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Amiga, piérdele la vergüenza a hacérselo ‘por detrás’

Ayer en una entrevista, me preguntaban si el tema del sexo anal para los hombres seguía siendo tabú.

Y sí, es tabú para ellos, en primer lugar, pero también para nosotras, sus parejas.

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Hablándolo con amigas, hay más de una que, solo de pensar en acercarse ahí, le entran los sudores.

Que por un lado lo entiendo. Sabemos cuál es la función del esfínter y no es precisamente la más higiénica del mundo.

Pero por otro, a todas nos han metido un dedo en la vagina -sin lavarse las manos antes- después de que él ha ido en metro, ha estado tomando algo con los amigos o ha estado en el gimnasio.

Así que como muchas ni se plantean acercarse a esa parte de sus novios más que para darles un cachete, vengo a contar por qué hay que tirarse a la piscina del anal.

Lo primero es perderle el repelús. La higiene es tan sencilla como para que pase por el baño antes y se dé con agua y con jabón.

Pero, sobre todo, superar el estereotipo de que, si le gusta por detrás, es que puede que sea homosexual -cuando lo que hace eso es que le gusten los hombres y no recibir placer a través del ano-.

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El sexo va de liberarse, de sentirse a gusto en la piel y con los deseos que se nos cruzan por la cabeza (y por el culo).

Así que dejar los prejuicios fuera de la habitación nos acerca a la persona que tenemos enfrente.

Lo que hacemos en la cama -por delante, por detrás, por arriba, por abajo, a él o a nosotras- no es ni sucio ni algo de lo que sentir vergüenza.

Si empezamos con esos pensamientos, la asociación negativa corre de nuestra cuenta y vamos mal, de culo (el chiste estaba en bandeja).

Esta, como cada práctica, puedes llevarla a tu terreno. No tienes que usar un arnés con dildo realista para hacer pegging si no te ves con eso puesto.

Usa otro tipo de artículos si no estás preparada. Prueba con qué te sientes más cómoda: si con un dedo, un juguete, la boca…

Vívelo como que asumes un rol nuevo entre las sábanas, no como que estás haciendo una «tarea» porque a él le gusta (esa idea va a hacer que te dé mucha más pereza y lo hagas a disgusto).

Métete en el papel, aprovecha que mandas tú, domina la situación, pregunta si así está bien o si quiere más. Pero sobre todo, disfrútalo.

Puede excitarte visualmente, puedes pedirle que te toque o puedes aprovechar y añadir otro juguete a la ecuación. Hagas lo que hagas, tienes que pasártelo bien.

Porque perderle el miedo va también de ver la situación tal cual es: tú haciendo algo que hace que tu pareja se retuerza del gusto y descubriéndole de otra manera.

Cuando le observas desde distintos ángulos, le escuchas haciendo otros sonidos y se desbloquean nuevas expresiones faciales de placer, es un nuevo mundo.

Precisamente, por tratarse de algo que ponemos en práctica menos a menudo, y por hacerlo con alguien en quien confías (sabe que en cuanto diga para, vas a hacerlo), llegas a un nuevo nivel de intimidad  y disfrute con tu pareja.

Pero, ¿y si le hago daño? Bueno amiga, para eso está el lubricante.

Mara Mariño

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¿Qué hacer cuando hay un pequeño sangrado tras practicar sexo anal?

Cuando te planteas tener sexo anal, tienes que enfrentarte a dos verdades ineludibles.

La primera es que puede que en algún momento, veas una mancha marrón, la segunda, que veas sangre.

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Ni una ni otra tienen por qué aparecer siempre. Es más, hay quienes tienen el músculo del ano tan distendido que lo mismo pueden hacer fisting sin ningún tipo de miedo.

Pero para otras personas, los capilares que rodean el ano son tan sensibles que, incluso limpiándose con un poco más de fuerza, ya manchan el papel con sangre.

Conclusión: cada culo es un mundo.

Pero si formas parte del segundo grupo y te atreves a probar el sexo anal, incluso utilizando litros y litros de lubricante a base de agua, es probable que en algún momento sufras un sangrado menor posterior a la práctica.

Lo realmente importante es, una vez se ve la sangre, lavar la zona y practicar la abstinencia hasta que las pequeñas heridas se cierren.

El peligro que tienen los sangrados en esa parte del cuerpo es que corren el riesgo de infectarse por las bacterias.

Si el flujo continúa, porque no es solo de los vasos sanguíneos superficiales, hay que acudir al médico, puede ser una fisura anal o algo más serio (sobre todo notas dolor, hay sensación de hinchazón, náuseas o fiebre).

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También puede suceder que en el momento dejen de sangrar, pero que al día siguiente -previa visita al baño-, la sangre vuelva a hacer acto de presencia.

Repetimos estrategia. Se limpia muy bien comprobando que no queden restos, con agua y jabón, y se seca.

Otro consejo para hacer la recuperación más sencilla, y ayudar a que no vuelvan a sangrar las venas más finas en la próxima visita al baño, es tomar mucha fibra y beber agua de manera abundante.

Duquesa Doslabios.
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Cuidado con meterse objetos que no están diseñados para el ano

Cada vez tenemos la mente más abierta y nos atrevemos a experimentar en la cama.

Es algo que demuestra cualquier catálogo de series en streaming, el boom de tiendas eróticas o que ya podamos hablar del Satisfyer sin sonrojarnos.

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Otra evidencia de esto se encuentra en los hospitales. Nos sirve como ejemplo el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido, que llevó la cuenta de objetos atascados en el ano de sus pacientes.

Según el Daily Mail, la cantidad en 2020 duplicó todos los que habían tenido que extraer en la década anterior.

Así que sí, ya podemos decir que el sexo anal está dejando de ser tabú.

El problema es que en plenas ganas de experimentar, dé por introducirse lo primero que venga a la mano.

Ese es un error muy grave, ya que solo los juguetes anales están diseñados para usar en esa zona con seguridad.

Es más, tanto los plugs como los estimuladores de próstata vienen con un tope que siempre queda fuera del recto.

Ese apéndice que se usa para tirar, evita que se pierda el juguete por dentro del intestino grueso, lo que puede producir lesiones graves o incluso la muerte.

Más curiosa que el perfil de paciente que suele ir a urgencias con algo atascado (el 85% son hombres de 20 años o de 50), son los objetos que se usan.

Cepillos de dientes, latas de spray, juguetes infantiles y huevos son los más frecuentes. El problema viene porque esos objetos tan cotidianos e inocentes fuera del año, son un auténtico peligro.

Al quedarse atascados en el intestino pueden llegar a perforarlo. Esto significa que las bacterias puedan llegar a otras partes del cuerpo causando una infección.

Así que, mejor tomar nota de estos casos y usar solo para el sexo anal los artículos pensados para multiplicar el placer del ano sin riesgos.

Si todavía hay alguien que no se encuentra preparado para ir a una tienda erótica y pedir un juguete anal, no hay problema.

Las webs online son igual de efectivas y hacen un envío discreto, no tiene por qué enterarse nadie de la familia.

Duquesa Doslabios.
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Placer para él: cómo encontrar su Punto P, la zona erógena masculina escondida

Mi despertar sexual tuvo dos momentos. El primero cuando descubrí que tenía algo entre las piernas que servía mucho más que para hacer pis.

El segundo cuando aprendí a utilizar mi propio clítoris.

En el caso de los hombres, es algo parecido. Hablar de las pajas desde pequeños es algo casi tan normal como comentar de qué tocaba el bocata ese día.

Pero no es hasta que se da con el punto P que se descubre un nuevo mundo de sensaciones.

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El punto P es como ir a tu supermercado del barrio, es fácil de encontrar si sabes a dónde hay que ir.

Pero si no es tu caso, deja que te acompañe en este camino de descubrimiento.

Para no ponerme intensa con la biología, basta con saber que ese lugar se encuentra en la próstata, justo debajo de la vejiga.

Y si la presionas, además de ganas de hacer pis, produce un placer estelar.

Un desencadenante de miradas perdidas, boca entreabierta y respiración jadeante.

Puedes llegar por dos vías. La primera que te aconsejo es la superficial, a modo de aproximación y preparando el terreno.

Vete al punto final de los testículos. Allí verás que, hasta llegar al ano, encuentras una zona virgen (virgen por decir algo, suele estar con bastante pelo) que puedes acariciar con los dedos o recorrer con los labios.

Masajea suavemente e intercala haciendo más fuerza aprovechándote de la versatilidad de la lengua.

¿Lo tienes? Segundo paso: intenta tener un lubricante a mano -puede apañarte la saliva, pero se seca antes-, e introduce un dedo por el ano.

No necesitas ni llegar a lo más profundo de su ser ni meter los 5 dedos, un pie o el cuello de una botella.

Ve con uno y, en cuanto esté introducido, presiona hacia arriba. Como si quisieras tocarle el ombligo desde dentro.

Ese bulto que notas (lo encuentras muy a mano, está a 5 cms de distancia de la entrada) es la próstata.

Ahora te toca a ti escucharle, analizar sus movimientos y descubrir qué le produce más gusto.

Si ir con suavidad, recorrerlo por encima o presionar con algo más de fuerza.

Como última recomendación, no te olvides de su pene. Puedes masajearlo al mismo tiempo de arriba a abajo o dedicarle atención con la boca mientras te encargas de meter el dedo.

Si de primeras te parece más complicado que aprender a conducir, por la cantidad de cosas que tienes que tener en cuenta, sugiérele que se toque mientras tú te dedicas a la espeleología.

Una vez te veas con mayor seguridad prueba a ejercer el multitasking y darle a todo. Eso sí, siempre con las uñas cortas y las manos limpias.

Duquesa Doslabios.

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Y si no sabes qué tocarle, tócale el culo

Queman las manos que recorren de arriba a abajo el cuerpo como si fuera una pista de carreras. Trazan la topografía de la piel y se cuelan por los recovecos.

Por cada uno de ellos.

Hace poco, con una amiga, hablaba de ese algo que todos tenemos en común. Todos tenemos ano.

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El culo es algo de lo que disfrutar independientemente de nuestro género u orientación sexual.

Y solo nos queda incluirlo en la lista de paradas vía contacto de las yemas de los dedos.

Tú eliges si lo quieres de preliminar, a modo de entrante de lo que está por llegar, o como plato principal. ¿Por qué no disfrutar del estímulo de esa zona como protagonista?

Llévate la sorpresa de que gozar el sexo anal no siempre es introducir algo por el orificio (que por cierto, si no sabes qué complicaciones se pueden dar, te lo conté aquí el otro día).

Porque lo cierto es que sexo es todo lo que engloba una práctica sexual, termine o no en penetración.

Así que si echamos las cuentas y sumamos dedos con el verbo tocar, estimular el ano cuenta también como sexo anal.

Si eres de cerrarte a cal y canto en cuanto notas algo un poco cerca, no te preocupes, puede pasar. El pudor, los estereotipos… Quitarte la vergüenza y los prejuicios será tu primera victoria a la hora de disfrutar.

El placer es innegable, como es también el hecho de que el ano tiene un sinfín de terminaciones nerviosas (más que la vagina incluso).

Por eso podemos empezar acariciando, besando o lamiendo otras zonas para relajarnos.

Poco a poco, conforme se vaya subiendo la temperatura, masajear las nalgas será la mejor maniobra de acercamiento (seguida por la incursión de un dedo hacia dentro).

Que aunque se pueda utilizar un juguete también, de primeras un dedo es siempre algo que entra mejor (literalmente).

No tienes el miedo de que vaya a hacerte daño y puedes preparar por tu cuenta esa toma de contacto para cuando te pille en compañía.

Aunque ante la preocupación, nada como poner las dudas sobre la mesa (o las sábanas) y aclarar con la otra persona que los límites se van a respetar.

Muévelo en círculos suavemente. Puedes probar también a hacerlo -más adelante y si te atreves-, con la lengua.

Elevar las sensaciones a la máxima potencia es tan sencillo como masturbarse a la misma vez o, simple y llanamente, dejarse llevar según lo que vaya pidiendo el momento.

Duquesa Doslabios.

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Cuando el sexo anal sale mal: desgarros, incontinencia… ¿Mito o realidad?

Ni siempre vamos con toda la calma del mundo a la hora de practicar sexo (las ganas del momento pueden jugar en nuestra contra), ni tratamos todas las zonas con la delicadeza que podrían necesitar.

Arañazos, algún meneo un poco más fuerte, una venita que se rompe… Sangrar durante el sexo es muy habitual. Y es también común que ese tipo de heridas se solucionen por sí solas.

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Peor, ¿qué sucede en esos casos en los que no? El ano, por ejemplo, es el lugar cuya musculatura puede dañarse por la penetración.

Siendo un orificio tan frágil, la Dra. Beatriz Rodríguez, especialista en el aparato digestivo, de Vithas Las Palmas, resuelve algunas de las dudas más frecuentes sobre esta práctica sexual y los posibles problemas en los que puede derivar si se hace de manera incorrecta.

¿Es habitual que la zona sangre durante o después de las relaciones?
Es habitual que la zona sangre durante y después de las relaciones, ya que el ano es un orificio de salida y para la relajación completa del esfínter anal interno es necesario la estimulación desde dentro. Por un lado, en muchos casos esta estimulación no se realiza y el esfínter no se relaja lo suficiente. Y, por otro lado, la lubricación natural del ano no es suficiente, por lo que suelen producirse erosiones de la mucosa durante la práctica que provocan el sangrado. Por eso siempre es recomendable el uso de lubricantes.

¿Qué tipo de desgarres se pueden producir en la zona?
Un desgarro es una rotura de fibras musculares del esfínter y la mucosa que lo recubre. Más que tipos de desgarros es importante el grado de severidad del desgarro (leve, moderado, severo). Si el sexo se practica de manera adecuada y con las precauciones indicadas no tienen por que producirse. Por eso, si la lubricación es correcta y se realiza una estimulación digital del recto (introduciendo uno o dos dedos en el recto y realizando movimientos circulares, estimulando las paredes del ano) antes de la penetración, no tiene por qué producirse ninguna lesión. Además, es recomendable un inicio de la práctica sexual suave y progresiva, ajustándose a la persona, para evitar lesiones.

El sexo anal, ¿genera incontinencia a largo plazo o es un mito?
El sexo anal al que nos referimos no produce incontinencia en sí. La incontinencia se produce por un conjunto de factores alterados, como el cambio en la consistencia de las heces (heces líquidas), alteraciones del colon -por ejemplo, el colon irritable- y alteraciones en la sensibilidad rectal. Además, influye la debilidad del suelo pélvico y por supuesto el tono de los esfínteres en reposo y a la contracción voluntaria. Con la práctica de sexo anal a largo plazo es posible que el tono de los esfínteres disminuya, pero deben coexistir otros factores para que se produzca la incontinencia.

¿Puede derivar en prolapso rectal? ¿En qué casos?
Las prácticas de sexo anal adecuadas no tienen motivos para derivar en prolapso rectal. El prolapso tiene relación con la debilidad del suelo pélvico y cierta predisposición anatómica. Además, influyen otros factores externos como en el caso de las mujeres que han dado a luz en más de una ocasión.

¿Qué otros problemas de salud pueden causar esta práctica?
El sexo anal se puede practicar con naturalidad y sin ocasionar ningún problema de salud, ni a corto ni a largo plazo, siempre que se haga de manera adecuada, como ocurre con todas las prácticas. Lo más importante es usar los métodos de barrera adecuados para evitar las enfermedades de transmisión sexual (ETS).

¿Es recomendable usar inhibidores del dolor o anestesiantes para que la zona no duela durante la penetración?
No, no es recomendable, ya que el dolor avisa y hace regular si no se está haciendo debidamente. Recordemos que siempre muy importante aplicar lubricación, pero sin anestesia. Al inicio pueden existir molestias o un dolor leve y luego, cuando el esfínter anal interno se ha relajado, no tiene por qué doler.

¿Qué enfermedades se pueden transmitir si no se usa protección durante el sexo anal?
Las mismas enfermedades que se transmiten por vía vaginal, es decir todas las enfermedades de transmisión sexual que se transmiten a través de sangre o mucosas. No obstante, es importante añadir que, en numerosas ocasiones, se producen pequeñas heridas o erosiones en el canal anal, lo cual favorece el contacto directo con la sangre, por lo que la posibilidad de contagio puede ser mayor. Es importante extremar la precaución usando métodos de barrera como el preservativo.

Duquesa Doslabios.

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Sí, para tener sexo anal puedes entrenar la zona con estos consejos

Siempre me parece fascinante que en las películas porno están dándole al tema y, de repente, el tío cambia de agujero y pasa de la vagina al ano sin que ella se despeine lo más mínimo.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Si es a ti a quien le pasa, en cuanto notas que se desvía un poco de la vulva y se ‘equivoca’ y le da ‘sin querer’ al culo ya te cierras en banda y le sueltas el «¿qué haces?».

Una pregunta retórica que viene a decir «Prohibido pasar».

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Porque aunque habrá quien salga diciendo que no pasa nada, que tanto el ano como la vagina son músculos y que la penetración se puede hacer igual, no son lo mismo ni por asomo.

Uno de ellos está diseñado específicamente para que entre el pene y salgan bebés. El otro para que salga caca. Y no intentes rebatírmelo porque no hay vuelta de hoja.

¿Que se puede utilizar también para tener relaciones? Sí, pero no de cualquier manera. Como músculo que es, podemos entrenarlo para que el cuerpo se familiarice con las sensaciones y disfrutar también de esta parte.

¿Y lo mejor? Que se puede aplicar tanto a hombres como mujeres.

Empieza relajándote y tocándote, es fundamental que tengas tranquilidad y excitación a partes iguales.

Después, prueba con algo pequeñito siempre, ya que la progresión debe ser de menor a mayor. Mi consejo es que tu primera toma de contacto sea con uno de tus dedos y por varias razones.

Es tuyo, está a mano (literalmente) y tienes la seguridad de que decides hasta dónde meterlo. Una vez lo tienes controlado, te resulta cómodo y placentero -ya no te cuesta introducirlo- te sugiero que pruebes con algún tipo de juguete.

Puedes ir por aquellos sets de plugs que vienen en varios tamaños e ir aumentando la tolerancia al grosor poco a poco. Piensa que este entreno es es como cualquier otro, cuando más practiques, antes se acostumbrará tu cuerpo y disfrutarás con ello.

Otra alternativa, si no quieres hacerte con una colección demasiado extensa y prefieres añadir solo un juguete a tu colección, es que pruebes con unas bolas tailandesas (si te perdiste las diferencias que tienen respecto a los plugs, lee este artículo).

Son varias bolas unidas de distintos grosores, así que la forma de subir de nivel es ir metiendo cada vez más el juguete y adaptarse a sus diferentes volúmenes.

Lo que te desaconsejo por completo es que experimentes con objetos o artículos que no sean diseñados específicamente para tener sexo anal porque puedes llevarte un susto (y terminar en urgencias).

Los juguetes anales suelen tener un tope que evitan que se cuelen dentro del intestino. Y es que al igual que tenemos un esfínter que empuja hacia afuera, otro tira hacia dentro -de ahí que dé tanto placer-, y corremos el riesgo de perder esa bala vibradora que parecía perfecta de tamaño para practicar.

Después de que con estos juguetes hayas aprendido a relajar los esfínteres y a tener mayor control sobre tu ano, ya puedes probar con la penetración, sí, pero también a seguir usándolos en pareja (siempre y cuando no te olvides de limpiarlos bien).

Duquesa Doslabios.

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Introducción al sexo anal: ¿mejor bolas tailandesas o ‘plugs’?

Aunque tener sexo anal es muy placentero (si se hace bien), no siempre nos llevamos un buen recuerdo de la experiencia.

Nervios, incomodidad, una zona con la que no estamos familiarizados, esa mancha traicionera que lleva a sentir aún más molestias… Es una práctica para la que la liberación del esfínter -tan relacionada con la mental- es el punto de partida.

Sin eso de principio a fin, es difícil poder llegar a disfrutarla alguna vez.

Por suerte, la industria de los juguetes sexuales ha creado todo tipo de artículos que, además de invitarnos a experimentar por detrás, son perfectos para iniciarse.

Si queremos dar los primeros pasos probando el sexo anal, pero de forma natural (con los dedos o el pene) no hay manera de que nos relajemos, probar un juguete pensado para dilatar el músculo es la mejor solución.

Y es que además de estar diseñados para ello, podemos utilizarlos a solas para que, en pareja, nos resulten familiares las sensaciones.

Pero claro, saber cuál escoger -de la inmensa variedad que hay-, se nos puede hacer algo complicado si no tenemos ni idea de por dónde empezar.

Es por eso que Diego Mediavilla, CMO y Director de Marketing de EroticFeel, ha diferenciado de una manera muy sencilla los plugo de las bolas tailandesas, los juguetes más populares en cuanto a estimulación anal se refiere.

«La distinción principal entre ambos es su diseño. Los plugs anales tienen una forma cónica con una punta pequeña y redondeada que se ensancha gradualmente para que la inserción sea sencilla, indolora y muy excitante», explica.

«Por su parte, las bolas tailandesas o bolas anales son una cadena de cuentas, es decir, una estructura formada por diferentes esferas unidas por un hilo y que en muchos casos también aumentan su tamaño progresivamente».

¿Con qué artículo podemos iniciarnos para experimentar con el sexo anal?
Depende de qué estés buscando. Para ayudar a dilatar la musculatura anal de forma cómoda y, especialmente, si quieres pasar luego a otras penetraciones anales, el plug es uno de los mejores artículos. En cambio, si tienes curiosidad por la estimulación anal pero también cierto reparo, las bolas tailandesas son una opción fantástica. Debido a su tamaño y a su diseño son muy fáciles de insertar y acarician las terminaciones nerviosas reportando mucho placer tanto en su introducción como en su extracción. También son estupendas para complementar cualquier tipo de relación de pareja.

¿En qué debemos fijarnos para saber que estamos ante un juguete anal de calidad (materiales, acabados…)?
En primer lugar, y aunque resulte obvio, cualquier juguete anal debe contar con un tope de seguridad para evitar sustos. Después, es conveniente apostar siempre por comercios de referencia que garanticen la calidad de sus artículos. Para iniciarse, recomendaría un juguete anal elaborado en silicona médica hipoalergénica. Es uno de los materiales más seguros, con un tacto suave muy agradable y muy fácil de limpiar. Las personas con más experiencia o que busquen nuevas sensaciones pueden optar por los juguetes anales fabricados en vidrio hipoalergénico no poroso o acero pulido.

En el caso de los plugs, ¿es mejor apostar por un modelo minimalista o hacerse con un diseño con elementos decorativos?
Una vez más, depende de tus gustos y también de tu grado de experiencia. Que un plug cuente con elementos decorativos no merma su calidad. Si nunca has probado la estimulación anal es mejor comenzar por un plug liso y de pequeño tamaño. Sin embargo, para los más experimentados, aquellos juguetes anales que cuentan con diferentes texturas e incluso con ornamentos como colas de animales pueden resultar muy excitantes.

¿Cómo debe ser la limpieza en ambos artículos?
La higiene es clave en cualquier juguete erótico, pero también muy sencilla. Basta con lavar el plug o las bolas tailandesas antes y después de cada uso con agua tibia y jabón neutro o con un desinfectante específico de juguetes sexuales. Nunca se deben utilizar productos que contengan alcohol, lejía ni otros detergentes abrasivos.

¿Cuál de los dos juguetes tiene más éxito de ventas?
Los plugs anales, quizá por su nombre ya que los consumidores masculinos pueden asociar las bolas tailandesas, o bolas chinas anales al publico femenino. Pero realmente la diferencia de venta de unos a otros es notoria.

¿En qué caso recomendáis uno u otro?
Realmente se pueden usar ambos de manera indistinta. En nuestro caso recomendamos los plugs, ya que los hay de infinidad de formas, tamaños etc, aptos cada uno para estimular una parte diferente, diferenciando también entre los diferentes puntos femeninos y masculinos.

Duquesa Doslabios.

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Hombres del mundo, es el momento de romper este tabú sobre el sexo

No hace falta que él lo diga en alto. En el mismo momento que notas su cuerpo crispándose, justo cuando tus manos se acercaban al culo -a esa zona sagrada e intocable que muchos hombres consideran su ano-, ya sabes que aquello no le está gustando.

Que tu intención fuera la de continuar la incursión con un dedo o un juguete algo más grande, es lo de menos. Es raro (muy raro), dar con alguno a favor de experimentar con el culo si se trata del suyo.

CALVIN KLEIN

[Y recalco la parte de que sea el suyo, porque de la obsesión por el ano ajeno podría escribir un tema entero.]

Aunque más curiosa me parece todavía la explicación que dan para justificarlo. «No es lo mismo para hombres que para mujeres, a vosotras os gusta», he llegado a oír cuando el tema ha salido.

Como si a la hora de formarse nuestro sistema digestivo en el útero materno, a las mujeres nos pusieran pequeños clítoris revistiendo el tracto y a ellos pistolas táser.

El primer mito a derribar es que las sensaciones son diferentes. El ano es exactamente igual independientemente del género: un esfínter para expulsar los excrementos. Fin. No tiene más misterio.

Entonces, ¿a qué viene tanto alboroto, tanto susto y tanto miedo cuando se trata de introducirles algo por el culo?

Para mí, la diferencia está clara. Si se trata de nosotras, el ano no está mal visto.

Que una mujer experimente con su sexualidad es siempre motivo de celebración. Ponte escotazo, la falda más corta, ese tacón que te empodera, besa a tu amiga en el botellón, métele la lengua, haz un trío con tu novio y otra chica, usa ligas, prueba el sexo por detrás…

Cambia mucho la cosa si es un hombre el que se besa con su amigo o el que se permite el lujo de probar a qué viene tanto misterio con el punto erógeno del culo.

A día de hoy muchos llevan tan interiorizada la homofobia que saber que su amigo ha disfrutado de una buena comida de culo, un beso griego realizado majestuosamente, es sinónimo de vergüenza.

No vaya a ser que caiga un «gay» o un «maricón» en la conversación, que ante el grupo peligre la hombría, que se cuestione que se es tan macho como los demás.

Lo preocupante no es solo que factores externos -y encima discriminatorios-, condicionen a la hora de conocerse en el ámbito más íntimo. Ese que se queda entre nosotros y las paredes de la habitación.

También que, a estas alturas, se relacione la masculinidad con cosas que son totalmente ajenas a ella.

Si que pruebe el sexo anal no me convierte en menos femenina, en menos mujer, no debería suceder tampoco a la inversa (y eso también es feminismo).

Nos toca cambiarlo. Y es algo que va desde liberarse de prejuicios y probarlo, hasta cortar al cuñado que hace el comentario homófobo de turno sobre quienes -con más huevos que él- viven su sexualidad con libertad.

Lo que hagas en la cama no te define como persona. Solo es un culo.

Y, créeme, te va a gustar.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si esta es la mejor época para tener sexo anal?

Yo lo tengo claro, el mejor momento para tener sexo anal es cuando apetezca. Lo mismo que con el resto de prácticas sexuales, claro.

Pero, si me pongo a pensar en la situación que estamos viviendo actualmente, con toda la crisis sanitaria, las limitaciones de aforo y el control de desplazamientos, llego a la conclusión de que puede que no sea la mejor etapa para relacionarnos.

Sin embargo, es especialmente buena para practicar sexo anal.

CALVIN KLEIN

Que las reuniones familiares, los viajes con las amigas o las celebraciones masivas que antes copaban los fines de semana hayan desaparecido de la agenda nos ha llevado a un día a día mucho más íntimo en nuestras casas.

Ya no tenemos (o al menos no con tanta frecuencia) el agobio de salir corriendo porque llegamos tarde o las prisas por limpiar antes de que lleguen los invitados.

Si a eso le sumamos que se ha extendido el teletrabajo, el tiempo ya no es un problema. Tenemos todo el del mundo para prepararnos para el sexo.

Porque sí, aunque es una práctica muy común, necesita ser tratada de una forma algo distinta, de ahí que muchas veces cometamos errores sin ser muy conscientes de ello.

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En ningún otro momento habíamos tenido tanta privacidad como ahora ya que pasamos gran parte del tiempo en casa, de ahí que sea mucho más sencillo organizarse, adquirir todo lo necesario (el preservativo y un lubricante de base acuosa son imprescindibles) e incluso poder ir al baño con calma en cualquier momento.

Y es que un estado anímico relajado es el punto de partida, seguido de la alta excitación.

Sin más compromisos que el de pasar las tardes en casa ni prisas, la estimulación será más protagonista que nunca.

Así que, por mucho que veamos con ganas esa vuelta a la normalidad (la verdadera), ¿por qué no disfrutar el tiempo que nos queda juntos en casa dedicándonos a probar (o repetir) la experiencia?

Duquesa Doslabios.

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