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Si quieres subir la temperatura, haz estas preguntas

Resulta irónico que, en una sociedad tan sexualizada, lo que menos natural nos resulte sea precisamente hablar de sexo.

Por un lado, lo vivimos con vergüenza si venimos de un entorno de secretismo donde era algo que no se mencionaba, por otro de desconocimiento (aunque también podemos aprender de ello en la vida adulta).

Solo que a diferencia de la famosa frase de «lo que no se habla, no existe», del sexo no se habla, pero existe y no tenemos ni idea.

pies cama

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Comentaba en una entrevista que me hicieron hace poco para el podcast de sexualidad Nepe, que se debería normalizar poder hablar del tema antes de ponerlo en práctica.

Lo veo similar a cuando ponemos sobre la mesa qué destinos nos gustan, antes de hacer un viaje juntos, o cuáles son nuestras preferencias culinarias para dar con un restaurante que nos conquiste el paladar.

Sin embargo el sexo es el único ámbito en el que la mayoría de las veces nos tiramos a la piscina sin saber gustos, deseos, fantasías, límites

Así que con la idea de arrojar un poco de luz, te propongo lo siguiente. La próxima vez que estés con alguien, haz estas preguntas.

Puede ser tu pareja o la persona a la que estés conociendo (si aún es una fase temprana, tantea primero su comodidad con el tema o espera a que tengáis más confianza).

Espera a un momento en el que estéis sin más compañía que la vuestra, en un sitio donde podáis hablar del tema sin interrupciones y arranca con el cuestionario.

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Cuándo, dónde y una definición

Empieza rompiendo el hielo preguntando cuándo se siente más sexy. Es una manera de conocer de primera mano qué cosas, situaciones o momentos le ayudan a disparar su autoestima erótica.

Continúa preguntando por un lugar en el que le guste hacerlo. Recuerda que tener sexo va mucho más allá de la penetración, así que una respuesta como «Me encanta que me den besos en el cuello mientras veo una serie en el sofá», puede ser igual de válida.

Si ya habéis tenido relaciones anteriormente, puedes seguir con «¿Qué hago en la cama que te guste mucho?».

Es información privilegiada que puedes usar poniéndola en práctica en más ocasiones si te apetece.

De cara a saber cuáles son sus fantasías, puedes consultarle sobre algo que le gustaría que hicierais que todavía no habéis hecho.

Sin juzgar, dale una vuelta a lo que te responda y pregúntate si es algo que también puede apetecerte, quizás se encuentra también en tu lista. Si la respuesta es positiva, adelante.

Si la respuesta es de duda, es el momento de tener una conversación de qué términos tendrían que darse para realizarlo.

Y, para terminar, y quizás de conocimiento íntimo más general, puedes pedir que te defina cómo es tener buen sexo desde su punto de vista.

Las respuestas pueden ser todo lo subjetivas que quiera. En el momento que hay cuerpos diversos, experiencias distintas y mentes con repertorios únicos, hay una sexualidad por cada persona en el mundo.

Aunque con estas cuestiones podrás conocer la de con quien quieres compartirla y, de paso, hacértelas tú también.

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Algunas precauciones para probar el ‘sploshing’, la práctica erótica más deliciosa

Fíjate si hay relación entre el sexo y la comida que es casi imposible decantarse por una de las opciones, renunciando a la otra.

O, al menos, eso es lo que han averiguado desde LELO -la marca de juguetes eróticos de lujo-, con su último estudio donde pedían elegir y, como resultado, el 56% de los encuestados afirmaron elegir el placer carnal antes del alimentario.

sploshing

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Comida y sexo están conectadas hasta el punto de que «¿Qué es un beso sino degustar a tu pareja?», reflexiona la sexóloga y escritora Valérie Tasso en el evento organizado este jueves por la empresa sueca en Ditaly.

«La función del beso es ver si nos va a gustar la otra persona, ver si seremos compatibles sexualmente. Tiene mucho de canibalismo sexual», comenta la experta.

De hecho, que la gula se puede llevar también a la cama es algo que demuestra otro de los resultados del estudio que nos explica la sexóloga.

Un 27% personas entre 35 y 46 años fantasean con comida y sexo, lo que tiene nombre propio: sploshing.

Esta práctica erótica, que consiste en la estimulación a través de la comida, va desde el universal juego de untar un poco de nata o helado en alguna parte del cuerpo, a versiones más duras donde se ven involucrados mares de espagueti cubiertos en salsa de tomate.

Un auténtico festín.

Además es otra de las cosas que comparten un encuentro sexual o una comida, con la calidad de la materia prima -es decir, teniendo buenos ingredientes– poco más hace falta.

Que según el estudio el 91% de los españoles no conozcan el sploshing, aunque lo hayan puesto en práctica sin saberlo, hace evidente que hay que repasar una serie de básicos para poder practicarlo sin riesgos.

Recomendaciones de seguridad para el sploshing

Por lo pronto, todo lo que son alimentos picantes -especialmente salsas- deberían estar fuera del menú del encuentro sexual.

Las mucosas, ya de por sí sensibles, pueden verse afectadas hasta el punto de cargarnos por completo la flora íntima vaginal o anal.

Si queremos untar o escoger comida que repartir por el cuerpo, lo recomendable es hacerlo solo de uso externo.

Aunque, como bien me recuerda Valérie, en contextos de BDSM sí hay personas que buscan placer en el dolor, para evitar afectar a la salud, mejor evitar introducir alimentos por la uretra u otros orificios.

Otro ejemplo que se ha vuelto muy popular es el jengibre, cuyo efecto picor parece dar un plus a cualquier práctica, pero, por muy natural que sea, mejor utilizar solo en zonas como «los pezones», aconseja la sexóloga.

(Además, siempre puedes reciclar la raíz más adelante para hacerte una infusión.)

La higiene posterior es fundamental para evitar que los restos se introduzcan por donde no deben -y puedan derivar en una infección-.

Y otra recomendación de seguridad que apunta la experta es la de prestar especial atención a los recipientes que se usan para soportar los alimentos.

En pleno arranque pasional, mejor dejar todo lo que sea de cristal alejado de la zona de acción y optar por platos o fuentes de plástico (u otros materiales flexibles que no corran el riesgo de fracturarse).

Una vez tienes estas recomendaciones claras -y a punto- es el momento de pasar a la acción. Planea con antelación el encuentro, organízate para comprar todo lo necesario (nata, sirope, helado, yogur…) y disfruta.

Porque, como Valérie nos recuerda, también tenemos que implicarnos en la búsqueda de nuevas prácticas cuando estamos en una relación.

«La gente tiene tiempo de buscar un buen restaurante, pero no de trabajar en la intimidad de la pareja», afirma.

¿Te atreves a llevarle la contraria y montarte el show cooking erótico en casa?

Mara Mariño

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‘La literatura erótica puede hacer que la pasión entre una pareja vuelva a ser la que era’

Si al preguntarte por literatura erótica lo primero que me puedes mencionar es 50 sombras de Grey, déjame decirte que es el momento de que conozcas a Patty McMahou.

La escritora de Con faldas y pelirrojo, Muchos apellidos… y yo solo quiero un vasco u Olvídate de la lotería y deja que te toque yo son algunas de sus novelas eróticas que combinan lo mejor de los dos mundos: mucho sexo (y muy buen contado) y un gran sentido del humor.

pareja literatura

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Son las obras perfectas para pasarlo bien de verdad, como cuando te encuentras en la cama con alguien que, además de compartir un polvo fantástico, si pasa cualquier cosa enseguida te hace reír.

Orgasmo y risas, la combinación ganadora.

Patricia Hervías dice que tiene una parte «cómica y canalla», pero canalla bien, no canalla estilo el tío que te hace ghosting y llama «bro» a sus colegas.

Y, como mujer que escribe de sexo, no le han faltado tampoco los clásicos estereotipos relacionando su vida íntima con su profesión, como es el hecho de que hayan podido insinuar que es «una fiera» en la cama.

Que es algo así como dar por hecho que un periodista deportivo va a ser un auténtico crack en los deportes, para que te hagas una idea…

«Lo cierto es que casi siempre que hablan de ello estoy con mi pareja y lo miran a él sonriendo… Ya sabes, intentando encontrar ese ‘código’ masculino que yo no comprendo y que él no sigue», me dice Patricia.

«Sin embargo, las veces que lo han hecho siempre he respondido lo mismo: “Menos mal que no escribo novela negra/policiaca si no, estarías cagado cada vez que abrieras mi congelador”».

¿Y lo mejor? Que a la hora de inspirarse para escribir sobre escenas o prácticas, no le inspiran las películas porno.

Como escritora de literatura erótica, ¿te sientes limitada de alguna manera?
Yo no me siento limitada, pero aún te limitan públicamente. Durante mucho tiempo, y no quiero echar la vista más allá del siglo XX, a esto se le llamaba ‘literatura para mamás’. Creo que con eso te he contestado. Personalmente sé que soy capaz de hacer cualquier cosa.

Mi profesión me ha llevado a estar en radio, como guionista, coordinadora de equipo de copys, periodista de viajes, articulista sobre historia y mucho más. Pero sí, cuando intentas hablar profesionalmente de ello, sientes que te miran de manera diferente. Nos continúan menospreciando por ser escritoras (mujeres) de novela romántica erótica, a los hombres se les sigue mirando como grandes escritores, a pesar de que es una de las que más se vende en este país. ¿Qué se le va a hacer?

¿Qué suele ayudarte a inspirarte para crear personajes?
Mis personajes suelen ser personas normales. Gente de calle con vidas reales, historias que me han contado, otras que he oído mientras tomaba un café o una cerveza… Si pones el oído al lado de un grupo de chicos o chicas solos, te asombrarías de las maravillosas historias que puedes crear: machismo, feminismo, drama, burradas varias. Eso sin contar las que te cuentan amigos o conocidos.

¿Y cómo creas situaciones de alto contenido erótico entre ellos?
Ahora, en cuanto a hacer que sus historias sexuales sean compatibles, ahí es cuestión de profesión a pesar de pensar que quizás todo lo basamos en escenas de películas porno. Y aunque sí que he visto, este tipo de películas me inspiran bastante poco o nada para escribir.

Me gusta más pensar en situaciones que pueden ocurrir en cualquier momento entre una pareja libre que se desea, habla y está de acuerdo en todo lo que hace. Pasando después, poco a poco en su crecimiento como personajes, a conocerse y saber lo que uno u otro desea y convertir un momento sexual en uno sexy, loco o sorpresivo.

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¿Dirías que sinónimos del pene hay infinitos mientras que los de la vulva y la vagina son más limitados?
Diría que muchos de los sinónimos son ofensivos, quizás hasta incomprensibles, ridículos o hasta enigmáticos en un intento tonto de continuar con aquella candidez que se nos presuponía, y algunos/as siguen presuponiendo. Pero vamos, que hay cientos de ellos y es cierto que, si nos ponemos a ver algún ejemplo, la mayoría describe o a bivalvos con forma bastante desagradable o a partes de animales (pata de camello), a vegetales (¿coliflor?).

Cosas como: zanja, canalón, mondongo… Podría seguir hasta llegar a los que son más ‘intensitos’ como ‘fuente de la vida’… A ver, sí que hay, el problema es que o es feo, o es secreto o de aquella manera que a veces ni apetece usar ninguno y es mejor decir vulva o coño.

¿Hay machismo en la literatura erótica o es un espacio donde las escritoras reflejan mayor igualdad en las prácticas sexuales que narran?
Sigue habiendo machismos en la literatura erótica, aunque yo lo veo de otra manera. Sí que es cierto que durante mucho tiempo se esperaba que la protagonista fuera ‘salvada’ por el gran hombre que haría que su vida fuera muchísimo mejor que hasta el momento. Aunque quiero creer que, como toda fantasía, se sabe perfectamente que el ‘malote’ de la novela es un estereotipo o que el ‘mafioso’ de turno solo es una fantasía erótica.

Personalmente no me gustan ese tipo de historias o estereotipos y me gusta demasiado hacer a la pareja igual. Quiero decir, tal como preguntas, con los mismos deseos, las mismas peticiones y no hacer que el hombre sepa exactamente cómo, qué y cuándo ha de hacer todo lo que tiene que hacer para hacer ‘feliz’ a la protagonista. Vamos, que ella misma sepa exactamente de qué manera ha de conseguir su propio orgasmo pidiendo claramente lo que desea.

En tu opinión, ¿cuáles son las ventajas de leer literatura erótica?
Comenzando por que leer es una ventaja, hacerlo leyendo libros de literatura erótica, quiero creer que hace que nuestra imaginación vuele y que intente probar cosas nuevas, si nunca se ha hecho. Puede hacer que la pasión entre una pareja vuelva a ser la que era. Porque sí, leer en pareja novela erótica puede convertirse en un juego más entre ellos. Creo que las ventajas son múltiples y beneficiosas, como un complemento vitamínico.

Mara Mariño

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Algunos consejos de ‘sexting’ para personas a las que les cuesta escribir

A estas alturas de nuestra relación deberías saber lo mucho que me gusta escribir. Para trabajar aquí, para emocionar cuando una amiga me pide un brindis en su boda y para excitar, por supuesto.

No hay mayor superpoder o sensación de control que saber que con tus palabras puedes excitar a alguien sin tocarlo.

Y es que, como el microondas, los mensajes subidos de tono tienen un único objetivo: calentar.

Para calentar hay que ir a ese órgano sexual por excelencia, el cerebro. Pero ¿cómo estimularlo?

sexting chico teléfono móvil

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Una de las formas más sencillas es atemperarlo mediante recuerdos.

Narrar historias que ya han pasado, hace que la otra persona las vuelva a vivir dándole una puerta de escape de su presente. Ejemplo: «Recuerdo cuando cogiste mi juguete morado y lo colocaste sobre mi clítoris. Tuvimos que meternos en casa porque se había asomado gente a la terraza de enfrente»

Pero, ¿para qué quedarse en la realidad pudiendo inventar una fantasía?

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«No nos conocemos, pero vengo de la Tierra Media. Soy una elfa guerrera, capitana de los ejércitos de mi raza, y necesito tu ayuda. ¿Me acompañas en esta aventura?».

O jugar a crear situaciones hipotéticas: «¿Qué harías si apareciera en tu casa llevando solo una gabardina y nada debajo de ella?»

Es clave, cuando nos comunicamos a través de la palabra, que las descripciones vengan acompañadas con todo lujo de detalles.

Contar con los cinco sentidos logra que el cerebro pueda reproducir la historia: «Has vuelto de salir a correr. Puedo oler tu sudor y eso me anima a levantarme para frenar la gota que ha empezado a bajarte por el cuello y saborear la sal de tu pecho».

«¿En qué piensas cuando escuchas mis gemidos?», «¿Podrías describir mi sabor?»

Para que la otra persona se sienta aún más involucrada puedes jugar con la interacción: «Quiero saber cómo te gustaría que siguiera/¿qué quieres que haga con mis manos?»

Y, aunque soy partidaria de limitarlo a los mensajes (porque para mí, no hay nada como un buen texto erótico), también puedes añadir una foto.

No, tiene por qué ser un selfie de tus genitales. ¿Has pensado en otras partes de tu cuerpo o un objeto o lugar que vayas a utilizar en el relato? Cualquier cosa puede funcionar.

«Te voy a mandar una foto para que des rienda suelta a la imaginación», «¿Tienes curiosidad por ver qué llevo ahora mismo?» o «Quiero que te imagines que la mano que sale en la foto es la tuya».

Para terminar, acompañar la historia con notas de voz es otra manera de despertar las ganas.

Mi mejor amiga y yo tenemos competición de las voces más sexys del mundo. Esas que excitan hasta cuando dicen «declaración de la renta».

Así que si sientes más confianza con las notas de voz, solo necesitas darle a ‘grabar’ aplicándote los mismos consejos.

No importa el formato, lo que importa es disfrutar del juego.

Mara Mariño

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Lo que de verdad hace que una noche sea memorable

Me hace gracia del porno que, según la mayoría de películas, un encuentro inolvidable pasa por ser golpeada contra el cabecero de la cama, como si fueras un tornillo y buscaran dejarte clavada a la pared.

Pero para mí, el polvo ideal, se encuentra muy alejado de eso.

pareja cama

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A diferencia del juego de percusión, de quien se piensa que tu vagina funciona como un tambor, le doy importancia a la conexión entre las pieles.

No la que se queda solo en los genitales, la que va mucho más allá.

La piel de dos manos enredándose, de unos dedos recorriendo la cara interna del brazo, bajando por la axila, persiguiendo una cosquilla o un escalofrío.

La misma piel que va, poco a poco, descendiendo por el costado, redondeado un pecho como si lo estuviera sitiando y avisándole de que se aproxima una batalla de cuerpos, deslizándose por el vientre, acariciando el ombligo y yendo, de arriba a abajo, por los muslos.

Es inolvidable un encuentro cuando los besos se vuelven mandones, reclamando el protagonismo. Y dejan una huella invisible a la vista pero no al recuerdo.

Tanto que al día siguiente te parece que todavía puedes sentirlos. Como si la piel recordara la marca de los labios con un cosquilleo. En todas partes, por supuesto.

No soy capaz de olvidar las noches donde la boca ha caído en picado por mi cuerpo hasta hacerme perder, por unos segundos, el conocimiento.

Gracias, desde aquí, a todos los poetas de la lengua castellana que me han comido el verso.

Aunque, si pienso en las más memorables, no todas han venido necesariamente acompañadas de un orgasmo, pero sí de la sensación de seguridad que me han transmitido.

De estar, aunque acabáramos de conocernos, donde quería estar y con quien quería; conjugando el verbo desear en compañía: «yo te deseo», «tú me deseas», «nosotros nos deseamos».

Con alguien que no dudaba en sacarse el preservativo logrando que me pareciera sexy que se preocupara por la salud de los dos.

Y, aunque quizás menos sensual, me quedo también con la ternura del after sex.

Porque sí, independientemente de si hay sentimientos de por medio, el cariño es siempre de agradecer después de compartir un momento íntimo.

Son memorables quienes se han desprendido de esa idea de que, por ser solo algo físico, no podíamos darnos afecto al terminar.

Especialmente si encima me llega el ofrecimiento de una tarta que ha comprado para la ocasión, porque sabe que soy más de dulce y quería tener un detalle.

Con tan buen sabor de boca, es imposible no recordar la noche como un absoluto éxito.

Mara Mariño

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Un paseo (diferente) por el Museo de la Erótica de Barcelona

Barcelona es sexy. Está mal que lo diga siendo de Madrid, pero la ciudad es como un flechazo a primera vista que no deja de sorprenderte y estimularte.

De ella, siempre quieres más.

Y uno de los rincones que hacen de la ciudad un lugar en el que recordar que estamos para disfrutarnos, es el Museo de la Erótica.

museo erótica Barcelona

Museo de la Erótica

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No hay muchos lugares en Europa de estas características. En Ámsterdam, París o Berlín podemos encontrar sitios similares, pero  yo voy a barrer para casa y contarte por qué, el de la Ciudad Condal, merece una visita.

El museo no pasa desapercibido. Es un lugar curioso en mitad de las Ramblas, un punto de encuentro entre despedidas de soltero, amigas que buscan un plan diferente y parejas de todas las edades.

Pero lo cierto es que no solo está el lado divertido de poder hacerte un selfie de recuerdo en una pared llena de dildos con ventosa (y conseguir que tu amiga te pida que le lleves uno, cuando le mandas la foto).

Me quedo con el recorrido que hacen a través de la historia del erotismo.

Como me explica Sarah Rippert, la propia gerente del museo, es increíble descubrir a través de grabados egipcios o cerámica de Pompeya que en vez de ir hacia delante, hemos avanzado hacia atrás.

A ser mucho más conservadores e ir escondiendo el sexo hasta convertirlo casi en un secreto.

Mo deja de ser curioso ver, de primera mano, lo que era el Onlyfans de antaño: una colección de fotografías eróticas que se mandaban a los soldados en el frente durante la guerra.

Si estos mandaban dinero, recibirían más imágenes de las modelos a cambio.

También resulta interesante analizar los primeros vibradores, más parecidos a unas pinzas de cargar la batería del coche que al estimulador de clítoris que tenemos (casi todas, espero) en casa.

O incluso algunas curiosidades de la propia ciudad de Barcelona, como las ‘carasses’ -unas esculturas con forma de cara femenina que se colocaban en las esquinas de los edificios señalando con su vista los burdeles o la pequeña selección de arte erótico, para que los fans de Picasso disfruten de dos grabados originales la serie Suite 347 del artista.

No falta tampoco una sección dedicada a la pornografía, el BDSM o incluso a los récords Guinness mundiales del sexo.

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Como la propia gerente explica:  «En todas las ciudades debería haber un museo así. Si no vemos el erotismo como algo normal, no educaremos a las personas. Y, si todos tuviéramos esta educación, no sería ni un tabú ni tan complicado».

Quizás el hecho de que sea un lugar en el que la erótica se ve casi como un mix entre la parte histórica, artística y luego la parte curiosa o la parte más divertida, no termina de quedar muy claro hasta que punto es un sitio en el que ir a formarse o al que, simplemente, pasar un buen rato.

Lo que sí es cierto es que, justamente por ser un popurrí de tantas cosas, puede dar pie a un sinfín de temas de conversación. Y es algo de lo que el museo, puede sentirse orgulloso.

Mara Mariño

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Exígete menos en la cama para disfrutar(lo) más

Ya vale de tanto agobio. Vale de pensar que siempre tiene que apetecerte, que tienes que estar de humor.

Vale de exigirte que siempre tengas una erección infinita, la vagina siempre humedecida, los pezones en punta, la libido por las nubes, las ganas disparadas

PEXELS

No siempre va a ser así y no estar en tu momento más sexual, no significa que no puedas disfrutar lo demás.

Así que en vez de que te estreses porque ese día el orgasmo parece no llegar nunca, intenta olvidarte, perderlo de vista.

Se nos pide -o más bien exige- que perfeccionemos todo lo que esté en nuestra mano.

El trabajo, las relaciones de amistad, no olvidarte de ningún cumpleaños, ser la mejor pareja, hija y hermana, sacar tres veces al perro a la calle, tener lo bastante regadas tus plantas.

El nivel de demanda no debería afectar al terreno íntimo, no deberíamos plantearlo como otro campo más en el que lograr los objetivos.

Que si se consiguen, bienvenidos sean.

Pero tampoco hay ningún problema en que, por casualidad o no ser el día o cualquier otra razón que igual ni te viene a la cabeza, no seas capaz de dar el 100% de ti.

El sexo es mucho más que ver a la otra persona como un desafío, un puesto de feria: «Consigue que se corra en dos minutos y te llevas premio».

No funciona así.

El sexo es relajación, escape, pausa, conexión, comunicación, acuerdo y punto de encuentro.

Y si nos quedamos solo con su lado placentero, restándole la importancia a todo lo demás, seguiremos pensando que qué mal no haber logrado llegar y que la experiencia no ha merecido la pena.

Duquesa Doslabios.
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Alimentar el mapa erótico: la forma de actualizar tus fantasías sexuales

Tus fantasías sexuales no son eternas. Al igual que tus metas, tienes que ir actualizándolas a lo largo de tu vida.

Lo que te encantaba a los 20 años no suele ser lo mismo que te seduce a los 30.

SKYN

En eso consiste el mapa erótico, en aquellas historias que nutren nuestro imaginario sexual.

El ir cumpliéndolas o ir descubriendo cosas nuevas consiguen que las etapas íntimas vayan cambiando.

Pero configurar este mapa no es algo que caiga del cielo. Se debe trabajar.

Y no hay nadie más que tú que pueda decidir qué aparece y qué no.

He dicho varias veces que disfrutar de la sexualidad es tarea de la propia persona, y el mapa erótico es el ejemplo perfecto.

Incluso si consideras que la imaginación no es algo que te sobre precisamente, vengo a darte algunas ideas que a mí me han funcionado.

Tu mapa erótico puede empezar por la fantasía de cumplir con un desconocido ese polvazo que te ha contado tu amiga que echó con su novio.

Puede ser la escena de una película que siempre te haya excitado y quieras poner en práctica.

También probar todo tipo de fetiches a ver si hay alguno con el que hasta ahora no te habías atrevido (y resulta que te encanta).

Fuentes de fantasías eróticas son también los libros, hacerse con juguetes nuevos…

Y si lo que se te da bien es tirar de imaginación, montarte historias en la cabeza será tu primer campo de experimentación.

Fantasear con que sucede algo con la compañera de trabajo, ir en el ascensor y pensar qué pasaría si entrara ese vecino que te gusta…

De la misma manera, es posible hacer el ejercicio con gente desconocida.

¿De esas personas que compartes espacio en el vagón, ¿cuántas tendrán sexo esta noche? ¿Cuántas lo tuvieron ayer?

Todo sirve para estimular tu mayor órgano sexual: tu cerebro.

Duquesa Doslabios.

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‘Cualquier juguete sexual se puede usar entre dos’

Si en pareja nos gusta compartir un buen desayuno, una escapada el fin de semana o esa cita en el cine para ver la película que teníamos tantas ganas de si estreno, ¿por qué no compartir un juguete sexual?

Eso es lo que defiende Sara Martínez, experta en comunicación en EroticFeel, cuando se trata de usar los juguetes en pareja.

LELO

Y es que como ella afirma, es algo que mejora la relación por varias razones.

«Hay tantos mitos alrededor del sexo que es difícil desmontarlos todos de un plumazo, pero podríamos empezar por desterrar dos ideas, la primera es que hay prácticas para realizar a solas y otras para hacer en pareja, la segunda es que los juguetes sexuales son para masturbarse en solitario. Parece que a falta de un coito bien está un vibrador y no es así», declara la experta.

En sus propias palabras: «Los juguetes eróticos no son un sustituto de nada, son una herramienta para darnos placer, pero también para conocer nuestro cuerpo, qué nos gusta y cómo nos gusta, ¿por qué no querrías compartir eso con tu pareja? Igual que compartes un plato delicioso, una botella de vino o un viaje. Los juguetes incrementan la complicidad en la pareja, la comunicación, la diversión, y son una manera fantástica de salir de la rutina y probar cosas nuevas».

No podemos obviar la importancia que tienen a la hora de ponerle fin a la brecha orgásmica, consiguiendo que esa distancia en el dormitorio se acorte.

«Nadie es responsable del placer de otro, hay que empezar por conocer nuestro cuerpo, qué tenemos y dónde está todo (puede sonar a bromar pero de verdad que demasiada gente no lo tiene claro). Cada mujer (y cada hombre) tiene que descubrir qué le gusta y cómo le gusta y para eso los juguetes sexuales son fantásticos», afirma Sara Martínez.

«Si con un succionador de clítoris llegas al orgasmo en minutos y durante el coito no sueles conseguirlo, ¿por qué deberías seguir como hasta ahora y reservar tus orgasmos para tus ratos a solas? ¿Por qué no combinar distintas estimulaciones, utilizar los juguetes en pareja y daros placer mutuamente?», opina la experta.

A la hora de escoger el más apropiado, las posibilidades son casi infinitas. Y es que, como ella misma afirma, «cualquier juguete sexual se puede usar entre dos. Es cierto que hay algunos modelos específicamente diseñados para utilizar durante el coito, pero no hay por qué limitarse solo a esos».

«Una bala vibradora, por ejemplo, es perfecta para los preliminares, para excitar los puntos erógenos femeninos y masculinos en cualquier tipo de relación. Pero también son fantásticos los vibradores de varita, los anillos vibradores o los huevos masturbadores, se trata de probar, de convertir el encuentro en un juego que no tenga siempre las mismas reglas», declara.

Aunque si tenemos que quedarnos con un tipo de juguete como unisex, ese sería sin duda cualquiera dedicado al sexo anal.

«Lo mejor del ano es que no tiene género, todos tenemos uno y, además, repleto de terminaciones nerviosas que provocan un inmenso placer cuando se estimulan correctamente. Los juguetes anales son una de las mejores opciones para jugar en pareja, solo hay que elegir el que más se adapte a lo que buscáis y a vuestro nivel de experiencia», secunda la experta.

Bolas tailandesas, un plug anal de silicona… «Combinar la estimulación anal con la genital y extraer las bolas tailandesas del ano justo antes de alcanzar el clímax intensifica muchísimo el orgasmo», afirma Sara Martínez.

Eso sí, la higiene -siempre fundamental- es imprescindible si compartimos lo que hay en el cajón junto a la cama.

«Mantener los juguetes correctamente higienizados es clave para evitar infecciones y alargar su vida útil, si los vamos a compartir hay que extremar la limpieza. Lavarlos siempre con agua tibia y jabón neutro o con un desinfectante específico para juguetes sexuales antes y después de cada uso y guardarlos en una bolsita o neceser por separado, es decir, no guardes diferentes juguetes en la misma bolsa», explica la experta.

«Además, jamás debemos utilizar el mismo juguete en la zona anal y en la genital sin lavarlo antes adecuadamente porque las bacterias podrían pasar fácilmente de un sitio a otro. Por último, hay que tener en cuenta que los juguetes compartidos también pueden ser foco de contagio de enfermedades de transmisión sexual«.

Para quienes estén buscando ideas de qué nuevo elemento incorporar a la cama, la experta también deja una lista de sugerencias.

“Nuestros juguetes para parejas más vendidos son el Satisfyer Double Joy, un diseño con forma de U que estimula al mismo tiempo el clítoris, el punto G y el pene, los tres modelos de Satisfyer Endless, y el LELO Tiani 3 (más sofisticado y con control remoto)”, dice Sara Martínez.

Duquesa Doslabios.

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Amiga, por estas razones deberías pasarte al porno ético

Hace unos días vi, por primera vez en mi vida, porno ético. Y no se parecía en nada al que había visto hasta ese momento.

ERIKA LUST FILMS

Sí, me refiero a esos vídeos que circulan por internet de «La suegra enseñándome a follar», «Compartiendo mi novia caliente» o «Adolescente tetona se folla a sus compañeros».

Las historias del porno ético, un mundo aparte, bien podrían parecer de verdad, esas en las que una pareja empieza a darse un baño y termina practicando sexo oral.

Y si hay un nombre que se relacione con este género es el de Erika Lust.

La directora, que crea un porno completamente disruptivo en Erika Lust Films, ha conseguido crecer ampliando su equipo gracias a una clave fundamental.

Para nosotras es más fácil sentirnos identificadas con esas tramas antes que con las del porno más mainstream.

Estéticamente, también le da varias vueltas. Tiene un cuidado detrás, una dirección de arte…

Y no solo una visión creativa estudiada, las condiciones de quienes trabajan detrás son dignas, de ahí que sea un producto de pago para que su consumo resulte sostenible.

Se paga a los intérpretes, al equipo, se buscan localizaciones a la altura de la historia… Cada detalle está tan cuidado que es fácil entender lo que las propias productoras afirman sobre sus obras.

«Hacemos cine con escenas eróticas», afirmaba Jahel Guerra, Senior Producer y Talent Manager de Erika Lust Films hace unos días en Barcelona.

Marina Rull, otra de las productoras que acudió al evento en Casa Bonay, explicaba también por qué su pornografía es tan necesaria: “Lo que lo hace ético es la igualdad y el buen gusto que le ponemos a esa película. Queremos impulsar algo más igualitario”.

Y es que salirse de las etiquetas que sexualizan a las personas -o directamente darle espacio a quienes no se ven representados-, así como impulsar sus carreras, es otra de sus características: crear un producto inclusivo.

¿Su principal objetivo? El que consiguieron cuando, tras ver la película, solo pudiera pensar en meterme en una ducha con mi pareja a que me enjabonara el pelo y terminara el baño con un buen cunnilingus.

Que todo el mundo se vea reflejado en la ficción.

«Queremos hacer cine erótico que le guste a la gente», algo que, bajo su punto de vista, pasa por sacar menos genitales -aunque también tienen su parte de protagonismo- y más el disfrute de los performers, explicaba Marina Rull sobre Else Cinema, la versión más naíf de Erika Lust Films.

Y aunque el porno mainstream sigue siendo el todopoderoso de la industria, está en nuestras manos salir de ahí y buscar más calidad.

Lo que equivaldría a dejar de comer comida basura y pagarnos una buena cena en ese restaurante al que siempre hemos querido ir.

Porque este cambio, pedir calidad, no solo consigue que promovamos una visión más variada y tengan también su voz mujeres en un sector pensado por y para hombres.

Implica plantarle cara directamente al porno mainstream saliendo de ese erotismo que poco o nada se parece a nuestra sexualidad -pero que construye desde nuestros primeros años de vida-.

Y esto no ya solo nos beneficia como consumidoras, sino también como mujeres en general en la sociedad.

Porque se proyecta una imagen de que somos iguales en la cama, de que podemos ser tratadas con respeto y disfrutar de ello. Y eso construiría una idea de la sexualidad donde dejamos de estar cosificadas y humilladas.

Duquesa Doslabios.

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