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10 errores que cometes en una cita rápida (o de cualquier tipo)

Ya os comenté hace unos cuantos posts, que había acudido a un evento de citas rápidas.

Y comprobé que independientemente de conocer o no con quien tener una segunda cita, era mejor ese sistema -en vivo y en directo-, que navegar entre perfiles de una aplicación, deslizando a un lado u otro de la pantalla.

pareja cita

PEXELS

(Inciso: ¿no me sigues en Instagram? ¡Pues corre!)

Además, al hablar con los mismos 10 chicos en menos de una hora y media, mis amigas y yo pudimos hacer un resumen de cuáles eran los comportamientos que menos nos habían gustado de ellos cuando pasaban por nuestra mesa:

1.Hablar mal de la anterior cita: que nada más sentarte digas lo aburrida que te ha parecido la charla anterior con otra persona, es algo que deberías evitar. Me va a dar pie a pensar que puedes hacer el mismo comentario sobre mí.

2.No mostrar interés: la idea es conocerse, así que no devolver las preguntas, estar consultando el móvil cada dos por tres -ese mensaje de tu amigo puede esperar- o querer que la otra persona haga todo el trabajo, es una red flag clara. Pasa lo mismo si te quedas en silencio o más serio (o seria) que un ajo. Vale, no te gusta, pero ¿por qué no hacer una nueva amistad?

3.Irte en medio del turno a por una consumición: hay momentos antes y después de que empiecen las citas rápidas para hacerlo. Si justo eliges los 7 minutos de estar con alguien para ello, te vas a perder una de las personas (y le va a sentar regulín).

4.Tener contacto físico: con Covid o sin él, de primeras puede resultar violento. Una cosa es chocar el puño o el codo a modo de saludo y otra que cojas la mano y plantes un beso en su mano de primeras. Es mejor esperar a que haya más confianza entre los dos antes de hacer eso.

5.No decir la verdad: sinceridad ante todo. Sí, aunque sean solo 5 minutos. No te montes la película de que te llevas genial con tu madre si no es así. O de que te encanta el deporte si cuando solo corres cuando se va a poner el semáforo en rojo.

6.No levantarte cuando suena la campana: puede pasar que, cuando se han agotado los minutos, la conversación (o la persona) sea tan interesante que no te quieras ir. Para eso está la segunda parte del evento, donde puedes tomar algo sin la presión de los tiempos, o el intercambio de matches y teléfonos del día siguiente. Si te paras, retrasas al resto y tu siguiente cita queda descolgada.

7.Gritar: en este tipo de eventos, las mesas están lo bastante juntas como para que no se pierda mucho tiempo pasando de una a otra, así que en cuanto alguien empieza a alzar la voz, o aquello se vuelve un gallinero, o no te enteras de tu propia conversación si le tienes cerca.

8.Comportarte como si estuvieras en una entrevista de trabajo: no tienes que saber de todas tus citas sus dos apellidos, fecha de nacimiento, el trabajo actual o cuántas veces va a ver a su familia al mes.

9.O repetir las mismas preguntas: te aburres tú y se aburre la otra persona. Relájate, sé natural. Pregunta si se lo está pasando bien, permite que la conversación fluya. Déjate llevar. Tira algo sin querer y ríete, eso siempre da puntos de espontaneidad y la torpeza es tierna (o eso me dice mi madre).

10. Sí, hay temas tabú que es mejor evitar: en esta primera toma de contacto, procura dejar fuera exparejas o ideologías políticas (a no ser que quieras que toda la cita vaya sobre eso). Parece de cajón no decir cosas ofensivas, pero cuando lo primero que hace tu cita es decir que intenta no odiar a las mujeres, aunque le cuesta, me toca hacer el recordatorio. Si la frase de misógino o el que se puso a votar físicamente diciendo que aunque él era un ‘8’, y podía conseguir todos los ‘7’ que quisiera, solo iba a por los ‘9’ y ’10’.

Mara Mariño

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10 citas en una hora, me cuelo en un evento de ‘speed dating’

Una semana. Ese fue el tiempo que duré en Tinder.

Y justo cuando pensaba que el swipe right, swipe left era el sistema más efectivo para conocer gente, me apunté a un evento de speed dating o citas rápidas.

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Sí, las citas rápidas siguen existiendo hoy en día y te aseguro que son mucho más provechosas que todo el tiempo que pasas en la pantalla deslizando el dedo en una u otra dirección.

Siete minutos es la cantidad de la que dispones para hablar con esa persona que se sienta en tu mesa. Ni uno más ni uno menos.

Con el sonido de una campana, los chicos tienen que levantarse y avanzar a la posición siguiente mientras nosotras esperamos.

Y siete minutos se viven tan distintos… Hay personas que, nada más sentarse, te hacen sentir un buen rollo instantáneo, especialmente si ves que lleva una camiseta de El Señor de los Anillos, en mi caso.

Ese tiempo te da para poco cuando la conversación es divertida y se te hace un mundo si, por un casual, él se sienta ahí esperando a que seas tú quien hace el trabajo (y además no puedes pedir cambio de pareja).

Como dice una amiga mía, también puedes saber cómo va a ser una persona en la cama analizando su comportamiento fuera de ella.

En el caso de alguno que va casi resistiéndose al cambio de mesa y no tiene mayor interés en descubrirte y solo habla de sí mismo, ya te da a entender que la intimidad que puedes encontrar en su compañía, no tiene por qué ser muy buena.

Es más probable que, haciendo la extensión a su comportamiento entre las sábanas, busque su propio placer y fuera.

Salir de la zona de confort, huir del frío de la pantalla de las apps de conocer gente, hacer un plan distinto con amigos, buscar personas fuera de tu círculo habitual o, simple y llanamente, pasar un buen rato son las razones que nos llevan a probar suerte en esa ruleta rusa de mesas y tarjetas donde tomar nota del código de tu acompañante.

Porque esa es otra, el sistema, al menos con Bedazzling, funciona de la siguiente manera. Cada evento de cita rápidas se divide por tramos de edad, así que lo primero es apuntarte a tu franja (tienes opciones de 24 a 60 años).

Al llegar -chicas y chicos por separado-, nosotras recibimos un número, que es el de la mesa.

En ese sitio vas a estar todo el evento mientras son ellos los que van rotando en el sentido de las agujas del reloj.

Ellos reciben otro código, que es el que necesitarás para la segunda parte del speed dating.

Aunque puedes dar el nombre también, tienes que asegurarte de haber apuntado bien su número para luego decir si te ha gustado esa persona o no.

Por eso es habitual que, en cuanto se sienta enfrente, le preguntes por su código y ambos lo apuntéis en la tarjeta que os dan, así como las observaciones que puedan interesarte: si es del Barça, su signo del zodiaco, la relación con su madre

Una vez terminan los 70 minutos de ronda de conocerse, es el momento de despedirse y volver a casa -o seguir tomando algo con el grupo o los amigos que se puedan hacer ahí, si se presta a ello la ocasión-.

Es al día siguiente cuando llega la segunda parte: la votación. La organización manda un mail en el que te pide que votes con un «Sí» o un «No» a aquellos que te han interesado.

En el caso de que la otra persona haya votado sí también, Bedazzling intercambia los contactos. Si solo uno de los dos recibe voto afirmativo, se considera un unmatch y no se hace nada.

Te puede interesar leer: ¿Cómo sabes si es el momento de volver a tener citas?

Y hay quien puede que diga que el tiempo se queda corto, que en tan pocos minutos no puedes conocer a una persona. Es cierto.

Pero es más que suficiente para saber si, para empezar te atrae físicamente, si notas química, conexión, llámalo X.

En segundo lugar, si te quedas con más ganas de hablar y conocerle, es el mejor de los indicativos.

Y, si por un casual no sucede, el buen rato, las risas, lo divertido del momento y las anécdotas para contarle luego a las amigas, también merecen la pena.

Además, este sistema te fuerza a prestar atención a todos y cada uno de tus ‘pretendientes’ durante los minutos que duran las ‘citas’.

Que es algo a lo que, con la facilidad de responder más tarde o hacer mutis por el foro si ves que no cuaja, ya no estamos acostumbrados.

En cualquier caso, es refrescante conocerse en persona, aunque sea por un ratito, sin plantones, ghostings, ni mensajes en leído. Especialmente en época Covid, en la que tanto echamos de menos el contacto humano.

Mara Mariño.

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¿Cómo sabes si es el momento de volver a tener citas?

Después de quedarme soltera, lo tuve fácil para saber cuándo quería volver a tener citas.

Necesitaba quedar con gente que no me preguntara por mi ex por el simple hecho de que no supieran de su existencia y la conversación no girara en torno a él.

Aquello me llevó a tener una serie de citas desiguales. Yo conseguía ‘huir’ del nombre de mi anterior pareja, pero no buscaba conectar emocionalmente con nadie.

En ese momento, por mucho que la otra persona me resultara estupenda (que algunos lo fueron), me veía incapaz de poder llegar a algo más.

Tenía citas, sí, pero para mí no era más que una vía de escape y no un interés real de conocer y bucear en el chico que tenía enfrente.

El clavo que saca a otro clavo no funcionaba en este caso por mucho que siguiera la recomendación de seguir quedando.

No dependía de cuántos pudieran completar la agenda, sino de que mi capacidad emocional llevaba el ‘modo avión’.

El miedo al dolor o a que volviera a pasar lo mismo eran claros: no estaba preparada para volver a la carga.

Cualquier profesional habría visto claramente mi problema: al bloquear mi habilidad de estar presente de manera emocional con alguien, no podía dejar que las cosas prosperaran.

No se tiene la energía para tener citas si todavía el pasado está estancado en el momento actual. Lo mismo pasa si no entendemos en qué punto nos encontramos.

Por mucho que quisiera salir y distraerme, el hecho de bordear el problema de raíz -que no estaba lista para abrirme– no concordaba con las relaciones que podía tener.

Solo dejándome seguir un proceso en el que poder llorar, perdonar, soltar lastre, aprender y volver a empezar.

Que si somos conscientes de que no estamos en ese punto, no enredemos a personas que pueden estar interesadas y dedicándonos esa energía que no somos capaces de darles de vuelta.

Duquesa Doslabios.

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Menos sexo pero más ‘kinky’, así seremos entre las sábanas este otoño

Si, hasta hoy, los días en Barcelona empezaban con un sol radiante, el primer día de otoño ha dejado las cosas claras.

Se acabaron las tardes dando un paseo por la Barcelonesa y sentándome en la arena. La ‘cuddling season -la temporada de abrazarte a alguien debajo de una manta y ver maratones infinitas de series o películas- está a la vuelta de la esquina.

UNSPLASH

Después del verano de la revolución sexual en el que además de querer disfrutar por primera vez de viajes fuera del país desde que empezó la pandemia, tocaba ‘recuperar’ el tiempo perdido.

Las citas que nunca llegaron a concretarse y las personas que tenían un polvo pendiente en la lista.

Han sido unos meses tan relajados y fáciles, que el agobio de que se acorten los días, el tiempo empeore y, en definitiva, lo que más apetezca sea estar en casa, está desequilibrando la balanza hasta el punto de que tener pareja, vuelve a ser el objetivo.

O al menos, es lo que ha revelado el último estudio de Hinge Labs.

Parte del público de las aplicaciones de ligar ha cambiado su forma de interactuar desde que el verano ha llegado a su fin.

Por mucho que ambas personas estén vacunadas, un tercio de los usuarios posponen el primer encuentro sexual, alejándose otra vez de los encuentros esporádicos y los líos de una noche.

¿Significa eso que quienes hagan swipe por Tinder, Bumble, Grindr o Happn tienen menos sexo?

No, pero sí con menos gente. Como punto a favor, el sexo que buscan es mucho más interesante.

Ese tercio de usuarios quieren dar con quien explorar sus fantasías, las mismas que descubrieron durante 2020, ese año que nos hizo reflexionar desde si nos gustaba nuestro trabajo a lo que nos excitaba en la cama.

Al buscar personas con las que surja probar cosas nuevas, es más que comprensible que la situación no se dé en un contexto casual.

El BDSM o incluso el sexo anal son algunas prácticas que necesitan la confianza suficiente como para liberarse de estereotipos, superar nuestros propios tabúes y también saber que estás en buenas manos (o genitales).

Duquesa Doslabios.

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El top de las citas de verano para conquistar a tu ‘crush’

Ni Guía Michelín ni Guía Repsol. Si lo que te interesa es sorprender a tu crush -ya le hayas conocido hace unos días o lleves meses tirándole la caña-, hay un ‘manual’ que te va a facilitar las cosas.

UNSPLASH

Este verano Tinder ha sacado la Guía Tinder 2021 seleccionando los mejores rincones para tener una primera cita (con éxito).

Así que como expertos que son en esto de hacer match, he curioseado su mapa nacional turístico para ver qué propuestas garantizan el triunfo.

Pero más allá de las escogidas en cada comunidad autónoma, podemos tomar nota de la clase de experiencias con las que crear un recuerdo inolvidable en cualquier sitio.

Porque otra cosa no, pero lugares con encanto en nuestro país encuentras desde Santiago de Compostela a Murcia.

Así que inspirada en la guía de la aplicación, toma nota de las sugerencias que puedes poner en práctica antes de que se te acaben las vacaciones:

  1. Excursión a una isla para bañarse en la playa más bonita: o escapada a una playa salvaje de la propia región. El plan de pasar el día al sol, chapuzones en el agua y la bendita excusa de echarse la crema solar por la espalda ayudarán a romper el hielo (y volver a casa con un bronceado estupendo, de paso).
  2. Fiestas populares: vale que este año tienen límite de aforo, algunas requieren reserva previa y no van a ser igual que otros veranos. Pero aprovecha las que vayan a celebrarse y presume de herencia cultural de tu ciudad (o de la ciudad vecina) mientras te sumas a las tradiciones.
  3. Actividades de aventura: porque nada enciende más el deseo que ver peligrar tu vida. Yo después de la única vez que hice rafting solo podía pensar en que necesitaba echar un buen polvo para quitarme el susto del cuerpo. Tienes desde riesgo medio como el barranquismo a otras más extremas como el puenting o el parapente. Eso sí, asegúrate de que a la otra persona le gusta porque no son para todos los públicos.
  4. Pueblos con encanto: pesqueros, del centro, con casco histórico milenario… Tenemos una colección de rincones dignos de álbum de destacados de Instagram por los que dan ganas de perderse de la mano de tu crush. Además, puedes completar la visita con…
  5. Una ruta gastronómica: que no falten los platos ni bebidas más típicas de la zona. Haz los deberes antes de llegar y ten fichados los mejores sitios para hacer esa ruta de tapas o el bar donde ponen la cerveza artesanal que fue premiada. Recuerda que el estómago siempre está conectado con el corazón.
  6. Atardeceres mágicos: este plan funciona siempre y en cualquier sitio. Que sí, que en la playa con el ruido de las olas de fondo es mucho más relajante, pero no se queda corto un plan de picnic en las Tetas de Vallecas o en los búnkeres del Carmel mientras ves el sol esconderse.
  7. Los accidentes geográficos se encargarán de daros la conversación que os pueda faltar: ese parque natural, el cabo donde todo el mundo se hace la foto mítica, el banco con vistas… Ganas el doble si, antes de empezar la ruta, llevas agua para tu crush.

Duquesa Doslabios.

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Sí, hay una forma de acabar una primera cita mala sin que sea incómodo

Dicen que uno de los secretos de la felicidad es vivir sin expectativas de ningún tipo. Y es esa la enseñanza que falta por poner en práctica cuando se trata de pensar en una primera cita.

Ese momento de ponernos por fin cara en vivo y en directo, de descubrir la voz en persona, de fijarnos en los gestos y, sobre todo, averiguar qué se siente con alguien nuevo, es una ruleta rusa.

FACEBOOK BERSHKA

Por mucho que lo ideal fuera que solo por quedar ya tuviéramos la garantía de éxito, la verdad universal es que no todas las citas van a salir bien.

Sería muy cómodo que, como si de una autopista se tratara, tuvieras salidas en algunas franjas de la cita para irte sin tener que entrar en la razón. La de los 5 minutos (hay veces que tan solo con eso ya sabes si has cambiado de idea), la de los 15, 30, 60…

Unos momentos en los que resultara socialmente aceptado ponerle fin sin dar más explicaciones.

Pero como todavía no lo hemos puesto de moda -lo lanzo como idea- es un gran clásico recibir esa llamada de tu amiga con cualquier excusa. Como ya no es la opción más madura, nos toca avanzar.

Pero, ¿existe otra opción más educada que aguantar hasta el final, por mucho que no vayamos a ver a esa persona más, y despedirse con un «vamos hablando» o «nos vemos» que no llegará nunca a suceder?

Para esas veces en las que tienes claro que no quieres continuar, puedes tirar de sinceridad y retirarte haciendo gala de tus buenos modales.

Con la honestidad por delante, bastaría con dejar claro de una manera empática (sin necesidad de ser borde) que, para ti, ese encuentro ha llegado a su fin.

Evitar herir los sentimientos y no dejar que la otra persona albergue falsas esperanzas puede pasar por un simple «Gracias por venir, no siento química, así que me voy».

No hace falta deshacerse en explicaciones. Basta el agradecimiento que permite evitar la bala de si lo has pasado bien o no. Simplemente dejarle que valoras la inversión de su tiempo.

También se puede optar por el «no eres lo que estoy buscando en una pareja» después de dar las gracias.

Esta segunda opción sí que puede llevar a más preguntas por parte de la otra persona.

Puedes esperar para decirlo en un mensaje después de despediros o la próxima vez que te hable y acabar también en buenos términos.

Duquesa Doslabios.

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¿Cómo vencer el miedo a volver a tener citas?

Si 2020 nos ha parecido un año agotador, que el principio de 2021 le haya seguido los pasos -al menos durante los primeros meses-, ha conseguido lo que parecía imposible: estar sin pareja ya no es tan interesante.

La pandemia no solo nos ha cambiado las prioridades y expectativas, también ha hecho que lleguemos a la conclusión de que el sexo esporádico que podía valernos en el pasado, se ha quedado un poco corto cuando hay un virus que nos obliga a mantener las distancias.

CALVIN KLEIN

Con las vacunas a la vuelta de la esquina (o eso quiero pensar), que recuperaremos lo que era nuestra vida anterior parece ahora más cercano que nunca. Pero, ¿volveremos a quedar y conocer gente como antes?

De la misma forma que se nos hace difícil pensar en salir a la calle sin mascarilla -un año después ya tenemos el hábito de cogerla antes de irnos de casa-, lo mismo pasará con la vuelta al terreno de juego.

Tanto tiempo reduciendo al máximo la lista de contactos y viendo solo a los familiares y amigos más cercanos, nos llevó a quedar después en pequeños grupos, con distancia y al aire libre, una estrategia que nos toca seguir llevando a cabo.

Hasta que la mayoría estemos vacunados, vernos en espacios abiertos será la tónica habitual. Las mascarillas, geles desinfectantes y lugares en los que no haya grandes multitudes encabezarán la lista a la hora de reconciliarnos con las citas que vengan de ahora en adelante.

Puede que estemos oxidados, así que emplearse a fondo en conocer a la persona que tenemos enfrente debería ser nuestro objetivo. Aunque la tentación de ponernos a hablar de cómo hemos vivido este año será grande, no debería convertirse en el monotema de la conversación.

No, no ha sido un año especialmente interesante y no podremos compartir las escapadas exóticas que hemos hecho, pero sí lo que hemos aprendido a nivel personal y cómo somos ahora en comparación con nuestro ‘yo’ de hace un año.

Será inevitable que, volver a tener citas con normalidad, nos haga sentir nerviosismo por partida doble (ya no solo por lo de conocer a alguien nuevo, sino por llevar tanto tiempo oxidados).

No hay nada como ir con pocas expectativas para ir entrando en calor y familiarizándonos de nuevo con las citas que salen bien y las que salen mal, que las seguiremos teniendo.

Quizás un buen punto de partida es sincerarnos y decir antes de vernos cómo nos sentimos. Si tenemos nervios, si se nos hace raro, etc es también una forma de invitar a la otra persona a que pueda confesar si también lo está viviendo con agitación.

Y es que al final, tontear es como montar en bicicleta. Buscar miradas y dar sonrisas siguen en los primeros puestos de la lista de cosas que sí hay que hacer. Estar con el teléfono móvil en la mano seguirá siendo algo que deberíamos evitar.

En definitiva, podremos aplicar las mismas y conocidas reglas de antes, esas que ni el coronavirus ha conseguido cambiar.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si lo que no hay que hacer en una primera cita es lo que deberíamos hacer?

Soy toda una experta en pasar vergüenza en las primeras citas. Y parece que, con los años, he perfeccionado mi habilidad de vivir momentos humillantes.

Uno de los más incómodos fue cuando me dio un tirón en la pierna y tuve que hacer estiramientos en pleno afterwork.

Contorsionarme para estirar la ingle me ayudó a no pasar desapercibida, no ante la otra persona, pero sí en general.

SPRINGFIELD MAN & WOMAN

Aunque aquella vez que me escogió una paloma como su inodoro portátil también es digna de recordar.

Pero qué le voy a hacer si me pueden los nervios y mi primera frase suele ser algo tan absurdo como «Soy tu solución para tener hijos altos».

Me preocupa, como a cualquiera, que en ese encuentro, salga todo de la mejor manera. Que mi pelo esté en su sitio, la piel sin granos, el look de infarto…

Una excelencia que no tiene sentido, que no es real porque no suele representarnos. Y aun así, ¿por qué queremos que todo sea redondo?

Que el encuentro vaya bien -sin demasiados episodios embarazosos-, que el plan pase al recuerdo o nos trabajemos la imagen con cuidado, nos da resultado.

No tiene por qué acabar en una relación, pero sí ayuda a mantener vivo el interés y dar pie a nuevos planes en el futuro.

Propongo darle la vuelta, ser tan naturales que lo normal incluya también un moño deshecho o una cita con gafas dejando las lentillas en casa.

Pero cuidado, no digo que nos movamos al extremo contrario y se convierta el chándal con pelotillas (y manchas de las que ya no salen ni en la lavadora) en el atuendo oficial de ir a una cita.

Sí me refiero a un punto medio, más cercano a nuestra persona, tanto por dentro como por fuera.

Porque es ahí, tanto cuando vas al estilo de tu día a día o cuando te equivocas (y quieres que te trague la tierra), que te ríes y te liberas de la presión por el 10.

Que vives algo más parecido a lo que es tu vida fuera de ahí. Quien eres tú.

Equivocarse, tropezarse, incontinencia verbal, un pedo que se ha escapado en el peor momento y lugar, ese pelo por dentro de la boca que no consigues quitarte con la mascarilla…

En resumen, mostrarte tal cual, con defectos. Los mismos que hacen que ese alguien pase de gustarte un poco a que no te importe aceptarlos en el pack, porque incluso con los fallos -la otra persona-, nos sigue encantando.

Solo desprendernos de los agobios que vienen impuestos es la verdadera señal de que estamos cómodos en su compañía.

Y es que, ¿no es eso lo que queremos al fin y al cabo? ¿Alguien con quien poder ser auténticos?

Duquesa Doslabios.

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Te va a hacer ‘ghosting’ y no lo digo yo, lo dicen estas señales

Uno de mis puntos débiles cuando conozco a alguien nuevo es la ilusión. Entre con poco y casi nada me emociono.

Si a eso le sumo que no sigo los códigos no escritos de esperar no sé cuántos días a mandarle un mensaje o que enseguida quiero volver a quedar, soy carne de cañón de ghosting.

SPRINGFIELD MAN & WOMAN

Y como algún que otro desplante me he comido últimamente, he llegado a preguntarme si es posible adelantarse a ese «leído» que más que como una palabra, se debería leer como un punto final.

¿Prestando la suficiente atención podemos identificar esos síntomas previos a la desaparición definitiva de la otra persona?

Aunque siendo un tema tan escurridizo es difícil estar completamente segura de que vas a quedarte hablando sola, he empezado a pillar algunos comportamientos.

Al principio parecía todo fluido, había interés, una química digna de estudiar en cualquier laboratorio… De repente empieza a contestar con menos frecuencia.

Y no es que le hayas escrito a mediodía y no haya podido coger el móvil hasta después de comer, hablo de varias horas y de tomar por costumbre ese patrón comunicativo en el que a las 5 de la tarde está respondiendo tu «Buenos días».

Como las conversaciones no son fluidas, empieza a ser evidente que hay más interés de un lado que de otro y es habitual que, en muchos casos, los diálogos terminen en un «visto» o en un «me gusta» si se ha empezado a hablar por una historia de Instagram.

Y por mucho que te ha repetido que no tiene tiempo para contestar o incluso le has oído quejarse de lo poco que le gusta estar con el móvil, le ves constantemente en línea (¿stalker quién?).

En su lista de repasar las historias de los amigos, cotillear a su ex o actualizar la cuenta de memes que tanta gracia le hace, responderte está en los últimos puestos.

Es también bastante significativo cuando el Sr. Ocupado (o la Sra. Ocupada, que el ghosting no tiene género) aparece después de días sin dar señales de vida al reclamo de un vídeo en el que apareces en el gimnasio haciendo sentadillas.

Culos y abdominales tienen más probabilidad de recibir una respuesta que cualquiera de tus intentos de conversación.

Quizás en algún momento dudes de todo esto porque, no solo ha vuelto a escribirte, sino que viene con un plan que te apetece un montón bajo el brazo.

Esta tarde te llama y te cuenta, o mejor, directamente quedáis la próxima semana y os ponéis al día. Pero como vuestro futuro no existe, vas a volver a quedarte esperando esa llamada o esa cena que nunca llega.

Y es que bien que se cuida de usar términos ambiguos cuando habla de vosotros, para que quede claro que no sois nada, que todo está en el aire, pero que no cierres la puerta, porque igual cuando le pique la entrepierna, tienes suerte y despeja la agenda.

He podido comprobar que por mucho que todo esto se esté cociendo de una forma descarada, nunca va a hablar del elefante en la habitación (el fantasma, en este caso) aunque le sacas el tema.

Todo va bien, no ha cambiado nada, eres tú quien se está montando la película de que no tiene el mismo interés.

Pero si te fías de tu instinto, llegarás a la misma conclusión que yo: ese comportamiento ni es normal ni está bien. O al menos para ti.

Antes de despedirme, quiero dejar un recordatorio que ojalá te grabes a fuego cuando empieces a verle las orejas al ghostingesa persona no quiere una conexión real.

Su vaga forma de comportarse es algo de lo que puedes aprender -porque cuesta muy poco hablar claramente por mucho que esté normalizado el silencio- y alejarte antes de que te haga daño.

Duquesa Doslabios.

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Culpo a la Covid-19 del fin del primer beso en las citas

Aunque lo ideal sería llegar a casa después de una primera cita con el pulso acelerado o la cabeza repasando detalles como la forma de sus ojos, no en todas las primeras citas hay química.

Pero cuando la hay, el momento que rodea acercarse por primera vez -casi hasta el punto en el que los labios están a punto de tocarse-, es uno de los más memorables.

Para bien o para mal, claro. El primer beso no es solo una interacción física, es un paso decisivo antes del momento de la despedida.

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Un broche que definitivamente puede hacer que se cambie de opinión confirmando que queremos seguir viendo a la otra persona o que, por el contrario, no ha habido suficiente compatibilidad.

Dejarse rodear por un beso no es solo buscar el roce de una lengua en la boca invitada. Es prestarle atención a los detalles que acompañan el momento.

Una mano que trepa por la nuca y acerca más la cabeza, otra que rodea la cintura… Y sobre todo, ponerle voz a esas zonas de contacto tratando de averiguar si es verdad que parece que existe electricidad en los roces.

La facilidad -relativa- con la que antes podías atreverte a iniciar la maniobra de acercamiento, parece ahora impensable. Incluso si sientes que es el momento y el lugar.

Esa señal inequívoca cuando, ya sea en pleno Paseo de la Castellana o bien frente al mar, perdida en la sonrisa visual de la otra persona (esa que solo puedes intuir por las características arrugas de los ojos), empieza a aletear algo en el pecho anticipando lo que, en otras circunstancias, terminaría con un beso inolvidable.

El coronavirus ha robado un sinfín de primeros besos (también de segundos y de terceros).

Y aunque es lo más prudente en estas circunstancias, la falta de conexión física nos deja con la duda de hasta qué punto nos podemos fiar de nuestro criterio cuando llega el momento de decirse adiós.

Y así como nos ha arrebatado la oportunidad de dejarnos llevar como nos gustaría, tenemos la suerte de que no se ha llevado el romance por el camino.

Porque si algo consiguen las citas Covid Free es que te fuerzan a hablar (aunque sea más alejados de lo que nos gustaría) y a buscar formas alternativas de acortar las distancias físicas.

Ahí está el verdadero reto. En besarse sin tocar.

Duquesa Doslabios.

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