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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

‘Sexness’ o cómo el ejercicio beneficia al sexo

Podría hacer una lista de los motivos por los cuales deberías hacer ejercicio diariamente pero más allá de la típica retahíla sobre el corazón o la lucha contra el sedentario, hay razones muy interesantes que se traducen en una mejora de nuestra intimidad.

Fácil y rápido: el sexo mejora la vida sexual.

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Hacer ejercicio de manera regular desarrolla nuestra resistencia corporal, que es algo de lo que podemos beneficiarnos entre las sábanas (no es lo mismo la postura de la vaquera cuando tu actividad diaria se reduce a subir las escaleras del metro que si tienes algo de fondo).

Por extraño que pueda parecernos, cuanta más energía gastas, más energía obtienes (de ahí que tu vecino, el que sale a correr a las 7 de la mañana, siempre tenga ese aspecto tan estupendo). Es una manera de combatir la fatiga que tenemos de todo el día y llegar con ganas al momento clave.

Al hacer ejercicio, el cuerpo genera endorfinas, que son las culpables de que se haga adictivo, a su vez estas estimulan la liberación de hormonas sexuales entre las que se encuentra la testosterona, muy ligado al deseo sexual.

De hecho, dos universidades quisieron investigar este hecho y la University of British Columbia probó que después de veinte minutos en bicicleta las mujeres son más excitables respecto a aquellas que no hacen actividad física (veinte minutos, compañeras).

La Florida Atlantic University, por su parte, averiguó el cuerpo se muestra más preparado a la actividad física sexual porque es más sensible al tacto y a la intensidad de los estímulos en las personas que hacen deporte.

Otra razón para practicarlo, según los expertos, es que moverse ayuda a prevenir problemas ligados a la sexualidad como la eyaculación precoz o la disfunción eréctil.

Obviamente no hace falta meterse a hacer Crossfit o un triatlón, basta con correr dentro de nuestras capacidades, nadar o incluso andar. Lo importante es activarse dentro de nuestras posibilidades.

También los ejercicios que se centran en los músculos o en mejorar la flexibilidad como el pilates o la yoga (y que además son de potencia moderada) permiten que los músculos que se utilizan en el acto sexual se mantengan ágiles.

Por supuesto no hay que olvidar el componente psicológico, ya que sentirse (y verse) en forma da más confianza y ayuda a que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

Y como bien sabemos, sexo equivale a más sexo. Algo que podríamos resumir como que si te encuentras bien tienes una buena calidad relaciones sexuales, y las relaciones son de buena calidad si física y mentalmente estás bien.

Además, piensa que practicarlo en pareja puede hacer crecer el deseo (llamadme rara, pero ver a mi pareja exhausta y sudada consigue encenderme rápidamente).

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Duquesa Doslabios.

Por qué deberíamos dejar de decir “coñazo”

(Y no, no es una pregunta. Es una afirmación.)

No sé en qué momento empezamos a convertir los genitales en expresiones, pero me gustaría retroceder al segundo concreto en el que se repartieron los calificativos para cada uno. Curiosamente lo relativo al pene, es “la polla” y “cojonudo”, mientras que si hablamos de la vagina, es un “coñazo”.

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El lenguaje es la manera de construir nuestro pensamiento. Y como decía Descartes “Pienso, luego existo”, por lo que si pensamos que lo referente al falo es genial, y lo que tiene que ver con la vulva es negativo, estamos construyendo una existencia bastante desigual, ¿no?

Y yo, que la igualdad es la más fuerte de mis fantasías sexuales, quiero darte algunos motivos para que dejes de decir “coñazo” en tu jerga coloquial si lo usas con esa connotación.

En primer lugar porque naciste de un coño. No solo tú, yo también. El señor que tienes delante en el metro también. Pero ten presente que hace unos años viniste de uno de ellos, concretamente el de tu madre, así que teniendo en cuenta que fue tu vía de entrada a la vida, ¿no debería ser la cosa más guay y genial del mundo? Un altar es lo que deberíamos hacerle a los coños.

Por si no lo habías sospechado, decir “qué coñazo” como algo malo es machista. Lo he explicado antes, según nuestro lenguaje la polla es guay, y los testículos cojonudos, todo lo relativo a los genitales masculinos es lo más. Solo lo relativo al coño es malo. Y ¡eh! Últimas noticias: tener coño no es malo.

Porque “coñazo” según la real Academia Española significa que algo es aburrido o pesado (persona o cosa latosa, insoportable) y yo, que ya llevo más de 20 años con un coño entre las piernas, no entiendo por qué seguimos haciendo esa relación. Vamos a ver, yo tengo uno y nunca nos hemos aburrido juntos, de hecho me lo paso estupendamente cuando le dedico un ratito.

Para quienes digan que utilizan la palabra porque no hay ninguna expresión equivalente, decirles que hay adjetivos alternativos que podemos utilizar en su lugar. No es como el caso de “esternocleidomastoideo”, que no tiene sinónimos el pobrecito. El significado que se le ha atribuido a “coñazo” nos permite encontrar más maneras de expresarlo. ¿Quieres ejemplos? Tedioso, rollazo, aburrido, pesado, insufrible, irritante, molesto, fastidioso…

En definitiva, es un buen momento para dejar de utilizarlo porque forma parte de esas expresiones del lenguaje habitual que solo está perpetuando un estereotipo denigra a las mujeres. Pero, si realmente quieres que siga formando parte de tu vocabulario porque se te llena la boca cada vez que dices “co-ña-zo”, ¿por qué no empezar a utilizarla en un contexto positivo?

Ojalá poder escuchar algún día “Cómo mola Avengers 4, el final es la polla, un auténtico coñazo“.

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Duquesa Doslabios.

Las mentiras sobre la menstruación que seguramente oíste de pequeña

La menstruación, esa cosa tan misteriosa para unos y tan pan de cada día para otras. Un extraño ciclo que hace que una vez al mes sangremos como si Quentin Tarantino se hubiera decidido a grabar una película en nuestra vagina.

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Por ello siempre ha estado sujeta a mitos e invenciones que han hecho que cuando te bajaba por primera vez la menstruación, la regla te pareciera una especie de maldición sobrenatural.

Sin embargo con el paso de los años se ha averiguado que la mayoría de las leyendas no eran otra cosa más que invenciones. De hecho quizás te suenen, ya estoy segura de que las has escuchado en algún momento de tu vida:

  • No te puedes bañar en la piscina. Bueno, quizás hace unos años cuando la compresa de tela era lo único que tenían nuestras abuelas, darse un chapuzón en el riachuelo no era la mejor de las ideas (aun así existe algo llamado presión que evita que salga a no ser que hagas fuerza). Pero ahora las copas menstruales o los tampones están para que el calor no nos tenga pegadas a la toalla y podemos echarnos unos largos si nos apetece.
  • Es imposible quedarse embarazada durante la regla. Un mito que no cuenta con la duración de los espermatozoides que aguantan hasta cinco días con vida. Si por lo que sea tu siguiente ovulación sucede con rapidez puedes quedarte embarazada con toda la normalidad del mundo, así que usa protección siempre.
  • Si has usado tampón ya no eres virgen. El mito se debe a que las primeras veces que nos lo ponemos, seamos realistas, puedes pecar de inexperta y romper el himen. De cualquier manera, sexo es sexo, tampones son tampones y no podemos mezclar la velocidad con el tocino. Una persona virgen es aquella que no ha tenido relaciones sexuales y por mucho que tu himen se haya roto, no es la cosa más importante, sino disfrutar de la experiencia.
  • No puedes preparar ciertas comidas porque se estropean. Mi compañero Alfred López escribió un tema muy interesante sobre los mitos de la menstruación que podéis leer aquí, pero resumiendo, no hay ninguna evidencia científica de que con la regla se te corte la mayonesa o que no se hagan bien las conservas. Es probable que se deba a tu habilidad cocinando más que a la menstruación. Piensa que si así fuera, todos los hombres serían expertos mayoneseros, y no es el caso (a excepción quizás de Martín Berasategui).
  • La regla huele mal. Bueno, para empezar la sangre de la menstruación es el mismo tipo de sangre que de cualquier otro tipo. Vale, hay coágulos de tejido sí, pero viene siendo sangre también. Este mito que encima es promovido por los anunciantes de productos de higiene femenina es totalmente falso. La vagina no huele ni a flores ni a nubes, como todos los genitales, necesita una higiene, pero nadie puede oler si estas con la menstruación. Igual el perro de tu vecina te ve y te olisquea la entrepierna, pero es por las hormonas, no por la sangre, y tampoco es como si el animalito se lo fuera a contar al edificio.

La clave es que seamos conscientes tanto hombres como mujeres de que la regla forma parte de la vida, que la llevamos teniendo desde el principio de la historia de la Humanidad. Puede resultarnos más o menos cómoda pero lo importante es que la vivamos con total normalidad.

Duquesa Doslabios.

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Salón Erótico de Barcelona: porno en vivo y educación sexual de calidad

Cualquier excusa es buena para pasar unos días en Barcelona, y el Salón Erótico que se organiza anualmente en la ciudad, fue mi último motivo para acercarme a uno de mis lugares favoritos.

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Nunca había acudido anteriormente al Salón, pero todos nos hacemos una idea, aproximadamente, de lo que allí vamos a encontrar: sexo, sexo y más sexo.

Quizás yo, que soy aún más exagerada, lo esperaba todavía más tróspido: con condones usados por el suelo, gente manteniendo encuentros en los baños… Una especie de orgía gigante en el Pabellón del Vall d’Hebron.

Pero claro, una cosa es la película porno que me había montado en mi cabeza y otra muy diferente la realidad, justo como pasa con la ficción que se ve en esas películas y lo que sucede en el sexo realmente, que son como el día y la noche.

En el Salón Erótico de Barcelona hay sexo en directo, claro. Las actuaciones se sitúan cada pocos minutos en los diferentes escenarios y stands de expositores con una velocidad en la que cada pocos metros encuentras a un puñado de curiosos grabando con las cámaras lo que allí sucede.

Porque aunque todos somos un poco voyeurs y nos paramos para ver el intercambio sexual que tiene lugar encima del escenario, te cruzas con un tipo de asistente al Salón que ha venido exclusivamente para ello. Hombres de una edad entre los 40 y los 60 años que solo te encontrarás rondando los shows.

Y si bien es el público mayoritario, no es, para mí, el más relevante. El rompedor vídeo de presentación del Salón ha atraído a un nuevo público con el que me he sentido más identificada.

Gente joven, en pareja o por su cuenta que llenan y colapsan las charlas y talleres de educación sexual que tienen lugar desde que abre la feria hasta que cierra sus puertas.

Es aquí donde realmente siento que el Salón ha prometido su premisa del vídeo viendo que las sillas se convierten en el elemento más cotizado pero que incluso a falta de ellas, la gente se queda de pie o sentada por el suelo no dejando ni un solo centímetro libre.

¿El motivo? Simplemente son demasiado interesantes como para perdérselas.

De esta manera acudo a un tuppersex, a una charla acerca de dolores menstruales y orgasmos, a una ponencia sobre el hombre multiorgásmico, la eyaculación femenina, el fortalecimiento del suelo pélvico e incluso a un taller de iniciación al BDSM.

Tanto yo como la mayoría de los que se quedaron fuera de las charlas por motivos de aforo, pedimos a los que se encontraban controlando el número de asistentes que el año que viene ampliaran el espacio para que de esta manera pudiera acudir más gente a ellas.

Este público del Salón es ávido, no tanto de sexo en directo y pornográfico en el que se ve lo de siempre y a lo que estamos acostumbrados, sino de sexo real, del que podemos aprender y aplicar en nuestra vida diaria, del que pueda mejorar nuestra intimidad.

Ya lo decía el vídeo del SEB 2018, nos han enseñado que el sexo es porno, y si bien el Salón cuenta con porno, del ‘de siempre’ que aparece en los vídeos X, su objetivo de este año era transformarse para acercarnos a otra sexualidad más igualitaria.

Es por eso también que, al lado de la, por lo que me contaron, clásica área swinger, se encontraban artistas feministas, expositores acerca de sexo consentido o incluso un stand que explicaba las diferentes expresiones de género.

El objetivo de volver el sexo más consciente, diverso y representativo ha contado con algunas vicisitudes. Sin embargo, ha sido un punto de partida para la que, ojalá, sea la nueva dirección del Salón Erótico de Barcelona. Una cita para disfrutar, subir la temperatura y para, al mismo tiempo, instruir a una sociedad que tan necesitada se encuentra de educación sexual de calidad.

Duquesa Doslabios.

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Así es cómo deberías tener la charla del “¿Qué somos?”

Hay un punto de no retorno en todas las relaciones que es conocido como “la charla”.

Normalmente sabes que ha llegado el momento de tener la conversación cuando tus amigas te dicen “Ah, ¿que no habéis hablado aún que sois? ¿Y cuándo vais a tener la charla?

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La charla es ese momento en el que ya no puedes seguir eludiendo la pregunta de ¿qué somos? o ¿a dónde va esto? Tenerla es una manera de sincerarte no solo personalmente con tu persona sino con quien estés compartiendo la experiencia.

Con los años he ido perfeccionándome en la técnica porque al principio era de soltar la bomba y esperar a ver si no hacía mucho estropicio, cuando, realmente, puedes hacerlo con tacto y cariño sin que resulte incómodo para nadie ni te sientas como que estás poniendo todas tus entrañas en una picadora.

Porque aunque a veces no nos guste, “¿qué somos?” es una pregunta que tarde o temprano debemos hacer. Y es que llega un momento en el que lo de las maripositas en el estómago se parece más a un tifón tropical visceral y quieres a esa persona toda la mañana del domingo en vez de solo cinco minutos antes de que se vista y se marche.

Hablar las cosas siempre va a ayudarte a que veas todo claro. Asume que la respuesta que puedes recibir es negativa, (no está en el mismo punto/no quiere lo mismo que tú) pero de esa manera, recuerda que conocimiento es poder, podrás tomar la decisión al respecto de si seguir o no sabiendo que por la otra persona no hay mucho futuro.

Si das con alguien que solo quiere pasar un buen rato, piensa que está en todo su derecho, pero que es mejor que tú seas consciente de ello y no te estés montando la película de que vais a ir a Bali a haceros la foto para Instagram cogidos de la mano sobre una canoa con las montañas en el agua de fondo.

A la hora de sacar el tema, evita ir al grano en plan “Eh, que qué somos”. Hazlo más delicado, más casual, más “Oye, ¿podemos hablar de cómo estamos viviendo esto?” sin que parezca que le estás poniendo entre la espada y la pared.

Pero ante todo, sinceridad. Ábrete porque es la única manera de que la otra persona esté al tanto de lo que pasa por tu cabeza.

Pregunta si tienes dudas. Si no terminas de verlo claro o si te dicen “Yo es que no creo en las etiquetas”. Que te parece estupendo pero no eres una tienda de ropa sino una persona.

Lo importante es que resulte como resulte, os queden las cosas claras y podáis seguir adelante juntos o por separado pero sabiendo lo que hay.

Duquesa Doslabios.

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El sexo no entiende de cerebro

¿De qué entiende el sexo? Para mí está claro: el sexo entiende de deseo, de urgencia, de ganas de romper la ropa, de sacarla por la cabeza, de tirarla al suelo sin miramientos. El sexo entiende el idioma de las prendas en el suelo.

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El sexo entiende de carne, de carne de la buena. Cruda y cogida con las manos o con la boca, sin más cubiertos que los dedos. Entiende de labios, de orejas, de cuello, de piernas, de espalda y hasta de pies. Porque no hace ascos, porque es sexo.

El sexo entiende de miradas, de gestos, de gemidos, de olores, de sabores. Entiende, no tanto hablando, sino de silencios. El sexo es el único lenguaje que no necesita más lengua que la que todos compartimos, la sin hueso.

El sexo no entiende de fronteras, no hace ascos al baño, a la cama, al espacio que hay entre la mesa y el sofá. Lo mismo le sirve el cine, que la parte de atrás del coche.

No excluye a nada ni a nadie, puesto que, como seres humanos, todos hemos nacido con la sexualidad puesta, única, perenne, inmutable, diversiforme y original, como una huella dactilar.

El sexo entiende de tanto que poco es lo que se le escapa, pero si en algo podemos estar de acuerdo es que una de las cosas que se quedan fuera es el cerebro.

Así que imagina que esa fuera precisamente la causa que hiciera que no pudieras vivirlo con normalidad, ¿no te parecería un sinsentido?

Imagina no poder hablar de ello porque vives en una sociedad que se comporta como si no existiera esa parte de ti. Imagina no poder tener intimidad, algo tan simple como que no se llame a tu puerta antes de entrar.

Quizás te parece algo impensable teniendo en cuenta que es algo que entiende de sentidos más que de capacidades.

Así que hoy, en este miércoles de otoño en el que seguramente te pille leyéndome en el ordenador de la oficina, en el móvil mientras desconectas de la clase de la universidad o de camino a tu clase de yoga, párate y piensa en cómo sería tu sexualidad tal y como la he descrito, como la tienen tantas personas con parálisis cerebral.

Quiero aprovechar el Día Mundial de la Parálisis Cerebral para hacer un llamamiento, para animar a las personas con este o cualquier otro trastorno, del tipo que sea, a que se conozcan, que sepan lo que les guste y lo puedan expresar. Y que el resto estemos ahí para escucharlo atentamente.

Porque una diversidad funcional no es algo que defina a una persona aunque sea algo que le acompañe. Estamos todos aquí por igual compartiendo el mismo derecho a la sexualidad.

El sexo es natural, no cometamos la antinaturalidad de no poder hablar de ello o de mirar hacia otro lado.

Duquesa Doslabios.

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Motivos para hacer el ‘pretzel’ con tu pareja (y no me refiero a la receta)

Has alcanzado un nuevo nivel de curiosidad entre las sábanas cuando te metes a Internet en busca de posturas que consigan darte sensaciones nuevas.

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Ese fue mi caso cuando descubrí el ‘pretzel, y no, no es el famoso pan alemán al pretzel que me refiero, sino al que puedes hacer en compañía fuera de la cocina (o dentro, vaya, que eso ya es cosa tuya).

El pretzel forma parte de las posturas que parecen complicadas y dignas de una película erótica pero que luego en realidad puedes imitar en casa.

Por lo visto hay dos maneras de realizarlo. Por un lado está el pretzel para las personas que quieran respetar el kamasutra, el clásico que consiste en que la mujer se tumbe medio de lado y pase una pierna por encima de su pareja que está de rodillas enfrente.

Sin embargo si pones pretzel en el buscador de una página de pornografía, la postura que sale consiste en que la mujer se coloque boca arriba y se doble sobre sí misma echando las piernas hacia atrás y sujetándolas con los brazos. Como si quisieras hacer la posición fetal pero al revés. Y os hago saber que de las dos variantes, esta última es mi favorita.

Independientemente de cuál quieras probar, ambas comparten cinco razones por las que el pretzel se debería convertir en tu próximo movimiento estrella para sorprender a tu pareja:

  1. Porque la penetración es profunda: si lo tuyo es el contacto, con esta postura consigues llegar hasta el fondo.
  2. Porque produce sensaciones intensas por el rozamiento de la postura.
  3. Porque es cómoda para ambos: no requiere cargar peso ni estar colocado de manera extraña
  4. Porque no necesitas ser flexible como una yogui: tu pareja puede sujetarte las piernas
  5. Porque te miras a los ojos: que lo sexual no quite lo romántico en el caso de que quieras hacerlo con sentimiento.

No la meto en el ranking porque solo favorece a uno de los dos miembros, pero es también ideal para poder alcanzarte el clítoris (y todas sabemos en qué se traduce eso, en un billete directo a Villaorgasmo sin paradas).

Ahora solo te queda probarla. Y, por supuesto, contármelo en los comentarios.

Duquesa Doslabios.

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Las fantasías sexuales más comunes y cómo probarlas (de una vez)

Por mucho que pensemos que en la cama lo que nos gusta puede ser particular, la mayoría de nosotros tenemos unos gustos parecidos que se repiten.

BIJOUX INDISCRETS

Por ello The Sex Expo y CheckMarket quisieron hacer un estudio para averiguar los fetichismos más comunes entre las mujeres y los hombres cuya edad oscila entre 20 y 30 años.

Aunque son algunas de las fantasías más clásicas, si todavía no has probado alguna, tienes también algunas razones para atreverte con ellas:

  1. BDSM: un clásico desde que E. L. James lo convirtiera en un fenómeno de ventas gracias a Cincuenta sombras de Grey. Su éxito se ha trasladado a las tiendas eróticas por lo que ha vuelto más accesible. Y lógicamente, eso de jugar en la frontera del dolor y del placer, produce mucha curiosidad. Empieza por el nivel más bajo con esposas y cintas (puedes usar cinturones o pañuelos que tengas por casa) y vete escalando niveles según te vayas viendo si te gusta o no.
  2. Sexo en lugares públicos: el riesgo de que te pillen suele ser una manera de hacer la experiencia más emocionante. La combinación de adrenalina y placer hacen que los sitios públicos tengan mayor atractivo que la intimidad de la habitación. Pero antes que nada, toma nota de algunos consejos. Si quieres iniciarte en la práctica lo mejor es que lo hagas a pocos, es decir, empezando por una zona no excesivamente concurrida ni a una hora punta.
  3. Juegos de rol: o cómo jugar con el cuero y con la imaginación. Los más repetidos eran aquellos en los que los participantes juegan a ser desconocidos. El cielo es el límite, pero puedes coger inspiración de todo lo que te rodea: películas, vídeos musicales en el que tú eres Jennifer López y tu pareja Miguel Ángel Silvestre, videojuegos, series de televisión… También es la excusa perfecta para darle un segundo uso a esos disfraces que tienes en casa de antiguos carnavales.
  4. Juguetes sexuales: en la variedad está el gusto y meter en la cama complementos adereza cualquier experiencia. Son una manera de probar cosas nuevas y que además valen para todos los participantes. Lo bueno es que no hace falta que vayas al sex shop más cercano porque tienes este post con los juguetes que te puedes hacer por tu cuenta y que se encuentran fácilmente por casa.
  5. Azotes: la más que honrosa quinta posición es para los azotes, que siguen llamando la curiosidad de todas aquellas personas que fueron encuestadas. Una práctica que, aunque pueda dar un poco de ‘miedo’ si nunca se ha probado con anterioridad, es muy placentera. El azote dentro del juego es un elemento que se debe dar en su mayor parte sobre la nalga de manera firme pero tampoco excesivamente fuerte (a no ser que te lo pidan, claro).

Pero cuéntame, ¿tu Top 5 coincide con el del estudio?

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas: ¿Por qué las mujeres entramos gratis a la discoteca?

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Si me dieran un céntimo por cada vez que, hablando sobre la desigualdad de la mujer respecto al hombre, me interrumpen con el argumento de “Sí, pero de entrar gratis a las discotecas bien que no os quejáis” tendría ahora un fondo lo bastante boyante como para suscribirme a Netflix o a cualquier otra plataforma de contenido en streaming.

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Por lo visto es el argumento irrefutable, el callejón sin salida de las conversaciones sobre el feminismo. Ya sea un tema sobre víctimas de violencia de género, mutilación femenina, techo de cristal o el hecho de que el 85% de las mujeres que tienen hijos dejan su trabajo que alguien te contestará que no es para tanto, que menuda exageración y que las mujeres no nos quejamos de entrar gratis.

Todos tus argumentos previos, tus reivindicaciones, tus protestas… Todo a la basura porque, a fin de cuentas, bien que has entrado gratis de discoteca por muy femiista que seas. Vamos, que ya puedes sentirte seguidora número uno de Clara Campoamor que parece que si has ido de discoteca gratis, todas tus ideas quedan desacreditadas.

Pero antes de empezar os diré algo: las mujeres no hemos decidido entrar gratis a las discotecas, no es un complot para arruinaros y que nosotras nademos en los billetes de 10 euros que nos costaría entrar y que, en vez de gastar en eso, estamos invirtiendo en Bitcoins.

Que un hombre te diga que la mujeres también tenemos ventajas ya que entramos gratis a una discoteca significa dos cosas: la primera que es un ignorante, y la segunda que es un ignorante del que encima se están aprovechando económicamente.

Si llegas a un local y no te hacen pagar ningún tipo de entrada mientras que a tus compañeros varones sí, la respuesta es clara: en ese sitio eres el cebo, la carnaza. No pagas por un producto porque el producto eres tú.

La discoteca sabe que eliminando esta entrada las mujeres se sentirán más dispuestas a ir a un sitio que a otro donde tengan que pagar porque, a ciertas edades, el bolsillo es lo primero (y más si estás de Erasmus).

Si las mujeres atraen hombres y de los hombres se hace negocio se nos está reduciendo a algo bonito que decora el lugar, un atractivo y un reclamo sexual. Si entras gratis sabes que estás en un sitio machista en el que se cosifica a la mujer.

Es la ley del mercado en versión nocturna: mujeres=objeto de consumo. Hombres= consumidores. Y quienes hacen negocio son los propietarios.

Pero aun así el hecho de que el listo o lista de turno te diga que las mujeres “tenemos la ventaja de pasar sin pagar” demuestra lo asumido que tenemos un machismo que no nos permite ver una objetización cuando está teniendo lugar delante nuestro.

Y el hombre, por lo visto, está dispuesto a pagar una inflada entrada por un alcohol de garrafa siempre y cuando el local no sea ‘un campo de nabos’.

Pero oye, que igual tú no tienes ningún interés en las mujeres, a lo mejor solo quieres pasarlo bien porque es el cumple del Juanito o porque eres asexual o yo que sé, entonces ¿por qué tienes que pagar el doble? ¿No es injusto?

La solución es sencilla: evitar este tipo de locales, ya seas hombre o mujer hasta que no dispensen un trato digno para todos sin aprovecharse del físico de unos ni de la cartera de otros. La solución para los dueños es que en vez de ser tan machistas sean un poco más feministas poniendo entrada universal. Si a uno le cobras diez, y a otro cero, ¿por qué no cobrar cinco a cada uno y todos contentos?

Que no por ser mujer tengas que pagar menos. Yo me sentiría más a gusto yendo a un sitio donde pago igual que mi amigo y sé que no entro gratis porque se me considera un filete.

Ya no basta con que dividamos el precio de la entrada y las copas, si queremos igualdad debe ser en todos los ámbitos y, la noche, no es una excepción, pero no basta con que nosotras queramos pagar una entrada, es importante que vosotros, los hombres, os neguéis a pasar a sitios donde sois los únicos en apoquinar.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas I : “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Desmontando mitos machistas II: “Las mujeres son traicioneras, los hombres son nobles”

Desmontando mitos machistas III: “Tengo celos porque te quiero”

Desmontando mitos machistas IV: “El amor puede con todo”

Desmontando mitos machistas V: El asesinato de Mariana Leiva

Desmontando mitos machistas VI: “Las mujeres matan tanto como los hombres”

Desmontando mitos machistas VII: “Quien bien te quiere te hará llorar”

Desmontando mitos machistas VIII: “Las visten como putas”

¿Se pueden intercambiar de orificio los dildos vaginales y los juguetes anales?

Soy de las que piensa que has alcanzado un nuevo nivel de curiosidad en tu vida cuando, tirada en la cama, te planteas si ese juguete anal que tienes guardado serviría también para darle otro uso.

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Me consta que todos los juguetes que te compras vienen con un pequeño librito de instrucciones, pero, sinceridad, ante todo, cuando llegas con eso a casa lo único que pasa por tu cabeza es probarlo cuanto antes.

Los límites en la cama se ponen donde tú quieras, de hecho, hay una gran cantidad de posibilidades que, a algo que te has comprado, le encuentres un uso alternativo también muy placentero.

Pero no es lo mismo usar la fusta en el culo que en la palma de los pies, el azote viene a ser lo mismo, que cambiar el agujero para el que un juguete fue concebido.

Respecto a los juguetes anales, podemos respirar con tranquilidad. Puedes usarlos para cualquier orificio. Aunque quizás la anatomía no te resulta tan intensa como la forma de un dildo normal, puede estar bien para salir de la monotonía.

Eso sí, imprescindible que esté bien lavado. No cometas el error de utilizar el juguete indiscriminadamente porque puedes pasar bacterias a tu vagina y nadie quiere eso.

Sin embargo, a la hora de usar un aparato vaginal, tenemos que hacer saltar las alarmas. Mientras que la vagina es un espacio mucho más reducido con un límite, el ano se comunica con el intestino, por lo que no tiene ningún tipo de tope.

La estructura de los juguetes anales, si te fijas, suelen tener algún tipo de sujeción más ancha que evita que el juguete se pierda en las profundidades intestinales, algo de lo que carecen los vaginales.

La conclusión es que, por poder, se puede usar, al igual que por poder puedes comerte los bordes quemados de la pizza llenos de acrilamida, pero no es recomendable. De hecho, tengo un amigo doctor que me ha comentado en varias ocasiones la de objetos perdidos que ha llegado a encontrarse dentro de un culo.

Recuerda que no puedes jugar al fútbol si se pierde la pelota. Y menos si se pierde en tu intestino.

Duquesa Doslabios.

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