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Historias de amor, sexo y otros delirios

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Motivos para hacer el ‘pretzel’ con tu pareja (y no me refiero a la receta)

Has alcanzado un nuevo nivel de curiosidad entre las sábanas cuando te metes a Internet en busca de posturas que consigan darte sensaciones nuevas.

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Ese fue mi caso cuando descubrí el ‘pretzel, y no, no es el famoso pan alemán al pretzel que me refiero, sino al que puedes hacer en compañía fuera de la cocina (o dentro, vaya, que eso ya es cosa tuya).

El pretzel forma parte de las posturas que parecen complicadas y dignas de una película erótica pero que luego en realidad puedes imitar en casa.

Por lo visto hay dos maneras de realizarlo. Por un lado está el pretzel para las personas que quieran respetar el kamasutra, el clásico que consiste en que la mujer se tumbe medio de lado y pase una pierna por encima de su pareja que está de rodillas enfrente.

Sin embargo si pones pretzel en el buscador de una página de pornografía, la postura que sale consiste en que la mujer se coloque boca arriba y se doble sobre sí misma echando las piernas hacia atrás y sujetándolas con los brazos. Como si quisieras hacer la posición fetal pero al revés. Y os hago saber que de las dos variantes, esta última es mi favorita.

Independientemente de cuál quieras probar, ambas comparten cinco razones por las que el pretzel se debería convertir en tu próximo movimiento estrella para sorprender a tu pareja:

  1. Porque la penetración es profunda: si lo tuyo es el contacto, con esta postura consigues llegar hasta el fondo.
  2. Porque produce sensaciones intensas por el rozamiento de la postura.
  3. Porque es cómoda para ambos: no requiere cargar peso ni estar colocado de manera extraña
  4. Porque no necesitas ser flexible como una yogui: tu pareja puede sujetarte las piernas
  5. Porque te miras a los ojos: que lo sexual no quite lo romántico en el caso de que quieras hacerlo con sentimiento.

No la meto en el ranking porque solo favorece a uno de los dos miembros, pero es también ideal para poder alcanzarte el clítoris (y todas sabemos en qué se traduce eso, en un billete directo a Villaorgasmo sin paradas).

Ahora solo te queda probarla. Y, por supuesto, contármelo en los comentarios.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

¿Conoces el beso de Singapur, el único que se da sin los labios?

Inmersa en mi última lectura, que coincide que pertenece a uno de mis compañeros blogueros del diario, Ya está el listo que todo lo sabe de SEXO (autor del que muy pronto os traeré entrevista) encontré de pasada “El beso de Singapur” o también llamado “pompoir”.

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Así como conocía (y bien) todos los que habían aparecido hasta el momento como el beso francés o el beso griego, el de connotaciones asiáticas me pilló por sorpresa.

Como describe Alfred López, es una práctica que se realiza utilizando los músculos de la vagina sobre el glande ejecutando unas contracciones que dan placer y llevan al orgasmo (si se realiza bien, claro).

Pero ¿cómo podemos practicar para hacerlo? Exactamente igual que cuando nos ponemos un tutorial de hacer ejercicio en casa 20 minutos.

Por lo visto la rutina es la misma que la de mantener el suelo pélvico en forma. Los ejercicios de Kegel (contracciones controladas) y el posterior uso de bolas chinas para controlar la contracción son todo lo que debemos dominar para convertirnos en expertas.

Es decir, la contracción y relajación de los músculos circunvaginales con la idea de crear un efecto de succión como el que realizamos al hacer sexo oral.

A la hora de aplicar la teoría a la práctica, lo más recomendable es que la mujer esté colocada encima y que mantenga la cadera quieta en una postura en la que se encuentre cómoda y pueda concentrarse en el movimiento.

Perfecto no ya solo para sorprender a nuestra pareja sino para añadir algo nuevo a la cama y, ya de paso, mantener nuestros músculos de la zona siempre en forma (algo que agradecemos sobre todo después de los partos).

¿Le damos al pompoir?

Duquesa Doslabios

Posiciones para cuando te puede el cansancio (pero aún así estás caliente)

Típico día de diario por la noche, ambos estáis hechos fosfatina y solo queréis tiraros en la cama a dormir.

Pero con el ojo a medio cerrar empiezas ver a tu pareja desnudándose y como no eres de piedra (aunque te pese el cuerpo una tonelada por el cansancio), te entran las ganas. Para esos casos puedes optar por posturas en las que no tengas que moverte mucho. ¿Cuáles? Aquí tienes algunas ideas:

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Cucharita: gírate hacia uno de tus costados, pegaos el uno contra el otro y aprovecha una de las posturas para vagos por excelencia. Lo único que tenéis que hacer es darle un poco de movimiento y listo.

Misionero: ¿es necesario que la explique? Perfecta para las mujeres que no quieren mover un músculo, aunque procura interactuar con tu pareja y no quedarte despatarrada haciendo la estrellita de mar. El sexo es una cosa de dos.

-Cara a cara: Cambia el turno. Es el momento de que él se tumbe. Aprovecha para colocarte encima con todo tu cuerpo cubriéndole y repta levemente sobre él de delante hacia detrás.

Siéntate encima: la clásica postura perfecta para cuando estáis en el sofá y os ponéis tontorrones. Aprovecha que él está contra el respaldo y bien colocado para utilizarle como punto de apoyo. Seguir viendo la película es ya elección vuestra

-69 lateral, mucho más cómodo que el arácnido. Gira unos 90 grados la postura que tanto conoces. Evita que uno de los dos esté tumbado mientras el otro tiene que aguantar su peso. Se realiza apoyados sobre los costados como un 69 convencional.

Y, si conoces otras posturas que sean ideales para cuando la vaguería alcanza sus máximos niveles, te animo a compartir tus ideas en la caja de comentarios y a seguirme en las redes sociales (mi Facebook y Twitter) para estar al tanto de más posts como este para cuando andes con pocas ideas.

Duquesa Doslabios.

Experimentando con el 69 vertical

La realidad nunca es tan bonita como nos la presentan.

La hamburguesa del McDonald’s no cumple las expectativas que prometen los carteles, la calle no es más glamurosa por ir conduciendo el coche que tanto te encantaba cuando veías el anuncio y el kamasutra no es tan factible como parece.

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El amargo sabor de la realidad sexual se lo achaco a un vídeo de Nacho Vidal. El actor aparecía realizando un 69 vertical. Vertical: con todas sus letras, sus dos pies en el suelo y una chica cabeza abajo.

Inmediatamente mandé el enlace del vídeo a mi compañero: “Minuto 3:48, tenemos que probar esto”.

La postura, pese a intrigarme, no me parecía especialmente complicada de primeras. Ambos somos de buen fondo en cuanto a cama se refiere.

“¿Cómo hacemos?” Pregunté confusa a la hora de colocarnos. El primer paso es que él empiece sentado en el borde de la cama. Se colocó mis piernas sobre los hombros y yo me aferré a su cintura con más fuerza que Tarzán a una liana (¿quién inventa estas posturas?).

Tras ponerse de pie sujetándonos el uno al otro por la cintura, y comprobando que no me caía de cabeza y me arriesgaba a romperme la crisma, procedimos a ejercer el 69.

Ah… 69 vertical, tan fácil que pareces y tan complicado que eres. Al segundo de estar cabeza abajo fue como si toda la sangre de mi cuerpo se hubiera puesto de acuerdo para organizar la fiesta del latido punzante en mi cráneo.

Pese a que intenté armarme de fuerza, valor, aire y llamar a la acróbata sexual que hay en mí, no hubo manera y terminé tirando la toalla y casi tirándome al suelo agradeciendo que la gravedad volviera estar a mi favor y no en mi contra.

No sé si es algo que, como el yoga, se pueda trabajar con entreno y fuerza de voluntad o es que no estoy hecha para salir del plano horizontal. Quedo a la espera de segundas opiniones: las vuestras.

Duquesa Doslabios.