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¿Mis mejores citas? Las menos parecidas a una ‘de película’

A diferencia de lo que Hollywood podría haberme hecho creer, mis mejores citas no han sido montada en un descapotable con los brazos al viento o tirándome champán sobre el cuerpo en un jacuzzi.

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La preferida, hasta la fecha, fue recibiendo el día, a las cinco de la mañana, por un parque de Madrid desde el que se veía mi ciudad como si se tratara de un cuadro puntillista.

Con brillos que titilaban en lo lejos allá donde se podían distinguir la Gran Vía o la Almudena solo a la vista de nosotros dos, como si nadie más existiera en el mundo.

Grandes citas han sido en coche, recorriendo las calles durante horas, porque hacía demasiado frío para andar.

Sin sospechar en aquel momento que aquello podía ser considerado cita romántica, se convertiría en una de mis favoritas con Hit FM como banda sonora y semáforos que marcaban excusas para besarse continuamente.

En los primeros puestos, no puede faltar la que pasé sentada en una plaza de Malasaña. Con un batido de frutas en la mano y una buena conversación en la boca que terminó, aún no sé cómo, en la cama de un hotel.

Y sí, el desayuno estilo continental era maravilloso, pero aquel reencuentro junto a mi balcón favorito de Velarde no tuvo precio.

Otra de ellas no necesitó flores, bombones, una lista de reproducción personalizada, ni un plan demasiado elaborado.

Solo un horno y un pescado marinado en un piso universitario -donde la limpieza brillaba por su ausencia- pero la frase “Me gustas” relucía por todos los lados.

Con esto digo que no sea exigente con las quedadas, pero sí que mis favoritas hasta el momento no han necesitado de mucho, solo de la persona adecuada.

Duquesa Doslabios.

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¿Era necesario que Tinder añadiera el botón del pánico?

El mundo de las citas es escalofriante de por sí. Un mar digital donde la mitad de los peces desaparece al poco tiempo o, si tienes la suerte de quedar con alguien, puedes dar con el que insiste en tocarte como si no supiera qué es eso del espacio personal.

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En el peor de los casos, encuentras al misógino de turno que insiste en que todas sus ex novias eran unas locas y se dedica a destriparlas o, todavía más grave, das con alguien que te gusta para no volver a saber nada nunca.

Y eso si tienes la suerte de que te toque una persona ‘normal’ (aunque lo de manosear constantemente no es algo que metería en esta categoría).

Pero también están los casos de citas que se tuercen, de esas en las que el instinto te dice “Sal de aquí. Ahora”, o de las que, por mucho que te lo diga, algo te impide irte.

Para esos casos, Tinder ha añadido un botón del pánico que pretende alertar a los servicios de emergencia que, por ubicación se encuentran más próximos al lugar desde el que se manda el aviso.

Pero, ¿qué significa que los de la aplicación hayan llegado a la conclusión de que necesitamos esto? Y, sobre todo, ¿para quién está pensado?

La respuesta es bastante fácil. Solo hay que leer las noticias o ir a las estadísticas oficiales (en 2019, 35.000 mujeres denunciaron violencia de género o agresiones sexuales en España), por lo que no quedan dudas de a quién tratan de proteger este tipo de medidas.

Al final, el botón vendría a ser una versión perfeccionado de lo que nosotras llevamos tiempo haciendo, cuando antes de una cita, o en medio de esta, le mandamos la ubicación a una amiga. Para que no tenga que utilizarla, esperamos.

Por supuesto que la seguridad es importante y que todos merecemos un entorno seguro en el que poder relacionarnos.

Mi pregunta es por qué tanto esfuerzo en proteger a quien puede ser susceptible de vivir este tipo de situaciones -de las que necesita una vía de escape-, en vez de atajar de raíz los comportamientos de los que hay que pedir ayuda.

Al final, seguimos haciendo lo de siempre y no entendemos que tiene menos sentido apagar un bosque cuando está ardiendo que educar al pirómano en que no tiene que encender el fuego.

Duquesa Doslabios.

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Toda primera cita debería empezar por comer una hamburguesa

De todos los sitios, de todos los planes, de todo Madrid, ir a tomarnos una hamburguesa fue la primera cosa que hicimos juntos. Nuestro comienzo.

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No lo sabía entonces, pero sería el mejor plan para conocerte, o, al menos, para darme cuenta rápido de que el estómago era una de las vías más directas para conquistarte.

Ni Burger, ni McDonalds, ni Goiko Grill: un mercado de Malasaña fue el elegido para alejarnos de las más típicas y buscar algo de calidad, ya que eras nuevo en la ciudad.

Porque mi objetivo, el que pudiste adivinar si leías entre líneas entonces, y el que sigue siendo a día de hoy, es descubrirte lo menos conocido de aquí.

Que el veganismo no era lo tuyo me quedó claro cuando tu elección fue una hamburguesa de buey. Quién te iba a decir que, años más tarde, me verías a mí pidiendo lo mismo, solo que de lentejas y quinoa.

Si la tortilla -con o sin patata-, funciona a la hora de hacerte una idea de si tienes futuro con tu acompañante, con la hamburguesa pasa lo mismo.

O eres de huevo o de tomarla sin huevo. Te gusta con pepinillo o lo aborreces. Y, en el peor de los casos, de esa gente que incluso teniendo una buena carne, le echa ketchup.

La escogiste con el típico pan de semillas de sésamo pero de una carne peculiar. Clásico, pero con un punto sorprendente, muy en tu línea, como eres en todos los aspectos.

Al poco descubrí, con tu ofrecimiento de probarla, que eras (y eres) muy de compartir. Hasta el punto de que somos de esos que piden dos platos que nos vayan a gustar a ambos para catar siempre la mitad del otro.

Que no dejaras ni una miga en la bandeja tachó otra de las cosas de la lista. Tenía ante mí a alguien de buen comer. Si llegaba el momento, ibas a encajar en la familia.

También la hamburguesa me sirvió para analizar hasta qué punto me seguías pareciendo atractivo cuando tenías la boca manchada con un poco de tomate (y me lo pareciste mucho, créeme).

Deduzco que lo mismo te pasó a ti, que me viste pringada casi hasta los codos. Mi técnica, en ese momento, era tan terrible que terminé por comerla medio deshecha.

La particular prueba de fuego gastronómica me permitió fantasear sobre cómo eras en la cama. Viendo cómo la cogías y te la llevabas a la boca -con ganas, de forma casi apasionada-, la imaginación jugó la buena pasada de pensar que es así como podrías llegar a hacérmelo a mí.

Aunque la respuesta más simple de por qué mi test de compatibilidad empieza por una hamburguesa es tan sencilla como que se trata de una de mis comidas favoritas. Encontrar a alguien con quien compartir no ya el gusto, sino el amor por ella (ya que pretendo comerla muy a menudo a lo largo de mi vida), me parece un buen punto de partida.

Duquesa Doslabios.

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Que siempre te guste la persona incorrecta tiene nombre: ‘fleabagging’

Si en más de una ocasión has oído a tus padres o a tus amigos decir que no sabes escoger parejas, que parece que tienes un imán para atraer a la gente incorrecta, igual es que te estás haciendo fleabagging.

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A diferencia del ghosting, que no se puede controlar al tratarse de una falta de comunicación por solo una de las partes, la nueva tendencia del universo de las citas depende al 100% de ti.

Y es que para saber si eres fleabagger, tienes que hacer un poco de autocrítica y echarle un vistazo a tus últimas historias de amor.

¿Cómo son tus comportamientos a la hora de buscar pareja y tener un noviazgo si lo que ves, una vez pasado el tiempo, es tu colección de catastróficas relaciones?

Hacer malas elecciones continuamente es una de las bases de la tendencia, que, por desgracia y como el ghosting, también tiene su parte tóxica.

Puede que no esté en tus manos que él o ella te conteste al mensaje o que te dé plantón en el último minuto, pero sí puedes llegar a la conclusión de que mereces a alguien a tu lado que no haga eso.

El culpable y la víctima del fleabagging no es otro que uno mismo. Aunque, para tu tranquilidad, no es algo que decidas libremente.

Es un hábito negativo que terminas desarrollando por una idea del amor romántico que aprendemos a lo largo de nuestra vida, que consiguen que aceptemos ciertos tipos de comportamientos (¿qué son sino las parejas de Chuck y Blair de ‘Gossip Girl’, Noah y Allie de ‘El diario de Noah’, Rachel y Ross de ‘Friends’ o Carrie y Aidan de ‘Sexo en Nueva York’?).

Lo bueno es que tiene solución: tienes el poder de decidir. Empieza por poner algún tipo de límite y respetarlo una vez identificas las señales de alarma, intentando no aceptar la misma conducta en tu siguiente relación.

Al final, dar con una persona buena no significa salir solo con quien haga voluntariado todas las semanas y que en su tiempo libre se dedique a salvar gatitos atrapados en los árboles.

Encuentra a quien te dedique tiempo, te aporte, te apoye, te priorice y te quiera tal y como eres. No mereces nada menos que eso.

Duquesa Doslabios.

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Los 3 pasos básicos para volver a entrar al juego de las citas después de una ruptura

Has pasado ya la fase de negación (“Esto no está pasando, volveremos”), la de la ira (“¿Cómo ha sido capaz de hacerme esto a mí? ¿A mí? Le odio”),  negociación (“Si vuelve, prometo ser más paciente la próxima vez que deje la tapa del wáter subida”) y la de depresión (“Voy a ponerme Adele y a llorar hasta que encuentre Someone like you“).

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Si te resultan familiares, sabrás qué momento viene a continuación: el de aceptación. Una vez entiendes que lo vuestro es agua pasada, da comienzo un nuevo capítulo en tu vida. Y lo mejor es que no tienes que compartir protagonismo con nadie.

Es probable que, llegado ese instante, pienses “Creo que soy demasiado mayor para estas cosas”. Da igual si tienes 17, 23 o 45 años, la idea de volver a entrar al ruedo de las citas, las intrigas de los mensajes sin responder o las aplicaciones para ligar, se te hacen un poco cuesta arriba.

Antes de que la ansiedad te lleve de vuelta a la cama a ver Modern Love con los restos de polvorones navideños, quiero darte mi plan maestro para retomar ‘el juego’. Un sencillo método de tres pasos con el que podrás ponerte a punto de nuevo y abrir tu corazón (o la parte del cuerpo que quieras abrir, eso ya es cosa tuya) a nuevas personas.

  1. Ten citas contigo. Puede parecer ridículo pensar en dedicarnos tiempo cuando lo que queremos es alguien nuevo a nuestro lado. Pero si no sabes cómo eres, ¿cómo identificar lo que mejor funciona contigo? Después de una relación, sobre todo si ha sido de mucho tiempo, es probable que hayamos cambiado en ciertos aspectos. Averigua qué te gusta, qué no, haz autocrítica. ¿Saldrías contigo si te conocieras? Trabajar en ti va desde aprender de lo que puedes mejorar hasta conocer a la perfección lo que quieres en tu vida a partir de ahora.
  2. Liga, y, si no sabes cómo, pregunta. Tus amistades te darán consejos y frases de oro. Si sigues sin saber, puedes preguntarle incluso a él o a ella. Una forma de romper el hielo y de paso empezar con dosis de humor lo que sea que dé comienzo. En el amor y en la guerra todo vale, así que aprovecha las nuevas tecnologías para conectar con más gente. Cualquier sitio es bueno para dar rienda suelta a tus encantos, ¡piensa que hay personas que ligan en iglesias!
  3. Sal, la más obvia y la más difícil. “Pero es que no me acuerdo de cómo se hacía eso de las primeras citas”. Da igual, ligar es como montar en bicicleta, solo necesitas un empujoncito para arrancar la marcha que enseguida recordarás cómo se hacía. A fin de cuentas, a diferencia de los móviles, es un mundo que no cambia tan rápidamente. Y sí, chicas, podéis llevar la iniciativa.

Duquesa Doslabios.

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Planes para San Valentín si quieres huir de la típica cena romántica

El restaurante elegante con velas está bien. Pero cuando llevas celebrando San Valentín en el mismo sitio durante los últimos cinco años aquello empieza a oler.

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Como enamorada madrileña, enamorada y madrileña, voy a contaros las que han sido algunas de mis citas favoritas en la capital que salvan la situación para el Día de los Enamorados:

  1. Entradas para un show: lo importante es salir de casa y disfrutar del espectáculo. Puedes sorprender a la otra persona con su grupo favorito, un comediante que hace monólogos en tu ciudad, una obra de teatro (también échale un vistazo a los musicales)… Los espectáculos de Jamming o Microteatro por dinero son algunos que encuentras en Madrid a precio asequible.
  2. Masterclass de cocina: así ninguno podrá poner como excusa que no sabe cocinar. Las ofrecen en diferentes escuelas y si rebuscas un poco en Internet, puedes encontrar descuentos. Una que funciona de maravilla es la escuela de Paco Amor.
  3. Ir a bailar: pero a bailar de verdad, no a ir a una discoteca. A bailar, como diría Sergio Dalma, pegados. Puedes ir al Templo, sobre todo si tienes más de cuarenta años, ya que el público es adulto; y si no sabes bailar, no tienes excusa en Azúcar Madrid. Con el precio de la entrada, que incluye una consumición, tienes la clase de baile.
  4. Spa casero es la idea perfecta para los que no puedan permitirse una cita por las nubes. Prepara en una cesta una vela, aceite, exfoliante, esponja, una buena lista de reproducción en Spotify y organiza una velada romántica en casa.
  5. Ver las estrellas, para lo que tendrás que alejarte un poco de la ciudad. Aprovecha que anochece temprano y pásate por la Silla de Felipe II. La carretera de noche es un poco liosa, pero será de las experiencias más románticas de tu vida. Eso sí, lleva una manta en el coche porque las temperaturas son muy bajas.
  6. Picnic con vistas para los diurnos. Coge manta, botella de vino y hummus y súbete al Cerro del Tío Pío (también conocido como Las Tetas de Vallecas) o al parque de Debod.
  7. Cine sobre ruedas: aunque este todavía no ha llegado a Madrid, fue una de mis aventuras en Valencia. El Autocine Star te permite entrar con el coche y ver la película desde el vehículo. Te sentirás como Sandy y Danny en Grease.
  8. Cata de vinos o de cervezas: si las que encuentras online te parecen un poco caras, puedes ir a las que se organizan en la Escuela de Agrónomos, a través de la Asociación Cultural La Carrasca, por 3 euros (no, no hace falta que le digas a tu acompañante el precio).
  9. Escapada de un día: aprovecha los sitios de interés turístico que tengas cerca. No es necesario que te atravieses la Península Ibérica. Coge un billete de autobús a algún lugar próximo y anímate a conocer Chinchón, El Escorial, Patones…
  10. Para los locos de la aventura lo mejor es una experiencia para liberar adrenalina. Prueba un juego de escape (en Dark Street van a hacer uno especial por San Valentín), un paseo en kayak por el río Sequillo en Lozoya, un día en la Warner o una visita al Parque de Atracciones.

Esto sirve para los que prefiramos crear recuerdos con nuestras parejas antes que recibir regalos, claro.

Duquesa Doslabios.

¿Han muerto las primeras citas?

Pido un minuto de silencio. Pero uno de esos de verdad que se hacen ínfimos de lo que te concentras en el motivo por el cual lo guardas.

Pido un minuto de silencio por todas las primeras citas que ya no se organizan. Algo que ha pasado de ser tan habitual, que ni reparábamos en ello, a ser calificado como especie en extinción.

50 PRIMERAS CITAS – INSTAGRAM

Y yo, que no soy de mirar hacia otro lado, que me gusta señalar pecado y pecador, lo achaco, en primer lugar, a la pereza que nos entra por esforzarnos en conocer a una persona, de invertir nuestro tiempo en ella. De escuchar con atención. Porque nos hemos vuelto vagos en el amor y en las relaciones en general. Queremos todo masticado y fácil, para que no se nos atragante. Lo queremos más que rápido, inmediato, si puede ser para ayer, que si tenemos que esperar puede que nos deje de interesar.

Es por eso que le echo la culpa también al pragmatismo del que hacemos gala y que se ha convertido, si bien en una ventaja en el ámbito laboral, en un lastre para el emocional. Porque si ya es difícil competir para hacernos un hueco como profesionales, ¿cómo podemos combatir contra un teléfono que en cuanto sea desbloqueado mostrará solicitudes de amistad, likes, mensajes privados y gente, en general, como nunca antes a nuestro alcance?

Conocemos a tantas personas que fácilmente hemos duplicado o triplicado la cantidad de primeras citas que pudieron tener nuestros padres. Conocemos a más personas pero las conocemos menos, lo que hace que no nos queramos esmerar tanto para una primera cita ya que se sucede varias veces al mes. Ahora tiramos de la que es ya la habitual, común y ordinaria pregunta: “¿Te apetece que nos tomemos unas cervecitas?”, o incluso para los más directos “¿En tu casa o en la mía?”

Pero quiero reivindicar, en mi nombre y en el de aquellos que nos preocupa que ocurra esta extinción masiva, esas primeras citas especiales más allá de un encuentro en el bar de la esquina. Esas para las que, para empezar, analizabas meticulosamente cada detalle de una conversación para sacar, quizás mencionado entre líneas, las aficiones de una persona que podían ser una pista para organizar un encuentro único y característico.

Aquellas para las que te preparabas a conciencia, como si solo tuvieras esa oportunidad para dar una buena impresión. Esas en las que, si era sorpresa, no sabías ni dónde empezarías ni dónde terminarías la velada. Reivindico una primera cita con un significado detrás, porque él o ella quieren compartir, en concreto contigo, ese momento y ese lugar.

Que vuelvan las primeras citas, lo románticos las estamos esperando con ganas.

Duquesa Doslabios.