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¿Verdadero o falso? Estamos más salidos después del confinamiento

Primero fue la fase del encierro con todo ese tiempo libre que no sabíamos a qué dedicar -cuando las exparejas volvieron a la carga incluso después de años-, a continuación siguió la fase de la adaptación, convirtiendo el nuevo campo de juego para ligar en las aplicaciones para conocer gente.

Y, con la desescalada, la última de ellas: la del desfase.

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Las imágenes que vemos de aglomeraciones en playas o fiestas, se pueden comparar a cómo está ahora el panorama de las citas teniendo en cuenta que se han levantado las restricciones.

Hemos cogido la vuelta a la normalidad -sí, aunque sea nueva-, con tantas ganas que ¿cómo no caer en la euforia sexual?

Por un lado, está la liberación de poder volver a tener contacto físico, aunque sea con medidas de seguridad, después de haber estado varios meses en aislamiento.

Esas parejas separadas por el estado de alarma, han vuelto a encontrarse. Lo mismo que los matches, que por fin se han puesto cara.

Y es que durante esos meses, las apps no han dejado de crecer, pero ahora han pasado a bullir, lo que ha permitido que cada cual diseñara su particular agenda para cuando volviera a estar permitida la vida social.

De esa forma, hay quien ve la urgencia de tener sexo ahora como una especie de reacción lógica al periodo en el que solo tenía cabida la masturbación.

Por otro lado, el miedo del rebrote sigue ahí. La incertidumbre ante la llegada de una posible segunda ola hace que se haya adoptado la postura del carpe diem, aprovechando al máximo los días en los que sí es posible tener encuentros, algo que me confirman mis amigos solteros.

Esto incluye encuentros que igual antes ni se planteaban y se ven ahora con otros ojos (ya sea el vecino del quinto que hasta antes del aislamiento te parecía insoportable o incluso ese ex).

El miedo por la pandemia, el consecutivo encierro, la sensación de irrealidad constante por vivir algo que nos imaginábamos imposible sumado a la sensación de libertad de la nueva normalidad, hace que nos sintamos llenos de vida, con ganas de aprovechar al máximo.

Así que disfrutemos, mientras nos dejen, pero con cuidado. El riesgo no ha desaparecido.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si en las aplicaciones de ligar solo ‘triunfan’ los mismos?

Da igual la cantidad de veces que hagas swipe right, que dejes un match o un superlike. Si al poco tiempo de usar una aplicación para ligar te sientes como si estuvieras solo porque nadie te devuelve las interacciones, hay una explicación.

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Es gracioso que, cuando te planteas dar el paso y abrirte una cuenta, en seguida te sale el amigo o amiga de turno diciéndote que lo vas a tener facilísimo, que hay muchos peces en el mar (aunque sea digital).

Además, si a tu compañero del trabajo le sirvió para encontrar pareja, ¿por qué a ti no?

Lo que no te cuentan cuando marcas las casillas mediante las que aceptas que conozcan casi hasta tu marca de pasta de dientes es que las aplicaciones de ligar tienen truco y se llama algoritmo (sí, como el de Instagram).

Según diferentes estudios, se ha descubierto que este tipo de apps tienen un sistema que ordena a los usuarios en función de su deseabilidad.

Esto se traduce en que si te da match alguien popular en la aplicación (que a su vez tiene un perfil alto de deseabilidad), te convertirá en parte de ese círculo, llamémoslo vip, abriéndote a su vez la puerta virtual a que conozcas usuarios en la misma linea de puntuación.

Por el contrario, si esa misma persona te rechaza o quienes te hace match son usuarios con bajo nivel de deseabilidad, tu calificación, a ojos de la aplicación, bajará y solo te mostrará perfiles de nivel (bajo) parecido.

Es decir, aunque te dé la sensación de que puedes encontrarte con cualquiera, lo cierto es que una gran cantidad de gente siempre estará -por mucha geolocalización que tengas activada-, fuera de tu radar.

A esa conclusión llegó un estudio sobre Tinder publicado en Medium.com (que podéis leer más en profundidad si os interesa) también comprobó que los que se encuentran en los primeros puestos del 80% de los hombres más atractivos de la aplicación, según sus parámetros, son los que llegan al 22% de las mujeres más atractivas.

De la misma forma, el 78% de las mujeres más atractivas se cruzarían con el 20% de los hombres más atractivos.

No solo el nivel de deseabilidad es crucial a la hora de posicionarte en el ranking, hay otras cosas que te afectan a los puntos. Datos que van desde las veces que te conectas, las palabras que más usas o el tiempo que pasan los usuarios con los que te cruzas viendo tus fotos.

Otro sesgo -de carácter bastante machista bajo mi punto de vista-, coloca a las mujeres mayores de 21 años en puestos bajos de la lista (independientemente de si tienen una carrera, un piso cerca del Mercadona o sean autosuficientes económicamente), lo que sucede a la inversa si ese usuario es un hombre. Un varón mayor de 21, con estudios y trabajo se considera un partidazo, mientras que nosotras seguimos sufriendo el estigma de la ‘solterona’.

Esto no significa que no vayas a encontrarte con alguien que te pueda gustar y con quien puedas tener una conexión e incluso algo más. Pero, ¿hasta qué punto estamos de acuerdo con que decidan por nosotros de quién nos podemos enamorar?

Duquesa Doslabios.

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Ligar ya no volverá a ser como antes según las series de Netflix

“Las series hablan de nosotros y nosotros somos como en las series” fue una frase que me dijo mi padre hace poco. Y sí, coincido con él por completo.

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Por un lado, se nutren de lo que vivimos, lo que conocemos, la forma que tenemos de relacionarnos, nuestros anhelos, nuestros miedos…

Por otro, tendemos a sentirnos identificados con lo que sale en la pequeña pantalla, acercándonos a causas, lugares o aficiones nuevas de las que trata la ficción.

Así que casi parece predictivo el hecho de que, al poco de empezar el confinamiento, fueran Love is blind y Too hot to handle dos de las series más vistas del catálogo de Netflix.

¿Significa que nuestra forma de relacionarnos, de conocer gente y de crear conexiones románticas –en definitiva, el amor– está cambiando? Si nos fijamos en sus tramas, parece que sí.

La primera trataba de darle el ‘Sí, quiero’ a un desconocido con el que solo te habías relacionado a través de conversaciones, uno aislado del otro.

Mientras que la segunda reunía a un grupo de solteros en una villa que no podían tener contacto físico sexual, algo que solo estaba permitido si llegaban a crear conexiones emocionales primero.

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Al eliminar las posibilidades de que se diera atracción por el físico o de tener sexo fugaz, los concursantes tenían que conocer a fondo a la otra persona.

Teniendo en cuenta que hemos estado (al menos los madrileños y catalanes) tres meses aislados en casa, recurriendo a formas de ligar alternativas que solventaran la distancia física, hemos vivido, como los participantes de ambos reality shows, nuestro particular proceso de deconstrucción.

Y, aunque ahora vuelve a estar permitido relacionarse en vivo y en directo -aunque sea en grupos pequeños-, como en los programas de Netflix, el contacto físico no entrará en juego hasta pasado un tiempo por cuestión de prudencia o desconfianza.

Es posible que el modelo de usar y tirar aplicado a las relaciones, el fast dating, se haya terminado. O, al menos, hasta que se encuentre una vacuna para el coronavirus.

Duquesa Doslabios.

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El arte de ligar en la ‘nueva normalidad’

Da igual que haya una pandemia mundial, que nos quiten lo ‘tocao’ o que nos aíslen en casa durante meses. Siempre querremos buscar el amor.

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Pero volver al terreno de juego analógico, saliendo del mar de matches y ‘me gusta’ de las aplicaciones de ligar (o incluso del propio Instagram), es otra historia.

Pasará tiempo hasta que volvamos a sentirnos cómodos con el sencillo gesto de cogernos de las manos. La duda de si habrá o no un beso al final de la cita, no será solo motivo de ilusión, también de preocupación por si esa persona es positivo en el virus y no lo sabe o no muestra síntomas.

En definitiva, que si ya de por sí era algo complejo esto de conocerse, la ‘nueva normalidad’ no va a poner las cosas más fáciles.

Para empezar, encontrar un sitio donde verse va a ser tan complicado como sacar un billete en la web de la Renfe. ¿Estará abierto? ¿Cumple todas las medidas de seguridad? ¿Hay que pedir cita previa? Pero, ¿realmente han desinfectado la mesa de la terraza antes de que nos sentáramos?

Los lugares con mucha gente están automáticamente descartados. Nada de conciertos (que, a estas alturas, están todos cancelados) o garitos en Malasaña donde no cabe ni el oxígeno para respirar en condiciones.

La intimidad, tan codiciada antes de la crisis sanitaria, será imprescindible, así que citas que tengan lugar en el autocine o visitas -en pequeños grupos- al museo serán la alternativa.

Aunque tampoco podremos tirar la casa por la ventana con los planes. Los ERTE, la subida del carrito de la compra (sí, supermercados, nos hemos dado cuenta)  y la crisis económica que no se cansan de anunciar, van a hacer que nos cueste pagar la cuenta, incluso si solo es nuestra mitad.

Pero hay una solución (varias), podemos volver a poner de moda los paseos, admirar un atardecer en cualquier sitio alto de la ciudad -a la debida distancia de otros transeúntes-, quedar a ver romper las olas o a dar pan a los patos del parque, esos grandes olvidados (con las manos bien limpias, por favor).

Al final, la tecnología nos lo pone lo bastante sencillo como para convertir dos horas sentados sobre cualquier césped en un concierto privado vía Youtube. Así que la imaginación será la que marcará la diferencia en esta nueva era del amor.

Duquesa Doslabios.

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El paseo de las 20:00, la nueva revolución sexual

La canción de La Casa Azul se reproduce automáticamente en mi cabeza cuando se acerca el momento de dar el paseo de la tarde (de siempre soy más de atardeceres).

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Uno de los versos –“Tú, que anticipabas un futuro catastrófico, hoy pronosticas la revolución sexual”-, es el que me parece el ejemplo perfecto para la nueva fase de desescalada aprobada por el Gobierno, la que nos permite salir a la calle a andar unas horas al día.

Yo misma tuve dudas de qué ponerme para salir a andar. Las zapatillas de cordones, comodidad ante todo, estaban más que aseguradas.

Pero mentiría si os dijera que, por encima de la crema solar, no iba un poco de colorete.

En medio de mi crisis de armario, una de mis amigas comentaba por videollamada que ella iba a vestirse bien por si ligaba, aunque fuera en la distancia.

Si algo nos unía a las dos, con y sin pareja, era las ganas de salir con nuestro mejor aspecto, de vernos bien, lo que consigue extenderse a nuestro ánimo.

Por mi barrio pasaba algo parecido. Además de cruzarme con otras vecinas también arregladas, las altas dosis de colonia también llamaban la atención.

Era como si nos hubiéramos puesto de acuerdo en acicalarnos, como si indirectamente, todos los sentidos que nos captaran, nuestros y ajenos, registraran el mensaje de “Aquí estoy yo”.

Al final, con todo lo que hemos pasado, encontrar las ganas de seguir adelante, es una forma también de sobrevivir.

Y sí, eso incluye querer ligar. Tener ganas de conocer a alguien, de gustar y que te gusten aunque sea andando a un metro de distancia, de cruzar miradas atravesando el paso de cebra o, lo más sencillo, viéndote el reflejo en un escaparate y pensar que tienes un aspecto increíble, son pequeñas victorias.

No solo vivimos de harina, levadura, Netflix y libros. La ilusión, sobre todo la que sentimos hacia nosotros mismos, hay que alimentarla.

Duquesa Doslabios.

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El futuro de las relaciones: sexo, citas y amor después del coronavirus

La sed y el hambre son dos de las cosas más difíciles de soportar. Y, estando aislados en casa, hemos llegado a la conclusión de que el contacto humano podría ir detrás de ellas.

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Se habla de la vuelta a la ‘normalidad’, de cómo será salir a la calle, movernos en transporte público, viajar…

Pero, ¿qué va a pasar con la desescalada a nivel emocional?

Esta experiencia nos dejará marcados y no sabemos hasta cuando. Por lo pronto, habrá que despedirse del roce en una cita.

Y eso que, como comunidad, tocarnos es casi fundamental para relacionarnos. Nos hace sentir confiados, conectados como parte de algo y nos ayuda a despedirnos del estrés.

Estar cómodos en la intimidad podría cambiar. Por mucho que en un futuro haya una vacuna, después de las imágenes que hemos visto, los síntomas que conocemos de primera mano y familiares que hemos perdido en estas circunstancias, ¿quién no se lo pensará dos veces antes de cogerse de las manos? ¿Quién no dudaría antes de acercarse a dar un primer beso?

El amor no desaparecerá, pero nos lo pensaremos dos veces.

Aguantando semana tras semana en casa, el sexo ha quedado fuera de carta. En su lugar, hay barra libre de aplicaciones para ligar.

Incluso en estas circunstancias, se ha encontrado una vía de seguir avanzando: hablar. Las videollamadas, chats interminables o citas virtuales lanzan un alentador mensaje: el punto fuerte es tener una buena conversación.

Y si antes no había pie a una segunda oportunidad -teníamos tantas opciones que, ¿quién querría esforzarse en conocer más a fondo si había la mínima duda?-, ahora no nos atrevemos a descartar con tanta facilidad.

O incluso a la hora de volver a retomar contacto con esa antigua pareja a la que, obra de la cuarentena, hay quien se arrepiente de haber dejado escapar.

Duquesa Doslabios.

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Alerta spoiler: no vais a quedar cuando todo pase, estás en la ‘coronazona’

Justo cuando ya nos habíamos vuelto profesionales en identificar los comportamientos que revelaban que no íbamos a conseguir nada más allá de una amistad con la persona que nos gustaba, llega el aislamiento y surge una nueva manera de, no ya sentarnos en el banquillo, sino de dejarnos fuera de juego: la coronazona.

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Así que antes de que siga avanzando, permite que te haga un spoiler y te adelante el final.

La cuarentena se va a acabar (algún día), sí, pero cuando llegue ese glorioso día, es más que probable que sigas sin verle la cara ni otras partes de su cuerpo.

La prueba la encontrarás en los mensajes que circulan estos días. ¿Cómo se comporta cuando hablas del momento del encuentro? ¿Tiene tantas ganas como tú o más bien coge el tema con pinzas y trata de esquivarlo?

Si la segunda reacción es la que más te suena, igual es el momento de que hagas sonar la alarma y no sigas haciéndote ilusiones.

Que no, que ese mensaje a la una del mediodía preguntándote si sigues durmiendo, no es interés real en ti. Me temo que se llama aburrimiento.

Es el equivalente al “¿Hoy sales?” que recibías por la noche del viernes o sábado, solo que con la hora cambiada, los dos en pijama y el mismo desenlace.

Y es que por mucho que la cuarentena esté sacando nuestro mejor lado en muchos aspectos (aplaudimos a rabiar a las 20h, ayudamos a esa vecina a subir la compra y hasta hemos regalado un gel higienizante al guardia del supermercado del barrio), emocionalmente seguimos teniendo malos hábitos.

El peor, en este momento, es la cuarenzona. Cuando una de las personas se está haciendo ilusiones de que está teniendo una conexión real con la otra mientras que, simplemente, está siendo un pasatiempo que hace más ameno el día en casa.

Puedes comprobarlo también en que no muestra interés en conocerte -en profundidad, quiero decir-; que viene con una barra libre de likes bajo el brazo, pero no llega a hablarte más que lo justo; que parecen interesarle más las fotos de nudes que tu última receta vegetariana; te responde al cabo de horas o que se borra del mapa cuando sacas el tema de quedar.

La cuarentena ha cambiado muchas cosas de nuestra vida. Ha cambiado la forma de relacionarnos, de comprar, de trabajar o de estudiar. Pero no cambia el hecho de que mejor alejarse cuando damos con una persona que no nos tiene como primera opción.

Duquesa Doslabios.

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Los 3 pasos básicos para volver a entrar al juego de las citas después de una ruptura

Has pasado ya la fase de negación (“Esto no está pasando, volveremos”), la de la ira (“¿Cómo ha sido capaz de hacerme esto a mí? ¿A mí? Le odio”),  negociación (“Si vuelve, prometo ser más paciente la próxima vez que deje la tapa del wáter subida”) y la de depresión (“Voy a ponerme Adele y a llorar hasta que encuentre Someone like you“).

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Si te resultan familiares, sabrás qué momento viene a continuación: el de aceptación. Una vez entiendes que lo vuestro es agua pasada, da comienzo un nuevo capítulo en tu vida. Y lo mejor es que no tienes que compartir protagonismo con nadie.

Es probable que, llegado ese instante, pienses “Creo que soy demasiado mayor para estas cosas”. Da igual si tienes 17, 23 o 45 años, la idea de volver a entrar al ruedo de las citas, las intrigas de los mensajes sin responder o las aplicaciones para ligar, se te hacen un poco cuesta arriba.

Antes de que la ansiedad te lleve de vuelta a la cama a ver Modern Love con los restos de polvorones navideños, quiero darte mi plan maestro para retomar ‘el juego’. Un sencillo método de tres pasos con el que podrás ponerte a punto de nuevo y abrir tu corazón (o la parte del cuerpo que quieras abrir, eso ya es cosa tuya) a nuevas personas.

  1. Ten citas contigo. Puede parecer ridículo pensar en dedicarnos tiempo cuando lo que queremos es alguien nuevo a nuestro lado. Pero si no sabes cómo eres, ¿cómo identificar lo que mejor funciona contigo? Después de una relación, sobre todo si ha sido de mucho tiempo, es probable que hayamos cambiado en ciertos aspectos. Averigua qué te gusta, qué no, haz autocrítica. ¿Saldrías contigo si te conocieras? Trabajar en ti va desde aprender de lo que puedes mejorar hasta conocer a la perfección lo que quieres en tu vida a partir de ahora.
  2. Liga, y, si no sabes cómo, pregunta. Tus amistades te darán consejos y frases de oro. Si sigues sin saber, puedes preguntarle incluso a él o a ella. Una forma de romper el hielo y de paso empezar con dosis de humor lo que sea que dé comienzo. En el amor y en la guerra todo vale, así que aprovecha las nuevas tecnologías para conectar con más gente. Cualquier sitio es bueno para dar rienda suelta a tus encantos, ¡piensa que hay personas que ligan en iglesias!
  3. Sal, la más obvia y la más difícil. “Pero es que no me acuerdo de cómo se hacía eso de las primeras citas”. Da igual, ligar es como montar en bicicleta, solo necesitas un empujoncito para arrancar la marcha que enseguida recordarás cómo se hacía. A fin de cuentas, a diferencia de los móviles, es un mundo que no cambia tan rápidamente. Y sí, chicas, podéis llevar la iniciativa.

Duquesa Doslabios.

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Enero, el mejor mes del año para ligar

Empiezo el viernes con una noticia regular. ¿Conoces el Black Friday? Pues acabamos de pasar el Red Sunday, el domingo del año en el que circulan más matches en las aplicaciones de ligar. Pero vengo a convencerte de que es pronto para perder la esperanza (¡que solo acaba de empezar el año!).

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Enero no solo es el mes de propósitos y nuevos proyectos, también es cuando la actividad en las apps para conocer gente es más alta. ¿Quieres saber las razones? Sigue leyendo.

Desde la melancolía por las Navidades -después de estar acompañado de familia y amigos casi todos los días, toca volver a la dura rutina-, las temperaturas gélidas que animan a meterse con alguien debajo de la manta a hacer maratón de series (o de lo que sea) o incluso el haber desconectado en vacaciones, son algunas razones que los expertos detrás de estos cupidos 2.0 achacan a la fiebre por el swipe.

Aunque prefiero pensar que es por cualquiera de esas cosas antes que por las conversaciones familiares en las que la pareja o la ausencia de ella parecen ser el único tema interesante entre la política y, hace semanas, el vestido de la Pedroche.

La presión por tener una relación se multiplica en esa época.

Incluso la cercanía de San Valentín es algo que podría afectar a la hora de darle una oportunidad a ligar por Internet. Es por eso que las dos primeras semanas del año muchas aplicaciones notan un crecimiento de seguidores.

La conclusión que puedes sacar al respecto es que si hay un mes del año para aplicar la frase de “hay muchos peces en el mar”, ese es enero, cuando más abarrotado está el océano virtual (y más posibilidades tienes de cruzarte con alguien especial).

Por desgracia, como con las propuestas para el Año Nuevo, el furor dura poco, así que mejor aprovechar el mes (y sobre todo estas dos semanas) antes de que pase la melancolía posnavideña que nutre las webs de búsqueda de pareja y te des de alta, que es la época de cosechar flechazos.

Ya tendrás el resto de meses del año para arrepentirte, si se da el caso.

Duquesa Doslabios.

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Del ‘ghosting’ al poliamor, así han cambiado nuestras relaciones en estos 10 años

Estamos a punto de vivir el cambio de década, -qué bien sonáis, nuevos años 20-, y, ya que se trata de una fecha destacada, hay un poco de nostalgia en el ambiente.

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Todavía recuerdo como si fuera ayer la entrada a 2010. Estaba en el colegio y eran otros tiempos para ligar.

Por entonces era, casi todo, analógico. Vale, puede que empezáramos a hacer nuestros primeros pinitos ligando por internet.

¿Quién no se acuerda de bombardear al que le gustaba de clase a base de zumbidos de Messenger? Y si encima te ponía un comentario en la foto de Tuenti, ya tenías anécdota para contar a las amigas en el recreo.

Desde ese momento hasta ahora, las redes sociales se han convertido en el nuevo punto de encuentro.

Es raro que en algún grupo de amigos no des con una la pareja que se conoció por Instagram o aquellos que lo utilizaron para retomar el contacto después de años.

Internet lo ha puesto tan fácil que en estos diez años hemos vivido el boom de las aplicaciones para ligar. Tinder, Grindr, Happn, Badoo, Meetic…

Las opciones han sido tantas que, si no has ligado a través de alguna de ellas, ha sido -como diría tu abuela-, porque no has querido.

Esa velocidad a la hora de conocer gente y tener encuentros sexuales casi inmediatos (vamos a ser sinceros, nadie usaba las apps para encontrar pareja con la que ir a ver arte al Museo Reina Sofía), se ha traducido también en una serie de tendencias de las que la mayoría hemos salido escaldados.

El ghosting, el benching o el orbiting  nos han pasado factura. Las malas prácticas derivadas del fast dating nos han llenado la década de mensajes leídos y nunca respondidos, enigmáticos ‘me gusta’ que nunca venían acompañados de mensajes o el resurgir de un antiguo ligue sin venir a cuento.

Teniendo esto en cuenta, el panorama sentimental con el que entramos a 2020 no es, precisamente, el mejor.

Aunque me gustaría destacar que parece que, por fin, el consentimiento ha hecho acto de presencia en las relaciones de cualquier tipo, algo que hasta ahora muchos hombres no consideraban que fuera imprescindible.

Respetar el “No”, seguirá siendo el básico de los próximos diez y, me aventuro a decir, cien años. Así como seguir debatiendo sobre la explotación sexual hasta erradicarla, así como el revenge porn, difundir imágenes privadas para hacerle daño a una persona.

Desde 2010 las relaciones han evolucionado. Los posmillennials han sido clave en enseñarnos que, aunque sea novedoso, el poliamor también es una opción. Así como su manera de tener sexo, mucho menos heterosexual que la que practicamos las generaciones anteriores.

Afortunadamente, también el final de la década nos deja algunas cosas que merecen la pena.

El despertar del empoderamiento femenino a la hora de reivindicar el placer (los succionadores son el mejor ejemplo) y el slow sex, que invita a poner la intimidad en el lugar que le corresponde dedicándole no solo tiempo sino la totalidad de nuestra atención.

Duquesa Doslabios.

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