Archivo de la categoría ‘beso’

Del morbo al miedo y otros problemas de besarse en público hoy en día

Echo de menos muchas cosas de 2019 y una de ellas es la facilidad con la que nos podíamos dar los besos.

Con la única preocupación de poder contagiarnos la calentura del labio, unirnos por las bocas era algo tan fácil que no nos importaba ponerlo en práctica cualquier noche de fiesta y con (casi) cualquiera.

Y ahora soy la primera que se extraña cuando ve una pareja haciéndolo. Estoy ya tan acostumbrada a que nos falte la mitad de la cara y guardemos las distancias, que ver ese gesto de cariño me choca.

@FEDEZ

Desde la crisis sanitaria -con la correspondiente imposición de la mascarilla-, besarse en público se ha convertido en algo que está casi hasta mal visto.

Casi comparable a quienes se dejan la nariz por fuera de la mascarilla o los que se la bajan para toser o estornudar.

¿Pero hasta qué punto tiene sentido la paranoia con los besos por la calle, en el transporte, en la playa o en un parque?

Antes de escandalizarnos, deberíamos diferenciar que no es igual la pareja de enfrente, al otro lado del paso de cebra, besándose antes de cruzar, que quienes se ponen a hacerlo a tu lado en el cine.

Deberíamos ser prácticos y al menos respetar los espacios cerrados, tanto por los virus que podamos transmitir como por lo que podamos coger bajándonos la mascarilla.

Al aire libre la concentración de aerosoles ya no nos preocupa, pero toca doblar la atención a la hora de desinfectarnos después la mano con la que nos la hemos quitado.

El beso es un casting improvisado. Los labios son una zona con tanta sensibilidad que producen una reacción química en el cerebro liberando oxitocina.

La hormona que reduce el estrés y la ansiedad nos pone, automáticamente, de mejor humor.

Entre otros beneficios, también despierta sentimientos de apego, lo que significa que fortalece los vínculos emocionales.

Poner nerviosas a las personas que lo están viendo es la contrapartida.

Siempre podemos aguantarnos las ganas hasta llegar a casa, si existe la posibilidad.

Aunque, si no la tenemos, ¿merece la pena desterrarlos hasta estar todos vacunados?

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

Culpo a la Covid-19 del fin del primer beso en las citas

Aunque lo ideal sería llegar a casa después de una primera cita con el pulso acelerado o la cabeza repasando detalles como la forma de sus ojos, no en todas las primeras citas hay química.

Pero cuando la hay, el momento que rodea acercarse por primera vez -casi hasta el punto en el que los labios están a punto de tocarse-, es uno de los más memorables.

Para bien o para mal, claro. El primer beso no es solo una interacción física, es un paso decisivo antes del momento de la despedida.

SPRINGFIELD MAN & WOMAN

Un broche que definitivamente puede hacer que se cambie de opinión confirmando que queremos seguir viendo a la otra persona o que, por el contrario, no ha habido suficiente compatibilidad.

Dejarse rodear por un beso no es solo buscar el roce de una lengua en la boca invitada. Es prestarle atención a los detalles que acompañan el momento.

Una mano que trepa por la nuca y acerca más la cabeza, otra que rodea la cintura… Y sobre todo, ponerle voz a esas zonas de contacto tratando de averiguar si es verdad que parece que existe electricidad en los roces.

La facilidad -relativa- con la que antes podías atreverte a iniciar la maniobra de acercamiento, parece ahora impensable. Incluso si sientes que es el momento y el lugar.

Esa señal inequívoca cuando, ya sea en pleno Paseo de la Castellana o bien frente al mar, perdida en la sonrisa visual de la otra persona (esa que solo puedes intuir por las características arrugas de los ojos), empieza a aletear algo en el pecho anticipando lo que, en otras circunstancias, terminaría con un beso inolvidable.

El coronavirus ha robado un sinfín de primeros besos (también de segundos y de terceros).

Y aunque es lo más prudente en estas circunstancias, la falta de conexión física nos deja con la duda de hasta qué punto nos podemos fiar de nuestro criterio cuando llega el momento de decirse adiós.

Y así como nos ha arrebatado la oportunidad de dejarnos llevar como nos gustaría, tenemos la suerte de que no se ha llevado el romance por el camino.

Porque si algo consiguen las citas Covid Free es que te fuerzan a hablar (aunque sea más alejados de lo que nos gustaría) y a buscar formas alternativas de acortar las distancias físicas.

Ahí está el verdadero reto. En besarse sin tocar.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

¿Conoces el beso de Singapur, el único que se da sin los labios?

Inmersa en mi última lectura, que coincide que pertenece a uno de mis compañeros blogueros del diario, Ya está el listo que todo lo sabe de SEXO (autor del que muy pronto os traeré entrevista) encontré de pasada “El beso de Singapur” o también llamado “pompoir”.

GTRES

Así como conocía (y bien) todos los que habían aparecido hasta el momento como el beso francés o el beso griego, el de connotaciones asiáticas me pilló por sorpresa.

Como describe Alfred López, es una práctica que se realiza utilizando los músculos de la vagina sobre el glande ejecutando unas contracciones que dan placer y llevan al orgasmo (si se realiza bien, claro).

Pero ¿cómo podemos practicar para hacerlo? Exactamente igual que cuando nos ponemos un tutorial de hacer ejercicio en casa 20 minutos.

Por lo visto la rutina es la misma que la de mantener el suelo pélvico en forma. Los ejercicios de Kegel (contracciones controladas) y el posterior uso de bolas chinas para controlar la contracción son todo lo que debemos dominar para convertirnos en expertas.

Es decir, la contracción y relajación de los músculos circunvaginales con la idea de crear un efecto de succión como el que realizamos al hacer sexo oral.

A la hora de aplicar la teoría a la práctica, lo más recomendable es que la mujer esté colocada encima y que mantenga la cadera quieta en una postura en la que se encuentre cómoda y pueda concentrarse en el movimiento.

Perfecto no ya solo para sorprender a nuestra pareja sino para añadir algo nuevo a la cama y, ya de paso, mantener nuestros músculos de la zona siempre en forma (algo que agradecemos sobre todo después de los partos).

¿Le damos al pompoir?

Duquesa Doslabios