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6 cuentas de Instagram más excitantes que el porno para subir la temperatura

Las redes sociales son un poco como el mundo, tiene que haber de todo. Algo que pude comprobar cuando descubrí el perfil de Stephanie Sarley, quien se dedica a crear vídeos de alta carga erótica con fruta (puedes leer el artículo aquí si no sabes de qué hablo).

Marius Sperlich Facebook

Entre tanta cuenta de modelos, influencers, recetas de cocina sencillas o animales, se esconden, a la vista, los perfiles que forman la cara B de Instagram. Stephanie no es la única que ha hecho de la red social un sitio más caliente.

Artistas del pincel, de la edición digital, fotógrafos… La comunidad más X, dispuesta a disparar nuestra imaginación, también se encuentra al alcance del dedo.

Hoy quiero descubriros algunas de las cuentas expertas en subirle la temperatura a la fantasía.

Glamda Party

El universo de la erótica masculina se abre en este perfil, donde se recopilan imágenes de todo tipo de cuentas en las que, la sensualidad del cuerpo de los hombres sale a la luz en cada fotografía. Además de ropa interior y desnudos artísticos, las capturas pasan por planos de sumisión y hasta por tomas de deportes de contacto, la prueba de que no solo la piel es capaz de estimularnos mediante la vista.

 

Marius Sperlich

Siendo fotógrafo de la revista Playboy, si de algo sabe Marius Perlich es de erotismo. ¿La magia de sus fotografías? Que no salen solo las modelos sino que se combinan con elementos de la cultura actual. Una mezcla que busca, en su opinión, reflejar la sociedad contemporánea y crear controversia sobre los temas que nos rodean. De ahí que los pezones se conviertan en ojos que lloran, grupos de manifestantes o incluso bombas de relojería.

 

Watercolor Porn

Las películas no tienen la exclusiva en cuanto a mostrar imágenes con todo lujo de detalles. La prueba de ello son las acuarelas explícitas de Noomi Roomi son una ventana al mundo del erotismo a través de la pintura. Ojo, su trabajo no solo sirve para alegrarse la vista (también los amantes de las técnicas pictóricas encontrarán en esta cuenta algo de su agrado), sino para coger ideas que podemos poner en práctica en casa.

 

Brydie Mack

La fotógrafa detrás del perfil de @wolfcubwolfcub hace del cuerpo femenino el lienzo para transmitir su arte a través de la fotografía. Torsos llenos de mariposas o arena son algunas de las imágenes más importantes que podemos encontrar en su cuenta. Pero hay más. Las modelos con actitud inocente, capturadas en escenas cotidianas, recuerdan a diferentes mitos eróticos, como es el caso de Lolita.

 

Lana Prins

También es experta en sensualidad femenina, con la diferencia de que e imposible no sentirse empoderada cuando se navega entre sus fotografías. Si hace unos días os hablaba de la dendrofilia, la artista es experta en captarla a través de frutas maduras o flores que se cuelan por todos los sitios del cuerpo. Marcas de la ropa interior en la piel o pezones que se revelan a través de prendas mojadas son otros elementos que su objetivo capta.

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Im gonna take my time…

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Regard Coupables

Con apenas unos trazos, la fantasía se dispara hasta límites insospechados, algo que confirman los dibujos de un artista que se mantiene en el anonimato. ¿Su magia? Que sus escenas se centran en la relación que se establecen entre los cuerpos, en el momento específico en el que una lengua entra en contacto con una vulva o con un pene, por lo que es imposible no sentir que algo se enciende al mirar sus minimalistas obras.

Duquesa Doslabios.

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Del vídeo de Carlos Ríos comiendo sandía a solo pensar en el sexo con fruta

Hace dos días me llegó una historia de Instagram. En él aparecía Carlos Ríos, un conocido nutricionista, devorando una sandía. No como te la solían partir tus padres cuando eras pequeña -primero en rodajas, cada rodaja en trocitos y si eso, una vez dividida, está ya lista para ser degustada-, todo lo contrario. Con la boca a ras, usando todos los dientes y a dos manos.

@carlosriosq

 

No es que aquella noche estuviera especialmente receptiva, ni que yo sea una gran devota de la sandía, pero el vídeo me caló hondo. Hasta el punto de que fue casi el fin de mis ganas de dormir. Ya no tenía sueño, tenía la energía propia de cualquier día por la mañana.

“¿En qué me estoy convirtiendo si es ahora la fruta lo que me excita?”, le pregunté a una amiga, esa que ya está acostumbrada a todas mis perversiones.

El momentazo del vídeo. @carlosriosq

Al menos tenía el consuelo -ese que si es de muchos, es de tontos- de que no era la única. En unos minutos, el vídeo se había convertido en uno de los temas más comentados en Twitter. Parecía que ninguna podía quitarle el ojo a la sandía.

Y, aunque no era una noche con las temperaturas especialmente altas en España, la sensación general era que todas nos moríamos de calor.

Ni vibradores del tamaño de caños maestros ni sexo entre cuatro personas con posturas de contorsionismo, el auténtico erotismo era eso. “Chúpate esa, pornografía”, parecían querer decir esos tuits. “Te ha adelantado un hombre comiendo sandía”.

Al poco, esa misma amiga a la que le preguntaba si estaba loca, me mandó una publicación de Instagram. Genial, en apenas minutos había pasado de desconocer el universo frutal, más allá de mi nevera, a excitarme con sandías y que también me alterara el ritmo cardíaco un mango tallado con forma de vulva.

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Yes I eat the fruit

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No me malinterpretéis. Como bloguera de sexo siempre estoy abierta a descubrir hasta dónde llegan las fronteras de mis fantasías. La intriga de por qué la fruta, era demasiado fuerte como para no buscar más información al respecto.

Lo que me pasa se llama dendrofilia, una atracción hacia árboles y plantas que incluye utilizar frutas o vegetales como elementos del juego sexual.

Sentirse excitada por ellos, algo que estaba experimentando en carnes, es uno de los efectos que engloba esta parafilia, algo que, en mi opinión, tiene tanto éxito porque en general las mujeres solemos sentirnos más estimuladas por la carga erótica de las imágenes que implican el uso de la imaginación.

¿La gracia del juego? Ponerse en el lugar de la fruta viendo esos vídeos.

Y si hasta ahora no había probado este tipo de experimentación, quizás este es un punto de inflexión y tengo que empezar más a menudo por el puesto de frutas del mercado (y ver si el calabacín está de oferta).

Duquesa Doslabios.

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Trucos para sorprender a tu pareja o cuando salí desnuda vestida solamente con un abrigo

La fantasía de imaginar a otra persona desnuda en un contexto que se aleja totalmente del ámbito sexual, es algo que siempre ha tenido un puntillo (o más bien un puntazo) para mí.

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Supongo que ese fue el motivo que me llevó a querer probar la experiencia de ir vestida únicamente con un abrigo para dar la sorpresa de lo que llevaba, en este caso no llevaba, por debajo.

Aunque la imagen del hombre enfundado en una gabardina haciendo exhibicionismo es algo que también forma parte de mi imaginario colectivo, he tenido la suerte de no haber vivido una experiencia del estilo, por lo que afrontaba el reto con bastante ilusión.

Aprovechando que era invierno, y que los abrigos de largo 3/4 abundan en mi armario, opté por llevar uno de ellos a modo de vestido. Quizás si volviera a repetir ahora prefiriera uno más fino o tipo gabardina de entretiempo teniendo en cuenta que no hace tanto frío.

Pero como en aquel momento las temperaturas eran bastante bajas, agradecí el chaquetón largo.

Con una prenda de esas características, resulta bastante sencillo pasar una desnudez desapercibida, ya que podría parecer fácilmente que tapa una falda o vestido que se encuentra por debajo.

Si el nivel de máximo atrevimiento es ir con el abrigo a pelo, yo me quedé un par de escalones por debajo dejando que fuera la ropa interior (un conjunto especialmente seleccionado para la ocasión), la que hiciera de intermediaria entre la piel y el abrigo.

Recuerdo que, también, fue otro elemento clave ponerme medias altas de las que se pueden sujetar con ligas. Al rematar mi estilismo con unos taconazos, nadie podría sospechar que iba desnuda por debajo. Lo mismo parecía que iba a una cena que a una noche de chicas o a un plan de fiesta.

Para mí era un factor clave el hecho de que fueran a buscarme a casa en coche. Cuando vas en tanga por debajo del abrigo no es que te apetezca especialmente ir en transporte público arriesgándote a coger una infección urinaria. Tampoco es que sea muy aconsejable ir por la calle cogiendo frío.

Digamos que el plan de abrigo y conjunto lencero es perfecto para trayectos cortos y seguros en los que no corres el riesgo de toparte con una pareja amiga que insiste en ir a tomarse unas cañas al bar de al lado en el que hace tanto calor que resultará sospechoso el hecho de que te abraces a tu abrigo como si tuvieras un problema de tiroides que te hace sentir frío.

Pero si el plan es ir del coche a casa (o a la habitación del hotel), entonces es perfecto.

Aunque puedes esperar al momento de estar en privado para revelar el misterio de tu look, en mi caso no pude contenerme y di un pequeño adelanto abriendo el abrigo ligeramente, algo que, además de disparar el deseo, puede resolver rápidamente las dudas de por qué es mejor que vayáis a casa en vez de pasar por el restaurante donde están sus compañeros de trabajo para saludar.

Recuerda, también, que al igual que has salido de casa así vestida, tendrás que volver en algún momento. Y una vez pasada la magia y la emoción del impacto, igual no te apetece mucho volver la fría mañana del domingo medio desnuda.

¿El consejo de la Duquesa? Lleva un vestidito plegado en el bolso. A malas, una camisa o camiseta XL de su armario puede hacerte también el apaño. Y el lado bueno es que te llevas una prenda suya para oler mientras estáis separados (vosotras también lo hacéis, no nos engañemos a estas alturas).

Con el fin de semana tan cerca, ¿te atreves a probarlo?

Duquesa Doslabios.

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Te quiero pero me aburres en la cama

Tenemos pornografía gratis al acceso de nuestro teléfono las 24 horas del día. Los sex shops cada vez están más aceptados y se han convertido, muchos de ellos, en elegantes boutiques en las que las vitrinas acristaladas exponen los juguetes sexuales como si de artículos de lujo se trataran.

GTRES

Es común encontrar cada día, en las principales revistas, artículos y reportajes con consejos sobre cómo aderezar nuestra intimidad. Y aún con todo eso, nos aburrimos en la cama.

¿Mi muestra estadística? Mis amigas de diferentes edades que se encuentran, cada una, en un estado laboral y civil diferente, a las que les une una misma situación: el sexo con sus parejas, tras un tiempo, les resulta aburrido.

Enamoradas hasta las trancas, con atracción física hacia su pareja y unos niveles de deseo sexual normales (es decir, no tienen alteraciones), hablamos de que el sexo termina por convertirse en algo monótono.

No me malinterpretéis, no me quejo de la monotonía. Os habla alguien que se está viendo por sexta vez la serie Friends y que siempre se pide el mismo tipo de pizza y hamburguesa. Disfruto como nadie del placer rutinario de despedirme con un beso de buenas noches o de desayunar todos los días una tostada con aceite y tomate. Creo en “De lo bueno se repite”.

Y aunque soy un animal de costumbres, en la cama busco la excepción de mi propia norma. Es el único sitio en el que no estoy de acuerdo con hacer siempre lo mismo por mucho que me conozca (o me conozcan) de la cabeza a los pies.

Con el paso de los años, me he dado cuenta de que, en todas mis relaciones, he sido yo quien ha abierto un poco las miras por los dos, quien ha introducido juguetes, complementos, accesorios, lencería, prácticas, ideas, posturas…

Pero es que hablando con mi círculo cercano, se repite el mismo patrón una y otra vez siendo nosotras las más curiosas y ellos quienes se dejan llevar con lo que propongamos bajo las sábanas.

Es como si realmente muchos hombres no tuvieran el mismo interés en desarrollar el erotismo. ¿Será una cuestión de placer o es pura comodidad? Me pregunto con una amiga. A fin de cuentas, la metan como la metan, llueva o truene o echen Fast & Furious por la tele, les resulta más sencillo excitarse. No es el mismo caso de las mujeres.

En mi caso, cuando me compro un conjunto de encaje, no me limito a hacerme con una prenda de ropa interior. Ir a la tienda, mirar los diseños, escoger uno y fantasear con la reacción que pueda tener mi pareja, ya forma parte del juego horas antes.

Hablando claro y rápido, las mujeres necesitamos ese extra, ese algo más, estímulos que no sean únicamente repetir de manera sistemática las cinco posturas que ya sabemos que funcionan.

A todos nos gusta cuando el equipo marca gol, pero ¿qué hay del placer de jugar un buen partido?

Que experimentar, curiosear, innovar y explorar no recaigan siempre en la misma persona. En nuestra mano está salir de la rutina en todos los ámbitos de nuestra vida incluyendo el sexual.

Duquesa Doslabios.

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¿Influyen las series sobre nuestra vida sexual? Más de lo que pensamos

Las películas, la música, la televisión… Todo lo que nos rodea esculpe nuestra visión de la sociedad en la que nos encontramos y, en parte, eso incluye el ámbito sexual.

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María Hernando, del equipo de sexólogas de Platanomelón.com, afirma que “las series nos dan ideas; ya sea de posturas sexuales, de fantasías, situaciones excitantes, conductas provocadoras…”. Algo que según la experta, podemos aprovechar para aplicar a la práctica.

Y es que casi llega a 6 millones la cantidad de personas abonadas a plataformas audiovisuales en España, lo que consigue ayudarnos a conocer otras opciones diferentes a las que estamos habituados y a ampliar nuestro concepto de diversidad sexual.

Esto, para la sexóloga, nos ayuda a “analizar otras sexualidades, aunque nos parezcan antagónicas a las nuestras, nos da la oportunidad de derribar tabús y prejuicios acerca de los demás” gracias a que empatizamos con los personajes.

Juego de Tronos, con sus desnudos, es quizás la que primero se nos venga a la mente, sin embargo las series no solo ayudan a desinhibirnos.

Por controvertida que sea mi opinión sobre Élite, hay algo que no se le puede negar a la Física y Química moderna, las relaciones atípicas son las que dominan.

Y si bien es un poco apurado que aparezcan dos adolescentes aburridos de su relación, nos acerca a ver con normalidad otros modelos de pareja e incluso diferentes ‘perversiones’.

Merece también mención Orange is the new Black, que ha conseguido que muchas de sus espectadoras nos planteáramos nuestra orientación sexual con el tórrido romance entre Vause y Chapman (aunque personalmente encuentro más excitantes los cunnilingus de Nichols a Morello).

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Si estáis faltas de ideas, para mí, la mejor serie es una que le da importancia a una cosa que las demás pasan por alto, el erotismo. Outlander se lleva la palma de ser la primera serie que consigue excitarme solo por cómo el protagonista rozaba la mano de su compañera de toda la carga sexual que hay entre ellos.

Y no es que vaya precisamente falta de escenas explícitas, además por cada plano en topless de la protagonista hay uno del culo del guerrero escocés. Outlander funciona, no ya solo por la original trama que transcurre de manera dinámica, sino por tratar el sexo como algo más que ‘mete saca’.

Aún recuerdo de hecho cómo en uno de los últimos capítulos que vi, los protagonistas se desnudaban prenda por prenda (está ambientada en el siglo XVIII, imaginad la cantidad de capas de ropa). En otras series lo lógico sería pasar directamente a la acción, pero en Outlander la espera es como un caramelo que se deshace lentamente y que vas disfrutando al mismo tiempo.

No hay gemidos de película porno, pero tampoco está exenta de ruidos. Hay pies arqueados, glúteos contraídos… Incluye sexo gay o en estado de gestación, algo que ayuda, sin duda a visibilizar y normalizar el deseo sexual en esa época.

Al final, hay muchos casos de series que ponen que, al mismo tiempo, nos ponen a cien.  Y a ti, ¿qué series te excitan?

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“Somos el eBay de las bragas usadas”

Si hablamos del fetichismo de bragas usadas es probable que venga a tu mente la imagen de las máquinas expendedoras que todas las personas que han estado en Japón afirman haber encontrado por las principales ciudades niponas.

FACEBOOK PANTY.COM

Pero no hay que ir tan lejos, los fetichistas de ropa interior femenina usada no necesitan mirar hacia el país del sol naciente, ya que, como pude comprobar, en España el mercado de compra y venta de bragas está en plena ebullición.

Todos conocemos casos por redes sociales de intercambios con algún seguidor que te manda un privado preguntándote por esos calcetines, sin embargo yo os hablo de algo mucho mayor y, también, mejor organizado.

En una de mis vueltas por el Salón Erótico de Barcelona me encontré con Elsa Angulo, a quien entrevisté como portavoz de Panty.com, una web que pone en contacto a las vendedoras (que en este caso también son productoras) con los clientes.

Si bien el pago se da fuera de la web, ellos establecen la conexión entre ambos en un espacio seguro, que es el portal. ¿El negocio? Una cuota prémium de 15 euros que solo deben pagar los consumidores si quieren acceder a los artículos en venta.

Además de tomarse la privacidad de las vendedoras y los clientes como prioridad, el sitio da libertad a la hora de hacer el negocio ya que “tú pones el precio, aunque depende de lo que hayas hecho con las bragas puestas“.

De esta manera, si un precio base puede ser de 20 o 25 euros muchas aumentan la cantidad en función de si han ido al gimnasio o si se han masturbado por poner unos ejemplos.

Lógicamente la historia de las bragas vende, por lo que es recomendable hacer descripciones detalladas del producto a la venta para suscitar un mayor interés.

“Solo necesitamos un correo electrónico y en tres minutos puedes tener tu tienda” me dice Angulo. Aunque empezaron con las bragas “luego se extendió. Tienen cabida otras prendas” como es el caso de calcetines o calzado usado para los fetichistas de pies.

Además, como en una especie de TripAdvisor lencero, los consumidores pueden dejar opiniones sobre lo que han adquirido (si el envío fue rápido, la comunicación sencilla…).

No solo encontramos prendas lenceras dignas de desfile de Victoria’s Secret, sino que, como me confirma Elsa Angulo “también hay bragas muy normales”, ya que algunas vendedoras usan la plataforma como vía de salida de prendas más antiguas.

A la hora de conocer los patrones de consumo me dice que “un fetichismo es como un capricho” y que lo mismo tienen clientes que compran seis o siete bragas en dos semanas hasta otros que solo una o dos al mes.

Independientemente de si nos atrae o no la idea de deshacernos de esa manera de nuestra ropa interior, ¿no es fascinante que haya quien disfrute de la feromona pura que resulta de un aroma corporal natural?

Como olfateadora profesional de los rincones del cuello de mis parejas, puedo llegar a entenderlo.

Duquesa Doslabios.

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Las fantasías sexuales más comunes y cómo probarlas (de una vez)

Por mucho que pensemos que en la cama lo que nos gusta puede ser particular, la mayoría de nosotros tenemos unos gustos parecidos que se repiten.

BIJOUX INDISCRETS

Por ello The Sex Expo y CheckMarket quisieron hacer un estudio para averiguar los fetichismos más comunes entre las mujeres y los hombres cuya edad oscila entre 20 y 30 años.

Aunque son algunas de las fantasías más clásicas, si todavía no has probado alguna, tienes también algunas razones para atreverte con ellas:

  1. BDSM: un clásico desde que E. L. James lo convirtiera en un fenómeno de ventas gracias a Cincuenta sombras de Grey. Su éxito se ha trasladado a las tiendas eróticas por lo que ha vuelto más accesible. Y lógicamente, eso de jugar en la frontera del dolor y del placer, produce mucha curiosidad. Empieza por el nivel más bajo con esposas y cintas (puedes usar cinturones o pañuelos que tengas por casa) y vete escalando niveles según te vayas viendo si te gusta o no.
  2. Sexo en lugares públicos: el riesgo de que te pillen suele ser una manera de hacer la experiencia más emocionante. La combinación de adrenalina y placer hacen que los sitios públicos tengan mayor atractivo que la intimidad de la habitación. Pero antes que nada, toma nota de algunos consejos. Si quieres iniciarte en la práctica lo mejor es que lo hagas a pocos, es decir, empezando por una zona no excesivamente concurrida ni a una hora punta.
  3. Juegos de rol: o cómo jugar con el cuero y con la imaginación. Los más repetidos eran aquellos en los que los participantes juegan a ser desconocidos. El cielo es el límite, pero puedes coger inspiración de todo lo que te rodea: películas, vídeos musicales en el que tú eres Jennifer López y tu pareja Miguel Ángel Silvestre, videojuegos, series de televisión… También es la excusa perfecta para darle un segundo uso a esos disfraces que tienes en casa de antiguos carnavales.
  4. Juguetes sexuales: en la variedad está el gusto y meter en la cama complementos adereza cualquier experiencia. Son una manera de probar cosas nuevas y que además valen para todos los participantes. Lo bueno es que no hace falta que vayas al sex shop más cercano porque tienes este post con los juguetes que te puedes hacer por tu cuenta y que se encuentran fácilmente por casa.
  5. Azotes: la más que honrosa quinta posición es para los azotes, que siguen llamando la curiosidad de todas aquellas personas que fueron encuestadas. Una práctica que, aunque pueda dar un poco de ‘miedo’ si nunca se ha probado con anterioridad, es muy placentera. El azote dentro del juego es un elemento que se debe dar en su mayor parte sobre la nalga de manera firme pero tampoco excesivamente fuerte (a no ser que te lo pidan, claro).

Pero cuéntame, ¿tu Top 5 coincide con el del estudio?

Duquesa Doslabios.

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Quieres que te den unos azotes

(Y no es una pregunta)

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Una de mis prácticas favoritas son los azotes. Desde el momento en el que una de mis primeras parejas me preguntó si me apetecía que me diera “un cachete” descubrí que soy de esas personas que saben apreciarlo y degustarlo como si de un buen vino se tratara.

El hecho de adoptar un rol más pasivo y quedar a disposición del otro y el placer del calambrazo excitante convierten al azote en ese gran aliado en la cama.

¿Que nunca lo has probado? Escoge una palabra, la que más te guste, y úsala como contraseña de seguridad por si uno de los dos se emociona demasiado. Ahora llega el momento de azotar.

Debe ser algo que cuente con el consentimiento de ambos y que se puede realizar de manera aislada en los preliminares o en plena postura sexual.

Olvida las películas porno incestuosas que sacan el azote. No es algo realista (ya que si tu madre era más aficionada a la zapatilla voladora que al cachete).

Para mí, el buen azote es sorprendente, porque llega cuando no te lo esperas pero te lo pide el cuerpo (y la otra persona sabe leerlo). Es energético, porque tiene la fuerza necesaria para que lo sientas pero no como para que tengas que interrumpir la sesión para ponerte una tirita.

Como diría Elettra Lamborghini, es certero ya que da en medio de la nalga con la precisión de un pincel de Picasso.

El poder de dar azotes conlleva una gran responsabilidad ya que puede ser el trampolín a un orgasmo bestial o la manera de cortar el ambiente de manera instantánea si ha sido mal ejecutado.

El azote dado con puntería consigue estremecerte desde las nalgas hasta las pestañas. Y se puede pedir, con la tranquilidad de acierto seguro, cuando el culmen está cerca y se quiere dar un empujoncito extra.

Quien no llora no mama y si no te lo dan y te callas, es más que probable que te quedes sin él, así que lo mejor que puedes hacer es pedirlo sin vergüenza.

Una vez llega el momento, solo queda abrir la mano y ponerla donde el ojo con un movimiento rápido, siempre en el nombre del placer, por supuesto. Y si vemos que eso de los azotes no es algo que vaya con nosotros, podemos optar por pasar y seguir con otras prácticas que nos resulten más placenteras.

Duquesa Doslabios.

Juguetes sexuales que tienes por casa (y no te habías dado cuenta)

El sexo es de las cosas más bonitas que hay, todos estaremos de acuerdo, pero innovar en la cama sin dejarte el sueldo en el sex shop del barrio, también es una maravilla.

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Para echarle un poco de sal a nuestra vida sexual no necesitamos hacernos con un catálogo digno de tupper sex, ya que por casa, muchos objetos cotidianos sacados fuera de su contexto convencional conseguirán que experimentemos una serie de sensaciones nuevas y muy placenteras:

  1. Hielos: olvídate de usarlos para los refrescos. Vacía la cubriera en un plato hondo y juega con ellos pasándolos por el cuerpo. Procura no dejarlos olvidados encima de la madera o aparatos electrónicos si no quieres llevarte un susto.
  2. Cucharas: enfríalas previamente en el congelador durante una hora. Te servirán, al igual que los hielos, para lograr estimulantes cambios de temperatura. Aplícalos sobre zonas como pezones, labios o cara interna de los muslos.
  3. Y ya que has abierto la nevera, échale un vistazo a lo que tengas. Alimentos como helados, nata, o chocolate son muy fáciles de untar sobre la piel para luego limpiarla a mordiscos o lametones.
  4. Collar de perlas o de bolas grandes, el aliado perfecto para ambos. Al igual que las perlas, enfriado puede ser una sorpresa de sensaciones, pero usado a temperatura ambiente es perfecto para masajear o masturbar.
  5. Las almohadas o cojines nos permiten mayor comodidad y placer en algunas posturas. Si te gusta especialmente la de ambos boca abajo, prueba a ponerte una almohada debajo de la tripa.
  6. Los complementos y accesorios como cinturones y pañuelos dan mucho juego. Se pueden utilizar para amordazar, tapar los ojos, atar las manos y pies… Las posibilidades son infinitas.
  7. El plumero y las brochas de maquillaje producen agradables cosquilleos sobre la piel. Úsalos después de limpiarlos bien y disfruta del hormigueo.
  8. Las pinzas u horquillas son muy útiles a la hora de sujetar la ropa o el pelo, pero ¿ te atreves a utilizarlas sobre el cuerpo? Si eres de emociones fuertes, esta idea te encantará.
  9. Y ya que estamos hablando de juego duro, un peine o una espátula de madera son elementos que se pueden utilizar para dar cachetes. No volverás a ver tu cepillo de la misma manera.

¿Qué otros objetos cotidianos de andar por casa utilizáis entre las sábanas? Compartid las ideas en los comentarios para que todos podamos divertirnos jugando.

Duquesa Doslabios.

Dime qué ruidos haces (en la cama) y te diré quién eres

O mejor, dime qué ruidos haces en la cama y te diré con quién te estás acostando, ya que la sinfonía de sonidos va mucho más allá de los que puedan hacer el somier y el golpeteo del cabecero de la cama contra la pared:

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Guarradas: o más finamente, como dicen los angloparlantes, el dirty talk (conversaciones sucias). Si por un casual consideras necesario añadir un poco de cháchara a la acción, puedes relatar brevemente lo que te gusta de lo que estáis haciendo o lo que te excita de la otra persona (evita narrar escenas de manera distendida como Carlos Ruiz Zafón).

Gemidos: según el estudio realizado por Saucydates sobre una muestra de 5.000 personas, al 90% de los hombres les gusta oír gemir a las mujeres mientras que a un 70% de ellas también les gusta que se exprese su compañero. Timidez fuera y gemidos dentro. Eso sí, naturales. Lo de ponerte a gritar como si estuvieras en plena berrea otoñal del ciervo, mejor déjalo para las películas porno.

Respiraciones aceleradas: porque a todos nos gusta percatarnos de que la otra persona se está poniendo como una moto. Normalmente suelen ser el prefacio del bullicio que va a venir después. A diferencia de los gemidos o el dirty talk, es una respuesta biológica a la excitación del momento, por lo que no es algo que dependa de nuestros gustos.

Ruidos aleatorios: la vida es incierta y muchas situaciones, inesperadas, por lo que siempre puedes escuchar en la lejanía un murmullo de una tripa que suena por hambre, un gas que se escapa o los incómodos ‘pedos vaginales’ que suceden por la formación de aire (y de los que prometo hablar muy pronto en un post).

Gritos: pegar voces en el dormitorio no es la mejor manera de llevarte con tus vecinos, pero si es uno de los básicos de tu repertorio ineludible en la cama, formas parte del 50% de hombres al que le gusta esta práctica. Si como mujer también eres aficionada a los alaridos, solo perteneces al 36,2% según el estudio.

Menciones religiosas: son quienes encuentran la fe entre las sábanas. Sí, tú también has pensado en una persona en concreto que gritaba “Oh, Dios”. Si no se te ocurre nadie es porque esa persona eres tú.

Blasfemias: parece gente muy bien hablada, pero en cuanto se quitan la ropa es como si les hubiera poseído el espíritu del barrio Esperanza Sur. Procura, dentro de los insultos que profieras, no ofender a la otra persona ya que puedes cortarle el rollo inmediatamente.

Y tú, ¿qué ruidos haces o te gusta escuchar en la cama? Contadme vuestras experiencias más confidenciales.

Duquesa Doslabios.