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Sí, el sexo con la regla puede ser (muy) placentero: apunta estos 6 consejos

Más o menos, las mujeres tenemos 400 reglas desde que nos viene por primera vez hasta la menopausia.

Así que entre los días de sangrado fuerte y los que simplemente manchamos un poco, nos pasamos con sangre o restos entre las piernas más de 2000 días de nuestra vida.

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Los suficientes como para que ni me plantee pasarlos religiosamente sin tener sexo. Las ganas siguen ahí, quizás en mayor o menor medida en función del momento o del ciclo. Pero si hay deseo, ¿cómo pensar en no tener ningún tipo de actividad?

Para mí, en concreto, hace que el periodo sea mucho más llevadero. Recuerda que el orgasmo siempre te va a ayudar a que las molestias se pasen (la combinación ibuprofeno y clímax es mi favorita durante esos días).

Pero también es cierto que podemos hacer que el polvazo nos resulte más apetecible. Así que ahí te dejo mis recomendaciones para que te tires a la piscina (menstrual) y te animes:

  1. Si por lo que sea te da pavor que se te acerquen cuando sangras (que no pasa nada), recuerda que el clítoris está lejos de la vagina. En concreto unos cuántos centímetros más arriba. Con un tampón o una copa menstrual te aseguras de que no se convierta en el gran olvidado, sino en el protagonista. ¿Quién dijo que el sexo es solo penetración? Tócate (o que te toquen) o atrévete a que te hagan ese cunnilingus que te mereces, que cambiar por completo el revestimiento uterino es un trabajo que bien se merece que te mimen.
  2. Un minuto de silencio por esas sábanas/mantas/colchón que alguna vez nos hemos cargado con el sangrado. Ya que sacar la mancha roja cuesta horrores (acuérdate que solo se van con agua fría), mi consejo es que te hagas con una buena toalla negra para que te despreocupes por tu ropa de cama. No solo proteges tus sábanas de lyocell, sino que te aseguras de que vas a poder seguir usando la toalla ya que con el color oscuro no se apreciará ninguna mancha. Pero es que la sangre es tan buen lubricante que no deberías perder la ocasión de usarla a tu favor.
  3. Ayúdate de estos aliados: una copa menstrual para tener sexo, juguetes que te estimulan el clítoris o en definitiva cualquier cosa que te haga sentir cómoda y excitada son claves. La cosa es que disfrutes y llegues al orgasmo.
  4. El agua caliente es tu mejor amiga. Y no solo dentro de la bolsita que se puede calentar en el microondas. La temperatura disminuye el dolor y rebaja la inflamación (de ahí que también se utilice para los partos en el agua). Mi sugerencia es que muevas la acción al baño y confíes en el chorro de la ducha. Si te lo aplicas sobre la tripa, notarás un alivio inmediato y si bajas unos centímetros, estimulas el clítoris. Dos pájaros de un tiro.
  5. Que suba la temperatura literalmente. Más allá del baño, es fundamental no quedarse fría. Si hay que dejarse la camiseta puesta, se deja. Si hay que tener sexo con la manta térmica en la tripa, se tiene también.
  6. Evita las posturas en las que la penetración sea profunda. El cuello uterino se estrecha y es probable que notes más molestias (dile adiós al perrito en esos días). Si te pones tú encima, haces la cucharita lateral o el misionero te asegurarás de que no te duela nada.

Duquesa Doslabios.

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Ni el tamaño ni la batería, lo que buscamos en un juguete sexual desde la pandemia es…

¿Qué es lo más importante a la hora de escoger un juguete sexual? Que ocupe poco siempre es algo favorable, sobre todo cuando te lo quieres llevar de viaje o en el bolso (por lo que pueda pasar ese día).

Que la batería aguante es también fundamental. Nadie quiere quedarse a medias, así que cuanto más podamos amortizar la carga, mucho mejor.

Y claro que un diseño bonito puede ser el toque final si dudamos entre dos modelos.

LELO

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O, al menos, estas podían ser las cosas en las que nos fijábamos antes de ampliar la colección (o iniciarla).

Ha llegado la crisis sanitaria y nuestra vida sexual ha cambiado, ya estuviéramos disfrutando de la soltería, de una relación de pareja o de algo abierto y liberal. A todos nos ha afectado.

Así que era de esperar que también la industria del erotismo notara los cambios más allá del furor por los juguetes femeninos que estimulan el clítoris.

Desde que dio comienzo la cuarentena, el criterio de búsqueda a la hora de comprar un juguete cambió por completo. Todo lo que mencionaba al principio era importante sí, pero había un nuevo factor imprescindible.

El juguete debía ser silencioso.

Y no poco ruidoso del estilo de la vibración del móvil cuando llega un mensaje, sino completamente mudo.

La razón es evidente. Estar en casa más tiempo (acordaos de los meses de ‘encierro’) implicaba que la intimidad era eso que sucedía dentro de la habitación y seguramente con otras personas por el resto de la vivienda -parejas, compañeros de piso y, por supuesto, familiares-.

Más que nunca, sentir que al otro lado estábamos aislados, era vital. De ahí que nuestros compañeros de fechorías no nos delataran, que pudiéramos seguir disfrutando esos cinco minutos de pausa del teletrabajo sin un juguete chivato de nuestras intenciones.

Por mucho que podamos normalizar la masturbación y cada vez sea menos tabú el tema, sigue siendo algo privado que queremos disfrutar en la intimidad, así que tener como aliado un objeto que no nos exponga, ha hecho que sean los silenciosos los artículos más buscados.

Ahora, ¿es realmente silencioso un juguete sexual que recibe ese nombre? Ese es un mundo aparte. Todavía hay marcas que consideran discretos juguetes que recuerdan a la turbina de un avión…

Ante la duda, si apostamos por los que no son eléctricos (un huevo masturbador, un clásico dildo, bolas chinas o demás, tenemos el silencio asegurado.

Duquesa Doslabios.

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Si te pone esta cara, puede que seas fetichista del ‘ahegao’

El día que un fabricante de juguetes me contó que su producto estrella era un asiento de madera con un agujero para poder defecar en el pecho de la persona que se pusiera debajo, entendí que sobre gustos sexuales no hay nada escrito.

Y un poco por ahí van los tiros de la última moda que está triunfando en internet. No es el nuevo succionador de clítoris, un revolucionario masturbador masculino o la postura que realmente consigue estimular el punto G, es la pose que ves bajo estas líneas.

@STARBITERZER

Esto de ponerse bizca mirando hacia arriba, a la vez que sacas la lengua, tiene un nombre: ‘ahegao’ y es una tendencia que viene desde Japón.

Aunque de primeras solo pueda parecerte una cara rara, tiene una connotación sexual importante, ya que se usa para expresar placer o éxtasis tanto en el manga erótico como el hentai o los videojuegos.

Al principio, el término se utilizó para definir las cara de una actriz porno teniendo un orgasmo. Luego se empezó a popularizar y se extendió por la cultura otaku (personas aficionadas al anime).

El término se ha disparado en internet hasta el punto de que en las webs de contenido erótico o en cualquier red social encuentras millones (MILLONES) de chicas haciendo la ahegao face.

Incluso hay profesionales -llamadas ahegaoers– expertas en hacer la cara (como Belle Delphine, la que vendía el agua de su bañera a precio de oro) y hasta quienes añaden complementos como espuma o líquidos (blanquecinos, por supuesto, por si alguno sigue sin pillar la referencia).

El gesto juega entre la diversión y la perversión. Para mi quien mejor lo resume es el youtuber Juanito Say cuando dice que la razón del éxito del ahegao es precisamente “la expresión de la sexualidad sin ser demasiado explícito o estar desnudo“.

Solo hay dos cosas que me llaman la atención de la pose y de las que me gustaría reflexionar. La primera es el hecho de que, buscándola en redes sociales, solo se encuentren mujeres interpretándola. No hay hombres que la imiten.

¿Cómo me lo tomo? ¿Como que quizás hay un posado equivalente masculino -igual con solo un ojo enseñando los dientes a la vez que se levanta la nariz- o como que a nosotras este tipo de poses no nos seducen por igual?

La segunda es que no verás ahegaoers de más edad que las veinteañeras entrecruzando la mirada y con la lengua hacia fuera (y oye, que si te gusta ¿por qué no hacerlo a tus cuarenta?).

¿Estamos ante otra manifestación de la cultura sexual basada en la infantilización y sumisión de la mujer?

Duquesa Doslabios.

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En San Valentin celébra(te) estar soltera

Llámame “típica”, “ñoña”, “romántica”, “cursi” o “novelera”, que me va a dar igual. Estando en pareja me encantaba San Valentín.

Me encantaba de la misma forma que el día del padre o de la madre hago un plan familiar especial. O como cuando es el día de la croqueta le escribo a alguna amiga que tocaría meterse una buena ración entre pecho y espalda.

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Porque por mucho que todos los días queramos a la pareja, a los padres -y a las croquetas, claro-, cosas tan bonitas de la vida que nos hacen tan felices merecen tener su propia fiesta.

Así que mi pregunta -por y para mí- solo podía ser una. ¿Qué iba a pasar con mi idea de San Valentín estando soltera? ¿El día de los enamorados me incluye si no estoy en pareja o no hay un crush en el punto de mira al que invitar a cenar?

He decidido que sí. Que en mi primer San Valentín soltera después de muchos años en una relación, me toca celebrarlo de alguna manera.

Hay algo que no cambia respecto a los otros 14 de febreros: el amor.

Los anteriores años eran la excusa perfecta para hacer algo especial entre los dos, aunque especial fuera algo tonto y no necesariamente digno de compartir en Instagram.

Pero cocinar una cena codo con codo puede ser tan romántico como cualquier ramo de flores que te manden a casa con forma de corazón.

Para 2021 he decidido celebrar el amor por el que he decidido estar sola, el que me profeso hacia mí misma.

El mismo que me llevó a tomar la decisión de separarme, de empezar una nueva etapa individual. Así que el homenaje me lo daré a mí, recordando por qué me puse por delante para cuidarme, cómo estoy, cómo va mi autoestima, cómo puedo quererme más, qué capricho (¿por qué no?) puedo concederme hoy para mimarme…

Y, por supuesto, cómo puedo darme placer, cómo hacerme disfrutar.

Porque todo lo que sea conocerme, es una forma de celebrarme. Un buen libro, un masaje, la subscripción a esa plataforma de Streaming o un juguete sexual entran en mi top de regalos personales en este día.

Si bien el furor por los succionadores de clítoris está más que justificado (y para mí es el nuevo básico del cajón de la mesilla de noche), también unas bolas chinas me parecen una buena idea -siempre es un buen momento para empezar a trabajar la musculatura del suelo pélvico-.

Sin olvidar el vibrador conejito, un buen recuerdo de que las ramificaciones del clítoris rodean la zona interior de la vagina.

“La cuestión es que si te apetece probar algún juguete, lo hagas sin ningún tipo de recelo. Son buenos complementos para tu sexualidad, a solas o en pareja”, me recuerda Lorena Berdún, psicóloga y sexóloga (podéis encontrarle en lorenaberdun.es).

“Cuando te conoces bien, sabes qué es lo que te gusta, cómo responde tu cuerpo ante determinada estimulación y, por lo tanto, estarás más preparado/a para guiar a una posible pareja. Cuando te abres a otra persona y tienes la confianza para decirle lo que te gusta, las relaciones sexuales pasan a un plano mucho más rico y nutrido“, afirma.

Y aunque mañana no pueda darme el gustazo con nadie, me puedo encargar igualmente de que sea un gran día del amor de mi vida, yo. La persona con la que, a ciencia cierta, voy a tener la relación más larga.

Duquesa Doslabios.

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Fiarse (o no) del ‘crush’ de Tinder

Cuando llegas a Tinder (y todo el compendio de aplicaciones en las que conocer gente) es normal que el panorama te genere dos reacciones contrarias.

La primera y más rápida: “¿De dónde ha salido esta gente?”.

La segunda, conclusión evidente de la primera reflexión: “Yo formo parte de este circo”.

DEREK ROSE

Por mucho que podamos llegar a pensar que las personas que pululan en este tipo de aplicaciones forman parte de una especie distinta, nadie ha diseñado individuos específicamente para cumplir la función de aparecer en tu pantalla cada vez que deslizas a la derecha o a la izquierda.

Son (somos) gente cualquiera. Gente que se agobia cuando hace la declaración de la renta, que se olvida de comprar papel higiénico cuando tiene el último rollo a dos cuadraditos de agotarse y que quiere a su perro por encima del resto de seres vivos del planeta.

Y sí, puede parecer obvio hablar de esto, pero no tanto si nos paramos a analizar la clase de relaciones que surgen fuera de la app.

Hay un limbo cuando empiezas a quedar en el que no sabes bien de qué va todo. Un momento en el que seguís viendo a gente en el que, cualquier paso en falso, puede significar no volver a veros más.

Poco hablamos de que las fotos del perfil haciendo deporte, viajando o posando abrazada a una amiga estratégicamente recortada esconden un equipaje emocional que solo se descubre más adelante.

Ligar por la vía digital tiene ese inconveniente: solo se ve lo que queremos por varias razones: queremos gustar, subimos las murallas defensivas porque estamos detrás de una pantalla y, en muchas ocasiones, no decimos claramente lo que queremos para no ahuyentar a la otra persona.

Nos movemos en la delgada línea entre no ser muy insistentes pero mostrar el interés suficiente como para que aquello avance.

Me decía un amigo que, tras quedar brevemente e incluso viajar con una chica que conoció por internet, la cosa se había estancado. Se encontraban en un punto muerto en el que no sabían hasta qué punto estaban con el usuario de Tinder o con la persona real.

Volviendo a las obviedades, la solución a eso es quedar. Seguir dando pasos, conocerse más a fondo y hablar de forma transparente.

En definitiva, alcanzar un nivel de comunicación profundo que nos permita averiguar si aquello es real.

¿No es el mismo proceso que hacemos (salvando las distancias) cuando compramos en una página web?

Al final, por mucho que nos guste el jersey de la tienda online, no es hasta que lo vemos puesto delante del espejo, comprobamos la calidad del tejido, si es nuestra talla o si nos agobia el cuello alto, que decidimos si lo queremos incorporar al armario.

Fiarse solo de la imagen virtual nos limita hasta el punto de que perdemos la visión -y experiencia- de 360 grados con alguien que puede ser especial.

Claro que da miedo desprenderse de las corazas y empezar a combinar el jersey con la duda de si nos sentará bien o no. Pero al final, las posibilidades de equivocarnos, son las mismas que tendríamos si nos hubiéramos conocido de la manera analógica. Y, a cambio, hay tanto que ganar

Si el roce hace el cariño, la práctica hace el amor.

Duquesa Doslabios.

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¿Qué pasa si son ellas quienes ‘llevan los pantalones’ en una relación?

Me gusta mandar, suelo llevar la iniciativa e intento que las cosas salgan de la manera que yo quiero. Y es algo que aplico también a mis relaciones.

Soy, por mucho que vea anticuada la expresión, quien lleva los pantalones. Y si yo fuera el hombre de la relación, supongo que no pasaría nada. Sería tan habitual que ese fuera mi rol, que a nadie le extrañaría. Pero como soy la mujer, a veces cambia un poco la cosa.

BERSHKA

Cambia porque, por muy orgullosa que esté de tener un carácter fuerte, no siempre la reacción de otras personas me hace sentir bien. Que en mi relación yo lleve más a menudo las riendas, despierta -de cara a los demás- precaución (“joder con esta”) y casi antipatía.

Mientras que mi pareja (hombre) suele recibir compasión, como si él no tuviera ningún tipo de control en su vida y estuviera supeditado a mis decisiones.

Si me pongo a repasar las relaciones de pareja que hay en mi familia desde mis abuelos, en todas puedo afirmar que son ellas, mis abuelas, tías o incluso madre, las que llevan la voz cantante.

Aunque, en muchos de esos casos, en la sombra. No sé si para que no resultara embarazoso para sus parejas o porque el mundo no estaba preparado.

Ahora me encuentro que lo de que nosotras llevemos los pantalones, tanto o más que ellos, ya se ve con más normalidad (quitando las reacciones que he comentado unas líneas más arriba).

Me tranquiliza que muchos de mi generación ya no se sienten identificados ni con esa frase ni temen el cambio de rol.

En lo que sí estamos de acuerdo -después de un rápido test vía Instagram- es que por muy en desuso que veamos la expresión, coincidimos en que puede que haya relaciones en la que uno de los dos sea más decisivo que el otro.

En mi caso, tengo claro que la personalidad hace mucho. Si ya de por sí soy activa e inquieta y estoy con pareja más tranquila, a ambos nos va a funcionar que lleve yo la iniciativa o que sea quien tire un poco del otro si no le sale tanto.

Claro que si viviera el caso de encontrar a una persona tan movida, tendríamos que ponernos más de acuerdo.

Lo importante de mi reflexión de hoy, el punto al que quiero llegar, es que nos desprendamos de una vez de los prejuicios que pueden implicar ver a una mujer llevar la voz cantante en una relación.

Como os digo, en mi caso, es fruto de la pareja que tenga en el momento y no debería ser considerado como algo negativo para mí (es decir, que no es que controle o someta a la otra persona) ni para él, que tiene poder de decisión en todo momento.

Duquesa Doslabios.

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Es absurdo tenerle tanto miedo a ser malos en la cama

¿Has tenido alguna vez miedo a no dar la talla en la cama? Yo unas cuantas. Supongo que no es como la repostería, donde ves a la hora de probarlo si se te ha dado bien el cocinado.

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Si hemos podido estar a la altura de las circunstancias, o no, es un misterio y, al mismo tiempo, un agobio para algunas personas.

Pero ya que este año se están derribando tantos mitos (como el de que el secador de manos no mata al coronavirus), voy a aportar mi granito de arena: no, no existe ser buen o mal amante.

Lo que sí existe es nuestra percepción, que se construye en función de lo que podemos valorar la experiencia.

Aunque claro, es algo muy relativo. Mientras que hay a quien puede gustarle llevar las riendas, también hay quien prefiere adoptar un rol pasivo.

Y como eso, todo el resto de circunstancias. Besos, gestos, caricias, movimientos… Todo el repertorio completo que nos sale en el momento y que puede gustar más o menos en función de con quién lo pongamos en práctica.

Incluso la química -una variante fuera de nuestro control-, es crucial a la hora de que el sexo pase de ‘bueno’ a ‘increíble’.

En lo que sí coincidiremos es en que nadie nace sabiendo cómo hacer bien el sexo, y con toda la cantidad de gustos diferentes, tampoco es que haya un manual universal en el que todos los habitantes del globo nos hayamos puesto de acuerdo.

Haberse acostado con mucha gente, saberse de memoria 50 posturas del kamasutra, aguantar durante horas o correrse varias veces no son métricas que garanticen ser un buen amante.

Para mí, es más importante, para empezar, conocerse en la intimidad para que los demás sepan cómo hacerte disfrutar. Escuchar a la otra persona, empatizar, transmitir tranquilidad, mostrar interés y llevar a cabo los gustos ajenos con una mentalidad abierta y, sobre todo, poner en práctica la reciprocidad, me parecen otras cualidades que realmente hacen que, lo que sea que pase en la cama, se lleve un sobresaliente.

Duquesa Doslabios.

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Sobre el sexo oral y el coronavirus: ¿es seguro practicarlo o me puedo contagiar?

El lío que tenemos con las fases y lo que podemos hacer en cada una de ellas, solo me parece comparable a las dudas que nos han surgido respecto al sexo.

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¿Podemos volver a hacerlo? ¿Está limitado a parejas estables? ¿Qué posturas son las mejores para evitar el contagio? ¿En serio deberíamos usar mascarilla?

Y la pregunta a la que intentaré darle respuesta hoy: ¿qué hay del sexo oral?

Parece que encontrar una respuesta unánime y avalada por la ciencia, está todavía por llegar, ya que las investigaciones solo han dado comienzo.

Por un lado, el estudio del Hospital Municipal de Shangqiu llegó a encontrar rastros del virus en muestras de semen de pacientes con coronavirus. Por otro, la Universidad de Harvard destacaba el riesgo de las excreciones respiratorias, lo que se traduce en que no podemos descartar que ahora la mascarilla también forme parte de la vida íntima.

Pero ya sabemos cómo es la vida con mascarilla. Al igual que, en cuanto llegamos a la terraza, nos la quitamos para darle un trago a la bebida, podríamos llegar a pensar que es un caso idéntico, ya que también se trata de llevarse algo a la boca.

O incluso de engancharla en el codo a modo de pulsera (los que salís a la calle coincidiendo con runners o gente paseando sabéis a qué me refiero) mientras dure el momento, para luego volver a colocarla sobre la nariz y la boca en cuanto se termine.

Incluso aunque se haga con preservativos, sigue siendo una práctica de alto riesgo.

Por activa y por pasiva nos han repetido que las microgotas que expulsamos al toser (hasta al hablar), son las que poseen más carga vírica.

Imaginemos entonces lo que puede contener nuestra saliva. Al final, por mucho que intentemos hacerlo con cuidado -es decir, salivando lo menos posible-, ¿de verdad podemos evitar que no termine en nuestras manos, en la piel de la otra persona, en el sofá o incluso en las sábanas?

Como me dijo hace unas semanas Ana Lombardía, la práctica más segura actualmente sigue siendo la masturbación a solas.

Así que, por mucho que queramos usar todas las barreras del mundo, mejor que la boca quede fuera del juego.

Duquesa Doslabios.

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Le hemos preguntado a una experta si pueden volverse adictivos los juguetes sexuales y la respuesta es…

Soy de las que piensa que, si tienes un restaurante en el que hacen tu hamburguesa favorita, nunca va a superar a la que te prepares en casa. Algo parecido me pasa con los juguetes sexuales. Da igual lo inspirada que esté masturbándome, la ultravelocidad del orgasmo solo la consigo con ellos.

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Aunque claro, ¿quién puede competir contra un producto diseñado justamente para eso, que encima no se cansa ni le entra hormigueo en el brazo? Como Monica Branni, psicóloga y sexóloga de Platanomelón (www.platanomelon.com), afirma “la intensidad y la rapidez a la hora de alcanzar el orgasmo también tienen que ver con otros factores como el estrés, el vínculo con la pareja, la situación, etc”.

Así que es comprensible que, para despejar esas variantes, sean los juguetes los que ponen el camino más fácil. Pero, ¿puede llegar a ser un problema si solo dependemos de ellos para disfrutar? La experta nos resuelve las dudas más frecuentes.

Masturbarse usando juguetes sexuales suele ser mucho más intenso y rápido que hacerlo con las propias manos, una lengua o un pene, ¿cómo se tiene esto en cuenta a la hora de diseñar el producto?
Los juguetes eróticos están diseñados para que la persona que los disfrute tenga una experiencia totalmente única. De hecho, la vibración o la succión es algo difícil o imposible de reproducir naturalmente en la cama, sea a solas o con otra persona.
La ventaja que tiene el juguete erótico es conseguir estimular determinados nervios de la vulva o pene que se traducen en sensaciones distintas. Un juguete produce un disfrute distinto al que produce otra práctica sexual, pero no por eso mejor o peor, sencillamente algo diferente.

¿Hay otras ventajas de la masturbación con juguetes?
¡Hay muchísimas! Los juguetes eróticos son herramientas para autoconocerse y explorar nuevas fronteras del placer. Utilizar según qué juguete nos proporciona muchísima información sobre nuestra capacidad erótica, ya sea física (duración, intensidad, etc) o mental (qué sensaciones me produce, con qué fantaseo, etc). Por lo que concierne a las relaciones, ¡estas tecnologías dan pie a muchísimo juego!

Esa facilidad que tienen los juguetes de lograr un orgasmo, ¿puede llegar a hacerlos adictivos?
Todo lo que nos produce placer nos pueden generar cierta adicción, precisamente porque los seres humanos somos ‘insaciables’ y nuestro cerebro busca recompensas a todas horas para que estemos de buen humor. Además, si eso que hacemos no requiere mucho esfuerzo, resulta aún más adictivo. Un vibrador y un succionador son juguetes que, con poco esfuerzo, nos regalan sensaciones increíbles. ¡Pero eso no los convierte en adictivos!

Hay probabilidades de que un juguete se vuelva adictivo cuando lo utilizamos para ‘tapar un problema’: si me compro un juguete porque no sé tocarme o no sé llegar al orgasmo por mi cuenta, delegaré toda la responsabilidad a un objeto y, potencialmente, no sabré desengancharme de ese objeto que me da placer sin esfuerzos. Asimismo, si no sé decirle a mi pareja qué me gusta y qué no: el juguete está llenando ese vacío llamado ‘falta de comunicación’, con lo cual me costará más desengancharme.

¿Corremos el riesgo de que masturbarnos con nuestras manos ya no resulte tan estimulante?
Depende. Por ejemplo, cuando entramos en una habitación y hay un perfume particular, al rato dejamos de percibirlo porque nuestros sentidos se han saturado y se han habituado a ese olor. Para volver a apreciarlo, tenemos que salir un rato para ‘desintoxicarnos’ o exponernos a una dosis más fuerte de ese perfume. Lo mismo pasa si en lugar de un perfume es un vibrador o un succionador: puede que temporalmente, nos habituemos a ese estímulo y nuestra mano nos pueda llegar a aburrir. Pero, ¡no es irreversible! Los nervios que teníamos siguen funcionando perfectamente, simplemente necesitan ‘descansar’ un tiempo de esa estimulación, para volver a disfrutar de otras.

¿Deberíamos alternar el uso de los juguetes con nuestras propias manos?
Cuanto más amplio sea nuestro abanico de posibilidades de experimentar y disfrutar, más enriquecida resultará nuestra vida sexual. Además, hay que entender que nuestros propios recursos, nuestra pareja (o parejas) y los juguetes sexuales pueden ir perfectamente de la mano. No hay razones para discriminar una u otra forma de pasarlo en grande, siempre y cuando te haga feliz. ¡Todo suma y nada resta!

¿Y cada cuánto tendríamos que hacerlo?
Las formas y frecuencias de alternar la masturbación manual a la masturbación con juguetes es algo muy personal. Cada persona debería hacer el ejercicio de entender cuándo es apropiado combinar distintas prácticas para no reducir todo a una sola. Aun así, idealmente, podríamos decir que cada 10 masturbaciones sería aconsejable no pasarse de la mitad con juguetes.

Duquesa Doslabios.

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Entre videojuego y masturbador, el ‘entrenador’ que te ayuda a vencer la eyaculación precoz

No es fácil hablar de eyaculación precoz. Lo primero porque cuando lo experimentas en persona y le pasa al otro, no sabes muy bien cómo reaccionar.

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Aunque tampoco es de extrañar. Es un tema que no se habla lo suficiente ni entre ellos ni entre nosotras. Así que, ¿cómo saber cuál es la forma de comportarse cuando uno ya ha terminado el partido, al poco de empezarlo, mientras que la otra persona sigue calentando?

Para empezar, está el caso de quien se piensa que durar unos segundos es normal porque lleva así toda su vida. También está el que se niega a hablar de ello a toda costa o incluso el que lo pasa mal, agobiándose al respecto.

Por suerte, cada vez hay más productos que quieren reconciliarnos con el sexo de una manera natural mediante la autoexploración (¿qué es el succionador más que una vía rápida de aprender a estimularse el clítoris?).

Quizás su equivalente masculino podría considerarse Myhixel, un método que cuenta tanto con una aplicación y un dispositivo, ideados por Patricia López, cuyo objetivo no es otro que enseñar a controlar la eyaculación.

Y de una manera divertida, de paso. Porque, ya que hablamos de entrenamiento mediante la masturbación, ¿cómo no iba a ser placentero?

Para la CEO, ya tocaba que el mercado se pusiera las pilas en el terreno masculino: “Que este mercado sea predominantemente femenino evidencia que las mujeres estamos liderando un proceso de liberación y de concienciación sobre la importancia del sexo en nuestras vidas. Nosotros buscamos llevar ese movimiento social de atención al sexo también a los hombres. Queremos repartir el peso de la responsabilidad del cuidado en las relaciones entre ambos géneros”, afirma Patricia, la entrevistada de hoy en el blog.

¿Qué factores afectan a este tipo de disfunción sexual?
De acuerdo con nuestros expertos médicos, las causas son complejas y muy diversas. Van desde factores fisiológicos, hasta causas psicológicas. Además que hay varios tipos de eyaculación precoz, desde la primaria o crónica (cuando es algo que le sucede siempre y desde el inicio de sus relaciones), pasando por la circunstancial o adquirida (solo en ocasiones o etapas vitales), hasta llegar a los casos inespecíficos. En cada uno de estos grupos, predominan unas causas frente a otras. Nuestro método ha probado su eficacia independientemente del tipo de problema eyaculatorio y de la causa que haya detrás.

¿Cuáles son los motivos por los que la mayoría de hombres con eyaculación precoz prefieren no hablar del tema ni ponerle solución?
Seguimos siendo muy reacios a pedir ayuda en materia de sexualidad. Algo que en el caso de la eyaculación precoz se agrava por las asociaciones falsas -e incluso ridículas- entre virilidad y duración de las relaciones. Nos encontramos a muchos hombres y sus parejas que ni siquiera son conscientes de que sufren este problema, ya que lo consideran normal, al ser algo habitual para ellos. A todo esto se une, que muchos desconocen que existen soluciones naturales y sin efectos secundarios.

¿Cuál es el proceso?
Los métodos combinan la app anonimizada MYHIXEL Play que contiene nuestro programa científico, pionero y gamificado con el avanzado dispositivo de ayuda MYHIXEL I, diseñado específicamente para alcanzar el control del clímax. Tras cinco años de investigación médica, liderada por un equipo de sexólogos y urólogos de origen español referentes a nivel internacional, ofrece la única solución del mercado que permite al hombre controlar su eyaculación de forma natural.

¿De dónde vino la idea de plantear los ejercicios como si se trataran de un videojuego? ¿Cuáles son las ventajas?
Cuando quisimos llevar esta metodología a todo el mundo, surgió la necesidad de crear una aplicación que resultase comprensible para cualquier hombre. La idea de aplicar la gamificación nos permitía dar un enfoque lúdico al programa, y lo que es más importante, ha demostrado que aumenta el seguimiento del método -disminuyendo al mínimo la tasa de abandono-.

Además de mejorar el rendimiento en la cama, ¿qué otros beneficios a nivel emocional puede aportar tener el control de la eyaculación?
Por un lado, se abre un mundo posibilidades por descubrir en la sexualidad de los hombres y sus parejas. Cuando, en muchos casos, crees que has probado y disfrutado de todo, te permitimos adquirir una nueva habilidad que te permite aumentar el nivel de tus relaciones sexuales. No solo mejoran aspectos emocionales como la autoestima y la seguridad de los hombres, sino que supone un revulsivo para su vida sexual.

¿Es imprescindible tener una disfunción sexual para probar el dispositivo o también es recomendable para hombres cuya tiempo de eyaculación es ‘normal’ y buscan experiencias distintas?
Para nada es necesario sufrir ninguna disfunción. Cuenta con dos soluciones diferenciadas: para hombres que deseen adquirir unas habilidades motoras específicas, que mejoren la calidad de sus experiencias sexuales y consigan un nuevo nivel de placer, y para hombres que tienen problemas de control eyaculatorio.

El aspecto lúdico está presente. Los hombres que sigan nuestras metodologías van a disfrutar mucho a la vez que mejoran el control eyaculatorio, ya que las actividades del programa son, en esencia, estimulaciones con un dispositivo diseñado también para el placer. Al haber programas que se pueden hacer en pareja, parece una forma excelente de hacer partícipe a la otra persona.

¿Es una forma de derribar el tabú de la eyaculación precoz?
Totalmente, los problemas en el control eyaculatorio son algo que puede afectar a ambos miembros de una pareja y que en muchísimas ocasiones no se afrontan por vergüenza o por no herir a la otra persona. Introduciendo propuestas como la de ‘juego de pareja’, ayudaremos muchísimo a derribar dichas barreras.

Duquesa Doslabios.

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