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Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘amor’

El Orgullo Gay también es tu día aunque seas heterosexual

El Orgullo LGTB absorbe Madrid y a los madrileños con ella. Los gatos de aquí y los de adopción sabemos que, durante la semana que duran las fiestas, la circulación es imposible y las reservas, en muchos sitios, impensables.

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Hablando con un conocido mío de la celebración, me comentó que, como heterosexual, no sentía que fuera con él, que no lo iba a celebrar.

Entiendo que haya quienes no disfruten de ver las carrozas, asistir a fiestas multitudinarias o a los conciertos, es cuestión de gustos. Sin embargo creo que todos deberíamos sentirnos implicados en la celebración del Orgullo independientemente de nuestra sexualidad, pero especialmente si nuestra orientación es heterosexual.

Me explico, concienciar en la tolerancia y en la igualdad no es solo para aquellos que sienten que les falta. No es como si hubiera que sensibilizar sobre el tema a las personas que han sufrido discriminación o violencia, sino a todas las demás.

Que no hayamos tenido problemas ni impedimentos a la hora de disfrutar de nuestra sexualidad no nos exime de una lucha por el respeto y los derechos de las personas.

Nunca me he sentido juzgada ni preocupada por mi integridad física al querer a quien quisiera, siempre me he sentido libre de amar y sin miedo a que se me discriminara por ello, y al igual que yo vivo esa situación quiero que todo el mundo puedo vivirla también.

Porque al final el Orgullo no es quién gana la carrera de tacones o la fiesta con las drag queens más famosas, son actividades que reivindican que puedes ser quien quieras y amar a quien quieras en libertad y que vas a ser aceptado por ello.

El Orgullo gay es una protesta en forma de fiesta que, con una bandera multicolor, pretende cambiar esas mentes que se empeñan en pensar en blanco y negro.

Duquesa Doslabios.

Estás cordialmente invitado a mi orgía emocional

Tengo una idea, hagamos un trío esta noche: tú, yo y la cama. Porque sí, porque me apetece, porque quiero compartirte un poco y terminar con la habitación llena de rastros, prueba de un crimen pasional en el que lo único que nos cargamos fueron las ganas de dormir (o las de despertarnos).

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Será testigo la manta, que podría ser llamada a declarar mostrando las arrugas incriminatorias a lo largo y ancho de las sábanas. Mi piel, en cambio, guardaría silencio en el estrado, cómplice de tu modus operandi fácilmente adivinable siguiendo las marcas de los besos húmedos bien repartidos. No eres de dejar vacíos.

Los sutiles van por el cuello y los otros se pierden con lengua de por medio allí donde tú ya sabes. El sitio que yo quiero saber que sabes y que sepas que bien sabe para ambos aunque solo uno lo saboree.

Quiero que hagamos un trío, uno de esos que puede convertirse en cuarteto en cualquier momento cuando el suelo (¡ay, el suelo! Ese que siempre tiene ganas de participar) nos termine llamando. Y que al final, me dejes entre la espada y el parqué, sin más elección que una erección, sin escapatoria.

Porque por mucho que la adrenalina del ‘Pilla pilla’ era que te persiguieran, no había nada más intenso que sentir que te habían pillado, que es justo como me siento contigo, total y completamente pillada. La diferencia que tengo con el juego es que cuando era pequeña tenía que correr para que no me pillaran y contigo es más probable que me corra después de que me hayas pillado el punto.

Vamos a hacer un trío que termine con el espejo, ese voyerista que no se cansa de asistir como espectador a nuestras fiestas de piel y endorfina y que alguna vez, de pasada, le he pillado devolviéndome la mirada.

Si siendo dos con él hacemos tres, vamos a seguir haciéndolo hasta que nos dupliquemos en su superficie y lleguemos al cuatro, o al cuarto orgasmo, lo que venga antes. Hasta que vea doble y sienta que mi reflejo, por mucho que parezca disfrutar de ti, tenga envidia de lo que estoy viviendo a este lado del cristal, porque solo una de las dos tiene las tres dimensiones de ti.

Y al final, después de tantos participantes, me daré cuenta de que no me importa cuántos invitados improvisados se unan a lo largo porque pase lo que pase siempre me voy contigo, y es eso precisamente lo que cuenta, que dentro y fuera me voy contigo.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

“¿Sois gays? ¿Y quién es el hombre?”

Déjame adivinar. No, en serio, déjame. Alguna vez yendo por la calle has visto a una pareja de lesbianas por la calle y has pensado de una de ellas que seguramente es “el chico” por su manera de vestir o su corte de pelo.

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También, y sabes que es verdad, te ha pasado en el caso contrario. Cuando viendo a una pareja de gays has pensado “Se ve claramente quién es la mujer” al parecerte uno de los dos el más femenino.

Puede que cuando lo pensaras lo hicieras sin ningún tipo de maldad, como una mera apreciación superficial. Pero lo que aparentemente es una observación inocente es en realidad una manera de ver la vida a través de los cristales de la heterosexualidad.

Voy a intentar explicarme. Desde pequeños nos asignan unos roles de género, aprendemos a diferenciar entre azul y rosa, uno para niños, otro para ellas. Te dicen que llorar “es de niñas” y que no te tires al suelo porque no eres tan bruta como los niños. No solo los muñequitos del baño nos dividen por géneros.

Reducimos tantas cosas a “hombre y mujer” que hasta metemos las relaciones homosexuales en el mismo saco. Pero no son nada del estilo, son dos hombres o dos mujeres que no necesitan adoptar otro género para funcionar.

Decir que en una relación entre lesbianas o entre gays hay uno de los miembros que hace papel de “hombre” y otro que hace papel de “mujer” es dar por hecho que el modelo de relación heterosexual es el único existente.

De quedarse corto, el argumento cojea. Por eso, la próxima vez que te pase (porque pasará), recuerda quitarte las gafas con los cristales color heterosexual.

Sí, aunque nos resulte más difícil porque vivimos en una sociedad en la que damos por hecho que, a no ser que digan lo contrario, lo convencional es ser heterosexual.

Aprendamos que, si somos los primeros en decir que “cada relación es un mundo”, lo debemos aplicar a todas las relaciones de pareja por igual y sin excepción por el género de los miembros que la formen (y acordaos de seguirme en Twitter y Facebook).

Duquesa Doslabios.

Sexo rápido, amor lento

Si te paras a pensarlo, tiene hasta sentido. Somos la generación más rápida para unas cosas y la más lenta para otras.

Podemos deslizar el pulgar hacia la izquierda a la velocidad del rayo descartando personas y quedarnos estancados dedicando las canciones a través de los stories a una sola durante meses.

Si bien somos capaces de reservar un vuelo a la otra punta del mundo en unos segundos, planeamos minuciosamente los pequeños detalles antes de marcharnos. No queremos sorpresas, tiene que salir todo perfecto. Y en el amor no íbamos a comportarnos de otra manera.

¿A quién le importa guardar los tiempos de espera si te quiero desnudar aquí y ahora? Pero totalmente diferente son las doscientas vueltas a la cabeza pensando dónde o qué hacer estando vestidos.

No tenemos prisa. Y es que si algo ha hecho que a los 20 años todavía no nos sintamos adultos, es que aún estamos aprendiendo a hacer las cosas (que se lo digan a nuestros padres, que a muchos nos ayudan a descifrar la Declaración de la Renta).

Nos caracteriza estar con nuestra pareja varios años. No nos lo tomamos a la ligera, queremos no solo conocernos, sino conocernos bien. Y no solo a la otra persona, sino a nosotros mismos.

Queremos desarrollarnos como individuos, saber a dónde queremos llegar, qué nos gusta y que no. Tener las cosas claras porque la primera persona con quien debemos sentirnos a gusto somos nosotros mismos.

Nuestros problemas de compromiso a la hora de fidelizarnos con una plataforma de vídeo, se traduce en la dificultad que encontramos en mantener nuestra palabra con alguien.

Puede que tu abuela a tu edad (o incluso antes) ya estuviera casada. Antes, el matrimonio, era el primer paso en la vida adulta. Ahora forma parte de los últimos.

Y es que si algo tenemos claro es que si nos decidimos a darlo, será la guinda del pastel. De un maravilloso pastel del que conoces y has construido cada capa, cada cobertura, relleno y topping extra.

Duquesa Doslabios.

Lo que he aprendido del amor viendo a mis padres

El amor de mis padres me recuerda a una canción de los Rolling Stones.

Puede que fuera un hit de los años 80, pero basta que oigas la melodía, aunque ya hayan pasado 30 años, para que sepas que estás escuchando algo bueno.

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La pareja que forman es como la de cualquier combinación estrella que se te venga a la cabeza: el cine y las palomitas, el domingo y una maratón de Netflix o la ginebra y la tónica (para que ellos, que no saben lo que es Netflix, me entiendan).

De ellos he aprendido la importancia de compartir aficiones. Son su compañía ideal cada vez que quieren ir a museos, a escuchar conciertos de música clásica o hacer turismo durante 12 horas seguidas. Me han enseñado lo importante que es tener frentes en común con mi pareja...

Y frentes en desacuerdo, por supuesto. Vivir el matrimonio de tus padres es como recibir clases intensivas sobre relaciones, como una emisión en directo 24 horas. Ves sus más y sus menos.

Al igual que veía los momentos de trabajar en equipo, de pensar como un “nosotros” sin dejar de respetar el espacio que precisa el individual “yo”, les he visto, también, en sus momentos no tan buenos.

De unos padres que se quieren aprendes también a discutir desde el respeto, a escuchar las demandas del otro, a esforzarte por mejorar lo que para la otra persona supondría tanto y que, a fin de cuentas, no cuesta demasiado.

Son ellos y no las grandilocuentes declaraciones de película romántica delante de un estadio de fútbol lleno, los que me han enseñado la importancia de pedir perdón, que a veces es tan discreto como entrar al salón y decirlo de manera sincera, algo que requiere tanto o más valor del que nos pueda parecer en la escena cinematográfica.

Mis padres me han enseñado que una pareja no es solo una pareja, que es un amigo, un compañero, alguien que siempre te va a apoyar, a acompañar, a echar una mano en los momentos de crisis de la vida como que un hijo se rebane un dedo o que no hay manera de que arranque el VHS…

La mayor parte de las mujeres de mi generación culpan a las comedias románticas americanas y a las películas de Disney de sus altas expectativas respecto a las relaciones de pareja, yo culpo a mis padres, que no han podido poner el listón más alto porque se quedaban sin poste donde apoyarlo.

Y no puedo esperar a seguir aprendiendo de ellos.

Hoy no es San Valentín pero sigo enamorada de ti

Hoy no es San Valentín y yo me sigo enterneciendo a cada paso que doy por la vida contigo al lado.

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No es San Valentín, pero te sigo llenando el WhatsApp de corazones y tú me vuelves a escribir en cualquier momento del día para preguntarme si hoy me has dicho que me quieres.

Y yo, que aunque me lo hayas puesto ya, siempre te respondo de la misma manera: “No, no me lo has dicho” y aprovecho para escribírtelo yo también.

Porque aunque no es San Valentín, siempre es un buen momento para decirte “Te quiero”, que contigo los días no son números sino series de Netflix en las que me quedo medio dormida y canciones de Europa FM que cantamos juntos desafinando (sobre todo si son las antiguas de Melendi).

Ya no es 14 de febrero, es un día cualquiera de abril, mayo, septiembre o diciembre. Nos da igual, el amor es el de siempre. O quizás no el de siempre, sino el de ahora, que es más intenso que el de hace un tiempo.

Puede que no sea el día de los enamorados, pero sigo queriendo quitarte la ropa a besos, aunque me vaya a llevar mucho más tiempo que utilizando las manos.

Me doy cuenta de que, aunque no es San Valentín, has vuelto a preparar el desayuno, y de que, porque sí, te he invitado cenar a un sitio bonito. Aunque “bonito” para nosotros suela significar que la hamburguesa sea tan alta que casi necesitemos alcanzar la cima con un ascensor.

Y si no es San Valentín, ¿por qué corres con la moto detrás de mi coche para darme un último beso a través de la ventanilla, justo antes de que cambie la luz del semáforo?

Quizás porque independientemente del día del año, el amor es amor, y seguimos siendo así tú y yo.

Haciendo de la vida un San Valentín interminable, una rutina, un estado civil, mental y emocional.

Duquesa Doslabios.

Por qué deberían hacer más películas románticas realistas

Todos estamos familiarizados con la estructura básica de las películas románticas: chico conoce a chica, uno de los dos se comporta como un capullo integral, y el karma corresponde al que lo ha pasado mal con la que era en realidad la persona de su vida que, o estaba ahí desde el principio, o ha demostrado que nunca le fallaría (no como la pareja del principio).

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Pero el otro día, en uno de esos domingos por la tarde de estar envuelta en una manta en el sofá, descubrí Mesa 19, que, por supuesto, empezaba siguiendo la estructura básica.

El cliché de este filme en concreto era que el chico de turno había roto con la protagonista por mensaje después de dos años juntos. Se encuentran unos meses más tarde en la boda de la hermana del chico y la protagonista sufre profundamente viendo a su ex pareja con una de las damas de honor.

Sin embargo conoce, por casualidad, a un hombre atento, simpático, elegante, que le saca a bailar y le demuestra un par de lecciones interesantes como: “Nadie merece un minuto de tu atención si no te lo va a devolver” o que hay que disfrutar del momento presente.

Ese es el momento en el que sabes que ella terminará liada con él porque claro, se lo merece. Pobrecita mía, ¡con lo mal que lo estaba pasando y lo majo que parece este!

Sin embargo la película pega un giro de 180 grados (es tu última ocasión de dejar de leer si quieres ver la película y no comerte los spoilers). Porque vale, su ex al principio la ha cagado, pero ella tampoco es perfecta, sino que le dijo una serie de cosas que le dejaron claro que no se veía con él en un futuro por considerarlo poco merecedor de ella.

La cosa es que aunque se esperara el desenlace feliz con el chico nuevo, ambos protagonistas se centran en trabajar en sus fallos dentro de la pareja. No los olvidan, sino que se preocupan de ponerles remedio para hacer que la relación funcione.

A la hora de analizar el ritmo, puede parecer menos emocionante que una película americana estándar, pero me sentí tan identificada por lo realista que me resultó, que solo puedo esperar que haya tenido éxito para que dejen de vendernos ficciones de algodón de azúcar y nos cuenten estas historias.

Que nos hagan saber que las relaciones no son perfectas, que todos cometemos errores, que la cagamos, pero que podemos aprender de los errores y madurar emocionalmente, lo que hace de la pareja una unión mucho más fuerte.

Duquesa Doslabios.

¿Tu relación no funciona? Igual no le estás prestando atención a estos detalles

No está remunerado, pero muchas veces tengo la sensación de que mantener una relación es un trabajo a tiempo completo. Requiere tiempo, dedicación, energía… Es, como una vez me dijo una amiga, “como llevar un negocio”.

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Establecemos conexiones que se convierten en relaciones porque damos con alguien con quien compartimos cosas y nos aporta felicidad. Pero es algo que debemos cuidar siempre.

Entonces, ¿cuál es el truco para que funcione?

Hablar con el corazón de todo lo que podamos necesitar. La honestidad es algo básico, ya sea porque necesitamos más cercanía o más espacio. Una pareja que puede tratar de todos los temas de manera abierta crea un espacio seguro en el que todo puede salir con la confianza: deseos, necesidades, miedos, aspiraciones… Compartir estas cosas con tu pareja hace que ambos os conozcáis mejor.

Ten siempre, también, la mente abierta, intenta no juzgar a tu pareja. No ya solo porque dentro de la cama le gusta que te pongas algo que a ti a lo mejor te parece raro, sino respecto a todos los temas: política, gustos, religión… No es necesario que compartas todo absolutamente con él, pero sí que lo tengas en consideración. El respeto es básico.

No critiques a no ser que sea de manera constructiva, y procura encontrar el momento. Esa comida familiar puede que no sea el sitio más adecuado para recordarle que siempre deja gotas de pis fuera de la taza del váter. Intenta no usar sus pequeños defectos (que todos tenemos) en su contra. Hazle saber que le valoras siempre.

Comparte, comparte cosas tan ridículas como el postre, una cerveza y termina compartiendo cosas grandes como experiencias, viajes, vivencias… Crea recuerdos. Todo eso fortalecerá vuestro vínculo.

Tu pareja, tu prioridad. Puede que tengas un trabajo muy estresante, una vida familiar que te exige mucho y un montón de cosas más, pero eso no significa que tu pareja deba estar a un lado. Haz que sea partícipe de tu vida y que le des la importancia que se merece. A fin de cuentas, si no se la estás dando, ¿para qué estás en pareja?

Nunca des el amor (ni a la persona) por sentado. Que para ti todo esté yendo de maravilla, no tiene por qué significar que tu pareja tenga la misma concepción de la relación. No escatimes en recursos para conocer y trabajar en vuestra relación.

Pero, sobre todo, quiere, quiere mucho y sin parar, porque queriendo el resto de cosas no supondrán para ti ningún problema.

Duquesa Doslabios.

¿Estás micro-engañando a tu pareja?

Antes que nada: ¿micro-engañar? ¿Pero eso existe? Yo también pensaba que lo de engañar era o blanco o negro, o lo haces o no. No que existía un nivel de engaño tan pequeño que se conocía como ‘micro-engaño’.

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El micro-engaño es tan relativo que comprende todo aquello que para algunos puede ser considerado infidelidad mientras que para otros no.

El hecho de dar “me gusta” a alguien en una fotografía, poner un comentario en una red social o compartir chistes privados son, para ciertas parejas, digno de considerar como una falta de concentración en la relación.

Pero, teniendo en cuenta que el mundo virtual es el nuevo espacio de las relaciones sociales, ¿es cualquier interacción con una persona del género contrario (o del mismo si hablamos de alguien homosexual) una traición?

Yo creo que todo reside en el propósito que se tenga con esa persona. Amigos virtuales no tienen por qué ser un problema siempre que ambos tengan claro la relación de amistad. Para mí, si no hay una intención escondida tras los intercambios, no hay engaño.

Otro caso muy diferente es el de quienes cambian sus horarios para coincidir con dicho tercer elemento o ponen un pseudónimo para poder seguir comunicándose a espaldas de su pareja, ya que eso sí que se podría considerar que se está centrando en tener una conexión más cercana y recíproca con alguien fuera de la relación.

Si leer un comentario de nuestra pareja en una cuenta o si le felicita a su ex pareja el cumpleaños ya hace que salten todas nuestras alarmas, (además de que todos habríamos micro-engañado miles de veces) lo que debemos hacer es una introspección de si realmente tenemos confianza en nuestro compañero (algo que, como todos sabemos, es la base de cualquier relación).

A lo largo de nuestra vida, si estamos en una relación, seguiremos conociendo gente, alguna interesante, otra nada, alguna atractiva, otra no… Pero será en ese momento en el que debemos confiar en que la relación es lo bastante fuerte como para no querer perder a la persona que tenemos al lado por mucho que aparezcan otros elementos por el camino.

Duquesa Doslabios.

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Las relaciones (erróneas) que puede que tengas antes de sentar cabeza

Si eres de las afortunadas que dio con el hombre de su vida a la primera, es posible que no cuentes con el “Pasillo de las Conquistas Fallidas” en el que se exponen nuestras relaciones que no anduvieron a buen término.

Son ese tipo de hombres (hablo de hombres porque, como mujer heterosexual, mi relación es con ellos. Pero este artículo funciona igual de bien a la inversa) que te has encontrado o seguramente encontrarás y pensarás que es una buena idea salir con cualquiera de ellos. Pero no.

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El vendemotos: es un experto en comer oreja. Te dice todo lo que quieres escuchar. Ni siquiera sabías que estabas tan interesada en tener con él una escapada romántica, pero ha bastado que él lo mencionara para que no puedas quitártelo de la cabeza en todo el día. Todo es maravilloso en vuestra relación hasta que los planes nunca se realizan, pierde interés y te das cuenta de que todo lo que te había dicho este tiempo no es más que una gigantesca nube de humo.

El fóbico al compromiso: es oírte decir las palabras “relación”, “novio”, “estado de Facebook” y se sube por las paredes. Él está “viviendo el momento” disfrutando contigo. Te desarmará con frases del tipo “no creo en las etiquetas”. Ten en cuenta que puedes pasártelo bien durante un tiempo pero la cosa no irá a más.

El polo opuesto: te justificas pensando que los contrarios se atraen pero la verdad es que esa persona es tu antítesis. Tú de playa, él de montaña, tú de indie, él de reggae, tú de Stranger Things de Netflix, él de Mujeres y Hombres y Viceversa de Telecinco. No compartís ni gustos, ni aficiones, ni maneras de pensar. Ambos sabéis que por mucho que se sucedan las citas, es algo que no va a ningún lado.

El que mete quinta: acabas de conocerle, pero de repente está hablando de presentarte a sus padres, de las vacaciones del próximo año que podéis pasar en pareja y de que su prima se casa y le encantaría que fueras con él a la boda. Cuando estás sacudiendo la servilleta por encima de tu cabeza en el banquete, conociendo a esa persona solo de una semana, es cuando te preguntas cómo has llegado hasta ahí. Las prisas no son buenas.

El que absorbe: quiere, pide y repite. La relación es alrededor de la otra persona. Puede que para ti no sea el ombligo del mundo pero como para él sí, a ver quién es la guapa que se lo dice. Es un tipo de relación que te hará sentir emocionalmente exhausta. Algo que debe ser algo mutuo, si siempre es uno de los dos el que tira y el que da, está destinada al desastre.

El del Síndrome de Peter Pan: se niega a crecer, ya puede tener 27 o 37 años que seguirá comportándose como a los 17. Te choca la mano, viste con camisetas de adolescente y sigue viviendo de fiesta constantemente pese a que ya tiene canas en los laterales de la cabeza. Aprenderás con ellos que la edad no es garantía de madurez.

El intermitente: estar con una persona que te cambia según el día es algo de lo que ya nos previno Katy Perry: “Cause you’re hot then you’re cold. You’re yes then you’re no. You’re in then you’re out. You’re up then you’re down“. Lo más probable es que te acaben volviendo loca con tantas idas y venidas. Nunca te hará sentir estable y no sabrás a que atenerte con eso de que de repente te está encima y al poco desaparece durante varios días.

Duquesa Doslabios.