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Flirtear por mensajes, ¿la nueva infidelidad?

Cada pareja tiene una dinámica diferente, eso para empezar, pero al mismo tiempo la mayoría funcionamos con una línea parecida de división entre lo correcto y lo incorrecto.

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Por mucho que haya evolucionado desde los tiempos de nuestros abuelos la manera de relacionarnos -no faltan la mensajería instantánea o las redes sociales en nuestros noviazgos- algunas cosas se mantienen idénticas.

Un ejemplo sería escribirse con tono de flirteo vía mensajes privados de cualquier red social o mensaje instantáneo, algo que quizás no conocían ellos hace sesenta años, pero que ahora puede llegar a ser considerado infidelidad.

Esa es la conclusión a la que han llegado las sexólogas de Plátanomelón.com tras ver los resultados de una encuesta realizada entre sus usuarios, con el objetivo de conocer cómo funcionan los modelos de relación.

Si bien la monogamia en la que los miembros se guardan fidelidad continúa siendo el modelo más común, ante los mensajes, las personas encuestadas se mostraron tajantes. Más de la mayoría, un 57%, consideró infidelidad el flirteo virtual aunque no existiera un contacto físico.

Claro está que cada pareja puede interpretar esa manera de contactar de manera diferente. Para María Hernando, una de las sexólogas, “hay que diferenciar la infidelidad sexual de la emocional“.

Mientras que la sexual se refiere a toda actividad íntima física fuera de la pareja estable, la emocional ocurre cuando uno de los miembros de la pareja centra su tiempo y atención en alguien más.

Una vez en ese punto, cabría preguntarse hasta qué punto es una práctica honesta. En primer lugar, por mucho que haya quien piense que es inocente ligar vía WhatsApp, ya que no se busca culminar el flirteo, se están alentando las esperanzas de otra persona.

También se mantiene una relación a nivel íntimo, aunque sea vía móvil, con alguien que no forma parte del núcleo de la pareja. Y si todavía hay quien sigue sin ver maldad, solo queda reflexionar sobre por qué se hace a las espaldas cuando no tendría que haber ningún tipo de secreto en la relación.

Quizás hasta ahora era algo que muchos ni nos habíamos planteado, pero el trasfondo de crear algo con alguien a expensas del conocimiento de con quien tienes un compromiso, no puede ser ignorado.

Hablarlo es el primer paso según la sexóloga: “No podemos dar por sentado que nuestro compañero o compañera va a sentirse traicionado por lo mismo que nosotros. Por eso es importante la comunicación con la pareja para determinar qué prácticas o conductas concretas nos harán desconfiar o sentirnos engañados”.

Hablando rápido y claro, dejar decidido de antemano si es una práctica aprobada o si por el contrario, se considera engañar.

También creo que habría que hacer un poco de autocrítica y pensar por qué se mantiene esa relación vía WhatAapp. Quizás es porque algo no funciona en la pareja, lo que podría indicar que igual es el momento de tener una conversación.

Pero si lo que más pesa es la relación, cuidarla con honestidad y sin terceras personas (aunque sean vía digital) debe ser la prioridad.

Duquesa Doslabios.

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Amor ‘millennial’: carroñeros nocturnos y dónde encontrarlos

Que los millennials hemos perdido el romanticismo o las ganas de compromiso, es algo que no pilla a nadie por sorpresa.

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Ligar se ha convertido en algo más parecido a Los juegos del hambre, con un grupo de gente pendiente de su estrategia para sobrevivir sin salir muy malparada, que en el sencillo “¿Estudias o trabajas?” que usaban nuestros padres.

Dentro de la fauna que te puedes encontrar en el mundo del flirteo está el carroñero nocturno, una figura que puede encarnarse tanto en un hombre como en una mujer. Aunque como mi experiencia ha sido con depredadores masculinos, voy a hablar de ellos dando por hecho que, leyéndome, lo podréis aplicar a ambos sexos.

El carroñero nocturno es una criatura que se mueve, como su nombre indica, en la noche, concretamente en la franja horaria entre las 3 y las 6 de la mañana, que es cuando suele dar señales de vida y más que seguramente, vía WhatsApp o contestando a una de tus historias de Instagram.

Pero, ¿cómo analizar este patrón de comportamiento? ¿Qué es lo que quieren? ¿Alimentarse? ¿Marcar el territorio? ¿Reproducirse? Una mezcla de todo un poco.

La relación con el depredador nocturno es intermitente. Puede que coincidas de vez en cuando en otros contextos. Sabes que ha tenido el examen de las oposiciones y la otra persona que tú tenías una entrevista de trabajo, pero no llegas a preguntar qué tal ha salido, todo se limita a hacer caso omiso de la vida de la otra persona hasta que, de repente, la entrepierna pica.

El hecho de que se comuniquen a unas horas tan intempestivas prueba que el interés hacia ti es tan relativo como el paso del tiempo dentro de un Corte Inglés. Quien te quiere escribir, y esto lo sabemos tú y yo, te encuentra hueco por la mañana, por la tarde o en cualquier momento del día.

Pero cuando el contacto sucede a esas horas, y de manera habitual, hablemos claro, formas parte de la cara B de la agenda de contactos. Y te digo más, seguramente no eres más que una de las puertas de todo el vecindario virtual al que se encuentra llamando en el momento en el que recibes el mensaje.

El romanticismo de las películas de Netflix puede que nos haya enseñado que está con el teléfono pegado a su pecho desnudo mientras mira melancólicamente el techo de su habitación.

En la vida real esa persona está de juerga y, si la pesca ha salido mal, tú eres el pececillo que puede (o no) caer en la red de arrastre. No quiere tu conversación, saber qué tal te ha ido el día o si fuiste al restaurante italiano del que hablaste una vez. Quiere sexo, y lo quiere ahora.

Obviamente, la táctica que utiliza el depredador de madrugada no es real. Puede que sus frases te hagan pensar lo contrario, ya que como gancho puede utilizar algún comentario que te haga dudar de la veracidad de sus palabras.

“Creo que tendríamos que habernos conocido más”, “Estaba justo pensando en ti” o cualquiera del estilo no son sino otra cosa que el cebo listo para que piques el anzuelo.

Y por supuesto, un clásico de muchos cazadores nocturnos cuando ya no tienen más conversación a la que recurrir, la ‘foto polla’.

La ‘foto polla’ te llega sin que la pidas, sin que hayas mostrado interés y sin que la esperes. Pero está ahí, en tu pantalla. Las hay sutiles con un calzoncillo por delante, una mano sujetándola o en todo su esplendor, pero una vez la recibes, no puedes hacer como si nada.

Su estrategia en ese momento es tan simple como cuando te cogen la mano en persona y te la ponen encima del paquete. ¿Qué esperan? ¿Que no podamos contenernos ante la visión de semejante criatura? ¿Que chillemos de emoción como si de un abono de festival se tratara?

Lo que está haciendo es poner toda la carne, literalmente en el asador. Picar o no de la barbacoa, es una decisión tuya, pero si la tomas, que sea porque eres consciente de que, esa noche, la cena eres tú.

Duquesa Doslabios.

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Las razones por las que nunca quedas (ni quedarás) con tu ‘match’ de Tinder

“Tinder está fatal”, empezó a comentarme un amigo de pasada. Perfiles sin trabajar, dos fotos descuadradas… Y luego está que te hagan match. Si tienes la suerte de coincidir, es probable que se quede en un saludo sin respuesta. 

Otra amiga metía en el saco a las personas que, si no contestas inmediatamente, te escriben varios mensajes a la vez terminando con un “Hola? :(“, lo que hace que pasen automáticamente a la categoría de next.

La realidad idílica si usas Tinder

También otras que, al poco de empezar a hablar, empiezan con algo grosero o sacando en la conversación las (grandes) partes de su anatomía. O por ejemplo, sabemos de la existencia de esos individuos que, nada más abrirse la opción de chat, mandan una foto-polla.

Ambos coincidían en aquellos matches que se cancelan o gente que, al poco de hablar, desaparecía misteriosamente de la aplicación para volver días más tarde y que te volvían a escribir como si nada con “estaba hasta arriba/me fui de viaje/estaba de vacaciones pero me gustaría quedar contigo”.

Y en muchos de esos casos, continúas la conversación que es más diálogo de besugos que otra cosa, hasta el momento de “¿me das tu móvil?” cuando te das cuenta de que, en realidad, tampoco te gusta tanto.

Tinder está fatal y se nota en las citas opina mi amiga, las citas que nunca llegan por motivos de agenda (es imposible ponerse de acuerdo), te da plantón (la otra persona decide no aparecer en el último momento) o se cancela tantas veces que se te antoja tan complicado que pierdes las ganas que podías tener de conocerle.

La conclusión es que, aunque no queramos pensarlo, puede llevarte miles de swipes colocar a una sola persona enfrente de ti en una cita, algo que resulta bastante desalentador y frustrante.

La realidad es que Tinder es agotador. La cantidad de gente, mensajes, y sobre todo, tiempo que debes invertir para pasar del “Hola” virtual al saludo en la vida real puede llegar a ser agobiante.

Y si nos cansa tanto, ¿por qué seguimos usándola? Algunos estudios han conseguido arrojar un poco de luz al respecto.

La compañía financiera LenEdu estudió a 3.800 millennials entre 18 y 22 años de los cuales el 72% eran usuarios de Tinder descubriendo que la mayor parte, el 70%, no habían conocido a ninguno de sus matches.

Cuando se preguntó los motivos de usar la aplicación, “buscar una relación” o “echar un polvo” quedaban en tercer lugar siendo “subir la autoestima” la categoría ganadora.

La aplicación para ligar se ha convertido en una herramienta de validación. Y si no pensemos en las ocasiones en las que hemos consolado a nuestra amiga o amigo porque el match no ha sido recíproco o cuando has celebrado que se lo hayan devuelto.

Entonces, ¿es Tinder el nuevo sandwich de cumplidos? Abres la aplicación y encuentras mensajes de gente desconocida alabando tus ojos o tu sonrisa, en definitiva, dándote un nivel de atención que te pone el ego por las nubes mientras continuas disfrutando de la soltería.

Y es que un estudio de la propia app que entrevistó a una muestra de 1.000 personas solteras entre 18 y 25 años, reveló que el 81% coincidía en que carecer de pareja era una ventaja en todos los aspectos de su vida (más tiempo para trabajar, para dedicarle a las amistades, a las aficiones…).

Ya que la mayoría de esas personas decían encontrarse sin pareja a propósito, eso convierte a Tinder en una manera de hacer llevadera la soltería, sintiendo que seguimos en el campo de juego sin necesidad de hacer realmente nada.

Duquesa Doslabios.

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Si quieres abrirte un perfil en Tinder estas son las normas que deberías tener en cuenta

Hay un momento de la vida en el que te planteas darle una oportunidad a las aplicaciones para conocer gente. Como el verano es la época de pasar tiempo fuera de casa por excelencia, si quieres probar suerte, hay una serie de recomendaciones que deberías tener en cuenta si quieres abrirte un perfil.

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Lo primero que te pedirán será que te registres con un nombre, y, a no ser que estés en busca y captura de una aventura, lo suyo es que utilices tu nombre real.

La prueba de fuego son las fotos, ya que tienen parte de la culpa de que quien vea tu perfil deslice a la izquierda o a la derecha. Prohibidas fotos de perfil con gafas de sol o en las que solo se te vea un trozo de la cara.

Elige una foto en la que salgas con la cara relajada y a ser posible sonriendo (la sonrisa en las aplicaciones de ligar incrementa las posibilidades de éxito), ya que da sensación de sociabilidad.

Además, es recomendable que subas otras tres o cuatro fotografías y, en alguna de ellas, que se te vea de cuerpo entero. Nada de autorretratos cutres en el espejo del baño o del gimnasio, fotos con mala iluminación o bebiendo (a no ser que lo tuyo sean las catas de vino).

Si tienes mascota, haces actividades al aire libre o cualquier tipo de ejercicio, deja que se vea en las fotos. Da igual que luego escribas lo mucho que te gustan las artes marciales o el pilates, una imagen dice más que mil palabras.

A continuación, es el momento de escribir sobre ti. Tu biografía es el espacio que te proporcionan para que, en dos o tres párrafos, te des a conocer, por lo que es muy importante.

Aprovecha para incluir qué es lo que estás buscando: pareja, alguien con quien tomar algo, una persona que te enseñe la ciudad en la que vas a estar la próxima semana haciendo turismo… Las cosas claras y el chocolate espeso, que decían en mi familia.

Sobre ti, no te olvides de contar a qué te dedicas y qué te gusta hacer en el tiempo libre. Es decir, escribe cosas que puedan dar pie a una conversación. Evita dejar este espacio en blanco o poner simplemente la cuenta de Instagram (ya que para eso tienes la opción de vincular tu cuenta) porque puede parecer que solo te has hecho Tinder para subir el número de seguidores.

No currarte la biografía da sensación de pereza por tu parte, y, francamente, echa para atrás empezar a hablar a alguien que solo tiene puesto “Contenta pero no demasiado” como descripción.

Por último, recuerda completar también, además de la biografía, a qué te dedicas y en qué empresa. Sí, aunque seas estudiante de Bachillerato. Es la información que aparecerá justo debajo de tu foto cuando aparezca tu perfil y tenerla escrita también resulta de ayuda.

Una vez lo tienes todo, solo te queda empezar la ruleta del pulgar (y tener suerte).

Duquesa Doslabios.

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“Orbitar”, la nueva tendencia para (no) ligar en las redes sociales

¿Te acuerdas de aquella persona que conociste hace poco? Sí, esa en la que estás pensando, ya sabes a quién me refiero.

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Teníais química, te encantaba su manera de echarse el pelo hacia atrás, su sonrisa, su estado de WhatsApp… Y de repente, desapareció de tu vida sin darte ningún tipo de explicación.

Sufriste “ghosting”, que es el nombre que se le da a este fenómeno de desvanecerse sin dar razones al respecto, lo que en español podríamos definir como “Ya no me interesas, pero como me da mazo palo decirte nada, mejor me marco una Cuerda Huida a lo Pokémon y si te he visto no me acuerdo”.

Del ghosting nos toca aprender que no siempre las relaciones son correspondidas (ojalá), pero que el rechazo forma parte de nuestra vida (aunque sea un rechazo así de cobarde) y debemos aceptarlo y vivir con ello.

Sin embargo, con las redes sociales, el ghosting ha evolucionado y ha dado lugar a una nueva manera de relacionarse (por llamarlo de alguna manera) que Anna Iovine, autora de Man Repeller, ha bautizado como “orbiting”.

Orbitar es la acción que realiza una persona sobre ti con la que, independientemente de vuestro pasado (solo amigos o salidos de una relación/noche de pasión/X), quieres tener algo más.

Pero por mucho que uno de los dos quiera dar el siguiente paso, la otra persona se muestra distante, sí, pero en órbita, ya que está al tanto de lo que acontece en tu vida gracias a las redes sociales.

En resumen: tienes en órbita a esa persona que nunca te manda un mensaje (no, ni aunque fuera el Armagedón) pero es la primera en ver las historias de Instagram o en darte “Me gusta” a una publicación.

Se dice que se la tiene orbitando porque, aunque la persona no está dispuesta a mantener algo contigo, quiere que sepas que en cierto punto tiene interés en ti. Y tú que pensabas que lo de Estados Unidos y la URSS era una Guerra Fría… Te doy la bienvenida al siglo XXI.

Lo de tener una persona que nos gusta en órbita se nos va de las manos cuando cambiamos el contenido que publicamos solo para comprobar si tenemos algún tipo de reacción por su parte al respecto.

“Entonces ¿qué hago? ¿Cómo huyo de la órbita?” Houston, no tenemos un problema. Es tan fácil como hacer clic en el botón “Bloquear” para que no vivas en la angustia constante de revisar tus redes a ver si te ha dejado un like.

“Pero, ¿y si de verdad un día quiere algo conmigo y yo le estoy cerrando la puerta definitivamente” Tesoro, quítate la venda que te has puesto y abre los ojos. Esa persona te mantiene con un “enganche” emocional de manera egoísta porque no es capaz de lanzarse por ti. Y tú te mereces a alguien que se tire a la piscina, incluso si con esa cabeza tuya se te ha olvidado poner el agua.

Si hay muchos peces en el mar, imagínate cuántos cuerpos celestes vas a encontrar en el espacio.

Duquesa Doslabios.

Analizando al ‘gatomuerto’: el nuevo tipo de hombre

Hoy voy a romper un poco con el espíritu romántico característico de la jornada para poner sobre la mesa una cuestión social que nos tiene tanto a mi círculo de amigas como a mí muy intrigadas.

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De un tiempo a esta parte se da un tipo de comportamiento dentro del género masculino que nunca se había conocido antes.

Llegas a la discoteca o pub de turno y al cabo de un rato te encuentras con un hombre atractivo con el que entablas conversación. No es de esa clase de charlas a voz en grito en la que se cruzan cuatro palabras antes de ir directamente a ocupar la lengua con otros menesteres, no.

Es una conversación completa, digna de tertulia modernista, de casi horas, de debate, descubrimiento de mismos intereses, de averiguar que el susodicho también veranea con sus padres en Cartagena, de, sorprendentemente, ver que a ambos os une la pasión por el cultivo de los bonsáis enanos.

Y después de aquella conversación en la que mentalmente ya te imaginas yendo a un altar rodeado de bonsáis enanos (por aquello de vuestra primera cháchara), te pide el número de teléfono, algo que le das de mil amores y casi terminando cada cifra con el emoticono de corazón.

Al día siguiente esperas feliz como una perdiz su llamada. Porque claro, ¿cómo no te iba a llamar? Como si fuera a encontrar tantas aficionadas de los árboles enanos que se toma las cervezas en ese bar del Ensanche. Pero pasa el día, pasa otro y nunca recibes ni llamada, ni WhatsApp ni nada. Es como si hubiera surgido de tu imaginación.

Pero no desesperes. Simplemente te has topado con un ‘gatomuerto’ en tu camino.

El ‘gatomuerto’ (nombre inventado por un conocido al que le pregunté por este fenómeno) es un varón de cualquier edad que, pese a encontrar a su interlocutora de interés (incluso se conocen casos en los que hubo intercambio de besos), a la hora de retomar el contacto, no da el paso.

Es gato, ya que reconoce la noche como su territorio, sabe cómo moverse y se anima a jugar con otras gatas, pero luego desaparece. Es la personificación del gato de Schrödinger, porque está vivo y muerto al mismo tiempo.

El fenómeno del ‘gatomuerto’ se puede evitar tan fácilmente como tomando tú la iniciativa. Aunque bien es cierto que si una vez establecida la conversación sigue sin querer mantenerla, tampoco debes forzarla (respeta siempre).

¿Es el ‘gatomuerto’ el nuevo rey de las calabazas? ¿Qué crees que se esconde tras su comportamiento? A ver si entre todos logramos conocerle en profundidad y aprender a interaccionar con él.

Duquesa Doslabios.

El ritual del cortejo en el gimnasio al estilo National Geographic

(Recomendado poner esta canción de fondo mientras se realiza la lectura)

El sol aparece despuntando por el horizonte de la ciudad, pero eso no importa en el gimnasio, donde los seres humanos viven en comunidad bajo la luz inmutable de los halógenos.

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A lo largo del día se acercan al espacio, considerado un lugar seguro, en el que pueden desarrollar sus capacidades físicas. Sin embargo no todos acuden por el mismo motivo, y es que el territorio propicia la ejecución de maniobras de carácter social, principalmente acercarse a especímenes del género opuesto y así poder lograr continuar la reproducción de la especie.

El macho alfa, solitario, alejado de la manada, se mantiene atento, a la espera de ver aparecer a su presa. Mientras recorre el territorio va analizando a otros posibles machos que puedan resultar competencia. Para mostrar su superioridad física se carga las barras con discos de mayor tamaño que su cabeza para intimidar a los demás miembros masculinos de la especie.

En una de sus vueltas de reconocimiento avista a una hembra humana en la cinta de correr. Desde ese momento, sus estrategias de cortejo pueden ser variadas.

Aprovechando el riego sanguíneo que mantiene sus músculos vascularizados, el macho se pasea por delante de la hembra tratando de llamar su atención por su fuerte físico y así garantizar que podrá proteger a la futura prole de ambos.

La hembra, que puede mostrar desinterés e incluso mirar hacia otro lado, ignora al macho haciendo que este cambie rápidamente su ritual de cortejo. En un intento de impresionar a la fémina, y a pesar de que el territorio cuenta con cientos de metros cuadrados, se posiciona estratégicamente delante de ella para estar en su campo de visión, y empieza a hacer demostraciones de fuerza realizando diferentes ejercicios con las pesas. Algo que le prueba a la hembra que, si fuera necesario, podrá cargar con las bolsas del Mercadona colmadas de alimentos.

Macho alfa intentando seducir sutilmente a la hembra más cercana.

El olor de las feromonas que emite su sudor alcanza a la hembra, lo que puede hacerle decidir por su fino olfato si son o no compatibles.

Viendo que la hembra continua ignorándole deliberadamente, y que otros machos empieza a aproximarse sigilosamente, el macho humano emite gruñidos en voz alta supuestamente debidos al gran esfuerzo que está realizando. Esos gritos, que en principio pueden llegar a espantar a otros miembros de la manada, asustan a la hembra que hace que desaparezca en clase de pilates.

Hoy no ha habido suerte para el joven alfa, pero no se desanima. Una hembra le ha dado like a su foto del gimnasio que ha subido a Instagram, por lo que decide continuar conquistando por la vía 2.0.

Mientras tanto, un grupo de hembras se aproxima tímidamente a la zona. Alguna se fija en los especímenes masculinos y, alejada de sus compañeras, se dedica a pasear deliberadamente por el territorio estableciendo contacto visual para identificar a los machos del terreno.

Especimen de hembra humana intentando seducir sutilmente a un macho.

Después de marcar el territorio, se decide por uno de los miembros y se acerca sutilmente a preguntarle si le puede explicar cómo utilizar una máquina. El macho tras ayudar a la hembra, entabla conversación lo que le permite a esta desarrollar su flirteo. La hembra consigue que le dé su número de Whatsapp. Le pedirá una cita y podrá seguir el cortejo más adelante.

Ha sido una jornada prolífera para la continuación de la especie humana.

Duquesa Doslabios.

(National Geographic no se hace responsable de este artículo. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.)

Las 10 cosas que haces mal cuando quieres ligar por Instagram

Siempre se suelen dar dos formas de hacer las cosas: una buena y otra que no lo es tanto. En el caso de tratar de seducir a alguien a través de una red social como es Instagram, el “no lo es tanto” se convierte en algo mortal que puede llegar a conducirnos, no solo a un unfollow categórico sino a un bloqueo vital.

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Tras consultar a mis fuentes de amistades que usan regularmente la aplicación, estas son las conclusiones que hemos extraído al respecto:

1.Acosar no es ligar. Contestar a cada historia que sube la persona (ya sea con una palabra, frase o reacción) es molesto. No hace falta que le felicites porque se ha comprado una planta, que le comentes la captura de la canción o que reacciones al vídeo boomerang de unas cervezas brindando, hay historias que se suben sin más. Lo que te lleva a…

2.Parecer desesperadx. Y no hay nada peor que eso. Cuando la insistencia es lo único que pone en práctica alguien tiendes a cansarte. De la cárcel se sale, de que a alguien le des pereza, no.

3.No aceptar un “no” por respuesta es algo que todos debemos trabajar por cambiar. Que nos dejen en “Visto” y los mensajes solo vayan dirigidos de nuestra parte significa, de manera sutil, que la otra persona no está interesada. Da igual que nos montemos películas de que verdaderamente es el hombre o la mujer de nuestra vida, cuando antes entendamos que no le interesamos, antes dejaremos de perder el tiempo.

4.Las excusas terribles para pedir el teléfono que van desde “No me entero muy bien de cómo funciona Instagram” o “Es que quiero mandarte un audio y por aquí no se puede”. Si quieres el teléfono sé valiente y pídelo en condiciones. “Me gustaría tener tu teléfono para que habláramos más regularmente e invitarte a quedar”, punto. Si por lo que sea decide no dártelo, acuérdate de evitar el número 3.

5.Likes excesivos. Los “Me gusta” que llegan de repente a las fotos antiguas son tremendamente sospechosos. Sobre todo si esas fotos son de hace cuatro años y sabes que esa persona se ha tirado más de seis minutos deslizando el dedo por la pantalla para llegar a ellas. Si quieres saber cómo era esa persona, hazlo, pero no dejes pruebas que te lleven a parecer que estás totalmente pilladx. Lo mismo sucede cuando de repente te llegan quince notificaciones de likes de la misma persona. Llama la atención, sí, pero solo para que mentalmente suene la señal de alarma.

6.Comentarios terribles que deberían estar multados. No ya solo los piropos de obrero que también han llegado a la red (o los emoticonos que cumplen su función sin necesidad de redactar), sino contestar mensajes haciendo gala de un horterismo (“Si me rozas te lo gozas”) que debería haberse quedado en 2005 con Tuenti y los tatuajes de estrellas en el codo. Sin embargo, la libertad de sentir que se pueden hacer impunemente se debe a…

7.Tomarse confianzas que no tienes, confianzas que, de hecho, tampoco te han dado a entender que dispones de ellas. Aquí es donde entran los apodos cariñosos que surgen a los cinco minutos de conversación, motes que en la vida real tardarían semanas o meses en aparecer como “cariño”, “mi niña”, “princesa”, “preciosa” y que culminan en la ‘fotopolla’ o ‘fototetas’, que son el culmen de esta mala práctica.

8.Perfil que habla (mal) por sí solo. Puede parecer una tontería, pero lo que ponemos en el perfil, tanto la foto como la biografía, es lo primero que va a llegar de nosotros mismos. Si lo que tenemos puesto es que nos encanta el dinero, las cadenas de oro y los coches tuneados, está genial para participar en un programa de MTV, pero no para comunicar información que pueda suscitar interés en que se nos conozca.

9.La ortografía, la gran olvidada y que supone una de las primeras cribas que inconscientemente tenemos. “K psa prexiosa” ya te está dando a entender por dónde van los tiros de esa persona, pero que escriba “Ha ver si nos vemos” puede ser el detonante que haga que demos un billete directo y sin escalas al limbo de seguidores que fracasaron en el intento.

10.Contenido. A no ser que tengas una cuenta de perros, las 10293498 fotos de tu mascota que van desde que se levanta por la mañana hasta que la sacas a hacer el último pis del día, no son interesantes, y lo mismo pasa con selfies o fotos en el gimnasio. Si ya van acompañados de hashtags como “hotboy” “hotguys” “sexy” “likeforlike” o “modelo” (a no ser que seas modelo de verdad) es muy difícil que no te pongan la cruz.

Duquesa Doslabios.

¿Has sufrido Tindstagramming?

Todos hemos usado Internet para ligar, todos. Y quien esté libre de pecado que niegue haber dado nunca un like con segundas intenciones.

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Hace diez años, el ligoteo se daba a través del Messenger, con esas conversaciones tan llenas de emoticonos que hacían las palabras innecesarias, con los zumbidos urgentes que seguían los apremiantes “cnt” o “ctxt” y con abreviaturas que harían las delicias de cualquier desencriptador.

Después pasamos a las redes sociales, a Tuenti, Facebook, Instagram y esos “Me gusta” que en realidad significan “Me da absolutamente igual lo que publiques porque quien me gusta eres tú“.

Es algo tan natural y a lo que estamos tan acostumbrados que ya nadie se sorprende cuando te dicen que dos personas se han conocido en la red, especialmente desde el desarrollo de aplicaciones como Loovoo, Tinder, Happn, Meetic… o un sinfín más de juegos de palabras en inglés convertidas en los nuevos puntos de encuentro en la era 2.0.

Algunas, como es el caso de Tinder, te permiten enlazar tu cuenta de Instagram con el perfil del programa, lo que significa que se da acceso a las imágenes de la red social y permite a los que ven tu perfil conocerte más allá de la información que se escriba en la aplicación.

Sin embargo, hay ciertos usuarios que, no contentos con el unmatched (cuando el otro usuario decide que no está interesado y elimina a esa persona de la lista de usuarios que pueden verla o mantener conversación con él o ella) deciden salir de la aplicación e iniciar conversaciones en Instagram, llegando incluso al punto de, en algunos casos, insultar a la persona por no haberle dado la oportunidad de conocerse.

Esto, además de demostrar la incapacidad de más de uno (o de una) de no aceptar un “no” por respuesta, es una falta de respeto hacia la voluntad de la otra persona y algo que demuestra que no se tiene mucho amor propio a la hora de forzar una conversación, que por uno de los lados no es deseada, de esa manera.

No olvidemos que una cosa puede ser insistir y otra muy diferente acosar. Y me temo que los hay que tienen los conceptos mezclados.

 

Más vale pillar sin pillar que un aquí te pillo aquí te mato

Querid@s,

¿Pillar sin pillar es mejor que un aquí te pillo aquí te mato? Es innegable que un aquí te pillo aquí te mato mola, pero la mayoría de las ocasiones no sobrevive al día siguiente, es un polvo que no fructifera y que no lleva a absolutamente nada. Demasiadas prisas, demasiado alcohol en las venas, demasiadas ganas de follar por follar, demasiada necesidad de dar carpetazo a una maltrecha semana,  una desmesurada ansia de que ese desconocido sea el que te cuide el resto de la noche. Y así es cómo te vas a la cama con alguien (que podría haber sido cualquier otro alguien) y al día siguiente todo lo que te molaba del otro se ha esfumado-no queda ni rastro-. Te levantas, sin saber muy bien dónde estás y te cambia el careto porque ya no vas como un piojo y te das cuenta de que otra vez te has precipitado, que la has cagado y has caído en las redes del aquí te pillo aquí te mato que suele salir rematadamente mal.

Pero pillar sin pillar es como meter gol en la Champions League del flirting, como jugar en el nivel superior de los vídeojuegos. Me explico. ¿Qué ocurre cuando una noche estás echándote unos bailables en el dancefloor o apoyando codo en la barra de un bar cualquiera y de repente, todo se ilumina con la visión de alguien que te gusta? Y no sólo eso, porque el sentimiento, por fin, es recíproco. Pero como algo tiene que salir mal por huevos, y por el motivo que se le antoje al destino esta vez, resulta que no es el momento. Por que él está con sus amigos de cumpleaños, porque estáis despidiendo a la penúltima soltera de la cuadrilla, porque resulta que estás de cena de empresa y tienes a la jefa clavándote la mirada o al maruja de Administración anda al acecho y como te vea comiéndote la boca con alguien, mañana vas a ser la comidilla toda la puñetera jornada laboral. Y entre pitos y flautas, resulta que esa noche va a ser que no. Pero os gustáis, los dos os gustáis mucho, esas son cosas que se notan enseguida. Al igual que se nota cuando no hay feeling, la antipatía es mutua y evidente.

No desesperes, y sobre todo no tengas prisa. A veces, esa noche de chicas o esa salida de colegas, no es el momento perfecto para consumar el pille y lo más recomendable, si se quiere tener éxito en la empresa conquistadora, es dejar las cosas para otro día. A veces, dejar para mañana lo que puedes hacer hoy es lo mejor que puedes hacer.

Aquel que pilla sin pillar es un maestro del arte de ligar, es atributo de triunfadores, de aquellos que tienen un objetivo muy bien definido y la mente extremadamente clara. Esos y esas que pillan sin pillar son estrategas porque saben que aunque no es el momento, saben reconocer a esa persona, que quizás, who knows, es la que llevaban toda una vida buscando o esperando encontrar. Eso sí, dale forma al circo cuanto antes. Quiero decir, que antes de despediros hasta mañana o quién sabe hasta cuándo, es de altísima importancia dejarlo todo bien amarrado. No te vayas sin conseguir su teléfono.

J.M. tomó buena nota del teléfono de una chica. Una noche hace siete años, en el garito más molón de la ciudad en la que vive, se quedó prendado de Adriana. Tenía el móvil apagado, pero anotó su teléfono en el bono de metro. Al final, se casó con la chica y a día de hoy, siempre lleva el teléfono de su mujer en la cartera. Por si algún día se le olvida.

Ya me contaréis qué hacéis este fin de semana. Aunque soy de las que piensa que más vale pillar sin pillar que un aquí te pillo aquí te mato, sea como sea, a follar a follar que el mundo se va a acabar.