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Sí, el ‘polvo de la reconciliación’ tiene más sentido del que te imaginas

Han pasado siete días. Siete larguísimos días con sus siete interminables noches en las que lo único que has hecho con tu pareja ha sido discutir y aprovechar para retomar tu relación con el succionador de clítoris.

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Una semana en la que, como si de en tus tiempos de soltera se trataran, te has hecho cargo por completo de tu placer. Aunque eso no quitaba lo mucho que te atraía cuando se quitaba la camiseta para ponerse el pijama.

Vale que el enfado no es capaz de apagar la atracción, pero qué duro se hace mantener las distancias cuando hay una bronca de por medio.

Por suerte, la guerra llega a su fin. Uno de los dos dice las palabras mágicas (“Lo siento”), y tu siguiente pensamiento es, lo admitas en alto o no, ‘follemos’.

Al final, el sexo es un lenguaje de la pareja. Se ha convertido en una forma de acercarnos entre nosotros, no ya solo de darle rienda suelta a las ganas.

Y es que ese tipo de polvo, en concreto, tiene un objetivo que los demás no comparten, volver a instaurar ese vínculo que se ha debilitado por la discusión.

“Tener sexo tras una discusión en pareja puede a veces ayudar a que nos volvamos a unir, a confirmarnos que la relación va bien y sigue adelante, y que damos el asunto que nos llevó a discutir como zanjado”, afirma la sexóloga Ana Lombardía de Sexoenlapiel.com.

¿El resultado? Fuegos artificiales, deseo por las nubes (como para no después de una semana sin tocaros ni con un palo), todo tipo de peripecias en la cama, ilusión, manos entrelazadas, ojos incapaces de despegarse… Pero sobre todo la seguridad de que las cosas vuelven a funcionar.

Una vez pasado el momento de pasión, el resultado no podría ser mejor: los dos exhaustos, con subidón de endorfinas y el nexo intacto de nuevo, con la sensación de fortaleza después de haber superado otra prueba más para la relación.

Siempre y cuando sea la manera de ponerle el punto y final (por todo lo alto) a un desencuentro, claro.

“A veces se tiene sexo tras -o durante- una discusión porque alivia las tensiones y refuerza el vínculo, pero obviando resolver la desavenencia. Es decir, tras el sexo el enfado se nos pasa, pero el problema sigue ahí”, recuerda Ana.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si me equivoco de persona? ¿Y si no es la correcta?

De pequeña pensaba que el amor sería mucho más fácil si, al nacer, nos pusieran un código y, a la persona de nuestra vida, exactamente el mismo. Descubrirla sería tan sencillo como ir comparándolos (¡y qué cantidad de tiempo ahorraríamos con historias que no van a ninguna parte!).

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Pero por desgracia para mi “yo” de 8 años -y por suerte, en general- el amor escapa a todo tipo de control.

La duda de si la persona que está a nuestro lado es la correcta, con la que realmente queremos pasar el resto de nuestra vida, puede ser una pregunta que nos repitamos en más de una ocasión.

Como dice un amigo mío: “¿Y si hay alguien más apropiado, más idóneo, ahí fuera?”

Es imposible saberlo nunca al 100%, ni siquiera cuando has construido todo con alguien: una casa, una familia, un universo. Incluso en esos casos, está el ejemplo del divorcio tardío que viene seguido de matrimonios, todavía más posteriores, porque han encontrado de nuevo el amor.

El miedo a no estar con la persona correcta se cuela en nuestra cabeza. A veces es un susurro y otras irrumpe a voces.

Sobre todo porque antes no había tantas opciones a la hora de mantener una relación, tanto tiempo libre ni tantas conexiones con personas de diferentes parte del mundo a las que puedes llegar usando únicamente un teléfono.

Como romántica empedernida, soy de las que anima a ponerse en manos del sexto sentido y hacer un experimento sencillo. Basta con escoger cualquier noche en su compañía y mirar mientras duerme.

Imagina ver esa cara todos los días desde ahora. En invierno, en verano, en Navidad, cuando estrenen la próxima película de Marvel, cuando te levantes con un trancazo, cuando haya una comida familiar…

¿Sientes una mezcla entre ilusión, ganas, expectación y, ante todo, felicidad? No busques más.

Y ya que nunca tendremos la seguridad de que la de ese momento es ‘la historia de amor’, la auténtica, ¿por qué no vivirlas todas con la misma intensidad como si lo fueran?

De la misma manera, forma parte del camino salirse en algún momento del sendero principal y conocer otros paisajes.  A todos se nos puede venir a la mente esa persona que, en el fondo, tanto la cabeza como el corazón, coincidían en que no iba a ninguna parte.

Pese a ello, hemos seguido adelante, ignorando el aviso. Porque lo bonito de la vida también son las equivocaciones.

Duquesa Doslabios.

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Lo que deberías hacer (y lo que no) si quieres tener más sexo con tu pareja

De entre todas las verdades universales, mi favorita es la de que, a la mayoría, nos gustaría tener más sexo con nuestra pareja, aunque no vayamos proclamándolo en alto.

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De hecho, si le sacamos el tema en la relación, es muy probable que nos encontremos el mismo pensamiento por su parte. Entonces, si estamos de acuerdo en que queremos hacerlo con más frecuencia, ¿por qué no lo ponemos en práctica?

La rutina, el cansancio, Netflix, el teléfono móvil… Una serie de factores juegan en nuestra contra en cuanto a intimar se refiere.

Aunque la buena noticia es que podemos conseguirlo cambiando un poco nuestra manera de hacer las cosas.

Si no surge, no es mala idea programarlo. Vale que no hace especial ilusión pensar en ello como en una tarea más del día, pero es como quedar con un amigo. Si no pones fecha en la agenda, lo más fácil es que, un día por otro, termine pasando el tiempo.

Planificarse es importante (lo siento amantes de la procrastinación) ya que si dejamos la intimidad para última hora del día, cuando nos hemos liberado de todo lo demás, el cansancio nos ponga en fuera de juego antes de tiempo.

Sin embargo, si te pones a ello antes de hacer la cena, recoger el tendedero o contestar ese mail tan urgente, te aseguras de hacer esas cosas con un estado anímico muy favorable. Y disminuyes las probabilidades de que termine por no suceder.

Eso no significa que no haya cabida para la espontaneidad, todo lo contrario. Dentro de la planificación, hay espacio de sobra para improvisar.

Juegos, lugares diferentes, roles, objetos, ropa especial, música… Todo lo que se pase por la cabeza, hasta el detalle más pequeño, puede ser una buena idea.

Y es que las cosas que nos excitan tienen un papel muy importante, ya que funcionan como mechero encendiendo la llama.

Algo tan sencillo como acordar con tu pareja una prenda de ropa que sienta especialmente bien o un perfume que excita, también consiguen servir de ayuda para que se dé la situación.

Al final, después de un tiempo, es normal que la pasión del principio -esa urgencia de echar un polvo delante de la puerta de entrada porque no da ni tiempo de llegar a la habitación-, termine desapareciendo.

Por eso hay que proponerse que el sexo no se vea influido en la nueva etapa con estas claves para que no termine desapareciendo.

Duquesa Doslabios.

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En una relación larga, ¿con condón o sin condón?

Llega el momento en una relación de pareja que miras a tu novio a los ojos y te dice “Bueno, qué, ¿lo hacemos sin?” “¿Cómo? ¡Pues claro que no!”, respondes como buena ex alumna de colegio de monjas que ha aprendido en las charlas de orientación sexual que el preservativo es su mejor amigo.

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Pero pasa el tiempo y aquello entre los dos ya es más serio. Así que te preguntas si seguir usando protección.

No por nada, pero los condones no son precisamente baratos. Si a eso le sumas que es algo que utilizas a menudo, termina por ser un gasto considerable.

Plantearte dejarlo no debería ser algo que decides una noche y pones en práctica al día siguiente. Ya que por mucho que llevéis tiempo, no sabes hasta qué punto es sinónimo de monogamia.

Por eso la exclusividad en la relación es lo primero a tratar, aunque suponga que tienes que confiar en que va a ser respetada por encima de todo. Y, lo segundo, que ambos estéis sanos.

Yo no es que no me fíe de mi pareja, es que me fío más de un test de enfermedades venéreas. Así que cuando hay resultados negativos de por medios, tienes la tranquilidad de que, entre la monogamia y la salud sexual, no tiene por qué haber contagios.

El tercer punto a considerar es el embarazo. ¿Cuánto te preocupa el riesgo de que haya un bebé de por medio?

A mí al principio, era algo que me aterraba. Años después, siguiendo con mi pareja, con la que tengo pensado construir el resto de mi vida, y en el punto económico en el que estamos, la idea no me resulta tan angustiosa.

Así que la respuesta no es otra que depende de la importancia que le des a las tres bases fundamentales, las mismas que nos hacen usarlo. Pero ante la duda con cualquiera de ellas, mejor que la relación que nunca termines sea con el preservativo.

Duquesa Doslabios.

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Que siempre te guste la persona incorrecta tiene nombre: ‘fleabagging’

Si en más de una ocasión has oído a tus padres o a tus amigos decir que no sabes escoger parejas, que parece que tienes un imán para atraer a la gente incorrecta, igual es que te estás haciendo fleabagging.

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A diferencia del ghosting, que no se puede controlar al tratarse de una falta de comunicación por solo una de las partes, la nueva tendencia del universo de las citas depende al 100% de ti.

Y es que para saber si eres fleabagger, tienes que hacer un poco de autocrítica y echarle un vistazo a tus últimas historias de amor.

¿Cómo son tus comportamientos a la hora de buscar pareja y tener un noviazgo si lo que ves, una vez pasado el tiempo, es tu colección de catastróficas relaciones?

Hacer malas elecciones continuamente es una de las bases de la tendencia, que, por desgracia y como el ghosting, también tiene su parte tóxica.

Puede que no esté en tus manos que él o ella te conteste al mensaje o que te dé plantón en el último minuto, pero sí puedes llegar a la conclusión de que mereces a alguien a tu lado que no haga eso.

El culpable y la víctima del fleabagging no es otro que uno mismo. Aunque, para tu tranquilidad, no es algo que decidas libremente.

Es un hábito negativo que terminas desarrollando por una idea del amor romántico que aprendemos a lo largo de nuestra vida, que consiguen que aceptemos ciertos tipos de comportamientos (¿qué son sino las parejas de Chuck y Blair de ‘Gossip Girl’, Noah y Allie de ‘El diario de Noah’, Rachel y Ross de ‘Friends’ o Carrie y Aidan de ‘Sexo en Nueva York’?).

Lo bueno es que tiene solución: tienes el poder de decidir. Empieza por poner algún tipo de límite y respetarlo una vez identificas las señales de alarma, intentando no aceptar la misma conducta en tu siguiente relación.

Al final, dar con una persona buena no significa salir solo con quien haga voluntariado todas las semanas y que en su tiempo libre se dedique a salvar gatitos atrapados en los árboles.

Encuentra a quien te dedique tiempo, te aporte, te apoye, te priorice y te quiera tal y como eres. No mereces nada menos que eso.

Duquesa Doslabios.

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Besos, abrazos, cogerse de la mano… ¿qué cuenta (y qué no) como infidelidad?

Llevamos solo 23 días de 2020 y dos parejas de mi círculo cercano han puesto fin a su relación después de varios años juntos. Aunque había muchos factores que les ha llevado a tomar la decisión, en ambas, una infidelidad, había sido la explosión.

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En ninguna de las dos situaciones el sexo había hecho acto de presencia. Se habían limitado a besarse, pese a que en el caso de uno solo sirvió para darse cuenta de que quería a su actual pareja, y, en el de la otra, había sido una noche de fiesta un poco borrosa.

Si bien mis cuatro amigos rompieron, tengo también ejemplos de parejas que lo han superado y otras que siguen juntas cuando uno de los miembros tuvo sexo con un tercero.

Así que más bien lo que cabe preguntarse, más que sobre los límites de la infidelidad una vez ha sucedido, qué bases de fidelidad sentamos previamente con nuestra pareja.

Los besos son una forma de intimidad emocional y sexual (según a quién preguntes), pero también puede serlo dormir en compañía, hacer la cucharita en la cama, cogerse de la mano o acercarse emocionalmente. Otras formas de conectar que se consideran un engaño.

La verdad es que no hay una respuesta universal con la que todos estemos de acuerdo.

Es algo que depende por completo de los límites de cada pareja -que deben ser respetados-. Puede que lo que algunos consideren un engaño, otros estén dispuestos a pasarlo por alto.

Lo que sí es imprescindible es que se dé una comunicación abierta al respecto.

Una serie de preguntas que van desde el “¿Estamos solo los dos porque se trata de una relación exclusiva?” al “¿Qué acciones son las que consideramos como ‘poner los cuernos’?”

A fin de cuentas, hablarlo es una manera de marcar los límites. Unas bases que, tratándolas a tiempo, pueden evitar ‘malentendidos’ en la pareja si uno de los miembros piensa de manera diferente.

Si después alguien cruza la raya a sabiendas de lo acordado, ya sabe a qué se expone.

Duquesa Doslabios.

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Y de lo que más discuto con mi pareja es…

Por sorprendente que parezca, el motivo por el que más a menudo discuto con mi pareja, no es la cantidad de sexo ni las respectivas familias de cada uno. No es por nuestras salidas nocturnas con amigos, por el tiempo que pasamos separados o por nuestras complicadas agendas de millennials en edad laboral.

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El motivo por el que más discuto con mi pareja es por las tareas del hogar.

Y sí, entiendo que puede parecer una nimiedad, sobre todo cuando, muchas de ellas, son cosas de poca importancia.

“Hija, tampoco te vas a herniar por hacerlo tú”, puedes pensar. Pero no es el hecho de que me haga cargo en ese momento, es que muchas de esas tareas ni siquiera pasan por la cabeza de mi pareja. Es como si en su universo no existieran o no viera que hay que llevarlas a cabo.

Por eso, cuando veo un calzoncillo (suyo) en la almohada, me veo con el dilema de la semana. ¿Qué hago? ¿Le digo que lo recoja y discutimos porque siente que estoy demasiado encima de él -pese a que ni se acuerda de que lo ha dejado ahí- o me ocupo yo de devolverlo a su sitio, sin enfado de por medio?

La segunda es la que siempre me seduce más, la menos problemática, casi hasta la fácil, aunque implique que me encargue yo de más cantidad de tareas.

Pero me niego a hacerla porque no soy yo quien tiene que hacerle la vida más fácil. Al igual que él no me la tiene que hacer a mí.

Los dos nos tenemos que encargar, en igualdad de condiciones, de gestionar las cosas de la casa. Un proceso que va desde las tareas más clásicas, como poner lavadoras, a las más específicas de cada hogar como, en nuestro caso, fregar de vez en cuando el escurreplatos que tenemos, porque tiende a acumular manchas de jabón y polvo.

En mi cerebro, tanto las tareas grandes como las pequeñas, están en la categoría de ‘deberes domésticos’. En el suyo, en cambio, he podido comprobar que solo están las generales, las que hemos hecho juntos. No se hace cargo de aquellas, aparentemente, más tontas, pero que también hay que solucionar y que terminan llevando su tiempo.

Afortunadamente, cuento con una pareja comprensiva y trabajadora. Después de una charla a corazón abierto, le hablé de la gestión del hogar al completo, de esas cosas en las que él no se fijaba, pero que podían terminar derivando en algo más serio (hace unos años tuve una plaga de cucarachas en un piso universitario por una compañera que dejaba la comida tirada en el suelo).

Al hacerle saber que también formaban parte del mantenimiento del hogar, y que yo no tenía que estar detrás de él diciéndole que había que controlar esas cosas (al igual que él no me las tenía que ir diciendo a mí, porque me daba cuenta sola), entendió que me resultaba incómodo tener que estar recordándoselo.

Si veíamos el asunto en perspectiva, mi pareja tiene las dos opciones que suele contemplar en estos casos: enfadarse conmigo porque, según él, pienso que no hace suficiente o entender que es una reivindicación lógica y que tiene que poner de su parte en solucionarlo.

Por suerte, ha escogido la opción B.

Y para terminar, ¿por qué no quiero hacer yo esas cosas? Porque tengo ejemplos de sobra en mi familia de mujeres que llevan el peso por completo de la casa con maridos que han pasado toda su vida cómodamente, con una carga doméstica mental mínima.

No tengo miedo a discutir, a hablar, a poner las cosas sobre la mesa y a exigir el mismo nivel de trabajo hogareño para los dos. Se llama igualdad y no voy a aceptar nada que no sea eso.

Duquesa Doslabios.

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Si quieres mejorar tu vida sexual, cumple estos 8 propósitos en 2020

Es el último día del año. Y, como mandan las buenas costumbres, estoy haciendo balance: 2019 ha ido genial en la cama. Me he atrevido con posturas, con fantasías, con juguetes…

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Mi objetivo para el año que viene está claro, seguir mejorando como amante y convertirme en maestra jedi del sexo (¿se nota que hace poco vi ‘Star Wars’?).

Conseguirlo está tan solo a ocho propósitos de distancia, resoluciones que van a ser mi guía sexual en los nuevos años 20 y que quiero compartir con quienes siempre estáis ahí, al otro lado de la pantalla.

Porque por mucho que las haya escrito para mí, todos deberíamos seguirlas los siguientes 365 días:

    1. Darle al slow sex. Darle mucho. Darle sin prisa. Darle porque quiero que el placer y el deseo se conviertan en el presente y en lo más importante, en vez de la búsqueda del orgasmo.
    2. Los mal llamados ‘preliminares’ no son entrantes, sino plato principal. En 2020 quiero disfrutar con cada práctica, sin presiones, situándolas todas al mismo nivel. Que la penetración deje de ser el centro de la vida sexual.
    3. El clítoris, la asignatura pendiente. Ha sido el año de darle todo el protagonismo gracias a los succionadores. El reto para nosotras es conectar con nuestro órgano del placer no solo con estimulación mecánica. El de ellos, ponerse las pilas para hacerle la competencia (de una vez) al juguete sexual.
    4. Beber un vaso agua después de tener sexo. Estimula la vejiga (acuérdate de que hacer pis es casi obligatorio si eres mujer para eliminar las bacterias) y te hidrata después del esfuerzo físico.
    5. El tamaño del pene no es importante. A ver si en 2020 rompemos con el mito sexual de que solo nos sentimos satisfechas con tallas XXL.
    6. Salir del dormitorio. Soy la primera en hablaros de las prácticas en la cama o entre las sábanas, pero lo cierto es que este año toca dejar el colchón a un lado y probar el resto de estancias. Las superficies te sorprenderán (especialmente la de la encimera de la cocina).
    7. Es el momento de cumplir fantasías, en la variedad está el gusto. Es algo que puedes conseguir o bien llevando a cabo esas ilusiones que solo existen en tu imaginación o con juegos aplicables al ámbito sexual.
    8. Viva el romanticismo en la era consumista y digital. Deja el móvil, los regalos de Amazon y las historias de Instagram, en 2020 toca recuperar las muestras de amor más analógicas. Que vuelvan los post-its en la página del libro que está leyendo, la repostería casera o más ‘te quiero’ en el espejo.

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¿Ya habéis leído mis 8 propósitos para mejorar la vida sexual en 2020? 1. Darle al slow sex. Darle mucho. Darle sin prisa. 2. Los mal llamados ‘preliminares’ no son entrantes, sino plato principal. 3. El clítoris, la asignatura pendiente. Ha sido el año de darle todo el protagonismo gracias a los succionadores. 4. Beber un vaso agua después de tener sexo. 5. El tamaño del pene no es importante. 6. Salir del dormitorio. Las superficies te sorprenderán (especialmente la de la encimera de la cocina). 7. Es el momento de cumplir fantasías, en la variedad está el gusto. 8. Viva el romanticismo en la era consumista y digital. Los tienes desarrollados en mi último post de #ElblogdeLilihBlue 🌹❤️

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Salir con la mujer alfa (siendo un hombre beta)

Ella tiene un cargo importante y un salario que supera al de su pareja. Es quien planifica los viajes, las quedadas, quien parece cargar con el mayor peso de la relación.

@WONDERWOMANPELICULA

También es ella quien pasa más tiempo fuera de casa por su jornada laboral. Quien no para de pensar en trabajar para seguir creciendo cada día. Quien se sigue formando a día de hoy, ya sea con cursos, idiomas o clubs de actividades culturales. Todo por seguir desarrollándose en los ámbitos de su vida.

Él, en cambio, no vive tan hasta arriba. Es feliz con su trabajo, no se plantea moverse más. Es muy de dejarse llevar.

Y yo, cada vez, encuentro más relaciones de este estilo. En las que un hombre beta conoce a la mujer alfa y ambos se enamoran.

(Me niego a llamarla Wonder Woman porque, a diferencia de la superheroína de DC, las mujeres alfa existen de verdad).

Son muchas las relaciones de este tipo (y es una tendencia que va en alza), algo a lo que ha contribuido el feminismo.

La igualdad ha sido sinónimo de descanso, ya no es necesario que el hombre sea el pilar principal. Las mujeres hemos dado un paso al frente en eso de ser cabeza de familia.

Desde que nosotras trabajamos, encontrarás que muchas son más ambiciosas que sus maridos.

De hecho, aunque las generaciones actuales son en las que hay más parejas de este estilo -en comparación con generaciones anteriores-, es posible que, si miras bien en tu familia, también encuentres mujeres alfa en la sombra, detrás de hombres beta (aquellos que, hasta hace poco, pensabas que llevaban el liderazgo).

Puede que en su momento tuvieran que renunciar a su desarrollo profesional por su familia, pero son ellas quienes, en lo demás, mueven los hilos.

Salir con la mujer alfa es agotador para el hombre beta. No ya porque es exigente, perfeccionista y volcada en un trabajo, que suele ser su prioridad (todos conocemos a un amigo que se siente amenazado cuando se encuentra con una compañera así).

También tiene que luchar contra dos frentes. El primero, que él, como varón o como ‘machoman’, debería ser quien, históricamente, llevara los pantalones. Todo lo que no sea ‘mandar en su propia casa’ está mal visto por la sociedad. Como consecuencia, puede llegar a sentirse ‘castrado’ por su pareja.

Esto es algo nuevo para muchos. Mientras que hasta hace pocas décadas, se entendía que la mujer vivía sometida a los hombres de su entorno (primero su padre y luego su marido), ahora han cambiado las tornas, lo que a más de uno le cuesta asumir.

En segundo lugar, que todavía se ve como algo vergonzoso que tu pareja -si es mujer, por supuesto- gane más dinero o tenga más éxito. Eso lleva a un problema de autoestima que termina explotando por algún lado si no llega a tomar su posición como beta de la relación.

¿La solución? Ni controlarla ni sabotearla. Ocupar el puesto de hombre beta y disfrutar de que, por fin, puede descansar. Librarse del agobio de que sobre él recae todo el peso o de que son suyas las responsabilidades solo por nacer con pene entre las piernas.

Duquesa Doslabios.

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No, no pasa nada porque tu pareja y tú paséis las fiestas navideñas separados

Quedan menos de 5 días para la Nochebuena, el pistoletazo de salida de las fiestas navideñas. Cenas familiares, la quedada anual con las amistades, volver al pueblo… Solo hay un problema, ahora que por fin has encontrado pareja no sabes si pasarlas o no con ella.

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¡Y tú que pensabas que el mayor dilema sería si pedirle o no un juguete sexual como regalo! No tenías ni idea.

Si uno de los dos no suele tener especial interés en pasar con su familia esta época, la incógnita suele tener una solución bastante sencilla.

Pero curiosamente todos queremos pasar esos días como llevamos haciendo desde que tenemos memoria.

Sentados a la mesa con el mítico pudín de tu tía, ese que debería ser nombrado Patrimonio de la Humanidad, la manía de tu abuelo de ver el discurso del Rey por la televisión y viendo como cada vez los primos son menos pequeños.

Repartirlo es complicado. Dejar esas noches por tu familia política, no apetece tanto.

No por nada, que son encantadores y cada vez que pasas un rato con ellos, la diversión está garantizada, pero no son tan ‘tuyos’ como aquellos con los que tienes lazos de sangre.

Así que si ambos queréis pasarlo con vuestros respectivos, algo muy comprensible, ¿por qué no pasarlas separadas?

Que no cunda el pánico antes de tiempo. Hacer las fiestas cada uno por su lado no es indicativo de nada.

No vas a ser la rara de tus amigas por hacerlo, no significa que estéis mal ni que os queráis menos.

Simplemente que es una noche en la que, por mucho que hablemos de amor, no es el de pareja el que debería protagonizarla.

Doy por hecho que, si por muchos fuera, las pasaríamos juntos y sin despegarnos un segundo (ver a tu pareja atragantándose con las uvas tiene que ser algo glorioso, así como darle un buen beso de Año Nuevo para estrenar el 2020).

Pero sinceramente, no es que tengamos tantas ocasiones de pasar una noche dedicada a nuestro círculo más cercano en un ambiente tan entrañable como el que propicia la navidad.

Al final, es probable que a tu pareja la veas casi a diario si todavía no vives con ella y, en el caso de que conviváis, estéis más que satisfechos de nivel navideño en pareja (sí, hablo de que a estas alturas ya habrás arrastrado/sido arrastrado a ver las luces navideñas).

Duquesa Doslabios.

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