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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘pareja’

¿Con cuánta gente te has acostado?

La pregunta es como una picadura de medusa, aparece cuando menos te lo esperas y no hay forma de escapar de ella.

En un contexto en el que te encuentras rodeado de tus amistades puedes decir tanto ocho como ochenta, que les va a dar lo mismo. Son tus amigas, las que te cubren pase lo que pase, y son tus amigos de toda la vida, con los que tienes un pasado más truculento que una banda de delincuentes del Salvaje Oeste.

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Pero la cosa cambia cuando aparece en la boca de una persona que te gusta.

Soy de las que piensa que lo mejor de esta pregunta es obviarla: ni hacerla ni dejar que te la hagan. En primer lugar porque la respuesta nunca la vas a esperar (a no ser que sea muy obvia) y en segundo lugar porque puede dar lugar a otras preguntas que tampoco quieres, ni tienes por qué, contestar.

No pienso que eludir el tema se considere ocultarle algo importante a tu pareja, sino que estamos entrando en algo íntimo y personal perteneciente al pasado, un pasado que, si bien ya no nos afecta, nos ha cincelado hasta ser la persona que somos ahora.

Sé de casos que, cuando surgió la pregunta, se han llevado sorpresas al considerar que era una cantidad elevada para las cifras que tenían en mente. Uno de mis mejores amigos dice rondar el centenar, algo que no me extraña para nada ya que estoy al tanto de la mitad de su historial, y aún su última pareja se ofendió profundamente cuando supo la cantidad.

En mi situación, siempre que he tenido pareja, he preferido no hacerla. No por nada, sino porque, de alguna manera, es algo que no me interesa, es algo personal y prefiero respetar la intimidad de cada uno. Además, tampoco es que me seduzca la idea de imaginarme a un novio teniendo sexo con un sinfín de mujeres que no son yo.

A mí la única vez que me la han contestado, y no fue porque yo indagara, fue cuando el noviete con el que hice el amor por primera vez, se jactó muy ufano de que si él era mi primero, yo era su chica número doce (pasados los años me confesó que también había sido la primera, pero que le había dado vergüenza contármelo).

Yo, la verdad, no estaba interesada en si era la primera, la vigésima o la centésima, lo que me importaba era que yo quería hacerlo con él y lo demás me daba absolutamente igual. Ahora pienso que el hecho de que también fuera su primera vez explica muchas cosas de esa tarde.

Tener un mayor o menor número de parejas sexuales no dice absolutamente nada de nosotros más que la variedad que hemos podido experimentar a la hora de pasar un buen rato. Es igual de respetable quien solo toma helado de chocolate porque es su favorito y, sabiendo que es su favorito, disfruta cada vez que se lo pide, que quien prefiere probar todos los sabores de la heladería.

¿Qué más da que haya probado vainilla, pistacho, crema, arándanos, chocolate blanco, avellana, café, limón, tarta de queso, caramelo, fresa, pasas al ron, stracciatella, naranja, dulce de leche, cappuccino, pistacho otra vez, plátano, oreo, yogur, melocotón o frutos rojos si lo que tú quieres es que te pruebe a ti?

El amor en tiempos de la ‘Generación Erasmus’

Somos la ‘Generacion Erasmus’. Puede que ya hayamos acabado la universidad pero seguimos perdidos por el mundo. Algunos estudiando, otros trabajando, pero lejos de casa y de nuestras raíces, que, por mucho que llevemos puestas, en suelo ajeno no prenden de la misma manera.

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Aún así nos permitimos la licencia de enamorarnos. Nos atrevemos a llevar a cabo eso a lo que tanto nos instan las frases de Instagram. Nos atrevemos al carpe diem y al you only live once, que usamos como posesos en forma de hashtags acompañando todos los momentos de nuestra vida.

Perdemos la cabeza y el corazón. Nos embarcamos en relaciones que parecen más imposibles que cualquier misión protagonizada por Tom Cruise porque seguimos encontrando gente que nos encanta y sin la cual no queremos vivir, aunque sea a una distancia infernal.

La ‘Generación Erasmus’ vive el presente porque no tenemos futuro, o al menos, no lo tenemos en el sentido de que no parece estar claro para ninguno.

Empezamos la educación en un sitio, pero no terminaremos ahí los estudios ya que nos graduamos en otro lado, un lugar que será diferente a aquel en el que estaremos trabajando. Después cambiaremos de trabajo el doble de veces (o más) que nuestros padres.

Eso de estar toda nuestra vida en el mismo espacio es algo que no existe. Nos transferirán lejos y no siempre la pareja podrá seguirnos. Y, si puede, quizás no quiere hacerlo, y nadie podrá reprochárselo porque si antes éramos nosotras las que podíamos renunciar a tener una carrera prfesional por formar una familia, las millennials hemos roto con eso.

Preferimos éxito profesional por encima de cualquier victoria emocional. Pero por fuerza, porque no nos queda otra, porque como Marilyn decía en su día “Un beso puede ser espectacular, pero no va a pagar el alquiler”. Todos tenemos que buscarnos las castañas y salir adelante.

Y aunque muchas cosas han cambiado, seguimos siendo unos románticos incurables. No tenemos día a día por mucho que busquemos una rutina que no se va a encontrar, un volver a casa y encontrarle que parece que nunca va a llegar. Creemos en vuelos, en aeropuertos, en vivir la vida y de repente, que todo se vuelque patas arriba porque estás viviendo un fin de semana con ella o con él.

Sabemos que es complicado, que creer en los finales felices que nos prometían las películas de nuestra infancia, parece ahora más difícil que nunca, pero no por ello vamos a dejar de intentarlo.

Somos Erasmus aún pasados los 25 años,  somos los que no tenemos nada asegurado por mucho que hayamos estudiado, los que tienen una vida que está por escribir, que no podrán planear como hicieron sus padres. Somos jóvenes inmigrantes, somos soledad constante allá donde estamos, somos la incerteza personificada, pero, al mismo tiempo, la seguridad de que nada de eso nos importa porque lo único seguro que tenemos claro es que queremos seguir enamorándonos.

Duquesa Doslabios.

Qué regalar a tu pareja (y acertar)

La Navidad equivale a la crisis existencial que para muchos supone el enfrentarse a las compras navideñas. Si vamos con la lista hecha, no hay problema, pero hay quienes se topan con los “No quiero regalos” o “Ya tengo de todo”.

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Si algo me han enseñado los años es que no hacer regalos no es una opción, ya que por mucho que te insistan, a no ser que tú y tu pareja hayáis pactado previamente (y en serio) que no hay presente que valga, por lo general corres el riesgo de que tengan un detalle contigo mientras tú vas con las manos vacías. Si hay sospecha, aprovecha.

Regalar y no morir en el intento es una habilidad que por muchos años que lleves entrenando con tus familiares, parece algo nuevo cuando se trata de tener el detalle con la pareja.

Personalmente, soy una gran partidaria de alejarse un poco de lo material (a no ser que hablemos de algo que realmente quiera o necesite la otra persona) y apostar por regalar experiencias. No solo vivir una vida llena de momentos sino llenar los momentos de vida, podría resumir perfectamente mi idea a la hora de regalar.

Esto, además, es algo que han comprobado en la última encuesta realizada por Happn entre sus usuarios. La conclusión es que agradecemos más este tipo de regalos que aquellos materiales.

Experiencias que pueden ir desde una cena en ese sitio del que lleva meses hablando, un musical que siempre ha querido ver, entradas para su equipo/cantante favorito, o, mi preferida, viajar en compañía, son las cosas que nos encantan porque las podemos compartir y hacer en pareja.

Que sea algo que sorprenda, un regalo personal o una cosa que puedan realizar entre las dos personas son, en ese orden, los regalos perfectos para las primeras Navidades, que salieron como elegidos entre los participantes de la encuesta.

Sin embargo me consta por experiencia propia (y por parejas que llevan juntas décadas), que, aún años después, este tipo de regalos siguen siendo los preferidos.

Tenemos de todo, sí, de modo que pasar el tiempo con quienes queremos, es lo que más deseamos. Así que mejor que este año en vez de unos guantes o unas zapatillas, le sorprendas con unos billetes de tren. Da igual el dónde, lo que le va a gustar es con quién.

Duquesa Doslabios.

Sexoróscopo de la semana: Aries, tu novia te va a meter el dedo por el culo. Luego no digas que no te avisamos

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Aries: tu novia te va a meter el dedo por el culo. Luego no digas que no te avisaron los astros.

Tauro: tienes que dejar de darle vueltas a las cosas. No, va en serio, deja de dar vueltas sin ton ni son, que es un clítoris, no una rotonda.

Géminis: lo de fingir orgasmos se te está yendo de las manos. Sí, acabas de hacerlo otra vez. Sí, por eso toda la cola de la pescadería te está mirando tan raro.

Cáncer: es una buena semana para que te plantees hacer actividades que le traigan buenas vibraciones a tu vida. El Coro de Hombres Gays de Madrid siempre tiene abiertas las solicitudes para todos aquellos que quieran apuntarse.

Leo: cuidado al asumir riesgos que puedes salir perjudicada. Y es que los succionadores de pezones tenían muy buenas reseñas en Amazon pero nadie dijo que podían dejar moratones.

Virgo: esta semana estás tan de capa caída que lo más cerca que vas a estar de tener sexo son los anuncios emergentes que saldrán cuando se te cargue la película en Streamcloud.

Libra: la sinceridad es lo mejor que tiene un matrimonio, menos cuando ella te pregunta si ese vestido le hace gorda. Lo descubrirás demasiado tarde.

Escorpio: tienes por delante una semana idónea para afianzar tu relación de pareja. Nada mejor para hacerlo que encargaros juntos de sacar las cajas con los adornos de Navidad del trastero. Os daréis cuenta de la cantidad de cosas que habéis acumulado juntos y que no usáis para nada. Deshaceros del reproductor de VHS os hará más fuertes.

Sagitario: el tránsito de Mercurio va a propiciar que tengas éxito en el trabajo. Así que sí, es posible que esta semana el de marketing, al que le lanzas miraditas, te diga de tomar una cerveza.

Capricornio: después de leer sobre el 69 vertical, tu pareja te dice de probarlo. Da igual que no tengas idea de cómo empezar, tú lánzate de todos modos y por si acaso deja algún cojín por el suelo, no vaya a ser…

Acuario: ten cuidado porque los astros prevén que esta semana padecerás un episodio de claustrofobia. El gusto que le ha cogido tu novia a tener sexo en sitios como el Car2Go o el ascensor puede que sean los responsables de tus miedos.

Piscis: de verdad te digo que tu empatía empieza a ser un problema. Tienes que dejar de adaptarte todo el rato a lo que quieren los demás y estar un poco pendiente de lo que tú necesitas. Que ya es la cuarta vez que después de terminar, se da la vuelta y se echa a dormir dejándote a medias.

Quererte a miles de kilómetros

Hiciste lo que parecía la cosa más complicada del mundo, convertir a una agnóstica, convencida de que la distancia era el punto final de una relación, en la devota más fiel de un noviazgo que desafiaba todas las ideas lógicas y probabilidades exhibidas hasta el momento.

PIXABAY/WIKIMEDIA

Pero, ¿cómo no iba a hacerlo? ¿Cómo iba a ser de otra manera cuando llegó el momento de despedirme, si lo que quería era enredarme en tus pestañas de viernes noche a lunes por la mañana?

Yo que, confieso, era del grupo de rupturas anónimas. Esas que se convencen más de que no pueden hacer algo buscando motivos para no hacerlo porque, en realidad, no quieren seguir con ello.

Era de las que firmaba con tinta indeleble que “El roce hace el cariño” y que la falta de este podría acabar con todo. Era, era, era… Era hasta que llegaste tú y dejé los “yo era” para cambiarme al “yo soy”.

Y ahora yo soy valiente. Tengo un par de ovarios bien puestos (y tú un buen par de cojones) que nos han hecho poder. Pero poder porque en realidad lo que ambos compartíamos era el querer. Quieres a ciegas, a corazón abierto, de manera desinteresada y sana.

Me quedó claro que no era la distancia. No eran los besos que no nos daríamos a lo largo del día o las noches infinitas en esa cama de matrimonio en la que me pierdo si no está tu pie para buscarlo durmiendo. Es que eras tú y que yo no concebía mi vida sin ti en ella, aunque fuera en la otra punta del mundo.

No te mentiré, hay días de mierda. Días que (no te imaginas cómo) me pesan como si el suelo me retuviera. Días en los que mi fuerza de voluntad férrea no puede evitar un par de lágrimas de lo mucho que te echo de menos. Echar de menos… eso que se ha convertido en mi pan de cada día, así como mi nuevo hábito de vivir mi relación de pareja a través de una pantalla.

Y si antes el día era esperar al momento de verte ahora el día es no verte en ningún momento, pero tenerte siempre conmigo. Dos mil kilómetros me han enseñado que no necesito tenerte al alcance de la vista para sentirte a mi lado. Que te llevo puesto en los labios que te has comido cientos de veces. Te llevo de seguido y sin pausa.

Yo soy (nosotros somos) la fuerza que nos ha dado esta prueba de fuego. Un reto que hace un año parecía difícil, que no insuperable, pero complicado como ninguna cosa que hubiéramos vivido antes.

No sé si la clave es saber que somos las personas con quien queremos estar todos los días o si es encontrar a alguien por quien desatenderías todas las razones en contra.

Quizás el truco está en hacer de kilómetros corazón.

Duquesa Doslabios

Esas cosas asquerosas que solo haces en pareja

Salir a cenar y encontrar velas en la mesa, una noche a bailar, otra a tomar una copa de vino en la azotea de un hotel con vistas a la ciudad.

Ruta turística en la escapada de fin de semana, ponerse de gala si un familiar se casa. Vacaciones en la playa y sangría en la terraza sin perder de vista las olas. Concierto, montaña rusa, montar a caballo, jacuzzi, sauna…

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Muchos de los momentos más brillantes de la vida los compartes en pareja. No hay nada como salir de la rutina haciendo planes diferentes, especiales, fortaleciendo una conexión emocional que luego ayuda reforzar los demás ámbitos.

Hasta que suena un pedo.

En el momento en el que uno de los dos se pee, eructa o hace cualquier cosa que podríamos tachar de “escatológica” se abre la veda.

Estar en pareja también es hacer juntos el guarro y peor todavía, encontrarlo divertidísimo. Me consta que hay parejas que se parten de risa cuando uno de los dos se tira un pedo, que se pelean por ir corriendo al baño después de que uno lo haya usado para decirle entre risotadas lo mal que lo ha dejado oliendo.

Descubrir que uno de los dos ha babeado durante la noche puede dar lugar a un ataque de besos babosos recién levantados, en el que el más escrupuloso acaba pidiendo la rendición entre babas y sonrisas, porque por muy húmedos que sean, los besos siempre son besos.

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No hay verano caluroso ni mar de sudor lo bastante profunda que evite que abracemos con todas nuestras fuerzas. Que nos peguemos a su espalda mientras dormimos en agosto aún sabiendo que terminaremos empapadas.

Los hay que se meten el dedo en la nariz mutuamente buscándose mocos, que disfrutan explotándose los granos.

La confianza da asco, pero si coincide que das con alguien de mentalidad juguetona y divertida, ademas de dar asco da lugar a bastantes carcajadas. Y ya se sabe, el amor si entra por la risa, por la risa se mantendrá también.

Duquesa Doslabios.

Los importantes pequeños detalles sin importancia

Estoy enamorada. Lo sé ahora y lo llevo sabiendo un tiempo. Y como enamorada que llevo ya estando unos años, sé cuándo quitarme la venda de los ojos.

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Más que quitármela, decidí que prefería ver las cosas como eran en realidad, con sus cosas buenas y no tan buenas.

Y como enamoradas que estamos muchas, viviendo una rutina con nuestras parejas, todos vemos algunas cosas, pequeñas tonterías: hoy en vez de dejarte en casa, te deja más lejos para poder llegar a otra cosa a tiempo.

Lo que antes era una cena mirándote a los ojos se convierte en una cena en la que tú, de no ser por la camarera, te sentirías invisible ya que, lo que antes solo eran ojos para ti, ahora lo son para el Real Madrid. Los cinco minutos de “buenos días” que tanto te gustaban, de abrazos y remoloneo en la cama, se sustituyen por cinco minutos en los que uno teclea en el teléfono y el otro, aburrido, le sigue para no estar mirando al techo.

De repente te suelta un “Cállate un poquito” que te deja plantada en el sitio y otro día más que vuelve a dejarte a una manzana de casa para no perder el tiempo dando la vuelta o que ya llega tarde a buscarte cuando antes (quizás por la presión de estar al comienzo de la relación) habría llegado con más tiempo.

Y notas los descuidos contigo, con los detalles, que ahora que hay más confianza por lo visto ya se puede ser más descuidado y pasar de limpiar o de lavar las sábanas. “Confianza”, esa palabra que parece justificar que ya no se reciba el mismo cuidado ni la misma atención dentro de una relación.

Te das cuenta de que esas veces que has salido de su coche un poco más rápido, sintiéndote más fría cada vez por la despedida fugaz, lo único que querías era que él corriera detrás en pleno ataque de romanticismo y te dijera una vez más que te quiere, que tu adiós le ha sabido a poco y que sin otro beso tú no te vas.

El amor no es una prueba de velocidad, no es a ver quién conquista antes la meta y luego ya está. Se nos olvida que es una carrera de fondo de, más que años, de toda una vida, de resistir embates, de aguantar hasta el final. Porque al final los pequeños detalles sin importancia, a algunos, sí que nos parecen importantes.

Duquesa Doslabios.

Sexoróscopo de la semana: Aries, lo más parecido a sexo oral que vas a tener será la limpieza bucal en el dentista

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Aries: es una semana de capa caída para todos los nacidos bajo este signo. Lo más parecido a sexo oral que vas a tener es la limpieza bucal que te hará el dentista.

Tauro: tienes necesidad de atención y cariño, pero también tienes dos entregas de proyectos y un examen de esos que dicen que cuentan para la evaluación continua. Te recomiendo estudiar en el salón ya que la única mujer que va a mimarte va a ser tu madre.

Géminis: la vida es demasiado corta como para preocuparte por cosas que no merecen la pena. Toca conocer gente nueva. Es el momento de hacerse Tinder y adoptar la mentalidad de “Hemos venido a jugar” dándole Like a todo lo que pase por tu pulgar.

Cáncer: quieres vivir experiencias nuevas y emocionantes como la lluvia dorada, ya que lo más cerca que has estado de que te mearan encima fue aquella vez que tu perro apuntó mal a la farola y te mojó la pernera del pantalón.

Leo: esta semana saldrás del armario. Lo bueno es que no le pillará a nadie por sorpresa. Que en Halloween insistieras en disfrazarte de Madonna con el corsé de Gaultier habló por sí solo.

Virgo: te dejaste envolver demasiado por la magia de la noche de Halloween y así ha pasado, que todavía sigues sin acordarte de quién es ese chico al que le diste tu número y no deja de mandarte Whatsapps. No, no era guapo pero es muy majo. Tú verás.

Libra: discúlpate con tu mujer porque está enfadada por algo que has hecho. No importa cuando leas esto.

Escorpio: la influencia del Sol, Júpiter y Mercurio permitirá que puedas anticiparte a los acontecimientos con certeza. Tu intuición te permitirá identificar a los moscones incluso antes de que esta noche empiecen a ponerse intensitos en el bar al que irás con tus amigas.

Sagitario: evita entrarles al grupo de mujeres de la mesa que está a la derecha de la barra, una de ellas es Escorpio. No digas que no te avisé.

Capricornio: el susto de la semana pasada te ha llevado al límite. Sin embargo has contado con apoyos inesperados. ¿Quién te iba a decir a ti que le sigues preocupando a tu ex novia? Ahora que ya te han confirmado que el bulto del pene solo era un quiste sebáceo igual es el momento de organizar un reencuentro por los viejos tiempos.

Acuario: alguien de tu entorno te va a involucrar en una situación conflictiva. Ese alguien es tu pareja y esa situación conflictiva es tener sexo en una iglesia. Al infierno que vas de cabeza.

Piscis: tienes que mantener altos tus estándares. Sí, los astros están al tanto de tu aventura de la semana pasada con el carnicero. Te dijeron que habría química, pero no que te lo llevaras a casa.

A ti, gracias

A veces se me olvida darte las gracias.

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Gracias por aguantar mis enfados. Los de verdad, los estúpidos que no tienen ni pies ni cabeza, los que amenazo con reducir el mundo a cenizas y tú solo esperas a que pase la tormenta para seguir queriéndome de esa forma tuya, tan cruda y tan genuina.

Gracias por cada segundo que me has echado de menos en la distancia. Prometo compensarlos todos cuando llegue el momento de estar juntos.

Gracias por mirarme como si en el mundo no hubiera, no ya más mujeres, sino más personas. Gracias por batir para mí esas pestañas tan largas.

Gracias por todas las veces que has aguantado mis pies helados que te buscaban en la cama, mis manos frías por debajo de tu camiseta, mis duchas a cuarenta grados de temperatura que podrían servir para hervir cualquier alimento.

Gracias por todas las veces en las que me has visto enfrentarme a problemas, porque siempre me dejas hacer, y solo cuando realmente necesito tu ayuda es cuando das un paso al frente.

Y no hay una sola ocasión que te haya necesitado que no lo hayas dado.

Gracias por sacar aire de donde no lo había, por buscarlo hasta de debajo de las piedras, cuando empezaba a desplegar las alas. Por animarme a volar, aunque fuera muy lejos de ti. Por regalarme esas cerillas para mantener encendida la llama cuando amenazara con apagarse.

Gracias por hacerme sentir siempre preciosa, ya esté sudada, con mocos, granos, afonía o hinchada como un globo por la regla. Por enseñarme que la belleza no es algo que yo tenga sino algo a través de lo que me miran tus ojos.

Gracias por demostrarme día a día que mereces todas las alegrías que me depare la vida porque has merecido las penas.

Duquesa Doslabios.

Carta de la idiota que tuviste en el banquillo

Recuerdo que la primera vez que te vi supe que serías una persona por la que acabaría llorando. Lo supe como supe que la vida tal y como la conocía, la vida A. T., Antes de Ti, había terminado.

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Recuerdo cómo pasamos de cero a cien, sin frenos y cuesta abajo, directos a una pendiente. Era una historia que terminaba en hostia segura. Y lo sabía, vaya si lo sabía, pero si era contigo, no me importaba pegármela, de hecho la habría recibido cuantas veces hiciera falta y siempre de buena gana.

Y cuando sonó la canción de Imagine Dragons en el coche y tuve la urgencia apremiante de abrazarte supe que cada vez que escuchara esa canción durante el resto de mi vida, pensaría en ti.

Me creí todo lo que salía por tu boca, te creí cuando me dijiste que yo era diferente, que hacía mucho tiempo que no llevabas a una chica a tu casa y mucho menos que se quedara a dormir en tu cama.

Te creí cada vez que me llevabas a un sitio especial o me sorprendías con una cena a dos mil metros de altura. Juro que creí que era la única con quien lo hacías.

Creí de verdad, o más bien, me quise creer, que acabaríamos teniendo lugar en algún momento, que habría un “nosotros” más allá de ese presente paralelo de pura felicidad que creamos al conocernos.

Y sin explicaciones, poco a poco, y, al mismo tiempo, de golpe, empezaste a desvanecerte y a desdecirte, como si todo hubiera tenido lugar en mi cerebro.

Sin motivo aparente perdiste el interés en mis mensajes, en mis llamadas, en verme… Y no sabes la cantidad de tiempo que me llevó entender que no es que en tu vida nunca le dieras pie al momento o al lugar, era que en tu vida no querías darme pie a mí.

Tan sencillo como eso y tan desgarrador y doloroso al mismo tiempo.

Y de repente, al tiempo, y sin que yo lo pidiera, volvías, como vuelven las personas que se van por voluntad propia.

Volvías y tirabas todo lo que me había llevado tanto tiempo construir. Volvías y me volvías creyente de nuevo, renovando mi fe en ti. Eras mi puñetero milagro mensual cada vez que desbloqueaba el teléfono y veía tu nombre.

Era una época en la que bebía los me gustas y otras pequeñas tazas de casito como si fueran el único vestigio de agua en un desierto infinito. Apuraba hasta la última gota.

Participé como espectadora pasiva en tu juego de entrar y salir de mi vida. Y ya por fin, no sé si fue a la sexta o a la séptima, pero esa vez que por fin fue la vencida, me di cuenta de lo que estabas haciendo, de que yo solo era una suplente a la que mantenías entretenida con unas pocas migas de atención para que estuviera lista cuando necesitaras que saltara al campo.

Porque no es hasta que te llaman a jugar que te das cuenta de que llevabas todo ese tiempo en el banquillo.

Y fue ahí, por respeto hacia mí misma, que decidí que para eso prefería ser titular en otro equipo.

Duquesa Doslabios.