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Sangrar después de tener sexo anal, ¿motivo de preocupación o normalidad?

Cuando surge el tema del sexo anal, quitando las bromas de turno relacionadas con mirar a Cuenca o morder la almohada, hay algo que nadie comenta. Se puede sangrar.

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Por mucho que se haya convertido en una práctica sexual relativamente frecuente, hay algo en lo que todos estaremos de acuerdo: no es un agujero pensado como vía de entrada. Es un esfínter que funciona a modo de salida, por lo que ir en sentido contrario, puede causar complicaciones si no se hace bien.

De ahí viene la importancia de tener a mano un buen lubricante (mejor si es a base de agua), así como otros consejos que hace que la experiencia sea placentera.

Pero, ¿qué pasa después? ¿Hay vida después del anal?

Aunque no es frecuente si se ha hecho a un ritmo lento y con cuidado, puede pasar que la zona sangre. Es algo que puedes descubrir en el mismo momento, nada más terminar o incluso un par de días después.

Y es que la práctica puede causar pequeñas roturas en los vasos sanguíneos que rodean el ano. Por lo general, suelen curarse solas, pero no podemos dejar de prestarle atención.

Al ser una vía de salida de deshechos, el ano está especialmente expuesto a los gérmenes de las heces, lo que se traduce en que se puede infectar si no se limpia de manera adecuada (y también una vía de entrada de infecciones, de ahí que sea fundamental el preservativo).

Si, por un casual, han pasado varios días y sigue el sangrado, la visita al especialista es obligatoria, ya que de no tratarlo y seguir teniendo sexo de esa manera, nos arriesgamos a que se convierta en un problema crónico.

Que aparezca algo de sangre en las heces tampoco tendría por qué resultar especialmente preocupante si hace unos días hemos realizado la práctica. Pero como comentaba más arriba, no dejar pasar más de unos días si persiste.

Y, sobre todo, dedicarle el tiempo que sea necesario a los preliminares con las manos o juguetes especializados para evitar molestias o sangrados innecesarios.

Duquesa Doslabios.

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Ojos que no ven o por qué deberías bloquear a tu ex de las redes sociales

Hoy en día, bloquear a alguien de una red social es casi tan grave como salirse de un grupo de Whatsapp, la pena capital del siglo XXI.

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Por lo general, al terminar una relación, hay un punto de inflexión en nuestra personalidad digital. Esas alegres imágenes en Instagram del viaje a Cuenca ya no parecen brillar igual. Pero sabes que, en el fondo, hay algo que te frena a la hora de borrarlas y luego bloquear a tu expareja.

Y es que se nos tacha de actuar bajo el despecho, el resentimiento o la inmadurez, sentimientos que en la era donde todo viene acompañado de etiquetas como #goodvibes están muy mal vistos.

Sin embargo, cuando tenemos necesidad de hacerlo, es el momento de dar un paso al frente y pulsar la opción “dejar de seguir” o eliminar de mi lista de amigos.

Bloquear a alguien con quien hemos tenido una relación, puede ser hasta terapéutico según los expertos en la materia.

Por mucho que sepamos que esa relación ha terminado, en ocasiones mantenemos la costumbre de meternos en su perfil.

Nos fijamos en cada detalle de la foto que sube -qué sitio es, si es el mismo al que nos llevó aquella vez-, cotilleando quién es la persona que le ha dejado ese comentario lleno de emoticonos enigmáticos.

Tirar del hilo lleva incluso a analizar también esa cuenta, descubriendo que tiene una hermana que va a clase de inglés con tu compañera del master y preguntándote si podrías averiguar más. Una bola de nieve que va creciendo a cada link.

Si el dolor todavía está ahí, ver imágenes de la otra persona puede hacer todavía más dura la separación. ¿Por qué torturarse de esa manera? ¿No es mejor evitar que, cada dos por tres, salgan sus stories de fiesta?

¿Por qué estar cómodos en la incomodidad o añadir una infelicidad innecesaria a nuestras vidas? ¿O es que después de una ruptura nos volvemos un poco masoquistas?

Bloquear y hacer que desaparezca (al menos de tu mundo digital) ayuda a seguir adelante y a poder superarlo al ritmo de cada uno.

Cuando hemos tenido una relación abusiva esta es, sin duda, una de las manera de salir de ella. Cortando todo y de golpe, evitando dejar resquicios por los que pueda volver a entrar un discurso manipulador o victimista. Romper el vínculo emocional y acompañarlo del físico, mental y social.

No es algo obligatorio en todas las separaciones, por supuesto. Una de las excepciones a la opción de bloquear se da cuando el amor se ha acabado pero queréis probar lo de ser amigos.

Para todo lo demás, ya lo dice el refranero: “Ojos que no ven, corazón que no siente”, sobre todo en la era de Instagram.

Duquesa Doslabios.

¿Sexo con amigos? Sí, y más del que pensamos

Confiamos en nuestras amistades por encima de todo, pero en el ámbito íntimo, todavía más. Ni internet, ni nuestros padres, a quienes primero preguntamos en nuestra vida por el sexo es a los amigos. De hecho, seguro que, haciendo un poco de memoria, puedes recordar esas charlas en el patio del colegio donde te enterabas entre risitas del proceso que hay detrás de crear bebés.

DIM

El más espabilado o espabilada del grupo, era quien llevaba la voz cantante autoproclamándose hábil en la materia. De hecho, el 30,3% de los jóvenes españoles recurrimos a la orientación que nos da nuestro círculo más cercano según el estudio de Control Los jóvenes españoles y el sexo.

Aunque luego crecemos y descubrimos que quizás esa persona que tanto explicaba cómo el papá ponía la semillita y la mamá el horno, estaba tan o más pez que el resto, con el paso de los años siguen teniendo importancia en nuestra vida sexual una vez pasada la etapa de desarrollo.

Tanto que, el mismo estudio realizado en una muestra de 2.000 personas, concluyó que el 45% de los encuestados habían tenido sexo con amigos.

Hay varios factores que facilitan que se dé la situación más allá del célebre ‘el roce hace el cariño’. La confianza de que conoces a esa persona a un nivel más personal que a meros conocidos, la tranquilidad de que no tienes que romper el hielo, no solo en la cama, sino a la hora de dejar claro lo que significa para ambos…

Incluso la frecuencia con la que te encuentras, ya que son personas con quienes nos vemos a menudo, son algunas de las ventajas de acostarse con amigos.

Cabe recordar que, aunque conozcamos a esa persona desde siempre o como a ninguna otra, debemos protegernos igualmente. La amistad no está reñida con la salud sexual, de hecho, el cariño que se siente es lo primero que debería pesar para mirar que nuestras amistades se mantengan saludables.

Además, el sexo con amigos es una gran oportunidad para saber qué podemos mejorar. Pueden darnos un feedback sincero y sin malos rollos sobre nuestro comportamiento, conociendo así qué gusta más o menos de una manera sensible, ya que al ser personas que nos importan, solemos tratar con mucho tacto.

¿Confianza? Sí, pero tampoco en todo. Un dato curioso que reveló también el estudio de la empresa es que aun cuando los amigos son los mayores confidentes o incluso amantes, el 62,6% no compartirían sus fantasías sexuales con ellos. Supongo que hay cosas que preferimos guardar en secreto o compartir con una pareja.

Duquesa Doslabios.

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Mujeres velludas, mujeres pistonudas: ama (de una vez) a tus pelos

En una de mis primeras cenas de trabajo, cuando estaba de becaria, uno de mis compañeros de trabajo se jactaba de la cantidad de cosas que se había encontrado en la cama.

BILLIE BODY HAIR

Para él, la peor y más desagradable de todas era tan demencial que no me lo iba a creer, o eso me aseguraba reiteradamente. “Una mujer con pelos en los pezones“, me dijo al poco de echarse a reír como si hubiera descubierto en la teta de su compañera un cómico contando chistes de anuncio de embutidos.

Le miré y pensé que, además de que necesitaba una sesión con los caza fantasmas de lo que había presumido delante de mí, que no me conocía de nada, lo más divertido del asunto no eran los pelos de aquella chica, sino lo cachondo que me parecía encontrarme a alguien con esa mentalidad tan obtusa por la vida.

Por lo visto ese hombre, con sus casi cuarenta a cuestas, seguía pensando que las mujeres son de cerámica. Lisas y delicadas como un jarrón chino.

Lo que no le dijo nadie es que las mujeres también tenemos pelos. Y no, no solo en la cabeza, sino en muchos más sitios.

Tenemos pelo en las cejas y en el entrecejo, a no ser que nos lo quitemos, y muchas también, en la comisura superior de los labios. También me he encontrado con mujeres que los tenían en la barbilla, en las patillas e incluso debajo del cuello, y seguían siendo mujeres.

Puede que los brazos, las axilas, las ingles, el pubis o las piernas sean las zonas clásicas en las que antes pensamos cuando hablamos de pelo femenino, pero los dedos de los pies, la espalda o incluso el culo pueden tener también extra de vello corporal.

BILLIE BODY HAIR

Y es que la pelusilla no está reñida con las tetas ni con el segundo cromosoma X. Ni siquiera aunque salga en las tetas, alrededor de los pezones o incluso unos pocos en la zona del canalillo. Algunas tenemos un caminito de pelo suave que desciende al ombligo, donde hace un poco de espiral y continua bajando.

Es una zona tan increíblemente sensible que casi parece que tener esos vellos no sirven sino para señalar el camino exacto que deben seguir los labios hasta perderse en otra zona con más pelo, claro (esa en la que estáis pensando).

Será nuestra decisión dejarlos o quitarlos, pero aceptar que salen y que no afectan a nuestra vida sexual debería estar asimilado desde las edades más tempranas para aprender a vivir lo natural con naturalidad.

Y creedme, lo sé porque soy una de esas mujeres con pelos y nadie me va a hacer sentir vergüenza por ello.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué nos cortamos el pelo después de una ruptura?

He comprobado cómo, cada vez que termina una relación en mi vida, soy un cliché andante. O bien me voy al supermercado más cercano a ahogar mis penas en galletas, viendo películas con finales dramáticos en pijama sin salir de la cama, o bien me corto el pelo.

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No tengo punto medio. Supongo que es la mejor manera que tengo de gestionarlo. El fenómeno de cortarse el pelo al terminar con tu pareja está tan extendido que hasta existe un hashtag oficial en Instagram para compartir los cambios de look al salir de una relación, el #breakuphair.

Si se trata de una práctica tan habitual, ¿qué es lo que tiene la peluquería que consigue formar parte del kit básico cuando la soltería vuelve a llamar a la puerta?

Por típico que pueda parecer, y hasta cierto punto absurdo (a fin de cuentas, el pelo vuelve a crecer, no es como si te cortaras una extremidad), tiene un trasfondo psicológico. Es el que hace que los salones de belleza sean uno de los primeros sitios que visitamos después de la casa de la amiga de turno, esa que nos presta su hombro por horas.

Cortarse el pelo es un proceso terapéutico interna y externamente. Por fuera el resultado es el que todos podemos apreciar, ya que además no es un corte del estilo “las puntas y ya”, sino un cambio de look de los que tienen que volver a retroceder en tu historia de Instagram para cerciorarse de que eres tú.

El corte de pelo nuevo significa en idioma universal no escrito: “Sigo adelante”, por lo que es una manera de transmitir a primera vista que hemos roto con lo anterior, y que además que nos enfrentamos con ganas y buen aspecto a lo que sea que venga a continuación.

El mensaje, potente y claro, y sin necesidad de abrir la boca, es lo bastante tentador como para no apuntarse a él simplemente pasando por la tijera, ¿no?

Cuando termina una relación toca pararse y plantearse algunas cosas, como qué va a pasar a continuación. ¿Qué hacer? ¿Qué dirección tomar? Y la pregunta más importante, ¿quién soy?

SAVAGE X FENTY

Es un momento en el que puedes conocerte de nuevo y hacer esa locura a la que tanto te resistías. El cambio de pelo sacia esas ganas de vivir cambios que experimentamos al salir de una relación pero sin llegar a hacer algo de lo que realmente nos arrepintamos más adelante (a no ser que el cambio de peinado sea muy demencial).

Puede que el resultado se vea por fuera, pero el cambio de estilo ayuda reconstruirnos a nivel íntimo. Es una gestión personal, una manera no solo de redescubrirnos, sino de concienciarnos de que seguimos adelante y de que es algo que hacemos porque queremos.

Si necesitas encontrar una vía de escape a las ganas de reinventarte, de seguir adelante y de aumentar tu confianza, una cita en la peluquería es lo que necesitas. Para Sansón perder el pelo era el equivalente de perder la fuerza, pero hoy en día, más que perderla significa recuperarla.

No solo es una manera de rebelarse, de mostrar la libertad individual, algo que podía faltar en la relación, de atreverse o de experimentar, es como echar un buen polvo con una misma.

Duquesa Doslabios.

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Cinco consejos para elegir un (buen) vibrador

Elegir un compañero de cama (el que guardáis en la mesilla de noche, no el de carne y hueso) parte de una necesidad que tenemos las mujeres que me gusta llamar “el picorcillo”.

Listo para matarte (de placer). Foto de Duquesa Doslabios.

El picorcillo es una alegría que te entra en la entrepierna cada vez que Jaime de Outlander se quita la camisa o cuando el puertas de la discoteca te agarra de la cintura aunque solo quisiera pedirte que si por favor puedes dejarle pasar, que estás en medio del pasillo.

Para esas ocasiones en las que estás en casa sin más compañía que la de tu imaginación, tenemos el vibrador. Un amigo fiel con el que divertirse tanto por nuestra cuenta como en pareja y cuyo objetivo no es otro que el de traernos alegrías a la vida.

Descubrir cuál es el que mejor va contigo no es tarea sencilla, sobre todo teniendo en cuenta que la variedad de los juguetes sexuales es incluso comparable a la diversidad de yogures que encontramos en el supermercado.

Y si es verdad que en casa acumulo varios amigos de silicona, hay una serie de requisitos a tener en cuenta.

  • Forma: las características externas del producto, su diseño, no ya por razones estéticas sino por su funcionalidad. Mi consejo es que te fijes en aquellos que tienen forma ligeramente curvada ya que estimulan la zona bautizada como “punto G”. Especialmente recomendables aquellos que, al mismo tiempo, estimulan el clítoris.
  • Dimensión: el tamaño no importa hasta que tienes que hacer la maleta y quieres llevarte el vibrador de viaje. Por experiencia, dimensiones descomunales no son necesarias. Con hacerte con un juguete cuya zona a introducir oscile entre los 10 y 12 centímetros da más que de sobra por mucho que las películas porno hagan parecer que si el juguete no mide por lo menos como una barra de salami, no lo vas a notar. Recuerda que es al principio de la vagina donde hay más terminaciones nerviosas.
  • Vibración: he encontrado diseños que tienen hasta 12 tipos de vibraciones diferentes. En un lateral, en la parte de abajo, con el movimiento en cascada, vibración intermitente… Y por muy divertido que pueda ser experimentar con todas y cada una de ellas, al final, como con la alcachofa de la ducha, hay una que siempre va a ser tu favorita. Si la conoces, limítate a buscar un modelo que la tenga (los básicos de vibración contínua suelen ser siempre un acierto).
  • Potencia: los vibradores cuya dimensión iguala a una barra de labios están muy bien para hacerle la broma a tu mejor amiga el día de su cumpleaños, pero por experiencia, la pila de botón no suele ser suficiente. No es que mi clítoris sea especial y necesite cargas eléctricas de alto voltaje sino que, por lo general, la potencia de los dispositivos a pilas es mucho menor que los de mayor tamaño que puedes enchufar a la corriente. Es preferible que escojas uno un poco más potente, aunque salga algo más caro, ya que terminas amortizando el gasto (en orgasmos).
  • Sonido: siempre que tengas dudas, enciende el juguete antes de comprarlo. Aunque afortunadamente cada vez resultan más discretos, todavía hay modelos comparables al ruido de un cepillo de dientes eléctrico. Aquellos diseños silenciosos son ideales para preservar la atmósfera de intimidad.

Duquesa Doslabios.

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Las mentiras sobre la menstruación que seguramente oíste de pequeña

La menstruación, esa cosa tan misteriosa para unos y tan pan de cada día para otras. Un extraño ciclo que hace que una vez al mes sangremos como si Quentin Tarantino se hubiera decidido a grabar una película en nuestra vagina.

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Por ello siempre ha estado sujeta a mitos e invenciones que han hecho que cuando te bajaba por primera vez la menstruación, la regla te pareciera una especie de maldición sobrenatural.

Sin embargo con el paso de los años se ha averiguado que la mayoría de las leyendas no eran otra cosa más que invenciones. De hecho quizás te suenen, ya estoy segura de que las has escuchado en algún momento de tu vida:

  • No te puedes bañar en la piscina. Bueno, quizás hace unos años cuando la compresa de tela era lo único que tenían nuestras abuelas, darse un chapuzón en el riachuelo no era la mejor de las ideas (aun así existe algo llamado presión que evita que salga a no ser que hagas fuerza). Pero ahora las copas menstruales o los tampones están para que el calor no nos tenga pegadas a la toalla y podemos echarnos unos largos si nos apetece.
  • Es imposible quedarse embarazada durante la regla. Un mito que no cuenta con la duración de los espermatozoides que aguantan hasta cinco días con vida. Si por lo que sea tu siguiente ovulación sucede con rapidez puedes quedarte embarazada con toda la normalidad del mundo, así que usa protección siempre.
  • Si has usado tampón ya no eres virgen. El mito se debe a que las primeras veces que nos lo ponemos, seamos realistas, puedes pecar de inexperta y romper el himen. De cualquier manera, sexo es sexo, tampones son tampones y no podemos mezclar la velocidad con el tocino. Una persona virgen es aquella que no ha tenido relaciones sexuales y por mucho que tu himen se haya roto, no es la cosa más importante, sino disfrutar de la experiencia.
  • No puedes preparar ciertas comidas porque se estropean. Mi compañero Alfred López escribió un tema muy interesante sobre los mitos de la menstruación que podéis leer aquí, pero resumiendo, no hay ninguna evidencia científica de que con la regla se te corte la mayonesa o que no se hagan bien las conservas. Es probable que se deba a tu habilidad cocinando más que a la menstruación. Piensa que si así fuera, todos los hombres serían expertos mayoneseros, y no es el caso (a excepción quizás de Martín Berasategui).
  • La regla huele mal. Bueno, para empezar la sangre de la menstruación es el mismo tipo de sangre que de cualquier otro tipo. Vale, hay coágulos de tejido sí, pero viene siendo sangre también. Este mito que encima es promovido por los anunciantes de productos de higiene femenina es totalmente falso. La vagina no huele ni a flores ni a nubes, como todos los genitales, necesita una higiene, pero nadie puede oler si estas con la menstruación. Igual el perro de tu vecina te ve y te olisquea la entrepierna, pero es por las hormonas, no por la sangre, y tampoco es como si el animalito se lo fuera a contar al edificio.

La clave es que seamos conscientes tanto hombres como mujeres de que la regla forma parte de la vida, que la llevamos teniendo desde el principio de la historia de la Humanidad. Puede resultarnos más o menos cómoda pero lo importante es que la vivamos con total normalidad.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas: el asesinato de Mariana Leiva

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Esta sección, que empecé hace unas semanas, pretende hacernos reflexionar sobre cómo vivir en una sociedad patriarcal nos condiciona toda nuestra vida, a los hombres para mejor, y a nosotras, las mujeres, para peor y, por supuesto, las consecuencias.

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Así que hoy me gustaría hablar sobre un caso concreto en el que los mitos tuvieron una importancia especial, y no es un caso banal, sino que se trata de un asesinato.

Mariana Leiva tenía 36 años, era ingeniera industrial en Liberia (Costa Rica) y llevaba cinco años casada con el que se convirtió en su asesino, Ronaldo Sequeira.

Movido por una serie de ‘motivos’ que analizaré más adelante, la mató brutalmente, prendió fuego a la casa en la que vivían y se entregó posteriormente a la policía.

A lo largo de los cuatro meses que duró el juicio, estos fueron las razones que dio el asesino junto al abogado para acabar con la vida de su esposa y que recopiló La voz de Guanacaste:

  • Su mujer le indujo al alcoholismo: el tribunal comprobó que Sequeira consumía drogas y alcohol desde los 13 años y que sus dos anteriores relaciones terminaron por su descontrolado consumo de drogas y de alcohol. Utilizarlo como defensa cuando nadie te pone una pistola en la cabeza para que consumas una copa solo demuestra que prolonga el mito de la maldad femenina en vez de asumir sus propias adicciones en las que nada tenía que ver su pareja ya que las había desarrollado mucho antes.
  • Su mujer había cometido infidelidad: algo que, para el asesino fue “la gota que colmó el vaso”. Si para la población española, una infidelidad fuera un motivo suficiente para matar a su pareja, tendríamos un tercio menos de habitantes en España. El hecho de que ese fuera uno de sus alegatos prolonga el mito de que las mujeres, inferiores a los hombres, somos una posesión de estos y está en su mano decidir cómo castigarnos cuando tenemos los mismos derechos que ellos. Y nadie, nadie, debería interponerse al primero de todos, el derecho a la vida.
  • Su mujer no era víctima de violencia porque era una profesional independiente: Una excusa clásica. Las mujeres económicamente independientes parece ser que están exentas de sufrir violencia. Que nos entre en la cabeza: ninguna mujer, independientemente de su situación económica, edad o lugar de nacimiento se encuentra a salvo de sufrir violencia. Y una, por muy empedrada que esté, tampoco puede bajar la guardia ya que puede afectarnos a todas en cualquier momento de nuestra vida.
  • Los gritos fuertes que escuchaban los vecinos de la pareja se debían a que “es hombre”: “Yo soy hombre y grito más fuerte”, afirmaba Sequeira cuando justificaba por qué sus vecinos le escuchaban vociferar a menudo. Las mujeres también podemos gritar fuerte, y mucho. Os aconsejo preguntar a quienes hayan visto un parto en directo. Los gritos demostraban, según los jueces de ambos sexos, cómo la convivencia entre ambos se caracterizaba por la violencia dispensada por una de las partes, la del marido, el mismo que en una de esas ocasiones tuvo que llevarse detenido la policía. Que los hombres gritan, pegan cuando en realidad les gusta una chica o que no deben mostrar sus sentimientos porque eso los tacharía de débiles, son algunos mitos nocivos asociados a los estereotipos de género machistas que empezamos a aprender desde pequeños.
  • Su mujer le “reducía” a “amo” de casa: Otro asociado al género. Debe ser que solo las mujeres podemos ser amas de casa sin liarnos a apuñalar a nuestras parejas. Lo debemos de tener en El Segundo cromosoma X, justo al lado de “cuidar flores” o “ir de compras”, cosas que, por lo visto hacemos nosotras en exclusiva. Que una persona sea la que mantiene económicamente a la pareja no significa en ningún caso, que la otra persona, dedicada a las labores del hogar tenga menos valor ni que su tarea sea menos importante. De hecho, uno de los objetivos de la igualdad es visibilidad el trabajo doméstico y defenderlo como una tarea sin género.
  • Su mujer no fue víctima de violencia porque ni su madre ni su hermana (ambas doctoras) le ayudaron: Ojalá todas las mujeres que padecen o han padecido violencia de género se atrevieran a denunciar. Hay tantos factores que pueden hacer que la víctima prefiera guardar silencio, que alegar que los familiares de Mariana Leiva no la ayudaron porque era algo que no existía es como decir que como Donald Trump no está tomando medidas medioambientales no existe el cambio climático.

Afortunadamente, los alegatos que expuso el marido no tuvieron ningún tipo de validez al ser considerados ridículos por el trasfondo machista de cada uno de ellos, sin embargo, eso no quita que debemos ser conscientes de cómo una educación basada en que el hombre es dueño y señor de la vida de su pareja puede llevar a un fatídico desenlace en el que, las que terminamos bajo tierra y sobre la portada del periódico, somos nosotras.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas I : “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Desmontando mitos machistas II: “Las mujeres son traicioneras, los hombres son nobles”

Desmontando mitos machistas III: “Tengo celos porque te quiero”

Desmontando mitos machistas IV: “El amor puede con todo”

Si quieres abrirte un perfil en Tinder estas son las normas que deberías tener en cuenta

Hay un momento de la vida en el que te planteas darle una oportunidad a las aplicaciones para conocer gente. Como el verano es la época de pasar tiempo fuera de casa por excelencia, si quieres probar suerte, hay una serie de recomendaciones que deberías tener en cuenta si quieres abrirte un perfil.

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Lo primero que te pedirán será que te registres con un nombre, y, a no ser que estés en busca y captura de una aventura, lo suyo es que utilices tu nombre real.

La prueba de fuego son las fotos, ya que tienen parte de la culpa de que quien vea tu perfil deslice a la izquierda o a la derecha. Prohibidas fotos de perfil con gafas de sol o en las que solo se te vea un trozo de la cara.

Elige una foto en la que salgas con la cara relajada y a ser posible sonriendo (la sonrisa en las aplicaciones de ligar incrementa las posibilidades de éxito), ya que da sensación de sociabilidad.

Además, es recomendable que subas otras tres o cuatro fotografías y, en alguna de ellas, que se te vea de cuerpo entero. Nada de autorretratos cutres en el espejo del baño o del gimnasio, fotos con mala iluminación o bebiendo (a no ser que lo tuyo sean las catas de vino).

Si tienes mascota, haces actividades al aire libre o cualquier tipo de ejercicio, deja que se vea en las fotos. Da igual que luego escribas lo mucho que te gustan las artes marciales o el pilates, una imagen dice más que mil palabras.

A continuación, es el momento de escribir sobre ti. Tu biografía es el espacio que te proporcionan para que, en dos o tres párrafos, te des a conocer, por lo que es muy importante.

Aprovecha para incluir qué es lo que estás buscando: pareja, alguien con quien tomar algo, una persona que te enseñe la ciudad en la que vas a estar la próxima semana haciendo turismo… Las cosas claras y el chocolate espeso, que decían en mi familia.

Sobre ti, no te olvides de contar a qué te dedicas y qué te gusta hacer en el tiempo libre. Es decir, escribe cosas que puedan dar pie a una conversación. Evita dejar este espacio en blanco o poner simplemente la cuenta de Instagram (ya que para eso tienes la opción de vincular tu cuenta) porque puede parecer que solo te has hecho Tinder para subir el número de seguidores.

No currarte la biografía da sensación de pereza por tu parte, y, francamente, echa para atrás empezar a hablar a alguien que solo tiene puesto “Contenta pero no demasiado” como descripción.

Por último, recuerda completar también, además de la biografía, a qué te dedicas y en qué empresa. Sí, aunque seas estudiante de Bachillerato. Es la información que aparecerá justo debajo de tu foto cuando aparezca tu perfil y tenerla escrita también resulta de ayuda.

Una vez lo tienes todo, solo te queda empezar la ruleta del pulgar (y tener suerte).

Duquesa Doslabios.

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Pornografía, ¿diversión “inocente” o infidelidad?

Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero ¿y si los ojos ven y lo que miran es pornografía?

YOUTUBE/Padre de Familia

Tengo 26 años y llevo viendo porno desde los 17, que fue cuando tuve un portátil para mí sola (y cuando aprendí a borrar el historial).

En este tiempo nada ha hecho que dejara de verlo. He tenido épocas de mi vida en las que lo veía con más frecuencia, otras menos y otras, prácticamente, nada.

Es algo un poco aleatorio y no depende de si tengo o no pareja, a veces me apetece, a veces no, a veces tiro de archivo o me meto a leer relatos eróticos… Lo que tiene el porno es que es un recurso fácil que, como dice una amiga mía, nos apaña porque lo tenemos “a mano”, y literalmente.

No hace falta pensar, basta mirar y atender a la respuesta física. Como animales que somos, los estímulos visuales de la pornografía nos producen excitación. Como cuando alguien bosteza y seguidamente te entran ganas de repetir la acción aunque no tengas sueño.

Así como también nos lo puede producir además de la película, un recuerdo o una fantasía salida de nuestra imaginación.

Sin embargo, son vivencias que forman parte de nuestra vida sexual individual, no por hacerlo solos, sino por que hablo de aquella propia de cada individuo.

La cabeza es libre, no hay intimidad real con otra persona, y, como dice otro amigo (pregunté a muchos al respecto) “pensar en robar un banco no significa que lo vayas a robar”.

Otra cosa es que la pornografía se convierta en una obsesión y reste tiempo de estar con nuestra pareja, altere nuestros hábitos o produzca ansiedad por no vivir en carnes esa “realidad sexual” que termina al grito de “Corten” (aunque eso no lo veamos).

El porno es un show, un espectáculo, un producto para pasar un buen rato y debe ser tratado como tal, no como un reflejo fiel de la realidad.

Además de usarlo a solas o en compañía, podemos “tomar nota” y usarlo como fuente de ideas para ponerlas luego con alguien a prueba. Si se atreve…

Duquesa Doslabios.