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6 mitos de la copa menstrual que deberías dejar de creer

La copa menstrual es un objeto tan diferente a los productos de higiene femenina a los que estamos acostumbradas que es normal que circulen leyendas sobre ella.

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Algunas de las más comunes, y al mismo tiempo, que más nos preocupan, distan bastante de ser verdaderas. Hoy me encargo de arrojar algo de luz sobre ellas y seguir afirmando que la menstruación con copa es la menstruación mejor.

Para empezar, la copa no se cae mientras vas andando. Tampoco si echas a correr o montas en bici. La copa está diseñada con forma de campana para mantenerse sujeta mientras recoge el flujo menstrual. Es importante sin embargo, encontrar la que es más apropiada para cada una. La talla (cambian factores como el diámetro, longitud o grosor) puede ser diferente en función de si hemos tenido hijos.

No se pierde por dentro del cuerpo. Es uno de los mayores miedos, meter aquello y no volverlo a ver nunca más. Sin embargo al final de la vagina tenemos el cérvix, un estrechamiento antes del útero que impide que desaparezca en nuestro interior. ¿Para sacarla si por un casual notas que está especialmente arriba de la vagina? Empujar hacia abajo como si quisieras tirarte un pedo, pero vaginal.

A diferencia de los tampones que, por culpa de los materiales secan las paredes vaginales y están relacionados con el Síndrome del Shock Tóxico, la copa no tiene este problema, por lo que puedes dormir con ella tranquilamente. Al estar hechas, en su mayoría de silicona quirúrgica, no hay inconveniente en que la lleves puesta mientras duermes.

Y no, aunque te tumbes la sangre de la copa no sube al útero. ¿Recuerdas el cérvix de antes? Pues a partir de ahí no pasa nada. No, ni por mucho que te pongas a hacer el pino. Las contracciones del útero hacen que descienda el líquido aunque desafiemos a las leyes de la gravedad.

La copa menstrual no te ‘quita’ la virginidad. Socialmente, una persona es virgen hasta que tiene sexo con otra, por lo que no es algo que dependa del recipiente de silicona. Sí que es cierto que, si eres un poco manazas, puede que te rompas el himen sin querer, algo que también te puede pasar con los tampones. Pero ni vas a darte cuenta ni supone una gran diferencia en tu vida tenerlo o no intacto.

Puedes hacer pis y caca con la copa puesta. Y no solo eso, sino que es una maravilla de cómoda. No tengas miedo de que se escurrirá al wáter porque, como decía al principio, tus músculos están trabajando, aunque no te des cuenta, para tenerla sujeta.

Duquesa Doslabios.

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Sexo y regla, la menstruación es la cuestión

Hace poco, en una quedada con amigos surgió (todavía no sé cómo, también es cierto) el tema de tener relaciones sexuales con la regla.

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La mayoría de los chicos afirmaban que no era algo que les importara. Mientras que uno decía que la situación le excitaba más, por las dosis de lubricación extra, otro opinaba que, a fin de cuentas, es algo que no afectaba realmente ya que está de por medio el condón.

De hecho, “si no se tiene sexo en esos días suele ser más por vosotras que por nosotros” me dijo convencido.

Y le doy toda la razón del mundo. Históricamente la regla ha sido el ‘castigo divino’, algo que nos mantenía a las mujeres en un segundo plano al ser visto como una enfermedad hasta hace relativamente poco.

El estigma perdura. Y sino, solo hay que ver cómo todavía vamos al baño con los productos de higiene femenina hábilmente escondidos en las mangas de la sudadera. Con la sangre vaginal también impera la ley del silencio. La omertà menstrual.

También es cierto que, las que sufrimos dismenorreas (intensos dolores menstruales) no siempre tenemos ‘el chocho para farolillos’ literalmente.

La hinchazón, los calambres o el propio malestar general en momentos concretos (especialmente durante los primeros días), hacen que muchas pensemos, cuando nos hablan de “meterla”, en una barra de chocolate. Y en la boca.

Sin embargo, quienes no padezcan molestias y quieran tener sexo con la regla, deberían sentirse con toda la libertad del mundo para hacerlo. No está de más tampoco comentarlo previamente por si hemos topado con una persona que se impresiona con el sangrado.

Pensemos que, al final, es tan sencillo como hacerlo en la ducha e ir quitando los restos con el agua de la alcachofa o bien colocar un par de toallas por encima de las sábanas. Tener que poner lavadoras es un pequeño precio que, teniendo en cuenta que vamos a pasar un buen rato, merece la pena pagar.

Duquesa Doslabios.

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Un hombre confirma que la regla duele, por lo que debe doler de verdad

Hay una cosa muy curiosa de los dolores que puedes sufrir durante la menstruación y es que todo el mundo te da su opinión al respecto sin que la pidas (sí, incluso hombres que nunca la han tenido en su vida).

Mujer feliz gracias al doctor John Guillebaud sabiendo que no está loca inventándose el dolor que sufre durante la regla. GTRES

Me he encontrado de todo: desde amigas que han tenido que ser hospitalizadas porque tenían unas anemias de caballo, otras que, siendo alérgicas a los antiinflamatorios, pasan la regla con el suplicio de una tortura medieval, y, mis personas favoritas, las que sostienen que el dolor de regla no es para tanto y que la cosa es quejarnos.

Llevo desde los 15 años sufriendo cada vez que me venía y atiborrándome de pastillas para que se me aliviaran los dolores, y, os aseguro que las molestias no se deben a, como he leído por ahí, que no acepto mi feminidad.

La regla me duele y me duele de narices. Me duele hasta el punto de que cuando me han dado dolores intensos he tenido que acuclillarme en el suelo, hecha una bola sobre mí misma, porque no podía ni andar.

Por supuesto, os hablo de unos márgenes “normales”, de los que se pasan con un antiinflamatorio, no de los que ni con esos se van, que pueden ser síntomas de que algo por ahí dentro está yendo mal.

Es por eso que me llama la atención la repercusión que ha tenido la declaración que hizo el doctor John Guillebaud, Profesor de salud reproductiva en el University College London, al medio Quartz revelando que ciertas pacientes habían descrito el dolor como “casi tan malo como tener un ataque al corazón”.

Es como que, a raíz de su artículo, la gente realmente se ha dado cuenta de lo intensas que pueden ser las molestias. Pero en realidad no es que la regla haya empezado a doler en 2018 y él lo haya descubierto, sino que ha tenido que ser su declaración la que le ha dado veracidad y un respaldo serio al asunto.

Por lo visto, ahora que un hombre ha confirmado lo que nosotras llevamos sabiendo y experimentando en carne propia desde que vamos al colegio, ya es algo real.

No estaba en nuestras cabezas, no nos lo estábamos inventando ni es algo relativo a la “histeria femenina” ni a todas esas cosas que hacían que se nos ignorara a lo largo de la historia de la Humanidad cuando se nos ocurría proferir una queja al respecto del periodo.

Debemos sentirnos afortunadas por este tipo de revelaciones. Quizás el siguiente hito que nos deje sorprendidos sea que averigüen que el fuego quema, o que el agua moja. Sinceramente, no puedo esperar.

Duquesa Doslabios.

El sexo en tiempos de la menstruación

Creo que he perdido la cuenta de la cantidad de veces que he escuchado que con la mentruación el deseo sexual aumenta. Yo no sé a quién le sucederá pero si de algo estoy segura es de que no es el caso de la mayoría de mujeres que conozco.

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Más que nada porque cuando estás con la regla lo que más te pide el cuerpo es apalancarte en tu cama junto a una provisión de antiinflamatorios digna de un batallón, una bolsa de agua caliente en la tripa y hacerte una bola sobre ti misma (o por lo menos en los días que padeces más molestias).

Si hay algo que llegas a saber con el tiempo es el estado de la particular duquesa que cada una lleva en la entrepierna. Cada día que te bajas las bragas para hacer pis sabes, por lo que te encuentras, el estado de tu vagina de puertas hacia dentro, ya que externamente no presenta ninguna diferencia.

Explicándolo rápido y de manera sencilla, sobre todo para aquellos que no contáis con una vulva las 24 horas del día, atravesamos diferentes momentos a lo largo del mes. Nuestro flujo cambia de color, cantidad y consistencia continuamente y es cuando se acerca la regla que desaparece y te deja la zona con la misma sequedad con la que se te queda la boca después del tercer polvorón. Y os diré algo: el sexo en esos momentos no es tan agradable.

No sé si es ya el hecho de que sabes que puedes padecer molestias o que aquello no se humedece ni con toda la saliva del mundo, pero tu predisposición a que surja ‘tema’ ya es diferente. Una vez baja la regla, si eres de las que alterna cada cuatro horas el paracetamol con el ibuprofeno y va del sofá a la cama y de la cama a por otro ibuprofeno, lo último que te apetece es bajarte la ropa interior a no ser que sea para revisar el estado del tampón o de tu copa menstrual.

No es ya solo que físicamente no estás al 100% sino que emocionalmente tus ánimos van del “Me siento como un globo” al “Quiero mimos” sin pasar por el (a diferencia de lo que muchos parecen pensar) “Cariño, qué caliente me hace sentir la idea de tener una compresa super con alas a modo de pañal entre las piernas mientras me duelen los pezones solo con quitarme la camiseta. Hazme tuya aquí, aquí y aquí”.

Claro que hay ocasiones, esos días en los que ya notas que empiezas a manchar menos o que estás teniendo una menstruación de esas maravillosas de las que ni te enteras, en las que no tiene por qué afectar a tu vida sexual más allá de poner una toalla encima de la sábana para no dejarla como una pintura abstracta, ya que el sangrado no afecta para nada a la relación sexual (a no ser que uno de los dos sea quisquilloso con el tema, de hecho, estos últimos siempre pueden encontrar una alternativa en el sexo anal).

Mi opinión es que siempre que se pueda y se quiera se practique tranquilamente, ya que además los orgasmos ayudan a relajar la musculatura de la zona. Pero también que, si eres de las que no tiene ánimos para tocar algo que no sea el portátil para ponerse una película, evites sentirte culpable ya que el bajón es algo normal.

Cada una es un mundo y lo importante es no solo que nos aceptemos sino que nuestras parejas (independientemente de si son esporádicas o no) hagan lo mismo. No olvidemos que el sexo es una cosa que debe ser placentera para ambos.

Duquesa Doslabios.

La menstruación con copa, la menstruación mejor

Hoy estoy de celebración. Cumplo un año y medio con la copa menstrual.

Haciendo memoria y echando las cuentas, habré usado en estos 18 meses poco más de cinco tampones y dos compresas. Cinco tampones y dos compresas repartidos a lo largo de 18 meses, cuando antes eso ni me habría durado para una regla normal.

Como hace tiempo de mi uso regular de productos de higiene femenina, le pregunté a una de mis amigas su uso medio por menstruación: unos 14 tampones y 10 compresas al mes.

Es decir, pensando en que aproximadamente podría ser lo que yo usara, he ahorrado al planeta 252 tampones y 180 compresas en este tiempo. Una cantidad considerable de deshechos.

Calculadora en mano averiguo que en año y medio me he ahorrado 51,54 euros en tampones y 25,71 en compresas. Más de 75 euros que he podido destinar a otras cosas (comida principalmente).

Mi compromiso que empezó hace año y medio fue no solo con el medio ambiente y con la cartera, sino conmigo misma y mi resistencia a seguir utilizando productos íntimos que son sometidos a Dios sabe qué procesos de blanqueamiento con a saber qué químicos que pueden llegar a matarte de Síndrome de Shock Tóxico.

A lo largo de este año y medio he tenido momentos en los que quizás se me ha resistido algún día que iba con más prisa o que he terminado cubierta de sangre como en una película de terror japonesa.

Sin embargo, después del año y medio de prueba, me complace decir que la copa menstrual la ha pasado, y con Matrícula de Honor.

Solo me falta que más mujeres tomen conciencia de las alternativas más ecológicas que hay a las compresas y tampones y opten por, como yo, ahorrarse en deshechos y dinero.

Duquesa Doslabios.

La regla de la nariz y su relación con el tamaño del pene

Cada vez que me reúno con mi grupo de amigas hay ciertos temas de conversación que siempre salen por ser los favoritos: últimos viajes, reconocimientos en el trabajo… Pero la clave para averiguar cuál es el tamaño del pene de un hombre, antes de verlo en directo, es el más entretenido.

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No es algo que tenga un trasfondo profundo y decisivo en nuestras vidas, pero una conversación picante entre amigas es de las cosas más divertidas que te puede brindar la vida. Acumulamos más sex talks que cualquier conferencia TED.

Si el tema nos mantiene tan intrigadas es porque, a diferencia de los hombres con el pecho, que es algo que se puede intuir a primera vista (y que por mucho que lleves un push up el tamaño siempre será aproximado), no hay manera de que podamos saber qué nos espera entre vuestras piernas.

En ese momento se suceden diversas teorías, como si en vez de estar haciendo la cola para que nos den mesa en ese local nuevo que acaban de abrir, nos encontráramos en plena aula magna de la Facultad de Matemáticas de Cambridge.

Una afirma que está directamente ligado a las manos y a los pies, mientras que otra sostiene que es una tontería, ya que ella recuerda perfectamente la noche que pasó con aquel francés de manos pequeñas que luego tenía una buena baguette (por aquello de la nacionalidad).

Otra interrumpe afirmando que la relación se da entre la distancia del pulgar hasta la del dedo corazón mientras que otra le replica que no es factible empezar a medirle la mano en plena cita. Una añade que es inversamente proporcional a la altura, por lo que cuanto más bajito mejor calza y que cuanto más alto, de menor tamaño la tendrá.

Durante la conversación se ponen sobre la mesa todos aquellos novios, ex novios o líos de una noche que nos sirvan de ejemplo para las conjeturas o bien para refutar las hipótesis.

Y justo después de esa mezcla de especulaciones, sale la teoría de la nariz, la cual, según el criterio femenino, sostiene que es la que nos puede dar una idea aproximada de lo que nos espera.

Cada vez que saco el supuesto nasal es como si se hiciera la luz. De repente todo tiene sentido (o al menos en la mayoría de los casos).

Si bien hacemos memoria y nos ponemos a pensar en las narices (y lo que no son las narices) que hemos disfrutado que confirmen la teoría, al final todas coincidimos en lo mismo: mayor o menor tamaño lo que realmente nos importa, a la hora de tener sexo con alguien, es la química.

Y no existe la manera de medirla.

 

Duquesa Doslabios.

#HappyPeriodMovement, menstruación digna para todas

Querid@s,

A la hora de hablar de pobreza femenina o riesgo de exclusión, pocas veces vinculamos las palabras Mujer y Menstruación. En España, actualmente existen miles de mujeres que viven en situación de pobreza que no pueden llegar a final de mes y recurren a los servicios sociales. Según datos de la última memoria de Rentas Mínimas de Inserción (RM) estatal de 2014, la mayoría de estas mujeres tiene entre 35 y 43 años, no tienen trabajo o estos son precarios, viven de alquiler y cuidan de sus hijos.

Seguramente nunca lo han pensado porque no les ha hecho falta, pero ¿Qué significa tener la menstruación para las mujeres sin recursos o que viven en la calle? Imagínense lo incómodo y poco higiénico, para qué nos vamos a engañar, que ha de ser tenerla regla y no poder comprar compresas o tampones para lidiar con el sangrado del mes.

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Carrie, Brian de Palma

Durante la menstruación necesitamos dosis extra de higiene, tampones y compresas. Imaginarán que la menstruación es especialmente dura para las mujeres sin hogar porque no suelen tener acceso a duchas, resultándoles muy difícil estar limpias y libres de infecciones. Los centros de acogida o servicios sociales suelen carecer de estos artículos debido a que son más caros y los donantes simplemente no caen en esos menesteres menstruales.

Pero hay quien sí ha caído y ese alguien es Citycise.

¿Quién es Citycise?

Citycise es una comunidad social que pretende mejorar el bienestar de las personas que viven en las ciudades. Gracias a la marca de copas menstruales Meluna, Citycise ha inaugurado #HappyPeriodMovement es el movimiento que reivindica una menstruación digna para todas las mujeres. Este es el vídeo promocional de la campaña.

Algo más de #HappyPeriodMovement

#HappyPeriodMovement es un movimiento para concienciar a la sociedad sobre la importancia de donar productos higiénicos femeninos a los centros, albergues y organizaciones sociales que trabajan con mujeres en riesgo de exclusión social. En otros países, han nacido diferentes movimientos ( Distributing Dignity, TamponTuesday o The Period Project, entre otros) de personas que trabajan de forma coordinada para dar respuesta a esta necesidad, para que las mujeres sin recursos económicos y/o que viven en la calle tengan acceso a una menstruación digna.

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“¡Queremos una menstruación digna y feliz para todas la mujeres! Nos gustaría que #HappyPeriodMovement sea un movimiento social masivo en España y que las personas que habitualmente donan, también tengan en cuenta que es necesario donar productos higiénicos femeninos como compresas, tampones o copas menstruales. La menstruación no puede ser un problema económico para ninguna mujer”, reivindica Susana Fernández, fundadora de Citycise.

Ya que estamos, les invito al visionado de La historia de la menstruación (The Story of Menstruation). Es un cortometraje animado de 9 minutos de duración producido por Walt Disney en 1946 y fue visto por aproximadamente 105 millones de estudiantes estadounidenses en clase de educación sexual.

Desde luego, un material muy ilustrativo y altamente didáctico.

Anímense a donar, y que follen mucho y mejor.

Sexo durante la regla. ¿Guarrada o lo más natural del mundo?

Querid@s,

Aunque con Silke los días rojos parecían ideales días de paseo en bicicleta en la que te puede pasar de todo (y además ala vez), esto de menstruar es un auténtico coñazo.

 

Yo creo que Silke se pasó tres pueblos. En vez de colocarse una compresa en la bragas, a mi me da que se le fue la mano con los tripis, de lo contrario no entiendo ese viaje suyo tan excitante en un día de regla.

Para la mayoría de nosotras, esos días que surgen de vez en mes son unas malditas jornadas en las que nos sentimos indispuestas, pesadas, poco limpias y aseadas, incómodas y muy poco deseables, e incluso las más exageradas quieren morir durante esa sangrienta semana. En fin, en esos días, además de que nos importa  una soberano pepino a qué huelen las nubes, las cosas del follar se complican mientras tú no dejas de sangrar, y sangrar, y sangrar.

Hace unas semanas estaba de tertulia con una amiga cuando le pregunté.

-¿Qué fue del colombiano con el que whatsapeabas?

-Pfff, pues al final muy mal. Después de ponernos calents una larga temporada con sexting, que si guarradita por aquí, fotito sexy por allá, al final el chico vino a verme.

-¿Y qué, cuenta ,qué paso?

– Pues que yo tenía un poco de regla, a ver no estaba en plena regla, sino que sangraba un poquito, sabes, esos días premenstruales que manchas un poco. Pues  empezamos a calentarnos y cuando me la metió y se la sacó un momento, vio que la punta la tenía un poco manchada de sangre y me dijo. ¿Tienes la regla? Le dije que me tenia que bajar en brevas, no sé, que sí.. Y entonces va el tío y me dice que ya no quería follar,que le daba no sé qué, y se piró. ¿Cómo lo ves? Con todas las guarradas que me decía, porque es que era guarro guarro Pepita, y ahora resulta que  por un poquito de sangre de nada (te juro que había manchado cuanto apenas), el tío va y se raja. Menudo fiasco.

 A los pocos días me envío un whatsapp.

¿Estaba pensando en mandarle esto al colombiano, cómo lo ves?

Es que el sexo no es para gente escrupulosa. El sexo es un intercambio de líquidos, de fluidos, de saliva, aliento y olores fuertes, orina, semen, mierda, sudor, microbios, bacterias. O no se es. Si sólo es ternura y espiritualidad etérea entonces se queda en una parodia estéril de lo que pudo ser.

La cita es de Pedro Juan Gutiérrez. No lo veía claro. Estoy rematadamente de acuerdo con el mensaje, pero pensé que no valía la pena. Mandar la hiriente cita a toro pasada a un chico que ni te va ni te viene, no le veo el sentido, la verdad. Además pensará que eres una resentida porque él no quiso follar y tú te quedaste con las ganas. Además, aunque no nos haga gracia, está en todo su derecho a retirar su pene si ve comienza a observar que por tus partes asoma, aunque tímido, ese liquido color rojo Barberá y decide marcharse, como la tránsfuga ex alcaldesa valenciana, con su música a otra parte.

Para muchas mujeres y hombres, follar en esos días rojos es un tabú y representa una auténtica cochinada. Otros bichos raros sienten absoluta fascinación por la menstruación, que se torna fetiche, y se vuelven locos ante la posibilidad de echar un polvo regado con ese vino tinto que es la sangre menstrual.

Gustos aparte, durante esos días reglosos nos sentimos enorme deseo sexual. Yo personalmente vivo con permanente furor uterino, más lubricada que de costumbre. No puedo evitar andar cachonda todo el día y con ardientes e incontrolables deseos de que me penetren. No cualquiera claro, que ya sé que muchos de ustedes piensan que soy una guarrilla en toda regla. Y no sólo eso, la investigación rompe una lanza a favor del sexo durante la regla. Investigadores han descubierto que el sexo durante este momento del mes brinda dichosos beneficios para la mujer, casi tanto como beber semen como una descosida

Si les pica el gusanillo, háganlo sin miedo. De lo contrario, apeense sin dramas. Eso sí, normalicemos de verdad esto de la regla. Una vez al mes, a las mujeres en edad de reproducirnos, nos sale sangre de la pepitilla. Esto es lo más normal del mundo y de ninguna de las maneras es algo asqueroso ni de lo que tengamos que avergonzarnos. Sangrara forma parte del ciclo de la vida. Esa sangre es parte de un proceso de creación de esas pequeñas criaturas que se crean en el interior del cuerpo de las mujeres, los bebés. Esa sangre también es el rastro de mi útero no fecundado y es tan vital para la conservación del ser humano como esos micro duendes denominados espermatozoides. Y a pesar de esta impepinable y a todas luces verdad, se escapa a mi entendimiento por qué razón se considera la sangre menstrual un líquido más sucio que esa cochambrosa acuosidad blanquecina que se acumula todos los santos días en el pito de los hombres.

 ¿Cómo lo ven ustedes? ¿Se meterían en faena con la regla de por medio? Anden y mójense.

Sólo quiero decirles que en esos días, nuestro mundo pende de un hilo.

!Qué sabrán ellos por muy bien que canten!

P.D.: Querida, si está usted en ese sanguinario episodio del mes, anímese. Si no quiere animarse, al menos escuche las mejores canciones para los días de menstruación.

Que follen mucho y mejor.