El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Archivo de la categoría ‘deseo’

“La viagra es lo peor que nos ha pasado a las mujeres en los últimos 15 años”

Contundente y sin pelos en la lengua, declaraba Diane von Furstenberg al diario británico The Times sobre las pastillas azules afirmando que eran lo peor que nos había pasado a las mujeres.

WIKIPEDIA

Y es que para la diseñadora, habían inclinado la balanza a favor de los hombres al conseguir que no tuvieran que enfrentarse en términos de cama a la misma lucha que nosotras.

El paso del tiempo afecta a todos los aspectos de la vida, y el sexual no es la excepción. Forma parte de la vida y era algo que se debía asumir buscando alternativas para seguir manteniendo una vida sexual de calidad y saludable.

De esta manera los hombres deben enfrentarse a la dificultad a la hora de conseguir una erección así como las mujeres, por la decadencia de la fertilidad, a la dificultad para lubricar o la disminución del deseo.

Para la diseñadora en la cama, había, por decirlo de alguna manera, justicia sexual ya que aunque los hombres puedan seguir siendo padres tiempo después de que hayan pasado los años fértiles de la mujer, en el campo sexual se estaba en el mismo punto, ya que ellos tenían que asumir la realidad de volverse impotentes.

“Para los hombres todo trata sobre que se te levante. Había cierta justicia. Una mujer no puede tener un hijo pasados los 40, ¿verdad? Pero los hombres pueden tener hijos hasta los 65, aunque sexualmente no sea igual. Ahora con la viagra eso ha cambiado, es lo peor”.

Coincido con Diane von Furstenberg en que la viagra elimina el dilema de los hombres de raíz, dejándonos a nosotras en una clara desventaja. No es ya solamente la diferencia física a la hora de mantener una relación sexual, sino la emocional al eliminar la condición solo a una de las partes, algo que, amantes de los deportes, no se considera juego limpio.

Por supuesto que estoy a favor de mejorar la calidad sexual, pero de mejorar la de todos por igual y no la de centrarse únicamente en el disfrute masculino, algo muy característico de la visión androcentrista que caracteriza a nuestra sociedad.

Así que, queridos laboratorios farmacéuticos, por favor, no nos dejéis solas en esto. Echadnos una mano o las dos, porque creedme, al igual que los hombres, nosotras no queremos dejar de tener sexo.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

p.d.: Y no, los geles lubricantes NO compensan la falta de hormonas. De nada.

Estás cordialmente invitado a mi orgía emocional

Tengo una idea, hagamos un trío esta noche: tú, yo y la cama. Porque sí, porque me apetece, porque quiero compartirte un poco y terminar con la habitación llena de rastros, prueba de un crimen pasional en el que lo único que nos cargamos fueron las ganas de dormir (o las de despertarnos).

PIXABAY

Será testigo la manta, que podría ser llamada a declarar mostrando las arrugas incriminatorias a lo largo y ancho de las sábanas. Mi piel, en cambio, guardaría silencio en el estrado, cómplice de tu modus operandi fácilmente adivinable siguiendo las marcas de los besos húmedos bien repartidos. No eres de dejar vacíos.

Los sutiles van por el cuello y los otros se pierden con lengua de por medio allí donde tú ya sabes. El sitio que yo quiero saber que sabes y que sepas que bien sabe para ambos aunque solo uno lo saboree.

Quiero que hagamos un trío, uno de esos que puede convertirse en cuarteto en cualquier momento cuando el suelo (¡ay, el suelo! Ese que siempre tiene ganas de participar) nos termine llamando. Y que al final, me dejes entre la espada y el parqué, sin más elección que una erección, sin escapatoria.

Porque por mucho que la adrenalina del ‘Pilla pilla’ era que te persiguieran, no había nada más intenso que sentir que te habían pillado, que es justo como me siento contigo, total y completamente pillada. La diferencia que tengo con el juego es que cuando era pequeña tenía que correr para que no me pillaran y contigo es más probable que me corra después de que me hayas pillado el punto.

Vamos a hacer un trío que termine con el espejo, ese voyerista que no se cansa de asistir como espectador a nuestras fiestas de piel y endorfina y que alguna vez, de pasada, le he pillado devolviéndome la mirada.

Si siendo dos con él hacemos tres, vamos a seguir haciéndolo hasta que nos dupliquemos en su superficie y lleguemos al cuatro, o al cuarto orgasmo, lo que venga antes. Hasta que vea doble y sienta que mi reflejo, por mucho que parezca disfrutar de ti, tenga envidia de lo que estoy viviendo a este lado del cristal, porque solo una de las dos tiene las tres dimensiones de ti.

Y al final, después de tantos participantes, me daré cuenta de que no me importa cuántos invitados improvisados se unan a lo largo porque pase lo que pase siempre me voy contigo, y es eso precisamente lo que cuenta, que dentro y fuera me voy contigo.

Duquesa Doslabios.

(y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Por qué la ‘siexta’ es mi momento favorito para tener sexo

No recuerdo dónde fue que leí que el mejor momento para tener sexo era por la mañana, recién levantados.

GTRES

Y yo, que nada más abrir el ojo tengo un humor que me hace más peligrosa que un tigre de Bengala, no podría estar más en desacuerdo.

Lo único que me quiero llevar a las manos y a la boca es una taza de café de esas que van bien cargadas y sin prácticamente leche, para espabilarme a golpe de cafeína.

Por mucho que hablen de lo beneficioso que es activar el cuerpo con un buen desayuno en forma de sexo (además parece ser que con la liberación de endorfinas empiezas el día de buen humor) es un momento que no va conmigo.

Para empezar porque, además de la necesidad vital del café, el desayuno para mí es más sagrado que una vaca dándose un paseo por la India. Intocable. Si encima tengo que esperar toda la noche para poder hacerlo, por cualquier cosa que se retrase muerdo.

Y no es por ser tiquismiquis pero llena de legañas, con el pelo pegado a la cara con baba y con ese maravilloso aliento matutino que nos caracteriza a los bípedos, no es que me sienta con talante como para excitar(me).

De todos los momentos del día, y si debo quedarme con uno como favorito, elegiría después de la siesta ya que es realmente cuando todas mis necesidades están cubiertas y puedo permitirme estar relajada y en paz con el mundo, lo que me ayuda a tener una predisposición positiva.

Después de una buena siesta ya no te sientes pesada por la comida pero tampoco muerta de hambre porque has estado ocho horas durmiendo (¿o sí?). No estás cansada y si te has podido echar una siesta es que dispones de tiempo para ti y para tu pareja.

Pero contadme, ¿cuál es vuestro momento favorito para los arrumacos? Os reto a que encontréis uno mejor que mi preferido (y acordaos de seguirme en Twitter y Facebook).

Duquesa Doslabios.

Masturbación femenina: los beneficios que (aún) no conocías

A veces me da la sensación de que el mundo se está yendo al traste cuando me encuentro en la tesitura de escribir un tema en el que a las mujeres os doy razones para masturbaros.

El clítoris: amigo, no enemigo. YOUTUBE

Amiga, lo de que va a producir ceguera, te van a salir granos o pelos en las manos estaba muy bien cuando el doctor Kellog quería evitar que los jóvenes practicaran el onanismo (y al final acabara creando los cereales) pero no es la realidad.

No te va a producir ninguna de esas cosas, obviamente tiene efectos en tu organismo, pero no son los que tu crees. Si es algo que no haces regularmente ¿quieres saber a qué te ayuda?

La masturbación no hace que bajen las probabilidades de que te corras teniendo sexo. Au contraire mon amour, conocer tu cuerpo, saber cómo son tus ritmos orgásmicos y en definitiva saber cuándo hay que seguir porque estás a punto de tocar el cielo (sensorial), es algo que se consigue con una única cosa: la práctica.

Por supuesto que puedes hacerlo con tu pareja, pero estando sola a tu rollo con tu musiquita, tu escena tórrida del libro que estás leyendo y tu mano (empleada en el modo que prefieras), estás más que preparada para pasar un buen rato (o varios).

En pareja te permitirá mejorar la comunicación, más que nada porque es mucho más fácil explicar algo con lo que estás familiarizada que tratar de indicarle a tu acompañante lo que tiene que hacer si tú eres la primera que no sabe ni cómo le gusta.

Los orgasmos producen espasmos en la zona vaginal, lo que consigue que se liberen tensiones musculares. No sabes lo bien que viene eso hasta que estás en plena crisis de “siento que me perforan el bajo vientre con un taladro” tan característico del ciclo menstrual (para algunas).

El ibuprofeno y el paracetamol vienen bien, sí, pero una dosis de orgasmo te permite relajar la zona y que el dolor se vaya antes. Además no tienes que esperar cuatro horas entre uno y otro.

Orgasmo llama a orgasmo, no sé si es un refrán, pero la posibilidad de tener otro se debe a que las mujeres no necesitamos tanto tiempo de recuperación como los hombres. Averigua cuántos segundos necesitas de “descanso” y vuelve a la carga. Porque uno está bien, pero dos (o tres) por el mismo precio, está mejor.

Así que después de leer esto, razones no te faltan. Las ganas son lo único que tienes que poner de tu parte.

Duquesa Doslabios.

Sexo festivalero: los lugares para tener un encuentro pasional

Coachella nos pilla lejos de casa y del presupuesto, pero eso no significa que no te plantees hacerte el equivalente a la Ruta 69 solo que en vez de Estados Unidos, recorriendo la costa española en busca de los festivales del año.

GTRES EDIT

Pero por mucho que te gusten Love of Lesbian, Paco Osuna o Mägo de Oz, no es la música el único de tus menesteres, o, al menos no lo es del 33,6% de asistentes a un festival que practican sexo (y el 44,6% sexo oral) según ha revelado un estudio de la web de venta de entradas TickPick.

Y en España, me atrevería a decir que el número es mayor (el estudio cubre solo los Estados Unidos).

El lugar favorito por más de la mitad de los participantes de la encuesta para el escarceo romántico fue la tienda de campaña. La respuesta es de una lógica aplastante teniendo en cuenta que es el equivalente al dormitorio en los festivales y por tanto el mejor sitio donde se puede disfrutar de intimidad.

Pero ¿y para aquellas celebraciones de un día en las que no se llega a hacer noche y, si se hace, es bailando? El coche, otro de nuestros favoritos por excelencia. Además es un espacio tan familiar que ya sabemos cuáles son las posturas con las que podemos sacarle partido.

En el tercer lugar quedó el campo. Ya que los festivales se realizan en amplios espacios al aire libre, no es complicado encontrar, si te alejas un poco de los escenarios, un trocito de suelo en el que ponerte mirando para las estrellas. La alergia al césped del día siguiente merecerá la pena.

Un 15% de los encuestados, totalmente ajenos al concepto de “intimidad”, afirmaron haber mantenido relaciones entre la multitud rodeados de testigos. Si te da por hacerlo públicamente, procura que sea bien entrado en horas el festival, para evitar que la gente tenga batería en sus móviles.

Por último, casi un 10% dijo que el baño era el sitio donde había podido practicar sexo. Iba a poner “a sus anchas”, pero si solo de hacer pis en uno de esos cubículos me entra el agobio, no puedo imaginarme a dos personas revolviéndose.

Además entre los olores (todos sabemos cómo huele eso), el pis (y otras cosas) por todas partes o la compresa pegada al suelo, hacen que cualquier otro sitio del festival sea mejor que el baño portátil.

Y recuerda que el lugar, la persona y el momento son cosas opcionales. Que utilices protección, no.

Duquesa Doslabios.

Quieres que te den unos azotes

(Y no es una pregunta)

YOUTUBE

Una de mis prácticas favoritas son los azotes. Desde el momento en el que una de mis primeras parejas me preguntó si me apetecía que me diera “un cachete” descubrí que soy de esas personas que saben apreciarlo y degustarlo como si de un buen vino se tratara.

El hecho de adoptar un rol más pasivo y quedar a disposición del otro y el placer del calambrazo excitante convierten al azote en ese gran aliado en la cama.

¿Que nunca lo has probado? Escoge una palabra, la que más te guste, y úsala como contraseña de seguridad por si uno de los dos se emociona demasiado. Ahora llega el momento de azotar.

Debe ser algo que cuente con el consentimiento de ambos y que se puede realizar de manera aislada en los preliminares o en plena postura sexual.

Olvida las películas porno incestuosas que sacan el azote. No es algo realista (ya que si tu madre era más aficionada a la zapatilla voladora que al cachete).

Para mí, el buen azote es sorprendente, porque llega cuando no te lo esperas pero te lo pide el cuerpo (y la otra persona sabe leerlo). Es energético, porque tiene la fuerza necesaria para que lo sientas pero no como para que tengas que interrumpir la sesión para ponerte una tirita.

Como diría Elettra Lamborghini, es certero ya que da en medio de la nalga con la precisión de un pincel de Picasso.

El poder de dar azotes conlleva una gran responsabilidad ya que puede ser el trampolín a un orgasmo bestial o la manera de cortar el ambiente de manera instantánea si ha sido mal ejecutado.

El azote dado con puntería consigue estremecerte desde las nalgas hasta las pestañas. Y se puede pedir, con la tranquilidad de acierto seguro, cuando el culmen está cerca y se quiere dar un empujoncito extra.

Quien no llora no mama y si no te lo dan y te callas, es más que probable que te quedes sin él, así que lo mejor que puedes hacer es pedirlo sin vergüenza.

Una vez llega el momento, solo queda abrir la mano y ponerla donde el ojo con un movimiento rápido, siempre en el nombre del placer, por supuesto. Y si vemos que eso de los azotes no es algo que vaya con nosotros, podemos optar por pasar y seguir con otras prácticas que nos resulten más placenteras.

Duquesa Doslabios.

Hoy no es San Valentín pero sigo enamorada de ti

Hoy no es San Valentín y yo me sigo enterneciendo a cada paso que doy por la vida contigo al lado.

PIXABAY

No es San Valentín, pero te sigo llenando el WhatsApp de corazones y tú me vuelves a escribir en cualquier momento del día para preguntarme si hoy me has dicho que me quieres.

Y yo, que aunque me lo hayas puesto ya, siempre te respondo de la misma manera: “No, no me lo has dicho” y aprovecho para escribírtelo yo también.

Porque aunque no es San Valentín, siempre es un buen momento para decirte “Te quiero”, que contigo los días no son números sino series de Netflix en las que me quedo medio dormida y canciones de Europa FM que cantamos juntos desafinando (sobre todo si son las antiguas de Melendi).

Ya no es 14 de febrero, es un día cualquiera de abril, mayo, septiembre o diciembre. Nos da igual, el amor es el de siempre. O quizás no el de siempre, sino el de ahora, que es más intenso que el de hace un tiempo.

Puede que no sea el día de los enamorados, pero sigo queriendo quitarte la ropa a besos, aunque me vaya a llevar mucho más tiempo que utilizando las manos.

Me doy cuenta de que, aunque no es San Valentín, has vuelto a preparar el desayuno, y de que, porque sí, te he invitado cenar a un sitio bonito. Aunque “bonito” para nosotros suela significar que la hamburguesa sea tan alta que casi necesitemos alcanzar la cima con un ascensor.

Y si no es San Valentín, ¿por qué corres con la moto detrás de mi coche para darme un último beso a través de la ventanilla, justo antes de que cambie la luz del semáforo?

Quizás porque independientemente del día del año, el amor es amor, y seguimos siendo así tú y yo.

Haciendo de la vida un San Valentín interminable, una rutina, un estado civil, mental y emocional.

Duquesa Doslabios.

Mi (mala) experiencia con un pene pequeño y cómo debería haberlo gestionado en realidad

Tengo una amiga que dramatiza mucho con el hecho del tamaño del pene. Ella es de las que opina que no se puede jugar al fútbol si la pelota es de tenis y yo, lo confieso, pensaba de manera parecida.

PIXABAY

Pero retrocedamos en el tiempo. Un chico de mi universidad me volvía loca. Teníamos esa especie de fijación por los Rolling que hacía que nos encantara todo lo británico y evergreen. Me descubrió Oasis y me hice aún más fan de él y de los hermanos Gallagher.

Era romántico, elegante, un hombre de 35 en el cuerpo de un chaval de 20 con una conversación de estas en las que te sumerges y no quieres volver a la superficie nunca. Tal que así.

Era todo tan perfecto que mentalmente ya le veía en mi cama con Paint it Black sonando de fondo. Cuando por fin llegó el día estaba yo con la emoción por las nubes. La música ambiental, unas velas del chino por allá y un magreo encima de mi mesa de estudiar que haría difícil que me concentrara ahí sentada días después.

A lo largo de los preliminares, con los pantalones por el suelo, me hice una idea del panorama que me esperaba. El panorama no era muy esperanzador, no os voy a engañar. Era tan poco esperanzador, que, mi amiga la dramática de los penes, le habría espetado de estar en mi lugar “¿Qué clase de broma es esta?“.

Pero como me han enseñado a valorar a las personas por lo que son y no por el tamaño de su pene, seguí ‘palante como los de Alicante’. Que la vida son dos días y a lo mejor luego a la hora de la verdad me lo paso igual de bien.

Cuando llegó el momento de conectar, tuve la típica reflexión en alto de chiste malo de “Ya puedes meterla” a lo que él me contestó “Si ya estoy dentro”. Horror. No sentía absolutamente nada. Pero nada nivel he tenido más sensibilidad poniéndome un tampón que con él.

Un poco agobiada le dije de cambiar de postura ya que en algunas se nota más el movimiento que en otras. Tras estar un rato encima asumiendo que no tenía ningún tipo de sensación, me noté especialmente húmeda. “Al menos la duquesa se lo está pasando bien” pensé, pero no. NO. Él encendió la luz extrañado de lo mojada que estaba y… Estaba totalmente cubierto de sangre.

Me había bajado la regla.

Le di un poco de papel y entre avergonzada y agradecida por tener una excusa para parar, me limpié y le pedí que se fuera. No volví a verle.

Ahora que han pasado muchos años desde ese momento podéis creerme si os digo que me siento terriblemente mal por cómo le eché aprovechando la excusa de la regla. Mi madurez (sexual y mental) era más bien escasa y para mí era todo la penetración. Era a lo que me habían enseñado las películas.

Ahora me doy cuenta de que perdí la oportunidad de conectar de otras maneras en la cama con esa persona con masturbación o sexo oral y que me quedé en algo que, la mayor parte de las veces, no me reporta ningún orgasmo, no como las otras prácticas.

Así que chicas, si os encontráis a alguien que no la tiene del tamaño al que estáis acostumbradas, no le echéis con cajas destempladas. Dad la oportunidad porque las artes, y no el pene, hacen al amante.

Duquesa Doslabios.

Dime qué ruidos haces (en la cama) y te diré quién eres

O mejor, dime qué ruidos haces en la cama y te diré con quién te estás acostando, ya que la sinfonía de sonidos va mucho más allá de los que puedan hacer el somier y el golpeteo del cabecero de la cama contra la pared:

GTRES

Guarradas: o más finamente, como dicen los angloparlantes, el dirty talk (conversaciones sucias). Si por un casual consideras necesario añadir un poco de cháchara a la acción, puedes relatar brevemente lo que te gusta de lo que estáis haciendo o lo que te excita de la otra persona (evita narrar escenas de manera distendida como Carlos Ruiz Zafón).

Gemidos: según el estudio realizado por Saucydates sobre una muestra de 5.000 personas, al 90% de los hombres les gusta oír gemir a las mujeres mientras que a un 70% de ellas también les gusta que se exprese su compañero. Timidez fuera y gemidos dentro. Eso sí, naturales. Lo de ponerte a gritar como si estuvieras en plena berrea otoñal del ciervo, mejor déjalo para las películas porno.

Respiraciones aceleradas: porque a todos nos gusta percatarnos de que la otra persona se está poniendo como una moto. Normalmente suelen ser el prefacio del bullicio que va a venir después. A diferencia de los gemidos o el dirty talk, es una respuesta biológica a la excitación del momento, por lo que no es algo que dependa de nuestros gustos.

Ruidos aleatorios: la vida es incierta y muchas situaciones, inesperadas, por lo que siempre puedes escuchar en la lejanía un murmullo de una tripa que suena por hambre, un gas que se escapa o los incómodos ‘pedos vaginales’ que suceden por la formación de aire (y de los que prometo hablar muy pronto en un post).

Gritos: pegar voces en el dormitorio no es la mejor manera de llevarte con tus vecinos, pero si es uno de los básicos de tu repertorio ineludible en la cama, formas parte del 50% de hombres al que le gusta esta práctica. Si como mujer también eres aficionada a los alaridos, solo perteneces al 36,2% según el estudio.

Menciones religiosas: son quienes encuentran la fe entre las sábanas. Sí, tú también has pensado en una persona en concreto que gritaba “Oh, Dios”. Si no se te ocurre nadie es porque esa persona eres tú.

Blasfemias: parece gente muy bien hablada, pero en cuanto se quitan la ropa es como si les hubiera poseído el espíritu del barrio Esperanza Sur. Procura, dentro de los insultos que profieras, no ofender a la otra persona ya que puedes cortarle el rollo inmediatamente.

Y tú, ¿qué ruidos haces o te gusta escuchar en la cama? Contadme vuestras experiencias más confidenciales.

Duquesa Doslabios.

“A los 50 lo que quieres es dormir”

Firma invitada M.C.M.E. para El blog de Lilih Blue

“Cuando nos enamoramos, queremos compartir todo con esa persona: nuestros sentimientos, intelecto y apetencias sexuales giran a su alrededor. Nos las prometemos felices y nos lanzamos a una vida en pareja, mediante contrato o sin él. La duración del enamoramiento es limitada: “no es bueno estar en la nube todo el rato” nos aseguran los expertos en química cerebral. Pero el amor permanece y nos aventuramos en una etapa criando hijos, que llenarán nuestras noches y días.

GTRES

Nuestra vida como pareja se puede ver reforzada o debilitada, porque nuestra prioridad son esos pequeñines a los que hay que cuidar. Vamos sumando aniversarios mientras los hijos crecen. Tal vez ya ni los celebres, o te regale, después de olvidarse los últimos años, un jersey horroroso y le dices que muy bonito, (pobre, que ya que se acordó).

Con el paso del tiempo cimentamos la soñada vida común, acumulando experiencias gratificantes y agravios. Las discusiones pueden ser un “más de lo mismo”, porque, nuestra memoria, no permite que nos olvidemos de antiguos rencores, que saldrán una y otra vez, cuando surja un desencuentro.

Nos volvemos tan previsibles, que es fácil dejarnos llevar por la rutina. Es posible que un silencio denso, insoportable, esté multiplicando la distancia, a una escala cósmica, del espacio que separa las butacas en las que sentados, veis alguna pantalla. Y pasan lustros, décadas, y te ves en la mitad de tu vida, con el tiempo lleno de ocupaciones.

¿Y el tiempo para el sexo? Las amistades te dicen: “A los cincuenta lo que quieres es dormir, o prefieres leer un libro antes que ponerte al tema, o tienes más ganas que tu pareja, que ya casi ni te mira“. Igual estáis instalados en la falsa calma de los que llevan tiempo juntos y apenas comparten sus inquietudes y mucho menos sus ilusiones, y ya ni siquiera discuten porque les parece un esfuerzo inútil, y el sexo esporádico.

Como dice la canción de Luz Casal: “Y no me importa nada, nada…escucho tus bobadas acerca del amor y del deseo… Que rías o que sueñes, que digas o que hagas… Por mucho que me empeñe… Que vengas o que vayas…”

La pareja necesita tiempo para compartir ideas, afecto y el deseo sexual, porque si no, su vida puede resumirse en un compartir piso, con derecho a roce o no. Buscar tiempo para los dos, para hablar de lo que pensáis y sentís. Poner en común para mejorar. Elegir actividades para disfrutar juntos. Planificar un viaje. Revisar todo lo que se puede cambiar. Olvidar lo que no permita avanzar. Organizar una cena o comida romántica de vez en cuando. Hacer todo aquello que os impulse a seguir adelante juntos, porque creáis que merece la pena.”