciona la primera vez. Como hemos dicho antes, la comunicación lo es todo.

Mara Mariño