El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘2018’

Cinco consejos para elegir un (buen) vibrador

Elegir un compañero de cama (el que guardáis en la mesilla de noche, no el de carne y hueso) parte de una necesidad que tenemos las mujeres que me gusta llamar “el picorcillo”.

Listo para matarte (de placer). Foto de Duquesa Doslabios.

El picorcillo es una alegría que te entra en la entrepierna cada vez que Jaime de Outlander se quita la camisa o cuando el puertas de la discoteca te agarra de la cintura aunque solo quisiera pedirte que si por favor puedes dejarle pasar, que estás en medio del pasillo.

Para esas ocasiones en las que estás en casa sin más compañía que la de tu imaginación, tenemos el vibrador. Un amigo fiel con el que divertirse tanto por nuestra cuenta como en pareja y cuyo objetivo no es otro que el de traernos alegrías a la vida.

Descubrir cuál es el que mejor va contigo no es tarea sencilla, sobre todo teniendo en cuenta que la variedad de los juguetes sexuales es incluso comparable a la diversidad de yogures que encontramos en el supermercado.

Y si es verdad que en casa acumulo varios amigos de silicona, hay una serie de requisitos a tener en cuenta.

  • Forma: las características externas del producto, su diseño, no ya por razones estéticas sino por su funcionalidad. Mi consejo es que te fijes en aquellos que tienen forma ligeramente curvada ya que estimulan la zona bautizada como “punto G”. Especialmente recomendables aquellos que, al mismo tiempo, estimulan el clítoris.
  • Dimensión: el tamaño no importa hasta que tienes que hacer la maleta y quieres llevarte el vibrador de viaje. Por experiencia, dimensiones descomunales no son necesarias. Con hacerte con un juguete cuya zona a introducir oscile entre los 10 y 12 centímetros da más que de sobra por mucho que las películas porno hagan parecer que si el juguete no mide por lo menos como una barra de salami, no lo vas a notar. Recuerda que es al principio de la vagina donde hay más terminaciones nerviosas.
  • Vibración: he encontrado diseños que tienen hasta 12 tipos de vibraciones diferentes. En un lateral, en la parte de abajo, con el movimiento en cascada, vibración intermitente… Y por muy divertido que pueda ser experimentar con todas y cada una de ellas, al final, como con la alcachofa de la ducha, hay una que siempre va a ser tu favorita. Si la conoces, limítate a buscar un modelo que la tenga (los básicos de vibración contínua suelen ser siempre un acierto).
  • Potencia: los vibradores cuya dimensión iguala a una barra de labios están muy bien para hacerle la broma a tu mejor amiga el día de su cumpleaños, pero por experiencia, la pila de botón no suele ser suficiente. No es que mi clítoris sea especial y necesite cargas eléctricas de alto voltaje sino que, por lo general, la potencia de los dispositivos a pilas es mucho menor que los de mayor tamaño que puedes enchufar a la corriente. Es preferible que escojas uno un poco más potente, aunque salga algo más caro, ya que terminas amortizando el gasto (en orgasmos).
  • Sonido: siempre que tengas dudas, enciende el juguete antes de comprarlo. Aunque afortunadamente cada vez resultan más discretos, todavía hay modelos comparables al ruido de un cepillo de dientes eléctrico. Aquellos diseños silenciosos son ideales para preservar la atmósfera de intimidad.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

No eres ni “heteroflexible” ni “heterocurioso”, eres bisexual

Basta con escribir en Google el término “heteroflexible” para que la red nos regale lo mejor del concepto, artículos del estilo “Es posible que seas heteroflexiblel y no lo sepas” o “¿Cómo saber si tu novio es heteroflexible?”.

PIXABAY

Este último me produjo especial curiosidad ya que lo que comenta es que heteroflexible es aquel hombre heterosexual que, siempre de manera puntual, puede mantener relaciones sexuales o afectivas con otros hombres.

Pero, ¿esto no es eso precisamente lo que engloba la bisexualidad?

Parece ser que “bisexual” era un término con el que los hombres heterosexuales no se sentían a gusto a la hora de definir sus paseos por la otra acera.

Independientemente si te has dado una vuelta rápida o si ha sido una buena caminata, de esas de pararte a mirar los escaparates y comprar algo, cambiar de acera, lo que se dice cambiar, has cambiado.

Es como afirmar que por tomar sushi de vez en cuando no se considera que te guste el pescado, o al menos es lo que vienen a decir las palabras “heteroflexible”, “heterocurioso” o “bromance” que se dedican a dar vueltas sobre especificaciones nimias de si a los practicantes les gusta o no la penetración o si no besan pero sí que la chupan.

Una serie de jaleos innecesarios para categorizar algo tan sencillo como es que te puedas sentir atraído de una manera o de otra tanto por hombres como por mujeres (independientemente de los porcentajes o letras pequeñas que quieran añadirle al respecto).

Que surjan palabras para explicar conceptos que no existen como es el caso de hater, una palabra que tarde o temprano tenía que llegar a nuestro vocablo, lo entiendo, pero creo que no es el caso de la heteroflexibilidad.

Porque, en mi opinión, el hecho de tener que recurrir a esta palabra para explicar algo que lleva años existiendo es quizás la connotación negativa que pueda tener (todavía) la bisexualidad.

El estigma de que caigan los célebres “maricón”, “bujarra”, “reinona” o cualquier otro apelativo despectivo es demasiado grande.

Y para escapar, por lo visto, no queda más que la opción de inventar algo nuevo que no dañe la virilidad ni la estima de aquellos que se sienten inseguros con su propia identidad creando un término a estrenar, sin un pasado plagado de términos, que, más que seguramente, el propio heteroflexible (bisexual) incluso ha llegado a usar peyorativamente.

Las marcas sacando maquillaje masculino en envases oscuros o los botes de champú en negro o gris son los ejemplos de que, a estas alturas, de la importancia de la masculinidad. Porque todos sabemos que si un hombre se compra un champú cuyo bote sea de color pastel, se le caen los testículos y ruedan irremediablemente hacia el desagüe de la ducha.

Pero tranquilos, es muy español cambiarle el nombre a las cosas. Solo que por mucho que se llame “agresión sexual” sigue siendo una violación y por mucho que te definas como “heterocurioso” sigues siendo bisexual.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Tonta por ti

Hay una cosa que no te digo a menudo, y es que me sigues encantando.

PIXABAY

Quién me iba a decir a mí que, con la de años que llevamos a la espalda juntos, ibas a seguir gustándome tanto.

Sigo pensando que qué suerte la mía la de que tus ojos castaños se cruzaran con los míos y qué divertido es ahora conocer de memoria todos los cambios de expresión que pueden llegar a experimentar, desde cuando se encogen de felicidad porque el Madrid ha marcado gol hasta cuando frunces el ceño porque no se despega tu tortita de avena de la sartén, esas que por fuera son muy feas pero que, en realidad, están buenas.

Me gusta como cada vez que te tocas el flequillo te dejas la ceja izquierda despeinada, lo que me obliga a alisarla y perderme un poco por tu mirada o, ya que estoy con la mano en tu cara, darme un paseo por tu barba.

Tu barba, tan tuya como los espasmos que te dan de repente mientras duermes o tus pesadillas que no se te pasan hasta que sales de la cama y te das un paseo para tranquilizarte por mucho que te diga que no estás en un coche sin frenos.

Pero es que dormir es una maravilla gracias a que continuas con tu manía de acostarte en calzoncillos aunque sea un mes frío y yo termine con los calcetines por encima del pijama.

No me crees cuando te digo que es una suerte encontrarse en mitad de la noche, en una de esas pausas entre sueño y sueño, con tu pecho desnudo. O incluso verlo con las primeras luces del día, que es cuando yo abro el ojo y tú, como buena persona nocturna, te niegas a salir de la cama hasta que no pasen las once de la mañana.

Me encantas con tu acento, tus refranes manchegos, tu costumbre de cantar las canciones en inglés e inventarte la letra porque no entiendes el idioma. Y sí, aunque no lo comparta, me sigue encantando tu manera de combinar calcetines negros con zapatillas blancas porque según tú, es lo que pega.

No pierdas nunca el hábito de cambiarme, desde tu aplicación del móvil, la canción que estoy escuchando en el Spotify del ordenador aprovechando que compartimos cuenta para que, aunque estemos separados, me hagas sonreír en la distancia con Leiva.

Siempre nos quedará la promesa de que cuando salimos a comer fuera, tuya es la última patata del plato principal y para mí el último bocado del postre.

Si me enfado, ya sabes que el remedio es abrazarme e inclinarme hacia el suelo para darme un beso de esos de película antigua, para que, de la risa que me entra, se me pasen todos los mosqueos.

Y es que es difícil resistirse a lo bien que te sienta la ropa que me compro de talla XL para llevar suelta, por mucho que me la quites del armario y me dejes sin ella.

Así como es difícil decirte que no cuando me pides un beso de esos que nos damos al vuelo disimuladamente porque estás en el trabajo.

Supongo que solo puedo responsabilizarte de haber convertido la adolescencia en un estado mental, porque, con mis casi treinta años, no se pasa esta tontería que tengo por ti.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Gracias, siguiente

Hablar bien de tu ex es algo que parece, en mi caso, más que complicado, imposible después de que desaparezca alguien con quien hemos tenido una relación.

Y sin embargo, es de lo que trata la última canción de Ariana Grande, de pararnos a reflexionar sobre las relaciones pasadas y quedarnos solo con lo bueno. Sin el reproche, sin el dolor, solo con el agradecimiento de lo vivido y aprendido que nos ha vuelto la persona que somos ahora. Y eso, es algo que merece la pena agradecer.

PIXABAY

Así que gracias a V por enseñarme lo erótica que puede ser una película de terror en la última fila del cine. Gracias por volverme creativa estrujándome la cabeza para hacer planes divertidos cuando no teníamos más dinero que los 6 euros de paga semanal. Gracias por cumplir todas mis fantasías de adolescente, como enganchar un candado con nuestros nombres en el puente a dos calles de mi casa, aunque ahora me parezcan ridículas.

Gracias a K por animarme a sacar la mejor versión de mí, terminé en ese voluntariado gracias a él y fue una de las mejores experiencias de mi vida. Gracias por enseñarme lo que era el sexo, el de verdad. Gracias por prepararme un baño de espuma enseñándome que el amor es también estar ahí cuando la otra persona ha tenido un día de mierda.

Gracias a A por quererme tanto a pesar de las diferencias. Por hacer que apreciara el country y el hip hop aunque antes me negara con cualquiera de ambos estilos. Por enseñarme a comprometerme por primera vez, por descubrirme el deporte aunque no le cogiera el gusto hasta más adelante. Por escribirme una canción. Ni la Carolina de M Clan ni la Eloise de Tino Casal se sintieron en su día lo mitad de especiales que me hiciste sentir.

Y, ¿por qué no? Gracias a R por ser tan impulsivo, por hacerme vivir un amor que hacía palidecer a las comedias románticas, por hacerme sinvergüenza y atreverme a lanzar el tanga por la ventana, por enseñarme, a su manera, el valor de la vida.

Cruzarme con ellos por el camino ha ayudado a que cada vez tuviera más claro el mío sabiendo que, aunque no iba a transcurrir al lado de ninguno de ellos, sería, tras compartir un trecho, un camino en el que me sentiría más cómoda, más completa en diferentes aspectos pero sobre todo más yo.

Y tú, ¿qué le agradeces a tu ex?

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

El día que se encontraron la pornografía y la realidad virtual

La realidad virtual parece no tener límites. De los videojuegos ha empezado a aparecer en sectores tan dispares como el de la salud llegando incluso a aplicarse en simuladores informáticos que ayudan a recuperarse a las personas que han padecido un ictus.

PIXABAY

Supongo que era solo cuestión de tiempo que en algún momento de la vida de la nueva tecnología informática, esta se cruzara por el camino con la pornografía.

Yo me cruce con ambas también en el Salón Erótico de Barcelona, donde conocí a Omar Rinaz de Virtual x Tube, que precisamente han averiguado cómo aplicar la tecnología de la realidad virtual a la pornografía creando una experiencia erótica totalmente novedosa.

Con unas gafas en las que colocas el teléfono móvil, cualquier dispositivos es capaz de reproducir la vivencia. ¿Su punto de partida? Los videojuegos, el sector donde empezaron.

Dentro del boom de la vr, cualquier aplicación novedosa supone estar a la última, lo que precisamente les animó a lanzarse al nuevo sector.

“Hemos producido algunos vídeos” me dice Omar mientras pruebo la experiencia interactiva del striptease que, además de situarte virtualmente a solas con una mujer, propone diferentes opciones en una especie de Sims sexual.

Tanto él como sus compañeros se decidieron a tirar por la industria del cine X a partir de que floreciera la realidad virtual ya que es una tecnología que resulta atractiva para todo el mundo, “aunque sí que es verdad que los más jóvenes tenemos más acceso a la tecnología” me dice Omar.

La experiencia virtual, para él, a diferencia de una película porno convencional “tiene un valor añadido. Cuanto más interactivo es algo más valor tiene“.

Su compromiso, aunque no saben cuáles pueden ser las fronteras de su idea, es hacerlo “lo más ético posible”, aunque se encuentran a la espera de productoras o gente interesada ya que no son expertos en el contenido audiovisual.

La principal diferencia para ellos es que producir un vídeo de estas características requiere menos complicación ya que es menos técnico que un videojuego. 

Si el negocio está en Internet y la mayor parte de internet es la pornografía, “ahí hay dinero” me dice Omar. “Con la tecnología te abres al mundo” afirma, y en su caso bien es cierto, ya que se abre un mundo erótico lleno de posibilidades. 

¿Estamos ante la nueva manera de consumir pornografía?

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Sobre ceder el asiento cuando te duele la regla

Son las ocho y media de la mañana. Cojo el metro y, providencialmente, consigo hacerme con uno de los preciados asientos. Quienes cojáis la línea 6 a esas horas sabréis de lo que hablo.

Y digo providencial porque ahora mismo siento como si una especie de mano gigante invisible estuviera escurriendo mi útero.

PIXABAY

Cierro los ojos, respiro hondo y procuro olvidarme de la sensación de presión que hace que quiera llorar. Tardo poco en llegar a mi parada por lo que tendré que volver a ponerme de pie en un rato.

Una parte de mí va un poco agobiada por si entra una persona mayor o una mujer embarazada, agobiada porque, por mucho que lo sienta, que me hayan educado a dejar mi sitio libre ante alguien con preferencia y que conscientemente sepa que esa persona también lo necesita, me encuentro mal e ir de pie solo consigue que, cuando estás con dolor, aumente la sensación de aplastamiento.

Si, como yo, sufres reglas dolorosas, sabes de lo que hablo, y si, también como yo, te mueves en transporte público, estarás más que familiarizada con esa urgencia de necesitar sentarte porque notas que te van a fallar las piernas de un momento a otro.

Y, sin embargo, no hay asiento con preferencia para cuando estamos en ese momento crítico en el que es como si una daga perdida se abriera paso a machetazos en tus entrañas.

De hecho hace poco, le comentaba a una amiga que cuando me pasaban esas situaciones, que una vez al mes me suele coincidir algún ataque de dolor en el transporte, si me sentaba lo hacía con culpa y hasta un poco angustiada.

Que incluso no me preocupaba por disimular la cara de “encontrarme mal” para que no me pidieran ceder el asiento.

Mi amiga me hizo reflexionar sobre lo tremendo que era que si no me encuentro bien me sienta en la necesidad de dejarlo ver para que mi dolor sea creíble (la historia de las mujeres en este país en realidad, si no manifiestas dolor o descontento no lo estás pasando mal) en vez de, en el caso de que me lo pidan, decir que realmente necesito ese asiento.

Y todo porque nos encontramos en una sociedad que juzga sin saber si esa persona puede estar indispuesta. Rápido se increpa y normalmente no es la persona que necesita el asiento sino alguna de al lado, que “Cómo es posible que no se deje el sitio”, que “Estos millennials…”.

Mi decisión es que desde ahora, si se vuelve a dar el caso y por lo que sea me lo piden, responderé con toda la tranquilidad del mundo que lo siento pero no, que estoy con la regla y que me está doliendo la tripa a morir, que necesito ir sentada, pero que puede hacerle la misma petición a cualquier otra persona del vagón.

No nos van a dar un asiento de preferencia para cuando notemos el dolor, eso lo tengo asumido. Pero si te encuentras mal, mal de esas veces que tú y yo sabemos, dilo sin vergüenza, porque no tienes que abochornarte de estar con la regla y yo, sin ir más lejos, ya me he cansado de ir ocultándolo como si no pudiera demostrar debilidad física en ningún momento si realmente me estoy sintiendo indispuesta.

Vamos a decir: “Esto es lo que pasa, es lo que hay, y me duele de narices. Hazme el momento un poquito menos difícil y déjame tranquila mientras fantaseo con extirparme el aparato reproductor con las llaves de casa”.

Y, por supuesto, si estando en el otro lado, sentada sin ningún tipo de malestar, cualquier mujer me pide que le ceda el sitio porque se encuentra en el episodio crítico, que tenga claro que no voy a dudar un segundo en levantarme.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Cómo sé si es el momento de mudarme con mi pareja?

Estoy en ese punto en el que parece que regalan los alquileres con las cajas de cereales, ya que la mayor parte de mis amistades se encuentran compartiendo piso o en vías de hacerlo próximamente.

Mudarte con tu pareja es EL PASO de los millennials, una generación que se caracteriza por la falta de compromiso (y las infinitas suscripciones al gimnasio lo demuestran). Pero no es algo que suceda a la ligera.

PIXABAY

Tomar la decisión significa que, prácticamente, tienen que alinearse los planetas, ya que tienen que coincidir el momento, el lugar, la persona y, sobre todo, la situación económica. Llamadme poco romántica, pero como decía Marilyn Monroe “Un beso puede ser grandioso, pero no va a pagar el alquiler de tu pisito”.

Sin embargo, pongámonos en que eres mileurista y que puedes permitite el lujo de terminar en un estudio de 30 metros cuadrados. ¿Tu relación está realmente preparada para dar el paso?

Según la consultora de pareja Lesli Doares, que habló con Bustle acerca del paso de mudarse juntos, “la cosa más importante de la que se debe ser consciente antes de dar el paso es tener claro el motivo por el que se está haciendo. Si es porque, conscientemente, se elige llevar la relación al siguiente nivel, genial, pero si es por otras razones como que ya pasas toda la noche con tu pareja o porque estás más cerca del trabajo o porque quieres cambiar el piso” mejor echar el freno.

Mantener una relación necesita acciones, no intenciones y va a requerir mucho trabajo por parte de los miembros de la pareja.

Si funcionáis bien viajando, durmiendo juntos o cohabitando varios días armónicamente, puede ser un buen indicativo, pero para saber cuál es el momento puedes prestarle atención a las señales que demuestran que en vuestra pareja os encontráis listos para dar el siguiente paso.

Algunas cosas a tener en cuenta antes de hacerlo es hablar del dinero, ya que tienes que organizarte con tu pareja a la hora de cubrir gastos ¿Cómo va a ser el pago de la casa? ¿Y las facturas?

Descubrirás nuevas diferencias que pueden hacerte la vida más o menos sencilla o incluso hábitos extraños del otro, pero si son cosas que conoces ya o que al descubrirlas las aceptas y te ves capaz de vivir con ellas (o de ponerlas sobre la mesa para que las cambie), tendréis mucho ganado.

De hecho, ser capaz de sincerarse, de tener una buena comunicación y ser capaces de hablar de vuestras necesidades es fundamental, no solo para resolver discusiones sino para llevar la relación de manera sana.

Aunque tu anterior estilo de vida puede cambiar un poco, es vital mantener la independencia así como aprender a daros espacio manteniendo vuestros intereses o incluso vuestro lugar dentro de casa.

Y, por supuesto, tener encendida la chispa como compromiso de ambos. Hay que tener claro que no todo va a ser un camino de rosas antes de pasar al siguiente nivel, pero hay un común denominador que lo puede todo.

¿El ingrediente fundamental? Las ganas, la disposición de querer trabajar en ello. Si tienes eso, y mucho amor, lo tienes todo ganado.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Las razones por las que nunca quedas (ni quedarás) con tu ‘match’ de Tinder

“Tinder está fatal”, empezó a comentarme un amigo de pasada. Perfiles sin trabajar, dos fotos descuadradas… Y luego está que te hagan match. Si tienes la suerte de coincidir, es probable que se quede en un saludo sin respuesta. 

Otra amiga metía en el saco a las personas que, si no contestas inmediatamente, te escriben varios mensajes a la vez terminando con un “Hola? :(“, lo que hace que pasen automáticamente a la categoría de next.

La realidad idílica si usas Tinder

También otras que, al poco de empezar a hablar, empiezan con algo grosero o sacando en la conversación las (grandes) partes de su anatomía. O por ejemplo, sabemos de la existencia de esos individuos que, nada más abrirse la opción de chat, mandan una foto-polla.

Ambos coincidían en aquellos matches que se cancelan o gente que, al poco de hablar, desaparecía misteriosamente de la aplicación para volver días más tarde y que te volvían a escribir como si nada con “estaba hasta arriba/me fui de viaje/estaba de vacaciones pero me gustaría quedar contigo”.

Y en muchos de esos casos, continúas la conversación que es más diálogo de besugos que otra cosa, hasta el momento de “¿me das tu móvil?” cuando te das cuenta de que, en realidad, tampoco te gusta tanto.

Tinder está fatal y se nota en las citas opina mi amiga, las citas que nunca llegan por motivos de agenda (es imposible ponerse de acuerdo), te da plantón (la otra persona decide no aparecer en el último momento) o se cancela tantas veces que se te antoja tan complicado que pierdes las ganas que podías tener de conocerle.

La conclusión es que, aunque no queramos pensarlo, puede llevarte miles de swipes colocar a una sola persona enfrente de ti en una cita, algo que resulta bastante desalentador y frustrante.

La realidad es que Tinder es agotador. La cantidad de gente, mensajes, y sobre todo, tiempo que debes invertir para pasar del “Hola” virtual al saludo en la vida real puede llegar a ser agobiante.

Y si nos cansa tanto, ¿por qué seguimos usándola? Algunos estudios han conseguido arrojar un poco de luz al respecto.

La compañía financiera LenEdu estudió a 3.800 millennials entre 18 y 22 años de los cuales el 72% eran usuarios de Tinder descubriendo que la mayor parte, el 70%, no habían conocido a ninguno de sus matches.

Cuando se preguntó los motivos de usar la aplicación, “buscar una relación” o “echar un polvo” quedaban en tercer lugar siendo “subir la autoestima” la categoría ganadora.

La aplicación para ligar se ha convertido en una herramienta de validación. Y si no pensemos en las ocasiones en las que hemos consolado a nuestra amiga o amigo porque el match no ha sido recíproco o cuando has celebrado que se lo hayan devuelto.

Entonces, ¿es Tinder el nuevo sandwich de cumplidos? Abres la aplicación y encuentras mensajes de gente desconocida alabando tus ojos o tu sonrisa, en definitiva, dándote un nivel de atención que te pone el ego por las nubes mientras continuas disfrutando de la soltería.

Y es que un estudio de la propia app que entrevistó a una muestra de 1.000 personas solteras entre 18 y 25 años, reveló que el 81% coincidía en que carecer de pareja era una ventaja en todos los aspectos de su vida (más tiempo para trabajar, para dedicarle a las amistades, a las aficiones…).

Ya que la mayoría de esas personas decían encontrarse sin pareja a propósito, eso convierte a Tinder en una manera de hacer llevadera la soltería, sintiendo que seguimos en el campo de juego sin necesidad de hacer realmente nada.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

“Por no habernos querido a tiempo”

Puede que las heridas del corazón necesiten cuidados intensivos, pero hay quienes hemos encontrado en la escritura una terapia. Hoy os traigo una pluma invitada que, por mucho que se preocupa más por la tinta impresa en los guiones, sabe también cómo usarla para cicatrizar(se).

PIXABAY

Almas.

Hemos viajado por un tiempo y un espacio que ha visto fuego y luz en todos lados. Sobrevivido a universos y vidas que desconoce cualquier humano.

Eones que siempre terminan con nuestros besos y cogidos de la mano. 

En este tiempo, en estos cuerpos, nuestros almas no se han encontrado. Nunca se han perdido, pero en esta historia, nos hemos varado.

Asumir que nos tendríamos, fue el principio del comienzo de este inicio.

De un inicio que terminaría con un final extremo. Donde la meta no sería, sino el epílogo de nuestro libro.

Uno de hojas en blanco sin historias para contar una vida que cuente. Un libro lleno de vacío. Un libro que solo tiene la marca de nuestros nombres en la solapa.

Con un lomo tan grueso y distante que como el destino, en esta edición, impide que ambas partes se unan.

En este libro vivimos.

En este cuerpo, donde no somos más que una marca. Almas que olvidaron lo que aprendieron en mil vidas. Perdidas en cuerpos que se deshacen con los años.

Llenos de sueños, llenos de llantos. Por no habernos querido a tiempo. Por no habernos valorado. Por todo: nunca nos amamos.

Señor Origásmico.

“Somos el eBay de las bragas usadas”

Si hablamos del fetichismo de bragas usadas es probable que venga a tu mente la imagen de las máquinas expendedoras que todas las personas que han estado en Japón afirman haber encontrado por las principales ciudades niponas.

FACEBOOK PANTY.COM

Pero no hay que ir tan lejos, los fetichistas de ropa interior femenina usada no necesitan mirar hacia el país del sol naciente, ya que, como pude comprobar, en España el mercado de compra y venta de bragas está en plena ebullición.

Todos conocemos casos por redes sociales de intercambios con algún seguidor que te manda un privado preguntándote por esos calcetines, sin embargo yo os hablo de algo mucho mayor y, también, mejor organizado.

En una de mis vueltas por el Salón Erótico de Barcelona me encontré con Elsa Angulo, a quien entrevisté como portavoz de Panty.com, una web que pone en contacto a las vendedoras (que en este caso también son productoras) con los clientes.

Si bien el pago se da fuera de la web, ellos establecen la conexión entre ambos en un espacio seguro, que es el portal. ¿El negocio? Una cuota prémium de 15 euros que solo deben pagar los consumidores si quieren acceder a los artículos en venta.

Además de tomarse la privacidad de las vendedoras y los clientes como prioridad, el sitio da libertad a la hora de hacer el negocio ya que “tú pones el precio, aunque depende de lo que hayas hecho con las bragas puestas“.

De esta manera, si un precio base puede ser de 20 o 25 euros muchas aumentan la cantidad en función de si han ido al gimnasio o si se han masturbado por poner unos ejemplos.

Lógicamente la historia de las bragas vende, por lo que es recomendable hacer descripciones detalladas del producto a la venta para suscitar un mayor interés.

“Solo necesitamos un correo electrónico y en tres minutos puedes tener tu tienda” me dice Angulo. Aunque empezaron con las bragas “luego se extendió. Tienen cabida otras prendas” como es el caso de calcetines o calzado usado para los fetichistas de pies.

Además, como en una especie de TripAdvisor lencero, los consumidores pueden dejar opiniones sobre lo que han adquirido (si el envío fue rápido, la comunicación sencilla…).

No solo encontramos prendas lenceras dignas de desfile de Victoria’s Secret, sino que, como me confirma Elsa Angulo “también hay bragas muy normales”, ya que algunas vendedoras usan la plataforma como vía de salida de prendas más antiguas.

A la hora de conocer los patrones de consumo me dice que “un fetichismo es como un capricho” y que lo mismo tienen clientes que compran seis o siete bragas en dos semanas hasta otros que solo una o dos al mes.

Independientemente de si nos atrae o no la idea de deshacernos de esa manera de nuestra ropa interior, ¿no es fascinante que haya quien disfrute de la feromona pura que resulta de un aroma corporal natural?

Como olfateadora profesional de los rincones del cuello de mis parejas, puedo llegar a entenderlo.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)