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¿Es el yoga la nueva versión del Kamasutra?

Lo confieso, desde hace unos meses he empezado a hacer yoga. De manera amateur, claro, tirando de vídeos de internet y con el material mínimo imprescindible, la colchoneta.

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Puede que todavía no me note mucho más flexible, en comparación con mis comienzos, he encontrado posturas muy cómodas a las que, rápidamente extrapolé a otro momento también placentero.

¿Por qué no hacer la prueba de si mi nueva actividad podría tener un hueco en mi vida sexual? Voy a ahorrarme la charla de que, en general, esta disciplina es beneficiosa para la intimidad.

Aunque los beneficios físicos como la flexibilidad o el bienestar general ya me parecen dos alicientes que van a mejorar la experiencia.

A lo que voy es a lo práctico, a trasladar esos asanas (el nombre que reciben las posturas en el yoga) al momento de follar.

Vale, he sido bastante selectiva. No digo que todas sirvan para aderezar los momentos de pasión. ¿Alguien se imagina intimando de cualquier manera en un ‘guerrero’? Para mí, quedan descartadas las posturas de equilibrio.

No pasa lo mismo con aquellas más cómodas y estables, que son las que realmente recomiendo. De hecho, el asana del perro es uno que comparten por igual el sexo y la práctica (¡y pensabas que no habías hecho yoga en tu vida!).

Puesta a quedarme con una favorita, esa sería sin duda la del ‘bebé feliz’. Que consiste en estar tumbada con la espalda apoyada y elevar las piernas flexionales hasta coger los pies con las manos (que las rodillas apunten a las axilas).

En esta pose las sensaciones son muy parecidas a las del ‘pretzel’ al permitir una penetración muy profunda. Y además es comodísima para la espalda.

Otra con la que también estoy experimentando es el ‘puente’. Para entrar en este asana, se deja la espalda apoyada, las piernas flexionales con los talones cerca de las nalgas y por último se eleva la cadera con ambos brazos bien apoyados a lo largo del suelo.

Ya que la cuarentena es larga, os animo a probarlo y seguir investigando.

Duquesa Doslabios.

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Sí, el ‘polvo de la reconciliación’ tiene más sentido del que te imaginas

Han pasado siete días. Siete larguísimos días con sus siete interminables noches en las que lo único que has hecho con tu pareja ha sido discutir y aprovechar para retomar tu relación con el succionador de clítoris.

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Una semana en la que, como si de en tus tiempos de soltera se trataran, te has hecho cargo por completo de tu placer. Aunque eso no quitaba lo mucho que te atraía cuando se quitaba la camiseta para ponerse el pijama.

Vale que el enfado no es capaz de apagar la atracción, pero qué duro se hace mantener las distancias cuando hay una bronca de por medio.

Por suerte, la guerra llega a su fin. Uno de los dos dice las palabras mágicas (“Lo siento”), y tu siguiente pensamiento es, lo admitas en alto o no, ‘follemos’.

Al final, el sexo es un lenguaje de la pareja. Se ha convertido en una forma de acercarnos entre nosotros, no ya solo de darle rienda suelta a las ganas.

Y es que ese tipo de polvo, en concreto, tiene un objetivo que los demás no comparten, volver a instaurar ese vínculo que se ha debilitado por la discusión.

“Tener sexo tras una discusión en pareja puede a veces ayudar a que nos volvamos a unir, a confirmarnos que la relación va bien y sigue adelante, y que damos el asunto que nos llevó a discutir como zanjado”, afirma la sexóloga Ana Lombardía de Sexoenlapiel.com.

¿El resultado? Fuegos artificiales, deseo por las nubes (como para no después de una semana sin tocaros ni con un palo), todo tipo de peripecias en la cama, ilusión, manos entrelazadas, ojos incapaces de despegarse… Pero sobre todo la seguridad de que las cosas vuelven a funcionar.

Una vez pasado el momento de pasión, el resultado no podría ser mejor: los dos exhaustos, con subidón de endorfinas y el nexo intacto de nuevo, con la sensación de fortaleza después de haber superado otra prueba más para la relación.

Siempre y cuando sea la manera de ponerle el punto y final (por todo lo alto) a un desencuentro, claro.

“A veces se tiene sexo tras -o durante- una discusión porque alivia las tensiones y refuerza el vínculo, pero obviando resolver la desavenencia. Es decir, tras el sexo el enfado se nos pasa, pero el problema sigue ahí”, recuerda Ana.

Duquesa Doslabios.

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Así es como puedes usar (más) el clítoris mientras tienes sexo

La teoría nos la sabemos: el clítoris es el órgano del placer, el botón mágico que se traduce en una sola cosa: orgasmo.

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Por eso en casa –tranquilas, tumbadas en la cama y despatarradas, con un libro en una mano abierto por la página de ese capítulo y la entrepierna en la otra-, conseguirlo es bastante sencillo.

Estando en compañía la cosa cambia. Ya hemos superado (por suerte) lo de tocarnos mientras tenemos sexo en pareja, pero llegar al clímax es a veces una odisea.

Dependiendo de cómo estés colocada, la mano se te cansa, lo que te corta totalmente el rollo cuando estás a punto de correrte.

Hay posturas en las que poder acariciarte parece más difícil que una prueba de Humor Amarillo. Entre sus movimientos y su pubis, se te machacan los dedos y tienes menos control que si tuvieras un guante entre las piernas.

Así que, si hace unos días os comentaba que cambiar de posición durante el sexo es un básico para hacer la vida íntima más variada, en este caso es fundamental si no te alcanzas el clítoris.

Algunas posturas, como el perrito o la amazona, te dan vía libre a la vulva, aunque tampoco significa que tengas que estar tocándote desde el primer minuto.

Mi recomendación es que, para retrasar al máximo el cansancio de los dedos, empieces pasando de la mano. A cambio, usa la fricción natural de tu acompañante o apriétate tú (no infravalores el petting).

Otra recomendación es que intentes estimular el clítoris internamente (recuerda que de él solo vemos la puntita).

Contrae tus músculos vaginales hacia dentro y hacia arriba, como si quisieras sorber por una pajita imaginaria, y notarás cómo las sensaciones son mucho más intensas.

Y por supuesto, si ni con esas consigues alcanzarte el clítoris o estimularlo correctamente, déjate ayudar por los juguetes. Un succionador o una bala vibratoria en la zona solucionarán el problema.

Duquesa Doslabios.

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¿Hola comilonas, adiós intimidad? Tener sexo en Navidad cuando has comido mucho

En estos momentos del año, en lo único que pienso al quitarme la ropa es en ponerme rápidamente el pijama de franela.

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Y no ya porque sea invierno, que también. Sino porque las comidas y cenas navideñas terminan por dejarme para el arrastre.

Bandejas y bandejas de canapés, langostinos y por supuesto los platos de turrón y polvorones te hinchan tanto que te da la sensación de que, lo único que vas a poder hacer al levantarte de la mesa, es pedirle a tus primos, los fuertes de la familia, que te empujen en dirección a tu cuarto para ir rodando hacia la cama.

Sentir el cuerpo pesado -culpo a la dichosa mayonesa, que equivale a digerir cemento armado- se interpone a la hora de tener algo de intimidad, celebrando el ambiente cariñoso que tanto me gusta de las fiestas.

El sexo es un reto. Pero la pasión no tiene por qué desaparecer del todo (de eso se encarga el pijama anteriormente mencionado).

Déjate de malabarismos o posturas alternativas, eso mejor para el resto del año, e intenta buscar posiciones en las que tu tripa no sufra las consecuencias de la cena.

Nada de poses invertidas que hagan subir la sangre a la cabeza y el marisco a la boca del estómago.

En estos casos, hacerlo recostados sobre la cama, a modo de cucharita, permite libertad de movimientos y que no te siente mal la comida. Además, al estar tumbados, la sensación es de descanso.

Otra alternativa es que puedes aprovechar que estás recogiendo la mesa para darle rienda suelta a tu pasión sobre ella -una vez se vaya la familia, claro- apartando los entrantes, que las salsas salen fatal de la ropa.

En ese caso, una persona de pie y otra tumbada, también permite disfrutar sin que agobie la sensación de pesadez.

Aunque mi alternativa favorita para estos días confieso que es, y será siempre, el sexo oral. Cómodo para los dos e igual de placentero que follar (para muchas mujeres incluso más).

Permite poder disfrutar a un ritmo tranquilo sin tener que estar ejecutando la coreografía de la penetración, que entre el cansancio, la comida y el alcohol es otra de las cosas que termina dando pereza del sexo en Navidad.

Duquesa Doslabios.

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En la cama no siempre tiene que haber fuegos artificiales

Hace poco, en una de esas conversaciones entre amigas, hablábamos de lo que era el sexo cuando es con alguien con quien llevas mucho tiempo.

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Ambas estábamos en algo de acuerdo, los fuegos artificiales de los anuncios de condones no son la imagen más realista para describirlo.

Que no siempre nos corremos, no. De hecho, si echamos cuentas, si tenemos sexo con penetración es aún más complicado.

Luego están esos días en los que estás pensando en que tienes una reunión a las 9 y que deberías poner el despertador media hora antes de lo habitual, para pasar las imágenes a un USB y lavarte el pelo antes de salir de casa.

Toda una película mental que se proyecta en tu cerebro mientras tu pareja está esmeradísima manejándote el clítoris con una habilidad digna de la microcirugía.

También está el día en el que, después de ver esa serie, solo puedes pensar en arrancarle la ropa a tu pareja y luego nada, se te van las ganas.

O, simplemente, cuando, por mucho que te apetezca, está a punto de bajarte la regla y tu nivel de humedad vaginal roza la desertificación.

Hay días que te apetece, pero tienes mucho sueño, días que tu cuerpo quiere mambo y tu cabeza está en otra parte (o apagada en su totalidad). Hay días y polvos de todos los tipos y colores.

Y no, no siempre están garantizados los fuegos artificiales, aunque no significa que haya de qué preocuparse.

Las hormonas, el ánimo, lo que nos ha pasado a lo largo de la jornada… Hay un sinfín de acontecimientos que no podemos controlar y pasan factura a la excitación o al cuerpo.

En esos casos, cabe recordar que el sexo va más allá de un rato de placer. Es conexión, es comunicación, es, por qué no, distracción, es “ven aquí que llevo un día de mierda y quiero arreglarlo antes de que acabe”, es necesitar sentir a tu pareja desnuda. Es mucho más que meter, sacar, meter, sacar y terminar.

Por eso no siempre hay un show de luces en el techo de la habitación. Pero cuando las hay, que, afortunadamente, suele ser la mayor parte de las veces, el espectáculo merece la pena.

Duquesa Doslabios.

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El misionero puede ser la postura sexual más divertida (si sigues estos consejos)

Los puentes sobre el río Madison, un Cadillac, el Chanel 2.55, los álbumes de los Beatles, el sillón Egg de Arne Jacobsen, una fotografía de Helmut Newton o el misionero tienen algo en común, entran en la categoría de clásicos.

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Amada y denostada a partes iguales, la postura más conocida del sexo juega con la ventaja de lo placentera que resulta para los participantes, pero también con que, de lo fácil, tendemos a recurrir a ella más que a otras, lo que la convierte en un básico poco sorprendente de nuestro repertorio.

Y aunque siempre podemos poner música de fondo (cualquiera de los discos de los Beatles, ya que los he mencionado), hay más formas de añadirle picante.

Como todo en esta vida, el secreto no está tanto en la posición que escogemos sino en la actitud que ponemos al elegirla. De nada sirve repasar el kamasutra si las ganas que ponemos al hacerlo son las mismas con las que contestamos los mails de trabajo el lunes a primera hora de la mañana.

El misionero se adapta a todo: puede ser romántico con intercambio de miradas, puede ser salvaje con mordiscos, puede ser duro con arañazos o puede ser profundo y suave haciéndolo más tierno.

¿La clave? No centrarse tanto en la postura sino en la experiencia, en el momento. De hecho, ¿por qué no aprovechar la coyuntura, y con coyuntura me refiero a tener su oreja a la altura de tu boca, y decirle lo que te está gustando, lo mojada que estás o que quieres sentirle más lento, pero hasta el fondo?

Encuentra la postura que mejor te funcione. El misionero no es solo tirarte en la cama con las piernas abiertas y esperar a que hagan todo el trabajo. Arquea la espalda, estira los pies, apóyate sobre la punta de los dedos, ayuda con el movimiento… Puedes incluso añadir un cojín que te haga estar con la cadera más incorporada.

Las dos manos libres te permiten jugar. Puedes pasarlas por su cabeza, su espalda, puedes agarrar las nalgas, acompañar con las manos o incluso tocarte. Y es que no hay nada más placentero que poner en práctica las posturas con el clítoris a mano (literalmente).

Es quizás ese uno de los grandes inconvenientes del misionero, que la estimulación femenina en esa zona brilla por su ausencia. O bien te encargas tú de ella o le pides a la otra persona que realice un poco de TAC. No, no es que te haga un diagnóstico médico en pleno polvo.

El TAC es la Técnica de Alineación en el Coito (hablaré de ello más adelante), una variación del misionero que consiste en que el hombre se alce un poco para que su pubis alcance el clítoris y lo estimule con el movimiento.

¿Te parece una variante simplona? Pues más de la mitad de las mujeres que la integraron en su rutina, llegaron al orgasmo según un estudio publicado en el Journal of Sex and Marital Therapy.

Así que, llega el momento de hacer del misionero algo menos más religioso y más visceral, que suele ser lo más divertido del sexo.

Duquesa Doslabios.

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Sexo con dolor, no todo es culpa del vaginismo

Por muy genial que sea el sexo, no todas las experiencias son igual de buenas. De hecho, creo que hablo en el nombre de casi todas al decir que, hay ocasiones en las que ha podido resultar hasta doloroso.

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Que una acción que debería ser placentera produzca algún tipo de dolor, es preocupante, claro. Y quizás la respuesta más común que encontramos en esos casos sea el vaginismo.

Pero ni todo el dolor en el sexo es vaginismo ni todo el vaginismo es dolor en el sexo. Es algo un poco más complejo y si, como a mí, te ha pasado alguna vez, estas son las formas de diferenciar las causas.

Lo primero de todo es partir de la base de que, por mucha gracia que puedan hacer ciertas posturas a nuestra pareja, la penetración, más profunda o con un ángulo diferente al que estamos habituadas, puede llegar a ser molesta.

También entra en este caso el tamaño de la persona con la que estemos. Aunque en la pornografía se vendan apéndices con el mote de cockzilla, lo cierto es que unas medidas comunes son mucho más prácticas (y de agradecer para no pasarlo mal).

Pero este tipo de daño se puede atajar de una manera muy rápida. Tan sencilla como cambiar de posición buscando una que satisfaga a ambos, por lo que no se trataría de vaginismo.

El vaginismo se considera una disfunción femenina que puede tener tanto causas físicas como psicológicas. Por lo que, si el dolor es persistente cada vez que se quiere mantener una relación sexual o realizar la introducción de un tampón, es probable que nos encontremos ante este problema.

Quitando las causas físicas como endometriosis, himen rígido, tumores pélvicos u otras afecciones que, requieren ayuda ginecológica, las otras causas necesitan apoyo psicológico para ser solucionadas ya que puede deberse a la ansiedad por la penetración, el miedo a quedarse embarazada, haber tenido experiencias anteriores negativas, una educación sexual ineficiente…

La lista, donde también se encuentran los casos de violaciones, padecer depresión u hostilidad a la pareja entre otras, incluye algunos causantes de que, inconscientemente, se contraigan los músculos de la vagina haciendo totalmente imposible la penetración.

Afortunadamente, como comentaba antes, también tiene solución. El asesoramiento de profesionales conseguirá también que, poco a poco, la paciente consiga solventar la incomodidad con el apoyo de su pareja.

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“When you love someone, they become a part of who you are. They're in everything you do. They're in the air you breathe and the water you drink and the blood in your veins. Their touch stays on your skin and their voice stays in your ears and their thoughts stay in your mind. You know their dreams because their nightmares pierce your heart and their good dreams are your dreams too. And you don't think they're perfect, but you know their flaws, the deep-down truth of them, and the shadows of all their secrets, and they don't frighten you away; in fact you love them more for it, because you don't want perfect. You want them.”“When you love someone, they become a part of who you are. They're in everything you do. They're in the air you breathe and the water you drink and the blood in your veins. Their touch stays on your skin and their voice stays in your ears and their thoughts stay in your mind. You know their dreams because their nightmares pierce your heart and their good dreams are your dreams too. And you don't think they're perfect, but you know their flaws, the deep-down truth of them, and the shadows of all their secrets, and they don't frighten you away; in fact you love them more for it, because you don't want perfect. You want them.” Amazing photo by @chelsmariephoto

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Fuera del vaginismo, otras circunstancias pueden también desencadenar las molestias. La irritación vaginal (por el uso de tampones o jabones), una falta de lubricación ya sea por la brevedad de los preliminares o por razones hormonales, padecer una infección de orina o incluso una reacción alérgica a algunos métodos anticonceptivos, también pueden causar que el sexo sea doloroso.

La conclusión es que, si por lo que sea, tu vida íntima no está resultando placentera al 100%, escucha a tu cuerpo y plantéate qué puede estar pasando ahí abajo. Piensa que el sexo está para que disfrutemos (todos y todas).

Duquesa Doslabios.

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Mujeres ‘millennials’: doble de sexo, mitad de orgasmos

Como millennial estoy un poco cansada de la generación que me ha tocado. Somos los mejor formados pero con peor futuro, los que empezamos a padecer depresiones sin llegar a los 30 por la situación económica, los que no podemos irnos de casa por el precio de los alquileres y, encima, los que tenemos menos sexo que nuestros padres.

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En la carrera de fondo por seguir descubriendo los hábitos de la generación Y, un nuevo estudio arroja más luz sobre nuestras costumbres sexuales. Ahora resulta que no, que no follamos menos. De hecho, tenemos el doble de sexo que nuestros mayores, sí. Pero si analizamos a las mujeres que llegan al clímax, en vez de multiplicarse, se dividen, dejándonos como resultado la mitad de orgasmos que aquellas que nos sacan 20 años.

El estudio realizado por Lovehoney, empresa de juguetes sexuales, lo descubrió analizando las conductas de las mujeres participantes menores de 25 años.

Aunque la mayoría contestaron que tienen sexo más de dos veces por semana, solo una tercera parte de ellas tenía un orgasmo con su pareja, una situación que se da en el más del 63% de los casos de aquellas mujeres que superan los 45.

Y vale que el orgasmo no lo es todo, que hay muchos matices en una experiencia sexual, pero cuando es algo que solo nos afecta a nosotras, ¿no deberíamos darle más importancia a la brecha orgásmica?

El desconocimiento es algo que he comentado en este blog a menudo. Tenemos más información que nunca pero no sabemos ni por dónde empezar a utilizarla. Si ni nosotras mismas sabemos lo que nos gusta, en pareja se nos antoja más imposible todavía.

Por otro lado, la presión de convertirnos en contorsionistas, de cumplir las expectativas que el porno hace recaer en los encuentros sexuales o incluso las distracciones constantes como el móvil, porque realmente queremos ver de quién nos ha llegado la notificación, son factores que juegan en nuestra contra.

Aunque, para mí, la respuesta del problema la encontró también el mismo estudio. Mientras que la mayoría de las mujeres menores de 25 entrevistadas dijeron que, para ellas, la importancia del sexo era pasar un buen rato, o incluso conseguir un subidón de autoestima, en el grupo de edad de los 40, el valor era diferente.

Para quienes nos sacan más de dos décadas, lo importante no es el momento de diversión o el chute de confianza, sino la conexión emocional. Si tenemos en cuenta que el cerebro es el órgano sexual más potente del cuerpo, es el lugar del que deriva el deseo sexual, es precisamente un elemento fundamental para que el sexo se disfrute plenamente (y hasta el final).

Por supuesto que un revolcón para escapar del estrés de nuestro estilo de vida, distraerse o pasar una noche divertida puede seguir formando parte de nuestra rutina. Pero, y por mucho que sea una frase hecha, quiero volver a recordar que, aunque un partido sea entretenido, lo importante no es estar constantemente cambiando de jugadores, sino que, los que jueguen, marquen gol.

Duquesa Doslabios.

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El mapa (que no conocías) de los picaderos de tu ciudad

Andar por la calle, cogerse de las manos, juguetear con los dedos, sentir el calentón y no tener casa libre o estar demasiado lejos como para plantearse cualquier cosa que no sea pasar a la acción al instante. Para esa clase de casos, Josean tuvo una idea: una página web que recogiera los mejores sitios para tener sexo por la ciudad. Sitios elegidos por los propios ciudadanos y practicantes que puede servirnos como salvación o como excusa para salir a la calle.

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¿Cómo surgió la idea de crear la página web Mispicaderos.com?
No hubo una iluminación ni nada por el estilo. Ni siquiera fue fruto de la necesidad, ya que en el 2009 yo ya tenía mi casa y por fortuna no necesitaba buscarme lugares como picaderos.
Soy diseñador web y por aquel entonces, empezaba a hacerse muy útil Google Maps. Se me ocurrió algo que Google nunca mostraría: picaderos, aquellos lugares de toda la vida donde vas con el coche con la novia a disfrutar de los placeres de la vida. Viendo que podría ser útil para la sociedad, me puse manos a la obra.

¿Cuándo se lanzó? ¿Qué crecimiento ha tenido desde entonces?
Empecé en el 2009. Al comienzo, pedí a amiguetes y conocidos que pusieran aquellos lugares que conocían y después empezó a viralizarse por las redes, llegando a tener hoy casi 20.000 ‘sexcondites’ en todo el mundo (más de 12.000 en España)

¿A qué diría que se debe el éxito de añadir localizaciones que son públicas?
Supongo que gran parte de las razones que llevan a una persona a poner un lugar en Mispicaderos, es el decir “¡Eh, mira! Yo estuve aquí”. También la construí de manera que fuera muy fácil añadir lugares, y además estos lugares se pudieran compartir fácilmente. Por otro lado, es innegable la utilidad del mapa, ya que de otra manera, ¿cómo encontrar estos lugares, que son, de por sí, escondites? Y además, si conoces uno, solo lo usarás durante un tempo, ¡que luego lo disfruten los demás!

¿Cuáles son los picaderos más extraños que podemos encontrar?
Siempre me ha sorprendido que en torno a los cementerios haya tantos picaderos, pero tiene su lógica: lugar con parking, poco visitado y de fácil acceso. Y además, la gente que está en los cementerios no suele ser muy molesta. Por lo demás son los típicos lugares donde estar tranquilo: parques, parkings, polígonos industriales, calles desiertas, miradores…

¿Ha visitado alguno de los espacios que proponen en la web para comprobar la reseña o se basa en la opinión de las personas que, libremente, comentan?
Muchos lugares que están cerca de mi ciudad los conozco y son los típicos. Claro que me es imposible recorrer España verificando la idoneidad de los más de 12.000 lugares. Para ello existe un sistema de comentarios donde la gente opina sobre si el sitio es bueno, malo, existe o no, etc.. Además de una puntuación de estrellas. Es algo creado por la comunidad, de manera que ha de ser la comunidad la que lo valore.

¿Cuál diría que es el perfil del visitante de su web?
Aunque yo lo pensé para parejas jóvenes que disponían de coche pero no de casa, he podido que ver que además hay muchos otros tipos de usuarios. Por ejemplo parejas que se conocen una noche de fiesta, gente LGTB y gente que va a estos lugares en busca de otras personas del sexo que sea, con la idea de mantener relaciones sexuales sin compromiso.

El riesgo es uno de los factores por los que Mispicaderos resulta una web atractiva, pero ¿cuáles son las consecuencias de acudir a estos sitios y ser pillados en acción?
Actualmente no existe una legislación respecto a mantener relaciones sexuales. Lo que está estipulado como delito es el escándalo público. En cualquier caso, para eso es la web precisamente, ¡para evitar que te pillen! Siempre buscar otro lugar más tranquilo y escondido si no quieres ser pillado in fraganti.

¿Un consejo a la hora de acudir a un picadero?
El más importante: ¡puertas cerradas!
(En el blog de la web hay un artículo con 10 recomendaciones a tener en cuenta como controlar la franja horaria, llevar el móvil con batería o dejar las llaves en el contacto.)

Para terminar, el top tres lugares de Madrid según Mispicaderos.
Uno de los más famosos es el parking techado de El Pardo lugar de encuentro para tener relaciones sexuales sin compromiso.
Pero mejor que esto te pongo los mejor puntuados:
Enfrente de la depuradora (camino poco concurrido en Collado Villalba)
Casa abandonada Reajo del roble (pertenece a una urbanización de Collado Mediano)
Jardines del Calasanzio (calle Joaquín María López, en Madrid)

Estos lugares no los conozco, pero son los más valorados de la Comunidad de Madrid.
Ahora bien, yo buscaría siempre miradores, que con la excusa de llevar al chico/a a ver las vistas puedes aprovechar! Y además siempre van a ser lugares más bonitos…

Duquesa Doslabios.

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Esas películas que se monta el cine sobre el sexo

Apenas unos metros separan a ambos. La respiración entrecortada aumenta agitándose. Se miran desatando una corriente que haría erizarse el vello de cualquier piel. Y, sin poder contenerse, con el ímpetu propio de quien lleva tiempo deseando hacer algo, se alcanzan recortando el espacio entre ellos.

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Él clava sus manos en la ropa, retirándola con esa habilidad característica que adquirimos cuando abrimos con urgencia un regalo. Ella hace lo mismo liberándole de la camiseta. La ropa cae al suelo. Pero ni siquiera toda. Simplemente con la bragueta a medio bajar y las bragas por la mitad de las piernas, se funden en el suelo. Dos segundos más tarde ambos contraen el gesto, aprietan las manos, fruncen el ceño y se corren en un magnífico orgasmo, más sincronizados que las cheerleaders del intermedio de un partido de baloncesto.

O al menos, eso es lo que siempre pasa en la tele.

Algo tienen las películas que las mujeres se excitan solo con una mirada. Que no digo que no pase, pero, por lo general, solemos necesitar algo de trabajo en la zona sur para que aquello esté en condiciones.

Que creo que todos coincidiremos en que es más fácil tirarse por el tobogán de Aquapark si hay algo de agua en la superficie para deslizarse. O si hay lubricante en su defecto, algo que también brilla por su ausencia.

En la pantalla, las mujeres siempre estamos a punto. Tan excitadas que, con solo dos sacudidas, ya estamos listas. Son los polvos más veloces del mundo.

Más rápidas que calentarte la sopa en el microondas. De hecho te sobran segundos para mirar cómo gira el plato hondo si quieres echar uno antes de cenar.

Debe ser que los hombres de la pequeña y gran pantalla tienen el poder de hacerte sentir oleadas de placer sin apenas tocarte. Es tan habitual la escena en la que, solo con rozar la cadera, ella ya se encuentra jadeando, que llegas a plantearte hasta qué punto tu sentido del tacto funciona con corrección cuando tú no estás tan alterada por mucho que tu novio te agarre un pecho.

Porque esa es otra gran diferencia respecto al sexo en la vida real y el de las películas, nosotras nos quitamos el sujetador mientras que las actrices lo llevan puesto hasta el final. Además de que desabrocharlo es lo primero que quiero hacer al llegar a casa (y en la cama, ya ni hablamos), no hay nada comparable a que te toquen bien todo el cuerpo.

No engañemos a las nuevas generaciones. Si por contrato la actriz no graba topless, que no lo haga, que el cámara enfoque la espalda, pero dejad de hacernos creer que no se nos haga creer que es normal llevarlo puesto si tenemos sexo.

Las películas muestran una realidad tan alternativa que no se usan métodos de protección de ningún tipo ni para ninguna práctica, porque no hay riesgo de embarazos o de enfermedades de transmisión sexual. Los condones en el cine se obvian a no ser que tengan relevancia en la trama porque se rompen (¡Hola, Grease!).

Pero embarazos aparte, en el cine se da una utopía donde todas estas enfermedades han sido erradicadas. No se contempla el riesgo de coger SIDA, sífilis ni cáncer de garganta. Todo es maravilloso y todo el mundo es muy sano.

Al terminar no te pienses que él va a pedirte mimos. Como mucho, el actor se levantará para irse a su casa o se quedará dormido. Lo de hacer la cucharita o estar abrazados es un placer que, por lo visto, solo podemos permitirnos en el otro lado de la pantalla, no vaya a ser que la virilidad se vea amenazada mostrando una escena de ese tipo.

Si después de un polvo te levantas de la cama para ir al baño, acuérdate, si eso, de ponerte las zapatillas, porque lo de taparse pudorosamente con la sábana después de que te ha visto sudando, jadeando, con la cara roja, gritando y explotando, queda un poco ridículo.

Y todo esto, claro, en el caso de que estés en la franja de edad que no supera los 35 años, ya que, como todos sabemos por las películas, la gente mayor no tiene sexo. No existe. No verás una escena erótica con un culo flácido, una espalda arrugada o unas tetas caídas.

Pues, querido cine, a cualquier edad, el sexo, sigue siendo una puñetera maravilla.

Duquesa Doslabios.

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