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‘Todos hemos sido o somos homófobos porque nos hemos criado en una sociedad que lo es’

Acaba de terminar el mes de junio, ese que, entre los otros once, se ha ganado el título del mes del Orgullo. Sin embargo, no podemos permitirnos que las reivindicaciones se queden solo en esos 30 días. Hay que pelearlo todo el año.

Y sí, la lucha es independiente de nuestra orientación sexual, ya que, al final, la máxima de querer libremente es algo que deberíamos defender a toda costa.

GTRES

No es fácil hacerlo, sobre todo cuando vivimos en un mundo en el que el peor insulto que puedes encontrar en un estadio de fútbol o en un grupo de WhatsApp es ‘maricón’ o decimos que ‘menuda pena lo de Pablo Alborán, con lo guapo que es’.

El Orgullo es una lucha externa, pero también interna, algo que descubro junto a Javier Martínez Madrid, coach sentimental para gais.

Es imposible no emocionarse cuando cuenta esa historia en su canal de YouTube de cómo decírselo a sus padres era la llave para vivir su sexualidad plenamente. Un momento bonito, que, a día de hoy, todavía recuerda con cariño.

Si nos colamos en cualquier tertulia de autobús, podría parecer que la igualdad de derechos está ya conseguida, pero lo cierto es que aún nos queda camino por delante.

La aceptación total del matrimonio igualitario, nuestra propia homofobia -fruto de lo que hemos interiorizado de la sociedad homófona en la que hemos crecido-, las agresiones… Una serie de asignaturas pendientes que, según Javier, el entrevistado de esta semana, tienen solución.

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Justo dos minutos después de hacerme esta foto en el metro de Chueca, al bajar las escaleras mecánicas, me he encontrado con un chico de 19 años, tirado en el suelo, con un ataque de ansiedad bajo estos mismos colores. . Su padre le ha visto una conversación de WhatsApp en la que le decía te quiero a otro chico. . Su reacción ha sido llamarle maricón y darle una patada. . Y él ha salido corriendo hasta llegar a Chueca, donde pudiera encontrar a otras personas como él. . Hemos sido varios los que hemos estado calmándole y hasta ha llegado a bromear en el último rato. . Ahora va hacia su casa, donde su madre sí le apoya, cargado con el cariño de mucha gente, un par de abrazos, mi número de móvil y un listado de asociaciones a las que acudir. . Ojalá que él, al igual que yo, pueda sonreír muy pronto ante estos mismos colores. . . #homofobia #lgtbifobia #itgetsbetter #gay #gaymadrid #instagay #gaycoaching #gaylifecoaching #coachinggay #gaybeard

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¿Cómo se puede concienciar a ese porcentaje de personas que no aceptan el matrimonio igualitario o están a favor de que se le llame mediante otro nombre?
De acuerdo con el estudio de LELO con motivo de los 15 años de matrimonio igualitario en España, casi un 20% de los españoles está en contra de esta unión entre personas del mismo sexo. Lo mejor que podemos hacer desde el colectivo LGTBI+ es seguir visibilizándonos a nosotros mismos, a nuestras relaciones de pareja y a nuestras familias, sean como sean, del mismo modo que lo haría una persona heterosexual. Ocultarnos es entrar en el juego de quienes siguen rechazando nuestra igualdad y de quienes nos quieren dentro de un armario. Les guste o no, tenemos el derecho y la libertad de poder casarnos con quien queramos y las familias que formamos son igual de válidas que las de cualquiera. Nos deben de encontrar de frente y sin miedo.

A nivel personal, ¿cómo podemos trabajar la homofobia?
En primer lugar, debemos asumir que, en mayor o menor grado, todos hemos sido o somos homófobos, básicamente porque nos hemos criado en una sociedad que lo es y hemos interiorizado muchas creencias en este sentido. Hemos avanzado muchísimo, por supuesto que sí, pero la LGTBIfobia sigue estando en nuestro entorno y, en los últimos años, está legitimada por discursos de odio. Habiendo asumido esto, tenemos que pillarnos en esos pensamientos que nos surgen, en aquellas frases que decimos o, incluso, en lo que sentimos ante personas del colectivo. Estar atentos a ello, nos va a permitir adquirir conciencia e ir cambiando poco a poco nuestra forma de pensar, de expresarnos y también lo que sentimos. Todo ello, desde la humildad, la curiosidad, el interés en aprender y el máximo respeto a otras realidades, con indiferencia de que las entendamos o no.

Casos como el de Pablo Alborán hablando sobre su orientación sexual, ¿son todavía necesarios?
Por supuesto que son necesarios. La encuesta de LELO revela que 38% de las personas LGTBI+ en España todavía no ha hablado de su orientación a familiares o amigos por miedo al rechazo o a lo que puedan pensar, así que este tipo de ejemplos pueden inspirar a mucha gente. Mientras haya una sola persona que sea discriminada, que se sienta inferior o que sufra simplemente por su orientación sexual o su identidad de género, seguirá siendo necesario que haya referentes visibles, tanto famosos como anónimos. Mostrarnos tal y como somos, sin tapujos y sin eufemismos, marca la diferencia para aquellos que siguen dentro del armario o que están descubriéndose, como es el caso de niños, niñas y adolescentes.

¿Te imaginas lo que puede suponer que Pablo Alborán salga del armario para un adolescente de, por ejemplo, un entorno rural, que está en el armario y que siente que va a ser rechazado toda su vida por lo que es? De pronto, ve que un hombre de éxito y que ha alcanzado sus metas profesionales da este paso y recibe aceptación y cariño. Se puede convertir para él en todo un ejemplo a seguir, en un símbolo de esperanza.

¿Llegaremos algún día a ese punto en el que no exista como tal ‘salir del armario’ porque no ya no damos por hecho que lo convencional es la cisheterosexualidad?
Ojalá que sí. Ese sería el estado ideal, que no existiese la presunción de cisheterosexualidad. Pero para eso aún falta mucha educación y mucha apertura de mente. De todo ello se habla en el vídeo en el que he tenido el placer de participar y que ha lanzado LELO para conmemorar los 15 años del matrimonio igualitario en España (sobre estas líneas). Al final, hoy en día, y por muy tolerantes que seamos, se tiende a dar por hecho que un niño tendrá novia y una niña, novio, y así se les hace saber con diferentes comentarios al respecto que, aunque no son malintencionados, están marcando lo que “debería ser”. Lo mismo ocurre con la identidad de género, que se sigue asociando por completo a los genitales.

¿En qué medida afecta vivir en una sociedad que discrimina por la orientación sexual? ¿Qué problemas puede generar? 
Afecta muchísimo y en diferentes áreas de la persona. Sufrir LGTBIfobia deja secuelas como, por ejemplo, baja autoestima, ansiedad, deformación en la forma de pensar, vulnerabilidad a las drogas o LGTBIfobia interiorizada, entre muchas otras. En definitiva, secuelas que pueden afectar en gran medida al día a día de cualquier persona y a situaciones tan cotidianas como mantener una relación de pareja satisfactoria, gestionar momentos de estrés laboral o afrontar cualquier proyecto con seguridad. Es como llevar una carga adicional que hace que todo cueste más trabajo.

¿Cómo podemos aportar nuestro granito de arena? ¿Por dónde empezar?
¿Qué se puede hacer? Pues, primero, las personas LGTBI+ que lo necesiten deberían acudir a un profesional que les pueda ayudar a afrontar y superar todas estas secuelas, todo ello sin dar un paso atrás ante la LGTBIfobia. Es decir, mostrándose visibles y plantando cara a todo ese odio. En cuanto a las personas cishetero, es esencial que se conviertan en aliadas de la causa, ya no solo aceptando y fomentando la diversidad, sino también haciendo frente a la LGTBIfobia. Conseguir una sociedad libre de odio y discriminación por sexo, orientación sexual, identidad de género, raza, edad, físico, etc., es beneficioso para todos.

Las agresiones homófobas son la parte más conocida del problema, pero ¿cuáles son los microhomofobismos más típicos?
De acuerdo con los datos del estudio de LELO, dos de cada diez españoles han sido testigos de alguna agresión homófoba a lo largo de su vida. Pero también hay microhomofobismos, que pueden ser más difíciles de detectar. A raíz de la salida del armario de Pablo Alborán hemos sido testigos de algunos de ellos, tanto en redes sociales, como en medios de comunicación. Expresiones como “¡qué pena, con lo guapo que es!”, “¡qué lástima, si era el yerno ideal!” o “¡menudo desperdicio!” están a la orden del día. Que alguien sea gay no es motivo de pena, ni de lástima. Tampoco deja de ser guapo ni el yerno ideal (si no, que le pregunten a mi madre) y, ni muchísimo menos, se convierte en un desperdicio. A menudo tenemos expresiones tan interiorizadas que no nos damos cuenta del significado real de las palabras. Atención a la palabra “desperdicio”. Que alguien sea gay es un desperdicio. Es decir, algo que ya no tiene valor, que se tira a la basura, restos de algo que ya no sirve, que se ha echado a perder. Debemos ser cuidadosos con las palabras que usamos, aunque a priori la intención no sea la de hacer daño.

Duquesa Doslabios.

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