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Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘orgasmo’

Descubriendo en carne propia los orgasmos secuenciales

Las mujeres multiorgásmicas son para mí como los billetes de 500 euros. Nunca he visto (ni conozco personalmente) ninguna, pero existir, existen.

GTRES

Hasta hace un tiempo incluso pensaba que yo podía formar parte de un club tan selecto ya que descubrí que podía experimentar varios orgasmos en una noche.

Pero empecemos por el principio de los tiempos, que las mujeres, en cuanto a orgasmos se refiere, somos un poquito más complejas.

Como todos sabréis, ya que doy por hecho que no es un secreto para nadie, solemos tardar más en alcanzar el orgasmo.

Si lo representáramos gráficamente, el hombre es como una línea recta ascendente que una vez llega al clímax cae de golpe (algo que te sonará familiar ya que suele caer rendido).

Mientras tanto, la mujer sube progresivamente y cuando llega al orgasmo, la línea cae pero solo un poco, ya que puede tener, al tiempo, otro orgasmo.

Esto es lo que se conoce como orgasmo secuencial y hace precisamente referencia a esos instantes que se dan entre orgasmo y orgasmo, de apenas segundos, hasta que podemos tener otro.

DUQUESADOSLABIOS

Para simplificarlo, y que todos (y todas) entendamos la diferencia entre el multiorgasmo y el orgasmo secuencial, imaginad una montaña rusa. Una mujer multiorgásmica puede hacerse varios viajes sin bajarse de la vagoneta, mientras que las secueciales, debemos bajarnos y esperar la cola otra vez para volver a montar.

Ser de un tipo o de otro no implica nada más que cómo experimentas el placer, pero en ambos casos, los orgasmos son igual de buenos para unas que para otras.

En mi caso, el descubrimiento tuvo lugar hace tiempo, en una de esas noches de verano en las que ni aún con la ventana abierta corre una brizna de aire.

Un mosquito (o más bien mosquita por el sonido que hacía) insistía en acercarse a mi cara para poder picarme, y yo, cada vez que notaba el zumbido, encendía la luz para darle caza.

La mosquita, que era una futura mosquita muerta, pero no tonta, en cuanto veía el resplandor desaparecía de la vista y yo tenía que volver a esperar a que se aproximara.

Y claro, ¿qué hace una chica sola en la cama una noche de verano a las dos de la mañana que no puede conciliar el sueño? Masturbarse.

Como después del primer orgasmo me quedé con la curiosidad de si podía tener otro después, descubrí con inmenso placer que no solo podía tener un segundo, sino un tercero (y un cuarto y quinto si me pongo, pero llegar a tres ya me parecía fantástico).

La curiosidad no mató a la gata, pero le descubrió un mundo lleno de muchos orgasmos.

Con el paso del tiempo y más noches en las que me costaba conciliar el sueño, averigüé mis secuencias: veinte segundo de ‘descanso’ para alanzar el segundo y ocho para el tercero.

¿Te animas a descubrir tu secuencia o la de tu pareja?

Duquesa Doslabios.

Encuesta tu orgasmo

Querid@s,

Hoy hablamos de orgasmos femeninos. A examen los diferentes tipos de estimulación clitoriana que preferimos las mujeres.

¿Qué cantidad de presión prefieres?

Que me toquen muy ligeramente

Presión media

Un poquito más duro

 

¿Qué forma o estilo de movimiento prefieres?

De lado a lado

De arriba a abajo

En óvalos

Empujando/ presionando en un punto

Pulsando / empujando rápidamente en un punto”, etc…

 

¿Dónde prefieres que te toquen?

Directamente sobre el clítoris

Sobre la piel alrededor del clítoris

Evitando tocar el clítoris directamente

Rozando el clítoris de vez en cuando pero sin presionar

 

¿Con qué prefieres que te estimulen?

Dedos, manos, boca, etc.

Estas son sólo algunas de las preguntas del estudio publicado el pasado julio por investigadores de la Universidad de Indiana en colaboración con OMGYes, una plataforma online consagrada a la enseñanza del placer femenino. En la encuesta participaron 1.055 mujeres, la mayoría de ellas heterosexuales con edades comprendidas entre los 18 y 94 años de edad. Un detalle: más de la mitad de las encuestadas lucían anillos de casadas. La encuesta planteó un amplio abanico de preguntas sobre el placer femenino incluyendo preferencias y comportamientos sexuales, calidad de los orgasmos o si la encuestada alcanzaba, sin fingirlo, el orgasmo durante el coito.

Cuando Harry encontró a Sally

Los entendidos de los investigadores descubrieron que el 36% de las mujeres necesita que le estimulen el clítoris para poder alcanzar el orgasmo durante el coito. Aunque otro 36% no requiere de la estimulación clitoriana para alcanzar el clímax, afirma que contribuye positivamente al orgasmo. Esto es como el dinero, que no da la felicidad, pero ayuda bastante.

De acuerdo con los descubrimientos del estudio, dos de cada tres mujeres prefieren la estimulación directa del clítoris. A la mayoría también le gusta la estimulación en la zona inmediatamente alrededor del clítoris. En cuanto a las formas y estilos preferidos para estimular el aparato genital femenino, el 63% manifestó que prefiere los movimientos verticales (de arriba a abajo) y el 51% se decanta por los movimientos circulares. Una significativa cantidad de mujeres (41%) prefiere sólo un tipo de tacto en lugar de una combinación de varios. Los investigadores también descubrieron que la mayoría de las mujeres prefiere una presión ligera o media, mientras que un 16% goza con cualquier tipo de presión y posibles combinaciones. Por si os interesa saberlo, yo estoy dentro de ese porcentaje.

Si queréis ver el vídeo de OMGYes sobre la investigación inicial, dadle al play.

Y a vosotras, ¿cómo os gusta que os toquen?

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Librería de Orgasmos Reales: así suena un orgasmo femenino de verdad

Querid@s,

Atended. 30 personas escuchan dos orgasmos. ¿Cuál es el real y cuál es el fingido?

El 22,5% de las mujeres españolas no llega al orgasmo nunca o casi nunca durante las relaciones sexuales y muchas se sienten tan presionadas para alcanzarlo (y alcanzarlo del modo en que sus parejas masculinas están esperando) que el 52% acaban por fingirlo de vez en cuando, y el 11,8% siempre, algo de lo que, por supuesto, el 84% de los hombres no son conscientes. ¿Por qué? Aquí hay  algunos por qués. Según Ana Lombardía, Sexologa y Terapeuta de Sex Academy Hay muchas personas con dificultades para llegar al orgasmo en pareja. Muchas de estas personas lo consiguen con facilidad masturbándose a solas pero, cuando están en la cama con sus parejas, no lo consiguen. Aunque es frecuente escuchar esto en boca de mujeres también hay muchos hombres a los que les sucede.” De ahí que “La gran mayoría de las mujeres ha fingido un orgasmo en uno u otro momento de su vida. A veces llega un momento en que estas mujeres se cansan de simular su placer y quieren empezar a disfrutar de verdad.

“Un estudio de Bijoux Indiscrets descubrió la influencia de la ficción en la manera en la que los españoles practicamos sexo y creó la Librería de Orgasmos.”

Bijoux Indiscrets, juguetería sexual a nivel mundial, realizó un estudio donde descubrió que durante el orgasmo, los gritos, gemidos y jadeos, se han convertido en un código propio de comunicación durante el sexo. ‘Ficción vs Realidad en el sexo‘, el primer estudio sexual de España que nos descubre que un 65% de los españoles tiene una visión ficcionada del sexo, ya sea por las películas pornográficas o por las películas románticas.

Además del orgásmico vídeo Bijoux Indiscrets lanzó hace unos meses la Librería de Orgasmos Reales, un lugar que ya ha recibido mas de 1.700.000 visitas y donde las mujeres tienen la posibilidad de subir sus orgasmos grabándolos y compartiendo de forma anónima el sonido de su orgasmo real para iniciar una conversación que permita romper los tabúes sobre la sexualidad femenina.

ANÁLISIS DE RESULTADOS

El proyecto cuenta ya con 750 orgasmos reales que proceden de 51 países diferentes, incluidos algunos conocidos por su cultura represora de la sexualidad femenina como India, China, Arabia Saudí o Pakistán y otros más liberados como Corea del Sur o los países occidentales. De hecho, España, Estados Unidos, Alemania, México y Colombia son las cinco nacionalidades que más han contribuido con sus orgasmos, mientras que Estados Unidos, Alemania, China, España y México han sido sus principales “consumidores“.

El país más activo ha sido España. Los orgasmos reales se han escuchado más de 2,4 millones de veces y han sido compartidos en redes sociales en 4.900 ocasiones. Entre los orgasmos más escuchados se encuentran los titulados “MY TIME IS FOR ME“, “ÉCLAIR” o “PLEASE, DO IT“, que han sido escuchados más de 30.000 veces cada uno. Podéis escucharlos en la biblioteca de orgasmos de Bijoux Indiscrets. Las grabaciones, que eran acompañadas de pequeñas descripciones para dar contexto a nuestro estudio sobre la realidad del sexo, han permitido a Bijoux conocer las preferencias de mujeres de todo el mundo respecto a zonas erógenas, lugares preferidos para practicar relaciones o para masturbarse, e incluso sensaciones y estados de ánimo que provoca un orgasmo. Gracias a un programa llamado Data Art, el sonido de cada orgasmo se convierte en imagen única e irrepetible que puede descargarse, haciendo de cada orgasmo una obras de arte.

Bijoux Indiscrets

“La mayoría de los orgasmos de la librería se alcanzaron en soledad (42%).”

De los orgasmos subidos el 74% de los orgasmos se alcanzaron con la estimulación del clítoris, el 27% con el punto G, el 19% con senos o pechos y un 4% jugando con las piernas. ¿Cómo? Utilizando las manos, 22%, un vibrador, 20% o mediante la penetración, 15%. La mayoría de los orgasmos de la librería se alcanzaron en soledad (42%) pero también hubo parejas (18%) y algunos tríos (1,1%). El 13% se grabaron en la cama, un 4,4% en el sofá, el 1,5% en el suelo o 1,1% en la cocina, así hasta alcanzar una larga lista de lugares que incluye el trabajo (1,9%) o un coche (1,2%). Éxtasis (32%), estremecedor (12%) o impulsividad (9,3%) son los principales conceptos que se asociaron a la práctica del sexo en nuestra plataforma.

Más de 700 mujeres de todo el mundo se han atrevido a grabar y hacer público su orgasmo real. ¿Os atrevéis a dar voz a la diversidad del placer femenino? Sube tu orgasmo aquí mismo y que se corra la voz.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

¿Con amor o sin amor? Claramente hablamos de follar

Querid@s,

¿Follar con amor o sin amor?

Yo me decanto sin dudarlo un instante por la casilla de sexo con amor.

Charlemos hoy, para variar, sobre el asunto del fornicio y la jodienda, de fornicar, practicar el coito, copular, trincar, arrimar cebolleta ( he aquí mi preferida entre todas las opciones posibles), echar un polvo, un quiqui, un casquete, tener sexo, chingar, cohabitar, bombear, echar un polvo o hacer el amor. O las expresiones seguramente menos familiares como checar medidas, darle de comer al chango, subir al guayabo, humedecer el pizarrín, ponerle collar a la pescuezona, dar caldo, desflemar el cuaresmeño, pegarle al peluche, apuñalar el oso desde adentro. Si bien unas veces se me antojan escasos los polvos echados, otras pienso que el asunto se me ha ido un poquito de las manos, ya que no logro aproximarme, sin pasarme, a la cifra justa de parejas y apaños sexuales que he tenido hasta el día de hoy.

Follar es algo maravilloso, un dulce manjar y qué diantres, un derecho que tenemos todos. Siempre que se nos permita, convendrán. Qué duda cabe que es una de las cosas más exquisitas que le puede ocurrir a uno en esta vida tan mundana. Pero cuando se practica sexo con esa persona a la que se ama, eso ya son palabras mayores.

Follar con amor…

Follar con amor es de lo mejorcito que hay. Con amor uno siente que lo tiene todo, que está donde quiere estar y con quien quiere estar. Para algunos (desconozco si muchos o pocos, creo que los porcentajes se reparten a partes casi iguales), el sexo y el amor poco o nada tienen que ver el uno con el otro. Pero eso no significa que la combinación de ambos en un único acto sea el éxtasis más bendito que se puede probar en carnes propias. Cuando hay amor de por medio, ese sexo le toca a uno el alma, además de todo lo demás.

En mi caso han sido infinitamente más las veces que lo he hecho sin amor que con amor. ¿Ustedes? No nos autoengañemos, en esas noches en las que uno liga, esa noche hay poco amor entre las sábanas mojadas. Tampoco hay amor cuando uno echa una canita al aire con el follamigo o amigovio de turno. Incluso, en esas relaciones de pareja en las que al final se les rompe el amor de tanto usarlo, tampoco se folla con amor.

Porque cuando uno folla con esa persona sin la que no puede vivir y mientras está metido en faena siente que esos besos, los de siempre, son el mejor bálsamo que se puede probar, que el aroma de su piel, el de siempre, le sigue trasladando a un mundo mejor, que sigue adorando perderse en cada recoveco de su cuerpo, que el sabor de su boca, el de siempre también, le sigue pareciendo el más dulce y que ese cuerpo, cada vez más uva pasa, sigue estremeciéndole a pesar del pasar de muchos cumpleaños, ay querid@s, estos son nuevamente palabras mayores.

Permítanme que les diga que aunque eso del sexo sin amor no le llega ni a la suela de los zapatos a follar con amor, no seré yo la que se queje de esos polvos sin pizquita de amor que me regala la vida y me caen de sopetón, o que otras veces me he ganado a pulso. Cada sesión de sexo sin amor es una bocanada de aire fresco que siempre me ponen el corazón contento y mis partes alegres como castañuelas, y me suben la moral hasta el infinito y más allá. Eso sí, cuando he tenido la maravillosa suerte de follar con amor de veras, toda yo me escapo a otra dimensión y veo las estrellas, el cielo y toda la puñetera galaxia. Existe el mismo placer venéreo, las chiquicientas hormonas que se liberan durante el sexo y esa descarga repentina de la tensión sexual acumulada que acompaña al clímax final. Pero hay algo más. Y ese algo más es simplemente amor. Es lo que ocurre cuando uno se va a la cama con los grandes amores, los primeros amores o los amores de su vida. Que vuela.

En esos momentos de suprema e inefable felicidad (l@s que follan con amor me comprenderán), no puedo contenerme, me da por ponerme melodramática y por llorar. De pura felicidad, de plenitud, de no poder estár más en la gloria; estoy donde quiero estar con quien quiero estar. La última vez que follé con amor fue hace unos años. Demasiados, sin duda. Pero una no elige enamorarse o no hacerlo. A pesar de las inmundicias, las desgracias y las miserias de este condenado planeta, a pesar de los millones de amantes que en esos momentos yacerían revueltos entre sabanas húmedas como nosotros, pero sin duda no como nosotros, esa noche quise detener el tiempo para siempre. Fue algo escandalosamente estremecedor y de lo más extraño. Tan extraño que no se ha vuelto a repetir.

¿Y ustedes, cómo lo hacen? ¿Con o sin amor?

Que follen mucho y mejor.

Las 5 mejores posturas sexuales para alcanzar el orgasmo femenino

Querid@s,

De sobra sabemos todos que a los hombres les resulta más fácil llegar al orgasmo que a nosotras. Tristemente las mujeres (especialmente, las heterosexuales) tenemos menos orgasmos que los hombres. En concreto, un 61,6% frente al 85,5% de ellos. Existen posturas sexuales con las que el orgasmo femenino está casi asegurado. He aquí el top cinco para quedarse bien ancha.

Mila Kunis y Justin Timberlake compartiendo alcoba en “Con derecho a roce”

El misionero

Resulta que a pesar de ser una de las posiciones sexuales más comunes y aburridas, también es una de las más placentera para nosotras. Los sexólogos la consideran una excelente postura debido al elevado grado de cercanía e intimidad que alcanzan los dos cuerpos. Los amantes permanecen tan juntitos que el clítoris está estimulado constantemente y nosotras podemos controlar el movimiento de cadera mientras abrimos o cerramos las piernas. Un truquito de andar por casa: incorporar en la escena un cojín debajo del culete o la cintura para elevar la pelvis y convertir la experiencia en una aventura aún más interesante.

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Aunque aquí no haya penetración, la estimulación oral del clítoris es particularmente intensa y existe una altísima probabilidad de que los dos lo pasen pipa. La utilización de la lengua permite una estimulación distinta del clítoris: movimientos, caricias, ritmos y presiones difícilmente alcanzables manualmente o con el pene.

Cowgirl de espaldas

Esta variante de la cowgirl de toda la vida es más placentera que mirarse frente a frente con la pareja. En esta postura la sesión sexual está bajo control femenino y nosotras podemos frotar el clítoris contra el cuerpo de él hasta llegar al orgasmo. Al no poder contemmplar a nuestra pareja, las sensaciones son más intensas. Además, de espaldas se estimula mucho más el punto G.

Loto

En esta postura, nosotras tenemos el control. Él se sienta y coloca las piernas dobladas mientras sus pies se tocan, simulando una flor de loto. Nosotras nos sentamos encima. Estar cara a cara hace mucho más íntimo ese momento y nosotras podemos movernos atrás y adelante, en círculos y estimular el clítoris rozando el cuerpo de él. Los dos pueden acariciarse y comerse a besos durante la penetración.

El tigre al acecho

Esta postura es prima hermana del perrito, la preferida de muchos y muchas. En esta posición nosotras nos recostamos boca abajo con las nalgas levantadas para que él pueda penetrar cómodamente y a sus anchas. Con esta posición, la profundidad es mucho mayor y él puede estimular el clítoris mientras los dos se lanzan al dulce fornicio.

Ya me contarán si llegan o no al clímax.

Que follen mucho y mejor.

Histeria femenina. Y con ella llegó el vibrador

Querid@s,

En mi mesita de noche, silencioso y expectante, descansa mi pequeño pero letal vibrador. Hasta que abro el cajón para darle vida, claro.

Este es un llamamiento a las mujeres que habitan la faz de la tierra, porque tienen ustedes que saber quién ideó este bendito invento. Fue el médico británico Joseph Mortimer Granville, allá por la época victoriana. ¿Sabían ustedes que hasta mediados del siglo XIX existía en la medicina occidental una enfermedad llamada histeria femenina? En el contexto de la época se la denominaba «paroxismo histérico» y cualquier cosita de nada era  más que suficiente para que a una la consideraran histérica: que si no duerme por las noches, que si  pierde el apetito, que si le duele la cabeza.

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Hysteria, Doctor Joseph Mortimer Granville tratando a una paciente

Antes de que el vibrador hiciera su aparición estelar, el tratamiento consistía en que el propio médico acariciaba manualmente a la paciente hasta que alcanzaba el orgasmo, sanando así la histeria. Vamos, que literalmente la masturbaba. El tratamiento masturbatorio finalizaba cuando la mujer llegaba al orgasmo, a lo que se referían como «paroxismo histérico», considerando el deseo sexual femenino reprimido como una enfermedad.

Quizás porque el buen doctor no querría andar todo el día con las manos en la masa (tampoco era lo más ortodoxo médicamente) o porque a su esposa no le haría ni puñetera gracia que se pasará el día otorgando orgasmos a otras (quizás a todas menos a ella) y metiendo los dedos en las vaginas de media ciudad, Granville inventó el primer vibrador a pilas con fines puramente terapéuticos, sustituyendo las manos del médico por una auténtica bomba orgásmica.

Fue en 1870. El nuevo artilugio conseguía que, en menos de diez minutos, las pacientes alcanzaran el orgasmo y se volvieran histéricas.

Hubo entonces que aguardar hasta expectantes hasta finales del siglo para ver como en los balnearios más lujosos de Europa y Estados Unidos, los tratamientos anti histeria con vibradores alcanzaban una popularidad absoluta. No fue hasta 1902 cuando la compañía estadounidense Hamilton Beach lanzó el primer vibrador eléctrico destinado a la venta comercial, convirtiendo al vibrador en el sexto aparato doméstico en ser electrificado. Así fue como este pasatiempo sexual comenzó a venderse como churros y muchas compañías diseñaron sus propios modelos. Las distintas versiones se anunciaban en revistas y catálogos de moda y confección, atiendan, como máquinas de masaje antiestrés. Razón no les faltaba. Una página del catálogo Sears de electrodomésticos de 1918 incluye un vibrador portátil con accesorios, anunciado como “muy útil y satisfactorio para el uso casero“. A ver si lo encuentran entre todas las ayudas para ellas.

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Con el tiempo y una caña la imagen y reputación de los vibradores cambió completamente a mediados del siglo XX. Para bien y para mal, les explico. En 1952, la Asociación Americana de Psiquiatría por fin declaró oficialmente que la histeria femenina no era una enfermedad legítima, sino un mito obsoleto, carca y anticuado. Por otra parte, los vibradores adquirieron más difusión con un cine porno que comenzaba a mostrar actrices utilizando el vibrador como juguetito para el placer sexual.

Hasta ahora los vibradores se vendían disfrazados con fines terapéuticos, pero se hizo público que el tratamiento para la histeria femenina era básicamente una sesión de masturbación puesto que la enfermedad no existía, y el cine porno mostraban a las actrices porno gozando de la mano de estos artilugios, ratificando el auténtico uso del  vibrador, la gente empezó a ver a los vibradores como objetos de perversión sexual. Acaso ese fue el  motivo por el que desaparecieron de las revistas femeninas, catálogos y estantería de tiendas como Sears, donde se habían exhibido sin vergüenza durante casi medio siglo. Vena sino esta publicidad de 1910.

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Gracias a la modernización de la sociedad, la revolución tecnológica, al empeño de los fabricantes de juguetes sexuales, hoy en día con estos artilugios una se corre en menos que canta un gallo. Precisamente esta mañana ando más feliz que una perdiz. Aunque hoy he dormido sola, esta mañana he salido folladita de casa. No ha sido en brazos de un hombre, esta vez Ocean, mi vibrador, que es mi insaciable fuente de placer onanista, me ha dado lo mío. ¿Ocean? se preguntarán. Sí, porque el placer con él, junto a él, provocado por él, es infinito. Como el océano.

Que los hombres no se alarmen, no se me echen las manos a la cabeza y aclamen al cielo. Los vibradores pueden ser, si ustedes quieren y se dejan llevar, excelentes aliados para los hombres que se atrevan a innovar.Con o sin vibrador…

Que follen mucho y mejor.

Fóllame hasta las lágrimas

Querid@s,

Lloras en esos orgasmos en los que sientes un maravilloso latigazo entre el coño y el culo y que te hace sentir de puta madre. Son orgasmos empapados de algo profundamente salvaje.

Todos compartimos la misma forma de alcanzar el clímax. Contracciones rítmicas vaginales, contracciones del esfínter anal y la eyaculación definitiva. A pesar de esto, cada persona vive el orgasmo de una forma diferente. A su manera. En el goce sexual hay un ingrediente subjetivo muy personal e intransferible para cada uno de nosotros. Como las huellas de los dedos. Jamás habrá dos orgasmos iguales. Y eso es precioso. Esos espasmos divinos en los que buscas como una loca sabanas a las que agarrarte mientras mueres pequeñamente.

Los orgasmos se viven como una gran explosión de placer y calor que te inunda el cuerpo y sientes que ardes. Algunas mujeres perdemos el sentido durante unos segundos, abandonamos la consciencia y extraviamos nuestro propio rumbo. Una desorientación involuntaria que sabe a gloria. Como cuando uno se va de viaje y se pierde a propósito. Sólo que cuando se tiene un orgasmo, uno se pierde por los rincones de su propia existencia.

Un orgasmo puede tener miles de matices subjetivos. En cada uno  se imprime un colorido distinto, un aroma diferente, una tonalidad propia. Acaso tornasol. O sabor a chocolate. A veces hasta dan ganas de llorar. ¿Por qué lloramos cuando follamos? Puede que usted no haya llorado nunca y piense que la que le habla es una loca. Pero es posible, muchas mujeres lloramos. Se puede llorar antes, durante y después del orgasmo. Especialmente inquietantes son esas lágrimas que asoman tímidamente o con una fuerza desgarradora en la cuenta atrás del orgasmo, si es de los antológicos. Hablo de ese instante en que una viene o se va en forma de una descarga incontrolable de tensión sexual desbordante de serototina, oxitocina, prolactina y endorfinas. Pura felicidad.

Porque hay muchas maneras de follar. No siempre, normalmente casi nunca, pero a veces, cuando se alinean los planetas y los astros pactan mágicamente, cuando se conecta de verdad con alguien y con el universo, cuando un@ se enamora del@ otr@ mientras folla, un@ siente que alberga entre sus piernas uno de esos polvos tan virtuosos que conmueven, tan intensos que son capaces de ablandar y suavizar los esguinces del alma, que son los que más duelen.

El sexo, intuyo, es un catalizador. También quitapenas y medicina redentora. Porque alivia la piel, sacia las ganas y consuela el alma cuando uno se siente desgraciado. El sexo (el buen sexo) es todo lo que no es feo, egoísta, malvado y ruin. Es todo lo que no duele ni lastima. Bendito lenitivo que mitiga el dolor y amengua tormentos.

Confieso que he llorado unas cuantas veces. Confieso que me gustaría llorar infinitamente más de lo que lloro y no dejar de hacerlo nunca, pero eso no es algo que se escoja. Ocurre o no ocurre, así de simple. Es un llanto involuntario, son lágrimas inmigrantes que no saben de donde vienen ni hacia dónde se dirigen. Quizás más allá de los confines de nuestras propias parcelas.

La primera vez que lloré fue mientras hacía el amor con mi primer novio. Mi padre se había muerto sin despedirse hacía ya unos meses. No eran buenos tiempos. Sin duda los peores hasta ahora. Estaba apenada todo el día porque se despidió a la francesa y me quedé con dos de sus frases que las tengo grabadas a fuego en las entrañas: Hija, se me va la vida (horas antes de palmarla) y Si no fueras mi hija me casaría contigo (esto me lo decía prácticamente cada día). Sorprendentemente también estaba cachondísima y ansiaba sexo a todas horas. Mi novio se había marchado a vivir al extranjero y esa era la primera vez que nos veíamos después de varios meses. Después de olerle tanto y tan profundamente que su esencia se me había metido en ese hueco que hay entre la nariz y el cerebro, hicimos el amor en la cama de sus padres. Por la tarde, con las luces encendidas y tumbada sobre él, sentía que se me acababa el aire. Mientras follábamos pensé que iba a morirme de tanto amor.

Empecé a notar como un conmovedor y larguísimo orgasmos me catapultaba, y me acariciaba las alas como si fuera una mariposa. Le sentí de verdad, le deseaba sobreexcitada, acelerada y con la respiración entrecortada. Sentí un brutal latigazo entre el coño y el culo y me di cuenta de cuánto le quería, de que estaba tan dentro de mí que podía atravesarme el alma. Y de repente fui consciente de que estaba encharcada de felicidad como nunca y me entraron unas enormes ganas de llorar. Lloré. Lloro al recordarlo. Lloraba porque me sentía viva de cojones. Ahora creo que también lloraba porque sabía que aquello no duraría para siempre. Pero qué bien me sentaba.

Mi amiga Micaela, que es una de esas mujeres entre un millón, dice que cuando llora es porque siente que está pasando a una fase más allá. Que está jugando en otra liga, un polvo Champions League. De repente siente que se va, que se la llevan a otra parte. Ayer mismo me contaba “El otro día lloré. Tuve un orgasmo brutal. Es como volver de ese placer. No querer volver, pero de repente vuelves. Es maravilloso. Es un llanto a la vida. Es un llanto brutal. Es rematadamente maravilloso. Es de los llantos más bonitos que hay.”

Lo que mi adorada Micaela me contó me recordó algo. También lloré la última vez que me acosté con el amor de mi vida. Ese que tuve, no retuve y jamás volveré a tener. La última noche que pasamos juntos me metí en su cama con mucha ansia. Quería que me atravesara el cuerpo literalmente e hicimos el amor. Y lloré. Esta vez lloré después de correrme gloriosamente. Lloré lágrimas negras. Lloré amargamente como lo hace el cielo en una tormenta perfecta porque esta vez, mientras follábamos, me di cuenta que ya no le quería. Al menos no de esa manera loca e irracional en la que le había amado hasta darme cuenta de que ya no quedaba nada de lo que sentía por él. Me dio mucha pena darme cuenta de que se nos había acabado el amor. ¿Cómo es posible? Con lo mucho y bien que le quise. Siempre pensé que le querría para toda la vida, que tendría suficiente amor a borbotones para regalarle el resto de su vida. Y de la mía.

Siempre que he llorado he sido plenamente consciente de que estaba viva en todos los sentidos y a todos los niveles posibles de la palabra “viva”. He sentido ese instante por todos los poros de mi piel y en cada puto centímetro de mi cuerpo. Incluso en recovecos perdidos que había olvidado que existían. Sin embargo, no conozco a ningún hombre que haya llorado. No lo digo a malas, simplemente nunca he conocido a ningún hombre llorón. Será que ellos no lloran. No lo creo.

Una última pregunta para terminar. ¿Qué es lo que un@ se deja en cada orgasmo? Yo me dejo la vida, parte de mí, por eso es como si me muriera pequeñamente. También siento que me voy a otro sitio. Creo que cuando uno se corre a lo grande es como si te montaras en una máquina del tiempo que te permite correr o volar y te lleva a cualquier otra parte. Un lugar en el que quieres quedarte para siempre. Pero sólo permaneces unos instantes, que siempre saben a poco. Saben tan bien y están tan ricos, que saben a demasiado poco. Y entonces lloras, porque no puedes controlar el llanto. Desnud@ en cuerpo y alma, libre de todo estigma, no tienes que esconder esas lágrimas. Morriña de esos instantes de felicidad infinita. ¿Nada más amargo que lo que perdí? Sentimos que estamos donde queremos estar y con quien queremos estar. Que podríamos morirnos en ese preciso instante y tan contentos.

Y sentimos que alcanzamos el cielo con la punta de los dedos. Que podemos rasgar las nubes y atravesarlas.

Dicen los franceses que el orgasmo es como morirse pequeñamente, de ahí la pétite mort. Pero sin dolor. Quizás por eso también se llora, porque se está muriendo un poquito. Para mí es como pegarle un bocado a la vida tan grande que no me cabe en la boca. Es tanto lo que siento que incluso después de vaciarme, de irme, venirme y correrme, todavía queda felicidad dentro de mí. Y para sacarla, no me queda otra que llorar. A veces como una descosida. Si alguna vez follamos y me hacen llorar, no se asunten ni me pregunten. Que mi llanto no les desconcierte. Ya saben por qué lloro. Simplemente sigan amándome. Si alguna vez follamos, fóllenme hasta las lágrimas. Como habrá confianza, fóllame hasta las lágrimas.

Que follen mucho y mejor.

Hablemos de los orgasmos: con sinceridad, alto y claro

Querid@s,

Denle al play. Está en versión original para que no se pierdan ningún detalle por culpa de la traducción.

Hablemos de los orgasmos fingidos. Imagino que todas nosotras (muy mal hecho) hemos fingido un orgasmo en algún momento. Les ruego que se sinceren y que levante la mano la que nunca ha hecho lo mismo que nuestra querida Meg Ryan. No les estoy hablando de montarle el número a su amante, hablo de fingir orgasmos.

Como lectora habitual de blogs de vicios varios y exquisitos, leo mucho y variado sobre los orgasmos, tema que me apasiona especialmente. Orgasmos, divinas palabras. Hoy me gustaría debatir con ustedes sobre las mujeres y el por qué de sus (nuestros) orgasmos fingidos. Las cifras son escandalosas y escandalosamente preocupantes. Dos de cada tres mujeres admiten que han fingido en la cama, según un estudio publicado en el Journal of Sex Research por las sexólogas Charlene Muehlenhard y Sheena Shippee.

¡Ya está bien de fingir orgasmos! Le hacemos a nuestra vida sexual un flaco favor. Todas hemos fingido un orgasmo alguna vez, para ser sinceras, más de una vez. Dos ya son demasiadas veces. Es un craso error. Plagiando la Wikipedia, el orgasmo es el resultado final del clímax explosivo de una relación sexual, que produce una sensación de liberación repentina y placentera luego de un punto casi insoportable e irrefrenable de esa tensión sexual, acumulada y guardada de manera continua desde que se inicia la excitación.

Quizás les guste más esta otra.

Y ahora, la pregunta del millón ¿Cuál es la razón por la que hacemos creer que hemos llegado a la cima?

Obviamente no fingimos orgasmos porque sí, siempre hay un motivo detrás. Al fingimiento del orgasmo va ligada la incapacidad para comunicar que no estamos satisfechas y una clara falta de autoestima. El miedo a la comunicación en la cama es un pésimo aliado. De hecho es un contrasentido si tenemos en cuenta que es uno de los pilares fundamentales de cualquier relación sexual, por esporádica que sea.

Otro motivo es no dañar el ego masculino. Nos sabe mal, nos da pena. Creo que no es un drama no alcanzar el orgasmo siempre que se tiene una relación sexual. Me parece más dramático fingirlo. Si no se consigue el orgasmo, ¿por qué no decirlo al otro?. Con tacto, con ternura, con amor, con pasión, con delicadeza, con inocencia. Cómo quieran ustedes, pero díganlo alto y claro. Tan alto y claro como fingen los orgasmos.

Pero aún hay más. Hay quienes consideran que no se trata de solidaridad para levantar la moral a la pareja, ni tampoco de mostrarse condescendiente con el que no logra estar a la altura. La principal conclusión del estudio Do Women Pretend Orgasm to Retain a Mate? por un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia, Oakland y del Instituto Psiquiátrico de Nueva York resuelve que el orgasmo es una estrategia en beneficio propio: consolidar la relación de pareja y disminuir el riesgo de infidelidad. Toma geroma pastillas de goma.

(Tomen nota de estos orgasmos. Son auténticos y pueden ver uno detrás de otro.)

No la niego, pero esta teoría me resulta especialmente absurda. Gemir, jadear, respirar entrecorto, dar micro gritos de placer, gritar como una loca, pronunciar esas palabras o frases, cada una tenemos las nuestras, pero remitiéndonos a los básicos “mmmm”, “si si”, “sigue sigue” o incluso hiperventilar, son síntomas de que uno se lo está pasando muy bien en la cama. Si una mujer hace algo de esto sin sentirlo, puede que le haga sentirse más sensual, puede incrementar su deseo y excitar así aún más a su compañero de cama. Pero es absurdo fingir todo esto, no creen. ¿Piensan de verdad que gemir más, mejor y más fuerte es una razón suficiente para retener a su pareja? Lo dudo. Según el estudio que les he mencionado, cuanto menos consolidada sea la relación y cuánto más desconfianza exista sobre una infidelidad potencial, las mujeres fingirán sus orgasmos con mayor frecuencia e intensidad.

Las cosas no son blancas o negras y considero que en algunas ocasiones es justo y necesario fingir. Personalmente digo SI a fingir orgasmos una noche loca en la que nos sale el tiro por la culata, no hay ese feeling sexual deseado y por no lastimar el ego y terminar rapidito, dar gato por liebre. Pero sólo en estas circunstancias.

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Desde luego que para disfrazar un falso orgasmo hay que tener talento, pero al tratarse ya de una estrategia evolutiva cada vez más lograda y repetida por las mujeres en algún momento de nuestras vidas, se ha convertido en una herencia genética que cualquier mujer puede reproducir a la perfección. Y cuela como uno real. No debemos de estar orgullosas de esta “hazaña interpretativa”. Para terminar, les dejo con unas divinas palabras del poeta uruguayo Eduardo Galeano.

“No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman, pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace”.

Si no quiere seguir siendo una mal follada, deje de fingir. Por favor se lo pido.

Que follen mucho y mejor.

Gemir o no gemir, esa es la cuestión

¿Sexo sonoro o placer silencioso? El debate, más bien facilón, surgió a raíz de la noticia de hace unos días sobre una mujer británica, Gemma Wale, a la que han mandado dos semanas a prisión por montar un escándalo cada vez que hacía el amor. Bueno, en realidad ha ido a prisión por hacer caso omiso de las advertencias del juez, que la había instado anteriormente a no ponerse a gritar como Tarzán en mitad de la noche, como denunciaban los vecinos. Pero no me extiendo en los detalles porque a estas alturas esa noticia ya la conoce todo el mundo…

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El caso es que, como decía, las aventuras y desventuras de esta mujer a consecuencia de su fervor sexual acabaron por sacar a relucir las preferencias de cama de media oficina. Y, como siempre, el resultado de hacer ese tipo de preguntas al personal fue de lo más variopinto. De todo hubo en la viña del señor, por decirlo de alguna manera, pero lo cierto es que, en el caso de los hombres, la mayoría admitió que esperaban y querían gemidos a la hora del sexo, aunque sin exagerar. “Tampoco se trata de que cante la Traviata, ya sabes, una cosa normal…”, explicaba uno mientras asentían varios. “Yo es que si gritan demasiado me suena a falso y me empiezo a rallar”, decía otro. Pero también había quien prefería el silencio. “Tú es que vas de tántrico”, le reprocharon algunas… “Que va coño, es que si no me desconcentro”. Un par de ellos, por el contrario, confesaron que le molaban los gritos, cuanto más altos mejor, independientemente de si eran de auténtico placer o fingidos. Jaca grande ande o no ande, que dirían en mi tierra…

Ellas, por su parte, coincidían en que la mayoría de hombres no gemían, sino que más bien gruñían o bufaban, cosa que ellos negaban. Pero la conclusión fue más o menos la misma: como diría Aristóteles, en el punto medio está la virtud. Al final me fui y los dejé ahí, en una guerra abierta entre gemidos y gruñidos. Yo creo que más de uno y de una acabaron un poco acalorados, con tanto debate. A saber dónde acabaron… Y cómo.

Amnesia sexual o pérdida transitoria de la memoria tras un orgasmo

Un polvo perfecto con la persona tan largamente deseada, un orgasmo espectacular… y no ser capaz de recordar absolutamente nada. No es muy frecuente, es cierto, pero pasa. Y no, no tiene nada que ver con el alcohol. Se trata de lo que se denomina Amnesia Global Transitoria (TGA, en sus siglas en inglés), más conocida como amnesia sexual.

Puede ocurrirle a cualquier persona y de forma inesperada tras una intensa relación sexual, aunque las posibilidades de sufrirlo aumentan por encima de los 50 años. En cualquier caso, como decíamos, sucede poco, ya que afecta cada año a entre tres y cinco personas por cada 100.000, y dura solo un breve lapso de tiempo, normalmente unas horas o un día como mucho.

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La realidad, según los expertos, es que no es peligroso, la persona no se olvida en ningún caso de su identidad y tras el episodio todo vuelve a la normalidad, pero mientras dura, no es capaz de recordar nada acerca de la relación sexual que acaba de mantener, ni de ningún otro acontecimiento reciente. Tampoco puede crear recuerdos nuevos. Imaginaos el rayote… ya sea con vuestro marido/mujer de toda la vida o con alguien a quien acabáis de conocer. Estar en un bar tomando algo o haciendo la compra en el súper y, de repente, verte en pelota picada al lado de alguien si saber cómo narices has llegado allí ni qué acaba de pasar, exactamente. La confusión debe de ser total, y en muchos casos viene acompañada de dolor de cabeza, nauseas y ansiedad. No es para menos…

La Amnesia Global Transitoria se asocia con el estrés, ya sea por circunstancias emocionales o físicas. En el caso de los hombres, los expertos la vinculan más a un esfuerzo físico, mientras que en las mujeres, a trastornos emocionales. Así, puede producirse en los siguientes supuestos: tras un esfuerzo físico excesivo, tras una inmersión en agua muy fría o caliente, tras un fuerte trastorno emocional, tras sufrir estrés laboral, o tras el coito (amnesia sexual), presentándose normalmente después del clímax.

La explicación de esta pérdida de memoria radica en la falta de flujo sanguíneo en el cerebro. “Los casos de pérdida de memoria postcoitales son consecuencia de las alteraciones en la presión sanguínea durante el acto sexual”, explicaba hace un par de años Carol Lippa, profesora de neurología en la Drexel University, sobre la TGA. Algunos expertos lo achacan a la denominada maniobra Valsalva, que causa una pobre oxigenación de la sangre que se acumula en el cuello, y puede presentarse en medio de una intensa sesión de sexo, al adoptarse una posición incómoda. En cualquier caso, si a alguien le ocurre, los médicos recomiendan acudir a urgencias para descartar complicaciones o males mayores.

Pero vamos, que para algunos puede ser la excusa perfecta, aunque a más de uno y de una conozco yo que habrían pagado por sufrir una TGA de estas en algún momento de sus vidas… o en dos.