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El mundo de los pies para fetichistas novatos (o que no saben si lo son)

“Sería bastante interesante leer un artículo sobre fetichismo”, me comentaba hace unos días un seguidor que, como Tarantino, comparte el amor por los pies.

Como mi experiencia con la filia es más bien breve, se convirtió en mi mejor fuente de información para averiguar si es algo en lo que puedes introducirte o un gusto adquirido con el tiempo.

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Y es que fetichismos aparte, los pies y las manos son dos importantes puntos de placer por las terminaciones nerviosas (en nuestras plantas habría unas 7.000).

Una razón más que suficiente como para darles la oportunidad de que, la próxima vez que tengamos ocasión, adquieran mayor protagonismo.

Mi seguidor me confirma que, a nivel sexual, los pies producen morbo por su forma y su tacto. Pero la excitación va mucho más allá cuando entra en la ecuación la variedad de prácticas.

Dentro del fetichismo hay todo un mundo. Un abanico de placer que puede ir desde verlos a tocarlos, una paja con los pies (que recibe el nombre de footjob) o combinándolo con la sumisión, el trampling (disciplina que consiste en caminar sobre una persona).

Pero antes de que te atrevas a andar sobre la espalda de tu pareja, mi consejo es que empieces por un nivel más ligero y compruebes (comprobéis) si os va gustando o preferís probar otro fetichismo porque no es el vuestro.

El punto de partida que de uno mismo depende es llevar los pies a punto.

La higiene es fundamental (a no ser que encontremos justamente a alguien que le gustan con olor) y un mínimo de pedicura -no hace falta que lleves cristales en las uñas, conque estén bien cortadas ya tienes todo hecho-, siempre es bienvenido para seducir con esta zona.

En cuanto a los zapatos, ¿es mejor llevar algún modelo que deje el pie a la vista o prescindir del calzado?

Depende de cada persona, lo que nos invita a experimentar con unos tacones o unas sandalias. Por lo general, es el pie desnudo el que excita, así que por mucho que busquemos el modelo perfecto, terminará en el suelo tarde o temprano (si se quitan de una manera sugerente, mejor).

Y se puede aplicar el mismo razonamiento a medias y calcetines.

A la hora de jugar con ellos, acariciarlos con las manos puede ser un buen punto de partida (si aguantas las cosquillas esto te resultará muy fácil). Sube de nivel recorriéndolos, o dejando que te los recorran, con los labios o la lengua.

Para poner el broche de oro, nada como incluir en la rutina posturas en las que se pueda hacer eso al mismo tiempo que se estimulan los genitales.

Es el caso del misionero, que se pueden colocar cerca de la cara o si estando nosotras encima dejamos las piernas hacia delante. Pero también con un cunnilingus o incluso el célebre 69.

Duquesa Doslabios.

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