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Historias de amor, sexo y otros delirios

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Invitar o no invitar a desayunar después de una noche de sexo, esa es la cuestión

Dicen que lo cortés no quita lo valiente, pero por lo visto se quedaron un poco cortos a la hora de explicar cómo afectaría esto a la mañana siguiente después de una noche de sexo casual.

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Generalmente tendemos a pensar en el desayuno como en una especie de declaración de intenciones. Tengo una amiga que si ya se resiste a que pasen el tiempo más que necesario entre sus sábanas, no quiere ni oír hablar de comer algo juntos por la mañana. Es de esas mujeres que no quiere complicarse y en seguida te hace saber que está muy cansada y que será mejor que, ahora que habéis terminado, te vayas.

Por experiencia he encontrado de todo: desde hombres que me han aplicado la estrategia de mi amiga u otros que no hacía falta que me dijeran nada porque yo misma cogía mis cosas, agarraba la puerta y me iba. Para mí, dormir es otro nivel de intimidad que va más allá del sexo (algo de lo que algún día escribiré al respecto).

Los ha habido incluso que, además de desayuno, se han ofrecido a llevarme a casa. Y si la mayoría de las veces he sido de volver por mis medios, era algo que se agradecía cuando la casa del susodicho pillaba lejos.

Pero por lo general, siempre que he ejercido de anfitriona he invitado con placer a lo que pudiera necesitar la otra persona: desde una ducha calentita (si veníamos del frío de la calle) hasta una cena/desayuno en condiciones  si era después de una noche de fiesta y consideraba que había que coger fuerzas para rendir apropiadamente.

Y aunque no siempre me han aceptado el desayuno (allá cada uno) siempre lo he ofrecido.

Supongo que estas (malas) formas de despedir en ayunas tendrá que ver con el hecho de que a la mañana siguiente no estamos bajo el abrigo de las copas, la noche (esa que nos confunde) o la urgencia del momento. A la mañana siguiente todo se ha extinguido y en ocasiones solo queda eso: dos personas que no se conocen de nada, e igual no quieren ni hacerlo, que solo han compartido un buen momento.

¿Cómo es imposible que nos pueda más el sentirnos incómodos por la intimidad de un café que los modales que nos han enseñado? ¿En qué momento venció el sexo a la buena educación?

El otoño: la mejor estación del año para tu vida sexual

Algo tiene el otoño que siempre resulta la estación más romántica del año, no sé si es la cubierta multicolor de hojas que se forma en las calles o el olor de las primeras lluvias tras el verano, que se esperan con ansia después de los periodos de sequía.

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Alejados de las altas temperaturas, el otoño pide calor y cercanía, pide tardes en casa tirados en el sofá con una película. Al reanudarse la rutina perdemos el ‘estrés veraniego’ de aprovechar cada día y cada rayo de sol. Puede que con el mal tiempo no nos apetezca pasar tanto tiempo en la calle, pero, por otro lado, volverse “casero” significa que aumenta la cantidad de encuentros.

El otoño es la prueba de fuego para tu flechazo veraniego. Si a diferencia de tu bronceado supera los primeros días de septiembre, es cuando sabes que es real. Y, por lo general, preferimos practicar sexo cuando ya conocemos a la otra persona que estar metiendo cada dos por tres gente aleatoria en la cama (especialmente para evitar repetir las cantinelas de siempre: “el clítoris está aquí”, “me haces daño con los dientes”…).

No hay nada como el sexo otoñal, ese que ya no sabe siempre a sudor y a agua de mar, ese que te permite experimentar en cualquier tipo de postura el tiempo que haga falta sin tener que parar porque hace demasiado calor, el mismo sexo que incluso pide una sábana de vez en cuando y que te permite quedarte, después de terminar, acurrucado, piel con piel, sin romper el contacto.

El sexo otoñal significa vida más allá del trío estival formado por ti, el ventilador y tu pareja.

Pero además la cercanía del comienzo de la etapa de hibernación, también conocida como aquella en la que todo el mundo parece querer tener pareja para tener con quien pasar las tardes frías, es también una época fantástica para disfrutar de la soltería.

Entre el comienzo del nuevo curso, la vuelta al trabajo, al gimnasio, a las clases de idiomas, a salir con las amigas de nuevo, a Halloween… sobran las ocasiones de conocer gente, independientemente de que quieras, o no, que se queden a desayunar al día siguiente.

Ya lo dice el refrán: En otoño, pan de ayer, vino de antaño y sexo a diario. 

Duquesa Doslabios.

¿Has sufrido Tindstagramming?

Todos hemos usado Internet para ligar, todos. Y quien esté libre de pecado que niegue haber dado nunca un like con segundas intenciones.

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Hace diez años, el ligoteo se daba a través del Messenger, con esas conversaciones tan llenas de emoticonos que hacían las palabras innecesarias, con los zumbidos urgentes que seguían los apremiantes “cnt” o “ctxt” y con abreviaturas que harían las delicias de cualquier desencriptador.

Después pasamos a las redes sociales, a Tuenti, Facebook, Instagram y esos “Me gusta” que en realidad significan “Me da absolutamente igual lo que publiques porque quien me gusta eres tú“.

Es algo tan natural y a lo que estamos tan acostumbrados que ya nadie se sorprende cuando te dicen que dos personas se han conocido en la red, especialmente desde el desarrollo de aplicaciones como Loovoo, Tinder, Happn, Meetic… o un sinfín más de juegos de palabras en inglés convertidas en los nuevos puntos de encuentro en la era 2.0.

Algunas, como es el caso de Tinder, te permiten enlazar tu cuenta de Instagram con el perfil del programa, lo que significa que se da acceso a las imágenes de la red social y permite a los que ven tu perfil conocerte más allá de la información que se escriba en la aplicación.

Sin embargo, hay ciertos usuarios que, no contentos con el unmatched (cuando el otro usuario decide que no está interesado y elimina a esa persona de la lista de usuarios que pueden verla o mantener conversación con él o ella) deciden salir de la aplicación e iniciar conversaciones en Instagram, llegando incluso al punto de, en algunos casos, insultar a la persona por no haberle dado la oportunidad de conocerse.

Esto, además de demostrar la incapacidad de más de uno (o de una) de no aceptar un “no” por respuesta, es una falta de respeto hacia la voluntad de la otra persona y algo que demuestra que no se tiene mucho amor propio a la hora de forzar una conversación, que por uno de los lados no es deseada, de esa manera.

No olvidemos que una cosa puede ser insistir y otra muy diferente acosar. Y me temo que los hay que tienen los conceptos mezclados.

 

“En el colegio se debería estudiar la sexualidad con la misma atención que la Pirámide de los Alimentos”

Aprovecho el sábado noche para hacerle un pequeño examen a mis amigos. La foto del dibujo de una vulva (de estos de libro de biología) me sirve para averiguar cuántos saben identificar las distintas partes.

Si bien la mayoría pasan la prueba, es un tema que me sorprende como alguno (y alguna) trata con vergüenza e incluso se siente incómodo por la imagen.

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A la hora de preguntarles por sus conocimientos sobre la materia, escucho respuestas de todo tipo: mientras que en los colegios de algunas provincias imparten alguna clase de educación sexual, en otras ninguna en absoluto. Y además sin ningún tipo de relación con la orientación religiosa del centro.

Entre las diferencias de los centros y la cantidad de parejas y amigos desinformados que me he llegado a encontrar, decido contactar con María, pseudónimo de una enfermera que lleva 14 años dando las charlas de educación afectivo-sexual en un colegio de la capital.

Lo más preocupante es que según el último informe de la Federación Española de Sociedades de Sexología, el contagio de enfermedades de transmisión sexual ha aumentado en los últimos años, sobre todo en la franja entre 15 y 24 años. ¿Puede estar relacionado con una falta de educación sexual? Mi entrevistada lo tiene claro: “Creo que sí. Se confunde la cantidad de información que hay con los conocimientos que manejan los jóvenes. Y la informacion que manejan o no es la adecuada o se minimiza respecto a que te puedas contagiar algo”.

Colegios que dan clases, otros que no, ¿estamos hablando de una educación que es responsabilidad de los centros o debería ser cosa de los padres? “Los padres tienen que educar a sus hijos para la vida. Somos seres sexuados y por tanto lo afectivo-sexual forma parte de nosotros. Tiene que ser algo de lo que se pueda hablar en casa con naturalidad, como se habla de cualquier otro tema” afirma María. “En la escuela también se tiene que abordar con la misma atención que se emplea al hablar de la Pirámide de los Alimentos, por poner un ejemplo”.

A la hora de la educación sexual en el país sí que es cierto que “se llevan a cabo programas, pero no es algo extendido a todos los colegios. En muchos centros educativos funcionan bien. En algunas comunidades autónomas hay programas que abarcan varios cursos, en otras apenas se hace algo. Sigue siendo una asignatura pendiente“.

Si tenemos la suerte de que en nuestro centro impartan clases no suele ser más de una o dos horas en toda nuestra vida estudiantil, ¿es suficiente? “No. Unas charlas puntuales sirven para crear un espacio en el que se puede hablar del tema: dar una informacion precisa y adecuada de cómo son nuestros aparatos reproductores y cómo funcionan” dice la enfermera.

“Pero no es suficiente hablar de reproducción sino de cómo podemos sentir placer con otra persona sin poner en riesgo nuestra salud, y eso es tan importante como aprender a  poder hablar con nuestra pareja sea esporádica o estable. El aprendizaje necesita tiempo y no nos podemos conformar con la suerte de poder programar algunas charlas en las apretadas agendas escolares. La educación  se tiene que abordar desde distintos ámbitos y continuada en el tiempo“.

En la opinión de María, una correcta educación sexual en los centros debería empezar “en 4° o 5° de Primaria. Se puede ir adaptando el contenido en función de los temas relacionados. Debería comenzar sobre los 9 años o incluso antes porque los cambios hormonales van a empezar a producirse y si comprenden que es algo natural, lo van a afrontar mejor”.

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No es sólo dar información, es enseñarles a manejarla y a no discriminar, ni sentirse discriminados en razón del sexo ni tampoco por su orientación sexual”.

Un programa ‘ideal’ “debería  contar con un número adecuado de horas para que el aprendizaje sea efectivo. Yo creo que dos horas al mes podría estar bien y así valorar la efectividad al trimestre. En cada nuevo curso se deberían ampliar los contenidos, según las edades” afirma la enfermera.

Y por último, tengo curiosidad por saber si dar este tipo de charlas ha ayudado a María a abordar el tema con sus propios hijos: “Me considero afortunada, porque les ha facilitado esa comunicación. Nosotros como padres hemos tenido una educación limitada. De niña he podido saber por mi madre todo acerca de la regla, pero con respecto a la pregunta de “de dónde venían los niños”, “eso ya nos lo explicarían en el colegio” o una amiga más enterada, como fue mi caso. Tengo amigas de mi edad que sus madres no se atrevieron ni a tocar el tema de la regla. Aunque han pasado muchos años, actualmente en muchas casas se viven situaciones parecidas“.

Duquesa Doslabios y María.

La regla de la nariz y su relación con el tamaño del pene

Cada vez que me reúno con mi grupo de amigas hay ciertos temas de conversación que siempre salen por ser los favoritos: últimos viajes, reconocimientos en el trabajo… Pero la clave para averiguar cuál es el tamaño del pene de un hombre, antes de verlo en directo, es el más entretenido.

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No es algo que tenga un trasfondo profundo y decisivo en nuestras vidas, pero una conversación picante entre amigas es de las cosas más divertidas que te puede brindar la vida. Acumulamos más sex talks que cualquier conferencia TED.

Si el tema nos mantiene tan intrigadas es porque, a diferencia de los hombres con el pecho, que es algo que se puede intuir a primera vista (y que por mucho que lleves un push up el tamaño siempre será aproximado), no hay manera de que podamos saber qué nos espera entre vuestras piernas.

En ese momento se suceden diversas teorías, como si en vez de estar haciendo la cola para que nos den mesa en ese local nuevo que acaban de abrir, nos encontráramos en plena aula magna de la Facultad de Matemáticas de Cambridge.

Una afirma que está directamente ligado a las manos y a los pies, mientras que otra sostiene que es una tontería, ya que ella recuerda perfectamente la noche que pasó con aquel francés de manos pequeñas que luego tenía una buena baguette (por aquello de la nacionalidad).

Otra interrumpe afirmando que la relación se da entre la distancia del pulgar hasta la del dedo corazón mientras que otra le replica que no es factible empezar a medirle la mano en plena cita. Una añade que es inversamente proporcional a la altura, por lo que cuanto más bajito mejor calza y que cuanto más alto, de menor tamaño la tendrá.

Durante la conversación se ponen sobre la mesa todos aquellos novios, ex novios o líos de una noche que nos sirvan de ejemplo para las conjeturas o bien para refutar las hipótesis.

Y justo después de esa mezcla de especulaciones, sale la teoría de la nariz, la cual, según el criterio femenino, sostiene que es la que nos puede dar una idea aproximada de lo que nos espera.

Cada vez que saco el supuesto nasal es como si se hiciera la luz. De repente todo tiene sentido (o al menos en la mayoría de los casos).

Si bien hacemos memoria y nos ponemos a pensar en las narices (y lo que no son las narices) que hemos disfrutado que confirmen la teoría, al final todas coincidimos en lo mismo: mayor o menor tamaño lo que realmente nos importa, a la hora de tener sexo con alguien, es la química.

Y no existe la manera de medirla.

 

Duquesa Doslabios.

Cómo hacerte el amor cuando ya te lo he hecho más de quinientas veces

Te sé de memoria. Te sé por delante, por detrás, de perfil izquierdo, perfil derecho, perfil de Facebook y perfil de Instagram.

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Hemos llegado a ese punto en el que conozco tu cuerpo como el mío y lo navego con la seguridad de quien sabe a dónde va y en qué momento ir.

Reconozco tus rincones, tus secretos. Sé qué te gusta, qué no. He desarrollado, de escucharte, tan buen oído que puedo solfear todos tus sonidos.

Cada vez que te hago mío me cautivas más. Si ya me encantabas al principio, ahora, más que gusto, eres un placer adquirido, por lo que has vuelto sibaritas mis sentidos.

Y pese a que según pasan los años a tu lado te tengo en la cama aprendido, quiero seguir creciendo, explorando caminos.

No te confundas, que no te cambio por nada. Ya sabes que de todo lo bueno repito, y de ti quiero barra libre toda mi vida, como que eres mi sabor favorito.

Hoy unas velas, mañana la lista de baladas de Spotify, pasado bragas nuevas, el mes que viene en el asiento de atrás de tu coche, perdidos en algún camino de tierra detrás de un polígono industrial.

Después en un hotel de tres estrellas, que contigo parecen cinco y un cometa. Luego jugamos o nos vemos una porno y te pido que me tires del pelo. Para más tarde, lo hacemos en esas duchas que siempre se nos quedarán pequeñas.

Que si no puedo esperar, te mando las tetas por WhatsApp, a no ser que la impaciencia me pille contigo y nos quedemos en el suelo de la entrada, convirtiendo la ropa en la alfombra improvisada de tu piso.

Y comerte otro día a escondidas en el cine y que me bebas en la terraza. Que si por debajo pasa gente y nos ven, pues tampoco pasa nada (y si pasa, se saluda).

Porque pueda que ya te haya hecho el amor más de quinientas veces, pero créeme que mi idea es volverte exponencial, hacértelo otras quinientas por quinientas veces más.

Duquesa Doslabios.

Sexoróscopo semanal: Virgo, se te ha olvidado comprar condones y este fin de semana te vas a arrepentir

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♈Aries: como necesitarás que respeten tu espacio esta semana no es recomendable que pruebes juegos de sumisión, a no ser que quieras ser tú quien lleva las riendas (o la fusta). Es una semana en la que las colaboraciones de otras personas te serán muy útiles. Igual es el momento de pedirle a tu amiga que te acompañe a comprar lencería, que ella tiene muy buen gusto para estas cosas.

♉Tauro: te estás cuestionando temas que pensabas que estaban claros para ti, por lo que empiezas a mirar el sexo anal con otros ojos. Los astros recomiendan que te muestres receptivo (y que por si acaso compres lubricante a base de agua).

♊Géminis: es un buen momento para tirar de agenda y llamar a esa persona con la que tienes un asunto pendiente. Quien dice “asunto” dice “polvo”, así que llámala, que dicen por ahí que ahora no tiene pareja.

♋Cáncer: inexplicablemente se te están resistiendo más de lo que creías. Los astros te recomiendan ser detallista, como por ejemplo con una cena romántica, velitas… Junto al plenilunio allanarán tu camino (hacia la cama o hacia su corazón, dependiendo de lo que busques).

♌Leo: deja ya de preocuparte con que estás embarazada, que te va a venir la regla. Acuérdate de ponerte una compresa antes de salir de casa, luego no digas que no te avisé.

♍Virgo: se te ha olvidado comprar condones y este fin de semana te vas a arrepentir. No hagas el tonto que puede que no tengas tanta suerte como Leo.

♎Libra: estás en esa fase en la que lo ves todo color de rosa. Te contesta los whatsapps, te menciona en los stories… hasta se ha cambiado la foto de perfil de Facebook por ti. Parece que este por fin es el bueno.

♏Escorpio: eso que te ha propuesto tu pareja si ya suena bien, imagínate llevarlo a cabo. Sí, es una posición complicada y sí, necesita mucha flexibilidad, pero para algo estás yendo a yoga, ¿no?

♐Sagitario: es el momento de decidir si te depilas el arbusto o solo lo recortas. Ten cuidado con lo que vayas a hacerte, si te lo dejas bonito recuperarás la chispa pero si te haces un destrozo pasará mucho tiempo hasta que vuelvas a sacarlo a paseo.

♑Capricornio: nadie dijo que hacer el antílope fuera fácil. Déjate de dramas, aguanta el dolor de brazos y le acabarás cogiendo el gustillo.

Acuario: vas a vivir situaciones emocionantes. Te van a llevar al cine pero no a ver una peli, sino a tener sexo en el parking del centro comercial. Lo emocionante es que en ese lugar también hacen botellón los chavales del barrio. No te quites el sujetador por si las moscas a no ser que quieras protagonizar el próximo vídeo viral de las redes.

♓Piscis: las vibraciones de la luna llena te transmitirán energía como para pasar un fin de semana de sexo sin fin. Olvida las experiencias negativas pasadas, en especial ese chico que te escupió en la boca en pleno polvo, y limítate a disfrutar.

Soy las dos veces que me han roto el corazón

Soy todas las veces de mi vida en las que he amado hasta las trancas, haciendo caso omiso a la cabeza y dejándome llevar por el corazón.

Soy también, las dos ocasiones en las que se me ha llegado a romper. La primera culpa mía. La segunda fue de él.

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Soy todas y cada una de las ocasiones en las que me he quedado sin aire solo por estar cerca de esa persona. Soy de quien me ha robado un beso, las bragas, la energía y hasta los miedos. Soy de quien me ha hecho valiente.

Soy de quien pienso cada vez que escucho una canción romántica, de quien me acuerdo ya sea estando a su lado o pensándole a kilómetros.

Soy, en parte, de todos aquellos que me han puesto la piel de gallina. Soy todas las personas que han pasado por mi cama, sofá, mesa, ventana, baño y cocina. Soy la que todavía espera que griten su nombre en medio de un orgasmo.

Soy las veces que me han hecho temblar, estremecer, vibrar, estallar, arder, detonar, volar, correr, planear… De los que me han subido a lugares desconocidos a través de unas manos o una lengua, ya fuera sobre mi cuerpo o mediante palabras.

Soy las rupturas que he vivido, esas que me han convertido en quien soy. Soy las lágrimas que nunca pensé que lloraría por nadie, soy la rabia y la impotencia, soy la soledad. Soy la nada absoluta en la que quedas convertida cuando desaparece ese todo que es la persona que para ti representaba tu vida.

Soy el resurgir de después. Soy ese corazón tambaleante que volvía a dar sus primeros pasos después de recomponerse. Soy las ciento cuarenta y nueve veces que me he enamorado a primera vista en el transporte público.

Soy todos aquellos a quien me he entregado de manera física, pero soy más a quienes me he dado de manera emocional. Soy de quien me ha visto desnuda y de quien me ha desnudado el alma hasta verme, de transparente, cristalina. Soy un conjunto de todo, y con todo, sigo siendo yo misma. De todos ellos, sí, pero antes que de nadie, mía.

Duquesa Doslabios.