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Hacerlo por detrás: cómo puedes mejorar los preliminares

¿Sabes qué pasa? Que por mucho que el sexo es algo que no nacemos sabiendo, no dedicamos casi tiempo a aprender cómo hacerlo.

Y el anal es un ejemplo perfecto. Según Esperanza Gil (que además de sexóloga y divulgadora en su Instagram @sexperanza, dio un taller sobre sexo anal buenísimo) «el sexo anal debería ser el postre, dejarlo para el final cuando hay mucha excitación».

pareja sexo anal

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Fue ella también quien nos dio una serie de ideas sobre cómo evitar que lo sigamos haciendo a lo loco, con un «aquí te pillo, aquí te mato» sin que la zona esté preparada o a nivel deseo estemos en el punto de realmente quererlo.

Uno de los primeros conceptos que nos explica es el de la recarga erótica, dejar a la otra persona con ganas de más, lo que podemos hacer acariciando la zona -hasta el punto de que quieran que avancemos- y parar con perspectiva de retomarlo en un futuro y que lo esperen con deseo.

Conectar con la zona y erotizarla es algo que tenemos pendiente, ya que cuando hablamos del ano, siempre está relacionado con una práctica sexual en compañía en vez de empezar a descubrirlo por nuestra cuenta.

Duchas o masajes ayudan a relajarnos, pero también a conectar, por lo que aumentan la excitación.

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Divertirse es jugar y para el sexo anal, los glúteos son la mejor vía de entrada -literalmente-. Se pueden acariciar, apretar, estirar… Todo estímulo exterior también tiene su terminación nerviosa en el ano.

Después de una buena base de estímulos externos, es el momento de entrar.

Para ello, empezar por meter la punta del dedo y, progresivamente, más. También apostar por juguetes de vibración continua, que son relajantes y ayudan a que el esfínter no se contraiga.

De cara a complementos, la sexóloga recomendaba también que, de apostar por lubricantes con efecto (siempre de base acuosa), mejor los que dan sensación de calor, ya que es vasodilatador y favorece la penetración.

Eso sí, al terminar nada de subirse la ropa interior corriendo. Es momento de hacer un chequeo de si hay sangre -en cuyo caso, tienes este artículo– y hacer una buena limpieza externa con agua y jabón.

Mara Mariño

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Limpieza íntima con enemas o lavativas: ¿más problemas que beneficios?

¿Sabes cuando estás con una persona, vas a la puerta de atrás y, cuando sacas el juguete o apéndice que has introducido, hay sorpresa?

Lo más probable es que no, porque gracias a los enemas (que consiste en meter líquidos para hacer una limpieza interior de recto) cada vez es menos frecuente que eso suceda.

pareja ducha

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Y no me malinterpretes, yo soy muy escrupulosa: cuanta más higiene haya en cualquier aspecto de mi vida, más cómoda me siento.

Pero, ¿de verdad hace falta tanta cosa en el sexo? Y, sobre todo, ¿es bueno para nuestra salud?

Socialmente, cada vez avanzamos más y nos vamos liberando.

Tanto de vincularnos de una única manera -los modelos de relaciones más allá de la monogamia están a la orden del día-, como de vivir el sexo sin que sea un tabú.

Sin embargo más lo personalizamos por el camino, haciendo que pierda su propia esencia: la del placer físico crudo y en bruto.

Ya no vale solo con tener sexo oral, ahora tienes que usar el jabón genital con aroma de ‘flores salvajes’ o un lubricante de la fruta tropical de turno que ‘enmascare’ tu propio olor y sabor.

En la cama libramos la batalla contra la naturalidad.

Con el tema del sexo anal pasa lo mismo. El miedo de que pueda mancharse cualquier mínima cosa, nos aterra.

La pornografía es una de las grandes responsables de esto, ya que elimina por completo de escena todo lo que pueda ser normal en el cuerpo: vello, que se pueda escapar un pedo, y por supuesto, excrementos.

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Por eso se recurren a las lavativas, lo cual es mucho peor que prescindir de ellas.

«Las duchas se cargan la microbiota», me contaba hace unos días la sexóloga Esperanza Gil (@sexperanza en Instagram) acerca del uso de las peras.

Es un sistema tan agresivo que puede dañar la flora intestinal, lo que expone al organismo a ataques del exterior o hace que deje de asimilar ciertos nutrientes.

Lo suyo sería permitir que el cuerpo cumpliera su función natural manteniendo una vida sana con una dieta donde abunde la fibra, lo mejor si necesitas un buen tránsito intestinal.

Con las duchas vaginales pasa lo mismo, ya que la vagina está diseñada para limpiarse sola.

Tanto el agua como las fórmulas comercializadas para ‘limpiarla’ se cargan el pH, causando desde inflamación o sequedad a vaginosis bacteriana, y, por supuesto, la temida candidiasis.

¿Solución? Para aquellas personas que les pase como a mí, y sean aprensivas, el preservativo hace las veces de barrera como de aliado de la limpieza.

«Es higiénico y ayuda al deslizamiento», confirma la experta. Lo cual es perfecto lo usemos por donde lo usemos.

Además, el lubricante que suele llevar no daña la flora del cuerpo. Así que sabiendo eso, más vale que la próxima vez que optes por la pera, que sea la de fruta porque es rica en fibra.

Mara Mariño

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Que por detrás duela ‘no es normal’ pero sí ‘lo habitual’

Y es el momento de cambiarlo, o al menos ese es el objetivo con el que Esperanza Gil (@sexperanza en Instagram) empieza su taller ‘Sexo anal: del Au al Guau’ en Amantis.

La sexóloga, empieza haciéndonos reflexionar sobre la motivación que tenemos a la hora de practicarlo: si es curiosidad por la experiencia que nos ha contado alguien, queremos probar cosas nuevas, por si es algo que solo excita a nuestra pareja…

En definitiva, nos invita a analizar si realmente lo deseamos.

pareja sexo anal

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Supongo que la respuesta es afirmativa cuando todos los que nos encontramos en el taller hemos acudido sabiendo que iba a tratar de hacer de una experiencia que puede ser algo dolorosa, en muy placentera.

Como nos explica, no es ‘raro’ que nos produzca malestar cuando, generalmente, practicamos por primera vez con alguien más.

«Comenzamos en pareja cuando habría que comenzar por uno mismo», explica.

Pero, ¿cómo vamos a prestarle atención si es algo que brilla por su ausencia cuando se habla de masturbación o autoexploración, siempre más centrada en los genitales?

Erotizar nuestro ano es nuestra asignatura pendiente. Y no es fácil porque no hay muchas representaciones de él. Y las que hay no se aproximan a la realidad (como por ejemplo, el secreto a voces de que tiene pelo y en la pornografía lo eliminan).

Además, la relación que tenemos con él es más médica que sexual. Para hacerlo más erótico, Esperanza nos propone mirarlo en el momento, sacar una fotografía mental e incluso tocarnos mientras lo observamos -aquí la ayuda de un espejo es fundamental-.

Antes de empezar a hacer nada, hay que llegar a un punto de relajación muscular y mental, porque sino, como explica la sexóloga, «producimos cortisol, una hormona que hace que todo se tense y se cierre».

Evitarlo pasa por sentir que estamos haciendo algo que nos hace sentir seguridad y analizar qué nos haría tener esa sensación, como por ejemplo haber recopilado información sobre práctica, tener a mano toallitas, lubricante, saber que mi pareja conoce mis límites…

Si la comunicación es importante, en el sexo anal todavía más. Por eso durante la práctica hay que estar aún más pendiente del lenguaje verbal y no verbal: hay que ir comunicando si así bien, si mal, si hay que cambiar el ritmo o, directamente, parar.

«No es normal que haya dolor pero es habitual. Tendemos a normalizar el dolor, especialmente las mujeres», afirma la experta.

Aunque si duele deberíamos analizar por qué puede ser: si es una cuestión de que no ha habido tiempo, lo hemos probado en pareja y no a solas… Pero nunca ignorarlo, ya que es una señal del cuerpo.

Respecto al sangrado, algo que resulta muy habitual porque la mucosa es muy fina y tiene muchos capilares, es algo que tenemos que controlar.

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Porque si es abundante y persistente sí hay que ir al médico (aunque no te asustes por ver un pelín de sangre, ya sabes que es muy escandalosa).

Lo que Esperanza insiste en que grabemos a fuego es que la persona que lleva la voz cantante, o es activa, es la persona penetrada (y no al revés), ya que es quien marca el ritmo.

Y lo mejor es que, con el invento de los arneses sexuales para hacer pegging, cualquiera puede escoger ese rol.

Mara Mariño

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Sobre el ‘despiste’ de equivocarte de orificio durante la penetración

Hay momentos en los que, cuando tienes sexo con otra persona, te quedas pillada por alguna razón.

Puede ser la típica interrupción de repasar mentalmente dónde guardas los condones (la última vez los moviste para que tu gato dejara de jugar con ellos), pasar previamente por el baño para quitarte la copa o cuando notas que algo no está yendo como esperabas y no sabes cómo reaccionar.

La reflexión de hoy va de uno de esos casos.

mujer hombre cama

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Soy la primera consciente de que los genitales femeninos no son la estructura más fácil e intuitiva del mundo.

Me encantaría que resultaran tan mecánicos y fáciles de interpretar como un pene. Pero son más bien como la web de la Renfe.

O la conoces al dedillo porque la visitas a menudo o terminas sin saber dónde está cada cosa.

Tenemos pliegues, texturas, agujeros y todo está hacia abajo y muy cerca unas cosas de otras.

Es más, recuerdo que un amigo me contó que, lo que más les sorprendía a los hombres la primera vez que tienen, sexo era lo ‘abajo’ que está la vagina cuando se la esperan a la altura del pene, coronando nuestro pubis.

Así que soy bastante comprensiva cuando, como digo, un dedo, una lengua o cualquier otro apéndice, termina en el agujero que no esperaba: el ano.

Y es que a la hora de tener sexo con penetración con una persona, no parece necesario hablar para que quede claro que, el orificio en el que va a suceder la acción, es la vagina.

Por eso es muy habitual que, si por un casual notamos que la vagina queda atrás en el olvido y se va en la dirección equivocada, nos cerramos en banda y preguntamos si todo bien o si necesita ayuda con las indicaciones.

Sin embargo, ese error de dar con alguien que se ‘escurre’ o se equivoca, nos ha pasado si no a todas, a la mayoría. Como comento, teniendo en cuenta el diseño de nuestra anatomía, es algo bastante frecuente. 

Si recordamos que solemos tener sexo con la luz tenue (aunque yo recomiendo recrearse con las vistas), más todavía.

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Pero ¿qué hay de los casos en los que se usa como excusa para seguir adelante y conseguir una penetración por la otra vía?

Cuando eso nos sucede -porque solemos saber discernir cuando se trata de una confusión y no de algo intencionado- para nosotras es muy tenso y hasta preocupante.

Especialmente porque no se ha negociado previamente.

A diferencia de la vagina, que sí está preparada para la penetración, es una zona que necesita mucha más preparación y puede resultar, además de incómodo, muy doloroso.

Por eso creo que debe ser siempre puesto sobre la mesa antes de ponerlo en práctica.

Es más, precisamente como necesita un buen calentamiento y una charla previa (algo que en el porno nunca sucede y lleva a más de uno a pensar que en la vida real es así), hay quienes se refugian en que a nosotras nos puede dar demasiada vergüenza o quedar lo bastante asustadas como para que pidamos que se detenga la práctica.

Si quieres ahorrarnos la incomodidad, saca el tema primero.

Es tan fácil como «Oye, ¿te gustaría tener sexo anal?». Y por supuesto respetar la respuesta, ya sea afirmativa o negativa.

Porque aunque no lo hayamos hablado, si no queremos practicarlo, que lo hagas por error no te va a llevar a conseguirlo.

Es más, lo que vas a realizar es una práctica no consentida y se considera violación.

Mara Mariño

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Amiga, piérdele la vergüenza a hacérselo ‘por detrás’

Ayer en una entrevista, me preguntaban si el tema del sexo anal para los hombres seguía siendo tabú.

Y sí, es tabú para ellos, en primer lugar, pero también para nosotras, sus parejas.

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Hablándolo con amigas, hay más de una que, solo de pensar en acercarse ahí, le entran los sudores.

Que por un lado lo entiendo. Sabemos cuál es la función del esfínter y no es precisamente la más higiénica del mundo.

Pero por otro, a todas nos han metido un dedo en la vagina -sin lavarse las manos antes- después de que él ha ido en metro, ha estado tomando algo con los amigos o ha estado en el gimnasio.

Así que como muchas ni se plantean acercarse a esa parte de sus novios más que para darles un cachete, vengo a contar por qué hay que tirarse a la piscina del anal.

Lo primero es perderle el repelús. La higiene es tan sencilla como para que pase por el baño antes y se dé con agua y con jabón.

Pero, sobre todo, superar el estereotipo de que, si le gusta por detrás, es que puede que sea homosexual -cuando lo que hace eso es que le gusten los hombres y no recibir placer a través del ano-.

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El sexo va de liberarse, de sentirse a gusto en la piel y con los deseos que se nos cruzan por la cabeza (y por el culo).

Así que dejar los prejuicios fuera de la habitación nos acerca a la persona que tenemos enfrente.

Lo que hacemos en la cama -por delante, por detrás, por arriba, por abajo, a él o a nosotras- no es ni sucio ni algo de lo que sentir vergüenza.

Si empezamos con esos pensamientos, la asociación negativa corre de nuestra cuenta y vamos mal, de culo (el chiste estaba en bandeja).

Esta, como cada práctica, puedes llevarla a tu terreno. No tienes que usar un arnés con dildo realista para hacer pegging si no te ves con eso puesto.

Usa otro tipo de artículos si no estás preparada. Prueba con qué te sientes más cómoda: si con un dedo, un juguete, la boca…

Vívelo como que asumes un rol nuevo entre las sábanas, no como que estás haciendo una «tarea» porque a él le gusta (esa idea va a hacer que te dé mucha más pereza y lo hagas a disgusto).

Métete en el papel, aprovecha que mandas tú, domina la situación, pregunta si así está bien o si quiere más. Pero sobre todo, disfrútalo.

Puede excitarte visualmente, puedes pedirle que te toque o puedes aprovechar y añadir otro juguete a la ecuación. Hagas lo que hagas, tienes que pasártelo bien.

Porque perderle el miedo va también de ver la situación tal cual es: tú haciendo algo que hace que tu pareja se retuerza del gusto y descubriéndole de otra manera.

Cuando le observas desde distintos ángulos, le escuchas haciendo otros sonidos y se desbloquean nuevas expresiones faciales de placer, es un nuevo mundo.

Precisamente, por tratarse de algo que ponemos en práctica menos a menudo, y por hacerlo con alguien en quien confías (sabe que en cuanto diga para, vas a hacerlo), llegas a un nuevo nivel de intimidad  y disfrute con tu pareja.

Pero, ¿y si le hago daño? Bueno amiga, para eso está el lubricante.

Mara Mariño

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¿Qué hacer cuando hay un pequeño sangrado tras practicar sexo anal?

Cuando te planteas tener sexo anal, tienes que enfrentarte a dos verdades ineludibles.

La primera es que puede que en algún momento, veas una mancha marrón, la segunda, que veas sangre.

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Ni una ni otra tienen por qué aparecer siempre. Es más, hay quienes tienen el músculo del ano tan distendido que lo mismo pueden hacer fisting sin ningún tipo de miedo.

Pero para otras personas, los capilares que rodean el ano son tan sensibles que, incluso limpiándose con un poco más de fuerza, ya manchan el papel con sangre.

Conclusión: cada culo es un mundo.

Pero si formas parte del segundo grupo y te atreves a probar el sexo anal, incluso utilizando litros y litros de lubricante a base de agua, es probable que en algún momento sufras un sangrado menor posterior a la práctica.

Lo realmente importante es, una vez se ve la sangre, lavar la zona y practicar la abstinencia hasta que las pequeñas heridas se cierren.

El peligro que tienen los sangrados en esa parte del cuerpo es que corren el riesgo de infectarse por las bacterias.

Si el flujo continúa, porque no es solo de los vasos sanguíneos superficiales, hay que acudir al médico, puede ser una fisura anal o algo más serio (sobre todo notas dolor, hay sensación de hinchazón, náuseas o fiebre).

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También puede suceder que en el momento dejen de sangrar, pero que al día siguiente -previa visita al baño-, la sangre vuelva a hacer acto de presencia.

Repetimos estrategia. Se limpia muy bien comprobando que no queden restos, con agua y jabón, y se seca.

Otro consejo para hacer la recuperación más sencilla, y ayudar a que no vuelvan a sangrar las venas más finas en la próxima visita al baño, es tomar mucha fibra y beber agua de manera abundante.

Duquesa Doslabios.
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Cuidado con meterse objetos que no están diseñados para el ano

Cada vez tenemos la mente más abierta y nos atrevemos a experimentar en la cama.

Es algo que demuestra cualquier catálogo de series en streaming, el boom de tiendas eróticas o que ya podamos hablar del Satisfyer sin sonrojarnos.

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Otra evidencia de esto se encuentra en los hospitales. Nos sirve como ejemplo el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido, que llevó la cuenta de objetos atascados en el ano de sus pacientes.

Según el Daily Mail, la cantidad en 2020 duplicó todos los que habían tenido que extraer en la década anterior.

Así que sí, ya podemos decir que el sexo anal está dejando de ser tabú.

El problema es que en plenas ganas de experimentar, dé por introducirse lo primero que venga a la mano.

Ese es un error muy grave, ya que solo los juguetes anales están diseñados para usar en esa zona con seguridad.

Es más, tanto los plugs como los estimuladores de próstata vienen con un tope que siempre queda fuera del recto.

Ese apéndice que se usa para tirar, evita que se pierda el juguete por dentro del intestino grueso, lo que puede producir lesiones graves o incluso la muerte.

Más curiosa que el perfil de paciente que suele ir a urgencias con algo atascado (el 85% son hombres de 20 años o de 50), son los objetos que se usan.

Cepillos de dientes, latas de spray, juguetes infantiles y huevos son los más frecuentes. El problema viene porque esos objetos tan cotidianos e inocentes fuera del año, son un auténtico peligro.

Al quedarse atascados en el intestino pueden llegar a perforarlo. Esto significa que las bacterias puedan llegar a otras partes del cuerpo causando una infección.

Así que, mejor tomar nota de estos casos y usar solo para el sexo anal los artículos pensados para multiplicar el placer del ano sin riesgos.

Si todavía hay alguien que no se encuentra preparado para ir a una tienda erótica y pedir un juguete anal, no hay problema.

Las webs online son igual de efectivas y hacen un envío discreto, no tiene por qué enterarse nadie de la familia.

Duquesa Doslabios.
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Placer para él: cómo encontrar su Punto P, la zona erógena masculina escondida

Mi despertar sexual tuvo dos momentos. El primero cuando descubrí que tenía algo entre las piernas que servía mucho más que para hacer pis.

El segundo cuando aprendí a utilizar mi propio clítoris.

En el caso de los hombres, es algo parecido. Hablar de las pajas desde pequeños es algo casi tan normal como comentar de qué tocaba el bocata ese día.

Pero no es hasta que se da con el punto P que se descubre un nuevo mundo de sensaciones.

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El punto P es como ir a tu supermercado del barrio, es fácil de encontrar si sabes a dónde hay que ir.

Pero si no es tu caso, deja que te acompañe en este camino de descubrimiento.

Para no ponerme intensa con la biología, basta con saber que ese lugar se encuentra en la próstata, justo debajo de la vejiga.

Y si la presionas, además de ganas de hacer pis, produce un placer estelar.

Un desencadenante de miradas perdidas, boca entreabierta y respiración jadeante.

Puedes llegar por dos vías. La primera que te aconsejo es la superficial, a modo de aproximación y preparando el terreno.

Vete al punto final de los testículos. Allí verás que, hasta llegar al ano, encuentras una zona virgen (virgen por decir algo, suele estar con bastante pelo) que puedes acariciar con los dedos o recorrer con los labios.

Masajea suavemente e intercala haciendo más fuerza aprovechándote de la versatilidad de la lengua.

¿Lo tienes? Segundo paso: intenta tener un lubricante a mano -puede apañarte la saliva, pero se seca antes-, e introduce un dedo por el ano.

No necesitas ni llegar a lo más profundo de su ser ni meter los 5 dedos, un pie o el cuello de una botella.

Ve con uno y, en cuanto esté introducido, presiona hacia arriba. Como si quisieras tocarle el ombligo desde dentro.

Ese bulto que notas (lo encuentras muy a mano, está a 5 cms de distancia de la entrada) es la próstata.

Ahora te toca a ti escucharle, analizar sus movimientos y descubrir qué le produce más gusto.

Si ir con suavidad, recorrerlo por encima o presionar con algo más de fuerza.

Como última recomendación, no te olvides de su pene. Puedes masajearlo al mismo tiempo de arriba a abajo o dedicarle atención con la boca mientras te encargas de meter el dedo.

Si de primeras te parece más complicado que aprender a conducir, por la cantidad de cosas que tienes que tener en cuenta, sugiérele que se toque mientras tú te dedicas a la espeleología.

Una vez te veas con mayor seguridad prueba a ejercer el multitasking y darle a todo. Eso sí, siempre con las uñas cortas y las manos limpias.

Duquesa Doslabios.

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Y si no sabes qué tocarle, tócale el culo

Queman las manos que recorren de arriba a abajo el cuerpo como si fuera una pista de carreras. Trazan la topografía de la piel y se cuelan por los recovecos.

Por cada uno de ellos.

Hace poco, con una amiga, hablaba de ese algo que todos tenemos en común. Todos tenemos ano.

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El culo es algo de lo que disfrutar independientemente de nuestro género u orientación sexual.

Y solo nos queda incluirlo en la lista de paradas vía contacto de las yemas de los dedos.

Tú eliges si lo quieres de preliminar, a modo de entrante de lo que está por llegar, o como plato principal. ¿Por qué no disfrutar del estímulo de esa zona como protagonista?

Llévate la sorpresa de que gozar el sexo anal no siempre es introducir algo por el orificio (que por cierto, si no sabes qué complicaciones se pueden dar, te lo conté aquí el otro día).

Porque lo cierto es que sexo es todo lo que engloba una práctica sexual, termine o no en penetración.

Así que si echamos las cuentas y sumamos dedos con el verbo tocar, estimular el ano cuenta también como sexo anal.

Si eres de cerrarte a cal y canto en cuanto notas algo un poco cerca, no te preocupes, puede pasar. El pudor, los estereotipos… Quitarte la vergüenza y los prejuicios será tu primera victoria a la hora de disfrutar.

El placer es innegable, como es también el hecho de que el ano tiene un sinfín de terminaciones nerviosas (más que la vagina incluso).

Por eso podemos empezar acariciando, besando o lamiendo otras zonas para relajarnos.

Poco a poco, conforme se vaya subiendo la temperatura, masajear las nalgas será la mejor maniobra de acercamiento (seguida por la incursión de un dedo hacia dentro).

Que aunque se pueda utilizar un juguete también, de primeras un dedo es siempre algo que entra mejor (literalmente).

No tienes el miedo de que vaya a hacerte daño y puedes preparar por tu cuenta esa toma de contacto para cuando te pille en compañía.

Aunque ante la preocupación, nada como poner las dudas sobre la mesa (o las sábanas) y aclarar con la otra persona que los límites se van a respetar.

Muévelo en círculos suavemente. Puedes probar también a hacerlo -más adelante y si te atreves-, con la lengua.

Elevar las sensaciones a la máxima potencia es tan sencillo como masturbarse a la misma vez o, simple y llanamente, dejarse llevar según lo que vaya pidiendo el momento.

Duquesa Doslabios.

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Cuando el sexo anal sale mal: desgarros, incontinencia… ¿Mito o realidad?

Ni siempre vamos con toda la calma del mundo a la hora de practicar sexo (las ganas del momento pueden jugar en nuestra contra), ni tratamos todas las zonas con la delicadeza que podrían necesitar.

Arañazos, algún meneo un poco más fuerte, una venita que se rompe… Sangrar durante el sexo es muy habitual. Y es también común que ese tipo de heridas se solucionen por sí solas.

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Peor, ¿qué sucede en esos casos en los que no? El ano, por ejemplo, es el lugar cuya musculatura puede dañarse por la penetración.

Siendo un orificio tan frágil, la Dra. Beatriz Rodríguez, especialista en el aparato digestivo, de Vithas Las Palmas, resuelve algunas de las dudas más frecuentes sobre esta práctica sexual y los posibles problemas en los que puede derivar si se hace de manera incorrecta.

¿Es habitual que la zona sangre durante o después de las relaciones?
Es habitual que la zona sangre durante y después de las relaciones, ya que el ano es un orificio de salida y para la relajación completa del esfínter anal interno es necesario la estimulación desde dentro. Por un lado, en muchos casos esta estimulación no se realiza y el esfínter no se relaja lo suficiente. Y, por otro lado, la lubricación natural del ano no es suficiente, por lo que suelen producirse erosiones de la mucosa durante la práctica que provocan el sangrado. Por eso siempre es recomendable el uso de lubricantes.

¿Qué tipo de desgarres se pueden producir en la zona?
Un desgarro es una rotura de fibras musculares del esfínter y la mucosa que lo recubre. Más que tipos de desgarros es importante el grado de severidad del desgarro (leve, moderado, severo). Si el sexo se practica de manera adecuada y con las precauciones indicadas no tienen por que producirse. Por eso, si la lubricación es correcta y se realiza una estimulación digital del recto (introduciendo uno o dos dedos en el recto y realizando movimientos circulares, estimulando las paredes del ano) antes de la penetración, no tiene por qué producirse ninguna lesión. Además, es recomendable un inicio de la práctica sexual suave y progresiva, ajustándose a la persona, para evitar lesiones.

El sexo anal, ¿genera incontinencia a largo plazo o es un mito?
El sexo anal al que nos referimos no produce incontinencia en sí. La incontinencia se produce por un conjunto de factores alterados, como el cambio en la consistencia de las heces (heces líquidas), alteraciones del colon -por ejemplo, el colon irritable- y alteraciones en la sensibilidad rectal. Además, influye la debilidad del suelo pélvico y por supuesto el tono de los esfínteres en reposo y a la contracción voluntaria. Con la práctica de sexo anal a largo plazo es posible que el tono de los esfínteres disminuya, pero deben coexistir otros factores para que se produzca la incontinencia.

¿Puede derivar en prolapso rectal? ¿En qué casos?
Las prácticas de sexo anal adecuadas no tienen motivos para derivar en prolapso rectal. El prolapso tiene relación con la debilidad del suelo pélvico y cierta predisposición anatómica. Además, influyen otros factores externos como en el caso de las mujeres que han dado a luz en más de una ocasión.

¿Qué otros problemas de salud pueden causar esta práctica?
El sexo anal se puede practicar con naturalidad y sin ocasionar ningún problema de salud, ni a corto ni a largo plazo, siempre que se haga de manera adecuada, como ocurre con todas las prácticas. Lo más importante es usar los métodos de barrera adecuados para evitar las enfermedades de transmisión sexual (ETS).

¿Es recomendable usar inhibidores del dolor o anestesiantes para que la zona no duela durante la penetración?
No, no es recomendable, ya que el dolor avisa y hace regular si no se está haciendo debidamente. Recordemos que siempre muy importante aplicar lubricación, pero sin anestesia. Al inicio pueden existir molestias o un dolor leve y luego, cuando el esfínter anal interno se ha relajado, no tiene por qué doler.

¿Qué enfermedades se pueden transmitir si no se usa protección durante el sexo anal?
Las mismas enfermedades que se transmiten por vía vaginal, es decir todas las enfermedades de transmisión sexual que se transmiten a través de sangre o mucosas. No obstante, es importante añadir que, en numerosas ocasiones, se producen pequeñas heridas o erosiones en el canal anal, lo cual favorece el contacto directo con la sangre, por lo que la posibilidad de contagio puede ser mayor. Es importante extremar la precaución usando métodos de barrera como el preservativo.

Duquesa Doslabios.

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