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Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘sexo’

¿Se pueden intercambiar de orificio los dildos vaginales y los juguetes anales?

Soy de las que piensa que has alcanzado un nuevo nivel de curiosidad en tu vida cuando, tirada en la cama, te planteas si ese juguete anal que tienes guardado serviría también para darle otro uso.

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Me consta que todos los juguetes que te compras vienen con un pequeño librito de instrucciones, pero, sinceridad, ante todo, cuando llegas con eso a casa lo único que pasa por tu cabeza es probarlo cuanto antes.

Los límites en la cama se ponen donde tú quieras, de hecho, hay una gran cantidad de posibilidades que, a algo que te has comprado, le encuentres un uso alternativo también muy placentero.

Pero no es lo mismo usar la fusta en el culo que en la palma de los pies, el azote viene a ser lo mismo, que cambiar el agujero para el que un juguete fue concebido.

Respecto a los juguetes anales, podemos respirar con tranquilidad. Puedes usarlos para cualquier orificio. Aunque quizás la anatomía no te resulta tan intensa como la forma de un dildo normal, puede estar bien para salir de la monotonía.

Eso sí, imprescindible que esté bien lavado. No cometas el error de utilizar el juguete indiscriminadamente porque puedes pasar bacterias a tu vagina y nadie quiere eso.

Sin embargo, a la hora de usar un aparato vaginal, tenemos que hacer saltar las alarmas. Mientras que la vagina es un espacio mucho más reducido con un límite, el ano se comunica con el intestino, por lo que no tiene ningún tipo de tope.

La estructura de los juguetes anales, si te fijas, suelen tener algún tipo de sujeción más ancha que evita que el juguete se pierda en las profundidades intestinales, algo de lo que carecen los vaginales.

La conclusión es que, por poder, se puede usar, al igual que por poder puedes comerte los bordes quemados de la pizza llenos de acrilamida, pero no es recomendable. De hecho, tengo un amigo doctor que me ha comentado en varias ocasiones la de objetos perdidos que ha llegado a encontrarse dentro de un culo.

Recuerda que no puedes jugar al fútbol si se pierde la pelota. Y menos si se pierde en tu intestino.

Duquesa Doslabios.

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¿Es maltrato que te peguen en la cama?

(Debo de ser masoquista por querer dedicarle a esta reflexión mi primer tema de septiembre)

Te doy la bienvenida otra vez a mi espacio de sexo, amor, feminismo y muchos otros delirios que se me pasan por la cabeza. Pasa y acomódate. ¡Por cierto, cómo te ha pegado el sol!

Yo me he pasado el verano escribiendo. Si no lo sabías, ya te lo cuento yo. Aunque no he pisado mucho la playa, he tenido a las amigas bien a mano. Y fue precisamente en una de esas ocasiones cuando una de ellas salió con el tema.

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“Entonces, ¿pegar en la cama contaría como maltrato?”

Todas coincidimos en que en una relación saludable en la que la interacción física, si bien algo más dura, formaba parte “de la fantasía” no lo considerábamos como tal.

Hay una diferencia abismal entre nuestro comportamiento en la cama y fuera de ella. En la intimidad nos permitimos el lujo de dejarnos llevar por nuestro intento animal. Dejamos el raciocinio a un lado y que pase lo que tenga que pasar…

Pero hasta cierto punto, por supuesto. La cama gira en torno a lo que gira todo en esta vida: el consentimiento. Qué gran palabra, qué buen concepto. Pero claro, al ser tan grande parece que a algunas personas les cuesta entenderlo.

Voy al ejemplo fácil y rápido: Cincuenta sombras de Grey. El protagonista tenía el consentimiento a regañadientes, pero aunque más adelante su compañera empezaba a disfrutar, al principio experimentar el dolor no era algo que le hiciera gracia, por tanto ¿era maltrato?

¿Estaba ejerciendo violencia? Sí. ¿Ella había aceptado? Sí. Pero ¿ella realmente quería? Sí y no. Vale, quizás me he metido en un jardín muy complicado ya que bajo mi punto de vista la relación que mantienen Christian y Anastasia es bastante tóxica. Deja que recule y de paso te ofrezca un café para continuar nuestra charla.

El sexo es un mundo, y a cada persona le gustan cosas diferentes. De ahí que haya filias tan curiosas como la de excitarse viendo a gente durmiendo o que te produzca placer tocarle a tu novia los dedos de los pies.

Dentro de las apetencias hay una concreta, la de la violencia física, que se mueve entre el placer y el dolor. Hay personas a las que un golpe, cachete, tirón de pelo o pellizco en un momento concreto puede resultarle el desencadenante de un mayor grado de excitación, por lo que todo lo que suceda en la cama mientras le resulte placentero, estaría permitido y se consideraría parte del juego.

Hay incluso quienes de tanto disfrutarlo, terminan con arañazos o moratones. Puedes compartirlo o no, pero independientemente de ello, hay que respetar los gustos de cada persona.

Como en todo, la clave está, y perdona por repetirme, en el consentimiento. Así que ante la duda, pregunta, porque en este caso, es mucho mejor pedir permiso que perdón.

Duquesa Doslabios.

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Sexo y regla, la menstruación es la cuestión

Hace poco, en una quedada con amigos surgió (todavía no sé cómo, también es cierto) el tema de tener relaciones sexuales con la regla.

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La mayoría de los chicos afirmaban que no era algo que les importara. Mientras que uno decía que la situación le excitaba más, por las dosis de lubricación extra, otro opinaba que, a fin de cuentas, es algo que no afectaba realmente ya que está de por medio el condón.

De hecho, “si no se tiene sexo en esos días suele ser más por vosotras que por nosotros” me dijo convencido.

Y le doy toda la razón del mundo. Históricamente la regla ha sido el ‘castigo divino’, algo que nos mantenía a las mujeres en un segundo plano al ser visto como una enfermedad hasta hace relativamente poco.

El estigma perdura. Y sino, solo hay que ver cómo todavía vamos al baño con los productos de higiene femenina hábilmente escondidos en las mangas de la sudadera. Con la sangre vaginal también impera la ley del silencio. La omertà menstrual.

También es cierto que, las que sufrimos dismenorreas (intensos dolores menstruales) no siempre tenemos ‘el chocho para farolillos’ literalmente.

La hinchazón, los calambres o el propio malestar general en momentos concretos (especialmente durante los primeros días), hacen que muchas pensemos, cuando nos hablan de “meterla”, en una barra de chocolate. Y en la boca.

Sin embargo, quienes no padezcan molestias y quieran tener sexo con la regla, deberían sentirse con toda la libertad del mundo para hacerlo. No está de más tampoco comentarlo previamente por si hemos topado con una persona que se impresiona con el sangrado.

Pensemos que, al final, es tan sencillo como hacerlo en la ducha e ir quitando los restos con el agua de la alcachofa o bien colocar un par de toallas por encima de las sábanas. Tener que poner lavadoras es un pequeño precio que, teniendo en cuenta que vamos a pasar un buen rato, merece la pena pagar.

Duquesa Doslabios.

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¿Cómo tener sexo en casa si todavía vives con tus padres?

La idea de meter a alguien en casa y que tu madre se ponga a llamar a la puerta preguntándote si has ofrecido algo de beber, ya que te han educado para que te comportes de manera hospitalaria, no es quizás la más halagüeña.

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Pero si has nacido entre los años 80 y mediados de los 90 estoy segura de dos cosas, una, eres millennial y dos, si me lees desde España, es probable que aún vivas con tus padres (tú y otros 24 millones de millennials en todo el mundo, que no cunda el pánico).

El precio de la vivienda, que directamente no tienes empleo, o porque simplemente te gusta estar en casa (que puede ser que prefieras compartir piso con tus padres antes que con una estudiante que deja pudrirse verduras en la nevera) son algunos motivos para no dejar el nido. Sin embargo, como persona adulta con deseo que eres, la vida sexual puede ser un interrogante.

Lo ideal es aprovechar esos momentos en los que tus padres se encuentran fuera para tener un poco de intimidad. Además te perfeccionas en el arte del quickie, es decir, un polvo rápido en el que siempre estás un poco alerta por si oyes las llaves y tienes que vestirte a toda prisa.

Y aunque está genial aderezar la experiencia con un poco de adrenalina, no siempre puedes tener la casa para ti. Si tu agenda es más caótica que la de un presidente el 4 de julio, es normal que se te haga todavía más complicado sincronizarla con la de tus padres (o hermanos) para que justo tengas plena disponibilidad de la casa en ese momento, entonces, ¿cómo hacer para tener sexo debajo del mismo techo?

“Mientras vivas bajo mi techo…” es uno de los comienzos de frase favorito de tus padres, pero es que es así. Tienes una serie de normas que debes cumplir, sí, aunque ya seas una persona adulta, sí, aunque seas capaz de asumir grandes responsabilidades como que tu jefe te pida que mandes el presupuesto al grupo japonés sin equivocarte en un solo decimal.

Por ello no tienes la confianza de entrar y salir de casa con gente aleatoria (a no ser que tus padres te hayan dado pie a ello, en cuyo caso genial).

Pero aún si la tienes y lo haces, no creo que te haga mucha gracia hacer partícipes a tus padres de que su pequeñín (o pequeñina) pasa cada vez por el salón con una persona diferente de la que no se sabe ni el nombre. Y, si lo haces, tampoco tienes la certeza de que tus padres no hagan preguntas innecesarias.

Las opciones para abordar el tema son diferentes si sientes que es algo que te está produciendo un poquito de ansiedad. En primer lugar son tus padres, son adultos también y entienden que quieras tener una vida emocional/sexual.

No te van a juzgar aunque tampoco hace falta que tengas una conversación super explícita con pelos y señales. Como no todo el mundo tiene el mismo grado de confianza con sus progenitores (y menos respecto a este tema), puedes empezar diciendo que respetas tu casa y sus normas y que dentro del respeto te gustaría hablar de las opciones que podéis barajar para que puedas tener tu intimidad con otras personas.

Piensa que, a fin de cuentas, a escondidas siempre lo puedes seguir haciendo, pero que igual sacándoles el tema, si son muy muy comprensivos y generosos (esto ya depende de cada padre) pueden ofrecerte la opción de irse alguna vez de casa.

Y si sigues viendo que es algo que no puedes hablar con ellos, puedes seguir con los quickies cuando no están a riesgo de que cualquier día infartes de la presión, esperar a que estén durmiendo, hacer pasar a la persona que viene como “un amigo con el que tengo que hacer un trabajo para la uni” o si no, siempre podrás aderezar tu vida sexual con polvos a escondidas en baños públicos, parkings

Duquesa Doslabios.

Pedos vaginales: lo que querías saber pero no te atrevías a preguntar

Estás a punto de alcanzar el orgasmo. En pleno éxtasis del momento le pides al chico que os desplacéis al borde de la cama y te siga dando mientras tú te alcanzas con el índice el clítoris. Cambiáis rápidamente de postura, él sigue y… Ahí viene.

Anne Hathaway también ha experimentado los pedos vaginales. GTRES

Te dejas llevar y con las últimas contracciones le dices que ya podéis cambiar de postura y continuar. Él sale y, seguidamente, se escapa de tu interior una ventosidad más propia de los domingos de fabada en casa de tu abuela que del momento tórrido que estáis viviendo en la habitación del hotel.

Él se queda callado mirándote con un gesto indescifrable a caballo entre el horror y el asco. Definitivamente el morbo ha desaparecido. ¿Por qué a ti? ¿Por qué?

Hola, soy la Duquesa Doslabios. Quizás me recuerdes de otras entregas de cosas que querías saber pero no tenías a quién preguntar como por ejemplo los errores que cometes cuando practicas un cunnilingus.

Y si no me recuerdas, aquí están mis redes sociales para que no me pierdas de vista (Twitter y Facebook) porque esto que te voy a contar te interesa.

Sí, era el momento de hacer de tripas corazón y poner este tema sobre la mesa. Y tocaba hacerlo por dos motivos, en primer lugar porque estoy cansada de tener que pedir disculpas cuando me pasa lo que os he relatado al principio, como si realmente me hubiera tirado un pedo y no supiera controlar mis gases (cuando en realidad tengo el esfínter entrenadísimo) y en segundo lugar porque me niego a seguir prolongando una idea que es falsa.

Creo que a todas nos ha pasado eso de estar dedicadas a los alegres menesteres de la desnudez y el regocijo y desinflarnos como una gaita gallega en cuanto volvemos a tener libre el conducto vaginal.

Ese sonido se produce por aire, sí, pero no por ningún tipo de gas ya que la vagina no comunica con el aparato digestivo y por tanto no es una vía de salida de los pedos. De hecho, fijaos si son diferentes que no tienen olor, ya que no derivan de la fermentación de bacterias en el intestino.

La ventosidad vaginal se debe al aire que se ha introducido previamente. ¿Qué cómo? Pues con el pene.

Es algo involuntario que se produce porque las paredes vaginales se expanden, por lo que al bajar produce ese sonido.

Si todavía no los has experimentado en la cama, que es la manera más habitual de conocerlos, con la edad se producen por la pérdida de tono muscular en las paredes vaginales. Te puede pasar haciendo cosas tan rutinarias como levantarte de la silla o ejecutar esa postura de la vela invertida de yoga.

Aunque es una cosa del cuerpo, entiendo que no nos hace mucha gracia ir pedorreándonos por la vida, por lo que los ejercicios de Kegel o el uso de bolas chinas vienen estupendamente para fortalecer los músculos de la zona.

Respecto a la cama, sabed que no podéis controlar cómo hacer para evitar el sonido de flatulencia ya que no tenemos esfínter, así que relajaos y disfrutad del momento sin pensar en que pueda haberse quedado aire dentro.

No hace falta que os desgañitéis fingiendo una tos que tape el ruidito. Y a quienes escuchéis el sonido, solo pedimos que sepáis por qué es y no nos hagáis sentir mal, que simplemente es algo natural a lo que no hay que darle mayor importancia.

Duquesa Doslabios.

La desmitificación del sexo en la ducha

Hoy quiero hablaros del sexo en la ducha, esa experiencia que todos nos empeñamos en probar y que a veces termina con dramáticos resultados.

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Por el calor, es uno de los clásicos del verano, como los minis de sangría o los selfies en azoteas de moda de la ciudad de turno.

Sin embargo, para mí, el sexo en la ducha es como ver una película de DC, nunca es como me lo esperaba y no suele estar a la altura de mis expectativas.

La culpa la tiene, o al menos en mi caso, la imaginación y su manía de convertir todas mis ocurrencias cotidianas en un material digno de película pornográfica de calidad (no de esas censuradas).

El agua resbalando por los cuerpos desnudos o las manos en contacto formando espuma son imágenes que funcionan para cualquier escena, pero en la vida real el agua no es de ayuda para lubricar nada.

De hecho se convierte en un incordio más que en un estimulante a no ser que se aplique en zonas concretas y a chorro (ejem, clítoris).

Y eso sin contar que suelo ser de las torpes que, no me preguntéis cómo, suele terminar siempre con champú dentro del ojo retorciéndose de dolor.

Tanto mi pareja como yo somos altos, por lo que, a no ser que encontremos una ducha de varios metros cuadrados en algún hotel, la ducha media no nos deja mucho espacio para experimentar con las posturas.

De hecho, por mucho que nos guste la creatividad, la ducha te permite dos posiciones: el perrito de pie contigo despachurrada contra la parte de los grifos o el misionero vertical que requerirá de tus habilidades y equilibrios para no terminar desnucada.

Hay momentos que no sé si estoy en pleno polvo o echando una partida al Twister.

Es por eso que, siendo sincera, prefiero la ducha como calentamiento justo y necesario, pero terminar la faena en la cama. Nada mejor que ir con un poco de humedad para compensar las altas temperaturas que va a alcanzar la habitación.

Además puedes aprovechar que tienes los botes a mano y llevar una crema de esas resbaladizas para seguir el juego.

Duquesa Doslabios.

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“La viagra es lo peor que nos ha pasado a las mujeres en los últimos 15 años”

Contundente y sin pelos en la lengua, declaraba Diane von Furstenberg al diario británico The Times sobre las pastillas azules afirmando que eran lo peor que nos había pasado a las mujeres.

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Y es que para la diseñadora, habían inclinado la balanza a favor de los hombres al conseguir que no tuvieran que enfrentarse en términos de cama a la misma lucha que nosotras.

El paso del tiempo afecta a todos los aspectos de la vida, y el sexual no es la excepción. Forma parte de la vida y era algo que se debía asumir buscando alternativas para seguir manteniendo una vida sexual de calidad y saludable.

De esta manera los hombres deben enfrentarse a la dificultad a la hora de conseguir una erección así como las mujeres, por la decadencia de la fertilidad, a la dificultad para lubricar o la disminución del deseo.

Para la diseñadora en la cama, había, por decirlo de alguna manera, justicia sexual ya que aunque los hombres puedan seguir siendo padres tiempo después de que hayan pasado los años fértiles de la mujer, en el campo sexual se estaba en el mismo punto, ya que ellos tenían que asumir la realidad de volverse impotentes.

“Para los hombres todo trata sobre que se te levante. Había cierta justicia. Una mujer no puede tener un hijo pasados los 40, ¿verdad? Pero los hombres pueden tener hijos hasta los 65, aunque sexualmente no sea igual. Ahora con la viagra eso ha cambiado, es lo peor”.

Coincido con Diane von Furstenberg en que la viagra elimina el dilema de los hombres de raíz, dejándonos a nosotras en una clara desventaja. No es ya solamente la diferencia física a la hora de mantener una relación sexual, sino la emocional al eliminar la condición solo a una de las partes, algo que, amantes de los deportes, no se considera juego limpio.

Por supuesto que estoy a favor de mejorar la calidad sexual, pero de mejorar la de todos por igual y no la de centrarse únicamente en el disfrute masculino, algo muy característico de la visión androcentrista que caracteriza a nuestra sociedad.

Así que, queridos laboratorios farmacéuticos, por favor, no nos dejéis solas en esto. Echadnos una mano o las dos, porque creedme, al igual que los hombres, nosotras no queremos dejar de tener sexo.

Duquesa Doslabios.

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p.d.: Y no, los geles lubricantes NO compensan la falta de hormonas. De nada.

Sexo veraniego: hacerlo sin sufrir un golpe de calor

Quien dijo aquello de “La primavera la sangre altera” no conocía el verano (o al menos esa sensación me da). Si hay una estación que me revolucione, es esa.

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Será la falta de ropa, el bronceado o lo de dormir desnudos por el calor, pero la rutina se convierte en una especie de trama en la que los protagonistas tienen muy poca ropa y mucho tiempo libre para eso que más les gusta hacer(lo).

Pero claro, dos cuerpos en contacto terminan teniendo la misma temperatura, o algo así decía una ley de la física. Y al final las zonas de la piel con riesgo de incendio se convierten en un calor que llega hasta el hueso.

Como prescindir del sexo no es una opción durante los tres meses del verano, voy en busca y captura de alternativas para no morir de un golpe de calor.

Si no hay aire acondicionado, siempre puede hacer el apaño un ventilador o, en su defecto, esperar a las horas más frescas de la noche, cuando ya no hay sol criminal.

Las ventanas, balcones y terrazas son el nuevo must have del verano, el dormitorio estival, el 2×1 que además de aire fresco en la cara, lo da también al encuentro, por aquello de tener estrellas a modo de techo (aunque en Madrid se puedan contar con los dedos de una mano y te sobren varios).

El verano es la estación oficial del sexo al aire libre aprovechando cualquier excusa, que si turismo, un día en la playa, excursión por la montaña, camping, festival de música comercial

Y recordad que hay que hidratarse constantemente para evitar los mareos o agotamientos característicos del cardio indoor, ese ejercicio en el que sustituimos montar la bicicleta estática por la persona inestática (afortunadamente).

Una botella de agua a mano apaga la sed y enciende las ganas de continuar, si se utiliza en el modo correcto, por supuesto.

Duquesa Doslabios.

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Estás cordialmente invitado a mi orgía emocional

Tengo una idea, hagamos un trío esta noche: tú, yo y la cama. Porque sí, porque me apetece, porque quiero compartirte un poco y terminar con la habitación llena de rastros, prueba de un crimen pasional en el que lo único que nos cargamos fueron las ganas de dormir (o las de despertarnos).

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Será testigo la manta, que podría ser llamada a declarar mostrando las arrugas incriminatorias a lo largo y ancho de las sábanas. Mi piel, en cambio, guardaría silencio en el estrado, cómplice de tu modus operandi fácilmente adivinable siguiendo las marcas de los besos húmedos bien repartidos. No eres de dejar vacíos.

Los sutiles van por el cuello y los otros se pierden con lengua de por medio allí donde tú ya sabes. El sitio que yo quiero saber que sabes y que sepas que bien sabe para ambos aunque solo uno lo saboree.

Quiero que hagamos un trío, uno de esos que puede convertirse en cuarteto en cualquier momento cuando el suelo (¡ay, el suelo! Ese que siempre tiene ganas de participar) nos termine llamando. Y que al final, me dejes entre la espada y el parqué, sin más elección que una erección, sin escapatoria.

Porque por mucho que la adrenalina del ‘Pilla pilla’ era que te persiguieran, no había nada más intenso que sentir que te habían pillado, que es justo como me siento contigo, total y completamente pillada. La diferencia que tengo con el juego es que cuando era pequeña tenía que correr para que no me pillaran y contigo es más probable que me corra después de que me hayas pillado el punto.

Vamos a hacer un trío que termine con el espejo, ese voyerista que no se cansa de asistir como espectador a nuestras fiestas de piel y endorfina y que alguna vez, de pasada, le he pillado devolviéndome la mirada.

Si siendo dos con él hacemos tres, vamos a seguir haciéndolo hasta que nos dupliquemos en su superficie y lleguemos al cuatro, o al cuarto orgasmo, lo que venga antes. Hasta que vea doble y sienta que mi reflejo, por mucho que parezca disfrutar de ti, tenga envidia de lo que estoy viviendo a este lado del cristal, porque solo una de las dos tiene las tres dimensiones de ti.

Y al final, después de tantos participantes, me daré cuenta de que no me importa cuántos invitados improvisados se unan a lo largo porque pase lo que pase siempre me voy contigo, y es eso precisamente lo que cuenta, que dentro y fuera me voy contigo.

Duquesa Doslabios.

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“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras”

Desde un tiempo a esta parte he empezado a ver como algo absurdo las etiquetas de “heterosexual”, “homosexual”, “bisexual”

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Nos acostumbramos a categorizar las cosas para que la mente esté más cómoda: esto es hombre, esto es mujer, el bote de azúcar, el de sal, las pastillas para el lunes, martes, miércoles…

Sin embargo nuestro cuerpo y mente a veces no conocen esas distinciones. Tendemos a ver la sexualidad como un partido de tenis: si la pelota cae a un lado de la red, punto para tu género. Si cae en el opuesto, punto para el género contrario.

Pero, ¿y si en realidad la sexualidad no fuera un lado u otro? ¿Y si la sexualidad fuera la pelota de tenis, es decir, algo que por mucho que caiga más veces en un lado, puede caer en el otro?

En mi experiencia personal, la cama es la cama y los límites de la piel cuando pasa a esta se vuelven difusos, como si realmente no existiera quién la ocupara, sino el placer que nos provoca el contacto.

A veces, de hecho, no hace falta ni que se dé. Un estudio realizado por una página de películas eróticas reveló que la categoría de vídeos preferida por el 80% de las mujeres que visitan el portal era la de sexo lésbico, algo que sexólogas afirman que sucede porque las mujeres empatizamos al ver a otra mujer excitada.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras, ya que hay una mayor carga erótica“, afirma María Hernando, sexóloga de Platanomelón.com.

Ya sea por empatía o porque socialmente está más aceptado en una sociedad machista que dos mujeres puedan sentirse atraídas, la excitación mental y la excitación física no siempre van por el mismo camino.

A fin de cuentas, la pelota no deja de ser pelota independientemente del lado de la red en el que caiga. El tenis, y la sexualidad, siguen siendo solo un juego.

Duquesa Doslabios.