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Por estas razones deberías llamar a tu ex por su nombre

¿Sabes esa amiga que siempre habla de las historias de su pasado al estilo de «Mi ex hizo esto» o «cuando estaba con mi ex»…? Esa amiga soy yo.

Mujeres enfadadas

PEXELS

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Mientras que, estando en pareja no me gusta decir «mi novio» o «mi pareja» sino hablar de la persona por su nombre, cuando se termina la historia, él desaparece.

Dejo de tener el detalle de mencionar su nombre y le adjunto el monosílabo. Pasa a formar parte de ese batiburrillo en el que se engloban todos los que pasaron por mi vida.

Y es algo sobre lo que me hizo reflexionar una amiga hace poco, cuando le estaba contando la enésima batallita y me contestó con un «Tu ex, ¿quién?».

Sí, el nombre de él había estado siempre fuera de las historias y ella reivindicaba que no les ocultáramos, que les llamáramos con normalidad absoluta.

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Admito que recurro a la falsa facilidad de distanciarme emocionalmente (y digo falsa porque, aunque no le nombre, su imagen sí que se dibuja en mi cabeza).

Para mí decir «ex» es borrarle de alguna manera, pasar por alto los momentos, la persona. Es ponerle una etiqueta y reducirlo a eso, a una etapa de mi vida que quedó en el pasado pero que bien podría ser cualquiera.

Porque a veces, después de tantos años ligando su nombre a aspectos positivos de la vida -porque si hemos estado juntos, es porque ha habido felicidad de por medio-, tener que mencionarle en estas circunstancias, puede despertar de nuevo emociones de tristeza o enfado que no quiero sentir en ese momento.

Mi amiga me hizo cambiar de idea. Podemos (debemos) decir el nombre.

Porque marcaron cuando llegaron y también durante el tiempo que estuvieron. Porque gracias a esa experiencia nos hemos construido también como personas, aprendiendo qué queremos, o qué no, en nuestra vida.

Es el momento de perderle el miedo a los sentimientos, intentando taparlos con apelativos que nos ayudan a jugar al despiste.

Si nos duele, que duela. Poco a poco irá pasando, forma parte del proceso.

Además, llamándole no le vas a invocar, no es Voldemort, no va a personificarse en medio de la cafetería donde estás con tus amigas.

Las ex parejas no deberían ser escondidas, prefiero ir viviendo cada vez en la que salga en la conversación hasta que decir su nombre no me suponga nada más que referirme a él.

Sin más razón que contar una anécdota relativa a cuando formábamos aquel ‘nosotros’. Sin dolor.

Mara Mariño

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Sí, la primavera es la mejor estación para hacer limpieza de exparejas

La que es mi estación favorita del año (no tiene nada que ver que coincida con mi cumpleaños) es perfecta para hacer un repaso de la agenda o las redes y borrar a alguna expareja.

Si te parece una idea demasiado fuerte como para empezar la semana, una encuesta que ha hecho Dating.com preguntando a gente soltera sobre su relación con los ex, ha demostrado que, aunque se hayan quedado en el pasado, el vínculo digital está presente.

Y mucho.

PEXELS

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El 73% de los entrevistados admitieron que veían el perfil de su ex al menos una vez al mes.

El 61% habían vuelto a mandar un mensaje directo una vez la relación se había terminado. Y más del 47% recibían mensajes de -al menos- un ex cada 6 meses.

Solo el 32% habían borrado o bloqueado a su expareja después de la ruptura.

Pero, ¿es tan terrible tener al ex en la lista de contactos que ven las historias de Instagram?

Hay rupturas y rupturas, si ha sido una de esas sanas y bonitas, una madura tras la que ha florecido una amistad, no hay problema en que vea la foto que compartes por la mañana de tu bol de grano y fruta.

Pero en muchas ocasiones, mantienes a alguien por no enfrentarte al trago de eliminarle o, directamente, porque no has pasado página del todo.

Aquí es donde está el problema.

Cuando le dedicas tiempo a mirar su perfil de arriba a abajo, a comentar con tu amiga si la mano que aparece de refilón en su última publicación podría ser de una nueva pareja o analizando el motivo por el que ha elegido esa canción en concreto, te haces daño.

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En segundo lugar, estás dedicándole tu tiempo y energía a esa tarea de vigilancia constante en vez de emplearte en crear nuevos vínculos conociendo gente nueva (o masturbándote a tu aire).

Así que hazte un favor y recuerda esas dos razones para evitar quedar atrapada en el bucle espacio-temporal que es tenerle en la pantalla del móvil al alcance de un swipe.

Sí, eliminarle o borrar su número es un factor que aumenta tus posibilidades de encontrar a alguien nuevo. Además de tener la mente en el momento actual, no estás arrastrando el capítulo anterior.

No lo pienses, ya tuvisteis la ocasión. Es hora de darte la oportunidad a ti.

Mara Mariño

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Dedicado a los amores imposibles de mi vida

Asumimos -mejor o peor- las rupturas, las separaciones, el punto final de la relación y el cierre de una historia de amor, la lista de ensayos sentimentales que, por un tiempo, fueron acierto.

Pero hay algo peor que amar y haber fracasado a medio camino del intento, no haberle dado una oportunidad.

PEXELS

Hoy, 16 de febrero, es el día en el que toca homenajearlas a ellas, a las historias que nunca se pusieron de acuerdo en el bucle espacio-tiempo, en la franja horaria, en el país o en el momento.

Las historias que, aún no sucediendo, dolieron, porque tenían todo el potencial de hacerlo: la química, las ganas y los protagonistas, pero les faltaron el resto de elementos que las ponen en marcha.

Somos nuestros fracasos amorosos porque hablan de nosotros y lo que hemos vivido. Nos recuerdan cómo y cuánto hemos querido.

Pero somos también las veces que nacieron sentimientos sin que llegaran a materializarse sobre la piel de otra persona.

Hablo de aquel amor platónico del gimnasio al que siempre mirabas de lejos, la compañera de clase a la que sigues la pista en redes y nunca supiste cómo romper el hielo para invitarla a salir.

La persona eternamente emparejada que parece no estar soltera nunca, pese a que te has prometido varias veces que, la próxima vez que no esté con nadie, te la llevarás a una cita.

O a quién siempre habías querido conocer, pero eras tú quien siempre tenía pareja y tampoco llegó a darse la ocasión de que coincidierais.

Hablo del amor de verano que caducó el 31 de agosto del que no has podido olvidarte años después (quién sabe por qué).

O de ese flechazo en el metro de Madrid cuando, antes de bajarse, te sonrió con los ojos. También del que parece tener siempre inaccesibilidad emocional y no se permitió abrir la puerta a lo que pudiera pasar.

Es la historia del amigo de tu ex por el que siempre tuviste curiosidad secretamente y queda vetado por una cuestión de principios.

De quien resulta incorrecto a secas. Es la madre de José del Canto del Loco y Carolina de M-Clan, porque es menor de edad.

O de quien siempre te da un «no» porque no te corresponde, que solo pasó en tu cabeza, porque nunca se interesó por ti en ese sentido. Quien te dejó en leído y no volvió a escribir nunca.

La historia de quien te hizo el match en Tinder, te robó las noches llenándolas de conversación y luego te dio plantón. Quien tenía otra orientación sexual.

Es ese chico que descubriste en Instagram. Quien no se quiso mojar porque decía que era demasiado complicado por ser compañeros de trabajo (y quizás sí que lo era).

Son todas las historias que llevamos clavadas, las que soñamos que fueran realidad -porque desde nuestro corazón lo fueron- y las vivimos como tal.

Las «yo quiero» que recibieron un «no puedo».

O, al menos, que no pueden ser de momento.

Mara Mariño.

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Tu ex no tiene por qué tener responsabilidad afectiva

Estuve con mi última expareja varios años. Los suficientes como para conocerle de todas las formas y maneras.

Para saber su plato favorito, la lista de Spotify que más se ponía en la ducha o la travesura de su infancia que más le avergonzaba.

Y él también me tenía aprendida, por supuesto.

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Quizás por eso, cuando la relación se acabó, no me entraba en la cabeza que, sabiendo tan bien cómo soy, actuara de la forma que lo hizo.

Que no moviera ficha, buscara soluciones o intentara que la situación no llegara al punto que lo hizo.

Tampoco entendí que, después, no quisiera mantener una amistad cuando era algo que él había pedido en un principio.

O que, por primera vez, empezara a dejarme en visto, con mensajes sin contestar, hasta el punto de comportarse como si no existiera.

Aquello me hacía daño de una forma de la que él era consciente. Quizás por todo lo que habíamos pasado.

A lo mejor porque las personas que nos han hecho palpitar siempre van a tener la capacidad de tocarnos más la fibra sensible.

Qué más da.

Lo que no me cabía en la cabeza era que lo permitiera. Que pudiera desembarazarse así de mí como cuando dejas de hablarle al match de Tinder que se pone demasiado intenso.

Fue algo que entendí hace poco, cuando me crucé con la clásica foto de Instagram de una cuenta de psicología.

Mi ex ya no tenía un vínculo emocional conmigo y por tanto no tenía por qué tener responsabilidad afectiva.

Escucharme, tener en cuenta mis sentimientos o acompañarme en el proceso eran una serie de privilegios emocionales que, en el momento que había puesto fin a la relación, no tenía por qué recibir.

Yo esperaba por su parte una reacción hacia mí como si siguiera siendo mi pareja, pensando en aquello que habíamos vivido previamente y el cariño que podíamos seguir teniéndonos.

Lo cierto es que la situación actual, el cambio en la relación hasta el punto de disolverla, invalidaba cualquier tipo de exigencia.

Es difícil y sufrido encajarlo, sobre todo cuando viene por parte de alguien que ha sido tanto.

Pero no quita en que hay que hacer ese esfuerzo titánico en comprender que si se ha acabado, se ha acabado. Todo.

Duquesa Doslabios.

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Sigue estos consejos para pasar página de tu historia de amor veraniega

Puede que tu última historia de amor haya caído en los meses de verano. Puede que sintieras aquellos momentos como si formaras parte de una película protagonizada por Blanca Suárez y Javier Rey.

Puede que pensaras que podría ser el comienzo de algo nuevo o que, en el fondo, sospecharas que llegaría a su fin, pero ahora es el momento de afrontarlo.

Tu romance veraniego es ya cosa del pasado.

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Y aunque haya sido algo de unos días, unas semanas o incluso varios meses, lo más seguro es que lo estés pasando mal igualmente.

Si hace unos días, los expertos de TherapyChat, plataforma líder en psicología online, aconsejaban cómo afrontar el ghosting, hoy analizo qué consejos dan para que puedas pasar página.

  1. Tu rutina, tu foco de atención: o como diría Comando Tiburón: «Pasado pisado». No te quedes mirando con melancolía aquellos encuentros en la terracita, los paseos por la playa o las excursiones que terminaban con vosotros escondidos en cualquier rincón lejos de miradas indiscretas. Septiembre está aquí y viene cargadito, así que mejor centrarse en los proyectos del nuevo curso y volcarse en ellas, sintiéndote agradecida por lo que viviste pero con la vista al frente.
  2. Acepta que es el final y cómo te hace sentir. Si para ti ha sido un palo que esa relación no siquiera adelante, permítete pasarlo mal. Tus emociones no se equivocan, vívelas. No te machaques y mira el lado positivo, ahora puedes centrarte en ti.
  3. Habla con tu amiga, la de siempre, la que se escucha tus audios de WhatsApp sin subir la velocidad a 1.5x. No solo te ayuda el hecho de desahogarte sino que no hay mejor consejera que ella. Además de ordenarte emocionalmente, podrá darte su punto de vista (y seguramente proponerte algún plan interesante para que no te quedes en casa comiéndote las paredes).
  4. Ni siempre ni todo el mundo: no caigas en la generalización de meter a la gente en el mismo saco. Ha podido ser una experiencia puntual y tú no tienes el control de decidir cómo se sienten los demás. No pierdas la ilusión.
  5. Cuídate mucho y no solo a nivel físico con esa limpieza facial que tus poros parecían pedir a gritos. Retoma tus aficiones, haz planes con amigos, esos que te alegran el día y la vida, lee, abraza a tus seres queridos… Todo aquello que te haga sentir bien es más que bienvenido.
  6. Curso nuevo, vida nueva: ¿siempre habías querido jugar al voley playa, acudir a un intercambio de idiomas o aprender a bailar salsa? Pues ahora es el momento de experimentar y rodearte de gente nueva.

Y si por lo que sea, no consigues salir del bache por tu propia cuenta, recuerda que hay profesionales que te ayudarán si lo necesitas.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué si tu ex tiene pareja nueva tienes que alegrarte?

Soy lo bastante adulta para saber que, si una persona a la que se ha querido tanto como a la última pareja, rehace su vida, se debería estar feliz por él o ella.

Pero también soy lo bastante adulta como para admitir que es algo que me puede sentar como una bofetada con la mano abierta.

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En un mundo donde se espera que tengamos una gestión emocional impoluta cuando nadie nos la ha enseñado, quiero desmentir un tópico.

Que tenga esa reacción no significa que no haya pasado página o que no esté en el pasado tanto la relación como la ruptura.

Significa que es alguien con quien he compartido tanto que todo lo que le pase va a removerme de una manera o de otra. Da igual lo que sea. Es porque se trata de esa persona.

Así que, si este es tu caso, quiero decirte que te alejes de lo políticamente correcto, de la entereza que toca aparentar en esos casos y dejes salir lo que sea que te haga sentir.

Porque nada quita que, durante un periodo de tu vida, tú querías haber sido la persona que le haría feliz hasta el fin de sus días.

Una cosa no quita la otra, y, al borde de los 30, me doy cuenta de que los sentimientos son una cosa compleja.

Puedes estar ilusionada por conocer a alguien, a punto de tener un bebé o a tan solo unos meses del altar con tu pareja actual.

Puedes también desmoronarte en cualquiera de esos casos si te tropiezas con una historia en Instagram que hace que se te desestabilicen los sentimientos hacia tu ex.

Y como soy contraria a la negación, a tapar las emociones con otras, normalicemos que dentro del «deseo que todo te vaya bien» haya un explícito «pero prefiero no verlo porque has sido importante para mí».

Pidamos ayuda, digámosle a esa amiga que ha podido contar las lágrimas derramadas por cada ex, que aquello te ha dejado revuelta por dentro.

Que necesitas, una vez más, vomitar los sentimientos, recordar en alto todas las promesas que luego no se cumplieron, las ideas y el futuro que habías dibujado en tu cabeza y terminó volando por los aires.

Llora, llora si es lo que quieres. Escríbele si es lo que necesitas. O pasa de todo y sigue tu vida. En cualquier caso, permítete el momento de vivirlo por completo.

Las emociones no se equivocan ni has perdido la partida por sentir que las cosas no han sido como habrías querido. Al contrario.

Son las decisiones las que nos llevan al momento en el que estamos ahora. Y la certeza de haber elegido el camino correcto siempre será algo a lo que poder aferrarnos cuando veas que se ha ido de vacaciones románticas o se ha dado el «Sí, quiero».

Duquesa Doslabios.

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Las señales de que tu nuevo ‘crush’ es tóxico que deberías aprender a identificar

Me gusta especialmente la frase de “El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” porque tiene una excepción: los maltratadores.

O quizás, más bien, las mujeres que hemos estado en sus manos.

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Hace ocho años, ese era mi caso. Tras una relación con violencia de todo tipo, amenazas de suicido, persecuciones, etc la terapia con una psicóloga me abrió los ojos sobre un maltrato que, incluso con todo eso a mis espaldas, era incapaz de ver.

Nunca me he sentido agradecida por haber vivido aquello. Sí por salir a tiempo (y vivir para contarlo), pero no por haber tenido la experiencia.

Creo que decir que las mujeres que seguimos teniendo pesadillas con estos seres tenemos que estarles agradecidas porque ahora somos más fuertes es una barbaridad inmensa.

No siento que me haya hecho un favor tratándome de esa manera. O no lo sentía hasta hace poco.

Fue cuando, de nuevo abriendo el corazón, presentía que podía estar ante el comienzo de algo grande, nuevo, bonito, profundo, real, pero ante todo, sano.

Empiezan a darse las primeras discusiones y lo achacas a que os conocéis desde hace poco tiempo, que has podido hacerlo mejor y por eso se ha molestado, que la partida aún se puede remontar.

Y llega otra, y otra después, y otra más. Y ves como por mucho que hagas, nadie te libra del día negro de la semana, ese en el que te sientes físicamente mal, intranquila, sin poder descansar de lo alterada que estás. El día a la semana se convierten en dos y hasta en cuatro (o cinco si no lo empiezas a cortar).

Llegan los comentarios sutiles, las manipulaciones pequeñas, el «¿no te basta lo que te doy yo?» el «pues para subir cosas a Instagram sí que tienes tiempo» y empieza a sonarte familiar.

Porque ya eres capaz de leer entre líneas lo que pasa, lo que quiere decir sin decirlo directamente.

Y es que cambies tu comportamiento, que te amoldes a sus “sugerencias”, a lo que te dice expresándose “fruto de la más pura y sincera honestidad” en el nombre de sus sentimientos más auténticos -esos que tú dañas cada dos por tres con tus actitudes según él-.

Que no es otra cosa más que un intento de que se imponga siempre su voluntad. Simplemente porque la tuya no sirve. Se tiene que plegar.

Solo que esta vez, lo ves venir al vuelo. Eres capaz de adelantarte, reconoces los patrones y sabes lo que viene después.

Sabes que tras machacarte, señalarte, juzgarte e intentar amedrentarte, de ponerte como la que siempre falla de los dos, como vea que quieres escapar, va a cambiar la estrategia.

A la de ponerte de lo peor. Pero no es la primera vez que te acusan de ser cruel o poco humana por hacer valer tus ideas y defender tu libre albedrío. No es la primera vez que, ante un razonamiento impecable, te acusan de atacar.

Todo lo que haga falta con tal de desestabilizarte. Incluso negarte una y otra vez que, lo que oíste con tus propios oídos, nunca llegó a pasar.

El clásico gaslighting para hacerme dudar de unas percepciones que, ocho años atrás, sí me hicieron plantearme si mi juicio atinaba. Esta vez no di la oportunidad.

Y cuando, viviéndolo casi desde un segundo plano, tomas distancia, dejas las cosas claras, le dices que no es bueno para ti y que te vas, llega el momento final de la interpretación. El tercer acto: pena.

Apelaciones al cariño, a su salud psicológica, a que está pasando un día de mierda en el trabajo por tu culpa, de los peores de su vida, a que lleva esperando todo el día la ocasión de hablar, a que no pide tanto, a que lo que ha hecho no es tan grave, que no ha matado a nadie, que no fue con mala intención (pero tú sí eres mala dispensándole ese trato).

Aquí y solo aquí, me he sentido agradecida de haber vivido antes la experiencia. Porque sé al 100% en qué deriva esta toxicidad si se le da margen.

Porque he estado ahí, en lo más oscuro, en el mayor de los miedos, en la anulación de mi voluntad como persona y empezó de la misma manera.

Siempre empieza de la misma manera.

Ocho años después, me he encontrado la misma piedra en el camino. La diferencia es que la he visto a tiempo y no he llegado a caerme. La he saltado -porque saltar implica impulsarte y, por unos segundos, volar- y he seguido adelante.

Es la prueba de que hay que estar siempre atenta a lo que pueda pasar, a quién pueda traernos la vida. Porque yo he evitado caerme a tiempo, pero la piedra sigue ahí, esperando a la siguiente.

Y, por desgracia, no es la única.

Duquesa Doslabios.

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Amor millennial: el hilo que ata y que sueltas

«Este es tu hilo», dice la voz en off de Morgan Freeman cuando, al empezar una relación con alguien, te hacen entrega de un carrete.

Este es tu hilo y puedes usarlo para lo que quieras. Querrás entrelazarlo suave, alrededor de su cintura cada vez que sea tierno contigo.

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Cuando te retire el pelo de la cara, te coja por la barbilla o te haga reír para distraerte sabiendo que estás preocupada por un examen, una entrega, una amiga.

Tú misma lo enrollarás alrededor de ti, acercándoos más todavía, cuando te salga ser detallista. Cuando hagas cosas por amor que no imaginarías, cuando le sorprendas con una receta o una llamada nocturna solo para comprobar, por el tono de su voz, que está bien.

Con ese hilo puedes hacerlo todo. Incluso reforzar vuestro cariño al descubrir que tenéis aficiones en común, que ya podéis ir juntos a clases de baile en pareja o al club de poesía, a ver una exposición o a comer una hamburguesa, a engancharos a una serie, a ver una película…

Poco a poco, esos nuevos hilos entre los dos harán más fuerte cualquier vínculo y ayudarán a tirar de vosotros hacia delante en el momento en el que uno -o ambos- pierda el equilibrio.

Sirve tanto un hilo para atar con suavidad unas muñecas, e inmovilizar piel al compás de suspiros y jadeos, como para soltarlas. Liberándolas para dejar espacio de por medio, para no dejar marcas, ni hacerles daño.

Porque es también el hilo el que pone distancia entre los extremos. Sirve para unirse y para separarse.

Habrá momentos que lo mejor será soltar hilo y los reconocerás porque no quieres seguir tan unida.

Un reproche aquí, otro allá, un comentario que «va sin maldad» pero hiere a rabiar, el daño constante, la carga mental, las noches de insomnio sola en la cama que ganan terreno a las demás, la falta de concentración, la ansiedad de no ver las cosas funcionar como quisieras…

Irás soltando carrete para respirar, para no sentirte tan mal contigo misma, para recuperarte, dormir esas ocho horas que ya pensabas perdidas desde que su forma de ser resultó incompatible con la tuya.

Y por mucho que hayas entrelazado, atado y reatado, con doble nudo e incluso uno de los cabos esté fijado a la pata del sofá, llegarán personas que te harán soltar el carrete sin parar.

Hasta el punto de que, cuando buscas dar unos centímetros más, te darás cuenta de que te has quedado sin hilo porque te lo han gastado.

«Y solo hay un hilo por persona», me recuerda Morgan Freeman. «Úsalo bien».

Duquesa Doslabios.

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No es tan mala idea hablar con tu ex si es para pasar página

Soy de las pocas excepciones que, en ese año tan raro que fue 2020, no rompió su relación por causa de la cuarentena. Al revés. Estar confinada con mi -ahora ex- pareja no supuso ningún inconveniente ni añadió dificultad a nuestra relación.

Ya que la ruptura fue después (y por una causa nada relacionada con pasar tiempo juntos), me enfrenté a las nuevas restricciones con una mudanza, mucho tiempo libre, demasiada gente en común en redes sociales y pocas opciones de escapar de todo aquello haciendo un retiro espiritual en un pueblo cualquiera, lo que realmente me pedía el cuerpo.

Enfrentarse a una separación es complicado siempre. Lo ha sido para mí en la recta final de mi veintena y lo está siendo para un amigo de la familia que se ha divorciado al poco de cumplir 60 años.

PULL&BEAR

Asumir el cambio de vida, el fin de una etapa o las nuevas rutinas que tienes que empezar a crear de cero y por tu cuenta, son siempre parte del proceso.

Pero cuando viene acompañado de la sensación de soledad de no poder casi reunirte con las amigas o refugiarte en abrazos y besos de conocidos que viven tus penas como propias, ¿cómo seguir adelante?

Hay dos momentos de mi vida sentimental que me han enseñado sobre mí misma más que cualquier otro. El primero fue cuando me desenganché de una relación tóxica. El segundo ha sido este.

Y no las pongo al mismo nivel ni mucho menos. Pero si en la primera vez averigüé lo que no quería volver a encontrarme en mi vida, en la segunda lo puse en práctica sin dudar.

No hubo dudas, remordimientos ni miradas hacia el pasado. Solo la certeza de que había aprendido la lección y había tomado la vía correcta.

Al principio fue de todo menos sencillo. Durante el primer mes repasaba cada poco tiempo sus redes y recorría los lugares en los que habíamos construido recuerdos juntos durante los últimos los años con un nudo en el estómago.

Llegó el punto de inflexión cuando lo que más me exasperaba era sentir que yo era la única que estaba viviendo ese sufrimiento, que a la otra persona no le importaba nada.

Que pese a no haber sido yo quien había fallado en la relación, era quien peor lo estaba pasando, quien no conseguía dejar todo atrás y avanzar.

Así que hice algo que desaconsejan en todas las normas no escritas cuando atraviesas una ruptura: le escribí para preguntarle su secreto.

Quería saber cómo hacía para evitar saber sobre mí, cómo aguantaba las ganas de escribir, cómo había dado todo tan por perdido…

Y no fue hasta ese momento, en el que tuvimos una conversación por WhatsApp, que pude escribir el punto final.

Lo mejor es que de todas las preguntas que me formulaba en mi cabeza y que le expuse en aquel momento, solo pudo contestarme a una: no me buscaba para no hacerse daño. Tan sencillo y obvio como eso.

Entendí que el hecho de no saber todo lo que podía estar pasando por su cabeza, de no entender sus motivos de no volver a querer saber nada, era algo que debía aceptar y con lo que me tocaría vivir.

Tenía dos opciones: quedarme anclada dándole vueltas a las cosas sin llegar a ninguna respuesta, porque lo mismo ni siquiera él la tenía (y si la tenía, no iba a compartirla conmigo), o soltar y salir del bucle.

Desde ese momento no he vuelto a pasar por su perfil y tampoco he tenido ganas de hacerlo. Tantos conocidos en común hacen que de vez en cuando se cuele en el mío.

De fondo, en alguna historia, soy capaz de reconocerle. La diferencia es que puedo decir que esas intrusiones ya no me aprietan las entrañas.

No siento nada.

Consciente de que ha sido un cierre poco convencional, es el que me ha servido a mí y el que realmente me ha ayudado a la hora de avanzar.

Ha pasado de ser personaje principal a un extra, un figurante más que ya no es relevante en la trama donde he vuelto a ponerme en el puesto de protagonista.

Y solo yo escribo la siguiente página.

Duquesa Doslabios.

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Que la cuarentena no te confunda: sigue sin ser buena idea escribir a tu ex

Da igual si este sábado cumples una semana de cuarentena o la empezaste antes. En lo que coincidirás conmigo es que da la sensación de que llevamos un mes dentro de casa.

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Y sí, por muy casera que me considero, también se me comen las paredes en algunos momentos, lo que me lleva a plantearme todo tipo de ideas para pasar el tiempo.

Me consta que conforme pasan los días, el nivel de locura va creciendo (tú también tienes a ese conocido que se ha quitado la barba cuando llevaba años dejándosela crecer).

Por el momento, con las peluquerías cerradas, la tentación de cortarme flequillo con tijeras es grande -lo que tiene el aburrimiento-, pero me consta que sería algo relativamente cuerdo en comparación con otras ideas que se me podrían pasar por la cabeza.

Esto no es un llamamiento a que no te afeites la barba o a que no pruebes ese tinte que lleva meses cogiendo polvo en casa. Es un recordatorio de que, pase lo que pase en la cuarentena, no deberías escribir a tu ex.

Vamos a hacer como que no se te ha pasado por la cabeza (cuando llevas ya unas cuantas veces pensándolo) mientras te explico por qué es la peor de las ocurrencias.

No sabemos qué va a pasar dentro de unas semanas. Todos los mensajes que nos llegan -quitando los memes- son bastante preocupantes. Y, además, no tenemos manera de despejarnos la mente con actividades que realizábamos normalmente.

Esos factores dan lugar a un cóctel mólotov de sentimientos que te producen ansiedad y miedo. El estado perfecto para que busques seguridad y control en las pequeñas cosas (¿entiendes ahora los ataques consumistas de comprar papel higiénico?).

En plena crisis emocional, puede parecer que tu ex es la mejor persona con la que desahogarse. Te conoce como nadie y te recuerda a la tranquilidad de cuando estabais juntos, un pasado que parece -ahora en perspectiva-, más sencillo que el presente.

Deja que te diga que te estás engañando. Ni hablar con él va a arreglar la situación ni te va a hacer sentir mejor.

Míralo de esta manera, ¿le escribirías si no te encontraras en esta situación? Que no te puedan el miedo o el aburrimiento. Tú y yo sabemos que, en cualquier otra circunstancia, no estarías planteándotelo.

Recuerda los motivos por los que se acabó y manda ese mensaje a tus amigos o a tu familia, quienes realmente quieren saber de ti y de tus preocupaciones, los que estarán ahí para ayudarte a gestionar el estrés (y sacarte una sonrisa con el vídeo del tiranosaurio rex por la calle).

Duquesa Doslabios.

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