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Historias de amor, sexo y otros delirios

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¿Quieres mejor sexo? Hazte feminista

Si tuviera que resumir en una palabra lo que ha supuesto el feminismo en mi vida sexual, os resultaría familiar el término: orgasmos.

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Cuando empecé a tener sexo (me refiero a acompañada, claro, sola ya lo llevaba practicando bastante tiempo) aquello eran unos cuantos meneos, se corre, tiramos el condón y a dormir. Fin del cuento. Normal que no me pareciera para tanto.

Me preocupaba pensar que algo no funcionaba. Primero pensaba que era yo, pero, como os he dicho, había sido muy capaz de llegar al orgasmo yo sola sin que nadie tuviera que explicarme nada. No entendía por qué no me lo pasaba tan bien como en todas esas comedias románticas, en las que, solo con rozarse, ya llegaban los gemidos al cielo.

Y entonces lo entendí. Por supuesto que yo sabía cómo darme placer, eran ellos los que no. Y claro, iba a quedar muy mal que yo le llamara la atención a mi acompañante, o eso pensaba, por lo que me limitaba a fingir un poco y luego a terminarme la faena en casa.

Hasta que llegó el día en el que me di cuenta de que estaba viviendo en una mentira, una enorme, y que quería empezar a ser sincera, no solo con ellos sino conmigo misma.

Fui franca y los orgasmos falsos se acabaron, lo que hizo que vinieran los auténticos y esa brecha orgásmica descendiera.

Me di cuenta de que quería igualdad en la cama, que si él se corría, yo me corriera también. Y no era algo egoísta, ni que no quisiera que él no lo disfrutara, sino que ambos recibiéramos placer.

El feminismo me quitó la tontería de encima, la de los orgasmos y muchas otras, como por ejemplo los complejos. Comprendí (al fin) que tenía que quererme tal y como era y que aquello no cambiaba en función de si estaba más o menos depilada, de si mis tetas estaban o no caídas o de si el culo tenía celulitis, que daba exactamente igual.

Eso de “el macho tiene que mandar en la cama unga unga” era mi concepción pre-feminista. Mi yo feminista entendió que era más divertido compartir la “dominación” en el colchón y no ser siempre la que se deja llevar. Tomar la iniciativa y experimentar es algo también muy placentero.

Que me aburro

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Pero feminismo también es asumir la responsabilidad, entender que si algo sale mal no es que hayas topado con un mal amante y ya está, sino que está en mano de los dos hacer de la experiencia algo sobresaliente.

Con el feminismo aprendes a darle al sexo la importancia que tiene, mucho menor que la que me vendían en el colegio,  que, supuestamente, tenía que ir ligado siempre a un matrimonio con amor. Resulta que podía tener sexo con alguien solo porque me apeteciera y no pasaba nada. No se me ligaban las trompas de Falopio, no era una puta ni una guarra. Era una mujer disfrutando de su vagina (y de otras partes, sin duda).

Para todos aquellos preocupados que piensan que el feminismo está en contra del sexo, os diré algo, todo lo contrario. El feminismo le da a la mujer la libertad de disfrutar de su cuerpo, está a favor del placer que durante tanto tiempo hemos tenido prohibido.

Quiere la igualdad en todos los aspectos, quiere que puedas disfrutar de una buena comida y que te traigan a ti la cuenta, en vez de dar por hecho que va a pagar él, y que disfrutes sin complejos de los postres que ofrecen las entrepiernas.

Duquesa Doslabios.

¿Un buen polvo? No (solo) gracias al pene

No tengo pene y nunca lo he tenido (me ha parecido importante dejarlo claro nada más empezar ya que la Duquesa Doslabios es una aristócrata muy sexual, sí, pero muy anónima al mismo tiempo), pero si hubiera nacido hombre, tengo claro que habría sido una de mis preocupaciones.

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Lo sé porque siendo mujer pasé toda mi adolescencia preocupada de los tamaños y formas de mi cuerpo: que si el pecho, los pies, las piernas, la nariz, el pelo… Por lo que imagino, de haber sido de género masculino, habría pasado por lo mismo.

Sin embargo, lo referente al miembro masculino parece tener mucha más gravedad. Encuentras divisiones en la talla de condones, apartados específicos en páginas web de pornografía con ejemplos descomunales, consoladores en tiendas de sexo del tamaño de calabacines gallegos

En definitiva, la medida del pene es una cosa que nos rodea. Incluso en esas amenas tertulias con amigas entre té matcha y pasta de anís ecológica (o cerveza y aceitunas) sale en muchas ocasiones el tema de las tallas.

Nos permitimos el lujo de hablar sobre el tema porque, a fin de cuentas, somos quienes los disfrutamos.

Pero mayor parte de nosotras, aunque disfruta de recibir información y animar la cerveza o el café con una buena porra, nos consideramos mucho más  prácticas.

Tanto pensar en el tamaño puede dar a entender que vivimos inmersos en una ‘falofiebre’, cuando, hay veces que lo único que te gustaría es coger al susodicho y decirle “pero que tamaño ni que tamaño y cómeme la boca (u otros sitios), que para eso no necesitas más que los labios“.

Y es que a la hora de la verdad, y por mucho que España sea el tercer país que más intervenciones de alargamiento de pene realiza, nos interesan otras cosas. No dais crédito cuando afirmamos esto, pero es así. Pasado el impacto del primer momento, valoramos en mayor medida la química y a la dinámica del momento.

Pero si no os queréis fiar de mí, fiaos de Plátano Melón que de sexo saben un rato y quisieron tener las opiniones de las mujeres a pie de calle que lo confirmaron: alguien que sepa moverse bien, en detrimento del tamaño. La declaración rotunda de una de las encuestadas lo resume: “No creo en absoluto que el tamaño del pene sea algo decisivo para que haya una relación sexual placentera”.

Un pene garantiza un contacto físico entre dos personas, pero no la conexión. ¿La conclusión de todo esto? Que se le dedique menos tiempo a mirar el pubis y más a mirar a los ojos de la otra persona.

Duquesa Doslabios.

(Y si todavía no me sigues en Twitter ni en Facebook no te pierdas mis rayadas emocionales)

Sexo festivalero: los lugares para tener un encuentro pasional

Coachella nos pilla lejos de casa y del presupuesto, pero eso no significa que no te plantees hacerte el equivalente a la Ruta 69 solo que en vez de Estados Unidos, recorriendo la costa española en busca de los festivales del año.

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Pero por mucho que te gusten Love of Lesbian, Paco Osuna o Mägo de Oz, no es la música el único de tus menesteres, o, al menos no lo es del 33,6% de asistentes a un festival que practican sexo (y el 44,6% sexo oral) según ha revelado un estudio de la web de venta de entradas TickPick.

Y en España, me atrevería a decir que el número es mayor (el estudio cubre solo los Estados Unidos).

El lugar favorito por más de la mitad de los participantes de la encuesta para el escarceo romántico fue la tienda de campaña. La respuesta es de una lógica aplastante teniendo en cuenta que es el equivalente al dormitorio en los festivales y por tanto el mejor sitio donde se puede disfrutar de intimidad.

Pero ¿y para aquellas celebraciones de un día en las que no se llega a hacer noche y, si se hace, es bailando? El coche, otro de nuestros favoritos por excelencia. Además es un espacio tan familiar que ya sabemos cuáles son las posturas con las que podemos sacarle partido.

En el tercer lugar quedó el campo. Ya que los festivales se realizan en amplios espacios al aire libre, no es complicado encontrar, si te alejas un poco de los escenarios, un trocito de suelo en el que ponerte mirando para las estrellas. La alergia al césped del día siguiente merecerá la pena.

Un 15% de los encuestados, totalmente ajenos al concepto de “intimidad”, afirmaron haber mantenido relaciones entre la multitud rodeados de testigos. Si te da por hacerlo públicamente, procura que sea bien entrado en horas el festival, para evitar que la gente tenga batería en sus móviles.

Por último, casi un 10% dijo que el baño era el sitio donde había podido practicar sexo. Iba a poner “a sus anchas”, pero si solo de hacer pis en uno de esos cubículos me entra el agobio, no puedo imaginarme a dos personas revolviéndose.

Además entre los olores (todos sabemos cómo huele eso), el pis (y otras cosas) por todas partes o la compresa pegada al suelo, hacen que cualquier otro sitio del festival sea mejor que el baño portátil.

Y recuerda que el lugar, la persona y el momento son cosas opcionales. Que utilices protección, no.

Duquesa Doslabios.

Posiciones para tocar clítoris como si no hubiera un mañana

La penetración está muy bien, no te digo yo que no. Sobre todo si viene acompañada de complementos, como la ensalada.

Pero la penetración acompañada de meneo clitoriano es más placentera que explotar un grano (hoy me he despertado salida y escatológica, qué le vamos a hacer).

Los años de práctica como clitoriana me han hecho formar un top de posturas “Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo toco”:

5. En el último puesto: el perrito. Las embestidas traseras pueden hacer un poco complicado mantener un ritmo decente, es por eso que queda en el último puesto.

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4. A cuatro patas invertida: esta postura permite que tu pareja se encargue de darle vida al asunto. Pero claro, entre el movimiento, la mano y demás, o tiene muchas habilidades o aquello termina más descuadrado que las ventanillas de los aviones.

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3. De espaldas haciendo sentadilla: para las que no tardáis mucho va bien, pero las que necesitamos un poco de tiempo terminamos con el cuádriceps reventado, por lo que queda en el ecuador de la clasificación.

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2. El misionero: parecía que no, pero la mano entra perfectamente entre pubis y pubis. ¿Lo mejor? Estás cómodamente tumbada y puedes elevar las piernas para experimentar con nuevas sensaciones.

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1. Sentada encima (en el suelo): ponte en modo dominatrix y ordena a tu pareja que se tumbe bocarriba en el suelo (con una almohadita debajo de la cabeza, que ser dominatrix no significa que tengas que dejar al otro desnucado). Siéntate encima con las piernas flexionadas y ponte en modo rana saltadora. Importante que sea en el suelo ya que si lo haces en una superficie que no sea fija, tu pareja se mueve por la inercia y terminas perdiendo ritmo.

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Y ahora mi momento favorito: cuéntame cuál es tu postura preferida para tocarte el clítoris (así podemos copiarte en cuanto tengamos oportunidad).

¿Conoces el beso de Singapur, el único que se da sin los labios?

Inmersa en mi última lectura, que coincide que pertenece a uno de mis compañeros blogueros del diario, Ya está el listo que todo lo sabe de SEXO (autor del que muy pronto os traeré entrevista) encontré de pasada “El beso de Singapur” o también llamado “pompoir”.

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Así como conocía (y bien) todos los que habían aparecido hasta el momento como el beso francés o el beso griego, el de connotaciones asiáticas me pilló por sorpresa.

Como describe Alfred López, es una práctica que se realiza utilizando los músculos de la vagina sobre el glande ejecutando unas contracciones que dan placer y llevan al orgasmo (si se realiza bien, claro).

Pero ¿cómo podemos practicar para hacerlo? Exactamente igual que cuando nos ponemos un tutorial de hacer ejercicio en casa 20 minutos.

Por lo visto la rutina es la misma que la de mantener el suelo pélvico en forma. Los ejercicios de Kegel (contracciones controladas) y el posterior uso de bolas chinas para controlar la contracción son todo lo que debemos dominar para convertirnos en expertas.

Es decir, la contracción y relajación de los músculos circunvaginales con la idea de crear un efecto de succión como el que realizamos al hacer sexo oral.

A la hora de aplicar la teoría a la práctica, lo más recomendable es que la mujer esté colocada encima y que mantenga la cadera quieta en una postura en la que se encuentre cómoda y pueda concentrarse en el movimiento.

Perfecto no ya solo para sorprender a nuestra pareja sino para añadir algo nuevo a la cama y, ya de paso, mantener nuestros músculos de la zona siempre en forma (algo que agradecemos sobre todo después de los partos).

¿Le damos al pompoir?

Duquesa Doslabios

Posiciones para cuando te puede el cansancio (pero aún así estás caliente)

Típico día de diario por la noche, ambos estáis hechos fosfatina y solo queréis tiraros en la cama a dormir.

Pero con el ojo a medio cerrar empiezas ver a tu pareja desnudándose y como no eres de piedra (aunque te pese el cuerpo una tonelada por el cansancio), te entran las ganas. Para esos casos puedes optar por posturas en las que no tengas que moverte mucho. ¿Cuáles? Aquí tienes algunas ideas:

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Cucharita: gírate hacia uno de tus costados, pegaos el uno contra el otro y aprovecha una de las posturas para vagos por excelencia. Lo único que tenéis que hacer es darle un poco de movimiento y listo.

Misionero: ¿es necesario que la explique? Perfecta para las mujeres que no quieren mover un músculo, aunque procura interactuar con tu pareja y no quedarte despatarrada haciendo la estrellita de mar. El sexo es una cosa de dos.

-Cara a cara: Cambia el turno. Es el momento de que él se tumbe. Aprovecha para colocarte encima con todo tu cuerpo cubriéndole y repta levemente sobre él de delante hacia detrás.

Siéntate encima: la clásica postura perfecta para cuando estáis en el sofá y os ponéis tontorrones. Aprovecha que él está contra el respaldo y bien colocado para utilizarle como punto de apoyo. Seguir viendo la película es ya elección vuestra

-69 lateral, mucho más cómodo que el arácnido. Gira unos 90 grados la postura que tanto conoces. Evita que uno de los dos esté tumbado mientras el otro tiene que aguantar su peso. Se realiza apoyados sobre los costados como un 69 convencional.

Y, si conoces otras posturas que sean ideales para cuando la vaguería alcanza sus máximos niveles, te animo a compartir tus ideas en la caja de comentarios y a seguirme en las redes sociales (mi Facebook y Twitter) para estar al tanto de más posts como este para cuando andes con pocas ideas.

Duquesa Doslabios.

Las cosas que debes tener en cuenta para hacer (bien) un trío

Hoy, en otro de mis posts de “La vida real no es como una película porno” os hablo de cómo debemos disfrutar de un trío y hacer de la experiencia un momento gratificante.

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Lo de que nada más llegar se tire todo el mundo a la cama unos encima de otros, no es tan así teniendo en cuenta que, sobre todo si es el primero, estarás con la confusión propia de “Si ya a veces me agobio con una persona, ¿cómo voy a apañarme con dos?” Te apañas, te lo digo yo.

En primer lugar, parece muy obvio, pero el primer consejo es relajarse. Todos estáis ahí reunidos de libre voluntad para hacer lo mismo, nadie está obligado. Y, además, si por lo que sea, hay algún momento en el que no lo ves claro, puedes decir que no. No te tienes que sentir forzado a hacer nada que no quieras. Siempre te puedes marchar y listo.

Abre la mente. No juzgues. A la cama se va con la ropa y las vergüenzas fuera. Un trío es ante todo una vivencia para pasarlo bien, para darse placer. Es algo que bien hecho da muy buen rollo y mal hecho… Da lugar a las risas. No te lo tomes muy a pecho, no es un examen de selectividad. Si es la primera vez en tu vida que practicas sexo oral con alguien de tu género y parece que estás soplando una gaita, es mejor reírse y quitarle hierro a la situación que cerrarse en banda y entrar en barrena.

Además siempre puedes preguntar. Nadie nace sabiendo. Por mucho que te hayas hecho pajas a lo mejor no sabes cómo manejar la de otro chico. En ese caso pide “ayuda”. Y es que lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar, olvidarte de todo y fiarte simplemente de tu instinto animal.

Este consejo, ya más personal, es que, si tienes la oportunidad, te bebas una cerveza previamente con los participantes. Os ayudará a liberar tensiones. Todos tenemos miedo sexual escénico, y más si entre el público hay una persona extra.

Pero si te decides a probarlo y sigues los consejos que te comento, independientemente sea o no el polvo de tu vida, recordarás la experiencia de manera positiva.

Duquesa Doslabios.

Mi (mala) experiencia con un pene pequeño y cómo debería haberlo gestionado en realidad

Tengo una amiga que dramatiza mucho con el hecho del tamaño del pene. Ella es de las que opina que no se puede jugar al fútbol si la pelota es de tenis y yo, lo confieso, pensaba de manera parecida.

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Pero retrocedamos en el tiempo. Un chico de mi universidad me volvía loca. Teníamos esa especie de fijación por los Rolling que hacía que nos encantara todo lo británico y evergreen. Me descubrió Oasis y me hice aún más fan de él y de los hermanos Gallagher.

Era romántico, elegante, un hombre de 35 en el cuerpo de un chaval de 20 con una conversación de estas en las que te sumerges y no quieres volver a la superficie nunca. Tal que así.

Era todo tan perfecto que mentalmente ya le veía en mi cama con Paint it Black sonando de fondo. Cuando por fin llegó el día estaba yo con la emoción por las nubes. La música ambiental, unas velas del chino por allá y un magreo encima de mi mesa de estudiar que haría difícil que me concentrara ahí sentada días después.

A lo largo de los preliminares, con los pantalones por el suelo, me hice una idea del panorama que me esperaba. El panorama no era muy esperanzador, no os voy a engañar. Era tan poco esperanzador, que, mi amiga la dramática de los penes, le habría espetado de estar en mi lugar “¿Qué clase de broma es esta?“.

Pero como me han enseñado a valorar a las personas por lo que son y no por el tamaño de su pene, seguí ‘palante como los de Alicante’. Que la vida son dos días y a lo mejor luego a la hora de la verdad me lo paso igual de bien.

Cuando llegó el momento de conectar, tuve la típica reflexión en alto de chiste malo de “Ya puedes meterla” a lo que él me contestó “Si ya estoy dentro”. Horror. No sentía absolutamente nada. Pero nada nivel he tenido más sensibilidad poniéndome un tampón que con él.

Un poco agobiada le dije de cambiar de postura ya que en algunas se nota más el movimiento que en otras. Tras estar un rato encima asumiendo que no tenía ningún tipo de sensación, me noté especialmente húmeda. “Al menos la duquesa se lo está pasando bien” pensé, pero no. NO. Él encendió la luz extrañado de lo mojada que estaba y… Estaba totalmente cubierto de sangre.

Me había bajado la regla.

Le di un poco de papel y entre avergonzada y agradecida por tener una excusa para parar, me limpié y le pedí que se fuera. No volví a verle.

Ahora que han pasado muchos años desde ese momento podéis creerme si os digo que me siento terriblemente mal por cómo le eché aprovechando la excusa de la regla. Mi madurez (sexual y mental) era más bien escasa y para mí era todo la penetración. Era a lo que me habían enseñado las películas.

Ahora me doy cuenta de que perdí la oportunidad de conectar de otras maneras en la cama con esa persona con masturbación o sexo oral y que me quedé en algo que, la mayor parte de las veces, no me reporta ningún orgasmo, no como las otras prácticas.

Así que chicas, si os encontráis a alguien que no la tiene del tamaño al que estáis acostumbradas, no le echéis con cajas destempladas. Dad la oportunidad porque las artes, y no el pene, hacen al amante.

Duquesa Doslabios.

Juguetes sexuales que tienes por casa (y no te habías dado cuenta)

El sexo es de las cosas más bonitas que hay, todos estaremos de acuerdo, pero innovar en la cama sin dejarte el sueldo en el sex shop del barrio, también es una maravilla.

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Para echarle un poco de sal a nuestra vida sexual no necesitamos hacernos con un catálogo digno de tupper sex, ya que por casa, muchos objetos cotidianos sacados fuera de su contexto convencional conseguirán que experimentemos una serie de sensaciones nuevas y muy placenteras:

  1. Hielos: olvídate de usarlos para los refrescos. Vacía la cubriera en un plato hondo y juega con ellos pasándolos por el cuerpo. Procura no dejarlos olvidados encima de la madera o aparatos electrónicos si no quieres llevarte un susto.
  2. Cucharas: enfríalas previamente en el congelador durante una hora. Te servirán, al igual que los hielos, para lograr estimulantes cambios de temperatura. Aplícalos sobre zonas como pezones, labios o cara interna de los muslos.
  3. Y ya que has abierto la nevera, échale un vistazo a lo que tengas. Alimentos como helados, nata, o chocolate son muy fáciles de untar sobre la piel para luego limpiarla a mordiscos o lametones.
  4. Collar de perlas o de bolas grandes, el aliado perfecto para ambos. Al igual que las perlas, enfriado puede ser una sorpresa de sensaciones, pero usado a temperatura ambiente es perfecto para masajear o masturbar.
  5. Las almohadas o cojines nos permiten mayor comodidad y placer en algunas posturas. Si te gusta especialmente la de ambos boca abajo, prueba a ponerte una almohada debajo de la tripa.
  6. Los complementos y accesorios como cinturones y pañuelos dan mucho juego. Se pueden utilizar para amordazar, tapar los ojos, atar las manos y pies… Las posibilidades son infinitas.
  7. El plumero y las brochas de maquillaje producen agradables cosquilleos sobre la piel. Úsalos después de limpiarlos bien y disfruta del hormigueo.
  8. Las pinzas u horquillas son muy útiles a la hora de sujetar la ropa o el pelo, pero ¿ te atreves a utilizarlas sobre el cuerpo? Si eres de emociones fuertes, esta idea te encantará.
  9. Y ya que estamos hablando de juego duro, un peine o una espátula de madera son elementos que se pueden utilizar para dar cachetes. No volverás a ver tu cepillo de la misma manera.

¿Qué otros objetos cotidianos de andar por casa utilizáis entre las sábanas? Compartid las ideas en los comentarios para que todos podamos divertirnos jugando.

Duquesa Doslabios.

Posturas atrevidas para salir de las clásicas al practicar sexo

No estoy diciendo que el sexo sea aburrido, pero todos tenemos un repertorio de posturas favoritas, que, repetimos a menudo por comodidad, pereza a la hora de buscar cosas nuevas o porque nos permiten alcanzar el orgasmo más fácilmente.

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Sin embargo, no podemos quedarnos ahí, por muy a gusto que estemos tumbados mientras el otro hace todo el trabajo. Solo se vive una vez y el kamasutra tiene un montón de posturas para probar y darle algo de gracia a la vida sexual:

  1. Cunnilingus trasero: lo de dar una vuelta de 180 grados aquí debes aplicarlo de manera literal. Olvídate de acceder por la puerta delantera al clítoris. Aunque practicar sexo oral desde atrás mientras ella está en la postura del perrito, recomiendo estar tumbada bocabajo, ya que te encuentras totalmente relajada disfrutando de lo que sucede a tus espaldas.

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  2. Carretilla: ideal para tonificar los brazos. Ella se coloca en el borde de la cama apoyándose sobre sus codos mientras él la levanta en peso y se sitúa por detrás entre las piernas. Piensa que si al empezar no aguantas tu propio peso, con el paso del tiempo terminarás por resistir más tiempo en la postura. Si por lo que sea termináis cayéndoos, las risas estarán aseguradas (y la risa es la puerta del amor).

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  3. Piernas sobre los hombros: nada cómoda si las dimensiones de tu pareja están por encima de la media pero muy placentera para todas las demás. Es perfecta porque te recordará al misionero hasta que compares las sensaciones, lo que hará que esta postura bata a la clásica por goleada. Puedes hacerla todavía más innovadora si él se coloca sobre sus rodillas.

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  4. El candelabro italiano o la diosa de la larga cabellera (imagino que el nombre fue puesto en honor a que la persona que esté abajo, se come todo el pelo como no se ande con ojo) son perfectas para salir de la zona de comfort y cambiar el rol activo de vez en cuando. Se puede mejorar el equilibrio si la mujer apoya los pies y brazos a los lados y los utiliza como puntos de apoyo.

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  5. El 69 arácnido: porque también se puede añadir picante a la postura por excelencia del sexo oral. Él se debe colocar sentado con las piernas entreabiertas mientras ella, situada de espaldas a él, flexiona el tronco hasta que ambos se alcancen mutuamente. Tener un cierto nivel de flexibilidad para no hacerse daño es lo ideal, así que si quieres probarla pero lo tuyo no es la elasticidad, empieza poco a poco.

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¿Se te ocurren otras posturas para innovar en la cama? ¿Cuáles son los trucos que utilizas? No os olvidéis de compartir vuestra experiencia en los comentarios, que ya sabéis que me encanta leeros y tomar nota de vuestras sugerencias.

Duquesa Doslabios.