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Historias de amor, sexo y otros delirios

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“Orbitar”, la nueva tendencia para (no) ligar en las redes sociales

¿Te acuerdas de aquella persona que conociste hace poco? Sí, esa en la que estás pensando, ya sabes a quién me refiero.

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Teníais química, te encantaba su manera de echarse el pelo hacia atrás, su sonrisa, su estado de WhatsApp… Y de repente, desapareció de tu vida sin darte ningún tipo de explicación.

Sufriste “ghosting”, que es el nombre que se le da a este fenómeno de desvanecerse sin dar razones al respecto, lo que en español podríamos definir como “Ya no me interesas, pero como me da mazo palo decirte nada, mejor me marco una Cuerda Huida a lo Pokémon y si te he visto no me acuerdo”.

Del ghosting nos toca aprender que no siempre las relaciones son correspondidas (ojalá), pero que el rechazo forma parte de nuestra vida (aunque sea un rechazo así de cobarde) y debemos aceptarlo y vivir con ello.

Sin embargo, con las redes sociales, el ghosting ha evolucionado y ha dado lugar a una nueva manera de relacionarse (por llamarlo de alguna manera) que Anna Iovine, autora de Man Repeller, ha bautizado como “orbiting”.

Orbitar es la acción que realiza una persona sobre ti con la que, independientemente de vuestro pasado (solo amigos o salidos de una relación/noche de pasión/X), quieres tener algo más.

Pero por mucho que uno de los dos quiera dar el siguiente paso, la otra persona se muestra distante, sí, pero en órbita, ya que está al tanto de lo que acontece en tu vida gracias a las redes sociales.

En resumen: tienes en órbita a esa persona que nunca te manda un mensaje (no, ni aunque fuera el Armagedón) pero es la primera en ver las historias de Instagram o en darte “Me gusta” a una publicación.

Se dice que se la tiene orbitando porque, aunque la persona no está dispuesta a mantener algo contigo, quiere que sepas que en cierto punto tiene interés en ti. Y tú que pensabas que lo de Estados Unidos y la URSS era una Guerra Fría… Te doy la bienvenida al siglo XXI.

Lo de tener una persona que nos gusta en órbita se nos va de las manos cuando cambiamos el contenido que publicamos solo para comprobar si tenemos algún tipo de reacción por su parte al respecto.

“Entonces ¿qué hago? ¿Cómo huyo de la órbita?” Houston, no tenemos un problema. Es tan fácil como hacer clic en el botón “Bloquear” para que no vivas en la angustia constante de revisar tus redes a ver si te ha dejado un like.

“Pero, ¿y si de verdad un día quiere algo conmigo y yo le estoy cerrando la puerta definitivamente” Tesoro, quítate la venda que te has puesto y abre los ojos. Esa persona te mantiene con un “enganche” emocional de manera egoísta porque no es capaz de lanzarse por ti. Y tú te mereces a alguien que se tire a la piscina, incluso si con esa cabeza tuya se te ha olvidado poner el agua.

Si hay muchos peces en el mar, imagínate cuántos cuerpos celestes vas a encontrar en el espacio.

Duquesa Doslabios.

Por qué no creo en el “efecto goma elástica” masculino

Hace unos años, cuando era una tierna adolescente que no sabía nada de la vida ni del género masculino (ahora tampoco, pero disimulo estupendamente) leí un libro que prometía darme las respuestas que, por mi corta experiencia, desconocía: Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus.

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No recuerdo casi nada del libro pero sí que comentaba algo relativo al “efecto goma de pelo” en lo que a afectividad masculina se refería. Años más tarde, una amiga me comentó la historia de un ligue que volvió después de un tiempo sin dar señales y se me vino a la cabeza la teoría del libro.

Para explicarle la teoría correctamente le copié el texto que encontré en varias páginas web:  “Una banda elástica constituye una metáfora perfecta para comprender el ciclo de la intimidad masculina. Dicho ciclo constituye el acercamiento, el alejamiento y luego un nuevo acercamiento“.

La cosa es que después de contárselo, y de reflexionar al respecto, me pareció una tontería monumental. Solo podía pensar en que lo único que estaba haciendo el amigo John Gray, el autor del libro, era cubrirse las espaldas, las suyas y las de sus compañeros varones, para que las mujeres les demos libertad plena de desaparecer cuando les plazca y no pedirles ninguna explicación ni agobiarles al respecto por el efecto “goma elástica”.

Luego me puse a pensar en mi experiencia cuando he estado con hombres que realmente tenían interés por mí (incluyendo a mi querido marido, el buen duque) y nunca he vivido ese fenómeno tan paranormal para mí y tan cotidiano según Gray.

Cuando empezaba a nacer el cariño, la relación se intensificaba por parte de ambos. Nadie hacía bomba de humo, y ni se me pasa por la cabeza que si se desaparece, luego no se dé algún tipo de razón lógica por haberlo hecho. La sinceridad no es solo la base, sino el raíl del camino.

Pero en cambio lo he vivido en numerosas ocasiones con ligues que, de repente y sin venir a cuento, te escriben. Sin embargo no lo llamo “efecto goma de pelo”, lo llamo “Antes no me interesabas pero ahora que vuelvo a estar libre estoy tirando de agenda, me he encontrado con tu número y voy a volver a probar contigo por lo que pueda pasar”.

Claro, como teoría no queda tan bonita ni tan poética como la del libro, pero, como mujer (de la tierra, no de Venus) os aseguro que es una explicación mucho más realista.

Duquesa Doslabios.

“Tampoco eres tan guapa”

Dos cervezas, tres, cuatro… Una conversación que se hilvana con otra hasta que, de tener los móviles bocabajo, os piden que salgáis del bar, que van a cerrar, que ya no son horas y que si quieres seguir de charla mañana es otro día.

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Él te acompaña a casa y por un motivo o por otro, eso al final es lo de menos, no hay beso. Subes a casa con la sensación de que la velada ha estado bien, divertida y refrescante a partes iguales. Has pasado un buen rato pero te falta eso, la química, la magia, el je ne seis quoi, la atracción, lo que hace que cada vez que te encuentras con alguien que lleva su colonia, se te acelere el pulso.

Y piensas que ojalá te gustara, porque es divertido, tiene conversación, sentido del humor irreverente (como el tuyo) y una extraña afición a regañar a la gente que se pone a hablar en el cine. Pero si no hay química no hay tu tía. El corazón entiende a razones que hacen que la razón se exaspere por completo y tire la toalla pensando “Me mudo a otro cerebro”.

Te escribe tierno, hasta un poco romántico queriendo saber si habrá una segunda cita. Con tacto, mimo y todo el cariño del mundo, procuras no pisar su seguridad en una conversación que para algunos se convierte en minas antiautoestima. Le dices que podéis quedar como amigos, ya que, muy a tu pesar no has sentido atracción por él pese a lo bien que te lo has pasado. Un perfecto sandwich de cumplidos.

“Ok”, te contesta seco. “Me da igual. Tampoco eres tan guapa“.

Y vale que no eres la Marilyn Monroe de Bilbao, ni tan guapa como te insiste tu abuela, pero ¿de verdad hay necesidad de que te ataquen directamente la autoestima cuando tú has intentado ser lo más delicada posible?

Mi sorpresa es que este tipo de respuestas (que no sé si llamarlo “respuesta” o bautizarlo directamente como “ataque”) abundan hoy en día en las relaciones personales:

(Y esto son solo los últimos tuits que he encontrado buscando en Twitter “Tampoco eres tan guapa”.)

Es curioso que, cuando he vivido experiencias del estilo o que amigas cercanas las han compartido conmigo, se ha dado el caso de que siempre hemos y han sido las receptoras del ataque.

Y creedme, si personalmente me hubiera prestado a este juego, bien podría haberle dicho a más de uno que se ha portado mal conmigo: “Tampoco la tienes tan grande” “Tampoco estás tan fuerte” o “Tampoco eres tan bueno en la cama que no encontrarías el clítoris ni aunque estudiaras un grado del tema”. La diferencia es que nunca me he sentido con la libertad de espetarle a nadie un comentario que pueda resultarle dañino.

Supongo que esto reside en la personalidad de cada uno. En que el ego del que muestra interés, que, en vez de encajar con madurez el rechazo, se queda con lo dolido de la respuesta, no encuentra otra salida que no sea la de responder con el berrinche propio de un niño de siete años sabiendo que, con su contestación, está tirando a dar.

Estés en el lado que estés, si, por lo que sea, te encuentras con un descarte del estilo, tómatelo con pragmatismo y recuerda que, en el caso de que recurras al “Tampoco eres tan guapa” solo estás haciendo gala de tu inmadurez (lo que, encima, le da más razón a la otra persona).

Y si por casualidad, has recibido la frasecita recientemente, da gracias de que has tomado la decisión correcta, porque esa persona que se retrata sola con semejante comportamiento, no merece ocupar más tiempo en tu vida.

Duquesa Doslabios.

Analizando al ‘gatomuerto’: el nuevo tipo de hombre

Hoy voy a romper un poco con el espíritu romántico característico de la jornada para poner sobre la mesa una cuestión social que nos tiene tanto a mi círculo de amigas como a mí muy intrigadas.

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De un tiempo a esta parte se da un tipo de comportamiento dentro del género masculino que nunca se había conocido antes.

Llegas a la discoteca o pub de turno y al cabo de un rato te encuentras con un hombre atractivo con el que entablas conversación. No es de esa clase de charlas a voz en grito en la que se cruzan cuatro palabras antes de ir directamente a ocupar la lengua con otros menesteres, no.

Es una conversación completa, digna de tertulia modernista, de casi horas, de debate, descubrimiento de mismos intereses, de averiguar que el susodicho también veranea con sus padres en Cartagena, de, sorprendentemente, ver que a ambos os une la pasión por el cultivo de los bonsáis enanos.

Y después de aquella conversación en la que mentalmente ya te imaginas yendo a un altar rodeado de bonsáis enanos (por aquello de vuestra primera cháchara), te pide el número de teléfono, algo que le das de mil amores y casi terminando cada cifra con el emoticono de corazón.

Al día siguiente esperas feliz como una perdiz su llamada. Porque claro, ¿cómo no te iba a llamar? Como si fuera a encontrar tantas aficionadas de los árboles enanos que se toma las cervezas en ese bar del Ensanche. Pero pasa el día, pasa otro y nunca recibes ni llamada, ni WhatsApp ni nada. Es como si hubiera surgido de tu imaginación.

Pero no desesperes. Simplemente te has topado con un ‘gatomuerto’ en tu camino.

El ‘gatomuerto’ (nombre inventado por un conocido al que le pregunté por este fenómeno) es un varón de cualquier edad que, pese a encontrar a su interlocutora de interés (incluso se conocen casos en los que hubo intercambio de besos), a la hora de retomar el contacto, no da el paso.

Es gato, ya que reconoce la noche como su territorio, sabe cómo moverse y se anima a jugar con otras gatas, pero luego desaparece. Es la personificación del gato de Schrödinger, porque está vivo y muerto al mismo tiempo.

El fenómeno del ‘gatomuerto’ se puede evitar tan fácilmente como tomando tú la iniciativa. Aunque bien es cierto que si una vez establecida la conversación sigue sin querer mantenerla, tampoco debes forzarla (respeta siempre).

¿Es el ‘gatomuerto’ el nuevo rey de las calabazas? ¿Qué crees que se esconde tras su comportamiento? A ver si entre todos logramos conocerle en profundidad y aprender a interaccionar con él.

Duquesa Doslabios.

Las 10 tradiciones pasadas de moda que deberían volver en las citas

Como melancólica amante de lo vintage hay una serie de normas que deberíamos recuperar de las citas que podían tener nuestros abuelos y que, con el tiempo, se han perdido (aplicándolas a la manera que tenemos ahora de pensar respecto a relaciones y géneros, claro).

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Antes, las citas no eran tan impersonales sino que la interacción era mucho más directa de la que vivimos actualmente. No había Whatsapp, Facebook, Twitter ni manera de enterarte de los gustos de la otra persona que no fuera hablando, hablando y hablando.

  1. Llamar por teléfono: y dejarse de teclear. La comunicación a través de la pantalla hace que se pierdan muchos matices, algo que pasa en menor medida si escuchamos la voz.
  2. Vestirse bien: damos por hecho que con vaqueros y zapatillas podemos ir a cualquier lado cuando cuidar los aspectos de la vestimenta demuestra que le damos importancia a la situación.
  3. Llevar flores independientemente del género. Y si no le gustan las flores porque las considera bonitas pero inútiles (como es mi caso) tener otro tipo de detalles como un aguacate o cualquier cosa que se corresponda a sus gustos.
  4. Recogerle en casa también independientemente del género, especialmente si uno de los dos tiene coche y el otro no. Puede parecer algo nimio pero es un detalle que nos hace quedar maravillosamente y no cuesta nada.
  5. Sentarse a cenar en vez de quedar “a tomar algo” así como hacerle saber que estáis en una cita.
  6. Mantener el teléfono fuera de la mesa. Además de que es algo de muy mala educación se utilice con quien se utilice, en una cita el efecto es todavía mucho peor.
  7. Concretar: ni todo vale, ni todo es etéreo. Hoy en día parece que nos asusta llamar a las cosas por su nombre y dejamos abierto el paréntesis para no cerrarnos, pero es importante cerciorarse del punto en el que se está para que nadie se haga daño.
  8. Pequeños gestos de cortesía como ceder el paso, abrir una puerta, colgar un abrigo o pagar la cuenta que también puedes realizar independientemente del género. Recuerda que la buena educación no entiende de sexos, la galantería, ahora, tampoco.
  9. Escribir a mano una nota, una tarjeta o una carta, puede ser con una frase tuya o sacada de Internet si te cuesta encontrar la inspiración, pero esos obsequios son los tesoros favoritos de los que pecamos de románticos.
  10. Presentar a la persona, no ya solo a la familia, que cada vez vive más al margen de nuestras relaciones, también en el caso de que nos encontremos a alguien. No hacerlo es muy maleducado por nuestra parte.

Duquesa Doslabios.