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Ni tampones ni la copa mentrual, así es la regla con el sangrado libre

No sé si he probado todos los sistemas de contención de sangre en mis días de regla, pero casi: compresas, tampones, más adelante la copa -para ser más ecológica-, las compresas de tela y, mi último descubrimiento, las braguitas menstruales.

tampones

PEXELS

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Aunque siempre mi método favorito era o bien el de los tampones o el de la copa, me parece menos engorroso cuando va todo por dentro -aun con los riesgos que conlleva a la hora de vaciarlo-.

Pero hace poco, me habló una amiga del sangrado libre y me hizo reflexionar sobre mi manera de vivir mi propia menstruación.

Suelo sentirme como una barca que hace aguas y a la que hay que ir achicando el líquido, pero al final, son inventos muy recientes.

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Yo quería experimentar la regla al estilo natural, de nuestras primeras ancestras, así que seguí el consejo de mi amiga de dejar que el día del sangrado libre me pillara trabajando en casa.

El sangrado libre no tiene trampa ni cartón, como su nombre indica es dejar que la sangre fluya de manera natural fuera de la vagina sin ponerle obstáculos en el camino.

Y aunque yo al principio era un poco contraria a ello, bien que me engañaba a mí misma diciéndome que la regla se me había pasado en el tercer día y me cargaba toda mi ropa interior en los días siguientes.

Aunque claro, una compresa o braga menstrual sí que necesitas si no quieres terminar con la habitación como el día de la matanza del pueblo.

Que la sostenibilidad está genial, pero si implica que tienes que poner una lavadora de las cinco veces que te tienes que cambiar el pantalón, ya no es tan ecológico.

 

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El truco está en el suelo pélvico. Si lo tienes ejercitado -que es para lo que viene genial hacer ejercicios de Kegel-, puedes ‘apretarlo’ cuando sientes que la sangre empieza a bajar.

Lo reconocerás porque es la misma sensación de cuando te cae el moco en forma de agüilla por la nariz -perdona que me ponga escatológica-, solo que en tu vagina.

Ahí aprietas los músculos y buscas el baño más cercano.

Una vez sentada en el váter, relajas la musculatura y aprietas hacia afuera tus músculos de la vagina, como cuando haces fuerza para ayudar a que salga la compresa o el tampón.

Luego te limpias bien y repites el proceso cuando notes que vuelve a haber sangre.

Para las más puristas en el tema del sangrado libre, usar bragas menstruales es un poco trampa.

Aunque yo, personalmente, vivo con la seguridad de que si aguantándome los músculos hay alguna fuga, no voy a tener que cambiar toda la ropa de cama.

En teoría, por lo que me ha contado mi amiga, hacerlo en casa es parte del entrenamiento inicial.

Pero en teoría, una vez lo tienes controlado puedes salir a la calle y hacer tu vida con absoluta normalidad -y sin ninguna barrera de por medio-. Usando ropa negra, eso sí.

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A la vista está que fuimos juntas a bailar bachata y de vez en cuando me decía: «Me voy al baño, que me toca menstruar».

Para mí era casi mágico que tuviera ese control y no fuera dejando un hilillo de sangre por el camino (algo que me pasó un verano que mi compresa excedió el límite y no sabía que podía manejármelas para ‘cerrar’ la vía de salida).

Otros beneficios, aparte de poder prescindir de productos desechables, es que te conecta mucho con la menstruación. Al final, es una parte natural que nos acompaña, pero entre tanto suministro de higiene, vivimos muy distantes de lo que nos sucede a nivel interno.

Con el sangrado libre realmente convives con ella, conoces tu cuerpo y, sobre todo, asumes que pringarte es parte de la menstruación y no pasa nada no vivirla escondida o con vergüenza, como a lo mejor nos pasa en los primeros años de regla.

También te permite tener una conversación sobre ello con las personas que vives («¿De qué es esa mancha? Ups, no llegué a tiempo») y, en definitiva, vivir lo que es un proceso biológico como es tu ciclo, con normalidad absoluta.

Mara Mariño

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Dejemos de fingir orgasmos o que la regla es maravillosa

Mis padres nunca me enseñaron a fingir, pero aprendí igualmente a hacerlo.

He fingido que no tenía miedo cuando me seguían por la calle yendo sola, incluso cuando los pasos han llegado a mi altura y me han dicho algo.

pareja cama

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He fingido que no me afectaban los comentarios de mis amigos cuando hablaban de sus antiguas parejas. Que si ella era «intensa», «demasiado emocional», una «loca»… He fingido no oír nada, un ataque de sordera instantánea.

He fingido estar muy ocupada, mirando el suelo o la pared, para que el chico del gimnasio -que no deja de mirar-, no pensara que estaba interesada por establecer contacto visual.

He fingido que la menstruación no era para tanto y que ese pinchazo, por el cual quería hacerme una bola en el suelo, no existía. He seguido trabajando.

Y, por supuesto he fingido orgasmos.

Porque ser mujer, para mí, ha sido también eso. Crear una realidad alternativa en la que fuera diferente lo que se veía por fuera, de cómo me sentía por dentro.

Doy las gracias a los avances en educación sexual que nos han liberado. Por ellos, me he permitido dejar de agobiarme por el reloj, que corre sin que yo me corra.

Por pensar que tardo demasiado y salir del paso fingiendo un orgasmo, para llegar a esas expectativas del porno de que solo con meterla es suficiente.

Se me acabó la etapa de refugiarme en un clímax fingido, digno de Oscar, por el hecho de querer terminar o pasar a otra cosa si no sabía cómo darme placer.

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Y dejar de fingir es tan liberador, que ya no quiero dejar de hacerlo.

Tanto como lo es disfrutar de los orgasmos reales, aunque tarden, aunque no sucedan siempre, aunque no sean tan escandalosos como los inventados.

Tanto como que exista una ley que permita que, a aquellas que no puedan trabajar por dolor de menstruación, no tengan que hacerlo.

A la mayoría esta medida no va a cambiarnos la vida. Muchas, como yo, tenemos dismenorrea y eso, aunque duela, no nos da una baja médica.

Pero ya podemos dejar de fingir que estamos delante del ordenador como si nada. Que la sensación de que tus entrañas se están estrujando no tiene que estar acompañada con una buena cara.

Por fin se reconoce lo que, para nosotras, era el día a día con la regla: un problema real que nos afectaba el rendimiento por estar sintiendo un dolor inaguantable.

Y dejar de fingir es dejar de mentir. Aunque signifique hacer ver, por primera vez, que las cosas no son como muchos de mi alrededor quieren.

Los mismos que quieren creer que la puerta del orgasmo se abre solo con su pene. Pero también quienes me han puesto mala cara trabajando, por no poder disimular el gesto de dolor cuando esperaba a que hiciera efecto el ibuprofeno.

Porque en el momento que nuestras diferencias no supongan un impedimento, conseguiremos, por fin, (más que igualdad) equidad de condiciones.

Mara Mariño

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Sí, hay bragas menstruales bonitas que además van a cambiar tu forma de vivir la regla

Vamos a abrir el melón de las bragas de la regla. Y ya sabes a cuáles me refiero, esas anchas que llevas usando desde hace años.

Las mismas que tienen la goma cedida, el color desteñido y el forro interior entre gris oscuro y marrón de todas las manchas que han ido cayéndole desde que las relegaste a la categoría de la menstruación.

CHANTELLE

¿Pero y lo cómoda que te sientes cada vez que te las pones?

No solo son las que puedes manchar alegremente sino que evitan que te cargues las que tienes en el cajón y que reservas para ocasiones especiales (noches con tu crush y visitas a la ginecóloga, las dos veces en las que más te interesa llevar ropa interior bonita).

Sin embargo el universo de la ropa interior habilitada para los días en los que sangras y te sientes hinchada no termina ahí, es más, cada vez son más populares las bragas menstruales, pero las menstruales de verdad.

La diferencia respecto a las que tenemos en casa desde hace siglos es que llevan un tejido absorbente que nos permite sustituir los tampones, compresas o copa menstrual y usarlas solas.

Además, no tienes que preocuparte porque manchen la tela, esa es precisamente la idea.

Y tranquila que luego las lavas en la lavadora y sale toda la sangre, así que no solo te despides de la angustia de que tu nuevo tanga se pueda manchar, sino que encima no tienes que dejarte tanto dinero ya que si las cuidas bien te duran años (y con lo que te ahorras te vas de cena con tu amiga).

Tania Correa es Directora de Comunicación de Chantelle, una firma de lencería que ha sacado su primera línea para el ciclo menstrual.

Ella va a resolver todas las dudas que te puedan surgir sobre si es el momento de que te hagas con unas y empieces a familiarizarte con tu menstruación de una forma nueva.

«Es un producto sostenible de calidad, libre de sustancias químicas, de olores y transpirable. Además, las bragas menstruales pueden representar una inversión inicial pero un ahorro económico a la larga», señala la directora como ventajas de las bragas respecto a otros productos.

¿Son más cómodas que llevar una compresa?
Es un producto discreto, diseñado sin costuras, fabricadas con tejidos ultrasuaves, elásticos y ecológicos, todos los productos tienen la certificación STANDARD 100 de OEKO-TEX®. Están diseñadas para absorber 12 horas de flujo cualquier día del ciclo menstrual.

¿Cuántas bragas de este tipo es recomendable tener?
Cada mujer tiene un ciclo menstrual diferente, pero en general se necesitan 2 bragas por día (1 de día y 1 de noche) Para cubrir un ciclo completo, se necesitan 5 bragas menstruales en promedio.

¿Se deben complementar con el uso de otros productos como copa menstrual o tampones o se pueden utilizar solas por su gran capacidad?
La bragas menstruales de Chantelle están diseñadas para usarse solas pero, cada mujer es diferente, por eso recomendamos testar el producto gradualmente, en casa, por ejemplo.

¿Cómo se limpian?
Antes de usar se deben lavar en la lavadora a 30º máximo antes del primer uso. Después de usarlas por primera vez hay que enjuagar la braguita con agua fría (a menos de 30 °) hasta que el agua se limpie. Después se lavan en la lavadora (a 30º como máximo) sin usar suavizante porque reduce las propiedades del tejido. Por último se tiende la braguita para secar (no utilizar secadora) y se guarda sin planchar.

¿Cuántos años duran?
Están confeccionadas con tejidos de muy buena calidad, testados y aprobados por los estándares de Chantelle. El número de veces que puedes usarlas dependerá de cuántas veces las uses por ciclo, cómo las cuides (siguiendo las instrucciones de cuidado). Están diseñadas para durar al menos 7/8 años si se usan una vez por ciclo.

¿Corremos el riesgo de padecer Síndrome de Shock Tóxico con las bragas menstruales?
La mayoría de las protecciones higiénicas contienen sustancias tóxicas nocivas. Esta es la razón principal por la que han aparecido en el mercado las bragas menstruales. En cuanto a los componentes de nuestras braguitas menstruales, apostamos por productos cuya composición es libre de riesgos y libres de químicos: materiales naturales y ecológicos (algodón orgánico certificado GOTS / viscosa de bambú / 75% microfibra reciclada + certificación OEKO- Tex).

Si a una amiga le baja la regla, ¿podemos dejarle nuestras bragas menstruales?
Recomendamos mejor no compartir este tipo de producto.

¿Por qué en Chantelle han decidido sacar ahora este producto?
El objetivo de Chantelle es estar presente en cada momento de la vida de una mujer apostando por la comodidad dentro y fuera de casa. Por eso nació Chantelle Life, la categoría que proporciona una amplia gama de productos para el cuidado diario e higiene femenina de forma sostenible y responsable con el medio ambiente.

¿Está cambiando la percepción que tenemos las mujeres de la regla o es que nos preocupamos más por el medio ambiente?
Según los datos a lo largo de su vida, una mujer utiliza entre 10.000 y 17.000 protecciones higiénicas desechables (compresas o tampones) y además estas protecciones higiénicas están hechas con sustancias nocivas. En Chantelle nos caracterizamos por escuchar a las mujeres y estar pendientes de que demandan. Observamos que las consumidoras buscaban una forma más respetuosa y un cambio hacia un producto reutilizable, lavable y eco-friendly. Un producto de larga duración y que a su vez tuvieran un diseño fino y elegante.

Sus dos modelos Graphic y Lace están disponibles de la talla 36 a la 54 para que todas podamos usarlas.

Duquesa Doslabios.

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Flexibilización menstrual: ¿la solución si nos baja la regla en el trabajo?

Llevo dos días doblada literalmente. Desde mis 15 años hay días que la regla me tumba hasta el punto de que estar sentada en una silla es inaguantable por los dolores que siento en la parte baja del abdomen.

Y delante de la pantalla del ordenador, tratando de disimular mientras el resto de la oficina seguía ajena a que mi útero era el equivalente a la erupción del Etna versión menstrual, pensaba en lo duro que era tener que trabajar estando así.

UNPLASH

Conozco amigas que pasan sus reglas como quien pasa una tarde en El Retiro, a gusto y relajadas. Otras solo necesitan una pastilla para sentirse bien y continuar con su vida. Las hay que, como yo, por mucho ibuprofeno que tomen, tienen que pasar momentos aguantando las ganas de hacerse una bolita acurrucadas sobre sí mismas y otras que incluso no pueden ni levantarse de la cama.

Cada una es un mundo.

Le digo por chat a mi compañera que cómo agradecería poder hacer teletrabajo estos días, que en pijama, sin tener que hacerme un paseo de media hora a pie, cualquier regla es más llevadera. Al poco empezamos a hablar de Girona y su flexibilización menstrual.

El ayuntamiento de la ciudad ha aprobado una propuesta que te permite cortar el día si te encuentras mal. Algo que en un primer momento me parecía buena idea hasta que, una vez dejé de leer en diagonal, llegué a la parte que me dejó helada. Esas horas había que recuperarlas.

Por un lado puedo entender que si te coges unas horas porque tienes que acompañar a tu madre al médico, tienes un curso o un trámite, recuperes ese momento. Pero, ¿es lícito tener que recuperar horas cuando te encuentras físicamente mal? ¿Es justo que si contraes un gripazo o una gastrointeritis, te hagan luego trabajar esas horas una vez te has recuperado?

Como dice mi amiga, nos explotan por partida doble. Y razón no le falta. Porque no es ya que seamos igual de productivas que un hombre en condiciones normales, es que si tenemos la regla nos toca serlo más empleándonos el doble.

Esforzarnos, aguantarnos y medicarnos para que no afecte en ningún caso. Y nosotras no solo nos hemos acostumbrado a este esfuerzo titánico, a trabajar con dolor. Sino que vemos normal hacerlo y que no se reconozca que una vez al mes pasamos por un periodo de malestar físico.

Claro que a las empresas no les interesa que esto se reconozca. Somos una fuerza laboral que debe ser siempre productiva. Si nos encontramos mal igual de difícil es tener que trabajar como si nada nos pasara que tener que, como en el caso de Girona, devolver esas horas.

Un tiempo que no hemos usado para nuestro disfrute, sino para lidiar con dolor.

Es poco probable que en algún momento se reconozca la dismenorrea como un problema que merece una solución (que no un atajo) de cara a compaginarla con la jornada en la oficina. Hasta entonces, y como yo, aguantar el tirón y si no nos vemos capaces de trabajar -porque la molestia se nos hace demasiado cuesta arriba-, excusarse con un dolor que laboralmente esté mejor aceptado.

Si nada de eso funciona, como propone mi compañera, servir la venganza en horas de Facebook sin moverse del puesto de trabajo.

Duquesa Doslabios.

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Sí, el sexo con la regla puede ser (muy) placentero: apunta estos 6 consejos

Más o menos, las mujeres tenemos 400 reglas desde que nos viene por primera vez hasta la menopausia.

Así que entre los días de sangrado fuerte y los que simplemente manchamos un poco, nos pasamos con sangre o restos entre las piernas más de 2000 días de nuestra vida.

DIVACUP

Los suficientes como para que ni me plantee pasarlos religiosamente sin tener sexo. Las ganas siguen ahí, quizás en mayor o menor medida en función del momento o del ciclo. Pero si hay deseo, ¿cómo pensar en no tener ningún tipo de actividad?

Para mí, en concreto, hace que el periodo sea mucho más llevadero. Recuerda que el orgasmo siempre te va a ayudar a que las molestias se pasen (la combinación ibuprofeno y clímax es mi favorita durante esos días).

Pero también es cierto que podemos hacer que el polvazo nos resulte más apetecible. Así que ahí te dejo mis recomendaciones para que te tires a la piscina (menstrual) y te animes:

  1. Si por lo que sea te da pavor que se te acerquen cuando sangras (que no pasa nada), recuerda que el clítoris está lejos de la vagina. En concreto unos cuántos centímetros más arriba. Con un tampón o una copa menstrual te aseguras de que no se convierta en el gran olvidado, sino en el protagonista. ¿Quién dijo que el sexo es solo penetración? Tócate (o que te toquen) o atrévete a que te hagan ese cunnilingus que te mereces, que cambiar por completo el revestimiento uterino es un trabajo que bien se merece que te mimen.
  2. Un minuto de silencio por esas sábanas/mantas/colchón que alguna vez nos hemos cargado con el sangrado. Ya que sacar la mancha roja cuesta horrores (acuérdate que solo se van con agua fría), mi consejo es que te hagas con una buena toalla negra para que te despreocupes por tu ropa de cama. No solo proteges tus sábanas de lyocell, sino que te aseguras de que vas a poder seguir usando la toalla ya que con el color oscuro no se apreciará ninguna mancha. Pero es que la sangre es tan buen lubricante que no deberías perder la ocasión de usarla a tu favor.
  3. Ayúdate de estos aliados: una copa menstrual para tener sexo, juguetes que te estimulan el clítoris o en definitiva cualquier cosa que te haga sentir cómoda y excitada son claves. La cosa es que disfrutes y llegues al orgasmo.
  4. El agua caliente es tu mejor amiga. Y no solo dentro de la bolsita que se puede calentar en el microondas. La temperatura disminuye el dolor y rebaja la inflamación (de ahí que también se utilice para los partos en el agua). Mi sugerencia es que muevas la acción al baño y confíes en el chorro de la ducha. Si te lo aplicas sobre la tripa, notarás un alivio inmediato y si bajas unos centímetros, estimulas el clítoris. Dos pájaros de un tiro.
  5. Que suba la temperatura literalmente. Más allá del baño, es fundamental no quedarse fría. Si hay que dejarse la camiseta puesta, se deja. Si hay que tener sexo con la manta térmica en la tripa, se tiene también.
  6. Evita las posturas en las que la penetración sea profunda. El cuello uterino se estrecha y es probable que notes más molestias (dile adiós al perrito en esos días). Si te pones tú encima, haces la cucharita lateral o el misionero te asegurarás de que no te duela nada.

Duquesa Doslabios.

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Dime en qué fase menstrual estás y te diré cómo es tu vida sexual

Me encantaría que todos los días del mes me sintiera predispuesta a tener sexo. De verdad, sería una gozada que bastara con tomar la decisión y no dependiera de las fases que pasa mi cuerpo.

Pero lo cierto es ahí pincho y corto entre poco y nada. Son mis cambios hormonales ligados a la menstruación los que hacen que me vea afectada, desde mi estado anímico a lo que me pasa entre las piernas.

I LOVE CYCLO

De hecho es una de las cosas que más echaba de menos cuando utilizaba la píldora anticonceptiva, que no solo la lubricación natural brillaba por su ausencia sino que perdía totalmente la libido -que sube naturalmente en algunas fases-.

Vamos, que no tenía sentido utilizar un método anticonceptivo para tener sexo si yo misma no quería tener sexo.

Aunque aparentemente soy una persona muy estable, mi cuerpo cambia cada semana del mes.

El primer día del ciclo, que es cuando baja la regla, suele ser una semana fatídica para las que, como yo, tenemos dismenorrea. Es el periodo más molesto por culpa del dolor, pero también la ocasión perfecta para combatirlo a golpe de orgasmo.

Que aunque los niveles de estrógeno y progesterona están por los suelos, la lubricación de la sangre hace que sea un momento tan bueno como cualquier otro (en otras palabras, sí tienes el chichi para farolillos). Y como decía, nada como un orgasmo haciéndole la competencia a cualquier analgésico a la hora de combatir el dolor menstrual.

A continuación, una semana después, empieza la fase folicular. Que recibe ese nombre por los folículos de los ovarios, los que empiezan a crecer por obra del estrógeno, mi hormona favorita.

Es la que hace que nos sintamos más activas y con ganas de experimentar (sí, prueba de una vez ese juguete, mándale un mensaje tan calentito como el interior de una mascarilla o desfila para ti en lencería, se acepta todo lo que te excite).

La tercera fase, la de la ovulación, tiene lugar unas dos semanas después de la menstruación. En el momento cumbre en el que se libera el óvulo, el estrógeno se dispara, lo que afecta directamente al deseo sexual. En otras palabras, en teoría es cuando vas a estar más salida. En mi caso, en la práctica, pues también.

Si a eso le sumamos que es el momento del mes en el que más fluido producimos (cuando estamos más lubricadas y el sexo resulta más placentero sin necesidad de lubricantes añadidos) es la ocasión perfecta de inaugurar la barra libre sexual.

A partir de ahí, de llegar a la cumbre del bienestar vaginal, toca agarrarse que vienen curvas (hormonales). Despídete de los estrógenos porque en la fase lútea es la progesterona la protagonista.

¿Sabes cuando te sientes hinchada como un globo, irritable y cansadísima? Ella es la responsable de todo.

Y claro, con semejantes síntomas no es ya solo que tengamos menos ganas de sexo, es que no nos sentimos ni cómodas con el propio cuerpo.

Al sentirnos así, el nivel de deseo cae en picado. ¿Que podemos aprovechar para practicar sexo a modo de descarga de endorfina? Por supuesto, aunque con la premisa de que es un momento en el que hay que escuchar a nuestros cuerpos.

Cada una de nosotras y cada menstruación es un mundo. Puede que los bailes entre la progesterona y los estrógenos no te afecten (qué suerte).

Y por mucho que esta explicación te ayude a entender por qué hay veces que estás tan excitada y otras que no te enciendes ni con los Vengadores sin camiseta, lo resumo en que si te apetece adelante y, si no quieres tener sexo y prefieres acurrucarte con una manta viendo una serie, es tan sencillo como decirlo.

Recuerda que la otra persona no es una aplicación de trackeo de tu ciclo.

Duquesa Doslabios.

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¿Cambia la regla en verano? La menstruación en la época más calurosa del año

Aunque muchas firmaríamos por tener un verano en el que la regla nos diera un respiro (sobre todo después de que la agenda se nos ha colapsado después del confinamiento), nos va a tocar acordarnos de meter el clásico neceser de supervivencia para esos días del mes.

Como Pilar Ruiz, la directora de comunicación de Intimina (marca de cuidado íntimo para mujer), me confirma, el ciclo no es que cambie en la estación más calurosa del año. Sin embargo sí podemos sentirlo un poco diferente.

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¿Cómo nos afectan los cambios de estación a la menstruación?
En realidad, las estaciones del año no afectan directamente a nuestra menstruación. Es cierto que no percibimos la regla de la misma manera en verano que en invierno, por ejemplo. Durante el verano, por acción del calor y el ejercicio al aire libre, podemos percibir más inflamación y sentirnos más hinchadas que en otras épocas del año. El agobio, la temperatura y los largos días pueden generarnos malestar, más retención de líquidos o deshidratación, y esto afecta a nuestro cuerpo y estado.

En invierno, por otro lado, estamos más caseras lo que nos puede generar la sensación de tener mayor dolor pero menor hinchazón. Solemos tener más antojos de chocolate (¡por qué no!) y nos sentimos más cansadas. Cada mujer es diferente y la regla, según nuestro estilo de vida, nos afecta de formas distintas. Es un proceso natural y cada una decide vivirlo de la mejor manera.

Y, más en concreto, ¿cómo afecta el verano con la subida de temperaturas? ¿Altera el flujo de alguna manera?
El flujo menstrual no debería verse alterado por una estación específica. En caso de que eso sucediera, deberíamos consultar con un profesional para ver qué puede estar sucediendo. Sí es cierto que el verano puede hacernos sentir más incómodas los días de regla por el tipo de ropa que usamos, el calor agobiante, los largos días en la piscina o la playa… De hecho, según un estudio de Intimina, el 63% de las mujeres elige evitar bañarse en la playa o piscina cuando tienen la regla y el 67% siempre lleva consigo los productos de higiene íntima para evitar comprarlos en el destino vacacional.

Durante los días de regla es fundamental hidratarse bien y beber mucha agua, de este modo evitas la retención de líquidos y mejoras la piel; a la vez que debemos cuidar nuestra alimentación con comidas ricas en nutrientes. Cuidarse adecuadamente nos evitará malestares, hinchazón o molestias adicionales que puedan surgir por estar en verano. Además, es importante descansar bien, durmiendo un mínimo de 8 horas diarias y no olvidar la ingesta de hierro durante y tras la menstruación, para tener buenas reservas.

También la vida social cambia en los meses de buen tiempo, ¿cómo compaginar la agenda con la regla?
Es importante destacar que cada mujer es diferente y, por lo tanto, no hay fórmulas mágicas. Nuestra vida debe ser la misma, con o sin regla, ya que nada debe impedirnos disfrutar de lo que nos apetezca hacer: salir a terrazas, ir a la piscina, bailar o tumbarnos en el sofá a ver una película.

¿Es la copa menstrual una buena alternativa para el verano?
¡Claro que sí! No solo por ser hipoalergénicas y totalmente respetuosas con el equilibrio íntimo, gracias a la silicona de grado médico con la que están fabricadas; sino también porque previenen el crecimiento bacteriano. Pero lo más importante es que se pueden llevar hasta 12 horas, lo que las convierte en un complemento ideal para los largos días de verano. No se nota, y nos permite hacer todos los planes sin problema.

Normalmente, la copa resulta muy práctica si tenemos un baño cerca, ¿cómo convertirla en la mejor aliada para los días de playa/piscina?
Es importante mencionar que podemos usar la copa menstrual durante 12 horas, por lo que es posible estar en la playa durante largas jornadas, bañarse y tomar sol sin ninguna preocupación. Luego, al llegar a casa, solo es necesario enjuagarla y volver a usar.

En caso de que tengamos que cambiarnos en un baño público, para que sea lo más cómodo posible, desde Intimina recomendamos llevar preparado un kit para la menstruación: en una bolsa con cremallera, introduce la copa menstrual Lily Cup Compact de INTIMINA, ideal para el bolso por su estructura plegable, junto con toallitas húmedas, desinfectante de manos y agua embotellada. Además, nuestras copas van guardadas en una funda para estar más protegida.

¿Le puede afectar al material el cloro del agua, la arena o la sal del mar?
Si la copa se coloca de manera correcta, no la notas y no tiene contacto con el exterior. Tanto el cloro del agua, la arena o la sal de mar no deberían afectarla, porque al encontrarse en el interior de nuestra vagina, ni deja escapar flujo ni que entre agua en nuestro interior.

Para aquellas amantes del senderismo, ¿cómo podemos limpiar la copa en pleno campo si nos encontramos de ruta?
Es muy simple: una vez nos la quitamos, vertemos su contenido, la limpiamos con un poco de agua o papel higiénico y volveremos a introducirla. Es importante recalcar que debemos esterilizarla entre 5 y 8 minutos en agua hirviendo antes y después de cada ciclo.

A la hora de viajar, ¿qué ventaja tiene la copa frente a los tampones?
La copa menstrual cuenta con la comodidad y practicidad de que podemos llevarla puesta hasta 12 horas sin notarla en absoluto, y es importante también que con ella no generamos residuos que a veces no sabemos ni dónde tirar. Además, comprar compresas y tampones en países no occidentales a veces no es tarea sencilla, no solo por su elevado precio sino porque pueden llegar a ser inexistentes.

Según un estudio de Intimina, 3 de cada 10 mujeres (31%) aseguran haber tenido problemas para acceder a productos de higiene íntima durante un viaje. Por lo que la copa menstrual, al no ocupar apenas espacio en la maleta, puedes llevarla siempre contigo y no tener que buscar productos para la regla en el destino, asegurando una protección fiable durante todo el viaje.

Si no podemos hervirla en ese momento, ¿cómo podemos guardarla de una forma higiénica?
Lo importante es hervirla antes y después de cada ciclo. No es necesario esterilizarla durante la menstruación. Con lavarla con agua es suficiente. Por otro lado, si no estamos en casa y no disponemos de los utensilios para hervir la copa, una opción son las tabletas esterilizadoras, que permiten esterilizar la copa menstrual en agua fría durante 15 minutos.

Una vez acabado el ciclo, ¿podemos compartir la copa -una vez desinfectada- con otra mujer?
No, no es recomendable compartir la copa menstrual. Más allá del factor higiénico, también es importante saber que hay una copa para cada mujer y cada una debe encontrar la que mejor se adapte a sus necesidades.

¿Es el verano una buena época para animarnos a probarla si nunca la hemos usado?
Sin duda. De hecho, ¡cualquier momento del año es bueno para iniciar el cambio! Lo que recomendamos es probarla antes de que comience la regla para poder aprender a colocarla, acostumbrarnos a ella y conocer cómo funciona nuestro cuerpo. Seguro que una vez que prueben la copa, no la cambiarán por nada del mundo.

Duquesa Doslabios.

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Que la regla no te fastidie el día de playa con estos consejos

Es imposible que no tengamos la ‘suerte’ de que, al menos, una de las reglas nos caigan en el día que habíamos planeado ir a la playa o la piscina.

(Y eso si no te baja en medio de un paseo por la orilla con un crush, como me pasó a mí hace unos años).

WOMEN’SECRET

Así que como nuestra amiga Inés (por lo de que viene cada mes), es probable que aparezca también en verano, aquí van mis consejos para que sobrevivas a esa jornada de la mejor manera.

La preparación es fundamental. Tienes que pensar bien qué vas a meter en la bolsa. Ropa suelta, un alijo de ibuprofeno y ‘paracetamoles’ que podría nutrir a una residencia de ancianos…

Mi truco para esos días es dejar las compresas en casa y hacer de la copa la mejor apuesta.

Es a prueba de fugas siempre y cuando la vayas vaciando con regularidad, una razón por la que es fundamental que, en cuanto llegues, localices y te pongas cerca del baño.

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¿Que la copa no va contigo? Pues antes de salir de casa, recorta un poco el hilo del tampón -no tanto como para que no puedas tirar luego de él para sacarlo- para evitar que salga a pasear por fuera de la braguita del bikini.

Y hablando de ropa de baño, lo mejor para ese día es que lleves los bañadores o bikinis que tengas de color negro. Así, si notas la fuga, sabes que solo vas a enterarte tú y que no vas a cargarte el conjunto (que ya sabemos lo que cuesta que salga el manchurrón de las bragas).

Si, como yo, cuando estás con la regla, solo quieres fundirte con el sofá y la manta, pero te apetece el plan veraniego, intenta trasladar a la playa o a la piscina la comodidad de tu casa.

Será fundamental que, además de ropa suelta, lleves algo que puedas atarte alrededor de la cintura -para tapar la fuga camino al baño o por si te entra frío-.

Tampoco puede faltar una toalla o manta en la que poder tumbarte en postura fetal si las cosas se ponen feas con los dolores. No subestimes el poder de la camiseta de tu amiga dándote calorcito sobre la tripa, cualquier solución en ese momento de crisis es bienvenida.

Dicen que el calor ayuda a que baje mejor la sangre, pero le va a hacer un flaco favor a tu cara si justo acabas de explotarte el clásico grano hormonal. Si la protección solar es fundamental, que no falte la crema de SPF 50 para que no te queden luego las marcas.

Por mucho que te pueda la pereza, recuerda también que moverte, ya sea dentro del agua como dando un paseo (lo de jugar al voley o a las palas míralo en función de cómo estés de dolorida) ayuda.

Y para terminar, planifica bien la comida que vayas a llevar. Por mucho que te apetezca comida basura -las patatas de tu amiga Laura parecen llamarte a voces- es mejor que te mantengas alejada de alimentos salados, bebidas azucaradas o gaseosas y te limites a beber mucha agua y a comer de forma equilibrada. La hinchazón te lo agradecerá no convirtiéndote (todavía más) en una bola de aire.

Duquesa Doslabios.

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Socorro, la cuarentena me está revolucionando la regla

Si hubiera un trivial de típicas cosas de la cuarentena, me quedaría sin tachar la casilla de «Me he cortado flequillo en casa». Aunque las de «También tengo insomnio por las noches» y «Se me ha alterado la regla» serían las primeras que marcaría.

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En un primer momento pensaba que podía ser algo aislado, pero por lo visto, somos muchas a las que la menstruación nos viene y va un poco a su rollo.

Ahora parece que va a bajar, ahora se te retrasa y, un mes después (cuando no la esperas para nada hasta dentro de unos días), se te adelanta.

Y en mi caso, esto era algo que nunca me había pasado. Desde la primera de ellas, todas mis reglas han venido con la puntualidad de un reloj suizo.

Quitando la emoción por algún viaje -la única vez que también llegó antes de tiempo-, parecía que mi cuerpo estaba de acuerdo con la norma no escrita de que iba a venir cada 30 días.

Así que el hecho de que ahora vaya un poco por libre, me ha preocupado. Y no solo a mí. Algunas de mis amigas también habían tenido cambios.

Aunque no hemos sido encuestadas para el último estudio de Intimina, empresa especializada en productos de salud íntima femenina, podríamos ser los mejores ejemplos para su informe del ciclo menstrual durante el estado de alarma.

Según su informe, el 63% de las mujeres de entre 26 y 45 años ha experimentado cambios en su ciclo como consecuencia del confinamiento, sobre todo las que estamos entre 26 y 35 años.

El retraso medio es, según el estudio, de unos cinco días y encima, muchas de nosotras, pasando las reglas más dolorosas.

Y es que no, al menos en mi caso, no imaginaba cómo podían llegar a afectarme los cambios de hábitos.

Que no salga casi a ningún lado, los nervios por la situación o que viva al borde del ataque de nervios porque mi vecina grita cada dos por tres a su bebé, son algunas razones que tienen mi ciclo tan alterado como las noticias de que va a llegar el cambio de fase a Madrid.

¿Y la solución? Pues, sorprendentemente, muy a mano: descanso, dieta equilibrada, caminar (ahora que podemos)…

Aunque claro, ¿cómo voy a descansar si sigo con el insomnio cuarentena? ¿Cómo voy a comer sano si la ansiedad por el estado de alarma interminable y mis revolucionadas hormonas parecen llevarme solo al cajón de chocolate? Vamos, que estando así, lo raro habría sido que mi regla no se volviera un poco loca.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si el que no quiere tener sexo con la regla es él?

Como mujer, noto cómo me cambia el cuerpo cuando estoy con la regla. Flujo aparte, mis ‘bajos’ no reaccionan de la misma manera que durante el resto del mes.

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Hay reglas en las que tengo tanto dolor que solo quiero tumbarme. Otras que el sangrado es tan abundante que, cada dos horas, me toca cambiar la copa.

Y, aunque en la mayoría de esas veces, mi deseo sexual se ve bastante afectado, tengo también casos en los que, con sangre o no, tengo ganas de jugar.

No siempre he podido hacerlo. Confieso que solo en pareja me he sentido en confianza como para tener sexo en ese momento del mes.

Como yo, conozco varias amigas que opinan muy parecido. Algunas prefieren hacerlo y otras no, pero si en algo hemos coincidido es que, por lo general, a nuestros compañeros no les importa que haya sangre de por medio.

Sin embargo conozco también el caso contrario de un amigo que, en sus palabras, prefiere «no manchar el sable».

La simple expresión de ‘manchar’ ya hace que se considere la regla como algo sucio, por lo que se relaciona con sensaciones de desagrado e incluso repulsión.

Si eres de esas personas cuya pareja siente asco (o eres tú quien, solo de pensarlo, siente repugnancia), hay varias cosas sobre las que puedes reflexionar al respecto.

En primer lugar, la regla no es algo sucio. Es una fase del ciclo menstrual femenino, por lo que la higiene, si es la normal, no es un problema.

Tener la regla no es sinónimo de que el momento se convierta en una escena de películagore. Hay momentos que se sangra más, otros que se sangra menos. Y, ¿lo mejor? Que se pueden aprovechar esos ratos de menor cantidad de flujo para tener relaciones,

Incluso para quienes tengan miedo de ver la más mínima gota de sangre, se pueden tranquilizar si la otra persona está utilizando una copa o un tampón, ya que evitan que salga el flujo (y deja el clítoris a la vista y bien despejado para cualquier tipo de estimulación externa).

Y aunque cada uno es libre de hacer lo que quiera, ¿no es mejor pensar en que la regla es algo normal y seguir disfrutando del sexo?

Duquesa Doslabios.

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