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Así es el exclusivo club ‘solo para mujeres’ que busca visibilizar la bisexualidad

El descubrimiento de mi bisexualidad fue pasar de cero a cien. Más que nada porque ni sabía que era bisexual, solo que me apetecía hacer un trío por la excusa de tocar a otra mujer.

Además, tampoco es que tuviera amigas que se sintieran atraídas por experimentar con las que pudiera hablar del tema.

mujeres club exclusivo

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Mi alternativa era irme a un bar lésbico, donde sentía que podía ser considerada una ‘impostora’ por no tener muy claro ni mi propia orientación sexual.

Si añado que la mayoría de mis relaciones han sido con hombres, y la única vía factible de llegar a otras mujeres era o a través de experiencias a tres bandas o de visitar un club swinger, siento que me perdí muchas oportunidades de conocerme en el plano sexual.

La visibilidad LGTBIQA+ ha avanzado, y eso significa que hubo otra mujer que, como yo, se dio cuenta de que no existían muchas alternativas para nosotras, lo que suponía que había dado con un nicho sin explotar.

La diferencia es que Geneviève LeJeune se puso las pilas y creó Skirt Club, un club exclusivo para mujeres que diera la oportunidad de divertirse y explorar sin sentirse juzgadas.

«Quería encontrar a mujeres como yo, con curiosidad sobre otras mujeres y aprender de mi sexualidad. En ese momento había mucho estigma relacionado con la bisexualidad y no tenía muchas amigas con las que hablar del tema. Estaba buscando una comunidad con la que pudiera compartir esto y con la que sentirme identificada», me explica la fundadora del club.

Y es que, no es fácil explorar la sexualidad cuando va más allá de la heterosexualidad, que es lo que aún a día de hoy, se considera ‘normal’.

La propia cómica Hannah Gadsby reflexiona en su monólogo Nanette sobre que las lesbianas prácticamente no existían en la Tasmania de los 90, ya que tenían que irse de la ciudad porque podía ser encarcelada por homosexual.

Parte de sus chistes tiran por que si bien luego su presencia empezó a ser más evidente, tampoco se les hacía mucho caso.

Es algo sobre lo que también reflexionó el psicólogo José Alberto Medina en un artículo que publicaba hace unos días.

Nos han educado tanto en los binomios que fuera de la heterosexualidad, de que te gusten u hombres o mujeres exclusivamente, parece que no existe nada.

Por esa razón, «el club es una comunidad para mujeres bisexuales y bicuriosas y mujeres trans con vulva», explica Geneviève sobre su red global compuesta por más de 18.000 socias.

«Cuando te apuntas al club te creas un perfil similar a Facebook y puedes hacer amigas de cualquier parte. Además organizamos eventos para socializar y algunos tienen opción de jugar», comenta.

¿Por qué un club ‘Solo para mujeres’?

Sobre la estricta política de admisión, Geneviève tiene muy claro que su elección es clave para crear una zona de confort (que se encuentra fuera de la zona de confort del día a día).

«Los hombres tienden a dominar el espacio u organizarlo para su propio beneficio. A las mujeres no se nos da la oportunidad de considerar qué deseamos realmente. Muy a menudo ni siquiera ponemos nuestro placer como prioridad», opina la fundadora del club.

Por esa razón, ellos están excluidos: «Estamos diseñados para mujeres por mujeres. Hemos puesto nuestra felicidad por delante. Esto crea una sensación de seguridad y nos permite relajarnos, dejarnos llevar y conectar con nuestros cuerpos».

Claro que es común encontrar clubs swingers o clubs exclusivamente de ambiente para hombres, pero una iniciativa como la de Skirt Club es toda una novedad.

Sobre todo porque, por lo que comenta de los eventos, hay espectáculos de burlesque, invitadas especiales, cócteles exclusivos, champán y mucho glamour… Todo lejos de cámaras, otro elemento prohibido en sus fiestas.

«Creo que las mujeres se merecen un poco de lujo, un espacio bonito que nos permita sentirnos sexuales y nos anime a abrirnos. Mi impresión es que la mayoría de mujeres querrían tener una primera experiencia con otra mujer. Estamos más predispuestas que los hombres a probar con personas de nuestro mismo sexo. Somos tan suaves y sensuales… Es algo muy tentador», comenta Geneviève.

«Para nosotras, es más fácil explorar de una manera emocional y sensual con otras mujeres que con hombres», remata.

Londres, Nueva York, San Francisco, Los Angeles o Berlín son algunas de las ciudades donde el club ha tenido fiesta física, Barcelona será la próxima parada el día 22 de octubre.

Sobre la reacción de las participantes, la fundadora dice que es una «alegría que finalmente tengamos nuestro propio espacio privado. Durante siglos los hombres han tenido los clubs de ‘Solo hombres’ y ahora nosotras tenemos los nuestros».

¿Su objetivo con la expansión de Skirt Club por todo el mundo? «Normalizar la bisexualidad. Ha habido mucha vergüenza y estigma sobre ella durante demasiado tiempo y es algo que ha alejado a las mujeres de disfrutar su sexualidad y su placer. Es una desigualdad y debe cambiar.»

Mara Mariño

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No eres ni «heteroflexible» ni «heterocurioso», eres bisexual

Basta con escribir en Google el término «heteroflexible» para que la red nos regale lo mejor del concepto, artículos del estilo «Es posible que seas heteroflexiblel y no lo sepas» o «¿Cómo saber si tu novio es heteroflexible?».

PIXABAY

Este último me produjo especial curiosidad ya que lo que comenta es que heteroflexible es aquel hombre heterosexual que, siempre de manera puntual, puede mantener relaciones sexuales o afectivas con otros hombres.

Pero, ¿esto no es eso precisamente lo que engloba la bisexualidad?

Parece ser que «bisexual» era un término con el que los hombres heterosexuales no se sentían a gusto a la hora de definir sus paseos por la otra acera.

Independientemente si te has dado una vuelta rápida o si ha sido una buena caminata, de esas de pararte a mirar los escaparates y comprar algo, cambiar de acera, lo que se dice cambiar, has cambiado.

Es como afirmar que por tomar sushi de vez en cuando no se considera que te guste el pescado, o al menos es lo que vienen a decir las palabras «heteroflexible», «heterocurioso» o «bromance» que se dedican a dar vueltas sobre especificaciones nimias de si a los practicantes les gusta o no la penetración o si no besan pero sí que la chupan.

Una serie de jaleos innecesarios para categorizar algo tan sencillo como es que te puedas sentir atraído de una manera o de otra tanto por hombres como por mujeres (independientemente de los porcentajes o letras pequeñas que quieran añadirle al respecto).

Que surjan palabras para explicar conceptos que no existen como es el caso de hater, una palabra que tarde o temprano tenía que llegar a nuestro vocablo, lo entiendo, pero creo que no es el caso de la heteroflexibilidad.

Porque, en mi opinión, el hecho de tener que recurrir a esta palabra para explicar algo que lleva años existiendo es quizás la connotación negativa que pueda tener (todavía) la bisexualidad.

El estigma de que caigan los célebres «maricón», «bujarra», «reinona» o cualquier otro apelativo despectivo es demasiado grande.

Y para escapar, por lo visto, no queda más que la opción de inventar algo nuevo que no dañe la virilidad ni la estima de aquellos que se sienten inseguros con su propia identidad creando un término a estrenar, sin un pasado plagado de términos, que, más que seguramente, el propio heteroflexible (bisexual) incluso ha llegado a usar peyorativamente.

Las marcas sacando maquillaje masculino en envases oscuros o los botes de champú en negro o gris son los ejemplos de que, a estas alturas, de la importancia de la masculinidad. Porque todos sabemos que si un hombre se compra un champú cuyo bote sea de color pastel, se le caen los testículos y ruedan irremediablemente hacia el desagüe de la ducha.

Pero tranquilos, es muy español cambiarle el nombre a las cosas. Solo que por mucho que se llame «agresión sexual» sigue siendo una violación y por mucho que te definas como «heterocurioso» sigues siendo bisexual.

Duquesa Doslabios.

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