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‘¿Qué somos?’, tener o no tener la conversación

Cuando estaba en el colegio, una notita previamente leída por toda la clase con el texto “¿Quieres ser mi novia? Marca Sí o No”, era todo lo necesario para saber que, oficialmente, tenías pareja.

Y aunque me encantaría que las cosas fueran tan fáciles de resolver hoy en día, este tema sigue siendo de los que más nos cuesta sacar.

Vivimos en un mundo de evasivas, uno en el que nos encantan las etiquetas que vienen acompañadas con un hashtag siempre y cuando no nos definan a nosotros mismos.

@VALENTINAFERRAGNI

Decir que sois “novios” o “pareja” cuando estás quedando con alguien parece casi una ofensa. “Solo nos estamos conociendo”, sale como nerviosa y apurada respuesta, como si insinuar que pudiera existir algo más fuera un problema.

Cuando quedar es la normalidad, los sentimientos van creciendo y las ganas quemando, en definitiva, sintiéndonos más entrelazados, es difícil hacer caso omiso del pensamiento que nos ronda. El “sí, estamos genial, pero ¿qué somos?”.

Mientras que hay personas que llevan años sin haberse hecho nunca esa pregunta y siguen juntas sin que empañe la felicidad de la relación, quiero reflexionar sobre hasta qué punto es importante sacar el tema.

Por un lado, lo veo innecesario. Sobre todo si me remito a la notita del trozo de cuaderno que cambiaba el estado de una persona a efectos inmediatos.

Los planes, el Netflix & Chill (que cada vez es más Netflix), conocer a los respectivos amigos, que los padres sepan de la existencia del otro, hacer viajes en común o hablar de un hipotético futuro juntos parecen ser los síntomas de que nos hemos ‘contagiado’ de una pareja.

Si tiene alas y vuela es un avión, podríamos pensar. Pero también un pájaro o incluso el superhéroe Falcon.

Las conversaciones son acuerdos no verbales que construyen nuestras relaciones (del tipo que sean) y saber ante qué tipo estamos, es también una forma de ubicarnos.

Así que, ¿cuáles son las ventajas de hablarlo? Ademas de definir lo que existe entre dos personas, también supone expresar abiertamente las necesidades, deseos y límites poniendo sobre la mesa si se está en el mismo punto en cuanto a las expectativas y compromiso emocional en ambos lados.

Y no implica necesariamente llegar a la conclusión de que se es algo más, puede servir tanto para hablar de si se tiene algo a largo plazo como de algo casual y liberal, lo importante es que haya un entendimiento compartido.

Pero si cuesta tener una comunicación abierta y, sobre todo, una de las dos personas parece estar cómoda en la ambigüedad (mientras quizás la otra quiera algo más), nos sale a cuenta por salud mental y emocional sacar el tema, independientemente de que nos pueda dar “miedo” asustar al otro, una de las razones por las que no nos atrevemos a dar el paso.

Al final, si no se tiene pero aquello sigue sin avanzar como nos gustaría, hablarlo y recibir una negativa como respuesta nos da a entender que de ahí no va a salir nada más. Es mejor dejar de perder el tiempo si no era eso lo que esperábamos.

Duquesa Doslabios.

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Cuando el amor no era suficiente

Era quererle o nada. Quererle con cada fibra muscular, célula epitelial o de cualquier tipo. Quererle de todas las maneras. No concebía otra cosa más que quererle cada día.

Y queriéndole tanto, no me entraba en la cabeza que aquello pudiera llegar a terminar. Sabía de parejas que -sin amor quizás de haberlo gastado-, no encontraban más razones para continuar.

Pero no era nuestro caso. El amor sobraba.

DEREK ROSE

Salía del grifo de la cocina, de los mensajes de ‘Buenos días’ si se iba de casa antes de que me despertara, de organizarnos para limpiar, de esas cosas tan cotidianas como ir de la mano a hacer la compra al supermercado.

Siempre con amor. Amor incluso en las discusiones, recordando que por muy dolidos que estuviéramos en aquel momento, nos queríamos.

Imagina cuando he descubierto que eso no basta. Que querer con todo tu ser a alguien ya no es suficiente.

Esto no era parte del plan. El trato era quererse hasta el final. Así que siento si fallo a los Beatles por proclamar que no, que no me creo el All you need is love.

Renegante de la misma melodía que tarareaba desde pequeña, me siento ingenua de pensar que con amor solucionaríamos todos los problemas.

Por las malas es que lo he aprendido. Que el amor es una de las patas, pero que debe venir acompañada. Y, si no trabajas todos los pilares por igual, el desastre va a llegar.

He tomado los apuntes de la lección tarde, debería haber llegado a esta conclusión antes -y reaccionado ante las señales, cogiendo la salida cuando empezaron las primeras alarmas-, pero en el nombre del amor seguí sin mirar.

(Es más fácil hacer la vista gorda cuando vives cegada por unos sentimientos que crees que pueden superar todos los escollos.)

Te haré el spoiler que no he podido evitar: no solo no lo superarán, te harán seguir enganchada -por muchas cosas que veas, que sufras o mierda que te toque tragar-, hasta que llegues a tu propio límite, al devastador detonante, tu particular bomba nuclear.

El ‘hasta aquí’ que te hace llenar tus maletas de amor, ropa y menaje que comprasteis juntos en Ikea y marcharte.

Solo cuando puse mis pertenencias sobre el suelo, la vida sentimental en perspectiva y el corazón a diseccionar por el ojo crítico -ya que había recuperado la cordura- llegué a un pacto conmigo misma.

Que para la próxima vez (o el próximo que venga) quiero y querré amor, lo habrá y a raudales. Pero debe venir en las mismas cantidades que el resto de ingredientes.

Vivimos demasiado obsesionados con los sentimientos y se nos olvida aprender a expresarnos, a abrirnos por completo. Tampoco aprendemos a decir de forma clara cómo nos sentimos o qué necesitamos en cada momento.

No aprendemos a admitir ante el otro los errores, a pedirle ayuda, a decir ‘lo siento’ del de verdad, no del de quedarnos tranquilos y dormir bien esa noche.

No aprendemos a tolerar nuestro fracaso ni ante nosotros ni ante sus ojos. No aprendemos a pensar en equipo en una sociedad en la que solo el individuo importa, no aprendemos a remar en la misma dirección.

Y si no aprendemos esas cosas, ni todo el amor del mundo va a salvarnos.

Duquesa Doslabios.

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No necesitas una pareja perfecta, perfecto es que además de amor haya amistad

Hay cosas que echo de menos de estar en pareja. Quedarme dormida abrazada, acompasando la respiración a la suya, es algo que siempre me ha encantado (aunque luego termináramos la noche en la otra punta de la cama).

También hay muchas otras que para nada. Esas me las guardo para otro día.

Una de ellas, y quizás la que más me está costando sobrellevar, es haber perdido un amor en el que una de las bases era la amistad.

@FEDEZ

Es cuando me acuerdo de lo que era mirar a los ojos a la otra persona -en plena comida familiar-, y echar a reír de algo que solo entendíamos los dos.

O como cuando te conviertes en cómplice de todas las locuras que pudieran ocurrir, como escapar de una boda para echar un polvazo.

Podría enumerar como ejemplo los infinitos memes, bromas, los vídeos hechos a traición, las menciones en fotos de Instagram para recordarle lo mucho que ronca… Pero también ser la primera de la lista cuando hacen falta un par de manos o un hombro sobre el que llorar.

Echo de menos conectar en ese aspecto, en uno más allá de físico, en la complicidad. En disfrutar de compartir aficiones, ya sean ir a hacer senderismo, perderse en un museo o ver películas musicales comiendo directamente de la tarrina del Ben & Jerry’s.

Porque cuando tu pareja es tu amigo, eres capaz de hacer cosas tan locas como traer un hijo al mundo y reírte cuando le da vueltas a tu alrededor, aunque lleves un mes sin pegar casi ojo.

Hablamos de la confianza, el sentido del humor o tener en común ciertas perspectivas vitales a la hora de que funcione una relación.

Pero es la amistad la que da la confianza de poder abrirte por completo, de contar (y escuchar) todo sin juzgar. Tener con quien hablar de lo más trascendente a lo más nimio sabiendo que estás en una zona segura en la que puedes ser tú.

Si tu pareja es tu amiga, quieres que sea partícipe de tu vida. No porque no puedas vivir sin él o ella, sino porque quieres que esté en todo. En lo bueno y en lo malo.

Cuando tienes que despedirte de unas amigas, un trabajo, una mascota… Cuando le das la bienvenida a un proyecto, a un triunfo, a un libro publicado.

Es algo a lo que me niego a renunciar. Y cuánto cuesta encontrarlo.

Duquesa Doslabios.

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Si todavía estás superando a tu ex, este texto es para ti

Hoy es uno de esos días en los que el tiempo parece haberse coordinado con los sentimientos. Uno gris y pesado.

Nada más subir la persiana un cielo plomizo te da la bienvenida en tu nueva jornada. Aunque eso es lo de menos. No es el día el que pesa, es que, una vez más, en la habitación, solo estás tú.

SPRINGFIELD MAN & WOMAN

Y solo tú, sin necesidad de poderes paranormales, pareces sentir otra presencia, la del fantasma de esa persona que puso punto y final a todo (o que te llevó a ti a ponerlo).

Hoy es uno de esos días teñidos de recuerdos, de los buenos, los que más duelen porque tu cerebro se ha encargado de añadirles una pátina de brillo y banda sonora para hacerlos aún más vivos.

Magníficos, sí, pero tan anclados ya en el pasado como la memoria de un verano familiar con todos tus primos en el pueblo.

Lo que descubres, viendo el hueco de la cama que solo es la prolongación del que llevas por dentro, es que no son las relaciones tan montaña rusa como las rupturas.

Que, de una semana bien, pasas a un par de días con recuerdos-medusa (de esos que por breves que los rememores parecen producir urticaria) al bajón absoluto, el día plomizo también a nivel emocional.

Déjame decirte que esto es -además de nada agradable- lo normal. El salto del rencor a la falsa felicidad de pensar que ya lo has superado, pasa por las ansias de mirar su Instagram, controlar las ganas de escribirle un mensaje, pensarle hasta llorar o familiarizarse con la apatía.

Un proceso enrevesado que, te aseguro, tiene un final, el de asumir que esa persona ya no está y librarte del fantasma.

Hasta llegar a ese momento, date tiempo. Enfréntate a tus sentimientos. No lo escondas debajo del colchón, permítete pensarlo, asumirlo, buscar un momento más apropiado en el que puedas derrumbarte y construirte pieza a pieza.

Ponte en primer lugar y fíate de lo que necesites. Ya sea mantener una amistad como si es borrar su rastro digital de tu vida. Lidiar con lo que mejor te funcione es personal.

Trabaja en quitarle ese barniz brillante que juega tan malas pasadas y recuerda a tu ex con sus 360 grados, los buenos y los malos.

Es ahí cuando aprender marca la diferencia en que tropieces con la misma piedra disfrazada de persona o realmente te escuches.

Si eres capaz de entender por qué has dejado que eso pasara o si te había sucedido antes y, sobre todo, si seguiste con ello pese a sentirte mal, es tu turno. Toca avanzar con esa mochila a la espalda en busca de una historia que no pase por ahí.

Y, si ves similitudes, solo tienes que echar la vista atrás para reconocerla (y alejarte de ella).

Hay personas que pasan por nuestra vida con fecha de caducidad escrita en la frente, aceptarlo y dejarlas marchar forma parte del camino. El siguiente recodo puede ser el bueno.

Duquesa Doslabios.

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¿Qué pasa si son ellas quienes ‘llevan los pantalones’ en una relación?

Me gusta mandar, suelo llevar la iniciativa e intento que las cosas salgan de la manera que yo quiero. Y es algo que aplico también a mis relaciones.

Soy, por mucho que vea anticuada la expresión, quien lleva los pantalones. Y si yo fuera el hombre de la relación, supongo que no pasaría nada. Sería tan habitual que ese fuera mi rol, que a nadie le extrañaría. Pero como soy la mujer, a veces cambia un poco la cosa.

BERSHKA

Cambia porque, por muy orgullosa que esté de tener un carácter fuerte, no siempre la reacción de otras personas me hace sentir bien. Que en mi relación yo lleve más a menudo las riendas, despierta -de cara a los demás- precaución (“joder con esta”) y casi antipatía.

Mientras que mi pareja (hombre) suele recibir compasión, como si él no tuviera ningún tipo de control en su vida y estuviera supeditado a mis decisiones.

Si me pongo a repasar las relaciones de pareja que hay en mi familia desde mis abuelos, en todas puedo afirmar que son ellas, mis abuelas, tías o incluso madre, las que llevan la voz cantante.

Aunque, en muchos de esos casos, en la sombra. No sé si para que no resultara embarazoso para sus parejas o porque el mundo no estaba preparado.

Ahora me encuentro que lo de que nosotras llevemos los pantalones, tanto o más que ellos, ya se ve con más normalidad (quitando las reacciones que he comentado unas líneas más arriba).

Me tranquiliza que muchos de mi generación ya no se sienten identificados ni con esa frase ni temen el cambio de rol.

En lo que sí estamos de acuerdo -después de un rápido test vía Instagram- es que por muy en desuso que veamos la expresión, coincidimos en que puede que haya relaciones en la que uno de los dos sea más decisivo que el otro.

En mi caso, tengo claro que la personalidad hace mucho. Si ya de por sí soy activa e inquieta y estoy con pareja más tranquila, a ambos nos va a funcionar que lleve yo la iniciativa o que sea quien tire un poco del otro si no le sale tanto.

Claro que si viviera el caso de encontrar a una persona tan movida, tendríamos que ponernos más de acuerdo.

Lo importante de mi reflexión de hoy, el punto al que quiero llegar, es que nos desprendamos de una vez de los prejuicios que pueden implicar ver a una mujer llevar la voz cantante en una relación.

Como os digo, en mi caso, es fruto de la pareja que tenga en el momento y no debería ser considerado como algo negativo para mí (es decir, que no es que controle o someta a la otra persona) ni para él, que tiene poder de decisión en todo momento.

Duquesa Doslabios.

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¿Tras la cuarentena has decidido dar el paso y comprometerte? Puede ser una mala idea…

Creo que estaremos de acuerdo en que, desde que la crisis sanitaria dio comienzo, es como si la gente hubiera enloquecido por comprometerse y tener hijos.

En el segundo caso, la respuesta parece más obvia siempre y cuando hablemos de modelos, cantantes o influencers, ya que con el parón en sus agendas, han pensado que era un buen momento.

SPRINGFIELD

A la mayoría del resto de mortales (grupo en el que estamos tú y yo), si no hemos sido despedidos o estamos en ERTE y tenemos la suerte de teletrabajar, ni se nos pasa por la cabeza ampliar la familia en este momento tal y como están las cosas.

Pero, curiosamente, hay parejas que durante la pandemia han tenido una especie de revelación vital, llegando a la conclusión de que ya era hora de comprometerse con la persona con la que han pasado el confinamiento.

Porque por mucho que haya sido una experiencia que ha llevado a algunos a romper, muchas relaciones han llegado al siguiente nivel.

Aunque, ¿realmente ha sido por una evolución de la pareja o, más bien, consecuencia de lo que estamos viviendo?

No digo que muchos no hayan descubierto en ese tiempo bondades de la otra persona que no conocían todavía. Pero me parece un poco preocupante que haya sido este hecho el definitivo que ha empujado a tomar la decisión.

En mi caso, mi pareja (que estaba en ERTE), se encargaba de la mayoría de tareas domésticas mientras yo trabajaba. Una vez se ha reincorporado, el trabajo que ha tenido que asumir ha sido el doble.

No solo el reparto de tareas se ha invertido, teniendo yo que hacerme cargo en algunos momentos de un peso mayor, también el aspecto romántico, que, por falta de tiempo, ha terminado desapareciendo.

Fuimos de esos que, estando en casa tanto tiempo juntos, acabamos viviendo una peculiar ‘luna de miel’ que desapareció con el posconfinamiento y nuestras respectivas rutinas por separado.

Es decir, de haber tomado cualquier decisión vital en aquellos meses, solo por lo que estábamos sintiendo, habríamos obviado la que es verdaderamente la vida normal en pareja.

Y sí, claro que confirmé que le quería en aquel tiempo, pero sinceramente, no me hacía falta encerrarme tres meses a su lado para darme cuenta, era algo que ya sabía.

Tampoco podemos olvidar que el estrés de la pandemia y el miedo a volver a ser confinados, nos llevan a buscar control y seguridad, así que comprometernos con una persona por el resto de nuestra vida -lo admitamos o no- es un patrón que responde también a la crisis.

Así que antes de dar el paso, hay que intentar distinguir si es una decisión como consecuencia de la situación (que pueden ser tanto por euforia como por miedo) o consecuencia de sentimientos auténticos que, pasado el aislamiento, siguen estando ahí. Nada de tirarse a la piscina.

Duquesa Doslabios.

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¿No le van los juguetes sexuales? Esta es la razón por la que deberías huir

Cuando aquella vez saqué del cajón un pequeño vibrador con forma de bala, recuerdo que él se me quedó mirando totalmente descompuesto.

“Pero, ¿de verdad necesitas eso?”, me preguntó entre asustado y un poco enfadado. Y si bien necesitar no era el verbo, sí, aquel juguete iba a ser la diferencia entre no alcanzar el orgasmo nunca o conseguir correrme.

LELO FACEBOOK

Años más tarde, el día antes de la boda de unos amigos, aproveché mi visita al Salón Erótico de Barcelona para hacerme con un recuerdo para los novios.

Mientras que mi amiga no escondió su emoción cuando abrió el regalo, él parecía molesto. Incluso llegó a comentarme más adelante que aquel detalle daba a entender que su experiencia sexual estaba incompleta.

Era una alerta roja en toda regla. Nerviosismo, sudoración, aceleración al hablar… Características inequívocas de que mi amigo tenía miedo.

Y la razón de su recelo era aquella mariposa de silicona, cuyo objetivo no era otro que el de aportar placer a un momento íntimo.

Pero él formaba parte de esos hombres que ven este tipo de objetos como una amenaza a su masculinidad. Tal y como me hizo saber, no entendía el uso de los juguetes teniendo un pene.

Y aunque sí que hay objetos con forma fálica, que se pueden usar para estimular de una forma parecida, lo cierto es que el abanico de artículos es enorme.

Succionadores, masajeadores, lencería o incluso juegos de mesa. La variedad es tan grande, que entrar a una tienda erótica es como pasar la tarde en el Ikea. Sabes que con algo picarás, aunque no entiendas el nombre sueco.

Lo que hacía mi amigo era reducir toda su vida sexual a los genitales. Aunque no iba a ser yo quien le explicara que el sexo no gira en torno al pene, me dio lástima encontrarme gente con menos de 30 años con esa mentalidad.

Las películas o las series, grandes fenómenos de la cultura popular, siguen anclados en esa idea de que solo cuenta una relación sexual si se da el coito, dejando el resto de prácticas relegadas a la segunda posición.

Pero no ya solo por el absurdo del falocentrismo, que parece que si no hay penetración, no hay placer.

También por el hecho de la aburridísima vida sexual que le espera a mi amiga con una persona así a su lado. La intimidad es experimentar, variar, probar y repetir de aquello que más nos ha gustado.

Cerrarnos en banda equivale a quedarnos con un solo sabor de helado porque es el único que hemos pedido, cuando la vida nos ofrece toda una carta. Y, como decían siempre nuestras madres, ¿cómo vas a saber que no te gusta si no lo has probado?

Duquesa Doslabios.

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¿Es para mí la monogamia? Lo que se plantean algunas parejas en el estado de alarma

Pasar las 24 horas del día junto a tu pareja ha sido una de las pequeñas ventajas para las personas que, como yo, solíamos coincidir poco antes del estado de alarma.

DEREK ROSE

Y aunque creo que mi caso es uno de los más afortunados -quitando las típicas discusiones y algún que otro momento de necesitar un poco de espacio hemos sabido llevarla-, hay parejas que no sienten lo mismo (preparaos, la temporada de las rupturas está al caer).

Pero quitando quienes han descubierto que prefieren terminar la cuarentena estrenando soltería, la mayoría de parejas hemos tenido que dar un paso más en la relación.

De una u otra manera, creo que tanto quienes estamos teniendo que convivir en pareja, como los que han pasado la cuarentena separados, hemos tenido que crear normas o dar con ideas para hacer más llevadera la situación.

Volvernos imaginativos en el sexo, crear romanticismo -incluso cuando solo se puede crear una cita en las cuatro paredes de casa-, o intentar no pagar los enfados del trabajo con el otro serían algunos de los ejemplos más comunes.

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No han sido los únicos, podría haber relaciones planteándose lo de tener sexo solo con su pareja.

Según el estudio que analiza el comportamiento sexual de los españoles en cuarentena realizado por JOYclub, comunidad basada en la sexualidad liberal, la idea del intercambio de pareja se ha pasado por las cabezas.

Un 40% ha hablado o pensado en hacer un intercambio de pareja cuando la situación vuelva a la normalidad, afirma el estudio.

Y más allá de que, para su primera vez, el 88% preferiría que fuese con amigos mientras que el 15% cree que los desconocidos son mejor opción, lo que en realidad esto da a entender no es tanto que nos estemos planteando experimentar con este tipo de intercambios.

En mi opinión, si alguna conclusión se puede sacar al respecto, es que hay quienes se están planteando la monogamia, quizás de una manera como nunca antes.

Quizás vernos obligados a estar juntos en todos los aspectos con solo una persona ha sido determinante a la hora de descubrir que, por mucho que socialmente aceptemos el ‘felices para siempre’, lo cierto es que la sexualidad liberal cada vez parece ganar más fuerza como alternativa a la convencional pareja.

Según la comunidad del estudio, esas nuevas prácticas pueden ayudar a fortalecer la confianza en una relación y abrir nuevos horizontes en el sexo.

Que no estemos acostumbrados, no significa que no debamos entenderlo y respetarlo. Al final, es tan libre la elección de quien quiere estar solo con una persona como la de quien decide que no es lo suyo.

Duquesa Doslabios.

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‘Nunca saldría con una chica como tú’

-¿Y por qué no?- le dije sorprendida. Era la primera vez que me rechazaban sin tan siquiera haber preguntado si tenían interés en mí.

PIXABAY

Empezó a soltar una ristra de frases inconexas. Que tenía que ser muy difícil, que se sentiría ‘castrado’… Pero la que tenía más peso de todas: porque yo no parecía necesitar a un hombre. Y eso, en su opinión, me invalidaba.

Supongo que le preocupaba mucho el hecho de que pudiera abrirme sola la puerta, cargar mis propias maletas, tener como prioridad en la vida ascender en la empresa, ser la que tira la caña en el bar o pagar la cuenta de la cena.

Aquello me produjo, al mismo tiempo, mucha pena y mucha risa. Creo que si algo ha conseguido el feminismo es que las mujeres tengamos la libertad de salir con quien nos dé la gana con un interés real en la persona, en vez de por segundas intenciones.

Quizás nuestras tatarabuelas, bisabuelas e incluso abuelas tenían la presión de terminar con un hombre en su vida. Una sociedad en la que no podían progresar laboralmente, y solo alcanzaban el sentido al lado de un marido dándole una familia, empujaba a que el amor fuera imprescindible en sus vidas.

Sin embargo hoy en día, y como dijo Cher, los hombres pueden considerarse un lujo. No significa, claro, que no queramos darnos el capricho. “Son como el postre”, declaró en aquella famosa entrevista de 1996. “¿Y a quién no le gusta el postre?”.

Además de poder elegir sin ningún tipo de condición con quien queremos estar, venimos ya ‘criadas’ de casa. Con formación, trabajo y una independencia económica que nos convierte en dueñas absolutas de nuestras vidas.

Pero no solo nosotras nos beneficiamos de este cambio. La igualdad ha permitido que los hombres puedan liberarse del estereotipo rancio de la caballerosidad.

Nunca más estarán sujetos a invitar a todo lo que surja en pareja, a regalar flores, a conquistar… También pueden dejarse seducir y disfrutar de ello (recordemos que ni todos los hombres son cazadores ni todas las mujeres indefensas presas).

Es decir, el feminismo permite que cada uno elija el rol que más le va con su personalidad.

En fin, que para mí el problema no es que haya tantas chicas como yo, sino que haya chicos que piensen como él. Aunque en el fondo, es sencillo para ambos, yo tampoco saldría con una persona que opina así.

Duquesa Doslabios.

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Ahora somos esos veinteañeros que van a terapia de pareja

Lo más atrevido que he hecho con mi pareja no ha sido lanzarme con prácticas sexuales descabelladas o con lugares alternativos para darle rienda suelta a la pasión. Lo más atrevido que he (hemos) hecho, ha sido empezar a ir a terapia juntos.

CALVIN KLEIN FACEBOOK

Y yo soy la primera que piensa que cómo es posible que con 26 y 27 años necesitemos la ayuda de un experto. ¡Si es cuando todo debería ir rodado!

Cuando las ganas están por las nubes, el primer piso a estrenar, el cuerpo siempre encendido…

Y todo eso está ahí, sí, pero hay cosas que se nos escaparon de nuestro control. Así que tomamos la decisión más adulta (pese a que aún nos cueste creernos que esa es la palabra que nos define) y apostamos por un profesional que nos ayudara.

No llevamos mucho asistiendo a las reuniones a tres, pero, por primera vez, conseguimos poner las cosas sobre la mesa sin que termine saltando todo por los aires.

En este tiempo, ya hemos aprendido que la solución no es averiguar quién de los dos tenía la razón -la que parecía la eterna pelea-, sino ser conscientes de que tendremos que llegar a un acuerdo.

Ambos renunciaremos a cosas, ya nos lo aseguraron en la primera sesión, pero ganaríamos, a cambio, muchas otras. Un punto medio en el que, palabra de experto, estaremos mejor siempre y cuando trabajemos por alcanzarlo.

Aunque mi pareja me pedía que me pusiera en sus zapatos, ha tenido que hacerme ver alguien de fuera que mi manera de afrontar las situaciones no era la más empática.

Me ha hecho falta una tercera persona para darme cuenta, pero es precisamente lo que quiero conseguir con esta experiencia. No solo mejorar mi relación, sino crecer como persona y ser una mejor pareja.

Al final, mi pensamiento recurrente cuando estamos en la consulta es que ahí nos encontramos los dos, uno junto al otro, luchando por sacar adelante la relación. La prueba de que queremos seguir esto.

De que nos queremos.

Y teniendo eso de nuestra parte, tengo claro que lo demás vendrá rodado con un poco de esfuerzo.

Duquesa Doslabios.

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