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Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘2018’

“Rompí con mi carnicero por machista”

“- Hay uno por ahí del barrio que te quiere violar– suelta mi carnicero a bocajarro a una chica que pasa junto al puesto de carne en el que trabaja.

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No conozco a la chica, pero hace ya diez años que acudo al mismo sitio a comprar, al mismo puesto del mismo mercado madrileño y casi siempre a hacer los mismos pedidos.

Sé que el hombre es de lisonja fácil, siempre en la punta de la lengua, preparada para disparar. Es de esos que siempre te tratan de ‘guapa’ tengas 20 o 70 años. Y si bien puede gustarnos más o menos según las clientas, una cosa es que pasemos esas confianzas por alto en bien de las compras, que ese tipo de comentarios.

Por muy neutra que me pueda considerar, correcta y tratando de evitar conflictos que puedan ser esquivables (que ya bastante nos pone la vida por delante como para ir buscando el enfrentamiento) no pude quedarme callada ante semejante apreciación.

– Hombre, yo creo que la cosa no está como para que hagas ese tipo de comentarios teniendo en cuenta la cantidad de mujeres que denuncian abusos sexuales– le digo tratando de hacerle entender que hay límites que uno debe procurar respetar, y más en el trabajo.

Él, no solo responde a la defensiva esgrimiendo las denuncias falsas como si fueran su blasón de batalla, que debiera defender a toda costa. Prefiero no meterme en que esas denuncias, de las que él tan orgulloso se siente, no llegan al 0,01% de todos los casos denunciados a las autoridades (ya os ha quedado claro que evito el enfrentamiento). Pero él sigue, hinchado, imparable, arrollador:

– Además, yo sé por qué lo digo. A esa también le gustaría que la violara. Y, entre tú y yo, te digo yo que no gritaría– me dice como de confidencia, socarronamente, ebrio de su ego, satisfecho de su comentario de ‘machito’.

Y pienso que no hay derecho en que nadie haga ese tipo de comentarios de ningún ser humano, y menos a una clienta en su puesto trabajo. No hay derecho en que alguien considere que puede agredir a otra persona, forzarla a hacer algo que no quiere utilizando la violencia, por mucho que lo utilice como broma.

Era como si me hubiera dicho que a esa persona también le habría gustado ser torturada por él.

Como si me hubiera dicho “a esa también le gustaría experimentar los efectos del gas mostaza personalmente, y entre tú y yo, no gritaría ni con las quemaduras químicas por la cara” o ” a esa le habría gustado que le pusiera inyecciones intravenosas de soluciones con yodo y nitrato de plata, y te digo que no gritaría, no, ni aun con la hemorragia vaginal o el cáncer cervical“.

Porque lo que tienen en común esas prácticas con la violación es que todas son crímenes contra la humanidad. Y si ya de por sí son deleznables, no me parecen para hacer un chiste de ellas.

Me di cuenta de que, después de tantos años trabajando en una carnicería, mi carnicero había terminado viendo a las mujeres como un pedazo de carne, como esos con los que estaba tan habituado a tratar.

Cogí mi pedido, uno de los más habituales que llevo haciendo en estos diez años que llevo yendo a su puesto del mercado, y me fui. Ya que a él le parece bien bromear con el abuso hacia las mujeres, a mí me parece mejor no volver a comprar en su tienda.

(Solo espero que después de lo revuelta que llegué a casa por su comentario, no me sienten mal los filetes de ternera)”

El texto ha sido extraído de la carta “Rompí con mi carnicero por machista” de J. A. para El blog de Lilih Blue

¿Ropa interior especial para comerlo mejor?

Las mujeres tenemos tres veces más probabilidades de alcanzar el orgasmo si nos practican sexo oral, algo nada desdeñable teniendo en cuenta que en pleno acto el orgasmo ni lo olemos (o al menos las clitorianas).

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Pero cuando llega la hora de que el acompañante visite el piso de abajo, hay mujeres que se cierran en banda (y de piernas) por pudor, vergüenzas o esas rayadas mentales relacionadas con inseguridades absurdas que nos entran en el momento más inesperado del tipo “tengo las ingles oscuras, ¿debería blanqueármelas? ¿Y si piensa que soy un monstruo por no llevarlas brillantes como unas cortinas recién lavadas?”.

Pelos, la forma de nuestros labios o, en el caso de una amiga mía, olores. La cosa es que muchas encuentran algo que les frena y no les permite disfrutar del momento.

Para “darles ese empujón de seguridad que les falta” a las mujeres que ponen pegas aunque en realidad quieren tener sexo oral, Melanie Cristol, fundadora y CEO de Lorals, ha creado una braga ultra mega fina (tan fina que si la viera tu abuela le metería un bocata entre pecho y espalda) para que puedas tener un sexo oral digno en el que no te avergüences de tus partes pudendas y tu pareja pueda lamer tejido textil sin traumatizarse por la experiencia.

Aunque la creadora de estas bragas asegura que no es su intención fomentar el body shaming, yo no veo otra cosa que un producto que esconde algo que forma parte de nuestra sexualidad y que debemos aceptar desde pequeños.

Yo no digo que comer entrepierna después de una noche de fiesta sea algo agradable (para ninguno de los dos), pero es tan fácil como recurrir al agua y al jabón (ya lo decía mi antecesora Pepa Miravet en su entrada Sin agua y jabón no hay bajada al pilón).

Si el objetivo de esta lencería es “evitar la brecha orgásmica” no me parece la mejor manera de hacerlo. Una fibra que evitara el contagio de enfermedades sería mucho más interesante como propuesta a la hora de tener sexo oral, ya que tampoco existe nada del estilo en el mercado.

Desde luego tiene mucha más utilidad que fomentar la idea de que los flujos, olores o formas femeninas deben ser algo que se acepta mejor si no están ni a la vista ni al alcance de la lengua.

Duques Doslabios.

Analizando al ‘gatomuerto’: el nuevo tipo de hombre

Hoy voy a romper un poco con el espíritu romántico característico de la jornada para poner sobre la mesa una cuestión social que nos tiene tanto a mi círculo de amigas como a mí muy intrigadas.

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De un tiempo a esta parte se da un tipo de comportamiento dentro del género masculino que nunca se había conocido antes.

Llegas a la discoteca o pub de turno y al cabo de un rato te encuentras con un hombre atractivo con el que entablas conversación. No es de esa clase de charlas a voz en grito en la que se cruzan cuatro palabras antes de ir directamente a ocupar la lengua con otros menesteres, no.

Es una conversación completa, digna de tertulia modernista, de casi horas, de debate, descubrimiento de mismos intereses, de averiguar que el susodicho también veranea con sus padres en Cartagena, de, sorprendentemente, ver que a ambos os une la pasión por el cultivo de los bonsáis enanos.

Y después de aquella conversación en la que mentalmente ya te imaginas yendo a un altar rodeado de bonsáis enanos (por aquello de vuestra primera cháchara), te pide el número de teléfono, algo que le das de mil amores y casi terminando cada cifra con el emoticono de corazón.

Al día siguiente esperas feliz como una perdiz su llamada. Porque claro, ¿cómo no te iba a llamar? Como si fuera a encontrar tantas aficionadas de los árboles enanos que se toma las cervezas en ese bar del Ensanche. Pero pasa el día, pasa otro y nunca recibes ni llamada, ni WhatsApp ni nada. Es como si hubiera surgido de tu imaginación.

Pero no desesperes. Simplemente te has topado con un ‘gatomuerto’ en tu camino.

El ‘gatomuerto’ (nombre inventado por un conocido al que le pregunté por este fenómeno) es un varón de cualquier edad que, pese a encontrar a su interlocutora de interés (incluso se conocen casos en los que hubo intercambio de besos), a la hora de retomar el contacto, no da el paso.

Es gato, ya que reconoce la noche como su territorio, sabe cómo moverse y se anima a jugar con otras gatas, pero luego desaparece. Es la personificación del gato de Schrödinger, porque está vivo y muerto al mismo tiempo.

El fenómeno del ‘gatomuerto’ se puede evitar tan fácilmente como tomando tú la iniciativa. Aunque bien es cierto que si una vez establecida la conversación sigue sin querer mantenerla, tampoco debes forzarla (respeta siempre).

¿Es el ‘gatomuerto’ el nuevo rey de las calabazas? ¿Qué crees que se esconde tras su comportamiento? A ver si entre todos logramos conocerle en profundidad y aprender a interaccionar con él.

Duquesa Doslabios.

Planes para San Valentín si quieres huir de la típica cena romántica

El restaurante elegante con velas está bien. Pero cuando llevas celebrando San Valentín en el mismo sitio durante los últimos cinco años aquello empieza a oler.

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Como enamorada madrileña, enamorada y madrileña, voy a contaros las que han sido algunas de mis citas favoritas en la capital que salvan la situación para el Día de los Enamorados:

  1. Entradas para un show: lo importante es salir de casa y disfrutar del espectáculo. Puedes sorprender a la otra persona con su grupo favorito, un comediante que hace monólogos en tu ciudad, una obra de teatro (también échale un vistazo a los musicales)… Los espectáculos de Jamming o Microteatro por dinero son algunos que encuentras en Madrid a precio asequible.
  2. Masterclass de cocina: así ninguno podrá poner como excusa que no sabe cocinar. Las ofrecen en diferentes escuelas y si rebuscas un poco en Internet, puedes encontrar descuentos. Una que funciona de maravilla es la escuela de Paco Amor.
  3. Ir a bailar: pero a bailar de verdad, no a ir a una discoteca. A bailar, como diría Sergio Dalma, pegados. Puedes ir al Templo, sobre todo si tienes más de cuarenta años, ya que el público es adulto; y si no sabes bailar, no tienes excusa en Azúcar Madrid. Con el precio de la entrada, que incluye una consumición, tienes la clase de baile.
  4. Spa casero es la idea perfecta para los que no puedan permitirse una cita por las nubes. Prepara en una cesta una vela, aceite, exfoliante, esponja, una buena lista de reproducción en Spotify y organiza una velada romántica en casa.
  5. Ver las estrellas, para lo que tendrás que alejarte un poco de la ciudad. Aprovecha que anochece temprano y pásate por la Silla de Felipe II. La carretera de noche es un poco liosa, pero será de las experiencias más románticas de tu vida. Eso sí, lleva una manta en el coche porque las temperaturas son muy bajas.
  6. Picnic con vistas para los diurnos. Coge manta, botella de vino y hummus y súbete al Cerro del Tío Pío (también conocido como Las Tetas de Vallecas) o al parque de Debod.
  7. Cine sobre ruedas: aunque este todavía no ha llegado a Madrid, fue una de mis aventuras en Valencia. El Autocine Star te permite entrar con el coche y ver la película desde el vehículo. Te sentirás como Sandy y Danny en Grease.
  8. Cata de vinos o de cervezas: si las que encuentras online te parecen un poco caras, puedes ir a las que se organizan en la Escuela de Agrónomos, a través de la Asociación Cultural La Carrasca, por 3 euros (no, no hace falta que le digas a tu acompañante el precio).
  9. Escapada de un día: aprovecha los sitios de interés turístico que tengas cerca. No es necesario que te atravieses la Península Ibérica. Coge un billete de autobús a algún lugar próximo y anímate a conocer Chinchón, El Escorial, Patones…
  10. Para los locos de la aventura lo mejor es una experiencia para liberar adrenalina. Prueba un juego de escape (en Dark Street van a hacer uno especial por San Valentín), un paseo en kayak por el río Sequillo en Lozoya, un día en la Warner o una visita al Parque de Atracciones.

Esto sirve para los que prefiramos crear recuerdos con nuestras parejas antes que recibir regalos, claro.

Duquesa Doslabios.

Querido joven consumidor de porno: lo que estás viendo no es real

A ti te escribo, que acabas de empezar, que acabas de descubrir qué es eso de la pornografía, ya fuera a propósito o de manera casual.

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Te cuento cómo funciona esto, o mejor, cómo no funciona. Porque una cosa que nadie te dice al empezar la película, que no aparece escrito en la descripción, en las etiquetas, es que lo que estás viendo NO ES REAL.

De hecho, su parecido con la realidad es el mismo que pueda tener una película de acción con la vida cotidiana. Si al acabar de ver Los Mercenarios no coges un arma y empiezas a disparar a la gente por la calle, después de ver una película porno no deberías considerar el sexo algo como lo que has visto en la pantalla.

Digo esto porque, a raíz del programa de este jueves en La Ventana, se hablaron de todos esos casos de niños menores que habían abusado sexualmente de compañeros. Y es, sin duda, este acceso descontrolado al porno, que se convierte en indirecto maestro de una generación inconsciente, un gran culpable de ello.

Y es que de sencillo, ver porno hoy en día, es pan comido. Nada comparable a cuando había que aprovechar algún desnudo con interferencias en alguna cadena de tres cifras en la tele aprovechando que los padres ya se habían ido a dormir.

Mejor ni hablemos, tampoco, de cuando había que ir al quiosco a pedir la revista impresa y si eras chavalín solo te dejaban comprar la TBO.

Ahora coges el móvil, la tablet, el ordenador, el reproductor de música o cualquier dispositivo que tenga acceso a Internet y ahí lo tienes. Barra libre de acción desnuda solo para tus ojos. Y no solo en color, sino a calidad Full HD, a 1080 p. A cualquier hora, momento y lugar.

Entonces pasa lo que pasa, que solo ves tetas inmensas, pubis depilados, mujeres boca arriba, boca abajo, que se muestran felices y satisfechas de recibir en la cara chorros de esperma. Pero a tus ojos lo hacen tan bien que no te quieres enterar de que las actrices porno son eso, actrices. Expertas intérpretes que se encargan de representar lo que sea que te pueda excitar.

Que para ti sean un producto de consumo, como lo son los capítulos de la serie que sigues en streaming o los videojuegos que te puedes descargar online para la consola, no significa que fuera de la ficción puedas objetivizar a la persona con la que vayas a tener intimidad.

Porque si tu manera de vivir el sexo es como la que te enseña el porno acabarás como tantos otros de 18 o 20 años, ya aburridos del sexo porque han vivido y probado tanto que ya no tiene gracia, no les estimula.

Sé que no es culpa tuya. Que aún no sabes distinguir lo real de lo que no lo es, y que tus padres que casi no tienen tiempo, se implican menos.

Pero has de saber que, por mucho que te guste el show, la mujer mucho más que un receptáculo y la sexualidad mucho más que algo genital.

Las relaciones (erróneas) que puede que tengas antes de sentar cabeza

Si eres de las afortunadas que dio con el hombre de su vida a la primera, es posible que no cuentes con el “Pasillo de las Conquistas Fallidas” en el que se exponen nuestras relaciones que no anduvieron a buen término.

Son ese tipo de hombres (hablo de hombres porque, como mujer heterosexual, mi relación es con ellos. Pero este artículo funciona igual de bien a la inversa) que te has encontrado o seguramente encontrarás y pensarás que es una buena idea salir con cualquiera de ellos. Pero no.

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El vendemotos: es un experto en comer oreja. Te dice todo lo que quieres escuchar. Ni siquiera sabías que estabas tan interesada en tener con él una escapada romántica, pero ha bastado que él lo mencionara para que no puedas quitártelo de la cabeza en todo el día. Todo es maravilloso en vuestra relación hasta que los planes nunca se realizan, pierde interés y te das cuenta de que todo lo que te había dicho este tiempo no es más que una gigantesca nube de humo.

El fóbico al compromiso: es oírte decir las palabras “relación”, “novio”, “estado de Facebook” y se sube por las paredes. Él está “viviendo el momento” disfrutando contigo. Te desarmará con frases del tipo “no creo en las etiquetas”. Ten en cuenta que puedes pasártelo bien durante un tiempo pero la cosa no irá a más.

El polo opuesto: te justificas pensando que los contrarios se atraen pero la verdad es que esa persona es tu antítesis. Tú de playa, él de montaña, tú de indie, él de reggae, tú de Stranger Things de Netflix, él de Mujeres y Hombres y Viceversa de Telecinco. No compartís ni gustos, ni aficiones, ni maneras de pensar. Ambos sabéis que por mucho que se sucedan las citas, es algo que no va a ningún lado.

El que mete quinta: acabas de conocerle, pero de repente está hablando de presentarte a sus padres, de las vacaciones del próximo año que podéis pasar en pareja y de que su prima se casa y le encantaría que fueras con él a la boda. Cuando estás sacudiendo la servilleta por encima de tu cabeza en el banquete, conociendo a esa persona solo de una semana, es cuando te preguntas cómo has llegado hasta ahí. Las prisas no son buenas.

El que absorbe: quiere, pide y repite. La relación es alrededor de la otra persona. Puede que para ti no sea el ombligo del mundo pero como para él sí, a ver quién es la guapa que se lo dice. Es un tipo de relación que te hará sentir emocionalmente exhausta. Algo que debe ser algo mutuo, si siempre es uno de los dos el que tira y el que da, está destinada al desastre.

El del Síndrome de Peter Pan: se niega a crecer, ya puede tener 27 o 37 años que seguirá comportándose como a los 17. Te choca la mano, viste con camisetas de adolescente y sigue viviendo de fiesta constantemente pese a que ya tiene canas en los laterales de la cabeza. Aprenderás con ellos que la edad no es garantía de madurez.

El intermitente: estar con una persona que te cambia según el día es algo de lo que ya nos previno Katy Perry: “Cause you’re hot then you’re cold. You’re yes then you’re no. You’re in then you’re out. You’re up then you’re down“. Lo más probable es que te acaben volviendo loca con tantas idas y venidas. Nunca te hará sentir estable y no sabrás a que atenerte con eso de que de repente te está encima y al poco desaparece durante varios días.

Duquesa Doslabios.

Las mejores posturas del Kamasutra para un momento de pasión en el coche

Vale que no es el lugar preferido de la mayoría de nosotros, que solemos estar más cómodos cuando tenemos espacio para revolvernos.

Pero como nunca se sabe cuándo te puede pillar el calentón, y porque le estamos cogiendo el gusto a esto de ser esporádicos, aquí están las posturas con las que mejor te apañarás en la parte de atrás del coche. Echa hacia delante los asientos, sube el volumen de la radio y enjoy the ride.

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  1. La flor de loto: mientras él se sienta con las piernas cruzadas, ella se coloca encima de él rodeándole con las piernas y los brazos. Es perfecto para ocupar el mínimo espacio posible y para estar cara a cara con la pareja.
  2. La vaquera: pero si no le ves mucha movilidad a la postura del loto, puedes convertirla fácilmente en la she´s on topAl liberar las piernas y los brazos hay más facilidad de movimiento y se pueden aprovechar los apoyos del coche tales como los respaldos o asideros laterales.
  3. El perrito alternativo: aprovechando que los asientos de la parte de atrás están unidos, ella puede ponerse mirando hacia una de las ventanas mientras él se pone detrás. Como esta postura suele acelerar las pulsaciones y hacer que el coche termine como el de Jack y Rose en Titanic, se puede abrir la ventanilla por la que mira ella. No solo ventila el coche sino que hace que ganemos espacio si sois una pareja alta. Aunque antes de asomarte, vigila que no esté pasando nadie.
  4. El respaldo: ella debe pasar primero a la parte de atrás y “abrazarse” al respaldo de uno de los asientos mientras él se sitúa por detrás. Generalmente es más cómodo el asiento central ya que no tiene el reposacabezas tan grande como los de los laterales. Pero si no terminas de apañarte, puedes hacerla también usando como respaldo uno de los asientos delanteros.
  5. El misionero: un clásico que también podemos hacer en el coche si nos gusta mantener el contacto visual con nuestra pareja. Será más o menos cómodo para nuestras cervicales en función del tamaño del vehículo.

Duquesa Doslabios.

“A los 50 lo que quieres es dormir”

Firma invitada M.C.M.E. para El blog de Lilih Blue

“Cuando nos enamoramos, queremos compartir todo con esa persona: nuestros sentimientos, intelecto y apetencias sexuales giran a su alrededor. Nos las prometemos felices y nos lanzamos a una vida en pareja, mediante contrato o sin él. La duración del enamoramiento es limitada: “no es bueno estar en la nube todo el rato” nos aseguran los expertos en química cerebral. Pero el amor permanece y nos aventuramos en una etapa criando hijos, que llenarán nuestras noches y días.

GTRES

Nuestra vida como pareja se puede ver reforzada o debilitada, porque nuestra prioridad son esos pequeñines a los que hay que cuidar. Vamos sumando aniversarios mientras los hijos crecen. Tal vez ya ni los celebres, o te regale, después de olvidarse los últimos años, un jersey horroroso y le dices que muy bonito, (pobre, que ya que se acordó).

Con el paso del tiempo cimentamos la soñada vida común, acumulando experiencias gratificantes y agravios. Las discusiones pueden ser un “más de lo mismo”, porque, nuestra memoria, no permite que nos olvidemos de antiguos rencores, que saldrán una y otra vez, cuando surja un desencuentro.

Nos volvemos tan previsibles, que es fácil dejarnos llevar por la rutina. Es posible que un silencio denso, insoportable, esté multiplicando la distancia, a una escala cósmica, del espacio que separa las butacas en las que sentados, veis alguna pantalla. Y pasan lustros, décadas, y te ves en la mitad de tu vida, con el tiempo lleno de ocupaciones.

¿Y el tiempo para el sexo? Las amistades te dicen: “A los cincuenta lo que quieres es dormir, o prefieres leer un libro antes que ponerte al tema, o tienes más ganas que tu pareja, que ya casi ni te mira“. Igual estáis instalados en la falsa calma de los que llevan tiempo juntos y apenas comparten sus inquietudes y mucho menos sus ilusiones, y ya ni siquiera discuten porque les parece un esfuerzo inútil, y el sexo esporádico.

Como dice la canción de Luz Casal: “Y no me importa nada, nada…escucho tus bobadas acerca del amor y del deseo… Que rías o que sueñes, que digas o que hagas… Por mucho que me empeñe… Que vengas o que vayas…”

La pareja necesita tiempo para compartir ideas, afecto y el deseo sexual, porque si no, su vida puede resumirse en un compartir piso, con derecho a roce o no. Buscar tiempo para los dos, para hablar de lo que pensáis y sentís. Poner en común para mejorar. Elegir actividades para disfrutar juntos. Planificar un viaje. Revisar todo lo que se puede cambiar. Olvidar lo que no permita avanzar. Organizar una cena o comida romántica de vez en cuando. Hacer todo aquello que os impulse a seguir adelante juntos, porque creáis que merece la pena.”

Los errores que cometes (sin saberlo) cuando practicas sexo anal

De la serie Los errores que cometes (sin saberlo) cuando le haces una felación, y Los errores que cometes (sin saberlo) cuando le haces un cunnilingus, llega el tercer volumen para todos los que tienen curiosidad acerca del sexo por la puerta de atrás.

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“Las cosas no están bien por hechas, sino por bien hechas”, una máxima que deberás aplicar a la hora de tener sexo anal ya que estos son los errores más comunes a la hora de ponerse manos a la obra:

  1. Estresarse: el acto de ser enculado empieza en la mente. Para comenzar hay que estar mentalizado de que es una práctica sexual como cualquier otra, que no tiene nada de malo y cuyo fin es el placer. Aquí hemos venido a pasarlo bien.
  2. No ir al baño antes. No digo inflarse a laxantes, una limpieza de colon o usar una pera para ducha íntima. Basta con que hayamos ido al baño un par de horas antes para que tengamos el camino despejado. Y por supuesto lavarnos la zona con agua y jabón.
  3. No excitar. El recto es un músculo, y aunque mentalmente no lo podemos controlar podemos conseguir que se relaje. ¿Cómo? Estando excitados, por lo que lo mejor es estar estimulando el clítoris de manera continua de principio a fin.
  4. No lubricar adecuadamente o directamente no lubricar. Si no hay una adecuada lubricación puede ser la primera y última vez que practiques sexo anal. Piensa que el recto está diseñado como vía de escape, no como zona de carga y por tanto no se humedece naturalmente.
  5. Usar lubricantes de base oleosa es mucho más incómodo que usar uno de base acuosa. El lubricante a base de agua no se convierte en algo pegajoso, y aunque hay que reponerlo más a menudo, es preferible a la hora de tener sexo anal.
  6. Meter el pene directamente. Al ser un músculo, hay que acostumbrarlo previamente. Se puede empezar metiendo un dedo delicadamente (prohibido llevar uñas largas) y una vez entre sin problema pasar al pene.
  7. No usar condón. Independientemente de que a través del ano no exista riesgo de embarazo, sigue siendo una vía de contagio de enfermedades de transmisión sexual, por lo que el condón, además de más higiénico, es obligatorio.
  8. Ser impaciente. Esto no es como el sexo vaginal, no se puede meter nada rápido. Hay que tomarse su tiempo por lo que escoge un momento en el que no tengas ningún tipo de prisa y puedas dedicarle la atención que se merece.
  9. Dar duro. Esto no es una película pornográfica en la que los actores puedan meterse una berenjena por el ano sin sentir ni padecer, por lo que es muy importante la gentileza y ser delicado. El sexo anal es una cuestión de confianza, ya que confías plenamente en que la otra persona va a parar si a uno le duele. Recuerda que el dolor es una señal de que algo está yendo mal. Es mejor parar y volver a empezar varias veces antes que arriesgarse a un desgarro.
  10. La posición inadecuada. Para creativos en la cama ya está el sexo vaginal. En el anal el receptor debe estar relajado, por lo que las posturas más cómodas son la del perrito o tumbados medio de lado. Esta última hace algo más tediosa la penetración pero es la que permite que el receptor pueda estimularse cómodamente mientras el otro trajina a sus espaldas.

Una vez está entro, solo queda disfrutar de los orgasmos estelares, ya que la sensación de placer es mucho más intensa que durante la penetración vaginal (recordad que el clítoris no debe abandonarse en ningún momento), y, también, aguantar las ganas de ir al baño, que son algo normal y simplemente fruto de lo que está pasando detrás.

Duquesa Doslabios.

Las 10 tradiciones pasadas de moda que deberían volver en las citas

Como melancólica amante de lo vintage hay una serie de normas que deberíamos recuperar de las citas que podían tener nuestros abuelos y que, con el tiempo, se han perdido (aplicándolas a la manera que tenemos ahora de pensar respecto a relaciones y géneros, claro).

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Antes, las citas no eran tan impersonales sino que la interacción era mucho más directa de la que vivimos actualmente. No había Whatsapp, Facebook, Twitter ni manera de enterarte de los gustos de la otra persona que no fuera hablando, hablando y hablando.

  1. Llamar por teléfono: y dejarse de teclear. La comunicación a través de la pantalla hace que se pierdan muchos matices, algo que pasa en menor medida si escuchamos la voz.
  2. Vestirse bien: damos por hecho que con vaqueros y zapatillas podemos ir a cualquier lado cuando cuidar los aspectos de la vestimenta demuestra que le damos importancia a la situación.
  3. Llevar flores independientemente del género. Y si no le gustan las flores porque las considera bonitas pero inútiles (como es mi caso) tener otro tipo de detalles como un aguacate o cualquier cosa que se corresponda a sus gustos.
  4. Recogerle en casa también independientemente del género, especialmente si uno de los dos tiene coche y el otro no. Puede parecer algo nimio pero es un detalle que nos hace quedar maravillosamente y no cuesta nada.
  5. Sentarse a cenar en vez de quedar “a tomar algo” así como hacerle saber que estáis en una cita.
  6. Mantener el teléfono fuera de la mesa. Además de que es algo de muy mala educación se utilice con quien se utilice, en una cita el efecto es todavía mucho peor.
  7. Concretar: ni todo vale, ni todo es etéreo. Hoy en día parece que nos asusta llamar a las cosas por su nombre y dejamos abierto el paréntesis para no cerrarnos, pero es importante cerciorarse del punto en el que se está para que nadie se haga daño.
  8. Pequeños gestos de cortesía como ceder el paso, abrir una puerta, colgar un abrigo o pagar la cuenta que también puedes realizar independientemente del género. Recuerda que la buena educación no entiende de sexos, la galantería, ahora, tampoco.
  9. Escribir a mano una nota, una tarjeta o una carta, puede ser con una frase tuya o sacada de Internet si te cuesta encontrar la inspiración, pero esos obsequios son los tesoros favoritos de los que pecamos de románticos.
  10. Presentar a la persona, no ya solo a la familia, que cada vez vive más al margen de nuestras relaciones, también en el caso de que nos encontremos a alguien. No hacerlo es muy maleducado por nuestra parte.

Duquesa Doslabios.