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Algunas de las cosas que nunca nos han enseñado sobre sexo

Recuerdo cuando me crucé al chico con el que tuve mi primera experiencia sexual con penetración (lo que comúnmente se llama «perder la virginidad»), años después del momento.

Nos cruzamos en el gimnasio, soltamos un «Ey» y cada uno siguió a lo suyo.

Habían pasado más de 10 años desde aquel momento, pero no podía afectarnos menos haber vuelto a coincidir.

mujer masturbación

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Cada uno tenía su vida y nos habíamos perdido la pista. Nada nos unía más allá de aquella tarde donde cada uno descubrió la realidad detrás de un coito.

Como buena exalumna de colegio de monjas, la moral de esperar hasta tener un novio serio, alguien por quien hubieran aflorado sentimientos, fue lo que me animó a esperar.

Cualquiera habría pensado que, dándole tanta importancia a ese momento, la persona quedaría grabada de una manera especial y siempre la recordaría con cariño.

Pero no, nos vimos y nos quedamos igual. Fue una casualidad sin más.

Pensando en ese momento, me ha dado por repasar qué otras cosas no nos enseñan sobre el sexo además de que, la persona con quien tuviste tu primer o primeros encuentros, no va a ser nada para ti, más que seguramente.

Por ejemplo, el hecho de que el sexo es algo que surge, irrefrenable y salvaje, que nunca lo tienes que buscar y que, si tienes que hacerlo, es mala señal.

Cuando la realidad es que al igual que hay veces que tienes que currarte las ganas de ir a entrenar o de cocinarte un risotto, con esto pasa igual.

No siempre pasa y punto, a veces tienes que buscar el deseo y hacerlo crecer hasta que llega el momento en que rueda solo y te explota en la mano o en la lengua.

Nadie nos cuenta que no hay una media estándar, ni de duración ni de frecuencia. Que eso de la cantidad ideal de polvos a la semana o los minutos que debe durar un intercambio satisfactorio (5,4 minutos según el estudio de Journal of Sexual Magazine) es muy relativo.

Es más, no nos podemos ni imaginar que casi vamos a pasar más tiempo hablando de sexo que teniéndolo. Estableciendo qué sí, que no vale.

Y entender que, a diferencia de lo que enseñan las películas, no siempre tienes un orgasmo. Y que si no lo tienes no pasa nada.

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Lo que seguramente sí tengas sea dolor de rodillas. Da igual qué postura estés haciendo.

Al cabo de un rato es incómodo de la misma manera que corta un poco el rollo cambiar de posición mientras comentas como si construyeras un Lego, que a ver cómo os acopláis ahora.

Aunque quizás lo que menos nos enseñan y más nos sorprende es lo mucho que puede ser el clítoris de delicado.

Sí, es posible que la mayoría seamos conscientes de la sensibilidad de la zona, pero no hasta qué punto.

Puedes llegar a tener agujetas de estimularlo, hay juguetes cuya vibración produce incomodidad y, si tienes las uñas un milímetro de más larga y lo mueves sin cuidar el ángulo del dedo, estarás un par de días con la zona escociéndote sin poder usarla.

Mara Mariño

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El truco para mejorar tu vida sexual que no esperabas es… beber agua

Durante estas últimas semanas, he recibido varios mensajes de «¿Qué le puedo regalar a mi pareja?».

Porque, para los que nunca sabemos qué comprar, no solo es una solución al problema, sino algo con lo que vamos a acertar.

Y de hecho, en este artículo te daba unos consejos acerca de cómo hacerlo.

pareja ducha

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No te digo que no vayas a la tienda si ya habías fichado el próximo integrante de vuestra colección íntima.

Pero sí creo que a veces se nos olvida que en el sexo, cuanto más sencillo, mejor.

Si digo esto es porque cosas cotidianas que tenemos por casa, como un cinturón, una corbata, una espátula de la cocina (y otros objetos cotidianos que no te imaginarías) solo dependen de la imaginación para añadirse a cualquier encuentro sexual.

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Y el último que he descubierto, que también tenemos en casa, y al que no le damos mucha importancia, forma parte de este grupo.

El agua.

Cuando estudiamos en Biología que el ser humano está formado en un 65% de agua, no somos muy conscientes de cómo esto afecta al sexo (ni tampoco nadie nos lo explica).

Pero lo cierto es que, hay ocasiones en las que la falta de ganas, que cueste llegar al orgasmo o simplemente el sabor de los fluidos, pueden verse afectados porque no estamos bebiendo lo bastante a lo largo del día.

Para empezar, y lo más obvio, a más agua, más mojado. Las glándulas de Bartolino, que son las encargadas de humedecer tanto los labios menores como la vulva, producen ese líquido.

A la hora de besar pasa lo mismo. Siendo una de las prácticas que más nos hace conectar con el erotismo -y con respuesta en los genitales- si la boca está seca, la experiencia no será igual.

En el momento que el cuerpo no tiene suficiente agua, esta se destina a las funciones vitales y las glándulas quedan abandonadas a su suerte haciendo que, por mucho que te estén estimulando, sigas con la entrepierna más deshidratada que un vaso de talco.

Beber agua hace que sea más fácil llegar al orgasmo, porque ayuda a que el oxígeno llegue mejor a los órganos sexuales. Si quieres unos genitales turgentes -qué palabra tan terrible-, la clave está en mantenerse bien hidratado para que haya una buena vasodilatación.

El agua funciona a modo de vía conductora de las neuronas, que son las que mandan los estímulos. Una falta de hidratación, nos convierte en menos sensibles (lo cual es una buena excusa si alguna vez tu amiga te acusa de tener poco tanto).

Por último, le pasa también factura al deseo, ya que un alto nivel de agua hace que el organismo desempeñe la función de secretar hormonas -que son las que aumentan la libido– de manera correcta.

De manera que el agua también nos hace sentir más ganas de tener sexo.

Así que como conclusión, ir bebiendo a lo largo del día es el afrodisíaco que realmente necesitabas (y un vaso después de terminar, ya que estamos para recuperar el agua perdida en el calor).

Mara Mariño

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Sí, las mujeres aún arrastramos la culpa de tener una vida sexual activa

Hace poco reflexionaba sobre el término «ninfómana», que se suele usar para definir a una mujer con un alto deseo sexual.

En cambio, la palabra «ninfómano» apenas se utiliza.

Quizás porque se da por supuesto que, el estado natural de cualquier hombre es ese, con la libido por las nubes todo el día.

culpabilidad mujer

SAVAGE X FENTY

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Pero, ¿qué es esto sino la manera de seguir promoviendo una serie de estereotipos que poco o nada se corresponden con la realidad, a través de las palabras que utilizamos?

Por un lado, que no haya un «ninfómano», alimenta la falsa idea de que ellos siempre están dispuestos.

Con las ganas a punto y la erección preparada al roce de una caricia o un beso en los labios.

Y muestra al que no responde de manera inmediata a los estímulos, o simplemente quiere tomarse sus tiempos, como alguien raro.

Incluso aparece la duda de si es que no le gusto lo suficiente o si será asexual.

En cambio, cuando se trata de la «ninfómana» es habitual referirse a quien vive su deseo a secas, la que tiene la osadía de disfrutar del sexo.

La que es dueña de su placer y lo persigue.

Pero también la que habla de él sin tapujos, una razón por la que sexólogas, periodistas o escritoras de novelas eróticas recibimos el sustantivo (y el acoso).

No es quien tiene, según la definición exacta, un «deseo excesivo» (que habría que ver qué es excesivo y que no), sino quien lo tiene.

Nos han hecho creer que una ninfómana es una mujer cuya libido existe.

Y, además, que está mal visto que la tenga.

Cuando el peso de ser pura, casta y buena todavía nos pesa a las espaldas cuando ciertos coaches del amor proclaman que nuestro bodycount no debe ser mayor que los dedos de una mano.

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Lo que significa que también es un privilegio masculino tener y darle rienda suelta a ese deseo sin que les suponga algo negativo, un prejuicio.

A nosotras, en cambio, a falta de privilegio, nos queda la culpabilidad.

Sentirnos culpables de tener deseo, culpables de querer satisfacerlo, culpables por tener sexo sin esperar una relación o emociones al terminar.

Culpables por disfrutarnos cuando la culpa es todo lo contrario al placer.

Porque es pensar en vez de sentir, es agobiarse en vez de relajarse y es cortarse las alas, quitarse la libertad de vivir, aun sabiendo que no es por decisión una misma, sino por lo que puedan pensar los demás.

Así que la próxima vez que sintamos culpa, debemos quitárnosla de encima recordando que no va a llevarnos al orgasmo. Y que debemos perder el miedo de hacer lo que nos sienta tan bien.

Mara Mariño

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7 fantasías eróticas fáciles de imaginar y de cumplir (si no tienes ninguna)

A día de hoy me sigo sorprendiendo cuando pregunto a mis amigas que cuáles son sus fantasías, las hay que me dicen que no tienen ninguna.

¿Cómo no vas a tener ninguna? Te estás perdiendo la mitad de la diversión que es montarte la película en tu cabeza.

mujeres cama fantasía

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Y es que las fantasías son una manera sanísima de vivir tu sexualidad. Además ni hace falta que sean algo que cumplas, basta con que alimentes tu imaginario erótico

Entre sus beneficios está que te sirven para expresar tus deseos sexuales (y por tanto conocerte más en profundidad).

Al imaginar algo que te estimula, se aumenta tu excitación sexual individual -y también en pareja si haces partícipe a otra persona-.

Y, por último, son una forma estupenda de tener diversidad y evadirte de tu vida (que tire la primera piedra quien nunca se haya imaginado a una celebridad entre sus piernas).

Entonces hoy quería escribir pensando en esas amigas, y compartirles además algunas fantasías muy comunes -por lo que me han contestado mis seguidores de Instagram-, para que ahora sí tengan una lista:

  • Sexo con una tercera persona implicada: se puede empezar con la fantasía de darse unos besos o acariciarse por encima de la ropa. Al ser la monogamia el régimen relacional más popular, que haya alguien más en la ecuación hace que sea interesante por la novedad.
  • Hacerlo en el trabajo con un compañero o compañera: trabajamos 8 horas al día, ¿cómo no vamos a fantasear con que pase algo en la oficina? Si decides ponerlo en práctica, dicen que los baños del almacén son los menos frecuentados…
  • Grabarse en vídeo: cuando te acostumbras a ver tu cuerpo desde el mismo ángulo, es el momento de cambiarlo. Eso sí, luego bórralo que la nube es muy traicionera. Y de paso, léete este artículo con algunos consejos para que a experiencia sea de cine (tenía que hacer el chiste).
  • Hacerlo con una persona de ideología contraria a la propia: ¿que por qué resulta esto excitante? Ni idea, pero en las respuestas encontré desde «me encantaría montármelo con un facha» a «les pasa lo mismo, fantasean con perroflautas». Igual en política no vamos a ponernos de acuerdo, pero si esas chispas saltan a la cama, suena a que puede ser intenso.
  • En un spa: la excusa de un plan relajante e íntimo pone a tono a cualquiera cuando ves a la otra persona medio desnuda. Algo tiene la sauna que te hace querer sudar (todavía) más. Y el morbo de que puedan descubrirte solo hace que la experiencia resulte aún más sexy.
  • Con tu crush del gimnasio: tener a una persona que te encanta físicamente es el primer requisito cuando empiezas a acudir con asiduidad al gimnasio (y una buena razón para no perder el ritmo de asistencia). Que físicamente te atraiga sin haber pronunciado una sola palabra demuestra que es ‘Fantasy material’, perfecto para montarte la ficción mental de que algo pasa en las duchas.
  • Shibari: el arte erótico japonés de las cuerdas es una fantasía recurrente tanto para dejarse atar como para inmovilizar a tu pareja. Puedes imaginarte que le tienes a tu total disposición o que eres tú quien queda a su voluntad.

Si mientras las leías, no has fantaseado con ninguna de ellas, es el momento de que pienses la tuya…

Mara Mariño

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Sobre la ‘app’ de consentimiento sexual y sus lagunas

Hace unos días leía la noticia de un despacho de abogados que había puesto en marcha una aplicación donde se pudiera dejar constancia legal del consentimiento de una relación sexual.

Vamos, quienes vieron que podían ‘mejorar’ la idea de aquellos chavales que empezaron con la idea del contrato en la discoteca.

Algo que debió de parecerles perfecto para todos esos hombres que preguntan en redes sociales -sí, sorprendentemente no hay mujeres- que ay que ver esto del consentimiento y que solo se va a poder tener sexo en presencia de un abogado.

firmar consentimiento

PEXELS

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Hay varias cosas que me vienen a la cabeza después de enterarme un poco de cómo funciona la app (que solo requiere los documentos de identidad de los participantes por ambas caras y una firma que después se manda tanto al despacho como a los implicados vía mail).

Pero la primera y más importante es que el consentimiento no es algo estático porque las personas podemos cambiar de idea sobre algo.

Es como si yo firmo que voy a hacer puenting. En ese momento estoy convencida, llevo meses dándole vueltas a la idea y me apetece mucho.

Cuando llega el momento, veo la altura del puente, me ponen las cosas encima y el salto se vuelve más real, me empiezan a entrar las dudas.

¿Realmente quiero hacer puenting? Ya no me está apeteciendo.

Es muy alto, no me siento a gusto y de la altura, me está dando vértigo. Cuando estoy asomada y lista, confirmo que no, no quiero hacerlo.

Estaba decidida pero en el momento, justo antes de tirarme, me he dado cuenta de que no me llama igual. He cambiado de parecer.

Si en ese momento alguien me empujara, podría causarme un trauma o una lesión. Lo mismo sucede con el sexo.

Firmar un documento, registrarse en una app o decir «Sí» alto y claro, en un momento puntual, no es una barra libre a todo lo que pueda pasar a partir de ahí.

El consentimiento cambia por mil razones: podemos sentirnos a disgusto, pensar distinto, preferir otro momento, otro ritmo…

La aplicación contempla que esto pueda suceder y manda un link al correo electrónico para revocar la acción, donde hay que pinchar para que conste la hora.

Pero, ¿quién echa un polvo con el móvil en la mano? Por lo pronto podemos cambiar de idea y que esté sin batería, que la otra persona acabe de cometer una agresión -como quitarse el preservativo- y estemos en una situación de exposición o que, aun teniéndolo en la mano y notificando la revocación, simplemente no pare.

En cuanto a la opción de notificar la revocación después, si ya tenemos el estigma de que denunciamos violaciones falsamente, según muchos, «porque no las hemos disfrutado» o «no han sido como esperábamos», ¿en qué cambia hacerlo a través de una app?

¿Va a ser diferente? ¿Se va a creer en ese caso nuestra palabra o los abogados van a estimar que teníamos que haberlo hecho antes o que no es válido porque estamos «insatisfechas sexualmente»? ¿

Cómo vamos a poner eso en manos de alguien que no estaba participando? ¿Va a ser diferente y nos van a creer solo con nuestra palabra o tendremos que grabar un vídeo donde decimos «No» para que se adjunte con la revocación?

Es ridículo.

Además, en España casi el 60% de los abogados son hombres, permitidme que dude de que no vayan a ponerse del lado del agresor -como pasa casi siempre que se divide la opinión pública y los hombres empatizan más con los agresores que con las víctimas mujeres-.

Otra cosa que no contempla la aplicación es que, cuando ponemos el foco en el consentimiento, nos olvidamos del aspecto más básico de una relación sexual: el deseo.

El sexo es un acto de placer que tiene que ser buscado por ambas partes. Y puedes haber consentido, ¿pero lo deseabas realmente?

¿Por qué no se le da importancia a que las dos personas tengan ganas de hacerlo?

Así que más que preparar estrategias para poder follar de cualquier forma, con la conciencia tranquila, igual habría que centrar los esfuerzos en trabajar la educación sexual.

Y en enseñar que la voluntad tiene que venir acompañada de las ganas. Porque pensar en el consentimiento como único factor a la hora de tener sexo, hace que lo veamos como algo que se debe permitir, cuando el sexo es algo que se debe desear.

Mara Mariño

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Acostarte con el ex de tu amiga: ¿de verdad es una falta de respeto?

Hace una semana, una seguidora me preguntaba por Instagram (que si no me sigues aún, deberías hacerlo) que si había escrito algo sobre tener sexo con el ex de una amiga.

Supongo que no tenía muy claro hasta qué punto era correcto hacerlo y pregunté al resto de seguidores cómo veían la situación.

La gran mayoría se oponía por completo diciendo que era una falta de respeto hacia los amigos.

pareja sexo

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«Uf, mucho lío», «Mi amiga vale más que un polvo», «No sería capaz», «Es raro», «Hay algo que se rompe», «Está feo»…

Pero, ¿en serio es tan tremendo?

En mi opinión -y desde ahora hasta que acabe el artículo, te animo a que me lleves la contraria- las personas no somos posesiones.

Es decir, tener una relación de pareja no nos convierte en una propiedad ni significa que ‘adquiramos’ a alguien.

Lo que sí podemos es compartir una serie de afectos e intimidad durante una etapa de nuestra vida, sentimientos que se deben trabajar también cuando esa historia llega a su fin pasando a otro plano.

Concebir a las personas que están pasando o han pasado por nuestra vida como ‘nuestras’ es una ilusión porque somos libres.

El sexo es un acto compartido más de disfrute que no tiene por qué ir acompañado de todo ese despliegue sentimental a la hora de tener un encuentro físico.

Que puede ser un polvo y ya está.

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Lo que sí me parece imprescindible es saber en qué punto está la persona con la que mantenemos amistad.

¿Ha pasado página del todo o todavía siente algo? Si es algo que le va a generar dolor, se debe sopesar si es el mejor momento de hacerlo o se puede esperar.

Para llegar a toda esta información, nada como sentarse a hablar con esa persona y conocer si para ella su ex es un límite.

Y la razón del límite, en el caso de que sea afirmativa la respuesta.

Entiendo que aquí pueden entrar los celos o inseguridades, pero sigue siendo un trabajo que debe hacer la amiga o el amigo.

Porque si el malestar que le puede causar se debe a que considera que su ex pareja es intocable, no estaría de más hacerle entender que somos independientes y podemos tomar las decisiones que queramos.

Le he dado muchas vueltas al tema desde que me lanzó la pregunta.

Pensando en mi última pareja (con quien estuve casi 6 años), es guapo, simpático y cariñoso, podría entender que le resultara atractivo a una amiga y saltara la chispa entre ellos.

Si conmigo la cosa no funcionó, y ya hemos rehecho nuestras vidas, él puede hacer lo que quiera. Al igual que mi amiga.

Serían dos adultos sintiendo deseo el uno por el otro. Y yo no sería nadie para inmiscuirme entre ellos en el nombre de un amor que ya se apagó.

Me gustaría saberlo de la misma manera que me gusta saber otras aventuras de mi amiga. Pero en ningún caso sentiría que debo darle ‘permiso’ para hacerlo.

Creo firmemente que se pueden compartir momentos muy placenteros con quien menos lo esperas.

Y cerrarle la puerta porque tiene el título de ‘ex de’ es una pena.

Mara Mariño

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Algunos consejos de ‘sexting’ para personas a las que les cuesta escribir

A estas alturas de nuestra relación deberías saber lo mucho que me gusta escribir. Para trabajar aquí, para emocionar cuando una amiga me pide un brindis en su boda y para excitar, por supuesto.

No hay mayor superpoder o sensación de control que saber que con tus palabras puedes excitar a alguien sin tocarlo.

Y es que, como el microondas, los mensajes subidos de tono tienen un único objetivo: calentar.

Para calentar hay que ir a ese órgano sexual por excelencia, el cerebro. Pero ¿cómo estimularlo?

sexting chico teléfono móvil

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Una de las formas más sencillas es atemperarlo mediante recuerdos.

Narrar historias que ya han pasado, hace que la otra persona las vuelva a vivir dándole una puerta de escape de su presente. Ejemplo: «Recuerdo cuando cogiste mi juguete morado y lo colocaste sobre mi clítoris. Tuvimos que meternos en casa porque se había asomado gente a la terraza de enfrente»

Pero, ¿para qué quedarse en la realidad pudiendo inventar una fantasía?

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«No nos conocemos, pero vengo de la Tierra Media. Soy una elfa guerrera, capitana de los ejércitos de mi raza, y necesito tu ayuda. ¿Me acompañas en esta aventura?».

O jugar a crear situaciones hipotéticas: «¿Qué harías si apareciera en tu casa llevando solo una gabardina y nada debajo de ella?»

Es clave, cuando nos comunicamos a través de la palabra, que las descripciones vengan acompañadas con todo lujo de detalles.

Contar con los cinco sentidos logra que el cerebro pueda reproducir la historia: «Has vuelto de salir a correr. Puedo oler tu sudor y eso me anima a levantarme para frenar la gota que ha empezado a bajarte por el cuello y saborear la sal de tu pecho».

«¿En qué piensas cuando escuchas mis gemidos?», «¿Podrías describir mi sabor?»

Para que la otra persona se sienta aún más involucrada puedes jugar con la interacción: «Quiero saber cómo te gustaría que siguiera/¿qué quieres que haga con mis manos?»

Y, aunque soy partidaria de limitarlo a los mensajes (porque para mí, no hay nada como un buen texto erótico), también puedes añadir una foto.

No, tiene por qué ser un selfie de tus genitales. ¿Has pensado en otras partes de tu cuerpo o un objeto o lugar que vayas a utilizar en el relato? Cualquier cosa puede funcionar.

«Te voy a mandar una foto para que des rienda suelta a la imaginación», «¿Tienes curiosidad por ver qué llevo ahora mismo?» o «Quiero que te imagines que la mano que sale en la foto es la tuya».

Para terminar, acompañar la historia con notas de voz es otra manera de despertar las ganas.

Mi mejor amiga y yo tenemos competición de las voces más sexys del mundo. Esas que excitan hasta cuando dicen «declaración de la renta».

Así que si sientes más confianza con las notas de voz, solo necesitas darle a ‘grabar’ aplicándote los mismos consejos.

No importa el formato, lo que importa es disfrutar del juego.

Mara Mariño

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Formas de dar el primer paso cuando tienes ganas de…

Cuando quiero tener sexo no me escondo.

Soy obvia hasta el punto de que mi ‘ritual’ muchas veces es preguntar si quieres follar.

¿Para qué perder el tiempo?

pareja sexo ganas

PIXABAY

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Pero claro, que mi libido esté ‘estirando’ en ese momento para la que se viene, no significa que la otra persona esté en el mismo punto.

Decir «¿follamos?» no siempre funciona como un interruptor que automáticamente cambia el humor y despierta el deseo a la persona que tengo delante.

Así que para esos casos, es hora de que abra mi repertorio de maniobras que dejan entrever que quiero tener sexo pero sin resultar tan directa -y quizás fría-.

Todo encuentro sexual empieza antes de tocarnos, por eso insinuarse es también un arte.

El de dejar salir tu calentón y a la vez transmitírselo a la otra persona para llevártela al huerto, a la cama, a la encimera, al suelo o a la terraza, a la vista de todo el vecindario.

Así que, como el arte, puede ser romántico, sutil, inocente o de alto impacto.

Puedes empezar por, si vais a quedar, mandar mensajes a lo largo del día que vayan subiendo la temperatura. Decir lo que le espera, en qué fantaseas mientras mandas ese mail o qué tiene que hacer al llegar es una manera buenísima de ir generando expectación.

En vivo y en directo puedes optar por expresiones sugerentes. El contacto visual acompañado de morderse el labio o acariciar partes de su cuerpo, como los brazos o la pierna, dejan claro las intenciones sin resultar chocantes.

Decir que le deseas puede ser otra forma de abrir la puerta. Además, puedes comentarlo en un momento inesperado, cuando está terminando de fregar los platos o en medio del capítulo de la serie. Para quienes tienen deseo reactivo, sentir que otra persona les tiene ganas, es el mejor detonador.

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Saliendo de las sutilezas y entrando en la parte que me gusta a mí, la de ir a saco, tienes la opción de que te encuentre sin ropa. El juego de las miguitas de pan con prendas es un aliciente estupendo. Aunque también que te pongas por encima una bata o kimono y debajo no lleves nada. Hay gente elegante que le gusta acompañar ese momento de frases interesantes del tipo «¿Te atreves a descubrir qué hay aquí debajo?». Yo soy más de «Si hoy no es Navidad ni tu cumpleaños, ¿por qué te han traído estas peras de regalos?» Y bamba, tiras la prenda al suelo. Humor y sexo son mis dos cosas favoritas.

Si te sientes con la autoestima por las nubes y sabes que la visión de tu cuerpo es un estimulante instantáneo, puedes ponerte algo sexy y pasearte cerca de la otra persona como si nada. O, aprovechando el subidón de confianza, marcarte una aparición más teatral para impresionarle.

Y, para terminar, la propuesta más evidente (que además no suele fallar) es la de ir a por su entrepierna. Primero tocando de manera suave, como si fuera un roce casual, y luego aumentando la intensidad.

La conclusión, después de todas estas opciones, es que tires por lo que más te apetezca y sientas en ese momento. Algo que te parezca sexy pero siempre respetando sus límites.

Si ni con esto te queda muy claro por donde tirar, otra alternativa es imitar lo que hace la otra persona, porque sabes que es su forma de transmitir su deseo y es una indirecta que va a pillar al momento.

Mara Mariño

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¿Los afrodisíacos funcionan? Mi experiencia después de probarlos

Voy a empezar confesando que soy un poco incrédula cuando se trata de sustancias que te hacen despertar mágicamente el apetito sexual, lo que en teoría consiguen los afrodisíacos.

Tomar ostras, u otros alimentos que dicen que ayudan, no me ha terminado de afectar lo suficiente como para darlos por buenos (y eso que hay incluso un menú realfooding que mejora el sexo).

Mi concepto de alimento que sube la temperatura -y de verdad me produce deseo sexual- es que me diga que, si quiero, me prepara unas croquetas para que tenga en el congelador cuando me apetezcan.

pareja cama deseo sexual

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La cosa es que no le veía mucho sentido a usar un producto específico para eso.

O sea, creo que mi deseo sexual es bastante común: a veces menos, a veces más, si veo Outlander por las nubes, si tengo mucho lío en el trabajo lo pienso menos… Lo normal.

Pero como la curiosidad es la que mata al gato (o en este caso a la gata, que soy de Madrid como los churros de San Ginés), pensé «Bueno, ¿y por qué no?»

Mi lado más racional me decía que igual esto era un poco el timo de la estampita y lo que funcionaba era el efecto placebo.

Pero justamente por no tener una libido baja sentía que no tenía ningún tipo de expectativa -ni me llevaría decepción- con el funcionamiento del afrodisíaco.

En el mercado hay un montón de ellos, pero yo tenía claro que iba a experimentar lo justo.

El que escogí era bastante natural, de hecho, aparte de agua, lo que tenía era extracto de damiana y L-arginina.

Por lo que me informé, estos dos ingredientes son conocidos por mejorar la satisfacción sexual y aumentan el aporte de sangre a los tejidos genitales (entre muchos otros beneficios que me interesaban menos para esto).

Yo lo que quería era testearlos entre las sábanas.

El efecto no es instantáneo, no es como tomarte un café, que a los 10 minutos ya estás como una moto.

Y tampoco te convierte en una fiera en la cama ni vas a tener encuentros que podrás considerar epifanías sexuales.

La constancia es la clave, fue mi primer descubrimiento. Después de tomar la dosis durante unos días, estaba más ‘despierta’.

En mi caso, fue algo que ayudó a reactivarme. Era como que en más situaciones o momentos me entraban ganas de tener sexo.

Luego también es verdad que, cuanto más sexo tienes, más sexo te apetece, por lo que va genial para hacernos reconectar en pareja si llevamos una temporada con los deseos descoordinados.

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La conclusión es que como experimento está bien, aunque creo que no se debe usar como apaño si hay problemas más graves detrás (que quizás necesitan otras soluciones o ayuda profesional).

Para un momento puntual, a modo de empujoncito, cumple su función.

Es más, que lo usara en una etapa normal de mi vida, hizo que reflexionara de que es también normal que a veces no nos apetezca.

Saber cómo lidiar con esa frustración o falta de libido de nuestra pareja, sin que suponga un mundo para la relación, es también un aprendizaje.

Pero que vaya, que introducirlo como impulso de vez en cuando, también está genial. Y si lo que funcionó fue el efecto placebo, ¿por qué no aprovecharlo si nos lleva a querer entrechocarnos la piel más a menudo?

Mara Mariño

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La disritmia sexual: cuando vuestras ganas no coinciden

Si hay ocasiones en las que es imposible ponerse de acuerdo para escoger el sitio donde ir a cenar, ¿cómo vamos a coincidir con nuestra pareja siempre que tengamos ganas de sexo?

No, eso de que se sincronicen las libidos, y además tengamos un momento libre y -me invento-, la casa disponible sin padres, hijos o compañeros de piso, no es lo habitual.

pareja cama deseo

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Aunque ya hace unos meses os contaba cómo hacer si lo que pasaba era que tenía menos ganas que tú o al revés, no es lo mismo si ambos queréis pero os pilla el deseo en ocasiones distintas.

El deseo depende de un montón de factores: entre ellos está el estrés, el cansancio, los problemas laborales, familiares o de pareja.

Así que cuando aparece, y los calendarios eróticos no se encuentran, es lo que se conoce como disritmia sexual.

Por experiencia propia, puedo decir que la convivencia es la primera que genera desajustes (sí, por raro que parezca).

Si se comparte el mismo espacio, ¿cómo no va a darse una coincidencia en algún momento de todas las horas del día?

Somos animales de costumbre y pasamos de la jornada de 8 horas en la oficina al gimnasio, después el plan con amigas y luego la serie de turno al terminar de cenar.

La otra persona tiene también la misma rutina. Y salir de ella, aunque sea para pasar un buen rato, nos da una pereza tremenda y nos descoloca.

Cuando esto sucede, la comunicación -como en todo- es la clave. Expresar que en ese momento no apetece o que no se está de humor por cualquier cosa.

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Así que, si somos quien no quiere continuar, nuestra responsabilidad hacia la otra persona es decirle qué nos sucede y por qué no queremos seguir.

Por otro lado, si recibimos esa respuesta, lo suyo es que entendamos que se trata de un momento puntual, mostremos apoyo y comprensión (en ningún caso forzando a continuar el encuentro) y lo dejemos para otra.

No es el fin del mundo ni tiene mayor importancia.

Si que haya deseos a destiempo tiende a repetirse, mi consejo es que lo planifiquemos.

Más que nada porque a veces, tener sexo con tu pareja, es como quedar con esa amiga que llevamos siglos sin ver.

Podemos tener muchas ganas de ponernos al día que, si no hacemos un esfuerzo en hacernos hueco y acudir a la cita, seguiremos con el «tenemos que vernos» sin que nunca llegue a pasar.

Y, además de utilizar el calendario como aliado, tampoco está de más que nos planteemos qué buscamos en un encuentro sexual cuando tenemos ganas de disfrutar.

Pensamos que la penetración es lo único que cuenta como sexo, pero podemos hacer otras cosas.

Si solo tenemos 5 minutos, puede ir desde a acariciarse a besarse, pasando por tocarse brevemente o hacer cualquier cosa que no necesariamente termine en penetración. 

De esa manera ganamos en variedad y diversión y le abrimos la puerta a otras prácticas que quizás tenemos más olvidadas o en segundo plano.

Mara Mariño

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