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Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘desamor’

¿Cómo superar a alguien con quien no has llegado a salir en realidad?

Tenemos una manía muy mala, mala de verdad. Conocemos a alguien, chico, chica, género fluido, da igual. La cosa es que hay una persona nueva en la vida y la vida mola más.

Pero (sí, tiene que haber un pero. Como en todos los grandes dramas, el pero no puede faltar) esa persona se va.

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Y nos deja vacíos alguien con quien realmente, no habíamos empezado a salir ni a lo mejor habíamos tenido nada especial, pero ya no está físicamente y, en cambio, en nuestra cabeza, no puede parar de estar.

Tenemos una manía muy mala de quedarnos en ese momento congelados en el stand by de “¿Y ahora qué?” Tratando de seguir adelante y sin saber ni por dónde empezar a andar.

Pero, ¿se habla también de seguir adelante cuando nunca has salido con esa persona?

Avanzar en la vida sintiendo que quedan sentimientos atrás, es complicado, pero avanzar sin una relación es confuso.

Una vez nos ha quedado claro que no vamos a recibir nada por lo que debamos esperar, hay que preguntarse qué era lo que realmente hacía que esa persona nos interesara tanto.

¿Por qué tanta importancia si, a fin de cuentas, no ha sido correspondido? El amor propio debe imponerse y hacernos recordar que merecemos a alguien que también quiera estar a nuestro lado.

Es un buen momento para tener claro lo que buscamos en la otra persona. Pensar que características nos gustaría que tuviera una posible futura pareja.

Sufrir, darle vueltas a la cabeza o simplemente cerrarse en banda, son comportamientos que no llevan a ningún lado.

Es el momento de concienciarnos de que tenemos opciones. La estrategia del clavo saca a otro clavo no funciona a todo el mundo ni siempre nos apetece realizarla.

Pero independientemente de eso, perder el tiempo pensando en alguien que no nos corresponde es un gasto de energía que, en cambio, podemos invertir en el pensamiento positivo de que hay más peces en el mar.

Duquesa Doslabios.

Llevarte bien con tu ex pareja, ¿realidad o mito?

Hasta hace poco, yo era de esas que pensaba que lo de llevarte bien con una ex pareja pertenecía a la ciencia ficción, junto a la realidad paralela de Stranger Things o el mundo de Narnia detrás de un armario.

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Quizás es porque la mayor parte de mis relaciones han terminado con un corazón roto por lo menos y no siempre es fácil continuar viendo a la otra persona después de eso.

De hecho, ha habido rupturas tan terribles que lo más cerca que me gustaría estar de la otra persona es en las antípodas, pero claro, no solo el cierre tiene la culpa de ello, sino toda la relación previa.

Mi duda se acentuó todavía más cuando vi que mi mejor amiga no solo se lleva con todos sus ex novios sino que muchos de ellos se han convertido en sus amigos más cercanos.

Fue algo que también reflexioné con otro amigo al respecto. “Si una persona te ha aportado cosas buenas, si le has tenido tanto amor, ¿por qué vas a sacarla de tu vida? ¿No es mejor tenerla y que te siga aportando aunque sea de otra manera?”.

No hablo de dejar las puertas abiertas (no es esa la intención), pero últimamente estoy aprendiendo a reconciliarme con mi pasado y a convertir las pocas experiencias negativas en cierres políticamente correctos, en buenos términos, que den pie a un trato amigable.

Puede que no te apetezca invitar a esa persona a tomar un café porque, como diría Dani Martín: “nada volverá a ser como antes”. Pero ¿qué mas da?

La vida sigue, los años pasan, y algo tan ridículo como cruzar un buen deseo sincero de “Me alegra que todo te vaya bien”, marca la diferencia entre un punto de madurez que nos permite discernir y aprender que las personas, como bien decía mi amigo, que tanto han significado, pueden seguir ahí.

Obviamente no en el mismo lugar ni en el mismo punto que en el pasado. Pero ¿para qué volar puentes por los aires si podemos tenderlos?

La vida se cuenta en positivo.

Duquesa Doslabios.

Por qué no creo en el “efecto goma elástica” masculino

Hace unos años, cuando era una tierna adolescente que no sabía nada de la vida ni del género masculino (ahora tampoco, pero disimulo estupendamente) leí un libro que prometía darme las respuestas que, por mi corta experiencia, desconocía: Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus.

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No recuerdo casi nada del libro pero sí que comentaba algo relativo al “efecto goma de pelo” en lo que a afectividad masculina se refería. Años más tarde, una amiga me comentó la historia de un ligue que volvió después de un tiempo sin dar señales y se me vino a la cabeza la teoría del libro.

Para explicarle la teoría correctamente le copié el texto que encontré en varias páginas web:  “Una banda elástica constituye una metáfora perfecta para comprender el ciclo de la intimidad masculina. Dicho ciclo constituye el acercamiento, el alejamiento y luego un nuevo acercamiento“.

La cosa es que después de contárselo, y de reflexionar al respecto, me pareció una tontería monumental. Solo podía pensar en que lo único que estaba haciendo el amigo John Gray, el autor del libro, era cubrirse las espaldas, las suyas y las de sus compañeros varones, para que las mujeres les demos libertad plena de desaparecer cuando les plazca y no pedirles ninguna explicación ni agobiarles al respecto por el efecto “goma elástica”.

Luego me puse a pensar en mi experiencia cuando he estado con hombres que realmente tenían interés por mí (incluyendo a mi querido marido, el buen duque) y nunca he vivido ese fenómeno tan paranormal para mí y tan cotidiano según Gray.

Cuando empezaba a nacer el cariño, la relación se intensificaba por parte de ambos. Nadie hacía bomba de humo, y ni se me pasa por la cabeza que si se desaparece, luego no se dé algún tipo de razón lógica por haberlo hecho. La sinceridad no es solo la base, sino el raíl del camino.

Pero en cambio lo he vivido en numerosas ocasiones con ligues que, de repente y sin venir a cuento, te escriben. Sin embargo no lo llamo “efecto goma de pelo”, lo llamo “Antes no me interesabas pero ahora que vuelvo a estar libre estoy tirando de agenda, me he encontrado con tu número y voy a volver a probar contigo por lo que pueda pasar”.

Claro, como teoría no queda tan bonita ni tan poética como la del libro, pero, como mujer (de la tierra, no de Venus) os aseguro que es una explicación mucho más realista.

Duquesa Doslabios.

¿Por qué lo llaman ‘friendzone’ cuando deberían llamarlo “machismo”?

La Torre de Londres en el siglo XVI y XVII o la prisión de Alcatraz en la década de 1930 no son nada comparables a la friendzone, la temida cárcel del siglo XXI que, solo con oírla nombrar, a más de uno le recorre una gota de sudor frío la espalda.

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“¿Cómo es posible?” se pregunta el chico de turno. “¿Cómo ha podido suceder que, siendo cariñoso, amable, atento, comprensivo e incluso mandándole el enlace de los apuntes de Patatabrava, haya caído en la friendzone? ¿Qué he hecho mal?

Bueno, ya te lo digo yo. Lo que has hecho mal son varias cosas. Para empezar, tu primer error, craso y garrafal, es considerar que por el hecho de mostrarte amable con una persona, esta contrae un tipo de deuda contigo que debe ser devuelta con un cariz emocional o sexual.

En segundo lugar, y este es otro error que deberías trabajar por tu cuenta, es que en vez de encajar con madurez el rechazo (puedes aprender a encajarlo elegantemente aquí), has culpado a la otra persona usando el manido término porque a tu ego le resulta más fácil excusarse que entender que simplemente esa persona no estaba interesada en ti. La persona que te rechaza es “la mala”, la que no consigue ver lo bueno que hay en ti pese a que tú lo has dado todo.

Sin embargo, al igual que entendemos que no podemos caer bien a todo el mundo, no siempre nos van a corresponder. Pensadlo, si así fuera tendríamos la mitad del mp3 vacía. Son las lecciones 1 y 2 de la vida, de las que te daban tus padres cuando te iban a buscar a clase.

La friendzone declara (pero sutilmente, eh) que no puede existir la amistad entre un hombre y una mujer porque él siempre va a estar buscando algo más y el hecho de caer en esa “cárcel” es un castigo en vida. Se convierte automáticamente en una víctima.

El término sostiene que si se mantiene una relación de amistad es a disgusto y obligado porque no le ha quedado otra alternativa. Y francamente, me parece bastante ofensivo y reduccionista el hecho de que asumamos que la amistad con el género por el que nos sentimos atraídos es imposible.

Aprendamos a identificar las diferencias. Una persona que busca tu amistad sincera, porque considera que le aporta tenerte en su vida de esa manera, no dirá que le has friendzoneado. Una persona que quería metértela, sí.

Duquesa Doslabios.

“Tampoco eres tan guapa”

Dos cervezas, tres, cuatro… Una conversación que se hilvana con otra hasta que, de tener los móviles bocabajo, os piden que salgáis del bar, que van a cerrar, que ya no son horas y que si quieres seguir de charla mañana es otro día.

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Él te acompaña a casa y por un motivo o por otro, eso al final es lo de menos, no hay beso. Subes a casa con la sensación de que la velada ha estado bien, divertida y refrescante a partes iguales. Has pasado un buen rato pero te falta eso, la química, la magia, el je ne seis quoi, la atracción, lo que hace que cada vez que te encuentras con alguien que lleva su colonia, se te acelere el pulso.

Y piensas que ojalá te gustara, porque es divertido, tiene conversación, sentido del humor irreverente (como el tuyo) y una extraña afición a regañar a la gente que se pone a hablar en el cine. Pero si no hay química no hay tu tía. El corazón entiende a razones que hacen que la razón se exaspere por completo y tire la toalla pensando “Me mudo a otro cerebro”.

Te escribe tierno, hasta un poco romántico queriendo saber si habrá una segunda cita. Con tacto, mimo y todo el cariño del mundo, procuras no pisar su seguridad en una conversación que para algunos se convierte en minas antiautoestima. Le dices que podéis quedar como amigos, ya que, muy a tu pesar no has sentido atracción por él pese a lo bien que te lo has pasado. Un perfecto sandwich de cumplidos.

“Ok”, te contesta seco. “Me da igual. Tampoco eres tan guapa“.

Y vale que no eres la Marilyn Monroe de Bilbao, ni tan guapa como te insiste tu abuela, pero ¿de verdad hay necesidad de que te ataquen directamente la autoestima cuando tú has intentado ser lo más delicada posible?

Mi sorpresa es que este tipo de respuestas (que no sé si llamarlo “respuesta” o bautizarlo directamente como “ataque”) abundan hoy en día en las relaciones personales:

(Y esto son solo los últimos tuits que he encontrado buscando en Twitter “Tampoco eres tan guapa”.)

Es curioso que, cuando he vivido experiencias del estilo o que amigas cercanas las han compartido conmigo, se ha dado el caso de que siempre hemos y han sido las receptoras del ataque.

Y creedme, si personalmente me hubiera prestado a este juego, bien podría haberle dicho a más de uno que se ha portado mal conmigo: “Tampoco la tienes tan grande” “Tampoco estás tan fuerte” o “Tampoco eres tan bueno en la cama que no encontrarías el clítoris ni aunque estudiaras un grado del tema”. La diferencia es que nunca me he sentido con la libertad de espetarle a nadie un comentario que pueda resultarle dañino.

Supongo que esto reside en la personalidad de cada uno. En que el ego del que muestra interés, que, en vez de encajar con madurez el rechazo, se queda con lo dolido de la respuesta, no encuentra otra salida que no sea la de responder con el berrinche propio de un niño de siete años sabiendo que, con su contestación, está tirando a dar.

Estés en el lado que estés, si, por lo que sea, te encuentras con un descarte del estilo, tómatelo con pragmatismo y recuerda que, en el caso de que recurras al “Tampoco eres tan guapa” solo estás haciendo gala de tu inmadurez (lo que, encima, le da más razón a la otra persona).

Y si por casualidad, has recibido la frasecita recientemente, da gracias de que has tomado la decisión correcta, porque esa persona que se retrata sola con semejante comportamiento, no merece ocupar más tiempo en tu vida.

Duquesa Doslabios.

Separar sexo y amor nos ha salido un poco rana

Y mira que parecía buena idea en un principio. Eso de ir a la cama sin sentimientos de por medio, solo por pasar un buen rato, como quien queda para echar una partida de billar, sonaba bien… O al menos en teoría.

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Siempre en teoría. Porque luego está la práctica, con ese empeño que tiene en complicar las cosas que de primeras parecen sencillas.

Yo era de las que pensaba que el sexo sin sentimientos era uno de los inventos del siglo, como la copa menstrual o el wifi público.

Incluso fui de las que se apañó para tener alguna que otra follamistad auténtica, de esas regulares porque la compañía era buena, la relación amigable y, para qué engañarnos, las noches más entretenidas.

Pero no voy por ahí. Hablo de la función estrella de solo una noche entre las sábanas (o en el coche, o en el baño del restaurante, que el lugar es lo de menos). Esa nos ha salido rana. Nos ha salido rana y de qué manera. El sexo este se nos ha subido a la chepa.

Si tenemos un poco de suerte, a lo sumo, acumulamos muchas experiencias raras. Porque, y esto lo sabes, de la mayoría de ellas no repetirás. Ya sea porque o bien no te ha gustado o porque no te han dejado satisfecha. Y es que estar ante desconocidos hace que, en ocasiones, no seamos capaces de comunicarnos apropiadamente. Porque lo malo de lo casual, lo rápido, lo fugaz, del “dejarse llevar” es que no tienes la confianza con esa persona como para decirle cómo te gustan las cosas.

Porque solo es un polvo.

Y repito, eso con un poco de suerte. Porque también se dan (en mucha menor medida) otras experiencias incluso dolorosas. Lo de los encuentros esporádicos da una libertad que va ligada a un sentimiento de impunidad que muchas veces te acojona hasta la médula. Cuando te encuentras en una de esas situaciones solo puedes pensar “¿Cómo narices me he encontrado a este friki?”.

Porque ese tio sabe que no le vas a volver a ver.

Porque solo es un polvo.

Nos hemos vuelto confiados, sobre todo de los 25 a los 35 años, que es cuando (y valga la irreverencia) pese a que más confianza emocional nos falta, más confiamos nuestros cuerpos a extraños. Nos sentimos casi invencibles con ese par de condones en la cartera. Ese que no te va a pillar nunca la fecha de caducidad porque estás pendiente de ella. Pero, ¿lo usamos cuando hacemos sexo oral? ¿Sabes tan siquiera cómo es un preservativo femenino?

No. Porque solo es un polvo y vamos de vagina en vagina, de polla en polla y tiro otra vez, porque esta noche me toca.

Tanto querer cuidarnos el corazón y al final va y casi nos matamos jugando a la ruleta rusa de las venéreas. Y repito, eso con un poco de suerte de que no acabe en unos años en un cáncer de garganta por esas entrepiernas que nos pasamos de unos a otros como si fueran una bolsa de patatas. Haces pop y ya no hay stop.

Porque solo es un polvo. O doscientos. Pero todos tienen algo en común. En ninguno de ellos, o al menos, mientras sigan desligados del sentimiento, se encontrará la intimidad, el conocer a alguien por encima, por abajo, por delante, por detrás, por fuera, por dentro y del revés.

En el mundo de lo efímero son valientes aquellos que se permitan el lujo de dedicar tiempo a conocer, a desarrollar una conexión, a cuidarla y a descubrir el sexo como expresión del amor. No se trata de una competición entre monógamos y ejecutantes de función estrella de una noche. Pero, si lo fuera, yo tengo claro quiénes serían para mí los ganadores.

Duquesa Doslabios.

La sección de sentimientos de El Corte Inglés

(Si lo prefieres, puedes escucharlo leído por mí dándole al play)

Un día un poco tonto, y un poco lista que andaba yo ese día al mismo tiempo, me pidieron una frase para una escena de teatro improvisado. Me salió, tal cual lo leéis, “Sección de sentimientos de El Corte Ingles”. Dadle tiempo a Dimas Gimeno, quizás un día nos la encontremos.

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La sección de sentimientos de El Corte Inglés no es el más grande de los departamentos. De hecho, es posible que te topes con ella sin esperarlo, entre “Bebés” y “Cine y Música”, ya que a veces, es algo de la sección de sentimientos, lo que lleva de una zona a otra. Aunque, por lo visto, en el de Vitoria y algunos más, como el de Albacete, Málaga, Avilés o Vigo, se encuentra pegada a la de Viajes.

Tengo entendido que, incluso en la Gourmet Experience de El Corte Inglés de Callao, el que tiene vistas a Gran Vía, van a añadir una isla dedicada a los sibaritas de sentimientos que buscan emoción de alta calidad y son aficionados a la cultura del buen amar.

Puede que llegaras a la sección de sentimientos de El Corte Inglés por casualidad, porque realmente tienes de todo y no necesitas nada, o al menos hasta que un dependiente avispado, que sabe más de sentimientos por experiencia que por trabajo, te conduce a una remesa recién llegada de productos. Y no es hasta ese momento que no te das cuenta de las ganas que tenías de hacerte con uno.

Más allá, en otra caja, hay una chica exasperada tratando de cambiar un sentimiento (sí, esta sección también cuenta con clientes descontentos, no iba a ser la excepción). La dependienta intenta hacerle ver que el problema no es el producto, sino que no es compatible con la persona con la que lo quiere instalar. “Mire que lo siento señorita, pero es irreconciliable”. “No lo entiendo, si está nuevo. Acabo de comprarlo. ¿Cómo puede ser que no funcione?” La dependienta trata de explicarle pacientemente y de buenos modos (porque por mucho que sea una sección nueva, el curso vestibular de los grandes almacenes, es para todos), que el problema es que el sentimiento de ella no cuadra con el sistema operativo del chico. Que por mucho que a ella le guste, para él solo ha sido un “rapidito”.

Acaba de llegar, directamente salido de las escaleras mecánicas, un hombre con un sentimiento destrozado entre las manos. En el servicio técnico ya le han dicho que no hay nada que puedan hacer para salvar ese matrimonio, y que acuda a la sección de sentimientos para ver si pueden ofrecerle algo nuevo que pueda ser parecido a aquel que compró, feliz y confiado, hace más de 30 años. Es una tarea difícil, le han dicho, ya que ese modelo dejaron de fabricarlo hace tiempo, pero se encuentra en la sección adecuada para reponerlo.

Lo más maravilloso de la sección de sentimientos de El Corte Inglés, es el estante de Oportunidades. No ocupa apenas espacio, pero es una de las zonas más frecuentadas del departamento. Sus productos vuelan casi al instante de ser depositados. Si te acercas ahora podrás ver que ofrecen los siguientes: “oportunidad a tu ex”, “oportunidad a ti misma de que mereces ser feliz“, “oportunidad a esa chica que estás conociendo y que, aunque no quieres tener pareja, no puedes dejar de pensar en ella“, “oportunidad perfecta para decirle te quiero”, “oportunidad de cogerle la mano”, “oportunidad de darle un primer beso“…

Duquesa Doslabios.

¿Qué hay detrás de la felicitación navideña de tu ex?

La Navidad se caracteriza por una cosa en especial. No es el turrón extraño que saca cada año Vicens, la lotería que nunca toca pero casi, las cenas interminables o los juegos de mesa que enfrentan a más familias que los retos virales del tipo “¿De qué color es el vestido?”.

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La época natalicia se caracteriza por el mensaje inesperado de tu ex después de un periodo de tiempo sin ningún tipo de contacto.

Te puede pillar en el baño, a punto de hincarle el diente a una gamba pelada o celebrando la cuenta atrás hacia el Año Nuevo que siempre (siempre, siempre) te sorprenderá.

“¿Pero qué quiere ahora?” Suele ser lo primero que se nos pasa por la cabeza ante lo que, por lo visto, es tan solo una inocente felicitación navideña (que además va con tiernos emoticonos incluidos).

Si esto te resulta familiar, te han “Marleyado”, que es el nombre que le han puesto en honor al fantasma Jacob Marley, que visita a Scrooge en Un cuento de Navidad, la obra de Charles Dickens.

La visita de los fantasmas de las exparejas o Marleying, según la web de citas Eharmony, sucede a una de cada diez personas de las que fueron encuestadas, y el 8% de la muestra afirmó que eran los que habían dado el paso a la hora de contactar.

Los factores que se barajan son varios (aunque David Guapo lo tendría claro: tu ex te quiere chuscar). La oportunidad por la proximidad, ya se sabe que todos volvemos a casa por Navidad, hace que haya quienes quieran ver si se puede reavivar unas llamas. Otra razón es la soledad, y es que ver a todas tus hermanas emparejadas (y a una que encima sospechas que tiene la cintura más ancha y no porque se esté pasando de polvorones) hace que te entre la melancolía de “Pero qué bien que estaba yo con mi ex”.

Por mucho que las fiestas nos permiten acceder a la barra libre de escribir a las exparejas, piensa antes de contestar en qué punto te encuentras. A fin de cuentas, si no te convence, siempre puedes quedarte en devolver los buenos deseos y no dar más bola a la situación. Gracias y buen trato, valen mucho y cuesta barato

Duquesa Doslabios.

Querido capullo

(Si prefieres escucharlo leído por mí, dale al play)

Voy a hacer algo que nunca pensé que haría contigo: te voy a dar las gracias. Gracias por llegar a mi vida y, por qué no, gracias también por destrozarla.

No me malinterpretes, no es que lo necesitara. Nadie necesita en su vida un capullo y menos aún si nos paramos a pensar en lo devota que fui yo contigo.

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Pero claro, cómo iba yo a saber que me encontraba delante de un capullo cuando me desarmaste con esa sonrisa de pillo, no es como si lo llevaras en la frente escrito o como si hubiera sabido que en tu cartera tenías el carné de capullo integral, de esos con un master, especializados en joder.

En el fondo me río, me río por no llorar, porque pensaba que ya a mi edad sabía reconoceros desde la distancia, a kilómetros, a millas, a años luz. Pensaba que ese radar que me he construido a prueba de capullos saltaría en cuanto alguno se me acercara.

El problema es que los capullos sabéis cómo esquivarlo, sois capullos con piel de cordero, el capullo definitivo, la evolución, el 2.0.

Quiero decirte que ya está, que no te guardo rencor, que no importa si me jodiste más fuera de la cama que dentro de ella, que no pasa nada por las mentiras que me he comido de primer plato, segundo y hasta de postre con cuchara, porque ya me he dado cuenta.

Me he dado cuenta de que eres un capullo. Y si bien no puedes cambiar, yo si puedo decidir dejar de sentirme mal por ti.

Estoy agradecida porque gracias a ti he descubierto que soy indestructible, que aún despedazada, puedo recomponerme de nuevo. Que lo hermoso de un corazón es volver a juntarlo usando oro para mantenerlo unido. ¿Y sabes qué? El resultado, no podría ser más bonito.

Querido capullo, no te equivoques. No quiero que te justifiques conmigo para que te sientas bien contigo mismo. Perdiste tu crédito de tantas motos que te he venido comprando. Además que compré todas sin excepción. Compré “Eres la única”, compré “Me he enamorado de ti”, compré “Quiero pasar contigo todos los días de mi vida”. Fíjate si era una buena clienta que hasta te compré el “No volverá a pasar” y la de “Esta es la última vez”. Te compré tantos “Te quiero” que cuando descubrí que no me estabas vendiendo algo verdadero, sino un artículo falso, de imitación, empecé a encontrar las taras en todos los demás.

Y así terminamos la relación, descubriendo que tú estabas vacío y yo, de llena de mentiras, empachada.

Aún con todo, que tus todos son nada en realidad, quiero darte las gracias. Porque me has enseñado que aunque tú eres un capullo de serie, no todos sois iguales.

Gracias porque tenía que toparme con un capullo para apreciar realmente a alguien original, alguien de diseño, de edición limitada, alguien especial.

Duquesa Doslabios.

p.d.: También aplicable a las capullas.