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¿Por qué cuando más nos preocupa la eyaculación precoz es en verano?

Oficialmente estamos en la temporada del sol, la playa (piscina para los que somos más de ciudad), el plan de barbacoa con los amigos y ¡las consultas de eyaculación precoz!

Sí, la que es la disfunción sexual más común entre los hombres parece ganar especial protagonismo en este momento del año, que es cuando aumentan las consultas al respecto.

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Y es que según los datos del NHS, el sistema de salud de Reino Unido, además de ser la disfunción más típica, el 80% de los casos no se tratan por vergüenza.

Pero no nos hace falta irnos muy lejos para saber cómo va la salud sexual masculina, ni pensar -leyendo esos resultados-, que aquí nos libramos.

El doctor Jesús E. Rodríguez, director del Instituto Sexológico Murciano y jefe de investigación de Myhixel (el método natural para controlar la eyaculación), se encarga de afirmarnos lo contrario.

En España sucede lo mismo, hasta el punto de que, según el especialista, uno de cada cuatro españoles la padece o padecerá a lo largo de su vida.

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Y, si se da en las primeras experiencias, “nos acompañará toda la vida si no se le pone remedio”, afirma el doctor.

Sorprendentemente, como decía más arriba, es en verano cuando las consultas se multiplican. Las causas son varias, aunque en ningún caso significa que por el calor haya una predisposición a que se desarrolle la disfunción.

Por un lado, se debe a que muchos hombres llevan meses padeciendo los síntomas y postergando el momento de tratarse. Es ahora cuando, en palabras del doctor “la gente tiende a afrontar tareas a las que antes no se le ha podido dedicar tiempo”.

Entre el trabajo, la rutina, los compromisos familiares y con amigos, era difícil sacar un momento para el cuidado personal, lo que sucede en menor medida en verano, la estación en la que estamos más relajados y con la agenda libre.

Aunque también se debe al “aumento de las relaciones sexuales, tanto en personas sin pareja estable como con pareja estable”, admite el especialista.

Y, no podemos olvidar que, en el caso de este año, también el confinamiento ha afectado a la salud sexual masculina haciendo que haya un repunte en los problemas de erección. Lo importante es recordar que, sea por el motivo que sea, es algo que tiene solución.

Duquesa Doslabios.

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Sí, hay relación entre la eyaculación precoz y el confinamiento por el coronavirus

Aunque el aislamiento en casa ha servido para ponernos las pilas con esas fantasías eróticas que teníamos pendientes o incluso hacer limpieza de juguetes, si hacemos balance, no siempre el sexo ha salido ganando.

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Emocionalmente, al estar en una situación desconocida, cada persona ha reaccionado a su manera. Hay quienes han tenido sexo como si fuera a llegar el fin del mundo y quisieran repoblarlo en unas horas (sí, me viene de camino un sobrino) y quienes han perdido el deseo por completo.

Y sí, ambas situaciones son comunes dentro de la anormal normalidad, tanto la disminución de la frecuencia de relaciones como, en el caso de algunas parejas, el aumento de ella.

Día a día, averiguamos nuevas consecuencias tanto del virus como del confinamiento y una de ellas podría explicar por qué la eyaculación precoz, como el uso de la mascarilla fuera de casa, se ha disparado.

Antes de entrar en materia, quiero recordar que la eyaculación precoz es una disfunción asociada a la salud mental. Y, ¿qué trastoca más nuestra salud mental que el estrés y la ansiedad por no poder salir de casa porque hay un virus campando a sus anchas dejando un número escalofriante de víctimas mortales?

Las dos alteraciones son las archienemigas de una vida sexual saludable, por lo que se han destapado como dos de las razones por las que se habría disparado la eyaculación precoz.

Es una conclusión a la que ha llegado el doctor Jesús E. Rodríguez, quien os sonará de cuando os hablé de Myhixel, un método para controlar la eyaculación.

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El director del Instituto Sexológico de Murcia, y jefe de investigación del producto, explica que ya han diagnosticado casos en los que esta situación ha sido el desencadenante de problemas de erección y eyaculación.

“Estamos observando un aumento de casos relacionados con la eyaculación precoz, tanto en pacientes que ya la padecían, y que han empeorado durante el encierro, como en hombres que nunca la habían sufrido y han visto cómo sus tiempos de eyaculación se han acortado significativamente”, afirma el doctor.

Y el problema no es tanto que no se haya dado con una solución (que por suerte se han desarrollado tratamientos eficaces y con resultados a corto plazo), sino en la cantidad de pacientes que por miedo, vergüenza u otros factores, no se enfrentan a la situación.

¿El resultado? Una vida sexual insatisfactoria, culpabilidad, agobio… Un cóctel de emociones que equivalen a la metáfora de la pescadilla mordiéndose la cola.

La explicación científica es mucho más interesante, algo que también cuenta el doctor: “Muchas personas se han visto alteradas psicológicamente por esta situación, afectando a su estado de ánimo y sufriendo ansiedad, lo que se traduce en cambios en el metabolismo de un neurotransmisor fundamental en nuestro sistema nervioso y que a su vez es clave en lo que duramos los hombres en la cama, me refiero a la serotonina o 5-HT”.

Aunque esto también puede ser algo circunstancial porque estamos en plena desescalada sexual, no conviene perder de vista el problema (y buscar ayuda experta) si se convierte en una cosa habitual cada vez que se tienen relaciones.

“Cada persona se adapta a un ritmo diferente a cada etapa del desconfinamiento. Lo que estamos observando en consulta es que con la mayor movilidad de la población están aumentando las relaciones sexuales, ya que muchas personas no han pasado el confinamiento cerca de sus parejas sexuales, y este parón está detrás de un repunte de problemas de erección y eyaculación que se están dando al reiniciar el contacto”, afirma el doctor.

Duquesa Doslabios.

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Tu gatillazo se apellida ‘porno’

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos topado con el porno. La curiosidad, algo norma, a edades tempranas es muy fuerte y termina con esas búsquedas a escondidas desde el móvil o el ordenador que vienen seguidas, en el caso de los más prudentes, de otras investigaciones a golpe de buscador sobre cómo hacer desaparecer el indiscreto historial.

LELO

El porno nos convierte en espectadores activos o pasivos por mucho que, acompañando la visualización, llevemos a cabo alguna acción. Un espectador pasivo es, a mi parecer, quien recibe el contenido dándolo por válido y veraz, utilizándolo como fuente de estímulo tal y cómo lo ve.

Por otro lado, el espectador activo tiene una actitud más crítica ante la pornografía. También puede disfrutar del contenido, pero los vídeos, los comportamientos que aparecen en ellos, hacen que se cuestione la realidad de lo que está viendo entendiendo que es una ficción con la que no tiene por qué estar de acuerdo. Son personas más juiciosas que limitan el porno a momentos concretos o a búsqueda de ideas para aderezar la vida sexual.

Un espectador activo tiene el poder sobre la pornografía, mientras que el pasivo terminará consiguiendo, como desarrollaré más adelante, que el porno tome las riendas de su vida (sexual).

Convertir las películas de contenido sexual explícito en una fuente de satisfacción constante pasa una factura muy alta al cuerpo, y tiene nombre y apellidos: disfunción eréctil.

Pero bueno, disfunción eréctil ha existido siempre, me diréis. No es una novedad que haya descubierto yo de repente. Lo que no ha existido siempre, y esta es la novedad, es en hombres jóvenes sanos entre 18 y 30 años.

El cambio de clientela lo han notado, con sorpresa, las clínicas especializadas en tratar la salud sexual masculina, que han visto como su parroquia de hombres de cierta edad aquejados del problema se veían sustituidos por chicos.

Sin enfermedades, sin problemas de salud, sin nada que aparentemente pudiera justificar el trastorno sexual, los expertos tuvieron que analizar qué diferenciaba la sexualidad de esa generación con las anteriores. ¿Adivináis que diferencia encontraron? Correcto, un móvil conectado a internet 24 horas con acceso al porno.

La pornografía existía ya, sí, pero tenías que pasar por el proceso de hacerte con un DNI de alguien mayor de edad, ir al videoblub de tu zona y dar con la película a tiempo de que ni el dueño de Blockbuster ni tus padres te pillaran el VHS en el reproductor.

Una serie de barreras que, ‘gracias’ a la tecnología ya no tenemos. ¿El resultado? Barra libre de porno sin ningún tipo de control en el teléfono. Y además un porno más persuasivo que nunca que consigue provocar la mayor estimulación sexual gracias a las tomas, conceptos, reparto y medios para rodar las películas.

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Y a mayor estimulación, mayor dependencia, una dependencia que se traduce en adicción ya que el abuso del porno, como cualquier droga, provoca cambios en el cerebro alterando la dopamina. Algo que explican en Boston Medical Group: “se crea una mayor resistencia a la misma y se pierden muchos receptores en las células nerviosas. Al igual que la dependencia de las drogas, el cuerpo y el cerebro necesitan una mayor dosis de porno para poder sentir lo mismo que la primera vez”.

Traducción: llegas a un punto en el que nada te excita. Tu deseo sexual normal de chico de 21 años está acostumbrado a un nivel tan alto de estimulación que, las relaciones de pareja clásicas se vuelven aburridas afectando a las relaciones íntimas. Un fenómeno que en la clínica bautizan como “desensibilización”. “Hay una desconexión cerebro-genital y aparecen los problemas de erección”, declaran.

Llegados a este punto, el tratamiento es la única solución, una solución que, para más inri, le cuesta más a los jóvenes que pueden tardar hasta tres años en recuperarse. Pero, no desesperéis, adictos al porno, hay luz al final del túnel.

“Los pacientes que dejan la pornografía entran en una etapa conocida como planicie, con una pérdida de la líbido, indiferencia sexual, pérdida de erecciones nocturnas e incluso depresión”, dicen desde Boston Medical Group”. “Es en ese momento donde hay que tener más precauciones, porque para combatirlo, los hombres pueden volver a recaer en ver nuevamente porno, activándose de nuevo la dependencia”, declaran.

No obstante, y como alumna fiel de la escuela de “mejor prevenir que curar”, la respuesta la tienes unos párrafos más arriba. Con el porno las tres “P”: precaución con su consumo, nunca dejar que llegue a convertirse en la única fuente de estimulación; pensamiento crítico comprendiendo que lo que estamos viendo es una ficción y en ningún caso la vida real; y poder que debemos ejercer sobre ella y no ella sobre nosotros alterando nuestro cerebro y afectando a la vida sexual.

Duquesa Doslabios.

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