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De tetas a tretas, ¿qué ha sido del sexo en ‘Juego de Tronos’?

A pocas semanas del final de Juego de Tronos, ya podemos analizar una de las series más mediáticas de los últimos tiempos. En ella, el sexo ha pasado de ser el principal gancho a algo casi intrascendental, esporádico, poco relevante y solo interesante cuando estaba relacionado con la historia (no voy a hacer spoilers, pero el último encuentro es la mejor prueba de ello).

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Que haya ido desvaneciéndose entre el fragor de las batallas, las conspiraciones y el alzamiento de los Caminantes Blancos prueba que nunca es tarde si la dicha es buena. Y en este caso, nunca es tarde si la trama lo es.

De hecho, me incluyo entre las personas exasperadas (si es que existen) que se resignaban cada vez que aparecían esas escenas, a mi parecer innecesarias, en un burdel sabiendo que esos minutos, la historia resultaría poco relevante.

Es probable que a todos los espectadores nos resulte difícilmente olvidable el inicio de la ficción, con esas violaciones físicas y emocionales a Daenerys en las que era exhibida como un trozo de carne por su hermano y después forzada por su marido al ser entregada en un matrimonio de conveniencia.

Porque otra cosa no, pero si algo hemos visto en Juego de Tronos han sido tetas. De hecho, al principio, las escenas de Emilia Clarke eran casi un denominador común hasta que, una vez adquirido peso en la industria, la actriz se plantó diciendo que no volvería a aparecer desnuda. Y así fue.

Aun así es triste comprobar como en Hollywood si no eres alguien, no tienes ninguna potestad para decidir si enseñas o no tu cuerpo. Lo mismo que le paso a Lena Headey (Cersei Lannister), que en el famoso paseo de la vergüenza pudo recurrir a una doble de cuerpo.

Con el despegue del movimiento #MeeToo sucediendo al tiempo que el radical descenso de actrices dispuestas a convertirse en reclamo visual, es complicado no establecer una relación entre ambos sucesos.

No quiero excederme criticando el hecho de que los desnudos fueran el pan de cada capítulo (Outlander es una de mis series predilectas por las escenas de pasión). Sin embargo, en Juego de Tronos, el cuerpo femenino parece haber sido la única obsesión de los guionistas.

De hecho, llama también la atención la cantidad de trabajo que ha dado la serie a actrices porno para que interpretaran a figurantes o personajes secundarios (seis de ellas son estrellas en la pornografía, ningún actor X fue incluido en la ficción).

Dentro de poco, la serie llegará a su fin. Y con ella las explícitas imágenes de cama. Esperemos que, la que venga a continuación, aprenda de esto y sepa que, como ha demostrado Juego de Tronos, no necesita usar el cuerpo femenino para ganar audiencia si la historia es lo bastante potente. O que, en el caso de que se decida a seguir utilizando como estrategia para aumentar el número de espectadores, equipare el número de escenas (y de cuerpo a la vista) entre ambos sexos.

Y es que es posible que la brevísima toma en la que se veía el culo de Jon Snow haya sido una de las más celebradas de la pantalla por mis amigas. Sorpresa, HBO, a nosotras también nos gusta el sexo.

Duquesa Doslabios.

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Ocho (buenas) razones para ver ‘Sex Education’, la serie que mejora tu sexualidad

Que la educación sexual en este país brilla por su ausencia (el incremento de las enfermedades de transmisión sexual es solo una de las pruebas de ello) es algo que no podemos seguir negando.

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En plena era de la desinformación, donde la pornografía se convierte en la principal maestra prolongando estereotipos e ideas que no son más que una fantasía, aparece Sex Education.

La nueva serie de Netflix ha sido mi descubrimiento de la semana manteniéndome enganchada hasta el punto de habérmela ventilado como si hubiera sido una temporada de Stranger Things.

Pero, ¿qué es lo que realmente funciona de Sex Education? Aquí tienes los motivos por los que deberías darle una oportunidad.

  1. Porque trata cuestiones de actualidad como son la identidad, la orientación o el consentimiento sexual, el acoso, la cosificación o el slutshaming, cuestiones que por diferentes motivos, son el pan de cada día de un tiempo a esta parte.
  2. Los temas se plantean con naturalidad, y, francamente, es toda una satisfacción. Que en una serie llaman al pene “pene”, a la vagina “vagina” y a follar “follar”, se agradece. No se dice “el miembro”, “la flor” ni ningún otro recurso poético del estilo de los que abundan en las series.
  3. Es capaz de acercarnos a problemáticas que igual ni nos habíamos planteado por todos los estereotipos que nos rodean como por ejemplo las desventajas de tener un pene de dimensiones por encima de la media. Tiene un lado didáctico del que podemos sacar partido ampliando conocimientos luego por nuestra cuenta (que hay muchas webs de divulgación sexual).

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  4. Porque aunque creas que ya sabes todos los temas que tratan, nos refrescan conceptos que siempre deberíamos tener presentes como dónde está el clítoris.
  5. Además de ser dinámica, interesante y con una trama que te engancha desde el principio, es divertida, y todos sabemos que tratar cuestiones con humor, especialmente si hablamos de sexo, son puntos a favor.
  6. Porque salen penes. Juego de Tronos va de rompedora con sus topless constantes. ¿Alguien recuerda lo que pasó en la primera temporada más allá de las tetas? A mí me cuesta hacer memoria. Sex Education rompe un poco (un poquito solo) con esto enseñándonos la ansiada anatomía masculina en la pequeña pantalla.
  7. Vincula el ámbito sexual con el emocional. Un reto a la hora de plantearte una serie de estas características es el de no caer en el morbo, en el aspecto físico, situación que solventan a las mil maravillas ya que, a fin de cuentas, el cerebro sigue siendo el órgano sexual más importante.
  8. En definitiva, porque Sex Education es como ese amigo con el que puedes hablar de sexo con total confianza, contarle tus preocupaciones más íntimas, tus miedos, tus deseos con la seguridad de que no solo no te va a juzgar sino que va a estar ahí para escucharte y para ayudarte.

Duquesa Doslabios.

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