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¿Qué implica que la generación Z haga más tríos que los ‘millennials’?

Si me pongo a enumerar las cosas en las que creo que nos supera la generación Z a los millennials, solo destacaría que, más que nativos digitales, son prenatales y que, seguramente, tendrán menos depresión de la que ya padecen algunos de los nacidos entre finales de los 80 y de los 90.

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Pero hay una característica más que añadir a la lista. Y tiene que ver con las sábanas.

Más de la mitad de los millennials teníamos (o tenemos, depende de a quién preguntes) la fantasía de hacer un trío, una ilusión en la que la generación Z nos ha tomado la delantera.

El 10% de los nacidos a finales de los 90 ya ha experimentado lo que es el sexo en el que tres (por primera vez) no son multitud, según el barómetro de Control.

Es decir, uno de cada 10 de aquellos menores de 20 años ya han tenido sexo a tres bandas. Lo repito porque me sigue pareciendo alucinante.

Aunque, por otro lado, no sé de qué me sorprendo tanto pensando en que mi primo pequeño puede estar ahora mismo acompañado de dos amigas (o dos amigos).

No es difícil imaginar el por qué. Rara es la serie, canción o película actual (y sí, estoy hablando de ‘Élite’) en la que no se proclama el amor libre, dando alas a todo tipo de mezclas incluso cuando las experiencias sexuales acaban de empezar.

Me habría encantado que el barómetro les preguntara qué les había llevado a hacerlo, y sobre todo, si había sido tan satisfactorio como la ficción les vende, ya que dudo mucho que la mitad de posmilénicos sepan que el clítoris es algo más que una palabra que queda guay en Instagram.

(Ah, y esto lo cuento desde la perspectiva de una millennial que sí cumplió esa fantasía y que siente que no se habría perdido mucho de no experimentarla.)

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Cruda, sincera, abierta y genuina.

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Curiosamente, esto me recuerda a una conversación sobre la monogamia que tuve hace poco con mi madre. Ella me comentaba que parecía que ahora todo eran números.

Con cuántos has estado, con cuántos has tenido sexo, con cuántos quedas… Pero que realmente hasta qué punto eran relaciones sexuales que nos llenaban.

Vivimos en una sociedad en la que solo cuenta sumar, sumar seguidores, visitas, likes, series vistas en Netflix, personas con las que acostarnos y el número de experiencias que hemos tenido, ya sean con dos personas, en grupo, con espectadores…

Y no digo que no deban vivir esas cosas, que, si quieren, me alegro de que puedan hacerlo. ¿Pero tiene que ser ahora? La vida es lo bastante larga como para invitar a una tercera persona a la cama una vez sabemos como funciona el deseo sexual y el aparato genital más importante de cualquier vivencia, el propio.

Duquesa Doslabios.

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Las cosas que debes tener en cuenta para hacer (bien) un trío

Hoy, en otro de mis posts de “La vida real no es como una película porno” os hablo de cómo debemos disfrutar de un trío y hacer de la experiencia un momento gratificante.

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Lo de que nada más llegar se tire todo el mundo a la cama unos encima de otros, no es tan así teniendo en cuenta que, sobre todo si es el primero, estarás con la confusión propia de “Si ya a veces me agobio con una persona, ¿cómo voy a apañarme con dos?” Te apañas, te lo digo yo.

En primer lugar, parece muy obvio, pero el primer consejo es relajarse. Todos estáis ahí reunidos de libre voluntad para hacer lo mismo, nadie está obligado. Y, además, si por lo que sea, hay algún momento en el que no lo ves claro, puedes decir que no. No te tienes que sentir forzado a hacer nada que no quieras. Siempre te puedes marchar y listo.

Abre la mente. No juzgues. A la cama se va con la ropa y las vergüenzas fuera. Un trío es ante todo una vivencia para pasarlo bien, para darse placer. Es algo que bien hecho da muy buen rollo y mal hecho… Da lugar a las risas. No te lo tomes muy a pecho, no es un examen de selectividad. Si es la primera vez en tu vida que practicas sexo oral con alguien de tu género y parece que estás soplando una gaita, es mejor reírse y quitarle hierro a la situación que cerrarse en banda y entrar en barrena.

Además siempre puedes preguntar. Nadie nace sabiendo. Por mucho que te hayas hecho pajas a lo mejor no sabes cómo manejar la de otro chico. En ese caso pide “ayuda”. Y es que lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar, olvidarte de todo y fiarte simplemente de tu instinto animal.

Este consejo, ya más personal, es que, si tienes la oportunidad, te bebas una cerveza previamente con los participantes. Os ayudará a liberar tensiones. Todos tenemos miedo sexual escénico, y más si entre el público hay una persona extra.

Pero si te decides a probarlo y sigues los consejos que te comento, independientemente sea o no el polvo de tu vida, recordarás la experiencia de manera positiva.

Duquesa Doslabios.