El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Ni la violes ni la mates

Son las siete y media de la tarde. A estas horas, normalmente, cojo las zapatillas, el abrigo más grueso que tengo y salgo a correr. Hoy no, hoy no hay ganas, ni fuerzas ni nada. Hoy hay, además de una pena que me llega al tuétano, miedo.

PIXABAY

No es que haya empezado hoy a sentirlo, siempre ha estado ahí, siempre lo he vivido. Pero hoy pesa más que de costumbre.

Tengo miedo de salir por mi barrio, mi parque con sus columpios donde he pasado tantas tardes de mi vida, mi zona de siempre, y no volver.

Porque quizás un día, o tú que me lees, o yo, que te escribo, no volvamos a casa. Y no dependerá de ti ni de mí. No es que, motu proprio, hayas decidido irte sin mirar atrás, es que han decidido por ti que ese era el final de tu camino.

Como tantas mujeres que se han cruzado a lo largo de mi vida en la universidad o en el trabajo, aviso siempre a alguien cuando salgo de casa a hacer ejercicio y mi madre o mi padre me piden encarecidamente que “me cuide”, que tenga “sentidiño”.

Pero que “me cuide” no es suficiente, porque por mucho que vaya por el camino que no tiene pendiente, por la zona iluminada para evitar tropiezos y que pueda caerme al suelo, mi seguridad desde que salgo de casa, por mucho que tanto a mí como a ellos nos pese, deja de estar bajo mi control.

Pienso en mis amigos, en mi hermano, en cómo no tienen que preocuparse de estas cosas, en como salen a correr, a andar, de fiesta, de viaje, a estudiar, en como vuelven a la hora que quieran solos o con las compañías que deciden sin ese miedo a no regresar.

Y entonces solo cabe preguntarse, ¿esto es vivir en libertad? ¿Es libertad vivir con miedo de salir de casa? ¿Con miedo de ir por la calle independientemente de la hora, de la gente que circule, de la zona, de mi ropa, de mi edad?

¿Cuándo van a dejar de pedir que nos cuidemos? ¿Por qué el planteamiento es que, siendo mujer, te protejas en vez de que, si eres hombre, no agredas?

Igual si empezáramos a enseñar de manera diferente, a decir que si ves a una chica sola por la calle a las tres de la mañana, que si te cruzas con una que va borracha, que si coincides en el parking, que si es una vecina que te encuentras en el rellano, que si tu pareja quiere romper la relación, que si va viajando sola, que si es tu compañera de trabajo y ha ido al baño, ni la violes ni la mates.

Duquesa Doslabios.

Papá Noel, seré breve: tráeme un vibrador

A punto de caramelo de la Navidad, quiero hacerte una propuesta indecente. Olvídate del jersey de cuello cisne, los auriculares inalámbricos o la colonia de turno.

FACEBOOK LELO

Este año pide un vibrador. Es un regalo que solo te va a traer satisfacciones y vas a usar, si no toda tu vida, depende de cómo lo cuides, mucho tiempo, por lo que es un gasto que vas a amortizar.

Además, es una buena idea si estás sin ideas y quieres tener un detalle con alguien, ya que no necesitas saber la talla y siempre va a encajar con el gusto de la persona (¿a qué mujer no le gusta tener orgasmos?).

Nuestros hábitos de compra de este tipo de juguetes son bastante convencionales, ya que, según un estudio realizado en Barcelona por Bigban para Plátanomelón.com, entre usuarias de juguetes sexuales, se llegó a la conclusión de que es el diseño del producto el principal aliciente a la hora de hacerse con uno.

La apariencia general, el color o la textura se llevan cuanto más ‘convencionales’ mejor, ya que el estudio afirma que por mucho que el porno experimente con productos más parecidos a armas espaciales que a juguetes, tendemos a huir de los modelos “más intimidantes”.

En su lugar, las mujeres nos quedamos con aquellos que aumentan las expectativas de placer y de juego y, sobre todo, que son discretos.

Si tu perra encuentra el juguete en el armario y aparece en plena cena de Nochebuena, sacudiéndolo de lado a lado, siempre puedes decir que es un mordedor último modelo (excusa que no cuela si el juguete en cuestión tiene una forma anatómica realista con venas incluidas).

Mirar el bolsillo es algo que, independientemente de a quién vayamos a regalar, solemos tener en cuenta, por lo que es otro de los factores claves según desveló el estudio.

Las comparaciones en este caso sí que son buenas, nos quedamos con los que tienen un precio intermedio. Los caros se rechazan “por desconocimiento del rendimiento y los atributos diferenciales del producto” mientras que los baratos generan desconfianza en los materiales, afirma el estudio.

Así que, ante la duda, y para ir sobre seguro, un modelo estándar en todos sus aspectos conseguirá romper el hielo sobre los juguetes. Que si luego se quiere seguir experimentando, siempre se puede comprar el año que viene el vibrador con luces de colores, partes giratorias, chorros de aire a presión y que te pide una pizza cuando ya has alcanzado el orgasmo.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

El hombre “cruz”, se tumba en la cama y espera que hagas todo el trabajo tú

Me hace mucha gracia el término “estrellita” o “estrella de mar”, un concepto que les he oído en varias ocasiones a algunos amigos haciendo referencia a compañeras de cama que, según ellos, su único movimiento de acción fue subirse al colchón y quedarse abiertas de brazos y piernas durante la faena.

FACEBOOK CALVIN KLEIN

¡Ay, si yo os contara!

En el mundo femenino existe un equivalente que he decidido bautizar como el hombre “cruz”.

El hombre “cruz” por no hacer, no se quitaría ni los calzoncillos. Se tumba mientras tú tienes que hacer 69, flor de loto, paja, mamada, mamada hasta la campanilla, paja cubana si las tetas te alcanzan y, si te dejas, sexo anal, porque como todas sabemos, siempre está el listo que intenta meterla por detrás.

Que aunque luego te venga con el “Perdona, que me equivoco de agujero JEJE” tú sabes más que de sobra que la única equivocación ha sido la tuya por traerte ese elemento a casa.

El nivel de presión de las películas porno que sentimos en nuestros momentos de intimidad es tal que es como si tuvieras que prepararte una performance para que te admitan en Juilliard más que para un rato divertido.

Y bueno, no hablemos ya de pedirle al hombre “cruz” que caliente un poco el horno. Lo máximo que hará, si eso, es tocarte un poco por encima y susurrarte, a los dos minutos, con el calentón adolescente en plena efervescencia (sí, aunque tenga 36 años): “Venga va, vamos a hacerlo ya”.

Pues mira chato, esto no es una farmacia 24 horas que con darle al timbre ya tienes quien te atienda, aquí tienes que dedicarle un momento.

Pero es que no has dado con un tío cualquiera, has dado con el hombre “cruz” y si ya se resiste a preparar el terreno con la mano, mejor ni hablemos de la lengua.

En el remoto caso de que consigas que baje, dará los lametones como si estuviera evitando que el helado goteara al suelo y volverá a subir, pirulo en mano (por aquello de seguir con las metáforas de alimentos) con menos ganas de jugar a las comiditas y más de darle al teto.

Aunque su concepto de acción, claro, es el concepto de relajarse mientras tú te dedicas a controlarlo todo. Mira, me río yo de conducir vigilando los pedales, el volante y los espejos retrovisores.

Echar un polvo a cuatro patas boca arriba mientras te tocas las tetas y controlas que tu melenaza no le asfixie la cara al mismo tiempo que mantienes un ritmo que se llevaría el reconocimiento de tu monitor de spinning, deja la dificultad de conducir al nivel del chupete.

Así que para todas aquellas mujeres que vayáis a encontraros con un hombre “cruz” tenéis dos opciones, o bien ponérsela a él y tacharle para siempre de la agenda o bien darle la vuelta a la situación y que le toque esa noche “cara” echándolo a suertes.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Hablan los hombres de sentimientos entre ellos?

Este fin de semana lo he pasado en una casa rural con amigos, un grupo en el que estamos entre los 23 y los 30 años.

PIXABAY

Aunque la mayor parte del tiempo lo hemos pasado todos juntos, también hemos tenido los clásicos momentos en los que hablábamos las chicas por un lado y los chicos por otro.

Mientras que nuestras conversaciones iban desde el trabajo, a los estudios, pasando por la menstruación, nuestras familias, nuestras parejas o las emociones encontradas que nos producían peinarnos juntas en el baño, como cuando teníamos 13 años, las de ellos giraban en torno a los coches o el gimnasio.

En más de una ocasión le he preguntado a mi pareja sobre qué hablaban los chicos cuando quedaban y solía repetirme aquellos dos temas o, si eso, añadiendo como tercera conversación la fiesta, si la ocasión para la que se habían juntado era salir juntos.

Entonces, ¿no hablan entre ellos de cómo se sienten? ¿No se desahogan cuando han discutido con la novia? ¿Cuando el perro está malo? ¿Cuando a su padre le da un coma diabético? ¿Cuando no aprueban unas oposiciones?

La mayoría de los que conozco que rondan esas edades o no lo hablan o, si acaso, lo hablan con su pareja o familiares, pero nada de sacar el tema entre ellos.

Aquello me hizo echar la vista atrás y recordar desde cuándo llevo compartiendo mi mundo interior con las amigas.

En el patio del colegio es habitual encontrarnos en grupitos hablando mientras que ellos, centrados en el deporte, ocupan el patio principal haciendo uso de los campos de fútbol y la cancha de baloncesto. No todos, por supuesto, pero sí una gran mayoría.

Ya desde pequeños existe una gran diferenciación que, nos demos o no cuenta, nos acompaña el resto de nuestra vida, por lo que el hecho de que lleguen a los 30 años y no sean capaces de hablar entre ellos, de escucharse, puede deberse, en parte, a que ya desde pequeños, no está bien visto que hablen de sus emociones.

Está aceptado que corran, que hagan deporte juntos, que sean un equipo, pero ¿qué clase de equipo hay si no conoces a los miembros que lo forman?

No me imagino mi vida sin poder compartir mis miedos, mis inseguridades, mis frustraciones o mis enfados con mis amigas, que son como una zona segura, una mezcla entre psicólogas y curanderas que reducen todos los problemas por arte de magia y te hacen sentir de nuevo, tranquila y lista para enfrentarte al mundo.

Son ellas las que consiguen hacernos ver lo que nos sucede desde otro punto de vista, ayudarnos reflexionar sobre cómo gestionamos una situación y por tanto, plantearnos cómo podemos mejorar.

Y si bien uno de los puntos en el que coincidíamos todas era que, en ocasiones, nos falta mayor empatía por parte de nuestras parejas, ¿no sería esta una manera de desarrollarla?

Ojalá ellos descubrieran que abrirse es de gran utilidad, además del placer que produce poder compartirte con otras personas a las que quieres.

Podemos pensar que somos muy progresistas, que ya no tenemos prejuicios, pero todavía está presente el miedo de ser “menos macho” delante de los colegas o de que te llamen “mariconazo” por hablar del corazón. Algo que sigue, por desgracia, alimentando los estereotipos de género, pese a que las únicas consecuencias que tiene compartir los sentimientos con las personas de confianza, son positivas.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Lo que hemos aprendido de Tinder este 2018

Aunque en artículos anteriores de Tinder has aprendido cómo hacerte un perfil con éxito, con la cercanía del fin del año, la aplicación también ha hecho balance consiguiendo que podamos tomar nota acerca de nuestros usos y costumbres en el arte del ligoteo online.

FACEBOOK TINDER

La pizza es el lenguaje universal cuando propones un plan de cena en tu grupo de WhatsApp de amigas, pero también en la app, ya que junto a las croquetas y la tortilla española, ha sido una de las comidas más mencionadas en las biografías.

Y es que ante la duda, no hay hielo incapaz de romperse ante una buena conversación de comida.

Si la cosa no funciona, puedes lanzarte a la piscina y probar con alguna frase de Los Simpsons, ya que es la serie de referencia de los usuarios que circulan por la aplicación.

Resulta difícil resistirse a que si alguien te escribe “Energía nuclear” no lo leas con la voz de Monty Burns, por mucho que sea en una conversación a través de la pantalla del móvil.

La vida sana ha hecho especial hincapié a la hora de ganarse el match, por  lo que el emoji de ‘No fumadores’ se encuentra entre los más destacados, como el de la cerveza, por irónico que parezca.

Pero si lo que buscas es la franja horaria perfecta para que aumenten las posibilidades de conocer a alguien, desbloquea el móvil los lunes a partir de las 10 de la noche para hacer swipe, fruto de la melancolía del fin de semana que ha terminado pero también con toda la energía de empezar con buen pie la semana.

Y para terminar, algunas palabras clave para añadir en tu biografía, los términos “viajar”, “cine” o “música” son algunas de las palabras que tendrás que incluir. Aunque si te parece demasiado tradicional, “postureo”, “selfie” o “spoiler” también encabezan la lista.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

BDSM artesanal en España, así es el negocio del sadomasoquismo

Cuando pensamos en qué es lo que más se vende de accesorios BDSM creo que todos podemos coincidir en que las esposas, fustas o bocados pueden ser algunos de los complementos más populares ya que pueden encontrarse en prácticamente cualquier lado.

BDSM ACADEMY OF DISCIPLINE/FESTIVAL BDSM COLOMBIA

O al menos, eso pensaba yo hasta que conocí en el Salón Erótico de Barcelona a Miriam y Ricardo, la pareja que se encuentra detrás de Artesanía BDSM.

Recuerdo que al hacerle la pregunta, por manida que pudiera parecerme, Ricardo me contestó, para mi asombro, que el producto que realmente era el éxito de ventas en su página web era una especie de váter especial para practicantes de la cropofilia.

“Un cajón donde la persona dominatrix va arriba y el sumiso recibe los excrementos por abajo, que cuesta entre 150 y 180 euros” me dijo el carpintero.

Tanto él como su esposa llevan 10 años en un sector al que empezaron de a pocos haciendo cosas ligeras. “Es como un hobby para nosotros” me dice mientras me diseña un arnés de BDSM a medida.

Ambos coinciden en que es un mercado que ha crecido mucho últimamente. “Cincuenta sombras de Grey le ha quitado miedo al mundillo, ha hecho bien al negocio. La gente tiene la mente más abierta, no se ve con rechazo”.

Incluso llegan a afirmar que se ha puesto de moda gracias a series como CSI o Castle y, por supuesto, en parte debido a las películas porno.

Ahora que han desaparecido los prejuicios y muchos se atreven a hacer la sexualidad más divertida y variada, con este tipo de productos son los collares, cuerdas, látigos o fustas los accesorios que más vuelan del stand, ya que en palabras del artesano “son para un público más general”.

Cuando le pregunto cómo suelen ser sus clientes a la hora de elegir me revela que lo más difícil es que aquellos clientes que vienen en pareja se pongan de acuerdo. “Las mujeres suelen ser más lanzadas” dice Ricardo.

Si bien su competencia es feroz, el mercado chino sobre todo debido a los bajos precios, la pareja cree firmemente en la calidad del producto que venden, ya que se trata de cuero auténtico.

Además, para aquellos bolsillos más apretados, no es necesario hacerse con todo el set para decorar la mazmorra, ya que también alquilan el material para fiestas privadas.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Cuánto drama aportas en tu relación?

Lo admito. Me encanta el drama. Soy de esas personas que disfruta viendo Titanic.

PIXABAY

Y como buena drama queen, en mi relación tampoco falta la tragedia. Aunque es una tragedia sana, de esas de discusiones absurdas, de temas que no son ni relevantes. De las que ni sirven para hacer un ingenioso hilo y volverme el nuevo fenómeno viral.

No es que discutir sea algo habitual en mi personalidad. Pero es que a veces, “hay que buscar drama” (estoy hablando en una relación sana con momentos puntuales de discusión, no de una pareja tóxica en la que una persona sistemáticamente hunde a otra).

Y ahí es donde entra la regulación emocional. Cómo dejamos que nos afecten las cosas y cómo reaccionamos ante ellas, algo que podemos aplicar a por qué te molesta tanto que tu pareja haya vuelto a dejar (por quinta vez) los calcetines en el suelo.

Tenemos que partir de que los sentimientos no se equivocan y que si por algo nos enfadamos y nos sentimos mal, estamos en lo cierto, lo que sí cabe buscar es el origen de ello.

Hay tres aspectos que debemos tener en cuenta: el subconsciente, el consciente y el consciente social.

El subconsciente es la versión más salvaje de nosotros mismos, sin filtros. La que no aguanta al novio de tu amiga.

El consciente es el que sabe que, aunque te caiga mal, quieres a tu amiga y lo importante es que ella sea feliz. Y por último el consciente social es el que sabe que no puedes decirle lo que piensas porque sería bombardear vuestra relación y lo que te importa realmente es lo que tienes con ella.

Estando con nuestra pareja ocurre una cosa, y es que podemos llegar a perder los filtros y decir directamente lo que pensamos desde el subconsciente. Y claro que decir lo que pensamos está bien, pero no siempre es correcta la manera en la que lo hacemos.

Volviendo al calcetín que lleva todo el rato ahí tirado en lo que escribo esto. Si vas y le dices a tu novio que es “un cerdo”, en tu línea, directa y sin rodeos, estás dejando salir tu pensamiento inconsciente, pero no es la mejor forma de abordar la situación ya que seguramente tu pareja se lo va a tomar mal.

En cambio si aplicas el consciente, sabes que no es un cerdo porque se ducha todos los días y es bastante ordenado. Y si después añades el consciente social, para cuidar el trato entre ambos, le dirás que si no le importa recogerlo cuando tenga un momento.

Para quienes, como yo, parezcamos unidas ineludiblemente al drama, ser consciente de esto es un punto clave, no solo a la hora de comportarnos sino a la hora de encajar los comentarios del estilo.

La clave, como todo, está en el balance, en saber dónde está nuestro filtro. ¿Es extremadamente social por lo que no buscamos nunca el confrontamiento? La base de las relaciones es la comunicación sincera por lo que deberíamos poder discutir con madurez cuestiones en las que surgen desacuerdos.

En el otro extremo, la discusión. ¿Buscamos continuamente la pelea? Si es así, es el momento de hacer introspección y plantearnos si todo esta bien o hay algo por ahí en lo que tengamos que trabajar a nivel personal.

Lo mejor es que el dial se encuentre bien situado entre los dos puntos. De hecho lo suyo es que la mayor parte del tiempo la relación esté bien y también haya un pequeño porcentaje para una sana discusión y diálogo siempre con respeto y tratando las cuestiones de manera correcta.

A cambio, además de disminuir ese drama, nos hace madurar en la relación y mejorar la conexión con nuestra pareja.

Así que, ¿qué tal si de deberes te haces autoexamen y te preguntas si no estarás pasándote de calamidad?

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Influyen las series sobre nuestra vida sexual? Más de lo que pensamos

Las películas, la música, la televisión… Todo lo que nos rodea esculpe nuestra visión de la sociedad en la que nos encontramos y, en parte, eso incluye el ámbito sexual.

YOUTUBE

María Hernando, del equipo de sexólogas de Platanomelón.com, afirma que “las series nos dan ideas; ya sea de posturas sexuales, de fantasías, situaciones excitantes, conductas provocadoras…”. Algo que según la experta, podemos aprovechar para aplicar a la práctica.

Y es que casi llega a 6 millones la cantidad de personas abonadas a plataformas audiovisuales en España, lo que consigue ayudarnos a conocer otras opciones diferentes a las que estamos habituados y a ampliar nuestro concepto de diversidad sexual.

Esto, para la sexóloga, nos ayuda a “analizar otras sexualidades, aunque nos parezcan antagónicas a las nuestras, nos da la oportunidad de derribar tabús y prejuicios acerca de los demás” gracias a que empatizamos con los personajes.

Juego de Tronos, con sus desnudos, es quizás la que primero se nos venga a la mente, sin embargo las series no solo ayudan a desinhibirnos.

Por controvertida que sea mi opinión sobre Élite, hay algo que no se le puede negar a la Física y Química moderna, las relaciones atípicas son las que dominan.

Y si bien es un poco apurado que aparezcan dos adolescentes aburridos de su relación, nos acerca a ver con normalidad otros modelos de pareja e incluso diferentes ‘perversiones’.

Merece también mención Orange is the new Black, que ha conseguido que muchas de sus espectadoras nos planteáramos nuestra orientación sexual con el tórrido romance entre Vause y Chapman (aunque personalmente encuentro más excitantes los cunnilingus de Nichols a Morello).

NETFLIX FACEBOOK

Si estáis faltas de ideas, para mí, la mejor serie es una que le da importancia a una cosa que las demás pasan por alto, el erotismo. Outlander se lleva la palma de ser la primera serie que consigue excitarme solo por cómo el protagonista rozaba la mano de su compañera de toda la carga sexual que hay entre ellos.

Y no es que vaya precisamente falta de escenas explícitas, además por cada plano en topless de la protagonista hay uno del culo del guerrero escocés. Outlander funciona, no ya solo por la original trama que transcurre de manera dinámica, sino por tratar el sexo como algo más que ‘mete saca’.

Aún recuerdo de hecho cómo en uno de los últimos capítulos que vi, los protagonistas se desnudaban prenda por prenda (está ambientada en el siglo XVIII, imaginad la cantidad de capas de ropa). En otras series lo lógico sería pasar directamente a la acción, pero en Outlander la espera es como un caramelo que se deshace lentamente y que vas disfrutando al mismo tiempo.

No hay gemidos de película porno, pero tampoco está exenta de ruidos. Hay pies arqueados, glúteos contraídos… Incluye sexo gay o en estado de gestación, algo que ayuda, sin duda a visibilizar y normalizar el deseo sexual en esa época.

Al final, hay muchos casos de series que ponen que, al mismo tiempo, nos ponen a cien.  Y a ti, ¿qué series te excitan?

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Así se usan los anillos para el pene o ‘cockrings’

Admito que la primera vez que usé un anillo para el pene no tenía ni idea de cómo utilizarlo. De hecho fijaos si tanto mi acompañante como yo estábamos perdidos con el asunto que lo pusimos sujetando los testículos pensando que era una especie de complemento.

PIXABAY

Sin embargo, este tipo de accesorios, son todo un mundo. Independientemente de que puedan parecernos atrevidos por la estética, y ya sea una característica que suma puntos, su uso va mucho más allá.

El juguete mantiene la erección durante más tiempo ya que retiene la sangre, por lo que puede prolongar el tiempo que le dediquemos al coito, algo que resulta de ayuda si tardas más que tu pareja en llegar al orgasmo.

¿Cómo debemos colocarlo? A diferencia de lo que podamos pensar, la manera correcta es cuando el pene se encuentra erecto y con el preservativo ya colocado. “Ayuda a mantener la erección, no a provocarla” afirma Laura, de Placeres Secretos Love Store.

La portavoz hace hincapié en el uso de lubricante de agua, ya que ayuda a que se pueda deslizar hasta la base así como “rasurarse la zona para evitar incómodos enredos”.

Al presionar una zona sensible, es normal que quien lo esté usando se pueda preocupar por la sensación de presión. ¿La clave? Comprarlos elásticos y conocer la medida, ya que como dice Laura “para elegir la talla correcta debemos medir el diámetro de nuestro pene erecto”.

Como cualquier juguete, tiene precauciones a la hora de usarlo, por ejemplo evitar su uso “más de 30 minutos seguidos o retirarlo inmediatamente si notamos que aprieta demasiado, produce dolor o molesta”. Ya que se trata de un accesorio que retiene la sangre, es un juguete que no debe ser usado por la gente con problemas circulatorios.

“Una vez que lo quitemos, masajear todo el pene nos ayudará a que se recupere cuanto antes el flujo sanguíneo, ya que no debemos olvidar que la función del anillo es disminuir la circulación sanguínea” afirma la portavoz que también señala que “el anillo siempre debe retirarse antes de llegar al clímax, es decir, antes de la eyaculación. Para ayudar a retirar el anillo con un poquito de lubricante a base de agua basta”.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

A ti, que sufres violencia (y puede que aún no lo sepas)

Sé lo que es el silencio, ya sabes a cuál me refiero, ese que pesa más que una losa cargada a la espalda. Sé lo que es recibir reproches, uno a uno, como cuchillos, y todos certeros, directos a donde más te duele.

GTRES

Sé lo que es intentar aguantar esa mirada y finalmente bajarla porque toda tú empiezas a flaquear. Sé lo que es que se te encojan las entrañas cuando rompe algo delante de ti. Hoy una silla, mañana la guitarra, pasado la puerta del cristal de casa mientras lo único que haces es rezar por no ser tú la próxima que tenga delante cuando se enfade.

Sé lo que es tragarte todas tus lágrimas porque están tus padres, tus hijos, alguien fuera de la puerta y como se enteren de que estás llorando “será peor para todos“.

Sé lo que es que te cambie las contraseñas, que te vaya a buscar a todas partes, que no te deje ir a ningún lado sola “por tu seguridad”, porque “te quiere demasiado” y porque “no soportaría perderte”.

Sé lo que es repetirle una y otra vez a tus amigas de toda la vida, al vecino que sale a comprobar por qué estás tirada sobre la escalera llorando, que “no pasa nada”, que todo está bien, que no se preocupen, que “es normal”, que te has tropezado tú sola y que él solo te está ayudando a levantarte.

Sé lo que es que te insulte de desayuno, de comida, de merienda y de cena. Sé lo que es que te diga que va a cometer una imprudencia y pase casi 24 horas sin contestarte para que tú, mientras tanto, solo te imagines lo peor. Sé que te ha dicho que hoy iba a terminar con su vida. Sé que te lo creíste. Sé lo que es pensar que no puedes alejarte de su lado para que no “haga una tontería”.

Sé lo que es sentirte sola porque ya se ha encargado de alejarte de todos. Y lo ha hecho tan bien que ha conseguido que hasta tú te alejaras de ti. Sé lo que es mirarte en el espejo y verte con más ojeras, que te repitan en el trabajo que últimamente “tienes cara de cansada”. Sé lo que es no saber qué ponerte para que no se enfade.

Sé lo que es que te tire del pelo con rabia, que veas como en su mano cuelga un mechón de tu melena, que te empuje contra la pared, que de discutir encima de la cama termines en el suelo. Sé lo que es que diga que “le has obligado a hacerlo” o peor, que “estás paranoica” y que ese golpe, esas manos sobre tu cuello, solo han pasado en tu cabeza. Sé lo que es querer creerlo con todas tus fuerzas, pero que tu garganta, aún atenazada, te recuerde que no te lo has imaginado.

Sé lo que es que te fuerce, porque si no te bajas las bragas cuando quiere es porque “no entiendes sus necesidades”, porque “no le quieres” o peor todavía “porque estás pensando en otro“. Sé lo que es mirarte después, desnuda, y sentir asco y pena, al mismo tiempo, de ti misma.

Sé lo que marcharte y pensar que ni con esas, ni aun cambiándote de país, se va a terminar. Sé lo que es despertarte en mitad de la noche con un ataque de ansiedad, porque, como tantas otras veces, te estaba persiguiendo y lograba alcanzarte.

Sé lo que es que, años después, sigas mirando dos veces a la calle antes de salir de casa, que cambies cada cierto tiempo tus rutas para volver del trabajo o de la universidad, tu rutina, porque te juró y perjuró que o eras suya o no serías de nadie. Ni siquiera de ti misma, la única persona a quien realmente perteneces.

Sé que duele todavía, sé que te cuesta confiar, sé que le buscas en todos los hombres que se cruzan en tu camino porque te da miedo que te la vuelvan a colar. Sé que aún te sientes expuesta, débil, impotente ante lo que él, a estas alturas de tu vida, quiera y pueda hacerte. Lo voy a decir bajito, para que quede entre nosotras, sé que todavía vives con miedo a que te remate.

Pero sé también que eres fuerte, sé que eres compasiva, sé que eres valiente, decidida, sé que conseguiste aprobar ese examen que te llevó la vida estudiar, sé que puedes hacerte una carrera de cinco kilómetros aunque en tu vida te hayas puesto unas zapatillas de correr. Sé que puedes con todo porque eres tu mayor aliada. Sé que ahora parece imposible, pero también sé que basta que veas la jaula para que des el primer paso para salir de ella. Te prometo que en los pasos siguientes no estarás sola.

Duquesa Doslabios.