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Mayo, con M de ‘masturbación femenina’

Mayo es conocido por muchas cosas: la gala del Museo Metropolitano de Arte, el Festival de Cannes… Pero hay una celebración a lo largo de todo el mes que hace que sea especialmente significativo para nosotras: es el mes de la masturbación femenina.

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Que exista esta especie de reconocimiento es importante por varias razones. En primer lugar porque es una manera de visibilizarla.

La masturbación femenina existe, sucede, y, en algún lugar del mundo, en este preciso momento, hay una alcanzando el orgasmo por si misma. Las mujeres tenemos deseo sexual, nos tocamos y disfrutamos haciéndolo. Somos libres de relacionarnos con nuestro cuerpo de una manera erótica.

En segundo lugar, dedicarle un mes pretende hacer hincapié en que se pierda ese significado negativo. Un tabú que comenzó con la represión de la Iglesia católica, gran encargada de etiquetar todo lo relativo a las mujeres como prohibido, y que consiguió que incluso se llegara a ver como poco deseables las prácticas como la equitación o montar en bicicleta por los roces.

Han pasado décadas desde la liberación sexual, pero sigue vigente esa vergüenza tan de patio de colegio donde enseguida te señalan cuando el listo de turno sale con el “te haces dedos”. Mientras que, en la adolescencia, las pajas masculinas son casi la conversación cotidiana de cada día.

Por mucho que hayamos avanzado, la masturbación femenina todavía sigue siendo un misterio, o quizás, más que un misterio, algo mal enseñado. Con esas fantasías tan de película de que necesitamos introducirnos todo tipo de objetos por los orificios para encontrar el placer.

He tenido más orgasmos con la yema de un dedo (hábilmente colocada sobre el clítoris, por supuesto) que con todos los penes que han pasado por mi camino.

Lo bueno de este mes es que nos recuerda que, en la masturbación, todo vale (como en el amor). Cualquier tipo de estímulo, de lectura, de imagen o de juguete puede ser desencadenante de placer. La imaginación es el límite.

Los beneficios de la masturbación son unos cuantos (podéis informaros más a fondo aquí), pero el principal es que es una manera de conocer nuestro cuerpo, de saber cómo funcionamos. También es una forma sana y natural de querernos, de relajarnos y de responsabilizarnos de nuestro placer, que es algo que, antes que de nadie, depende de nosotras.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).

Posiciones para tocar clítoris como si no hubiera un mañana

La penetración está muy bien, no te digo yo que no. Sobre todo si viene acompañada de complementos, como la ensalada.

Pero la penetración acompañada de meneo clitoriano es más placentera que explotar un grano (hoy me he despertado salida y escatológica, qué le vamos a hacer).

Los años de práctica como clitoriana me han hecho formar un top de posturas “Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo toco”:

5. En el último puesto: el perrito. Las embestidas traseras pueden hacer un poco complicado mantener un ritmo decente, es por eso que queda en el último puesto.

DOCTISSIMO

 

4. A cuatro patas invertida: esta postura permite que tu pareja se encargue de darle vida al asunto. Pero claro, entre el movimiento, la mano y demás, o tiene muchas habilidades o aquello termina más descuadrado que las ventanillas de los aviones.

DOCTISSIMO

 

3. De espaldas haciendo sentadilla: para las que no tardáis mucho va bien, pero las que necesitamos un poco de tiempo terminamos con el cuádriceps reventado, por lo que queda en el ecuador de la clasificación.

DOCTISSIMO

 

2. El misionero: parecía que no, pero la mano entra perfectamente entre pubis y pubis. ¿Lo mejor? Estás cómodamente tumbada y puedes elevar las piernas para experimentar con nuevas sensaciones.

DOCTISSIMO

 

1. Sentada encima (en el suelo): ponte en modo dominatrix y ordena a tu pareja que se tumbe bocarriba en el suelo (con una almohadita debajo de la cabeza, que ser dominatrix no significa que tengas que dejar al otro desnucado). Siéntate encima con las piernas flexionadas y ponte en modo rana saltadora. Importante que sea en el suelo ya que si lo haces en una superficie que no sea fija, tu pareja se mueve por la inercia y terminas perdiendo ritmo.

DOCTISSIMO

Y ahora mi momento favorito: cuéntame cuál es tu postura preferida para tocarte el clítoris (así podemos copiarte en cuanto tengamos oportunidad).

Manual de masturbación para primerizas

El otro día una de mis amigas, (entre copas, también hay que decirlo) me confesó que nunca había tenido un orgasmo.

Nunca.

¿Es grave?” Me preguntó sabiendo que el sexo es uno de los temas con los que más familiarizada estoy gracias a este espacio.

A ver, que pasados los 25 años nunca hayas tenido un orgasmo no es grave como tal. Grave es que te diagnostiquen una enfermedad, pero no el hecho de no haber alcanzado nunca el clímax.

Curiosidad, deseo sexual y relaciones sexuales precedentes placenteras tenía y había tenido, por lo que quedaban descartadas muchas alteraciones.

Cuando me preguntó que si me masturbaba o no y que cómo lo hacía, entendí que podía ser un simple problema de “no saber por dónde empezar“.

No todas tenemos el mismo desarrollo sexual, las hay que empezamos a frotarnos inocentemente contra cojines a edades muy tempranas y las que pasados los 40 descubren que el cepillo de dientes se puede utilizar en más sitios además que en la boca.

El camino es diferente para cada una de nosotras, pero el punto de partida siempre es el mismo: el clítoris. Lo reconocerás porque es el lugar donde sientes un cosquilleo cuando estás viendo una película y Zac Efron se quita la camiseta.

Esa zona, debidamente estimulada, nos permite alcanzar el pico del placer, el orgasmo. Y para ello no necesitamos vibradores, juguetes alternativos o cosas ajenas, necesitamos un dedo (normalmente el índice de la mano que se use para escribir, ya que tenemos más soltura con él) y un movimiento, como definirían en el colegio, circular uniforme.

Un estímulo circular o de izquierda a derecha hará que al cabo de un tiempo empecemos a notar cierta sensación de presión (siempre placentera). La clave es continuar hasta que toda esa presión se libere en forma de un espectacular orgasmo.

Obviamente, ayudas como un dedo o dos introducidos en la vagina de la otra mano, estímulos visuales (pornografía, la parte tórrida del libro que estás leyendo) o una persona jugando con tus pezones o mordisqueando zonas sensibles como el cuello harán que lo alcances mucho antes.

Liberar la mente, conocer el cuerpo y entender que la sexualidad es una cosa normal del ser humano y, ante todo, disfrutar, conseguirán que vivamos la experiencia con plenitud (y podamos repetirla después acompañadas y con conocimiento de causa).

Duquesa Doslabios.

‘Salir del armario’ como mujer clitoriana

Hay muchos días felices en la vida de una mujer, pero en ninguno me quité tanta presión como el día que descubrí que era clitoriana (no, ni siquiera cuando terminé la Selectividad).

El clítoris: amigo, no enemigo. YOUTUBE

La clitoriana, sin duda, nace, no se hace. Desde que empiezan a formarse sus órganos genitales, su manera de conseguir orgasmos es una u otra. O bien será estimulación indirecta del clítoris (lo que se puede llamar “vaginales”) o por estimulación directa.

Cuando empecé a tener consciencia de mi sexualidad, lo de conseguir orgasmos con estimulación directa del clítoris me parecía lo más natural, rápido y práctico del mundo. De hecho, cuando tuve mi primera experiencia sexual no entendía a qué venía tanto alboroto. Entre que era la primera vez también de él y que el pobre no habría encontrado el clítoris ni con un Tom Tom en la mesilla de su cuarto, fue una experiencia normal.

Normal no por “normalidad respecto a norma o regla” sino por “característica habitual” que se empezó a dar en todos mis encuentros sexuales.

Me llamaba la atención que ninguna de mis parejas parecía tener conocimiento, o interés, de cómo funcionaba aquello de la estimulación femenina. De esa manera, el sexo se convirtió para mí en algo placentero, sí, ya que el sexo es mucho más que alcanzar el orgasmo, pero no tan satisfactorio como me habría gustado.

Me quedó claro que si quería disfrutar teniendo sexo con alguien sería yo la que debía hacerse cargo. Así pasó, que la primera vez que deslicé la mano entre las piernas, el chico se quedó paralizado, como si en vez de juguetear con un clítoris estuviera pasándome una araña venenosa entre los dedos.

Un hombre descubriendo que los genitales femeninos no son solo la vagina. YOUTUBE

“¿Pero qué haces?” me preguntó algo asustado. Cuando le expliqué la situación se encargó (por primera vez) de que ambos lo pasáramos bien. Sin embargo no he tenido la misma reacción con el resto de parejas. Más de uno se ha quedado dolido, y hasta un poco enfadado, diciéndome que sentía que su pene no era suficiente para mí.

Pero es que es así, biológicamente el pene apaña para la reproducción, pero el pene NO ES SUFICIENTE cuando necesitas estimulación directa del clítoris. A no ser, claro, que se trate de un pene con una protuberancia que justo te roce esa zona.

Vivimos en una mentira propiciada por películas y pornografía que nos hace creer solo con que te la metan ya estás tocando las estrellas cuando casi el 70 por ciento de las mujeres no son capaces de alcanzar el orgasmo sólo con la penetración, afirmó en su libro Máaas la sexóloga norteamericana Lou Paget.

Entonces ¿qué pasa con ese casi 70%? ¿Dónde están? ¿Por qué cuando saco el tema con mis amigas soy la única que dice abiertamente “soy clitoriana”? ¿Por qué la mayoría de mis parejas han actuado sorprendidas cuando he hecho la misma revelación afirmando que era la primera vez que se topaban con “una como yo”?

Porque el resto de tus exnovias, o, al menos la mayoría, fingían. Porque es más sencillo dedicarle 30 segundos a la articulación de cuatro gemidos acompañados de respiración acelerada dejándole convencido de que ha hecho un buen trabajo entre tus piernas que dedicarle media hora de conversación al hecho de que para llegar al orgasmo necesitas más dedicación a tu estimulación. Que no significa que él lo haga mal, sino que, por mucho placer que podamos sentir en una penetración, sin la estimulación directa del clítoris no vamos a llegar al orgasmo ni aún con todas las sacudidas del mundo.

Si nosotras mismas no aceptamos en un primer lugar que el placer se puede obtener de maneras diferentes y si luego no somos capaces de comunicarlo a nuestra pareja, seguiremos tomando como veraz la imagen del placer femenino que nos estamos tragando hasta ahora.

Está en nuestras manos (literalmente).

Duquesa Doslabios.

Encuesta tu orgasmo

Querid@s,

Hoy hablamos de orgasmos femeninos. A examen los diferentes tipos de estimulación clitoriana que preferimos las mujeres.

¿Qué cantidad de presión prefieres?

Que me toquen muy ligeramente

Presión media

Un poquito más duro

 

¿Qué forma o estilo de movimiento prefieres?

De lado a lado

De arriba a abajo

En óvalos

Empujando/ presionando en un punto

Pulsando / empujando rápidamente en un punto”, etc…

 

¿Dónde prefieres que te toquen?

Directamente sobre el clítoris

Sobre la piel alrededor del clítoris

Evitando tocar el clítoris directamente

Rozando el clítoris de vez en cuando pero sin presionar

 

¿Con qué prefieres que te estimulen?

Dedos, manos, boca, etc.

Estas son sólo algunas de las preguntas del estudio publicado el pasado julio por investigadores de la Universidad de Indiana en colaboración con OMGYes, una plataforma online consagrada a la enseñanza del placer femenino. En la encuesta participaron 1.055 mujeres, la mayoría de ellas heterosexuales con edades comprendidas entre los 18 y 94 años de edad. Un detalle: más de la mitad de las encuestadas lucían anillos de casadas. La encuesta planteó un amplio abanico de preguntas sobre el placer femenino incluyendo preferencias y comportamientos sexuales, calidad de los orgasmos o si la encuestada alcanzaba, sin fingirlo, el orgasmo durante el coito.

Cuando Harry encontró a Sally

Los entendidos de los investigadores descubrieron que el 36% de las mujeres necesita que le estimulen el clítoris para poder alcanzar el orgasmo durante el coito. Aunque otro 36% no requiere de la estimulación clitoriana para alcanzar el clímax, afirma que contribuye positivamente al orgasmo. Esto es como el dinero, que no da la felicidad, pero ayuda bastante.

De acuerdo con los descubrimientos del estudio, dos de cada tres mujeres prefieren la estimulación directa del clítoris. A la mayoría también le gusta la estimulación en la zona inmediatamente alrededor del clítoris. En cuanto a las formas y estilos preferidos para estimular el aparato genital femenino, el 63% manifestó que prefiere los movimientos verticales (de arriba a abajo) y el 51% se decanta por los movimientos circulares. Una significativa cantidad de mujeres (41%) prefiere sólo un tipo de tacto en lugar de una combinación de varios. Los investigadores también descubrieron que la mayoría de las mujeres prefiere una presión ligera o media, mientras que un 16% goza con cualquier tipo de presión y posibles combinaciones. Por si os interesa saberlo, yo estoy dentro de ese porcentaje.

Si queréis ver el vídeo de OMGYes sobre la investigación inicial, dadle al play.

Y a vosotras, ¿cómo os gusta que os toquen?

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Adiós al punto G: descubren una nueva zona de placer sexual en la mujer

La legendaria región vaginal conocida como punto G, considerada altamente erógena y a la que se atribuyen poderes casi mágicos a la hora de conseguir orgasmos, ha resultado ser un mito, como muchas se temían. Al menos eso es lo que se desprende del último estudio al respecto, realizado por investigadores de la Universidad de L’Aquila y Tor Vergara (Roma) y publicado en la prestigiosa revista Nature Urology.

En realidad el denominado punto Gräfenberg es objeto de discusión desde los años 40. Está supuestamente en un lugar de la pared vaginal localizado detrás del pubis y alrededor de la uretra. Sin embargo, son muchos los estudios, sexólogos e investigadores que han considerado que no está comprobado y que su supuesto papel como centro del placer sexual femenino es más que subjetivo. Ahora este equipo de científicos italianos, franceses y mexicanos desmienten rotundamente su existencia y, en su lugar, han hallado una zona mucho más amplia y compleja que, en teoría, permite experimentar un gran placer sexual.

Pubis

GTRES

Es lo que han bautizado como zona CUV, una región erógena formada por clítoris, uretra y vagina y que incluye tejidos, músculos, glándulas y útero. “La conjunción del clítoris, la uretra y la pared vaginal estimulados adecuadamente durante la penetración podría inducir la respuesta orgásmica”, explicó el endorinólogo y sexólogo  Emmanuele A. Jannini, profesor de la universidad y director del estudio.

Los investigadores, gracias a modernas técnicas de imagen, han podido visualizar las interacciones de los genitales femeninos durante la masturbación o coito, y han concluido que las zonas íntimas de la mujer no son tejidos pasivos, sino estructuras altamente dinámicas y sensibles. De hecho, los autores del estudio aprovechan para condenar a aquellos ginecólogos y cirujanos que cortan y cosen sin respeto, maltratando los nervios, músculos y componentes vasculares de una región anatómica tan altamente sensible.

“La vagina es un tejido activo y sexualmente importante que debe ser respetado. Es algo más complejo que un solo punto”, asegura Jannini. Por ello, recomienda el conocimiento de la anatomía y fisiología de la zona CUV antes de someterla a un procedimiento quirúrgico. Algo que parece de bastante sentido común, por otro lado.

Conclusión: las que nunca hayan encontrado su punto G no desesperen; siempre nos quedará la CUV.

Los errores más repetidos en el sexo oral

Hace unos días leí en El Mundo que han abierto una escuela de sexo oral en Moscú, a la que por lo visto acuden rusas a diario para ser mejores en la cama. A mí todo lo que sea para aprender y mejorar me parece estupendo. Y si encima ese afán de superación tiene que ver con el sexo, más aún, pero reconozco que me tocó la moral que la escuela en cuestión sea solo para mujeres. ¿Acaso los hombres lo saben todo acerca de esta materia?

Yo no sé cómo será el tema en Rusia, pero lo que es aquí, el panorama a veces deja mucho que desear. Echando la propia vista atrás y teniendo en cuenta lo que me llega por ambas partes, tanto hombres como mujeres tenemos mucho que aprender. Sin generalizar, por supuesto, pero a menudo somos torpes, muchas veces callamos por no incomodar, y otras tantas olvidamos que el sexo real poco tiene que ver con lo que vemos en las películas. Sobre todo si se trata de cine porno.

Sexo oralLas quejas más repetidas por unos y otras tienen un denominador común: el mal olor y la falta de higiene. Agua y jabón, por favor, que estamos hablando de sexo oral. Esto es como el anuncio de la casera: si no hay fregado, nos vamos. Y no se trata de que uno tenga que ponerse ahí a darle a la esponja justo antes del gran momento, sino de un poco de sentido común… y de compasión por el otro. Empatía.

Pasarse de frenada con los dientes y el aburrimiento por los movimientos repetidos también están en el top five de las quejas en el sector masculino. Para combatir este último sugieren sutiles cambios de ritmo, un poquito de imaginación y no “desgastar el frenillo”, como le he oído a alguno. Lo de acariciar los testículos durante la faena está muy bien, pero ojito con no apretar demasiado. Ellas, por su parte, insisten en que lo de agarrarles la cabeza para marcar el ritmo de la felación no mola. Tampoco está de más recordar a alguno que, cuando se prolonga, las gargantas se agarrotan y que por definición, si se empeñan en introducir el asunto hasta la campanilla, lo único que conseguirán es provocar arcadas.

Muchas mujeres afirman que algunos hombres creen que el clítoris es un interruptor que hace que salten al techo de placer en cuanto se les toca. Cuanto más, mejor. Error. No es tan simple: hay que currárselo. Si uno se cansa, puede ir alternando con la masturbación. Acariciar los pechos también ayuda. Pero claro, hablamos de acariciar tetas, no de estrujar pelotas de goma de esas contra el estrés. Ella puede ir también marcando el ritmo con suaves movimientos, pero con cuidado de no acabar asfixiando a nadie. Que hay veces que apretamos tanto las piernas que, decimos algo en el fragor de la batalla y el otro, ahí casi sin oxígeno, no se entera de nada, con las orejas aplastadas y más rojas que la camiseta de la selección. Ya lo decía Raimundo Amador en esa fantástica canción…

Pues eso. Que viva el aprendizaje y que ya se sabe: despacito y buena letra.