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Amor, si el karma existe, que no vuelva a ponerme en tu camino

Estoy a punto de cumplir 27 años. La edad que tú tenías cuando me conociste. En aquel momento, los seis años que nos diferenciaban me parecían una tontería por mucho que tú te empeñaras en llamarme “pequeñaja” continuamente.

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Hay quien dice incluso que es hasta recomendable que el hombre sea más mayor. Yo creo que lo recomendable es que sea buena persona.

Voy a cumplir 27 años y, hubo un momento de mi vida, en el que no las tenía todas conmigo de si llegaría a cumplirlos. Por ti, claro. Por ti que me hiciste dudar tantas tardes de si volvería o no a mi casa.

Con los acelerones, los frenazos, las conducciones en sentido contrario con coches viniendo de frente, tus manos fuertes, tus puños llenos de arañazos, tu boca sangrando.

Y todavía alguien se preguntará por qué a punto de cumplir 27 años tengo miedo a la oscuridad. Y al día, no nos engañemos. No me acuerdo de lo que es pasar por mi calle sin miedo, sin el corazón galopándome en el pecho antes de abrir el portal, sin salir de casa mirando antes a ambos lados, sin que se me atenace la garganta cuando veo un Peugeot morado.

Desde que llegaste a mi vida y yo me fui de la tuya, cumplo, cada año, con miedo. Pensando si algún día volverás a cumplir todas las sentencias que me pusiste por escrito. Los mails, mensajes y whatsapps en los que me declaras muerta son tantos que se me antoja aún increíble que no acataras ninguna.

De ahí que nunca esté tranquila. Porque dijiste que sería tuya para siempre. Que, aunque me fuera, seguiríamos perteneciéndonos. Y ahora que he aprendido que no soy de nadie más que de mí misma, me da miedo que vuelvas a terminar el trabajo.

Voy a cumplir 27 años, que es cuando tú te topaste con una yo de 21 y le dijiste que no valía nada y que su único valor residía en el amor que decías sentir por mí.

No me imagino, a mis casi 27 años, amenazando a nadie ni de 21 ni de 22 ni de 30 ni de 60. No me imagino diciendo las cosas que me hiciste escuchar.

Que estaba liada con todos mis amigos, que, si había karma en este mundo, terminaría con sida o algo peor por puta, por zorra. Que cómo me atrevía a moverme por el presente si no era contigo al lado, a tener un pasado, a pelear por mi futuro, en definitiva, a ser yo sin ti.

A punto de cumplir los 27 sigo andando más rápido si siento pasos detrás de mí, sigo con miedo de espacios abiertos con gente donde podamos encontrarnos, sigo evitando pasar por tu Madrid.

Tú decías que, si la justicia poética existe, volveríamos a encontrarnos algún día. Yo rezo porque si realmente hay en el mundo algo así, no vuelva a ponerme en tu camino. Porque sigo con el temor de estar en él sin darme cuenta y de que decidas que hasta ahí han llegado mis pasos.

Escapar de ti fue el más pequeño de los desafíos incluso con cubertería afilada, golpes, gritos, escupitajos, persecuciones y casi un accidente con un conductor de autobús de por medio.

Eso es lo gracioso, que aquella tarde infernal fue lo más sencillo de todo. Lo complicado es llegar así a los 27 años.

Pero puedo garantizarte que, cuando llegue mi día, soplaré esas velas con todo el aire de mis pulmones. Porque el acto más revolucionario que se me ocurre, después de ese amor tan envenenado que trajiste bajo el brazo, es vivir y seguir cumpliendo (y celebrando) los años.

Y aún con miedo seguir saliendo a la calle, seguir riéndome a carcajadas, seguir maquillándome cuando tanto te molestaba, seguir teniendo amigos, compañeros, hombres de confianza, amigas que me quieren y no como las que te encargaste de apartar de mi vida dejándome aislada.

Lo más rebelde de mis 27 años es tener la suerte de darle las gracias a mis padres por apoyarme, por saber que algo pasaba, por pagarme una psicóloga, por darme tanto cariño y apoyo en casa.

Porque el acto más insurrecto de todos ha sido aprender, de nuevo, a querer, a quererme.

Duquesa Doslabios.

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Ni la violes ni la mates

Son las siete y media de la tarde. A estas horas, normalmente, cojo las zapatillas, el abrigo más grueso que tengo y salgo a correr. Hoy no, hoy no hay ganas, ni fuerzas ni nada. Hoy hay, además de una pena que me llega al tuétano, miedo.

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No es que haya empezado hoy a sentirlo, siempre ha estado ahí, siempre lo he vivido. Pero hoy pesa más que de costumbre.

Tengo miedo de salir por mi barrio, mi parque con sus columpios donde he pasado tantas tardes de mi vida, mi zona de siempre, y no volver.

Porque quizás un día, o tú que me lees, o yo, que te escribo, no volvamos a casa. Y no dependerá de ti ni de mí. No es que, motu proprio, hayas decidido irte sin mirar atrás, es que han decidido por ti que ese era el final de tu camino.

Como tantas mujeres que se han cruzado a lo largo de mi vida en la universidad o en el trabajo, aviso siempre a alguien cuando salgo de casa a hacer ejercicio y mi madre o mi padre me piden encarecidamente que “me cuide”, que tenga “sentidiño”.

Pero que “me cuide” no es suficiente, porque por mucho que vaya por el camino que no tiene pendiente, por la zona iluminada para evitar tropiezos y que pueda caerme al suelo, mi seguridad desde que salgo de casa, por mucho que tanto a mí como a ellos nos pese, deja de estar bajo mi control.

Pienso en mis amigos, en mi hermano, en cómo no tienen que preocuparse de estas cosas, en como salen a correr, a andar, de fiesta, de viaje, a estudiar, en como vuelven a la hora que quieran solos o con las compañías que deciden sin ese miedo a no regresar.

Y entonces solo cabe preguntarse, ¿esto es vivir en libertad? ¿Es libertad vivir con miedo de salir de casa? ¿Con miedo de ir por la calle independientemente de la hora, de la gente que circule, de la zona, de mi ropa, de mi edad?

¿Cuándo van a dejar de pedir que nos cuidemos? ¿Por qué el planteamiento es que, siendo mujer, te protejas en vez de que, si eres hombre, no agredas?

Igual si empezáramos a enseñar de manera diferente, a decir que si ves a una chica sola por la calle a las tres de la mañana, que si te cruzas con una que va borracha, que si coincides en el parking, que si es una vecina que te encuentras en el rellano, que si tu pareja quiere romper la relación, que si va viajando sola, que si es tu compañera de trabajo y ha ido al baño, ni la violes ni la mates.

Duquesa Doslabios.

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Stealthing: la nueva tendencia de quitarse el condón durante el sexo

Querid@s,

El fin de semana pasado conocí a un apuesto (macabro, descubrí a posteriori) francés en un evento Couchsurfing en Chicago, ciudad imponente a la que acabo de mudarme de nuevo hasta nueva orden. Lo cierto es que el del país de la Marseillaise ostentaba una planta bárbara y le sobraba pinta de majo, educado, limpio/aseado. O eso creía yo. No voy a entretenerme en la historia de cómo llegamos hasta su alcoba porque el asunto no va de eso. Lo que quiero contaros es que una vez enredados y en un descanso del mete-saca, el muy tirano aprovechó un momento de despiste por mi parte para deslizar con sigilo el condón por su miembro viril hasta quedarse en bolas. Será… Menos mal que estuve atenta -yo ya no me fío ni de mi sombra, tal y como me aconseja mi madre prácticamente a diario- y le pillé con el condón en la mano. Y con toda la intención de no decir ni mu. Le dije más que a un perro y me fui e esa habitación envenedada como alma que lleva al diablo, no sin antes decirle que lo que había hecho es/podría ser punible y que recibiría noticias mías en algún momento. Ahí acabó la historia.

Esta inquietante tendencia, que nada tiene que ver con nuevas posturas o técnicas amatorias, tiene muy poco de sexy y se conoce como Stealthing.

Pues bien, resulta que esta maniobra no es sólo cosa del francesito, sino que se trata de una más que  incipiente tendencia de alcoba que amenaza con tornarse global. De ella habla alto y claro Alexandra Brodsky en un informe publicado en el Columbia Journal of Gender and Law. Para los entusiastas de los estudios, aquí lo tenéis. Entre otros argumentos la autora documenta en su informe que esa maligna “furtividad” cuando un hombre descapota su miembro viril durante el sexo con sigilo, en secreto y sin el consentimiento y conocimiento de la pareja se considera una forma de de agresión sexual y debería tratarse como tal.

Con este artículo la autora pretende proponer una nueva ley que facilite un vocabulario para que la gente se refiera a una experiencia, desgraciadamente demasiado habitual, a la que frecuentemente calificamos de mala experiencia sexual o mal sexo, cuando deberíamos decir violencia, según declaró Brodsky al Huffington Post.

El estudio arranca con Rebecca, una estudiante de doctorado que trabaja en un Call Center en el que se atiende a víctimas de violación. Rebecca se dio cuenta de que cada vez recibía más llamadas de mujeres que se encontraban con un caso de stealthing. La propia Rebecca había experimentado la misma situación con un ex novio. Al parecer “las historias suelen comenzar de la misma manera,” afirma Rebecca. “’No estoy convencida de que sea violación pero…’” Todas se sentían violadas pero “no tenían el vocabulario” para expresar lo que había ocurrido.

La práctica de “stealthing” no solo expone a las víctimas a embarazos no deseados o a enfermedades de transmisión sexual, sino que además provoca el mismo tipo de daño emocional y físico que otro tipo de abuso o acoso sexual con violencia. Una de las victimas que Brodsky entrevistó para el informe se refirió a lo ocurrido como de “cuasi-violación.” Otra víctima calificó lo sucedido de “flagrante violación de lo que habíamos acordado.”

Lo más perturbador de todo es que existen páginas encubiertas en las que hombres homosexuales y heterosexuales comentan y comparten sus hazañas sexuales animándose y aconsejándose sobre la práctica del stealthing ya que es el derecho de todo hombre esparcir su semilla. ¿Cómo? Por ejemplo, metiendo el preservativo en el congelador o haciéndole agujeros. En la web Experience Project un hombre que dice ser onesickmind (una mente enferma) escribe una guía completa sobre stealthing en la que fanfarronea y se jacta de haber hecho la misma jugada con tantas chicas que no puede ni contarlas.

Otro internauta sinvergüenza se suma a la causa y nos deja las siguientes perlas.

 

¿Cómo os quedáis?

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Día Internacional de la Mujer: Google homenajea a 13 mujeres pioneras que hicieron historia

Querid@s,

Mi amigo cubano Toni – con el que tuve un idílico affaire hace unos años, ya os contaré-, me felicita hoy desde Cuba por el Día Internacional de la Mujer. No se olvida de las mías y me pide que le haga llegar las felicitaciones a todas las mujeres de mi familia. Gracias mi amol. No olvidéis felicitar a las mujeres de vuestras vidas.

El Día Internacional de la Mujer se celebra, como cada año desde hace más de un siglo, este 8 de marzo. Como en aniversarios anteriores, este año Google conmemora este día con un doodle que recuerda a 13 mujeres pioneras “que allanaron el camino para poder llegar hasta donde hoy estamos”, según el propio Google. La protagonista de la imagen es una niña que viaja en el tiempo mientras su abuela —antes de irse a dormir—, le cuenta las historias que vivieron estas increíbles mujeres a lo largo del tiempo por todos los rincones del mundo: desde una pintora a una astronauta, pasando por una bailarina o una tenista.

No es la primera vez que Google crea un doodle para conmemorar el #DíaInternacionalDeLaMujer, aunque este año ha decido recopilar a 13 que hicieron historia. Para comprender la relevancia a escala mundial que supusieron los avances, investigaciones y descubrimientos llevados a cabo por las homenajeadas, el buscador explica los méritos alcanzados por las trece.

Ida Wells

Periodista estadounidense, sufragista, y activista por los derechos civiles.

Lotfia El Nadi

Primera mujer piloto en Egipto.

Frida Kahlo

Pintora y activista mexicana.

Lina Bo Bardi

Arquitecta brasileña de orgine italiano.

Olga Skorokhodova

Científica e investigadora soviética en el campo del lenguaje de signos

Miriam Makeba

Cantante sudafricana y activista por los derechos civiles

Sally Ride

Astronauta americana y la primera mujer americana en el espacio

Halet Çambel

Arqueóloga turca y la primera mujer musulmana en competir en los Juegos Olímpicos

Ada Lovelace

Matemática inglesa, escritora y primera programadora informática del mundo

Rukmini Devi

Bailarina india y coréografa aclamada por revivir la danza clásica india

Cecilia Grierson

Médico argentina y la primera mujer en Argentina en recibir un título médico

Lee Tai-young

Abogada y activista coreana que fue la primera abogada y juez de Corea.

Suzanne Lenglen

Campeona de tenis francesa que popularizó el deporte

Además de conmemorar estas 13 mujeres, ¿a quién se debe rendir homenaje en este día? ¿A todas las personas a las que biológicamente se les considera mujer? No sólo a ellas, sino también a todas las personas que se sientan mujer. También a la mujer transexual que lucha día a día para que se les reconozcan sus derechos, a las lesbiana que siguen sufriendo discriminación por el simple hecho de amar a otra mujer. Conmemoramos a las víctimas de violaciones y abusos sexuales, conmemoramos a esas niñas que han sufrido acoso por no compartir esa feminidad que supuestamente todas debemos lucir y conmemoramos también a todas esas generaciones pasadas (y presentes) que han vivido en represión durante sus vidas, bajo el yugo de la sumisión, el machismo y ese monstruo llamado violencia de género. Ese que Mariano Rajoy parece no darle demasiada importancia.

Por ello, hoy brindo, por cada día del año, por todas esas mujeres con el poder de decidir sobre sus cuerpos, sus derechos y sobre su sexualidad. Brindo por todas las mujeres; las fuertes, las menos fuertes, las marginadas, las integradas, mujeres que han sido discriminadas de una u otra forma, mujeres que en una lucha titánica por superarse han dejado de ser víctimas, mujeres que siguen batallando por el reconocimiento de sus derechos e imaginan, y hacen posible, un futuro mejor.

Brindad conmigo.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Agresiones sexuales (en Sanfermines): Cuando NO es NO

Querid@s,

“Una vez dentro me rodearon los cuatro y me tiraron al suelo. En esa posición me quitaron el sujetador y los botones del pantalón. Intenté escapar, pero no pude, incluso, me taparon la boca para que no gritara”. De este modo relató la joven víctima la presunta agresión sexual en Pamplona en la primera noche de San Fermín.

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Fue víctima de una violación múltiple. Ella era una. Ellos eran cuatro. No uno, ni dos, ni tres, sino cuatro. Malditos bastardos. Pero la de la joven de diecinueve años no ha sido el único ataque sexista. En cinco días se han presentado en Pamplona doce denuncias contra la libertad sexual y se ha detenido a doce personas. Los presuntos agresores continúan detenidos en prisión provisional. Ojalá se pudran en el calabozo. Ojalá algún día las mujeres podamos movernos en las fiestas (y en la vida) con la misma libertad que ellos. Sin miedo a quedarnos solas, sin miedo a que nos persigan o nos acechen de noche, sin miedo a que intenten abusar de nosotras. Sin miedo a nada. Desgraciadamente aún no ha llegado ese día.

Estos Sanfermines han terminado con un balance terrible. 16 denuncias por violaciones y tocamientos a mujeres. Me pregunto qué problema tienen estos proyectos de hombre. Porque un hombre que abusa de esta manera de una mujer no es un hombre. A ver si queda claro de una vez por todas. No es no. Cuando una mujer (o un hombre) grita y llora mientras se l@ está tocando, besando o manoseando quiere decir que no.

Me adelanto a los comentarios que de sobra sé que harán algunos de ustedes. Si no quieren que las violen que no vayan vestidas (como putas) y que no enseñen las tetas. Guarras. Si provocan, luego que no se quejen. ¿Acaso enseñar el torso quiere decir que cualquier hombre tiene luz verde para que la violen a una? ¿Por qué no podemos quitarnos la camiseta como lo hacen ellos sin que por ello tengamos que exponernos a agresiones sexuales? Cuando ustedes los hombres se descamisan, ¿quiere decir que podemos abusar de ustedes y que podemos tocarles sin su permiso? Creo que no.

Solo puedo decirles que a estas alturas del cuento resulta inquietante que la responsabilidad de las agresiones sexuales machistas siga recayendo sobre nosotras. El agresor es el único culpable. Pero la violencia machista es algo estructural que tiene que ver con la sociedad patriarcal en la que vivimos y hace creer a algunos hombres malos que tienen derecho sobre nosotras.

Pilar Mayo, técnica de Igualdad del Ayuntamiento de Pamplona y coordinadora del grupo de trabajo Sanfermines en Igualdad dice “No. Las agresiones sexistas en Sanfermines no se diferencian de las que se producen en espacios de ocio nocturnos, donde se presupone y exige a las mujeres que seamos más permisivas cuando los hombres van pasados de tono. Es como si nos dijeran: “chica, que estamos de fiesta, no te pongas así“.

Pues yo digo: Mira chico, me pongo como me dá la santa gana. ¿Quién eres tú para decirme como tengo que ponerme o dejar de ponerme?  Y es que en ambientes festivos la violencia machista está más justificada – la simple justificación ya es vergonzosa y deleznable- . Uno se pasa con las copas/drogas y se monta en la cabeza la pirula del todo vale porque estoy de fiesta mientras se excusa miserablemente con el pretexto de que el alcohol y las drogas disculpan casi cualquier comportamiento de abuso de poder.

No olvidemos señoras y señoras que existen otro tipo de agresiones que cualquier hija de vecino hemos vivido en algún momento de nuestra existencia. Hablo de la violencia y el abuso más invisible y naturalizado como son los tocamientos de culo o mama, el acoso callejero, los insultos o piropos desacertados o cuando nos agarran para bailar aunque no queramos. Para los que no se enteran ni del NODO…NO sigue siendo NO.

Desde este blog les pido a todos, sobre todo a los caballeros, su apoyo a todas las víctimas de las agresiones sexuales y la repulsa a todos sus malditos verdugos. En esto o están ustedes en contra o están a favor. Y el que calla otroga.

En fiestas, de noche, de dia, en la playa y en la montana. NO sigue siendo NO.

P.D.: Les he echado de menos. ¿Y ustedes a mí?

Que follen mucho y mejor.

Ni una víctima más, ni una mujer menos #SuicidateAntesDeMatarla

Querid@s,

Contra la violencia machistaLlego tarde. Lo sé, no tengo excusas. Este miércoles fue el Día de la Eliminación de la Violencia Machista, aunque deberían serlo todos los días.

864. Es el número de mujeres, jóvenes y adolescentes muertas (de 2001 a 2014) a manos de esos que les decían que las querían. Sus novios, sus maridos, sus amantes, sus ex parejas. 48 en lo que va de año.

Todos ellos las mataron porque les dio la gana, porque sí, porque les pasó por los cojones. Quien bien te quiere te hará llorarLa maté porque era mía. Basta ya de mamarrachadas.

Me dan ganas de vomitar y de aplicar la ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente) cada vez que me entero de que un hombre decide llevarse por delante a una mujer. Pero no serviría de nada. O sí.

¿Cómo? Apuñaladas, golpeadas, disparadas con arma de fuego, estranguladas, degolladas, asfixiadas, quemadas, golpeadas y otros métodos. Como ven, no falta el ingenio.

 Tina S. fue apuñalada por su marido a los 74 años. No sobrevivió. Su marido decía  “Yo me voy a morir pronto, pero te voy a llevar por delante”. Las supervivientes, las que no acaban muertas, tampoco corren mejor suerte. Para muchas, su condena durará hasta el día en el que su verdugo muera. Y ya se sabe que mala hierba nunca muere.
Miriam, superviviente: Su expareja intentó matarla clavándole un cuchillo: “Soy víctima y estoy cumpliendo condena”
Los hombres tienen que unirse y participar de lleno en la lucha por la erradicación de la violencia machista. Quedarse callado, mirar hacia otro lado, darle la espalda es colaborar a que esta brutal lacra continúe. Gracias a los que no son neutrales, a los que se unen a la casa, a los que son un@ más.

Arias Cañete, aplíquese el cuento. Grabado a fuego tengo la perla que soltó sobre la “superioridad intelectual de los hombres” sobre las mujeres. Con dos cojones. Tampoco ayudan mucho algunas compañas contra la violencia de género que se me antojan un tanto machistas. La intención es buena, pero el fin no justifica los medios.

Que no venga un Torrente a darle lecciones a Susi de lo que tiene o no tiene que hacer por Internet. Parece que la culpa la tiene Susi, cuando aquí el único culpable es él. No sé cómo lo verán ustedes. Aún recuerdo cuando un verano en la playa de Benidorm, en un supermercado de confianza, iba yo en bikini y con pareo de playa a comprarme un refresco, que hacía una calina que pa qué. Tendría 25 años y un señor, acompañado de su mujer, me miró de arriba a abajo con odio, con rabia, desnudándome muy pervertidamente con la mirada y me soltó:  ¡Cómo vais así medio desnudas! Y luego os quejáis de que os violan. Con dos cojones. Como Cañete. ¿Por qué se intimida a la “víctima”, que bastante tiene con lo que tiene. ¿Por qué se la culpabiliza? ¿Por qué se la amedranta? ¿Por qué se le echa la culpa de lo que un hombre decide hacer de forma voluntaria con ella?  Creo que esta es más acertada. Véanla.

Los amores no matan. Ninguno. Porque por amor no te prohíben quedar con tus amigos. Por amor no te obligan a follar si no quieres.

Por amor no te hacen llorar. Por amor no te pegan y luego te dicen “Mira lo que me haces hacer“.

Por amor no te dicen que todo lo haces mal. Por amor no te tienen acorralada.

Por amor no te dicen que estás gorda. Por amor no ahogan tu alma.

Por amor no te dejan el ojo morado y te dicen “lo siento”. Por amor no te vuelven a dejar el ojo morado y te vuelven a pedir perdón.

Por amor no te hostian cada vez que se le antoja. Por amor no te dejan vestirte como a ti te da la gana.

Por amor no te llaman puta. Por amor no te maltratan.

Por amor no te amenazan con matarte si te vas.

Si alguno de estos verdugos anda por aquí, #SuicídAntesDeMatarla, no después. Ni una víctima más, ni una mujer menos.

Por un amor verdadero.

Que follen mucho y mejor.