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Limpieza íntima con enemas o lavativas: ¿más problemas que beneficios?

¿Sabes cuando estás con una persona, vas a la puerta de atrás y, cuando sacas el juguete o apéndice que has introducido, hay sorpresa?

Lo más probable es que no, porque gracias a los enemas (que consiste en meter líquidos para hacer una limpieza interior de recto) cada vez es menos frecuente que eso suceda.

pareja ducha

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Y no me malinterpretes, yo soy muy escrupulosa: cuanta más higiene haya en cualquier aspecto de mi vida, más cómoda me siento.

Pero, ¿de verdad hace falta tanta cosa en el sexo? Y, sobre todo, ¿es bueno para nuestra salud?

Socialmente, cada vez avanzamos más y nos vamos liberando.

Tanto de vincularnos de una única manera -los modelos de relaciones más allá de la monogamia están a la orden del día-, como de vivir el sexo sin que sea un tabú.

Sin embargo más lo personalizamos por el camino, haciendo que pierda su propia esencia: la del placer físico crudo y en bruto.

Ya no vale solo con tener sexo oral, ahora tienes que usar el jabón genital con aroma de ‘flores salvajes’ o un lubricante de la fruta tropical de turno que ‘enmascare’ tu propio olor y sabor.

En la cama libramos la batalla contra la naturalidad.

Con el tema del sexo anal pasa lo mismo. El miedo de que pueda mancharse cualquier mínima cosa, nos aterra.

La pornografía es una de las grandes responsables de esto, ya que elimina por completo de escena todo lo que pueda ser normal en el cuerpo: vello, que se pueda escapar un pedo, y por supuesto, excrementos.

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Por eso se recurren a las lavativas, lo cual es mucho peor que prescindir de ellas.

«Las duchas se cargan la microbiota», me contaba hace unos días la sexóloga Esperanza Gil (@sexperanza en Instagram) acerca del uso de las peras.

Es un sistema tan agresivo que puede dañar la flora intestinal, lo que expone al organismo a ataques del exterior o hace que deje de asimilar ciertos nutrientes.

Lo suyo sería permitir que el cuerpo cumpliera su función natural manteniendo una vida sana con una dieta donde abunde la fibra, lo mejor si necesitas un buen tránsito intestinal.

Con las duchas vaginales pasa lo mismo, ya que la vagina está diseñada para limpiarse sola.

Tanto el agua como las fórmulas comercializadas para ‘limpiarla’ se cargan el pH, causando desde inflamación o sequedad a vaginosis bacteriana, y, por supuesto, la temida candidiasis.

¿Solución? Para aquellas personas que les pase como a mí, y sean aprensivas, el preservativo hace las veces de barrera como de aliado de la limpieza.

«Es higiénico y ayuda al deslizamiento», confirma la experta. Lo cual es perfecto lo usemos por donde lo usemos.

Además, el lubricante que suele llevar no daña la flora del cuerpo. Así que sabiendo eso, más vale que la próxima vez que optes por la pera, que sea la de fruta porque es rica en fibra.

Mara Mariño

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Que por detrás duela ‘no es normal’ pero sí ‘lo habitual’

Y es el momento de cambiarlo, o al menos ese es el objetivo con el que Esperanza Gil (@sexperanza en Instagram) empieza su taller ‘Sexo anal: del Au al Guau’ en Amantis.

La sexóloga, empieza haciéndonos reflexionar sobre la motivación que tenemos a la hora de practicarlo: si es curiosidad por la experiencia que nos ha contado alguien, queremos probar cosas nuevas, por si es algo que solo excita a nuestra pareja…

En definitiva, nos invita a analizar si realmente lo deseamos.

pareja sexo anal

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Supongo que la respuesta es afirmativa cuando todos los que nos encontramos en el taller hemos acudido sabiendo que iba a tratar de hacer de una experiencia que puede ser algo dolorosa, en muy placentera.

Como nos explica, no es ‘raro’ que nos produzca malestar cuando, generalmente, practicamos por primera vez con alguien más.

«Comenzamos en pareja cuando habría que comenzar por uno mismo», explica.

Pero, ¿cómo vamos a prestarle atención si es algo que brilla por su ausencia cuando se habla de masturbación o autoexploración, siempre más centrada en los genitales?

Erotizar nuestro ano es nuestra asignatura pendiente. Y no es fácil porque no hay muchas representaciones de él. Y las que hay no se aproximan a la realidad (como por ejemplo, el secreto a voces de que tiene pelo y en la pornografía lo eliminan).

Además, la relación que tenemos con él es más médica que sexual. Para hacerlo más erótico, Esperanza nos propone mirarlo en el momento, sacar una fotografía mental e incluso tocarnos mientras lo observamos -aquí la ayuda de un espejo es fundamental-.

Antes de empezar a hacer nada, hay que llegar a un punto de relajación muscular y mental, porque sino, como explica la sexóloga, «producimos cortisol, una hormona que hace que todo se tense y se cierre».

Evitarlo pasa por sentir que estamos haciendo algo que nos hace sentir seguridad y analizar qué nos haría tener esa sensación, como por ejemplo haber recopilado información sobre práctica, tener a mano toallitas, lubricante, saber que mi pareja conoce mis límites…

Si la comunicación es importante, en el sexo anal todavía más. Por eso durante la práctica hay que estar aún más pendiente del lenguaje verbal y no verbal: hay que ir comunicando si así bien, si mal, si hay que cambiar el ritmo o, directamente, parar.

«No es normal que haya dolor pero es habitual. Tendemos a normalizar el dolor, especialmente las mujeres», afirma la experta.

Aunque si duele deberíamos analizar por qué puede ser: si es una cuestión de que no ha habido tiempo, lo hemos probado en pareja y no a solas… Pero nunca ignorarlo, ya que es una señal del cuerpo.

Respecto al sangrado, algo que resulta muy habitual porque la mucosa es muy fina y tiene muchos capilares, es algo que tenemos que controlar.

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Porque si es abundante y persistente sí hay que ir al médico (aunque no te asustes por ver un pelín de sangre, ya sabes que es muy escandalosa).

Lo que Esperanza insiste en que grabemos a fuego es que la persona que lleva la voz cantante, o es activa, es la persona penetrada (y no al revés), ya que es quien marca el ritmo.

Y lo mejor es que, con el invento de los arneses sexuales para hacer pegging, cualquiera puede escoger ese rol.

Mara Mariño

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Sobre el ‘despiste’ de equivocarte de orificio durante la penetración

Hay momentos en los que, cuando tienes sexo con otra persona, te quedas pillada por alguna razón.

Puede ser la típica interrupción de repasar mentalmente dónde guardas los condones (la última vez los moviste para que tu gato dejara de jugar con ellos), pasar previamente por el baño para quitarte la copa o cuando notas que algo no está yendo como esperabas y no sabes cómo reaccionar.

La reflexión de hoy va de uno de esos casos.

mujer hombre cama

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Soy la primera consciente de que los genitales femeninos no son la estructura más fácil e intuitiva del mundo.

Me encantaría que resultaran tan mecánicos y fáciles de interpretar como un pene. Pero son más bien como la web de la Renfe.

O la conoces al dedillo porque la visitas a menudo o terminas sin saber dónde está cada cosa.

Tenemos pliegues, texturas, agujeros y todo está hacia abajo y muy cerca unas cosas de otras.

Es más, recuerdo que un amigo me contó que, lo que más les sorprendía a los hombres la primera vez que tienen, sexo era lo ‘abajo’ que está la vagina cuando se la esperan a la altura del pene, coronando nuestro pubis.

Así que soy bastante comprensiva cuando, como digo, un dedo, una lengua o cualquier otro apéndice, termina en el agujero que no esperaba: el ano.

Y es que a la hora de tener sexo con penetración con una persona, no parece necesario hablar para que quede claro que, el orificio en el que va a suceder la acción, es la vagina.

Por eso es muy habitual que, si por un casual notamos que la vagina queda atrás en el olvido y se va en la dirección equivocada, nos cerramos en banda y preguntamos si todo bien o si necesita ayuda con las indicaciones.

Sin embargo, ese error de dar con alguien que se ‘escurre’ o se equivoca, nos ha pasado si no a todas, a la mayoría. Como comento, teniendo en cuenta el diseño de nuestra anatomía, es algo bastante frecuente. 

Si recordamos que solemos tener sexo con la luz tenue (aunque yo recomiendo recrearse con las vistas), más todavía.

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Pero ¿qué hay de los casos en los que se usa como excusa para seguir adelante y conseguir una penetración por la otra vía?

Cuando eso nos sucede -porque solemos saber discernir cuando se trata de una confusión y no de algo intencionado- para nosotras es muy tenso y hasta preocupante.

Especialmente porque no se ha negociado previamente.

A diferencia de la vagina, que sí está preparada para la penetración, es una zona que necesita mucha más preparación y puede resultar, además de incómodo, muy doloroso.

Por eso creo que debe ser siempre puesto sobre la mesa antes de ponerlo en práctica.

Es más, precisamente como necesita un buen calentamiento y una charla previa (algo que en el porno nunca sucede y lleva a más de uno a pensar que en la vida real es así), hay quienes se refugian en que a nosotras nos puede dar demasiada vergüenza o quedar lo bastante asustadas como para que pidamos que se detenga la práctica.

Si quieres ahorrarnos la incomodidad, saca el tema primero.

Es tan fácil como «Oye, ¿te gustaría tener sexo anal?». Y por supuesto respetar la respuesta, ya sea afirmativa o negativa.

Porque aunque no lo hayamos hablado, si no queremos practicarlo, que lo hagas por error no te va a llevar a conseguirlo.

Es más, lo que vas a realizar es una práctica no consentida y se considera violación.

Mara Mariño

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‘El orgasmo producido por la estimulación directa de la próstata es mucho más placentero’

Son varias las ocasiones en las que he recibido mucha insistencia por practicar sexo anal (en mi ano, por supuesto).

Y, alguna que otra vez, le he propuesto al chico en cuestión probar también por el suyo y así experimentar juntos ese increíble placer que me vendía.

pareja sexo

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Sin embargo, su rechazo era tajante. Reaccionaba como si su ano fuera una especie de zona mística donde la entrada de cualquier artículo, o parte del cuerpo, fuera casi un sacrilegio hacia su persona.

Lo que era toda una sorpresa cuando, algo más tarde, aprendí que es precisamente por detrás por donde los hombres tienen un sinfín de terminaciones nerviosas que son vía directa al orgasmo (sin transbordo ni nada).

En el caso de las mujeres, el tema de los puntos es casi como un abecedario. Dime una letra y te diré con qué parte del cuerpo (supuestamente), vas a llegar al clímax.

Como dice Valérie Tasso, sexóloga y embajadora de Lelo.com, «aparecen puntos como champiñones. Que si el punto G, el U, el A, etc»

Hay tantos que, como ella misma sugiere, «cuando se acaben las letras, podemos hacer como las matrículas y poner números».

El de ellos, en cambio, es más sencillo, más directo y, aun con todo, menos conocido: el Punto P, que vendría a ser su equivalente.

Pero, ¿por qué esa zona en concreto con lo fácil que era llegar a los genitales? ¿Qué tiene el Punto P que da tanto placer, pero aun así cuesta tanto de disfrutar? La experta nos lo resuelve.

¿Qué se estimula exactamente?
La próstata, una glándula masculina ubicada en el interior de la zona pélvica bajo la vejiga y frente al recto y está entre unos 3 a 5 cm entrando por el ano. Su tamaño es similar al de una nuez y su forma anatómica recuerda a una castaña. Su función primordial es, como en las vías de los trenes, el ‘cambio de aguja’, decidir qué conducto de los que la atraviesan tiene preferencia de paso para la uretra; si el que permite al hombre orinar o el que permite expulsar el semen (prueben a que un hombre eyacule y haga pipí a la vez y verán a lo que me refiero…).

De ella depende también el que, con sus contracciones (que en este caso son orgásmicas), el semen se impulse hasta la uretra. Un buen suelo pélvico permite presionar a voluntad la próstata para mantener el control sobre la eyaculación. También cumple una función capital en la producción de líquido que contribuye, junto al esperma producido por los testículos (y que apenas es un 2% de lo eyaculado) y los otros fluidos seminales.

¿Por qué esa zona da placer?
Es el órgano que interviene primero en el orgasmo masculino. Y al estar recubierta de terminaciones nerviosas, la próstata proporciona sensaciones que van desde buenas a verdaderamente intensas cuando se la masajea o estimula. Cuando un hombre está a punto de tener un orgasmo, lo primero que ‘se pone en marcha’ es la próstata y, en cuestión de medio segundo, la eyección de semen. Es decir, los orgasmos de los hombres, aunque no lo sepan, se hacen en dos tiempos: 1) contracciones de la próstata y luego 2) eyaculación. La dificultad de notar estos dos tiempos es porque entre el momento 1 y el 2 existe muy poco tiempo. Y no son pocos los hombres que desconocen cómo funciona su proceso orgásmico.

¿Cómo estimularla?
La estimulación de la próstata se puede hacer de dos maneras posibles: o bien desde dentro entrando por el ano (con los dedos, o con un masajeador prostático o también directamente con sexo anal por parte de tu pareja) o bien presionando con los dedos o algún juguete erótico el periné (desde fuera) –el periné es aquella zona entre los testículos y el ano-.

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¿Cómo es el tipo de orgasmo que se puede alcanzar? ¿Es igual que el que se consigue mediante la estimulación del pene?
El orgasmo producido por la estimulación directa de la próstata es mucho más placentero e intenso que el que se consigue mediante la estimulación del pene. Y muchas veces, más rápida. Además, un hombre que sabe reconocer muy bien los dos tiempos que comentábamos más arriba puede bloquear la eyaculación (sin dejar de llegar al clímax. Es lo que solemos llamar ‘orgasmo seco’) con lo cual no necesita tiempo de recuperación porque no pierde ninguna energía (la famosa fase refractaria y de resolución), se recupera más fácilmente y es capaz de tener múltiples orgasmos.

Un hombre también puede tener un orgasmo estimulando la próstata y el pene al mismo tiempo o de manera sucesiva, ¡es la sensación más intensa de todas! Según estudios recientes, el 33% de los hombres afirman tener orgasmos más fuertes y prolongados cuando incorporan el masaje prostático.

¿A qué crees que se debe que muchos hombres heterosexuales se muestren reticentes a atreverse con las prácticas que implican su ano?
Por una serie de tópicos y creencias que, curiosamente, no existían en la Grecia clásica y la Roma Antigua (sí, hemos ido a peor…). Realmente todos estos tópicos se afianzan cuando se empieza, desde la Clínica, a acuñar una serie de prácticas sexuales ‘no reproductivas’ y a tratar a los sujetos sexuados bajo epígrafes de ‘desviados’, como fue el caso con las palabras ‘sodomita’, ‘homosexual’, etc. que no existían hasta que se hizo en el siglo XIX (Época victoriana) un decálogo de estas supuestas desviaciones.

Actualmente, todavía se asocia la estimulación de la próstata con el ser gay. O en el caso de hombres heterosexuales, se asocia con que han ‘cambiado’ de orientación. ¡Es absolutamente erróneo y ridículo! Otro cliché que existe es que si pruebas la estimulación prostática, ya no vas a querer practicar otras eróticas. ¡Estúpido! Además, todos y todas tenemos ano y recto. No tienen orientación sexual, entonces ¿por qué queremos atribuirles una?

¿Cómo conseguir que se familiaricen con esa zona y la vean como una fuente de placer?
La próstata, estimulada directamente o no, siempre interviene. Decir que algo no te gusta porque ‘dicen que…’ es tan estúpido como decir que un plato concreto no te gusta sin haberlo probado antes. Pueden empezar a experimentar poco a poco con probar el anilingus que es practicar sexo oral en el que entran en contacto el ano o el perineo de una persona y la boca o lengua de otra. Es muy placentero. E ir siguiendo con un dedo (de manera externa de momento).

En cuanto a la penetración, se debería practicar también con un dedo, de manera muy suave, con paciencia y solo cuando el hombre esté muy excitado. También está lo que llamamos el pegging. En parejas heteros, las mujeres se ponen un arnés y penetran a su pareja para estimularle la próstata de manera directa. Y no dejan de ser heteros… De todas formas, para que las cosas cambien de manera drástica, y siento mucho insistir nuevamente en ello, hace falta urgentemente una asignatura reglada de Educación Sexual.

¿Qué juguetes aconsejas para estimular esta zona?
Objetos de placer específicamente diseñados para esta zona, es decir que tengan un tope. No nos olvidemos que el ano y el recto suelen más bien expulsar y no al revés. Cuando se usa algún tipo de vibrador para esta parte, si no hay tope, automáticamente nuestro recto tendrá tendencia a “chupar” literalmente lo introducido. Así que este tope es imprescindible para evitar que el objeto introducido se quede dentro. Uno de los mejores masajeadores prostáticos de Lelo es HUGO, tanto para novatos como para hombres más experimentados porque estimula la próstata tanto por dentro como por fuera (a través del periné) gracias a su conformación y sus dos motores. LOKI Wave es otro best-seller de la marca. Lo recomendaría para hombres más experimentados, ya que la parte introductoria es más gruesa. Para los hombres que quieren algo más sencillo (pero no menos eficaz), Lelo acaba de desarrollar un masajeador prostático más fino llamado BILLY 2. Si bien todos ellos están recubiertos de una silicona biomédica, siempre recomiendo que se pongan a los juguetes un preservativo

Y si lo hacemos con los dedos, ¿recomiendas alguna técnica?
Para los novatos en penetración anal, recomiendo empezar por el dedo meñique. Es el más pequeño. Más que nada para no hacer daño y que el hombre se vaya acostumbrando a la introducción de los dedos. Lo ideal sería ir preparando poco a poco, posteriormente, esta zona de nuestra anatomía con algún plug-in muy pequeño (son dilatadores y hay de todos los tamaños). Pero solo si apetece. Y obviamente, usar un buen lubricante acuoso, como si no hubiera un mañana… Desde Lelo, tenemos uno de los mejores, nuestra llamada Hydratante Personal.

Mara Mariño

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Amiga, piérdele la vergüenza a hacérselo ‘por detrás’

Ayer en una entrevista, me preguntaban si el tema del sexo anal para los hombres seguía siendo tabú.

Y sí, es tabú para ellos, en primer lugar, pero también para nosotras, sus parejas.

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Hablándolo con amigas, hay más de una que, solo de pensar en acercarse ahí, le entran los sudores.

Que por un lado lo entiendo. Sabemos cuál es la función del esfínter y no es precisamente la más higiénica del mundo.

Pero por otro, a todas nos han metido un dedo en la vagina -sin lavarse las manos antes- después de que él ha ido en metro, ha estado tomando algo con los amigos o ha estado en el gimnasio.

Así que como muchas ni se plantean acercarse a esa parte de sus novios más que para darles un cachete, vengo a contar por qué hay que tirarse a la piscina del anal.

Lo primero es perderle el repelús. La higiene es tan sencilla como para que pase por el baño antes y se dé con agua y con jabón.

Pero, sobre todo, superar el estereotipo de que, si le gusta por detrás, es que puede que sea homosexual -cuando lo que hace eso es que le gusten los hombres y no recibir placer a través del ano-.

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El sexo va de liberarse, de sentirse a gusto en la piel y con los deseos que se nos cruzan por la cabeza (y por el culo).

Así que dejar los prejuicios fuera de la habitación nos acerca a la persona que tenemos enfrente.

Lo que hacemos en la cama -por delante, por detrás, por arriba, por abajo, a él o a nosotras- no es ni sucio ni algo de lo que sentir vergüenza.

Si empezamos con esos pensamientos, la asociación negativa corre de nuestra cuenta y vamos mal, de culo (el chiste estaba en bandeja).

Esta, como cada práctica, puedes llevarla a tu terreno. No tienes que usar un arnés con dildo realista para hacer pegging si no te ves con eso puesto.

Usa otro tipo de artículos si no estás preparada. Prueba con qué te sientes más cómoda: si con un dedo, un juguete, la boca…

Vívelo como que asumes un rol nuevo entre las sábanas, no como que estás haciendo una «tarea» porque a él le gusta (esa idea va a hacer que te dé mucha más pereza y lo hagas a disgusto).

Métete en el papel, aprovecha que mandas tú, domina la situación, pregunta si así está bien o si quiere más. Pero sobre todo, disfrútalo.

Puede excitarte visualmente, puedes pedirle que te toque o puedes aprovechar y añadir otro juguete a la ecuación. Hagas lo que hagas, tienes que pasártelo bien.

Porque perderle el miedo va también de ver la situación tal cual es: tú haciendo algo que hace que tu pareja se retuerza del gusto y descubriéndole de otra manera.

Cuando le observas desde distintos ángulos, le escuchas haciendo otros sonidos y se desbloquean nuevas expresiones faciales de placer, es un nuevo mundo.

Precisamente, por tratarse de algo que ponemos en práctica menos a menudo, y por hacerlo con alguien en quien confías (sabe que en cuanto diga para, vas a hacerlo), llegas a un nuevo nivel de intimidad  y disfrute con tu pareja.

Pero, ¿y si le hago daño? Bueno amiga, para eso está el lubricante.

Mara Mariño

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¿Qué hacer cuando hay un pequeño sangrado tras practicar sexo anal?

Cuando te planteas tener sexo anal, tienes que enfrentarte a dos verdades ineludibles.

La primera es que puede que en algún momento, veas una mancha marrón, la segunda, que veas sangre.

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Ni una ni otra tienen por qué aparecer siempre. Es más, hay quienes tienen el músculo del ano tan distendido que lo mismo pueden hacer fisting sin ningún tipo de miedo.

Pero para otras personas, los capilares que rodean el ano son tan sensibles que, incluso limpiándose con un poco más de fuerza, ya manchan el papel con sangre.

Conclusión: cada culo es un mundo.

Pero si formas parte del segundo grupo y te atreves a probar el sexo anal, incluso utilizando litros y litros de lubricante a base de agua, es probable que en algún momento sufras un sangrado menor posterior a la práctica.

Lo realmente importante es, una vez se ve la sangre, lavar la zona y practicar la abstinencia hasta que las pequeñas heridas se cierren.

El peligro que tienen los sangrados en esa parte del cuerpo es que corren el riesgo de infectarse por las bacterias.

Si el flujo continúa, porque no es solo de los vasos sanguíneos superficiales, hay que acudir al médico, puede ser una fisura anal o algo más serio (sobre todo notas dolor, hay sensación de hinchazón, náuseas o fiebre).

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También puede suceder que en el momento dejen de sangrar, pero que al día siguiente -previa visita al baño-, la sangre vuelva a hacer acto de presencia.

Repetimos estrategia. Se limpia muy bien comprobando que no queden restos, con agua y jabón, y se seca.

Otro consejo para hacer la recuperación más sencilla, y ayudar a que no vuelvan a sangrar las venas más finas en la próxima visita al baño, es tomar mucha fibra y beber agua de manera abundante.

Duquesa Doslabios.
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Y así fue como el anilingus dejó de darte vergüenza

Si me preguntas cuándo me quedé más cortada, la vez que me dijeron que querían comerme el culo o la que me pidieron que lo hiciera yo, diría que la primera.

Y es que, por mucho que te dediques a la limpieza de la zona, nunca las tienes todas contigo de que aquello esté como para recibir la visita de una lengua.

SAVAGE X FENTY

O al menos, eso es lo que siempre me ha echado para atrás.

Pero bueno, no hay problema. Con vergüenza ni se come ni se almuerza, que dice el refrán, así que me ha tocado perderla.

Al menos no tengo el estigma que aprieta a más de uno de que dejar que le coman el culo (y disfrutarlo) es algo poco masculino.

Que el placer anal es solo para disfrutar si eres homosexual, es otro mito del beso negro que toca desterrar en 2022.

Si todos tenemos culo, aprovechémoslo para pasarlo bien.

No quiero volver a ver en una reunión con amigos a los que bajan la mirada si pregunto que por qué no se dejan hacer un anilingus.

Hay quien puede sacar el tema de las bacterias, que por mucho que no se vean, pululan por la zona. Que entre eso o que hay pelo, es poco higiénico.

Vale que puedes depilarte los cuatro (o cuatrocientos) pelos o utilizar un enema si eso te tranquiliza, pero piensa que quien quiere bajar sabe a dónde está yendo de paseo. 

Con agua y jabón de por medio no necesitas montar un puesto de desinfección. También basta con no ir con la boca a cualquier sitio después de la cata anal.

Abrirte de piernas para poner tu culo en bandeja, no significa que des luz verde a que te la metan por detrás.

Una cosa no tiene por qué implicar la otra. Así que si es algo que te preocupa, háblalo antes de empezar.

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Y si por lo que sea te ha pillado un día con dolor de tripa, diarrea o simplemente estás hinchada de la regla y no te apetece jugártela a la ruleta rusa del gas, déjalo para otra ocasión y fuera.

Es una experiencia al límite entre el morbo y el pudor de sentirte expuesta.

Pero vale la pena desprenderse de todo por la oleada eléctrica que te recorre cuando dos manos abren las nalgas para franquearle la entrada a un lametazo.

Duquesa Doslabios.
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El tabú del placer anal y un corazón con tirita, lo que me dejo sobre sexo y amor en 2021

Con un sonriente selfie después de haber llorado en varios momentos de la noche. Así empezaba mi 2021.

Estaba afrontando la ruptura más complicada de mi vida con un pensamiento claro: no volvería a enamorarme, aquello había sido bastante.

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El mundo de la soltería no me sentó bien -nunca lo ha hecho, por otro lado-. Me abrí Tinder.

Me recordó lo frío que era todo, lo superficial de un swipe left y que ni un swipe right seguido del «Es un match» significaría que tendría química con la otra persona.

Me hicieron ghosting. Y breadscrumbing. Y benching.

Y todos los comportamientos que se te puedan ocurrir acabados en «ing» para una única cosa: tenerme en el banquillo con el mínimo esfuerzo.

Me quité Tinder.

2021 fue, de alguna manera, parecido a mi 2014 en el momento que identifiqué un patrón controlador por parte de alguien que pasó por mi vida brevemente.

Confirmé que todos los tóxicos empiezan de la misma forma y esquivé la bala. Lección aprendida, siguiente.

Este año me saqué de encima un montón de prejuicios. De los demás y de mí misma.

Probé cosas que nunca me habría imaginado haciendo. Y os escribí sobre ellas.

El placer anal pasó de ser un conocido, con el que me veía pocas veces al año, a una materia en la que me especialicé. Fui a un local de intercambio de parejas, saqué a paseo mi lado bisexual por una noche y tuve sexo en la calle.

Varias veces.

Me quité de encima todas esas tonterías que me encadenaban sobre mi cuerpo.

La depilación nunca me importó tan poco, estar más fuerte que la otra persona menos. Al igual que un kilo extra o si justo tenía el pelo sucio la noche que me coincidía acompañada.

Me acepté y sentí aceptada cuando llegó alguien que besó todos mis complejos. Y me dijo que le encantaban y quería repetir de comerme todos ellos.

En 2021 me abrí en Instagram más que nunca sobre mis juguetes sexuales, mis vivencias, recibí historias de mis seguidoras que me emocionaron, otras me hicieron llorar de rabia y deseé poder abrazar a quienes me las mandaban.

Decirles que no estaban solas, que viví eso mismo. Que van a superarlo. Que pueden con todo lo que puede con ellas.

Sin buscarlo, tuve sentimientos por dos personas al mismo tiempo. Iba dejando de querer a una mientras empezaba a querer a otra.

Me llevé una ostia de realidad. Mi corazón funcionaba por encima de sus posibilidades.

Eso no le impidió prenderse, volver a latir con fuerza, acelerarse haciendo caso omiso de mis miedos.

Todo por un par de ojos verdes (cuando nunca he sido de miradas claras).

He vuelto a reír a carcajadas, a sentirme especial, querida y deseada. A bailar acompañada. A responder al telefonillo con una sonrisa en la cara. A jugar, a viajar, a embarcarme en la locura que es confiar.

En 2021 me ha tocado la lotería sentimental.

Si ahora echo la vista atrás, y me pides que haga balance, te diría que ha sido un buen año.

Y que por pena que me dé que termine, creo en que la fortuna de coincidir con el amor en un partido de voley en la Barceloneta, solo acaba de empezar.

Duquesa Doslabios.
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Amiga, si quieres probar la doble penetración, ficha estos consejos

Hola mamá, bienvenida al artículo del que nunca quiero que hablemos en persona. Así que haremos lo siguiente, tú lo lees pero finges que nunca lo has hecho.

Saludos a mi progenitora aparte, te preguntarás por qué he tardado tanto en abordar este tema. Y la respuesta es muy sencilla: porque no estaba preparada.

Si ya tener un pene o un juguete se me antojaba bastante exigente a nivel de atención (y rendimiento), ni te cuento multiplicar la cifra por dos.

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Pero aquí me tienes, lista para contarte mi experiencia después del salir del paso muy (pero que muy) satisfecha.

Quiero empezar dejando claro que la doble penetración a la que me refiero es con un juguete y un pene, el trío demoniaco todavía no ha llegado a mi vida y prefiero escribirte de lo que sé.

¿Había pasado alguna vez por mi cabeza la idea de probar las sensaciones de tener mis dos orificios con el cartel de ‘Completo’? Sí. ¿La había llegado a ejecutar? No.

Es la historia de siempre, todo tiene su momento y en mi caso fue cuando sentí que tenía confianza con la otra persona como para ponerlo en práctica.

Hacerlo en casa, a tu aire, con todo el tiempo por delante es muy sencillo. Tanto que vas a querer repetir.

Empieza seleccionando el juguete. Si es un dildo, su destino será la vagina, si es un plug, bolas tailandesas o dildo anal, va por detrás. Aquí es importante que el diseño no interfiera con el otro agujero.

Por ejemplo, los juguetes con curvas o ángulos -que pueden llegar a cubrir el orificio-, son más complicados de usar al mismo tiempo.

Requieren que tengas que estar constantemente sujetándolos con la mano para que no se salgan (aquí habla la voz de la experiencia).

Empieza dedicándole un buen rato al calentamiento acompañándolo de lubricante. Mucho.

En serio, no escatimes en esto, es la diferencia entre gozarlo o que la experiencia sea un suplicio. Si se te acaba y tienes que pedirte un bote de 2 litros por Navidad hazlo, no te vas a arrepentir.

Con tu entrepierna más distendida y el clítoris al borde del shock eléctrico, es la hora de entrar en faena. ‘Faena’ eres tú, claro.

Mi consejo es que empieces por el ano, ya que suele llevar más tiempo. Una vez esté metido el juguete o el pene, puedes dedicarte a la vagina tranquilamente.

No te olvides de usar protección siempre que se trate de introducirte a alguien. El juguete, en cambio, puedes meterlo tal cual. Eso sí, asegúrate de que está limpio. No queremos sustos ni infecciones de repente.

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Ahora encuentra una buena postura que te sea cómoda. Puedes empezar tumbada bocarriba con las piernas flexionadas o a cuatro patas, para colocar los juguetes, y luego ir cambiando amoldándote a tu pareja.

Procura que el juguete que utilices se mantenga en su sitio o tenga algún tipo de vibración, para no tener que estar pendiente de moverlo.

Eso os dará más libertad de movimientos y conseguiréis centraros solo en el disfrute.

Nada de experimentar con los juguetes o el pene por el otro orificio. Tratándose del ano, todo lo que salga de ahí va a tener bacterias, así que evita los intercambios.

Con la doble penetración, mentalízate de que no va a ser todo color de rosa. Puede que salga marrón en algún momento.

Normalidad ante todo. Ambos sabéis cómo funciona un ano, ten papel higiénico cerca y listo.

Y para terminar, permítete un poco de after care sexual. Mimos, abrazos, una buena dosis de arrumacos hacen que te sientas el doble de conectada además del doble de penetrada.

Duquesa Doslabios.
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Cuidado con meterse objetos que no están diseñados para el ano

Cada vez tenemos la mente más abierta y nos atrevemos a experimentar en la cama.

Es algo que demuestra cualquier catálogo de series en streaming, el boom de tiendas eróticas o que ya podamos hablar del Satisfyer sin sonrojarnos.

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Otra evidencia de esto se encuentra en los hospitales. Nos sirve como ejemplo el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido, que llevó la cuenta de objetos atascados en el ano de sus pacientes.

Según el Daily Mail, la cantidad en 2020 duplicó todos los que habían tenido que extraer en la década anterior.

Así que sí, ya podemos decir que el sexo anal está dejando de ser tabú.

El problema es que en plenas ganas de experimentar, dé por introducirse lo primero que venga a la mano.

Ese es un error muy grave, ya que solo los juguetes anales están diseñados para usar en esa zona con seguridad.

Es más, tanto los plugs como los estimuladores de próstata vienen con un tope que siempre queda fuera del recto.

Ese apéndice que se usa para tirar, evita que se pierda el juguete por dentro del intestino grueso, lo que puede producir lesiones graves o incluso la muerte.

Más curiosa que el perfil de paciente que suele ir a urgencias con algo atascado (el 85% son hombres de 20 años o de 50), son los objetos que se usan.

Cepillos de dientes, latas de spray, juguetes infantiles y huevos son los más frecuentes. El problema viene porque esos objetos tan cotidianos e inocentes fuera del año, son un auténtico peligro.

Al quedarse atascados en el intestino pueden llegar a perforarlo. Esto significa que las bacterias puedan llegar a otras partes del cuerpo causando una infección.

Así que, mejor tomar nota de estos casos y usar solo para el sexo anal los artículos pensados para multiplicar el placer del ano sin riesgos.

Si todavía hay alguien que no se encuentra preparado para ir a una tienda erótica y pedir un juguete anal, no hay problema.

Las webs online son igual de efectivas y hacen un envío discreto, no tiene por qué enterarse nadie de la familia.

Duquesa Doslabios.
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