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De un vagón de metro y de violencia machista

Ayer iba sentada en el Metro de Madrid. A mi izquierda, un hombre iba escribiendo una carta. Si ya de por sí me llaman la atención las personas que escriben en libretas (gajes del oficio, supongo), este, que iba redactando una carta, me intrigó hasta el punto de encontrarme leyendo disimuladamente por encima de su brazo.

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Aquella misiva empezaba con lo que empiezan todas mis cartas favoritas, el amor. Un mensaje destinado a su hijo donde empezaba deseándole que se encontrara bien y le mandaba recuerdos a su madre.

Lo que en un principio parecía una epístola amable y cariñosa, se empezó a convertir en algo menos romántico y más oscuro.

“Te voy a hablar de mi verdad, esa que tu madre te ha ocultado”, escribía con rapidez mi vecino de asiento. A continuación empezaba a desglosar una serie de razones que, en su opinión, demostraban el poco afecto que le tenía su madre en realidad, quien, por la carta, pude averiguar había roto la relación con él pidiéndole que se fuera de casa.

El hombre no solo afirmaba por escrito a su hijo que su antigua pareja no le quería, sino que empezó a esgrimir toda la serie de mitos del amor romántico (ese tan machista que, a muchas, nos termina matando), como que el amor verdadero es lucha constante, una fuerza que puede con todo, que su madre no le amaba realmente y que quienes se quieren nunca se abandonan, no como había hecho su mujer.

A continuación diferentes insultos rebajados aparecían sobre el papel para esa mujer a la que tanto decía amar. Una serie de menosprecios destinados a ella, pero que pasarían por los ojos de su hijo previamente.

También le decía al hijo que había intentado hablar con su madre mediante una amiga y que ella había rechazado el contacto, pidiéndole que respetara su decisión.

Su última baza, como dejaba por escrito en la carta, era que su hijo intercediera por él, por su relación de pareja. Una responsabilidad sobre una tercera persona que poco o nada pinta en un matrimonio que se da entre dos.

Una presión para el hijo innecesaria, injusta y, encima, fruto de una manipulación escrita mediante argumentos de novelas románticas machistas que se estaba desarrollando delante de mis narices.

Aquel hombre tildaba la situación de inmerecida mientras escribía con rabia. Pedía otra oportunidad para hablar porque esa vez sí que iba a cambiar. Se había dado cuenta de todo lo que había hecho mal y solo necesitaba que su hijo le hiciera de mensajero para poder volver a verse cara a cara con ella una vez más, y, según él, solucionarlo definitivamente.

Hasta ahí pude leer. Llegó mi parada y me tocó bajarme del vagón, no sin antes sentirme tentada de quitarle aquella carta.

De vuelta a casa, solo pude darle vueltas a aquellas palabras que había leído. A esa maniobra desesperada de retomar el contacto con su expareja que, en un primer momento, me pareció enternecedora para ver cómo se iba convirtiendo, según leía, en una manipulación por escrito con insultos y violencia sobre el papel.

Como víctima de violencia de género -hace unos años me topé con un indeseable de estos- solo puedo confiar en que, si a la mujer de la carta le llega el mensaje, se mantenga firme. Ojalá no se crea nada de todo lo que lee, de todo lo que le dice. Porque él no va a cambiar. Porque nunca lo hace.

Porque el mayor amor que puede profesarse es así misma y esta persona, la misma que la va poniendo en un vagón de Metro por tierra, nunca se lo va a poder dar.

Ojalá no lo haga por la presión de su hijo después de resistir la presión que ya le hizo su amiga. Ojalá él lo respete y recuerde que ella no es su posesión.

Ojalá no le pase nada.

Duquesa Doslabios.

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‘Gagging’, el sexo oral que pasa de las arcadas a las lágrimas

Hace poco os hablaba de la ‘arcadización’ de las felaciones, de esa costumbre que parece que muchos han adquirido mientras practicamos sexo oral de estrujarnos la nuca contra la entrepierna hasta que nos entran ganas de vomitar. Y de lo poco que nos gusta a las mujeres, claro.

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Muchos (hombres, claro) alegaban en los comentarios o me replicaban en las redes sociales que no, que había mujeres a las que les encantaba, que les producía excitación notar el glande hacerle cosquillas a la campanilla y que ellas tenían tanto derecho de disfrutar de las arcadas como ellos de la mamada.

La diferencia es que la arcada no es una sensación ni placentera ni agradable y el hecho de realizar sexo oral en el que aparecen las contracciones que preceden la expulsión del vómito es algo que se basa únicamente en el imaginario erótico masculino.

Esta práctica, en la que se ve pasarlo a una mujer mal, entre espasmos, toses, mocos y lágrimas, tiene hasta nombre: el gaggingque se podría traducir literalmente del inglés por “tener arcadas”.

Basta poner la etiqueta en cualquier página de contenido erótico para que el buscador nos devuelva cientos de resultados en los que las náuseas están garantizadas hasta el punto de ver a la actriz al borde del llanto.

Pero lo que hay en realidad detrás de un vídeo de gagging, lo que tiene detrás, es una triquiñuela más de las películas pornográficas.

Una máscara de pestañas que no es resistente al agua que hace que termine la cara como si volvieras de fiesta a las cinco de la mañana para hacer aún más exagerado ese aspecto dramático de llanto desconsolado.

¿El gran peligro de esto? El mensaje que se transmite de dominación y maltrato. Trátala mal, aunque se queje. Mal hasta que se asfixie, hasta que llore, hasta que veas que no puede contener las lágrimas, hasta que se le corra el maquillaje. Porque eso es lo que has aprendido en el porno. Porque eso es lo que tan cachondo te ponía cuando te masturbabas, una mujer asfixiada sollozando.

Para evitarlo, Canadá me parece el mejor ejemplo ya que la Canada Border Services Agency vigila cada tres meses las películas que entran en el país de este estilo.

Entre las cosas que no pasan la criba están “sexo con dolor o violencia. Situaciones que envuelvan pegar, tener arcadas, asfixiarse, quemar o actividades que irriten zonas del cuerpo”. Tampoco tiene cabida la humillación con el objetivo de excitar sexualmente.

Sin embargo, y por mucho que me gustaría que tuviéramos algún tipo de regulación, por lo pronto lo único que podemos hacer es ser conscientes de la violencia que encierran estos vídeos, una violencia que se aprende y se pone en práctica pensando que es lo normal y lo sexualmente sano cuando nos encontramos ante un intercambio incómodo y desagradable para una de las partes.

Duquesa Doslabios.

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¿Es maltrato que te peguen en la cama?

(Debo de ser masoquista por querer dedicarle a esta reflexión mi primer tema de septiembre)

Te doy la bienvenida otra vez a mi espacio de sexo, amor, feminismo y muchos otros delirios que se me pasan por la cabeza. Pasa y acomódate. ¡Por cierto, cómo te ha pegado el sol!

Yo me he pasado el verano escribiendo. Si no lo sabías, ya te lo cuento yo. Aunque no he pisado mucho la playa, he tenido a las amigas bien a mano. Y fue precisamente en una de esas ocasiones cuando una de ellas salió con el tema.

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“Entonces, ¿pegar en la cama contaría como maltrato?”

Todas coincidimos en que en una relación saludable en la que la interacción física, si bien algo más dura, formaba parte “de la fantasía” no lo considerábamos como tal.

Hay una diferencia abismal entre nuestro comportamiento en la cama y fuera de ella. En la intimidad nos permitimos el lujo de dejarnos llevar por nuestro intento animal. Dejamos el raciocinio a un lado y que pase lo que tenga que pasar…

Pero hasta cierto punto, por supuesto. La cama gira en torno a lo que gira todo en esta vida: el consentimiento. Qué gran palabra, qué buen concepto. Pero claro, al ser tan grande parece que a algunas personas les cuesta entenderlo.

Voy al ejemplo fácil y rápido: Cincuenta sombras de Grey. El protagonista tenía el consentimiento a regañadientes, pero aunque más adelante su compañera empezaba a disfrutar, al principio experimentar el dolor no era algo que le hiciera gracia, por tanto ¿era maltrato?

¿Estaba ejerciendo violencia? Sí. ¿Ella había aceptado? Sí. Pero ¿ella realmente quería? Sí y no. Vale, quizás me he metido en un jardín muy complicado ya que bajo mi punto de vista la relación que mantienen Christian y Anastasia es bastante tóxica. Deja que recule y de paso te ofrezca un café para continuar nuestra charla.

El sexo es un mundo, y a cada persona le gustan cosas diferentes. De ahí que haya filias tan curiosas como la de excitarse viendo a gente durmiendo o que te produzca placer tocarle a tu novia los dedos de los pies.

Dentro de las apetencias hay una concreta, la de la violencia física, que se mueve entre el placer y el dolor. Hay personas a las que un golpe, cachete, tirón de pelo o pellizco en un momento concreto puede resultarle el desencadenante de un mayor grado de excitación, por lo que todo lo que suceda en la cama mientras le resulte placentero, estaría permitido y se consideraría parte del juego.

Hay incluso quienes de tanto disfrutarlo, terminan con arañazos o moratones. Puedes compartirlo o no, pero independientemente de ello, hay que respetar los gustos de cada persona.

Como en todo, la clave está, y perdona por repetirme, en el consentimiento. Así que ante la duda, pregunta, porque en este caso, es mucho mejor pedir permiso que perdón.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Feminista yo? Por supuesto. ¡Y viva FEMEN y el sextremismo!

Querid@s,

¿He oído feminista? Sí, lo soy. Por su puesto, creo que el que no lo sea es un reaccionario primate. Soy una defensora a ultranza del feminismo, lo contrario sería la muestra evidente de que el Hombre (como especie) no hace sino involucionar. Según reza la RAE, el feminismo es, ni más ni menos, ni menos ni más, que esa ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. Para mi siempre prevalecera sobre esa deleznable y asquerosa actitud de prepotencia de los varones respecto de los mujeres, mundialmente conocida como machismo puro y duro. Después de esta pequeña apostilla aclaratoria, pasemos al asunto que hoy nos ocupa.

Después de estar 4 días bloqueada, FEMEN está de vuelta en Facebook. La página de Femen España se establece de acuerdo a las normas comunitarias en Facebook: de acuerdo con la política del Sr. Zuckerberg de la que ya debatimos aquí, se muestran cuerpos sin contenido sexual o pornográfico. Como las chicas de FEMEN no quieren hacer daño a los sexistas sensibles, reinauguran temporada con una imagen con tetas de hombre. Estas si las aceptan. Manda huevos. De nuevo, ¿#micromachismo?

femen

Desde este blog feminista y antimachista, antisexista y que persigue la igualdad y la paz en el mundo, brindo todo mi apoyo a las chicas FEMEN, especialmente a aquellas que sufren brutal represión y hasta cárcel en países como Túnez o Marruecos. ¿Pero de qué estamos hablando? Pueden descubrirlo en este resumen de la traducción del texto de la fundadora de la organización, la rusa Inna Shevchenko, que se despacha bien a gusto sobre el establishment y su yugo.

En su blog de The Huffington Post, Inna Shevchenko, fundadora de FEMEN levanta ampollas: “Necesito confesaros a todos un terrible secreto sobre la civilización – la mujer no es un ser humano”. Incluso en el tercer milenio, en 2013, dice, el cuerpo femenino es negado, usado, vendido, abusado… se lo considera obsceno, sucio, culpable. El cuerpo de la mujer siempre es demasiado… otras veces no es suficiente, extremos que hemos acabado creyendo hasta las propias mujeres.

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Todo el mundo habla de él y todos nos indican cómo usarlo. “Por ello la mayor preocupación del feminismo moderno es cómo liberar el cuerpo de la mujer del secuestro al que está sometido por el sistema patriarcal y devolverlo a sus legítimas propietarias, las mujeres”, asegura. Nosotros debemos hacer y hacemos con nuestro cuerpo lo que nos da la gana, viene a insinuar. Y con ayuda de este cuerpo, ellas, las FEMEN, protestan, reivindican, intentan proteger los intereses de las mujeres en todo el mundo.

Así nacen, al unísono, como almas gemelas, el Sextremismo y FEMEN. Un movimiento activista, agresivo, pero sin violencia, provocador y provocativo, pero sin banalidades, con un mensaje que se grita alto y claro. Mensaje y medio (el cuerpo desnudo) sugieren escándalo, mujeres activistas en topless que con sus pechos defienden la igualdad social y sexual en el mundo.

Provocador sí, ¿y por qué no? 

El Sextremismo no sólo nos permite revolver las conciencias sobre algunos de los problemas más duros a los que se enfrentan las mujeres de hoy, sino también para descubrir el nivel de liberación (también sexual) de la mujer en cada país. El Sextremismo es insurgente contra el patriarcado al utilizar la sexualidad de la mujer como protesta política, utilizando las armas sexistas del patriarcado contra ellos mismo. Jugar con los códigos estereotipados es una forma de romper las nociones de dominación masculina sobre la naturaleza de la sexualidad femenina a favor de su elevada misión revolucionaria.

FEMEN quiere mostrar al mundo nueva interpretación del feminismo moderno, donde el desnudo se convierte en un instrumento activo para luchar contra las instituciones patriarcales, como la iglesia, la dictadura y la industria del sexo. “Ser FEMEN significa movilizar cada célula de tu cuerpo en una lucha implacable contra siglos de esclavitud de la mujer“.

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¿Quiénes son las sextremistas? 

Las FEMENistas son mujeres moral y espiritualmente en forma y cada día se involucran en acciones civiles con una alta dosis de dificultad y provocación. Inna las define como una demostración de superioridad intelectual, psicológica y física de las mujeres. La superioridad de alcanzar la igualdad, porque sí existen mujeres en muchos rincones, ciudades y países del mundo que son vejadas, maltratadas y violadas que todavía necesitan andar mucho camino para alcanzar finalmente la igualdad de sexos y la igualdad sexual.

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En FEMEN las mujeres se manifiestan y protestan ligeras de ropa, en topless, en países de todo el mundo. En los países democráticos les estrechan la mano, en estados totalitarios son golpeadas, secuestradas o encarceladas, incluso las amenazan con matarlas, no sin antes pasar un buen rato con ellas. A través de la belleza natural del desnudo femenino, FEMEN está examinando la verdad o la farsa de las democracias mundiales, una prueba de fuego para la democracia en todo el mundo. Así, inauguran una nueva ola de feminismo en el tercer milenio y cuenta con miles de seguidores en todo el mundo. Su símbolo- una corona de flores que adornan las cabezas de mujeres valientes de los cinco continentes.

“La magia del cuerpo cautiva, involucra y el coraje de la acción despierta el deseo de protesta. ¡Sal, descubre tus pechos y gana!”, grita Inna Shevchenko. Por si alguna se anima a unirse al batallón.

Tras su retorno a las redes sociales, se despiden como señoras.

Como todos somos libres para decidir qué páginas seguir, si nuestras imágenes les molestan, no nos importa, pero antes de informar de nuestras páginas, simplemente no nos visite. Las quejas y los ataques a nuestras páginas sólo hacen que nos demos cuenta del poder de nuestro mensaje y lo necesario que es para poner fin a la censura en el cuerpo de la mujer. ESTAMOS DE VUELTA.

Gracias FEMENistas, yo no lo habría dicho mejor.

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Al que no le guste, que no mire. Que follen mucho y mejor.