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Que el fin del mundo nos pille cachondos

Esa fue la frase que me soltó una de mis amigas, cuando discutíamos sobre el ambiente que se respiraba en Madrid y Barcelona, ante un posible nuevo confinamiento.

SAVAGEXFENTY

“O bueno, más que cachondos, servidos”, especificó.

Ninguna de las dos tenía ninguna duda de que la atmósfera estaba cargada de tensión sexual. Y solo teníamos que meternos en nuestras redes para confirmarlo.

Una encuesta rápida entre mis seguidores nos dio la razón por partida doble. Las temperaturas habrán bajado en las calles, pero estamos muy calientes.

Y sí, tanto con pareja como sin ella. Puede que para la gente soltera, esto sea todavía más evidente. Quien se ha cambiado de ciudad, de trabajo, de piso, círculo de amigos y está en proceso de conocer gente, la distancia física resulta especialmente dura a la hora de tener citas de manera convencional.

Como si nunca se hubieran sentido tan solos como ahora, en realidad.

Aunque también a las relaciones de pareja -sobre todo si no conviven juntas- les afecta el fenómeno. Las fotos sugerentes, vídeos eróticos o conversaciones subidas de tono han aumentado.

Pero, ¿qué es lo que nos pasa? ¿Por qué esta revolución sexual, que pensábamos que se iría apagando en cuanto pudimos salir de casa, está en su punto más álgido?

Las restricciones, la ristra de medidas que siguen sin permitirnos movernos ni relacionarnos como antes, en definitiva, estar separados, nos lleva a tratar de buscar vías alternativas que nos acerquen.

Físicamente no es recomendable, pero podemos ‘tocarnos’ de forma digital. Conocernos, conquistarnos o incluso tener actividad sexual se da ahora a través de una pantalla.

De ahí que, ya que son los ojos los primeros receptores, nos dejemos de miramientos y vayamos a saco con contenidos explícitos.

Es decir, se ha dado un cambio. Hemos avanzado un paso en lo que era aceptable en cuanto a niveles de excitación (y en expresarlo). Estamos salidos y no tenemos problemas en demostrarlo.

Además, la facilidad que nos da internet de poder llegar a ese punto con cualquier persona, desconectarnos si perdemos interés o incluso bloquear si nos resulta demasiado, es imposible de lograr en la vida analógica con quedadas cara a cara.

Estamos más lanzados que antes porque tenemos todo el tiempo del mundo para darle vueltas a lo que nos estimula.

Hasta hace poco, nuestra vida era ir al trabajo, al gimnasio, esa escapada con las amigas, noche de discoteca o comida familiar multitudinaria los domingos.

Nuestros deseos latían bajo todas esas cosas, sí, pero en un segundo plano por el peso de la vida social. Y, ahora que no tenemos nada de eso, son los únicos protagonistas. Junto a mantener altas las reservas de papel higiénico, por supuesto.

Duquesa Doslabios.

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¿Es posible cultivar el apetito sexual? Sí y depende de ti

Qué cómoda sería la vida si el deseo sexual se mantuviera por sí solo. Si esa urgencia tan típica del comienzo, nos acompañara año tras año.

CALVIN KLEIN

Pero nada dura para siempre y el subido hormonal no es la excepción. Llega un punto en el que no se puede negar la realidad más evidente: hay momentos en que tenemos más deseo y otros en los que tenemos menos.

El trabajo, la quedada con esa amiga para tomar el café, que al llegar a casa hay que tender la lavadora o que el cansancio puede con todo son situaciones que desembocan en lo mismo, esa chispa ya no surge de forma espontánea, como antes.

Lo que no significa que nuestro destino sea una vida sin sexo. Al deseo hay que encontrarlo, azuzarlo y provocarlo hasta que salga a flor de piel.

Imagina que tienes una maceta con tierra de la mejor calidad. En ella colocas una semilla perfecta, fuerte, resistente y con todo el potencial de ser una de esas plantas de interior que aguantan todo (hasta mudanzas).

Al final, si no la riegas o se te olvida colocarla delante de la ventana, lo más probable es que termine secándose. Con el deseo pasa lo mismo.

(Y sí, es el mejor símil que he podido encontrar. Será que cuando volví de las vacaciones me encontré así a algunas de mis pequeñas hijas verdes.)

Vale que cultivar el deseo y cultivar una planta son tan parecidos un gel hidroalcohólico y la hipotenusa, no basta con echarnos agua -o a la pareja en su defecto- y confiar en que dé comienzo el espectáculo de pasión (o igual sí si os gusta ese rollo).

La clave está en dar con el estímulo erótico, que es algo tan amplio que parte de conocer un poco los gustos propios y los de la otra persona (porque sí, también podemos autocultivarnos el deseo).

Una película subida de tono, escribir un relato dando rienda suelta a la imaginación, un mensaje subido de texto en horas de trabajo (el móvil alejado del resto de compañeros), algo de baile o sorprender cumpliendo una fantasía pueden ser buenas formas de que el deseo despierte.

Lo mismo sucede con los momentos cariñosos, esos a los que tan poquito tiempo podemos dedicarles en el día a día. Y, por supuesto, no hay nada mejor para mantener alto el nivel de deseo que tener sexo con frecuencia.

Pero claro, si no tenemos deseo de sexo, no hay sexo y, a menos sexo, menos deseo de sexo. Al final, no es como comer o beber, tu cuerpo no va a lanzar una señal de que tienes hambre o sed.

Necesitas crearla tú.

Duquesa Doslabios.

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Cosas que hacer durante la cuarentena: encontrar tu gatillo y freno sexual

Si el catálogo de las plataformas de streaming ha dejado de parecerte interesante a estas alturas del aislamiento, es hora de encontrar otras actividades.

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Supongo que si fuera bloguera de estilo de vida, te recomendaría los ejercicios que puedes hacer con cualquier objeto de tu casa, pero como mi materia es el sexo, lo que te voy a proponer tiene que ver con trabajar otras zonas del cuerpo.

Personalmente, el aislamiento me está sirviendo para conocerme todavía más. Y unos conceptos en los que últimamente estoy pensando mucho son el gatillo y el freno sexual.

Sirven para lo mismo que te imaginas: uno despierta el deseo en segundos y el otro detiene las ganas.

Lo curioso es que estos dos elementos son únicos, ya que a cada persona le excitan o le cortan el rollo cosas muy diferentes, esas que te animo a descubrir aprovechando estos días.

Al final, puede ser algo como un gesto, un olor, una prenda de ropa… Por ejemplo, la mayoría coincidiremos en que dejarse los calcetines de lana puestos son un freno sexual, sin embargo hay quien puede encontrarlos excitantes (los woolies son los que sienten atracción por este tejido).

Pero, ¿por qué es importante dar con los tuyos propios? Porque puedes usarlos a tu favor.

Si tú y tu pareja sabéis que las camisas blancas mojadas, el sudor o el olor a cuero de algunos desodorantes son tus gatillos, que cualquiera de ellos entre en acción, va a encender el apetito por sí solo (una buena manera de caldear el ambiente para esos momentos en los que no se sabe muy bien cómo buscarlo).

Es el mismo caso con los frenos. Mejor evitar cortarse las uñas de los pies en la mesa del salón o usar el baño con la puerta abierta si sabemos que son obstáculos para la pasión de la otra persona.

Duquesa Doslabios.

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‘A las mujeres se les valora por su capacidad de resultar atractivas a los hombres, el resto suele ser secundario’

Ana Lombardía, psicóloga y sexóloga (la encontraréis en sexoenlapiel.com) tiene una visión muy clara no solo de la sexualización bajo la que vivimos, sino de lo que implica ser mujer en la era en la que el aspecto es la unidad de medida.

Partimos de que “La publicidad usa el sexo para vender casi todo”, una de sus primeras afirmaciones con la que es imposible no estar de acuerdo (¿alguien se ha olvidado ya del anuncio de champú en el que la actriz gemía de placer?).

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Siendo mujeres, esto nos pilla por completo. “Una mujer puede ser brillante, una gran profesional, tener unos valores formidables, etc pero lo que más destaca de ella es su atractivo físico. Muchas mujeres, cuando quieren que sea su trabajo lo que destaque, tienden a vestirse discretas o a ocultar los rasgos que consideran más atractivos de su aspecto”.

Pero, ¿cómo hemos llegado a este punto? ¿Por qué los hombres no viven tan sexualizados como nosotras? Ana me arroja luz sobre el asunto.

¿Por qué somos nosotras las más propensas a ser sexualizadas?
Por lo general, a los hombres se les valora por muchos de sus rasgos personales: carácter, profesión, valores, la confianza en sí mismo, dinero…. A las mujeres, muchas veces, por su capacidad de resultar atractivas a los hombres, el resto de rasgos suelen ser secundarios.

La figura de la mujer ha estado relegada, históricamente, a complacer las necesidades del hombre, aquellas domésticas y sexuales. Ese es uno de los motivos por los que en lo primero en lo que nos fijamos o destacamos es su atractivo físico. Da igual lo buena que sea una mujer en su trabajo, o en cualquier otro ámbito de su vida personal.

¿Crees que el cuerpo masculino está sexualizado de la misma manera?
El cuerpo masculino no está tan sexualizado como el femenino. A lo largo de la historia se ha erotizado el cuerpo de la mujer de dos modos: prohibiendo y adornando. Se ha prohibido que se vea el pelo, los tobillos, las rodillas, los hombros… Nos adornamos con pulseras, collares, telas de colores, nos teñimos el pelo, nos pintamos los ojos o los labios. Con el cuerpo masculino no se ha seguido el mismo proceso.

De los hombres se erotizan otras cosas: su profesión, su capacidad de liderazgo, su nivel ecónomico, incluso su nivel intelectual. El físico también es importante, pero ni muchísimo menos igual que en las mujeres. Por ejemplo, si pensamos en actores o cantantes famososo masculinos, podemos encontrar numerosos casos de hombres muy poco agraciados físicamente pero tremendamente atractivos y erotizados por su talento, su carisma, su personalidad…

Si nos fijamos en el ejemplo de los striptease, es también muy claro. Las mujeres se visten para esos espectáculos resaltando su cuerpo, mostrando zonas erógenas, con grandes tacones y muy maquilladas. Los hombres, en cambio, suelen disfrazarse ¡con profesiones! El policía, el bombero, el médico…

¿Dirías que socialmente la sexualización masculina se limita al pene?
La principal zona erógena del hombre es el pene. Es la parte del cuerpo que más se ha erotizado, la que hemos aprendido a estimular y las más utilizada a la hora de conseguir un orgasmo. Por ello, es también la zona del cuerpo masculino a la que más atención dedicamos en los encuentros sexuales. Igualmente, cuando se habla del atractivo de un hombre, se suele hacer referencia al tamaño de su pene. A mayor tamaño, mayor atractivo se le suele conceder. Incluso, a un pene grande se asocian (erróneamente) otra serie de atributos, como capacidad para ser buen amante, fortaleza, liderazgo, carácter fuerte, etc.

¿Cómo se consigue escapar de esa sexualización impuesta? ¿Por dónde empezamos?
Lo primero es hacer consciente esa sexualización, enumerar los distintos factores que la componen y empezar a abordarlos uno a uno. Cada uno de nosotros somos más susceptibles a unos o a otros, por lo que será un proceso muy individual. Podremos abordar las ideas preconcebidas que tenemos acerca del atractivo físico de las personas, qué características de personalidad les atribuimos por ello, qué tipo de personas escogemos como parejas, qué importancia le damos a nuestro propio atractivo físico, cómo nos valoramos según lo sexualizados/as que nos vea la sociedad o nuestro entorno cercano…

¿Algún consejo para sexualizar otras zonas del cuerpo más allá del pene en el caso de los hombres?
Se puede erotizar otras partes del cuerpo, y no limitarse al pene para obtener placer sexual. Existen otras zonas del cuerpo que tienen gran cantidad de terminaciones nerviosas y que pueden ser muy erógenas: los pezones, el cuello, las orejas, las ingles, los testículos, el ano, la zona perinal… Podemos jugar a descubrirlos utilizando, por ejemplo,un aceite de masaje o un gel lubricante. Funciona muy bien jugar a “prohibir” estimular el pene y, de este modo, descubrir el resto del cuerpo.

Duquesa Doslabios.

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De ‘te va a ceder la vagina’ a ‘pierdes sensibilidad’, desmontamos mitos de los juguetes sexuales

De pequeña iba a un colegio de monjas y la masturbación estaba prohibida con una ristra de padrenuestros y avemarías. Que si te puedes quedar ciega, te van a salir granos…

BIJOUX INDISCRETS/GTRES

Cualquier historia de terror relacionada con el autoplacer era suficiente para hacer que mi mano se lo pensara dos veces antes de bajar a las profundidades de mis bragas.

Por suerte, la curiosidad y un despertar sexual adolescente le ganaron la batalla a los discursos fantasiosos.

Años después encuentro que tocarse, descubrirse y dedicarse a la buena labor de la búsqueda del placer femenino sigue estando rodeada de mitos, como si la vagina fuera una reliquia egipcia recién descubierta.

Afortunadamente, cuento con la ayuda de Ana Lombardía, psicóloga y sexóloga (podéis encontrarla en la web Sexo en la piel) para desmentir las historias que circulan.

En su opinión, el placer femenino siempre ha sido un tabú. “Hasta hace relativamente poco tiempo, el placer de la mujer ni siquiera existía”, dice Ana.

“El hecho de que ahora no solo tengamos placer, sino que además usemos juguetes para estimularnos y que seamos dueñas de nuestra excitación y de nuestros orgasmos, resulta revolucionario e, incluso, amenazador para algunos sectores de la población”, afirma la psicóloga.

¿Nuestras armas para luchar contra la desinformación? “La educación. Informar a la población, educar sobre el placer y naturalizar la sexualidad son las mejores herramientas con las que contamos para que, de una vez por todas, la sexualidad de la mujer deje de ser un tabú“, declara antes de desmentir algunas de las leyendas más extendidas.

Si usas vibradores te va a ceder la vagina y no vas a sentir a tu pareja
“El usar juguetes eróticos, aunque sean dildos (juguetes con forma cilíndrica/fálica para introducir en la vagina), no significa, ni mucho menos, que la vagina te vaya a dar de si. La vagina es elástica y se adapta al tamaño del objeto que le introduzcamos; al sacarlo, la vagina vuelve a su tamaño original”, declara Ana.

La vibración puede hacer que la vagina pierda sensibilidad
“Uno de los riesgos que tiene el uso de los vibradores es que, si te acostumbras a usarlos de manera frecuente para masturbarte, puedes habituarte a su uso. Los vibradores ofrecen una estimulación muy potente de los genitales; tanto, que ni tus manos, las de tu pareja o una boca pueden alcanzar”, afirma la psicóloga y sexóloga. “Si te acostumbras a la potencia de la vibración, en algunos casos, la estimulación sin ellos se te puede quedar corta y, por tanto, tener dificultades para excitarte y/o llegar al orgasmo”. ¿La solución? Al alcance de la mano literalmente. “Es importante intercalar el uso de los vibradores con la estimulación manual. Masturbarse usando los dedos y las manos, ya sean los propios o los de la pareja, al menos con la misma regularidad con la que lo hacemos con los vibradores. De ese modo, combatimos la habituación y no nos olvidamos de disfrutar del contacto de la piel”, dice Ana.

Usar juguetes sexuales en privado hará que pierdas el deseo sexual con tu pareja
“No tiene por qué hacer que se pierda el deseo sexual hacia la pareja. Mantener una vida sexual activa y satisfactoria de forma individual es muy saludable y puede, incluso, hacer que nuestro deseo sexual aumente. Este aumento del deseo sexual puede ser tanto de forma general, como el deseo hacia nuestra pareja”, afirma Ana. “Las únicas veces en las que el deseo sexual hacia la pareja puede disminuir por el uso de juguetes eróticos es si nos habituamos a su uso, y luego tenemos dificultades para excitarnos o llegar al orgasmo sin ellos. Esto puede hacer que los encuentros sexuales en pareja no sean tan satisfactorios y, por tanto, no sintamos tanto deseo no tanto hacia nuestra pareja, sino hacia el sexo sin vibradores”.

Los juguetes sexuales son para pervertidas que no tienen una vida sexual plena
“Usarlos no significa que tengamos alguna carencia en nuestra vida sexual ¡ni mucho menos! Está extendido el mito que los juguetes se usan si ‘te falta algo’ en tu vida sexual de pareja. Nada más alejado de la realidad. El uso de juguetes eróticos no es más que un complemento a la vida sexual, ya sea a solas o en pareja. Es más, el hecho de usar juguetería erótica puede contribuir a que tengamos una vida sexual más plena y rica”, declara la psicóloga y sexóloga.

Un vibrador no tiene cabida en un coito
“Los vibradores y el resto de juguetes eróticos tienen cabida en todas las prácticas sexuales. En el caso concreto del coito, podemos usar un vibrador para estimular el clítoris mientras el pene está dentro de la vagina”, confirma Ana. Sin embargo, no es el único complemento que resalta. “También existe un tipo de juguete erótico que está pensado exclusivamente para usar durante la penetración: este juguete estimula el clítoris y, además, tiene un extremo que se introduce en la vagina a la vez que el pene, aumentando la presión que ejerce la vagina sobre este”.

Duquesa Doslabios.

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Audios sexuales, la tendencia que tienes que probar antes de que acabe 2019

Si algo he empezado a notar en 2019 es que la crisis del porno ha dado comienzo.

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Entre que representa una sexualidad muy limitada, la estructura y estimulación es la misma, los protagonistas siguen los mismos cánones estéticos -entre ellos depilaciones extremas e implantes en todas partes- y que es un producto dirigido para un sector muy concreto de la población (sí, hombres, hablo de vosotros), las alternativas a la que era la reina del erotismo por excelencia crecen como la espuma.

Hace unos meses ya os hablé de Quinn, un proyecto erótico alternativo que buscaba alejarse de las películas X o incluso de los cómics sexuales, aunque al final siguieran la línea marcada por el porno.

Así que como la sexualidad nos está invitando a alejarnos un poco del concepto ojo-mano, antes de que termine el año, quiero lanzar una nueva sugerencia y convencerte de que pruebes algo diferente.

Puede que te suenen familiares los mensajes de texto subidos de tono -que se lo digan al emoticono del melocotón o de la llama de fuego-, o incluso las videollamadas que terminaban con ropa por el suelo (Skype, gracias por tantos buenos momentos).

Mi reto es convencerte de que pruebes el que quiere ser el nuevo canal aliado del erotismo, el mensaje auditivo. Si hasta ahora los usabas simplemente para contarle a tu amiga de turno lo que pasó después de que se fuera a casa o para responderle a tu padre el mensaje de cómo reiniciar el router, te recomiendo que pruebes esta utilidad.

Y es que los audios eróticos consiguen alejarse del estímulo visual. Y, como bien dicen los expertos en materia, nuestro mayor órgano sexual es el cerebro. También lo bueno de tirar de imaginación es que no hay comparación con otros cuerpos. Se trata de pornografía personalizada y hecha a medida.

Pero, ¿cómo llevarla a cabo? Busca el momento y el lugar, el baño de la oficina o el Paseo de la Castellana a las cinco de la tarde no son las mejores situaciones para hacerlo. Relájate, respira, pon tu voz más insinuante y habla.

Sin prisa, con un ritmo agitado, con descripciones o con sonidos entrecortados.

Puedes narrar lo que te gustaría que te hicieran, una historia inventada de otras personas, una descripción exhaustiva de lo que llevas puesto (o no) e incluso empezar a tocarte, grabando solo tu respiración acelerada y tu orgasmo.

No solo consigues que la otra persona disfrute del factor sorpresa, preparas el terreno y varías en tu rutina sexual. Te garantizo que, desde ese momento, esperarás los audios con mucha más expectación.

Eso sí, asegúrate de que se lo estás mandando a la persona correcta. Tu tía no tiene por qué oírte describir esa fantasía sexual que merece una calificación por edades de ‘+18’ cuando solo te preguntó si ibas a su fiesta de cumpleaños del fin de semana.

Duquesa Doslabios.

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Trucos para sorprender a tu pareja o cuando salí desnuda vestida solamente con un abrigo

La fantasía de imaginar a otra persona desnuda en un contexto que se aleja totalmente del ámbito sexual, es algo que siempre ha tenido un puntillo (o más bien un puntazo) para mí.

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Supongo que ese fue el motivo que me llevó a querer probar la experiencia de ir vestida únicamente con un abrigo para dar la sorpresa de lo que llevaba, en este caso no llevaba, por debajo.

Aunque la imagen del hombre enfundado en una gabardina haciendo exhibicionismo es algo que también forma parte de mi imaginario colectivo, he tenido la suerte de no haber vivido una experiencia del estilo, por lo que afrontaba el reto con bastante ilusión.

Aprovechando que era invierno, y que los abrigos de largo 3/4 abundan en mi armario, opté por llevar uno de ellos a modo de vestido. Quizás si volviera a repetir ahora prefiriera uno más fino o tipo gabardina de entretiempo teniendo en cuenta que no hace tanto frío.

Pero como en aquel momento las temperaturas eran bastante bajas, agradecí el chaquetón largo.

Con una prenda de esas características, resulta bastante sencillo pasar una desnudez desapercibida, ya que podría parecer fácilmente que tapa una falda o vestido que se encuentra por debajo.

Si el nivel de máximo atrevimiento es ir con el abrigo a pelo, yo me quedé un par de escalones por debajo dejando que fuera la ropa interior (un conjunto especialmente seleccionado para la ocasión), la que hiciera de intermediaria entre la piel y el abrigo.

Recuerdo que, también, fue otro elemento clave ponerme medias altas de las que se pueden sujetar con ligas. Al rematar mi estilismo con unos taconazos, nadie podría sospechar que iba desnuda por debajo. Lo mismo parecía que iba a una cena que a una noche de chicas o a un plan de fiesta.

Para mí era un factor clave el hecho de que fueran a buscarme a casa en coche. Cuando vas en tanga por debajo del abrigo no es que te apetezca especialmente ir en transporte público arriesgándote a coger una infección urinaria. Tampoco es que sea muy aconsejable ir por la calle cogiendo frío.

Digamos que el plan de abrigo y conjunto lencero es perfecto para trayectos cortos y seguros en los que no corres el riesgo de toparte con una pareja amiga que insiste en ir a tomarse unas cañas al bar de al lado en el que hace tanto calor que resultará sospechoso el hecho de que te abraces a tu abrigo como si tuvieras un problema de tiroides que te hace sentir frío.

Pero si el plan es ir del coche a casa (o a la habitación del hotel), entonces es perfecto.

Aunque puedes esperar al momento de estar en privado para revelar el misterio de tu look, en mi caso no pude contenerme y di un pequeño adelanto abriendo el abrigo ligeramente, algo que, además de disparar el deseo, puede resolver rápidamente las dudas de por qué es mejor que vayáis a casa en vez de pasar por el restaurante donde están sus compañeros de trabajo para saludar.

Recuerda, también, que al igual que has salido de casa así vestida, tendrás que volver en algún momento. Y una vez pasada la magia y la emoción del impacto, igual no te apetece mucho volver la fría mañana del domingo medio desnuda.

¿El consejo de la Duquesa? Lleva un vestidito plegado en el bolso. A malas, una camisa o camiseta XL de su armario puede hacerte también el apaño. Y el lado bueno es que te llevas una prenda suya para oler mientras estáis separados (vosotras también lo hacéis, no nos engañemos a estas alturas).

Con el fin de semana tan cerca, ¿te atreves a probarlo?

Duquesa Doslabios.

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Mujeres ‘millennials’: doble de sexo, mitad de orgasmos

Como millennial estoy un poco cansada de la generación que me ha tocado. Somos los mejor formados pero con peor futuro, los que empezamos a padecer depresiones sin llegar a los 30 por la situación económica, los que no podemos irnos de casa por el precio de los alquileres y, encima, los que tenemos menos sexo que nuestros padres.

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En la carrera de fondo por seguir descubriendo los hábitos de la generación Y, un nuevo estudio arroja más luz sobre nuestras costumbres sexuales. Ahora resulta que no, que no follamos menos. De hecho, tenemos el doble de sexo que nuestros mayores, sí. Pero si analizamos a las mujeres que llegan al clímax, en vez de multiplicarse, se dividen, dejándonos como resultado la mitad de orgasmos que aquellas que nos sacan 20 años.

El estudio realizado por Lovehoney, empresa de juguetes sexuales, lo descubrió analizando las conductas de las mujeres participantes menores de 25 años.

Aunque la mayoría contestaron que tienen sexo más de dos veces por semana, solo una tercera parte de ellas tenía un orgasmo con su pareja, una situación que se da en el más del 63% de los casos de aquellas mujeres que superan los 45.

Y vale que el orgasmo no lo es todo, que hay muchos matices en una experiencia sexual, pero cuando es algo que solo nos afecta a nosotras, ¿no deberíamos darle más importancia a la brecha orgásmica?

El desconocimiento es algo que he comentado en este blog a menudo. Tenemos más información que nunca pero no sabemos ni por dónde empezar a utilizarla. Si ni nosotras mismas sabemos lo que nos gusta, en pareja se nos antoja más imposible todavía.

Por otro lado, la presión de convertirnos en contorsionistas, de cumplir las expectativas que el porno hace recaer en los encuentros sexuales o incluso las distracciones constantes como el móvil, porque realmente queremos ver de quién nos ha llegado la notificación, son factores que juegan en nuestra contra.

Aunque, para mí, la respuesta del problema la encontró también el mismo estudio. Mientras que la mayoría de las mujeres menores de 25 entrevistadas dijeron que, para ellas, la importancia del sexo era pasar un buen rato, o incluso conseguir un subidón de autoestima, en el grupo de edad de los 40, el valor era diferente.

Para quienes nos sacan más de dos décadas, lo importante no es el momento de diversión o el chute de confianza, sino la conexión emocional. Si tenemos en cuenta que el cerebro es el órgano sexual más potente del cuerpo, es el lugar del que deriva el deseo sexual, es precisamente un elemento fundamental para que el sexo se disfrute plenamente (y hasta el final).

Por supuesto que un revolcón para escapar del estrés de nuestro estilo de vida, distraerse o pasar una noche divertida puede seguir formando parte de nuestra rutina. Pero, y por mucho que sea una frase hecha, quiero volver a recordar que, aunque un partido sea entretenido, lo importante no es estar constantemente cambiando de jugadores, sino que, los que jueguen, marquen gol.

Duquesa Doslabios.

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¿Ha muerto el sexo telefónico?

¿Os acordáis del sexo telefónico? Bueno, pues yo no. Me he dado cuenta de que todo lo que sé sobre sexo a través del aparato (el aparato del teléfono, ya me entendéis) lo he visto en películas o en series antiguas. Y con antiguas quiero decir de 1990.

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Pero ni yo, ni la mayoría de las personas de mi círculo cercano, todos millennials de principios de los 90, habíamos probado a tener sexo a través del auricular. De hecho, lo más excitada que me he sentido hablando por teléfono fue una vez que mi pareja me llama decirme que ya había cogido las pizzas.

¿Significa entonces que el sexo por teléfono ha muerto?

Puede que me digáis, quienes sí lo conozcáis de oídas, por aquello de que el estímulo es auditivo, que no me pierdo nada, que ha evolucionado, que ahora tenemos más opciones para poner en práctica nuestras perversiones sin necesidad de estar pegados.

En mi caso, habiendo tenido una relación a distancia, estoy familiarizada con las formas de crear intimidad a través de un ordenador, sin embargo he de admitir que el sexo telefónico 2.0 me parece de todo menos excitante.

Lo de ver a la otra persona desnuda en una especie de chat sexual cutre de mala calidad que me recuerda a los vídeos de publicidad, que aparecen como pantallas emergentes, no termina de ponerme.

La velocidad de la conexión, verte también a ti misma en la pequeña pantalla haciendo cosas que te hacen pensar que pareces totalmente ridícula o el miedo de que te oigan los compañeros de piso, son cosas que enfrían un poco el momento. Y no es que mejore con auriculares, menos todavía si tiendes a ser torpe por naturaleza.

Quizás se podría hablar del sexting como sustitutivo, que viene de unir las palabras “sex” y texting” refiriéndose a mandar mensajes de carácter sexual, pero la forma de utilizar el móvil para excitar a alguien tampoco me parece la más efectiva.

Desde que los móviles tienen cámara, el sexting que predomina es el del envío de imágenes. De hecho, si te paras a pensarlo, ¿cuántas exparejas tuyas tienen fotos comprometidas de ti? Yo he hecho las cuentas, son varias.

Llega un momento en el que las fotos se intercambian sin más, simplemente como aliciente visual. Y claro que a nadie le amarga un dulce, especialmente si llega en un momento inesperado en plena clase de Bioquímica o en una jornada dura de oficina, pero a mí, como buena amante de las letras, se me queda cojo.

Si me dais a elegir, me quedo sin duda con el sexting redactado. Ese que no precisa casi de emoticonos pero que, de insinuante, resulta tan potente como una buena copa de vino rosado (o del afrodisíaco que se os venga a la cabeza en vuestro caso).

El sexting vía mensaje juega con el juguete sexual más potente que tiene el ser humano, la imaginación. Precisamente el mismo principio que estimula el sexo telefónico. Excitarse viendo una imagen es tan sencillo que la pornografía ha hecho de ello un negocio, pero ¿qué hay de la dificultad, el morbo y el reto que supone conducir a alguien al orgasmo jugando con sus fantasías únicamente a través de la voz? ¿No os parece un buen motivo como para recuperarlo?

Duquesa Doslabios.

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Hombres mayores con mujeres jóvenes, ¿qué es lo que realmente les gusta?

Ayer salí a pasear por un parque que tengo cerca de casa. En un banco tres señores de unos 70 años charlaban tan animadamente que cualquiera diría que habían puesto el Corega de oferta en el supermercado. Pero no, no hablaban de adhesivos de prótesis sino de lo hartos que se encontraban de “la parienta”, palabras textuales.

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Uno de ellos hablaba sobre que ella siempre llevaba un diente manchado de pintalabios y que estaba hasta las narices de la visión de ese incisivo. Otro comentaba que solo quería perderla de vista y cambiarla por una de 20.

Por una de 20. Los mismos años que mencionan algunos de mis lectores hasta la saciedad repitiendo que las mujeres, a partir de cierta edad, carecemos de todo tipo de interés. Que tenemos “las tetas por el suelo“, el “culo carpeta”, la vagina “cedida y con olor a pescado” son algunas perlas que me ha tocado leer.

Y yo, que estoy aún en la veintena y he salido con hombres más mayores, tengo una opinión diferente al respecto. Curiosamente, uno de los atractivos que parecemos tener quienes nos encontramos todavía en esta década, es que somos vistas como criaturas dóciles y fácilmente impresionables.

Me ha tocado encontrarme con hombres que, lo que más parecían disfrutar de mi presencia, es que cualquier cosa que yo dijera era más motivo de gracia que de debate, considerándose todo el rato “por la edad” poseedores absolutos de la verdad.

Reafirmación o llevar siempre la razón, cosas que vienen a ser en definitiva una manera de sentir que es el hombre quien ostenta el poder, son para ellos un gran aliciente en vez de estar con alguien que suponga una fuente de conflicto o un reto. Estando en la universidad, y al ser él más mayor, siempre parecen disfrutar de manera especial el hecho de que puedas pasar la noche en su piso si aún vives con tus padres, piso donde él vive solo.

Para mí, el resumen de la situación es el siguiente: “Lo que le gusta a un hombre de 50 no es que la de 25 tenga el cuerpo más firme sino que sus opiniones suelen ser menos firmes“, afirmaba el jueves Zoe Williams en su columna de The Guardian.

No digo que no haya un factor de atractivo sexual en juego cuando se sienten atraídos por una mujer más joven (y eh, despertad, vosotros a partir de cierta edad, con el culo caído, pelos en la espalda y en las orejas y la tripa cervecera, tampoco es que estéis muy seductores), pero por experiencia, me atrevo a decir que no es lo único que les interesa a quienes buscan compañías de menor edad.

Las películas y las canciones, además, son dos grandes defensoras de esto, ya que repiten en muchos de sus mensajes cómo el tándem hombre mayor-mujer joven es una idea estupenda (herramientas de un sistema patriarcal cuyo objetivo sigue siendo que tengan los hombres el poder, recordemos).

WIKIMEDIA

Cary Grant tenía 15 años más que Audrey Hepburn en Charada, Edward Cullen superaba en cientos de años a Bella Swan y Christian Grey también era más mayor que Anastasia Steele. ¡Si hasta en los peores blockbusters como El Código Da Vinci nos lo encontramos! La dulce niña Carolina no tiene edad para hacer el amor, pero bien que le cantaban la canción los de MClan para ver si colaba.

En cambio, cuando se da el caso contrario, es un escándalo de proporciones inmensurables, socialmente está mal visto. Que se lo digan a Brigitte Macron o a Heidi Klum que le sacan 20 años a sus parejas y que son carne de meme día sí y día también. Pero tiene que ser visto así ya que forma parte del sistema en el que nos encontramos, una estructura donde son los hombres quienes tienen los privilegios y nosotras, las mujeres, las que los facilitamos.

Puede que hace cientos de años con el alto índice de mortalidad en el parto tuviera sentido volver a contraer matrimonio con una persona más joven para seguir teniendo descendencia. Pero, ¿vamos a dejar que siglos después, en un planeta superpoblado en el que tener hijos ya no es en muchos casos, una prioridad, sigan vendiéndonos la moto de lo maravilloso que es un hombre mayor con una mujer joven y lo antinatural que es que se dé el caso contrario?

Por mucho que se diga, que a las mujeres nos gustan mayores, de esos que llaman señores, yo no me lo creo. Quizás en la veintena, en una etapa concreta de nuestra vida, nos sintamos atraídas en algún momento por la idea de independencia y experiencias que puede tener alguien que nos dobla la edad o simplemente por una cuestión de curiosidad.

Pero, ¿sentiríamos lo mismo al cruzar la barrera de los 30 cuando ya nos estamos enfrentando a jornadas laborales interminables, responsabilidades como alquileres o simplemente hacer un trámite a la Tesorería de la Seguridad Social? ¿Sería igual de emocionante?

Tengo claro que, al menos en mi caso no, desde luego, aunque para ellos estoy segura de que seguiría siéndolo. Dudo que un hombre mayor nos impresionara de la misma manera (a no ser que sea una persona realmente extraordinaria).

Ah, y al del diente, no vayas tanto por la espalda y dile a tu mujer que tiene pintalabios en el incisivo, no seas mezquino.

Duquesa Doslabios.

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