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¿Cómo sabes si es el momento de volver a tener citas?

Después de quedarme soltera, lo tuve fácil para saber cuándo quería volver a tener citas.

Necesitaba quedar con gente que no me preguntara por mi ex por el simple hecho de que no supieran de su existencia y la conversación no girara en torno a él.

Aquello me llevó a tener una serie de citas desiguales. Yo conseguía ‘huir’ del nombre de mi anterior pareja, pero no buscaba conectar emocionalmente con nadie.

En ese momento, por mucho que la otra persona me resultara estupenda (que algunos lo fueron), me veía incapaz de poder llegar a algo más.

Tenía citas, sí, pero para mí no era más que una vía de escape y no un interés real de conocer y bucear en el chico que tenía enfrente.

El clavo que saca a otro clavo no funcionaba en este caso por mucho que siguiera la recomendación de seguir quedando.

No dependía de cuántos pudieran completar la agenda, sino de que mi capacidad emocional llevaba el ‘modo avión’.

El miedo al dolor o a que volviera a pasar lo mismo eran claros: no estaba preparada para volver a la carga.

Cualquier profesional habría visto claramente mi problema: al bloquear mi habilidad de estar presente de manera emocional con alguien, no podía dejar que las cosas prosperaran.

No se tiene la energía para tener citas si todavía el pasado está estancado en el momento actual. Lo mismo pasa si no entendemos en qué punto nos encontramos.

Por mucho que quisiera salir y distraerme, el hecho de bordear el problema de raíz -que no estaba lista para abrirme– no concordaba con las relaciones que podía tener.

Solo dejándome seguir un proceso en el que poder llorar, perdonar, soltar lastre, aprender y volver a empezar.

Que si somos conscientes de que no estamos en ese punto, no enredemos a personas que pueden estar interesadas y dedicándonos esa energía que no somos capaces de darles de vuelta.

Duquesa Doslabios.

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Sí, hay una forma de acabar una primera cita mala sin que sea incómodo

Dicen que uno de los secretos de la felicidad es vivir sin expectativas de ningún tipo. Y es esa la enseñanza que falta por poner en práctica cuando se trata de pensar en una primera cita.

Ese momento de ponernos por fin cara en vivo y en directo, de descubrir la voz en persona, de fijarnos en los gestos y, sobre todo, averiguar qué se siente con alguien nuevo, es una ruleta rusa.

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Por mucho que lo ideal fuera que solo por quedar ya tuviéramos la garantía de éxito, la verdad universal es que no todas las citas van a salir bien.

Sería muy cómodo que, como si de una autopista se tratara, tuvieras salidas en algunas franjas de la cita para irte sin tener que entrar en la razón. La de los 5 minutos (hay veces que tan solo con eso ya sabes si has cambiado de idea), la de los 15, 30, 60…

Unos momentos en los que resultara socialmente aceptado ponerle fin sin dar más explicaciones.

Pero como todavía no lo hemos puesto de moda -lo lanzo como idea- es un gran clásico recibir esa llamada de tu amiga con cualquier excusa. Como ya no es la opción más madura, nos toca avanzar.

Pero, ¿existe otra opción más educada que aguantar hasta el final, por mucho que no vayamos a ver a esa persona más, y despedirse con un “vamos hablando” o “nos vemos” que no llegará nunca a suceder?

Para esas veces en las que tienes claro que no quieres continuar, puedes tirar de sinceridad y retirarte haciendo gala de tus buenos modales.

Con la honestidad por delante, bastaría con dejar claro de una manera empática (sin necesidad de ser borde) que, para ti, ese encuentro ha llegado a su fin.

Evitar herir los sentimientos y no dejar que la otra persona albergue falsas esperanzas puede pasar por un simple “Gracias por venir, no siento química, así que me voy”.

No hace falta deshacerse en explicaciones. Basta el agradecimiento que permite evitar la bala de si lo has pasado bien o no. Simplemente dejarle que valoras la inversión de su tiempo.

También se puede optar por el “no eres lo que estoy buscando en una pareja” después de dar las gracias.

Esta segunda opción sí que puede llevar a más preguntas por parte de la otra persona.

Puedes esperar para decirlo en un mensaje después de despediros o la próxima vez que te hable y acabar también en buenos términos.

Duquesa Doslabios.

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¿Cómo vencer el miedo a volver a tener citas?

Si 2020 nos ha parecido un año agotador, que el principio de 2021 le haya seguido los pasos -al menos durante los primeros meses-, ha conseguido lo que parecía imposible: estar sin pareja ya no es tan interesante.

La pandemia no solo nos ha cambiado las prioridades y expectativas, también ha hecho que lleguemos a la conclusión de que el sexo esporádico que podía valernos en el pasado, se ha quedado un poco corto cuando hay un virus que nos obliga a mantener las distancias.

CALVIN KLEIN

Con las vacunas a la vuelta de la esquina (o eso quiero pensar), que recuperaremos lo que era nuestra vida anterior parece ahora más cercano que nunca. Pero, ¿volveremos a quedar y conocer gente como antes?

De la misma forma que se nos hace difícil pensar en salir a la calle sin mascarilla -un año después ya tenemos el hábito de cogerla antes de irnos de casa-, lo mismo pasará con la vuelta al terreno de juego.

Tanto tiempo reduciendo al máximo la lista de contactos y viendo solo a los familiares y amigos más cercanos, nos llevó a quedar después en pequeños grupos, con distancia y al aire libre, una estrategia que nos toca seguir llevando a cabo.

Hasta que la mayoría estemos vacunados, vernos en espacios abiertos será la tónica habitual. Las mascarillas, geles desinfectantes y lugares en los que no haya grandes multitudes encabezarán la lista a la hora de reconciliarnos con las citas que vengan de ahora en adelante.

Puede que estemos oxidados, así que emplearse a fondo en conocer a la persona que tenemos enfrente debería ser nuestro objetivo. Aunque la tentación de ponernos a hablar de cómo hemos vivido este año será grande, no debería convertirse en el monotema de la conversación.

No, no ha sido un año especialmente interesante y no podremos compartir las escapadas exóticas que hemos hecho, pero sí lo que hemos aprendido a nivel personal y cómo somos ahora en comparación con nuestro ‘yo’ de hace un año.

Será inevitable que, volver a tener citas con normalidad, nos haga sentir nerviosismo por partida doble (ya no solo por lo de conocer a alguien nuevo, sino por llevar tanto tiempo oxidados).

No hay nada como ir con pocas expectativas para ir entrando en calor y familiarizándonos de nuevo con las citas que salen bien y las que salen mal, que las seguiremos teniendo.

Quizás un buen punto de partida es sincerarnos y decir antes de vernos cómo nos sentimos. Si tenemos nervios, si se nos hace raro, etc es también una forma de invitar a la otra persona a que pueda confesar si también lo está viviendo con agitación.

Y es que al final, tontear es como montar en bicicleta. Buscar miradas y dar sonrisas siguen en los primeros puestos de la lista de cosas que sí hay que hacer. Estar con el teléfono móvil en la mano seguirá siendo algo que deberíamos evitar.

En definitiva, podremos aplicar las mismas y conocidas reglas de antes, esas que ni el coronavirus ha conseguido cambiar.

Duquesa Doslabios.

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La segunda cita es más importante que la primera (aunque no te lo creas)

Las primeras veces suelen dejar bastante que desear. Y aquí hablo desde la experiencia absoluta. Con más razón todavía si me preguntas por las primeras citas.

Expectativas por las nubes, nervios desatados, un retraso por parte de la otra persona que hace que tengas que esperar 45 minutos en la calle, conversaciones infinitas sobre el gimnasio, un plato que sale mal (con trocitos de cristales, historia real), una despedida un poco fría…

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Que sea la que más a menudo vamos a recordar -porque marca el comienzo si la historia va más allá- es la excusa perfecta para que exista demasiada presión a su alrededor. 

Discutía con un amigo la teoría de que la primera cita debería ser siempre algo casual. Una postura inversa a mi pasión por diseñar encuentros dignos de película hollywoodiense.

Te puede interesar: ¿Y si volvemos a currarnos las primeras citas?

En su opinión, era mejor una toma de contacto informal dejando para la siguiente ocasión un plan más especial.

Pero, ¿qué pasa cuando no las tienes todas contigo? ¿Es buena idea volver a quedar si te sientes a medio camino entre que no sabes si hay chispa o no quieres volver a ver a la otra persona?

Pues sí, porque entre una cita menos y una cita más, tampoco hay tanto gasto de energía ni de tiempo. Pero sobre todo porque hay poco que perder y mucho que ganar.

Hay tantas razones por las que la primera vez que te ves con alguien puede salir mal…

Desde que se estaba atravesando un mal día hasta que ganaron la partida el estrés o la ansiedad por la presión que rodea un primer encuentro.

Esa segunda cita es sinónimo de seguridad, la confirmación de que hay algo de interés por la otra parte, lo que se traduce en acudir con más confianza.

También es la mejor ocasión para repasar qué podría haber ido mejor y ponerlo en práctica. ¿Monopolizaste la conversación? ¿Te quedaste con ganas de preguntarle por sus anteriores parejas? Es el momento de rectificar y poder profundizar.

Y si sigo sin convencerte porque lo que te ronda por la cabeza es que segundas partes nunca fueron buenas, te recuerdo que El Imperio contraataca, Las dos torres o El caballero oscuro son la prueba de que a veces (solo a veces) hay excepciones a la regla.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si hubiera una forma fácil de saber si vais a quedar en persona?

Hace poco, una amiga muy sabia creó el concepto ‘Romance de Schrödinger’, algo que definió como una historia de amor que sucede y no sucede al mismo tiempo.

Y no se me ocurre mejor ejemplo para explicar la forma en la que nos comportamos hoy en día, cuando se trata de ir un paso más allá con alguien.

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Porque, por un lado, parece que aquello tiene futuro. Hay señales inequívocas. Te ha contado sus traumas infantiles, le detallaste al milímetro aquella movida que hubo en tu familia y no pasa un día sin que os preguntéis cómo estáis.

En tu cabeza ya fantaseas con lo que puede salir de ahí (¡y qué fantasías! ¿No te apellidarás Grey?), pero a la hora de la verdad aquello no termina por ir a ningún lado.

Lo bueno es que, si prestas atención, hay una serie de indicadores que adelantan el resultado. Una serie de spoilers que, por mucho que te niegues a ver, son la prueba de que no vais a quedar.

  1. De 0 a 100 y 0 otra vez, así son la mayoría de las conversaciones. Hay días que es como si no hicierais otra cosa más que responderos y otros en los que tarda varias horas en contestar. Y no solo eso. Cuando lo hace, emplea monosílabos, frases cortas y tira poco del hilo para que el tema siga fluyendo. En definitiva, no le apetece tanto hablar. Una conducta que puede terminar en un ghosting o, igual de cruel, contigo en el banquillo. Esperando a que un día se aburra, vea una historia en la que sales especialmente bien o no tenga nada mejor que hacer y decida emplearse a fondo hablando.
  2. Aunque claro que en la era digital es muy común que parte del proceso de conocer a una persona suceda a través del teléfono, lo que no es del todo normal (ni siquiera en la era Covid-19) es que nunca se dé el contacto físico. ¿Siempre habla de una hipotética quedada que nunca llega a materializarse? ¿Contesta con un ‘estaba con lío’ cuando le dices de tomar algo’? ¿Deja en leído la conversación al intentar cerrar plan, pero luego sigue hablándote como si nunca hubieras dicho de veros? No son buenas señales. Cuando hay interés auténtico, lo de verse en persona se convierte en una necesidad real.
  3. También puedes fijarte en las respuestas que recibes cuando intentas cerrar una fecha. Constantes cambios del plan, que no pueda acudir en el último momento o que siempre tenga una cita el día que ya le habías dicho son pruebas de que -aunque te cueste creerlo- no eres una prioridad en su vida y va a tratarte como un plan de segunda, llegando a dejarte detrás del dentista (y mereces a alguien que te valore al menos tanto como a una buena limpieza bucal).

En definitiva, actitudes evasivas e irregulares sin ningún tipo de explicación -que pueden darse en estos ejemplos y en tantos otros-, deberían hacer sonar las alarmas en tu cabeza. Cuanto antes lo identifiques y dejes de gastar tu tiempo con estas personas, antes podrás conocer a alguien que de verdad quiera conocerte sin trampa ni cartón y no como si fueras el plan B.

Duquesa Doslabios.

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Todo lo que tienes que tener en cuenta antes de quitarte la mascarilla en una cita

Las llaves, la cartera, el móvil y la mascarilla: las cuatro cosas que necesitamos antes de salir de casa para una cita. Y aunque de tres de ellas casi no te enteras, la cuarta puede arruinarte un poco el momento.

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Porque, por muy acostumbrados que estemos a estas alturas a lavarnos las manos más veces al día de las que podamos contar, es difícil recordar que, también con alguien que nos gusta, no podemos bajar la guardia.

La espontaneidad es un lujo que no podemos permitirnos desde que estalló la crisis sanitaria. Este permanente estado de alerta, incluso con quien queremos que pase a un ámbito más íntimo, es lo que nos toca ahora.

Pero la vida sigue, la gente se mueve -o lo hacía antes de las restricciones- y los sentimientos florecen. No podemos esperar a que llegue esa hipotética fecha en 2022, la que pronostican los expertos como vuelta a la normalidad (normalidad real, de la de antes)

Hasta el nuevo horizonte sin virus, nos acompañará la pregunta del millón.

Si ya ha pasado un tiempo, las cosas van bien y le vemos potencial a lo que va surgiendo, ¿cuándo podemos quitárnosla?

Es nuestra responsabilidad mirar más allá del impulso inicial y tener en cuenta a qué gente estamos exponiendo. Si vivimos con abuelos o un familiar inmunodepresivo (o incluso si la otra persona lo es) está en nuestro entorno, es como para pensarlo dos veces.

Si nos da confianza para dar ese paso, también dependerá mucho de conocer cuáles son las medidas que toma. ¿Está pendiente de desinfectarse? ¿Procura relacionarse lo mínimo posible? ¿Estornuda en el codo? Son buenas señales.

Otros factores, como el lugar de trabajo, se escapan de nuestro control. Pero, por desgracia, la exposición no es la misma estando en casa teletrabajando, que yendo en metro todos los días a una oficina.

Así que, lo mejor que podemos hacer, es darnos tiempo. Tiempo para averiguar todo eso y aprovechar para decidir si realmente es algo con futuro.

Hasta entonces, tener citas al aire libre con poca gente será clave. Cuando llegue el momento -quizás un par de semanas más tarde-, habrá que poner sobre la mesa si solo se está viendo (y si solo se va a ver) a la otra persona antes de tomar la decisión. Un primer ensayo de la famosa charla del compromiso versión Covid-19.

Y, mientras, toca aguantarse las ganas, jugar con las miradas y entrecruzar las manos solo si las hemos pasado por gel hidroalcohólico.

También aferrarse a que, en algún momento, podremos echar la vista atrás y brindar -con un poco de suerte, con la misma persona- por aquel periodo tan raro que ya ha quedado en el pasado.

Duquesa Doslabios.

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Miedo a conocer gente: entre no quedar y la primera cita con mascarilla

Los meses de confinamiento dieron para pensar mucho (que se lo digan a tu ex), pero sobre todo a quienes estábamos en Madrid y Barcelona.

Entre tanta revelación -ha hecho falta una pandemia para que muchos descubrieran los beneficios del yoga-, pronto llegamos a la conclusión de que, tener citas más allá de videollamadas, se antojaba imposible.

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Así que sí, tocó tirar de creatividad montando cenas románticas a través de FaceTime y soñar con los ojos abiertos con aquel punto final del estado de alarma que permitiría volver a salir.

No sabíamos, ni sabemos hasta cuándo nos va a tocar seguir viviendo con el virus, que no para de dar sorpresas (y no de las buenas).

Vale que ya no cae multa por poner el pie en la calle, pero en plena oleada de rebrotes, la vida sentimental sigue estando de capa caída.

Por mucho que nos cueste renunciar a esa parte de la vida, los expertos lo dicen por activa y por pasiva: sigue sin ser recomendable relacionarse. Y sí, eso incluye a tu crush.

Lo cierto es que el virus sigue libre y no hay forma de saber al 100% si la persona con la que estás quedando está infectada. No, ni siquiera aunque te muestre los resultados.

Desde que se hace la prueba hasta que llega el negativo, puede haber contagio. Entonces, ¿cuál es la alternativa? ¿No quedar?

Pues sí, es una de las opciones, aunque es una decisión personal. Al no estar confinados en casa, ha recaído en nosotros el poder de seleccionar a quién vemos.

Así que se puede resumir en que depende de ti.

Pero dentro de que tú decides hasta qué punto quieres arriesgarte, quedando con un desconocido, recuerda llevar siempre la mascarilla, sobre todo si no puedes guardar la distancia de seguridad.

Y también recordar que, hasta que cambie la situación, no nos queda otra que tomárnoslo con actitud positiva.

Duquesa Doslabios.

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El arte de ligar en la ‘nueva normalidad’

Da igual que haya una pandemia mundial, que nos quiten lo ‘tocao’ o que nos aíslen en casa durante meses. Siempre querremos buscar el amor.

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Pero volver al terreno de juego analógico, saliendo del mar de matches y ‘me gusta’ de las aplicaciones de ligar (o incluso del propio Instagram), es otra historia.

Pasará tiempo hasta que volvamos a sentirnos cómodos con el sencillo gesto de cogernos de las manos. La duda de si habrá o no un beso al final de la cita, no será solo motivo de ilusión, también de preocupación por si esa persona es positivo en el virus y no lo sabe o no muestra síntomas.

En definitiva, que si ya de por sí era algo complejo esto de conocerse, la ‘nueva normalidad’ no va a poner las cosas más fáciles.

Para empezar, encontrar un sitio donde verse va a ser tan complicado como sacar un billete en la web de la Renfe. ¿Estará abierto? ¿Cumple todas las medidas de seguridad? ¿Hay que pedir cita previa? Pero, ¿realmente han desinfectado la mesa de la terraza antes de que nos sentáramos?

Los lugares con mucha gente están automáticamente descartados. Nada de conciertos (que, a estas alturas, están todos cancelados) o garitos en Malasaña donde no cabe ni el oxígeno para respirar en condiciones.

La intimidad, tan codiciada antes de la crisis sanitaria, será imprescindible, así que citas que tengan lugar en el autocine o visitas -en pequeños grupos- al museo serán la alternativa.

Aunque tampoco podremos tirar la casa por la ventana con los planes. Los ERTE, la subida del carrito de la compra (sí, supermercados, nos hemos dado cuenta)  y la crisis económica que no se cansan de anunciar, van a hacer que nos cueste pagar la cuenta, incluso si solo es nuestra mitad.

Pero hay una solución (varias), podemos volver a poner de moda los paseos, admirar un atardecer en cualquier sitio alto de la ciudad -a la debida distancia de otros transeúntes-, quedar a ver romper las olas o a dar pan a los patos del parque, esos grandes olvidados (con las manos bien limpias, por favor).

Al final, la tecnología nos lo pone lo bastante sencillo como para convertir dos horas sentados sobre cualquier césped en un concierto privado vía Youtube. Así que la imaginación será la que marcará la diferencia en esta nueva era del amor.

Duquesa Doslabios.

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El futuro de las relaciones: sexo, citas y amor después del coronavirus

La sed y el hambre son dos de las cosas más difíciles de soportar. Y, estando aislados en casa, hemos llegado a la conclusión de que el contacto humano podría ir detrás de ellas.

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Se habla de la vuelta a la ‘normalidad’, de cómo será salir a la calle, movernos en transporte público, viajar…

Pero, ¿qué va a pasar con la desescalada a nivel emocional?

Esta experiencia nos dejará marcados y no sabemos hasta cuando. Por lo pronto, habrá que despedirse del roce en una cita.

Y eso que, como comunidad, tocarnos es casi fundamental para relacionarnos. Nos hace sentir confiados, conectados como parte de algo y nos ayuda a despedirnos del estrés.

Estar cómodos en la intimidad podría cambiar. Por mucho que en un futuro haya una vacuna, después de las imágenes que hemos visto, los síntomas que conocemos de primera mano y familiares que hemos perdido en estas circunstancias, ¿quién no se lo pensará dos veces antes de cogerse de las manos? ¿Quién no dudaría antes de acercarse a dar un primer beso?

El amor no desaparecerá, pero nos lo pensaremos dos veces.

Aguantando semana tras semana en casa, el sexo ha quedado fuera de carta. En su lugar, hay barra libre de aplicaciones para ligar.

Incluso en estas circunstancias, se ha encontrado una vía de seguir avanzando: hablar. Las videollamadas, chats interminables o citas virtuales lanzan un alentador mensaje: el punto fuerte es tener una buena conversación.

Y si antes no había pie a una segunda oportunidad -teníamos tantas opciones que, ¿quién querría esforzarse en conocer más a fondo si había la mínima duda?-, ahora no nos atrevemos a descartar con tanta facilidad.

O incluso a la hora de volver a retomar contacto con esa antigua pareja a la que, obra de la cuarentena, hay quien se arrepiente de haber dejado escapar.

Duquesa Doslabios.

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El lado bueno del ‘coronadating’

Hace unos días, en plena cuarentena, uno de mis amigos vivió su particular primavera de las rupturas después de que su novia le pusiera fin a una historia de amor de años.

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Pasado el duelo inicial por su expareja, las aplicaciones para conocer gente a través de Internet le devolvieron al campo de juego. ¿El único impedimento? Que no es sencillo conocer a alguien si las pruebas de compatibilidad, las citas, están prohibidas por el Gobierno.

Tanto él como quienes quieran que su vida sentimental no se vea afectada por esta situación, tendrán que volverse imaginativos.

Lo bueno es que la tecnología, esa que tanto culpamos de aislarnos, ha demostrado ser quien nos acerca en estos momentos de distancia física.

Gracias a las videollamadas podemos seguir viéndonos las caras y comprobar si es la misma que la que aparece en las fotos del perfil de la aplicación (recordemos que no está de más ser precavidos cuando la delincuencia online ha crecido en estas semanas).

Con ese encuentro virtual se puede diseñar una cita al gusto de cada uno, algo que vaya desde ver una película al mismo tiempo y compartir opiniones, a beber de un vaso de vino a una cerveza (pasando por una tila para calmar esos nervios que la mayoría tenemos encima).

Otra de mis amigas se está convirtiendo en toda una experta en organizar con su cita cenas románticas a la luz de las velas. Sí, incluso con lista de canciones suaves de Spotify diseñadas para la ocasión de fondo.

Aunque no significa que solo podamos poner en práctica los planes más convencionales. La oportunidad de sorprender con un curso online, un videojuego o una receta que se debe de seguir a la vez puede ser la alternativa que una a quien busque una experiencia distinta.

Al final, la lección que podemos sacar de la reclusión en casa es que tenemos que dejar a un lado el roce físico, ese que hasta ahora dábamos por sentado, y encontrar la forma de conectar con una persona más allá del tacto.

No digo que todas las relaciones que salgan de las conversaciones más profundas -con el extra añadido de haber tenido la fortaleza de aguantar la situación y sobrellevarla-, vayan a ser definitivas.

Pero sí que sus miembros estarán aprendiendo a conocer a alguien de una manera que también puede ser plena.

Duquesa Doslabios.

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