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‘Los meses de verano suelen ser en los que más condones se compran’

El de 2020 va a ser el verano de los preservativos. No tengo pruebas (todavía), pero tampoco dudas al respecto.

Si por lo general, es en los meses de calor cuando la frecuencia de relaciones sexuales se dispara, sumándole el posconfinamiento y las ganas que compartimos todos de disfrutar y aprovechar al máximo, obtenemos como resultado el momento del año más sexual.

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Es algo que confirma Manuel Aznar, Product Manager de Control España: “Los meses de verano suelen ser los más fuertes del año y en los que más condones se compran”.

Y la explicación no podría ser más lógica: “El buen tiempo, las vacaciones y otras actividades de ocio despiertan el apetito sexual de la gente. Este verano, como consecuencia del coronavirus y las normas de distanciamiento social, afrontamos una nueva forma de relacionarnos, pero eso no debe significar bajar la guardia”.

Pero, ¿cuál es nuestra relación con los preservativos en verano? ¿Los usamos correctamente? ¿Forman parte de las primeras cosas que metemos en la maleta antes de irnos de viaje? Manuel Aznar nos contesta a estas y otras preguntas.

Cuando llega el verano, ¿tendemos a relajarnos con la protección o seguimos usándola con la misma asiduidad? 
En general las costumbres suelen ser las mismas en todas las épocas del año, no influye si es verano, primavera o invierno. Según nuestro último Barómetro Control del 2019 “Los jóvenes y el sexo”, un 76.6% de los jóvenes declaran que utilizan siempre el preservativo masculino en sus relaciones sexuales para estar protegidos. Sin embargo, hay 1 de cada 4 que solo lo utiliza ocasionalmente, con el riesgo que eso conlleva. Conviene recordar que el preservativo es el único método de doble barrera, ya que además de evitar embarazos no deseados, también protege frente al contagio de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS).

¿Es un producto que no falte a la hora de hacer la maleta o que nos preocupemos por conseguir si viajamos fuera de casa?
Depende un poco más de la personalidad de cada uno/a. Hay personas más organizadas que ya se lo llevan de casa y otras más despreocupadas que lo compran en el lugar de destino. Afortunadamente se trata de un tipo de producto que se puede conseguir fácilmente en farmacias, máquinas expendedoras, hipermercados e incluso online con lo que nunca debe ser una excusa no tenerlo a mano para no utilizarlo.

Las temperaturas, las escapadas a la playa… ¿Cómo afectan los factores externos a los preservativos? ¿Pueden llegar a dañarlos de algún modo?
Un calor excesivo durante un periodo largo de tiempo podría dañar el envoltorio y como consecuencia la conservación del propio preservativo. Esto podría provocar que el preservativo se rompiera durante la relación sexual. Por tanto, debemos evitar una exposición solar prolongada y fuentes que produzcan mucho calor.

¿Cómo podemos guardarlos de forma que no se estropeen? ¿El clásico bolsillo de la cartera es una buena idea?
Lo ideal sería tenerlo en casa o en el hotel, en algún lugar fresco como por ejemplo el cajón de la mesita de noche. Obviamente si necesitamos llevarlo con nosotros, porque nunca se sabe cómo y dónde puede acabar la noche, debemos llevarlo en un sitio seguro donde no pueda rasgarse y donde no se genere mucho calor. Quizá, lo ideal sea llevarlos en una condonera individual. De esta manera, nos aseguramos su perfecta conservación, ya que el bolsillo de la cartera puede ser una gran fuente de calor.

Ya que en verano tendemos a relacionarnos con más gente y los encuentros sexuales se dan en todo tipo de sitios, ¿cómo podemos asegurarnos de que la situación no nos desconcentre y colocarlo correctamente?
La respuesta es sencilla: practicando. Tanto para una adecuada concentración, como para una correcta colocación, el truco está en practicar. Esto nos permitirá disfrutar de nuestras relaciones sexuales en todas las situaciones. La concentración debe desarrollarla y afianzarla uno/a mismo/a.

Para la colocación del preservativo, por ejemplo, Control dispone de un modelo llamado Easy Way que está especialmente desarrollado para ayudarnos a una correcta y más rápida colocación del condón. Este modelo dispone de una banda azul que nos indica el lado por el que debemos colocarnos el preservativo y después, tirando de esta banda el preservativo se coloca en el pene en menos de un segundo.

¿Qué errores seguimos cometiendo a la hora de ponerlo?
Las más habituales, y que encima nos ponen en riesgo, son abrir el envoltorio con los dientes, rasgar el preservativo con la uña y colocarlo al revés. Estas situaciones suelen provocar la rotura del preservativo y nos pueden dar un susto.

Si estamos en la playa o en el campo, ¿cómo podemos guardarlos -para deshacernos de ellos más tarde-, sin contaminar el medio ambiente?
Es tarea de todos preservar el medio ambiente y cuidar de nuestro planeta. Por esto mismo, es nuestro deber hacer una correcta separación de los diferentes residuos. Los preservativos usados deben tirarse al contenedor gris, ya que no se trata de un residuo
reciclable. La respuesta a cómo o dónde guardarlos -si estamos en la playa o en el campo para después deshacernos de ellos- es donde se pueda: un pañuelo, el propio envoltorio…. Pero de lo que debemos asegurarnos es que lo hacemos en el contenedor correcto.

Y, para terminar, ¿cómo contestar al chico de turno que jura y perjura que mejor no usarlo porque no tiene ninguna enfermedad y controla perfectamente cómo hacer la marcha atrás?
En primer lugar, la marcha atrás no es un método eficaz para evitar el contagio de ITS. Suele utilizarse para evitar embarazos no deseados, pero tampoco en este sentido es efectivo y podríamos llevarnos un susto. Respecto a tener o no la seguridad de transmitir algún tipo de infección durante la relación sexual, el preservativo no solo evita que nosotros se las contagiemos a otras personas, sino que también nos protege a nosotros de las infecciones que pudiera tener la otra persona. Es decir, es bidireccional.

De hecho, los resultados de nuestro Barómetro reflejan que 1 de cada 4 jóvenes desconocen el estado sexual de su pareja. Hay infecciones que pueden transmitirse sin que nosotros seamos conscientes. Por tanto, lo más responsable es utilizar siempre el preservativo y consultar con nuestro médico a un médico si tenemos alguna duda respecto a nuestra salud sexual.

Duquesa Doslabios.

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El amor (y el sexo) en los tiempos del coronavirus

A estas alturas del mes, las noticias sobre el coronavirus -o Covid-19 para los amigos-, nos tienen la cabeza bastante hastiada. Vale, hay que lavarse muchas veces las manos, desinfectarlas con alcohol, si no tenemos jabón cerca, e intentar evitar las aglomeraciones para disminuir el riesgo de contagio.

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La teoría nos la sabemos tan bien, que la OMS podría estar orgullosa. Pero, ¿qué hay de nuestra vida sentimental en estos tiempos de virus?

Y es que mientras que en tu empresa ya están haciendo simulacros para ver cómo aplicar el teletrabajo, tú sigues dándole a las aplicaciones para conocer gente y teniendo una vida sentimental tan activa como la de Brooklyn Beckham.

Pero las precauciones también tienen que ponerse en práctica en el universo de las citas. Tinder ha sido una de las primeras en poner sobre aviso a los usuarios. Que claro que quieren que te lo pases bien, pero mejor si te ahorras un gripazo, ¿no?

Os lo dice quien ha aplazado una cita con un amigo para evitar coger el metro en una hora punta, así que si yo puedo buscar otro hueco, tú también.

Aunque podemos sacarle el lado bueno a la situación, puedes aprovechar para conocer a alguien la vieja usanza. No te digo que mandes cartas, pero ¿por qué no aprovechar para escribir un mail de esos largos que empiezan por un “Querida” o “Querido”?

En cuanto a la intimidad, todavía no se conoce lo suficiente del virus como para saber si a través de las secreciones sexuales hay riesgo de contagiarse.

Lo que sí se sabe es que viaja en las secreciones respiratorias, en otras palabras, todo lo que implique un acercamiento físico es probable que termine en contagio. En otras palabras: adiós, intensos besos con lengua.

¿Que teniendo sexo puedas terminar cogiéndolo? Pues a no ser que utilices alguna postura en la que las caras están totalmente alejadas (ideal para los amantes del perrito), es muy probable que te contagies.

Así que si tienes dudas de si tu pareja, ligue o follamistad ya ha caído, y prefieres evitarlo, sí, tendrás que posponer la sesión de sexo.

Duquesa Doslabios.

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Dime por qué no quiere usar condón y te diré con quién te acuestas

¿Sabes ese momento en el que, por fin, estás a punto de tener sexo con ese tío que te encanta? Acercas la mano a tu bolso y sacas un preservativo. Pero él para de besarte, te mira y dice: “¿Y si mejor lo hacemos sin?”.

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Si pidiera que vosotras, lectoras, levantarais la mano si esto os resulta familiar porque alguna vez os ha sucedido, no dudo que tendría pleno de respuestas afirmativas.

Y sí, por suerte muchos están tan preocupados por las enfermedades venéreas (quizás no tanto por los embarazos, que los ven mas ajenos a ellos) como nosotras mismas.

Pero hay quienes van a salir con cualquier excusa para no usarlo. Vamos, una serie de argumentaciones perfectamente hiladas que te convencerán como no tengas las cosas bien claras. Y ahí, amiga, es cuando tienes que mantenerte firme.

En mi experiencia, estas son las justificaciones más comunes que utilizan tipos de chicos muy concretos:

El exagerado o “Me aprieta mucho”. Para ese caso, algo tan sencillo como que los compre una talla más grande, lo que normalmente suele ser innecesario. Cuando esto pasa, siempre puedes ponerte un condón a modo de ejemplo como media. En serio, mete el pie y verás que te lo puedes subir hasta por encima del tobillo. Y, permíteme que dude, pero no creo que tu acompañante tenga entre las piernas un aparato incluso mayor que tu pie, ¿no?

El cuentista o “No se me pone dura”. Lo bueno es que en las cajas de condones vienen varios (y, si te quedan pocos, puedes ir a una farmacia de guardia a comprar más), así que si se baja la erección es tan sencillo como quitarlo y volverlo a colocar una vez vuelva a estar empalmado.

El dramático o “Es que no siento igual”. Vale, pero yo lo que no quiero sentir es que por no usarlo puedo contraer cualquier enfermedad. Si tan tremenda le resulta la privación sensorial, siempre podéis usarlo para la penetración y seguir después sin preservativo. En otras palabras: no pasa nada por terminar con la mano o la parte del cuerpo que se te ocurra (la boca no, que también es vía de contagio).

El mentiroso o “Solo la puntita”. La puntita también puede estar plagada de ETS. Y, vamos a hablar claro, es la excusa universal para colártela entera después (y hablo literalmente). Si te va con esa historia y tú te la crees, te aseguro con un 90% de certeza que te va a meter todo cuando esté en plena acción.

El negociador o “Podemos hacerlo un rato sin condón y luego me lo pongo”. No, ni un rato, ni un segundo, ni una milésima de segundo. El condón no es algo opcional. La alternativa a no usarlo es no follar, y cuanto más clara seas al respecto, mejor. Aunque sea durante un periodo corto de tiempo el que entre en contacto, el riesgo de contagio sigue existiendo.

Duquesa Doslabios.

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De ‘pedos’ vaginales a manchas de sangre, las reacciones (normales) del cuerpo al sexo

Cuando llega el momento de entrar a la acción en la cama, crees que lo tienes todo bajo control. La lista de Spotify perfecta (hay que amortizar el premium ahora que por fin te has decidido a pagarlo), la temperatura del piso, ropa interior sin agujeros ni antiguas manchas de regla…

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Pero tu cuerpo tiene otros planes y puede que al terminar, cuando estés volviendo a la calma, toda tu vagina se relaje expulsando un sonoro pedo en su cara.

Por muy ‘tierra trágame’ que parezca la situación, es solo una de las cosas normales que a todos (o casi) nos toca enfrentarnos en el periodo poscoital: que un poco de aire se haya ‘colado’ en la vagina.

No hay nada como normalizarlo con una carcajada para quitarle hierro al asunto (y además, acabas de peerte en su cara, eso bien merece compartir unas risas).

Las flatulencias vaginales son solo la punta del iceberg. Porque si algo compartimos todas (y si no lo haces, deberías empezar ya) es que después de tener sexo te entran ganas de hacer pis.

En el caso de que no las tengas, ve igualmente y evítate una infección de orina. Es la manera que tiene el cuerpo de eliminar las posibles bacterias que del roce, se encuentren en la uretra.

No solo los microorganismos entran en acción por el contacto, también pueden salir rojeces en zonas que no imaginas, sobre todo si el vello ha sido rasurado recientemente.

Claro que, si no desaparece al cabo del día, es recomendable que visites a un especialista, no vaya a ser que tengas algo más preocupante que un poco de escozor porque has disfrutado de un cunnilingus hecho con barba de tres días.

Sentir picor o algo de dolor es también medianamente habitual teniendo en cuenta que son zonas muy sensibles. Al mínimo arañazo, roce o tirón sin querer podemos hacer daño. Lo que me lleva a una de los visitantes más habituales después de tener sexo: la sangre.

Si ya os comentaba que teniendo sexo anal, sangrar es bastante común (recordad que los vasos sanguíneos de la zona se rompen fácilmente), puede suceder lo mismo si se practica sexo vaginal.

La sangre no solo puede aparecer por la cercanía de la menstruación, también porque se ha hecho con demasiado ímpetu o incluso porque la penetración ha ido mal y, cuando te miras -todas a hacernos con un espejito para estos casos- encuentras un desgarro vaginal.

Por lo general, este tipo de heridas se solucionan a los pocos días con un poco de cuidado y abstención. Aunque si ves que no cicatriza, aplica el principio de precaución y ve a que lo miren, que son zonas muy propensas a pillar una infección.

Duquesa Doslabios.

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‘Practicar sexo oral con preservativo sí que es una verdadera asignatura pendiente para los españoles’

Aunque la mayoría estamos más que familiarizados con los preservativos a partir de cierta edad (que se lo pregunten al farmacéutico de tu barrio), hay una serie de frases que te van a sonar muy familiares.

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“Es que me aprieta”, “No lo siento igual”, “Si no tengo nada, ¿no te fías de mí?” o “Se me ha olvidado cogerlos” son algunas de las excusas más frecuentes que, si nunca has oído, igual eres tú quien las utilizas.

Da lo mismo, su uso no es opcional si queremos tener una vida sexual segura.

Pero para aclarar algunas mentiras que todavía circulan, por increíble que parezca, Manuel Aznar Vila, product manager de Control, se ha ofrecido a desmentirlas y, de paso, hacer un poco de autocrítica sobre cómo vivimos los españoles la sexualidad.

Y es que como el propio Manuel afirma, atendiendo a los resultados de la última edición del Barómetro Los jóvenes y el sexo que preparan de manera anual desde hace 8 años, aunque el 59% lo eligen para tener relaciones, todavía existe ese 1 de cada 4 que se expone a contagios de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y también a embarazos no deseados.

Usarlo con mayor frecuencia es, por tanto, nuestra asignatura pendiente.

De entre los bulos que circulan, se dice que usar dos aumenta la protección. ¿Por qué esta idea no es correcta?
Los preservativos que se fabrican en Control pasan extensos controles de calidad que nos permiten conocer que el producto está en óptimo estado y que es apto para cumplir su función preventiva y de protección. El alto índice de efectividad no se multiplica al usar varios a la vez, sino que simplemente se crea una doble capa que no recomendamos. Los productos cumplen con su función de manera individual. Usar varios preservativos a la vez puede ser contraproducente, ya que el látex con el látex puede crear roces y deteriorar el material.

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Hay personas que evitan el preservativo cuando se trata de sexo anal, pero ¿cómo hacer entender que no sirve únicamente para evitar el riesgo de embarazo?
Es importante escuchar las inquietudes de los más jóvenes y hacerles ver que el único método de doble barrera es el preservativo. Esto se consigue mediante una educación sexual más completa y que informe sobre lo que les interesa. Muchos opinan que no se recibe suficiente educación sobre sexo. Tanto es así, que 7 de cada 10 jóvenes considera que no recibe suficiente información sobre Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), algo relacionado con el uso en prácticas como el sexo anal, que, a pesar de no correr riesgo de embarazo, puede provocar ITS. El 88,7% incluiría en los planes de educación sexual información sobre este tipo de infecciones, y esta es la forma de concienciarles.

¿Conseguiremos algún día concienciar de que, a la hora de practicar sexo oral, su uso también es imprescindible?
Sin duda, observando los datos del barómetro, somos conscientes de que la práctica del sexo oral con preservativo sí que es una verdadera asignatura pendiente para los españoles. En este sentido, cerca del 90% de los encuestados aseguran que sí lo practican, existiendo leves diferencias entre hombres (91,2%) y mujeres (85,6%). Sin embargo, cuando a estos se les pregunta por el uso de preservativos mientras practican sexo oral, solo el 5,7% de los encuestados confirma usarlo, lo que supone un riesgo bastante elevado de posible contagio de ITS. Desde Control, somos conscientes de todavía queda mucho camino por recorrer y desmentir algunos de los tópicos más habituales: cerca del 60% asegura no correr riesgo de contagio solo por tener una pareja estable.

¿Son los condones de látex los únicos efectivos o hay otros materiales que podríamos considerar?
Aunque es cierto que comúnmente los preservativos masculinos son reconocidos por estar fabricados con látex, cuando hablamos de placer en Control no queremos poner límites. Por ello, los preservativos Latex Free, hechos de poliuretano, son la alternativa idónea para aquellos que no pueden utilizar los preservativos habituales.

Aunque se dice que el tamaño no importa, ¿es algo que se puede aplicar también a la talla de preservativos?
Muchos de los españoles utilizan el tamaño como excusa para terminar por no usarlos, tenemos la responsabilidad de informar de las opciones que tienen los jóvenes a la hora de elegir un determinado modelo de preservativos. No utilizar la talla adecuada de preservativo supone un riesgo en todos los sentidos, perdiendo eficacia y poniendo en riesgo la seguridad en la relación. En Control ofrecemos diferentes alternativas que se adaptan a las necesidades de todos los consumidores. En este sentido, disponemos de modelos que se caracterizan por tener una longitud y anchura nominal mayores que sus versiones originales.

¿El preservativo puede afectar a la salud de alguna manera negativa?
En absoluto. Existen muchos tópicos alrededor del uso de preservativos que en ocasiones pueden llegar a ser provocados por desconocimiento y que muchos de los españoles terminen por no utilizarlos, muchas veces alegando razones que son más bien “excusas” como son la pérdida de sensibilidad (30,6%), la interrupción del momento de excitación (20%) o la incomodidad al usarlos (13,5%).

Y ya que esas son algunas de las excusas más extendidas a la hora de evitar, ¿qué tiene que decir al respecto?
Llevamos años demostrando que no es así, con nuestro Campeonato de Destreza y Rapidez que celebramos con motivo de las fiestas del Orgullo LGTBI+ cada año. De hecho, hay gente que llega a poner 10-11 preservativos de manera correcta en 1 minuto, lo que nos deja una media de 5 segundos para colocar adecuadamente el profiláctico, algo que rompe con la excusa del 20% de encuestados de que les rompe el momento de excitación como comentábamos anteriormente.

¿Diría que entendemos que son imprescindibles para una vida sexual sana y segura?
En gran parte, parece que los españoles sí entienden que es necesario el uso de preservativo. La sexualidad ya no es un tema tabú para los jóvenes, estos viven y disfrutan de la sexualidad con mayor naturalidad y libertad que las generaciones precedentes. Sin embargo, todavía falta concienciación y educación sobre sexo, y en especial sobre las ITS y cómo evitarlas con el uso de preservativo. Solo así, podremos avanzar hacia relaciones sexuales basadas en el bienestar, sanas, libres y seguras.

Duquesa Doslabios.

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¿Qué hay de la higiene ‘after sex’?

Soy de las que considera que el agua y el jabón son los dos elementos imprescindibles antes de hacer nada entre las sábanas. Sin ellos, no solo me sentiría incómoda conmigo misma a la hora de movilizarme sino que, además, haría cualquier intercambio menos placentero (el sudor, el pis o las horas que nos alejan de la última ducha son algunos de los factores que hacen que el olor aumente).

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Pero no solo en la parte previa se quedan los cuidados del cuerpo, es algo que no podemos dejar de lado una vez hemos terminado por mucho que estemos exhaustos sobre la cama.

La acción más relevante, y, a la vez, la más sencilla, es hacer pis en el caso de las mujeres. Ese apretón en la vejiga bien merece un viaje de descarga rápido al baño.

Y es que durante la penetración, las bacterias llegan a la uretra, algo que puede derivar en una infección urinaria si no llevamos a cabo esa meada after sex.

¿Pero, no sería mejor ducharse directamente y terminar con el riesgo de coger una cistitis?

A diferencia de la higiene previa al sexo, la limpieza posterior desaconseja las duchas en el caso de las mujeres, por mucho que exista el mito extendido de que solo así podemos evitar contagiarnos de enfermedades.

Un lavado a fondo se cargaría la población natural de lactobacillus, las mismas bacterias que crean el ácido vaginal, cuya función es evitar el crecimiento de gérmenes antinaturales.

Lo único que se conseguiría en esa supuesta limpieza del cuerpo sería exponerlo todavía más a contraer una infección. ¿La solución si, todavía, queremos refrescar la zona? Agua por fuera y nada de frotar.

Si queremos un sexo seguro e higiénico, la recomendación de la ginecóloga va a ser siempre la misma: lo que es realmente imprescindible es el condón.

Duquesa Doslabios.

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Sexo en la playa, ni tan bueno ni tan sano

Las vacaciones dan pie a intercambios sexuales tan variopintos e inesperados que, cómo no iba a convertirse en una tentación dejarse llevar por el momento en la playa. Hasta tiene un cóctel que refleja ese deseo de fusionarse enfrente (o dentro) del mar, el Sex on the Beach.

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Pero por idílico que pueda parecer, y por mucho que el beso de De aquí a la eternidad sea uno de mis favoritos -así como una de escenas con mayor carga erótica del cine-, no todo lo que reluce es oro.

Hay una serie de precauciones que se deben tener en cuenta si no quieres dejar de lado la salud.

Si eres lectora, sabrás que tanto las playas como las piscinas son los lugares más idóneos para terminar con una cistitis. Evitarlo es tan sencillo como hacer pis después del arranque pasional (tú verás dónde o si puedes esperar a llegar a uno de los bares del paseo marítimo).

La escena de Deborah Kerr, siendo bañada por las olas, mientras besa a Burt Lancaster como si no hubiera un mañana, puede ser tentadora de imitar, pero no dejes que la ropa interior quede mojada, es el caldo de cultivo ideal para que crezcan microorganismos y bacterias.

Y hablando de proteger la vulva mientras tu escarceos veraniego tiene lugar, no te olvides de evitar que la arena entre en tu zona íntima. Puede parecer mullida e inocente, pero en un lugar tan delicado puede llegar a producir microabrasiones.

Eso sin contar que, por mucho que la veas impoluta, la arena esconde las mismas bacterias que el mar. Piensa que los pájaros y otros animalitos de la fauna marina (así como el niño pequeño de turno), la usan como baño público. Una manta, la toalla o poner algo debajo de la zona de contacto, solucionará el problema.

Lo bueno es que el agua, con la que puedes aclararte en cualquier momento, está al alcance de la mano. Si es solo para quitar la arena del cuerpo, el chapuzón puedes dártelo sin problema.

Pero si sospechas que algo ha entrado, es mejor que vayas a la ducha, ya que el agua salada puede dar sensación de escozor.

Hablando de agua, antes de cumplir la fantasía de fusionarte con tu pareja en el mar, recuerda que, una vez sumergida, la lubricación vaginal desaparecerá. Aunque no es muy habitual llevarlo en la bolsa de la playa, un lubricante con base de silicona será la solución al problema.

Por supuesto, la protección es incuestionable. Todavía existen personas que se fían de la creencia popular de que es imposible quedarte embarazada si tienes sexo en el agua.

No solo puede suceder sino que es vía de contagio de todo tipo de ETS. Como en el agua te arriesgas a que se rompa el condón, es mejor si te limitas a realizar la actividad en la orilla (y abriéndolo con cuidado y las manos limpias).

Al final, puede que haya que tener algunas cosas en cuenta, pero lo importante es que pasar un buen rato pegados al mar sin poner en juego la salud, no es imposible.

Duquesa Doslabios.

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¿Ha llegado el apocalipsis sexual?

Como mujer nacida en los 90, hay varios problemas que me preocupan de mi generación: la crisis económica que nos ha dejado independientemente de nuestros estudios en el paro, las malas condiciones laborales cuando tenemos la suerte de encontrar trabajo, la fuga de cerebros para trabajar de pizzero en Londres… Y, por supuesto, la crisis sexual.

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Creo que los millennials nos encontramos en pleno apocalipsis de la sexualidad y ni siquiera nos hemos dado cuenta de que lo tenemos sobre las cabezas.

De entre nosotros ya salen los primeros impotentes, ya que muchos hombres jóvenes están teniendo problemas a la hora de excitarse por culpa de los estímulos de la pornografía.

Estando expuestos y encontrando placer viendo imágenes explícitas e irreales hacen que las relaciones sexuales convencionales resulten poco estimulantes y terminen padeciendo disfunción eréctil siendo el nuevo mercado de las clínicas de salud sexual masculina.

Aunque no tenga relación con la industria cinematográfica, cabe mencionar también que la calidad del semen ha empeorado.

Ni Crossfit ni puenting, vivir en las ciudades es el nuevo deporte de riesgo ya que factores ambientales como la contaminación, los químicos que llegan a los alimentos así como un estilo de vida poco saludable en el que abunden las sustancias poco recomendables pasan factura a los espermatozoides volviéndolos más pequeños y deformes.

La conclusión es que cada vez son más parejas las que tienen que recurrir a las clínicas de fertilidad y fecundación asistida para poder tener hijos, otro punto en contra de la vida sexual de la Generación Y.

Si 1980 fue la década del sida, en los últimos 5 años podemos hablar del cáncer de garganta provocado por el sexo oral, una enfermedad que no hace otra cosa más que crecer en España.

Aunque todavía estamos muy por detrás del número de personas que lo padecen en Estados Unidos o en Europa, a este ritmo de parejas sexuales sin protección alguna, aumentarán los casos. Una enfermedad que, encima, tienen más riesgo de contraer los hombres.

E irónicamente, en contraposición a la promiscuidad y falta de barreras que hacen que crezcan los casos de contagiados de VPH, como millennials somos la generación que menos practica sexo.

Quitando aquellas personas en los veintitantos que han aceptado el celibato como forma de vida, el menos número de casos, varios estudios han revelado que nuestra vida sexual es mucho menos activa que la de la generación anterior, la nacida entre los 60 y 70.

Por mucho que parezca que las tecnologías nos acercan, la conexión online no siempre es la clave. Estamos tan saturados que nos perdemos el contacto directo, experiencias reales, vínculos en vivo y conversaciones más allá de emoticonos.

En plena era del #MeToo, la preocupación sobre la seguridad está más latente que nunca ya que cada vez hay más conciencia sobre los riesgos de quedar con personas desconocidas.

La masculinidad tóxica propia de una sociedad machista también deja claro que debemos aprender nuevas maneras de relacionarnos alejadas de los estereotipos de género y del mito del amor romántico.

Y si a eso le sumamos nuestros problemas de compromiso, que no nos casamos, que no tenemos prisa en dar pasos acompañados, (algo que no tiene por qué ser necesariamente malo) tenemos el último factor que prueba que los millennials estamos en pleno cambio afectivo-sexual.

Pero que no cunda el pánico, al igual que hemos salido de la etapa de los contratos de prácticas cuando parecía imposible, saldremos de esta. Somos millennials.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué ya no hablamos del VIH?

En el colegio, en la clase de educación sexual, ahí fue cuando me hablaron del sida por primera vez. El tema volvió a aparecer en una novela romántica y en una serie de HBO. Pero poco más. Vacío absoluto entre las tres ocasiones.

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Es como si el VIH ya no estuviera presente, como si se hubiera tomado unas vacaciones y solo nos lo hubiera recordado últimamente Bohemian Rhapsody con el fatal desenlace que, aunque no representan, sabemos que tuvo Freddy Mercury.

Puede que la noticia de que Nacho Vidal, el famoso actor de porno, podría haberse contagiado, algo que continúa sin estar del todo claro, haya avivado por unos días el tema de conversación. Pero, sinceramente, quitando esos casos ¿cuánto llevábamos sin hablar de ella?

Era algo que sacaba de sus casillas a mi anterior jefe. “Tú no te acuerdas, pero en los 90 había carteles por todas partes que te recordaban que podías contagiarte de sida. Y ahora fíjate. ¿Ves algo en la tele, en la radio, en las redes? ¿Cuántas campañas hay en marcha? Nada, es como si se hubiera erradicado cuando la gente se lo sigue pegando“.

La realidad, aunque ojalá fuera que ha desaparecido, es que continúa entre nosotros, silencioso pero matón, y no solo eso, sino que ha descendido la preocupación por contagiarse. Las barreras de protección no se toman tan en serio como hace unos años ya que el uso de esta clase de métodos ha descendido.

Y no solo eso, que se haya encontrado un tratamiento que permite vivir con la enfermedad sin que esta avance, ha hecho, en cierta manera, que dejemos de preocuparnos. Que nos relajemos. Pero, ¿es esa la postura inteligente? Obviamente no.

Cada año se diagnostican más de 4.000 casos nuevos en España. Es cierto que se sigue avanzando en las investigaciones, que hay casos con resultados positivos e incluso se conocen pacientes (dos en concreto) que han superado por completo la enfermedad.

Eso no quita que la prevención es la mejor medida que podemos tomar, y la única que está en nuestra mano para tener una vida y una sexualidad plenas y sanas.

Así que quiero aprovechar para recordar un concepto básico, ya que el mayor riesgo es el de no estar bien informado.

El VIH se contagia cuando fluidos como sangre, semen, líquido preseminal, secreciones rectales, secreciones vaginales o leche materna entran en contacto con una membrana mucosa (dentro del recto, la vagina, la abertura del pene y la boca) o una herida que pueda estar abierta y, por tanto, tener contacto con la sangre.

Para combatir esos contactos, los preservativos, para cualquier tipo de intercambio sexual, serán nuestros mayores aliados.

Duquesa Doslabios.

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Mejora tu vida sexual en 2019 con estos propósitos

Pasar de un año a otro, además de las consabidas felicitaciones que enviamos y reenviamos por los grupos de WhatsApp, muchos nos dedicamos a elaborar listas de propósitos.

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En mi caso, desde que escribo este espacio, prefiero orientarlas hacia el terreno íntimo ya que considero que, pese a la importancia que tiene el terreno sexual en nuestra vida, es raro que alguien te diga que para 2019 se ha propuesto “tener mejor sexo” (que no en mayor cantidad, algo que, en cambio, sí que me han comentado como resolución de Año Nuevo).

Me toca hacer balance. ¿Cómo puedo mejorar mis relaciones durante los próximos 365 días? Espero que mis sugerencias os puedan servir de inspiración.

Probar algo nuevo en el territorio sexual siempre entra en mis planes. En 2018 descubrí los vibradores que alcanzan el clítoris (vaya si lo alcanzan), los anillos para el pene, las pinzas de pezones regulables (os hablaré algún día al respecto) y posturas curiosas como el pretzel.

Este año no sé qué me depararán las sábanas, pero está en mi mano hacer que la experiencia sea novedosa, por lo que procuro no perder la curiosidad visitando con cierta frecuencia tiendas eróticas o brujeando por las páginas más tórridas de Internet.

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Mi gran caballo de batalla que espero cabalgar en compañía va a ser situar en un primer plano el placer sexual. Como os comentaba, la cantidad para mí tiene importancia, claro, pero este año quiero que sea adelantada por la calidad.

Y para ello es necesario hablar y tener la confianza de decirle a la persona con quien compartamos ese momento qué nos gusta, qué no nos gusta, qué necesitamos o si queremos más. Para que me entendáis, este año quiero seguir luchando por disminuir la brecha orgásmica.

No puedo olvidarme tampoco del clásico propósito de mejorar mis hábitos de vida, solo que, en este caso, me gustaría que acompañaran a mejorar el ámbito sexual. La alimentación, el ejercicio, la higiene o el bienestar en general, son factores que ayudan a que nuestra predisposición entre las sábanas mejore sin olvidar que la protección es indispensable.

Incluyo también en este apartado las visitas médicas, ya que a la mínima que nos encontremos algo extraño, que sintamos un dolor que no es habitual o que dudemos de algo, es donde podrán ayudarnos, así como acudir religiosamente (qué extraño utilizar este adjetivo en un blog de sexualidad) a las revisiones.

Para mis lectoras, recomendaros que este año probéis, aunque sea una vez, un método ecológico de recogida menstrual. Las compresas y los tampones nos han facilitado mucho las cosas, pero contaminan demasiado.

La copa menstrual o la ropa interior absorbente son las que más popularidad han ganado estos años. Aunque puedes encontrar otras opciones si estas dos no te convencen, date una oportunidad con alternativas más sostenibles que, además, benefician en primer lugar a tu bolsillo.

Conocer mi sexualidad es un propósito en el que llevo trabajando desde que soy consciente de que algo en mi entrepierna tenía vida propia. No me refiero solo a explorarse o a darse placer (algo que, por supuesto, os recomiendo), sino a conocer también qué es lo que nos pone, nos excita, lo que deseamos probar secretamente…

Hablemos más de sexo en 2019, que no haya vergüenza, que se vea como algo normal. Basta de sentirse mal, de esconderse al abrigo de la luz apagada por sentir inseguridad, basta de fingir un orgasmo o de esconder el historial de navegación si hemos estado buscando cómo encontrar el punto G.

Os deseo que vivamos un Año Nuevo sexual épico.

Duquesa Doslabios.

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