El hombre que nos quiso explicar a las mujeres la diferencia entre vulva y vagina

Desde tiempos inmemoriales, hay una serie de hombres que nos explican el mundo a las mujeres. Debe ser algo que les pica en su interior, el mismo picor que les hace necesitar abrirse de piernas en el transporte público ocupando el espacio de la de al lado.

No, no es este. Pero me gustó su expresión risueña viendo el Facebook de Media Markt.

Hoy os traigo la historia de uno de esos casos. Uno sonado que llegó a hacerse viral el Twitter y mi reflexión al respecto.

Paul Bullen se encontraba pasando el rato en Twitter cuando vio un tema que le llamó la atención. “Mi vulva y yo: 100 mujeres revelan todo”.

El usuario, que según su descripción es escritor, editor e investigador, aclaró a la autora que la palabra correcta no era “vulva” sino “vagina”.

Hasta aquí, podría pasar la situación por alto si hubiera sido el caso de que la escritora del tuit hubiera cometido un fallo ortográfico (cosa que no hizo).

Para resolver la duda genital, una ginecóloga, la doctora Jennifer Gunter, acudió al rescate de la ortografía, y de las vulvas y vaginas del mundo, aclarándole a Paul Bullen que el término estaba correctamente empleado, ya que la serie de fotografías mostraba la parte externa del aparato reproductor femenino.

Vamos, que para los que no seáis muy fans de la terminología, los labios, clítoris, uretra y toda esa zona que os encontráis cada vez que bajáis a las profundidades de la entrepierna, es la vulva.

La vagina, como explicó la ginecóloga, que habiendo estudiado ginecología y dedicándose a ello, algo sabría (además de que tiene ambas cosas en el interior de sus bragas), es el conducto interno que se comunica con el útero.

Pero el bueno de Paul, erre que erre, continuó diciendo que no, que ni términos, ni términas, ni términes, que el lenguaje coloquial manda y que la palabra “vagina” es la que se utiliza.

En ese momento, la doctora Gunter, flipando en colores de que hubiera estudiado horas y horas en sus años de facultad el dibujito de los genitales femeninos para que viniera un usuario aleatorio de Twitter a corregirla.

¿Su contestación? Hacerle saber que le estaba haciendo mansplaining, el concepto que se utiliza para referirse a las explicaciones que dan algunos hombres (los que mencionaba al principio, no se me ofenda algún lector diciendo que “NO TODOS LOS HOMBRES”) a las mujeres de manera paternalista sin que las pidamos o necesitemos, solo porque entienden que, por ser hombres, saben más que nosotras.

Mansplaining es cuando, por ejemplo, estás tranquilamente entrenando en el gimnasio y te viene el cruasán de turno a explicarte como deberías hacer el ejercicio cuando tú eres monitor personal.

También cuando tu tío se pone a explicarte en las comidas familiares cómo deberías salir vestida o evitar ciertos lugares para que no te pasara nada, cuando tu padre te dice que a ver si te pides ya la baja porque claro, con siete meses de embarazo no deberías seguir trabajando o cuando después de pasarte dos años trabajando en una asociación cultural del vino, te llega tu cita a contarte con todo detalle cómo se cata.

Cualquiera podría pensar que en ese momento, Paul Bullen recordaría que está hablando con una ginecóloga y recularía, pero, no solo insistió en su razonamiento sino que alegó que el término “mansplaining” no era correcto en su caso haciendo mansplaining del mansplaining en una espiral de explicaciones que no desgarró el espacio-tiempo de milagro, respuesta ante la que la doctora, imagino, no sabría si reír o darse de golpes contra la pared.

¿La conclusión? La vulva es lo de fuera, la vagina lo de dentro, nadie te ha pedido explicaciones al respecto y, si tienes la urgente necesidad de explicar algo a tu compañera de trabajo/tía/amiga/madre/esposa/conocida/clienta/novia/hermana piensa primero:

  • ¿Me ha preguntado?
  • ¿Sé más que ella en este campo por experiencia?
  • ¿Sé más que ella porque me he informado al respecto?
  • ¿Sé más que ella porque soy una eminencia en ese campo?
  • ¿Estoy al 100% convencido de que la información que le voy a dar es nueva y relevante?

Si cualquiera de tus respuestas a estas preguntas es “No”, mejor cállate, porque de lo contrario, estás practicando el mansplaining. Y eh, noticias frescas, no necesitamos que nadie nos explique las cosas.

Duquesa Doslabios.

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‘Made in Spain’, nuestros problemas sexuales más comunes

Aunque la sexualidad cada vez está más aceptada, todavía tenemos ciertos tabúes en torno a ella que nos impiden tratarla con toda la libertad que nos gustaría.

MediQuo

¿El ejemplo más típico? Cuando vienen los problemas. Si nuestras amistades de confianza, esas a las que primeros recurrimos, no saben qué decirnos, caemos irremediablemente en las fauces de Google, que, ante cualquier tipo de síntoma, el resultado del algoritmo es siempre el mismo: cáncer, muerte.

Una alternativa es mediQuo, una aplicación de chat médico que resuelve las dudas médicas del tipo que sean, y, por supuesto, las del sexo, con la tranquilidad de que podemos consultar libremente sin tener a nuestra madre al lado poniendo la oreja en la consulta del médico de cabecera.

Analizando más de 11.000 consultas de los últimos cuatro meses, han dado con las cinco preguntas más frecuentes que nos rondan la cabeza (y los genitales) a los españoles.

El orgasmo es nuestra obsesión y, muchas de nosotras, no sabemos ni por dónde empezar para llegar a él. La falta de conocimiento en el ámbito sexual, y tener como maestra a la pornografía, no es de mucha ayuda a la hora de darle respuesta. La opinión de Claudia Kösler, la experta en sexología de la app, deja claro a qué se debe: “Para llegar al orgasmo, primordialmente hay que estar relajada y atenta al cuerpo y sus sensaciones. Si te pasas todo el encuentro sexual en la mente, te desconcentras”.

Para nosotras, sí, pero también para ellos es una de las principales preocupaciones, si bien por motivos diferentes. Eyacular rápidamente, otra de las dudas más habituales, puede deberse a diferentes motivos, desde estrés hasta malos hábitos sexuales.

MediQuo

La fijación por aguantar más tiempo en la cama es algo que también preocupa a nuestros compañeros, porque como ‘Lady Porn’ les ha enseñado, hay que ser unos machotes de mucho cuidado aguantando horas y horas dándonos placer.

La realidad es que la sexualidad no es solo el rato de penetración, hay mucho más mundo que descubrir de sábanas para adentro, por lo que la observación de Kösler no puede ser más acertada: “No olvides la importancia de la calidad por encima del tiempo y la cantidad“.

“Aguantar más en la cama requiere control sobre la propia excitación, combinar diferentes prácticas sexuales, no centrarse exclusivamente en la penetración, hacer paradas, cambiar de ritmo… ¡Esto no es una carrera! Calma, relajación y compenetración mutua”, afirma la experta.

Nos preocupa tanto ese momento de intercambio que se nos olvida precisamente reforzar los vínculos y actitudes que complementan la experiencia creando una conexión. Es precisamente la comunicación lo que nos da confianza para poner en práctica lo que nos gusta, nos excita, algo que sin duda soluciona la común consulta de “No siento nada en las relaciones sexuales”.

El deseo también tiene un peso fundamental, ya que es el quinto motivo más consultado. Un elemento que varía también en función de diferentes factores como el estrés, la falta de tiempo o incluso conflictos dentro de la propia pareja.

El secreto sigue siendo poner las cartas sobre la mesa, sincerarse con la existencia del problema y ponerle solución buscando las causas que pueden alterarlo. Como dicen por ahí, el secreto está en las ganas, y si estas no faltan, serán la principal ayuda para potenciarlo.

“Prácticas exploratorias corporales, mejorar la comunicación con la pareja, uso de fantasías, lectura de novela erótica o mindfulsex” son algunas ideas que propone Kösler para mejorar en ese aspecto.

Y ya sabéis, si seguís teniendo dudas, mejor dejar a Google a un lado y preguntar a los expertos.

Duquesa Doslabios.

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Esto es lo que tienes que hacer si sientes miedo en algún momento de tu cita

Las primeras citas siempre dan un poco de miedo. Entre los nervios, la situación o la carga emocional de saber que vas a tratar algo tan delicado como los sentimientos hacen que sean unas experiencias con cierto nivel de temor. Y si eres mujer, ni te cuento, ya que uno de los escenarios que se te pasan por la cabeza a la hora de quedar con un desconocido es terminar la noche despedazada en una bolsa de basura.

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Oh, perdonad. ¿Me he puesto muy cruda? Supongo que es lo que tiene que en tu primera cita una de las primeras frases que te diga tu acompañante sea “Podría matarte y deshacerme de tu cuerpo en menos de 15 minutos”. O que se echara a reír diciendo que tan solo era una broma, ya que, por lo menos, necesitaría 25.

Tener una primera cita es el nuevo deporte de riesgo. Te da igual que sea con una persona que se ha cruzado tu pulgar en la aplicación de ligar del momento o que no sea otro que el compañero de piso de uno de tus amigos del pueblo, fiarse al 100% es complicado.

Sobre todo cuando recuerdo la historia, aún se me ponen los pelos de punta, de mi amiga, esa que fue a tomar una copa con su compañero de trabajo y que en el baño se encontró con otra mujer que dijo que no bebiera de su copa porque su amigo, con el que se cruzaba todas las mañanas en la cocina del trabajo, le había echado algo a su bebida.

Aunque no siempre los casos son tan peliagudos, en la mayoría de las citas que no salen tal y como esperamos lo tenemos tan sencillo como esperar a la llamada orquestada con nuestra amiga que, con cualquier excusa, nos permitirá salir del paso y de la cita.

Pero para los ejemplos en los que no tenemos esa suerte, en los que nuestra cita ha mencionado que podría enterrarnos, que nos ha echado algo en el vaso, que no nos deja de toquetear la pierna aunque no le hemos dado señales de que queremos ese contacto o si, por lo que sea, nuestro instinto salta avivando las señales de alarma, el mejor consejo es seguir nuestra intuición.

Creedme, lectoras, pocas veces falla nuestro sexto sentido. Por mucho que se nos enseñe a controlarlo desde pequeñas, a hacernos creer que somos unas exageradas, unas paranoicas o unas histéricas, no encontraréis un impulso más certero que el grito mudo de “Escapa” que llega a lanzar nuestro cuerpo.

El miedo en las citas que os he mencionado es tan real que no terminamos de saber bien cuál es la manera de gestionarlo ni de ponernos a salvo. En Inglaterra han puesto en marcha un servicio llamado Ask for Angela, una especie de código que dices a los empleados del lugar en el que te encuentres para que te ayuden a salir de la cita con seguridad, por la salida de emergencia, llamando a un taxi o retirando a la persona a un espacio seguro dentro del bar donde poder tranquilizarse y hablar con el staff.

La idea, por mucho que me repatee el hecho de que por ser mujer vayas una primera cita con el miedo de que te pueda pasar algo, no puede parecerme mejor. Puede que en España no tengamos una campaña como tal, que tampoco estaría de más crearla, pero podemos hacer saber igualmente a los trabajadores del sitio la situación.

A fin de cuentas, no necesitamos un protocolo para salir de una situación. No estamos solas, ya sea alguien que forme parte de la plantilla o incluso por parte de otros clientes, siempre habrá una persona a quien podamos pedir ayuda.

Duquesa Doslabios.

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Tu gatillazo se apellida ‘porno’

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos topado con el porno. La curiosidad, algo norma, a edades tempranas es muy fuerte y termina con esas búsquedas a escondidas desde el móvil o el ordenador que vienen seguidas, en el caso de los más prudentes, de otras investigaciones a golpe de buscador sobre cómo hacer desaparecer el indiscreto historial.

LELO

El porno nos convierte en espectadores activos o pasivos por mucho que, acompañando la visualización, llevemos a cabo alguna acción. Un espectador pasivo es, a mi parecer, quien recibe el contenido dándolo por válido y veraz, utilizándolo como fuente de estímulo tal y cómo lo ve.

Por otro lado, el espectador activo tiene una actitud más crítica ante la pornografía. También puede disfrutar del contenido, pero los vídeos, los comportamientos que aparecen en ellos, hacen que se cuestione la realidad de lo que está viendo entendiendo que es una ficción con la que no tiene por qué estar de acuerdo. Son personas más juiciosas que limitan el porno a momentos concretos o a búsqueda de ideas para aderezar la vida sexual.

Un espectador activo tiene el poder sobre la pornografía, mientras que el pasivo terminará consiguiendo, como desarrollaré más adelante, que el porno tome las riendas de su vida (sexual).

Convertir las películas de contenido sexual explícito en una fuente de satisfacción constante pasa una factura muy alta al cuerpo, y tiene nombre y apellidos: disfunción eréctil.

Pero bueno, disfunción eréctil ha existido siempre, me diréis. No es una novedad que haya descubierto yo de repente. Lo que no ha existido siempre, y esta es la novedad, es en hombres jóvenes sanos entre 18 y 30 años.

El cambio de clientela lo han notado, con sorpresa, las clínicas especializadas en tratar la salud sexual masculina, que han visto como su parroquia de hombres de cierta edad aquejados del problema se veían sustituidos por chicos.

Sin enfermedades, sin problemas de salud, sin nada que aparentemente pudiera justificar el trastorno sexual, los expertos tuvieron que analizar qué diferenciaba la sexualidad de esa generación con las anteriores. ¿Adivináis que diferencia encontraron? Correcto, un móvil conectado a internet 24 horas con acceso al porno.

La pornografía existía ya, sí, pero tenías que pasar por el proceso de hacerte con un DNI de alguien mayor de edad, ir al videoblub de tu zona y dar con la película a tiempo de que ni el dueño de Blockbuster ni tus padres te pillaran el VHS en el reproductor.

Una serie de barreras que, ‘gracias’ a la tecnología ya no tenemos. ¿El resultado? Barra libre de porno sin ningún tipo de control en el teléfono. Y además un porno más persuasivo que nunca que consigue provocar la mayor estimulación sexual gracias a las tomas, conceptos, reparto y medios para rodar las películas.

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Y a mayor estimulación, mayor dependencia, una dependencia que se traduce en adicción ya que el abuso del porno, como cualquier droga, provoca cambios en el cerebro alterando la dopamina. Algo que explican en Boston Medical Group: “se crea una mayor resistencia a la misma y se pierden muchos receptores en las células nerviosas. Al igual que la dependencia de las drogas, el cuerpo y el cerebro necesitan una mayor dosis de porno para poder sentir lo mismo que la primera vez”.

Traducción: llegas a un punto en el que nada te excita. Tu deseo sexual normal de chico de 21 años está acostumbrado a un nivel tan alto de estimulación que, las relaciones de pareja clásicas se vuelven aburridas afectando a las relaciones íntimas. Un fenómeno que en la clínica bautizan como “desensibilización”. “Hay una desconexión cerebro-genital y aparecen los problemas de erección”, declaran.

Llegados a este punto, el tratamiento es la única solución, una solución que, para más inri, le cuesta más a los jóvenes que pueden tardar hasta tres años en recuperarse. Pero, no desesperéis, adictos al porno, hay luz al final del túnel.

“Los pacientes que dejan la pornografía entran en una etapa conocida como planicie, con una pérdida de la líbido, indiferencia sexual, pérdida de erecciones nocturnas e incluso depresión”, dicen desde Boston Medical Group”. “Es en ese momento donde hay que tener más precauciones, porque para combatirlo, los hombres pueden volver a recaer en ver nuevamente porno, activándose de nuevo la dependencia”, declaran.

No obstante, y como alumna fiel de la escuela de “mejor prevenir que curar”, la respuesta la tienes unos párrafos más arriba. Con el porno las tres “P”: precaución con su consumo, nunca dejar que llegue a convertirse en la única fuente de estimulación; pensamiento crítico comprendiendo que lo que estamos viendo es una ficción y en ningún caso la vida real; y poder que debemos ejercer sobre ella y no ella sobre nosotros alterando nuestro cerebro y afectando a la vida sexual.

Duquesa Doslabios.

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No son las putas, son los puteros

Desde que empecé a escribir este blog, sabría que llegaría el día en el que me tendría que mojar sobre la prostitución. Abrochaos los cinturones, ahí voy.

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España es el Disneyland de la prostitución en Europa. Ya lo he soltado. Os dije que os sujetarais. No solo somos el país con más demanda del continente, sino que el 39% de los españoles reconocen haber pagado por sexo según los estudios de la Asociación de Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP), editados por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

En nuestro país las leyes son bastante generosas ya que la práctica no se encuentra penada, simplemente regulada por los municipios cuando hablamos de ejercerla en las calles. Todo lo demás es campo. Un negocio de cuerpos basado en la explotación sexual de mujeres, demasiado atractivo y rentable como para hacer algo al respecto, ya que son varias las bases sólidas que lo sostienen.

La economía, por supuesto, es la primera. En el momento en el que de casi diez hombres, cuatro están dispuestos a pagar, o han pagado por ello, habrá una segunda persona moviendo cielo y tierra para llevarse ese dinero. Ilegalizarla sigue sin estar sobre la mesa cuando debería ser la primera carta que levantar de esta partida.

Pero claro, no interesa. A fin de cuentas, tampoco está tan mal visto. Ya se encarga la sociedad de que sigamos diciendo “O follamos todos o la puta al río” como cualquier otro refrán.

Para eso se sigue defendiendo refiriéndose a ella como “el oficio más viejo del mundo”, una nomenclatura que solo busca arrojar luz sobre un provecho en el que todo son sombras.

¿Lo que refleja? El poder del machismo, el mayor responsable de que la prostitución continúe. Una serie de mentalidades y comportamientos que dejan claro por qué los puteros son la lacra de la sociedad. Y sino, aquí analizo su trasfondo.

    • Quienes defienden la prostitución afirman que los hombres tienen unas necesidades que deben ser satisfechas a cualquier precio sin importar la integridad, estima o respeto hacia la mujer. Para sus protectores, tener sexo es una necesidad vital. La realidad es que las relaciones sexuales no son una urgencia biológica como respirar, beber agua o comer.
    • El placer de la mujer no cuenta en ningún caso. Ya sea dentro del matrimonio o fuera de él, lo único que busca el putero es que se satisfagan sus deseos con quien, normalmente, no podría hacerlo.
    • Las mujeres no somos recipientes sexuales por mucho que la prostitución considere así a quienes lo ejerzan. Reducirnos a meros objetos de placer es rebajarnos colocándonos en un escalón inferior.
    • Los defensores de la prostitución sostienen que es una manera de empoderar a las mujeres cuando solo es una manera de someternos. El dinero no paga más que una violación, porque, recordemos, es una relación sexual que, en otra circunstancia, la mujer no realizaría. Dinero no equivale a consentimiento.
    • Es imposible que la prostitución se considere una manera real de empoderamiento cuando los casos de prostitutas que han conseguido salir del círculo han dejado claro que no es otra cosa más que una espiral en la que confluyen las amenazas, abusos o exposiciones a enfermedades, una indefensión total. Una rueda que termina con miles de mujeres destrozadas física y psicológicamente. Los puteros son capaces de hacer oídos sordos ante eso (la mayoría son conscientes de la situación de las mujeres que les prestan sus cuerpos) demostrando, una vez más, que siguen siendo ellos quienes están por encima con sus deseos.
    • No existe la puta feliz. Es un mito que esgrimen algunos partidarios para defender que la práctica continúe. Pero lo de que hay quienes se meten por decisión propia solo es una cortina que nos pinta de rosa una realidad cruda tras la que solo hay sufrimiento. Quienes ejercen la prostitución se han visto coaccionadas, empujadas por pobreza, por traumas, adicciones… Es una decisión a la que se ven más obligadas quienes pertenecen a minorías étnicas o carecen de oportunidades laborales. De pasados y presentes destrozados se ha erigido un negocio que sigue destrozando personas sacando provecho de ellas.

La prostitución, pagar por tener sexo, no es un derecho. Pero sí es un derecho no estar sometido a esclavitud, torturas, penas, tratos crueles, inhumanos o degradantes, un artículo que forma parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos al que se le ha puesto precio cuando, es también un derecho humano trabajar en unas condiciones justas y favorables.

Duquesa Doslabios.

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Noche en un hotel con mazmorra: el paraíso de los amantes del BDSM

Por mucho que pueda gustarnos la idea de probar el sadomasoquismo, no es como otro tipo de prácticas. Aunque la dominación y sumisión pueden empezar por cosas tan sencillas como dar azotes o atar con elementos que tengamos por casa, si buscamos avanzar en materia, por lo general, no solemos tener un calabozo en nuestro piso lleno de instrumentos y mobiliario adaptado.

DUQUESA DOSLABIOS

Es una buena idea para quienes quieran probarlo optar por una noche en un hotel especializado. Gracias a que cada vez tenemos una mentalidad más abierta con las parafilias, hay ciertos hoteles que ofrecen este tipo de servicios en sus suites y yo, hace poco, pude probar uno de ellos.

¿Las principales ventajas? En mi opinión, están bastante claras. A no ser que seas Christian Grey y tengas un apartamento de cientos de metros cuadrados, tener una habitación con esas características no es algo al alcance de la mayoría de nosotros, y aunque lo estuviera no sé hasta qué punto me haría gracia que si algún día recibo visitas, mis cuñados la encontraran por sorpresa.

Pero en tu mazmorra de paso, por unas horas, puedes jugar, experimentar, y poner en práctica todas aquellas cosas que solo has visto en páginas webs o que has leído en novelas eróticas. La higiene es impecable, el espacio perfectamente aclimatado, la privacidad máxima y siempre tienes cerca el baño, algo que no viene mal por si en el último momento te entran las ganas de hacer pis por los nervios.

Además de sillones tántricos, esos especialmente diseñados para conectar en 1001 posturas diferentes (he de admitir que uno de ese estilo si entrará en mi futura casa), pude probar un columpio. El columpio es la alternativa ideal a quienes quieren entrar en el bondage pero no tienen ni idea de cómo hacer un nudo.

Es probable que a todos nos resulte familiar la escena de gente colgada mediante cuerdas. Por curioso y atrayente que pueda parecerme en un primer momento, tengo claro que, si no es acompañada de un experto, no me atrevería a probarlo. Por suerte, el juguete está diseñado para imitar la sensación con seguridad y comodidad, es la alternativa ideal.

Aunque lógicamente, el plato fuerte de este tipo de mazmorras suelen ser los potros de dominación o camas con anillas. Son muebles especiales acolchados en los que atarse y experimentar solo está limitado por la imaginación.

¿Detrimentos? Pocos, quizás el único a destacar sea el precio, ya que este tipo de servicios salen por unos 200 euros la noche (recalco noche porque las tarifas de check in cubren aproximadamente 12 horas) y que suelen ser hoteles que, por lo general, no están a un par de paradas de metro de tu casa.

DUQUESA DOSLABIOS

Sin embargo, como experimento en pareja, tiene la máxima puntuación. Además de ser una novedad, ayuda a romper el hielo con este tipo de instrumentos. El límite entre el dolor y el placer no es el mismo para todos y hacer noche en un lugar de estas características sirve como vara de medida del nivel de afición que tienes por la parafilia. Puede ser tanto un descubrimiento, el punto de partida o la confirmación de que, el camino que habías tomado, es el que realmente te gusta.

Además, para quienes se presenten y al final no se vean con ganas de sacar su lado más sumiso o dominante, siempre les quedará la cama o el sofá. Son dos clásicos que nunca fallan. Palabra de duquesa.

Duquesa Doslabios.

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Sexo oral y menstruación, ¿mala idea o buena combinación?

Mucho se ha hablado de los beneficios del sexo durante los días de regla. Se libera la que se conoce como la “hormona de la felicidad”, la oxitocina; los orgasmos ayudan a que, si tenemos dolor, este remita; la sangre puede compensar la falta de lubricación… Y es que a muchas de nosotras se nos pone la libido por las nubes en esos días.

GTRES

Pero, ¿qué pasa con los cunnilingus, una de las prácticas preferidas de aquellas mujeres que, como yo, solo alcanzamos el orgasmo mediante la estimulación directa del clítoris?

He de admitir que, de primeras, la idea de que alguien te baje a la entrepierna cuando estás en pleno sangrado, no es que resulte algo muy apetecible para ninguno, a no ser que salgas con uno de los hermanos Cullen.

Por suerte, el sangrado, a excepciones de casos atípicos, no es algo que salga a chorro y de manera constante durante todos los días de regla. De hecho, a partir del segundo o el tercero, la cantidad de sangre se reduce bastante.

Sin embargo, para los momentos en los que es abundante, hay una serie de objetos de higiene íntima que nos permiten seguir disfrutando. No, las compresas no entran en la lista, pero tanto los tampones como la copa menstrual, dejan la zona lista para cualquier tipo de acercamiento.

Gracias a que el aparato reproductor femenino está coronado por el cuerpo carnoso del placer por excelencia, la sangre no llega a afectar a la zona, por lo que ambos pueden disfrutar con la tranquilidad de que las sábanas no necesitarán recambio.

El cunnilingus, además, es una postura perfecta cuando estás con la regla si eliges la versión en la que la chica se coloca boca arriba, ya que en estos días, ponerse al revés resulta molesto para algunas de nosotras (el peso sobre la tripa puede ser inaguantable).

Para los días de invierno, en los que no quieres coger frío, ya sabemos que en plena regla lo que te pide el cuerpo son bolsas de agua caliente que te mantengan la barriga templada, puedes incluso dejarte el jersey puesto y unos calcetines altos que te permitan disfrutar de la experiencia sin que se te congelen los riñones.

Lógicamente, tener o no este tipo de vivencia sexual en el momento de la menstruación, es una decisión personal. Si una de las dos partes no se siente cómoda, en ningún caso hay que forzar la situación, ya que, recordemos, el sexo es para disfrutar.

Pero si lo ves con buenos ojos o incluso con curiosidad, solo que hasta ahora no te habías animado, ya sabes que puedes bajar al pilón sin ningún tipo de preocupción.

Duquesa Doslabios.

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Un violador en cada esquina

Fue uno de los reproches que le hice a mis padres respecto a la educación que me habían dado: que habían conseguido que nunca me sintiera segura por la calle, que caminaba con el miedo de que, en cualquier momento, podría salir un violador detrás de una esquina. 

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Para mí, entender a una edad tan temprana, porque nos lo enseñan cuando todavía somos pequeñas, que fuera siempre con cuidado por si alguien me hacía algo, me marcó de la manera en la que a todas nos marca saberlo cuando llega el momento.

Y si a mí me parecía injusto, doloroso y horripilante, si me hizo sentir insegura, ahora pienso en el lugar de mis padres.

Pienso en lo que debe ser tener una hija que nace mujer y saber que, en algún momento de su vida, tendrás que tener esa charla con ella. La charla en la que le haces entender a tu hija, a lo que más quieres, que puede haber gente que la quiera agredir, violar o incluso matar.

La impotencia, el dolor y el miedo que yo siento, imagino que es solo la mitad de lo que pueden llegar a sentir ellos. Mucho más vasto y lacerante que el mío.

Unas sensaciones que, me consta, podrían volverse más intensas, aunque no me lo dijeran, si me olvidaba de contestarles a qué hora volvía a cada o si al final me quedaba a dormir en una casa de una amiga y no tenían señales de mí hasta el día siguiente.

Al tiempo que a mí me enseñaban eso, el mensaje para mi hermano ha sido el del máximo respeto hacia las mujeres.

Pero que él haya aprendido que no debe hacer nada en contra de la voluntad de otra persona, no garantiza que las mujeres estemos exentas de peligro en manos de otra persona que no ha tenido el mismo desarrollo.

Si los padres siguen teniendo esa charla con sus hijas es porque la sociedad tiene un problema estructural cuya solución no es solo que los padres den una buena educación.

La responsabilidad, más que la culpa, es de todos y somos incapaces de asumirla. Así que mientras no haya cambios en las leyes, no se refuercen las penas, no se tomen medidas, no se apliquen estrategias en los colegios o las series de televisión, como The Big Bang Theory, no dejen de vendernos como objetos, seguiremos transmitiendo ese mensaje generación tras generación.

Seguiremos diciendo, como mi bisabuela a mi abuela, mi abuela a mi madre, mi madre a mí, y yo, si tengo algún día, a mi hija, que tengamos mucho cuidado, porque ya no se esconden en las esquinas, puede ser el de la casa de enfrente, tu ex novio o el compañero de la oficina.

Y no habrá cuidado o medida que podamos tomar, ropa larga, calle llena, sobriedad o luz del día, que garantice nuestra seguridad ni nuestra vida.

Duquesa Doslabios.

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Las veces en las que fui machista (sin darme cuenta)

Es imposible, o al menos en mi caso, no hacerme autocrítica con todo lo que estamos viviendo (no en vano “feminismo” ha vuelto a ser una de las palabras del año).

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Y es que resulta que me he portado muchas veces de manera machista. No ha sido de manera consciente ni consecuente, no es que realmente piense que el hombre está por encima de las mujeres.

Pero sí que es fruto de haber crecido en una sociedad machista con unos ideales machistas que me van moldeando a través de las películas, las series, la publicidad, las canciones o los propios mensajes de las camisetas del Primark.

Gracias a mi madre, a leer muchos libros al respecto, a Pamela Palenciano, a Barbijaputa o a Caitlin Moran, poco a poco me he quitado la venda de los ojos y me los he pintado de morado. Pero hasta ese momento, en el que aún me queda mucho por ver a través de las gafas de cristal violeta, repito, he tenido varias actitudes machistas.

He juzgado la vida sexual de otras mujeres, desde compañeras del colegio que daban un beso hasta otras de la carrera que hacían pleno acostándose con un hombre diferente cada día de la semana. Así hasta darme cuenta de que cada una podía hacer lo que le diera la gana, que no cambiaba absolutamente nada.

Me he atormentado a mí misma pensando “¿Y la maternidad para cuándo?” como si fuera lo único alrededor de lo que debiera construir mi vida. Según ha pasado el tiempo me he dado cuenta de que no es una prioridad y que no solo no pasa nada sino que no soy menos mujer por ello. No es necesario que tenga hijos para que, como persona, tenga valía.

Me he levantado de la mesa en numerosas ocasiones a ayudar a recoger a mi madre mientras otros miembros de mi familia (varones) se quedaban sentados esperando a que las mujeres limpiáramos, sirviéramos y volviéramos a limpiar el siguiente plato. Y ya van 26 años. Aunque, por suerte, en mi casa, es algo que vamos cambiando.

He utilizado “qué coñazo” cuando algo me parecía aburrido y “cojonudo” si quería expresar alegría. He insultado diciendo “hijo/a de puta”. Ambos los he cambiado de mi vocabulario por otras expresiones más acertadas y menos ofensivas (para las mujeres, claro).

Incluso he llegado a decir que era feminista, pero en ningún caso feminazi. Luego terminé entendiendo que feminazi no existe, es un término creado para desprestigiar la búsqueda de la igualdad. Y que si me lo llaman, sigo sin ser una persona que va a Polonia a asesinar judíos.

Me he reído de un chiste o una gracia machista en público solo por no generar polémica, por no incomodar a la otra persona. Y por no incomodar contestando, he llegado a sentirme incómoda yo al recibir un piropo pensando “No es para tanto, solo te ha dicho algo bonito” sin entender que lo único que estaba dejando la otra persona hacia mí era un acoso normalizado.

Y ahora soy capaz de ver esas cosas porque reconocí que tenía un problema. No es tan grave haber tenido comportamientos machistas en una sociedad machista como darse cuenta de ello y no hacer nada para cambiarlo. El machismo es como la ignorancia, se sale queriendo.

Duquesa Doslabios.

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¿Qué demuestran los juguetes eróticos?

El aumento en la venta de juguetes sexuales ha dejado en evidencia varias cosas, como que la sexualidad cada vez es un tema que tratamos con mayor naturalidad. Las conversaciones de sexo han pasado de ser la excepción a uno de los temas más divertidos que sacar en conversaciones con personas de confianza.

PLÁTANOMELÓN

Hemos perdido la vergüenza sobre la cama y fuera de ella. ¿Cómo mantenerla en una época en la que el sexo es el pan de cada día y de cada hora, si queremos, gracias al teléfono? Pero no solo se quedan ahí las conclusiones de quienes trabajan en este mercado.

Basta de prejuicios, las mujeres jugamos solas. La masturbación femenina se aleja cada vez más del tabú según la encuesta que ha realizado Platanomelon.com cruzada con el análisis de los productos que se han vendido en 2018.

Buscar un juguete para uso personal fue la respuesta del 63% de las mujeres encuestadas. Aprender a disfrutar en la cama empieza por conocerse a una misma, por lo que recurrir a los sex toys es de gran ayuda.

La búsqueda del placer es el objetivo principal (nadie se compra un vibrador, por muy de diseño que sea, para decorar la casa). Esto es algo que demuestra el 72% de las participantes, que compraron un juguete para mejorar sus orgasmos. Los productos que estimulan el clítoris son la apuesta segura de este tipo de negocios.

Aunque no solo en nosotras queda la magia de los artículos de placer. Los hombres también la experimentan, aunque lo hacen más en compañía que por su cuenta. De hecho, el 62% busca algo que pueda utilizar con la otra persona para incrementar la experiencia de su pareja.

PLÁTANOMELÓN

Sin duda es una cifra esperanzadora que nos habla bien de la salud de nuestras relaciones sexuales. Recordemos que, hace décadas, ni se planteaba que las mujeres pudieran tener orgasmos.

Además el 43% de los hombres encuestados buscaban salir también de la zona de confort viviendo experiencias nuevas entre las sábanas. No solo las mujeres somos las curiosas por mucho que, como clientas, superemos en número a los usuarios masculinos. Trabajar en que el sexo no se convierta en algo monótono es responsabilidad de todos.

Dicen en Platanomelon.com que los juguetes de dominación y sumisión han pasado de ser una moda a convertirse en un básico del cajón de las perversiones (ese que tenéis en la cómoda cerca de la cama, ya sabéis cuál os digo). Es tal su éxito que, si se apilaran, rebasarían sobradamente la Torre Eiffel.

Y es que si de algo podemos estar agradecidos a Cincuenta sombras de Grey es que ha arrojado luz sobre lo que antes se veía como una afición sexual un poco oscura. Eso y que experimentar por encima de la línea entre el dolor y el placer, es un acierto seguro.

Como consumidores, podemos tener patrones similares, y si algo ha demostrado esta investigación sobre las verdades irrefutables de la compra de objetos eróticos es que nos sirve como aliciente para enfrentarnos a la semana. Es el domingo la jornada en la que más juguetes sexuales se compran desde el móvil.

Ya sea para contrarrestar el efecto lunes o para tener una ilusión a lo largo de los cinco dais de trabajo que nos esperan. Así que, si mañana no tienes planes, aquí tienes una idea de lo que puedes hacer para pasar el tiempo.

Duquesa Doslabios.

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