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Sexo en la playa, ni tan bueno ni tan sano

Las vacaciones dan pie a intercambios sexuales tan variopintos e inesperados que, cómo no iba a convertirse en una tentación dejarse llevar por el momento en la playa. Hasta tiene un cóctel que refleja ese deseo de fusionarse enfrente (o dentro) del mar, el Sex on the Beach.

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Pero por idílico que pueda parecer, y por mucho que el beso de De aquí a la eternidad sea uno de mis favoritos -así como una de escenas con mayor carga erótica del cine-, no todo lo que reluce es oro.

Hay una serie de precauciones que se deben tener en cuenta si no quieres dejar de lado la salud.

Si eres lectora, sabrás que tanto las playas como las piscinas son los lugares más idóneos para terminar con una cistitis. Evitarlo es tan sencillo como hacer pis después del arranque pasional (tú verás dónde o si puedes esperar a llegar a uno de los bares del paseo marítimo).

La escena de Deborah Kerr, siendo bañada por las olas, mientras besa a Burt Lancaster como si no hubiera un mañana, puede ser tentadora de imitar, pero no dejes que la ropa interior quede mojada, es el caldo de cultivo ideal para que crezcan microorganismos y bacterias.

Y hablando de proteger la vulva mientras tu escarceos veraniego tiene lugar, no te olvides de evitar que la arena entre en tu zona íntima. Puede parecer mullida e inocente, pero en un lugar tan delicado puede llegar a producir microabrasiones.

Eso sin contar que, por mucho que la veas impoluta, la arena esconde las mismas bacterias que el mar. Piensa que los pájaros y otros animalitos de la fauna marina (así como el niño pequeño de turno), la usan como baño público. Una manta, la toalla o poner algo debajo de la zona de contacto, solucionará el problema.

Lo bueno es que el agua, con la que puedes aclararte en cualquier momento, está al alcance de la mano. Si es solo para quitar la arena del cuerpo, el chapuzón puedes dártelo sin problema.

Pero si sospechas que algo ha entrado, es mejor que vayas a la ducha, ya que el agua salada puede dar sensación de escozor.

Hablando de agua, antes de cumplir la fantasía de fusionarte con tu pareja en el mar, recuerda que, una vez sumergida, la lubricación vaginal desaparecerá. Aunque no es muy habitual llevarlo en la bolsa de la playa, un lubricante con base de silicona será la solución al problema.

Por supuesto, la protección es incuestionable. Todavía existen personas que se fían de la creencia popular de que es imposible quedarte embarazada si tienes sexo en el agua.

No solo puede suceder sino que es vía de contagio de todo tipo de ETS. Como en el agua te arriesgas a que se rompa el condón, es mejor si te limitas a realizar la actividad en la orilla (y abriéndolo con cuidado y las manos limpias).

Al final, puede que haya que tener algunas cosas en cuenta, pero lo importante es que pasar un buen rato pegados al mar sin poner en juego la salud, no es imposible.

Duquesa Doslabios.

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6 consejos para que el calor no queme tu vida sexual

La ola de calor europea ha demostrado en apenas unos días lo que llevo observando cada verano, el sexo y las altas temperaturas no se llevan bien.

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Y, ya que la intimidad pasa momentos complicados (¿quién no cambia la cucharita por dormir con los pies juntos como única zona de contacto?), aquí van algunos consejos para que la transición no pase factura entre las sábanas.

Quizás el más socorrido sea hacerlo con el ventilador puesto o el aire acondicionado encendido, una manera de mantener el espacio aclimatado y evitar la pereza propia del calor. No solo es una forma de combatir la falta de energía que acompaña los días calurosos sino que también nos garantizamos que no vamos a sufrir un ataque de calor en plena acción.

Pero si no está el bolsillo como para hacer frente a una factura de la luz del estilo, otra alternativa es trasladarse y pasar la acción a la ducha o al momento posterior a dársela. Con el cuerpo activado por el agua fresca es más probable que apetezca dar rienda suelta al deseo que si nos sentimos pegajosos por el sudor.

También puede estar la solución en buscar las mejores horas del día, que, casualmente, coinciden con las franjas horarias recomendadas para hacer ejercicio, ya que, a fin de cuentas, el sexo se podría considerar actividad física. ¿Los momentos estrella? Tanto al principio del día, cuando el calor no ha empezado a apretar, como a última hora, sin el sol de por medio.

Incluso si el momento coincide al aire libre, porque, no nos engañemos, el verano es la mejor estación del año para hacer la ruta de los picaderos, podemos buscar lugares a la sombra que eviten insolaciones innecesarias.

Ya que os he comentado la similitud que tiene con el ejercicio físico, como si fuéramos a salir a correr o a entrenar al aire libre, no puede faltar la botella de agua cerca para apagar la sed. Incluso podemos encontrarle otros usos alternativos en la cama que ayudarán a combatir el calor como puede ser jugar con cubos de hielo que se deslicen por el cuerpo. Erótico y refrescante a partes iguales.

Por último, tras hablar del mejor cuándo o dónde, no podía faltar el cómo, que no es otro que recurriendo a posturas que no impliquen mucho contacto físico. Un 69, a cuatro patas, o incluso algo tan sencillo como la masturbación, salvan la vida (sexual) durante los meses en los que es difícil pensar en tocar otro cuerpo humano.

Duquesa Doslabios.

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El último polvo: los pros y contras del sexo de despedida

Con la llegada del verano, ya os he hablado del efecto que tiene sobre muchas relaciones llevándolas a su fin.

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La tentación de ponerle punto y final con una sesión de sexo, a modo de despedida, es grande y, las ventajas y desventajas deben tenerse en cuenta antes.

Una de las razones puede ser para cerrar la etapa con una especie de broche de oro, la guinda del pastel. O, si no ha sido tan fantástica la relación, el equivalente al postre (que, como todos sabemos, si la comida no ha estado especialmente buena, terminar con buen sabor de boca, puede sumarle puntos a la experiencia).

Es el momento de darlo todo, de poner toda la carne en el asador. Se sabe que aquello ha terminado y te dedicas a grabar y disfrutar cada segundo y momento al detalle.

Equivaldría a acabar por todo lo alto, sí, pero también se convierte en una manera tierna de decirse adiós. Sin pesar, pasándolo bien por última vez y cerrando ‘físicamente’.

Además, al ser el fin de una relación, suele ser el último polvo con una persona que sabe dónde está cada cosa, algo que se agradece antes de volver a salir al ruedo con lo que conlleva empezar con alguien de cero.

Aunque no todo son cosas positivas, claro. Por mucho que nos comprometamos a que va a ser solo algo físico, o que incluso lleguemos a convencernos de que se va a quedar ahí, por mucho que nos empeñemos, no somos cachos de carne.

En primer lugar, porque suele haber una parte más tocada que la otra. Si tienes la mala suerte de ser tú, es probable que ese polvo lo vivas acompañado de un desgarro emocional, algo que te impedirá disfrutarlo.

En segundo lugar, los sentimientos no desaparecen de un día para otro. Tener sexo y volver a acurrucarse después es algo que puede confundir a cualquiera.

Así que, a no ser que sea un punto y final en buenos términos por igual entre ambas partes, lo mejor, ante la duda, es cortar por lo sano y seguir adelante. Además, siempre nos quedará la masturbación si tantas ganas tenemos de retomar la actividad sexual, y esa, por suerte, no conlleva emociones encontradas.

Duquesa Doslabios.

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Sobre el consentimiento y el “Tener sexo ante notario”

Mucho se habla estos días de las relaciones entre hombres y mujeres, de cuál es la más segura.

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Los hay incluso que se atreven a decir barbaridades tales como que solo mediante acuerdo económico para conseguir sexo (siendo la mujer la mercancía, por supuesto), es seguro poder conectar.

Pero, ¿realmente entendemos qué es el consentimiento? No es por dudar de nosotros mismos, pero con los mensajes que circulan, no siempre es fácil hacerse una idea clara. Empezamos con “No es no”, luego fue el “Solo sí es sí”, pero quedan fuera el “Antes sí, pero ahora no”, “En otro momento”, “Eso no” o “Más de esto otro”.

Incluso queda fuera de la ecuación el consentimiento que se da sin hablar acompañando caricias. Y es que, por mucho que se empeñen en limitarlo, el consentimiento ni es un monosílabo ni un contrato ante terceros, el consentimiento va mucho más allá.

Empieza por los límites, los corporales, y pasa por todo tipo de actos en los que están involucrados. Es mi cuerpo, son mis genitales y, por tanto, mis normas. Consentir es permitir que alguien pueda acceder a ellos siempre con respeto. Unas fronteras que van desde el hasta dónde llegar pasando también por el de qué manera. Pero también cuándo.

El consentimiento sucede entre dos o más personas y se debe poner en práctica en cada actividad, porque que se acceda a dar un beso, no significa que se abra la puerta a todo lo que venga detrás.

Hay que entender que, al igual que se puede dar en cualquier momento, también se puede cambiar de idea y llegar incluso a quitar. E independientemente de la fase en la que nos encontremos, como si ya estamos casi en el final.

La máxima universal e indiscutible es que las personas tienen que sentirse cómodas y seguras.

Para ello (y para dudosos), ante la duda, plantéate si tus intercambios son consentidos haciéndote estas preguntas:

-¿Estás seguro de que tu pareja quiere tener sexo?

-¿Está tu pareja cómoda teniendo sexo?

-¿Lo hace libremente o has presionado de cualquier manera mediante amenazas, insultos, el tristemente típico “si no quieres, ¿para qué me haces venir? Eres una calientapollas”…?

-¿Ha accedido de manera voluntaria o porque has seguido insistiendo pese a que ya te había dicho que no?

-¿Se encuentra en un estado plenamente consciente o está alterado su juicio por el consumo de sustancias?

Si cualquiera de las respuestas a estas preguntas es negativa, el sexo no es consentido. Así que, como veis, no resulta difícil. De hecho, es relativamente sencillo, no es necesaria la presencia de un notario. El problema actual, más que de comprensión, es que muchos prefieren hacer como que no lo entienden.

Duquesa Doslabios.

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Mi vida sexual después de la copa menstrual

Que la copa menstrual ha llegado para cambiarnos los periodos, es algo que ya sabíais. Pero no se queda solo ahí, también nuestra vida sexual puede verse beneficiada por su uso. Y es algo que he ido descubriendo en este tiempo.

GTRES/Duquesa Doslabios

Quizás la más sorprendente de todas fue descubrir que el lubricante cada vez era menos necesario. Vale que la sangre siempre ayuda a que todo fluya, pero en esos días en los que se está yendo o está a punto de bajarte, días en los que el tampón mini parecía imprescindible, pasan factura a la flora vaginal.

Puede que sean un apaño estupendo para no ir manchando calle abajo, pero lo cierto es que absorben mucho más que la sangre, lo que se traduce en sequedad cuando el momento de la intimidad surja.

Y hablando de que surja. ¿Hay algo más cómodo que, antes de pasar a la acción, pasar al baño, quitártela, vaciarla, lavarla y dejarla ahí? A diferencia de los tampones o compresas no tienes que preocuparte de hacer paquetes estratégicamente envueltos con el envoltorio y con papel higiénico para que no sospeche de lo que hay dentro.

Si no sientes todavía la suficiente confianza como para que vea la copa apoyada en su lavabo -yo la dejaba sobre un poco de papel si no me fiaba de la higiene de la casa del susodicho-, (aunque, plantéatelo, ya te está viendo desde todos los ángulos) puedes envolverla y guardártela en el bolsillo.

Otra de sus enormes ventajas es que, como todo va por dentro, no tienes que preocuparte de tener los labios o las ingles manchadas, algo que siempre sucedía con la compresa y ya te obligaba a montar el circo en el baño. Algo a lo que, además, seguramente sumabas el agobio de “Seguro que se pregunta por qué tardo tanto”.

Y, por supuesto, ante la perspectiva de pasar la noche fuera, no necesitas preocuparte por llevar tampones encima o por si va a haber artículos de higiene femenina en la casa de la persona a la que ves. Basta con tu copa, y hasta la puedes llevar puesta.

Aunque, si tuviera que quedarme con la que ha sido para mí la mayor mejora, sin duda, sería poder quedarme desnuda abrazada a la otra persona, los mimos del después.

Vale que con el tampón podía hacerlos de igual manera, pero el hilillo blanco no es la cosa más natural del mundo junto a las pieles desnudas. Con la copa ya no tenía que renunciar a ese placer y no lo he hecho desde entonces.

Además, para aquellas a las que le cueste ponérsela (no siempre es igual de sencillo o estamos igual de relajadas), el pospolvo es el mejor momento para introducirla, ya que el espacio suele estar aún flexible por la actividad y permitirá que la copa se ajuste estupendamente.

Duquesa Doslabios.

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El misionero puede ser la postura sexual más divertida (si sigues estos consejos)

Los puentes sobre el río Madison, un Cadillac, el Chanel 2.55, los álbumes de los Beatles, el sillón Egg de Arne Jacobsen, una fotografía de Helmut Newton o el misionero tienen algo en común, entran en la categoría de clásicos.

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Amada y denostada a partes iguales, la postura más conocida del sexo juega con la ventaja de lo placentera que resulta para los participantes, pero también con que, de lo fácil, tendemos a recurrir a ella más que a otras, lo que la convierte en un básico poco sorprendente de nuestro repertorio.

Y aunque siempre podemos poner música de fondo (cualquiera de los discos de los Beatles, ya que los he mencionado), hay más formas de añadirle picante.

Como todo en esta vida, el secreto no está tanto en la posición que escogemos sino en la actitud que ponemos al elegirla. De nada sirve repasar el kamasutra si las ganas que ponemos al hacerlo son las mismas con las que contestamos los mails de trabajo el lunes a primera hora de la mañana.

El misionero se adapta a todo: puede ser romántico con intercambio de miradas, puede ser salvaje con mordiscos, puede ser duro con arañazos o puede ser profundo y suave haciéndolo más tierno.

¿La clave? No centrarse tanto en la postura sino en la experiencia, en el momento. De hecho, ¿por qué no aprovechar la coyuntura, y con coyuntura me refiero a tener su oreja a la altura de tu boca, y decirle lo que te está gustando, lo mojada que estás o que quieres sentirle más lento, pero hasta el fondo?

Encuentra la postura que mejor te funcione. El misionero no es solo tirarte en la cama con las piernas abiertas y esperar a que hagan todo el trabajo. Arquea la espalda, estira los pies, apóyate sobre la punta de los dedos, ayuda con el movimiento… Puedes incluso añadir un cojín que te haga estar con la cadera más incorporada.

Las dos manos libres te permiten jugar. Puedes pasarlas por su cabeza, su espalda, puedes agarrar las nalgas, acompañar con las manos o incluso tocarte. Y es que no hay nada más placentero que poner en práctica las posturas con el clítoris a mano (literalmente).

Es quizás ese uno de los grandes inconvenientes del misionero, que la estimulación femenina en esa zona brilla por su ausencia. O bien te encargas tú de ella o le pides a la otra persona que realice un poco de TAC. No, no es que te haga un diagnóstico médico en pleno polvo.

El TAC es la Técnica de Alineación en el Coito (hablaré de ello más adelante), una variación del misionero que consiste en que el hombre se alce un poco para que su pubis alcance el clítoris y lo estimule con el movimiento.

¿Te parece una variante simplona? Pues más de la mitad de las mujeres que la integraron en su rutina, llegaron al orgasmo según un estudio publicado en el Journal of Sex and Marital Therapy.

Así que, llega el momento de hacer del misionero algo menos más religioso y más visceral, que suele ser lo más divertido del sexo.

Duquesa Doslabios.

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Carta de una feminista y sumisa

Con el boum del feminismo, difícil es encontrar un ámbito en el que la igualdad no se cuestiona. La cama es uno de esos lugares que también deben replantearse muchos aspectos. Es el caso del juego entre rol dominante y sumiso, ¿un cambio de papeles que puede coexistir?

Esto es lo que tiene que decir una sumisa anónima de 35 años, la firma invitada de hoy:

Ya sé lo que piensas, que menuda estupidez de titular. Que habría sido como decir que soy animalista y declararme una gran aficionada a los toros. Pues a ti, que no me crees, déjame decirte algo: te equivocas.

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Ser sumisa y feminista no son cosas incompatibles, como tampoco lo es ser feminista y maquillarse o ser feminista y llevar tacones. En realidad, lo único con lo que resulta imposible conciliar el feminismo es considerando que la mujer es inferior al hombre.

Sí, es cierto que la sumisión consiste en someterse a la voluntad de otras personas, a dejar de lado lo que tú quieres hacer, pero es que esa es en realidad tu voluntad, ese es el camino que has decidido libremente, y lo que quieres es ser sumisa.

Lo que hagamos o dejemos de hacer en la cama no nos define, solo define cómo disfrutamos nuestra intimidad. Siempre y cuando lo decidamos motu proprio, no hacemos daño a nadie y exploramos los terrenos que más nos gustan.

Ya que lo hacemos libremente, yo, en pleno uso de mi libertad, elijo la sumisión. Y si me da la vena, otro día, puedo decidir participar en un juego de rol en el que interpreto a una agente de la ley sin que eso me convierta en policía en la vida real.

Una cosa no quita la otra, y mis principios son igual de fuertes. Mis ideas siguen claras y mi voz sigue reivindicando por mucho que en el momento no tenga libertad de hablar o decir una palabra.

Porque eso es precisamente el feminismo, libertad para hacer lo que se quiera. ¿Y qué si quiero ser sumisa? ¿Y qué si me dejo mandar? ¿Si me dejo atar? ¿Si me dejo pegar? ¿Si debo meterme siempre su miembro en la boca antes de que salgamos de la cama? ¿Si me pide que esté horas sin hablar? ¿Si lo más excitante para mí es la idea de estar al servicio de alguien? Entra todo en el mismo saco, forma parte del juego.

De hecho, es un simple cambio que permite desarrollar otros aspectos de la personalidad aunque no nos representen fuera de la cama. Sigo siendo la mujer ambiciosa, luchadora, que no deja que la avasallen y que pone toda la carne en el asador. La misma persona fuerte e independiente. Y, de vez en cuando, no pasa nada por salirse de los propios zapatos y dar una vuelta a cuatro patas si es lo que te han pedido.

Es hasta relajante, terapéutico me atrevería a decir. Por un rato al día, me libera no ser quien lleva el control sabiendo que es por decisión mía. Es un ‘show’, una ilusión, una ‘performance’, pero es un instante me hace sentir ligera y me recarga las pilas para volver, al poco, tan guerrera y activista como siempre.

Duquesa Doslabios.

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Sexo con dolor, no todo es culpa del vaginismo

Por muy genial que sea el sexo, no todas las experiencias son igual de buenas. De hecho, creo que hablo en el nombre de casi todas al decir que, hay ocasiones en las que ha podido resultar hasta doloroso.

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Que una acción que debería ser placentera produzca algún tipo de dolor, es preocupante, claro. Y quizás la respuesta más común que encontramos en esos casos sea el vaginismo.

Pero ni todo el dolor en el sexo es vaginismo ni todo el vaginismo es dolor en el sexo. Es algo un poco más complejo y si, como a mí, te ha pasado alguna vez, estas son las formas de diferenciar las causas.

Lo primero de todo es partir de la base de que, por mucha gracia que puedan hacer ciertas posturas a nuestra pareja, la penetración, más profunda o con un ángulo diferente al que estamos habituadas, puede llegar a ser molesta.

También entra en este caso el tamaño de la persona con la que estemos. Aunque en la pornografía se vendan apéndices con el mote de cockzilla, lo cierto es que unas medidas comunes son mucho más prácticas (y de agradecer para no pasarlo mal).

Pero este tipo de daño se puede atajar de una manera muy rápida. Tan sencilla como cambiar de posición buscando una que satisfaga a ambos, por lo que no se trataría de vaginismo.

El vaginismo se considera una disfunción femenina que puede tener tanto causas físicas como psicológicas. Por lo que, si el dolor es persistente cada vez que se quiere mantener una relación sexual o realizar la introducción de un tampón, es probable que nos encontremos ante este problema.

Quitando las causas físicas como endometriosis, himen rígido, tumores pélvicos u otras afecciones que, requieren ayuda ginecológica, las otras causas necesitan apoyo psicológico para ser solucionadas ya que puede deberse a la ansiedad por la penetración, el miedo a quedarse embarazada, haber tenido experiencias anteriores negativas, una educación sexual ineficiente…

La lista, donde también se encuentran los casos de violaciones, padecer depresión u hostilidad a la pareja entre otras, incluye algunos causantes de que, inconscientemente, se contraigan los músculos de la vagina haciendo totalmente imposible la penetración.

Afortunadamente, como comentaba antes, también tiene solución. El asesoramiento de profesionales conseguirá también que, poco a poco, la paciente consiga solventar la incomodidad con el apoyo de su pareja.

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“When you love someone, they become a part of who you are. They're in everything you do. They're in the air you breathe and the water you drink and the blood in your veins. Their touch stays on your skin and their voice stays in your ears and their thoughts stay in your mind. You know their dreams because their nightmares pierce your heart and their good dreams are your dreams too. And you don't think they're perfect, but you know their flaws, the deep-down truth of them, and the shadows of all their secrets, and they don't frighten you away; in fact you love them more for it, because you don't want perfect. You want them.”“When you love someone, they become a part of who you are. They're in everything you do. They're in the air you breathe and the water you drink and the blood in your veins. Their touch stays on your skin and their voice stays in your ears and their thoughts stay in your mind. You know their dreams because their nightmares pierce your heart and their good dreams are your dreams too. And you don't think they're perfect, but you know their flaws, the deep-down truth of them, and the shadows of all their secrets, and they don't frighten you away; in fact you love them more for it, because you don't want perfect. You want them.” Amazing photo by @chelsmariephoto

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Fuera del vaginismo, otras circunstancias pueden también desencadenar las molestias. La irritación vaginal (por el uso de tampones o jabones), una falta de lubricación ya sea por la brevedad de los preliminares o por razones hormonales, padecer una infección de orina o incluso una reacción alérgica a algunos métodos anticonceptivos, también pueden causar que el sexo sea doloroso.

La conclusión es que, si por lo que sea, tu vida íntima no está resultando placentera al 100%, escucha a tu cuerpo y plantéate qué puede estar pasando ahí abajo. Piensa que el sexo está para que disfrutemos (todos y todas).

Duquesa Doslabios.

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De tetas a tretas, ¿qué ha sido del sexo en ‘Juego de Tronos’?

A pocas semanas del final de Juego de Tronos, ya podemos analizar una de las series más mediáticas de los últimos tiempos. En ella, el sexo ha pasado de ser el principal gancho a algo casi intrascendental, esporádico, poco relevante y solo interesante cuando estaba relacionado con la historia (no voy a hacer spoilers, pero el último encuentro es la mejor prueba de ello).

FACEBOOK JUEGO DE TRONOS

Que haya ido desvaneciéndose entre el fragor de las batallas, las conspiraciones y el alzamiento de los Caminantes Blancos prueba que nunca es tarde si la dicha es buena. Y en este caso, nunca es tarde si la trama lo es.

De hecho, me incluyo entre las personas exasperadas (si es que existen) que se resignaban cada vez que aparecían esas escenas, a mi parecer innecesarias, en un burdel sabiendo que esos minutos, la historia resultaría poco relevante.

Es probable que a todos los espectadores nos resulte difícilmente olvidable el inicio de la ficción, con esas violaciones físicas y emocionales a Daenerys en las que era exhibida como un trozo de carne por su hermano y después forzada por su marido al ser entregada en un matrimonio de conveniencia.

Porque otra cosa no, pero si algo hemos visto en Juego de Tronos han sido tetas. De hecho, al principio, las escenas de Emilia Clarke eran casi un denominador común hasta que, una vez adquirido peso en la industria, la actriz se plantó diciendo que no volvería a aparecer desnuda. Y así fue.

Aun así es triste comprobar como en Hollywood si no eres alguien, no tienes ninguna potestad para decidir si enseñas o no tu cuerpo. Lo mismo que le paso a Lena Headey (Cersei Lannister), que en el famoso paseo de la vergüenza pudo recurrir a una doble de cuerpo.

Con el despegue del movimiento #MeeToo sucediendo al tiempo que el radical descenso de actrices dispuestas a convertirse en reclamo visual, es complicado no establecer una relación entre ambos sucesos.

No quiero excederme criticando el hecho de que los desnudos fueran el pan de cada capítulo (Outlander es una de mis series predilectas por las escenas de pasión). Sin embargo, en Juego de Tronos, el cuerpo femenino parece haber sido la única obsesión de los guionistas.

De hecho, llama también la atención la cantidad de trabajo que ha dado la serie a actrices porno para que interpretaran a figurantes o personajes secundarios (seis de ellas son estrellas en la pornografía, ningún actor X fue incluido en la ficción).

Dentro de poco, la serie llegará a su fin. Y con ella las explícitas imágenes de cama. Esperemos que, la que venga a continuación, aprenda de esto y sepa que, como ha demostrado Juego de Tronos, no necesita usar el cuerpo femenino para ganar audiencia si la historia es lo bastante potente. O que, en el caso de que se decida a seguir utilizando como estrategia para aumentar el número de espectadores, equipare el número de escenas (y de cuerpo a la vista) entre ambos sexos.

Y es que es posible que la brevísima toma en la que se veía el culo de Jon Snow haya sido una de las más celebradas de la pantalla por mis amigas. Sorpresa, HBO, a nosotras también nos gusta el sexo.

Duquesa Doslabios.

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El mapa (que no conocías) de los picaderos de tu ciudad

Andar por la calle, cogerse de las manos, juguetear con los dedos, sentir el calentón y no tener casa libre o estar demasiado lejos como para plantearse cualquier cosa que no sea pasar a la acción al instante. Para esa clase de casos, Josean tuvo una idea: una página web que recogiera los mejores sitios para tener sexo por la ciudad. Sitios elegidos por los propios ciudadanos y practicantes que puede servirnos como salvación o como excusa para salir a la calle.

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¿Cómo surgió la idea de crear la página web Mispicaderos.com?
No hubo una iluminación ni nada por el estilo. Ni siquiera fue fruto de la necesidad, ya que en el 2009 yo ya tenía mi casa y por fortuna no necesitaba buscarme lugares como picaderos.
Soy diseñador web y por aquel entonces, empezaba a hacerse muy útil Google Maps. Se me ocurrió algo que Google nunca mostraría: picaderos, aquellos lugares de toda la vida donde vas con el coche con la novia a disfrutar de los placeres de la vida. Viendo que podría ser útil para la sociedad, me puse manos a la obra.

¿Cuándo se lanzó? ¿Qué crecimiento ha tenido desde entonces?
Empecé en el 2009. Al comienzo, pedí a amiguetes y conocidos que pusieran aquellos lugares que conocían y después empezó a viralizarse por las redes, llegando a tener hoy casi 20.000 ‘sexcondites’ en todo el mundo (más de 12.000 en España)

¿A qué diría que se debe el éxito de añadir localizaciones que son públicas?
Supongo que gran parte de las razones que llevan a una persona a poner un lugar en Mispicaderos, es el decir “¡Eh, mira! Yo estuve aquí”. También la construí de manera que fuera muy fácil añadir lugares, y además estos lugares se pudieran compartir fácilmente. Por otro lado, es innegable la utilidad del mapa, ya que de otra manera, ¿cómo encontrar estos lugares, que son, de por sí, escondites? Y además, si conoces uno, solo lo usarás durante un tempo, ¡que luego lo disfruten los demás!

¿Cuáles son los picaderos más extraños que podemos encontrar?
Siempre me ha sorprendido que en torno a los cementerios haya tantos picaderos, pero tiene su lógica: lugar con parking, poco visitado y de fácil acceso. Y además, la gente que está en los cementerios no suele ser muy molesta. Por lo demás son los típicos lugares donde estar tranquilo: parques, parkings, polígonos industriales, calles desiertas, miradores…

¿Ha visitado alguno de los espacios que proponen en la web para comprobar la reseña o se basa en la opinión de las personas que, libremente, comentan?
Muchos lugares que están cerca de mi ciudad los conozco y son los típicos. Claro que me es imposible recorrer España verificando la idoneidad de los más de 12.000 lugares. Para ello existe un sistema de comentarios donde la gente opina sobre si el sitio es bueno, malo, existe o no, etc.. Además de una puntuación de estrellas. Es algo creado por la comunidad, de manera que ha de ser la comunidad la que lo valore.

¿Cuál diría que es el perfil del visitante de su web?
Aunque yo lo pensé para parejas jóvenes que disponían de coche pero no de casa, he podido que ver que además hay muchos otros tipos de usuarios. Por ejemplo parejas que se conocen una noche de fiesta, gente LGTB y gente que va a estos lugares en busca de otras personas del sexo que sea, con la idea de mantener relaciones sexuales sin compromiso.

El riesgo es uno de los factores por los que Mispicaderos resulta una web atractiva, pero ¿cuáles son las consecuencias de acudir a estos sitios y ser pillados en acción?
Actualmente no existe una legislación respecto a mantener relaciones sexuales. Lo que está estipulado como delito es el escándalo público. En cualquier caso, para eso es la web precisamente, ¡para evitar que te pillen! Siempre buscar otro lugar más tranquilo y escondido si no quieres ser pillado in fraganti.

¿Un consejo a la hora de acudir a un picadero?
El más importante: ¡puertas cerradas!
(En el blog de la web hay un artículo con 10 recomendaciones a tener en cuenta como controlar la franja horaria, llevar el móvil con batería o dejar las llaves en el contacto.)

Para terminar, el top tres lugares de Madrid según Mispicaderos.
Uno de los más famosos es el parking techado de El Pardo lugar de encuentro para tener relaciones sexuales sin compromiso.
Pero mejor que esto te pongo los mejor puntuados:
Enfrente de la depuradora (camino poco concurrido en Collado Villalba)
Casa abandonada Reajo del roble (pertenece a una urbanización de Collado Mediano)
Jardines del Calasanzio (calle Joaquín María López, en Madrid)

Estos lugares no los conozco, pero son los más valorados de la Comunidad de Madrid.
Ahora bien, yo buscaría siempre miradores, que con la excusa de llevar al chico/a a ver las vistas puedes aprovechar! Y además siempre van a ser lugares más bonitos…

Duquesa Doslabios.

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