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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘amor’

¿Cómo superar a alguien con quien no has llegado a salir en realidad?

Tenemos una manía muy mala, mala de verdad. Conocemos a alguien, chico, chica, género fluido, da igual. La cosa es que hay una persona nueva en la vida y la vida mola más.

Pero (sí, tiene que haber un pero. Como en todos los grandes dramas, el pero no puede faltar) esa persona se va.

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Y nos deja vacíos alguien con quien realmente, no habíamos empezado a salir ni a lo mejor habíamos tenido nada especial, pero ya no está físicamente y, en cambio, en nuestra cabeza, no puede parar de estar.

Tenemos una manía muy mala de quedarnos en ese momento congelados en el stand by de “¿Y ahora qué?” Tratando de seguir adelante y sin saber ni por dónde empezar a andar.

Pero, ¿se habla también de seguir adelante cuando nunca has salido con esa persona?

Avanzar en la vida sintiendo que quedan sentimientos atrás, es complicado, pero avanzar sin una relación es confuso.

Una vez nos ha quedado claro que no vamos a recibir nada por lo que debamos esperar, hay que preguntarse qué era lo que realmente hacía que esa persona nos interesara tanto.

¿Por qué tanta importancia si, a fin de cuentas, no ha sido correspondido? El amor propio debe imponerse y hacernos recordar que merecemos a alguien que también quiera estar a nuestro lado.

Es un buen momento para tener claro lo que buscamos en la otra persona. Pensar que características nos gustaría que tuviera una posible futura pareja.

Sufrir, darle vueltas a la cabeza o simplemente cerrarse en banda, son comportamientos que no llevan a ningún lado.

Es el momento de concienciarnos de que tenemos opciones. La estrategia del clavo saca a otro clavo no funciona a todo el mundo ni siempre nos apetece realizarla.

Pero independientemente de eso, perder el tiempo pensando en alguien que no nos corresponde es un gasto de energía que, en cambio, podemos invertir en el pensamiento positivo de que hay más peces en el mar.

Duquesa Doslabios.

Llevarte bien con tu ex pareja, ¿realidad o mito?

Hasta hace poco, yo era de esas que pensaba que lo de llevarte bien con una ex pareja pertenecía a la ciencia ficción, junto a la realidad paralela de Stranger Things o el mundo de Narnia detrás de un armario.

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Quizás es porque la mayor parte de mis relaciones han terminado con un corazón roto por lo menos y no siempre es fácil continuar viendo a la otra persona después de eso.

De hecho, ha habido rupturas tan terribles que lo más cerca que me gustaría estar de la otra persona es en las antípodas, pero claro, no solo el cierre tiene la culpa de ello, sino toda la relación previa.

Mi duda se acentuó todavía más cuando vi que mi mejor amiga no solo se lleva con todos sus ex novios sino que muchos de ellos se han convertido en sus amigos más cercanos.

Fue algo que también reflexioné con otro amigo al respecto. “Si una persona te ha aportado cosas buenas, si le has tenido tanto amor, ¿por qué vas a sacarla de tu vida? ¿No es mejor tenerla y que te siga aportando aunque sea de otra manera?”.

No hablo de dejar las puertas abiertas (no es esa la intención), pero últimamente estoy aprendiendo a reconciliarme con mi pasado y a convertir las pocas experiencias negativas en cierres políticamente correctos, en buenos términos, que den pie a un trato amigable.

Puede que no te apetezca invitar a esa persona a tomar un café porque, como diría Dani Martín: “nada volverá a ser como antes”. Pero ¿qué mas da?

La vida sigue, los años pasan, y algo tan ridículo como cruzar un buen deseo sincero de “Me alegra que todo te vaya bien”, marca la diferencia entre un punto de madurez que nos permite discernir y aprender que las personas, como bien decía mi amigo, que tanto han significado, pueden seguir ahí.

Obviamente no en el mismo lugar ni en el mismo punto que en el pasado. Pero ¿para qué volar puentes por los aires si podemos tenderlos?

La vida se cuenta en positivo.

Duquesa Doslabios.

Hoy no es San Valentín pero sigo enamorada de ti

Hoy no es San Valentín y yo me sigo enterneciendo a cada paso que doy por la vida contigo al lado.

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No es San Valentín, pero te sigo llenando el WhatsApp de corazones y tú me vuelves a escribir en cualquier momento del día para preguntarme si hoy me has dicho que me quieres.

Y yo, que aunque me lo hayas puesto ya, siempre te respondo de la misma manera: “No, no me lo has dicho” y aprovecho para escribírtelo yo también.

Porque aunque no es San Valentín, siempre es un buen momento para decirte “Te quiero”, que contigo los días no son números sino series de Netflix en las que me quedo medio dormida y canciones de Europa FM que cantamos juntos desafinando (sobre todo si son las antiguas de Melendi).

Ya no es 14 de febrero, es un día cualquiera de abril, mayo, septiembre o diciembre. Nos da igual, el amor es el de siempre. O quizás no el de siempre, sino el de ahora, que es más intenso que el de hace un tiempo.

Puede que no sea el día de los enamorados, pero sigo queriendo quitarte la ropa a besos, aunque me vaya a llevar mucho más tiempo que utilizando las manos.

Me doy cuenta de que, aunque no es San Valentín, has vuelto a preparar el desayuno, y de que, porque sí, te he invitado cenar a un sitio bonito. Aunque “bonito” para nosotros suela significar que la hamburguesa sea tan alta que casi necesitemos alcanzar la cima con un ascensor.

Y si no es San Valentín, ¿por qué corres con la moto detrás de mi coche para darme un último beso a través de la ventanilla, justo antes de que cambie la luz del semáforo?

Quizás porque independientemente del día del año, el amor es amor, y seguimos siendo así tú y yo.

Haciendo de la vida un San Valentín interminable, una rutina, un estado civil, mental y emocional.

Duquesa Doslabios.

Por qué deberían hacer más películas románticas realistas

Todos estamos familiarizados con la estructura básica de las películas románticas: chico conoce a chica, uno de los dos se comporta como un capullo integral, y el karma corresponde al que lo ha pasado mal con la que era en realidad la persona de su vida que, o estaba ahí desde el principio, o ha demostrado que nunca le fallaría (no como la pareja del principio).

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Pero el otro día, en uno de esos domingos por la tarde de estar envuelta en una manta en el sofá, descubrí Mesa 19, que, por supuesto, empezaba siguiendo la estructura básica.

El cliché de este filme en concreto era que el chico de turno había roto con la protagonista por mensaje después de dos años juntos. Se encuentran unos meses más tarde en la boda de la hermana del chico y la protagonista sufre profundamente viendo a su ex pareja con una de las damas de honor.

Sin embargo conoce, por casualidad, a un hombre atento, simpático, elegante, que le saca a bailar y le demuestra un par de lecciones interesantes como: “Nadie merece un minuto de tu atención si no te lo va a devolver” o que hay que disfrutar del momento presente.

Ese es el momento en el que sabes que ella terminará liada con él porque claro, se lo merece. Pobrecita mía, ¡con lo mal que lo estaba pasando y lo majo que parece este!

Sin embargo la película pega un giro de 180 grados (es tu última ocasión de dejar de leer si quieres ver la película y no comerte los spoilers). Porque vale, su ex al principio la ha cagado, pero ella tampoco es perfecta, sino que le dijo una serie de cosas que le dejaron claro que no se veía con él en un futuro por considerarlo poco merecedor de ella.

La cosa es que aunque se esperara el desenlace feliz con el chico nuevo, ambos protagonistas se centran en trabajar en sus fallos dentro de la pareja. No los olvidan, sino que se preocupan de ponerles remedio para hacer que la relación funcione.

A la hora de analizar el ritmo, puede parecer menos emocionante que una película americana estándar, pero me sentí tan identificada por lo realista que me resultó, que solo puedo esperar que haya tenido éxito para que dejen de vendernos ficciones de algodón de azúcar y nos cuenten estas historias.

Que nos hagan saber que las relaciones no son perfectas, que todos cometemos errores, que la cagamos, pero que podemos aprender de los errores y madurar emocionalmente, lo que hace de la pareja una unión mucho más fuerte.

Duquesa Doslabios.

¿De verdad nos ponen los malotes?

Una vez, solo una vez en la vida me puso de verdad un malote. Y el malote del que os hablo llevaba escrita en la frente la señal de precaución.

YOUTUBE. Fotograma de Grease

Los “malotes” que me gustaban anteriormente eran los que se perdían la hora de religión o el guaperas de turno del barrio, que daba vueltas con su motillo por la plaza.

Hasta ahí el historial de malotes, hasta que llegó el malote de verdad. Pero malote de los buenos, eh? De esos que creéis que nos gustan a los mujeres. De esos de “paso cinco días de ti, te hago sentir como una mierda, te digo que no lleves faldas tan cortas porque es de puta y que qué haces yendo con tu amigo de fiesta porque eres una guarra y en realidad te quieres liar con ellos a mis espaldas”.

Eso era un malote.

Y cuando el malote me levantó la mano (y muchas otras cosas que ahora no vienen a cuento) me di cuenta de que había terminado con los malotes.

Que eso de que te trate como a una basura, de que no te conteste, de que te ordene, de que no tenga en cuenta tu opinión, de que te falte al respeto, de que se ponga celoso por tonterías, no era algo que fuera a querer nunca en mi vida.

Quizás de pequeña te guste el repetidor del colegio, ese que, con un año más que tú, sale respondón al profesor. Y en esa época, que necesitas rebelarte contra todo, te parece más llamativo que el tímido de la clase.

Pero luego ese rebelde crece y se hace dentista. Y tú, que ya eres adulta, te dejas de tonterías, porque lo que quieres en realidad es una buena persona a tu lado, una que te quiera, que te corresponda, que te trate de igual, que te valore…

Y así pasa… Que pierdes el corazón, y ya de paso las bragas, por el buenazo de turno, el de pestañas de personaje de Disney cuando pone ojos de corderillo degollado. El que te perdona doscientas veces y te perdonará a lo largo de su vida unas doscientas más. El que no te haría daño, a no ser que de verdad le pidas el cachete cuando está la luz apagada y la cama encendida. El que te pone el hombro, el rollo de papel higiénico a mano y su camiseta de Levi’s para que se la llores entera cuando tengas un momento de bajón.

Te quedas con el que te coge de la mano cuando veis por quinta vez Frozen, el que te saca a bailar pegados en una boda porque sabe que te encanta aunque se mueva menos que un mueble, el que te responde los mensajes ñoños de amor, el que no se anda con tonterías, el que te dice y, aún mejor, te demuestra, el que siempre está ahí.

Porque si algo queremos las mujeres, además del amor, parafraseando a Isabel Allende, es la seguridad.

Y os puedo asegurar que lo mucho que quieres a un “buenazo” nunca lo conseguirá un “malote”.

Duquesa Doslabios.

¿Tu relación no funciona? Igual no le estás prestando atención a estos detalles

No está remunerado, pero muchas veces tengo la sensación de que mantener una relación es un trabajo a tiempo completo. Requiere tiempo, dedicación, energía… Es, como una vez me dijo una amiga, “como llevar un negocio”.

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Establecemos conexiones que se convierten en relaciones porque damos con alguien con quien compartimos cosas y nos aporta felicidad. Pero es algo que debemos cuidar siempre.

Entonces, ¿cuál es el truco para que funcione?

Hablar con el corazón de todo lo que podamos necesitar. La honestidad es algo básico, ya sea porque necesitamos más cercanía o más espacio. Una pareja que puede tratar de todos los temas de manera abierta crea un espacio seguro en el que todo puede salir con la confianza: deseos, necesidades, miedos, aspiraciones… Compartir estas cosas con tu pareja hace que ambos os conozcáis mejor.

Ten siempre, también, la mente abierta, intenta no juzgar a tu pareja. No ya solo porque dentro de la cama le gusta que te pongas algo que a ti a lo mejor te parece raro, sino respecto a todos los temas: política, gustos, religión… No es necesario que compartas todo absolutamente con él, pero sí que lo tengas en consideración. El respeto es básico.

No critiques a no ser que sea de manera constructiva, y procura encontrar el momento. Esa comida familiar puede que no sea el sitio más adecuado para recordarle que siempre deja gotas de pis fuera de la taza del váter. Intenta no usar sus pequeños defectos (que todos tenemos) en su contra. Hazle saber que le valoras siempre.

Comparte, comparte cosas tan ridículas como el postre, una cerveza y termina compartiendo cosas grandes como experiencias, viajes, vivencias… Crea recuerdos. Todo eso fortalecerá vuestro vínculo.

Tu pareja, tu prioridad. Puede que tengas un trabajo muy estresante, una vida familiar que te exige mucho y un montón de cosas más, pero eso no significa que tu pareja deba estar a un lado. Haz que sea partícipe de tu vida y que le des la importancia que se merece. A fin de cuentas, si no se la estás dando, ¿para qué estás en pareja?

Nunca des el amor (ni a la persona) por sentado. Que para ti todo esté yendo de maravilla, no tiene por qué significar que tu pareja tenga la misma concepción de la relación. No escatimes en recursos para conocer y trabajar en vuestra relación.

Pero, sobre todo, quiere, quiere mucho y sin parar, porque queriendo el resto de cosas no supondrán para ti ningún problema.

Duquesa Doslabios.

Por qué no creo en el “efecto goma elástica” masculino

Hace unos años, cuando era una tierna adolescente que no sabía nada de la vida ni del género masculino (ahora tampoco, pero disimulo estupendamente) leí un libro que prometía darme las respuestas que, por mi corta experiencia, desconocía: Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus.

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No recuerdo casi nada del libro pero sí que comentaba algo relativo al “efecto goma de pelo” en lo que a afectividad masculina se refería. Años más tarde, una amiga me comentó la historia de un ligue que volvió después de un tiempo sin dar señales y se me vino a la cabeza la teoría del libro.

Para explicarle la teoría correctamente le copié el texto que encontré en varias páginas web:  “Una banda elástica constituye una metáfora perfecta para comprender el ciclo de la intimidad masculina. Dicho ciclo constituye el acercamiento, el alejamiento y luego un nuevo acercamiento“.

La cosa es que después de contárselo, y de reflexionar al respecto, me pareció una tontería monumental. Solo podía pensar en que lo único que estaba haciendo el amigo John Gray, el autor del libro, era cubrirse las espaldas, las suyas y las de sus compañeros varones, para que las mujeres les demos libertad plena de desaparecer cuando les plazca y no pedirles ninguna explicación ni agobiarles al respecto por el efecto “goma elástica”.

Luego me puse a pensar en mi experiencia cuando he estado con hombres que realmente tenían interés por mí (incluyendo a mi querido marido, el buen duque) y nunca he vivido ese fenómeno tan paranormal para mí y tan cotidiano según Gray.

Cuando empezaba a nacer el cariño, la relación se intensificaba por parte de ambos. Nadie hacía bomba de humo, y ni se me pasa por la cabeza que si se desaparece, luego no se dé algún tipo de razón lógica por haberlo hecho. La sinceridad no es solo la base, sino el raíl del camino.

Pero en cambio lo he vivido en numerosas ocasiones con ligues que, de repente y sin venir a cuento, te escriben. Sin embargo no lo llamo “efecto goma de pelo”, lo llamo “Antes no me interesabas pero ahora que vuelvo a estar libre estoy tirando de agenda, me he encontrado con tu número y voy a volver a probar contigo por lo que pueda pasar”.

Claro, como teoría no queda tan bonita ni tan poética como la del libro, pero, como mujer (de la tierra, no de Venus) os aseguro que es una explicación mucho más realista.

Duquesa Doslabios.

¿Por qué lo llaman ‘friendzone’ cuando deberían llamarlo “machismo”?

La Torre de Londres en el siglo XVI y XVII o la prisión de Alcatraz en la década de 1930 no son nada comparables a la friendzone, la temida cárcel del siglo XXI que, solo con oírla nombrar, a más de uno le recorre una gota de sudor frío la espalda.

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“¿Cómo es posible?” se pregunta el chico de turno. “¿Cómo ha podido suceder que, siendo cariñoso, amable, atento, comprensivo e incluso mandándole el enlace de los apuntes de Patatabrava, haya caído en la friendzone? ¿Qué he hecho mal?

Bueno, ya te lo digo yo. Lo que has hecho mal son varias cosas. Para empezar, tu primer error, craso y garrafal, es considerar que por el hecho de mostrarte amable con una persona, esta contrae un tipo de deuda contigo que debe ser devuelta con un cariz emocional o sexual.

En segundo lugar, y este es otro error que deberías trabajar por tu cuenta, es que en vez de encajar con madurez el rechazo (puedes aprender a encajarlo elegantemente aquí), has culpado a la otra persona usando el manido término porque a tu ego le resulta más fácil excusarse que entender que simplemente esa persona no estaba interesada en ti. La persona que te rechaza es “la mala”, la que no consigue ver lo bueno que hay en ti pese a que tú lo has dado todo.

Sin embargo, al igual que entendemos que no podemos caer bien a todo el mundo, no siempre nos van a corresponder. Pensadlo, si así fuera tendríamos la mitad del mp3 vacía. Son las lecciones 1 y 2 de la vida, de las que te daban tus padres cuando te iban a buscar a clase.

La friendzone declara (pero sutilmente, eh) que no puede existir la amistad entre un hombre y una mujer porque él siempre va a estar buscando algo más y el hecho de caer en esa “cárcel” es un castigo en vida. Se convierte automáticamente en una víctima.

El término sostiene que si se mantiene una relación de amistad es a disgusto y obligado porque no le ha quedado otra alternativa. Y francamente, me parece bastante ofensivo y reduccionista el hecho de que asumamos que la amistad con el género por el que nos sentimos atraídos es imposible.

Aprendamos a identificar las diferencias. Una persona que busca tu amistad sincera, porque considera que le aporta tenerte en su vida de esa manera, no dirá que le has friendzoneado. Una persona que quería metértela, sí.

Duquesa Doslabios.

¿Estás micro-engañando a tu pareja?

Antes que nada: ¿micro-engañar? ¿Pero eso existe? Yo también pensaba que lo de engañar era o blanco o negro, o lo haces o no. No que existía un nivel de engaño tan pequeño que se conocía como ‘micro-engaño’.

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El micro-engaño es tan relativo que comprende todo aquello que para algunos puede ser considerado infidelidad mientras que para otros no.

El hecho de dar “me gusta” a alguien en una fotografía, poner un comentario en una red social o compartir chistes privados son, para ciertas parejas, digno de considerar como una falta de concentración en la relación.

Pero, teniendo en cuenta que el mundo virtual es el nuevo espacio de las relaciones sociales, ¿es cualquier interacción con una persona del género contrario (o del mismo si hablamos de alguien homosexual) una traición?

Yo creo que todo reside en el propósito que se tenga con esa persona. Amigos virtuales no tienen por qué ser un problema siempre que ambos tengan claro la relación de amistad. Para mí, si no hay una intención escondida tras los intercambios, no hay engaño.

Otro caso muy diferente es el de quienes cambian sus horarios para coincidir con dicho tercer elemento o ponen un pseudónimo para poder seguir comunicándose a espaldas de su pareja, ya que eso sí que se podría considerar que se está centrando en tener una conexión más cercana y recíproca con alguien fuera de la relación.

Si leer un comentario de nuestra pareja en una cuenta o si le felicita a su ex pareja el cumpleaños ya hace que salten todas nuestras alarmas, (además de que todos habríamos micro-engañado miles de veces) lo que debemos hacer es una introspección de si realmente tenemos confianza en nuestro compañero (algo que, como todos sabemos, es la base de cualquier relación).

A lo largo de nuestra vida, si estamos en una relación, seguiremos conociendo gente, alguna interesante, otra nada, alguna atractiva, otra no… Pero será en ese momento en el que debemos confiar en que la relación es lo bastante fuerte como para no querer perder a la persona que tenemos al lado por mucho que aparezcan otros elementos por el camino.

Duquesa Doslabios.

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Planes para San Valentín si quieres huir de la típica cena romántica

El restaurante elegante con velas está bien. Pero cuando llevas celebrando San Valentín en el mismo sitio durante los últimos cinco años aquello empieza a oler.

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Como enamorada madrileña, enamorada y madrileña, voy a contaros las que han sido algunas de mis citas favoritas en la capital que salvan la situación para el Día de los Enamorados:

  1. Entradas para un show: lo importante es salir de casa y disfrutar del espectáculo. Puedes sorprender a la otra persona con su grupo favorito, un comediante que hace monólogos en tu ciudad, una obra de teatro (también échale un vistazo a los musicales)… Los espectáculos de Jamming o Microteatro por dinero son algunos que encuentras en Madrid a precio asequible.
  2. Masterclass de cocina: así ninguno podrá poner como excusa que no sabe cocinar. Las ofrecen en diferentes escuelas y si rebuscas un poco en Internet, puedes encontrar descuentos. Una que funciona de maravilla es la escuela de Paco Amor.
  3. Ir a bailar: pero a bailar de verdad, no a ir a una discoteca. A bailar, como diría Sergio Dalma, pegados. Puedes ir al Templo, sobre todo si tienes más de cuarenta años, ya que el público es adulto; y si no sabes bailar, no tienes excusa en Azúcar Madrid. Con el precio de la entrada, que incluye una consumición, tienes la clase de baile.
  4. Spa casero es la idea perfecta para los que no puedan permitirse una cita por las nubes. Prepara en una cesta una vela, aceite, exfoliante, esponja, una buena lista de reproducción en Spotify y organiza una velada romántica en casa.
  5. Ver las estrellas, para lo que tendrás que alejarte un poco de la ciudad. Aprovecha que anochece temprano y pásate por la Silla de Felipe II. La carretera de noche es un poco liosa, pero será de las experiencias más románticas de tu vida. Eso sí, lleva una manta en el coche porque las temperaturas son muy bajas.
  6. Picnic con vistas para los diurnos. Coge manta, botella de vino y hummus y súbete al Cerro del Tío Pío (también conocido como Las Tetas de Vallecas) o al parque de Debod.
  7. Cine sobre ruedas: aunque este todavía no ha llegado a Madrid, fue una de mis aventuras en Valencia. El Autocine Star te permite entrar con el coche y ver la película desde el vehículo. Te sentirás como Sandy y Danny en Grease.
  8. Cata de vinos o de cervezas: si las que encuentras online te parecen un poco caras, puedes ir a las que se organizan en la Escuela de Agrónomos, a través de la Asociación Cultural La Carrasca, por 3 euros (no, no hace falta que le digas a tu acompañante el precio).
  9. Escapada de un día: aprovecha los sitios de interés turístico que tengas cerca. No es necesario que te atravieses la Península Ibérica. Coge un billete de autobús a algún lugar próximo y anímate a conocer Chinchón, El Escorial, Patones…
  10. Para los locos de la aventura lo mejor es una experiencia para liberar adrenalina. Prueba un juego de escape (en Dark Street van a hacer uno especial por San Valentín), un paseo en kayak por el río Sequillo en Lozoya, un día en la Warner o una visita al Parque de Atracciones.

Esto sirve para los que prefiramos crear recuerdos con nuestras parejas antes que recibir regalos, claro.

Duquesa Doslabios.