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Es absurdo tenerle tanto miedo a ser malos en la cama

¿Has tenido alguna vez miedo a no dar la talla en la cama? Yo unas cuantas. Supongo que no es como la repostería, donde ves a la hora de probarlo si se te ha dado bien el cocinado.

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Si hemos podido estar a la altura de las circunstancias, o no, es un misterio y, al mismo tiempo, un agobio para algunas personas.

Pero ya que este año se están derribando tantos mitos (como el de que el secador de manos no mata al coronavirus), voy a aportar mi granito de arena: no, no existe ser buen o mal amante.

Lo que sí existe es nuestra percepción, que se construye en función de lo que podemos valorar la experiencia.

Aunque claro, es algo muy relativo. Mientras que hay a quien puede gustarle llevar las riendas, también hay quien prefiere adoptar un rol pasivo.

Y como eso, todo el resto de circunstancias. Besos, gestos, caricias, movimientos… Todo el repertorio completo que nos sale en el momento y que puede gustar más o menos en función de con quién lo pongamos en práctica.

Incluso la química -una variante fuera de nuestro control-, es crucial a la hora de que el sexo pase de ‘bueno’ a ‘increíble’.

En lo que sí coincidiremos es en que nadie nace sabiendo cómo hacer bien el sexo, y con toda la cantidad de gustos diferentes, tampoco es que haya un manual universal en el que todos los habitantes del globo nos hayamos puesto de acuerdo.

Haberse acostado con mucha gente, saberse de memoria 50 posturas del kamasutra, aguantar durante horas o correrse varias veces no son métricas que garanticen ser un buen amante.

Para mí, es más importante, para empezar, conocerse en la intimidad para que los demás sepan cómo hacerte disfrutar. Escuchar a la otra persona, empatizar, transmitir tranquilidad, mostrar interés y llevar a cabo los gustos ajenos con una mentalidad abierta y, sobre todo, poner en práctica la reciprocidad, me parecen otras cualidades que realmente hacen que, lo que sea que pase en la cama, se lleve un sobresaliente.

Duquesa Doslabios.

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Sobre el sexo oral y el coronavirus: ¿es seguro practicarlo o me puedo contagiar?

El lío que tenemos con las fases y lo que podemos hacer en cada una de ellas, solo me parece comparable a las dudas que nos han surgido respecto al sexo.

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¿Podemos volver a hacerlo? ¿Está limitado a parejas estables? ¿Qué posturas son las mejores para evitar el contagio? ¿En serio deberíamos usar mascarilla?

Y la pregunta a la que intentaré darle respuesta hoy: ¿qué hay del sexo oral?

Parece que encontrar una respuesta unánime y avalada por la ciencia, está todavía por llegar, ya que las investigaciones solo han dado comienzo.

Por un lado, el estudio del Hospital Municipal de Shangqiu llegó a encontrar rastros del virus en muestras de semen de pacientes con coronavirus. Por otro, la Universidad de Harvard destacaba el riesgo de las excreciones respiratorias, lo que se traduce en que no podemos descartar que ahora la mascarilla también forme parte de la vida íntima.

Pero ya sabemos cómo es la vida con mascarilla. Al igual que, en cuanto llegamos a la terraza, nos la quitamos para darle un trago a la bebida, podríamos llegar a pensar que es un caso idéntico, ya que también se trata de llevarse algo a la boca.

O incluso de engancharla en el codo a modo de pulsera (los que salís a la calle coincidiendo con runners o gente paseando sabéis a qué me refiero) mientras dure el momento, para luego volver a colocarla sobre la nariz y la boca en cuanto se termine.

Incluso aunque se haga con preservativos, sigue siendo una práctica de alto riesgo.

Por activa y por pasiva nos han repetido que las microgotas que expulsamos al toser (hasta al hablar), son las que poseen más carga vírica.

Imaginemos entonces lo que puede contener nuestra saliva. Al final, por mucho que intentemos hacerlo con cuidado -es decir, salivando lo menos posible-, ¿de verdad podemos evitar que no termine en nuestras manos, en la piel de la otra persona, en el sofá o incluso en las sábanas?

Como me dijo hace unas semanas Ana Lombardía, la práctica más segura actualmente sigue siendo la masturbación a solas.

Así que, por mucho que queramos usar todas las barreras del mundo, mejor que la boca quede fuera del juego.

Duquesa Doslabios.

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Le hemos preguntado a una experta si pueden volverse adictivos los juguetes sexuales y la respuesta es…

Soy de las que piensa que, si tienes un restaurante en el que hacen tu hamburguesa favorita, nunca va a superar a la que te prepares en casa. Algo parecido me pasa con los juguetes sexuales. Da igual lo inspirada que esté masturbándome, la ultravelocidad del orgasmo solo la consigo con ellos.

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Aunque claro, ¿quién puede competir contra un producto diseñado justamente para eso, que encima no se cansa ni le entra hormigueo en el brazo? Como Monica Branni, psicóloga y sexóloga de Platanomelón (www.platanomelon.com), afirma “la intensidad y la rapidez a la hora de alcanzar el orgasmo también tienen que ver con otros factores como el estrés, el vínculo con la pareja, la situación, etc”.

Así que es comprensible que, para despejar esas variantes, sean los juguetes los que ponen el camino más fácil. Pero, ¿puede llegar a ser un problema si solo dependemos de ellos para disfrutar? La experta nos resuelve las dudas más frecuentes.

Masturbarse usando juguetes sexuales suele ser mucho más intenso y rápido que hacerlo con las propias manos, una lengua o un pene, ¿cómo se tiene esto en cuenta a la hora de diseñar el producto?
Los juguetes eróticos están diseñados para que la persona que los disfrute tenga una experiencia totalmente única. De hecho, la vibración o la succión es algo difícil o imposible de reproducir naturalmente en la cama, sea a solas o con otra persona.
La ventaja que tiene el juguete erótico es conseguir estimular determinados nervios de la vulva o pene que se traducen en sensaciones distintas. Un juguete produce un disfrute distinto al que produce otra práctica sexual, pero no por eso mejor o peor, sencillamente algo diferente.

¿Hay otras ventajas de la masturbación con juguetes?
¡Hay muchísimas! Los juguetes eróticos son herramientas para autoconocerse y explorar nuevas fronteras del placer. Utilizar según qué juguete nos proporciona muchísima información sobre nuestra capacidad erótica, ya sea física (duración, intensidad, etc) o mental (qué sensaciones me produce, con qué fantaseo, etc). Por lo que concierne a las relaciones, ¡estas tecnologías dan pie a muchísimo juego!

Esa facilidad que tienen los juguetes de lograr un orgasmo, ¿puede llegar a hacerlos adictivos?
Todo lo que nos produce placer nos pueden generar cierta adicción, precisamente porque los seres humanos somos ‘insaciables’ y nuestro cerebro busca recompensas a todas horas para que estemos de buen humor. Además, si eso que hacemos no requiere mucho esfuerzo, resulta aún más adictivo. Un vibrador y un succionador son juguetes que, con poco esfuerzo, nos regalan sensaciones increíbles. ¡Pero eso no los convierte en adictivos!

Hay probabilidades de que un juguete se vuelva adictivo cuando lo utilizamos para ‘tapar un problema’: si me compro un juguete porque no sé tocarme o no sé llegar al orgasmo por mi cuenta, delegaré toda la responsabilidad a un objeto y, potencialmente, no sabré desengancharme de ese objeto que me da placer sin esfuerzos. Asimismo, si no sé decirle a mi pareja qué me gusta y qué no: el juguete está llenando ese vacío llamado ‘falta de comunicación’, con lo cual me costará más desengancharme.

¿Corremos el riesgo de que masturbarnos con nuestras manos ya no resulte tan estimulante?
Depende. Por ejemplo, cuando entramos en una habitación y hay un perfume particular, al rato dejamos de percibirlo porque nuestros sentidos se han saturado y se han habituado a ese olor. Para volver a apreciarlo, tenemos que salir un rato para ‘desintoxicarnos’ o exponernos a una dosis más fuerte de ese perfume. Lo mismo pasa si en lugar de un perfume es un vibrador o un succionador: puede que temporalmente, nos habituemos a ese estímulo y nuestra mano nos pueda llegar a aburrir. Pero, ¡no es irreversible! Los nervios que teníamos siguen funcionando perfectamente, simplemente necesitan ‘descansar’ un tiempo de esa estimulación, para volver a disfrutar de otras.

¿Deberíamos alternar el uso de los juguetes con nuestras propias manos?
Cuanto más amplio sea nuestro abanico de posibilidades de experimentar y disfrutar, más enriquecida resultará nuestra vida sexual. Además, hay que entender que nuestros propios recursos, nuestra pareja (o parejas) y los juguetes sexuales pueden ir perfectamente de la mano. No hay razones para discriminar una u otra forma de pasarlo en grande, siempre y cuando te haga feliz. ¡Todo suma y nada resta!

¿Y cada cuánto tendríamos que hacerlo?
Las formas y frecuencias de alternar la masturbación manual a la masturbación con juguetes es algo muy personal. Cada persona debería hacer el ejercicio de entender cuándo es apropiado combinar distintas prácticas para no reducir todo a una sola. Aun así, idealmente, podríamos decir que cada 10 masturbaciones sería aconsejable no pasarse de la mitad con juguetes.

Duquesa Doslabios.

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Entre videojuego y masturbador, el ‘entrenador’ que te ayuda a vencer la eyaculación precoz

No es fácil hablar de eyaculación precoz. Lo primero porque cuando lo experimentas en persona y le pasa al otro, no sabes muy bien cómo reaccionar.

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Aunque tampoco es de extrañar. Es un tema que no se habla lo suficiente ni entre ellos ni entre nosotras. Así que, ¿cómo saber cuál es la forma de comportarse cuando uno ya ha terminado el partido, al poco de empezarlo, mientras que la otra persona sigue calentando?

Para empezar, está el caso de quien se piensa que durar unos segundos es normal porque lleva así toda su vida. También está el que se niega a hablar de ello a toda costa o incluso el que lo pasa mal, agobiándose al respecto.

Por suerte, cada vez hay más productos que quieren reconciliarnos con el sexo de una manera natural mediante la autoexploración (¿qué es el succionador más que una vía rápida de aprender a estimularse el clítoris?).

Quizás su equivalente masculino podría considerarse Myhixel, un método que cuenta tanto con una aplicación y un dispositivo, ideados por Patricia López, cuyo objetivo no es otro que enseñar a controlar la eyaculación.

Y de una manera divertida, de paso. Porque, ya que hablamos de entrenamiento mediante la masturbación, ¿cómo no iba a ser placentero?

Para la CEO, ya tocaba que el mercado se pusiera las pilas en el terreno masculino: “Que este mercado sea predominantemente femenino evidencia que las mujeres estamos liderando un proceso de liberación y de concienciación sobre la importancia del sexo en nuestras vidas. Nosotros buscamos llevar ese movimiento social de atención al sexo también a los hombres. Queremos repartir el peso de la responsabilidad del cuidado en las relaciones entre ambos géneros”, afirma Patricia, la entrevistada de hoy en el blog.

¿Qué factores afectan a este tipo de disfunción sexual?
De acuerdo con nuestros expertos médicos, las causas son complejas y muy diversas. Van desde factores fisiológicos, hasta causas psicológicas. Además que hay varios tipos de eyaculación precoz, desde la primaria o crónica (cuando es algo que le sucede siempre y desde el inicio de sus relaciones), pasando por la circunstancial o adquirida (solo en ocasiones o etapas vitales), hasta llegar a los casos inespecíficos. En cada uno de estos grupos, predominan unas causas frente a otras. Nuestro método ha probado su eficacia independientemente del tipo de problema eyaculatorio y de la causa que haya detrás.

¿Cuáles son los motivos por los que la mayoría de hombres con eyaculación precoz prefieren no hablar del tema ni ponerle solución?
Seguimos siendo muy reacios a pedir ayuda en materia de sexualidad. Algo que en el caso de la eyaculación precoz se agrava por las asociaciones falsas -e incluso ridículas- entre virilidad y duración de las relaciones. Nos encontramos a muchos hombres y sus parejas que ni siquiera son conscientes de que sufren este problema, ya que lo consideran normal, al ser algo habitual para ellos. A todo esto se une, que muchos desconocen que existen soluciones naturales y sin efectos secundarios.

¿Cuál es el proceso?
Los métodos combinan la app anonimizada MYHIXEL Play que contiene nuestro programa científico, pionero y gamificado con el avanzado dispositivo de ayuda MYHIXEL I, diseñado específicamente para alcanzar el control del clímax. Tras cinco años de investigación médica, liderada por un equipo de sexólogos y urólogos de origen español referentes a nivel internacional, ofrece la única solución del mercado que permite al hombre controlar su eyaculación de forma natural.

¿De dónde vino la idea de plantear los ejercicios como si se trataran de un videojuego? ¿Cuáles son las ventajas?
Cuando quisimos llevar esta metodología a todo el mundo, surgió la necesidad de crear una aplicación que resultase comprensible para cualquier hombre. La idea de aplicar la gamificación nos permitía dar un enfoque lúdico al programa, y lo que es más importante, ha demostrado que aumenta el seguimiento del método -disminuyendo al mínimo la tasa de abandono-.

Además de mejorar el rendimiento en la cama, ¿qué otros beneficios a nivel emocional puede aportar tener el control de la eyaculación?
Por un lado, se abre un mundo posibilidades por descubrir en la sexualidad de los hombres y sus parejas. Cuando, en muchos casos, crees que has probado y disfrutado de todo, te permitimos adquirir una nueva habilidad que te permite aumentar el nivel de tus relaciones sexuales. No solo mejoran aspectos emocionales como la autoestima y la seguridad de los hombres, sino que supone un revulsivo para su vida sexual.

¿Es imprescindible tener una disfunción sexual para probar el dispositivo o también es recomendable para hombres cuya tiempo de eyaculación es ‘normal’ y buscan experiencias distintas?
Para nada es necesario sufrir ninguna disfunción. Cuenta con dos soluciones diferenciadas: para hombres que deseen adquirir unas habilidades motoras específicas, que mejoren la calidad de sus experiencias sexuales y consigan un nuevo nivel de placer, y para hombres que tienen problemas de control eyaculatorio.

El aspecto lúdico está presente. Los hombres que sigan nuestras metodologías van a disfrutar mucho a la vez que mejoran el control eyaculatorio, ya que las actividades del programa son, en esencia, estimulaciones con un dispositivo diseñado también para el placer. Al haber programas que se pueden hacer en pareja, parece una forma excelente de hacer partícipe a la otra persona.

¿Es una forma de derribar el tabú de la eyaculación precoz?
Totalmente, los problemas en el control eyaculatorio son algo que puede afectar a ambos miembros de una pareja y que en muchísimas ocasiones no se afrontan por vergüenza o por no herir a la otra persona. Introduciendo propuestas como la de ‘juego de pareja’, ayudaremos muchísimo a derribar dichas barreras.

Duquesa Doslabios.

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Las infinitas posibilidades de querernos pasando todo el día en casa

La vida ha pegado tal cambio que, si antes difícilmente encontraba tiempo para ver a mi pareja, puedo disfrutarla las 24 horas del día.

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Hemos pasado de tener agendas separadas a una rutina casi paralela. Y sí, estar en casa sin salir, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, nos está cambiando como pareja.

Soy consciente de que empezamos un periodo en el que habrá que tirar de paciencia e imaginación a partes iguales para mantener esto a flote sin problemas.

Pero en su mayoría, solo soy capaz de sacarle la lectura positiva. Si algo nos permite esta posibilidad, casi de futuro utópico, es hablar.

Hablar de verdad, de todo, de lo que nos gusta y lo que no, de nuestra infancia, de un secreto que -hasta ahora- nadie más supiera, de política, de comida o de las cosas que haríamos si no estuviéramos confinados, no esas conversaciones de pocos minutos antes de acostarnos en las que ganaba la batalla el sueño.

Tenemos la oportunidad de iniciar un hobby juntos. Yo, que no veía el momento de empezar a ir a clases de baile conjuntas, me veo lista para buscar todos los vídeos de YouTube que nos permitan recorrer al máximo los metros cuadrados libres del salón.

La excusa de estar en casa es perfecta para terminar de ver las series y películas que teníamos pendientes (que son unas cuantas y ya tocaba ponerse al día). Siempre con la ayuda de esas listas de títulos que nuestros amigos o familiares consideran imprescindibles.

Para mí, el aislamiento en casa supone el mejor motivo para abrir esa botella de vino que teníamos guardada para una ocasión especial. De beberla entera sentados frente a frente sobre una manta en el suelo, como si de un picnic improvisado se tratara.

Porqué ya me he dado cuenta que ahora mismo no hay nada más especial que estar vivos y juntos. Al final, esto de estar encerrada, me va a acabar dando hasta perspectiva.

Ya que antes de que todo esto pasara hice acopio en una librería del barrio, no puedo esperar a leer en compañía del otro. Sentados cada uno en un extremo del sofá. Lanzándonos una sonrisa de vez en cuando al alzar la vista de las páginas del libro y entrelazando los pies.

Hasta el punto de que las cosas suban de temperatura y nos animemos, finalmente, a probar esa postura sexual o a conquistar cada centímetro cuadrado de la casa. Incluso a hacer un juego de rol imaginando que somos los únicos habitantes del planeta.

¿Y después? Quedarnos desnudos y revueltos sin la prisa de que uno de los dos tiene que contestar un mail, ir a ver a la familia o ponerse a trabajar. Saboreando cada instante.

Hablando de saborear, no descarto que nos dediquemos en cuerpo y alma a cocinar juntos el brócoli de mil maneras hasta dar con la mejor receta porque es lo único que no se había agotado del Mercadona.

El ‘te quiero’ que nos decimos en un susurro antes de ir a dormir ha adquirido casi un nuevo significado.

‘Te quiero’ es ahora también un ‘gracias’. Gracias por haber ido a la compra, gracias por estar tan pendiente de mi familia y amigos como si fueran tuyos, gracias por reinventarte porque formas parte de los que se han quedado sin trabajo, gracias por adaptarte a los nuevos tiempos y nunca quedarte quieto, gracias por seguir inspirándome, gracias por decirme que todo irá bien en estos momentos tan inciertos, gracias por tanto, y, por tanto, te quiero.

Duquesa Doslabios.

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San Valentín sí, mitos románticos no

Los escaparates de las tiendas, la oferta en el gimnasio del 2×1, el feed de Instagram y hasta el mensaje de Whatsapp de tu madre deseándote un día especial… Parece imposible escapar de la avalancha que se crea por San Valentín.

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Sin embargo, cada vez somos más los que preferimos vivirlo como un día normal y celebrar el amor, a nuestra manera, el resto del año. En otras palabras: quizás no nos sentimos identificados con la atmósfera de corazones y color de rosa que parece venir de la mano con esta fecha.

Mónica García, directora del centro El Factor Humano, también ha reflexionado sobre esto. ¿El ‘culpable’ de la perversión de San Valentín? El amor romántico.

“Promueve un modelo único de amor entre dos personas (tradicionalmente hombre y mujer) en cuya relación todo se justifica ‘por amor’. Los celos o el no poder ni pensar en perder a la otra persona son una prueba de amor. Y solo es verdadero si todo va bien y dura toda la vida. No admite la otra cara de estar en una relación”, afirma Mónica.

Finales felices donde si no hay perdices no cuentan, príncipes, princesas y mitos que lo promueven como el de la media naranja. Esa persona divina que necesitamos para sentirnos completos.

“Por un lado nos lleva a sentirnos incompletos, inadecuados o insatisfechos mientras no tenemos pareja y por otro lado, a alimentar dudas cuando estamos con una pareja, al pensar si será nuestra media naranja. Como si solo hubiera uno”, dice la experta.

Lo cierto es que, como recuerda: “Nacemos completos y en nuestras relaciones, románticas o no, tenemos la oportunidad de expresar un rango más amplio de quién somos.”

“Es una idea muy romántica el pensar que solo hay una persona que es el amor de tu vida, y si quieres seguir pensando así, genial. Puedes abrirte a pensar que en la vida puede haber más de un amor verdadero. Depende de lo que ambos ofrecen a la relación mientras están en ella”, declara Mónica.

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Que nuestra pareja tiene que ser romántica, parece una premisa indispensable este día.

“Es común esperar que nos sorprendan con muestras de amor románticas. Incluso cuando decimos que a mí eso me da igual. Está tan activo en nuestra cultura la creencia de que las muestras románticas de amor significan que la otra persona te ama, que si no existen, o son escasas, nos pueden hacer hasta dudar de si la otra persona realmente nos quiere”, afirma.

¿El resumen de la experta? Cada pareja es un mundo: “Un mundo a imagen y semejanza de las personas que lo crean. Tanto si es romántico en el sentido tradicional de la palabra como si es un romanticismo único y hecho a medida que nadie entiende”.

Si no tienes pareja, no hay amor en tu vida parece ser otra de las afirmaciones más extendidas del amor romántico. Al relacionar el amor a la pareja, hemos unido ambos conceptos. “Hasta tal punto que hay personas que si no tienen pareja lo viven como si faltara el amor en sus vidas”, opina Mónica.

La solución a la falta de amor empieza por amar. “El estado emocional de amor es un estado de apertura de corazón en formas de aceptación, comprensión, empatía, generosidad, apreciación… Si de verdad quieres sentir más amor, mi receta es ama más. Porque el amor que tú sientes, no es el amor que la otra persona te da, sino la consecuencia de que abres tu corazón como respuesta a la muestra de amor del otro”.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si te centras en la calidad del sexo en vez de en la cantidad?

Dinero, salud, amor, viajar y sexo, cinco cosas que, la mayoría, esperamos que nos traiga 2020 a través de la ropa interior roja de la suerte o la maleta junto a la puerta.

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Es lo típico que escuchas en las conversaciones entre amigos: “Este año me voy a hinchar a follar”. Así, tal cual. Como si los polvos fueran croquetas, cuantos más tengas, mejor.

Sin embargo, no oirás a nadie decir “Este año me voy a hinchar a artículos de sexología para mejorar mi técnica”.

Supongo que no queda tan gracioso en los mensajes de felicitación de Año Nuevo, y también porque ponernos a cambiar nuestros hábitos, a estas alturas, da mucha pereza.

Pero ese debería ser un objetivo mucho más repetido que el anterior. Ya en 2019 (que era hace unas horas), os comentaba que es posible mejorar el sexo con algunos propósitos.

No hice una lista de cómo convertirse en quien más liga del grupo, sino de cómo buscar la excelencia también entre las sábanas.

A fin de cuentas, la cantidad de sexo que practiquemos a lo largo del año es algo que se escapa totalmente de nuestro control.

Podemos tener la suerte de llevar una racha de varios encuentros y otra en la que a lo mejor no nos apetezca tanto. A eso, además, hay que sumarle que puede pasarle lo mismo a nuestra pareja.

Sin embargo, la calidad del sexo, es algo que depende por completo de uno mismo.

Es tan fácil como hablar con la otra persona sobre qué le gusta o cómo se pueden perfeccionar las prácticas sexuales, tan sencillo como informarse con un buen libro y tan rápido como empezar a usar el móvil para seguir en Instagram a expertos en sexología entre tanto futbolista y modelo.

¿Te apuntas a un 2020 con más calidad que cantidad?

Duquesa Doslabios.

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A ti, que alguna vez te has preguntado si te aburre el sexo

Si estás aquí es porque te ha pasado lo mismo que a mí. Te has preguntado si el sexo empezaba a aburrirte. No sé tú, pero en mi caso ha sido algo que me he planteado en diferentes fases de mi vida. Tanto estando sola como en pareja.

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No es que no me guste sentir placer (¿hay alguien ahí fuera que no lo disfrute?) pero el hecho de pensar en quitarme tan solo una prenda de ropa, apagar la tele, empezar con los preliminares y terminar después haciéndolo en la cama o en el baño, se me antojaba una tarea que me daba pereza.

Ahí me cagué, lo admito. ¿Y si ya no me gustaba el sexo? ¿Qué iba a ser de mi vida desde ese momento? ¿Sería la rara de mis amigas que no cuenta anécdotas de cama?

Pero curiosamente, masturbarme no me daba pereza, ya que era algo que hacía cuándo, cómo y dónde fuera a mi manera.

Tuvo que venir una psicóloga para explicarme lo que me estaba pasando. No me daba pereza la sexualidad en sí. Mi deseo sexual estaba intacto (que se lo digan a mis bragas cuando le veía sin camiseta andando en calzoncillos con todo medio fuera).

Lo que me daba pereza, lo que puede que a ti te dé pereza, era la construcción del sexo. La dinámica social que dicta que hay que desnudarse, tener una serie de juegos previos como calentamiento y, finalmente, una penetración que lleve al orgasmo.

Es que era normal que me aburriera. Pero al mismo tiempo, ¿cómo iba tan siquiera a plantearme que pudiera ser diferente? En otras palabras, que hubiera vida (y sexo) más allá de la penetración.

En un mundo dominado, hasta ahora, por el placer masculino, meterla parece ser el fin de todo encuentro sexual. Y es precisamente por ese motivo por el que puede parecernos monótono.

Sin embargo, tal y como me contó la sexóloga (tenéis una frase suya aquí abajo), el mundo sexual no gira solo alrededor del pene ni de que él se corra.

La realidad es que la idea del sexo está mal construida. No es la rutina aprendida, es todo un mundo en el que los llamados preliminares son el plato principal, en el que a lo mejor apetecen solo caricias, dar placer con la boca o un poco de frote.

Así que en vez de repetir una y otra vez lo que crees que tiene que ser el sexo, ¿por qué no pruebas a hacer el que te apetezca en cada momento?

Duquesa Doslabios.

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2019, el año de la masturbación femenina

Puede que Meghan Markle haya sido la mujer más influyente del año, pero si hay algo por lo que recordaremos también este 2019 es por el boum de la masturbación femenina. Y sí, acabo de incluir a la duquesa de Sussex y al onanismo en la misma frase.

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(Por cierto, acabo de hacerme Instagram para que podamos tener contacto más directo. Mi idea es empezar a usarlo regularmente y poder compartir incluso directos para que rompamos un poco el hielo.)

Volviendo a 2019 y el sexo, hasta hace relativamente poco, el tema de que las chicas nos tocamos seguía pareciendo algo casi bochornoso (¿a quién no le han hecho un poco de vergüenza en el colegio gritando que se hace dedos?).

Pero este año ha sucedido algo maravilloso. El succionador de clítoris ha llegado a nuestras vidas. Y, orgasmos aparte, ha sido un fenómeno.

Ha llegado de la conversación en el Metro con tu compañera de trabajo al grupo de amigas de Whatsapp. Ha llegado a esa obra de teatro de Madrid e incluso a la política gracias a los memes de Albert Rivera sujetando el Satisfyer.

Ha logrado lo que pocos juguetes antes, trascender de la cama y convertirse en un producto de masas. Así como no todas tenemos plancha de pelo porque nos falta interés por tenerla, ¿podríamos decir lo mismo del estimulador?

El propio Christian, portavoz de la tienda erótica Amantis me comentaba lo fuerte que había calado. No solo me afirmó que había sido el juguete más vendido de los últimos meses, sino que no recordaba un furor así desde hacía años.

Y, lo más curioso. ¿Sabéis desde cuándo? Principios de los 2000, cuando en uno de los episodios de ‘Sexo en Nueva York’ Samantha compartió una de sus posesiones más preciadas, su juguete sexual.

Que en aquella ocasión el artículo se convirtiera en el superventas siendo solo superado por el succionador, deja claras dos cosas. Una, que las mujeres también tenemos deseo sexual (y mucho). Y, en segundo lugar, que no tenemos ningún problema en hacernos responsables de nuestra propia satisfacción.

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Hola, Instagram. Hemos venido a jugar.

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Algo que desmonta el mito de que, para nosotras, el sexo no tiene la misma importancia, de que nuestras apetencias sexuales son menores o que los hombres son los únicos que necesitan satisfacer su deseo (que se lo digan a las constantemente recargadas baterías de los juguetes).

Hemos llegado al punto de encumbrarlos tal y como ha averiguado TENGA, empresa especializada en juguetes innovadores. En su último estudio han averiguado que el 44% de las mujeres aseguran que masturbarse con un juguete sexual es una experiencia indescriptible.

Más del 40% consideran una experiencia excepcional practicar sexo con uno de ellos y el 61% se sentirían cómodas recibiendo un masturbador como regalo por parte de su pareja.

Para 2020, no hace falta volver a batir récord con otro revolucionario producto. Basta con que sigamos por el camino de empoderar, ya sea con la mano, un juguete o en pareja, nuestro placer.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si el que no quiere tener sexo con la regla es él?

Como mujer, noto cómo me cambia el cuerpo cuando estoy con la regla. Flujo aparte, mis ‘bajos’ no reaccionan de la misma manera que durante el resto del mes.

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Hay reglas en las que tengo tanto dolor que solo quiero tumbarme. Otras que el sangrado es tan abundante que, cada dos horas, me toca cambiar la copa.

Y, aunque en la mayoría de esas veces, mi deseo sexual se ve bastante afectado, tengo también casos en los que, con sangre o no, tengo ganas de jugar.

No siempre he podido hacerlo. Confieso que solo en pareja me he sentido en confianza como para tener sexo en ese momento del mes.

Como yo, conozco varias amigas que opinan muy parecido. Algunas prefieren hacerlo y otras no, pero si en algo hemos coincidido es que, por lo general, a nuestros compañeros no les importa que haya sangre de por medio.

Sin embargo conozco también el caso contrario de un amigo que, en sus palabras, prefiere “no manchar el sable”.

La simple expresión de ‘manchar’ ya hace que se considere la regla como algo sucio, por lo que se relaciona con sensaciones de desagrado e incluso repulsión.

Si eres de esas personas cuya pareja siente asco (o eres tú quien, solo de pensarlo, siente repugnancia), hay varias cosas sobre las que puedes reflexionar al respecto.

En primer lugar, la regla no es algo sucio. Es una fase del ciclo menstrual femenino, por lo que la higiene, si es la normal, no es un problema.

Tener la regla no es sinónimo de que el momento se convierta en una escena de películagore. Hay momentos que se sangra más, otros que se sangra menos. Y, ¿lo mejor? Que se pueden aprovechar esos ratos de menor cantidad de flujo para tener relaciones,

Incluso para quienes tengan miedo de ver la más mínima gota de sangre, se pueden tranquilizar si la otra persona está utilizando una copa o un tampón, ya que evitan que salga el flujo (y deja el clítoris a la vista y bien despejado para cualquier tipo de estimulación externa).

Y aunque cada uno es libre de hacer lo que quiera, ¿no es mejor pensar en que la regla es algo normal y seguir disfrutando del sexo?

Duquesa Doslabios.

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